Integridad y Sabiduria
Sermones

No acumulen tesoro en la tierra

Héctor Salcedo 6 julio, 2008

El mandato de Jesús en el Sermón del Monte es claro: no acumulen tesoros en la tierra. Pero esto no significa que Dios prohíba la propiedad privada ni condene el tener bienes. Hombres como Abraham, David y José de Arimatea tuvieron mucho y nunca fueron condenados por ello. Lo que Cristo confronta es la actitud del corazón hacia lo material, ese afán de acumular mucho más allá de lo que necesitamos, simplemente por el deleite de ver crecer nuestro patrimonio. Porque donde está el tesoro, ahí está el corazón.

Las razones para no atesorar en la tierra son contundentes. Primero, las riquezas son perecederas: la polilla las destruye, los ladrones las roban, y al final se quedan aquí cuando partimos. Segundo, tienen un poder que nos ata a este mundo y desplaza nuestra confianza desde Dios hacia lo que poseemos. Tercero, nublan nuestra visión espiritual; quien tiene el corazón aferrado a lo material no puede ver las realidades del reino. Y cuarto, nadie puede servir a dos señores: cuando Dios dice comparte y las riquezas dicen todavía no tienes suficiente, hay un conflicto de señorío.

La fórmula para acumular tesoros en el cielo es sencilla: dando. Compartiendo con el necesitado, contribuyendo a la causa de Cristo, entendiendo que lo que tenemos no es nuestro sino un medio para bendecir a otros. En un mundo que acumula sin cesar, la generosidad del cristiano debe marcar la diferencia.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

O sea, Mateo. Íbamos a leer ahora cuál es la enseñanza de Cristo, de Jesús, acerca de los bienes materiales y las posesiones.

Mateo 6:19: "No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones penetran y roban. Sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido destruyen, y donde los ladrones no penetran y roban. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande no será la oscuridad! Nadie puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas."

La enseñanza completa va hasta el versículo 34. Yo la dejé hasta el 24, porque en la próxima semana voy a tratar del 25 al 34. La primera parte, esta parte que estamos tratando, trata básicamente con las riquezas, con aquellos que tienen para acumular. La segunda parte del texto, del 25 al 34, trata de las necesidades: que no os preocupéis por lo que van a comer, por lo que van a beber. O sea que son dos porciones que tratan tanto el exceso de dinero como la escasez de dinero, y Cristo da su visión de ambos aspectos en nuestra vida.

Pero una vez más quiero hacer el énfasis en que Cristo viene, en todo el Sermón del Monte, contrastando lo diferente que tiene que ser la vida del hijo de Dios versus el que no es hijo de Dios. En el dinero, adelanto, la forma del cristiano de manejar el dinero coincide mucho con la forma como el mundo maneja el dinero. La forma en que yo manejo lo que tengo se parece mucho a la forma como los hijos del mundo manejan las cosas materiales. Por eso este es un pasaje básico que yo entiendo que nosotros debemos comprender, por las incidencias que esto tiene en nuestro corazón.

Acá, en la atención del Sermón del Monte, está el corazón, ¿cierto? Miren el versículo 21: "Donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón." Por lo tanto, yo no voy a hablar solamente de cosas materiales, voy a hablar del corazón, porque ese es el problema con lo material: que afecta el corazón, lo amarra, lo desvía desde Dios hacia el mundo, lo desvía desde el cielo hacia la tierra, y eso es mortal para un hijo de Dios.

¿Cuál es el mandato que se nos entrega? El mandato es claro: el versículo 19 dice "no os acumuléis tesoros en la tierra." ¿Qué es lo que significa esto? Porque uno puede confundirse y pensar que Cristo está prohibiendo el mucho tener, o está prohibiendo incluso el tener algo. Y Cristo ni está prohibiendo la propiedad privada, ni está prohibiendo que tengamos y poseamos algo, ni está prohibiendo incluso el mucho tener. En primer lugar, hombres como Abraham, como Job, como David, como José de Arimatea, como Zaqueo, muchos de esos hombres que mucho tuvieron, nunca fueron condenados en la Palabra por mucho tener. El problema no es el mucho tener; el problema es cuando mi corazón se aferra al mucho tener y cuando yo amo el mucho tener a tal punto que desvío mi corazón. O sea que lo que se está condenando no es el mucho tener simplemente, aunque vamos a dar más detalle dentro de un momento sobre eso.

Número dos: tampoco está condenando la propiedad privada. ¿Por qué razón sabemos eso? Bueno, muchos entienden que quizás el socialismo es bíblico, que la forma de compartir los bienes es bíblica, pero realmente, bíblicamente, la propiedad privada Dios la acepta e incluso la protege. Uno de sus mandamientos es "no robarás," ¿cierto? Éxodo 20:15. Si Dios manda no robar, es porque tú tienes derecho a tener lo que es tuyo. Dios respeta y protege la propiedad privada. Y va más allá: no solamente protege la propiedad privada, sino que Dios dice en el último de sus mandamientos "no codiciarás lo que es ajeno." O sea que Dios no solamente condena el robo, Dios condena incluso que yo desee lo que no es mío. Hasta ahí llega incluso la protección de Dios a la propiedad privada. O sea que Dios no está condenando el tener.

En Deuteronomio 8:18, esto es lo que dice: "Más acuérdate del Señor tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas." Dios da poder para hacer riquezas. Él es soberano; es el dueño del oro y de la plata, del cielo y de la tierra, es el dueño de todo, y Él da conforme Él entiende que debe dar. A unos mucho, a otros poco; a unos les da, a otros les quita; eso depende de sus propósitos. No es el tema de hoy ese, pero esa es una realidad y es una verdad bíblica: que Dios posee todo y da a unos más y a otros menos.

1 Corintios 4:7, Pablo pregunta: "¿Por qué, quién te distingue? ¿Qué tienes que no recibiste?" Todo lo que tienes, todo lo que tú tienes y lo que yo tengo, el más mínimo detalle que tienes en tu mano y que posees, es Dios que lo ha permitido. Y te lo puede quitar, porque Él es el dueño de eso; eso no es tuyo, eso es de Dios. Cuando te vayas, lo dejarás aquí, seguirá siendo de Dios y pasará a manos de otras personas, pero seguirá siendo de Dios.

Algunos pensamos: "Bueno, pero Jesús le mandó al joven rico a que vendiera todo lo que tenía y lo diera a los pobres." Eso no está diciendo que Dios esté interesado en que no tengamos nada y que seamos pobres. A la única persona en todo el relato bíblico a la que Cristo le pide eso es a ese individuo, a ningún otro. Cuando vemos, por ejemplo, el caso de Marta, de María y de Lázaro, que tenían una casa a la cual Cristo iba y visitaba, Cristo nunca le dijo: "¡Vende tu casa!" Hay gente que dice: "Bueno, es que Él iba y quería estar ahí," pero no les dijo: "¡Vende tu casa!" Se entiende incluso que el huerto de Getsemaní pertenecía a una persona adinerada identificada con Cristo, quien se lo prestaba, el huerto de Getsemaní, para que Él fuera a retirarse con sus discípulos. No tenemos un relato donde le diga a ese individuo: "Vende el huerto, porque eso es demasiado para ti." Entonces, realmente el mandato de "no os acumuléis tesoros en la tierra" no tiene tanto que ver con no tener nada o tener poco; tiene que ver mucho con el corazón y la actitud del corazón con las cosas materiales.

1 Timoteo 6:10 dice: "Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero." Es el amor al dinero, es el amor al dinero. Entonces, ¿qué es lo que realmente significa "no os acumuléis tesoros en la tierra"? ¿Qué es lo que Cristo está prohibiendo? ¿Está prohibiendo tener una cuenta bancaria? ¿Está prohibiendo planificar para el futuro? ¿Está prohibiendo que yo haga inversiones, que tenga un solar, que tenga una propiedad? No está prohibiendo nada de eso. De hecho, Proverbios está lleno de recomendaciones de que planifiquemos para el futuro, de que guardemos para el día malo, poniendo por ejemplo incluso a los insectos. Las hormigas, las abejas incluso, acumulan para el día malo, para el invierno. La prudencia económica, la planificación económica, la racionalidad en el manejo del dinero son promovidas en la Biblia. Se nos exhorta a que seamos cuidadosos, prudentes, previsores para el futuro.

Ahora bien, lo que la Biblia sí condena es, primero, la actitud que yo tengo; pero número dos, cuando yo comienzo a acumular mucho más allá de lo que yo necesito y eventualmente necesitaré en mi vida. Por lo menos, ese significado está contenido en la palabra original de "no os acumuléis tesoros." La palabra "no os acumuléis" es *thesaurizete*, de donde viene la palabra *thesauros*. *Thesauros* significa tesoro de palabras, y esta palabra *thesaurizete* significa "no atesores tesoros." No acumules tanto, no acumules en exceso de lo que incluso tú y tus hijos pudieran necesitar. A veces no tenemos razón por la cual acumular, acumular y acumular, pero lo hacemos simplemente por el deleite que nos da acumular.

A veces hay gente que siente un deleite en el solo hecho de ver su cuenta bancaria subir, en el solo hecho de ver que su patrimonio se está multiplicando. Una satisfacción. La pregunta es: ¿para qué acumulas? Yo he conocido personas que quieren tener más porque quieren ayudar más. Sí, son gente rara, pero las hay. Quieren tener más porque quieren ayudar más. Incluso conozco no cristianos que tienen exactitud hacia lo material. Conozco cristianos que se han puesto un tope en su nivel de vida; dicen: "No quiero vivir más allá de este tope. Todo lo que entre por encima de eso lo doy a la causa de Cristo, lo doy a los que lo necesiten." Lo doy, obviamente, habiendo ya hecho provisión para la educación de sus hijos, habiendo hecho provisión incluso para ayudar quizás a sus hijos a adquirir algunas cosas básicas. Pero todo lo material, ¿para qué se me da? ¿Realmente se me da lo material para yo tirármelo encima, para yo amasarlo, atesorarlo, para mi deleite, mi satisfacción y mi sola seguridad? ¿O Dios me va a pedir cuenta por lo que hace llegar a mis manos y me dice: "¿Qué hiciste por otros, por mi causa, con lo que yo te hice llegar?"

"Bueno, Señor, yo lo guardé." Ok. Se le va a pasar como al de la parábola de los talentos, que tomó los talentos que recibió, los guardó y no hizo nada con ellos, no los puso al servicio de la causa de Cristo, no ayudó a otros, no contribuyó a la necesidad de los demás, no sostuvo a nadie. El acumular de esa manera, cuando yo acumulo, acumulo y acumulo incluso mucho más allá, como les digo, de lo que necesitamos y eventualmente necesitaremos, habla de que hay un problema en mi corazón respecto a las cosas materiales, y eso es condenado en la Biblia. De eso es que se trata; eso es lo que Cristo está tratando de expresar: no almacenes tanto, tanto que incluso tu corazón esté ahí. Eso es lo que está condenando. Pero la provisión va más allá; obviamente tiene que ver también con el corazón.

No acumule tanto. Ok, pero no solamente es eso, porque hay gente que no tiene un peso acumulado, pero desea tanto lo material que tiene el mismo problema con el dinero que el que acumula mucho. No desees estas cosas, porque estas cosas no te dan vida. En el mensaje anterior yo decía que Cristo le dijo al necio, al rico, perdón, al que hizo los graneros, le dicen necio. Incluso en un momento dado le dicen: no crean que su vida está en los bienes materiales. Y cuando buscamos la palabra original de esa "vida", es que ahí no está la plenitud de la vida, ahí no está el significado de la vida, en lo que tenemos, en lo que poseemos.

Y muchas, muchas personas no tienen mucho, pero creen, entienden, que el tesoro de la vida, que lo valioso de la vida, es el tener. Y hay un problema en el corazón también, un problema serio en el corazón.

Hay otro problema más con la acumulación, o con el desear acumular por el simple hecho de acumular, no para dar, no para contribuir a la causa de Cristo, a las necesidades de los otros. Y es el hecho de que la acumulación desplaza mi confianza. La desplaza desde Dios hacia lo material. Es casi inevitable, casi inevitable, que cuando yo acumulo tanto, mi confianza sea depositada en eso que poseo, en eso que he almacenado, y no en la provisión fiel y regular de Dios. Y Dios es ofendido de esa manera, porque no le creemos.

Hay otro problema con el acumular. Y más que un problema, es algo de lo cual carece el que mucho acumula: el que mucho acumula no llega a conocer un aspecto vital de Dios, que es que Dios es un Dios proveedor. Cuando yo creo que lo que me va a proveer es lo que yo acumule, y lo bien que me vaya, y que eso no viene de Dios, yo dejo de conocer todo un aspecto de los atributos de Dios, del ser de Dios. Uno de sus atributos, incluso, Dios lo identificó desde el Antiguo Testamento: Dios es un ser que por definición le gusta proveer para los suyos. Es un Dios fiel, cantábamos. Y ese aspecto de Dios, el que mucho acumula no lo llega a conocer, porque nunca se coloca en una posición en que necesita nada. En su suficiencia, no tiene oportunidad de que Dios le provea nada. Todas esas cosas, todos esos problemas se forman en el corazón de aquel que mucho acumula, incluso más allá de lo que eventualmente va a necesitar.

La revista Fortune hizo una encuesta hace unos años entre jóvenes de entre 23 y 28 años. Les preguntó cuáles eran realmente las razones por las cuales ellos trabajaban. Y un altísimo porcentaje de la gente que hoy trabaja lo está haciendo básicamente por el dinero. Si esa encuesta se hace 30 o 40 años atrás, había un concepto de que además de ganar dinero, el trabajo era un aporte a la sociedad, era un aporte a mi comunidad, era un aporte a mi nación. Hoy en día, un alto porcentaje del que trabaja y del que se prepara lo hace fundamentalmente por el dinero que va a obtener a través de esa carrera, a través de esa función, y no por la tarea que pueda hacer en su comunidad, en su nación.

Y muchos de esos jóvenes, parte de esa encuesta, decían que la mayoría no se querían comprometer a ningún matrimonio ni a tener hijos, porque eso era un obstáculo a su crecimiento profesional y económico. La mayoría de la gente quiere primero tener y luego relacionarse. Y cuando mi relación choca con mi tener, voto mi relación y sigo con mi acumulación. Es un problema que tenemos en nuestra generación.

El problema de acumular, de desearlo en el corazón, es la tendencia típica del mundo. Eso es lo que Cristo está confrontando en el Sermón del Monte. Así como confrontó muchísimas prácticas religiosas y demás, ahora llega a lo material y dice: el mundo acumula, ustedes no acumulen, o no acumulen desproporcionadamente, al menos de la manera que el mundo lo hace, poniendo su confianza, su corazón, su seguridad, en esas cosas, como diciendo que ahí viene la vida. No acumuléis tesoros en la tierra. Incluso, Lucas 16:11 llega a llamar a las riquezas terrenales como riquezas injustas. Dice el versículo 11: "Si no habéis sido fieles en el uso de las riquezas injustas, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas?" Es decir, las riquezas de este mundo no son riquezas verdaderas; son medios que Dios nos da para obtener las riquezas verdaderas, que no están aquí sino allá, en el cielo.

Ese es el mandato. Yo quisiera entonces pasar ahora a cuáles son las razones que Cristo da para ese mandato. Son cuatro razones, Él da cuatro razones por las cuales esto tiene sentido, y sobre todo para aquellos que son hijos de Dios.

En primer lugar, versículo 19, porque las riquezas terrenales son perecederas. Versículo 19: "No acumuléis tesoros en la tierra", ese es el mandato, "porque donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones penetran y roban." Primera razón: algo perecedero. No, se los come el daño, no se los come la polilla, o se los roban. Es a eso a lo que está expuesto el que acumula tesoros y guarda y guarda en este mundo: a que se le dañen o se los roben. El mejor de los vehículos, el mejor de los carros, con la mejor marca, con la mejor construcción, en diez años va a aparecer un día deteriorado. ¿Por qué nos afanamos tanto? Y eso pasa con las joyas, eso pasa con los relojes, eso pasa con las comodidades, eso pasa con todo. Todo se daña, todo palidece ante la presencia de Dios, todo es temporal, más temporal de lo que nosotros nos imaginamos.

En una ocasión, un amigo de mi papá vendió una propiedad hace muchos años y se fue fuera del país; tuvo que viajar y no tenía dónde guardar unos dólares que tenía. Se los dio a mi papá a guardar. Mi papá tomó los dólares, los metió en una funda y los guardó en un lugar, en el clóset, entre el clóset y el baño. No recuerdo cuánto tiempo pasó, pero cuando fuimos a buscar la funda y la abrimos, los billetes estaban totalmente mojados, dañados, rotos, y no se podían despegar uno de otro. Se recuperó una parte, pero la mayor parte se perdió. Se los comió el moho. Así de sencillo.

En otra ocasión nos pasó que mi papá compró un solar en La Almedita. Cuando La Almedita se pensaba que iba a ser algo que todo el mundo quería, algo muy agradable, los que viven en La Almedita no se sientan aludidos, muy agradable, pero ha resultado muy lejos. Mi papá compró un solar; a los meses nos damos cuenta de que el título que nos vendieron era falso. Fuimos donde los que nos lo vendieron, que eran unos vivos, y ¿qué? Negociando, negociando, al final le dieron a papi un carro viejísimo como pago, que no representaba ni el 20% o 25% de lo que el solar representaba. Ahí perdimos quizás el 50% o 60% del patrimonio que la familia en ese momento tenía. El carro incluso, en una ocasión, en la marquesina, yo andaba en él cuando llegué y cogió fuego, no sé por qué. Literalmente se prendió el motor, los cables se le prendieron, un problema eléctrico grandísimo, y cogió fuego. La polilla lo daña, o te lo roban.

En otra ocasión yo hice una inversión personal, unos años de eso; hice una inversión personal, y a los dos o tres semanas me dicen que con esa propiedad que yo había comprado, había una transacción anterior a la mía que estaban investigando. Bueno, ahí yo había puesto una parte importante de todos mis ahorros. Gracias a Dios, perdí una parte pero no perdí todo. Pero lo que les quiero decir es que este es un mundo inseguro, volátil. Por más que nos planifiquemos, no hay manera de garantizar que no vamos a perder, que no se va a dañar. Y cuando mi corazón, mi seguridad y mi tranquilidad están puestas en esas cosas que se pueden ir de la noche a la mañana, en un abrir y cerrar de ojos, y no en Dios, voy a sufrir muchas decepciones.

Pero asumamos una persona que dice: bueno, a mí nunca me ha pasado. Y llega inevitablemente al momento de su muerte. Nunca perdió un peso, nunca se le dañó un peso, la polilla no le comió su dólar, ni nada de eso. Y te moriste. Entonces, ¿de qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? ¿De qué te vale a ti haber acumulado? Como le dijo Cristo: "¡Insensato!, ¿para quién es todo lo que trabajaste?" O sea, que cuando no se daña o no te lo roban, al final se queda aquí. ¿Cuál es entonces el enfoque, el interés del ser humano en acumular, acumular, acumular? No tiene sentido, bíblicamente hablando.

Primera razón: porque son perecederas, son pasajeras, se quedan aquí. Segunda razón por la que no debemos acumular tesoros en el mundo: porque estas cosas, las cosas materiales, tienen un poder tal que nos amarran a este mundo. Es el versículo 21: "Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón."

Si yo les hago la pregunta a ustedes en el día de hoy: ¿dónde está lo que tú más valoras? ¿Dónde está lo que tú más deseas? ¿Cuál es tu tesoro en el día de hoy? ¿Dónde está? ¿Está aquí o está en el cielo? ¿Qué es lo que más deseas en la vida? ¿Cuál es tu tesoro? ¿Dónde está? Porque normalmente nosotros, como seres mortales y materiales que somos, tendemos a darle mucho valor a lo material, a lo físico, porque estamos aquí. Pero no somos de aquí, los hijos de Dios. Esa es una realidad con la que tenemos que aprender a lidiar: somos, estamos, pero no somos de aquí.

Alguien decía que el hijo de Dios, mientras menos piensa en lo terrenal, más efectivo es para Dios en la tierra. ¡Qué paradoja! Mientras menos atención le pongo a lo terrenal, más efectivo soy en la mano de Dios aquí en la tierra. Que cuando yo levanto mi vista y me olvido de la tierra, entonces es que yo sirvo mejor aquí en la tierra para Dios. Esa es una realidad para nosotros. Colosenses 3:2 dice: "Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra." Y Filipenses 3:20 nos define como ciudadanos del cielo: "Su ciudadanía no está aquí, está en los cielos."

Hebreos 11:13 dice que somos extranjeros y peregrinos en esta tierra. ¿Qué hacemos acumulando tanto? ¿Cómo que no vamos a quedar aquí? ¿Cómo que aquí está el asiento de nuestras operaciones? El asiento no está aquí, está allá arriba. Si algo se nos ha dado aquí, es para que lo usemos para la gloria del reino eterno. Juan 17:16 dice: "Ustedes no son de este mundo." ¿Cómo que no lo van a decir? Quiten su vista. Dejen de acumular, dejen de pensar que lo valioso está aquí abajo; está allá arriba.

Y entonces, a pesar de todas esas advertencias y todos esos mandatos, vemos hoy cristianos más pendientes de lo físico que de lo espiritual. Vemos cristianos más pendientes de caerle bien a los hombres que caerle bien a Dios. Vemos cristianos más pendientes de su confort que de invertir en la causa de Cristo, y cuando la causa de Cristo pone en peligro mi comodidad y mi confort, ahí: "No, porque no se puede ser así, tampoco fanático." Gente más preocupada en su tiempo de descanso que en su tiempo de oración y de devoción a Dios; gente más preocupada de la tierra que del cielo. Eso es una contradicción para un cristiano, que nuestro enfoque esté aquí, que nuestros intereses estén aquí, que nuestros tesoros estén aquí. No puede ser.

Esa es la segunda razón: las riquezas nos atan a este mundo. Tenemos que safarnos del poder que las riquezas tienen sobre nosotros, literalmente sacudirnos y simbólicamente decirle: "Tú no me vas a controlar, y yo voy a hacer contigo lo que otros no hacen: te voy a regalar." Por ahí estábamos a punto de llegar ahí, pero la tercera razón por la que no se supone que nosotros hagamos tesoros aquí en la tierra —versículos 22 y 23— es que nublan nuestra visión espiritual.

Voy a leer este pasaje porque creo que es necesario que lo recordemos: "La lámpara del cuerpo es el ojo. Por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande no será esa oscuridad!" ¿A qué se refiere esta metáfora? Es una metáfora. Cristo está usando el ojo como aquello que le da luz al cuerpo. Yo veo en el mundo físico a través del ojo. Si mi ojo está malo, veo mal; si mi ojo está bueno, veo bien.

Como Él está hablando del corazón en el versículo inmediatamente anterior, el ojo simboliza el corazón. Si tu corazón está dañado con el materialismo, con la acumulación, con aquello a lo que te aferras aquí, tú no vas a entender las cosas espirituales; eso es lo que está diciendo. Porque el lente con el que estás viendo el mundo y la realidad es un lente material, cuando de lo que se trata la vida es de lo espiritual. Si tu ojo está malo, verás mal; si tu ojo está bueno, verás bien. Si tu corazón está dañado con el materialismo, con la acumulación, tu visión espiritual va a estar dañada y en tu corazón va a haber oscuridad.

Ya hay muchas necesidades en el pueblo de Dios, en la causa de Cristo, necesidades alrededor de nosotros, realidades espirituales que no llegan a entender aquellos que están aferrados a lo material. No lo van a entender; no se dan cuenta. Ellos están más interesados en acumular, y por el otro lado Dios les está poniendo oportunidades para compartir, pero ellos están en el acumular. Ellos están más interesados en el tener y en la comodidad, cuando Dios está más interesado en sacarlos de ahí para darles lo que realmente es vida. Tu ojo espiritual es nublado cuando lo material toma prominencia en tu vida.

Pero algo más está en ese pasaje. El versículo 22 dice: "Por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz." La palabra "sano" en el original es *haplous*, en el griego original, *haplous*. Esa palabra aparece muchas veces en el Nuevo Testamento y en el Antiguo Testamento, y siempre significa "generoso." Siempre. En Santiago 1:5 habla de que Dios ha sido generoso con la salvación hacia nosotros; esa es la palabra que usa, *haplous*. En otras palabras, lo que nos está diciendo es que si tu corazón es un corazón generoso, tú vas a ver claro; hay otras realidades espirituales que Dios quiere mostrar. Si tu corazón es un corazón agarrado, poco generoso, va a haber una gran oscuridad en ti.

Algo sumamente importante: lo que nos está diciendo es que las cosas más importantes están en todo el texto que leímos. Tu vida espiritual es afectada cuando tú no manejas el dinero de la manera que Dios quiere que lo manejes, y cuando tú no ves lo material —el dinero— como Dios lo ve: como un medio, no como un fin en sí mismo. Entonces tu vida espiritual es afectada. Hay muchos ejemplos en la vida de gente que se desvió por lo material. El mismo Salomón acumuló, acumuló, acumuló y desvió su corazón; no solamente sus mujeres, sino su acumulación material. Dios le dijo: "No tengas muchos caballos, ni mucho oro, ni muchas mujeres." Y tuvo mucha mujer, mucho caballo, mucho oro. Y nos dice la Palabra que eso —las mujeres, se menciona específicamente— pero sabemos también que lo material desvió su corazón de Dios. Judas, por treinta monedas de plata, vendió al Señor; su materialismo nubló su visión espiritual. Demas, el caso de un compañero de Pablo, dice que Demas se desvió por lo material. Y una y otra vez lo material ha sido fuente de daño en la vida espiritual de mucha gente.

Número cuatro: la cuarta razón por la que se nos dice que no acumulemos tesoros en la tierra. Primero, porque son perecederos y aquí se quedan. Número dos, porque nos atan de manera no conveniente a este mundo. Número tres, porque nos nublan la visión espiritual. Número cuatro, porque no podemos servir a dos señores. No podemos. Cristo no está diciendo que va a ser difícil o complicado; está diciendo que no se puede. No se puede servir a dos señores. Alguien puede decir: "Bueno, pero yo tengo dos jefes y no hay problema, le sigo al uno y le sigo al otro." Alguien puede decir también: "Bueno, yo vivo en mi casa con mi mamá y con mi suegra y las dos me mandan." Es una broma, pero es que no entendemos el significado de la palabra "servir" en este texto. La palabra "servir" es *douleuó*, de donde viene *doulos*, y *doulos* es un esclavo, incondicional, a tiempo completo. ¿Cómo le sirves a dos señores incondicionalmente, a tiempo completo? No es posible. Es una imposibilidad; eso es lo que Cristo está diciendo.

Cuando tu interés está en acumular tesoros en la tierra, cuando tu interés está en tener y tener y tener, eso va a chocar con tu señorío hacia Dios. Déjenme ilustrarlo con algunos ejemplos prácticos. Dios te dice: "Comparte tus bienes con otras personas." Es Dios el Señor quien está hablando. Pero el dios riqueza dice: "No, todavía no tienes suficiente para compartir; aguanta un momentito." Dios te dice: "Paga mejor a tus empleados." El dios riqueza te dice: "Eso es lo que el mercado paga." Dios te dice: "No necesitas eso." El dios riqueza te dice: "Por supuesto que sí, tú te lo mereces." Dios te dice: "Diezma." El dios riqueza te dice: "No seas legalista." Dios te dice: "Paga tus impuestos." El dios riqueza te dice: "No, solo se lo van a robar." Mientras hablamos estas cosas, al que le estoy tocando el corazón, entienda que hay una lucha en su corazón por el señorío del mismo.

Si el Señor Jesucristo te dice hoy: "Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres," ¿qué haces? Si dudas, si te vas triste hoy de la iglesia al detectar que tu corazón tiene una idolatría hacia lo material, tienes un problema. Porque ahí deberíamos nosotros llegar en nuestra sumisión a Cristo: si Él me dice "vende todo lo que tienes y entrégalo," yo lo debo hacer. Juan Calvino decía: "Donde las riquezas mantienen el control, Dios ha perdido su autoridad." En términos simples y sencillos: las riquezas tienen un poder sobre nuestras vidas.

En una ocasión, Martyn Lloyd-Jones contó la historia de un granjero que llega muy contento a su casa y le cuenta a su esposa que la vaca más especial que tiene —el animal de más raza, de más valor— está embarazada. Prontamente, dio a luz dos terneras. Y él dice: "¡Wow, son hermosas, son grandes! Estoy tan agradecido a Dios por estas dos terneras que me ha dado, que incluso le he prometido a Dios que una de ellas es de Él. Las voy a criar a las dos, las voy a alimentar, las voy a engordar, y cuando estén en tiempo de venderlas, le voy a dar esos recursos al Señor." Pasa el tiempo, las terneras engordan, crecen, y un día él entra a su cocina triste, cabizbajo, con los pies arrastrándose. Le dice su esposa: "¿Qué te pasa?" "Se murió la ternera del Señor." "Pero tú no me habías dicho; todavía no se había definido cuál era la del Señor y cuál no." "No, pero yo había pensado que la rubia, la que se murió, era la del Señor."

Cuando llega el momento de compartir, se muere la ternera del Señor. Cuando llega la necesidad, nunca hay. Cuando llega la necesidad de dar, de diezmar, de aportar, de contribuir, de ceder, de regalar, nunca hay; pero cuando yo voy a vacacionar, cuando quiero cambiar el carro, cuando quiero cambiar de categoría, siempre hay, e incluso cuando no hay, lo hago y me endeudo. Pero cuando de ayudar se trata, cuando de dar se trata, cuando de compartir se trata, ya está muerta la vaca del Señor. Eso refleja el corazón materialista que llevamos dentro.

Lección final entonces: si no debo acumular tesoro en la tierra, y ya vimos las razones por las cuales no debo acumular, ¿cómo entonces acumulo tesoros en el cielo? ¿Cuál es la fórmula bíblica de acumular tesoros en el cielo? Hay una sola cosa, sencillo: dando. Dando a la causa, dando al necesitado, dando al que está al lado de mí, dando.

Mateo 19:21, Jesús hablando del joven rico: "Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees y da a los pobres, y tendrás tesoros en los cielos; y ven y sígueme." Obviamente, en este caso el mandato de vender todo era a ese individuo; no podemos extenderlo, porque entonces no pudiéramos tener nada, y la Biblia avala la propiedad, cierto. Pero aquí nos da luz acerca de lo que significa tener tesoros en el cielo: cuando él da, él tiene tesoros en el cielo.

Lucas 12:33: "Vended vuestras posesiones y dad limosnas; haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca ningún ladrón ni la polilla destruye." Una vez más: dando, compartiendo, entendiendo que lo que tengo no es mío solamente; me ha sido dado para servir a otros, para servir la causa de Cristo, para servirle al que lo necesita.

1 Timoteo 6 dice exactamente lo mismo. Versículo 17: "A los ricos de este mundo..." Bueno, va a haber ricos; no quiere decir que queramos que todos sean pobres. "A los ricos de este mundo", ¿cuál es la recomendación, que vendan todo? No. "Enséñales que no sean altaneros, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios." O sea, yo puedo ser rico y no poner mi esperanza en las riquezas. Se puede, es posible; ese es el mandato aquí. "Y enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir, acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida." Es mejor dar que recibir.

Por último, Lucas 16:9: "Y yo os digo: haceos amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando falten os reciban en las moradas eternas." Lo que nos está diciendo, cuando estudiamos todo el contexto, es que hay una manera de contribuir con la causa de Cristo de manera tal que haya personas que se salven por mi contribución, y cuando yo llegue al cielo me van a recibir allá. No sé cómo me lo van a decir, no sé qué forma tiene eso, pero: "Mira, por tu contribución, yo estoy aquí." ¡Wow! ¿Qué tesoro? ¿Qué tesoro eterno?

En otras palabras, yo puedo con lo material hacer depósitos en lo celestial. Eso es una cosa increíble, una promesa extraordinaria: que yo puedo desde aquí comenzar a hacer depósitos allá, siempre y cuando no me aferre tanto a lo que tengo, a lo que poseo, a lo que me ha sido dado, pensando que eso es mío para mí y nada más. Ojalá el Señor revise nuestros corazones y nos dé, en este tema tan vital, una perspectiva divina.

¡Mucho deseo de obedecer a Dios, para luchar contra la tendencia de este mundo que entiende que lo material es lo que necesitamos, y eso no es lo que necesitamos! Cuando seamos una iglesia generosa, cuando seamos cristianos generosos, eso va a llamar mucho la atención en un mundo que acumula, acumula, acumula y acumula. La generosidad es un bien escaso hoy en día; la sensibilidad es un bien escaso hoy en día. Ojalá nosotros, los siervos de Dios, seamos los que hagamos la diferencia en este aspecto.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.