IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Dios conoce cada pensamiento antes de que se forme, cada palabra antes de que se pronuncie, cada movimiento por insignificante que parezca. El Salmo 139 despliega esta realidad con una intimidad que asombra: el salmista no describe a un Dios distante que vigila desde lejos, sino a uno que ha "perforado" su interior, que comprende no solo lo que piensa sino por qué lo piensa. Conoce el pasado que ya olvidamos, el presente del que no estamos conscientes, y el futuro que ni imaginamos. Cuando el pastor Núñez partió de República Dominicana en 1982, jamás pensó que regresaría como pastor, pero Dios ya lo había planificado.
Lo extraordinario es que este conocimiento exhaustivo no atemoriza al salmista; lo consuela. Él se siente rodeado, cercado por Dios como una ciudad protegida. "Por detrás y por delante me has cercado", escribe, usando la misma imagen que Satanás empleó para acusar a Job. La diferencia está en la perspectiva: quien camina en la luz encuentra seguridad en ese cerco; quien huye de Dios, terror. Jonás intentó escapar y se encontró con Dios en la barca, en la tormenta, en el estómago del pez, en la costa.
La omnipresencia complementa la omnisciencia: no hay oscuridad que oculte, no hay profundidad que escape. Las tinieblas y la luz son iguales para Dios. Por eso el salmo cierra con una petición que brota de la confianza: "Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón". David, consciente de cuán engañoso es el pecado, pide ser examinado por el único que puede ver lo que él mismo no alcanza a ver de sí mismo.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Creo que algunos, que son muchos, recordarán que la semana anterior nosotros estuvimos hablando acerca de la omnipotencia de Dios. En esta semana, en este día, mejor dicho, yo quisiera continuar hablando de dos de los atributos de Dios íntimamente relacionados a su poder: la omnipresencia y la omniciencia de Dios, a partir del Salmo 139.
Este salmo ha sido grandemente aplaudido a lo largo de los años por múltiples razones, pero de manera personal, a mí me encanta este salmo porque, aparte de su contenido que vamos a estar desglosando, tiene una teología profunda explicada en términos sencillos, y eso es algo que yo aprecio, es algo que yo valoro. Yo creo que toda teología, por profunda que sea, debiera ser llevada a una expresión que el hombre y la mujer corriente lo pueda entender. No me lo imagino de otra forma. En segundo lugar, el salmo tiene una sabiduría divina que habla de la grandeza del Dios que adoramos, de manera que el salmo debiera llevarme a un mejor nivel de adoración. Y en tercer lugar, la enseñanza que el salmo tiene es sumamente práctica, a pesar de que es extremadamente asombrosa. Y una vez más, yo creo que la teología que no encuentra una práctica en la vida diaria, pues, ¿para qué la conocemos? Y esas tres cosas están aquí; yo las valoro enormemente.
Yo creo que este salmo revela con claridad cuál es el propósito de la teología y, sobre todo, de la teología bíblica. Déjenme leerles más o menos, resumí este párrafo que escribí ayer porque quería que pudiera entenderse todavía si no lo tenían claro: cuál es el propósito de la teología y en especial de la teología bíblica. Dios se revela en su Palabra para que su pueblo le conozca, en primer lugar. Y al conocerle, sepa cómo relacionarse con Él de una manera que pueda caminar en la luz, de tal forma que podamos reflejar su imagen a un mundo que no le conoce, y al mismo tiempo que podamos disfrutar de sus mejores bendiciones. Porque las bendiciones de Dios ocurren en la cercanía de Dios, una vez más.
La idea de la revelación de Dios es que tú y yo le conozcamos, y al conocerle, le podamos entonces adorar mejor, podamos relacionarnos mejor con Él. En la estrecha relación con Él, Él forma su imagen, la imagen de Cristo, en nosotros. De esa forma tú y yo podemos reflejar dicha imagen a un mundo que no le conoce, que la gente pueda venir a preguntarnos qué es lo que tú tienes porque yo lo quisiera, y al mismo tiempo, al caminar en su luz, yo pueda disfrutar de sus mejores bendiciones. Yo no creo que Dios nos dio una revelación teológica compleja hasta el punto de que solamente una élite intelectual y académica pudiera llegar a entenderla y conocerlo. Me rehúso a pensar de esa forma.
Este salmo que vamos a estar viendo ha sido atribuido a David, aunque algunos han cuestionado eso, pero independientemente de quién fuera el autor, esto es lo que está claro: el salmista, el autor, conoce a Dios íntimamente. Eso es una cosa. Y el conocimiento de ese Dios que él tiene, lejos de atemorizarlo —yo quiero que tú me estés subrayando esto, porque hay cosas que el salmista dice acerca de Dios que pueden intimidar a cualquiera que las digiera—, lejos de atemorizarlo, el salmista ha encontrado seguridad y fortaleza donde a muchos otros les llenaría de terror. Pero esa no es la razón por la que está escribiendo el salmo; está escribiendo el salmo para que tú puedas encontrar la seguridad que él ha encontrado y con la que él escribe.
El salmo tiene 24 versículos. Y de esos, pretendemos cubrir una gran mayoría; hay algunos que vamos a dejar fuera por razón de tiempo, y vamos a tomar esa porción y traerla posteriormente en otro mensaje. Para fines de un mejor entendimiento de lo revelado, yo quiero que leamos juntos del versículo 1 al versículo 6, para comenzar a ver la omniciencia de Dios.
"¡Oh, Señor! Tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme; desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos. Aún antes de que haya palabra en mi boca, ¡oh, Señor!, Tú ya la sabes toda. Por detrás y por delante me has cercado, y Tu mano pusiste sobre mí. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; es muy elevado, no lo puedo alcanzar."
¡Wow! Si tú lees estos seis versículos dos, tres, cuatro veces, hay un par de cosas que salen a la luz inmediatamente. En primer lugar, esto es como una conversación íntima, personal, entre el salmista y su Dios. Él se dirige a este Dios por su nombre dos veces: "¡Oh, Señor!" Pero luego, cuando tú revisas qué más hay, te das cuenta de que en seis versículos usa diez pronombres personales para hablarle a Dios de tú: "es Tu, Tu aquello, Tú lo otro." Él conoce, él tiene confianza en este Dios. Y luego, él se refiere a sí mismo once veces en apenas seis versículos. De manera que esto es una conversación íntima entre un hijo de Dios que conoce a su Dios, que conoce cómo Él penetra todas las áreas de su vida, y que eso es precisamente lo que le da confianza. Y la idea del salmista es que otros puedan llegar a conocer a ese Dios como él ha llegado a conocerle, y que como consecuencia nosotros terminemos rindiendo nuestra vida en adoración.
Nota nuevamente cómo él comienza: "¡Oh, Señor! Tú me has escudriñado y conocido." Yo les he dicho otras veces que cuando ves esa palabra "¡Oh!", no la dejes pasar; no fue así que se compuso casualmente. La palabra "¡Oh!" es una expresión de asombro. El salmista, cuando comienza, está asombrado acerca de lo que ya quiere escribir. Y de hecho, los historiadores de la Iglesia han dicho que tú puedes conocer cuándo un pueblo está en el aislamiento espiritual cuando la palabra "¡Oh!" comienza a desaparecer de sus oraciones. Quizás es una forma metafórica o hiperbólica de decirlo, pero transmite algo.
Y el salmista dice: "¡Tú me has escudriñado!" La palabra en el original es: "¡Tú me has perforado!" Es como que Tú me viste y cuando me viste penetraste mi interior. En inglés sería algo como: "You searched me through." Cuando me viste, conociste todo lo que había en mi interior. En otras palabras, cuando Tú me ves, cuando me viste, cuando me ves, Tú conoces mis pensamientos, mis motivaciones, mis acciones del pasado que todavía están en Tu memoria y que quizás yo ni recuerdo. Tú conoces lo que yo estuve planificando, estoy planificando. Tú incluso conoces la razón por la cual yo estaba planificando lo que estaba planificando, o estoy planificando. En pocas palabras, Tú me conoces de tal manera que no hay nada en mi interior que Tú no conozcas. No hay nada en mi pasado que Tú no hayas visto y recordado. No hay nada en mi presente, ni nada en mi futuro que vaya a ocurrir, que Tú no conozcas de antemano. ¡Wow! Es como intimidante. Pero el salmista no está para nada intimidado; está contento de tener un Dios que así le conoce. Él está tratando de describir un concepto teológico complejo como la omniciencia de Dios en términos personales. Esa es la mejor teología.
Yo quiero que tú sepas que Dios es omnisciente, pero no es simplemente para discutir teología. De la manera en que yo te acabo de describir a Dios —que conoce mis pensamientos, mis palabras y mis intenciones—, Dios conoce eso mismo de 8 mil millones de personas en el planeta Tierra, instantánea y simultáneamente. Dios conoce cosas de mi presente de las cuales yo no estoy apercibido. Cosas que yo entiendo de una manera, y Dios baja y me dice: "¿Sabes que tú piensas que es así, pero no es así?" Dios conoce cosas que yo creo conocer de mí, y Él viene y no solamente me corrige lo que entiendo, sino que me amplía lo que entiendo. Me conoce mejor de lo que yo me conozco. Dios conoce cosas de mi futuro que yo ni he pensado ni me las pudiera imaginar. Cuando yo me fui en el año 82 de este país, jamás me hubiese imaginado que yo vendría de regreso como pastor. En mi vida. Pero Dios lo había planificado. Dios conoce cosas de mi pasado que yo no recuerdo. De verdad. Cosas que probablemente tú me traes a colación porque me ha pasado ya, y yo te digo la verdad que no me acuerdo. O cosas del pasado que no solamente no recuerdo, sino que ni siquiera me percaté de que yo hice, o pensé, o dije; pero Dios las conoce.
Escucha a A. W. Pink en su libro *Los atributos de Dios*. Este es un hombre que conoció a Dios. Escúchalo hablando de la omnisciencia de Dios: "Dios es omnisciente. Él conoce todo: todo lo posible, todo lo actual, todos los eventos y todas las criaturas del pasado, del presente y del futuro. Él está perfectamente familiarizado con cada detalle en la vida de cada ser, en el cielo, en la tierra, en el infierno. Él conoce lo que está en la oscuridad (Daniel 2:22). Nada escapa su conocimiento. Nada puede ser escondido de Él. Nada es olvidado por Él." Bien podríamos decir, dice Pink, con el salmista: "Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; es muy elevado, no lo puedo alcanzar."
Pink continúa: "Su conocimiento es perfecto. Él nunca comete un error, nunca cambia, nunca pasa nada por alto. No hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuentas", citando Hebreos 4:13. Esa es la omnisciencia de este Dios. ¡Wow! No aprende nada; lo conoce todo.
Y ahora David, o el salmista —pero vamos a quedarnos con David—, dice: "Señor, Tú conoces mi sentarme y mi levantarme." La idea aquí no es limitarnos al hecho de que cuando yo me levanto en la mañana o cuando me acuesto en la noche, no. La idea aquí es dejarnos ver que no importa lo insignificante de una acción o de uno de mis movimientos, no importa lo casual que pudiera ser: aun eso Dios lo conoce. Dios conoce dónde cada uno de nosotros parqueó su carro. Dios conoce dónde quizás lo solías parquear, pero hoy no te tocó ahí.
Dios conoce en qué lugar tú te sientas cada vez que vienes a la iglesia. Sabe incluso si no estás sentado en tu silla, sabe por qué no pudiste sentarte en esa silla. Para aquellos de ustedes que viajan en el autobús, sabe cuándo te montas en el autobús. Los que viajan en Uber, sabe a qué hora te recogió el Uber, dónde te recogió, dónde te desmontó, para dónde ibas, qué ibas a hacer. Sabe la placa del carro que te llevó, conoce el nombre del chofer que te llevó.
El salmista, obviamente, no tenía Uber en su tiempo, pero ese tipo de cosas se manejaba de otra manera, y yo estoy seguro de que él se sentía seguro todo el tiempo. Eso no le intimidaba, no le atemorizaba, porque él quería andar en la luz. Solamente si no andamos en sus caminos ese tipo de conocimiento nos atemoriza. La idea que el salmista está tratando de transmitir es una de seguridad. Él se siente, y lo veremos un poquito más adelante, seguro en este conocimiento íntimo que Dios tiene de él. Y yo no creo que Dios se quiera revelar para ninguna otra cosa que no sea algo como esto.
El salmista ahora mismo no tiene nada que probar, nada que ocultar y, por tanto, no tiene nada que temer. Esa es la razón por la que él está tranquilo. Él está tratando de motivarnos a vivir confiados en un Dios que está pendiente de ti desde que te levantas hasta que te acuestas, en todos tus movimientos, en todos tus caminos. Él quiere ayudarnos a entender cuán exhaustiva es la omnisciencia de Dios.
Es la razón por la que él cierra el versículo dos diciendo: "Desde lejos comprendes mis pensamientos." Oye lo que el salmista dice: Dios no solamente conoce mis pensamientos. Como quien dice que yo esté pensando ahora —bueno, yo quiero a Cati, mi esposa— y Dios dice: "No, pero yo comprendo también ese pensamiento." O sea, yo comprendo por qué tú dices lo que dices, yo comprendo también por qué no lo dijiste de una mejor manera, yo comprendo cómo también pudiste haberlo dicho mejor. Desde lejos yo comprendo tus pensamientos. Una cosa es conocer lo que pienso, que pudiera ser simplemente información, y otra cosa muy distinta es comprender lo que estoy pensando.
No sé si te ha pasado, pero alguna vez alguien te ha dicho: "¿Cómo puedo orar por ti?" y tú le has dicho: "Yo ni sé." ¿No te ha pasado? Bueno, hay como dos personas honestas aquí. Pero dice Romanos 8 que cuando nosotros no sabemos cómo orar, el Espíritu está orando por nosotros con gemidos indecibles. Él sabe cómo. Dios me conoce a mí más de lo que yo me conozco a mí mismo.
Cuando Cristo vino como el Mesías, su ministerio terrenal testificó precisamente que Él conocía los pensamientos de los hombres. En una ocasión se encuentra con un paralítico, lo sana, pero no solamente lo sana, sino que le perdona sus pecados. Y el perdón de pecados era algo que solamente Dios podía hacer. Como ellos no creían que Cristo era Dios, comenzaron a pensar, y es el texto de Mateo 9, que este hombre es un blasfemo. Escucha la respuesta de Cristo: conociendo sus pensamientos, dijo: "¿Por qué piensan mal en sus corazones?"
Cuando estás sentado oyendo un sermón y estás pensando: "Bueno, sabes que este pastor como que no tiene nada en la bola", como decimos nosotros, el Señor sabe lo que estás pensando. Y el otro que está pensando: "¡Este sermón está buenísimo!", Él sabe por qué uno dice una cosa y por qué el otro dice la otra. En Lucas 16:15 se vuelve y se confirma: "Dios conoce sus corazones", le dice Cristo a un grupo de personas que estaban con Él. Ninguno de mis pensamientos escapa al conocimiento de Dios.
Escucha al salmista; él sigue ampliando la omnisciencia de Dios. Versículo tres: "Tú escudriñas mi senda y mi descanso, y conoces bien todos mis caminos." Otra vez la palabra escudriñar: tú examinas, tú haces un escrutinio de todas mis sendas. Pero sabes que no solamente eso, tú escudriñas mi descanso, mi tiempo de ocio, lo que hago frente a una televisión, lo que veo frente a una computadora, con quién hablo, lo que hablo, qué hago, qué no hago. Tú escudriñas y tú conoces todos mis caminos.
Lamentablemente, nosotros compartimos una naturaleza caída, y con frecuencia esta semana me pasó. Alguien me traía como una serie de problemas y yo le decía: "Sabes que al final probablemente no hay nada que tú me puedas decir con lo que yo no me pueda relacionar de alguna manera, porque yo tengo una naturaleza caída que guarda relación con tu naturaleza caída." Diferente en grado, diferente en forma, en diferentes momentos, pero esa es la realidad.
Entonces en nosotros tenemos esta idea de que si nadie nos ve, estamos bien. Eva tiene esta conversación con la serpiente. Dios no está alrededor, o eso creen. El problema es que no saben que Dios está escuchando la conversación. Se come la fruta, y tan pronto se la come, Dios le dice: "Adán." Ellos se esconden y tienen miedo, porque Dios vio la conversación y oyó lo conversado.
Caín se fue a ir el hijo de Adán. Iba contra su hermano, también hijo de Adán, iba a Abel. El texto dice que él miró para un lado y miró para otro lado, y dijo: "Aquí nadie me está viendo". ¡Bum! A su hermano lo enterró y pensó que estaba bien. Pero Dios llamó a Caín: "Caín, la sangre de tu hermano, que nadie vio pero que yo vi, clama hasta aquí arriba".
Cosa más sencilla: Dios le promete a Sara que habrá un hijo en su edad avanzada. Sara está en su tienda, callada, sola. Y de repente Sara está contemplando: ¿quién va a tener un hijo a esta edad? Y Sara se ríe. Y Dios le dice: "Yo vi tu risa, ya lo verás".
Vamos a conquistar a Jericó, pero eso sí: no quiero que tomen nada de la ciudad, no quiero que dejen con vida a nadie de los que están ahí. Y de repente Acán entra, ve un lindo manto que le llamó la atención, un manto babilónico, y fue y lo tomó. Y dijo: "Ubs, ¿sabes qué? Déjame, tengo derecho". Y dice que fue a su tienda y lo escondió, lo tapó. Y de repente fueron a la batalla y perdieron una batalla. Y Josué va donde Dios, y Dios le dice: "¿Qué fue? Tu pueblo enviado a una misión, no se supone que pierda". Dios le dice: "Acá ha pecado". Dios le dice —y yo le estoy parafraseando ahora, y si no, no me vengan a preguntar— "Ve y busca el problema".
Acán pensó lo mismo. Cuando David hizo lo que hizo en la oscuridad de la noche, pensó: "Aquí nadie más se va a enterar". Y sabe el cielo que yo le pregunté. Y luego, cuando planificó la muerte del esposo posteriormente, meses después, Dios le dice: "David, yo de otra forma te vi, y vi cómo planificaste lo que planificaste".
El salmista está hablando de eso, pero lo está hablando de una forma positiva. Esa es la idea: ese Dios que te conoce así, si caminas con Él, tú tienes la ventaja de contar con su protección y su bendición.
Lo peor es que el pueblo judío no creyó eso. El pueblo judío pensaba que como Dios, en su paciencia, esperaba y retardaba, como que se había olvidado. Oseas 7:2 les dice: "Y ellos no consideran en su corazón que yo recuerdo toda su maldad, y ahora les rodean sus hechos; ante mi rostro están todos sus hechos". Dios estaba refiriendo a hechos pasados que ya ellos se habían olvidado.
Yo decía en el servicio más temprano —y creo que ya lo mencioné— que hay eventos de mi vida que si me aloco, yo no recuerdo. Y hay eventos buenos y malos que yo recuerdo, pero probablemente mi entendimiento de los eventos incluso está errado. Y aun así, Dios dice que todos nosotros compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bueno, sea malo. De 2 Corintios 5:10. De manera que habrá un recuento de esas cosas que Dios recuerda.
El salmista quiere que quede claro en este registro de que la omnisciencia de Él todavía no termina. Todo lo que yo he dicho es poco. Y él dice en el versículo cuatro: "Aun antes de que haya palabra en mi boca, oh Señor, tú ya la sabes toda". Hermano, yo no sé lo que voy a decir ahora mismo. Yo no estoy leyendo mi texto. Dios sabe lo que yo voy a decir. Cómo ocurre eso, yo no tengo la menor idea.
Se calcula que en la humanidad, desde Adán hasta hoy, un cálculo estimado, han pasado por la tierra cuarenta mil millones de personas. Y Jesús dice en más de una ocasión que nosotros tendremos que rendir cuenta de toda palabra ociosa que hayamos dicho. O sea, cuarenta mil millones de personas van a rendir cuenta de no sé cuántos miles de millones de palabras ociosas dichas. Eso es su omnisciencia.
Ahora escucha, porque el versículo cinco nos da una idea de lo que el salmista está tratando de transmitir, y lo hace de una manera positiva: "Por detrás y por delante me has rodeado, y tu mano pusiste sobre mí". La palabra en el original es una palabra que se usa cuando una ciudad está sitiada: nadie puede salir, nadie puede entrar. Es como que el salmista está diciendo: "Dios me puso un cerco, me tiene en un cerco".
Y sabes que eso es exactamente lo que Satanás le dice a Dios con relación a Job: "¿Por qué Job le habría de ser tan bien? Es un hombre recto, ¿pero por qué?" El salmista está tratando de traerte, de traernos a cada uno de nosotros, la idea y el entendimiento correcto de cómo yo debo ver a Dios en relación a mí. Y Satanás le dice: "Claro que Job te va a obedecer de esa forma, porque tú lo tienes, tú tienes un cerco alrededor de él. Quítale el cerco para ver cómo no te maldice". Y Dios dice: "Ok, ahí está", y le quita el cerco.
El salmista está diciendo: "Tú me tienes rodeado, por delante, por detrás. Yo me siento protegido en tu cerco". Es como se ha dicho múltiples veces: Cristo hoy en día está a tu lado, Cristo a tu lado, Cristo en frente, Cristo detrás, Cristo arriba, Cristo debajo, Cristo en ti. El salmista se siente seguro conociendo a Dios de esa forma.
Este se siente abrumado porque el conocimiento es demasiado asombroso, extraordinario e incomprensible. Y por eso en el versículo se dice: "Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí, es muy elevado, no lo puedo alcanzar". Los jóvenes dirían: "Yo no le llego a eso". No, tú no le llegas, y yo tampoco. No tengo la menor idea de cómo este Dios hace lo que hace, cómo sabe lo que sabe.
A. W. Tozer dice en su librito, *El conocimiento del Dios santo* —el libro más pequeño que yo pueda imaginar acerca de los atributos de Dios, empaquetado de esa sabiduría— lo siguiente: "Dios nunca ha aprendido de ninguna persona. Dios no puede aprender. Si Dios pudiera recibir conocimiento en cualquier momento, en cualquier forma que Él no posea o que no haya poseído desde la eternidad, Él sería imperfecto y mucho menos que Él mismo". Pensar en un Dios que tiene que sentarse a los pies de un maestro, aunque ese maestro sea un arcángel o un ser afín, es pensar en alguien que estaría por encima del Dios Altísimo, Creador del cielo y de la tierra. ¡Imposible!
Escucha: "Dios conoce instantáneamente y sin ningún esfuerzo cada asunto y todos los asuntos, cada mente y todas las mentes, todo espíritu y todos los espíritus, todos los seres y cada ser, toda criatura, toda pluralidad y cada pluralidad, todas las leyes y cada ley, todas las relaciones, todas las causas, todos los pensamientos, todos los misterios, todos los enigmas, todos los sentimientos, todos los deseos, cada secreto que no ha sido revelado, todos los tronos y dominios, todas las personalidades, todas las cosas visibles e invisibles en el cielo y en la tierra, cada movimiento, cada espacio, cada tiempo, cada vida, cada muerte, lo bueno, lo malo, el cielo y el infierno". Porque Dios conoce todas las cosas perfectamente, Él no conoce nada mejor que otra cosa, sino que las conoce todas por igual. Él nunca descubre nada, nunca es sorprendido, nunca es asombrado, nunca se pregunta acerca de nada, ni tampoco busca información ni hace preguntas.
¿Qué clase de ser es este? En inglés hay una palabra: *wonder*, "yo me pregunto". No, no, Él no se pregunta nada. "Yo estaba pensando que quizás..." No, no hay "quizás". "¡Wow, fui sorprendido!" No, no fue sorprendido. Eso era justamente lo que Él esperaba que iba a pasar. Recuerda: Dios nunca ha aprendido nada.
El conocimiento de Dios es tan diferente. Tú y yo aprendemos por estudio, por observación, porque razonamos, porque deducimos, porque inducimos, por experiencia. Dios no deduce nada: ya lo sabe. Dios no induce nada: ya lo sabe. Dios no necesita experiencia. No es que "yo tuve una experiencia con el pueblo de Israel". No, no, no, no. Él conocía lo que Israel viviría antes de que lo viviera.
Tozer dice también que Dios conoce todas las cosas instantáneamente, a diferencia de ti y de mí. Nosotros aprendemos progresivamente: vamos a la universidad y tomamos Cristianismo 101, Cristianismo 102, Matemáticas 101 o 102, Cálculo 1 o Cálculo 2. No. Dios no tiene crecimiento progresivo. Todo lo que sabe, lo sabe completamente, perfectamente, eternamente. Dios dice en el Salmo 147:5 que su conocimiento es infinito. ¿Tú sabes lo que es infinito? No nos hagamos, porque lo finito no tiene idea de lo que es lo infinito. El conocimiento de Dios no tiene dónde parar.
Escucha a este otro autor, Sam Storms: "Dios no solamente conoce lo que ha ocurrido en el pasado en cada lugar de su vasto dominio, y no solamente está enterado acerca de cada cosa que está ocurriendo a través del universo entero, sino que también Dios está en conocimiento de cada evento, desde el más pequeño al más grande, que acontecerá en todos los tiempos por venir. El conocimiento de Dios del futuro está tan completo como su conocimiento del pasado y del presente".
Me voy a parar un momento. O sea, Dios conoce el pasado completamente, Dios conoce el presente completamente, y Dios conoce el futuro, que no ha ocurrido, tan perfectamente como el pasado y el presente. ¿Estás conmigo o te perdí? Qué bueno.
Ahora, ¿por qué Él conoce el futuro tan perfectamente como el pasado y el presente? Porque el futuro depende de Él completamente. Él lo controla, lo diseña, lo dirige, lo maneja. Cuando tú reflexionas acerca de este Dios, eso deberá llevarte a una actitud de humildad, porque te das cuenta de lo poco que sabes, de lo que sea que tú crees que sabes. Si yo pienso en teología, sé poco al lado de Dios. Si pienso en medicina, sé muy poco al lado de Dios. Si pienso acerca de los seres humanos, sé poco al lado de Dios. Es más, si pienso acerca de mí, yo sé poco acerca de mí comparado con todo lo que Dios sabe.
¿Tú estás entendiendo lo increíble? Es que Dios me conoce de esa manera, y conociéndome de esa manera —mi pasado, mi presente, mi futuro, mi debilidad, mis tropiezos, mis errores— todavía, todavía me dio a su Hijo, en una cruz, que derramó sangre para perdonar mis pecados, de manera que yo pueda llegar y entrar en gloria y pasar la eternidad con Él. De eso es que el salmista está asombrado.
¡Wow! Y al final, si volvemos a ver: el salmista está asombrado porque Dios conoce todos mis pensamientos, todos mis sentimientos, todas mis palabras, todos mis movimientos, todas mis intenciones. Y si eso es verdad, eso deberá llevarnos a vivir de una manera más santa, más piadosa, más en la luz.
Viera llevarnos a vivir con un temor más reverente. Mira lo extraordinario de nuestro Dios: Dios conoce todas las tentaciones que han llegado a mi vida, pero no solo eso, Él conoce todas las tentaciones que no llegaron porque evitó que llegaran. No solamente eso: Dios conoce todas las tentaciones que te llegarán en el día de mañana, pero también conoce las que te llegarán en el día de mañana que tú pudieras resistir, y por eso te llegaron, pero que no resististe, y por eso hiciste lo que hiciste. Dios las conoce, pero también conoce las que podrían llegar en el día de mañana y no van a llegar porque se va a meter en el medio a favor tuyo, porque Él está por ti.
¡Wow! La misma doctrina del conocimiento de Dios que nos hace vivir con cierto temor es la doctrina que debiera llevarte a vivir con seguridad, reconociendo que nada escapa al conocimiento y al control del Dios que está de tu lado. Es la clave. Es importante que nosotros podamos entender su omnisciencia, porque me lleva a conocerlo y adorarlo de una manera diferente.
Pero también es importante porque dentro de la iglesia surgen movimientos completamente contrarios. Hace unos años —aunque ya tiene unos buenos años— se levantó este movimiento que no se ha ido: la teología abierta, o teología del proceso, que habla de que Dios no conoce el futuro, que Dios no conoce lo que va a pasar, que la Biblia en ningún momento enseña que Dios conoce el futuro. No sé cuál Biblia leen ellos. Hablan de que la soberanía de Dios se ve limitada con la creación de personas libres como nosotros, con libre albedrío. Algunos hablan de que el poder de Dios llega hasta donde comienza la voluntad del hombre, ¿en serio?, y que Dios mismo estableció ese límite. Hablan de que el conocimiento de Dios es limitado al pasado y al presente, porque Dios no puede conocer las decisiones que nosotros, como gente libre, vamos a tomar en el día de mañana.
¿Cómo que no las conoce si las controla? En Jerusalén se reunieron Pilato y Herodes, los judíos y los gentiles, para hacer todo cuanto tu mano había decidido previamente que ocurriera, cuando sacrificaron al Santo. Entonces agregan que Dios está siempre dispuesto a cambiar su plan si el plan A no funciona, y entonces Él tiene un plan B. Proponen que las profecías están basadas en lo que Dios espera que probablemente ocurra, dado una serie de circunstancias que Él conoce, pero que no hay garantía de que ocurra. No, no, no. El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará. Dios primero deja de ser Dios antes de que sus palabras fracasen o fallen. Imposible. Y tú sabes la imposibilidad de que Dios deje de ser Dios. La teología abierta es un desafío a lo que es la omnisciencia y la omnipresencia de Dios.
Ahora, si nosotros somos honestos, en nuestra naturaleza caída tenemos que admitir que, dada nuestra naturaleza caída y dada la manera como muchas veces hemos caminado, al ser humano no le gusta la idea de tener un Dios que conoce todos sus pasos, todos sus movimientos, todos sus pensamientos, todas sus intenciones, todas sus decisiones, todas sus palabras, todos sus planes, todos sus deseos, todos sus motivos. Y no nos gusta; esto hace sentir incómodo. Al salmista, en cambio, le encanta la idea. Él está contento de conocer a ese Dios que tiene esa omnisciencia.
Dios usa entonces su omnisciencia para tomar decisiones, y toma las decisiones de acuerdo a su sabiduría, una sabiduría que pudiéramos definir como la habilidad de diseñar planes perfectos y de realizarlos a través de los mejores medios. Dios necesita omnisciencia para trabajar sabiamente a lo largo del universo. Entonces, dada la omnisciencia de Dios y su sabiduría, sus obras no pueden ser mejor hechas. Pero, ¿cómo va a ser posible, pastor? La venta de los hermanos de José, la crucifixión de Cristo: altamente pecaminosas, amargas acciones. Sin embargo, si tú esperas a que llegue la historia final al cielo, yo te cuento: tú te darás cuenta de que no podían ser mejor hechas. De hecho, ni siquiera se podía imaginar algo mejor que el plan y el propósito que Dios estableció. Es imposible separar la sabiduría de Dios de su omnisciencia; la sabiduría se basa precisamente en la omnisciencia que Él tiene.
El apóstol Pablo, que estuvo entre el cielo y que está revisando en Romanos —del capítulo 1 al 11— el plan de redención de Dios, queda tan maravillado que exclama en doxología: "¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues ¿quién ha conocido la mente del Señor? ¿O quién llegó a ser su consejero? ¿O quién le ha dado a Él primero, para que se le tenga que recompensar?" Nadie. ¡Oh sabiduría de Dios! ¿Cómo salvaste al pueblo gentil? ¿Cómo salvaste al pueblo judío? A través de una cruz, débil y ensangrentada, a través de un instrumento de maldición, trajiste la mayor bendición. Eso es lo que hace que el salmista exclame: "¡Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; no lo alcanzo, no lo entiendo!"
Luego el salmista continúa ahora con la omnipresencia de Dios, en los versículos 7 al 10: "¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿O a dónde huiré de tu presencia?" La respuesta es obvia: a ningún sitio. Pero David —si fue su autor, que es lo que creemos— está tratando de ilustrar en términos prácticos para quienes quizá no están entendiendo la pregunta: ¿a dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde me iré de tu presencia? Aquí viene la parte práctica: "Si subo a los cielos, ahí estás Tú." Obviamente. "Si en el Seol preparo mi lecho, allí Tú estás." Yo estoy en el infierno, lo que no está es su gracia. "Si tomo las alas del alba y habito lo más remoto del mar…"
Escucha, porque yo creo que hay versículos que son clave para entender la intención del salmista. Escucha lo que él dice: "Si habito lo más profundo del mar, aun allí me guiará tu mano y me tomará tu diestra." Tú estás bien. Lo que se me está diciendo es: aun si me pierdo, si me voy al fondo del mar tratando de salir corriendo, allí Tú vas a extender tu mano y me vas a traer; me tomará tu diestra, me guiará tu mano. ¿Recuerdas la última línea de una de las canciones que cantamos? "Al que es tuyo nunca dejarás perder." No, porque no importa a dónde yo me vaya, Tú sales a buscarme; Tú tienes que rescatar, Tú eres capaz en tu bondad de rescatarme a mí de mí. ¿Tú entiendes? Que Dios tiene que rescatarme a mí de mí. Las veces que yo he orado eso, he orado con los pastores y por los pastores.
Básicamente estas son diferentes formas de referirse a la omnipresencia de Dios: cuando habla del cielo, del Seol, del fondo del mar, es la misma cosa. Dios reveló en la inauguración del templo que Dios no puede ser contenido en ninguna casa humana, en ningún templo humano, que ni el cielo de los cielos pueden contenerlo. Él es infinito, trascendente, está fuera del tiempo y del espacio, pero penetra todo el espacio y penetra todo el tiempo y lo controla también. Él es trascendente, por encima de todo, y al mismo tiempo es inmanente, con nosotros, cercano a nosotros, tan cercano que vive en nosotros. Un Dios infinito que de alguna forma se las ingenia para vivir dentro de personas finitas.
No hay lugar donde Dios no esté presente, hermano. No hay lugar. "Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno", porque no importa si estoy a punto de morir, ahí Tú estás. Si subo a los cielos, ahí estás. Si voy al Seol, ahí estás. En el cielo, los ángeles están en la presencia de Dios y disfrutan de Dios, alaban a Dios, adoran a Dios. Pero en el infierno, los condenados, cuando experimentan la presencia de Dios, hay llanto y crujir de dientes. Dos reacciones completamente diferentes, porque la presencia de Dios puede ser motivo de gran contentamiento para aquellos que caminan con Él, o de gran resentimiento para aquellos que se han alejado de Él.
Un número de veces me ha tocado hablar con personas que se apartaron, y con frecuencia al hablar revelan el resentimiento que experimentaron durante esa alejandría. Pero Dios no estaba lejos de ellos, porque es omnipresente. ¿A dónde vas a ir? Jonás corriendo de Dios, y tú conoces la historia: en la barca sin contrato con Dios, y Dios lo encontró. Dios levanta la tormenta, lo tiran al agua; en la tormenta se encontró con Dios. Por eso no lo ahogó el pez, se lo tragó; en el estómago del pez se encontró con Dios, porque ahí le habló a Dios, le oró a Dios, y Dios le respondió. Cuando el pez lo vomitó en la costa, se encontró con Dios. Cuando llegó a Nínive, ahí se encontró con Dios, porque Dios le habló y le preguntó: "¿Cuál es tu problema? ¿Tú sigues enojado?" Mira como Jeremías —o Dios en Jeremías— en Jeremías 23:23-24: "¿Podrá alguien esconderse en escondites de modo que yo no lo vea?, declara el Señor. ¿No lleno yo los cielos y la tierra?, declara el Señor."
Dios, de forma distinta, proclama su omnisciencia, su omnipresencia, y ahora a través de Jeremías dice: "¿A dónde piensa alguien ir a esconderse, dónde huir? ¿No lleno yo los cielos y la tierra?" Por eso siempre, hermano, siempre, por esa omnipresencia, siempre habrá uno más entre las llamas, y siempre habrá uno más sobre las aguas, como Pedro experimentó, y uno más entre las llamas, como los tres en medio del horno de Daniel. Y quizás tus niños pequeños —los niños todavía sienten temor y piensan que les va a aparecer un fantasma, sobre todo si se ponen a ver lo que no deberían ver—, en vez de amedrentarlos con el cuco, puede que llegue el momento de decirles: "Hijo, hija, recuerda que siempre habrá uno más entre las aguas contigo."
Y me está continuando la idea: "Si tomo las alas del alba y habito lo más remoto del mar, allí me guiará tu mano y me tomará tu diestra." Para Dios, conocerlo todo tiene que estar en todo lugar. Para Dios poder ser omnipotente y capaz de hacer lo que Él desea hacer, Él necesita conocerlo todo y estar en todo lugar, para entonces poder hacer lo que Él quiera, donde Él quiera. Y así, conociéndolo todo…
Estando en todo lugar, puede hacer todo lo que Él quiere. Ahora déjame aclarar algo, porque hay pasajes de la vida que nos dan la idea de como que Dios se distancia, y de repente uno puede decir: "Pero, ¿Él no es omnipresente?" Entonces déjame llamar este pasaje. Se halla en Isaías 59, y continúa: "Pero las iniquidades de ustedes han hecho separación entre ustedes y su Dios, y los pecados le han hecho esconder su rostro para no escucharlos." ¿Qué pasó? No, no es que de donde quiera que yo estuviera Dios estaba y no vale, está ahí. Es simplemente un lenguaje antropomórfico, una forma de hombre, para dejarte saber que ocasionamos en nuestras vidas pecados en que Dios te deje sentir —y esa es la palabra clave: sentir— como una separación entre Él y tú y yo, de manera que yo pueda regresar a buscarlo para encontrar lo que antes tenía, que había perdido. Y que Dios, a veces, aunque oye las oraciones, decide no responderlas por la misma razón. Pero no es que Dios se ha distanciado geográficamente; no, para nada.
Ahora David pasa a otra área de la omnisciencia, que tiene que ver con la noche y la oscuridad. Pero antes de leer lo que él dice, déjame leer un pasaje de Isaías que quizás es la idea que David tiene en su mente en este momento. No es que David tuviera el pasaje, porque David escribió antes que el profeta Isaías, pero quizás la idea. En Isaías 29:15-16 leemos: "¡Ay de los que van muy hondo para esconder sus planes al Señor, y realizan sus obras en tinieblas, y dicen: '¿Quién nos ve?' o '¿Quién nos conoce?'! ¡Qué equivocación la suya!" Quizás lo que David tiene en mente es justamente esa idea de los hombres en el pasado, igual que en el presente, que piensan que en la oscuridad, en medio de la oscuridad, en la noche, somos menos vistos. Yo creo que los niños hacen eso; los adolescentes a veces se escapan de sus hogares en la noche, como si en la oscuridad se sintieran cubiertos. Y Dios dice: "Realizan sus obras en tinieblas y dicen: '¿Quién nos ve? ¿Quién nos conoce?' ¡Qué equivocación la suya!"
Yo creo que quizás a esa idea es a la que David se está refiriendo en los versículos 11 y 12, cuando dice: "Si digo: 'Ciertamente las tinieblas me envolverán, y la luz a mi alrededor será noche', ni aún las tinieblas son oscuras para Ti, ni la noche brilla como el día; las tinieblas y la luz son iguales para Ti." No hay lugar oscuro, no hay tinieblas; todo es de día. Tu mirada lo penetra todo de la misma manera.
Dios no ve como nosotros. Yo explicaba esta mañana que nosotros tenemos en el ojo células distintas para ver a la luz del sol y células para ver durante la noche, o células para ver en la oscuridad y células para ver en la luz. A las células para ver en la oscuridad les llamamos bastones: 100 o 120 millones de bastones para ver en la oscuridad. Y tenemos entonces otra serie llamada conos, unos 7 millones, para ver durante el día y poder distinguir los colores. Y cuando nosotros entramos a un área de oscuridad, el cerebro comienza a percatarse de que falta luz y comienza a producir —el organismo comienza a producir— una sustancia que se llama rodopsina, que es capaz de aumentar la visión hasta 100 mil veces. Dios me dice: "¿Visión aumentada? Yo no necesito rodopsina. Yo no tengo conos ni bastones ni de ningún tipo. Yo, de hecho, ni siquiera veo con ojos humanos."
Y todavía me sorprende el conocimiento tan íntimo que este hombre tiene de ese Dios, con menos conocimiento que nosotros. "Las tinieblas no son oscuras para Ti; las tinieblas y la luz son iguales para Ti." La omnipresencia y la omnisciencia de Dios se combinan en su sabiduría para ver lo mejor, diseñado para nosotros.
Luego David pasa a un terreno que no voy a cubrir por falta de tiempo, que tiene que ver con la omnipotencia de Dios y tiene que ver mucho con lo que ya cubrimos la semana pasada, pero también tiene que ver mucho con la sabiduría de Dios, donde él habla de cómo Dios te escudriña, cómo Dios entreteje al embrión —esa es realmente la palabra que aparece en el hebreo; embrión no es la palabra, porque esa palabra no existía en esa época— un grupo de células tan temprano como eso. Cómo Dios comienza a entretejer ese embrión: "En tu libro fueron escritas todas aquellas cosas", ahí hay omnisciencia; "me entretejiste", ahí hay omnipotencia. Pero no tengo tiempo para llegar a eso.
David sabe que nuestro pecado nos ha engañado, y esto es como él termina, porque él termina su salmo de una manera similar a como comenzó. Escuchemos el versículo 23: "Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno." En esta última porción, David le está pidiendo a Dios, ya para cerrar, un escrutinio de su vida, que lo revise. Dios lo conoce desde el principio, y él está pidiéndole a Dios que, por un lado, le revele sus inquietudes: "Tú conoces aquello que me atormenta, que me preocupa, quizás cosas del diario vivir, pero quizás cosas incluso de su propio pecado del pasado reciente; Tú que conoces esas inquietudes." Al mismo tiempo continúa: "Sigue ese escrutinio y mira si hay algo malo en mí todavía, si hay camino malo", como lo llama David.
David estaba consciente de lo perverso que es el pecado en nosotros, y de que nosotros no estamos apercibidos de eso. La realidad es que tu pecado es capaz de engañarte a ti y a los demás al mismo tiempo. No solamente tu pecado: mi pecado también es capaz de engañarme a mí y a otros al mismo tiempo. El pecado es la cosa más engañosa con la que nosotros pudiéramos lidiar. Y si David compuso este salmo por casualidad después de su experiencia con Betsabé, con más razón él vivió una experiencia que en este caso tendría que estar muy viva en su pensamiento, y sabía cómo él fue engañado, cómo él fue seducido en el pasado, y cómo eso no le agradó a Dios. Y por consiguiente, ahora está diciendo: "Señor, yo necesito que me escudriñes."
Y en la misma manera, tú necesitas que Dios te escudriñe; yo necesito que Dios me escudriñe. Y en este caso le vamos a pedir a Dios, como David, que pueda examinar tu corazón y ver qué inquietud hay en ti, ya sea de un tipo o de otro. No importa: puede ser cosas acerca del mañana que tú todavía no sabes qué vendrá, o cosas del presente, o cosas del pasado, o pecados pasados, cosas que te inquietan. Pero al mismo tiempo puede haber en nosotros todavía algo de camino malo. El camino malo es una dirección en la que yo voy que es contraria a la voluntad de Dios, que no agrada a tu Dios, que no agrada a mi Dios, y solamente Él lo ve, solamente Él lo sabe, solamente Él lo conoce, porque yo estoy engañado. Y yo necesito que Dios me revise.
Pero el salmista está haciendo esto desde una perspectiva positiva: como él conoce a Dios, conoce su amor, conoce su misericordia, y él sabe que el único que lo puede limpiar es Dios. Y él está orando de una manera confiada. Por eso yo quiero cerrar esta exposición del día de hoy con una cita de James Montgomery Boice, en su comentario. Escucha con detenimiento, porque después yo quisiera que oráramos.
"¡Bendito el cristiano que ora de esta manera, como David! Está vacío de todos sus días, se coloca a sí mismo en la presencia del Dios que todo lo conoce, que se separa en su luz, y está dispuesto a que cualquier cosa y cada cosa de su vivencia sea traída a la luz para ser juzgada por Dios. Ese es el verdadero caminar en la luz. Aún los pensamientos necesitan ser tratados así", y en el Nuevo Testamento, dice Boice, "es expresado de esta manera en este versículo: 'Llevando cautivo cada pensamiento a la obediencia de Cristo' (2 Corintios 10:5). Si hacemos esto, entonces existe la posibilidad de poner a un lado cualquier cosa que ofenda a Dios y a su Espíritu, para ser guiados en el camino eterno."
Gracias, Señor, por tu Palabra; gracias por tu guía; gracias por tu enseñanza; gracias por descubrirnos, aun cuando nosotros no queramos ser escudriñados. Señor, bendícenos, dirígenos; haznos veraces, honestos contigo, luego con otros, con nosotros mismos. Yo te pido que esto que hemos sembrado hoy pueda germinar, que después que andemos inmediatamente después de terminar esta exposición, podamos, aún siendo reforzados todavía más sobre el mensaje a través de la canción, volver a orar para que Tú puedas trabajar en nosotros, e ir a hacer cosas hoy que quizás nunca antes habíamos hecho. Lo podemos en Cristo Jesús.
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