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Sermones

La misericordia de Dios en la elección de los suyos

Miguel Núñez 26 enero, 2025

La misericordia de Dios no es un derecho de nacimiento ni un derecho adquirido; es un privilegio que Dios aplica a su discreción sobre personas que tampoco la merecen. Este es el corazón de Romanos 9:14-29, donde Pablo anticipa las objeciones de quienes cuestionan la justicia divina al leer que Dios amó a Jacob y aborreció a Esaú. La respuesta del apóstol es directa: de ningún modo hay injusticia en Dios. El contexto de las palabras "tendré misericordia del que yo tenga misericordia" se remonta a Éxodo, cuando Israel adoró el becerro de oro y merecía ser exterminado por completo. Dios, en su soberanía, decidió no destruir a todo el pueblo, aunque tres mil hombres murieron y una plaga terminó con muchos otros. Sobre los que quedaron, Dios ejerció misericordia.

El problema es que el ser humano cree que Dios le debe misericordia, y cuando no la recibe como espera, lo acusa de injusto. Pero como Dios le dijo a Israel en el exilio a través de Ezequiel: "¿En qué soy injusto? ¿No son ustedes los que actúan injustamente?" Queremos elegir nuestro camino y también elegir nuestras consecuencias. Pablo usa la imagen del alfarero y el barro para mostrar lo absurdo de que la criatura cuestione al Creador. Faraón endureció su propio corazón repetidamente antes de que Dios lo endureciera; Dios toleró aquella generación del diluvio por ciento veinte años antes del juicio.

Si Dios tratara a cualquiera con justicia, nadie quedaría en pie. Por eso Jeremías escribió que si no fuera por las misericordias de Dios, que son nuevas cada mañana, ya hubiéramos sido consumidos. La oración que corresponde no es "hazme justicia", sino "ten compasión de mí". Cada día que amanecemos es evidencia de una misericordia que no merecemos, comprada a precio del Hijo que satisfizo la ira que nos correspondía.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Quizás algunos recuerdan, y si no recuerdan, yo se lo recuerdo ahora. El mensaje anterior a este fue titulado "La soberanía de Dios en la elección de Israel". Pablo inició esa primera parte de Romanos 9 de una buena manera, porque les habló primero y les dejó ver su corazón pastoral. Él estaba dolido, triste, concernado, justamente porque la nación de Israel no había hecho caso a la voz de Dios.

No lo hizo en el Antiguo Testamento, cuando los profetas le llamaron hacia Dios una y otra vez, y luego, cuando Cristo vino, tampoco lo reconocieron como Mesías. Por consiguiente, ellos estaban ahora sufriendo las consecuencias de ambas cosas.

Yo mencioné en esa ocasión que fue bueno que Pablo comenzó hablándole de su amor por ellos, hasta el punto de que él dice: "Yo desearía incluso ser maldición, o anatema, si fuera posible, con tal de que ellos fueran salvos." Porque luego él pasa a describir una parte de la historia de Israel y de la elección de Dios que es difícil de digerir para el ser humano, porque en esencia en Romanos 9 nosotros comenzamos a ver que Dios claramente dijo: el hijo de la promesa ha sido dado al hijo de la promesa, y ese no es Ismael, el hijo de Agar con Abraham, sino Isaac, el hijo de Abraham con su esposa Sara. Esa es la primera parte de esa elección de Dios: no es Ismael sino Isaac.

Pero Isaac entonces se casa con Rebeca y tienen dos hijos, y los hermanos no solamente son hermanos, son mellizos, uno es a copia del otro. De repente en el texto de Romanos 9, versículo 13, nosotros leemos que la elección no se hizo sobre Esaú sino sobre Jacob. De hecho, el versículo 13 dice: "A Jacob amé, y a Esaú aborrecí." Yo no voy a emplear tiempo ahora para explicar la diferencia entre amar a Jacob y aborrecer a Esaú. Tú puedes escuchar el mensaje anterior si lo necesitas para entender esto mejor.

Ahora bien, mientras el mensaje anterior fue titulado "La soberanía de Dios en la elección de Israel", este mensaje es titulado "La misericordia de Dios en la elección de los suyos", y nosotros vamos a estar leyendo desde el versículo 14 al 29. Pero antes déjame explicarte lo que Pablo está haciendo en este texto. Una vez más, Pablo usa una diatriba, y una diatriba es una figura del habla, una forma de comunicación donde tú anticipas a gente que va a estar cuestionando algunas cosas, ya sea acerca de ti o, en este caso, acerca de Dios. Tú imaginas una audiencia que pudiera cuestionar algunas de las cosas que yo enseño acerca de Dios y de su Palabra, y anticipando las preguntas, yo hago las preguntas desde aquí y las respondo, o doy una respuesta a esas interrogantes. Pablo hace exactamente lo mismo, y ya hemos visto esto en capítulos anteriores.

Esa forma de hablar o de comunicar verdades... en este caso tienes que recordar que el versículo 13, que fue donde lo dejamos la semana pasada, ahí Pablo dice que Dios "a Jacob amó y a Esaú aborreció." Versículo 14, que es donde lo tomamos hoy: "¿Qué diremos entonces ante esa realidad? ¿Qué diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? De ningún modo. Porque Él dice a Moisés: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión. Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia." Misericordia es lo que Pablo está enfatizando aquí.

"Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para demostrar mi poder en ti y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra. Así que Dios tiene misericordia del que quiere, y al que quiere endurece." "Me dirás entonces: ¿Por qué todavía reprecha Dios? ¿Porque quién resiste a su voluntad?" Pablo responde: "Al contrario, ¿quién eres tú, hombre, para contestarle a Dios? ¿Dirá el objeto modelado al que lo modela: Por qué me hiciste así? ¿O no tiene el alfarero derecho sobre el barro de hacer de la misma masa un vaso para uso honorable y otro para uso ordinario?"

"¿Y qué, si Dios, aunque dispuesto a mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para la destrucción, lo hizo para dar a conocer las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia que de antemano preparó para gloria? Es decir, nosotros, a quienes también llamó no solo de entre los judíos sino también de entre los gentiles." "Como también dice Oseas: A los que no eran mi pueblo llamaré pueblo mío, y a la que no era amada llamaré amada mía. Y sucederá que en el lugar donde se les dijo: Ustedes no son mi pueblo, allí serán llamados hijos del Dios viviente."

"Así también Isaías clama en cuanto a Israel: Aunque el número de los hijos de Israel sea como la arena del mar, solo el remanente será salvo. Porque el Señor ejecutará su palabra sobre la tierra cabalmente y con brevedad. Y como Isaías predijo: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, hubiéramos llegado a ser como Sodoma y hechos semejantes a Gomorra."

Así que, para lo primero, Pablo presenta la soberanía de Dios en la elección, y sabiendo que se iba a chocar a muchos, comienza ahora diciendo: "¿Y entonces qué diremos?" Esa es la pregunta número uno. Para lo que sigue, él se imagina cuatro preguntas de parte de su audiencia, a las que él da una respuesta, y luego él viene atrás con cuatro preguntas suyas para la audiencia. Así es como funciona. Entonces la primera pregunta es: "¿Qué diremos entonces?" Y la segunda, inmediatamente después, es: "¿Es Dios injusto? ¿Hay injusticia en Dios?" La respuesta es: "¡De ningún modo!", como diciendo: "¿Cómo se te ocurre?" Tuvo como que de inmediato responder. Y la implicación de "de ningún modo" es que es imposible para el Dios infinitamente santo, justo, misericordioso y lleno de gracia actuar en alguna ocasión injustamente. Recuerda: justo es lo que Dios hace, y cuando a mí no me parece, tú te ajustas a lo que la revelación dice.

Cuando tú sigues leyendo lo que Pablo tiene que decir, tú te percatas de que lo que Pablo está tratando de comunicarles a ellos y a nosotros es, número uno, que la criatura no tiene el derecho de cuestionar al Creador en lo más mínimo; es imposible. Número dos, que la criatura no conoce la gracia, la paciencia, la misericordia, el amor, la santidad de nuestro Dios y su benevolencia, y por eso juzga al Creador, pero lo juzga como ella es, lo juzga conforme a su corazón. Tú y yo no confiaríamos en ningún ser humano que tenga poder absoluto a la hora de gobernar, y esa es la razón por la que las democracias tienen un poder judicial, uno legislativo, uno ejecutivo, justamente para que haya un balance de poder. Bueno, en la Trinidad no hay necesidad de ese balance de poder, porque es Dios; pero como yo no puedo confiar el poder absoluto sobre un ser humano, a nosotros nos irrita, nos molesta, nos da escozor el que Dios tenga poder absoluto en su persona.

Entonces lo que Pablo hace —recuerda que está dirigiendo una audiencia predominantemente judía— es decir: "Ok, ustedes conocen la historia. Déjenme ir a la historia judía en el Antiguo Testamento para poder responder a esta gente." Entonces cuando Pablo dice que es imposible que Dios sea injusto, inmediatamente después dice: "Porque Él dijo a Moisés: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión." Ahora yo tengo que entender el contexto de esas palabras, y este es el contexto: en Éxodo 32, Moisés sube el monte a hablar con Dios, y el pueblo comienza a adorar un becerro de oro. Aarón, el hermano, le ha construido un becerro de oro con sus propias manos, se lo ha dado al pueblo y le ha dicho: "Esos son tus dioses que te sacaron de Egipto." Y ahora entonces Dios, en Éxodo 33, el próximo capítulo, le dice a Moisés que Él va a terminar con todo el pueblo entero, que no merece sino perecer.

Moisés interviene, y en su intervención intercede porque Dios ya ha dicho: "Yo voy a quedar solamente contigo y voy a hacer una nación grande a partir de ti." Moisés dice: "Oye, Dios, mejor borra mi nombre de tu libro y salva a ellos." Está intercediendo por ellos. Al final de la historia, Dios, debido a la intervención de Moisés, que se paró en la brecha tal como dice el libro de los Salmos a favor de Israel, decide no exterminar a todo el pueblo, sino que la justicia se limitó a tres mil hombres que murieron a espada, fruto de la disciplina de Dios, y luego vino una plaga grande que terminó con la vida de muchos otros. En ese contexto Dios le dice a Moisés: "Sabes que no voy a terminar con todo el pueblo; por así decirlo, yo tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión."

Ahora, si Dios hubiese acabado con todo el pueblo, se lo merecían, y hubiese sido justo, porque lo merecían. Y esa es la realidad de cómo Dios los trató: tres mil hombres murieron, otro grupo grande murió fruto de una plaga, y Dios dice: "Bueno, sobre los que quedaron vivos, yo tuve misericordia." Esa es la idea, ese es el contexto. Pero lo que Pablo está haciendo es establecer el derecho que Dios tiene de actuar conforme a sus propios propósitos, teniendo misericordia con algunos aunque no la tenga sobre todos. Si nosotros nos viéramos a nosotros mismos por lo que realmente somos, debiéramos regocijarnos en el hecho de que Dios tiene misericordia con algunos de nosotros y no aplica su justicia a todos, porque todos nosotros somos merecedores de esa justicia.

El problema está en que nosotros creemos que Dios nos debe misericordia. Dios no le debe misericordia a nadie, porque la misericordia no es un derecho de nacimiento, no es un derecho con el que yo nazco, pero tampoco es un derecho adquirido. Esa es la realidad, y no solamente con Dios ocurre así. Cuando un rey, cuando un presidente —acabamos de verlo con la administración de Biden recientemente, que lamentablemente perdonó a diez, a cuatro mil y tantas personas, como nunca se había visto en la historia— desde la antigüedad los gobernantes han tenido el derecho de perdonar personas. Cuando un presidente, un rey o un emperador hacía tal cosa, estaba expresando misericordia, pero no le debía misericordia a ese condenado. Si eso es verdad de nosotros, mucho menos debiéramos pensar que Dios nos debe misericordia, ni a ti ni a mí.

Inmediatamente después de que Pablo dice que Dios tiene misericordia de quien Él decida tener misericordia, en el versículo 16 él dice: "Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia." O sea, que si yo quiero entrar al reino de los cielos y Dios decide no tener misericordia de mí, yo no entro. No, ese no es el problema. El problema es que nadie quiere entrar. Ya lo hemos dicho, ya lo hemos visto varias veces.

Veces a lo largo de esta serie, Romanos 3:11: "Nadie busca a Dios." Pero seguimos pensando que, como estoy dentro de la familia de Dios, quizás entonces yo andaba buscando a Dios. No. Dios salió a buscarte, se presentó a tu vida y te encontró. Recuerda que tú no encontraste a Dios porque Dios no estaba perdido. Tú eras el que estaba perdido, y Él fue el que te salió a buscar, y Él fue el que te encontró. Entonces, claro que no depende del que quiere, porque nadie quiere. ¿De qué depende, entonces? De Dios, que tiene misericordia sobre algunos por razones que nosotros todavía no entendemos.

El hombre, recuerda, cuando Lucifer fue creado, fue creado para habitar en la presencia de Dios. Adán y Eva fueron creados para habitar en el jardín con Dios. Ninguno de los tres quiso permanecer bajo el señorío de Dios. Los tres quisieron su independencia y su autonomía, e hicieron las cosas a su manera. Y si la verdad es conocida, tú y yo haríamos lo mismo, a no ser por la misericordia de Dios. Cada vez que tú o yo pecamos en la forma que sea, sabiendo que esta Biblia lo prohíbe, eso es otra forma más de decirle a Dios: "Tú no gobiernas mi vida. Yo he decidido lo que yo quiero, lo que merezco, lo que me gusta, lo que me conviene, y tú no me mandas." Yo sé que no lo pensamos así, pero si tú sabes lo que la Biblia prohíbe y sabiendo eso transgrede esa línea, eso es exactamente lo que acabas de decirle a Dios: "Yo hago mis reglas y yo juego mi vida por mis reglas."

A lo que Dios pudiera responder: "Muy bien, pero si te condeno, no me fuiste." Porque lo que ocurre es que con frecuencia nosotros quisiéramos jugar a la vida por nuestras propias reglas, y cuando violentamos algún límite, quisiéramos decirle a Dios también hasta dónde pueden llegar mis consecuencias. Yo quisiera elegir mi camino y también elegir mis consecuencias. Algunos de ustedes, como padres, han experimentado eso, porque ustedes han anunciado a algunos de sus hijos una consecuencia, y el hijo les ha dicho —porque yo lo sé, porque yo mismo lo he oído—: "No, mejor no me ponga eso, ponga esta otra consecuencia." ¿No les ha pasado? ¿No lo han oído? Pues así mismo el hombre quiere hacerle a Dios. Porque yo mismo he oído en consejería: "No pasó, porque era verdad, pero no fue para tanto. No fue tan grave lo que yo hice para que Dios me…"

Claro. Tú no tienes la menor idea —ni yo tampoco— de la gravedad de tu pecado ni del mío. Tú no le puedes preguntar al pez si es verdad que el agua moja. El agua no tiene que preguntarle a alguien que vive en los secos, que cuando le cae agua se moja, para saber cuánto moja el agua. Nosotros nacimos en pecado, vivimos en pecado, crecemos en pecado, hacemos pecado, pensamos pecado, y por tanto el pecado es natural. Esto es lo increíble del ser humano: el pecado no le ofende. La corrección sí le ofende. Es el pecado el que violenta la santidad de Dios y que a mí me daña, pero no nos ofende. Es normal. La corrección que a mí me puede salvar es la que me ofende. ¿Te das cuenta qué tan centrados en nosotros mismos estamos?

Pero nosotros, como pensamos injustamente, actuamos injustamente, y pensamos que Dios es como nosotros. Escucha lo que Dios le dice al pueblo de Israel en el exilio en Babilonia, a través de su profeta. Él que estaba con ellos en el exilio: Ezequiel 18:25. "Ustedes dicen: 'No es justo el proceder del Señor.'" Dios está diciendo la verdad, pero escucha: "Pueblo de Israel, ¿en qué no soy justo? Díganme, explíquenme, demuéstrenlo." Mejor pregunta para el pueblo: "¿No son ustedes los que actúan injustamente?"

Cuatro versículos más adelante, el versículo 29: "Sin embargo, el pueblo de Israel sigue diciendo: 'No es justo el proceder del Señor.'" El pueblo vive difamándome, dice Dios. "El pueblo anda diciendo: 'No es justo el proceder del Señor.' Pueblo de Israel, ¿en qué soy injusto? ¿No son más bien ustedes los injustos?" Bueno. Una vez más, el ser humano quiere ir en la dirección que él determina más conveniente y al mismo tiempo decidir cuál es su consecuencia, si es que merece alguna consecuencia, porque a veces pensamos incluso que eso no merece que Dios me imponga ninguna consecuencia.

Hermanos, recuerden: si Dios ejerciera su justicia, todos nosotros pereceríamos de la misma manera. Es un privilegio que Dios quiera ejercer misericordia sobre un grupo en vez de ejercer justicia sobre todos nosotros. Eso es un privilegio. La misericordia de Dios es más bien un privilegio, no una deuda. No me la ha recibido —no se la debe— a ninguno de nosotros. Dios, como Dios, la aplica a su discreción, por razones que Él sabe y entiende, que tú y yo ni sabemos ni entendemos.

Entonces, ahora el apóstol Pablo sigue tratando de ampliar su argumento. Para el que cuestiona a Dios, pasa al versículo 17 y le dice: "Porque la Escritura dice a Faraón: 'Para esto mismo te he levantado, para demostrar mi poder en ti y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra.'" Número uno: Faraón es una excepción en el sentido de que todo gobernante en toda la historia de la humanidad ha ocupado una posición porque Dios así lo permitió o lo colocó, como dice Romanos 13:1-2. Todos los gobernantes —muchos para castigo y justicia, y otros para bendición del pueblo— están ahí con un propósito.

De manera que cuando Dios dice: "Para esto te he levantado", también a todos los demás los ha levantado con un propósito. Ahora, en este contexto, Pablo dice que Dios levantó a Faraón para demostrar su poder en él y para que su nombre fuera proclamado a lo largo de toda la tierra. Dios permitió que Faraón subiera al poder, ejerciera un poder tiránico sobre Egipto y sobre Israel, que estaba esclavizado ahí, para luego vencer la terquedad y el poder de Faraón y demostrar su poder para toda la tierra. Nosotros no entendemos los propósitos de Dios. Nosotros no sabemos cómo Dios funciona, pero Él me ha revelado lo que ha hecho, y lo que Dios quiere es que yo aprenda a ver cuáles son sus caminos y yo pueda entonces abrazar lo que Dios ha hecho como bueno, válido y justo.

Porque no entendemos, déjame darte una ilustración. Ustedes han tenido hijos, y otros los tienen en este momento, de tres, cuatro o cinco años. Si ese hijo va y le dice: "Papi, mami, explíquenme con detalles cómo ustedes me hicieron", yo estoy seguro de que ustedes no le van a dar detalles de cómo lo hicieron. Primero, porque no lo puede entender aún si se lo explicaran. Número dos, porque no tiene la edad para poder digerir la moralidad de lo legítimo que es entre un padre y una madre legítimamente casados. Entonces, ¿qué vas a hacer? No lo ignoras. Le das una explicación real, verdadera, pero general de cómo son las cosas, y tú esperas que tu hijo te crea.

Bueno. Dios nos da explicaciones generales, pero no va a perder su tiempo explicándonos cosas que una mente finita no podrá entender. Y eso es parte de lo que encontramos en la Palabra. Recuerda que Pablo escribió en Romanos 11:33: "¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!" Sus juicios no tienen fondo, y sus caminos yo no los puedo discernir, yo no los puedo entender, excepto aquella parte que Él me revela.

Recuerda que el énfasis del texto es acerca de la misericordia. En el versículo 15, que ya leímos, dice —Moisés lo dijo—: "Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión." Recuerda: por definición, la misericordia no es una deuda. Yo no le debo misericordia a nadie. Déjenme ampliarles un poquito esto. La justicia de Dios es lo que todo el mundo quiere: "Eso no es justo, hermano." Pero lo que a mí me hace contentar es que Dios no es injusto. Él no es injusto para con los suyos. ¿Entonces qué es? Es misericordioso. La misericordia no es justicia, pero tampoco es injusticia. Entonces, ¿qué es? Está más allá de la justicia. La única razón por la que tú puedes llegar a ser hijo de Dios, como cantamos, es por misericordia.

Yo me alegro de que Dios realmente nos vea con misericordia. No, no se te ocurra decirle a Dios: "Hazme justicia", porque vas a quedar muy mal parado, o no va a quedar nada de ti. De manera que es un privilegio que Dios se haya dignado a aplicar misericordia a algunos de nosotros. Si yo terminara en el infierno, yo y el resto de los que estemos ahí recibiríamos lo merecido. Nadie llega a la condenación injustamente, créeme.

La misericordia es otro atributo de Dios. Está la justicia, está la misericordia. La misericordia es el atributo de Dios que, cuando Él lo aplica a alguien o a un grupo, entonces no recibimos lo que merecemos. Esa es la diferencia. Nosotros merecemos ser condenados. Cuando Él nos ve y nos trata con misericordia, no recibimos lo que merecemos. Por eso es que Jeremías en su libro Lamentaciones dice: "Si no fuera por tus misericordias, que son nuevas cada mañana, ya hubiésemos sido consumidos." Hermanos, al final de cada día, si no fuera por su misericordia, tú y yo hubiésemos sido consumidos, porque todos los días violamos su ley. En ningún momento tú cumples su ley perfectamente. Es su misericordia en Cristo, por Cristo, que tú y yo estemos con vida todavía.

Es por eso que el apóstol Pablo, en el versículo 18, está diciendo: "Así que Dios tiene misericordia del que quiere, porque no es una deuda para nadie, y al que quiere endurece." Ahora, no vayas muy rápido a pensar: "Bueno, si Dios endurece el corazón, entonces Dios es el autor del pecado." No, no, no, no. Si tú revisas el registro bíblico, Dios nunca ha endurecido el corazón de nadie que no se le haya endurecido primero a Él. Es como diferente, pero para dar una de las ilustraciones en doctrinas difíciles de digerir, nos ayudan.

Tú tienes un hijo de, no sé, ocho o nueve años. Le estás diciendo que no monte bicicleta de una manera, de una forma, en un lugar, y él sigue. "Ya te dije que no montes bicicleta, que te puedes caer y te puedes dar un golpe", y él sigue. Y un día tú le dices: "Sigue. Está bien, déjalo." Y alguien viene y te dice: "Mira, déjalo. Déjalo a ver si aprende. Déjalo que se caiga." Y entonces se cae, se da un golpe, y tú estás ahí para que coja, para que coja…

Experiencia que obedezca, que aprendan. Tú has hecho cosas así, no sí, claro. ¿Puede Dios? O tú te endureces, y eso es lo que quiere Él. Te dice: "Está bien, sigue tu camino." Faraón fue endurecido por Dios después que él se endureció a sí mismo.

Miren, Éxodo 7 dice que el corazón de Faraón se endureció. Dios no lo hizo. 7:14, el Señor dijo... Muy bien, estamos en Éxodo. El corazón de Faraón se endureció, se niega a dejar ir al pueblo. O sea, que hay una plaga, dice que lo va a dejar ir, y después dice que no. Aquí va otra plaga, dice que lo va a dejar ir, y después dice que no. Se niega a dejar ir a mi pueblo. 7:22: el corazón de Faraón se endureció. 8:15: Faraón endureció su corazón. 8:32: Faraón endureció su corazón. Y las mismas expresiones aparecen en 9:7, 9:32 y 9:34. Él endureció su corazón.

Una vez, en 9:12, porque lo leemos en el capítulo 7, porque lo leemos en el capítulo 8, en 9:12 una sola vez el texto dice: Dios endureció el corazón de Faraón. Ahora la pregunta surge: ¿cómo es que Dios endureció el corazón de alguien? Porque Dios no es autor de pecado. Entonces Dios no te empuja a pecar, no induce pecado en tu mente o en tu corazón, no te inclina al pecado. Santiago 1:13-14 te dice que Dios no es autor de pecado; cada cual es reducido por su propia concupiscencia.

Entonces, ¿cómo es que Dios endurece el corazón de las personas? Simplemente, te dice que vas en esa dirección y ya te ha advertido: una vez un profeta, otro profeta, otro profeta, con una nación distinta tal. Y puede decirse que con eso Dios le ha dado permiso a que siga el camino de su voluntad. Pero Dios no ha endorsado, no ha aprobado, no ha aplaudido el que tú quieras ir por ese camino. Él trató de evitarte. Cada plaga le dio a Faraón una oportunidad para ablandar su corazón y arrepentirse, pero no quiso. Así es como aparece.

Miren cómo aparece en Apocalipsis al final, capítulo 22. Llega un momento donde Dios dice: "Sabes qué, la suerte está echada." Y entonces escucha lo que dice, 22:11: "Que el justo siga haciendo justicia, déjalo. Que el impuro siga haciendo lo impuro. Que el justo siga practicando la justicia y el que es santo siga guardándose santo." Lo que Dios está diciendo en ese momento es: "Ya, deja que cada cual haga lo que quiera hacer. No lo reprendas más, no lo llames al camino más, no le pidas que se arrepienta más, no le prediques más, no lo llames más al arrepentimiento. Déjalo, porque la suerte ya está echada."

Hermano, no hay nada más terrible. Cuando yo lo pienso, la posibilidad de que eso pudiera ocurrir se me paran los pelos de punta. No hay nada más terrible que Dios te diga: "Está bien, vete en la dirección de tus deseos." Porque si la realidad es conocida, hermano, lo leímos en el texto. El pastor Enrique aludió a esta realidad en su oración: si Dios nos dejara a nuestro propio albedrío, seríamos tan malos como Sodoma y Gomorra. El texto que leímos dice que la única razón por la que tú y yo no somos tan malos como Sodoma y Gomorra es porque Dios interviene.

Aun en el caso del impío, Dios interviene. ¿Sabes cómo? A través de las leyes de las naciones, a través de un gobierno, a través de un esposo, de una esposa, de hijos, de amigos, leyes que imponen límites de velocidad, hasta dónde puede comenzar a tomar alcohol una persona, una serie de cosas, incluyendo la conciencia del ser humano, que Dios usa para frenarte. Pero si Dios te dejara completamente a tu libertad, nosotros seríamos tan perversos como la gente de Sodoma y Gomorra.

Pregunta número tres de Pablo para la audiencia. Me dirás entonces: ¿por qué, pues, todavía reprocha Dios? Inmediatamente otra pregunta sin respuesta, la cuarta: ¿porque quién resiste a su voluntad? Pablo está diciendo: "Bueno, algunos de ustedes están pensando que, como Dios permitió que Faraón subiera, como Dios permitió que Faraón se endureciera, y Dios lo permitió, entonces ¿por qué reprocha Dios?" Yo no entiendo. Porque el que Dios lo permitiera, el que yo lo permita, no dice que yo lo apruebe y que yo lo endorso, para nada. El problema es que, en vista de la terquedad de Faraón, Dios dejó que él siguiera su camino, y luego lo buscó como se lo merecía.

Pero eso está a lo largo de toda la Biblia, eso no es solamente con Faraón. Dios le dice a Jonás: "Ve para Nínive." Dios no dice: "Yo no voy para Nínive." Le dice también: "Vete para donde tú quieras." Y Jonás escoge la dirección opuesta, y luego Dios lo disciplina, lo castiga, y él termina en el fondo del mar con un gran pez por tres días, dando vueltas como en una batidora. Pero Él te dejó claro: "Yo te dejé, pero luego yo te aplico las consecuencias, porque tú no las quisiste recibir."

Y lo mismo con Nabucodonosor. Nabucodonosor: Dios lo subió al poder, claro, porque Romanos 13 dice que toda autoridad que está ahí es porque Dios la ha colocado. Y luego Nabucodonosor comenzó a gloriarse: "Yo he hecho esto con mi soberanía." Y Dios le dice: "A ver, Nabucodonosor, de ahora en adelante vas a comer hierba y vas a vivir con las bestias del campo por siete años, hasta que tú reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres y se lo da a quien Él le place." Siete años, y al cabo de los siete años levantó los ojos al cielo y reconoció que el Altísimo gobierna sobre el reino de los hombres.

Entonces, Pablo no le da respuesta a las preguntas 3 y 4. La tercera: ¿por qué, pues, todavía reprocha Dios? La cuarta: ¿porque quién resiste a su voluntad? Lo que Pablo hace es, como que Pablo conoce el Antiguo Testamento, él hace a su audiencia lo mismo que Dios le hizo a Job. Ignoró sus preguntas. Dios, después que Job tenía todas estas preguntas, no le contestó ni una sola, y le hace a Job una pregunta una detrás de la otra. Lo que Dios estaba tratando de que Job entendiera es lo poco que él conocía a Dios, lo limitado que era su entendimiento para ajustar sus propósitos y sus caminos, la irreverencia que representa de parte de la criatura, que ha ido en pecaminosa esclavitud al pecado, atreverse a cuestionar al Dios del cielo y la tierra.

Entonces, cuando Dios se le aparece a Job, no le responde una sola pregunta. Del capítulo 38 al 40 le hace 61 preguntas, y comienza con esta sola: "¿Quién es este que oscurece el consejo con palabras sin conocimiento?" ¿Cómo diríamos eso en dominicano? "¿Quién es este que habla basura, vacuencia, disparate?" Y Job no recibió ni una sola respuesta. ¿Saben lo que hace en el capítulo 40 al final? "Por eso me retracto y me arrepiento en polvo y ceniza."

Eso es lo que Pablo está haciendo. Pablo aprendió de Dios. Cristo lo hizo también: "¿Con qué autoridad tú haces estos milagros?" Y dice: "Bueno, ¿y Juan el Bautista vino de parte de Dios o de parte de quién fue que vino?" Bueno, hablaron entre ellos: "Bueno, no sabemos." "Bueno, pero yo tampoco les voy a responder la pregunta." Pablo está haciendo lo mismo con las preguntas 3 y 4. Cristo lanzó una pregunta cuando le dijeron: "¿Con qué autoridad tú haces estos milagros o enseñas?" Se opuso a responder y les respondió con una pregunta.

Bueno, ahora Pablo creó en su mente cuatro preguntas que la audiencia probablemente le estaría haciendo a él, pero ahora él crea cuatro preguntas para su audiencia. Pregunta número 5, porque estas son de Pablo ahora para la audiencia, al contrario: "¿Quién eres tú, hombre, para que le contestes a Dios?" Pablo está tratando de derrumbar la actitud orgullosa y rebelde en la criatura.

Bien dice León Morris, uno de los académicos del Nuevo Testamento, en su comentario: "El pecador está fuera de su liga cuando trata de cuestionar a Dios." No sé si esa expresión se usa entre nosotros; en inglés es bastante común, pero yo sé que la he usado. Se dirá la expresión dominicana equivalente: "Ahí yo no llego, no juego en esas ligas." Morris está diciendo: el pecador no juega en la liga donde Dios juega, por así decirlo. Está fuera de su liga. Y agrega entonces: "El pecador ignora el hecho de que el Creador constantemente hace cosas que la criatura no entiende ni puede entender." Ni entiende ni lo puede entender, y eso es lo que Pablo está tratando de ayudar a entender: ¿Quién eres tú, hombre, para que le contestes a Dios?

Pregunta número 6: "¿Dirá el objeto modelado al que lo modela: por qué me hiciste así?" Pregunta número 7, una detrás de la otra: "¿O no tiene el alfarero derecho sobre el barro para hacer de la misma masa un vaso para uso honorable y otro para uso ordinario?"

La metáfora del alfarero con la arcilla aparece en varios pasajes del Antiguo Testamento. Aparece en Isaías 29:15-16, en Isaías 45:8-9, y aparece de manera particular en Jeremías 18:1-16. En ese texto Dios envía a Jeremías a que baje a la ciudad, a la casa del alfarero. Y entonces él llega ahí y encuentra que el alfarero había hecho una pieza de arcilla y, después de hacerla, él mismo con su mano la destruye y comienza a hacer otra de otra forma. Y Dios le dice a Jeremías: "Así voy a hacer con la casa de Israel." Es una figura del habla para comunicar algo, y Pablo está usando esa figura ahora. Está diciendo: "Pero dime una cosa, ¿el objeto hecho de barro tiene derecho de decirle al alfarero: por qué tú me hiciste así?"

Lo impresionante es, bueno, y alguien puede argumentar, para luego hablar y seguir hacia donde iba: alguien puede argumentar, "Bueno, pero nosotros somos personas de carne y hueso y no somos barro." Ahora escucha: nosotros queremos defender, argumentar o cuestionar cuando Dios elige para misericordia a uno y no a otros. Pero resulta que múltiples mujeres y hombres, abogados y jueces discuten, defienden y han pasado leyes para concederle a la mujer el derecho de elegir si la criatura en su vientre muere o vive. Entonces queremos darle al ser humano el derecho de matar una vida para que yo siga la mía, pero el Creador que creó la criatura no tiene el derecho de hacer misericordia sobre uno y no sobre el otro. Totalmente irracional, sobre todo cuando la misericordia que se aplica se le aplica a gente que tampoco la merece, igual que yo.

Hoy en día, los padres quieren tener el derecho de ir a fertilización in vitro y tener la potestad de elegir el sexo del niño que ellos quieren. De manera que dicen: "Estos tres embriones masculinos, destróyelos, porque yo lo que quiero es una hija; yo quiero que me implanten estos femeninos." Ellos quieren tener ese derecho sobre la vida ajena, pero Dios, el Creador, no tiene el derecho de elegir uno sobre otro. ¿Te das cuenta de cuál es la palabra, de lo rebelde y presuntuoso y narcisista que el ser humano es, que cree que tiene derechos que Dios no tiene?

Pregunta número 8: ¿Y qué, si Dios, aunque dispuesto a demostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción? Lo que Pablo está haciendo ahora, ayudándoles a entender, es esto: Dios se pasa la vida tolerando gente que merece ser destruida. Y voy a ilustrarlo con una historia de la Biblia que tú conoces muy bien.

Vamos a usar esa pregunta de Pablo: ¿Y qué, si Dios soportó a los vasos de ira para luego demostrar su poder, que ya estaban destinados para destrucción? Es como el diluvio. Dios le dice a Noé que va a llover, que comenzara a hacer una barca. Por ciento veinte años, Dios toleró el pecado de esa generación. Ciento veinte años. Una generación que Génesis 6:5 describe de esta manera: "Era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y toda la intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal." Segunda de Pedro habla de que Noé predicó a esa gente, y por ciento veinte años ellos le dieron la espalda a Dios.

No puedes juzgar a Dios si, ciento veinte años después, viene y trae el diluvio y arrasa con todos. ¿Con qué cara? ¿Con qué derecho? Entonces, lo que la historia del diluvio nos enseña es que nosotros tampoco podemos cuestionar a Dios. Cuando Él le da a esas poblaciones, como la del diluvio, lo que merecían después de ciento veinte años, Pablo dice: "¿Y qué, si Dios, dispuesto a demostrar su ira al final de los ciento veinte años y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira, a esta generación?"

¿Y qué? Luego Pablo dice en Romanos 9:23-24. Y si lo hizo así —permíteme seguir en la ilustración del diluvio—, fue para dar a conocer, Romanos 9:23, el texto de hoy, las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia que de antemano Él preparó para gloria; es decir, nosotros, a quienes también llamó, no solo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles. Solo en Romanos 9:23-24, Pablo está diciendo: imagínate el diluvio otra vez. ¿Y qué, si Dios soportó por ciento veinte años a estos vasos de ira, para que al final Él demostrara su poder y su gloria y la gloria de su misericordia sobre los vasos de misericordia, como Noé y su familia?

El texto de Génesis no dice que Noé encontró justicia, sino gracia ante los ojos de Dios. Porque ahora es que la gracia que Dios tuvo con Noé y su familia se ve grande, cuando tú ves que Dios acabó con un planeta entero y del planeta entero salió solamente una familia que merecía ser destruida también, pero por su misericordia Dios la visitó con la riqueza de su misericordia. ¡Wow! Eso es lo que Pablo está diciendo.

Si Dios tolera esta generación perversa y torcida —que es como Pablo califica su generación en la época cuando les escribe a los Filipenses—, para entonces, en contraste con esa generación perversa y torcida, levantar una iglesia que pueda vivir en esa oscuridad y sobre esa iglesia demostrar su poder y la riqueza de su gloria… En fin, tú y yo no entendemos la santidad de Dios, no entendemos los derechos que Dios tiene. Y tú y yo deberíamos levantarnos todos los días diciendo: "¡Wow! Yo no puedo creer que yo vivo."

Jeremías lo entendió. Jeremías dice: "Si no fuera por tu misericordia, ya habríamos sido consumidos." Todos los días Dios renueva sus misericordias sobre los vasos de misericordia, todos los días. Para lo que dice el versículo 24, esos vasos de misericordia tienen que ver no solamente con nosotros aquí en Llamó, entre nosotros los judíos —versículo 24—, sino también entre los gentiles. En otras palabras, Dios no ha acabado con nuestra era todavía. Él tiene un plan.

Y a eso apunta la luz de Romanos 9:25-26. Escucha: "Como también dice Oseas: 'A los que no eran mi pueblo, llamaré pueblo mío, y a la que no era amada, amada mía.' Y sucederá que en el lugar donde se les dijo: 'Ustedes no son mi pueblo,' allí serán llamados hijos del Dios viviente." Porque eso tiene un contexto. Si tú vas al profeta Oseas, por eso es una cita de Oseas —porque el texto lo dice: "Como también dice Oseas"—, Oseas se casó con una mujer adúltera, con la intención expresa de demostrar lo que era entre él y Dios, y con la intención expresa de demostrar lo recalcitrante, lo mucho que Israel se opuso a Dios mientras permanecía en su adulterio con los dioses paganos.

Dios le dice a Oseas: "Ve y cásate con ella." Él se casa con esta mujer, Gomer, y tiene un hijo. Y Dios le dice a Oseas que le ponga por nombre "Lo-ammi," que significa "No son mi pueblo." ¿A quién se le estaba diciendo esto? Bueno, si tú lees el contexto de Oseas, se le estaba diciendo a las diez tribus del norte de Israel, que se habían desviado. Y tú puedes leer en los profetas que Dios le dio carta de divorcio a Israel en un momento dado, a las diez tribus de Israel; es como que los desechó.

Pero Pablo dice aquí que Dios también dijo: "Y sucederá que en el lugar donde se les dijo: 'Ustedes no son mi pueblo,' allí serán llamados hijos del Dios viviente." O sea, es un grupo que Dios todavía va a rescatar de ese grupo de tribus. ¿Quién es ese remanente? Romanos 9:27-29. Comienza a leer: "También Isaías clama en cuanto a Israel: 'Aunque el número de los hijos de Israel sea como la arena del mar, solo el remanente será salvo.'" La elección de Dios salvará a un remanente de esas diez tribus. "Porque el Señor ejecutará su palabra sobre la tierra, acabadamente y con brevedad. Y como Isaías predijo: 'Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, hubiésemos llegado a ser como Sodoma y hechos semejantes a Gomorra.'"

En fin, tú y yo no entendemos. No entendemos la santidad de Dios en su grado extremo, cuyos ojos son tan puros que no toleran ver el pecado; que abandonó a Su Hijo en la cruz cuando cargó con mis pecados y le dejó sentir a Su Hijo el abandono de Dios cuando Él clamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Porque: "Yo soy santo y tú estás cargando con el pecado de la humanidad, por eso te abandono, para que tú y yo no fuéramos abandonados por Dios." Él abandonó a Su Hijo en la cruz y le dejó caer el peso completo de su ira.

Entonces, no puede ser que mañana en la mañana yo me levante a vivir la vida como si no importara la santidad de Dios y como si Dios no me llamara hijo suyo, porque si soy hijo de Él, Él quiere que yo me comporte como que Él es mi Padre. Y eso no solo te lo digo a ti, me lo digo a mí. Hermano, no hay nada de lo que yo te haya dicho en veintisiete años que yo no me haya dicho primero. Y eso me hace bien, porque yo no leo la Palabra de Dios para que rebote hacia ustedes. Yo leo la Palabra de Dios como un espejo que me retrata a mí primero, para que yo pueda hablarle a ustedes.

Yo creo que cuando nosotros leemos pasajes como estos, tenemos que estar tan agradecidos de la misericordia de Dios, no solamente el día que me salvó, sino todos los días. Precisamente, porque si Él me tratara con justicia, yo ni te conociera ni tú me conocieras a mí. Y eso es lo que merecemos. Entonces, yo creo que al cierre de este mensaje, que no se nos ocurra pensar, que no pase siquiera por la mente: "Pero eso es como que no es justo de parte de Dios." Porque el día que tú y yo queramos justicia, yo te la puedo dar, pero créeme que no va a ir bien.

Lo que a mí me queda es pedirle a Dios que tenga misericordia de mí. "Ten misericordia de mí, oh Dios." Ese es el grito tuyo y mío todos los días. Y es un privilegio si Dios visita esa misericordia sobre ti y sobre mí.

Padre, gracias. Gracias por tu Hijo, porque cada acto de misericordia, de amor, de gracia, de benevolencia en favor nuestro tiene el precio del Hijo que tú ofreciste. Como diríamos en nuestro país, a costa del Hijo. No hay nada con lo que tú me bendigas que no sea en Cristo, a través de Cristo y por Cristo.

Señor, ayúdanos a nosotros, tus hijos, a vivir a la altura de tu llamado, a reflejar tu carácter a un pueblo que no te conoce, a honrar la misericordia con la que tú nos has tratado y nos has visto, a honrar tu benevolencia. Y ayúdanos de esa misma manera a ser vasos de misericordia para con otros. Señor, gracias. Recuérdame de dónde me encontraste, recuérdame de dónde me sacaste, no solamente el día que me salvaste, sino de dónde me has sacado múltiples otras veces y de dónde me has evitado caer por tu gracia y por tu misericordia. Guarda a tus hijos en Cristo.

Ayúdanos ahora, al cantar, a saborear de una manera más dulce tu brazo de misericordia para con nosotros. Y Señor, abre los ojos de alguno aquí que todavía no tiene salvación, o de otros que quizás entraron en salvación pero no están viviendo la vida de salvación que tú compraste, que necesitan regresar. Haz retumbar en sus oídos tus palabras en el Antiguo Testamento: "Volveos a mí, volveos a mí, fuente de agua viva. Abandona tus cisternas agrietadas que no retienen agua. Venid a mí para que podáis beber el agua viva para vida eterna," en Cristo Jesús. Amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.