Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando los muchos se van, pero los fieles se quedan

Joan Veloz 16 enero, 2023

Hace dieciocho años, un joven inquieto que buscaba llenar el vacío de su corazón con todo lo que el mundo ofrecía aceptó la invitación de un familiar para ir a una iglesia. Allí escuchó un sermón basado en Juan 6:68 que cambió su vida: hay cosas de la salvación que no entenderemos, pero la verdad es que no tenemos a dónde más ir, solo Jesús tiene palabras de vida eterna. Ese joven era el pastor Joan Veloz, quien ahora predica ese mismo texto que Dios usó para su conversión.

En Juan 6, Jesús alimenta a cinco mil personas y la multitud quiere hacerlo rey. Pero cuando Jesús les revela que él es el pan de vida, que deben comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna, muchos se escandalizan y lo abandonan. La ofensa real no fueron las palabras difíciles de entender, sino descubrir que Jesús no estaba ahí para resolver sus problemas terrenales ni para ser el señor del pan que ellos querían. Hoy sigue ocurriendo lo mismo: muchos abandonan a Cristo cuando las enseñanzas bíblicas confrontan sus deseos, cuando la doctrina les parece demasiado radical, o cuando las presiones del mundo los arrastran.

Ante la deserción masiva, Jesús pregunta a los doce si también quieren irse. Pedro responde con una confesión que es piedra angular de la fe: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios." Pedro había evaluado todas las opciones —los fariseos hipócritas, los saduceos incrédulos, las filosofías vacías— y ninguna podía dar lo que Cristo ofrece. La fe genuina no es solo asentimiento mental; los demonios también creen. Es un cambio de lealtad, del dominio del pecado al señorío de Cristo, evidenciado en arrepentimiento y una vida transformada.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Hace aproximadamente 18 años, se encontraba sentado en el sofá de su casa un joven que, para aquellos que lo conocían, decían que era un joven muy inquieto, un joven al que le encantaba buscar y encontrar cosas que pudieran llenar su corazón. Este joven, por más cosas que buscaba, más vacío se sentía, y él trataba de llenar su corazón con las cosas que este mundo podía brindarle. Él buscaba y buscaba encontrar aquello que, una vez y por todas, pudiera responder a sus preguntas existenciales, pero nada lo hacía.

Resulta que un día se le ocurrió la brillante idea de aceptar la invitación de un familiar a ir a una iglesia y escuchar, por primera vez, la Palabra de Dios expuesta desde un púlpito. Él va a esta iglesia, se sienta en el banco de la iglesia y escucha a este joven pastor decir lo siguiente, y estas son las palabras de este joven pastor. Él decía: "Hay cosas que no vamos a entender, pero que no las entendamos no quiere decir que no son como son." El pastor decía: "Por ejemplo, yo no sé cómo funciona un bombillo, pero necesito de su luz. No sé cómo funciona un avión, pero yo lo necesito para transportarme a otros países. De la misma manera, hay cosas acerca de la salvación que no vamos a entender, pero la verdad es que, aunque no las entendamos, no tenemos a dónde ir. Solo Jesús tiene palabras de vida eterna", basado en Juan 6:68.

Ese día, ese joven sentado en ese banco tuvo un momento de definición: un momento de seguir tratando de llenar su vida con las cosas que el mundo provee, o aceptar esta verdad que este joven pastor estaba enseñando. Y ese día, ese joven conoció a Cristo. Ese día, ese joven encontró lo que tanto buscaba, que era salvación y propósito.

El pastor Miguel tiene unos meses recordándonos ciertos momentos cruciales en la vida de la iglesia. Incluso la serie que iniciamos ahora, con conocer el carácter de Dios, fue la primera serie que él predicó cuando la IBI se plantó. Entonces, yo, viendo eso que el Señor está haciendo y cómo está moviendo al pastor Miguel, me pregunté: ¿por qué yo no puedo predicar el texto que el Señor utilizó a través del pastor Héctor hace 18 años para traer esa salvación a mí? Y eso es lo que quiero hacer en el día de hoy.

Y para confirmar ese deseo, este lunes nosotros los pastores recibimos un regalo de una hermana de Este de Colombia con la foto nuestra. Y para mi sorpresa, el texto que está aquí debajo es el mismo texto que yo estaba inclinado a compartir con ustedes en el día de hoy. Así que yo quiero agradecer a Ángela Pedroso del Este de Colombia por este presente y por dejarse usar por el Señor para confirmar lo que el Señor había puesto en mi corazón.

Quisiera invitarte y pedirte que me acompañes al Evangelio de Juan, capítulo 6. Estaremos leyendo desde el versículo 66 al versículo 69, y esta es la Palabra de Dios: "Como resultado de esto, muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él. Entonces Jesús dijo a los doce discípulos: ¿Acaso también ustedes quieren irse? Simón Pedro respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios."

Jesús estaba compartiendo sus enseñanzas con una multitud y, de buenas a primeras, muchos habían tomado la decisión: esto no es para nosotros, voy a dejar de seguirle. Y lo que nosotros debemos preguntarnos primeramente es: ¿qué está pasando aquí? ¿Qué es lo que Jesús está enseñando que trae como resultado que muchos han decidido ahora dejar de seguirle?

Y para esto, yo quiero invitarte a que me acompañes al inicio del capítulo 6 de este Evangelio de Juan. Yo voy a estar utilizando la versión Reina-Valera de las Américas, así que si tú ves que no está literal como tú lo ves en tu Biblia, es porque yo estoy tratando de parafrasearlo para hacerlo más entendible. Así que esta es la versión que voy a estar utilizando el día de hoy.

Juan inicia su capítulo 6 diciéndonos que Jesús se encontraba en una región junto al mar de Galilea. Él está ahí con sus discípulos, él había llegado a esa región y una gran multitud le estaba siguiendo. Jesús había comenzado su ministerio y había ya hecho milagros, sanado enfermos, había libertado endemoniados, y muchas personas querían escuchar sus enseñanzas, querían seguirle.

Y estando ahí en esa región, él en un momento ve que la gran multitud está ahí, que está ardiendo la noche, hay que alimentarlos, probablemente no han comido, y él le dice a Felipe, uno de sus discípulos: "¿Dónde compraremos pan para alimentar a esta multitud?" Pero dice el texto que él lo hacía para probar a Felipe, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe, al escuchar esto, lo que dice es: "Señor, pero nosotros no tenemos para alimentar a tantas personas. ¿Cómo vamos a hacer esto?" Andrés, el hermano de Pedro, al escuchar esto, viene donde Jesús y le dice: "Señor, mira, hay un joven que tiene unos panes, tiene unos pescados, pero ¿qué es esto para alimentar a una multitud como esta?"

Pero Jesús, como es Dios, sabía lo que iba a hacer. Les dice: "Acomoden a la gente en el pasto, vamos a alimentarlos." Pero no estamos hablando de que son diez personas, quince personas. El texto nos dice que eran alrededor de cinco mil hombres. Jesús toma los panes, toma los peces, los bendice, se los da a los discípulos: "Repártanlo." Dice la Palabra de Dios que, luego de todos haber sido saciados, los discípulos recogieron doce cestas de panes llenas solamente de los desperdicios.

¿Qué trajo como resultado esto? Que la multitud empezó a decir: "Verdaderamente este es el profeta que había de venir al mundo. Este es el hombre, lo encontramos. Este es el que nos va a resolver nuestros problemas. Este es el que nos va a libertar de la opresión del Imperio Romano. Este va a ser nuestro rey." Pero Jesús no había venido para hacerse rey en la primera ocasión. Él había venido para hacer de cordero. Él no había venido para arreglar un palacio. Él había venido para morir en un madero. Es por esto que, al Jesús ver que ellos lo iban a tomar y querer hacer rey a la fuerza, Jesús decide retirarse.

La Palabra nos dice que Jesús se va al monte, y ya la tarde cesa y la noche se acerca. Los discípulos se montan en las barcas, se van a la región de Capernaúm, y cuando están a cinco kilómetros de la costa, Jesús camina sobre las aguas, llega con ellos y juntos llegan a Capernaúm. Cuando esta gente ve que es el otro día, van a buscar al hombre, el hombre no está. Comienzan a buscarlo en todos los lugares, pero el hombre no está. Ellos se montan en sus barcas, se van también a Capernaúm, y cuando llegan a Capernaúm lo encuentran y le preguntan: "¿Cómo llegaste aquí? ¿Dónde estabas?" Y Jesús, al ver el interés de ellos, el afán de ellos, comienza a enseñarles y a confrontarles.

Y lo primero que Jesús les dice: "Trabajen no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, pan que viene del cielo, dado por Dios, pan que da vida al mundo." Jesús sabía que ellos le estaban siguiendo porque Jesús los había alimentado, y les dice: "Ahí, no trabajen por el pan que perece, sino por el pan que permanece para siempre."

Al oír esto, ¿cuál fue la respuesta de esa multitud? "Señor, danos de ese pan, pan que permanece para siempre. Eso es lo que necesitamos." Jesús responde: "¿Ustedes de verdad quieren ese pan? ¿Quieren ese pan de vida? Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed."

La gente, al escuchar esto, empezó a murmurar: "¿Cómo que eres el pan de vida? Pero si es el hijo de José. Nosotros lo conocemos. ¿Cómo le puede decir ahora que él es el pan de vida?"

Jesús respondió en los versículos 48 y 49: "Yo soy el pan de vida. Los padres de ustedes comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende del cielo para que el que coma de él no muera. Yo soy el pan vivo que desciende del cielo. Si alguien come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne."

Recordemos que Jesús ya les había dicho a los discípulos en un momento: "Yo les voy a hablar a esta gente en parábolas y probablemente ellos no van a poder entender." Eso es lo que está haciendo aquí. Les está diciendo: "Yo soy el pan de vida. ¿Ustedes quieren ese pan verdadero? Ustedes me necesitan a mí." Pero al escuchar esto, la gente no entendía. La gente estaba como: "¿Cómo es eso que tú eres el pan de vida? ¿Cómo es ahora que tenemos que comer tu carne?" "¿Y esto es canibalismo ahora? ¿Qué hay para nosotros? ¿Para poder ser alimentados, comerte a ti?" Yo me imagino la cara de esa gente, cómo estaba en ese momento, como atónitos por esto que Jesús está enseñando.

Y Jesús les dice: "En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final."

Ahí se complicó la cosa. Ya ahora no está entendiendo lo que está pasando. Además de comer tu carne, ¿que beban tu sangre? Si nosotros lo entendemos de manera literal, podemos decir que tiene sentido que mucha gente abandonara a Jesús, porque ¿cómo es que vamos a hacer esto? Pero lo que Jesús está queriendo decir aquí es literalmente lo siguiente: realmente, si usted quiere que sea el pan de vida, usted tiene que aceptarme a mí. Y aceptarme como comiendo mi carne, es decir, entendiendo que Dios envió la salvación en la carne, en mi persona. Y bebiendo mi sangre, es señal de que ustedes reconocen que el sacrificio que yo voy a hacer por ustedes es lo único que puede darles libertad y salvación. Es lo que significa el creer, el comer su carne y beber su sangre: aceptar que Cristo vino como hombre y que murió en la cruz por nuestros pecados, derramando su sangre.

Pero esta palabra ellos no podían entenderla. Los escandalizaba. Ellos estaban escandalizados. Y Jesús le pone como la cereza en el versículo 63 cuando les dice: "El espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida." Eso termina su discurso, su confrontación a ellos, recordándoles: ustedes están muy enfocados en la cosa de la carne, ustedes lo que están pensando es en que yo los alimenté. Ustedes no están prestos a escuchar la verdad que es espíritu y que da vida. Nosotros recordábamos que cuando Dios formó al hombre, tomó polvo de la tierra y sopló espíritu, y el hombre tuvo vida. Y lo que Cristo está diciendo es: mis palabras, lo que yo le digo y lo que yo les estoy enseñando, es lo único que puede darles vida.

¿Qué pasó? El versículo 66, que es nuestro texto de hoy: "Como resultado de esto, muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con él." La dureza de las palabras de Jesús hicieron que muchos dejaran de seguirle. Sin embargo, cuando yo estudio detenidamente el texto y yo conozco el corazón del hombre, lo que Dios ha revelado acerca del corazón del hombre, yo me pregunto: ¿realmente fueron estas palabras que Jesús dijo acerca de sí mismo lo que hizo que la gente se fuera? ¿Fue realmente este discurso que hizo que la gente dijera "no quiero seguirlo"? ¿O había otros motivos reales en el corazón de ellos y esto era simplemente como la forma de yo poder justificarlo?

Y si nosotros estudiamos la Palabra, nos damos cuenta de que la ofensa real de Jesús hacia ellos fue mostrarles que él no era el hombre que ellos lo habían tomado. Él no iba a estar a sus servicios para ayudarles a resolver sus problemas terrenales. Él no iba a ser el señor del pan que ellos tanto querían. Y lo vemos en el versículo 26. Jesús en el versículo 26 les dice: "En verdad les digo, me buscan no porque hayan visto señales" —ellos habían visto señales, él alimentó cinco mil hombres con una canasta de pan y peces— "me buscan no porque han visto señales, sino porque han comido del pan y se han saciado." Es la razón por la que lo buscaban. Y como Jesús dijo: yo no voy a estar aquí para alimentarlos. Eso no es su problema principal. Sus problemas de este lado de la gloria no son el principal problema para ustedes. Es qué van a hacer cuando se encuentren con Dios, cuando sean juzgados. Y al escuchar esto, y al ver que ellos no querían seguir a Jesús por quien era Jesús, muchos de sus discípulos se apartaron.

Es bueno recordar que cuando la Palabra habla de que discípulos se apartaron, no se refiere a los doce apóstoles. Cuando estudiamos los evangelios nos encontramos que, además de los doce, había un grupo de hombres que estaba siguiendo a Jesús desde el inicio de su ministerio. En Lucas capítulo 10 vemos que se habla de unos setenta a quienes Jesús envió de dos en dos. Estos hombres vieron a Jesús enseñar, vieron milagros hechos a través de Jesús. Incluso muchos de estos hombres hicieron milagros en el nombre de Jesús. Pero en el momento de definición, cuando había que tomar la decisión de o seguir a Jesús porque él es el único camino para llegar a Dios, o seguir a Jesús porque él es el que me va a resolver mis problemas terrenales, en ese momento de definición muchos prefirieron darle la espalda.

Y nosotros decimos: ¡wow! Pero ¿cómo es posible? ¿Cómo es posible que esta gente haya hecho esto? ¿Cómo dar la espalda a Jesús si ya han visto las obras de Jesús? Nos sorprende esto. Pero la realidad, hermanos, es que hoy en día eso es lo que pasa y sigue ocurriendo. Muchos conocen la verdad del satisfechoio, muchos escuchan la verdad del Evangelio, pero cuando ven que las cosas no son como ellos quieren que sean, prefieren darle la espalda a Jesús y se van de la iglesia. Incluso muchos permanecen en la iglesia, pero están de espaldas a Jesús. ¿Por qué? Porque cogen una cosa y dejan otra. Y decimos: así mismo, bueno, no coge y deja. Cuando al final lo que el Señor nos llama es todo o nada. O eres mi discípulo o no lo eres.

Y hoy día muchos en medio nuestro dicen: tú sabes qué, esa enseñanza a mí no me gusta. Por eso yo no puedo seguir en la iglesia. Porque ¿cómo es posible que haya una enseñanza que diga que Dios va a castigar al hombre al final del tiempo si Dios es amor, Dios nos ama a todos? ¿Cómo es posible que solamente haya un único camino para la salvación? Mis buenas obras, yo soy un hombre bueno. Otros que se alejan de la iglesia porque dicen: es que ustedes son muy radicales. ¿Cómo es eso de que la mujer tiene que someterse a su esposo? ¿Cómo es eso de que yo no puedo estar con quien yo quiera antes del matrimonio? ¿Cómo es eso de que yo estoy llamado a vivir en pureza sexual? ¿Qué es eso? Muchos se alejan porque no les gusta una doctrina de la Palabra.

Otros se alejan y dejan a Jesús porque dicen: mire, todavía no es el momento. Ya he escuchado muchos jóvenes que vienen a la iglesia a temprana edad, están aquí entre medio nuestro, los vemos caminar fielmente, sí me oyes, es el creyente. Pero cuando llega a cierta edad empieza a apartarse. Y tú dices: ¿qué es lo que está pasando? Y te sientas con él y dice: bueno, porque este es el tiempo ahora para yo trabajar, para yo prepararme. Yo no tengo tiempo para la iglesia, yo tengo que formarme. Otros que se enfocan en las cosas de este mundo y dejan de ver las cosas eternas.

Y finalmente hay otro grupo que, probablemente al igual que esta multitud, se dejaron llevar simplemente por la presión. Otros que veían que un grupo se iba y decían: ¡oh! Pero mira, ese se va. Que se había vuelto un hermano inteligente y caminaba con el Señor. ¿Qué yo hago aquí? Y se van porque quieren seguir a la mayoría. Dicen: en la mayoría está la verdad. Cuando realmente no es así.

El apóstol Pablo en un momento confrontó a la iglesia de Galacia. Les dijo: ven acá, ustedes han sido salvos ya. Ustedes creyeron en el Evangelio. ¿Cómo es que ustedes están volviendo otra vez a los rituales antiguos? ¿Cómo es que se están dejando llevar por la presión de los hombres? Los destinatarios de la carta a los Hebreos estaban siendo tentados para volver a sus rituales anteriores por presión. Muchos, por presión, dejan a un lado, pueden dejar a un lado el camino de seguir a Cristo. El temor a los muchos puede hacernos quitar los ojos de la verdad y abrazar la mentira. La mayoría no siempre tiene la verdad, y es importante que tú lo recuerdes: la mayoría no siempre tiene la verdad. Dios tiene la verdad. Él siempre tiene la última palabra, no la mayoría.

Muchos estaban dejando a Jesús, y al ver esto, Jesús se vuelve a los doce y les dice: ¿acaso también ustedes quieren irse? Yo imagino esta escena. Yo imagino un Jesús triste. Él, siendo Dios compasivo, triste al ver cómo esta gente tenía la verdad delante de él, la verdad para ser salvos, la tenían delante de él, y dieron la espalda. Pero al mismo tiempo, un Jesús indignado, un Jesús molesto al ver cómo las pasiones de este mundo habían conquistado los corazones de esta gente. Y él se voltea indignado a los discípulos: ¿ustedes se quieren ir? Váyanse. Se pueden ir también, no hay problema.

Y ahora, escuchen esto. Pedro responde en nombre de los doce: Señor, ¿a quién iremos? Probablemente en ese momento Pedro repasó en su mente todas las opciones que él había tenido. Él dice: ven acá, pero nosotros queremos alcanzar la vida eterna. ¿Qué opción tenemos? ¿Vamos a Juan el Bautista? Juan el Bautista ya murió, y si vamos a él, de seguro nos devuelve a Jesús. ¿Vamos a los fariseos, a los líderes religiosos de la época? Ellos habían estado mucho tiempo con Jesús y ya habían visto cómo ellos eran hipócritas, cómo eran ostentosos, cómo cargaban al pueblo con mentiras que ellos mismos no podían vivir. ¿Vamos ahora a los saduceos, otras sectas religiosas? Pero esa gente no cree ni en la resurrección, no cree en el espíritu. ¿Qué hacemos? No, no, vamos al ateísmo. Pero ¿qué pasa con las promesas que ya hemos leído en los profetas? ¿Qué pasa con la verdad de una vida venidera? ¿Qué hacemos?

Al ver todas estas opciones en su mente, la conclusión de Pedro fue: Señor, ¿a dónde iremos? ¿A dónde iremos? No hay opciones. Y yo estoy seguro que si Pedro estuviera hoy aquí con nosotros, diría: Señor, ¿a dónde iremos? ¿A los que niegan el poder del pecado? ¿A los que dicen "tu mejor vida es ahora"? ¿A los que dicen "Dios está en los cielos, pero tú estás aquí en la tierra, sé feliz, haz lo que tú quieras hacer"? ¿Iremos a los que niegan la realidad de un juicio venidero, una vida eterna? ¿A dónde iremos?

Pedro sabía que no hay otro lugar real para alcanzar salvación que no sea Cristo. Él lo sabía. Y la verdad es que tú y yo hoy tenemos opciones hacia dónde correr, pero todas las opciones, ¿sabes qué? Van a fallar. Todas las opciones a las cuales corramos van a fallar. El dinero, el poder, terminarán fallando. El querer estar cubiertos bajo el propósito de ser un buen padre, de ser un buen esposo, de ser un buen hijo, eso no va a llenar. Eso también va a fallar.

El buscar propósito en la educación, buscar propósito en el arte, los deportes, el placer sexual, el alcohol, las drogas, todo eso va a fallar, porque el único lugar donde podemos ir para encontrar propósito y verdad es Cristo y nada más. Cristo y nada más.

Salomón, el rey Salomón, en su afán por encontrar propósito, encontramos en el libro de Eclesiastés que él dispuso su corazón a buscar y disfrutar todo lo que el mundo podía proveer. Ya ustedes saben que él terminó concluyendo que todo era vanidad y correr tras el viento. Nada podía llenarle, porque no había a dónde ir. Y eso fue lo que yo hace 18 años entendí: que no había un lugar a dónde ir.

Pedro y los discípulos se encontraban en un momento de definición. Señor, ¿a dónde voy, si solamente tú tienes palabras de vida eterna? Solo hay un camino, hermano, solo hay un camino, y ese es Jesús. Pero para yo poder entender eso, hay dos verdades que yo necesito entender, que estén tatuadas en mi corazón.

La primera de esas verdades es mi condición delante de Dios. Muchas veces pensamos que podemos encontrar propósito en otra cosa porque no entendemos quiénes somos. Tú y yo somos pecadores condenados, ese es nuestro estatus: culpable. ¿Qué merecemos? La ira de Dios. Yo necesito entender eso, quién yo soy. Y lo segundo que necesito entender es quién es Dios. Dios es un juez santo, lleno de gracia y verdad, que se encarnó en la persona de Jesús para darnos salvación y esperanza. Mientras yo no entienda esas dos verdades, yo voy a pensar que hay otra cosa que puede llenar mi vida, que hay otra cosa que puede darme significado y propósito.

John Owen, teólogo y académico inglés, dijo una vez: una persona que está verdaderamente —escucha esta palabra— verdaderamente convencida de su necesidad de Jesús para el perdón y la salvación, y como resultado lo ha recibido por fe, nunca abandonará a Jesús. Para estar verdaderamente convencidos de su necesidad de Jesús, primero debemos estar convencidos de la naturaleza, la culpa, la condenación, el poder y el castigo del pecado, porque él vino para salvarnos de nuestros pecados.

Todo en la vida cristiana depende de Jesucristo y de si él es quien dijo ser. Si tú no estás seguro de esto, entonces vas a seguir algo más o alguien más. Pero si Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el que tiene palabras de vida eterna, el Santo de Dios, el omnisciente y soberano, ¿a dónde más puedes ir? Incluso cuando él te dice o te lleva a través de momentos difíciles, tienes que seguirlo. Simplemente no hay otra opción. No hay otro camino, solo Cristo.

Pedro y los otros discípulos sabían que Jesús era esa roca firme, que todo lo demás era arena. Y es por eso que Pedro responde al Señor: Señor, no hay otro lugar a dónde ir, eres tú que tienes palabras de vida eterna, eres tú que tienes la verdad que nos va a permitir disfrutar aquello que tanto anhelamos, que es la vida contigo.

Y esa es la clave, hermanos, esa es la clave. Ellos están diciendo, Pedro está diciendo en representación de los discípulos: nosotros no solamente aceptamos tus obras, también aceptamos tus palabras. Creemos lo que haces, pero también confiamos en lo que dices. Ellos como un cuerpo eran sinceros en su devoción a Dios, ellos querían realmente honrar a Dios y querían alcanzar eso que Dios estaba proveyendo, que era la salvación.

Y cuando yo me refiero a los once, ustedes saben por qué lo hago así, porque a Judas no lo podemos contar, porque sabemos que él nunca fue uno de los fieles. Y el deseo de estos hombres era conocer a Dios y conocer lo que Dios había revelado a través de Cristo, conocer esa verdad acerca de la vida eterna. Ellos no se hicieron discípulos de Jesús porque querían mejorar su estilo de vida, como muchos seguidores de Jesús querían, que Jesús les proveyera pan. Ellos se hicieron seguidores de Jesús para obtener una porción de algo mayor que el mundo no podía darles. Ellos anhelaban con pasión alcanzar eso que hemos mencionado: alcanzar la vida eterna.

Y la verdad, hermano, es que una correcta comprensión de la vida eterna cambia absolutamente todo. Cambia absolutamente todo: cómo yo veo la vida, mis problemas, mis aflicciones, mis sufrimientos, mis motivaciones, mis anhelos, mis deseos. Todo cambia cuando yo lo veo a la luz o bajo el lente de la vida eterna, porque todo aquí es pasajero, es temporal. Incluso la muerte misma, cuando yo la puedo ver a la luz de la vida eterna y de lo que nos espera, es totalmente diferente.

Todo lo bueno que este mundo puede proveer —y en este mundo hay cosas que son buenas porque fueron creadas por Dios; el enemigo no ha creado nada, solamente lo ha distorsionado; todo lo que hay en este mundo fue Dios que lo creó bueno para nosotros— pero todo lo bueno que hay en este mundo palidece ante lo bueno que el Señor tiene preparado para nosotros, ante aquello que nos espera.

Y yo no sé tú, hermano, pero yo anhelo ese día. Yo anhelo ese glorioso día cuando nos encontremos con nuestro Señor de una vez y para siempre, cuando podamos verle como él es, contemplarle, y ver que las cosas que para nosotros aquí eran no se comparan con los tesoros que él ha preparado para nosotros. Ese es mi anhelo. Yo no sé el tuyo, pero mi anhelo es el día que Cristo venga y podamos verle como Rey y como Señor.

Los discípulos querían las verdades relacionadas a la vida eterna, y ellos sabían que Jesús tenía palabras de vida eterna. Y es por eso que ellos buscaban estar cerca de él, buscaban aprender de él. Y si tú y yo queremos palabras de vida eterna, ¿qué debemos buscar? La revelación de Dios, porque aquí están las palabras, las promesas para nosotros que nos hacen añorar la vida eterna. Por eso es que el salmista dice en el Salmo 119, versículo 103: ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Sí, más que la miel a mi boca.

Los once no solamente estaban claros de las palabras de Jesús, ellos estaban convencidos. Ellos no tenían duda de que las palabras de Jesús tenían aquello que podía proveer lo que yo tanto anhelaba, que era la vida eterna. Sin embargo, ellos no solamente confiaban en las palabras de Jesús, ellos confiaban en Jesús, porque ellos sabían quién era él.

Pedro no solamente le dice: Señor, tú tienes palabras de vida eterna. Él sigue su discurso diciendo: Señor, nosotros creemos y sabemos quién tú eres, tú eres el Santo de Dios. Y eso es lo que separa a un verdadero discípulo de un falso discípulo: una fe genuina, una fe salvadora. Pedro está diciendo: Señor, nosotros creemos, más aún, nosotros tenemos certeza de quién tú eres. ¿Cómo nos vamos a ir? ¿A dónde más vamos a ir? Si nosotros sabemos quién eres tú. Solo tú tienes palabras de vida eterna, solo tú eres el Santo de Dios.

Ellos habían pasado mucho tiempo con Jesús ya. Ellos habían visto a Jesús hacer milagros, ellos habían visto el trato apacible, compasivo de Jesús con los perdidos. Ellos habían visto la forma como Jesús confrontaba el pecado. Ellos habían sido instruidos de manera personal por él. Y toda esta bendita confraternidad iba a engendrar confianza. Toda esta intimidad iba a hacer que los lazos de ellos fueran tan fuertes que no iban a ser sacudidos por un discurso que ellos no podían entender. Probablemente en ese momento las palabras que Jesús decía de que era el pan de vida ellos no las estaban entendiendo, probablemente, pero ellos confiaban en Jesús. Y en ese momento su intelecto podía estar perplejo, pero su corazón permanecía fiel porque ellos confiaban en Jesús.

John Owen tiene otra cita que quiero mencionar, de lo importante que es para nosotros, si queremos seguir a Jesús fielmente, cómo debemos conocerle. Él decía: todo el fundamento de la fe del Evangelio descansa en la gloria de la persona y el oficio de Cristo. Solo este conocimiento de él nos hará despreciar todas las cosas con tal de ganarlo a él.

Para yo poder permanecer fiel como permaneció Pedro y los otros discípulos, yo necesito conocerle, yo necesito tener tiempo de intimidad con él, porque yo no puedo confiar en algo o en alguien que no conozco. Y déjenme ilustrarlo de una manera para que ustedes puedan entenderlo.

Imaginemos que el pastor Luis Méndez está aquí con Vilma. Para los que no lo conocen, el pastor Luis Méndez tuvo con nosotros unos años pastoreando y sirviendo en el área de consejería, también en la predicación. Él está aquí unos días con nosotros y decide, por iniciativa de la Morena, ir con nuestro hermano Christian Polanco al Pico Duarte. Yo decido: "Bueno, estamos aquí, nunca hemos subido al Pico Duarte, todavía tenemos fuerza." Chacho le dice: "No, Luis, eso es duro." Pero él dice: "Todavía estamos jóvenes." Y suben al Pico Duarte.

Están subiendo al Pico Duarte y en un momento, subiendo, la Morena, que le encantan las aves, ve a lo lejos un ave exótica que ve allá arriba en el Pico Duarte. Yo creo que hay, salvo una ilustración, "¡Mira qué hermosa ave!" Ella ve y dice: "¡Wow, qué hermosa!" En un momento van caminando y ven un nido abajo, en un precipicio, y ven que en el nido hay unos huevos del ave. Y a la Morena se le ocurrió la brillante idea de decirle: "Miren los huevos ahí. Yo puedo llevarme unos de sus huevos y llevarlos a Arizona. Me encanta el ave y la podemos llevar a Arizona. Eso es lo que tú sabes, Luis."

En ese momento, decirle, evaluando los riesgos: "Yo no llego ahí, me voy a caer, no tiene sentido." Es como que no, no podemos hacer. Pero la Morena quería su cosa, quería su huevo. Y un hombre que ama a su esposa le pregunta a Christian, que todo lo resuelve. Christian Polanco todo lo resuelve aquí en la iglesia. Creo que no estás aquí con nosotros, pero si usted tiene un problema, Christian se lo va a resolver. Él dice: "Christian, Christian, la Morena quiere ese huevo, ¿qué hacemos?" Christian ve la situación y dice: "Bueno, varón, llega a la capital, pasa por el arca, compra un periquito y olvídate de eso." Entonces, pero ustedes saben cómo son las mujeres cuando quieren algo. Los esposos que han pasado por eso se han callado así para que no sufran ahorita. Entonces, por ella, ya tú sabes, estaba triste.

Entonces Luis ve un jovencito por ahí y dice: "Bueno, déjame ver si esto funciona." Le dice: "Mira, muchacho, dame acá. Tú, que eres de aquí, que siempre vienes merodeando, quiere decir que vives escalando y cosas. Yo tengo esta soga que es fuerte, yo te voy a amarrar, te voy a bajar, tú vas a recoger los huevos, ponerlos en la bolsa y te subimos. Te voy a dar unos mil pesos para que tú sabes, para que resuelvas." El joven lo mira, ni tonto ni perezoso, se lo dice: "No, tú te estás poniendo loco. No, no, no, no, no, no, imposible."

Luis ve a la Morena. La Morena, pobre, ve: "Muchacho, ve, por favor, ayúdame." El muchacho trancado. De buenas a primeras, el jovencito viene donde él y dice: "Luis, ¿usted es pastor, no?" "Sí, yo soy pastor, yo te agarro, no te voy a dejar caer. Confía en mí." "Okey, oiga, lo que yo lo voy a hacer, pero con una sola condición." "La que tú quieras." "Que sea mi papá el que agarra la soga."

La única forma de nosotros poder afrontar un riesgo es confiando en aquel que nos sostiene. Ese jovencito no iba a poner su vida en riesgo confiando en que Luis es pastor, pero sí le iba a confiar su vida a su padre, porque él conoce a su papá.

De la misma manera, nosotros no podíamos vivir una vida de obediencia, de confianza en el Señor, como les llama a vivir, si yo no conozco a Dios, si yo no conozco a Cristo. Y para yo poder conocerle, no es sino estudiar lo que Él ha revelado de sí mismo. Decía el pastor R.C. Sproul: "El problema de la iglesia hace años atrás es que no conoce a Dios, y por eso no puede confiar u obedecerle." Y eso sigue siendo el problema de la iglesia hoy: que no conoce a Dios, no conoce su carácter.

La iglesia de hoy se limita, nos limitamos a un estudio esporádico de la Palabra. Me voy a decir aquí: un capítulo, lo que más lee un capítulo diario, o venir a la iglesia los domingos. Pero si yo quiero confiar en Dios, confiar en Cristo, al punto de decirle no a las cosas del mundo, yo tengo que conocerle. Yo tengo que estudiar lo que Él ha revelado, yo tengo que conocer su obra, su carácter, sus promesas para mi vida.

Es por eso, hermanos, que están aquí en el día de hoy, aquellos que nos ven, si tú quieres tener esta confianza de poder decirle con certeza: "Señor, Señor, yo no tengo a dónde ir," tú tienes que conocerle. Tú tienes que profundizar en el conocimiento del evangelio.

La fe salvadora, la fe que dice "yo sé y yo creo," no es una fe que se limita a un asentimiento mental, a decir "sí, yo sé que Jesús es Dios." Porque saben que los demonios creen que Jesús es Dios y siguen siendo demonios. Santiago 2:19 dice: "Tú crees que Dios es uno, haces bien; también los demonios creen y tiemblan."

La fe bíblica es más que una simple profesión de fe. Es un cambio de lealtad, es un cambio de lealtad del dominio del pecado al señorío de Cristo. Esa es la fe bíblica, y esa es la fe que estos hombres tenían. Yo estoy convencido que no hay una, puede haber otras, pero que no hay una enseñanza más demoniaca que aquella que enseña que tú puedes ser salvo simplemente con una profesión de fe.

"Paso por el ladrón en la cruz: solamente creyó y fue salvo." Sí, pero el ladrón en la cruz no tuvo tiempo de vivir lo que había creído. Pero si nosotros somos salvos realmente, nuestras buenas obras van a mostrar lo que yo realmente soy. El cambio radical en mi vida va a afirmar que yo soy realmente un hijo de Dios.

Martyn Lloyd-Jones, uno de los mejores teólogos del siglo pasado, decía lo siguiente: "La diferencia entre el cristiano y el no cristiano es obviamente radical y no meramente algo superficial. Convertirse en cristiano no significa que usted simplemente modifica un poco su vida anterior, o que la ajusta ligeramente, o que se ve un poco mejor, o que la renueva, por así decirlo. Son muchos los que conciben el cristianismo en estos términos. Creen que convertirse en cristiano significa principalmente que uno deja de hacer ciertas cosas y comienza a hacer otras. Hay un ligero ajuste en tu vida, una ligera modificación, algunas cosas se eliminan, otras se agregan, alguna mejora, vives una vida mejor que la que vivías antes. Todo esto, por supuesto, es bastante cierto, pero esto solo no es el cristianismo. Cualquiera que sea nuestra definición de cristianismo, debe incluir esta idea: hay una muerte y hay una nueva vida, nada menos que eso."

Yo tengo que morir a mis antiguos deseos y pasiones y vivir ahora para la gloria de Dios. Es por eso que, hermanos, la primera evidencia de que una persona se ha convertido realmente, de que una persona se ha convertido, es un arrepentimiento. Es que tú lo ves, que ella está arrepentida por cómo vivía y ahora ha decidido vivir diferente, vivir para la gloria de Dios.

Por eso es que el apóstol Pedro, cuando enseña en Hechos 3:19, dice: "Ustedes quieren realmente alcanzar esto," dice: "Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse para que sus pecados sean borrados, a fin de que tiempos de alivio vengan de la presencia del Señor."

La verdad, hermanos, es que la iglesia por años, la iglesia en general, ha estado recibiendo hermanos, personas, amigos que vienen, forman parte de la iglesia, pero que sus vidas no reflejan que realmente son cristianos. Y yo estoy convencido, ya lo que el pastor Miguel ha estado compartiendo también con nosotros los pastores, la iglesia ha llegado a un tiempo de definición.

Entonces nosotros tenemos que decidir, como iglesias, los que estamos aquí, cómo queremos vivir. ¿Queremos vivir como cristianos light, que no están haciendo las cosas aberrantes que el mundo hace, pero que no están comprometidos radicalmente con la verdad del evangelio de Jesucristo? Estamos en tiempo de definición. Para esta gente, la historia que leímos era un momento de definición: o seguimos a Jesús como el único camino, o nos vamos. Es bueno hoy poder pensar eso: ¿dónde estoy?, ¿cómo yo quiero vivir?

Hace 18 años yo era un converso y Dios usó este texto para darme salvación. Fue mi momento de definición. Pero en el camino ha habido otros momentos de definición en mi vida, donde yo tengo que ratificar mi fe, ratificar mi compromiso con Cristo y decirle: "Señor, yo no tengo a dónde ir. Solo Tú tienes palabras de vida eterna, porque yo sé que Tú eres el Santo de Dios."

Y así terminan estas palabras de Pedro. Pedro le termina confesando al Señor: "Nosotros sabemos que Tú eres el Santo de Dios." Y esta es una gran confesión que hace Pedro aquí, una confesión que vino del cielo mismo. ¿Y por qué yo digo que vino del cielo mismo? Bueno, porque en el Evangelio de Mateo, capítulo 16, versículos 13 al 18, nos encontramos a Pedro diciendo algo similar y Cristo le responde esto a Pedro: que esta declaración vino del cielo.

Nosotros nos encontramos en el Evangelio de Mateo, capítulo 16, que Jesús en un momento llegó con sus discípulos a la región de Cesarea de Filipo y preguntó a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" Ellos respondieron: "Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas." "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?", les preguntó Jesús. Simón Pedro respondió: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." Entonces Jesús le dijo: "Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne y sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca yo edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades, las puertas del infierno, no prevalecerán contra ella."

¿Qué es lo que Pedro está diciendo aquí en ambas declaraciones que son similares? Pedro está diciendo: "Señor, nosotros confesamos, nosotros tenemos la certeza de que Tú eres el elegido de Dios, Tú eres el ungido de Dios, Tú eres el Cristo." Y al escuchar esta palabra en Mateo 16, ¿qué es lo que Cristo le dice a Pedro? "Pedro, sobre esa verdad que tú estás diciendo ahora, sobre que yo soy el Cristo, que yo soy el Hijo del Dios viviente, yo voy a edificar mi iglesia." La iglesia está fundamentada sobre esa verdad: de que Jesucristo es el Santo de Dios, el ungido de Dios. Y Cristo le promete a Pedro: "Como es mi verdad el fundamento, es la piedra angular, las puertas del infierno nunca van a prevalecer contra mi iglesia, porque yo los haré preservar."

Esta confesión de Pedro es la piedra angular que sostiene todo lo que creemos. Es la roca donde está fundamentada toda nuestra esperanza: de que Cristo es el ungido de Dios, apartado por Dios para salvar a aquellos hombres que han puesto su confianza en Él. Yo quiero decirte, hermano: realmente, ¿tú anhelas la vida eterna? No hay otro, no hay nada más, solo Cristo. Y no hay nada que pueda añadírsela, modificársela ni actualizársela. Él mismo, y solo Él, es el fundamento de nuestra fe.

Y es el anhelo de mi corazón, y yo estoy convencido que es el anhelo del corazón de los pastores de esta iglesia, que cada uno de los que estamos aquí podamos decir como Pedro: "Señor, ¿a dónde iremos? ¿A dónde puedo ir? Señor, aunque los muchos se vayan, nosotros, tus fieles, permaneceremos contigo, porque nosotros hemos creído en Ti y nosotros te seguiremos hasta el final. Señor, nosotros hemos visto la obra que haces, pero también confiamos en tus palabras y sabemos que no hay otro lugar donde podemos estar."

Tormentas vendrán, aflicciones vendrán, conflictos vendrán, el infierno mismo podrá venir a nosotros, pero nosotros hemos creído y nosotros sabemos que solo Tú tienes palabras de vida eterna. Hemos creído que Tú eres el Santo de Dios. Hemos creído que al poner nuestra confianza en Ti, en que Tú has venido en la carne y que moriste en la cruz por nuestros pecados, así podremos ser salvos y alcanzar lo que tanto anhelamos, que es la vida eterna.

Mi anhelo es que el Señor en el día de hoy pueda haber hablado a tu corazón y juntos podamos decirle: "Señor, he apostado por Ti. Te exalto, Dios. Cristo, yo quiero dar gloria a Ti, porque solo Tú y nada más que Tú eres digno." Vamos a orar.

Señor, gracias. Gracias por tu santa Palabra. Gracias por este recordatorio. Gracias por recordarnos que hay momentos en nuestra vida donde tenemos que pararnos y preguntarnos dónde están nuestras lealtades. ¿Están contigo, Cristo? ¿Eres Tú nuestro Señor y Salvador? ¿Te queremos como Señor y Rey, o solamente como un proveedor, como un benefactor, como uno que puede resolver nuestros problemas?

Oh Señor, hoy tu iglesia ha escuchado tu verdad. Yo quiero rogarte que todos los que estamos aquí podamos decir, como cantamos al principio, que Tú eres Señor, que Tú eres Señor, que Tú eres el Santo de Dios. Y que podamos cantar ahora juntos, a una voz, que postrados aquí adoraremos tu nombre. Y lo haremos, Señor, hasta que todo el mundo confiese que Tú eres Señor. Y eso es cuando Tú vengas a reinar y a proclamar tu gloria, y toda lengua va a confesar que Jesucristo es el Rey y Señor. Gracias por esta mañana, gracias por esta tarde, gracias por tu Palabra. Sé Tú exaltado, en el nombre de Jesús. Amén, amén, amén. Amén. Así nos bendiga el Señor.

Joan Veloz

Joan Veloz

Joan Veloz conoció la gracia de Dios en 2005 en la IBI, es pastor de la Iglesia Bautista Internacional y Vicepresidente de Integridad & Sabiduria. Es abogado con maestrías en Gerencia y Productividad, Estudios Teológicos (MATS) y Divinidad (MDiv) y un Doctorado en Ministerio, todos completados en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Michelle Suzaña y tienen tres hijos: Daniella, Camila y Miguel Andrés.