IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Cuando el pueblo judío regresó del exilio en Babilonia para reconstruir el templo, los enemigos aparecieron de inmediato. Esta realidad contiene una lección que atraviesa toda la Escritura: cada vez que Dios inicia una obra, la oposición surge proporcionalmente a la magnitud de lo que Él se propone hacer. El trabajo de Dios nunca ha sido hecho sin resistencia significativa, desde el jardín del Edén hasta la tentación de Cristo en el desierto. De hecho, la ausencia de oposición es mejor evidencia de que Dios no está en medio de un proyecto que lo contrario.
Lo que resulta revelador es cómo se presentó esa oposición. Los samaritanos llegaron a Zorobabel con apariencia de piedad, ofreciendo ayuda para edificar el templo y afirmando que también adoraban al Dios de Israel. Pero Zorobabel conocía la historia: aquella gente había aprendido a adorar a Jehová sin abandonar sus propios dioses. Por eso la respuesta fue tajante: "No tenéis nada en común con nosotros". El pueblo había aprendido en setenta años de exilio que el yugo desigual fue precisamente lo que los llevó a Babilonia.
Cuando la infiltración falló, vino el desánimo; cuando el desánimo no funcionó, llegó la intimidación; cuando la intimidación no bastó, contrataron consejeros para frustrar sus propósitos durante años. El pastor Núñez advierte que la oposición no merma con los primeros esfuerzos de resistencia. Pero cada vez que sintamos desánimo o temor, debemos recordar que eso no viene de Dios. La paz no es ausencia de conflicto, sino la seguridad de que cuando todo está fuera de control, Dios permanece en su trono.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Esdras capítulo 4, para continuar nuestra serie, a la que hemos titulado "El regreso: la clave del avivamiento". Esdras capítulo 4. Yo quiero leer los primeros cinco versículos y entonces pausar para orar y pedirle a Dios su dirección. Esdras 4, versículos 1 al 5.
"Cuando se enteraron los enemigos de Judá y de Benjamín de que el pueblo del destierro estaba edificando un templo al Señor Dios de Israel, se llegaron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas y les dijeron: Vamos a edificar con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y le hemos estado ofreciendo sacrificio desde los días de Esarhadón, rey de Siria, que nos trajo aquí. Pero Zorobabel y los demás jefes de las casas paternas de Israel les dijeron: No tenéis nada en común con nosotros para que juntos edificquemos una casa a nuestro Dios, sino que nosotros unidos la edificaremos al Señor Dios de Israel, como nos ordenó el rey Ciro, rey de Persia. Entonces el pueblo de aquella tierra se puso a desanimar al pueblo de Judá y a atemorizarlos para que dejaran de edificar. Y tomaron a sueldo contra ellos consejeros para frustrar sus propósitos, todos los días de Ciro, rey de Persia, hasta el reinado de Darío, rey de Persia."
Padre, gracias por tu Palabra. La historia registrada, la manera en que tú te has mostrado a tu pueblo, la forma como tú te revelas a través de la vida de los hombres, y por la confianza que muchos siervos tuyos y siervas han depositado en ti, que hoy nos sirven para animarnos, teniendo ya una gran nube de testigos que nos sirven hoy para confirmar que tú eres un Dios digno de confianza. Permite que tu siervo pueda exponer tu Palabra de una manera que al final tú te hayas crecido en el corazón y en la mente de cada uno de nosotros, para tu honor y gloria. Predicamos, Dios, en Cristo Jesús.
Bien, este es el tercero de los mensajes de esta serie, y en los dos primeros habíamos cubierto los primeros tres capítulos del libro de Esdras. Hoy vamos a cubrir una parte significativa, quizás la parte más importante, del capítulo cuatro. Mientras más leo este libro, mientras más me detengo a reflexionar sobre las enseñanzas de este libro de Esdras y el de Nehemías, que es el siguiente, más entiendo que ciertamente esta serie no es una pura coincidencia en este momento en que nosotros estamos.
Nosotros hemos comenzado a abrazar nuevos horizontes, nuevos retos, nuevos desafíos. Ciertamente Dios ha comenzado a traer nuevas oportunidades a nuestras puertas, y en medio de todo eso hay algunas cosas que yo quisiera comunicarle a la congregación antes de que nosotros comencemos a adentrarnos aún más en este nuevo camino. Pero de todas esas, si alguien me preguntara: "¿Cuál es? Si usted tuviera que darnos solamente una, que hubiera de ser advertencia y de ancla en este inicio, ¿cuál sería o cuáles serían esas palabras?" Yo diría que son estas: preparémonos grandemente para encontrar oposición a lo largo de todo el camino, y nunca asumamos que la oposición es señal de que lo que estamos haciendo no es la voluntad de Dios. Más bien, lo opuesto es la regla. El trabajo de Dios nunca ha sido hecho sin oposición.
Recordemos que en los primeros tres capítulos la cosa lleva muy bien. El rey Ciro es movido por Dios, él da permiso, firma un decreto para que el pueblo judío se pueda regresar de Babilonia a Jerusalén. El pueblo de Babilonia es movilizado para proveer las cosas necesarias para el viaje. Los utensilios que el rey Nabucodonosor había extraído del templo fueron devueltos al pueblo judío para que ellos puedan regresarlos al templo y volver a adorar a su Dios. Ellos llegan al lugar, comienzan a celebrar su primera fiesta de los Tabernáculos, construyen el altar, y hasta ahí todo iba muy bien.
Pero ahora hay que construir el templo. Y tan pronto el templo comenzó a ser construido, se levantó la oposición. La tribu de Judá y la tribu de Benjamín son las dos tribus que fueron llevadas a Babilonia. Las otras diez habían sido llevadas a Siria en exilio, 140 a 150 años antes. Y ahora estas dos tribus regresan bajo la dirección de Zorobabel.
Y nosotros leemos lo siguiente en el versículo 1: "Cuando se enteraron, ¿quiénes? Los enemigos de Judá y de Benjamín, de que el pueblo del destierro estaba edificando un templo al Señor Dios de Israel." Y continúa el relato. Dios nos dice: esta gente acaba de llegar y ya tenía enemigos. Y tan pronto esos enemigos se enteraron de que esta gente acababa de regresar y quería construir un templo, se movilizaron y se acercaron a ellos. Satanás no va a escuchar que el pueblo está presto para construir el templo de Dios y se va a quedar con los brazos cruzados. Satanás es capaz de mover el corazón de los seres humanos; no podemos olvidar eso. Él movió el corazón de David cuando lo incitó a hacer un censo. Él movió el corazón de Pedro cuando en un momento dado se le opuso al Señor, y el Señor le reprendió y le dijo: "¡Apártate de mí, Satanás!" Y con toda probabilidad le ha movido el corazón mío y el corazón tuyo en algún momento para ser usado también.
Los enemigos de Judá y de Benjamín se levantaron, vinieron y se acercaron a ellos. Y yo quiero darte, de inicio para ilustrarlo con esta historia, el primer principio de seis o siete principios que yo quiero que te lleves hoy para tu casa.
Número uno: cada vez que Dios inicia un trabajo en ti o a través de ti, necesitas prepararte para una oposición. Escúchame, cuya intensidad y duración son proporcionales al alcance del propósito de la obra que Dios se propone hacer. En pocas palabras: a mayor la obra, a mayores las implicaciones de su obra, mayor será la oposición. El trabajo de Dios nunca, nunca ha sido hecho sin encontrar oposición significativa.
Eso comienza en el jardín del Edén, en el día seis de la creación. Dios crea a Adán y Eva, los pone en el huerto. Tan pronto Dios coloca a Adán y Eva en el huerto, Satanás hace su aparición, les hace oposición, los hace caer y trata de frustrar los propósitos de Dios. Dios saca a Moisés con el pueblo cuarenta años, y por cuarenta años Moisés tiene que enfrentar oposición continua, que en un momento dado llegó tan cerca como hasta su propia familia, cuando Aarón y Miriam se levantaron contra él. Cristo es llevado por el Espíritu Santo al desierto —dice Lucas 4, Mateo 4—, llevado, movido, empujado —dice Marcos de hecho—, empujado por el Espíritu Santo al desierto; en medio de la voluntad de Dios, inmediatamente apareció Satanás y lo trató por cuarenta días, tratando de hacerle caer.
Yo creo que la ausencia de oposición es mejor evidencia de que Dios no está en medio de ese proyecto, que lo opuesto. Si Satanás logra que yo abrace su propósito, ¿para qué va a Satanás oponerse a sus propios propósitos? Es cuando yo abrazo el propósito de Dios que él quiere hacerme oposición. Nosotros no podemos olvidar que vivimos en territorio ocupado por el enemigo, y cuando yo comienzo a obedecer a mi Señor, eso no es garantía de que el enemigo dejará de atacarme y de hacerme la resistencia que él siempre le ha hecho al pueblo de Dios.
Número dos: el enemigo no solo se va a oponer al trabajo de Dios, sino que al presentarse, siempre lo hará con apariencia de piedad. Pero si escuchamos sus palabras con detenimiento y discernimiento, nosotros vamos a descubrir con frecuencia la falsedad de sus intenciones.
El versículo 2 dice que los enemigos se llegaron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas y les dijeron: "Vamos a edificar con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y le hemos estado ofreciendo sacrificio desde los días de Esarhadón, rey de Siria, que nos trajo aquí." Nota cómo esta gente es identificada como enemigos en el versículo 1, pero en el versículo 2 ellos no suenan como enemigos. Ellos vienen y le dicen: "Nosotros queremos edificar, ayudarte a edificar la casa de vuestro Dios. Nosotros hemos estado adorando también, y lo hemos estado adorando desde el tiempo en que el rey Esarhadón nos trajo aquí." Es como que imagínate que tú te mudas a una nueva casa y el vecino viene ahora a ayudarte y te dice: "Vecino, yo quiero ayudarlo, yo quiero ayudarte a arreglar el patio." Lo más natural es que tú le des las gracias y aceptes su ayuda. Pero tú tienes que conocer toda la historia detrás, y yo quiero darte a conocer un poco de la historia detrás de esta gente que vino a ayudar.
¿Por qué esta gente había sido traída desde Esarhadón? Había sido colocada en el área de Palestina, donde las diez tribus fueron desplazadas, para repoblar el área. Ellos se mezclaron con judíos y formaron los samaritanos. Los samaritanos son los que se acercan ahora a los judíos y les ofrecen la ayuda. Cuando ellos vinieron de Asiria, resulta que por un tiempo se desató entre ellos una plaga, si pudiéramos decirlo así, de ataques de leones. Ellos intuyeron que estaban en conflicto con el Dios de la tierra y necesitaban reconciliarse con él.
Déjame relatarte la historia completa. 2 Reyes 17:24 en adelante: "Y el rey de Asiria trajo hombres de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria en lugar de los hijos de Israel; y tomaron posesión de Samaria y habitaron sus ciudades. Y aconteció que, como al principio de habitar ellos allí, no temieron al Señor; el Señor envió leones entre ellos, que mataron a muchos de ellos."
Entonces hablaron al rey de Asiria diciendo: "Las naciones que has llevado al destierro a las ciudades de Samaria no conocen las costumbres del Dios de la tierra. Por eso ha enviado leones entre ellos, y aquí los leones los matan, porque ellos no conocen la costumbre del Dios de la tierra." Y el rey de Asiria ordenó diciendo: "Llevad allá a uno de los sacerdotes que llevaste al destierro, y que él vaya y habite allí, y que les enseñe la costumbre del Dios de la tierra." Y vino uno de los sacerdotes que habían llevado al destierro de Samaria, y habitó en Betel, y les enseñó cómo habían de temer al Señor, a Jehová. Pero cada nación continuó sirviendo a sus propios dioses, y los pusieron en las casas de los lugares altos que los samaritanos habían hecho, cada nación en las ciudades en que habitaban.
Esto es lo que está ocurriendo: los asirios intuyeron que estaban mal con el Dios de ese lugar. Le pidieron al rey que trajera a alguien que les enseñara a llevar las costumbres del Dios del área de Jehová. El rey les mandó un sacerdote judío de los que se habían llevado al destierro de Asiria. Él regresó, llegó al área de Betel y les instruyó en cuanto a cómo adorar a Jehová. El problema es que el texto dice que ellos, aunque aprendieron a adorar a Jehová, no dejaron de adorar a sus propios dioses.
Y nosotros tenemos que cuidarnos de que no nos ocurra la misma cosa. Que nosotros, al ser sacados de las tinieblas a la luz admirable, no pasemos de incrédulos a creyentes, que no pasemos a las filas de la familia de la fe cristiana y abracemos a Cristo como el nuevo y único Señor, sin dejar de abrazar nuestros viejos dioses. Esos dioses van a ser diferentes dependiendo de nuestro trasfondo. Para algunos quizás sean logros, títulos, reconocimientos, música, posiciones; no sabemos. Pero con frecuencia eso es exactamente lo que ocurre: aprendemos a adorar a Cristo, el nuevo Dios que ahora reina en nosotros, pero no queremos todavía dejar de adorar los dioses anteriores. Y cuando hacemos eso, nos parecemos a estas naciones.
Esta gente fue abordada por personas que aparentemente tenían buenas intenciones y que decían conocer a su Dios, pero no se acercaban a Él en sus propios términos. Y lo cierto es que cuando ellos dijeron "adoramos a vuestro Dios y le hemos ofrecido sacrificio desde los días del rey tal", ella no estaba mintiendo del todo, pero no era toda la verdad. Y eso es uno de los problemas de la táctica de Satanás: que él logra mezclar parte de la verdad con parte de la mentira, y la parcialidad de la verdad me hace creer que tengo toda la verdad.
De hecho, reflexionando sobre este texto y lo que acabo de decir, puedo reconocer que por experiencia personal, en ocasiones cuando Satanás ha logrado confundirme, ha sido haciendo exactamente eso. Conociendo yo parte de la verdad, o un gran segmento de la verdad, él ha logrado introducir en mi mente distorsiones, exageraciones y verdades parciales, y cuando estas se mezclan con la verdad, ya no estoy en la verdad de Dios. Y eso es uno de los grandes problemas.
Cuando tú lees la historia de Job, tú descubres varias cosas. Cuando lees los discursos de los tres amigos de Job, hay grandes segmentos de verdad en cada uno de ellos con relación a Dios, pero están mezclados con porciones de mentira, y eso hace que Dios los reprenda a todos. Pero Job no es el único que cae en ese error. Job, un hombre intachable de acuerdo a Dios, es reprendido por Dios también al final. Y cuando tú escuchas las palabras por las cuales Dios le reprende, encuentras nuevamente grandes porciones de verdad bíblica mezcladas con el error, y es la parcialidad de la verdad la que nos hace creer que estamos en la verdad de Dios. Esa es una de las artimañas de Satanás, como frecuentemente nos engaña.
Esta gente vino con una verdad parcial. Pero escucha ahora cómo Zorobabel y Jesúa respondieron a esta oferta de ayuda, en el versículo 3: "Zorobabel y Jesúa, y los demás jefes de las casas paternas de Israel dijeron: No tenéis nada en común con nosotros para que juntos edifiquemos una casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos al Señor, Dios de Israel, como nos ordenó el rey Ciro, rey de Persia."
Escucha esto: esta respuesta no tiene nada de diplomática, nada de amable, nada de gentil. Te acuerdas del vecino del que te hablaba, que quizás vino a ayudarte a arreglar el jardín. Imagínate que ese vecino viene y te dice: "Yo sé que acabas de mudarte, yo quiero ayudarte a arreglar el jardín", y tú le dices: "No, no tienes nada en común conmigo." Lo más lógico sería que ese vecino dijera: "¿Y esta gente de dónde vino, y qué fue lo que le ofrecí?" Pero Zorobabel conoce la historia. Él sabe, Jesúa también y los jefes de las casas paternas, que acaban de regresar de 70 años de exilio en Babilonia precisamente por haberse unido en yugo desigual y haber violado la palabra de Dios. Y eso es lo que ellos no están dispuestos a hacer.
Tú no escuchas una respuesta como: "Bueno, tú sabes que acabamos de llegar, el trabajo es bastante, y como tenemos tanta gente, si no te vamos a necesitar más tarde te avisamos." No. Ni ahora ni después, no tenemos nada en común. Tú tienes que entender que esta gente ha aprendido algo que antes no había llegado a aprender. Y aquí aparece la tercera lección, el principio con el que yo quiero dejarte hoy: el pueblo de Dios no puede unirse en yugo desigual con personas no creyentes, porque eso viola la Palabra de Dios, y luego, más tarde, violará todos los demás principios de la Palabra.
La táctica del yugo desigual es esta: no es que dejes de adorar a Dios. No, no, no, no. Sigue adorando a tu Dios, pero no tienes que ser tan radical; puedes también abrazar estos otros dioses menores. Es la dilución de la verdad y de la pasión. Cuando tú lees las cartas de C. S. Lewis, las Cartas del Diablo a su Sobrino, son 31 cartas escritas por Escrutopo, un demonio con experiencia, a su sobrino Orugario, que no tiene experiencia, y toda la trama detrás de las cartas es enseñarle cómo desviar a los hombres. En una de estas cartas el tío le dice a su sobrino: "¿Sabes una cosa? Una religión diluida es mucho mejor que ninguna religión."
Satanás sabe que el hombre es eminentemente religioso. Mejor hacemos una especie de sincretismo entre la verdad y el error, y hacemos creer que como tienen parte de la verdad, están en la verdad. Les hacemos creer entonces que ciertamente tienen una relación personal con Dios cuando todo el tiempo no la han tenido, y los hacemos llegar hasta la condenación eterna creyendo haber tenido una relación salvífica con Dios. Lo que nosotros no podemos olvidar, y que estos samaritanos quizás no habían llegado a entender, es que Dios no solamente requiere una relación personal con Él, sino que requiere una relación exclusiva con Él. Y el pueblo judío lo aprendió después de 70 años en el desierto. Eso es un principio que está afirmado en el Nuevo Testamento.
Esta gente que acaba de llegar de Babilonia no está dispuesta a trabajar en yugo desigual, algo que muchos cristianos hoy en día sí están dispuestos a hacer. La enseñanza del Nuevo Testamento no es exclusivamente para novios, novias, esposos y esposas; yo no sé de dónde hemos obtenido ese principio. Nosotros vemos a lo largo de toda la historia del pueblo de Dios la preocupación de Dios para que su pueblo no entre en yugo desigual, porque Dios no solamente está interesado en la influencia que un novio o esposo me pueda hacer, sino que está interesado en la mala influencia que cualquier persona con quien yo esté relacionado me pueda hacer. La Palabra dice "las malas compañías", y nota que no dice "los novios y esposos". Las malas compañías corrompen las buenas costumbres, no importa quiénes sean ellas.
La manera como el apóstol Pablo lo dice en 2 Corintios 6:14-17 es esta: "No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tiene la justicia con la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: Habitaré en ellos y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por tanto, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré."
Hermanos, como pastor, yo sé que algunos de ustedes han estado cosechando las consecuencias de haber entrado en yugo desigual: quizás en una amistad, quizás en el matrimonio, quizás en el mundo de los negocios. Y eso me duele. Pero les voy a decir qué me duele aún más, y lo comentaba con el primer grupo: mientras más años voy adquiriendo, mientras Dios va formando más aún el corazón de pastor en mí, más me duele en las ovejas. Y lo que más me duele es cuando ovejas del redil han entrado en yugo desigual, han ido a su propio destierro en Babilonia por un periodo determinado, han pagado el precio, se cumplieron sus 70 años simbólicamente hablando, salieron de la esclavitud, y hoy en la libertad están a punto de entrar en la misma relación de yugo desigual que las metió en problemas en el primer lugar.
Tú no sabes cuánto me carga esa situación, porque sabemos que las consecuencias de la segunda caída son peores que las de la primera. No puedes hacer eso. Recuerda una cosa: la naturaleza de algo determina su asociación. Los gatos se reúnen con gatos. Los perros y los gatos frecuentemente se pelean; no tienen la misma naturaleza. Los perros con perros, los caballos con caballos. El día que tú naciste de nuevo, Pedro nos dice que fuimos hechos copartícipes de la naturaleza divina. Esa nueva naturaleza, ¿qué tiene en común con la naturaleza de los incrédulos? Eso es exactamente lo que Pablo dice, estableciendo el contraste entre unos y otros.
Escucha cómo Pablo dice qué tienen en común, qué asociación hay entre la justicia de Dios y la iniquidad, entre la luz con las tinieblas, entre Dios con Belial, entre el templo de Dios que somos nosotros y los ídolos, o entre el creyente y el incrédulo. ¿Qué hay en común? Y nosotros necesitamos recordar eso porque estamos en un tiempo crucial de la iglesia.
Bueno, quizás hay algunos pensando: "Bueno, pastor, pero honestamente yo he estado en este yugo desigual, de negocio, de amistad, de lo que sea, y yo no he sufrido ninguna consecuencia, todavía." Espera la próxima generación. Esperemos el precio de descansarnos en estas sillas de Dios y en estas sillas del mundo, porque algo que sabemos es que cuando tiene que ver con el pecado, la próxima generación siempre hace peor que la anterior. No podemos tomarnos ese riesgo.
"Bueno, pastor, yo no lo veo así." Ese es el problema. Ese es el problema. Porque no se trata de cómo yo lo veo; el problema está en que yo no lo veo como Dios lo ve, yo no lo veo como Dios lo ha revelado. El problema está en que yo no estoy dispuesto a obedecer la revelación de Dios.
Pero esto no va a quedar así. Jesúa y el resto de ellos aprendieron la lección, y ellos rechazaron la ayuda ofrecida. Yo no creo que Zorobabel y Jesúa tenían una cantidad enorme de personas dispuestas a ayudar. No, yo creo que era igual que hoy: que el 20% de las personas hace el 80% del trabajo. Bueno, con ese 20% yo digo que ellos pudieran haber dicho: "Si no faltan, no faltan manos. Vengan, gracias por la ayuda." No. "No tenemos nada en común para comenzar a edificar este templo." Y prefirieron entonces enfrentar las dificultades que pudieran llegar.
"Bueno, pastor, pero una vez que ellos hicieron esa decisión, debió de ser agradable a Dios, digna de Jesúa, debieron haberles salido las cosas muy bien." Enorme error. ¿Quién ha dicho eso? Eso no está en la revelación de Dios. Nosotros no tenemos una ecuación que es como fabricada en el cielo de ocasiones: el carácter benevolente de Dios más mi obediencia igual a ninguna dificultad.
Y cuántas veces en el salón de consejería yo no he oído: "Pastor, pero yo no entiendo a Dios." "¿Qué no entiendes?" "Ahora que estoy diezmando, ahora que tengo problemas económicos." ¿Y quién ha dicho que diezmar va a resolver nuestro problema económico? La obediencia que está esperando que le arregle su mundo no es obediencia, es conveniencia. Es algo egoísta, centrado en mí, en mis intereses. Si mi obediencia garantizara la no dificultad, el hombre más obediente del mundo no lo hubieran clavado en una cruz, y ese hombre fue Jesús. Y, sin embargo, sabemos que el único que obedeció a Dios a la perfección fue Él, y nadie fue tan maltratado como Él.
Tenemos que tener una perspectiva clara de la vida y de nuestras expectativas de la vida. No podemos olvidar, una vez más, que nosotros estamos viviendo en territorio ocupado por el enemigo. Y cuando yo he decidido obedecer a mi Señor, ese territorio ocupado por el enemigo no me puede ser favorable. El enemigo sabe que nosotros lo estamos desplazando de su territorio; si él es sabio, y lo es, tiene que hacernos oposición y resistencia. Y mientras más tú quieras obedecer a Dios, mayor será tu resistencia.
Oye cómo Pablo lo dice en 2 Timoteo 3:12: "Y en verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos." No lo busquen si no estaban buscando, lo damos un segundo y tornamos más. Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús… déjenme hacer un ejercicio que no hice exactamente así en el culto anterior. Levanten la mano, todo el que quiera vivir piadosamente para Jesús. Wow, déjenla ahí, déjenla ahí arriba un segundo. Todos los que quieren vivir piadosamente para Jesús, serán perseguidos, dice el texto. Comiencen la mano a bajar… ahora ya la pueden bajar.
¿Te das cuenta de lo que Pablo está diciendo? Cuando las acusaciones, las difamaciones, las exageraciones, las dilaciones, los inconvenientes, los obstáculos, la resistencia, la oposición están ausentes de mi vida, revisa tu vida de piedad. Porque la Palabra de Dios revela que todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús seremos perseguidos, quizá no a la manera del primer siglo, pero sí a la manera de hoy. ¿Te das cuenta?
Y nosotros tenemos que irnos preparando, como yo decía, y hablaré un poco más sobre esto en los próximos meses. Recuerda: en primer lugar, que el trabajo de Dios siempre encontrará oposición de parte del enemigo. En segundo lugar, el enemigo, cuando se presenta, siempre vendrá inicialmente con apariencia de piedad. Y número tres, el yugo desigual tiene un alto precio.
Número cuatro: cuando el enemigo no logra infiltrar las filas del pueblo de Dios, tratará de desanimalos desde afuera para detener el propósito de Dios. La infiltración es la meta inicial: el sincretismo, la combinación de ideas, la dilución de la verdad, la dilución de la pasión, el enfriamiento de esa pasión inicial que se tenía. Pero si no lo puede hacer desde adentro, entonces te desanima desde afuera.
Versículo 4: "Entonces el pueblo de aquella tierra se puso a desanimar al pueblo de Judá." Yo creo que el desánimo es el arma más poderosa que el enemigo usa contra nosotros. Hay una historia de que Satanás en una ocasión creó un mercado de pulgas y tenía diferentes herramientas, todas con su nombre y todas estaban en oferta especial. Y entonces en una esquina estaban las diferentes herramientas en oferta: el orgullo, el envidio, la división, los celos, las contiendas. Pero separada de todas, había un arma que estaba sumamente gastada por el tanto uso que tenía, y el precio más alto, y el comprador le llamó la atención. Dice: "¿Por qué esta arma que tiene el nombre del desánimo es tan costosa? ¿Y por qué está tan gastada?" "Es que es el arma que yo más uso, y es el arma más efectiva."
Y ciertamente yo creo que Satanás conoce nuestra humanidad, cómo somos. Cada uno de nosotros no se desanima con la misma frecuencia y de la misma manera. Tenemos diferentes formas y diferentes razones. Algunos de nosotros nos desanimamos de acuerdo a nuestra personalidad, y mientras más yo quiero controlar algo, más tiendo a desanimarme, porque ni la vida ni el ministerio son controlables ni manejables. Si hay algo que a veces desespera a la gente, es que Dios es incontrolable.
Otros se toman la vida tan serenamente, y no se desaniman tanto porque piensan: "Bueno, sí, está bien, fracasé, pero la próxima vez será mejor." Otros, cuando somos idealistas o cuando somos perfeccionistas, tendemos a desanimarnos con más regularidad, porque las cosas raramente salen como las planeamos. Y si hay algo que nos desanima a todos es cuando las cosas no salen como yo las planifiqué, como yo quisiera verlas.
En ocasiones idealizamos el pasado y comparamos el presente con esa idealización que hemos hecho del pasado. Idealizamos un ministerio, una iglesia, hasta que llegamos a conocerla mejor. Y para no apuntar a ningún otro lado, quizás alguien no conocía la vida de la iglesia sino desde afuera: "Wow, lo que está pasando, qué bueno, extraordinario." Y luego comienza a conocerla de cerca: no nada más cuenta, el cuerpo está compuesto de personas también, con los mismos problemas que la carne humana trae consigo.
Ya os daba cuenta entonces de cómo somos. Yo le decía al grupo de líderes de nuestra iglesia recientemente: toda la iglesia, todos los ministerios, todas las compañías, todos los matrimonios, todas las familias, todas las relaciones, lucen mucho mejor desde afuera que desde adentro. Y eso es una enorme realidad, y mientras más conozco la naturaleza humana, mientras más conozco mi propia naturaleza, más cierto eso se hace.
Hermanos, si somos sinceros, solo Dios conoce la mugre que se esconde detrás de los mejores pensamientos de los hombres. Algunos de nuestros mejores pensamientos ocurren en la iglesia, en medio de la prédica, en medio de la adoración, y solo Dios conoce cómo, en medio de esos mejores pensamientos, en ocasiones hay pensamientos en nosotros de acusación, de celos, de envidia, de exageraciones, de distorsiones, de ira, de irreconciliación. Solamente el cuchillo abre el cuerpo del hombre, pero solamente Dios abre el corazón del hombre. Cada uno de nosotros tiene sus expectativas, y cuando las expectativas no ocurren, no se dan, no las vemos, nos desanimamos. C. S. Lewis decía que de todo el armamentario de Satanás, si él tuviera que escoger una sola arma, usaría el desánimo.
Número cinco: cuando el enemigo no logra disuadirte con el desánimo, él presionará para atemorizarte. Escucha el versículo 4: comienza diciendo "entonces el pueblo de aquella tierra se puso a desanimar al pueblo de Judá", pero escucha cómo termina: "y a atemorizarlos para que dejaran de edificar." Y a atemorizarlos para parar sus propósitos.
Y bien, escucha como pastor de la iglesia: este año y en el próximo año, nosotros estaremos navegando en aguas turbulentas, porque Dios nos ha abierto nuevas oportunidades. Nosotros estamos abrazando nuevas formas y nuevos lugares de administración. Pero de antemano te digo que habrán dificultades, y que no sea nuestra reacción la reacción usual de la mayoría de nosotros. Y yo sé porque yo he estado ahí: que cuando nos amedrentan, nos desanimamos, y nuestra tendencia es retirarnos a lo manejable, a lo controlable, a lo que conocemos. Pero Dios nunca ha guiado a su pueblo por caminos controlables y manejables.
El desierto no era controlable y mucho menos manejable. Cuando el Señor quiso darles a los discípulos una lección de su control sobre la naturaleza y de la necesidad de confiar en Él, dice el texto que los empujó prácticamente a que subieran a la barca. Después que estaban en la barca, les dijo: "Yo me voy solo", los dejó y ascendió a la montaña a orar. Y habiendo llegado la noche, la tercera vigilia.
Después que los discípulos tenían un tiempo ahí remando en medio de la tormenta, en medio de la tempestad, él no se estaba haciendo presente, pero cuando se cansaron, entonces él decide no calmar el viento sino aparecerse en medio de la tormenta incontrolable. Y luego invita a Pedro a que salga a caminar. Pedro estaba cansado de navegar ese mar, de nadar, de pescar; él se lo conocía, pero en tiempos no tumultuosos. Pero sabes que cuando el mar está calmado, no necesito a Dios, lo que necesito es habilidad para remar y navegar y pescar.
Pedro, tú no me necesitas para hacer lo que tú sabes hacer. Yo quiero, Pedro, ahora probarte que puedes confiar en mí en medio de la tormenta incontrolable, con los vientos soplando, la ola azotando contra la barca. Y Cristo tiene la audacia, si me permiten, de invitar a Pedro a que salga afuera. Muchos de los predicadores entonces hacen el énfasis en cómo Pedro salió, pero entonces tuvo miedo, y cuando perdió su fe comenzó a hundirse. Este no es el punto del pasaje, no es el punto principal.
El punto principal es que Cristo le hace una invitación a Pedro a probar, a caminar en medio de lo que no conoce, de lo que es más grande que él, de lo que él no puede manejar o controlar. Y luego, para mostrarle a Pedro que cuando él se estaba hundiendo, Cristo tampoco le dijo: "¡Eh, Pedro, qué bueno que te estás hundiendo! No has confiado en mí, dejaste de mirarme y miraste el agua. Traga un poco de agua, Pedro, y luego yo te saco a la superficie; luego te restauro la respiración, Pedro." Nada de eso. Se extiende la mano y al instante los dos estaban dentro de la barca.
Lo que Cristo está tratando de mostrar es: yo te hago una invitación a navegar, a caminar sobre vientos y soportar sobre mares tumultuosos confiando en mí, y no temas, porque cuando tengas dificultad yo te extenderé mi mano y te haré descansar. No es a Pedro que Cristo le dice "hombres de poca fe"; es a los que se quedaron en la barca a quienes Cristo les dice "hombres de poca fe." Tenemos mares tumultuosos delante, créeme, pero tenemos que caminar sobre ellos. No se requiere fe para navegar en mares tranquilos; lo que se necesita es habilidad. Pero se requiere fe, determinación, confianza y visión para navegar en esas dificultades.
Y sabes una cosa, yo no sabía de una puerta ancha, una puerta grande, y las puertas de Dios, sobre todo si son grandes, no carecen de adversarios. Mira cómo Pablo lo dice en 1 Corintios 16:8-9: "Porque me quedaré en Éfeso hasta Pentecostés, porque se me ha abierto una puerta grande para servicio eficaz, y hay muchos adversarios." Pero yo no entiendo, pastor: Dios le ha abierto la puerta grande, ¿y estos adversarios? Precisamente por lo grande de la puerta.
Tú has leído qué es lo que le pasa a Pablo en Éfeso. Dice: "Me voy a quedar en Éfeso." Pero Éfeso es el lugar donde Pablo tiene la peor oposición. Tú puedes leerlo en tu casa, en Hechos capítulos 18 y 19. La ciudad entera se levantó en alboroto, todos los comerciantes estaban contra él, el ejército tuvo que intervenir y sacar a Pablo para que no lo lincharan, porque estaban a punto de comérselo vivo. Y este es el lugar donde Pablo dice: "Aquí me voy a quedar, porque aquí es que es grande la puerta, pero hay muchos adversarios."
Pablo encontró la oposición y la resistencia, pero no lo atemorizó, no lo desanimó, no lo amedrentó. ¿Saben por qué? Porque Pablo fue un visionario. Los visionarios ven lo que otros no ven. Lo que alguien decía es: no es tanto lo que vemos lo que nos amedrenta, sino lo que no vemos, y al no verlo lo exageramos. Como bien dicen en inglés: "That is so." No es lo que vemos; es lo que no vemos, y al no verlo lo exageramos.
Leía un comentario de varios autores acerca del libro de Esdras, y Max Anders en su comentario decía lo siguiente: que a lo largo de la historia el pueblo de Dios ha tenido una respuesta predecible ante el miedo, y muchas veces ha preferido retirarse a las iglesias en busca de la seguridad y el confort espiritual en un lugar no perturbado. Pero que ese proceso, en vez de fortalecer la iglesia, lo único que ha hecho es debilitarla, y mientras eso ocurre la sociedad entra en desequilibrio. La iglesia perseguida es la iglesia aplaudida por ti y por mí, pero se nos olvida qué es lo que causa la persecución de la iglesia.
¿Es el enfrentamiento de los valores de la sociedad con los valores de Cristo? Lo que hace que los reformadores terminen en la hoguera es el enfrentamiento del sistema del statu quo, la sociedad, con los valores de Cristo. Cuando la famosa Reina María, de quien viene el nombre de Bloody Mary, el trago de alcohol, manda a buscar a John Knox, de quien ella decía que le tenía más miedo a la lengua de Knox que a toda la armada de cualquier otro país, le dice a Knox: "Mira, Knox, cuando tengas algo que decir, ven y dímelo en privado." Y Knox le dice: "Dios no me ha llamado a hacer horas esperando en una sala de espera a la Reina de este país. Cuando la Reina quiera saber mi opinión, que venga y acuda a mi culto y venga a mi iglesia."
Si la iglesia quiere evitar la persecución, tiene la fórmula: se retira a sus cuatro paredes, no molestamos a nadie, nadie nos molestará a nosotros. Pero esa no es la misión de la iglesia; no es ser sal y luz. La razón de la persecución de los profetas del Antiguo Testamento fue porque enfrentaron al rey, al príncipe, al sacerdote, al profeta, al ciudadano común y corriente, a todo el que no andaba caminando conforme a la Palabra de Dios. Cristo es crucificado porque enfrentó a las autoridades de su tiempo. Pablo es perseguido por la misma razón, y los reformadores también.
Número seis. La oposición no mermará con nuestros primeros esfuerzos de resistencia, sino que, al contrario, la oposición se volverá más agresiva, desafiante, y será dura de veras. Versículo 5: "Y tomaron a sueldo contra ellos consejeros para frustrar sus propósitos todos los días de Ciro, rey de Persia, hasta el reinado de Darío." Cuando la intimidación, cuando el desánimo no resultó, pues trataron de amedrentarlos. Cuando el amedrentamiento no funcionó, pues contrataron personas. ¿Qué hay que hacer? Pagar dinero a alguien: "Vengan, que les vamos a dar el dinero." Contrataron personas para detener los propósitos.
Cuando comienza ese intento de oposición en el reinado de Ciro y termina en el segundo año del reinado de Darío, ¿tú sabes cuánto tiempo hay entre una cosa y otra? Ochenta años de oposición intermitente. La oposición que leemos en el libro de Nehemías es cuando Nehemías se propone construir las murallas de la ciudad; esta oposición de ahora es para parar la edificación del templo. Y la oposición de ahora paró la construcción del templo por dieciséis años, hasta que Dios levantó a Hageo y a Zacarías como profetas, capítulo 5, versículo 1, para que animaran al pueblo una vez más.
Lo que tú lees en el texto del capítulo 4, que yo no leí hoy, del versículo 6 hasta el 23, son las diferentes maneras como trataron de oponerse al trabajo del pueblo de Dios: cartas que enviaron al rey Asuero, al rey Artajerjes, sembrando la idea de que esta era una nación rebelde, de que estaban a punto de revelarse contra las autoridades, y finalmente le dijeron al rey: "Si le permites edificar las murallas, esta gente no va a pagar los impuestos al rey y tus ingresos van a disminuir." ¿Y qué fue eso lo que le llamó la atención al rey? El pueblo sabe cómo llamar la atención a sus gobernantes: tus ingresos, tus arcas, tus bolsillos se van a afectar.
Versículo 24: "Entonces se paró la obra en la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y quedó suspendida hasta el año segundo del reinado de Darío, rey de Persia." La oposición no va a mermar; en algunos casos será relentless, implacable. Siempre ha sido así.
Yo quiero decirte: estamos en un momento crucial. Hay una gran puerta que Dios nos ha abierto, pero yo quiero recordarte, para que puedas estar preparado como iglesia. Cada vez que sientas el desánimo, independientemente de la razón, eso no viene de Dios. No es la naturaleza de Dios desanimar a sus hijos. Cada vez que te sientas amedrentado, eso no viene de Dios; no es parte del carácter benevolente de Dios inyectar miedo a los hijos, cuando Él les dice en su Palabra más de 365 veces "no temas," de una u otra manera. Pero cuando sientas oposición, no concluyas inmediatamente que eso es equivalente a que no estamos en medio de la voluntad de Dios. Nunca habrá mayor oposición que cuando un hombre está encendido en fuego por la antorcha del Señor para hacer el trabajo de Dios.
Escuchen lo que Martín Lutero decía, y con esto voy cerrando. Dios y Satanás usan diferentes tácticas en cuanto al temor. Dios, al principio, nos deja sentir el temor —¿te acuerdas de Pedro?— de manera que nosotros podamos sentir su consuelo y su fortaleza. Ese es el método de Dios. Satanás, al principio, nos hace sentir confiados en nuestros orgullos y en nuestras fuerzas, para luego abrumarnos de miedo y de desesperación. Sobre todo cuando entro en la fe cristiana: al principio, mi orgullo, mi fortaleza, mi don, mis habilidades, lo que puedo hacer. Para luego, cuando avance un poco más, envolverme de miedo y de desesperación.
Dios nos ha dejado claramente ver en su Palabra que "en este mundo tendréis aflicción, pero en mí —no en el mundo, en mí— tendréis paz." La paz no es ausencia de conflictos. La paz es la seguridad que yo siento de que cuando estoy en mis peores circunstancias, completamente fuera de control, mi Dios permanece en su trono completamente en control de mi vida y de todo el universo que se mueve alrededor de mí.
La paz de los discípulos aquella noche en medio del mar no se la dio la ausencia de tempestad, sino la presencia de Dios. Estamos en un mundo caído, y este mundo caído es un mundo corrompido y turbulento. Es un ciclón continuo. En el ojo del ciclón, desde donde Dios controla el ciclón, hay una gran paz.
Mientras más nosotros estamos centrados en Dios y no en las circunstancias, más tranquilos y en paz podremos estar. Pero yo sé, yo sé, que Dios nos ha abierto una gran puerta. Y de esta misma manera, yo sé, yo sé, que habrá oposición a lo largo del camino de diferentes maneras, pero que es un privilegio poder entrar en los propósitos de Dios: empujados por su Espíritu, acompañados por Dios, garantizados por su poder, sellados por Él, reconociendo todo el tiempo que si Él es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
No hace tanto que, esperando en oración, clamaba a Dios. Oraba con Dios; antes de clamarle, simplemente le oraba. Y Dios me llevó a su Palabra. Me hizo ver una vez más un versículo que todos conocemos, y que Dios ha hecho retumbar eminentemente una y otra vez: "Clama a mí y yo te responderé, y te haré ver cosas que no has visto, que no conoces, que no entiendes." Y más adelante: "No temas a ellos." ¿Quiénes son los "ellos"? Los adversarios. "Porque yo estaré contigo."
Y es una promesa no solo para mi persona, sino una promesa para cada hijo de Dios.