Integridad y Sabiduria
Sermones

Si no lo vives, no lo crees

Miguel Núñez 30 julio, 2023

La fe que no se vive no es fe, es solo información que hasta los demonios poseen. Santiago lo dice con claridad: "Tú crees que Dios es uno, haces bien; también los demonios creen y tiemblan". El problema no es lo que afirmamos creer, sino lo que nuestra vida demuestra. Estudios recientes revelan que solo el 9% de los cristianos nacidos de nuevo tienen una cosmovisión bíblica, lo que explica por qué el estilo de vida de quienes se dicen creyentes no difiere mucho del de quienes no conocen a Cristo. Santiago escribe para corregir esa brecha entre doctrina y práctica, no para enseñar salvación por obras, sino para mostrar cómo luce una fe genuina.

El asunto es de señorío. Cuando pecamos, revelamos que en ese momento amamos más nuestro pecado que a Dios. El pastor Núñez lo plantea de forma directa: actuamos conforme a aquello que más amamos en el momento de actuar. Por eso nos autoengañamos con excusas —el abogado encuentra circunstancias atenuantes, el médico justifica su cobro excesivo, el cristiano se compara con alguien peor. Pero Santiago no tiene paciencia para ese cristianismo: si ves a un hermano sin ropa ni comida y le dices "abrígate bien, come bien" sin darle nada, ¿de qué sirve tu fe?

Cristo simplificó todo en dos mandamientos: amar a Dios con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo. Cuando amamos poco, obedecemos poco. Jacob trabajó catorce años por Raquel porque la amaba; el sacrificio se vuelve deleite cuando el amor es genuino. La vida cristiana no requiere un alto coeficiente intelectual, sino un corazón que ceda su señorío a Cristo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, decía la primera ocasión que hoy estamos comenzando una nueva serie sobre la epístola de Santiago. Yo creo que mucha gente ha citado versículos de Santiago, versículos sueltos en su gran mayoría. Yo creo que poca gente ha hecho un estudio detallado acerca de esta carta y pensamos que después de haber pasado algunos meses viendo el carácter de Dios, sería apropiado poder ver una carta de este tipo que nos va a mostrar cómo se supone que luzca alguien, que viva alguien que conoce a Dios como estuvimos exponiéndolo por varios meses. De manera que creo que esta carta puede ser, debe ser de gran bendición si sabemos aceptarla como tal.

Porque es una carta como ninguna otra en el sentido de la exigencia que hace en términos de vivir una vida de obediencia. Yo creo que no hay ningún otro libro en toda la Biblia que enfatice la necesidad de una vida de obediencia como lo hace Santiago. Y eso ha hecho que algunos hayan juzgado a Santiago, el autor de la carta, acusándolo incluso de promover una salvación por obras en vez de una salvación por gracia como ciertamente es. Yo creo que es posible llegar a esa conclusión cuando uno estudia el libro de manera no cuidadosa o cuando lo estudia fuera de contexto, sobre todo hoy, porque durante la época de la Reforma, donde se estaba haciendo un énfasis enorme acerca de que las obras no jugaban ningún papel en la salvación, hasta Martín Lutero llegó a considerar esta carta como una carta de paja, por así decirlo, hasta que logró entender mejor que Santiago no estaba contradiciendo en nada lo que Pablo había enseñado.

Lo que yo sí creo que Santiago nos deja ver es cómo luce una fe verdaderamente genuina en la vida diaria. Y la palabra o el énfasis está en genuina, no perfecta obediencia; hay una diferencia entre ambas cosas. Porque una obediencia perfecta es una obediencia sin pecado, sin faltas, eso no existe de este lado de la eternidad ni va a existir, solamente Cristo lo pudo hacer. Pero una obediencia genuina no es otra cosa que una vida que vive en congruencia con los valores cristianos, con inconsistencias, inconsistencias que van quedando atrás en la medida en que el Espíritu de Dios va formando en nosotros la imagen de Cristo, en la medida que el señorío de Cristo es cedido a Él en mayor proporción cada vez más, hasta el punto de que nuestras pasiones carnales que una vez nos dominaban, nos guiaban en una dirección, ya no lo hagan.

El apóstol Pablo escribió, incluso les escribió a los corintios y les dijo: "Mira, aun aquellas cosas que me son lícitas, yo lo que no voy a permitir es que me dominen, no me dejaré dominar por ninguna." Yo creo que esa es la clave: dominio, esa es la palabra clave, porque lo que me domina es lo que ejerce señorío sobre mí y la pregunta es esa. Si el Señor de mi vida va a ser Cristo, voy a ser yo, van a ser mis pasiones, porque la lucha va a permanecer. Por cierto, la medida del triunfo lo visto yo en la medida en que le cedo señorío a Cristo o le cedo señorío a mis pasiones. Eso es ceder, tengo que hacerlo yo, esa entrega de la voluntad no la puede hacer ningún otro y Dios no lo va a hacer porque me toca a mí. La parte que Él podía hacer ya la hizo y es regenerar mi alma y venir a habitar en mí en la persona del Espíritu Santo.

Lo primero que Santiago enfatiza es que el pueblo de Dios y las vidas individuales de aquellos que forman parte del pueblo de Dios tiene que ser, subraya la palabra ahora, radicalmente diferente a las vidas de ahí afuera. Yo menciono eso porque la organización Barna ha hecho un número de estudios a lo largo de los años y ese último estudio fue una evaluación del año 2021 en Estados Unidos, hace dos años, y solamente el 9% de los cristianos —subraya esto ahora— nacidos de nuevo... De manera que ya no fueron a la sociedad y le preguntaron a alguien: "¿Tú eres cristiano?" "Sí." Y ahora comenzaron a entrevistarlo. No fue de esa manera. Hubo preguntas que dieron lugar a pensar que esta persona es nacida de nuevo. De esos nacidos de nuevo, solamente el 9% tenía una cosmovisión bíblica.

Eso es grave, porque nosotros vivimos de acuerdo a nuestra cosmovisión, y si solamente 9 de cada 100 piensa, decide, siente de acuerdo a lo que la Biblia dice, entonces las incongruencias de los estilos de vida de los cristianos serán enormes. Y eso es consistente con lo que múltiples estudios han mostrado en los últimos 20 años: que el estilo de vida de aquellos que dicen ser cristianos no es muy diferente al de la población que no conoce a Cristo. Eso es grave.

Por eso nosotros hemos titulado esta serie "Predica lo que practicas." Predica lo que practicas es la serie; la serie tendrá mensajes distintos, un número de ellos, y este es el primero. Y este mensaje está titulado "Si no lo vives, no lo crees." Los dos títulos son intimidantes ya, pero déjame mencionar de dónde vino esta idea de "si no lo vives, no lo crees." Vino de un versículo de Santiago, porque Santiago dice en 2:19: "Tú crees que Dios es uno." Lo cantamos: creo en el Padre, creo en el Hijo, creo en el Espíritu Santo, que Dios uno es, cantamos todo eso. Santiago dice: "Si tú crees eso, buenísimo, tú crees que Dios es uno, haces bien; también los demonios creen y tiemblan."

En otras palabras: qué bueno que tú crees que Dios es uno, que es un Dios trino, que es uno solo, pero sabes qué, no creas que eso es un gran aporte a tu currículum, los demonios creen exactamente lo mismo. De manera que si estás contando con lo que crees para tu currículum de cristiano, no estás muy seguro, porque lo que tú crees, los demonios siempre lo han creído.

Entonces, ¿qué es lo que Santiago propone? Bueno, Santiago entiende que tú crees lo que vives, o tú vives lo que crees, y cuando el cristiano no vive lo que él dice creer, él no lo cree. Alguien pudiera decirme: "Pastor, pero usted no ha vivido una vida de obediencia completa." No, claro que no. Yo te dije que de este lado de la gloria no va a ocurrir. Entonces tú podrías preguntarme: "¿Cómo se explica cuando usted peca?" No si peco, es cuando peco. Lo explico de la misma manera que todo el mundo debiera entenderlo, pero déjame comenzar a decirte cómo yo puedo explicarlo de una manera que no me afecte tanto, que no me cambie tanto: "Bueno, tú sabes que somos pecadores todos y todos tenemos una naturaleza caída. Entonces en esa naturaleza caída todavía hay deseos y pecados remanentes." Y me siento más o menos bien con eso porque mal de muchos, consuelo de tontos.

O yo puedo ser más honesto y decir: aunque esto es verdad lo que yo acabo de decir, la verdad es que cuando yo peco, yo no amo a Dios con toda mi alma, toda mi mente y toda mi fuerza. "Pastor, pero hay cosas que usted quizás afirma que luego no las vive completamente." Es cierto. "Entonces usted no las cree." Bueno, cuando yo no lo vivo completamente, lo único que eso revela es que hay áreas de incredulidad en las cosas que creo. Y las áreas de incredulidad explican las incongruencias.

De manera que yo tengo que ser honesto, tú tienes que ser honesto, o no vas a ser transformado nunca. Si no voy a ser honesto con lo que es mío, con lo que es mi pecado, con lo que está en mi corazón, la corrupción que no se acaba de ir hasta que entramos en gloria, no puedo pensar que otros me hacen pecar, no puedo pensar que el principal problema mío está fuera de mí y no está dentro de mí.

Santiago lo explica de esta manera en Santiago 1:14-15: "Cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión." ¿Entendiste? Que yo soy seducido por lo que sea por mi propia pasión; la pasión precedió a mi seducción. Y por consiguiente, cuando fui seducido yo simplemente estaba mostrando no solamente la corrupción de mi corazón, sino en ese momento, en esa área de mi vida, ¿quién es señor? Mis pasiones. Santiago entonces dice después: "Cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado, y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte." Eso vamos a hablar en otro mensaje, pero eso habla del funcionamiento del pecado, la fisiología decimos nosotros en medicina, de cómo funciona el corazón o el hígado o cualquier otro órgano. Eso se llama fisiología; en este caso es la fisiología del corazón, cómo funciona.

Pero antes de seguir dándote esa vista panorámica, debo entiendo yo introducir la carta en términos de su autor y su audiencia. Y esto es lo que Santiago 1:1 dice: "Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: saludos." Entonces el autor obviamente es Santiago; la pregunta es quién es Santiago. Yo no voy a entrar en la parte lingüística de cómo el Jacobo al que me voy a referir es el mismo Santiago, de cómo llegó de Jacobo a Santiago. Pero yo creo que hay consenso de que este que escribió, este Santiago que es Jacobo, ese es el medio hermano de Jesús.

Jesús tuvo hermanos, hermanos de veras, de madre, porque no de padre. Jesús no fue hijo de José como los otros fueron, pero fue hijo de María. Entonces este es el medio hermano de Jesús; de hecho él es mencionado en Mateo 13:55 y en Marcos 6:3. Santiago no comenzó bien, porque como hermano de Jesús perteneció a aquellos que no creyeron en Jesús inicialmente. De hecho esto es lo que Juan 7:5 nos dice: que ni aun sus hermanos creían en Él. No había tampoco gente que conocieran a Jesús en lo íntimo más que sus hermanos, incluyendo a Jacobo, el autor de esta carta, y tampoco creyó en Él.

De manera que Jacobo es como un convertido tardío, pero sabemos algunas cosas de esa conversión. Por ejemplo, Pablo les escribe a los corintios en su primera carta, en capítulo 15, versículo 7, y les dice que el Señor Jesús le hizo una aparición a Jacobo y luego a todos los apóstoles. Lo separó: a Jacobo y luego a todos los apóstoles. Probablemente esa aparición singular que Cristo le hizo fue suficiente para convencerlo de que Él era quien dijo que era. Luego el mismo Pablo, escribiendo la epístola a los Gálatas en 1:19, habla de que cuando el Señor Jesús lo salvó a él, él fue y visitó, no visitó a ninguno de los apóstoles.

Si no, solamente a Jacobo, como que Pablo le dio el calificativo de apóstoles, no como perteneciente al grupo de los doce, pero en el sentido general un apóstol es un enviado especial de Dios, y Pablo le llamó en ese momento como uno de los apóstoles. Él fue y visitó a Jacobo por alguna razón, y la razón más evidente cuando tú sigues leyendo en Gálatas y te encuentras en el capítulo 2, versículo 9, que Pablo dice que ese Jacobo era uno de los pilares de la iglesia, uno de los líderes principales de la iglesia de Jerusalén. Y eso nos da una idea del autor, es decir un par de cosas más adelante.

Pero antes de seguir, ¿cuándo escribió este Jacobo la carta? Siempre vamos a ver en qué momento del desarrollo de la historia. Bueno, esta carta se considera como el primer documento del Nuevo Testamento, el más antiguo, el que primero se escribió, por alrededor del año 45 al 48 después de Cristo, y el único otro documento o carta que compite con Santiago es la carta a los Gálatas, que se piensa que se escribió alrededor de la misma época.

En Jerusalén hubo un concilio, un primer concilio, el primer concilio de toda la iglesia, está narrado en Hechos 15. Cuando tú lees Hechos 15, es obvio que este Jacobo era uno de los pilares de la iglesia. De hecho, llevó la voz cantante en ese concilio, él fue el que le habló a la multitud al final. De manera que ahí tú puedes ver de nuevo que ese Jacobo ya había alcanzado cierta preeminencia. Ese concilio se llevó a cabo entre el año 49 y 50, de tal forma que Jacobo escribe esta carta anterior al concilio. ¿Y tiene sentido? Porque si ya para la época del concilio él era aceptado como uno de los líderes principales, pues algo ha venido ocurriendo que le dijo a la iglesia: este es un líder que Dios ha endosado, y parte de ese testimonio probablemente era su carta.

Entonces ahora el autor, aparte de decir que es Santiago, se identifica de dos otras formas, y se califica como siervo de Dios y del Señor Jesucristo, siervo de Dios Padre y del Señor Jesucristo. La palabra para siervo es "doulos" en el original, que significa esclavo, y la palabra para Señor que está ahí es "kurios", que significa un amo, un señor. De manera que Santiago se está viendo no como el hermano de Jesús, el medio hermano de Jesús, sino como un esclavo de su amo, de su Cristo, que ascendió y se sentó a la diestra del Padre. Santiago entiende que su relación biológica de hermano con Jesús ya realmente como que terminó. Ahora es una relación de otro tipo, es una relación de alguien que le sirve a quien fue su hermano en la tierra, pero que ahora es su Dios y su Señor.

Y le escribe esta carta a la audiencia, ahora a las doce tribus que están en la dispersión. Las doce tribus de Israel es una frase para hablar de Israel, escribió a un grupo de judíos, de israelitas, pero con una característica en particular: no estaban en Israel, no estaban en Jerusalén. ¿Dónde estaban? Esparcidos, habían ido a vivir a otros lugares, quizás porque ya habían llegado a creer y estaban siendo perseguidos, o simplemente por el fenómeno de la diáspora.

Y quizás Santiago estaba preocupado por cosas que había oído acerca de ellos. La dispersión, el alejamiento de tus hermanos con cierta frecuencia produce cierto enfriamiento. Como ya se ha dicho, que nosotros somos como las brasas del fuego, que cuando están juntas ardemos y cuando nos separan nos enfriamos. Y eso lo vemos en la vida de la iglesia hoy.

Entonces Santiago, preocupado por esos hermanos judíos en la dispersión, escribió una carta distinta a todas las demás cartas. Esta es una carta con poca teología conceptual, todo es práctico, todo está aterrizado, todo es el día a día, cómo debe lucir esa teología. Es diferente a Pablo, que en la carta a los Romanos usa once capítulos para hablar de la perdición del hombre, la salvación de Dios y cómo la salvación es por gracia y no por obras, etcétera, etcétera. En el capítulo 12 hasta el 16 de Romanos, Pablo comienza a decirnos que en vista de todo lo que Dios ha hecho, así es como tú debes vivir. Once capítulos de teología, cuatro de práctica. Cuando Pablo escribió a los Efesios, hace algo similar, pasa tres capítulos hablando de teología, salvación y elección y todo lo que tú quieras, y luego tres capítulos para hablarnos de cómo vivir. Santiago, el hombre práctico, se fue directamente a la teología aplicada.

Y yo no sé exactamente qué estaba pasando, y no creo que haya mucha información sobre esto, qué estaba pasando con esos hebreos, israelitas esparcidos en la dispersión. Pero quizás ya habían oído correctamente que la salvación es por gracia, a través de la fe, quizás habían aprendido eso. Quizás habían oído también que en vista de que Cristo vino y cumplió la ley, que ya la ley como que había quedado atrás, lo cual también sería correcto. Pero quizás esa idea los llevó a pensar: bueno, si crees bien, estás bien. Y yo creo que si es el caso, Santiago les está diciendo: no es suficiente creer bien, necesitamos vivir bien.

Y yo creo que esa es una enseñanza vital para esta generación, porque en los últimos veinte años se ha hecho un énfasis enorme en la salvación por gracia, lo cual es verdad. Pero la salvación por gracia no es simplemente que yo levanto la mano, paso adelante y creo que Cristo es mi Salvador y ya mi pecado está perdonado. Se supone que había una convicción de pecado, se supone que había un arrepentimiento, se supone que con el arrepentimiento he venido, he pedido perdón por esos pecados por el derramamiento de la sangre de Cristo, y que yo voy a entregar mi vida al Señor. Voy a entregar mi vida de manera que Él reine como mi Señor de aquí en adelante. Santiago me está diciendo no cómo tú eres salvo, sino cómo debe lucir una persona que ya es salva. Yo creo que ahí es donde está el meollo del asunto.

¿De qué es que Santiago está hablando? Santiago no está diciendo que cuando tú haces obras, tus obras contribuyen a tu salvación. No, lo que está diciendo es: si tú dices que tienes algo, yo quiero verlo. No quiero simplemente oír el Evangelio, yo quiero ver el Evangelio en tu vida. Si no lo veo, perdóname, pero yo tengo el derecho de dudarlo.

Pero eso supone que con la salvación vino el Espíritu Santo a morar en mí. Y el Espíritu Santo que vino a morar en mí vino a producir el fruto del Espíritu, su fruto en mí, del cual habla Pablo en Gálatas 5:22: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Este último, dominio propio, es vital. Porque es en el ejercicio del dominio propio, no de mi fuerza de voluntad, es en el ejercicio del dominio propio producido por el Espíritu, que yo digo que no a mis tentaciones y digo que no al pecado.

Santiago comienza a hablarnos entonces de que si tú tienes una fe que verdaderamente te salvó, eso debe traducirse en cosas como estas. Tú vas a cuidar de tu hermano, tú vas a cuidar de tu hermano que está en necesidad, tú no me lo vas a pasar por alto. Que si esa fe está presente, tú no vas a hacer acepción de personas cuando la gente venga a la iglesia, como estaba pasando aparentemente en Jerusalén, no va a haber favoritismo en tu vida.

Capítulo 2, capítulo 3. Santiago le dedica la primera mitad del capítulo 3 a decir: si tú eres cristiano, esa lengua no se supone que hable como está hablando. Esa lengua no puede estar fuera de control, esa lengua no puede hablar como habla la gente del mundo. ¿Cómo te llamas? ¿Qué piensas? Tienes que controlar la lengua, el Espíritu de Dios que mora en ti cambiaría la manera como la lengua habla. Porque Santiago entiende que la fe que te salva impacta toda tu vida.

Santiago habla de que esa fe persevera en medio de la tribulación, próximo mensaje sobre eso. Cómo esa fe debe procurar sabiduría de parte de Dios. Él habla de una sabiduría que es diabólica, fuerte esa palabra, y una sabiduría que viene de parte de Dios. Habla de cómo funciona el pecado, como te leí hace un momento. Habla de hasta dónde llega el poder de la oración, porque él habla de la oración del hombre justo, o mujer justa, que es poderosa y eficaz. En otras palabras, tienes que orar, pero él toca el tema de si todas las oraciones son iguales. No es que Dios tiene una élite a quien Él responde, no. Pero hay hombres, hay mujeres que caminan con Él, que como caminan con Él disciernen mejor la voluntad de Dios, como disciernen mejor la voluntad de Dios entienden mejor cómo orar. Y eso complace a Dios, y Dios termina respondiendo más sus oraciones que las de otros. La oración del justo, poderosa y eficaz.

Santiago habla también, le habla fuertemente a aquellos que han acumulado riquezas pero han ignorado las necesidades de aquellos que están a su alrededor. Santiago no tendría mucha paciencia para esta generación indulgente. De hecho, yo creo que si Santiago fuera pastor hoy en día, yo no creo que él tuviera una iglesia muy grande.

Santiago entiende, mira, escúchame: el poder del Espíritu que vive en ti tiene que ser mayor que las debilidades que te aquejan. El problema no está en la falta de poder del Espíritu para transformarte, ¿eso está claro? No. El problema está en dónde o a quién yo le he estado cediendo el señorío. Santiago entiende, mira, las obras no te salvan, pero tu obra, la forma de vivir, es la muestra externa de tu conversión interna.

Mira cómo él lo dice en Santiago 2:14: "¿De qué sirve, hermanos míos..." Él está hablando a personas que entiende que son creyentes. "¿De qué sirve, hermanos míos, si alguien dice que tiene fe pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo?" Las obras no te salvan, lo que está diciendo es: si tu fe no tiene obras, realmente esa no es una fe que te salvó.

Él dice en el versículo 17: "Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta." Eso es lo que les dice, es que no hay fe. Lo que tú llamas fe está muerto.

En el versículo 18 dice: "Pero alguien dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras y yo te mostraré mi fe por mis obras." Santiago lo dice: yo te mostraré mi salvación por mis obras.

Porque las obras que hago son la evidencia de que ya la fe me salvó. Eso es lo que Santiago quiere decir. Por eso decía que Santiago no tendría mucha paciencia en nuestro día con una generación indulgente. Santiago dispara a la cabeza. El libro de Santiago tiene 108 versículos y en 108 versículos tiene 54 imperativos. Es como un imperativo cada dos versículos. Todo el tiempo. Porque es una carta práctica.

Aquí está el problema: nosotros vivimos en una cultura que llamamos cultura occidental. La cultura occidental fue ampliamente influenciada por la cultura griega. En la cultura griega, y luego occidental, se enfatiza mucho la definición de las ideas, y eso es bueno, porque eso nos llama a definir la doctrina con precisión.

La problemática está en que, como seres humanos que somos, nunca sabemos balancear las cosas y, por tanto, definimos bien la doctrina pero no definimos bien la práctica. Como que dejamos la práctica en el aire, como que depende de cada quien. Y esto tiene cierta razón, porque si pienso bien, debo vivir bien, pero no siempre. El problema está en esto: yo puedo recordar bien ideas, versículos bíblicos, historias. Cuando recuerdo bien, pienso que pienso bien. No. Yo tengo que recordar las historias o las verdades y averiguar, por meditación o por consulta o ambas cosas, cuáles son las implicaciones de lo que yo creo.

Te puedes aprender la ley de la gravedad, la velocidad de aceleración de la ley de la gravedad y todo lo demás, pero si tú no sabes la implicación de la gravedad, pudiera ser que tú te tires de un tercer piso pensando que la gravedad no tiene esa gran influencia en ti, y como todo es relativo, terminas muriendo. Yo necesito conocer las implicaciones de las verdades que conozco. El cristiano, aparentemente, no las conoce, no le conviene indagarlas. Y Santiago dice: no, yo no lo voy a dejar así.

Santiago estaba consciente de lo que yo creo que tú y yo pudiéramos decir, si es que hacer es más fácil. Es más fácil pensar bien que vivir bien. Es más fácil hablar bonito que servir a otro. Es más fácil o más conveniente dar palabras que dar de lo mío. Es más fácil darle de lo mío, un cheque, que dar de mi tiempo o de mis emociones o de mi vida. Mucho más fácil. Santiago te dice: no, pero eso no puede ser así. Tú tienes que entender que la vida cristiana implica algo más.

Porque si recuerdas bien el himno que cantamos, el himno que cantamos dice que la cruz demanda toda mi vida y mi ser. ¿Qué te queda fuera, ves? En caso de que nosotros pensemos que Santiago es muy exigente, no. Esto ha sido entendido a lo largo de los siglos, de otra forma, con otras palabras. El autor del himno lo entendió de esta forma: la cruz es extraordinaria, que demanda toda mi vida y mi ser. Por completo. Todo lo que yo soy, todo lo que yo tengo, todo lo que yo pienso.

Entonces, Santiago lo que quiere es que yo entienda. Mira eso: aun eso que cantamos es conceptual. Demanda toda mi vida, todo mi ser. ¿Y eso qué significa? ¿Y eso qué implica? Entonces comenzamos a buscar todas las excepciones: de una persona que tú ayudaste, que entonces malgastó el dinero, y por eso no ayudas a nadie.

Santiago dice, mira, capítulo dos: supongamos que venga un hermano o una hermana que no tiene qué comer ni con qué vestirse, y uno de ustedes dice: "Adiós, que tengas un buen día, abrígate mucho, aliméntate bien", pero no le da ni alimento ni ropa. ¿Para qué les sirve? Ves a alguien, no tiene ropa, no tiene qué comer, tú tienes ambas cosas, te cuenta, y tú le dices: "Bueno sí, yo me imagino, a veces es difícil eso. Wow, te amo mucho, puedo orar por ti. Te vaya bien, ¿sabes? Adiós, abrígate bien, come bien". Y me dice: "¿Con qué me voy a abrigar si no tengo ropa? ¿Con qué voy a comer si te dije que no tengo qué comer?" Santiago no tiene paciencia para este tipo de cristianismo, ni él cree en este tipo de cristianismo.

Entonces, por los próximos cuatro o cinco o seis meses vamos a tratar de desempacar toda la teología aplicada que Santiago tiene, para ver si nosotros mejoramos nuestra vida de obediencia. No una vida de obediencia perfecta, pero sí que mejore. Porque todo lo que Santiago le está escribiendo no es para gente que se cree cristiana. Pudiera ser que hubiera algunos entre ellos, pero sea lo que sea que se ha dicho, esto es una carta a cristianos. Porque él le llama a sus lectores, o a los que ellos van a oír cuando se lea la carta, les llama "hermanos" quince veces en cinco capítulos. Quince veces. Y en tres ocasiones les llama "amados hermanos": en 1:16, en 1:19, en 2:5.

A esos hermanos, a esos creyentes, en Santiago 4:1 les dice: "¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que combaten en sus miembros?" En otras palabras, Santiago sabe que la vida cristiana de este lado de la eternidad no es perfecta. Él sabe que hay pasiones internas, aun en creyentes, que dan al traste con conflictos externos. Él lo sabe. Y lo que quiere es ayudarnos a entender: uno, que existen; dos, que tengo que aceptarlo; tres, que yo tengo que hacer algo con ellos; cuatro, que yo no me puedo quedar pasivo; cinco, que yo tengo que cuestionar quién es el señor de mi vida.

"Bastante hago", entonces dices. Mira, Santiago dice hay cosas con las que yo tengo problemas. Uno: hay cosas, hechos, en la vida de personas que se dicen creyentes, que no pueden estar en una vida cristiana. Y luego dice, del otro lado de la moneda: hay cosas que no están en una vida cristiana que es inconcebible que no estén. Y Santiago está diciendo: ustedes, mis hermanos amados, tienen que hacer algo con eso.

Entonces la tendencia es esta: leemos Santiago, lo encontramos exigente, o acusamos a Santiago de una salvación por obras, o paramos la carta, no seguimos leyendo, y decimos: "Eso es imposible, no lo podemos hacer". Pero el dedo acusador continúa. O lo que necesitamos hacer es tomar a Santiago como el resto de la Palabra: como un espejo. Ver dónde mi vida es incongruente con lo que les está diciendo. Tratar de hacer los ajustes necesarios, no simplemente conductuales, a nivel del corazón, para que luego las conductas puedan cambiar.

A Santiago le preocupa, le preocupaba, que tuviéramos una ortodoxia correcta, o sea, que pienses doctrinalmente bien, y una ortopraxis incorrecta, que es la práctica. Que pienses bien y tu práctica sea incongruente con lo que tú sabes. Que tengas una doctrina correcta y un estilo de vida incorrecto. A Santiago le preocupaba que tú conoces la verdad pero vives en la mentira. Le preocupaba que el cristiano que conoce la verdad del reino de los cielos vive en la mundanalidad de la sociedad. Santiago dice: no puede ser.

Santiago entendió tardíamente. Porque no querían a Jesús al principio. Lo bueno de la historia de Santiago, como me recordaba el pastor Reyno en el interculto, es que queda esperanza. Él comenzó tarde, pero míralo cuánto avanzó. Santiago aprendió lo que Pedro aprendió. Escuchen lo que Pedro escribió en su primera carta, capítulo uno, versículos 15-16: "Sean ustedes santos en toda su manera de vivir". No en la iglesia, no en la crianza, no en el matrimonio: no, en toda su manera, no de pensar, de vivir. O sea, Pedro entiende también que esto tiene que traducirse a la vivencia diaria. Y termina la idea Pedro en el versículo 16: "Porque escrito está: Sean santos, porque yo soy santo".

Para Santiago, la marca distintiva del creyente es la obediencia. Mira cómo lo dice en 1:22: "Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores". Él continúa, no se queda ahí, pero déjame parar en el momento. O sea, no simplemente oye, pero ve y vive conforme a lo que oíste. Pero él me ayuda más a entender que mi problema no radica solamente en que no hago lo que oigo o no hago lo que digo. No. Mira qué más le preocupa: "Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores, que se engañan a sí mismos".

Y algunos piensan, como ya te he venido diciendo, que Santiago es muy exigente. Pero sabes qué, Cristo lo dijo mucho antes. Mucho antes, de otra forma. En un momento dado le está hablando a la multitud que está siguiendo a sus discípulos en general. Les está hablando acerca de los escribas y de los fariseos y les está diciendo a ellos: "Mira, ustedes necesitan oír y aprender sus enseñanzas. Necesitan aprender de lo que ellos están enseñando. Lo que no pueden hacer es tratar de aprender de lo que ellos están viviendo, porque ellos dicen pero no hacen".

Escúchenlo en las palabras de Cristo: "De modo que hagan y observen todo lo que les digan, pero no hagan conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen". Esos eran unos autoengañados. Y Santiago dice: me preocupa que te engañes, que creas que estás bien porque crees bien. Y esto es malo, porque cuando te autoengañas, tratas de engañar a otros también, y tratas de explicar tus problemas en términos conductuales en vez de explicarlos en términos de la corrupción de tu corazón.

Y esa dicotomía, ese divorcio entre lo que se enseña y lo que se vive, ha sido denunciado mucho antes de Santiago. Por lo menos antes de Santiago, por Cristo. Y alrededor del tiempo de Santiago, por el mismo Pablo. Era la misma preocupación.

Déjame ilustrar con Pablo y Pedro. Pedro recibe una visión. En la visión, de parte de Dios, Dios le revela a Pedro, míralo en Hechos capítulos 10-11, le revela: "Mira Pedro, los judíos y los gentiles ya no van a ser dos pueblos, pero van a ser uno. No solo eso, por consiguiente ya no va a haber alimentos impuros. Pueden comer de todo". Pedro ve esto en un lienzo que tenía alimentos puros e impuros. Pedro no quería comer, y el Señor le dijo: "No llames impuro ya lo que el Señor llamó limpio. Así que come, Pedro".

Pero baja a Jerusalén. Pedro se juntó con Cornelio, baja a Jerusalén con él, un gentil. Lo están criticando, estaban esperando para condenarlo. "Pero ¿y se ven las manos?" "Esperen, no me condenen tan rápido". Pedro les explica la visión y el texto dice que entonces hubo paz. Ahora todo el mundo entendió que gentiles y judíos van a estar juntos, que no hay comida impura.

Pero Pedro viaja a Antioquía, donde estaba Pablo, y resulta que Pedro estaba comiendo con gentiles, como la visión le enseñó. Pero llegaron los de Jerusalén, y cuando llegaron, él comenzó a apartarse y ya no comía con ellos, solamente con judíos. Y Pablo se entera. Y Pablo dice: "Aquí no puedo creer, Pedro". Oye lo que le dice, que junto con Pedro otros estaban siguiendo el ejemplo de Pedro. Y les dice, Gálatas 2:13: "Y el resto de los judíos se le unió". Escuchen: "En su hipocresía, de tal manera que aun Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos".

Pablo llamó a Pedro hipócrita delante de todo el mundo. Le dice: "El problema es que tu hipocresía se llevó de encuentro a Bernabé y a muchos otros". ¿Cuál era el problema? Que tú recibiste una visión, recibiste un entendimiento, y no lo viviste.

Entendimiento, y ahora no vives lo que tú mismo enseñaste, que era nuevo para el resto de la población. Y mira el daño que has hecho ahora.

De manera que esa dicotomía de vida del cristiano no es tan simple como parece. Preocupó a Cristo con los fariseos, con los escribas; preocupó a Pablo en el caso de Pedro; y preocupó a Santiago ahora en su carta. Y cuando él escribe, les dice: "Acercaos a Dios y Él se acercará a ustedes. Limpiad las manos, pecadores, y ustedes de doble ánimo, purifiquen sus corazones." Directo al corazón: ustedes de doble ánimo. Eso son sus hermanos amados. De hecho, aquí mismo les llama pecadores, pero les llama pecadores a aquellos que ya había aprobado y llamado hermanos. Dice: el problema con ustedes es que son de doble ánimo.

Daniel Doriani es un académico, excelente comentarista, me encanta leerlo. Dice que el problema del hombre de doble ánimo es que persigue dos cosas al mismo tiempo: servir a Dios y servirse a sí mismo. Bingo, ese es el problema. Que quieres servirle a Dios, tomar vacaciones como el que toma vacaciones o fin de semana de la vida cristiana, y entonces servirte a ti mismo por un día, por dos, por el fin de semana, por un tiempo. Es un problema de señorío.

Pero ya Santiago me había dicho en el capítulo 1 que el hombre de doble ánimo que no piense que recibirá cosa alguna del Señor. ¡Oh wow! Quizás alguna de la falta de respuesta a mis oraciones tiene que ver con eso. Que como hay una dobleza del señorío, una aparente dobleza del señorío, pudiera ser calificado de doble ánimo. Y Santiago me dice que el hombre de doble ánimo que no piense que va a recibir cosa alguna. No, porque yo no puedo servir a dos señores. Cristo lo enseñó.

Yo te decía que Santiago no es el primero. Santiago es quien lo pone en estos términos, de la forma que sea más práctica, menos conceptual, sino en el día a día. Pero ya Cristo lo dijo en Mateo 6:24, en el Sermón del Monte: "Nadie puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro." En el contexto en que Cristo habló está hablando de las riquezas, pero eso es aplicable a todo lo que ejerza señorío sobre nosotros, todas las cosas.

Santiago, medio hermano de Jesús, no creyó en Él. Pero cuando llegó a creer, las enseñanzas de Jesús lo impactaron, incluyendo el Sermón del Monte. Porque en sus cinco capítulos él hace quince referencias al Sermón del Monte. Es impresionante: cinco capítulos, quince referencias al sermón de mi hermano, en que yo no creí, pero que me ayudó a entender en términos prácticos cómo es.

Hermanos, déjame decirte algo que en esta semana oí varias veces con varios hermanos. Y una de las cosas que me han ayudado a cambiar: cuando tú pecas, yo estoy dejando ver, no solamente tú, yo también, que en el momento de mi pecado, o en el día de mi pecado, yo amo más a mi pecado que a Dios. Sí, eso es como dirían, "no brainer", eso no necesita como un PhD para entenderlo. Actuamos en cada momento conforme a aquello que más amamos al momento de actuar.

Ese pensamiento tiene no menos de 500 años, pero no creo que Martín Lutero en 1300, 1400 pensaba diferente. Ya Jonathan Edwards hablaba y decía exactamente la misma cosa: en cada momento yo actúo conforme, yo decido conforme, yo decido y luego actúo y vivo conforme a aquello que más poder de atracción tiene sobre mí. Y eso tiene que ver con aquello que yo más amo en ese momento.

Hermanos, por eso es que se nos llama, Santiago está reiterando esto, a morir a mí mismo, a matar el yo. Mientras el yo más vivo esté, más yo quiero complacerme a mí mismo. Y entre más el yo vivo esté, más me amo. Mientras más me amo, más quiero complacerme a mí mismo. La vida cristiana es en esencia una vida de amores: yo amo a Dios o amo mis pasiones. Es una cuestión de señorío: o el señorío de Cristo, o el señorío mío, o el señorío de mis pasiones.

De nuevo, Cristo lo entendió, Cristo lo enseñó en el Sermón del Monte, que impactó a su hermano. En la versión del Sermón del Monte del Evangelio de Lucas, en el capítulo 6, Cristo hace esta pregunta: "¿Por qué me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que yo digo?" Tiene que ver con señorío, el problema. ¿Por qué me dices que yo ejerzo señorío sobre ti, me lo dices dos veces, Señor, Señor, pero cuando veo tu vida no lo haces?

En la versión de Mateo del Sermón del Monte, el sermón que impactó a Santiago, dice en 7:21-23: "No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos." ¡Ah no! ¿Y entonces cómo es? No, porque una cosa es lo que dices y otra cosa es lo que vives. Entonces, no todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino aquel, eso es cómo vivo ahora, que hace la voluntad del Padre.

Esa es la preocupación de Santiago. Vean, hermanos míos, hermanos amados, yo no quisiera que cuando ustedes se aparezcan al reino de los cielos, diciéndole Señor, Señor, y que Él diga, el Señor diga lo que termina diciendo: "Apartaos de mí, jamás los conocí." Porque ustedes se autoengañaron. O sea, ¿cuál es lo que yo les mencioné? Que Santiago decía que no sean oidores solamente, sino hacedores, para que no se autoengañen. No, yo no quiero que se autoengañen. Examinen su vida de cómo viven día a día. Y de eso es que trata esta carta, otra etapa de que no sean oidores, sino hacedores.

Santiago, al igual que el Sermón del Monte entero, era muy práctico y él lo diría como de esta manera: si me dices que sí, bueno, pero muy bien, demuéstramelo. Si crees lo que la Palabra enseña, vívelo. Lo que oigo de ti suena bien, lo que veo no me convence. Y si fuera dominicano diría: no me ayantes. Practica lo que predicas, es el título de la serie.

Hermanos, yo te decía que el título del mensaje es "Lo que no vives, no crees". Eso es verdad, no es solo la vida cristiana, sino en todas las áreas del diario vivir. Déjame ilustrarte. El profesional puede entender que el engaño es un delito, pero cuando le toca a él, él tiene una explicación porque en su caso el engaño no es un delito. Vamos a ver si puedo usar varios profesionales.

El abogado te diría: "No, lo que pasa es que hay circunstancias atenuantes. En este caso no es un delito." El médico que le dice a su paciente: "Mira, el cigarrillo daña, no es bueno para tu salud. Puede producir impotencia, cáncer de los labios, de la lengua, de la laringe, del esófago, de la vejiga, del pulmón sobre todo." Y luego tú lo encuentras fumando. Tú le preguntas, dice: "No, lo que pasa es que yo no siempre inspiro la nicotina, la aspiro, el humo. Yo no fumo tanto como otros." O sea, en mi caso a mí no me va a dar cáncer. Esa es la diferencia. Eso es no vivir lo que él dice creer.

Pero pudiéramos seguir pensando. Ahora, entonces el engaño es un delito, pero no en mi caso. Entonces el abogado dice que tiene circunstancias atenuantes. El médico que había prometido cobrar una cantidad pero cobra mucho más. Entonces, "Doctor, pero eso no fue lo que acordamos." Entonces cuando tú le dices: "Doctor, ¿eso no es como un engaño?" "Eso no, porque yo salvé la vida de ese paciente y la vida no tiene precio."

El ingeniero te dice: "Sí, ahora yo cobré más de la cuenta, mucho más de lo que debía cobrar." "Sí, pero ¿eso no es como un engaño?" "No, lo que pasa es que él siempre tiene muchísimo dinero, él siempre no necesita ese dinero."

El político le dice: "Es que yo he dedicado mi vida a levantar la nación, a dirigir el destino de la nación. Bajo mi mandato la nación ha prosperado mucho. En realidad, ellos son los que me deben a mí."

O sea, en otras palabras, el engaño es un delito cuando no tiene que ver conmigo. Y en la circunstancia en la que tú dices que yo incurrí, porque yo no lo veo, nos autoengañamos y justificamos lo que no es justificable.

Ahora, eso es en cuanto a profesionales en el día a día. Pero el cristiano, el cristiano es el día a día. Él te dice: "Sí, yo peco, ahora sí, Miguel, pero yo no peco como y te hablo de otra gente." ¿No? Eso yo lo oí no una vez ni dos ni tres, no sé cuántas veces. O sea, en otras palabras, yo puedo ser un pecador, claro, no es decir que no, pero tampoco como este otro. Pero resulta que este otro siempre es alguien más malo que él. No se compara hacia arriba.

O te dice: "Bueno, sí, yo peco. Lo que pasa es que si tú conocieras de dónde yo vengo, yo tengo una herida que todavía no ha sanado." Y convertimos el proceso de santificación en un proceso terapéutico que carece del poder santificador del Espíritu de Dios, que aplica la Palabra a mi vida y produce toda la sanación y crecimiento a su tiempo como fruto de que Dios es quien está obrando.

Pero Santiago te dice: tú puedes afirmar toda la mejor declaración doctrinal del mundo, si no la vives, si no la crees, los demonios creen todas las doctrinas que tú crees. Pero esa doctrina tiene que hacer una diferencia en tu vida, te diría Santiago. Y si no lo hace, por eso es que estoy confundido con relación a si crees o no crees. Examínate.

La fe cristiana, ustedes me han oído decir una y otra vez, no es compleja. Tiene que ser por definición simple, porque si la fe cristiana es compleja y se requiere un IQ de 150 para arriba, Dios es un elitista, y no lo es. La gente de Palestina, la gente de los tiempos de Jesús, esa gente no era brillante ni educada, y muchos de ellos que se permitieron llegar a tener vidas extremadamente santificadas. La pregunta es: ¿cómo lo hicieron?

Jesús dijo: "Mira, es cierto que hay muchas cosas que se han dicho, pero yo te lo voy a resumir todo en dos cosas, dos." Y ahora verás, cuando las defina, te voy a demostrar que es una cuestión de amores. Y básicamente dijo: "Mira, toda la ley y los profetas, la biblioteca, tú la puedes resumir en dos mandamientos." Es sencillo. De hecho, Cristo habló de su yugo, era su carga ligera, su yugo liviano. Los rabinos tenían yugo, y el yugo era el mandamiento más difícil de llevar. Y Cristo dijo: "El mandamiento más difícil de llevar, el mío, es liviano, es ligero." ¿Cuál es, Jesús? "Tú amas a Dios con toda tu mente, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza. Y el segundo: tú amas al prójimo como a ti mismo."

Escucha lo próximo: no hay otro mandamiento mejor que estos. Ya, o sea, esto es el mandamiento de los mandamientos y se define en base a amores. Tú amas a Dios, tú amas al prójimo. Cuando ames a Dios no vas a querer ofenderlo, por tanto no vas a querer pecar. Cuando ames al prójimo no vas a querer ofender al prójimo tampoco, no vas a pecar contra él, no lo vas a usar, no le vas a ofender, no le vas a herir. Le vas a ser fiel como empleador, como esposo, como amigo, como gobernante, como en lo que tú quieras. Le vas a ser fiel. El problema es que te amas más que a Dios y que al prójimo.

Si lo miras, si te ve, hermanos, esa idea es la que más me ha ayudado. ¿Por qué? Porque es simple, porque me ayuda a entender dónde está el meollo, a quién es que amo, dónde, quién es que ejerce señorío sobre mi vida. Y entonces me ayuda a hacer los cambios donde yo necesito hacerlo, con una transformación mucho más rápida que si te hallo encontrar todas las implicaciones del mundo. En vez de decir: "Sabes qué, es que no amo a Dios lo suficiente, y como consecuencia de eso tampoco amo a mi prójimo lo suficiente." "Pastor, pero yo amo a Dios, yo amo a mi prójimo." Yo no estoy diciendo que no, pero te amas antes y más que a Dios. Y no solamente tú, yo también. Cada vez que peco, es la realidad.

Santiago dice, vamos a ver si hacemos las cosas por la raíz para ver los frutos cómo deben ser. Yo estoy habiendo leído por años este libro y estudiado. Yo estoy convencido que Dios, en Su infinita sabiduría, dijo: "Lo vamos a simplificar." En la Palabra, en el Nuevo Testamento, Pablo lo dice: nosotros no estamos bajo la ley, la ley de Moisés, sino la ley de Cristo. Los teólogos han concluido, y tienen toda razón del mundo, que la ley de Cristo es sencilla. ¿Cuál es la ley de Cristo? No son todos estos mandamientos del Antiguo Testamento, son dos: tú amas a Dios, tú amas al prójimo. No hay mayor mandamiento que esto, dice Cristo.

Y en el Antiguo Testamento Dios lo resumió también, lo simplificó. Tenía que simplificarlo, hermano. Es Dios, ama a todo el mundo igual, no puede tener preferencia para entendimiento. La gente más entendida no puede ayudar a entender cosas, pero no puede ser que para yo llevar una vida de mayor santificación necesito más IQ, más inteligencia. No puede ser. De hecho, en la historia de la iglesia tampoco lo ha sido necesariamente. La gente de la iglesia primitiva era gente poco educada, muy santificada.

Él te ha declarado, Miqueas 6:8, Antiguo Testamento: "Oh hombre, lo que es bueno, y qué es lo que demanda el Señor de ti." En un versículo Dios dice: "Mira, te voy a decir uno, lo que es bueno, y todo lo que yo demando." Si entiendes eso, todo lo otro que está en el Antiguo Testamento es un pie de página. Y esto es Miqueas 6:8, sino solo, esto es solamente lo que tienes que hacer: practicar la justicia, amar la misericordia, con lo cual yo necesito amar al prójimo, y andar humildemente con tu Dios. Practica la justicia, ama la misericordia, lo cual implica amar a tu prójimo. Anda humildemente con tu Dios, lo cual implica que amas a Dios para andar en humildad con Él, porque te has sometido a Él en humildad, reconociendo lo grande, quién es y todo lo que Él es para ti. Es sencillo. Todo lo otro es un pie de página, es un adentro a lo que eso es.

"Es, doctor, porque no es fácil como quiero. Yo sé lo que usted dice, entiendo, pero no es fácil seguir estos mandamientos." Dios dice: "No me vengas con eso, que mis mandamientos no son gravosos." Está en Primera de Juan. Así que no vengas a decir que estos mandamientos son difíciles, porque ya me dijo, dijo que mi carga es ligera, mi yugo es liviano. Lo que pasa es que cuando el corazón tiene su señorío comprometido consigo mismo y sus placeres, claro que el más liviano de mis mandamientos le va a ser sumamente pesado. Pero cuando mi señorío está presente en el corazón, aunque tenga que hacer un sacrificio, su sacrificio es un deleite.

Hermano, si tú una vez te enamoraste, y durante tu enamoramiento, durante la luna de miel, o ambas cosas, te volviste loco con esa novia e hiciste lo indecible, le buscaste el helado que quería, la flor que quería, no importa lo que ella te pidiera, tú bajabas la luna si era necesario. Era un sacrificio que tú estabas haciendo. Tú sabes que tú sentías el deseo de hacerlo, el sacrificio. ¿Sabes por qué? Porque entendías que le amabas mucho.

Jacob, pero Jacob trabajó catorce años por una. ¿Tú te recuerdas la historia, eh? Trabajó siete años, le dieron a la que no era. El papá le dijo, bueno, le ponen de mejicano: "Bueno, si tú quieres la mujer que tú amaste, quedan siete años más de trabajo." El texto dice que lo hizo porque la amaba mucho. ¿Qué es lo que me está diciendo? Que cuando yo no hago lo que Dios quiere que yo haga, es porque yo le amo poco. Admítelo, confiésalo, pide perdón, pide a Dios que te dé Su amor.

Hermanos, yo lo entendí así, yo lo he pedido, yo lo sigo pidiendo, yo me confieso igual y lo seguiré haciendo hasta que entre en gloria. Cuando le ame con toda mi mente, todo mi corazón, toda mi fuerza, jamás pecaré. No es tan complejo. Ya me reveló lo que es bueno y lo que Él demanda de mí: que practique la justicia, que ame la misericordia, y ande humildemente con mi Dios.

Padre, gracias. Gracias por Tu Palabra, gracias por ayudarnos a simplificar lo que Tú enseñas, gracias por darnos el poder para hacer lo que Tú sabes que nosotros no podemos. Pero que el poder que me das no es a medias, es el poder infinito de la tercera Persona de la Trinidad, que va, que tiene el deseo de poner en mí el deseo, y luego poner en mí el poder para hacer el deseo que puso en mí. Eso es extraordinario. No puede haber nada más simple y más misericordioso y dando amor como eso: que Tú puedes, que Tú entras en mí, pones en mí el deseo, me das el poder de llevar a cabo el deseo que Tú pusiste, y luego me dices obedece. Señor, gracias por tanto, gracias por tanto. No simplemente lo que me diste en la cruz, es lo que me sigues dando día a día.

Ahí vamos a reflexionar sobre esto a medida que cantamos. Y ahora no vamos a aplaudir, nosotros vamos a escuchar, reflexionar. Y después de escuchar y de cantar, de reflexionar, te damos el aplauso a Ti. Porque en un día como hoy donde nosotros celebramos el Día del Padre, el aplauso es todo Tuyo. En Cristo Jesús, amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.