La vida cristiana está marcada por un cansancio inevitable. Vivimos en un mundo caído, luchamos con pecados remanentes, enfrentamos decepciones e injusticias, y nuestras almas se agotan. La pregunta no es si vendrá ese agotamiento espiritual, sino cómo responderemos cuando llegue. En Mateo 11:28-30, Jesús extiende una invitación extraordinaria: "Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." Esta no es la invitación de cualquiera, sino de aquel que tiene toda autoridad en los cielos y la tierra, el único que puede revelar al Padre y el único capaz de cumplir lo que promete.
El descanso que Jesús ofrece no es físico sino espiritual. Hay cargas del alma que no se resuelven en un gimnasio ni en un viaje a la playa. Jesús ofrece paz capaz de calmar un corazón atribulado, gozo que levanta el espíritu, amor que echa fuera el temor, y esperanza conectada a la vida eterna. La historia de Mariel, una joven dominicana condenada injustamente a prisión, ilustra esta realidad: dos horas antes de entrar a la cárcel, ella grabó un mensaje diciendo que Jesús era su porción y que su alma descansaba en su Señor.
La respuesta que Jesús espera incluye venir a él renunciando a nosotros mismos, tomar su yugo sometiéndonos a su voluntad, y aprender de él como discípulos. Su yugo es fácil y su carga ligera, no porque obedecer sea sencillo, sino porque él lleva la mayor parte del peso y nos fortalece para caminar. El descanso del alma solo se encuentra cerca de Jesús.
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Hola. ¡Bienvenidos! Es un gozo poder estar aquí otra vez para compartir la Palabra. Si son tan amables, busquen en sus Biblias Mateo, capítulo 11. Hemos titulado la meditación de hoy: "Una maravillosa invitación." Vamos a estar enfocados en los versículos 28 al 30.
Yo quiero leer el texto y luego voy a introducir la exposición de esta mañana. Mateo, capítulo 11, versículos 28 al 30, una maravillosa invitación: "Venid a mí, dice Jesús, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y mi carga ligera."
Uno de los más grandes desafíos que todos nosotros enfrentamos en esta vida es esa tendencia a cansarnos, esa tendencia a desalentarnos. Es una realidad que todo ser humano experimenta, y los creyentes no están exentos de ella. Son muchas y son continuas las amenazas que atentan contra nuestras más firmes convicciones. Nosotros deseamos vivir una vida que agrade a Dios; sin embargo, nos topamos con la realidad de que estamos en un mundo caído, nuestros cuerpos no han sido glorificados, y eso es una lucha constante. Experimentamos que nuestras almas son rendidas, cansadas muchas veces.
Pensemos en esto por un momento, simplemente para dar una ilustración de esa realidad. Como creyentes hemos sido llamados a vivir por el Espíritu, pero aún estamos en la carne. Como creyentes estamos llamados a buscar la santidad, pero aún tenemos pecados remanentes y muchas veces, luchando con esos pecados, tenemos derrotas temporales. Nosotros hemos sido llamados a vivir para agradar a Dios, pero vivimos la realidad de un mundo que está caído.
Entonces yo digo: ¿quién es ese que no experimenta ansiedad y temor ante tantas cosas que son desconocidas? ¿Quién es ese que no experimenta algunas veces una decepción cuando ve tanta injusticia alrededor? ¿Quién es ese que no experimenta algún desencanto por las derrotas temporales del pecado? ¿Quién es ese que en un momento no pierde su esperanza cuando no entiende los propósitos de Dios? La pregunta es: ¿qué tan fácil es llegar a cansarnos? ¿Qué tan fácil es agobiarnos espiritualmente? Nuestra vida en este mundo está marcada por retos, dificultades y aflicciones, y la pregunta es: ¿cómo vamos a responder a ese seguro cansancio que vendrá?
Jesús dijo estas cosas, o sea, habló para que en él tengáis paz. "Pero en el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." Lo que queremos en esta mañana es que podamos considerar en la Palabra cuál es la provisión de Jesús para tratar ese cansancio, ese desaliento espiritual que muchas veces experimentamos.
Déjenme, como introducción, al hablar de esta maravillosa invitación, llamar la atención sobre Jesús, quien es el autor. Aquí en el contexto, yo quiero que leamos los versículos 25 al 27 por un momento. Dicen: "En aquel tiempo" —hablando de Jesús— "él dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios e inteligentes y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así fue de tu agrado." Y en una autorevelación del Señor Jesucristo, algo inusual hasta este punto en su ministerio terrenal, Jesús se revela a sí mismo. Dice el versículo 27: "Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."
Esto es extremadamente importante para lo que vamos a estudiar. Lo que hemos leído es esto: Dios el Padre ha delegado todas las cosas en su Hijo Jesús. Jesús, al mismo tiempo, comparte una exclusiva y única relación de intimidad con el Padre. Adicionalmente, Jesús es la única persona que puede revelar al Padre a nosotros. Y si usted junta todo eso, ahora está Jesús extendiendo una de las más maravillosas invitaciones. ¿Cuál es la conexión en todo eso? Jesús, aquel que está invitando, es el único que puede hacerlo. La idea es ésta: si las personas solamente pueden conocer al Padre por medio de Jesús, y si Jesús ha recibido toda la autoridad del Padre, entonces tiene sentido que sea Jesús el que nos invite; tiene sentido que sea Jesús el que prometa acercarnos a él para bendecirnos.
Déjenme dar una ilustración simplemente como contraste para ilustrar esto. Imagínense que alguien, un conocido, se les acerca y les dice: "Yo tengo una invitación. Quiero que vayamos al Palacio Nacional, el Palacio Presidencial, para hacer una visita ya." Entonces usted dice: "Bueno, eso es interesante. ¿Tú conoces al presidente?" "No, no, yo no tengo ni idea." "¿Conoces al vicepresidente?" "No, tampoco." "¿Al menos conoces a la gente de seguridad del Palacio Nacional?" "No, tampoco." "¿Al policía que está en la puerta por donde vamos a entrar?" "No, tampoco." ¿Qué quiere usted hacer con esa invitación? ¿Quién es este que está ofreciendo algo cuando no tiene nada para cumplirlo? Eso no es el caso aquí.
Jesús está invitando porque Él tiene toda autoridad en los cielos y en la tierra. Jesús está invitando porque Él es el Rey de reyes, Señor de señores. Jesús está invitando porque Él es el Autor de salvación, el Señor de gloria, porque Jesús es un maravilloso Salvador. Solo Jesús puede hacer esto. Cuando las Escrituras lo describen y hablan de Él, dicen: "Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque por Él fueron creadas todas las cosas, tanto las que hay en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen." Y nosotros lo decimos: esta es la más maravillosa invitación. Es una invitación maravillosa porque es una invitación personal del Rey. Jesús, para ti. Jesús nos está invitando.
Lo que voy a hacer es considerar nuestro texto básicamente en tres partes. Primero, quiero que estudiemos cuál es la invitación que Jesús está haciendo. En segundo lugar, cuál es la expectativa que Jesús tiene, es decir, qué espera Jesús como respuesta de aquellos a quienes Él invita. Y finalmente, cuál es la motivación, cuáles son los argumentos que Jesús nos da para que respondamos positivamente a su invitación. Así que, para fines de memorización, como si esto fuera una escuela dominical: la invitación, la expectativa y la motivación.
Vamos a nuestro primer punto: la invitación. Dice el versículo 28: "Venid, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." Lo primero que yo quiero llamar la atención aquí es: ¿a quiénes invita Jesús? ¿Quiénes son los invitados? Dice: "Todos los que estáis trabajados y cargados." Otras versiones y traducciones de la Biblia dicen: "Aquellos que están cansados de sus trabajos y cargas." Otras dicen: "Todos ustedes que están cansados y que están agobiados." Como observación primera: dice "todos." A todos. No dice "algunos," sino a todos. No hay distinción, no hay privilegios. Es una invitación universal del Rey Jesús.
Esas dos palabras —"cargados" y "cansados"— son muy especiales en la Biblia, especialmente en los idiomas originales. Cuando se combinan, son dos participios que ilustran una situación de causa y una situación de efecto. ¿Cuál es el efecto? Están cansados. ¿Cuál es la causa, la razón para eso? Están cargados, están agobiados. La idea en los originales: cansados de intentar ser lo que no eres, cansado de cumplir rituales, de cumplir leyes de hombres, tradiciones. Los fariseos habían puesto cargas en la gente que Dios nunca había mandado, y la gente estaba cansada de eso. Dice además "cargados," y es una carga que surge por el poco disfrute de tenerla: cansados, agotados.
Entonces, si combinamos los dos términos, ¿a quién es esta invitación? A aquellos que están cansados de trabajar. A aquellos que están frustrados con cosas que no pueden lograr. Jesús está invitando a aquellos que están desanimados por luchar aún con sus propios pecados. Jesús está invitando a aquellos que están desalentados por problemas con ellos mismos, con sus familias, en su matrimonio, con su iglesia, en su trabajo. Jesús está invitando a aquellos que están cansados por ver un mundo desmoralizado y caído, un mundo alrededor cada vez más decepcionante y más deprimente. Jesús invita a todos, a todos aquellos que están trabajados y cargados.
Ahora, ¿qué ofrece Jesús en esa invitación? Todavía en el primer punto. Usualmente, cuando a uno lo invitan a algo especial —una boda o lo que sea— le dicen cuándo es, le dicen cuál es el acontecimiento y que es un honor tenerle allí. Entonces, ¿qué es la invitación que Jesús hace? La oferta es descanso. Dice el versículo 28 otra vez: "Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar." Y al final del versículo 29: "Y hallaréis descanso para vuestras almas."
Jesús, el Rey de reyes, está extendiendo una invitación para dar descanso a tu alma. Eso es un descanso especial. No estamos hablando de un descanso físico, sino espiritual. Déjenme decirles esto: hay cargas que se dan en el alma que no se resuelven en un gimnasio. Es un asunto por dentro. Es algo que usted no sabe ni cómo explicar. Es algo en nuestro ser interior. A veces nosotros mezclamos las cosas. Cuando usted tiene un cansancio del cuerpo, entonces se va a un spa, se va a la playa, cuando usted quiera. Pero cuando usted tiene un problema del alma, no importa la playa adonde vaya, no importa el viaje al país que haga; eso no se resuelve con cosas materiales. Es un descanso por dentro.
Jesús dice: "Vengan, yo voy a dar descanso para el alma." Amigo que estás aquí esta mañana, si tú aún no tienes a Cristo, esta es una invitación muy especial para ti. Jesús es el camino, la verdad y la vida, y dice que nadie viene al Padre si no es por Él.
Dice la Palabra que en Él tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según la riqueza de su gracia. El mayor problema que una persona tiene no es un problema económico. El mayor problema que una persona puede tener no es un problema de salud, no es un problema de familia. El mayor problema que un ser humano tiene es que la ira de Dios pende sobre él. Y Jesús dice: "Yo perdono tus pecados. Ven a mí."
1 Juan 4:10 dice: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados." Amigo, Jesús vino a este mundo para hacer posible una real reconciliación entre tú y tu Dios. Es el más precioso regalo. Solo Jesús puede hacerlo. La Biblia dice en Hechos 4:12: "Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos."
Jesús es el único quien puede dar descanso a tu alma. Jesús ofrece perdonar tus pecados. En medio de una gran oscuridad y en un mundo que parece sin salida, Jesús te dice: "Te doy vida eterna." Ahora, aquí y por siempre. Nadie puede hacer eso.
A ti, hermano, que estás aquí en esta mañana y que ya has creído: Jesús te extiende una invitación. Jesús ofrece descanso también para ti. Dice Romanos 8:34: "¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, y más aún, el que resucitó, el que está a la diestra de Dios, quien también intercede por nosotros."
Jesús provee el descanso que necesitan nuestras almas. Cuando estamos llenos de ansiedad, Jesús ofrece su paz. Es una paz muy única, es una paz que puede calmar un corazón que está atribulado. Es una paz muy diferente a la que este mundo puede dar. Es una paz que es mayor que cualquier tribulación que pueda suceder en esta vida, una paz que sobrepasa nuestro entendimiento.
Cuando hay amargura en el corazón por alguna experiencia dolorosa, Jesús ofrece su gozo. Es un gozo que es capaz de levantar nuestro espíritu. Dice Juan 15:11: "Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea completo." Es un gozo que no puede ser explicado con palabras.
Y cuando el alma está llena de temor, Jesús nos ofrece su amor. Es un amor capaz de echar fuera nuestros temores. Dice 1 Juan 4:18: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor." Es un amor similar al que Él experimenta con Dios el Padre. Es un amor que sobrepasa nuestro entendimiento.
Cuando nuestras almas están llenas de dudas, Jesús ofrece una real esperanza. Es una esperanza conectada a una vida que es eterna. Es una real esperanza que nos ofrece un real descanso. Jesús nos ofrece una maravillosa invitación.
Yo compartía con el servicio primero que esa realidad del descanso que Cristo da lo puede experimentar uno muy recientemente, en un caso que estaba vigente ahora y que quizás usted ha seguido. Hay una joven dominicana cristiana llamada Mariel Grim. Es un caso que ha despertado el interés internacional; realmente el mundo entero ha sido convulsionado por esto. Es una joven nacida en Santiago, se crió en una iglesia allá en Santiago, luego emigró a los Estados Unidos por estudios, se casó en los Estados Unidos y viven en Minnesota.
Yo tuve la oportunidad de ser pastor de esa joven. En Santiago la vi crecer y luego en Minnesota, diez años, yo fui su pastor. En septiembre del año pasado sucedió un evento que trastornó la vida de todos ellos. Ella estaba cuidando un niño cuyos padres lo habían dejado bajo su cuidado; el niño convulsionó, y cuando llegó el personal de emergencia, aparentemente fue muy tarde. El niño se sometió a algo de tipo quirúrgico y tuvo efectos permanentes en su cerebro.
En un caso muy controversial, Mariel fue acusada por el gobierno federal de los Estados Unidos. La idea era explicar que era culpable, y más que eso, médicos muy especializados entendían que para que esos daños cerebrales fueran de tal magnitud, ella tuvo que haber abusado físicamente del niño. No hubo manera de probar su inocencia, y en un caso real que ha convulsionado a los Estados Unidos, sobre todo a la comunidad cristiana, ella fue a juicio y la corte falló en su contra. La condena iba desde cinco años a treinta años de prisión. Mariel tiene cuatro niños, de edades muy pequeñas.
Finalmente, Dios dio gracia. Esa condena primeramente se redujo a siete años, y por un milagro de Dios, la condena fue bajada a 90 días de prisión, pero con 15 años de monitoreo del gobierno. Al llegar ese punto, Mariel empezó su condena el viernes pasado; ella entró a la cárcel siendo inocente.
Hace cuatro semanas, mi esposa y yo tuvimos la oportunidad, providencialmente, de ir a Minnesota donde ella vivía, y decidimos ir a ver a Mariel, que es como nuestra hija. Fue algo muy rápido y no hubo tiempo realmente planificado. Entonces, como hacen los padres con sus hijos, con toda confianza, nos aparecimos en su casa. El asunto es que cuando yo iba manejando hacia esa casa, la pregunta era: ¿qué le voy a decir a Mariel? En ese instante, lo que se conocía era que la condena era de siete años, casi asegurado. La pregunta es: ¿qué le voy a decir a una joven cristiana inocente que ha sido condenada a siete años separada de su familia?
Llegamos, lloramos juntos, etcétera, etcétera. Entonces yo le dije: "Mi Mariel, yo me siento tu pastor, yo vengo a ministrarte." Y le dije: "Bueno, pues déjenme un momentito y déjenme buscar mi Biblia, porque si voy a ministrar, déjenme buscar las palabras." Sí, a buscar la Palabra. Estaba su mamá también. Y mira, yo me lo había pensado bien, qué es lo que le voy a decir, y a mi mente habían venido dos devocionales que yo había preparado, y había uno que yo elegí. Le dije: "Bueno, pues hacemos una hora." Y estuvimos una hora y 20 minutos en la Palabra. Entonces, como nosotros no habíamos avisado, yo le dije: "Mariel, Dios está en control, nosotros no estaban esperando." Así que pensamos que podíamos orar y ya, pero dijeron: "No, no, no. Usted dijo que son dos devocionales, otra hora más."
Y el punto es este: esa muchacha, en ese entonces, lo que estaba esperando era una sentencia de siete años separada de su familia, y ella me despidió con estas palabras: "Yo estoy lista. Yo estoy lista." Jesús había trabajado en todos esos años, enseñándole su Palabra, quizás para un momento como ese.
El viernes pasado, dos horas antes de empezar su condena, ella grabó un mensaje de voz para sus padres y algunos familiares cercanos. Ella decía: "En dos horas estaré en la cárcel, pero Jesús es mi porción. Mi alma descansa en mi Señor." Y cuando uno ve eso, la pregunta es: ¿estoy listo para algo así? ¿En qué es que yo estoy descansando en este mundo? ¿Cuál es esa realidad que sostiene mi alma para cualquier evento de esta magnitud? Jesús dice: "Ven. Ven. Yo tengo descanso para tu alma."
Entonces, en primer lugar, la invitación: Jesús ofrece a todo el que está cansado y agotado descanso. En segundo lugar, ¿cuál es la expectación? ¿Cómo espera Jesús que nosotros respondamos a eso? Voy a leer de nuevo los versículos 28 y 29: "Venid a mí, todos los que estáis trabajados, cansados y cargados, y os haré descansar." Y Él dice: "Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón."
Hay tres cosas en el texto que se sugieren como una posible respuesta a esta invitación. En primer lugar, Jesús dice: "Venid a mí." Eso es muy importante porque eso demanda un acto de renuncia a algo. La idea es que ese verbo está en imperativo y es muy demandante: para ir a Jesús en los términos que Él demanda en su invitación, algo tiene que ser sacrificado en nuestras vidas. Aun las leyes físicas señalan esto: un objeto no puede ocupar dos lugares diferentes al mismo tiempo. Eso es imposible.
Entonces, para ir a Jesús en los términos que Él demanda aquí, nosotros tenemos que dejar el lugar donde estamos, sea físico, espiritual o emocional. Debemos dejar ese lugar y movernos hacia el lugar donde Cristo está. Algo en ti debe ser dejado atrás: pueden ser tus ideas, pueden ser tus planes, pueden ser tus sueños, tu reputación, tu comodidad, tus costumbres, tus hábitos, lo que sea. Tú no puedes ir a un lugar y al mismo tiempo quedarte donde estás. Eso es una contradicción. Jesús dice: "Ven. ¿Quieres descanso? Ven."
Pero hay algo más aquí que no podemos pasar por alto. Jesús dice: "Venid a mí." Esto es muy importante porque en otras partes de las Escrituras hay llamados similares. Por ejemplo, Jesús dice: "Sígueme", y eso es parte de la vida cristiana, pero es muy diferente a lo que Jesús está pidiendo aquí. Tú puedes seguir a Jesús, con Jesús yendo adelante y tú detrás, simplemente imitando sus enseñanzas. Pero este venir es una relación personal. Jesús no simplemente va adelante diciéndote "sígueme"; Jesús está aquí, frente a ti, y dice: "Ven." Él es el destino final. Él mismo es el descanso que se ofrece.
Aquí está resumida la vida cristiana. La vida cristiana no es venir a una iglesia, la vida cristiana no es venir a un programa, la vida cristiana no es ser parte de un sistema. La vida cristiana, en esencia, es esto: una relación personal con Jesús. Jesús dice: "Ven." El descanso que Él ofrece es Él mismo. Jesús es el Cordero de Dios, Jesús fue aquel quien fue sacrificado por nuestros pecados, Jesús es un refugio para los pecadores.
Ese descanso no vendrá mientras nosotros nos quedemos en nuestras frustraciones. Ese descanso no vendrá mientras nos quedemos consumidos en nuestros desalientos. Ese descanso no vendrá mientras tengamos los ojos enfocados en el pasado, en lo que me hiciste, en lo que me dijeron, en lo que sufrí. Ese descanso únicamente vendrá cuando renunciemos a nosotros mismos y nos movamos al lugar donde Cristo nos espera.
Jesús dice: "Ven, olvídate de eso, deja tu desaliento atrás, deja tus quejas, deja tu pasado, ven". Y ese primer pasaje de 1 Pedro 5:6-7 dice: "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte a su debido tiempo, echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros." Si estás cansado, Jesús dice: "Ven, acércate." Hay una frescura espiritual que solo la experimentarás si estás cerca de Jesús. Eso no se hace por internet, eso no se hace a la distancia; Jesús nos quiere cerca.
Pero hay algo más. ¿Qué espera Jesús como respuesta a esta invitación? Él dice: "Ven", y dice el versículo 29: "Tomad mi yugo sobre vosotros." Tomad mi yugo. Yo digo que esto es un poquito confuso lo que encontramos aquí, porque en términos naturales es muy complicado relacionar descanso y trabajo. Difícilmente, cuando alguien te hable de descanso, tú pensarás en trabajar. Si estamos hablando de trabajo físico, cansancio físico, y alguien te dice: "Estás cansado este fin de semana, yo estoy súper agotado", y la respuesta fuera: "Bueno, vamos a la oficina a trabajar horas extras", eso no tiene sentido. Pero eso es lo que Jesús está diciendo: "Estás cansado, toma mi yugo." Y es un imperativo.
Esa palabra que se traduce como "yugo" en el griego, el idioma original en que fue escrito el Nuevo Testamento, solo se usa seis veces en el Nuevo Testamento, y es una palabra muy especial, porque significa la idea de ponerse bajo la servidumbre de otro. Por ejemplo, en Gálatas 5:1, voy a leerles: "Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes y no os sometáis otra vez al yugo de la esclavitud." Ahí está la palabra. Jesús dice a esta iglesia: "Yo morí por ti, yo te he dado la fe, yo te he librado de tus pecados; entonces permanece, no vuelvas atrás a hacerte esclavo de cosas de las que ya yo te liberé." Y usa la palabra "yugo". Yugo significa someterse a las reglas y la autoridad de otro.
Ahora, yo quiero llamar la atención aquí al pronombre posesivo en esta sentencia. Jesús no dice "tomar un yugo"; Él dice "tomar mi yugo." Son dos cosas muy diferentes. El descanso del alma vendrá, no porque te hagas esclavo de cualquier cosa, sino porque tomes el yugo correcto: el yugo de Jesús. Y la pregunta es: ¿cómo yo hago eso? ¿Cómo luce una persona que se está sometiendo al yugo de Cristo? Eso es someterse a la Palabra de Dios. Eso es someter nuestra voluntad a su voluntad. Eso es que cuando yo tenga mis deseos y aspiraciones y a mí me parezca que es la mejor opción, aun así yo me someto a la voluntad de mi Señor. Es renunciar a mi propia justicia para perseguir su justicia. Es imitar la vida que Él modeló, es vivir para su gloria. Eso es tomar su yugo.
Entonces Jesús dice: "Venid a mí." Jesús dice: "Tomad mi yugo." Y ahora hay algo más que Él dice. Dice el versículo 29: "Y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón." Y otra vez yo digo que esto es un poquito confuso para mí, porque en términos naturales es muy complicado relacionar descanso y estudiar. Difícilmente, si alguien te habla de descanso, tú pensarás en la escuela. Ustedes pueden imaginar a esos jóvenes cuando están en el bachillerato: en su último día de clase, el último examen, ya ellos tienen la mente en para dónde van. Y si es como la mayoría de nosotros, que deja todo para último y tiene que amanecer, ya ustedes saben... El último examen, yo no sé ni cómo lo llenan. ¿Se imaginan que ese día el profesor diga: "Están cansados, sí, todo el mundo; pues vamos a tomar otro examen de química ahora"? Yo no sé ni para qué quedan eso, con tanta clase complicada. Yo dudo que alguien se vaya a poner contento con eso. Pero eso es lo que Jesús dice aquí.
Jesús dice: "Estás cansado, aprende; ven a la escuela." Y la única manera de entender esto es conectar esta declaración con el contexto. Jesús es el único que puede revelar a Dios Padre, entonces el descanso vendrá cuando aprendamos de Él. Es como si Jesús dijera: "Vengan, aprendan de lo que Dios ha hecho para ustedes; eso solamente Yo lo puedo enseñar." Eso es un llamado al discipulado. La palabra en esencia que se traduce aquí como el verbo "aprender", de esa misma palabra se deduce la palabra "discípulo". Esto es lo que es un discípulo: alguien que aprende de Jesús, pero que aprende a través de la práctica. Entonces no es aprender una cantidad de información nueva que puede hacer la vida interesante; ese no es el significado aquí. El Señor quiere transformar nuestras vidas, y esa transformación solo sucede cuando estemos cerca de Él.
Eso es lo que dice: "Ven, aprende, quiero trabajar contigo, quiero ayudarte, quiero cambiarte." Santiago 1:22 nos da como una advertencia de esa realidad: "Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos." La pregunta es: ¿por qué aprender de Jesús? Porque Él dice: "Yo soy manso, yo soy humilde de corazón." Eso lo hace un buen maestro del cual uno puede aprender. Él es manso, Él tiene compasión con aquellos que somos lentos para aprender la lección. Jesús sabe cómo trabajar con cada uno de nosotros; Él es condescendiente para enseñarnos, Él sabe al internos para aprender.
Entonces Jesús dice: "Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados." ¿Qué espera Él de ti? Ven, toma mi yugo, aprende. Y en tercer lugar, la motivación: ¿por qué debemos hacer eso? Él dice aquí en el versículo 30: "Porque mi yugo es fácil y mi carga es ligera." Esa palabra que se traduce como "fácil", la traducción más precisa debería ser "útil": encaja dentro del propósito de lo que se hace. Eso es lo que la palabra dice en el original.
Ahora, la pregunta es esta: ¿en qué sentido el yugo de Cristo es fácil? Porque yo no creo que obedecer a Jesús sea siempre más fácil que obedecer los deseos pecaminosos del corazón. De hecho, yo creo que es lo contrario. Algunos de nosotros luchamos con debilidades en nuestras vidas: el orgullo, la envidia, la ira. Peleamos y sufrimos porque no queremos ser así, y tenemos que pedir perdón, arrepentirnos y seguir. Eso es muy difícil. Yo creo que sería más fácil, como hacen algunos, simplemente excusarse y decir: "Es que yo soy así." Entonces, ¿cómo es que Jesús dice aquí que su yugo es fácil? Eso no es tan fácil.
Bueno, la respuesta solo podrá ser explicada si logramos conectar eso con la principal oferta de Jesús aquí en el contexto. Jesús está hablando de descanso del alma. Entonces el descanso que Jesús ofrece es el único camino para encontrarlo. El yugo de Cristo será más fácil únicamente si nos referimos al descanso espiritual, y la razón es esta: el descanso jamás podrá ser encontrado en el yugo del pecado, jamás. Entonces la pregunta es: ¿estás buscando descanso para tu alma? Jesús dice: "No pongas el yugo del pecado; eso te va a destruir, el camino del gozo será alejado para siempre de tu alma, será imposible." ¿Quieres descanso para tu alma? Toma mi yugo. Yo haré que tu alma pueda experimentar gozo; yo haré que aun en las dificultades tú puedas ser fortalecido. Si es descanso para el alma, Jesús dice: "Mi yugo es más fácil."
Pero dice también: "Mi carga es ligera." Y otra vez, ¿cómo así que es ligera? ¿Cómo es que la carga que llevamos en la vida para agradar a Dios en Jesús es más ligera? Y la única posible respuesta es conectando esa declaración al ministerio de Jesús. Jesús es un gran Salvador. Las cargas del alma cuando estamos en Él son más livianas por la fortaleza que Jesús nos da. Dice el apóstol Pablo en Filipenses 4:13: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." ¿Por qué? Porque Jesús es quien lleva la mayor carga, la carga que nos corresponde a nosotros; Jesús la toma por nosotros. En Jesús la carga es más ligera. La única manera como esa carga se convierte en más pesada es cuando nos salimos de su yugo, cuando intentamos caminar por nosotros mismos; no disfrutamos en esas ocasiones la ayuda que Jesús nos da.
Cuando estamos dentro de su yugo, Jesús dice: "Estás cansado, ven a mí, toma mi yugo, aprende de mí, y te daré descanso para tu alma." La pregunta es: ¿cómo tú vas a responder a esa invitación? ¿Qué vas a hacer con ella? Primero, amigo que estás aquí, que aún no te has entregado a Jesús: no seas indiferente a una invitación como esta. No hay razón para que tú desperdicies tu vida alejado de Dios. No hay razón para que tú desperdicies el descanso que tu alma tanto necesita. Escucha esto: tu vida no tendrá sentido hasta que Dios sea el centro de ella. Dios te creó con un propósito, y tú no podrás hallar felicidad hasta que Dios cumpla ese propósito en ti. Tú necesitas a Jesús como Salvador, tú necesitas a Jesús como tu Señor.
Si Dios te está hablando ahora, no cierres tus oídos a Él. Acepta esa invitación que Cristo te ofrece. Dice la Palabra de Dios una vez más, fijando un día, hoy, diciendo por medio de David después de mucho tiempo, como se ha dicho antes: "Si oís su voz, no endurezcáis vuestros corazones." Ahí donde estás, pídele a Dios que te conceda la gracia de tal manera que puedas venir con fe y tú puedas creer. Pídele a Dios que ablande tu corazón duro y te dé un corazón sensible y necesitado para que tú te acerques a Él. Pídele a Dios que abra tus ojos a la realidad espiritual, y que tú no te veas solamente en un mundo temporal sino en una realidad eterna, y que puedas ver tu necesidad de Dios. Hoy puede ser un día de salvación para ti.
Jesús dice: "Ven. ¿Estás cansado de vivir en un mundo que no tiene sentido? Ven, Yo te daré descanso para tu alma." Y tú, hermano que estás aquí, ¿cómo vas a responder a esta maravillosa invitación? Nosotros no estamos caminando solos en este mundo; Jesús está completamente por nosotros.
Jesús tiene el descanso que necesitan nuestras almas. Quizás Dios te está llamando a aprender lecciones espirituales que solo se aprenden en la escuela de la fe, y Él te dice: "Ven". Quizás Dios te está llamando a rendir un área de tu vida que aún no has rendido, y Jesús te dice: "Ven, quiero trabajar en intimidad contigo".
Juan 15:5 dice: "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos. El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto, porque separados de mí nada podéis hacer". Esa no es una invitación de un día, el día que nos convertimos; es una invitación que Cristo permanece continuamente haciendo: "Te quiero más cerca". El disfrute de la vida de fe solo es posible si estamos cerca de Jesús; si estamos lejos de Él, no hay disfrute.
Si somos fríos e indiferentes a su voz, caeremos en frialdad espiritual. ¿Saben lo que es la frialdad espiritual en el cristiano? Es como una anestesia, pero una anestesia aspirada: en vez de bloquear el valor de servirle, lo que bloquea es el amor de tenerle. La frialdad espiritual es un sedante que nos bloquea para disfrutar las promesas de Dios.
Jesús dice: "Ven, yo soy el pan de vida, y el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed". Filipenses 4:19 dice: "Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús". El Salmo 145:18-19 dice: "El Señor está cerca de todos los que le invocan, de todos los que le invocan en verdad; cumplirá el deseo de los que le temen, también escuchará su clamor y los salvará".
En una vida, en un mundo que está marcado por estos retos, estas dificultades y estas aflicciones, ¿cómo vas a responder al seguro cansancio y desaliento que vendrá? Jesús te extiende desde aquí la más maravillosa invitación posible, la más maravillosa invitación que jamás podemos recibir: Él quiere dar descanso a tu alma. ¡Ven, toma su yugo!
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Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D