Integridad y Sabiduria
Sermones

Nuestra Roca de ayuda

Joel Peña 29 enero, 2023

La expresión "Eben-ezer, hasta aquí nos ha ayudado el Señor" aparece frecuentemente en labios de cristianos celebrando bodas, graduaciones o logros personales, pero su contexto bíblico revela una historia mucho más profunda: un pueblo derrotado, quebrantado y finalmente restaurado. En 1 Samuel, el primer Eben-ezer no fue lugar de victoria sino de derrota aplastante. Israel perdió cuatro mil hombres ante los filisteos, y cuando intentaron revertir la situación llevando el arca del pacto a la batalla, tratándola como un amuleto mágico, la catástrofe fue mayor: treinta mil muertos, el arca capturada, y los sacerdotes corruptos Ofni y Finés eliminados junto con su padre Elí.

La raíz del desastre era clara: los líderes no conocían a Dios. Sabían teología, manejaban las cosas santas, pero sus vidas revelaban corazones profanos. Robaban de las ofrendas, se acostaban con las mujeres que servían en el templo, y su padre pasaba todo por alto. Es posible saber mucho de Dios sin conocerlo realmente, tener mentes instruidas en pasajes bíblicos pero sin relación transformadora con el Dios detrás de esas palabras.

Veinte años después, el pueblo comenzó a lamentarse genuinamente por la ausencia de Dios. No añoraban el arca sino al Señor mismo. Samuel los llamó a volverse de corazón, quitar sus ídolos y servir solo a Dios. Cuando lo hicieron, los filisteos atacaron nuevamente, pero esta vez, desarmados y reunidos para adorar, Dios mismo tronó contra el enemigo y les dio victoria. Entonces Samuel levantó la piedra y proclamó: "Hasta aquí nos ha ayudado el Señor". Todo lo perdido por el pecado en el primer Eben-ezer fue restaurado por el arrepentimiento en el segundo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Como ustedes saben, el fin de semana aquí en República Dominicana es un fin de semana largo, uno de los 62 fines de semana largo que tenemos este año. Y uno de más está cumpliendo el título del mensaje del pastor Johan hace un par de semanas, cuando los muchos se van, pero los fieles se quedan. Así que Dios les bendiga por estar aquí. Estoy bromeando, no me metan en problema; yo también son fieles y están buscando al Señor allá. Pero estamos aquí, estamos buscando al que queremos aprender más de Él.

Para mí todavía es un inicio de año, y yo recuerdo hace pocas semanas cuando cerrábamos el año pasado, cuando uno compartía con algunos hermanos e incluso yo enviaba mis últimas palabras del año al equipo que sirve en el ministerio de jóvenes aquí. Dando gracias al Señor, dando gracias por el esfuerzo de cada hermano y hermana. Y yo cerraba ese mensaje que les enviaba con una frase que tú y yo usamos mucho, y que todo cristiano muchas veces utiliza. Es una frase bíblica que dice: "Ebenezer, hasta aquí nos ha ayudado el Señor."

Esa frase la usamos en muchos momentos importantes. La usamos en bodas; yo ayer estaba en una boda y la usamos allí: "Hasta aquí nos ayudó el Señor, por fin la sierva o el siervo." A veces la usamos en graduaciones, en metas que hemos logrado, en la crianza de nuestros hijos cuando por fin ya salen de la casa, se mudan, y los padres dicen: "Hasta aquí nos ayudó el Señor." Bueno, hay muchos momentos; nos vemos a veces de un país a otro, y yo también la he escuchado hasta de personas tiradas en un sillón con la barriga llena, después de haber comido, diciendo: "Hasta aquí me ayudó el Señor."

En fin, hay tantos momentos. Pero lo que es, de pensando cuando le enviaba ese mensaje al equipo de siervos de jóvenes, fue: oye, yo utilizo esa expresión en varias ocasiones, pero no recuerdo claramente cuál es el contexto en la Biblia donde está. Sé que fue Samuel quien la dijo, ese profeta y a la vez último juez de Israel, pero no lo recordaba claramente. Es posible que usted sí, pero yo no lo recordaba. Me dirigí a ese pasaje, leí su contexto, comencé más atrás y más atrás, hasta que leí todos los capítulos de Primera de Samuel desde el uno al siete, y pude entender y sacar el provecho de lo que Samuel quiso decir en ese momento.

Esa frase tiene ese contexto maravilloso que vamos a ver hoy, con mensajes muy relevantes para nosotros en el día de hoy como hijos de Dios. Y yo quisiera que usted me siguiera, según a mí, al leer Primera de Samuel capítulo 7, versículos 12 al 14, que dice así:

"Entonces Samuel tomó una piedra y la colocó entre Mizpa y Sen, y la llamó Ebenezer, y dijo: 'Hasta aquí nos ha ayudado el Señor.' Los filisteos fueron sometidos y no volvieron más dentro de los límites de Israel, y la mano del Señor estuvo contra los filisteos todos los días de Samuel. Las ciudades que los filisteos habían tomado de Israel fueron restituidas a Israel, desde Ecrón hasta Gat, e Israel libró su territorio de la mano de los filisteos, y hubo paz entre Israel y los amorreos."

Ebenezer: piedra o roca de ayuda. Ese es su significado en hebreo, el idioma original. Dios había sido esa piedra, esa roca inconmovible de ayuda para este pueblo. Al solo leer este pasaje uno puede entender la gran victoria que obtuvieron en esos versículos; sin embargo, tiene muchas más implicaciones. Me preguntaba: ¿qué es lo que llevó a Samuel en toda su expresión a decir esto, y cuál es la relevancia por la cual fue colocada esa roca allí?

Hay una realidad clara, y con esto que voy a darles resumo el mensaje de hoy: Dios se mostró como su roca de ayuda, pero no sin antes tratar con su corazón; un corazón pecador que no había arrepentido. Y después Él llegó a ser esa roca de ayuda. Hoy hablaremos bajo ese tema: nuestra roca de ayuda.

Lo interesante es que Samuel llama ese lugar y esa piedra "Ebenezer", pero había otro Ebenezer previo a esa piedra y previo a ese lugar. Lo que nos lleva a reflexión es que ese otro Ebenezer, el primer Ebenezer, fue un lugar de derrota, y no cualquier derrota: una derrota humillante, aplastante y frustrante. Hoy vamos a dividir nuestro tema, nuestro título de hoy, en esas partes. Uno: Ebenezer, lugar de derrota, ese primer lugar. Dos: Ebenezer, lugar de quebrantamiento, que es el segundo Ebenezer. Y tres: Ebenezer, lugar de victoria.

Vamos a entrar inmediatamente a Ebenezer, el lugar de derrota. Ese primer Ebenezer, ¿qué pasó allí? Uno sabe que Primera de Samuel inicia con Ana, la madre de Samuel, siendo estéril, sin tener hijos, y Dios le concede un hijo después de clamar a Él. Ella lo dedica a Dios y lo entrega al sacerdote Elí en el templo; una madre que entrega a su hijo, eso es algo admirable. Ese hijo se mantuvo en contacto con su madre, y Dios le dio más hijos a Ana todavía.

Pero Elí era ya un hombre viejo. Pasaron los años, sus dos hijos crecieron y le ayudaron en la labor de sacerdote. La condición de estos sacerdotes era oscura, como la condición de Israel en ese tiempo. La Biblia nos muestra esa condición en Primera de Samuel capítulo 2, versículos 12 al 17. Vamos a estar leyendo muchos pasajes de Primera de Samuel. Dice en el versículo 12: "Pero los hijos de Elí eran hombres indignos, no conocían al Señor ni la costumbre de los sacerdotes con el pueblo. Cuando alguien ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote con un tenedor de tres dientes en su mano; mientras se coció la carne, la introducía en la cazuela, la olla, la caldera o el caldero, y todo lo que el tenedor sacaba lo tomaba el sacerdote para sí. Así hacían ellos en Silo con todos los israelitas que iban allí. Además, antes de quemar la grasa, el criado del sacerdote venía y decía al hombre que ofrecía el sacrificio: 'Da al sacerdote carne para asar, pues no aceptará carne cocida, sino solamente carne cruda.' Y si el hombre decía: 'Ciertamente deben quemar primero la grasa, y después toma todo lo que quieras', él respondía: 'No, sino que me la darás ahora, y si no la tomaré por la fuerza.'" Versículo 17: "El pecado de los jóvenes era muy grande delante del Señor, porque despreciaban la ofrenda del Señor."

Sacerdotes encargados de representar al pueblo delante de Dios y viceversa. Ellos tomaban de la ofrenda para comérsela ellos, en lugar de dársela a Dios. Y llama la atención, como a muchos de nosotros nos gusta, ¿verdad? Ellos pedían la carne cruda antes de que se cociera porque querían la grasa. ¿Te comes la grasa, hermano? Lamentablemente yo sí. Les gustaba esa carnita, ¿verdad? Bien sazonada y jugosa, y se la quitaban a la ofrenda de Dios; la tomaban para su placer. Y el pasaje dice que con esto despreciaban la ofrenda que era para Dios.

No solo eso. El versículo 22 de este mismo capítulo nos describe otra acción de estos hijos. Dice: "Elí era ya muy anciano, y oyó todo lo que sus hijos estaban haciendo a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían en la entrada de la tienda de reunión." La tienda de reunión era el tabernáculo; como lo decimos, una tienda, pero con instrumentos sagrados allí dentro, donde se ofrecían sacrificios a Dios y se adoraba a Dios. Y había allí siervos y siervas que ayudaban en todo lo que se hacía, y estos sacerdotes, representantes de Dios, que dirigían las cosas santas, se acostaban con las que servían allí, y despreciaban la ofrenda de Dios.

Esto era algo muy serio, algo vergonzoso. Yo no me imagino el corazón de Dios, pero sí sabemos que la derrota que vamos a ver en los próximos versículos tiene todo sentido. La palabra llama a Elí "hombres indignos". Allí la expresión "indigno" está traducida para que nosotros lo entendamos, porque si lo hubieran dejado en el original no lo entenderíamos. Lo que quiere decir es que eran "hijos de Belial", y le llamaban así a toda persona con un carácter completamente profano, corrupto, oscuro. Belial era como el genio perverso del universo, esa deidad que representaba el egoísmo, la bajeza, la corrupción de carácter. Hijos de Belial eran estos sacerdotes.

Yo mientras leía lo que significaba esta expresión, me llevó a un momento donde Ana, la madre, estaba allí llorando por un hijo en el templo. El sacerdote Elí la escucha y entiende que ella estaba ebria, ¿cierto? Y la expresión que ella usa para defenderse es: "Yo no soy hija de Belial. Yo no soy de esas corruptas, de esas profanas; no, no, no. Yo estoy aquí llorando por clamor, por un hijo." Hijos de Belial, y hay una razón que el pasaje claramente indica: versículo 12, ellos no conocían al Señor ni la costumbre de los sacerdotes con el pueblo. Allí está la raíz de su indignidad: no conocían al Señor ni la sobriedad del llamado que ellos tenían como sacerdotes.

Yo me quedaba allí pensando, ¿verdad? Pero ellos eran sacerdotes, judíos; desde su niñez son instruidos en la ley de Dios, y más aún si esos sacerdotes son entrenados en esa ley y para manejar las cosas santas de ese Dios, ¿cómo es que no le conocían? Y es que, hermanos, es posible saber mucho de Dios sin conocer a Dios. La Biblia nos muestra que hasta los demonios no solamente conocen a Dios, sino que creen y tiemblan. Satanás mismo usa la palabra de Dios como un maestro perverso, la domina a cabalidad, pero para mal, y lo hizo en la tentación con Jesucristo. Se puede conocer mucho acerca de Dios sin conocer a Dios.

El pastor John Piper, hablando de esto, dice: "Puedes leer teología diez horas al día, por cuarenta años, y no conocer a Dios como hermoso, como aquel que satisface completamente, o como el más grande tesoro de tu vida." ¡Qué triste, hermanos! Mentes instruidas con pasajes que los conocen, que tú vienes a darles un consejo y dirían: "Yo sé eso", pero no conocen al Dios tras esa Palabra. Así eran esos hombres. Nosotros tenemos que recordar, hermanos, que el principal llamado de nuestras vidas se resume en conocer a Dios según Su revelación y vivir conforme a ese conocimiento.

Ahí está el resumen de nuestra vida como hijos de Dios: no tiene sentido conocerle, o conocer de Él, sin vivir conforme a ese conocimiento. El pastor citaba a Jeremías 9:24 hace unos domingos atrás: "Pero si alguien se gloría, gloríese en esto, de que me entiende y me conoce." Y como eres, Señor, el mismo pasaje lo dice: "Pues yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra; por estas cosas me complazco. Así soy. Quien quiera gloriarse, conózcame y entiéndame, que así soy." Estos hijos de Elí no conocían a ese Dios que ama la justicia, lo recto y la misericordia.

Por tanto, una vez más, es evidente que el conocimiento del que se habla aquí no es un conocimiento teórico. Como dijo el pastor Héctor hace una semana, no es un conocimiento ceremonial solamente, sino un conocimiento que vaya más allá de las palabras y que lleve a transformación, a santidad, a amor por Dios. Considerando el proceder de estos hijos de Elí, que eran sacerdotes pero con un proceder corrupto e indigno, yo me quedaba pensando —y es algo contradictorio, ¿cierto?— pero me revisaba yo mismo y pensaba: cuántas veces yo me llamo cristiano, cuando nos llamamos cristianos, y por el otro lado andamos muy lejos de esa declaración. ¡Qué contradicción! Y es que la falta de conocimiento de Dios —un conocimiento que sea personal, bíblico, pero transformador— es la raíz de nuestras más grandes incongruencias, hermanos.

Trae a memoria los momentos en que tú has pecado contra Dios. Acuérdate de esas ocasiones cuando has caído, has hecho lo que tú querías, pero el Espíritu Santo comienza a mostrarte: "Has pecado, estás mal." Y allí el sabor que te queda es: "Pero yo soy tu hijo, Señor, ¿por qué hice esto? Esto es incongruente con lo que Tú has hecho por mí." La falta de conocimiento de Dios es la raíz de nuestras más grandes incongruencias, pero también de nuestros actos más vergonzosos, como es el caso de estos hijos de Elí.

Oh, hermanos, yo no obvio que estos son líderes, sacerdotes que sirven a Dios. Y yo me quedaba pensando: yo y otros de mis hermanos que están aquí servimos a Dios, administramos las cosas santas. ¿Será posible que Dios nos pase una evaluación en algún momento y llegue a concluir: "No me conocen ni andan de manera digna del ministerio que yo les di"? ¿Será posible? Y es que cuando nosotros podemos alejarnos del pecado es porque tememos a Dios. Pero cuando tememos a Dios es porque conocemos a ese Dios. O sea, que no es posible llegar a alejarme del pecado sin temerle y conocerle de manera más profunda y personal.

Así que si hay algo que yo quiero motivarte hoy, hermanos, es a orar profundamente: "Señor, dame más y más conocimiento de Ti. Muéstrate a mi vida cada vez más, pero dame un conocimiento que me lleve a amarte, a atesorarte, a vivir diferente en santidad; un conocimiento que me lleve a ser más como Tú, Señor." Esa era la condición de estos líderes, y Elí iba muy lejos en esa falla.

Elí era un hombre bueno, o como diríamos, bonachón, nunca en contra de la obra de Dios; sin embargo, tenía un problema de firmeza de carácter en su casa. Si leemos cómo él les llama la atención a sus hijos —porque él se entera de lo que está ocurriendo—, nosotros pudiéramos decir, como decimos en Dominicana, que él les pasó un paño tibio. Les dice: "Mis hijos, así mismo les dicen: 'Mis hijos, como ustedes están haciendo…'" No voy a leer todo ese pasaje porque no tenemos tiempo, pero fue algo superficial ante la gravedad de lo que ellos estaban haciendo. Ante un Dios santo, santo, santo, este padre encargado y supervisor de estos hijos lo que hace es tratarlos con ligereza.

No es de sorprenderse que varios mensajes llegaran a Elí después: un hombre de Dios, cuyo nombre no se menciona, lleva un mensaje de parte de Dios, y luego la visión que Samuel tiene llega a Elí con estas reprensiones. Verso 29 de este capítulo 2: "¿Por qué pisoteas mi sacrificio y mi ofrenda que he ordenado en mi morada, y honras a tus hijos más que a mí?" Hay un amor que tú tienes por tus hijos que es bueno que todo padre lo tenga; sin embargo, hay una honra que les estás dando a ellos que me corresponde a mí. Verso 34: "Y para ti esta será la señal que vendrá en cuanto a tus dos hijos, Ofni y Finees: en el mismo día morirán los dos." Estás avisado, Elí.

Había apatía y negligencia para dirigir y corregir a sus hijos. En el capítulo 3, verso 13, vemos claramente otra confirmación de este mensaje para Elí: "Porque le he hecho saber que estoy a punto de juzgar su casa para siempre, a causa de la iniquidad de la cual él sabía. Pues sus hijos trajeron sobre sí una maldición y él no los reprendió." Si hay funciones y responsabilidades claras que tenemos como padres, amados, son amar, cuidar, proveer, nutrir y proteger a nuestros tesoros, nuestros hijos. Sin embargo, una de las más importantes es ser piedra de tropiezo para el pecado, ser de estorbo cuando el pecado está reinando en la casa. Ellos en algún momento van a hacer lo que quieran, pero que nunca lleguen a decir: "Mi padre no me dijo nada." Mi padre, mi madre, siempre se pusieron delante, siempre me llamaban la atención. Esto es algo que Elí no hizo; se olvidó de esa labor.

Esta era la condición de los sacerdotes y del propio padre de los sacerdotes. Ahora vamos a ver la derrota que viene debido a esa condición, y veremos también la condición del pueblo. En el capítulo 4, versos del 1 al 2, nosotros vemos esta primera derrota. Cuando Israel salió para enfrentarse en batalla con los filisteos, acampó junto a Eben-ezer —el primer Eben-ezer, a 20 millas del otro—, mientras que los filisteos habían acampado en Afec. Los filisteos se pusieron en orden de batalla para enfrentarse a Israel; trabado el combate, Israel fue derrotado delante de los filisteos, quienes mataron como a 4.000 hombres en el campo de batalla.

Derrota. Y yo estamos familiarizados con la palabra. Los hombres de Dios que lideraban al pueblo, cuando tenían una derrota como esta, lo que hacían era ir donde Dios, consultar a Dios, pedir su escrutinio y entonces corregir lo que estaba mal y que causó esa derrota. En los versos siguientes parece algo similar, pero no es lo mismo.

En los versos 3 y 4 del capítulo 4, vemos el razonamiento del pueblo y los ancianos. Cuando el pueblo volvió al campamento después de esa derrota, los ancianos de Israel dijeron: "¿Por qué nos ha derrotado el Señor delante de los filisteos?" Los ancianos sabían que Dios estaba en la ecuación; sin embargo, actuaron sin consultar a Dios. Oigan la respuesta, la solución que proponen: "Tomemos con nosotros de Silo el arca del pacto del Señor, para que vaya en medio de nosotros y nos libre del poder de nuestros enemigos." ¿Quién los va a librar? ¿El arca? Verso 4: el pueblo envió gente a Silo y trajeron de allí el arca del pacto del Señor de los ejércitos, que está sobre los querubines. Y mira quién viene junto con el arca: los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca. ¡Uy! Yo no sé cómo no cayó fuego en ese momento, pero Dios tiene sus formas y sus tiempos.

Lo que nos llama la atención era esta confianza que ellos tenían en el arca de Dios, olvidándose del Dios del arca. En momentos anteriores el arca había estado presente cuando se abrió el río Jordán para entrar a la tierra prometida. El arca había estado presente para la guerra contra Jericó, donde los muros cayeron. Pero en cada una de esas ocasiones Dios instruyó: "Pongan el arca allí." En esta ocasión ellos decidieron: "Vamos a buscar el arca, que con eso está resuelto, mi hermano." El arca fue tratada como un amuleto, como un truquito para que esto funcionara. Ellos presumieron usando este símbolo externo de la presencia de Dios en lugar de revisar su corazón delante de Él.

Oh, hermano, qué grandes errores nosotros cometemos cuando usamos las cosas de Dios, pero nuestra relación con Dios está mal. Usamos esas cosas para nuestro deseo, pero estamos lejos de Dios. "Voy a poner otros cinco minutos de devocional al inicio del día para que me vaya bien." ¿Será para eso el devocional, el tiempo con Dios? Es bueno tenerlo, y debemos tenerlo, pero ¿será para eso? "Voy a tener la Biblia abierta en Salmos 91 y 3, ya en la mesa de la casa y en el centro de la sala; eso hace que los espíritus se vayan." ¿Será para eso que la Palabra de Dios nos ha sido dada? Y podemos hacer una lista que incluye hasta venir a la iglesia, servir en el ministerio, y muchas otras cosas que utilizamos como amuletos para obtener nuestros deseos delante de Dios.

Estas cosas no son los medios de Dios para que los usemos como amuletos; son para una relación con Él. El arca era para eso, para una relación con Dios. Y así la Biblia, la iglesia, y todo lo demás. No entendieron esa distinción. Y entonces vemos cómo esta conducta del pueblo también lleva a la segunda, grande y profunda derrota.

Capítulo 4, versos 10 y 11: "Los filisteos pelearon; Israel fue derrotado y cada cual huyó a su tienda. La mortalidad fue muy grande, pues de Israel cayeron 30.000 soldados de a pie. El arca fue capturada y murieron Ofni y Finees, los dos hijos de Elí." Por primera y única vez en la historia del pueblo de Dios, el arca no estaba donde debía estar.

La derrota no quedó allí, sino que Elí, al enterarse de todo lo que ocurrió… Era asombroso. El mensajero llega corriendo, sudoroso. Y a Elí debía suponérsele que no le fue bien a Israel. El mensajero le informa de que sus hijos murieron, pero lo que derrumba a Elí es la noticia de que habían capturado el arca; era como si él supiera que mis hijos en algún momento ya iban a llegar a su muerte. Pero el arca… Elí, dice el verso 18, cayó de su asiento hacia atrás junto a la puerta, se rompió la nuca y murió. El gran sacerdote Elí. Una de las esposas de uno de los hijos de Elí también muere, pero antes de morir, estando embarazada, da a luz y muere.

Y hoy también lo que ocurrió con ella: al oír la noticia de que el arca había sido tomada y que su suegro y su marido habían muerto, se arrodilló y dio a luz. Llamó al niño Icabod y dijo: "Se ha ido la gloria de Israel, porque el arca de Dios ha sido tomada." Icabod significa "sin gloria". Esta es esa palabrita que tiene un perfecto resumen de cómo quedó Israel: derrotados por los filisteos dos veces, sus líderes espirituales muertos, miles más del pueblo caídos, el arca del pacto en manos de sus enemigos, y Dios alejado de ellos.

Realmente, este primer Ebenezer fue un lugar de derrota, pero vemos las causas y las razones. Vamos a pasar al segundo Ebenezer ahora: Ebenezer, un lugar de quebrantamiento.

Vamos a tratar de resumir lo que ocurrió con esta arca que se llevan los filisteos. Ellos llevan un botín y dicen: "Los derrotamos y nos llevamos a su Dios." Y lo ponen allí donde están los dioses de ellos, al lado del otro dios, Dagón. Y allí se quedan, diciendo: "Ahora vamos a usar a este Dios también, como estamos usando a Dagón." Usted conoce la historia: el primer día, la estatua de Dagón amanece en el suelo. Ellos se preguntan qué pasó, la ponen de nuevo de pie; al segundo día, la estatua de Dagón en el suelo, sin cabeza y sin manos. Y ellos preguntándose: "¿Qué es esto?"

Sacaron el arca de allí, la pusieron en otro lugar, y allá a la gente le salieron tumores en la piel. Lo mandaron por otro lado: enfermedades y muerte. Así que tomaron el arca de ese pueblo y la mandaron fuera del territorio de los filisteos. La pusieron en dos vacas, en un carro, y como decimos los dominicanos: "Que se vaya por ahí, a la honra de Dios." Fue al azar, y al azar la carreta llegó al pueblo judío, de nuevo con el arca. Si hay algo claro es que los filisteos se iban a dar cuenta de que el Dios cuya presencia estaba representada con esa arca no era como los dioses de ellos: era el Dios verdadero. Nuestro Dios, a diferencia de esos dioses, no puede ser manipulado ni controlado. Él gobierna, Él decide.

Siete meses pasaron con los filisteos; después de allí el arca llega a tierra judía, pero no al lugar de origen, Siló, sino que se queda en ese lugar por la tierra. Pero se olvidaron de las instrucciones de Dios para el manejo del arca y comenzaron a abrirla y a chequear lo que había dentro. Lo que le pasó al último que tocó el arca —que no era sacerdote ni levita— pues en ese lugar todas esas personas fallecieron: cincuenta mil, por tratar las cosas de Dios de forma ligera.

Sin embargo, ellos se hacen una pregunta que ya muestra algo que por fin se está dando. Después de tanta muerte, diciéndose "déjenlo ahí, nadie lo toque", se preguntan en el capítulo 6, versículo 20: "¿Quién podrá estar delante del Señor, este Dios Santo?" ¡Vingo! Por fin alguien está entendiendo. Los hijos de Elí no trataban a Dios como Santo para nada, ni su ofrenda como santa. Elí tampoco, el pueblo tampoco, y ahora, lamentablemente, a través de la fricción y el dolor es que abren los ojos y dicen: "Este Dios es Santo; hay que actuar con temor."

Allí en ese lugar se quedó el arca veinte años. Iban a pasar veinte años más hasta que el rey David pudiera llevarla a Jerusalén, pero veinte años estuvo allí, y en esos veinte años el pueblo de Dios comienza a hacer lo siguiente. Capítulo 7, versículo 2, segunda parte: "Y toda la casa de Israel añoraba al Señor." Veinte años, me imagino recordando lo que hicieron, la consecuencia, el pecado, Dios lejos de ellos, y ellos añoraban al Señor.

De esa palabra "añoraba" tiene tantas implicaciones, que lo que decidí hacer para ayudarnos a entender es buscar varias versiones de la Biblia. La Nueva Biblia de las Américas y la Reina Valera del 60 dicen: "Toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová", añoraban en pos del Señor, lamentaban en pos del Señor. La Reina Valera 2015 dice: "Toda la casa de Israel gemía por el Señor." La Nueva Traducción Viviente, en un lenguaje más actualizado, dice: "Todos los israelitas se lamentaban porque parecía que el Señor los había abandonado."

¿Se están dando cuenta de algo, hermanos? Ellos añoraban, lamentaban, gemían, no por el arca; estaban ahora añorando al Señor, a Dios mismo. Notaban su ausencia, notaban la restricción de su trato. "Dios no está con nosotros; añoramos tu presencia", y se lamentaban. Y ya sabían que el truquito del arca no era lo que les daba la victoria: era tener a Dios de su lado lo que les daba eso.

Y hermanos, alguien una vez dijo: "Nunca sabes que Dios es todo lo que necesitas hasta que Dios es todo lo que tienes." Sin embargo, en este contexto pudiéramos readecuar un poco la frase: nunca sabes que Dios es todo lo que necesitas hasta que, teniéndolo todo, Dios es lo único que te falta. Por veinte años no pelearon con los filisteos, estaban en su tierra, con su familia, pero se lamentaban de que Dios no estaba allí. Es que para un verdadero hijo de Dios, para el pueblo de Dios, hermano, tú puedes ser prosperado, que te vaya bien en todo lugar, pero si Dios no está contigo, tú siempre vas a estar diciendo: "Señor, te necesito, necesito arreglar mis cuentas contigo." Porque aunque tengo todo, sin ti no tengo nada, no tiene sentido. Así estaban ellos, lamentándose por el Señor.

Entonces Samuel lidera ese momento de quebranto. Dice el versículo 3 del capítulo 7: "Entonces Samuel habló a toda la casa de Israel: 'Si de veras ustedes se vuelven al Señor con todo su corazón, entonces quiten de entre ustedes los dioses extranjeros y a Astarot, y dirijan su corazón al Señor y sírvanle solo a Él, y Él los librará de la mano de los filisteos.'" Hermanos, hay lamento y dolor porque Dios no estaba, pero Samuel no se queda allí diciéndoles que sigan lamentando. Es bueno el lamento cuando has fallado a Dios, pero la meta de Dios no es que te quedes lamentándote por tu pecado todo el tiempo; es que actúes, que te vuelvas a Él, que trabajes con eso que te ha apartado de Él, y que tu corazón sea solo de Él.

La religión verdadera no solo es una cuestión de emoción, sino también de la voluntad. ¡Cuántas veces nos quedamos allí! "Si yo no hubiera cometido ese error... Ah, Señor, qué vergüenza, qué vergüenza traje a tu nombre." Que sí, hermanos, eso es parte del arrepentimiento genuino, el lamento por el pecado, pero Dios no quiere que te quedes ahí. Él quiere traerte palabra y decirte: "Si verdaderamente te vuelves de todo tu corazón y tratas con los ídolos de tu corazón, diriges tu corazón a tu Dios y sirves solo a Él, tendrás respuesta de Él." Y eso es lo que ocurre.

Eso es lo que pasa cuando en el versículo cuatro vemos que "los israelitas quitaron a los Baales y a Astarot, y sirvieron y adoraron solo al Señor." Ellos además, en este pasaje, confiesan su pecado. Se lamentaron, pero lo confiesan y piden a Samuel que ore. Es que una señal, además del lamento, de un verdadero arrepentimiento, es que podemos ver el pecado en su correcta dimensión. Ya no es "yo tengo un problema", ya no es "yo cometí un error", no; "yo fallé, yo tuve una caída." A veces así trabajamos o hacemos frente al pecado. No; cuando tenemos una correcta dimensión del pecado, lo vemos como una mancha contaminante que nos afecta, nos corrompe hasta el alma, hasta el punto de que si lo dejamos así nos llevaría a la muerte espiritual. Esa es la correcta dimensión del pecado, y por eso ellos ahora son llamados a volverse a Dios y apartarse de esos ídolos.

Para nosotros hoy en día, cuando escuchamos de esto, "dejen a sus ídolos", solamente nos imaginamos algo simple: solo tienen que agarrar las estatuas, romper la botella, y ya dejaron los ídolos.

No, hermanos, todo aquel que tenía ese tipo de ídolos, su vida giraba en torno a esos ídolos. Que llueva para que la cosecha se damos al ídolo, que me vaya bien con esta situación, vamos al ídolo, y todo era en torno a ese ídolo. Que cuando Samuel le llama a tomar esta decisión de quitar dentro de ustedes los dioses, se los trajeron y hasta Astarot era un cambio de vida. Era que quita todo eso, pon a Dios, y que tu vida gire en torno a Él. Astarot era una diosa femenina, y dioses extranjeros que hemos escuchado varias veces.

Entonces, aquí nosotros vemos que ellos ayunan, en el versículo 6 confiesan sus pecados, y todas estas señales son claras, o estas decisiones son claras de un avivamiento que está comenzando. Ellos se dieron cuenta de que Dios es santo realmente. Ellos se lamentan, y eso es parte de un avivamiento que viene, por el pecado y lo ven en su correcta dimensión. Ellos confiesan su pecado y comienzan a dejar el pecado atrás, a romper radicalmente con esa forma de vivir, ayunan y traen ofrenda a Dios.

Oh amados, gloria a Dios por los tiempos de lamento que nos llevan de vuelta al Señor. Gloria a Dios, porque muchos de nosotros no volveríamos si Él no se pone de frente y nos quebranta. Este lugar no solamente era un lugar de derrota ni un lugar de quebrantamiento, sino, como leímos al inicio, es un lugar de victoria. Cuando un pueblo de Dios se arrepiente y se vuelve a Dios, tiene a Dios de su lado, y si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?

Versículo 7 del capítulo 7: "Cuando los filisteos oyeron que los israelitas se habían reunido en Mizpa, los príncipes de los filisteos subieron contra Israel. Cuando oyeron esto, los israelitas tuvieron temor de los filisteos." Yo quiero recordarte algo: los israelitas se habían reunido allí por convocatoria de Samuel para volverse a Dios, y era para adorar, orar y confesar. O sea, que era una reunión como esta. No era para la guerra, era para adorar a Dios. Ellos no tenían armas ni estaban preparados para luchar con nadie. Ellos estaban ahí para adorar a Dios y traer ofrendas, y allí vinieron los filisteos.

Era una reunión como esta. Nadie trajo ni pintó la buchaca ni nada; dejaron su casa, puede ser que alguien saliera por ella fuera, pero nadie está preparado. Si viene un ejército por aquí con armas, estamos en aprietos, y por eso ellos tenían temor, estaban temblando. Yo me hacía la pregunta, hermano, yo no sé si tú has estado en esa posición, pero justo ahora que ellos están arrepintiéndose, que vuelven al Señor y van a arreglar sus caminos, ahora les viene la prueba. ¿Te ha pasado eso alguna vez?

Ahora que yo me voy a comprometer de verdad, ahora que yo voy a entregar mi vida, ahora que yo voy a dejar esas cosas y me voy a buscar al Señor de verdad, y de repente, como si fuera coincidencia, se levantan los problemas en la casa, se levantan más las tentaciones, la situación en el trabajo se complica, en fin, situaciones ocurren que tú dices: "Pero bueno, mejor acá no, con el crédito ya no." No llegues a esa conclusión. Cuando esos momentos llegan, son usados por Dios para ver si esa fe, esa vuelta que tú hiciste para buscar a Dios, es genuina. Para ver si en esta ocasión tú vas a buscar un amuleto o a Dios. Para validar si realmente no vamos a dejar a Dios o vamos a perseverar en Él.

No importa que tengamos temor. Para estar conscientes de que mientras estemos aquí hay una lucha y una guerra, en los momentos que buscamos a Dios y en los que no buscamos a Dios, estamos en guerra, y tu fe puede ser probada. Y para recordar que mientras estemos en este mundo tendremos aflicción, pero: "Confíen, yo he vencido al mundo", dice Jesucristo.

Y hablando de vencer, aquí viene la victoria. Versículos 8 al 11: "Entonces los israelitas dijeron a Samuel: No dejes de clamar al Señor nuestro Dios por nosotros." ¡Qué cambio, hermanos! "Para que Él nos libre de la mano de los filisteos. Tomó Samuel un cordero de leche y lo ofreció como holocausto completo al Señor, y clamó Samuel al Señor por Israel, y el Señor le respondió. Mientras Samuel estaba ofreciendo el holocausto, los filisteos se acercaron para pelear con Israel, pero el Señor tronó con gran estruendo aquel día contra los filisteos, los confundió, y fueron derrotados delante de Israel."

Sin armas, sin preparación para la guerra, pero con Dios de su lado. Antes, con armas, preparados y hasta con el arca que buscaron, pero Dios no estaba de su lado, y derrota. Cada palabra, cada expresión de la Biblia, hermanos, es importante. Samuel oró, pero tomó un cordero como holocausto completo, y en medio de ese proceso Dios le respondió. Este cordero de leche apuntaba a un Cordero más glorioso y poderoso.

Todo evento de sacrificio y de ofrenda en holocausto a Dios del Antiguo Testamento apunta directamente a la ofrenda del Cordero de Dios en la cruz. Cristo es el holocausto completo, la completa ofrenda por nuestros pecados, y gracias a Él nosotros somos oídos como fue oído Israel en ese tiempo. A través de Él no solamente obra el rescate de nuestros problemas, sino la salvación completa de nuestra condenación. ¡Bendito Cordero de Dios!

Vamos cerrando con el versículo con que comenzamos, versículo 12: "Entonces Samuel tomó una piedra y la colocó entre Mizpa y Jesana, y la llamó Eben-ézer, y dijo: Hasta aquí nos ha ayudado el Señor." ¿Se entiende ahora mejor la frase? Es un Dios que tuvo que soportar a un pueblo rebelde, pecador, corrupto, con líderes oscuros y profanos, un pueblo no arrepentido que usaba a Dios como ellos quisieran para lograr sus deseos. Dios los quebranta, ellos se lamentan, se arrepienten, vuelven a Dios, claman a Dios, sacrifican a Dios, Dios les responde y pelea por ellos.

Dios se convierte en esa roca de ayuda, en ese Eben-ézer, roca de socorro, de auxilio, de protección. No fue para nada por sus fuerzas ni por sus tácticas, fue por Su ayuda. Dios les tomó de ser un pueblo sin gloria, un pueblo Icabod, a ser un pueblo Eben-ézer, con Dios como roca de ayuda.

La pregunta para nosotros hoy es: ¿Estarás tú en la condición de Icabod hoy, donde sientes que estás sin la presencia de Dios, no sientes a Dios cerca, porque lamentablemente has tenido un proceder que no es el que Él desea? Robert Birgen, un comentarista de los consultados, compartió esta cita: "Todo lo que se perdió debido al pecado en el primer Eben-ézer fue restaurado debido al arrepentimiento en el segundo Eben-ézer." En el centro de esos dos está el arrepentimiento genuino para con Dios, el volverse a tu Dios.

¿De cuántas formas ha sido Dios roca de ayuda para ti? Este era un símbolo claro, recordatorio de que Dios los libró antes, hasta aquí en el presente, y lo haría en el futuro. Un pueblo infiel como tú y como yo, rebelde y desobediente, pero tiene un gran Dios que no solamente es la ayuda para cuando viene la guerra, no. La ayuda comenzó mucho antes. Él les confrontó cuando estaban en el pecado, eso es ayuda de parte de Dios. ¡Bendito sea Dios cuando nos confronta y nos hace ver el mal! Él les quebranta, Él les perdona y entonces les da la victoria. Ese es el Dios que no rechaza a ningún corazón contrito y humillado.

¿Qué buscas en la Biblia, hermanos? No hay una sola persona, mujer u hombre, rey o siervo, que se haya acercado a Dios buscando perdón que no lo haya obtenido. No importa la situación. Y yo sé que una de las preguntas que me llena a mí muchas veces es: yo fallé, pero la semana pasada yo fallé en esto, y ahora tengo que ir donde el Señor otra vez, y la anterior yo también fallé. ¿Tú crees que el Señor...? Hermanos, estamos hablando de los tiempos de los jueces. Samuel, el último juez. ¿Tú quieres que te resuma los jueces en varias palabras? Pecado, juicio, salvación. Pecado, juicio, arrepentimiento y salvación.

Si lo hizo con Israel, vuelve a Dios de todo tu corazón. Quita los ídolos, dirige tu corazón a Él y sírvele solo a Él, y Él te abrazará. Él será tu roca de ayuda, no dudes en correr a Él. Tu carne, el amigo, el mundo y todo te quieren convencer: "Quédate así, bro, no hay esperanza." Pero Dios no es así. Por eso, el mismo que estoy yo predicando de este pasaje dijo: "Aquel que te ha ayudado hasta aquí te ayudará durante todo tu viaje." No lo dudes, no lo dudes.

Y lo más glorioso, hermanos, es que nos falta, yo lo digo así, nos falta un Eben-ézer mayor todavía. Donde todos los que han creído en el Cordero Redentor un día estarán por fin delante de Su presencia. Tú te imaginas ese momento, y tú vas a poder decir allí: "Eben-ézer, hasta aquí Tú me has ayudado. Yo no estoy aquí porque lo logré con mi fuerza. No, fuiste Tú." Yo quiero llegar a ese Eben-ézer, pero tengo que vivir hoy. ¿Quién es mi roca hoy? Refúgiate en Él.

Oremos. Oh Padre, al entender esta frase vemos que hay pecado, rebeldía, apatía, negligencia, irreverencia y corrupción. Oh Padre, todo esto nos retrata. Todo eso nos hace ver que definitivamente no agregamos nada al estar aquí hoy; Tú lo has hecho todo. Sin Ti, Dios, ninguno de los que está aquí pudiera estar. Tal vez andáramos perdidos, sin sentido, vacíos o destruidos, pero Tú has sido roca de ayuda, has sido nuestra esperanza. Permítenos vivir con los ojos puestos en aquel Cordero que nos llevará al último Eben-ézer. En el nombre de Jesús, amén.

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Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad. Sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Es pastor de los ministerios de jóvenes de la Iglesia Bautista Internacional y completó una Maestría en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.