IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La madurez cristiana no es un tema opcional ni una pregunta que podamos postergar. Sin embargo, en más de treinta años de ministerio, el pastor Pepe Mendoza nunca escuchó a alguien preguntarle directamente: "No sé cómo madurar como cristiano". Escuchamos prédicas, leemos libros, participamos en grupos pequeños, pero rara vez nos detenemos a examinar si realmente estamos creciendo hacia el propósito que Dios tiene para nosotros. Como el fruto que madura pasando por etapas necesarias hasta estar listo para su consumo, la madurez espiritual requiere un proceso que no podemos saltarnos, como el telescopio del pirata que debe extenderse por completo para cumplir su función.
Marcos 10 presenta a Jacobo y Juan pidiendo los lugares de honor en el reino, justo después de que Jesús anunciara su muerte y resurrección. Su petición revela el primer obstáculo para madurar: la contradicción entre las enseñanzas de Cristo y nuestros anhelos más profundos. Ellos escucharon a Jesús, pero sus deseos arraigados les taparon los oídos. Solo captaron la frase "resucitará" e ignoraron todo lo demás. Jesús responde con claridad: "Ustedes no saben lo que piden", y les presenta la copa del sufrimiento y el bautismo del sacrificio. La madurez exige pasar de la teoría a la práctica, de conocer la verdad a vivirla.
El propósito final de madurar no es convertirnos en nuestra mejor versión ni mejorar nuestra autoestima, sino parecernos más a Cristo, quien no vino para ser servido sino para servir. La oración que resume este llamado es sencilla: "Señor, quítame este anhelo o enséñame a anhelar algo mejor".
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Hermanos, vamos a hablar de algo que a mí me parece que es un momento importante, y yo quisiera que estemos atentos, que tengamos nuestras Biblias abiertas o encendidas, por favor, para poder compartir lo que vamos a decir. Durante más de 30 años yo he estado en el ministerio por la gracia de Dios, y como ustedes imaginarán, he recibido preguntas de muchas personas, muchos cuestionamientos, muchas personas hablando de su fe, las razones de su fe, las razones de sus caídas, sus tentaciones, lo que esperaban del Señor, lo que no esperaban del Señor, sus oraciones contestadas, sus oraciones no contestadas. Sin embargo, hay algo que siempre estuvo ausente en medio de esos cuestionamientos y en medio de esas preguntas.
Justamente, el título de este sermón tiene que ver con esa realidad: nunca nadie me dijo "yo no sé cómo madurar como cristiano, yo no sé cómo crecer en el Señor." Escuchamos prédicas, escuchamos temas, leemos libros, participamos de grupos pequeños, nos ocupamos en la iglesia, tenemos nuestros devocionales, pero en realidad no conocemos exactamente cómo es que madura un cristiano, ni las razones por las cuales ser maduro es fundamental para una vida cristiana provechosa para la gloria de Dios.
Si hay algo que el apóstol Pablo nos enseña de manera muy enfática, es que la razón de ser de la iglesia y la razón de ser de los ministerios, el apóstol Pablo lo resume de esta manera: "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo." Es una tremenda responsabilidad la que nosotros tenemos, porque ese es el objetivo que el Señor plantea para nuestra vida de iglesia. De tal manera que madurar es fundamental; no es una pregunta secundaria, no es una pregunta que yo puedo obviar en mi vida. Yo tengo que cuestionarme y preguntarme si es que realmente estoy madurando en el Señor, si estoy creciendo.
Pero la realidad es que no nos hacemos esa pregunta. No sabemos cómo madurar: tomamos de aquí, tomamos de allá, le echamos agua a la planta, le hablamos a la planta. Ustedes han escuchado a algunos que le hablan a la planta: "Jacinta, ¡crece bonito!" ¿No? O sea, usamos diferentes métodos. Pero, ¿qué es madurar?
En la Escritura nosotros hablamos muchas veces de madurez, y se habla, por ejemplo, del fruto que madura. Yo creo que es un excelente ejemplo para nosotros para empezar nuestra conversación. Un fruto madura cuando alcanza un grado de desarrollo adecuado para su consumo. De tal manera que la madurez tiene un propósito, y eso es lo primero que yo tengo que tener en mente: la madurez tiene un propósito. En el caso del fruto, es que pueda ser consumido.
Sin embargo, cuando hablamos del proceso de madurez, siguiendo con el ejemplo del fruto, un fruto madura a través de diversos procesos que implican cambios químicos, cambios físicos, cambios bioquímicos. Influye la temperatura, la humedad, y hay algo que yo no sabía, que se llama el etileno. El etileno es una reacción en los frutos, producto de la oxigenación y el calor, que hace que el fruto madure. Hasta leí que si usted pone los guineos junto a los aguacates que no han madurado, el etileno que se desprende del guineo hace que el aguacate madure más rápido. ¡Ah, no lo sabían! Pues ahora ya lo saben. Entonces, todo eso influye en la maduración de un fruto.
Hay frutos que maduran después de que son cosechados, y se llaman los frutos climatéricos, y hay frutos que no maduran después de que se cosechan, que se llaman los no climatéricos. Gracias, ChatGPT, por este conocimiento, porque yo de agricultura no sé nada. Pero hay algo que sí nosotros sabemos: la maduración en un fruto se hace evidente por los cambios en el color, la textura, el olor, el sabor y el tamaño. Y eso lo sabemos cuando vamos al supermercado y escogemos la fruta: los escogemos por sus cambios evidentes.
Eso también funciona en la madurez humana, porque la madurez humana también tiene que ver con diversos procesos en donde se alcanza cierto desarrollo adecuado, tanto a nivel físico como intelectual, emocional y también espiritual. De tal manera que la madurez humana también es un proceso multifacético que involucra cambios y que también se muestra de manera evidente en las personas. Uno ve, por ejemplo, cuando una persona crece en la adolescencia: hay un verano en que el adolescente, cuando creció, se demuestra en los cambios de actitudes, se demuestra en la adquisición de habilidades. De tal manera que la madurez no es un asunto subjetivo; es algo que es observable y que tenemos que reconocer en medio del pueblo de Dios.
Hasta aquí hemos hablado de la madurez en términos generales, como ejemplo. Sin embargo, en la Biblia la palabra "maduro" también aparece, y en la Biblia se usaba principalmente en el Antiguo Testamento como una referencia agrícola. El fruto que estaba listo para ser cosechado o consumido: se habla del higo maduro que está listo para ser consumido, que es delicioso porque está justo en su tiempo, como hemos dicho.
En el Nuevo Testamento, Jesús usó la palabra "maduro" también como una referencia agrícola para señalar el crecimiento del trigo. Él dijo: "La tierra produce fruto por sí misma: primero la hoja, luego la espiga, y después el grano maduro en la espiga." De tal manera que el grano maduro es el resultado de este proceso que podríamos llamar natural, que permite que el trigo pueda ser finalmente consumido. No es consumido cuando está en hoja, no es consumido cuando está en espiga, sino cuando el grano aparece maduro en la espiga.
Si seguimos investigando con respecto a esta palabra, la palabra que Marcos usa es muy interesante, porque expresa la idea de algo que ha pasado por todas las etapas necesarias para alcanzar su objetivo final. O sea, que no puedo saltarme etapas; la madurez involucra un proceso del cual no tenemos escapatoria. Si tú te saltas una etapa, no llegas. Es un proceso que está delimitado y que requiere que nosotros lo recorramos hasta alcanzar su objetivo final, completando así el proceso.
Leyendo a los comentaristas, decían que el mejor ejemplo de un proceso de madurez es el telescopio del pirata. ¿Ustedes se acuerdan del telescopio del pirata? El telescopio del pirata está cerrado, ¿verdad? Cuando está cerrado yo no veo nada. ¿Qué necesito hacer? Extenderlo por completo para que yo pueda usarlo para lo que sirve, o sea, para mirar a la distancia. De la misma manera, el proceso de madurez es un proceso continuo, un proceso que requiere cubrir las diferentes etapas para que yo pueda llegar al propósito de la madurez.
Ahora, esta imagen agrícola es muy importante porque describe claramente lo que esperamos también de la madurez humana. Vimos el Antiguo Testamento, vimos el Nuevo Testamento, cómo el Señor Jesús la usaba, y ahora vamos a ir al apóstol Pablo. Porque el apóstol Pablo toma la figura agrícola, toma la palabra de madurez agrícola y la aplica al cristianismo, la aplica de tal manera que ahora la usa para hablar de nuestro crecimiento personal. De tal manera que el apóstol Pablo usa la misma palabra que Jesús usó, pero para referirse de manera directa al proceso para alcanzar la madurez personal o la madurez espiritual.
En 1 Corintios 14:20, el apóstol Pablo dice: "Hermanos, no sean niños en la manera de pensar; más bien sean niños en la malicia, pero en la manera de pensar sean maduros." Eso dice. Lo vuelvo a repetir: "Hermanos, no sean niños en la manera de pensar; más bien sean niños en la malicia, pero en la manera de pensar sean maduros."
Es interesante que el apóstol Pablo, cuando habla de la manera de pensar, no se está refiriendo a los pensamientos, al hecho de que nosotros estamos pensando en todo momento. Cuando él se refiere a la manera de pensar, está generando la idea de algo que realmente son nuestras creencias verdaderas, esas creencias que realmente nos afectan en el interior, nuestras convicciones. No solo lo que pienso aleatoriamente cuando voy manejando o cuando voy trabajando, sino que tiene que ver con nuestras creencias y convicciones personales, por las cuales nosotros lucharíamos.
Por lo tanto, el apóstol Pablo dice: si tú tienes convicciones, que sean convicciones maduras; que tu manera de pensar sea sólida; que tú realmente hayas entendido por qué crees en lo que crees; que no te lances simplemente a decir algo en las redes sociales porque sigues la costumbre de la gente, sino que tus convicciones realmente te afecten al punto de que sean viscerales, que realmente valga la pena. Pero para eso tienes que ser maduro, ser maduro en tu manera de pensar. Eso significa: sigue el proceso del crecimiento de tus ideas.
Esto lo dice el apóstol Pablo en el capítulo 14 de 1 Corintios. Él está desarrollando esta idea del niño, y se nota que está siguiendo este pensamiento de madurez, porque en el capítulo anterior, en 1 Corintios 13:11, dice: "Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño, pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño." Aquí Pablo introduce un elemento fundamental en la madurez humana y en la madurez espiritual. ¿Saben cuál es ese elemento? Es el elemento volitivo. Ya no se trata solamente de un proceso natural, sino que se trata de un proceso en el cual yo estoy involucrado.
Cuando el apóstol Pablo dice "cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño, pero cuando llegué a ser hombre", es sumamente interesante que él no dice "cuando fui", sino "cuando llegué a ser". Aquí involucra la idea de que yo tomé la decisión de pasar de un punto a otro, en donde realicé un cambio sustantivo que marcó una diferencia entre el ser infantil y pasar a una etapa superior. Y la siguiente palabra que él usa no es "fui", sino "dejé las cosas de niño".
De tal manera que esa palabra "dejar", en el original griego, tiene como sinónimos: anulé, abolí, dejé sin efecto, desactivé, desenchufé las cosas de niño. Estamos hablando, pues, de que la madurez personal requiere de nosotros que reconozcamos los periodos de nuestra vida y hagamos lo necesario para dejarlos atrás y caminar hacia lo que está delante. Ese es un pensamiento paulino que encontramos en las Escrituras.
En ese mismo sentido, la palabra "inmaduro" se refiere a alguien que se ha estancado. ¿Ustedes no han visto frutos que quedan estancados, que ya no maduran? El aguacate que no pasó a mejor vida porque nunca lo pudimos consumir, duro como una piedra, no pasó de allí. De tal manera que "inmaduro" se refiere a alguien que no ha alcanzado su pleno crecimiento, alguien que se mantiene aniñado, simple, sin instrucción, sin habilidades desarrolladas. De ahí viene la palabra "adolescente", que en latín significa "por madurar", que todavía está en un proceso de alcanzar la madurez y por lo tanto carece, o adolesce todavía, de lo que es necesario. Permanece incompleto.
Ahora bien, esa es nuestra realidad: nosotros estamos llamados a madurar, pero a madurar como un desafío que involucra que nosotros también tomemos decisiones, que caminemos en cierta dirección, que dejemos atrás etapas de nuestra vida y caminemos mirando hacia adelante, hacia aquello que el Señor tiene para nosotros. Los que conocemos la Escritura sabemos que estas frases las encontramos en ella una y otra vez. Ese es nuestro llamado.
De tal manera que ahora vamos a entrar al Evangelio de Marcos, teniendo este contexto fundamental, para poder hablar de esto y encontrarnos con un momento en la vida de nuestro Señor Jesucristo y de su compartir con los discípulos, donde el Señor está forjando y forzando la madurez en ellos. Porque, hermanos, déjenme decirles algo: todos los Evangelios nos muestran de manera clara que la intención de Jesús como rabino era instruir a sus discípulos con un propósito determinado. Jesús no andaba por ahí diciendo cosas, viendo a la gente y discutiendo con los religiosos solamente porque a Él le gustaba hacerlo. Él tomó una actitud de maestro; guió a sus apóstoles, a sus discípulos, a través de crisis personales, a través de palabras fuertes; los movió con sus palabras, con su testimonio y con su ejemplo para que ellos pudieran reaccionar y pudieran madurar en la dirección correspondiente.
Eso mismo nosotros hacemos. Pero antes de entrar directamente al texto, yo quisiera hacer un disclaimer, porque no quisiera que implicáramos que la madurez cristiana es algo que le corresponde a todos, porque no es verdad. Un árbol muerto no da fruto; una persona muerta no madura. Por naturaleza todos estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, separados de Dios, la fuente de la vida y de toda fructificación. De tal manera que solo Jesucristo puede pasarnos de muerte a vida, darnos un nuevo nacimiento y llevarnos a la conversión a través del anuncio de las buenas noticias de que Él pagó por nuestros pecados y, a través de Él, obtenemos una nueva vida abundante.
Si hemos experimentado la nueva vida en Cristo y somos nuevas criaturas en Él, ahora nos toca madurar. Jesús lo dijo claramente: "Yo soy la vid, ustedes los pámpanos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mí nada pueden hacer." De tal manera que es necesario haber reconocido el Evangelio en nuestras vidas y la obra de Cristo a nuestro favor, el Señor abriendo nuestros ojos y llevándonos en arrepentimiento y fe a su presencia.
Marcos capítulo 10. Jesús enfrenta a sus discípulos. Leamos del versículo 35 al 40 esta circunstancia. Dice: "Jacobo y Juan, los dos hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús diciendo: 'Maestro, queremos que hagas por nosotros lo que te pidamos.' '¿Qué quieren que haga por ustedes?', les preguntó. Ellos le dijeron: 'Concédenos que en tu gloria nos sentemos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.' Jesús les dijo: 'Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber de la copa que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?' Les respondieron: 'Podemos.' Y Jesús les dijo: 'La copa que yo bebo, beberán, y serán bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado; pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado.'"
Un momento como este que encontramos en la Escritura no es solamente para criticar a Jacobo y a Juan, sino para poder reconocer en nosotros los mismos obstáculos que ellos vivieron, que impedían su madurez. Jacobo y Juan no llegaron santos al Señor; recuerden que eran los hijos del trueno. De tal manera que todos nos vemos expuestos a momentos en los cuales el Señor fuerza el proceso de madurez en nuestra vida porque hay algo que lo está impidiendo. Aunque hay muchos sucesos en la Escritura, vamos a centrarnos en este para aprender y descubrir si hay algo en nosotros que está impidiendo nuestra madurez.
En primer lugar, cuando leemos el versículo 35 al 37, dice: "Jacobo y Juan, los dos hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús diciendo: 'Maestro, queremos que hagas por nosotros lo que te pidamos.' '¿Qué quieren que haga por ustedes?', les preguntó. Ellos le dijeron: 'Concédenos que en tu gloria nos sentemos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.'" ¡Vaya pedido, verdad! Nos puede sonar extraño y hasta jocoso escuchar una petición así, pero no es tanto así.
Entonces, vayamos con el primer punto: no se puede madurar mientras haya una contradicción entre el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo y los anhelos más profundos que tengamos para nuestras propias vidas. Recordemos que nosotros siempre tenemos anhelos; nuestros anhelos y nuestros sueños son la máquina que mueve nuestras vidas en una determinada dirección. Si hay una contradicción entre lo que Jesús nos enseña, con su ejemplo y sus enseñanzas, no vamos a madurar espiritualmente.
¿Qué es lo que descubrimos aquí en esta petición de Jacobo y Juan? En el versículo 37 dice: "Concédenos que en tu gloria nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda." Si analizamos el contexto de este pasaje nos vamos a dar cuenta de que, en primer lugar, hay una profunda falta de atención a las palabras de Jesús y su impacto sobre sus propias vidas. Y eso nos pasa, hermanos, muy a menudo. Nos está pasando aquí en este momento: nosotros podemos estar escuchando, pero nuestra atención no llega al punto de decir "¿cómo esto me afecta a mí?, ¿cómo lo que aprendemos de Jesús me afecta a mí de manera personal?"
Miren el contexto inmediato anterior a este pasaje, el versículo 32: "Iban por el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús iba adelante de ellos; los discípulos estaban perplejos y los que seguían tenían miedo. Y tomando aparte de nuevo a los doce, comenzó a decirles lo que iba a suceder: 'Ahora subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles. Se burlarán de Él y le escupirán, lo azotarán y lo matarán, y tres días después resucitará.'"
Y en eso, Jacob y Juan se acercaron al Señor y le dijeron: "Señor, tenemos algo que pedirte." De verdad que suena increíble, pero déjenme decirles que yo he escuchado a mucha gente hacer lo mismo, porque no hay un impacto entre lo que Jesús acaba de decir y la petición y el anhelo profundo que estos hombres ya tenían en su corazón. Y déjenme decirles: los anhelos no surgen de un momento; los anhelos se anidan en nuestra alma y echan raíces, y esas raíces hacen que esos anhelos florezcan y oculten lo que el Señor está diciendo. Por lo tanto, simplemente ellos tenían los oídos tapados a lo que el Señor acababa de decir.
Esta petición encierra un profundo egoísmo y una visión de la vida basada en sus propios intereses y valores meramente humanos, de tal manera que se crea un profundo malentendido entre lo que Jesús dice y cómo son ubicados bajo sus propios intereses personales. Déjenme mostrarles lo que un comentarista dice: la petición de los hijos de Zebedeo de ocupar un lugar de honor en la gloria del Hijo del Hombre sigue inmediatamente al anuncio de Jesús de que irían a Jerusalén y que después de tres días el Hijo del Hombre resucitaría. Ojo, ¿qué es lo que vemos aquí? "Señor, concédenos que en tu gloria nos sentemos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda." Eso hace que el deseo y el anhelo egoísta profundo de ocupar un lugar de privilegio en el supuesto reino de Dios haga que ellos obviaran por completo todo lo que el Señor había dicho, salvo la última frase: "y tres días después resucitará."
Y hermano, ¿no nos pasa lo mismo con muchos pasajes de la Escritura? A nosotros nos encanta el Salmo 23. ¿No nos encanta 1 Corintios 13? ¿No nos encanta "todo lo puedo en Cristo que me fortalece"? ¿Es cierto? ¿Por qué? Porque hay muchas iglesias y muchos predicadores que prefieren anunciar los anhelos del corazón y obviar todas las partes que tienen que ver con el verdadero proceso de maduración. Y eso es lo que está pasando aquí con ellos.
Ellos están acercándose a Jerusalén y su pedido puede sonar extraño, pero se basa en un entendimiento equivocado del plan de Dios. Ellos ven a Jesús yendo a la ciudad para restaurar el trono de David bajo criterios humanos. Ellos hacen el pedido en búsqueda de un reconocimiento de jerarquía absoluta en el nuevo reino: posiciones de honor, autoridad y eminencia. Pero ellos olvidaron algo; olvidaron prestar atención con cuidado a lo que el Señor estaba diciendo.
A mí me encanta cuando después de predicar una persona me dice: "Pastor, me encantó su sermón." Y yo le pregunto qué parte le encantó más. "Todo, pastor, todo, todo me encantó." Y ahí me quedo preocupado, porque yo siempre digo a veces en algunas clases: hoy esto estuvo tan claro como las aguas del río. Porque no hay un impacto, ¿se da cuenta?, no hay un impacto en mi vida que me haga decir: "Señor, me voy con esto."
Y hermano, la petición que ellos están haciendo, si la vemos en el contexto, descubrimos lo siguiente. Por ejemplo, en Marcos 9:35, que es toda una narración que va siguiendo el camino de Jesús, dice: "En el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor." Jesús se sentó, llamó a los doce discípulos y les dijo: "Si alguien quiere ser el primero, será el último de todos." ¿Jacob y Juan estaban ahí o no? Miren qué interesante: dice "en el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor", o sea, los anhelos escondidos del corazón. Dice: "Jesús se sentó", o sea, no se me distraigan, me voy a sentar, tengo algo que decirles, presten atención. Y les dijo: "Si alguien quiere ser el primero, será el último de todos." ¿Dónde queda esa claridad de la enseñanza de Jesús? Con la petición de estos hombres se perdió en el camino. En Marcos 10:31 el Señor vuelve a insistir sobre este tema y dice: "Pero muchos que son primeros serán últimos, y los últimos, primeros."
De tal manera, hermanos, que nuestro primer deber para madurar es prestar completa atención al mensaje de Dios. Nuestro pastor se preocupa por predicar expositivamente a través de la Biblia abierta porque conoce esa importancia, porque no nos podemos saltar los temas, porque no nos podemos saltar el alimento. Nuestra fe, déjenme decirles algo, nuestra fe es auditiva, porque Dios se ha revelado a través de la Palabra de Dios; la boca por la que nos alimentamos son nuestros oídos. De tal manera que la única manera de crecer es escuchando absolutamente todo el consejo de Dios, porque el proceso de maduración no se cumple mientras nosotros tomemos de aquí y de allá para alimentarnos; nunca será una dieta saludable. Eso es lo primero.
Lo segundo es que no se puede madurar mientras no procuremos someternos a Dios y vivir lo que decimos creer en toda su dimensión. Nunca podremos crecer y madurar mientras toda nuestra fe se base en un asunto teórico. Mientras nosotros sigamos creyendo que debo amar a Dios con todas mis fuerzas, pero no muevo un dedo, y que debo amar a mi prójimo como a mí mismo, pero no le hablo a mi vecino, yo no voy a madurar, yo no voy a crecer. Porque involucra un sometimiento a lo que Dios demanda y un vivir lo que digo creer.
Y eso es lo que Jesús hace más adelante. Vamos a leer lo que dice del verso 38 hasta el final: "Jesús les dijo: '¿Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?' Les respondieron: 'Podemos.' Y Jesús les dijo: 'La copa que yo bebo, beberán, y serán bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado; pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado.'"
Jesús lanza una primera frase que a mí me encanta mucho, porque nosotros vivimos en tiempos en que pareciera que Dios debe responder todas nuestras oraciones. "Señor, concédeme lo que te voy a pedir, cállate lo más que puedas, no digas nada, encárgate de responder, pero no con palabras, con hechos." Y Jesús les dice de inmediato: "Ustedes no saben lo que piden", porque en su pedido se están yendo lejos del propósito que Yo tengo para su vida. De tal manera que debemos entender que la fe cristiana está muy por encima y es muy diferente de cualquiera de los estándares humanos. Por eso Jesús siempre nos dirá "no sabes lo que pides" mientras no le escuchemos con atención. Cuando le escuchemos con atención vamos a poder saber lo que tenemos que pedir; vamos a poder reconocer el proceso de aquello que Él quiere para nosotros.
Lo interesante aquí es que Jesús pasa del terreno teórico al terreno práctico. Del sentarse en el reino de los cielos uno a la derecha y el otro a la izquierda, Él pasa a un asunto meramente práctico, absolutamente cierto, que tenía que ver justamente con lo que Jesús acababa de decir y anunciar. Jesús les hace entender que la participación en su vida y su muerte es fundamental e irrenunciable. Muchos queremos solo las ventajas de Jesús, las dádivas de Jesús, el poder de Jesús, pero no como dice Pablo en Filipenses capítulo 3: "Por Él lo he perdido todo y lo considero como basura, a fin de ganar a Cristo y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe; y conocerlo a Él, el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos, llegando a ser como Él en su muerte, a fin de llegar a la resurrección entre los muertos."
El apóstol Pablo había entendido lo que significaba participar de la vida de Jesús: conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos. Por eso Jesús cambia por completo la idea del beneficio y añade la idea del sacrificio, usando las figuras de la Copa y del Bautismo. Simplemente, la Copa era una metáfora del Antiguo Testamento, conocida en el tiempo de Jesús, para denotar el juicio de Dios sobre el pecado. El Bautismo es paralelo al de la Copa porque representa, siguiendo el rito presentado por Juan el Bautista, la idea de muerte, y en Jesús, su disposición a asumir la carga del juicio de Dios por completo a favor nuestro. Jesús no los hace partícipes de sus beneficios sino de su obra redentora, participando entonces de los padecimientos de Cristo, que, valga la verdad, es también lo que señala el apóstol Pedro en 1 Pedro 4:13.
Esto es un vuelco de 180 grados a la forma en que el Señor resuelve el pedido de los hermanos. "¿Ustedes están dispuestos a caminar conmigo? ¿Ustedes están dispuestos a seguir mi ejemplo? ¿Ustedes están dispuestos a madurar, pero no de acuerdo a la realidad de sus deseos humanos, sino de acuerdo a la realidad de mi corazón y de mi voluntad para ustedes, que es buena, agradable y perfecta?" Otro comentarista dice: "Debe existir una solidaridad entre el Hijo del Hombre y sus discípulos, y esta se expresa no solo en su aceptación agradecida de su protección o favor, sino también en seguir su ejemplo de humildad y servicio, y si es necesario, hasta la muerte."
De tal manera, hermanos, que el Señor nos llama a una vida muy diferente a la que nosotros imaginamos. El Señor nos llama a una vida que es superior a la que nosotros imaginamos. Una vida que es diferente a los cánones y los patrones del mundo. Una vida en la que nuestros deseos primeramente se diluyen ante la grandeza de la revelación de Dios. Cuando nosotros inundamos nuestro corazón con la revelación de Dios, nuestros deseos se ahogan para que prevalezca su voluntad. De tal manera que nosotros tenemos que llenarnos de escuchar aquello que el Señor tiene para con nosotros, pero escucharlo con toda claridad.
Maduramos cuando entendemos que los lugares de honor —ojo, hay lugares de honor— pero los lugares de honor son prerrogativas del Padre. Nadie toma un honor que el Padre no entrega, porque todo es gracia.
De tal manera que nosotros nos acercamos del Señor, delante del Señor, en gracia, sabiendo que no lo merecemos, sabiendo que hemos sido injertados, sabiendo que hemos pasado de muerte a vida, sabiendo que éramos enemigos de Él, sabiendo que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, pero Él en su profundo amor nos dio vida juntamente con Cristo. De tal manera que mis expectativas cambian.
Maduramos, entonces, —repito— cuando entendemos que los lugares de honor son prerrogativas del Padre, mientras que el caminar siguiendo el ejemplo de Jesús sí se nos demanda, y es algo que podemos hacer. ¿Se dan cuenta? Madurar es una decisión en donde nosotros respondemos afirmativamente a aquello que estamos descubriendo en la Escritura. Jesús nos enseña que no basta solamente con que yo sepa lo que Él ha dicho; lo que es importante es que yo, para madurar, pueda vivir lo que Él me demanda, que yo pueda pasar por el sacrificio de lo que involucra ser obediente a lo que el Señor ha establecido, porque nuestro Señor fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Esa es la demanda para madurar.
Pero no basta todo ahí, y tenemos un último punto. Vamos a leer ahora la continuación, del versículo 41 al 45 de este pasaje. "Al oír esto, los diez comenzaron a indignarse contra Jacobo y Juan. Llamándolos junto a Él, Jesús les dijo: 'Ustedes saben que los que son reconocidos como gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos. Pero entre ustedes no es así, sino que cualquiera de ustedes que desee llegar a ser grande será su servidor, y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos, porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.'"
El tercer punto tiene que ver con el hecho de que no se puede madurar mientras no sepamos claramente para qué maduramos. ¿Para qué maduramos? Yo no he podido descifrar con claridad la razón del enojo del resto de los discípulos. Dice: "Al oír esto, los diez comenzaron a indignarse contra Jacobo y Juan." Quizás puede ser por la petición que hicieron de un lugar de privilegio por encima de los demás. Recordamos que todos los demás estaban preguntándose quién sería el mayor. De tal manera que este no es un pecado exclusivo de Jacobo y Juan, sino que lo que hicieron fue adelantarse. Antes de que pudieran los demás, ellos dijeron: "Ponenos a la derecha y a la izquierda."
También pudo haber sido por la identificación que tuvieron con Jesús hace un momento, cuando le dijeron: "Señor, ¿podemos participar contigo de aquello que tú vas a hacer, de tu obra sacrificial?" Sin embargo, lo cierto es que Jesús aprovecha la oportunidad para unificar los criterios entre sus discípulos. Es interesante que no se les llama apóstoles, sino que Jesús los llama discípulos en el sentido de que son aprendices. Este es un momento para aprender.
Era evidente entonces que la petición de Jacobo y Juan tenía que ver con el deseo de imitar los beneficios del mundo, de madurar siguiendo los patrones que ellos observaban entre los grandes y los poderosos. No solamente tenía que haber una identificación con el reino de Dios, sino con cómo ellos visualizaban ese reino. Y por eso yo les decía que es muy importante que ustedes piensen y se pregunten cómo están visualizando el cristianismo. Hay diferentes maneras de visualizarlo. ¿Cómo ustedes lo visualizan? Porque de esa visualización generarán un deseo. En este caso, era el deseo de imitar los beneficios del mundo.
Por eso el Señor usa tres frases que hacen énfasis en ese anhelo de poder. Él dice ahí en el versículo 42: "Ustedes saben que los que son reconocidos como gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos." Son reconocidos, son señores, ejercen autoridad. Aquí nosotros debemos entender que toda maduración comienza cuando dejamos de vivir de una manera que se base en este principio: "Yo vivo así porque así son las cosas." Yo he escuchado a muchas personas que me dicen: "¿Qué voy a hacer? Así son las cosas. Así es este mundo. Es un mundo salvaje, de tal manera que vamos con el flujo porque quiero sobrevivir."
Y el Señor enfáticamente está diciendo: "Ustedes saben que hay algunos que ejercen autoridad, que son reconocidos como gobernantes, que son populares, son señores, tienen autoridad, y esas son como son las cosas." Pero solo podremos madurar cuando dejemos de vivir de una manera porque "así son las cosas", y pasemos a vivir de acuerdo con cómo hace Dios las cosas. Si nosotros seguimos viviendo como si así fueran las cosas, nunca maduraremos, porque no sería necesario madurar. Es necesario vivir como vive el mundo. Pero yo voy a madurar cuando pase de "así son las cosas" a "cómo Dios hace las cosas." Yo tengo que empezar a preguntarme cómo hace Dios las cosas.
Jesús es enfático, como cuando le dijo a Jacobo y Juan: "No saben lo que piden." Y luego les dice a los discípulos: "Pero entre ustedes no será así." O sea, hay una diferencia radical en nuestro proceso de maduración. Debemos preguntarnos: ¿para qué es que nosotros maduramos? De tal manera que cuando Jesús les dice "no saben lo que piden" y luego "pero entre ustedes no será así", es una gran advertencia, porque vamos madurando cuando vivimos nuestras vidas bajo la norma de Dios y no bajo los patrones del mundo.
Ahora, hermanos, Jesús no estaba enseñando nada nuevo. Y lo demostraré: es el mismo énfasis que ya vimos, establecido desde el principio de su ministerio, pero que ahora aplica de manera muy precisa. Cuando dice: "Miren, ustedes," en el versículo 43: "Pero entre ustedes no será así, sino que cualquiera de ustedes que desee llegar a ser grande será su servidor, y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos." Aquí hay una diferencia, y yo quiero marcar esta diferencia sutil. Ustedes recuerdan la petición de Jacobo y Juan: "Señor, concédenos que en tu reino nosotros seamos como virreyes, que nos sentemos en sillones de autoridad."
Me imagino un sillón rojo, grande, con un cuello largo, una silla grande y un lugar donde poner los pies en un estrado: una persona que ahora ejerce autoridad, que es reconocida por su autoridad, que es un señor que tiene el poder para cambiar las cosas. Pero sutilmente dice Jesús. ¿Cuál es la palabra que usa? Cualquiera. No tiene que pararse en este púlpito. No es Miguel Núñez, no es John Velor, menos Pepe Mendoza. Es cualquiera. Dice: "Cualquiera de ustedes que desee llegar a ser grande será su servidor." Y lo recalca con una segunda frase: "Y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos."
Cualquiera. Porque nosotros nos preguntamos: ¿para qué maduro? Para ser como Jesús. No para obtener mi mejor versión de mí. No para mejorar mi autoestima. No para que me vaya mejor en el trabajo. No para que cumpla mis sueños. Para ser como Él.
Un filósofo francés tiene una frase que a mí siempre me ha llamado la atención. Él dice: "Hay un problema ético en la raíz de nuestras dificultades filosóficas. Los hombres y las mujeres son muy aficionados a buscar la verdad, pero son muy reacios a aceptarla." Y ese es nuestro problema. Por eso no maduramos. Imagínense que somos una planta a la que le muestran las virtudes del agua y el sol, pero se niega a beber agua y se niega a tomar sol. Somos muy aficionados a buscar la verdad, pero muy reacios a aceptarla.
Al principio yo dije que el fruto madura cuando alcanza el grado de desarrollo adecuado para su consumo. El "para qué" es fundamental en la vida cristiana. Porque no sabes cómo madurar, porque confundes ese proceso de maduración con patrones del mundo, y porque no sabes para qué maduras. Si yo sé para qué maduro, lo voy a buscar. Un mango: ¿a qué huele cuando está maduro? ¿De qué color es cuando está maduro? Si yo soy un mango inmaduro y me veo verde y duro, y yo miro ese mango maduro, ese es el propósito. Y ese propósito es mayor cuando veo a alguien que ya lo ha alcanzado, porque descubro hacia dónde voy.
Elisabeth Elliot lo decía de una manera muy poética. Ella decía: "Mi corazón clamaba: 'Señor, quítame este anhelo, o dame aquello que anhelo.'" Y el Señor respondía: "Debo enseñarte a anhelar algo mejor." Yo quisiera que en esta mañana nosotros oremos al Señor y le digamos: "Señor, quítame este anhelo o dame aquello que anhelo", y que el Señor nos responda: "Déjame enseñarte a anhelar algo mejor."
Madurar es anhelar algo mejor. Porque el versículo 45 dice: "Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos." Y aquí, hermanos, el énfasis no está en el servicio; el énfasis está en ser como Él. Porque ni aun Él... Yo quiero ser como Él. Yo quiero ser como el Señor. Yo quiero rendirme ante Él. "Señor, por favor, quítame este anhelo o dame aquello que anhelo. Señor, por favor, enséñame a anhelar algo mejor. Enséñame a anhelar ser como Tú, porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos."
Termino, y corro en el tiempo correcto, aunque me digan que no, porque yo tuve un tiempo de pausa. Calvino decía en sus Instituciones: "El hombre no corre el peligro de rebajarse demasiado desde el momento en que ha comprendido que necesita encontrar en Dios aquello de lo que carece." El hombre no corre el peligro de rebajarse demasiado desde el momento en que ha comprendido que necesita encontrar en Dios aquello de lo que carece. No temo humillarme delante del Señor y que el Señor me diga: "No sabes lo que pides." No temo que mis anhelos sean destrozados y mis deseos sean destrozados por el Señor, porque el Señor tiene algo mejor para mí y superior para mí, que es por gracia, que es en Él.
De tal manera que madurar tiene que ver con este proceso en donde, para poder crecer, le presto clara atención a lo que el Señor tiene que decirme, intento vivir aquello que el Señor me demanda, y reconozco que el propósito final es parecerme más a mi Señor. Cuando tengamos estas tres ideas claras, vamos a madurar.
De tal manera que oremos al Señor en este momento. Cerremos nuestros ojos. Yo no sé cuáles son los deseos de tu corazón, qué es aquello que tú anhelabas, cuáles eran tus oraciones que tú levantabas delante del Señor. Y yo te pregunto: ¿estás madurando para ser como Cristo? ¿Estás prestando atención a todo lo que el Señor tiene que decirte? ¿Estás dispuesto a poner en práctica aquello que el Señor demanda? ¿Estás dispuesto a reconocer que el propósito final no es mejorarte a ti, sino que tú mueras para parecerte más a Él?
De tal manera que, Señor, en esta mañana, queremos suplicarte tu bendición, tu dirección, tus cuidados sobre nuestras vidas, y pedirte, Señor, que nos ayudes a crecer, que nos ayudes a madurar, que nos ayudes a caminar contigo, que nos ayudes, Señor, a poder dejar nuestros anhelos delante de Ti. Señor, quítame este anhelo y muéstrame aquello que debo anhelar. Señor, enséñame un anhelo mejor. Señor, que al final de cuentas nosotros caminemos contigo, no para buscar, Señor, nuestros propios beneficios, sino para buscar tu gloria. Y tu gloria es, Señor, que tu pueblo cada día se parezca más a nuestro Señor.
Señor, que nos podamos rendir a Ti, que nosotros podamos caminar contigo, que podamos aprender, Señor, que madurar es una responsabilidad que también está en nuestras manos: la responsabilidad de reconocer lo que fuimos y lo que debemos ser en Ti. Ayúdanos, Señor, a caminar contigo. Ayúdanos a rendirnos a Ti. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
El Señor les bendiga, mis hermanos. Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.
José «Pepe» Mendoza es predicador, escritor y profesor, y autor del libro Proverbios para necios: Sabiduría sencilla para tiempos complejos (Vida, 2024). Ha servido como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en la República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú, donde enseña en el Instituto Integridad & Sabiduría y colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary. También trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y juntos son padres de su hija Adriana.