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Sermones

El manantial inagotable que sacia mi sed

Joel Peña 18 febrero, 2024

El alma humana tiene una sed que ninguna fuente terrenal puede saciar. Así como el cuerpo colapsa sin agua —como le ocurrió al pastor Joel Peña cuando se desmayó por deshidratación en las dunas de Baní, o como el corredor Mauro Prosperi que pasó diez días perdido en el Sahara bebiendo su propia orina para sobrevivir— el ser interior experimenta una necesidad desesperada que solo Dios mismo puede satisfacer. El Salmo 63 presenta a David en el desierto de Judá, huyendo de su propio hijo Absalón, llorando descalzo, cargando el peso de saber que esta tragedia era consecuencia de su pecado. Sin embargo, en medio de ese desierto físico y emocional, su sed espiritual superaba cualquier necesidad corporal.

David no pide nada en este salmo; solo expresa. Hay momentos en la vida donde las peticiones no son relevantes porque la prioridad no es obtener algo de Dios, sino tener a Dios mismo. La sed por él es un deseo profundo, urgente y consumidor que proviene de haberlo convertido en "mi Dios" —no el Dios distante del universo, sino el Señor personal de mi vida. Esta sed impulsa una búsqueda que recuerda el obrar de Dios en el pasado para confiar en su presencia hoy y mañana.

El efecto que el desierto tenga en nosotros depende de lo que encuentre dentro. Si halla un corazón sediento por Dios, producirá adoración; si encuentra sed por cosas temporales, generará queja y desesperanza. David, perseguido y en peligro de muerte, adoraba porque su alma estaba aferrada a la fuente de agua viva. Jesús mismo prometió que quien beba del agua que él da nunca más tendrá sed, porque esa agua se convierte en manantial interno que brota para vida eterna.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Mientras preparaba el contenido del sermón de hoy, de la predicación de hoy, recordé claramente una experiencia personal que un grupo de hermanos pasamos en las dunas de Baní. En otras ocasiones les he hablado de mis viajes internacionales. No, hoy no les voy a hablar de eso, voy local en esta ocasión. Fuimos un grupo de hermanos allá porque queríamos hacer unas tomas de video, imágenes para una conferencia que la iglesia tenía, y la idea era que se pudiera ver un ambiente, un paisaje desértico con personas allí actuando. Incluso estábamos con indumentaria del Antiguo Testamento.

Fuimos temprano en la mañana y esto fue hace como quince años atrás. Sí, imagina, yo estaba mucho más joven, atlético, buen mozo y todas esas cosas. Y cuando vi ese lugar, que fue la primera vez que fui, tú sabes, me emocioné mucho y comencé a correr por toda esa arena. Me tiré, me revolqué y jugábamos allí. Hasta patada voladora estábamos tirando allí. Bueno, en fin, hicimos lo que teníamos que hacer, estábamos grabando, pero a la vez estábamos jugando y divirtiéndonos. Sí, pasaron horas en eso, y ese día tan claro, soleado, de repente comenzó a mis ojos a oscurecerse, y como que comencé a ver todo más oscuro. Y yo: "¿Qué está pasando?" Y de repente más oscuro, y todo se apagó, hasta que cuando abrí los ojos estaba en los brazos de uno de los hermanos ahí. Todas esas horas sudando y en medio del calor, yo no había tomado un vaso de agua y me deshidraté hasta el punto de que caí redondo, como decimos en Dominicana.

Si eso me pasó a mí, imagínense a un atleta profesional como es el caso de Mauro Prosperi, quien participó en 1994 en un mega maratón, ultra maratón. Nunca había conocido que había ultra maratones. Este maratón es el famoso Maratón de las Arenas, o en francés el Marathon des Sables. Es una carrera, un recorrido de cerca de doscientas millas en el desierto del Sahara cruzando Marruecos, y allí se preparan para hacerlo durante seis a siete días. Tienen que ir previstos con alimento, con agua, con casitas de campaña. En fin, tratan de ir lo más ligero posible, pero ellos tienen que resolver cualquier situación de sus necesidades.

En el caso de Prosperi, él se apuntó como en otros maratones, pero en esta ocasión estaba motivado por este nuevo ambiente impresionante de un desierto y cruzar todo ese lugar. Pero él fue sorprendido por una tormenta de arena, y en su caso comenzó a caminar en rumbo lejano a la meta. Se desvió tanto que se perdió y duró vagando diez días consecutivos en el calor sofocante del desierto. Cuando lo encontraron, lo encontraron vivo. Él estaba a ciento ochenta y una millas de donde tenía que estar y llegar; en vez de Marruecos estaba en Argelia, otro país. Él contó a las personas que lo recibieron, y le preguntaron: "¿Cómo fue que sobreviviste?" Él mencionó que racionó lo más posible su alimento, llegó a beber su propia orina y llegó a beber sangre de animales que se encontraba en el camino que habían muerto. Cuando lo encontraron, él había perdido treinta y cinco libras y pasó los siguientes dos años recuperándose de los efectos de la deshidratación de su cuerpo.

Cuán importante, hermanos, es el agua para nuestros procesos biológicos y físicos. Desesperadamente necesitamos el agua para sobrevivir. No podemos vivir sin agua; nuestro cuerpo fue diseñado por Dios para hidratarse, de lo contrario experimentamos consecuencias. Sin embargo, así como este cuerpo físico tiene necesidades que deben ser satisfechas con la creación de Dios, como el agua, lo que no pensamos muchas veces es que nuestras almas, nuestro ser interior, también tienen necesidades y experimentan sed que solo puede ser saciada por Dios mismo.

En el texto que vamos a revisar hoy, del Salmo 63, vamos a leer las palabras de un hombre que estaba literalmente en un desierto físico, pero asombrosamente su sed espiritual era mucho mayor que su sed física. Él recurre entonces a la fuente, al torrente, al manantial inagotable que sacia toda sed: su Dios. Así que acompáñenme a leerlo, pero no sin antes hacerles una aclaración. Este salmo es uno de los pocos que no contiene peticiones. David no pide nada aquí, solo expresa. Y no está mal hacer peticiones; hay muchos salmos y muchos pasajes de la Biblia que incluyen peticiones, eso es algo bíblico. Pero cuando entendamos el contexto, vamos a saber que hay momentos en nuestras vidas donde las peticiones no son necesarias ni relevantes.

Hay momentos en nuestras vidas donde comprendemos que la prioridad no es tener algo de parte de Dios, sino contener a Dios mismo. Hay momentos en los que no es tan relevante que Dios cambie nuestra condición, sino que Él se convierta en nuestra provisión.

Así que acompáñenme a leer Salmo 63 del uno al once: "¡Oh Dios, tú eres mi Dios! Te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua. Así te contemplaba en el santuario para ver tu poder y tu gloria, porque tu misericordia es mejor que la vida, mis labios te alabarán. Así te bendeciré mientras viva, en tu nombre alzaré mis manos. Como con médula y grasa está saciada mi alma, y con labios jubilosos te alaba mi boca. Cuando en mi lecho me acuerdo de ti, en ti medito durante las vigilias de la noche, porque tú has sido mi ayuda, y a la sombra de tus alas canto gozoso. A ti se aferra mi alma, tu diestra me sostiene. Pero los que buscan mi vida para destruirla caerán a las profundidades de la tierra, serán entregados al poder de la espada, presa serán de las zorras. Pero el rey se regocijará en Dios, y todo el que por él jura se gloriará, porque la boca de los que dicen mentiras será cerrada."

El encabezado de este salmo nos dice quién lo escribió y dónde estaba: Salmo de David cuando estaba en el desierto de Judá. En dos ocasiones David se dirigió a ese desierto huyendo. Ambas son muy conocidas. Saúl le perseguía en la primera ocasión por celos, debido a la popularidad de David. El rey Saúl temía por su trono. En la segunda ocasión, David sale huyendo no de un rey, ya él era el rey. Quien le perseguía era su propio hijo, Absalón, quien se rebeló y deseaba usurpar y tomar el trono de su padre.

La mayoría de los estudiosos, aunque yo no lo soy, estamos de acuerdo en que este salmo está motivado por esta última persecución, la de Absalón persiguiendo a su padre. ¿Por qué decimos eso? Bueno, porque en el verso once David se refiere a sí mismo como rey: "El rey se regocijará en Dios." En el tiempo de Saúl él no era rey; en este tiempo de Absalón sí lo era.

Y está claro, hermanos, que si tú te pones en los zapatos de David, esta persecución, esta huida al desierto, era más dolorosa, era más frustrante que la primera. Su propio hijo buscándole para quitarle la vida y tomar su trono. Y esto está retratado muy claramente en la Palabra. Vamos brevemente a 2 Samuel capítulo 15, verso 30, y ahí veremos a David huyendo de esta forma: "David subía la cuesta del monte de los Olivos, y mientras iba, lloraba con la cabeza cubierta y los pies descalzos. Entonces todo el pueblo que iba con él cubrió cada uno su cabeza, e iba llorando mientras subían."

Llorando, descalzo, con una tristeza profunda. Pero no hay dudas, hermanos, que no podemos desconectar ese sentimiento de David, de tristeza porque su hijo es quien le persigue, de su conciencia o su recuerdo de que esa persecución de parte de su propio hijo es consecuencia que vino por su pecado. Su pecado de adulterio y asesinato trajo esta consecuencia, cuando el profeta Natán le dijo estas palabras en 2 Samuel 12:9-12: "¿Por qué has despreciado la palabra del Señor haciendo lo malo ante sus ojos? Has matado a espada a Urías el heteo, has tomado su mujer para que sea mujer tuya, y a él lo has matado con la espada de los amonitas. Ahora pues, la espada nunca se apartará de tu casa, porque me has despreciado y has tomado la mujer de Urías el heteo para que sea tu mujer. Así dice el Señor: Por eso, de tu misma casa levantaré el mal contra ti, y aún tomaré tus mujeres delante de tus ojos y las daré a tu compañero, y este se acostará con tus mujeres a plena luz del día. En verdad, tú lo hiciste en secreto, pero yo haré esto delante de todo Israel y a plena luz del sol."

Su casa se había convertido en un desastre. Su propio hijo le perseguía, pero no sin antes ese hijo haber matado a su hermano, porque ese hermano violó a su hermana. ¡Qué desastre! Eso estaba viviendo David, y ahora ve la realidad de la consecuencia de su pecado y sale, y la tristeza le calzó en el corazón. Huye al desierto de Judá, un desierto conocido por su aridez, una sequedad extrema y muy pocas fuentes de agua. Sin embargo, como leímos en este salmo, David levanta su corazón en oración y adoración y busca a Dios como la fuente para saciar la sed que hay en su alma.

No vamos a entrar en todos los detalles del salmo, pero sí quiero resaltar solo tres aspectos. Esos tres son: la sed que impulsa la búsqueda a Dios, el segundo el proceso de la búsqueda, y el tercero el resultado de la búsqueda.

Comencemos con la sed que impulsa la búsqueda. Verso uno: "¡Oh Dios, tú eres mi Dios, te buscaré con afán! Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua." Maravillosa metáfora que utiliza el salmista para referirse a una necesidad interna, comparándola con algo externo: una sed física de no tener, como dice aquí, agua, estar en tierra seca y árida. Y él describe ese sentir como sed que le llevaba a buscar a Dios con afán.

Hay sed externa, como la que pudimos introducir hoy en las dunas de Baní y en las arenas del Sahara, pero hay una sed mucho más interna que todos tenemos y que muchos de nosotros tratamos de llenarla con relaciones, ya sea románticas, familiares, de amigos, pero no se llena.

Esa sed interna tratamos de llenarla con juguetes ordinarios de este mundo: prosperidad material, placer, pero seguimos vacíos. Otros más sofisticados tratan de llenarla con conocimiento, con preparación, con títulos, con metas, empresas, pero allí no está la satisfacción del corazón. Lo que sí pocos experimentamos es lo que David aquí describe: sed por Dios.

Y esto no es nuevo en la Biblia, hay otros pasajes. Incluso vamos a leer un par de sed por Dios. Salmo 42, un famoso pasaje, del uno al dos dice: "Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por Dios el alma. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?" Asombrosa otra metáfora de un ciervo en un lugar seco, suspirando, anhelando el agua. Hay muchas traducciones que incluyen "bramar", hay otras porque cuando el ciervo desea agua, suspira por agua, sale un bramido en desesperación por ella. Pero ahí la palabra "ciervo anhela" es la misma que sigue a continuación, es como si se repitiera. Como el ciervo suspira, eso es lo que significa ese verbo allí, suspira por las corrientes de las aguas, así suspira por Dios el alma. Mi alma. Y está tan claro, así como en el Salmo 63, que primero está la sed que me hace suspirar y después está la búsqueda. El ciervo brama, el ciervo anhela, el ciervo suspira, mi alma tiene sed. Y la pregunta es: ¿cuándo vendré y me presentaré delante de ti? La sed impulsa la búsqueda.

Eso mismo pasó, verdad, en el Salmo 63: yo tengo sed, mi alma tiene sed, como una tierra seca y árida, te buscaré con afán. En el Salmo 84, versos 1 y 2, también tenemos esa experiencia: "¡Cuán preciosas son tus moradas, oh Señor de los ejércitos! Anhela mi alma, aún desea con ansias los atrios del Señor. Mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo." Mi alma te anhela, te desea con ansias, tus moradas son preciosas, estoy en tus atrios. La sed impulsa la búsqueda. Es que es la sed por Dios la que mueve al corazón del hijo de Dios a buscarle, y cuando no hay sed no hay búsqueda.

Pero qué es esta sed, cómo se describe y cómo podemos encontrarla, cómo tenerla. Esa es una gran pregunta si te la has hecho. Y yo pudiera resumir todo lo que vamos a ver ahora de esta sed en lo siguiente: la sed por Dios es un deseo profundo, intenso, urgente y consumidor por la presencia de Dios, por su comunión y por su favor.

"Te buscaré con afán", dice el verso uno. Y hay muchas traducciones, tienen verdad "de madrugada te buscaré", porque ahí el nombre, si esa palabra fuera un nombre, fuera realmente "temprano, de madrugada". Sin embargo, la traducción aquí "te buscaré con afán" es porque no es un nombre, un sustantivo lo que está allí, sino es un verbo, y es la forma de buscar lo que se está describiendo. Te buscaré con diligencia, te buscaré con ansiedad, con apuro, sin perder tiempo, lo más rápido posible, sin retraso. Eso es lo que David está diciendo. De esa forma, afanosamente si es posible, te buscaré. Mi alma tiene sed de ti, mi alma sí, pero mi carne te anhela. En sentido general, todo lo que soy tiene sed de Dios.

Y esa sed es como si tú tuvieras a alguien que ha pasado el día completo, como yo que estuve en las dunas y no ha tomado agua, y de repente llega por fin a la casa y no ha tomado agua y está sudoroso, y de repente tú le detienes y dices: "Mira, yo quisiera tener una conversación contigo", pero te empuja. "Yo no quiero hablar contigo nada ahora mismo, déjame llegar a la nevera, déjame tomar agua y después hablamos lo que tú quieras." Esa sed que describe David es una sed intensa, profunda, urgente, y esa es la que experimenta su corazón.

Y muchos de nosotros, verdad, mentalmente como dije ahorita, pasamos por muchos, muchos pozos, muchas fuentes tratando de satisfacer esa sed que no se ve, pero no se satisface. Y brincamos de una fuente a otra y seguimos insatisfechos, como que falta algo más, pero no sabemos lo que es. Y Agustín de Hipona lo resume en una frase muy conocida pero que es tan cierta, que dice: "Tú nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti." En la creación, en el diseño, nuestro Dios puso algo: que el hombre no estará tranquilo, la mujer no estará tranquila hasta que se encuentra con Dios y descansa allí. Él sea su reposo y allí pueda decir: "Ya encontré."

Pero de dónde viene eso, porque yo quiero de eso. Y el pasaje nos muestra que la sed por Dios proviene de la gracia inmerecida de Dios trabajando en nuestras vidas. La sed por Dios no se produce por medios humanos, Dios la produce. El hombre natural no piensa ni necesita a Dios ni lo tiene en su ecuación, él quiere vivir independiente. Pero cuando la bendita gracia de Dios toca el corazón de ese hombre sin Dios, él sale de su ceguera, se da cuenta que está perdido, sediento y muerto en pecados, y que necesita a Él que provee el agua que da vida para su alma. Se despierta y puede ver su gran necesidad.

David dice en el verso uno: "¡Oh Dios, tú eres mi Dios!" Y como Dios es su Dios, esa es justo la razón por la que David de hecho le busca, le anhela y está sediento por Él. Toma nota de esta idea: la señal más clara de que alguien anhela a Dios, si tiene sed por Él, es que ha convertido a Dios en su Dios. Cuando Dios no es mi Dios sino que es el Dios de todo el mundo, y el Dios que existe pero no tengo una relación personal con Él donde puedo decir "Él es mi Dios", no hay anhelo, no hay sed para buscarle. Dios debe convertirse en el Señor, en el Rey, en el soberano de nuestras vidas, donde ya no hay otra persona, posesión, fama, sueño, metas, estado social, nada que esté por encima de nuestro Dios. Y entonces habrá sed, habrá sed.

¿De dónde viene esa sed entonces? Viene del valor que tiene Dios en la vida de la persona. En la medida en que Dios sea más valioso para mí porque le he conocido, en esa medida mi sed estará presente.

Yo no sé los que han tenido aquí, verdad, niños y por primera vez están allí en la sala de parto y escuchan ese llanto inicial. Y le hacen todo lo que tienen que hacer, pero ese llanto inicial, inmediatamente lo que quiere es: "Dame algo, necesito algo, dame algo." Y ese llanto se calma ese día, pero todos los días después con algo: "Búsquenmelo." Pero increíblemente ese llanto que muestra una necesidad de alimento, de sed, es una señal de que el niño está sano y que está vivo. Si no lo hubiera, hay problemas. Increíblemente, hermanos, así como la sed por leche es una de las primeras señales de salud física, también la sed por Dios es una de las primeras señales de vida espiritual.

Alguien puede pasar años sin haber querido a Dios y tener cerca a Dios, ni siquiera tenerlo cerca. Pero cuando comienza a haber vida, cuando Dios le da un nuevo nacimiento, hambre comienza a surgir de donde no había. "¿Y qué tú haces leyendo la Biblia, muchacho?" "Yo quiero, como que quiero..." "Y tú a la iglesia, ¿a poco?" "Tu papá... increíble... hoy sí que yo quiero ir para allá. Antes yo no quería, pero ahora voy." Siempre recordaré cuando mi papá me dijo: "¿Qué muchacha tú estás buscando ahí?" Yo, pero yo no buscaba ninguna muchacha. Yo tenía una sed abundante que no se me acababa, y que cuando yo le buscaba me sentía a pleno, porque tenía vida, vida nueva. Y ese es una de las grandes señales.

Entonces, primer punto: hay una sed que es descrita de esa forma que impulsa la búsqueda. Sin esa sed no hay búsqueda.

Segundo punto: el proceso de la búsqueda. ¿Cómo se da la búsqueda que da vida y se describe aquí? Porque así como se da esa búsqueda es que yo quiero también buscarle. Nosotros veremos en el pasaje que la búsqueda de Dios que es motivada por el alma sedienta, escuchen bien, toma en cuenta el obrar y el carácter de Dios manifestado en el pasado, lo trae al presente y se lo lleva para el futuro. Voy a repetir eso. La búsqueda de Dios que es motivada por un alma sedienta por Él toma en cuenta el obrar de Dios y su carácter manifestado en el pasado, lo toma y lo trae al presente, y se lo lleva para el futuro también. Eso es lo que vemos en este salmo.

En su presente desértico, David recuerda varias cosas de su pasado. Verso dos: "Así te contemplaba en el santuario." ¿Qué es lo que tú recuerdas, David? ¿Qué es lo que tú contemplabas? Bueno, era que yo iba a ir para ver tu poder y tu gloria, porque yo iba a buscar, sí, a ese santuario, pero era con una expectativa. ¿Y cuál era? Yo quería verte, yo quería experimentar cómo tú obras. Y hermanos, es uno de los ingredientes más importantes de la búsqueda de Dios: expectativa. Dios tiene para darte. El que busca a Dios cree que le hay y que recompensa a los que le buscan, dice la Palabra.

La pregunta grande que pudiéramos hacer nos es: ¿es esa tu expectativa al venir un domingo a la iglesia, o tú vienes para como otro trabajo más a ponchar? "La tarjeta está ponchada, presente. Hay que ir a la iglesia, imagínate. No, que te puso, me traje, y te puso, me traje." ¿Sabes tú el Dios que está detrás de los que aquí se congregan? ¿Sabes tú toda la provisión en su corazón, en su ser, que hay para cualquiera que esté aquí hoy? Pues el llamado es: ven con apetito, porque hay alimento de sobra para ti y para mí.

El pastor Ray Ortlund, muy conocido por sus escritos y libros, escribiendo sobre esta condición dice: "Una marca notable del ambiente como de lucha espiritual en la iglesia se manifiesta cuando las personas vienen a adorar para cumplir con un deber en lugar de venir para satisfacer un apetito."

David recordaba esos momentos en que él iba al santuario, pero era para algo: para ver más de Dios, conocer más de Dios. Un pasaje que creo que de paso Luis mencionó hace unos minutos se encuentra en Isaías 55:1-2. Dice: "Todos los sedientos, vengan a las aguas. Y los que no tengan dinero, vengan, compren y coman. Vengan, compren vino y leche sin dinero y sin costo alguno. ¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan y su salario en lo que no sacia? Escúchenme atentamente y coman lo que es bueno, y se deleitará su alma en abundancia."

Bien, el texto dice un llamado a venir si está sediento, si tienes hambre, y también dice: "No necesitas dinero". "¿Cuánto es, Señor, para buscar?" "No hay nada que dar". Ustedes a veces gastan recursos, tiempo, esfuerzo en otras cosas, pero escuchen atentamente: lo que yo doy no tiene precio, no tiene valor que pueda ser comprado con dinero, y yo les daré satisfacción.

Una forma diferente de verlo es otro pasaje que leímos en Jeremías hace unos minutos también: no busques saciar tu sed en otro lado, ven a Dios. Jeremías 2:13 dice: "Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, pero esas cisternas están agrietadas y no retienen agua". Yo que soy la fuente... Se ha alejado de Dios y has creado otras fuentes para ti mismo, para tu saciar de ahí, pero desde los ojos de Dios esas fuentes están agrietadas y el agua no da para satisfacerte.

En medio de esa contemplación de Dios, además de recordar el momento en que le buscaban en el santuario —en ese tiempo era una tienda más que un templo—, también David recuerda otro atributo en el verso 3: su misericordia. "Porque tu misericordia es mejor que la vida, mis labios te alabarán". La palabra que se utiliza ahí para misericordia, hermanos, es tan rica; incluso varias traducciones tienen otras palabras que no es misericordia porque se pueden emplear. Esa palabra, "hesed" en hebreo, significa su amor inquebrantable, su bondad amorosa, su favor, su amor inagotable, su amor que nunca falla, su misericordia. Todo eso. David decía: "Porque esa misericordia es mejor que la vida".

Y yo me quedaba pensando. Ustedes saben que no todos somos inteligentes como ustedes; nosotros nos tomamos más tiempo para llegar a conclusiones. Pero yo me quedé pensando: "¿Cómo es mejor tu misericordia que la vida? Pero si no tengo vida, no voy a experimentar la misericordia". Entonces, David, ¿qué es lo que está diciendo aquí? Y después de varias horas, como todo ser humano caído, caí en cuenta. David quizá quiere decir: es mejor morir disfrutando de su misericordia que vivir sin ella. Es mejor que la vida se acabe, pero disfrutando de la misericordia de Dios porque tengo relación con él y eso me llena, que vivir toda una vida sin saborear, sin experimentar el amor inquebrantable, inagotable de Dios para mi vida. Oh, cuántos escucharán esto hoy y nuestro clamor sea: abre tus ojos, hay amor para ti, incomparable. Para David, es aun mejor que la vida.

David también se acuerda de Dios en las noches: "Cuando en mi lecho me acuerdo de ti, en ti medito durante las vigilias de la noche, porque tú has sido mi ayuda y a la sombra de tus alas canto gozoso". Hay memoria de Dios aun en los momentos en que no puedo dormir; allí medito. ¿Y cuál es lo que tú meditas, David? "Porque tú has sido mi ayuda, mi protección, mi provisión en tantas ocasiones". Gracias, Señor. Gracias, Señor.

Los hermosos versos de estos pasajes se pueden leer muy románticos, verdad, pero no podemos desconectar quién está diciendo eso y dónde está, hermanos. Eso es en un desierto, perseguido, con peligro de muerte, con otras personas muy queridas por él que él tiene también como rey que proteger. Y en ese estado, allí David recuerda al Dios de su pasado y hace reflexión para convencerse de que él estará en el presente y en el futuro. Es algo que tú y yo debemos hacer, amados. En medio de tu desierto, también traer al Dios que conociste en tu pasado y recordarte a ti mismo que él es el Dios de tu hoy y de tu mañana.

Cuántas veces el desierto, las pruebas, las situaciones de reto impactan nuestras vidas y quieren tambalearnos: "¿Y ahora qué va a pasar hoy? No sé qué va a pasar mañana". Y todos estos pensamientos... Pero el ejercicio que hace David es: mi Dios no cambia. El Dios de tu ayer es el Dios de tu hoy, el Dios de tu mañana. Confía. Ese es el proceso de su búsqueda.

Y aquí hay un pasaje en el verso 5 que perdonen que haga referencia una vez más al idioma original, porque en muchas otras traducciones como la NVI, la Reina Valera, incluso varias en inglés, ese pasaje está en futuro, y en esta traducción, como un par más, vi que está en presente. Pero el verbo allí es: "Será saciada como de meollo y de grosura; será saciada mi alma, y con labios de júbilo te alabará mi boca". David ahora va al futuro y dice: "Yo voy a ser saciado".

A mí me llamó la atención y me emocioné cuando leí el pasaje, verdad. Los que me conocen, cuando yo vi: "Como con médula y con grasa será saciada mi alma". Como con los tuétanos y la grasa de la carne será saciada mi alma. Yo dije: "Aquí está el pasaje bíblico para comer lo que yo quiero comer". Pero, hermanos, eso es un modismo, es una frase idiomática; como decimos, tiene elementos ahí pero que están apuntando a otra cosa, no necesariamente a esos elementos. Y lo que quiere decir es que como banquete, como comida de la más alta estima, asimismo tú saciarás. Y es asombroso, verdad; es como cuando nosotros terminamos la Nochebuena: "¡Ah, ah, ah! Ya, mi hermano, tranquilo, estamos bien. ¿Qué hay ahora? ¿Hay mañana? De la junta la para". David se sentía así: "Asimismo, Dios, mi alma será saciada". Yo estoy en el desierto ahora, yo tengo una sed grandísima, un hambre grandísima, pero yo confío en que ese Dios del pasado hará su obra en el futuro.

Por último, hemos visto, verdad, que la sed impulsa la búsqueda; que hay un proceso de búsqueda que tiene que ver con el carácter de Dios manifestado en el ayer y creyéndolo hoy y mañana. El último aspecto es el resultado de esa búsqueda, y es numeroso; ese resultado de muchas formas David lo expresa.

Hay confianza ahora. Dice el verso 8: "A ti se aferra mi alma, tu diestra me sostiene". Claro, porque le acaba de decir: "Tú has sido mi ayuda y yo a la sombra de tus alas canto gozoso". La conclusión, el resultado, es que mi alma se aferra a ti. Me encanta cuando hay estas dos cosas juntas: "A ti se aferra mi alma" —tengo agarrado a Dios—, pero después Dios dice: "Tu diestra me sostiene". Tú puedes agarrar a Dios todo lo que tú quieras, pero si Dios no te agarra a ti, no hay fuerza que aguante. Así que haz tu parte y Dios te sostendrá, como lo hizo con David.

También hay expresiones externas de adoración en numerosos puntos aquí, verdad. Verso 3: "Mis labios te alabarán". Verso 4: "Así te bendeciré mientras viva, en tu nombre alzaré mis manos". Verso 5: "Con labios jubilosos te alaba mi boca". Verso 7: "Y a la sombra de tus alas canto gozoso". Hermanos, y es que cuando Dios se convierte en la provisión de tu sed interna, la adoración externa es manifestada. No hay forma de que así no sea; no hay forma de que mi personalidad, mi temperamento, detengan el gozo, la plenitud que siente un alma satisfecha para poder, por lo menos, decir algo. Del salmo: levanto mis manos, mis labios se abren. No hay forma. Una vez más, él está en el desierto y está adorando; él está con sed, pero sigue cantando y levanta sus manos.

¿Cómo esto es posible, hermanos? ¿Cómo es? Y yo creo que esto es posible por esto que vemos aquí en su contexto: que el efecto que el desierto pueda tener en nosotros va a depender de lo que el desierto encuentre dentro de nosotros. Voy a repetir eso: el efecto que el desierto pueda tener en nosotros va a depender de lo que el desierto encuentre dentro de nosotros. Es como la ilustración que muchas veces hemos oído aquí, verdad: la presión que pueda ejercer sobre una pasta dental, lo que va a salir es lo que está dentro, no algo diferente.

Por tanto, hermanos, si al llegar el desierto encuentra un corazón sediento por Dios, el desierto lo que va a producir es búsqueda y adoración de ese Dios. Y como resultado de esa búsqueda, el corazón sediento será saciado. Por el otro lado, si el desierto halla un corazón sediento también, pero por las cosas temporales de esta tierra, el desierto producirá queja, insatisfacción, desesperanza, desánimo. ¿Por qué viene toda esta cosa? Porque mis ojos no están en la fuente de vida y de agua. ¿Cómo te encontraría el desierto hoy a ti? Esa es la gran pregunta. Y a mí.

Otro resultado de la búsqueda es una perspectiva correcta de la justicia divina que David muestra aquí. Los pasajes del 9 al 11 hablan de cuál será el resultado de aquellos que le buscan para hacerle daño. "Los que buscan mi vida —verso 9— para destruirla caerán en la profundidad de la tierra". Verso 10: "Serán entregados al poder de la espada, presa serán de zorras". Y verso 11: "La boca de los que dicen mentiras será cerrada". David tenía una perspectiva clara de que Dios será justo y él se encargará de los que me han producido daño. El malvado no prevalecerá; a tiempo eso es lo que dice David allí. Y eso fue una realidad en la vida lamentable de Absalón, porque murió en medio de su persecución a David y todos los que estaban con él.

Pero algo interesante, hermanos, de esta reacción de David. Ojo, hermanos, una vez más quiero repetirles: él no está pidiendo a Dios justicia, "bríndala, llévatelos", aunque lo hacen otros pasajes y los salmos muestran ese tipo de peticiones. Pero en esta ocasión él no pide por eso; él está tranquilo porque Dios hará lo que le toca. Será solo a Dios. El hijo de Dios no está consumido por vengarse de los que lo empujaron al desierto en el que se encuentra; él deja la justicia al dueño de su desierto. En muchas ocasiones nosotros estamos mirando para el otro lado: "Por bendita, por esta bendita persona, por este... Si no hubiera sido por él, mira dónde yo estoy". Pero el hijo de Dios verdadero que conoce de su Dios, a Dios encarga. Yo lo que tengo es que buscarle y adorarle y crecer en él, satisfacerme en él.

La última que menciono como resultado de la búsqueda, además de adoración, perspectiva correcta de la justicia de Dios, confianza, es regocijo. Verso 11: "Pero el rey se regocijará en Dios, y todo el que por él jura se gloriará". En el desierto sí hay posibilidad de regocijo, si mi sed está bien apuntada. Y eso es lo que dice David.

Concluyendo hermanos, hemos visto que la sed por Dios es la que mueve al corazón del hijo de Dios a buscarle, y que cuando no hay sed, no hay búsqueda. La gran pregunta de hoy es: ¿cómo está tu sed? ¿Es una sed que te impulsa a buscarle con afán, o tienes una sed afanada en otras cosas? Hay afanes, hay presiones que no te dejan buscar a Dios. Pero si vemos a David, él tenía presiones de muerte, presiones de alimento, presión de poder ayudar a los que estaban ahí con él. Él tenía buenas excusas para decir: "Señor, ahora mismo no te puedo buscar, esto es un lío, no ves mi situación". Pero no, él se volcó a Dios y le buscó fervientemente, porque le era su prioridad.

Discúlpenme porque algunos ejemplos que llegan a mi mente casi siempre son con jóvenes, pero ustedes saben de dónde vengo ahora. Pero esta gran verdad me hizo recordar tantas ocasiones cuando yo he visto a un joven, verdad, ya en la universidad, trabajando también, emprendedor, echando pa'lante como debe ser. El hombre de Dios debe ser así también. Sin embargo, cuando a veces se ocupa tanto, le llamamos, le decimos: "Brother, hace mucho que no te veo". "Mano, es que la universidad está tan imposible, ahora mismo estoy trabajando y además no hay tiempo, no hay forma".

Luego, un día como muy corriente, él conoce una criatura femenina que cautiva sus ojos y su corazón. De repente, él encuentra tiempo donde no hay para pasarlo con la joven, y no es una carga, es todo un deleite. Él hace los ajustes necesarios para no perder tiempo con esa hermosa espécimen que ha encontrado. Hermanos, si verdaderamente amas a Dios, repito, si verdaderamente amas a Dios, sacarás tiempo para pasarlo con Él. Tiempo en su Palabra renovando tu mente para agradarlo, Él es tu tesoro. Tiempo en oración buscando su rostro, echando tu carga sobre Él y la de otros: "Toma, Señor, Tú eres mi fuente de ayuda". Tiempo en la alabanza y adoración expresándole tu amor por Él.

Prosigo en esto, hermanos. Muchos de los que estamos aquí hoy no tenemos sed, por tanto no hay búsqueda. Y no hay búsqueda porque no hay amor por Dios, o se ha apagado. ¿Qué harás entonces? ¿Otro sermoncito más bonito y vuelvo a mi vida normal, y Dios tratando de decirte: "Despierta"? ¿O escucharás a Jesús diciendo como a Marta: "Marta, Marta, afanada y turbada estás en muchas cosas, pero solo una cosa es necesaria. María, tu hermana, ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada". Está a mis pies, está escuchándome, está conmigo.

Si vamos al Nuevo Testamento, ultimita cita que voy a mencionar, vemos una historia muy gráfica y clara de todo lo que hemos hablado, hermanos. Una mujer que ha brincado de esposo en esposo se encuentra a Jesús en el pozo en Samaria, y allí Jesús se le revela como la fuente de agua viva que sacia toda sed. Juan 4:13-14: "Jesús le respondió: Todo el que beba de esta agua natural volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás". ¿Cómo así, Jesús? ¿Cómo eso es posible? Fácil, mira lo que va a pasar: "Sino que el agua que yo le daré se convertirá en él, dentro de él, en una fuente de agua que brota para vida eterna". Por eso, aunque tenga sed, va a tener la fuente dentro: yo mismo, el agua viva. Ven a Dios como un ciervo, hermano, a buscar el agua para tu corazón insaciable. El mío es así también. Y Jesucristo será agua viva para ti y para mí, veremos.

Señor, hay muchas formas de orar para cerrar, pero yo creo y entiendo personalmente que la más apropiada es: perdónanos. Perdóname a mí. Porque como un pueblo distraído he dejado la fuente de agua viva y he ido a otros lugares, otras fuentes vanas que me han dejado igual o peor. Me arrepiento en esta tarde. Yo quiero que Tú te conviertas en aquel único Dios que sacia la sed de mi alma. Señor, ayúdame a moverme hacia Ti. Ayúdame a recordar las obras grandiosas que has hecho en mi vida personalmente, individualmente, cómo te has mostrado a pesar de cómo soy. Ayúdame a recordar eso y saber que Tú eres el mismo hoy en mi desierto, y que preparas banquete para mí hoy y para mí mañana. Señor, escucha nuestro suspiro, nuestro bramido. Tenemos sed de Ti, Dios. Sacia nuestra alma porque solo Tú eres suficiente. En el nombre de Jesús, amén.

Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad. Sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Es pastor de los ministerios de jóvenes de la Iglesia Bautista Internacional y completó una Maestría en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.