Integridad y Sabiduria
Sermones

¡Nunca negocies con el pecado!

Miguel Núñez 26 julio, 2009

Cuando Nehemías regresa a Jerusalén tras una ausencia en Persia, encuentra que el pueblo ha vuelto a caer en los mismos pecados que lo llevaron al exilio. El pacto que habían firmado con Dios yace violado en todos sus puntos: el templo está profanado porque el sumo sacerdote instaló a Tobías —enemigo declarado del pueblo— en el aposento destinado a los diezmos; los levitas y cantores han tenido que abandonar el ministerio para trabajar en el campo porque nadie los sostiene; el día de reposo se profana con comercio; y los matrimonios mixtos han producido una generación que ni siquiera habla hebreo, el idioma de la revelación de Dios.

¿Qué hace que un pueblo se acerque a Dios en tiempos de crisis y luego se aleje apenas pasa la tormenta? La respuesta es siempre la misma: hay otro dios sentado en el trono del corazón. Puede llamarse dinero, éxito, reconocimiento, un hijo, un cónyuge, o incluso el ministerio mismo. Para el pastor puede ser su púlpito o su preparación académica; para el músico, su instrumento. Cuando Dios no tiene el corazón de alguien, pronto no tendrá nada de esa persona.

La reacción de Nehemías es violenta: arroja los muebles de Tobías a la calle, manda a fumigar el aposento, confronta a los nobles, cierra las puertas de la ciudad en sábado y hasta arranca cabellos. No es un hombre tibio porque entiende lo que está en juego: media generación no conocerá a Jehová si los líderes siguen fallando. Con el pecado no se coquetea ni se negocia. Dios no acepta una vida a medias; dio a su Hijo completo y espera lo mismo de nosotros.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Mantenga se ha ido a Nehemías 13, que vamos a estar caminando sobre el texto todo el tiempo de la exposición. Para que aquellos que no están tan familiarizados con la historia del Antiguo Testamento, quisiera mencionar de manera introductoria que Nehemías como gobernador tuvo dos períodos de gobierno, de administración. Hasta ahora lo que hemos visto son eventos que ocurrieron durante su primer período, en el año 20 del rey Artajerjes, y ahí mismo él menciona cómo estuvo hasta el año 32.

En el texto de hoy nosotros vamos a ver que en un momento dado Nehemías ha regresado a Persia después de haber gobernado por 12 años, y entonces regresa de nuevo a Jerusalén. El final de su primera administración nosotros vimos cómo Dios usó a Nehemías junto con Esdras para producir una confrontación del pecado del pueblo a través de su Palabra, cómo el pueblo confesó, el pueblo se arrepintió, Dios le visitó con un gran avivamiento. Al final del mismo, el pueblo decidió comprometerse de nuevo con Dios y firmaron un pacto. El capítulo 10 nos habla de 84 firmas que aparecen ahí, representando a los líderes que a su vez representaban entonces a toda la población.

El pueblo comenzó a separarse de los habitantes de otras naciones, de los extranjeros, porque habían copiado sus costumbres paganas y habían violado la ley de Dios de esa manera. Los matrimonios mixtos de un momento dado incluso fueron separados por la misma razón, porque muchas veces las familias terminaban adorando a dioses ajenos. Pero esa no fue la única manera como el pueblo pecó; el pueblo pecó de múltiples otras maneras. El pueblo profanó el día de reposo, compraban a aquellos que venían desde afuera a venderles en día de reposo, y eso también fue confesado, y ellos se comprometieron a no volverlo a hacer.

El pueblo había profanado la tierra: en vez de darle el reposo que la tierra requería cada siete años conforme a la ley de Moisés, y en vez de hacer lo mismo en el año 50, en el año del Jubileo, el pueblo ignoró esas normas, esas leyes, y por tanto Dios les castigó por la misma razón. El pueblo pecó en el manejo de sus finanzas, no trajo sus diezmos ni sus ofrendas al templo, no estuvo ocupándose de la manutención de los sacerdotes, los levitas, los cantores, aquellos que estaban trabajando en el ministerio. Y precisamente por esas cosas Dios les impuso consecuencias, y muchas de ellas fueron culpables de que ellos se fueran al exilio dos veces: en una ocasión cuando las diez tribus del norte se fueron a Asiria, y en la segunda ocasión cuando las dos tribus del sur se fueron a Babilonia.

El pueblo confesó todo eso, el pueblo pidió perdón, Dios le perdonó, Dios lo avivó, el pueblo firmó un pacto, y eso ocurrió durante los primeros 12 años del gobierno de Nehemías. Y esto es lo que tú lees en el texto de hoy, versículo 6: "Pero durante todo este tiempo yo no estaba en Jerusalén." Ahora se está refiriendo a otro tiempo donde ya él no estaba, donde ya él se había ido, porque en el año 32 de Artajerjes, regresé a Babilonia; yo había ido al rey, pero después de algún tiempo pedí permiso al rey y vine a Jerusalén. Ahora él regresa.

Pero todo lo que habíamos visto ocurre precisamente durante su primer período de gobierno. Yo menciono todo eso porque resulta que cuando Nehemías se va, hay cosas que comienzan a ocurrir y la vida espiritual del pueblo comienza a retroceder. Y cuando regresa de Persia la segunda vez —no sabemos si en meses o un par de años, no está claro cuándo regresa—, pero cuando regresa de Persia, él se encuentra con que las condiciones de las cuales el pueblo se había arrepentido estaban siendo practicadas nuevamente, que el pacto que ellos habían firmado un tiempo atrás estaba siendo violentado en todos sus renglones.

Es como que tú lees este capítulo 13 y tienes una experiencia de déjà vu: como que yo vi esto antes. Yo mencionaba cómo ese pueblo de Dios que Dios visita con su gracia, Dios le da su favor, Dios le aviva, y prontamente después, ese pueblo comienza a alejarse y a separarse. En ocasiones ocurre incluso en retiros, donde tenemos una experiencia enorme y vamos y nos deleitamos y comemos el manjar y nos llenamos, y el lunes siguiente al retiro es como que tenemos la experiencia de aquellos que sufren de bulimia, donde ven el manjar y se lo comen y se llenan, y luego van al baño y vomitan todo lo que han comido. Y en ocasiones el pueblo de Dios, a mí me da la impresión de sufrir de bulimia espiritual, donde puede llenarse y luego todo es regurgitado de nuevo, y después de grandes experiencias espirituales volvemos a vivir en la mundanalidad de cada día.

Esto es lo que tú ves en este pueblo: que después de un tiempo donde ellos ya se habían comprometido a vivir de otra manera, el pueblo vuelve a pecar, y vuelve a pecar de la misma manera y por la misma razón por la que se había ido al exilio. Es como que es un pueblo que no aprende, refractario al aprendizaje. Y nosotros vimos algo similar en la historia reciente: en el año 2001, septiembre 11. A partir del 12 de septiembre y por los próximos tres meses, las iglesias en Estados Unidos experimentaron una asistencia récord, para cuatro meses después volver a caer al mismo nivel de inasistencia en la que se encuentran hoy en día.

Y nos preguntábamos: ¿qué es lo que ocurre? ¿Qué es lo que produce el acercamiento, y qué es lo que produce el alejamiento? Es obvio: lo que produce el acercamiento son circunstancias de dolor, de problemas, de tribulación. Entonces el pueblo aprende a usar a Dios, o por lo menos cree que puede usarlo: quiero usarlo de provisión, quiero usarlo de protección, quiero usarlo de consolación durante esos períodos. Pero tan pronto la calamidad comienza a alejarse, o ellos comienzan a alejarse de la calamidad, de esa misma manera ellos comienzan a alejarse de Dios. Lo que implica que, como hemos estado diciendo últimamente, lamentablemente vivimos en una generación donde hemos aprendido a usar las personas y amar las cosas, y de esa misma manera el pueblo muchas veces se relaciona con Dios: ama las cosas que Él provee y usa al Proveedor. O por lo menos así lo intenta, porque Dios no se deja usar porque es Dios.

Y nosotros vemos una y otra vez la recurrencia de este fenómeno. Tú tienes que en el primer período de gobierno de Nehemías había opresión, había persecución, había un Tobías y un Sanbalat que estaban detrás de ellos, que no querían dejarles construir la muralla, y había un líder de Dios presente. Y esa combinación del líder de Dios presente más el hecho de la misma opresión, la dificultad, la debilidad de ellos como pueblo, quizás hizo que ellos buscaran de Dios y se mantuvieran más dependientes de Dios durante ese período. Pero prontamente después comenzaron a alejarse.

Yo creo que, a manera de reflexión y de introducción a este capítulo —porque todavía no hemos entrado—, vale la pena hacerse la pregunta: ¿qué es lo que causa este fenómeno de acercamiento y alejamiento? Es como un acordeón: acercamiento y alejamiento. Ya hablamos de qué es lo que produce el acercamiento: la dificultad, la tribulación, el dolor, la necesidad, la falta de sosiego, la falta de significado, la falta de propósito, todo ese torbellino. Pero una vez estamos cerca, ¿qué es lo que nos comienza a alejar?

Yo decía que tú le puedes llamar falta de oración, tú le puedes llamar falta de lectura de la Palabra, tú le puedes llamar falta de disciplina. Pero al final la realidad es que hay una sola razón por la que eso ocurre, y es que hay otro dios en tu vida sentado en el trono que te está atrayendo, que te está seduciendo, que tiene un poder de atracción sobre tu carne mayor que el poder que Dios está ejerciendo. Y ese dios que se sienta en ese trono es considerado por Dios su rival, y tratado como tal.

No hay otra razón. Tú le puedes poner el nombre que tú quieras, porque ese dios en ese trono tiene diferentes nombres de acuerdo a las personas, de acuerdo a la profesión que tengamos incluso. Nosotros fuimos creados para adorar, y por tanto somos adoradores naturales; lo hemos dicho en otras ocasiones. Todo el mundo va a adorar a algo y a alguien; la pregunta es: ¿qué es lo que va a adorar, cuándo lo va a adorar y cómo lo va a adorar? En algunos casos ese dios sentado en el trono es llamado dinero, y eso como que es fácil de ver para aquellos que no lo tenemos. "¡Aléjate del dinero!" En otros casos el dios es el placer, la comodidad, los negocios, y eso también es fácil de ver.

Pero para otros, el dios sentado en ese trono que está ejerciendo la atracción es el éxito, el aplauso, la aprobación del otro, el reconocimiento, la posición, la fama, el nombre, un nuevo novio que me ha deslumbrado, hijos que hemos puesto en el trono, un esposo que ocupa la posición de Dios, mi realización personal. Todas esas cosas contribuyen a alejarnos de Dios y constituyen un rival para Dios; no son inocuas, no son benignas, no son indiferentes, no son neutrales.

Para el pastor, ese dios sentado en el trono —porque es uno de los problemas: a veces ese otro dios tiene apariencia de piedad, y como tiene apariencia de piedad está camuflado— pudiera ser su preparación académica, o pudiera ser su púlpito, que él o nosotros adoramos, o pudiera ser el reconocimiento de la gente, o pudiera ser la necesidad de sentirme necesitado, pudiera ser el sentirme buscado continuamente. O quizás es la pasión por la predicación, y confundimos a veces la pasión por la predicación, por la preparación o por el ministerio, con pasión por Dios. O los que están aquí detrás podrían fácilmente confundir su pasión por la música, su pasión por el instrumento que les gusta, con pasión por Dios. Pero si yo no tengo una relación continua, fresca, vibrante, creciente, en aumento en mi vida, el dios es mi ministerio, mi predicación, la música, el instrumento, pero no es Dios.

Cuando Dios está sentado en el trono, Dios entonces produce en mí un crecimiento continuo, vibrante, fresco, algo que deseo. Y es entonces ese Dios en su trono lo que no permite que yo me desvíe del camino. Pero nuestro alejamiento siempre tiene una sola causa, y es la presencia de otro dios en medio nuestro.

Recuerda esto, yo quiero leerlo tal cual lo escribí: Dios siempre mira al corazón; el corazón se desvía primero y luego se desvía la persona entera. Cuando Dios no tiene el corazón de alguien, pronto no tendrá nada de esa persona. Ese fue el problema de este pueblo. Dios nunca tuvo su corazón. Él tuvo sus ofrendas, él tuvo sus sacrificios, él tuvo sus asambleas, él tuvo sus fiestas, él tuvo sus celebraciones, pero nunca tuvo el corazón del pueblo.

Mira este texto de Nehemías 13, cómo comienza: "Aquel día leyeron del libro de Moisés en oídos del pueblo y se encontró escrito en él que los amonitas y los moabitas no debían entrar jamás en la asamblea de Dios, porque no recibieron a los hijos de Israel con pan y agua, sino que contrataron contra ellos a Balaam para maldecirlos. Pero nuestro Dios convirtió la maldición en bendición. Y sucedió que cuando oyeron la ley, excluyeron de Israel a todo extranjero."

Esto está ocurriendo en ausencia de Nehemías; él está fuera, como lo vamos a ver en un momento. Y por lo menos el pueblo siguió leyendo la ley de manera regular, y un día, leyendo la ley, se percataron de que había un texto en Deuteronomio 23:3-5 al cual yo acabo de aludir. Ellos descubrieron que se suponía que los amonitas y los moabitas no podían ser parte de la asamblea jamás. Esto es lo que el texto de Deuteronomio dice: "Ningún amonita ni moabita entrará en la asamblea del Señor. Ninguno de sus descendientes, aun hasta la décima generación, entrará jamás en la asamblea del Señor, porque no fueron a vuestro encuentro con pan y agua en el camino cuando salisteis de Egipto, y porque alquilaron contra ti a Balaam, hijo de Beor, de Petor, en Mesopotamia, para maldecirte. Mas el Señor tu Dios no quiso escuchar a Balaam, sino que el Señor tu Dios te cambió la maldición en bendición, porque el Señor tu Dios te ama."

Para los que no estén familiarizados con la historia bíblica, déjame recordarte quiénes fueron Moab y Amón, para que sepas entonces quiénes fueron los amonitas y los moabitas. Cuando Lot salió corriendo de Sodoma y Gomorra, esa noche sus dos hijas decidieron tener relaciones sexuales con su padre y lo emborracharon. Sodoma y Gomorra habían quedado sembradas en el corazón de estas dos muchachas. La mayor tuvo un hijo y su nombre fue Moab, y sus descendientes, los moabitas. La menor tuvo otro hijo y su nombre fue Amón, y sus descendientes, los amonitas.

Es increíble cómo el pecado de una noche de incesto, cientos de años después, todavía está cosechando consecuencias. Las consecuencias del pecado pueden ser muy largas, muy duraderas, muy severas. De hecho, en esta ocasión leemos también cómo, cuando Israel venía subiendo hacia la tierra prometida, resulta que Moab no le da la bienvenida al pueblo. Y debido a esa acción, más el hecho de que contrataron a Balaam para maldecirlos, Dios entonces decidió impedirles la entrada a la asamblea de Dios por las próximas diez generaciones.

Y la palabra "jamás" que aparece en el texto, después de la expresión de "diez generaciones", hace pensar a algunos estudiosos que quizás esto era simplemente una forma idiomática para decir que nunca más, por toda su historia, ellos pudieran entrar y ser parte de la asamblea. Lo que nos habla, una vez más, de cuán duraderas son las consecuencias del pecado. De la misma manera que en ocasiones Dios bendijo al pueblo simplemente por el amor y la fidelidad a los patriarcas del pasado —a Abraham y a Jacob—, de esa misma manera Dios maldijo, en ocasiones, a las generaciones futuras debido al pecado de los antepasados.

Y eso es un buen recordatorio, una vez más, para los que escuchamos; nosotros que vivimos en esta generación, padres que tienen hijos en esta generación: lo que hacemos hoy tiene consecuencia para las generaciones futuras. ¿Cuántas? No lo sabemos; solamente Dios lo sabe. La razón por la que estamos tan mal hoy moralmente no es simplemente porque esta generación anda mal; esta generación anda mal porque tenemos un grupo de generaciones detrás que han andado mal. Y nosotros estamos todavía cosechando consecuencias en nuestras propias vidas, y haciendo lo peor todavía.

Versículo 4: "Antes de esto, el sacerdote Eliasib, encargado de los aposentos de la casa de nuestro Dios, y que era pariente de Tobías, le había preparado un gran aposento, donde anteriormente se colocaban las ofrendas de cereal, el incienso, los utensilios y el diezmo del cereal, del mosto y del aceite, prescrito para los levitas, los cantores y los porteros, y las contribuciones para los sacerdotes. Pero durante todo este tiempo yo no estaba en Jerusalén." Está hablando Nehemías, porque en el año 32 de Artajerjes, rey de Babilonia, yo había ido al rey, pero después de algún tiempo pedí permiso al rey para regresar.

Te das cuenta de lo que ha ocurrido: en el templo había cámaras y aposentos; uno de esos aposentos estaba destinado a recibir el diezmo y la ofrenda para la manutención de los levitas, los cantores, los porteros y los sacerdotes, como estipulaba la ley. Y en ausencia de Nehemías, nada más y nada menos que Eliasib, el sumo sacerdote, toma ese aposento, lo vacía, y en su lugar coloca a Tobías —el archienemigo de Nehemías y del pueblo de Dios— en el templo del Señor. ¿Te imaginas de qué manera eso profanó el nombre de Dios y la casa de Dios?

Pero aún más: no había dónde traer los diezmos y las ofrendas, no había lugar para almacenarlos. Recordemos que aquel era un pueblo de economía agrícola, y frecuentemente los diezmos y las ofrendas eran pagados en productos agrícolas y se almacenaban. De tal forma que ahora tenemos varios pecados en línea: el templo ha sido profanado, los diezmos y las ofrendas no están siendo pagados a Dios porque no hay ni siquiera dónde traerlos, y los levitas, como vamos a ver, y los sacerdotes tuvieron que regresar al campo a cultivar porque no podían morirse de hambre. Lo cual también violaba la ley de Dios, porque ellos no se suponía que tuvieran campo; cuando la tierra prometida fue dividida, no se les permitió tener tierra, porque se suponía que vivieran de los diezmos y las ofrendas de las demás tribus. Y ahora ya han tenido que regresar al campo precisamente porque el pueblo no estaba cumpliendo su responsabilidad.

Es increíble: tan pronto el líder de Dios sale, es como cuando el gato está ausente, los ratones andan sueltos. Bueno, el gato se había ido y los ratones en Jerusalén estaban sueltos. Pero lo peor es que esta violación, quien la está permitiendo y promoviendo, es el sumo sacerdote, el líder principal. Y lo que ha hecho es favorecer a uno de sus familiares, a uno de sus parientes, lo que implica entonces un tráfico de influencia. Esto huele a Satanás por todas partes.

Nehemías regresa de Persia y se encuentra con ese cuadro. "Y vine a Jerusalén", versículo 7, "y me enteré del mal que Eliasib había hecho por favorecer a Tobías al prepararle un aposento en los atrios de la casa de Dios. Esto me desagradó mucho, por lo cual arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera del aposento. Entonces ordené que limpiaran los aposentos y puse de nuevo allí los utensilios de la casa de Dios, con la ofrenda de cereal y el incienso." Nehemías llega a Jerusalén, se entera de la noticia, y no manda a buscar a Tobías para tener una conversación diplomática y pedirle con quince días de gracia que por favor se pudiera mudar del aposento. Él va, toma los muebles y los tira afuera para la calle. En buen dominicano: ¡pa' fuera que van! Y Nehemías manda a fumigar la habitación, la manda limpiar —"¿qué es esto? esto está profanado"—, la vuelve a dedicar a nuestro Dios, hace regresar a los levitas y a los sacerdotes del campo, y vuelve a colocar los utensilios de Dios en su lugar.

Lo que Nehemías hace se parece mucho a lo que Cristo hace en un momento dado cuando entra a la casa de su Padre y se encuentra a los cambistas cambiando dinero y a personas vendiendo animales. Él toma todas las mesas y las tira al piso, porque hay un tiempo para cada cosa, y hay un tiempo para la manifestación y la expresión de la ira santa de Dios. Es un tiempo en el que tenemos que ser cuidadosos, porque en nuestra pequeñez y humanidad caída fácilmente podemos pasar la línea, como Moisés lo hizo. Pero no hay duda de que cuando tú revisas la historia bíblica encuentras la expresión de ira santa en cada profeta de Dios: tú la ves en Jeremías, tú la ves en Moisés, tú la ves en Isaías, la vemos en múltiples ocasiones.

Tenemos que cuidarnos, claro. Pero sí es posible, si tenemos el cuidado de airarnos por las cosas que Dios se airaría, y no por las cosas que a mí me son inconvenientes, no por las cosas que no me agradan, no por las cosas que no son de mi preferencia, sino por aquellas cosas que a Dios le airarían. Si somos capaces de airarnos hasta la intensidad en que Dios se airaría, y no más —para no tener la experiencia de Moisés—; si somos capaces de airarnos en el tiempo en que Dios se airaría, sin incurrir en el resentimiento, entonces nosotros podemos experimentar ira santa en contra de acciones pecaminosas que violan la santidad del nombre de Dios.

Y eso es exactamente lo que he experimentado: que hay una sensibilidad hacia el pecado, hay un rechazo hacia el pecado que aumentan en intensidad en la medida en que nosotros nos vamos acercando a Dios. Tenemos que ser cuidadosos, pero saben qué, hermanos, hay cosas que debieran mover al pueblo de Dios a la ira santa. Y a veces no lo hacen porque no nos percatamos de la gravedad de la infracción, porque no nos percatamos de hasta dónde le es odioso a Dios eso que ha ocurrido. Entonces, mientras nos airamos por pequeñeces sin importancia, no nos airamos por cosas que pudieran provocar el corazón de Dios. Hay un tiempo para cada cosa debajo del sol, de ese libro de Eclesiastés.

Y el texto continúa: "También descubrí que la porción de los levitas no se les había dado." Claro, no había diezmo de dónde darlo, por lo que los levitas y los cantores que hacían el servicio se habían ido cada uno a su campo. ¿Y ahora quién va a ministrar, quién va a cantar, quién va a atender al templo, quién va a nutrir la vida espiritual del pueblo? Se les ha forzado: los levitas y los cantores tienen que ir a trabajar al campo. De tal forma, ahora el pecado aumenta sus consecuencias. Ahora hay un empobrecimiento de la vida espiritual porque ustedes han forzado a sus sacerdotes, levitas y cantores a irse a trabajar, y no hay quien sirva en el templo.

Por tanto, Nehemías reprendía a los oficiales, a los líderes; ellos son los culpables de esto. Y dijo: "¿Por qué está la casa de Dios abandonada?" Entonces reunió a los levitas y los restableció en sus puestos. Entonces toda Judá trajo el diezmo del cereal, del mosto y del aceite a los almacenes. Ahora hay dónde ponerlo. Ahora hay un líder que ha tomado el mando, ha exigido, ha demandado y ha vuelto a confrontar al pueblo, y una vez más hay diezmo para pagarles a los levitas y a sus familiares para que pudieran vivir de lo que el pueblo aportaba.

Pero el pueblo había firmado un pacto. Ellos, después de haber confesado y de haber sido reprendidos por no haber estado diezmando a Dios, después de que Malaquías el profeta, como hablamos, les había confrontado de que estaban robando a Dios, ellos fueron en un pacto. Y en el pacto se comprometieron en el primer gobierno de Nehemías a que ellos iban a mantener ese diezmo, iban a mantener el templo y lo iban a mantener en cuidado. Y ahora lo estaban descuidando una vez más.

Y la pregunta es: ¿qué es lo que hace que un pueblo que se compromete con Dios, que firma pactos con Dios, se desvíe e incumpla sus promesas con Dios? Si el pueblo sabía que el pagar el diezmo a Dios era algo no negociable, ¿qué es lo que hace que en poco tiempo ellos dejen de pagar ese diezmo? Pudiéramos hablar de diferentes razones, pero yo creo que hay dos o tres que yo quiero mencionar, y seguro que hay muchas más.

Mucha gente comienza a diezmar no por convicción sino por obligación. Y cuando yo tengo que hacer algo por obligación, tan pronto aparezca la más mínima oportunidad, yo lo voy a dejar de hacer. Yo tengo una lucha con el ejercicio corporal que necesito y debo hacer, pero yo lo hago por obligación. Tan pronto aparece la más mínima excusa, yo lo dejo de hacer, y me siento justificado en no hacerlo. Así ocurre con las cosas espirituales: cuando no tenemos la convicción, simplemente lo hacemos por obligación, y tan pronto aparece la más mínima ocasión para dejar de cumplirlo, lo dejamos de cumplir.

¿Y qué es lo que dificulta que nosotros desarrollemos esa convicción? Bueno, hay varias cosas; nuestros estilos de vida es una de ellas. Comenzamos a gastar más de lo que ingresamos, por tanto nuestra cuenta se va poniendo en rojo cada vez más, hasta estar en rojo con un tomate. Resulta que yo leo la Biblia y la Biblia dice que yo no debo tener deudas. Entonces pensamos: "Dios se entenderá que yo voy a coger de Su diezmo para pagar mis deudas, que aquí es bíblico." Y dice: "No. Lo que tenías que haber hecho es no haber gastado más de lo que ingresas, número uno. Y número dos, si vas a pagar tus deudas, yo quiero que tú las pagues, pero no las saques de Mi diezmo; sácalas del salón donde vas, de los carros que brillas y consigues, de las ropas y zapatos que compras, pero no de Mi diezmo."

La tercera razón es que el dinero es uno de esos dioses que se sienta en su trono y que amamos, y cuando amamos algo y lo dejas ir, te duele. Es como —perdón— con lo que van a pasar por esta experiencia en estos días: tienes un hijo y se te va, y tú lo amas y te duele, pero eso está bien porque es tu hijo. El problema es cuando es dinero y se te va y te duele; eso es un gran problema, porque no es tu hijo. Bueno, es un hijo, pero de pecado; es un hijo que has parido, que has producido, pero es un hijo de pecado en la mayoría de los casos.

Y el pueblo entonces dejó de ofrendar y de diezmar a Dios, lo cual tuvo consecuencias no solamente por la violación de la ley, sino que la casa de Dios fue descuidada, los levitas y los cantores fueron descuidados, y eso agravaba su pecado.

El versículo 15 dice: "En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban los lagares en el día de reposo y traían haces de trigo y los cargaban en asnos; también traían vino, uvas, higos y toda clase de carga, y los traían a Jerusalén en el día de reposo. Y les amonesté el día en que vendían los víveres. También habitaban allí en Jerusalén tirios que importaban pescado y toda clase de mercancías, y los vendían a los hijos de Judá en el día de reposo." Entonces reprendió a los nobles de Judá y les dijo: "¿Qué acción tan mala es esta que cometéis profanando el día de reposo? ¿No hicieron lo mismo vuestros padres, y nuestro Dios trajo sobre nosotros y sobre esta ciudad toda esta aflicción? ¿Vosotros podéis aumentar Su furor contra Israel al profanar el día de reposo?"

Y habiendo consentido, cuando veía que oscurecía las puertas de Jerusalén antes del día de reposo, ordenó que se cerraran las puertas y que no las abrieran hasta después del día de reposo. Y puso a algunos de sus siervos en las puertas para que no entrara ninguna carga en día de reposo. Pero una o dos veces los mercaderes y vendedores de toda clase de mercancía pasaron la noche fuera de Jerusalén. Entonces les advirtió y les dijo: "¿Por qué pasáis la noche delante de la muralla? Si lo hacéis de nuevo, usaré fuerza contra vosotros." Desde entonces no vinieron más en el día de reposo.

El pueblo había violado el día de reposo comprando mercancías que otros le traían. Las disposiciones del día de reposo en aquel entonces no permitían que ese tipo de transacciones se hicieran. Nosotros no tenemos exactamente la misma observancia del día de reposo; sí creemos en él, creemos que tenemos que guardarlo, creemos que ningún cristiano debiera trabajar en él. Pero como no estamos ahora mismo discutiendo todos los detalles de cómo observar ese día de reposo —que no tengo ese tiempo ahora—, sirva simplemente esto para decir que en ese tiempo esta actividad comercial estaba terminantemente prohibida. El pueblo la violó, el pueblo sufrió consecuencias. Nehemías les dice: "¿Ustedes no se acuerdan que son estas cosas lo que nos han traído aflicción, que hemos estado en el exilio dos veces por este pecado, y de nuevo estamos en lo mismo?"

Y a quien él confronta es precisamente a los nobles de Judá, a los líderes; ellos son los responsables, pues como van los líderes va el pueblo. Nehemías como gobernador tenía la autoridad para mandar a cerrar las puertas, de manera que el viernes a la noche, a la caída del sol, se cerraban las puertas todo el día sábado hasta que caía el sol el sábado, y se abrían las puertas. Pero algunos se quedaban ahí como aprovechando la oportunidad de que les abrieran las puertas, y Nehemías los reprende y les dice: "Si lo vuelvo a ver ahí, voy a usar fuerza física contra vosotros." Este no era un hombre blandito; este no era un hombre que se amedrentaba fácilmente. Como gobernador, él entendía que tenía la autoridad para hacer ese tipo de cosa.

Y este pueblo estaba comprando a los tirios, los habitantes de Tiro que vivían allí e importaban pescado. Y Nehemías les dice: "Nosotros estamos bajo maldición precisamente por este tipo de práctica; nosotros hemos firmado un pacto recientemente y ahora estamos en la misma cosa." El pueblo se había comprometido a enmendar sus caminos y no lo estaba haciendo. En ausencia de Nehemías, entonces, todo esto se fue deteriorando: el templo fue profanado, los diezmos y ofrendas se dejaron de dar, un extraño vivía dentro del templo, los levitas tuvieron que dejar de administrar e ir al campo a cultivar, descuidaron el templo y profanaron el día de reposo.

Eso irritó a Nehemías sobremanera. Tú no te imaginas lo que vamos a leer ahora: cuánto irritó esto a Nehemías y de qué forma el gobernador responde. El gobernador sabe que este tipo de cosa amenaza la estabilidad de la nación, porque una nación que no cuenta con Dios no cuenta con nadie. Y mientras la nación esté violando los principios de Dios, no tiene a Dios de su parte.

Y cuando Nehemías se percata de lo que el pueblo está haciendo otra vez —a pesar de los dos exilios, a pesar de los 70 años de cautividad en Babilonia producto de este tipo de acción—, el versículo 23 dice: "Vi también en aquellos días a judíos que se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas. De sus hijos la mitad hablaba la lengua de Asdod, y ninguno de ellos podía hablar la lengua de Judá, sino la lengua de su propio pueblo." ¿Tú puedes creer esto? Que este pueblo que se había separado de las mujeres extranjeras precisamente porque habían desviado su corazón hacia los dioses paganos, la mitad de sus hijos ahora ni siquiera podían hablar el idioma hebreo.

Con lo cual le han eliminado su religión y su Dios, porque resulta que su Dios se reveló en un idioma hebreo, que su revelación estaba en hebreo, las enseñanzas eran en hebreo, las celebraciones eran en hebreo, las fiestas eran en hebreo. Y resulta que la mitad de los hijos ahora no hablaban la lengua hebrea, sino la lengua de Asdod. La mitad de los hijos, la mitad de esa generación, mañana no va a conocer a Jehová. Nehemías sabe lo que está en juego aquí.

Y esto es serio. "Y contendí con ellos, los maldije, herí a algunos de ellos y les arranqué el cabello, y les hice jurar por Dios diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos, ni tomaréis de sus hijas para vuestros hijos ni para vosotros mismos. ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Sin embargo, entre tantas naciones no hubo rey como él, y era amado por su Dios, y Dios le había hecho rey sobre todo Israel; pero a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras. ¿Y se debe oír de vosotros que habéis cometido todo este gran mal, obrando infielmente contra nuestro Dios, casando con mujeres extranjeras?" ¿Es que no conocéis la historia? ¿Es que no sabéis acerca de Salomón? ¿Es que no sabéis de la esclavitud de la que acabamos de venir, producto de todas estas infracciones? ¿Qué es lo que estáis haciendo otra vez?

Nehemías era el gobernador. Como autoridad civil, él entendió que tenía el derecho, bajo Dios, de tener este tipo de reacciones, donde a algunos los hirió. Tenemos que recordar que estaban en el Antiguo Testamento en este momento, donde hijos rebeldes podían ser apedreados, y algunos lo fueron. Y arrancó el cabello, producto precisamente de esta ira santa que estaba experimentando. Él sabe que la nación, la estabilidad de la nación, el futuro de la nación está en juego. Media generación no va a conocer a Jehová mañana.

¿Cómo están nuestros pueblos hoy en día? Porque hay un lenguaje que ellos no conocen: el lenguaje de Dios. El lenguaje hebreo, en este caso, es el lenguaje de su revelación, y ellos no hablan eso. Bueno, eso sigue pasando de otra manera hoy. Lo expresamos esta mañana: como el hogar en yugo desigual. El papá o la mamá habla el lenguaje de Dios porque le conoce; el otro cónyuge habla el lenguaje del mundo, y no se entienden ni los padres ni los hijos con aquella persona que sí conoce a Dios.

Supongamos, porque es la mayor frecuencia, que la mamá conoce a Dios y el padre no conoce a Dios. La mamá dice: "Dios dice santidad." El papá dice: "No, no, no; mi hijo, prosperidad." La mamá dice: "Mi hijo, obediencia." El papá dice: "No, no; éxito, mi hijo, éxito a todo costo." La madre dice: "Mi hijo, fidelidad." El padre dice: "No, mi hijo no puede estar con ese peso tanto hasta que te convenga." La madre dice: "Compromiso." El papá dice: "No, mi hijo, tómalo suave; la vida solamente se vive una sola vez." La madre dice: "Consagración." El padre dice: "No, fanatismo."

Y de repente el hijo no entiende el lenguaje de la madre, porque ya habla el lenguaje del padre, y nos hemos casado en yugo desigual. Y de repente ese hijo dice: "Tú sí, papi, por eso me gusta hablar contigo, porque tú sí me entiendes. Tú sí entiendes mi carne, mis deseos, mis pasiones." ¿Te das cuenta de que eso se sigue dando hoy? Tenemos una generación que no habla el lenguaje de Dios ni lo entiende, y parte de ese problema es el yugo desigual en el que nos casamos.

Nehemías dice: "Contendí con ellos, los maldije, los herí, les arranqué el cabello." La nación está en juego, el futuro entero de la nación está en juego. Y como gobernador, él no podía permitir que eso se diera. Irada fue su reacción. El problema era grave, y la historia probaba dónde había estado el pueblo, producto de haber violado la ley de Dios. Pero el problema era aún más grave, porque quienes estaban promoviendo esto eran los líderes.

Dice el versículo 28: "Uno de los hijos de Joiada, hijo del sumo sacerdote Eliasib, era yerno de Sanbalat, el horonita, y lo eché de mi lado." El nieto del sumo sacerdote, la línea sacerdotal, resulta que se ha casado con una hija de Sanbalat, el pagano, el archiénemigo del pueblo de Dios y de Nehemías. La línea sacerdotal contaminada: ¿qué esperamos del pueblo? Y Nehemías dice: tomé a ese nieto y lo eché de mi lado. Nehemías no era un hombre dado a jugar a las tibiezas, y sabes que hay un tiempo para cada cosa.

Entonces, a veces Nehemías intercede ante Dios pidiendo gracia y misericordia por el pueblo. Pero aquí Nehemías ve y dice a Dios: "Acuérdate de ellos, Dios mío." Pero no en gracia, no en misericordia. Escucha qué es lo que le está pidiendo: "Acuérdate de ellos, Dios mío, porque han profanado el sacerdocio y el pacto del sacerdocio y de los levitas." En otras palabras: júzgalos. No los ignores, no les permitas que se salgan con la suya.

Y cuando trazas la historia de ese sacerdocio, tú lees en Ezequiel, capítulo 44, que mientras Ezequiel estaba en el exilio, Dios le da visiones. Dios le permite ver a los sacerdotes de Israel, y él ve entonces dos grupos de sacerdotes. A un grupo, Dios dice: "Estarán en las puertas del templo, ofrecerán el sacrificio, ofrecerán el holocausto, le ministrarán al pueblo, pero a mis cosas santísimas no se acercarán." Al otro grupo, descendiente de Sadoc, que no profanó el sacerdocio, Dios dice: "Esos me ministrarán a mí y se acercarán a mis cosas santísimas."

Dos grupos de líderes, y hoy en día tenemos los mismos dos grupos. Yo no sé quiénes son, yo no sé dónde están, pero hay un grupo de pastores y ministros de la Palabra que estarán predicando, le ministrarán al pueblo, a la gente; pero Dios no se dejará ministrar por ellos, porque han profanado su nombre, han profanado su Palabra, porque no han hecho la diferenciación entre lo sagrado y lo profano. Y otro grupo que ha sabido hacer esa diferenciación, y Dios dice: "Esos me ministrarán a mí, y se acercarán a mí, y se acercarán a mis cosas sagradas."

Los nobles y los sacerdotes eran los culpables de esta situación de pecado en el pueblo. Como son los líderes religiosos los culpables también hoy: como van los líderes, va el pueblo. Yo creo que en la medida en que hemos ido revisando esta serie, si hay algo que ha quedado claro, es el rol fundamental del líder de Dios en medio del pueblo de Dios. Viste a Nehemías con un compromiso increíble por la santidad de Dios, por la obra de Dios; cómo no pudo ser desviada su atención en ningún momento, cómo enfocado estuvo en su misión, el precio que pagó, cómo confrontó la oposición, cómo no permitió la división.

Y luego te encuentras con otro grupo de líderes alrededor de Nehemías en pecado. Y parte del problema es que el líder que peca no está en busca de la voluntad de Dios, ni para él ni para el pueblo de Dios. El pecado en el líder es grave. El pecado de los líderes lleva a otros líderes a pecar. Tú encuentras eso en Gálatas 2, donde Pablo confronta a Pedro, y entonces nos dice el texto que una de las razones para que Pablo confrontara a Pedro públicamente es porque detrás de Pedro se estaba yendo Bernabé también, y otros líderes con él. Porque muchas veces el pecado de un líder arrastra a otros líderes a pecar, y cuando múltiples líderes pecan, ellos conducen al pueblo a pecar corporativamente.

Y eso pasó en la nación de Israel, y eso no es poca cosa. Decisiones pecaminosas tomadas por el liderazgo de esa manera conllevan graves consecuencias, porque todo el pueblo entra dentro del mismo pecado si el liderazgo actúa de esa forma. Yo creo que esta serie, si algo ha hecho de forma positiva, es que no nos ha hablado tanto a ovejas como a líderes, incluyéndome a mí mismo. De nuestro rol, de nuestra importancia, y de cómo necesitamos llegar a conocer los caminos de Dios.

Lamentablemente, parte del problema es que el pueblo de Dios muchas veces no conoce los caminos de Dios. Y no conociendo los caminos de Dios, tiene un mito de creencia, y es este: "Dios recibirá todo lo que yo le ofrezco, siempre y cuando sea bíblico." Lo diré otra vez: ese es un mito, creer que Dios recibirá todo lo que su pueblo le ofrece siempre y cuando sea bíblico. No. Si el pueblo no vive lo que proclama, Dios tampoco recibirá lo que le ofrece. Si el pueblo no vive lo que proclama y dice creer, Dios jamás recibirá lo que el pueblo le ofrece. "Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí."

Este pueblo le ofreció a Dios sus ofrendas, sus sacrificios, sus oraciones, sus asambleas, sus fiestas. Dios no recibió ninguno de ellos. De hecho, Dios dice a través de los profetas: "La música de vuestros instrumentos es un ruido para mí. Cerrad las puertas del templo, mejor, y no tengáis servicios." El mayor problema del pueblo de Dios es la predicación y la profesión de creencia sin práctica.

Ni siquiera es su mayor problema la falta de conocimiento. Yo estoy de acuerdo en que hay mucha ignorancia de la Palabra dentro del pueblo de Dios. Yo estoy de acuerdo también en que el pueblo de Dios debería conocer mucho más de lo que conoce. Pero si el pueblo de Dios practicara lo que ya conoce, su condición espiritual sería mucho mejor con eso solamente.

Y lamentablemente, cuando esa discrepancia entre los labios y el corazón ocurre, hay oraciones que Dios no oye, hay ofrendas que Dios no recibe, y hay peticiones que Dios no concede. Y luego nos preguntamos: "¿Por qué Dios no me escucha?", lo cual es el mayor insulto que se pueda pronunciar contra un Dios omnisciente, omnipresente y conocedor de todo cuanto se habla, se dice y se piensa. Pensar que Dios no me escucha. Quizás es porque Dios no me concede lo que yo pido, después de Él haberme escuchado. No es lo mismo oraciones no oídas que peticiones no concedidas.

Cuando la condición interna del corazón no está alineada con los propósitos de Dios, ese pueblo no recibe las bendiciones del Dios que dice adorar y servir. Creo que esta ha sido una buena serie para ayudarnos a entender la seriedad del pecado, lo prolongadas que pueden ser sus consecuencias, la gravedad de lo que es transgredir la ley de Dios y la profundidad de las consecuencias o disciplinas que Dios nos impone. También nos ha recordado la importancia de un liderazgo que camine de la mano con Dios en santidad de corazón, la importancia de tener a Dios sentado en su trono y no ningún otro dios, y la importancia de cumplir con la ley de Dios en todo, incluyendo nuestras finanzas. Igualmente, la importancia de no dar a nuestros hijos al mundo y no permitir vínculos —no solamente matrimonios, sino vínculos— en lugar de igual para meter el pecado al interior de nuestros hogares.

Yo creo que la serie ha sido importante para recordarnos que con el pecado no se coquetea, no se negocia, no se vive. Creo que ha sido buena para recordarnos que aquellos que coquetean con el pecado sufrirán las consecuencias de ese coqueteo, y que coquetear y flirtear con el pecado es, para Dios, una ofensa tan grande, en ocasiones, como verlo practicado. ¿Por qué? Porque es como decirle a Dios: "Te voy a probar que puedo jugar con él y estar contigo a la vez, disfrutar de tus bendiciones y gozarme un poquito en la línea del pecado." Es como querer tomar su gracia prestada y firmar pagarés para pagar en el futuro.

Y Dios dice: "No. Tú puedes usar a otro hombre, pero a mí no me vas a usar. Yo rehúso ser usado. O tengo tu corazón y tu vida por completo, o no quiero absolutamente nada de ti." Dios no es plato de segunda mesa. Es todo o nada. Y nosotros tenemos que recordar eso, porque Él no lo va a aceptar de ninguna otra manera, amados.

Si yo pudiera convencerlos de eso esta mañana, yo daría lo que no tengo por convencerlos. Si hay algo que yo sé, es que Dios no recibe mi vida parcialmente. Él no me dio a su Hijo parcialmente; no me dio una gota de su sangre y un brazo de su cuerpo: me dio su vida completa, siendo Dios, siendo perfecto. ¿Para que yo quiera ofrecerle parcialmente mi vida? Si hubiera otros dioses —que no los hay— yo creo que un dios pagano aceptaría eso. Y hasta esa es una mala comparación, porque algo que nosotros sabemos es que hay un solo Dios verdadero, Señor del cielo y de la tierra, que merece, demanda, exige, pide y espera lo mejor de mí.

En el camino necesito caminar en santidad de corazón, balanceando continuamente su gracia y su verdad. Que Dios nos ayude a caminar de esa manera.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.