Integridad y Sabiduria
Sermones

La multiforme gracia de Dios en los desacuerdos

Luis Méndez 9 diciembre, 2018

Aun los mejores siervos de Dios son imperfectos y pecadores, pero esto no impide que el Dios soberano lleve a cabo sus propósitos. El desacuerdo entre Pablo y Bernabé en Hechos 15 ilustra esta tensión entre la debilidad humana y la gracia divina. Después de resolver la controversia doctrinal sobre la circuncisión de los gentiles, surge un nuevo conflicto: Pablo propone un segundo viaje misionero, pero se niega a llevar a Juan Marcos, quien los había abandonado en Panfilia durante el primer viaje. Bernabé, en cambio, quiere darle una segunda oportunidad a su primo. El desacuerdo fue tan grande que terminaron separándose.

Lo que parecía un obstáculo para la causa de Cristo, Dios lo usó para extender su reino. Bernabé navegó a Chipre con Marcos, mientras Pablo partió con Silas hacia Siria y Cilicia, donde alcanzó a Timoteo, a Lidia y a Aquila y Priscila. Dos equipos misioneros surgieron donde antes había uno. Pero la historia no termina en la separación. Años después, Pablo escribiría sobre Juan Marcos: "Tráelo contigo porque me es muy útil para el ministerio." El joven que había desertado llegó a ser autor del Evangelio que lleva su nombre.

Esta narrativa enseña que debemos cultivar el espíritu de Bernabé, dispuestos a dar segundas oportunidades como Dios las da. También recuerda que el trabajo del reino es más importante que las diferencias personales, y que el resentimiento debe combatirse. El éxito no se mide por cómo comenzamos, sino por cómo terminamos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Vamos a ser fieles para vivir en su palabra. Hechos capítulo número 15. Hemos titulado la meditación de esta mañana "La multiforme gracia de Dios en los desacuerdos". Hechos capítulo número 15, voy a leer del verso 36 al verso 41.

"Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos y visitemos a los hermanos en todas las ciudades donde hemos proclamado la palabra del Señor, para ver cómo están. Y Bernabé quería llevar también con ellos a Juan, llamado Marcos, pero Pablo consideraba que no debían llevar consigo a quien los había desertado en Panfilia y no los había acompañado en la obra. Se produjo un desacuerdo tan grande que se separaron el uno del otro, y Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre. Más Pablo escogió a Silas y partió, siendo encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, y viajaba por Siria y Cilicia confirmando a las iglesias."

Esta mañana nosotros estaremos completando la exposición del libro de los Hechos capítulo 15, como parte de esta serie que se ha llamado "Hasta los confines de la tierra". El pastor Miguel, en un sermón titulado "Lecciones de ayer para la iglesia de hoy", expuso la primera parte de este capítulo 15. Déjenme tratar de resumir muy brevemente, porque estaba muy conectado a lo de hoy.

El tema en aquella ocasión fue este gran debate que surgió acerca de la circuncisión de los gentiles para alcanzar la salvación. La idea es que, en medio del avivamiento que la iglesia estaba teniendo en aquellos días, los gentiles que no tenían tradición religiosa estaban siendo alcanzados por el Evangelio. El problema fue que algunos se infiltraron y empezaron a exigir a estos gentiles que, como parte de su conversión, ellos tenían también que realizar algunas prácticas de tradiciones judías. Entonces surgió una gran discusión, porque los judíos le decían a estos gentiles nuevos creyentes: "Tienen que circuncidarse."

La pregunta entonces era esta: ¿Es eso parte del Evangelio, o es esto asunto de hombres? Y era algo muy serio; estaba amenazando al centro mismo del Evangelio, porque el Evangelio afirma y proclama que la salvación en Cristo Jesús es solo por gracia, por medio de la fe, sin la participación de ninguna obra. De manera que no estamos hablando de algo trivial. El punto en cuestión era el centro del Evangelio, era parte básica de lo que es una teología sana y de la doctrina de los apóstoles.

A causa de esta gran diferencia y por la importancia del tema, Pablo y Bernabé, junto a otros hermanos, tuvieron que ir a Jerusalén, donde estaban los apóstoles y los ancianos, de tal manera que ellos en conjunto pudieran tomar una posición oficial con relación a este punto. Luego de una gran deliberación —estaban los apóstoles, estaban los ancianos, estaban algunos líderes religiosos de aquel entonces— llegaron a un acuerdo, y ese acuerdo se escribió en una carta de tal manera que pudiera ser de edificación para todas las iglesias alrededor. Todo esto está registrado en Hechos capítulo 15, versos 1 al 29; el pastor Miguel hizo una excelente exposición en cuanto a esto.

La pregunta es: ¿Cómo respondió la iglesia cuando los hermanos llegaron e informaron de la posición apostólica y de los ancianos en cuanto a esto? Miren en Hechos capítulo 15, por favor, versos 30 al 35.

"Una vez despedidos de Jerusalén, ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la congregación y entregaron la carta, y los creyentes la leyeron y se alegraron por su mensaje alentador."

Eso llama la atención. Cuando, sobre todo Pablo y Bernabé, leyeron y compartieron, dice que la iglesia se regocijó; ellos recibieron ese mensaje como un mensaje alentador. El Evangelio siempre será un mensaje alentador. El problema comienza cuando entramos en legalismo; el legalismo mata el alma. Pero cuando el Evangelio es predicado, es un mensaje liberador y alentador, y la iglesia se maravilló, se regocijó, sobre todo estos gentiles nuevos creyentes que no entendían bien lo que estaba pasando.

¿Qué más sucedió? Dice el verso 32 que Judas y Silas, que también eran profetas, hablaron extensamente para animarlos y fortalecerlos. Y después de pasar algún tiempo allí, los hermanos los despidieron en paz para que regresaran a quienes los habían enviado. Y Pablo y Bernabé permanecieron en Antioquía enseñando y anunciando la palabra del Señor en compañía de muchos otros.

O sea, fue todo un éxito. La iglesia se regocijó; un tema tan serio como el que estaba en cuestión fue aclarado, los hermanos respondieron bien, todo estaba en una relativa calma. Pero no por mucho tiempo.

Dice el verso 36 que después de algunos días otro lío surgió. Otro problema: después de la controversia de la circuncisión, ahora otro conflicto emergió, y es entre Pablo y Bernabé. Pablo se estaba proponiendo un segundo viaje misionero, y el conflicto surgió en torno a si era una buena decisión llevar a un joven que se llamaba Juan Marcos. Pablo estaba opuesto; Bernabé quería llevarlo. Pero es importante entender que este nuevo conflicto y desacuerdo no era en torno a algo doctrinal, sino que era un asunto personal. El conflicto ahora no estaba basado en alguna teología, sino en metodología.

Y mientras este desacuerdo evidenció que aún los mejores siervos son imperfectos y pecadores, por otro lado el desacuerdo mostró la multiforme gracia de Dios, que pudo sacar lo mejor de esta situación. Al nosotros estudiar esta controversia, este desacuerdo, es un evento que nos enseña mucho acerca de quiénes somos como seres humanos, pero también nos enseña mucho acerca de quién es Dios, que es un Rey soberano.

Lo que queremos destacar en esta ocasión son algunas lecciones eternas que podemos aprender de un conflicto que es temporal. Nosotros queremos estudiar esta mañana el tema para entender la soberanía de Dios en medio de los conflictos: la multiforme gracia de Dios en los desacuerdos. Y lo vamos a hacer de esta manera: primero, entendiendo un poco la controversia, cuál fue el conflicto en sí; y a manera de aplicación, algunas lecciones prácticas que podemos aprender para nuestra vida hoy en día.

Así que vamos con nuestro primer punto: entendiendo un poco la controversia. Verso 36: "Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos y visitemos a los hermanos en todas las ciudades donde hemos proclamado la palabra del Señor, para ver cómo están."

Esto fue una iniciativa maravillosa del apóstol Pablo, una gran iniciativa. Pablo mezclaba algo que era muy único: él era un evangelista natural, lo que llaman un evangelista pionero; le encantaba predicar a Cristo donde nunca antes había sido predicado. El apóstol Pablo era un misionero natural; él iba a los lugares donde Cristo no era conocido y le fascinaba traer esas buenas nuevas de salvación. Al mismo tiempo, Pablo tenía un gran corazón pastoral; él estaba muy empeñado e interesado también en fortalecer y animar a aquellos que ya eran cristianos, y aquí nació lo que se conoce como la motivación para el segundo gran viaje misionero.

Si me dicen, Pablo era un obstetra que asiste para que el bebé pueda ser recibido, pero Pablo era también un pediatra que se ocupaba de que ese bebé recién nacido recibiera la alimentación para que pudiera crecer adecuadamente. Escuchen cuál era el interés de Pablo para volver; él dice: "Para ver cómo están, para ver cómo están." Era un real pastor; él no estaba contento con solo plantar iglesias, sino que quería asegurar que estaban siendo alimentadas, que estaban creciendo en la fe.

Y hermano, nosotros tenemos que aprender del apóstol Pablo a ser así. Nosotros tenemos que aprender a amarnos así. Nosotros debemos estar genuinamente interesados en conocer la situación espiritual de los hermanos. Esto no es un llamado solo a los pastores; esto no es un llamado solamente a los líderes; es una muestra simple de amor cristiano. Y la idea no es simplemente preguntar "¿cómo estás?" casi asumiendo o esperando que digan "yo estoy bien". La idea es preguntar sinceramente porque quiero saber cómo estás, para saber cómo puedo aportar.

Pablo, que podía acomodarse perfectamente al ver el avivamiento que había en la iglesia local, dijo: "Yo quiero saber cómo están los hermanos, yo quiero saber si están creciendo bien, yo quiero saber cómo puedo ser de ayuda para alimentarlos." Y esa es una de las señales más hermosas de amor cristiano que puede haber. Entonces, la oración es que, viendo a Pablo, también nosotros seamos estimulados para amar así.

Ahora bien, ¿qué pasó? Como parte de la narrativa, versos 37 al 39: Bernabé quería llevar también con ellos a Juan, llamado Marcos, pero Pablo consideraba que no debían llevar consigo a quien los había desertado en Panfilia y no los había acompañado en la obra.

Entonces, como un problema. Yo creo que para entender bien el desacuerdo tenemos que conocer algunas cosas básicas. Primero: ¿de quién estamos hablando? ¿Quién es ese joven Juan Marcos? ¿Qué es parte del dilema que se está creando aquí? Déjenme compartir con ustedes alguna información sobre Juan Marcos. Déjenme comenzar por su mamá. La mamá de Juan Marcos se llamaba María. Ustedes, si yo digo eso aquí, no creo que va a sonar nada interesante porque hay sesenta mil Marías, pero esta María era una María muy especial.

Miren en Hechos capítulo 12, versos 11 y 12: "Cuando Pedro salió de la cárcel, volvió en sí y dijo: Ahora sé en verdad que el Señor ha enviado su ángel y me ha rescatado de la mano de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos. Y al darse cuenta de eso, fue a la casa de María, la madre de Juan llamado también Marcos, donde muchos estaban reunidos para orar."

Era una mujer muy piadosa, que convocaba a los hermanos en medio de situaciones que necesitaban la intervención divina. De hecho, algunos estudiosos de la Biblia, sin ser dogmáticos al respecto, pero gente seria y estudiosa de la Biblia, señalan que fue la casa de María donde se celebró la última cena del Señor.

Juan Marcos venía, entonces, de un hogar muy piadoso. Y no solamente eso: Juan Marcos era primo de Bernabé. En Colosenses, capítulo 4, versículo 10, Pablo, escribiendo desde la prisión, dice: "Al estar con mi compañero de prisión, os envía saludos también Marcos, el primo de Bernabé."

He dicho que alguien conocido, siguiendo el marco, hubiese sido de la Biblia, hubiese sido apellido Núñez, Alcedo, o alguna cosa así. Era una gente conocida, no era ningún extraño. No solamente eso, Juan Marcos fue un especial asistente de Bernabé y de Saulo anteriormente. Se unió a ellos cuando ellos regresaron de Jerusalén a Antioquía, después que murió el rey Herodes. Dice Hechos 12:25: "Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba, y Bernabé y Saulo regresaron de Jerusalén después de haber cumplido su misión, llevando consigo también a Juan, llamado Marcos." Era alguien del grupo, era alguien muy conocido.

La máxima misión en la que Juan Marcos participó fue el primer viaje misionero. Eso fue muy único y especial. Bernabé y Saulo, dice que el Espíritu Santo pidió que fueran apartados para la obra, y la iglesia oró sobre ellos y la iglesia los encomendó. Dice Hechos 13:3: "Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron." Y dice el verso 4, aquí en Hechos 13: "Ellos, pues, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia y de allí se embarcaron a Chipre. Llegaron a Salamina y proclamaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, y tenían también a Juan de ayudante." Entonces Pablo y Bernabé conocían a este muchacho, había estado con ellos, estaba creciendo con ellos.

¿Qué fue lo que pasó en el viaje? Bueno, estando allá en el viaje misionero, hubo un problema con Juan Marcos. Todo esto es importante entenderlo para entender por qué Pablo está opuesto. Resulta que Juan Marcos abandona a Pablo y a Bernabé en el medio del asunto. Yo quiero leerles, creo que leamos en el libro de los Hechos cómo se registra este tema específico, y sobre todo en el contexto en que sucedió. Es importante que veamos la dinámica de lo que estamos viendo. Es el primer viaje misionero, señor, y este muchacho, aparentemente todavía muy joven, está allí. Yo no sé la expectativa que él tenía.

Déjenme enfocarlos en el libro de los Hechos, cómo arrancó este viaje misionero, es decir, el inicio del viajecito. Oigan lo que pasó. Yo quiero que lo busquen: Hechos capítulo 13, por favor, verso 6. Hechos 13:6: "Después de haber recorrido toda la isla hasta Pafos, encontraron a cierto mago, un falso profeta judío llamado Barjesús, que estaba con el procónsul Sergio Pablo, hombre inteligente. Este hizo venir a Bernabé y a Saulo," es decir, el procónsul, "y deseaba oír la palabra de Dios. Pero Elimas el mago, pues así se traduce su nombre, se les oponía, tratando de desviar de la fe al procónsul."

Ustedes van entendiendo la idea. Es decir, Dios empieza a abrir las puertas en este viaje misionero. Una persona de mucha influencia y prestancia está interesado en escuchar. Pablo y Bernabé llegan, el equipito llegó, y entonces este mago está en el medio tratando de desviar la atención. Y escuchen lo que hizo Pablo, señor. Yo quiero que le hayan pensando que Juan Marcos lo observa. Verso 9: "Entonces Saulo, llamado también Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando la mirada en él, le dijo al mago: '¡Tú, hijo del diablo, lleno de todo engaño y fraude, enemigo de toda justicia!, ¿no cesarás de torcer los caminos rectos del Señor? Ahora, he aquí la mano del Señor está sobre ti, y quedarás ciego y no verás el sol por algún tiempo.'" Y al instante cayó sobre él oscuridad y tinieblas, e iba buscando quién lo guiara de la mano. Entonces el procónsul, cuando vio lo que había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.

O sea, arrancando el viajecito, lo primero que Juan Marcos vio desde el primer asiento fue a un mago al que dejaron ciego empezando. Versículo 13: "Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar desde Pafos y llegaron a Perge de Panfilia, pero Juan, apartándose de ellos, regresó a Jerusalén." Y cómo se imaginarán: "Esto no es lo que me contaron." Se desapareció así, en el medio del viaje misionero.

Lucas, el autor del libro, no da la razón por la cual Juan Marcos se fue. Por lo tanto, todo lo que podamos decir aquí es especulación. Algunos dicen que tal vez este joven no estaba listo, era demasiado joven para la carga espiritual de este llamado. De hecho, en Panfilia, a donde ahora iban, vendrían los desafíos más grandes de este viaje misionero. Ahora es que el asunto se iba a complicar. De hecho, Pablo y Silas fueron encarcelados por predicar el Evangelio. Entonces yo me imagino, dicen algunos, que Marcos estaba calculando: "Esto como que no es para mí."

¿Cómo ese asunto de que Juan Marcos los abandonó afectó la decisión de ahora? Bueno, Pablo estaba negado a llevarlo otra vez. Déjenme leer de nuevo, verso 37 y 38: "Bernabé quería llevar también con ellos a Juan llamado Marcos, pero Pablo consideraba que no debían llevar consigo a quien los había desertado en Panfilia y no los había acompañado en la obra."

Yo quiero que ustedes entiendan la situación. No era un asunto de disposición de Pablo con Juan Marcos; era un asunto de sabiduría. Déjenme contarles esto. Yo serví en una iglesia en Bethel en Minnesota, que es una iglesia esencialmente misionera. Es la iglesia que, como iglesia local independiente, más misioneros envía al mundo. El presupuesto de misiones, al momento de yo salir de la iglesia, era de dos millones de dólares solo para misiones. Hay un eslogan allá, una expresión que dice: "¿O usted va al campo misionero, o usted apoya a un misionero, o usted es desobediente?" El día donde usted quiere estar. Y de todo lo que se hablaba era de misiones.

Pero había muchos problemas en el campo misionero. Es algo muy difícil. Eso requiere mucha madurez. Usted no va al campo misionero para tirarse fotos y publicarlo en Instagram; esa no es la idea. Hay suicidios, hay persecuciones, hay abusos, hay amenazas todo el tiempo, hay muchas cosas de espiritistas, mucha guerra espiritual, mucha cosa muy realísima. Es una lucha espiritual muy intensa, hay mucha oscuridad. Lo peor que una persona puede pasar es irse al campo misionero sin estar listo, y eso sucedía. Yo recuerdo casos en que había que salir de emergencia al África a buscar a una persona que literalmente estaba en una crisis y el equipo llamaba: "Vengan a buscarlo." Eso no es fácil.

De hecho, déjenme decirles: nosotros en esta iglesia tenemos un regalo de Dios aquí en el equipo de misiones. La familia los Chiquillo, Amalia, Daysie, Bríl, Jannine: eso es un regalo de Dios para nosotros. No solamente tienen el llamado sino la madurez para estar ahí. Esos deberían ser nuestros héroes. Allá en la iglesia de Betel le digo que los niños crecían teniendo a los misioneros como héroes. Se publicaba un calendario y las familias oraban en el almuerzo por los misioneros, y una vez al año reunían a todos los misioneros de todas partes y se pasaban una semana completita dando testimonio: lunes a las cuatro el misionero de Japón, martes a las ocho el misionero de Indonesia. Y los niños dejaban un día de escuela para ir a escuchar el testimonio de sus misioneros. Son regalos de Dios para nosotros.

Pero no todo el mundo está listo para eso. No todo el mundo. Y Pablo es justamente eso lo que está señalando. Vamos a un segundo viaje que luce bastante complejo; no es sabio llevar a este muchacho. La palabra que Pablo usa dice que él los había desertado, y en el original en el griego significa no solamente que los dejó, sino que los abandonó literalmente. Se fue en el momento en que más lo necesitaban. Pablo estaba cerrado en eso.

Bernabé, por el otro lado, no lo veía igual. Diferentes personalidades hay aquí. Pablo veía un problema, un obstáculo; Bernabé veía una oportunidad. Bernabé quería invertir en el muchacho, Bernabé quería ver el potencial allí, la oportunidad de crecimiento que eso representaba. Y no se pudieron poner de acuerdo, no se pudieron. ¿Y qué tan grande fue el desacuerdo? Dice aquí en Hechos 15:39: "Se produjo un desacuerdo tan grande que se separaron el uno del otro." La Nueva Versión Internacional dice: "Se produjo entre ellos un conflicto tan serio que terminaron por separarse."

Y así lo hicieron. Dice el verso 39 en la segunda parte: "Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre, y Pablo escogió a Silas y salió, encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, y pasó por Siria y Cilicia confirmando a las iglesias." Bernabé tomó a Juan Marcos y se fueron a Chipre. Había algo logístico en cuanto a eso: Bernabé era de esa ciudad, Bernabé era nativo de Chipre y conocía la ciudad muy bien. Juan Marcos también conocía esa ciudad, porque la única parte que completó del viaje anterior fue esa, cuando fueron a Chipre. Entonces había una logística ahí.

En cambio, Pablo y Silas se fueron en un viaje mucho más largo y complejo, lo que se conoce como el segundo viaje misionero del apóstol Pablo. Dios los redirigió a Grecia, y ellos en este segundo viaje misionero llevaron el Evangelio a Europa, y hubo muchas bendiciones. Dentro de las bendiciones que se cuentan de este viaje misionero de Pablo está un joven llamado Timoteo, quien fue localizado en ese viaje y llegó a ser uno de los más fieles servidores del Evangelio. En ese viaje también se produjo la conversión de una mujer de negocios llamada Lidia, que apoyó mucho la expansión del Evangelio. Y hubo una pareja muy especial que también fue alcanzada en ese viaje, llamada Aquila y Priscila.

Algunos dicen que en el desacuerdo quizás Pablo recibió más apoyo oficial para el viaje, y la razón es que el texto dice que fue encomendado por los hermanos a la gracia del Señor. Pero de Bernabé nada se dice, nada. De hecho, de Bernabé nada se dice, ni en este capítulo ni en el resto del libro de los Hechos.

El asunto es que Dios usó este desacuerdo para extender su reino. Lo que al principio parecía ser un obstáculo a la causa de Cristo, Dios en su soberanía lo usó y fue de gran bendición. A pesar de los pecados y de la deficiencia de los instrumentos, Dios lleva a cabo su obra, porque nada puede detener los propósitos de Dios en este mundo, ni nosotros podemos detener el propósito de Dios en nosotros.

Ahora, ¿qué eventualmente pasó? Esta es la parte donde yo quiero hacer más énfasis. No solo un desacuerdo; la Biblia sigue en los registros, hay muchas evidencias bíblicas de que se produjo una real reconciliación. Voy a mencionar algo. Primero, años más tarde, Pablo y Bernabé volvieron a juntarse. Dice Gálatas capítulo 2: después de 14 años, dice Pablo, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito. Los dos hombres que tuvieron un desacuerdo tan grande en el pasado todavía se amaban, todavía se cuidaban el uno al otro. Sus diferencias personales no disminuyeron su aprecio. Sus diferencias personales no disminuyeron su admiración.

No solamente Pablo y Bernabé. Pablo y Juan Marcos también se reconciliaron. Esto es impresionante. Escribiendo a la iglesia de los Colosenses, dice Colosenses 4:10: "También Marcos, el primo de Bernabé, acerca del cual recibisteis instrucciones: si él va a vosotros, recibidlo bien." Si Juan Marcos los visita, como está instruido, yo quiero que lo reciban bien. De hecho, el mismo texto menciona que él fue motivo de mucho consuelo para el apóstol. Dice: "También Jesús, llamado Justo. Estos son los únicos colaboradores para el reino de Dios que son de la circuncisión, y han sido de gran estímulo para mí", dice el apóstol Pablo. Juan Marcos, años después, dice el apóstol Pablo, ha sido de gran estímulo para mí. Lo llama colaborador en el Evangelio.

Cuando Pablo escribe en 2 Timoteo 4:11, para mí es una de las declaraciones más hermosas de un maestro hacia un discípulo. Escuchen esto: "Solo Lucas está conmigo." Y en su despedida le dice a Timoteo: "Toma a Marcos y tráelo contigo, porque me es muy útil para el ministerio." Pablo le dice a este joven pastor Timoteo: trae a Marcos, es de gran estímulo, es de gran utilidad para mí.

No solamente para Pablo; Juan Marcos creció y fue de gran ayuda para Pedro también. Cuando Pedro habla de Juan Marcos, dice así en 1 Pedro 5:13: "La que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, os saluda, y también mi hijo Marcos." "Mi hijo Marcos", dice el apóstol Pedro. Y como si eso no fuera poco, este joven Juan Marcos llegó a crecer tanto que la mayoría de los estudiosos de la Biblia coinciden en enseñar que él es el autor del Evangelio que lleva su nombre, el Evangelio según San Marcos. Aun al día de hoy sigue sirviéndonos como autor de ese Evangelio.

Esa historia muestra la realidad humana: nuestras debilidades y nuestros pecados crean una real dificultad en el deseo de glorificar a Dios. Esa historia muestra también la realidad divina: nuestros pecados y debilidades no impedirán que el Dios soberano lleve a cabo sus propósitos para su reino.

¿Qué lecciones podemos aprender de este desacuerdo? Cinco lecciones prácticas que yo quisiera proponer como enseñanza de esto. Primero, debemos aprender a cultivar el espíritu de Bernabé. En la iglesia hay de todo: hay Pablo y hay Bernabé. Algunos están orientados a metas y obras; otros están orientados a la gente, a desarrollar potencial. Nosotros debemos sostener a los débiles; debemos aprender a ser pacientes con todos. Bernabé estaba dispuesto a dar una segunda oportunidad a este joven. Bernabé era conocido como un hombre de un espíritu especial para animar. Dice que cuando lo mandaron a la iglesia que estaba en un despertar, él llegó, vio la gracia de Dios, y dice Hechos capítulo 11 que era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe.

Bernabé estimulaba a los nuevos creyentes. ¿Saben qué hizo Bernabé? Cuando lo enviaron allá y vio aquello, él salió a buscar a Saulo, a Pablo, que estaba en Tarso. Pablo era un perseguidor de la iglesia; tuvo un encuentro con el Señor, pero ese hombre era tan conocido por su maldad en la persecución, que ahora siendo nuevo creyente la gente no le creía. La gente estaba, diríamos en dominicano, chismosa: ¿será verdad o no será verdad?, porque él entraba a las casas de los cristianos para perseguirlos. ¿Saben quién se encargó de eso? Bernabé. Miren lo que dice en Hechos 9:26-27: "Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le temían, no creyendo que fuera discípulo. Entonces Bernabé lo tomó y lo presentó a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino, y cómo le había hablado, y cómo en Damasco había hablado con valor en el nombre de Jesús."

Necesitamos cultivar como pueblo, como iglesia, ese espíritu de gracia. Dice 1 Tesalonicenses 5:14: "Os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, pero también que animéis a los desalentados, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos." Una de las grandezas que aprendemos aquí de Bernabé es que estuvo dispuesto a dar una segunda oportunidad.

Y Dios es así también. La Biblia está llena de testimonios de que nuestro Dios es un Dios que da segundas oportunidades. Dios le dio una segunda oportunidad a Jonás. Recuerdan ustedes la historia de Jonás: Dios lo había enviado a Nínive y él dijo "no voy para allá", y en desobediencia abierta se fue a Tarsis. Y saben qué pasó: hubo que mandarle un gran pez, de este tamaño, hasta llevarlo para atrás. Pero Dios le dio una segunda oportunidad. Dice Jonás 3:1-3: "La palabra del Señor vino por segunda vez a Jonás: anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclama el mensaje que te voy a dar." Y Jonás se fue hacia Nínive conforme al mandato del Señor.

Dios le dio una segunda oportunidad a Pedro. Pedro negó al Señor tres veces. El registro bíblico nos cuenta que cuando arrestaron a Jesús, Pedro lo observaba un poco de lejos, pero en el grupo hubo gente que lo identificó y le dijeron: "Tú eres de Él, nosotros te hemos visto." Y él dijo: "Yo no conozco a ese hombre." Y la tercera vez que lo negó fue muy doloroso. Lo voy a leer en el Evangelio de Lucas, donde se registra la tercera negación de Pedro. Cuando le dijeron: "Tú eres de Él", él respondió: "Te digo que no sé de qué estás hablando, hombre, no conozco a ese Señor." Y al instante, estando él todavía hablando, cantó un gallo. Entonces el Señor se volvió y miró a Pedro. Jesús, al escuchar el canto del gallo y la negación, se volvió hacia él y lo miró. No hubo palabras, solo lo miró. Y Pedro recordó la palabra del Señor, cómo le había dicho: "Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces." Y dice que Pedro salió afuera y lloró amargamente. El griego dice: desconsoladamente lloró. Negó a su Señor de una manera vergonzosa, quizás cuando Jesús más lo necesitaba. Pero Dios le dio una segunda oportunidad.

Esto es impresionante. Cuando Jesús resucitó, María Magdalena y Salomé fueron a visitar el sepulcro y se encontraron con que estaba vacío, y se toparon con un ángel. Escuchen las palabras del ángel, el primer mensaje de Dios inmediatamente después de haber sido Jesús resucitado. Escuchen lo que dijo el ángel en Marcos 16:6-7: "No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Mirad el lugar donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que Él va delante de vosotros a Galilea." La única persona que fue llamada de manera particular para recibir la más grandiosa noticia —que Jesús ha resucitado— fue Pedro. El ángel le dijo a las mujeres: "Vayan a los discípulos, y sobre todo a Pedro. Díganle que Jesús resucitó."

Y cuando Jesús está reponiendo a Pedro en el ministerio, la pregunta que le hizo fue: "¿Me amas, Pedro?" Tres veces. Pero, "¿me amas?, ¿me amas?" Y la tercera vez dice que Pedro se dolió de que el Señor todavía le preguntara si le amaba. La respuesta de Pedro fue: "Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero." Y Jesús dijo: "Apacienta mis ovejas." Dios le dio una segunda oportunidad a Marcos. Dios le dio una segunda oportunidad a Jonás. Dios le dio una segunda oportunidad a Pedro. Y Dios te da una segunda oportunidad a ti hoy, porque Dios es un Dios de misericordia. Sus misericordias son nuevas cada mañana. Y eso debe ser lo que más nos impacte de Dios, y eso debe ser exactamente lo que más reflejemos de Dios. Debemos ser gente llena de compasión, llena de misericordia, llena de gracia.

En segundo lugar, algo que aprendemos en esta historia del desacuerdo es que el trabajo del Señor y del reino es lo primero, en prioridad sobre nuestras diferencias personales. Pablo y Bernabé no estaban dispuestos a dejar que su contienda afectara su servicio al Señor. Es verdad que no pudieron llegar a un acuerdo, pero ambos continuaron su servicio al Señor. Por tanto, nuestros desacuerdos no deben impedir que sirvamos al Señor. La madurez espiritual no significa que no habrá diferencias personales; las diferencias pueden surgir aun entre buenos hombres con buena teología, comprometidos con la causa de Cristo. Pero el punto es que ellos pudieron servir fielmente a pesar de esas diferencias. Ellos se diferenciaban en lo personal, pero estaban unidos en el mensaje, estaban unidos en la visión.

En tercer lugar, observando a este joven Juan Marcos, nosotros debemos aprender que nunca debemos rendirnos mientras seguimos intentando las cosas. Nunca debemos rendirnos mientras estamos intentando.

Quizás este joven pudo haber dejado que su fracaso en el primer viaje misionero lo desalentara para servir al Señor. Algunos de nosotros tenemos fallos y fracasos en la vida, pero eso no debe detenernos. Eso debe ser una oportunidad para aprender y para seguir. Él aprovechó la coyuntura, él se dispuso a aprender. Cometer un error no es razón para dejar de intentar servir de nuevo al Señor. Él se repuso, maduró, creció.

En cuarto lugar, y quizás la parte más importante para mí de esto, es que debemos aprender a combatir el resentimiento. Debemos aprender a combatir el resentimiento. El problema muchas veces no es el desacuerdo; el problema es el resentimiento que se deja. Si no sabemos trabajar eso, entonces el desacuerdo será una real dificultad. Pablo pudo vencer eso. Pablo pudo decir de este joven, años después, que es muy útil en el ministerio.

Algunos de nosotros tenemos serias dificultades en perdonar a aquellos que nos decepcionan; algunos de nosotros tenemos dificultad para perdonar a aquellos que nos ofenden. Esto no fue una dificultad para estos hombres. Ellos fueron capaces de demostrar en el tiempo que su diferencia era personal, no más de ahí. Y ese es un buen tiempo para nosotros reflexionar en esta verdad.

Si nosotros estamos en tiempo de Navidad, entiéndase, celebramos el más precioso regalo que jamás un hombre pueda recibir, que es Jesús; eso es lo que debe distinguir un tiempo como este. Nosotros debemos aprender a perdonar. Nosotros debemos aprender a combatir el resentimiento en nuestros corazones. Este es un buen tiempo para dar y recibir perdón. No regales en Navidad solo lo que se puede comprar. Hay un regalo más hermoso que solo se alcanza por la gracia: aprendamos a regalar perdón, aprendamos a buscar reconciliación.

Este es un buen momento para reflexionar sobre amistades que están en cuestionamiento, relaciones en la iglesia, en la familia, a nuestro alrededor. El mejor regalo que nos podemos dar a nosotros mismos es otorgar el perdón. El perdón sana; la amargura es el inicio de un proceso de destrucción. Es más bendecido el que da el perdón que el que lo recibe, porque al perdonar somos liberados de la esclavitud del odio, somos liberados de la esclavitud del desprecio.

Y finalmente, en quinto lugar, aprendemos que el final es siempre mejor que el principio. El final es siempre mejor que el principio. Esto empezó en un gran desacuerdo, en una gran controversia, pero terminó en una gran bendición. Pablo creció, Bernabé creció, Juan Marcos creció, pudo ser útil a los apóstoles y puede ser útil a nosotros habiendo escrito uno de los evangelios. El final de las cosas es mejor que el comienzo.

Dice el predicador en Eclesiastés 7:8: "Mejor es el fin de un asunto que su comienzo; mejor es la paciencia de espíritu que la altivez de espíritu." Por tanto, el éxito no se puede medir por cómo comenzamos; el éxito se mide sobre todo por cómo terminamos. Este desacuerdo evidenció que aún los mejores siervos son imperfectos y pecadores. Por otro lado, ese desacuerdo mostró la multiforme gracia de Dios para sacar lo mejor de la situación.

Es un evento que enseña mucho acerca de lo que somos nosotros como seres humanos, pero es un evento que sobre todo enseña mucho de lo que Dios es como Rey soberano. Hay lecciones espirituales que podemos aprender de este conflicto temporal. Es una historia que muestra nuestra realidad humana: somos pecadores, hay debilidades, y eso creará dificultades reales en el deseo de glorificar a Dios. Pero es una historia que enseña también la realidad divina: nuestros pecados y debilidades no impedirán que el Dios soberano lleve a cabo sus propósitos. Dios siempre será exaltado entre las naciones; a Él sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos.

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Luis Méndez

Luis Méndez

Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D