IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La vida no consiste en lo que poseemos, aunque tengamos en abundancia. Esta advertencia de Jesús en Lucas 12 confronta una mentira que nuestra cultura repite sin cesar: que valemos por lo que tenemos, que la satisfacción está en acumular más. Pero la avaricia no es cuestión de cantidad sino de actitud. Un pobre puede ser avaricioso si vive descontento con lo que tiene; un rico puede no serlo si está agradecido. El problema está en el corazón que siempre quiere más, como el sediento que bebe agua salada pensando que calmará su sed, solo para descubrir que cada trago aumenta su desesperación.
La parábola del rico insensato lo ilustra con claridad. Un hombre se enriquece legítimamente por medio de la agricultura, pero comete tres errores fatales: olvida que Dios le dio lo que tiene, olvida a los demás al pensar solo en sí mismo, y olvida su propia muerte al creer que sus bienes le garantizan el futuro. Su monólogo revela su corazón: "mis graneros, mis granos, mi alma". Cuando le dice a su alma que descanse porque tiene bienes para muchos años, confunde la comodidad del cuerpo con la satisfacción del espíritu. Y cuando pone su seguridad en lo acumulado en vez de en Dios, cae en idolatría.
El veredicto divino es contundente: necio. Porque esa misma noche moriría, y todo quedaría atrás. La pregunta que queda resonando es directa: ¿estamos acumulando tesoros para nosotros mismos o siendo ricos para con Dios?
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Alguien decía que nosotros somos hoy en día consumidores, consumidos por el consumismo. Yo quisiera entonces que fuéramos a Lucas 12, leyéramos una parábola de Jesús y profundizáramos en ella, porque aquí está una gran parte de las enseñanzas que tienen que ver con la avaricia en nosotros.
Lucas 12, versículos 13 al 21. Dice así: "Uno de la multitud le dijo: 'Maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo.' Pero él le dijo: 'Hombre, ¿quién me ha puesto por juez o árbitro entre vosotros?' Y les dijo: 'Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia, porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes.' También les refirió una parábola diciendo: 'La tierra de cierto hombre rico había producido mucho, y pensaba dentro de sí diciendo: ¿Qué haré, ya que no tengo dónde almacenar mis cosechas? Entonces dijo: Esto haré, derribaré mis graneros, edificaré otros más grandes y allí almacenaré todo mi grano y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete. Pero Dios le dijo: Necio, esta misma noche te reclaman el alma, y ahora, ¿para quién será lo que has provisto? Así es el que acumula tesoro para sí y no es rico para con Dios.'"
Esta es la enseñanza de Jesús en el capítulo 12 de Lucas. Fíjense que estamos comenzando a leer en el versículo 13, pero desde el versículo 1, Jesús se encuentra rodeado de personas, miles y miles de personas, como nos dice ese versículo. Estaban a su alrededor, y Él estaba enseñando diversas cosas. Una de ellas era que los discípulos se guardaran de la hipocresía, que era la levadura de los fariseos; eso se puede encontrar en el versículo 1.
La levadura normalmente en la Biblia es usada como símbolo del pecado. Cuando le ponen levadura al pan, el pan se infla, pero también se daña más rápido. La levadura acelera el proceso de podredumbre, de putrefacción o de oxidación de ciertos elementos, y es usada como un símbolo de pecado, de contaminación. El versículo 1 dice: "Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía."
Uno de los señalamientos más reiterados de Jesús contra los fariseos fue precisamente la hipocresía. La hipocresía es, básicamente, aparentar algo que yo no soy. El pecado más grave de los fariseos estaba en que ellos pretendían por fuera estar bien con Dios, pero por dentro nunca se reconocieron pecadores, nunca se reconocieron como necesitados de la gracia de Dios. Siempre querían guardar las formas externas, pero nunca cambiaron el corazón; eran unos hipócritas. Y Cristo les dice en el versículo 1: "Guárdense de ese tipo de movimiento, de ese tipo de religión que les dice que guarden las formas sin cambiar el corazón, sin cambiar el fondo."
Continuando con eso, Jesús comienza a enseñar acerca de la hipocresía y les dice que no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, que no hay nada que se haya dicho en secreto que luego no se diga en voz alta. Lo que está diciendo, básicamente, es que la hipocresía de los fariseos en algún momento sería expuesta, ya sea que Dios la exponga o ya sea que en el transcurso de su vida sea expuesta. Luego les dice que al que le confiese delante de los hombres, Él le confesará delante de su Padre, y al que le niegue delante de los hombres, Él le negará delante de su Padre. Y concluye, todo eso en los versículos anteriores al texto que leímos hoy, diciendo que aquellos que sean perseguidos por causa de Jesucristo, el Espíritu Santo les dará las palabras que deben hablar.
En ese momento, donde Cristo está hablando de cosas espirituales, de la confesión delante del Padre, de la confesión delante de los hombres, de cómo el Espíritu va a ayudar al creyente, viene uno de en medio de la multitud y le dice: "Jesús, dile a mi hermano que me dé mi herencia." Eso es como si alguno de ustedes, en este momento, mientras yo estoy hablando del mensaje de Dios, viniera y me dijera: "¿En qué quedamos con el mecánico? ¿Lo vamos a mandar o no?" Algo totalmente fuera de contexto. A este hombre no le interesa lo que Cristo está diciendo, no le interesa lo que Cristo está enseñando, no le interesan las cosas espirituales. Es el pensamiento materialista: él viene a resolver su problema delante de Cristo, delante de Jesús, no buscando consejo, porque no viene y le dice: "Mira, Jesús, quiero contarte el problema que pasó con mi hermano y conmigo, ¿qué tú crees?" Sencillamente quiere usar la autoridad de Jesús como maestro, como rabí, para persuadir a su hermano a que le den su herencia. Está preocupado por resolver su problema económico.
En ese contexto, Jesús le dice: "Hombre, ¿quién me ha puesto por juez entre tú y tu hermano?" En otras palabras: "¿Qué tengo yo que ver con eso? Yo no he venido a eso." Y lo que llama la atención es que Jesús no le habló de la herencia, no le habló si era justo o no era justo, si tenía que reconciliarse con su hermano; no lo llevó a nada de eso. De lo que Jesús le habló fue de la avaricia que Él detectó en el corazón de ese individuo que venía con esa petición. Eso sí es un asunto que Cristo nunca, nunca evadió: confrontar el pecado de la gente. El pecado es el problema principal del ser humano, no es el dinero, no es lo que tiene o lo que posee; es su relación con Dios, que es afectada por esta condición de pecado, y eso es lo que Cristo establece en este momento.
Le dice: "Hombre, ¿quién me ha puesto como juez?" E inmediatamente viene el próximo versículo y les dice: "Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia, porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes." Eso es una amonestación, un mandato que Cristo le da a ese hombre y a los discípulos que estaban allí. Tratando de profundizar en qué implicación tiene este mandato, la primera expresión que encontramos es "estad atentos." La palabra en el original indica que estemos pendientes, que observemos, que discernamos, que podamos percibir si en nuestros corazones hay avaricia, amor excesivo por lo material. Y cuando Cristo dice "estad atentos, cuídense de esto," es porque existe el riesgo de que yo sea una persona avariciosa y materialista y no me dé cuenta de eso.
Por eso nos llama a estar atentos, a percibir que esto puede entrar, sin darse mucha cuenta, en el corazón. Y hoy en día vivimos en una sociedad que constantemente nos dice que ya necesitamos subir de nivel, que necesitamos un vehículo de este tipo, que necesitamos vestirnos de otra manera porque ya nuestra posición lo amerita. Entonces comenzamos a creer que necesitamos una serie de cosas, que necesitamos hacer tal gasto, que necesitamos hacer tal otra cosa, y a veces caemos fácilmente en el amor por lo material, en el deseo de tener más, sin darnos cuenta, porque no estamos atentos a que eso nos puede consumir. Y Cristo les dice: "Cuídense de eso."
La expresión siguiente es "guardaos." Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia. Yo no guardo, yo no preservo algo a menos que esté dispuesto a tomar ciertas medidas para protegerlo. ¿Qué es lo que tengo que guardar? Mi corazón, obviamente; tener cuidado de que la avaricia no ocupe mis deseos, mis afectos. La avaricia es el deseo por lo material; que mi corazón no se vea ocupado por ese deseo. Yo tengo entonces que tomar ciertas medidas para evitar eso.
¿Y qué tipo de medidas? Bueno, hay una diversidad de medidas que podemos tomar, pero les pongo un ejemplo. Hace un tiempo el pastor cambió su carro y estaba muy, muy contento, muy ufano con su carro nuevo. Entonces el primero o segundo día le abollaron el carro. Al tercer día fue para la carretera, hubo mucho aguacero, mucho lodo, el carro vino todo sucio, etcétera. Entonces cuando nos reunimos después de su viaje, él dijo: "Bueno, ya lo profané." En el sentido de que cuando nosotros tenemos cosas materiales y de alguna manera les quitamos ese carácter sagrado que les damos, estamos protegiendo nuestro corazón de esa avaricia que a veces nos ocupa. A veces la mejor forma de profanar el dinero, ¿saben cuál es? Dándolo, otorgándole a otros el beneficio de mis recursos dentro de un marco de prudencia, de cuidado. A veces la mejor forma de profanarlo es decirle al dinero: "Tú no me posees; te regalo."
Cuiden su corazón de toda forma de avaricia. Estén atentos, porque esto puede ser sutil y, sin darse cuenta, nos podemos volver avaros, agarrados. Y cuando nos volvemos agarrados, las cosas me poseen a mí en lugar de yo poseer las cosas, y eso es un problema delante de Dios.
Esas son las dos primeras palabras del mandato. Estad atentos, tengan cuidado, guárdense, tomen medidas para evitar esto, para protegerse de la avaricia. La palabra en el griego es *pleonexia*, y lo que significa es "deseo de tener más." Cristo no está criticando la riqueza, no está criticando el que yo posea muchos bienes; lo que está criticando es la actitud del que posee muchos bienes y tiene un corazón avaricioso. La avaricia tiene que ver, más bien, no con la cantidad de cosas que tengo, sino con mi descontento con lo que tengo. Es, literalmente, deseo de tener más; eso es avaricia.
Un pobre, una persona de escasos recursos, puede ser avariciosa. Este no es un mensaje solo para los ricos. Un rico también puede serlo. Hay pobres avaricioso y hay ricos que no lo son, y ¿cómo puede ser eso? Bueno, porque hay pobres que no están contentos con lo que tienen y hay ricos que sí están contentos con lo que tienen. Uno es avaricioso y el otro no. El monto de riqueza que yo tenga no determina si soy avaricioso o no.
Cristo no está criticando la cantidad de riqueza. Él está criticando la actitud de "yo tengo, pero quiero más". Ese es el corazón avaricioso: el que no está contento, conforme y agradecido de lo que Dios le ha dado. Cuídense de eso, cuídense de eso.
A lo largo de la Biblia hay muchos ejemplos de hombres de Dios que fueron hombres muy adinerados, comenzando con Abraham, que fue un hombre muy adinerado. Job también lo fue, David también lo fue, Salomón también lo fue. En el Nuevo Testamento se entiende que José de Arimatea era un hombre muy adinerado, y todos eran hombres de Dios. Pero manejaban sus riquezas de tal manera que las riquezas no los poseían a ellos. En algunos casos, como Salomón, hubo desvíos en su vida, pero manejaban sus riquezas de tal manera que glorificasen a Dios.
Entonces el problema no está en el tener. El problema está en no estar satisfecho y contento con lo que uno tiene. Cuando yo me siento así, cuando me siento inconforme con lo que tengo, estoy descontento y quiero más, y pienso que si tengo más voy a estar contento, voy a estar agradecido. Eso es un error pensar de esa manera. Las riquezas no satisfacen el descontento del corazón.
Miren cómo lo dice Eclesiastés 5:10: "El que ama el dinero no se saciará de dinero, y el que ama la abundancia no se saciará de ganancias." El que piensa que las riquezas lo van a satisfacer es como el sediento que bebe agua de sal para quitarse la sed. El que bebe agua de sal piensa que se está quitando la sed, pero esa misma agua de sal le produce más sed y más sed y más sed. Al final, su sed lo mata.
Y cuando yo no estoy contento con lo que tengo, ni agradecido con lo que tengo, quiero más, tengo más y quiero más. Porque mi problema no está en lo que tengo; mi problema está en que no estoy satisfecho con lo que tengo. En una ocasión le preguntaron a Rockefeller: "Señor Rockefeller, ¿cuánto es necesario para ser feliz?" Y él dijo: "Un poco más de lo que se tiene." Un poquito más, un poquito más, un poquito más. Obviamente eso no termina nunca; es un círculo que no termina absolutamente nunca. Porque el que ama el dinero no se sacia de dinero, y el que ama las ganancias no se sacia de las ganancias. Es como el sediento con el agua de sal: el dinero no está hecho para satisfacer el corazón del ser humano.
Entonces, luego de dar esta advertencia —cuídense, guárdense de la avaricia, de estar en una actitud de querer más, de querer más, de querer más, de acumular más constantemente— el mismo versículo 15 dice: "Porque aún cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes." Aún cuando alguien tenga abundancia —esa palabra implica tener en exceso, tener de más—, aún cuando alguien tenga más allá de lo que necesita, mucho más allá de lo que requiere para su existencia, aún teniendo exceso, su vida no consiste en sus bienes.
Y la palabra "vida" es sumamente importante para conocer el sentido de este versículo. En el griego hay dos palabras para "vida". Una es *bios*, de donde viene "biología", que es la existencia: yo estoy vivo, en ese sentido tengo *bios*, tengo vida en cuanto a que existo. La otra palabra es *zoe*, que es vida verdadera, propósito, sentido, significado, plenitud. Lo que Cristo está diciendo aquí es que, aunque alguien tenga más de lo que necesita, su plenitud, su significado, su propósito no está en eso. Sepan eso.
Cuídense de la avaricia que los lleva a perseguir cosas que no los van a llenar, que no les van a dar propósito, que no les van a dar significado, que incluso los van a dejar más sedientos de lo que estaban. Esa es la enseñanza que Cristo está dando aquí. Si nosotros juntamos estos tres significados de la expresión "estén atentos y guárdense de toda forma de avaricia" y parafraseamos el versículo 15, miren lo que dice: estén pendientes y dispuestos a tomar medidas para que no haya avaricia en ustedes, porque al final, aunque tengan posesiones en exceso, la verdadera vida no está en ellas. Ese es el significado parafraseado del versículo 15, y esa es una idea contracultural hoy en día.
Esa es una idea que va en contra de todo lo que hoy en día escuchamos en todo lugar. Los medios de comunicación, la publicidad, la música, la industria de la moda, todo dice que las riquezas satisfacen, que los bienes materiales te pueden hacer feliz. Más aún, nos dicen: tú vales por lo que tienes. Tú vales por lo que manejas, tú vales por lo que te pones encima; tu identidad está determinada por el celular que usas. Y amarran toda la existencia humana, toda la satisfacción humana, a las posesiones. Eso es lo que hoy en día nos dicen constantemente casi todos los medios de comunicación.
Los mismos comerciales tienen un modelo o una modelo dejándonos ver como que están tan felices por tener ese celular, tan felices por estar en ese *resort*, tan felices por estar aquí o allá. Vean sus vidas privadas reales y vean si eso es real. No es real. No existe aquello de que el corazón de los hombres es satisfecho con aquello que lo material le puede proveer.
Hoy en día la industria de la música —yo creo que el 99% de los videos musicales— tiene que ver con dos cosas: dinero y sensualidad. Cuando no es una pareja en una cama, son cuatro individuos bailando frente a dos carros de lujo, tirando dinero para arriba. ¿Qué es lo que me están diciendo? ¿Cuál es el mensaje? ¿Me van a decir que la están pasando muy bien? ¿Que tirar dinero para arriba es satisfacción y plenitud? ¿Que manejar un carro último modelo de trescientos mil dólares te llena el corazón? No, eso no lo garantizo. Vean sus vidas privadas y vean si son vidas satisfechas y plenas.
Ahí no está la vida, dijo Cristo. Ahí no está la verdadera vida, la vida que vale, la vida con propósito, la vida con significado. Y lo que pasa es que cuando tengo este concepto distorsionado —de que yo valgo por lo que tengo y de que la riqueza me puede llenar el corazón— las persigo a costa de lo que sea. Cuando pienso de esa manera, estoy dispuesto a hacer lo que sea para conseguirlo, porque me han dicho que eso me da la vida.
Y tenemos un gran problema, que es lo que describió Pablo en 1 Timoteo 6:9: "Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores."
El perseguir el dinero a costa de lo que sea produce muchos dolores. Cuando a un hombre lo absorbe el trabajo a expensas de su familia, eso produce mucho dolor; se torturan con dolores. Cuando una mujer ignora su responsabilidad de madre y se va a la calle para tener un mejor nivel de vida, ¿de cuál vida me están hablando? Un mejor nivel económico, sí, eso te lo compro; pero no un mejor nivel de vida, porque ahí no está la vida. Se torturan con muchos dolores. Entonces la sociedad de hoy se canta y se llora: los hijos tienen problemas, pero hay que hacer esto, y aquello no, y vamos a ponerlo a hacer otra cosa, pero que yo no deje lo que quiero, eso no. Y se canta y se llora.
Cuando yo creo que el dinero me da la satisfacción, estoy dispuesto a caer en muchísimas otras perversiones que me llevan a conseguir aquello que creo que me satisface. ¿Qué tienta a un joven a dejar los estudios, dejar su crecimiento profesional y traficar droga en un barrio? ¿Qué lo tienta? El deseo de tener. ¿Qué tienta a un funcionario público a aceptar un soborno, en perjuicio de los contribuyentes y en perjuicio de su propia reputación? Porque todo funcionario que acepta dinero, al otro día todo el mundo se da cuenta: con el carro que tiene, con la vivienda que tiene, todo el mundo por detrás dice que es un ladrón. Nadie se lo dice diferente, pero todo el mundo lo dice. Son expresiones duras, pero esa es la verdad del mundo que nosotros vivimos.
¿Qué lleva a un empresario a mentir en su declaración de impuestos? El deseo de tener más. Entonces está dispuesto a firmar una declaración que dice "empresa tal", pone sus ingresos de menos, pone sus gastos de más, no importa cómo lo acomode: de cualquier manera es un informe falso. Firma abajo y lo sella con el sello de la empresa, y ese es el cuerpo del delito que dice "yo soy un mentiroso". ¿Qué tienta a ese individuo a convertirse en un mentiroso, en un evasor? Ganar más. "Los que quieren enriquecerse caen en muchas tentaciones y en lazo."
¿Qué tienta a un empleado a hablar mal de su compañero para quedarse con su posición? ¿Se fijan? Es cierto que nos torturamos con muchos dolores cuando entendemos que la riqueza y los bienes materiales nos satisfacen, y estamos dispuestos a hacer lo que sea para conseguirlos porque estamos en busca de esa satisfacción. Pero si corregimos ese entendimiento desde el principio y no olvidamos que eso no es así, vamos a proteger el corazón. Y aunque nos propongan cosas para ganar más, si no está bien delante de Dios, no caemos en ese lazo, no tropezamos con esa piedra.
En una ocasión, un pastor va a visitar a un miembro de su iglesia. Esa familia, queriendo agasajar al pastor, le dice a su hijita de seis años: "Mamita, busca el libro que siempre estamos leyendo y tráelo para leerlo y compartirlo con el pastor." La mamá se refería a la Biblia, y la niña trajo un catálogo de Sears.
Entonces, esa familia, esa mamá no se ha dado cuenta de que realmente la hija había percibido que yo leí más el catálogo que la Biblia. "De vergüenza, hay pastor, lo que pasa es que el catálogo estaba ahí mismo junto a la Biblia." No, mentira, ahora para tapar el... Es útil, señores: la avaricia y el materialismo se introducen sutilmente, y pensamos que estamos persiguiendo la satisfacción personal, pero al final estamos amando más lo material que lo espiritual, y estamos cayendo en una avaricia en nuestra vida. Y a veces nuestros hijos perciben más eso que nosotros mismos. Es una historia real, por cierto.
Después de dar esa advertencia —cuídense, estén atentos de toda forma de avaricia porque la vida no está ahí—, la verdadera vida no está ahí. En la parábola, esto es como para enfatizar; diríamos en el hablar dominicano: para requintar la enseñanza, para dejar plasmada y clara la enseñanza de lo que quiere decir. Y desde el versículo 16, Cristo dice: "La tierra de cierto hombre rico había producido mucho", y comienza a decir la parábola ahí, a lo largo de los próximos versículos.
Pero es interesante detenernos ahí, porque el hecho de que Jesús haya decidido tomar un empresario que se enriqueció de esa manera —cómo se enriqueció, porque se ve claramente la foto productiva— indica que se enriqueció de una manera lícita, de una manera honesta. En toda la parábola no hay una condenación sobre el método de enriquecimiento: no se habla de corrupción, no se habla de falta de integridad, no se habla de maltratos a los empleados. No, Jesús dice: "¡Este hombre se enriqueció lícitamente!" Pero el problema no fue el método; el problema fue que le dio a las riquezas un lugar que las riquezas no tienen y no deben tener.
Dios espera de nosotros no solamente que seamos honestos y serios en nuestro trabajo, en nuestras oficinas, en nuestras tareas, y que generemos recursos íntegra y honestamente. No, Él espera también que le demos a eso que conseguimos el lugar que verdaderamente le corresponde. Puede ser que un hombre tenga toda la honestidad de su lado, pero puede ser que se haya ido detrás del dinero, y ese es el problema.
Miren cómo lo dice Colosenses 3, versículo 5: "Por tanto, considerad a todos los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría." ¿De qué manera la avaricia se convierte en idolatría? ¿De qué manera el desear más cosas se convierte en idolatría a los ojos de Dios? Eso se lo vamos a ver en un momentito. Pero ciertamente queda claro en la parábola: Cristo no está reclamando el proceso ni el método; está reclamando que el hombre no le dio a la riqueza el lugar que le correspondía.
El otro aspecto importante de que Cristo escogió la agricultura es que no hay una actividad que sea más dependiente de factores externos. O sea, depende de la lluvia, depende de que lloviera bien, de que no lloviera mucho, de que lloviera un poquito, depende de absolutamente todo: depende de los vientos, depende de la salinidad, depende de un millón de cosas. Este hombre se había enriquecido por medio de la agricultura; pero al final es un acto de Dios, porque si Dios quiere alterar el clima de tal manera que él no produzca lo que produjo, él no fuese tan rico como es. Y aunque la actividad de la agricultura ilustra muy bien este punto, realmente cada peso que a nosotros nos entra es porque de alguna manera Dios ha permitido que así sea.
¿Ves por qué? Porque la Palabra dice que Dios es el dueño de todo lo que hay, y Él se lo da a quien Él quiera. Y a veces el dinero es una prueba. Hay mucha gente que sabe muy bien cómo manejar la dificultad, la lucha, los problemas, las cargas. Pero hay mucha gente que en la bonanza se desvía. Es una prueba del corazón humano: cuando Él te ha otorgado riquezas, Dios dice: "A ver qué vas a hacer ahora con la abundancia; déjame ver si le vas a dar el lugar apropiado a ella, si el lugar apropiado a mí." Y muchas veces es una prueba.
Este hombre, en medio de su felicidad y orgullo humano, se olvidó de que Dios le había dado esa bendición, y estaba inmerso en lo que tenía, olvidándose del dador, que es Dios. Ese fue el primer error que él cometió. Ese es el primer error que todo materialista muchas veces comete: pensar que lo que él tiene viene por su propio esfuerzo, porque se lo pagó y lo sudó. Y ciertamente hay una relación entre el esfuerzo humano y la prosperidad material; sí, es cierto, hay una relación. Pero ojo: esa capacidad de sudar, esa capacidad de pensar, depende de que Dios en su gracia te haya permitido ser así. Tú pudiste haber nacido con síndrome de Down, tú pudiste haber nacido con dos manos menos, tú pudiste haber nacido ciego. Y no, hay una gracia inicial con la que Dios te capacita y te posibilita tener lo que tú tienes. En otras palabras, lo que tenemos es la mejor evidencia de que le debemos gratitud a Dios, sea mucho o sea poco, no importa. Él es el dueño de todo; Él decide a quién dar mucho y a quién dar poco.
Lo segundo que está en la parábola es que en los versículos 17 al 19 vamos a ver lo que plantea ahí. Dice: "Y pensaba dentro de sí, diciendo: '¿Qué haré, ya que no tengo donde almacenar mis cosechas?' Entonces dijo: 'Esto haré: derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes, y allí almacenaré todo mi grano y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete.'" Él tenía un problema ahora: dónde guardar lo que tenía.
¿Saben una cosa? Es más común de lo que ustedes imaginan. El que tiene muchos bienes materiales, muchos recursos, normalmente tiene el problema de saber qué hace con eso: dónde lo invierte, dónde lo pone, qué compra, qué no compra; ¿compra euro, compra dólar, compra un solar, compra un apartamento? ¿Si un edificio, si una casa, si un carro, si una vivienda? ¿Qué hace con su dinero, dónde lo pone? ¿Saben otra cosa también? Que no importa dónde lo pongan, siempre hay riesgo. Por más segura que sea la estrategia de inversión, podemos diversificar todo lo que podamos, podemos pensar que estamos seguros, y sale algo que no previmos. Nosotros los economistas decimos que el mayor de los riesgos es el que no se conoce, porque siempre explota algo que nadie pensó que iba a explotar por ese lado, por lo menos.
Y entonces este hombre tenía ese problema: dónde ponerlo. A veces lo pone en dólar y el dólar se devalúa; si lo pone en euro, el euro se aprecia; si lo compra en edificio, algo del lado le hace que devalúe su propiedad; a veces compra un carro y solo lo chocan. Cuando uno viene a ver, tener dinero es en sí mismo un problema. Pero una consideración que él no hizo es que, si él tenía tanto que no sabía ni siquiera dónde guardarlo, quizás pudo haber pensado: "Pero si regalo una parte, quizás no son tan grandes los graneros que tengo que construir." ¿Verdad? No, el materialista no piensa así. El materialista piensa: "Lo mío es mío y lo tuyo también es mío."
Y entonces en esta expresión él dice: "Derribaré mis graneros, edificaré otros más grandes, allí almacenaré mi grano, mis bienes, diré a mi alma: tienes muchos bienes." Mío, mío, mío, mío, mío. Y algo interesante es que cuando el materialista decide usar sus recursos como le parece, normalmente un corazón materialista o un corazón avaricioso siempre encuentra recursos para sus lujos, para sus excentricidades, pero cuando se trata de compartir ese recurso, bueno: "Vamos a ver, yo te aviso. Yo te aviso, no; tú sabes que tengo una inversión que no la puedo cancelar, entonces no tengo liquidez." Y al final no le da nada, pero al final sí hace lo que quiere. Siempre hay dinero para lo que yo quiero, no para lo que el otro necesita.
Y este hombre le pasó eso. Pero en el versículo 19 hay algo muy significativo, y es que él le dice: "Diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años." La pregunta clave aquí es: ¿cuándo lo material ha satisfecho el alma? Él está confundido; él cree que el dinero satisface el alma, y no es así. El dinero no satisface el alma, no satisface el hambre de significado que el ser humano tiene; solamente lo satisfacen los bienes espirituales y lo espiritual. Eso es una contradicción en su autodiálogo, porque miren otra cosa: el materialista es muy orgulloso y muchas veces no habla con más nadie, no consulta con mucha gente. Él se habla a sí mismo: "¿Dónde voy a guardar estas cosas? Yo no sé, ahora déjame ver, bueno..." Se habla a sí mismo, y hasta a su alma le dice: "Mira, ahora tú ya puedes descansar."
Y entonces este individuo confunde lo que es la satisfacción del cuerpo con la satisfacción del alma. Él podía estar muy cómodo, podía estar muy provisto, podía tener todos los placeres de comida, bebida, vida y de lo que él quisiera, pero su alma no estaría satisfecha. Y esa es una contradicción que Cristo nos la pone ahí para que la veamos con claridad.
En el versículo 19 también vemos la idolatría hacia los bienes materiales. ¿Dónde está la idolatría en los bienes materiales? Miren lo que le dice a su alma: "Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años." Como ya está acumulado suficiente, como ya tienes lo que necesitas, como ya no falta nada, ahora descansa. Y cuando yo comienzo a poner mi seguridad en lo que yo tengo acumulado y no en la fidelidad de Dios, no en la provisión de Dios, yo estoy idolatrando lo material. ¿Ven algo en eso? ¿Por qué? Porque solo Dios puede garantizar el futuro al cien por ciento. Como les decía hace un momento, las riquezas son volátiles, los riesgos son desconocidos, y a veces las cosas que pensamos que van a subir bajan, y lo que va a bajar sube.
Lo único que me da garantía es la promesa de que Dios proveerá para todas mis necesidades. Eso es una promesa que no cambia, que no cambia. Tenga mucho, tenga poco, Dios dice: "Yo te proveeré para tus necesidades. Tranquilo, que el alma esté tranquila y quieta, que yo proveeré para los míos."
Pero este hombre le dijo a su alma: "Ya tú tienes suficiente, estás tranquilo, tú seguro." Y ahí está el primer punto de cómo se idolatra lo material. No solamente le dice a su alma que descanse; le dice también: "Come, bebe, diviértete." En otras palabras, como ya tú tienes bienes, ahora tú tienes que gozar la vida. En otras palabras, tu satisfacción en la vida depende de lo que tú tienes. "Come, bebe, diviértete", eso te satisface. Y cuando yo pongo mi satisfacción y la desplazo de Dios y la pongo en lo material, yo caigo de lleno en la idolatría. Cuando yo pienso que lo material me va a satisfacer, me va a dar gozo, yo caigo en idolatría.
Ese es el razonamiento, ese es el pensamiento del corazón materialista. Es la razón por la cual Jesús dice: "En verdad os digo que es difícil que un rico entre en el reino de los cielos." No dice que es imposible, dice que es difícil. ¿Por qué es difícil para un rico entrar al reino de los cielos, o para un avaro entrar en el reino de los cielos? Bueno, porque el dinero, las posesiones, refuerzan una inclinación natural que tú y yo tenemos a vivir separados de Dios. Cuando yo tengo mucho, yo creo que puedo solo. Entonces esa inclinación, que es natural, cuando me dan dinero, ahora marcho separado de Dios, porque yo tengo lo que necesito. Y al reforzar esa tendencia se dificulta que un rico entre al reino de los cielos.
Pero gracias a Dios que, en el versículo más abajo, Dios dice: "Pero lo que es imposible para los hombres es posible para Dios." En otras palabras, Dios puede hacer entrar a un rico al reino de los cielos. Sí, y han entrado muchos. Si hay muchos ricos allá, y muchos pobres en el infierno también, no depende de lo que tengamos; va a depender de que yo ponga mi confianza en Dios, tenga mucho, tenga poco.
Entonces, por último, la opinión de Dios acerca de este cuadro, de este discurso, de este hombre. Un hombre exitoso con sus graneros, ¿eh? A los ojos del mundo, un nombre exitoso, ¿eh? ¿Se dieron cuenta, verdad? Tiene lo que necesita. Aparentemente, humanamente hablando, es un hombre que ha acumulado tantos recursos que no tiene ni siquiera dónde ponerlos. Tiene dinero para derribar sus graneros y hacer otros nuevos, tiene dinero para vivir muchos años; es un hombre exitoso humanamente hablando.
Miren la opinión de Dios al éxito del mundo. Versículo 20: "Pero Dios le dijo: Necio." En griego, "áphrōn": estúpido, ignorante, para ponerlo más fino, destituido de conocimiento. Eso fue lo que Dios le dijo. Es un ignorante el que cree que lo que tiene es por esfuerzo propio, el que cree que lo que tiene le ha sido dado para su propio beneficio, el que cree que lo que tiene le va a durar para toda la vida y la eternidad. Olvidó tres cositas: olvidó a Dios, no le agradeció a Dios lo que Dios le había dado; olvidó a los demás —mis graneros, mis granos, mis cosas para yo vivir tranquilo, yo—; y olvidó algo increíblemente evidente para todos nosotros: olvidó su muerte.
Olvidó que por más que acumule, esto aquí es temporal, y más temporal de lo que todos imaginamos, y más corto de lo que todos podemos pensar. Dios trata la vida del ser humano, le dice al ser humano: "Tú sabes una cosa, ser humano, tú vives como un soplo, vives como el rocío que moja la grama en la mañana y al mediodía se seca." Así trata Dios la temporalidad humana. Y este hombre se olvidó de Dios, se olvidó de los demás, se olvidó de su eternidad.
Y de hecho nosotros vivimos muy aferrados a las cosas materiales. Vivimos tan aferrados que a veces no deseamos ir al cielo; vivimos tan contentos aquí abajo que no anhelamos el cielo. Preparamos tanto las cosas aquí que es como si fuera aquí donde nos vamos a quedar. Y le pasa como a aquel individuo que fue a visitar a un rabino judío, un hombre famoso por sus libros y sus escritos. Este americano va a Alemania a visitar a este rabino judío, y el rabino lo recibe en un cuartico pequeño, lleno de libros, con una cama. Entonces el americano le pregunta: "Perdón, ¿y sus muebles?" Dice el rabino: "Bueno, ¿y los tuyos dónde están?" Y el americano le responde: "Bueno, los míos están en mi casa; es que yo estoy de paso aquí." Y el rabino judío le dice: "Bueno, yo también estoy de paso en esta vida. ¿Para qué acumular tanto, si al final todo quedará aquí?"
Y le pasó algo similar —y esto es una historia real— cuando murió Rockefeller, el principal de los Rockefeller. Alguien quería saber cuánto había dejado Rockefeller, cuánto dejó atrás. Buscó y buscó, y le hizo la pregunta a uno de los ejecutivos: "¿Cuánto dejó el señor Rockefeller al morir?" Y la respuesta fue: "Lo dejó todo." Lo dejó todo. Nunca hemos visto un ataúd con un furgón de trailer atrás, ¿verdad? Lo dejó todo.
La opinión de Dios es que este hombre es un necio, un ignorante. Y es dura esta expresión, pero cuando nosotros pensamos en la realidad de la vida, en lo que es la vida y en lo que son las cosas materiales, nos damos cuenta de que el que piensa de esa manera —como que lo material lo va a satisfacer, y se agarra tanto a lo material como si fuera su Dios— ese individuo, pensando racionalmente, es un ignorante; está actuando como un necio, porque está ignorando la temporalidad de todo lo que tiene.
¿Cómo podríamos nosotros, entonces, en lugar de vivir de esta manera, en vez de acumular recursos para nosotros mismos y tesoros para nosotros mismos, acumular tesoro en los cielos? Esa es la pregunta. Y aunque eso lo veremos en otro mensaje, una pista nada más: cuando yo acumulo recursos para mí mismo, yo retengo; cuando yo acumulo recursos para Dios, yo doy. Y así yo acumulo riqueza para Dios. Eso es lo que dice el versículo 21: "Así es el que acumula tesoro para sí, y no es rico para con Dios."
La riqueza del mundo es diferente a la riqueza para Dios. Puede haber un hombre rico aquí en la tierra que sea rico para con Dios también, ¿y saben por qué? Porque usa sus riquezas en beneficio del reino de Dios, de las necesidades de su pueblo, de las necesidades de los demás. Pero puede haber un rico que no tenga el más mínimo centavo espiritual acumulado en el cielo, porque nunca ha visto su riqueza como un medio para bendecir a otros. Y ahí eso es un problema.
Entonces quisiera ya concluir con algunas aplicaciones prácticas de esta enseñanza. En primer lugar, revisa tu corazón. Chequea si sutilmente el materialismo y la avaricia se han entrado en tu corazón y te están conduciendo a un tipo de vida, a un estilo de vida, a una valoración de lo material que está en contra de lo que la Palabra de Dios dice. Revisa el corazón, porque puede ser sutil esa ocupación del corazón.
Corrige y combate la idea de que mientras más tienes más vales, que mientras más acumulas más has logrado. ¿Usted no se ha dado cuenta de eso? El mundo asocia el logro con la acumulación. Cuando vemos que alguien tiene mucho, decimos: "La verdad que ha logrado mucho." ¿Sabe una cosa? A veces tú puedes haber acumulado todos los cuartos del mundo y haber logrado poco. La medida del logro no tiene que ver con lo que yo acumulo; tiene que ver con qué hago yo con lo que estoy ganando o acumulando. ¿Qué diferencia haría si yo me voy del mundo mañana? ¿Qué se nota? ¿Qué se cae, si yo me voy del mundo mañana?
Las riquezas no te son dadas solo para tu disfrute, sino para el beneficio de otros y de la obra de Dios. No te son dadas para que te enorgullezcas, sino para que agradezcas. Y no te son dadas para que las idolátres, sino para que adores y ames a aquel que te las da, que es el único digno de adoración y de salvación.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.