Integridad y Sabiduria
Sermones

La oración, un instrumento poderoso en los planes de Dios

Miguel Núñez 22 octubre, 2023

La oración es un instrumento poderoso, pero solo cuando funciona dentro de los planes de Dios. Esta distinción es crucial: no se nos dio la oración para cambiar la voluntad santa y perfecta de Dios por la nuestra, que es pecaminosa, limitada y terrenal. De hecho, no nos conviene ese intercambio, porque cuando Dios ejerce su voluntad busca nuestro mayor bien, mientras que nosotros solo perseguimos lo que llena nuestro tanque emocional.

Santiago conecta la oración con las diferentes circunstancias de la vida: el sufrimiento, la alegría, la enfermedad y hasta el funcionamiento de la naturaleza. Quien sufre, que ore pidiendo sabiduría y gracia para sostenerse fiel. Quien está alegre, que cante alabanzas como oración con música. Quien está enfermo, que llame a los ancianos para que oren por él. El texto revela además una realidad incómoda para la mente occidental: hay enfermedades que resultan de pecados no confesados. David mismo testificó cómo su cuerpo se consumía mientras callaba su pecado, y solo al confesarlo encontró restauración.

La oración del justo puede mucho, no porque el justo tenga méritos especiales, sino porque quien camina en santidad está más lleno del Espíritu, el mismo que escudriña la mente de Dios y dirige nuestras oraciones. Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y sin embargo oró fervientemente y el cielo retuvo la lluvia por tres años y medio. El secreto está en lo que el Salmo 37 enseña: cuando Dios es nuestra delicia, los deseos de su corazón descienden y se convierten en los nuestros, y entonces nuestras peticiones se alinean con su voluntad.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Algunos, o quizás todos los que estuvieron aquí, recordarán que el domingo anterior hablamos de cómo la condición de tu corazón puede afectar la efectividad de nuestra oración. Estuvimos exponiendo el texto de Santiago, capítulo 4, versículos 1 al 3. Una vez más vamos a dar un salto para continuar con este tema de la oración que hemos estado enfatizando en nuestra iglesia en las últimas semanas, para ir a un texto que está en el capítulo 5 de la Carta de Santiago, versículos 13 al 18. Yo he titulado este mensaje: "La oración, un instrumento poderoso en los planes de Dios."

Yo escogí las palabras de este título con pinzas, decía yo más tempranamente, porque no quisiera que fuéramos a malentender desde el inicio lo que estoy tratando de decir. Pero ciertamente la oración es, en esencia, un instrumento que nos conecta con Dios y sus propósitos, de manera que nosotros podamos vivir su voluntad. Nota también que yo escogí en el título las palabras que me llevan a entender que la oración puede tener un efecto poderoso, pero antes de concluir cualquier idea que tú puedas tener en tu mente, déjame decirte que puede ser un instrumento poderoso siempre y cuando ella, la oración, funcione dentro de los planes de Dios.

Déjame tratar de explicar eso de otra manera. Dios ha diseñado la oración para que ella funcione poderosamente debajo de la sombrilla de su providencia y su soberanía. Déjame decirles otra vez: Dios ha diseñado la oración para que ella tenga un efecto poderoso, siempre y cuando funcione debajo de su providencia y de su soberanía. Hermano, si lo que tú estás pidiendo contradice los propósitos de Dios, es obvio que eso no puede estar por encima de la voluntad de Dios.

Y cuando yo digo cosas como esas, inmediatamente hay alguien, quizás hay algunos aquí pensando: "Entonces, si yo no puedo cambiar los planes de Dios, ¿cuál es el propósito de la oración?" Pero cuando yo pienso de esa manera, no he entendido, no he conocido, se me ha olvidado para qué fue que se nos dio la oración. Nosotros no recibimos la oración para cambiar la voluntad de Dios, y mucho menos, si lo piensa de esta forma, no se nos dio la oración para cambiar la voluntad santa, perfecta y soberana de nuestro Dios por una voluntad como la mía, que es pecaminosa, limitada, humana y terrenal. De hecho, a ti y a mí no nos conviene que Dios haga ese cambalazo, porque cuando Dios hace uso de su voluntad siempre está buscando tu mayor bien. Sin embargo, cuando yo quiero que sea mi voluntad la que se haga, lo que yo ando persiguiendo es mi mayor emoción, mi mayor sentir, aquellas cosas que yo más deseo y que llenan más mi tanque emocional.

La oración, la eficacia de la oración, depende de múltiples factores, y vamos a ver algunos de ellos hoy. Pero el factor número uno que determina el poder de mi oración es la voluntad de Dios. Y si la entiendo así, entonces la oración es una de las mejores prácticas, ejercicios o disciplinas espirituales que yo pudiera implementar.

Vamos a hablar de un texto que fue escrito por alguien que yo creo tiene la autoridad para hablarnos acerca de la oración y, sobre todo, acerca de la oración del justo que es poderosa y eficaz. Y digo esto porque Santiago, Ojakov, verdad, como también se le conoce, el que era medio hermano de Jesús, se distinguió por su vida de piedad hasta el punto que se le dio el sobrenombre en la iglesia primitiva de "El Justo": Santiago el Justo, Ojakov el Justo. El otro sobrenombre con el que él fue conocido es el de "Caminador de Rodillas", por los callos que él llegó a formar en ambas rodillas como fruto del tiempo pasado en oración sobre ellas. Yo creo que ese hombre tiene la autoridad para hablarnos acerca del tópico que vamos a estar leyendo en unos momentos.

Y con eso, en caso de que aún no estés ahí, te pido que vayas a la Carta de Santiago, capítulo 5, versículos 13 al 18. El texto comienza con una pregunta: "¿Sufre alguien entre ustedes? Que haga oración. ¿Está alguien alegre? Que cante alabanzas. ¿Está alguien entre ustedes enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe restaurará al enfermo y el Señor lo levantará. Si ha cometido pecados, le serán perdonados. Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho. Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Oró de nuevo y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto."

Este es uno de los textos, de muchos otros, que ha sido mal interpretado y ha sido abusado, sobre todo por el movimiento de la súper fe, el movimiento de "proclámalo y recíbelo", el movimiento de señales y prodigios, o de apóstoles y profetas. Es el mismo movimiento con diferentes nombres. Este movimiento ha enseñado que tus palabras tienen poder y que tú puedes crear realidades cuando pronuncias esas palabras con cierto grado de fe. Pero yo estoy aquí para decir todavía más: esa premisa es completamente antibíblica. De hecho, no estaba ni siquiera en la historia de la Iglesia en 2,000 años de historia, sino hasta hace 20 o 30 años. Eso te da una idea de lo erróneo que pudiera estar ese entendimiento.

La realidad es que todo texto de la Palabra puede ser mal interpretado, subinterpretado o súper interpretado. En otras palabras, cualquier texto de la Palabra puede ser entendido mal, o yo puedo entender menos de lo que el texto realmente enseña, o yo pudiera entender mucho más de lo que el texto dice. Y eso es lo que ha ocurrido con el pasaje que acabamos de leer.

Pero antes de que nosotros lleguemos a una conclusión acerca de lo que este texto significa, yo quiero darte dos o tres principios de interpretación bíblica sumamente necesarios para entender la Palabra de Dios. Esto no es una lección en hermenéutica o exégesis, pero estos principios nos van a ayudar incluso a ver el texto de hoy, por eso yo quiero mencionarlos de principio.

Principio uno: ninguna Escritura es asunto de interpretación personal, de tal forma que no podemos leer un texto y que de este lado alguien me diga "bueno, para mí ese texto significa esto", y de este otro lado alguien me diga "ese texto significa tal otra cosa", porque el texto tiene un significado, y es el que el Espíritu que inspiró la Palabra le dio en su texto original. El texto puede tener una aplicación para ti, puede tener otra aplicación para ti, otra para mí, diferentes aplicaciones, pero no un significado distinto.

En segundo lugar, a la hora de manejar este texto, nosotros tenemos que hacerlo con mucho cuidado. Recuerda que Pablo le enseñó a Timoteo que procurara presentarse ante Dios como un obrero que no tenía nada de qué avergonzarse, que manejaba con precisión la Palabra de verdad. Eso tiene todo el sentido del mundo. Si esta Palabra vino de parte de Dios, de una fuente verdadera, justa, santa y perfecta, y tiene que ser manejada por manos pecaminosas y labios falibles, entonces nosotros tenemos que ser extremadamente cuidadosos y depender del Espíritu del Dios que la inspiró para poder ser obreros que no tienen nada de qué avergonzarse. Pablo le escribió eso en su segunda carta, en 2 Timoteo 2:15.

En tercer lugar, como en este pasaje hay algunas cosas que pudieran no verse tan claras, déjame decirte que todo pasaje oscuro de la Escritura tiene que verse a la luz de uno o más pasajes claros. En otras palabras, la Escritura es su propia intérprete. Si tú quieres saber lo que algo dice, no puedes ir a encontrar el significado o el entendimiento de ese pasaje fuera de la Escritura; tienes que entrar en la Escritura y encontrar el pasaje que lo interpreta. Y yo creo que eso es importante para el texto de hoy, porque de lo contrario pudiéramos malentenderlo, mal predicarlo y mal aplicarlo.

Entonces, yo voy a hacer algo que hice el domingo pasado y el domingo anterior: haré dos preguntas al texto y vamos a ver si con esas dos preguntas podemos escudriñarlo y desempacarlo. Pregunta número uno: ¿de qué habla el texto? Pregunta número dos: de eso de lo que está hablando, ¿qué es lo que dice el texto?

Comencemos por la primera. Si tú lees el texto con detenimiento, no hay dudas, queda cero dudas, de que este texto habla sobre la oración. No habla de otra cosa. Dice muchas cosas acerca de la oración, pero no habla de otra cosa. ¿Y cómo sé eso? Porque la palabra "oración" es mencionada en cada versículo de los seis que leí. Escúchenlo: versículo 13, "que haga oración"; versículo 14, "que ellos oren por él"; versículo 15, "la oración de fe"; versículo 16, "oren unos por otros"; versículo 17, "Elías oró fervientemente para que no lloviera"; versículo 18, "Elías oró de nuevo". Yo creo que queda claro que la oración es el tema.

Ahora, ¿qué dice de la oración? Esa es la segunda pregunta. Cuando yo conteste esa segunda pregunta, habremos desarrollado el mensaje. ¿Qué es lo que Santiago dice acerca de la oración en este texto? Y de inicio, yo voy a decir que Santiago quiere que yo pueda poner toda mi confianza en el Señor a la hora de orar para lidiar con las diferentes circunstancias de la vida. Pero tengo que probar eso. Santiago quiere que yo ponga mi confianza en el Señor al orar, en todas o en las diferentes circunstancias de la vida.

Y por eso, toma la oración y la conecta con el sufrimiento, versículo 13; con las enfermedades, versículo 14; con el arrepentimiento y perdón de pecado, versículos 15 y 16; e incluso la conecta con el funcionamiento de la naturaleza, cuando hubo sequía en tiempos de Elías y lluvia por tres años y medio. Con razón, el apóstol Pablo nos anima a que oremos sin cesar, que oremos en todo tiempo, en toda circunstancia, en todo momento, por cualquier circunstancia en que nos encontremos. 1 Tesalonicenses 5:17: "Orad sin cesar."

Lo que quiero hacer ahora en el resto del tiempo que nos queda es revisar la conexión que Santiago hace entre la oración y cada una de las circunstancias que él nos plantea. Versículo 13: la oración es conectada con el sufrimiento. Escucha: "¿Sufre alguien entre ustedes?" Respuesta: que ore. El tema del sufrimiento es vital en Santiago, en la carta de Santiago, y es crucial a lo largo de toda la vida del creyente en esta época.

Cuando Santiago comienza su carta, en el versículo 2, nos dice que nosotros debiéramos ver las dificultades, las pruebas, el sufrimiento, y considerarlas como sumo gozo, dice Santiago. Y ahora que él nos está hablando de la oración, está tratando de ya hacernos entender que esa oración es un instrumento que nos permite conectarnos con Dios. Es un instrumento que nos permite ser fortalecidos en Él. Es un instrumento a través del cual puedes expresar mi confianza en Él.

Ahora, nosotros no sabemos con certidumbre a qué sufrimiento se estaba refiriendo Santiago cuando ha hablado de que si alguno está sufriendo que ore. Posiblemente a todo tipo, pero en el contexto de las personas a quienes él estaba escribiendo —estaba escribiendo a las doce tribus dispersas, fuera del área de Jerusalén, a áreas circunvecinas—, es posible que le estaba escribiendo a personas que pudieran estar bajo persecución, una persecución que se extendió hasta el tercer siglo. Pero es posible que quizás él tenía en mente a personas que estaban en dificultad económica, porque la iglesia primitiva no era una iglesia de amplios recursos. O es posible también que Santiago tuviera en mente a personas que habían sido rechazadas por haber abrazado la fe cristiana, ya que cuando tú eras judío y abrazabas la fe cristiana, te expulsaban del templo si estabas en Jerusalén, o de algunas sinagogas si estabas fuera de Jerusalén; te expulsaba tu familia y los comerciantes no querían venderte nada.

Santiago nos dice en el capítulo primero que si a alguien le falta sabiduría, que debe pedir por ella, que Dios la da en abundancia. Ahora nos dice aquí que si estamos en sufrimiento, que pidamos. Bueno, tiene sentido entonces lo que Santiago me está diciendo: oye, ora por sabiduría para saber qué necesitas hacer, cómo depositar tu confianza en Dios, qué decisiones tomar en medio del dolor y las dificultades. Es bueno, y válido, que yo ore cuando estoy en sufrimiento para que Dios haga que esa copa de dolor pase de mí. Pero es mejor aún si yo puedo orar y, después de expresarle mi deseo de que el sufrimiento pase, le pueda decir como el Señor Jesucristo: "Pero al final, que se haga tu voluntad y no la mía; al final, Dios, que sea como tú entiendas."

Esa actitud de renuncia que Cristo tuvo en Getsemaní me conecta con los propósitos de Dios; entró el Hijo en los propósitos del Padre. Y, número dos, me prepara para cuando lo que yo esté pidiendo no me sea concedido, o no me sea otorgado, para que yo no me llene de resentimiento contra Dios porque me dio algo que yo no estaba pidiendo, o no me dio nada de lo que yo pedí. Esa es la actitud, la mejor actitud para desarrollar una relación con Dios que me prepare para la vida.

Esa era la actitud de Job cuando él recibe la noticia de que habían muerto sus diez hijos, y Job dice: "El Señor dio, el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor." Esa es una actitud de aceptación de su soberanía, de su providencia. Job estaba consciente: Dios no va a quitarle la vida a diez hijos que Él me dio, vidas que Él produjo, sin ningún propósito, sin ningún fin específico. De manera que yo confié en Él cuando me dio a mis diez hijos; yo confío en Él ahora que me quitó mis diez hijos. Que se los haya llevado, bendito. Job sabía que Dios permite las más grandes tragedias —como las podemos ver en el Medio Oriente hoy en día— porque Él tiene un propósito que está llevando a cabo.

Ahora, hermano, cuando estés en medio del dolor orando, tienes que recordar que Dios pudiera detener el dolor y el sufrimiento, o pudiera mantenerlo. De hecho, pudiera mantenérselo a ti y quitármelo a mí. Pero cuando Dios decide dejar el sufrimiento, hay algo que Él te da —que quizás te lo da en mayor medida que al otro—, y es la gracia suficiente y necesaria para que su poder se perfeccione en tu debilidad. Mi rol no es descifrar la voluntad de Dios, es confiar en ella; y Dios es el que hace que provea la gracia.

Déjame tratar de ilustrarlo a partir de la misma historia bíblica lo que estoy diciendo: la necesidad de orar en medio del dolor, cómo la oración nos prepara, y cómo Dios puede responder oraciones acerca de lo mismo en dos siervos de Él de forma distinta. El libro de los Hechos narra la historia de los primeros treinta años de la iglesia. Cuando tú avanzas del capítulo 1 al 2, te encuentras con dos apóstoles: Jacobo, el hermano de Juan, y Pedro. Resulta que Jacobo había sido apresado y fue decapitado. La iglesia estaba llorando. Cuando se enteraron de que Pedro también estaba preso, comenzaron a orar todavía más por Pedro, porque ya había un mártir en la iglesia. Y resulta que Dios le envía un ángel a la cárcel a Pedro: abre la puerta, lo toma de la mano, lo saca a la calle, lo encamina. Y Pedro va a la casa de Marcos —Juan Marcos, el autor del Evangelio de Marcos—, toca la puerta, y los hermanos estaban orando detrás de la puerta: orando por Jacobo, orando por Pedro. Pedro es liberado; Jacobo es decapitado.

La iglesia no se desesperó ni dijo: "No entendemos." La iglesia que oró creció, se fortaleció, se expandió a pesar de la furia de la persecución. Como dice Terry Johnson en su libro *The Excellencies of God* —Las excelencias de Dios—: Dios hace que toda maldad coopere para llevar a cabo el mayor bien. Desde la venta de José por parte de sus hermanos —que es la que explica la subsistencia de la nación de Israel en el pasado y hoy en día— hasta la muerte de Cristo a manos de hombres malvados. Con razón Pablo escribe en Romanos 11:33: "¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!" No trate de penetrar la mente de Dios; solamente el Espíritu Santo, dice la Palabra, es capaz de hacer tal cosa.

De manera que Dios responde a nuestras oraciones de formas diferentes, en diferentes momentos y en diferentes personas. Por eso no vaya muy rápido a juzgar. No porque yo sé lo que Dios está haciendo, que Él está actuando de tal manera; tú no sabes. Tenemos que ser muy cautelosos porque a veces queremos ir muy rápido.

Ahora escucha: Santiago no solamente conecta la oración con tiempos de sufrimiento y dolor; la conecta en el mismo versículo 13 con tiempos de alegría. "¿Está alguien alegre? Que cante alabanzas." La alabanza es una especie de oración con música; se supone que debiera ser una oración cantada. Si la disposición en mis oraciones es así, yo en el primer servicio le decía a los hermanos que estaban aquí que durante las canciones varias veces tuve que sacar mi pañuelo y secarme los ojos porque estaban llorando de emoción, entendiendo que le estaba cantando cosas a Dios que eran de oración, o que entendía que era así, o que así Él lo había revelado, y en eso yo fui grandemente ministrado.

En este mismo templo, es posible que aquí en este balcón haya personas que estén en dolor y sufrimiento, y en este otro balcón haya personas que estén muy alegres. Santiago le dice al de este lado: "Estás en dolor, ora." Al de este otro lado: "Tú estás alegre, pues canta; dale gracias a Dios, canta al Señor acerca de lo que Él ha hecho contigo." Y júntense, júntense, que quizás tus canciones alegren al hermano que está del otro lado. Ese es uno de los roles del cuerpo de Cristo.

Santiago conecta la oración con el sufrimiento, la canción con tiempos de plenitud, pero también conecta la oración con la enfermedad. Escuche, versículo 14: "¿Está alguien enfermo entre ustedes? Que llame a los ancianos de la iglesia, que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe restaurará al enfermo y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados, les serán perdonados." ¿Por qué no va él a visitar a los ancianos? Posiblemente el hermano estaba muy debilitado. De hecho, el texto original es lo que sugiere con la palabra "enfermo": es un enfermo que está prácticamente desvalido de tan débil. Que llame a los hermanos, a los ancianos, y que ellos vayan y oren por él, y que lo puedan ungir con aceite.

La iglesia reconoció desde muy temprano la necesidad de la oración en la vida pastoral, en la vida de los ancianos. De hecho, cuando la iglesia comenzó a tener problemas donde los apóstoles tenían muchas más cosas que hacer de lo que podían atender, ellos decidieron delegar todo lo que no era pastoral a personas, a siete personas en ese momento, que podían ser como diáconos. Y ellos dijeron: "Nos vamos a dedicar a dos cosas, dos nada más: al ministerio de la palabra y a la oración." Ellos entendieron que no podemos estudiar la palabra, entender la palabra, explicar la palabra, aplicar la palabra de una manera consistente, si no hay un espíritu de oración con nosotros, y decidieron dedicarse a esas dos cosas.

Y ahora esos hermanos que entendieron la necesidad del ministerio de oración dijeron que, si hay alguien que está muy débil, que llame a los ancianos, y que oren por él. Ahora, el texto no está enfatizando, como se ha hecho en algunos círculos, el aceite. De hecho, el texto no está ni siquiera enfatizando la sanación; el texto está enfatizando la oración en diferentes contextos. En la antigüedad es cierto que algunas personas usaban el aceite por asuntos medicinales, pero no era tan frecuente, ni se usaba para todas las enfermedades; era más bien para cosas de la piel. De manera que no pudiéramos decir que ese era el uso que el aceite tenía. No, no, no. Pero como la palabra tiene que interpretar la palabra, tenemos que ver cuál es el uso que el aceite tenía para ver cuál podría ser el uso en este caso.

Y cuando tú revisas la palabra, tú encuentras a Moisés ungiendo a su hermano Aarón antes de que comenzara su sacerdocio; lo separó para el sacerdocio. Tú encuentras a Samuel ungiendo al rey Saúl para separarlo como rey, aun cuando esa no era la elección de Dios, pero Dios lo iba a usar aún en ese rol. Y tú encuentras a Elías ungiendo al profeta Eliseo como su sucesor. De manera que el aceite, la unción de aceite, parece haber sido usado simbólicamente para expresar visualmente que esta persona está siendo separada para un trato especial, en una condición especial, que en el caso del enfermo sería separada para un tiempo de oración especial, quizás por él, quizás él mismo debería orar, quizás sus familiares también, para que la iglesia ore por ese hermano en particular.

Douglas Moo, uno de los académicos del Nuevo Testamento, dice con relación a lo que acabo de explicar: "Concluimos, por tanto, que el ungir en el versículo 14 se refiere a una acción física con significados simbólicos. En la medida en que los ancianos oran, ellos han de ungir al enfermo para simbolizar que esa persona está siendo consagrada para atención y cuidado especial de parte de Dios."

Ahora, Santiago dice que la oración, cuando es hecha de esa manera, la oración de fe restaurará al enfermo. Si eso fuera lo único que el texto dice, o mejor dicho que la Biblia dice, entonces diríamos que todas las oraciones hechas con fe van a restaurar al enfermo, sobre todo si se hacen de esa manera. Antes de hablar de ejemplos de la palabra que muestran claramente que no es así, déjame decirte lo que ocurrió en nuestra propia iglesia hace varios años atrás. Había dos personas, ambos con cáncer; en ambos casos oramos de esa manera, los ancianos se reunieron, los ungimos con aceite, oramos por ellos. Uno sanó y el otro se fue a la presencia del Señor. La misma petición, el mismo procedimiento, la misma fe, yo diría; uno partió y el otro se quedó. El que se quedó todavía está entre nosotros; se fue a Piedra Angular recientemente a apoyar la obra allí, y el otro está sano en la presencia del Señor.

La fe sola no es garantía de que la oración va a llevar a cabo los propósitos que yo quiero. De hecho, Pablo era un hombre de fe, vivió por fe y era un hombre de oración. Pablo le pidió al Señor que le quitara el aguijón, se lo pidió tres veces, y el Señor le dijo no. El aguijón, que muchos entienden era una especie de enfermedad en su vida, el Señor le dijo: "No puedo removerte el aguijón, porque el aguijón te abofetea de tal manera que tú no te enaltezcas de las revelaciones que has recibido." Pablo no sanó a Timoteo tampoco. Timoteo sufría del estómago, y tú recuerdas que cuando Pablo le escribió en su primera carta, en 1 Timoteo 5:23, le dice: "Timoteo, tómate un poco de vino a ver si te ayuda con el estómago," porque Timoteo estaba enfermo del estómago. Tampoco sanó a Epafrodito. Epafrodito era un compañero de Pablo en la cárcel; quizá no estaba preso, pero acompañó a Pablo mientras este estaba preso en Roma. Pablo escribe la carta a los filipenses y dice en Filipenses 2:26 que Epafrodito estaba enfermo, y que cuando la iglesia en Filipos se enteró, se entristeció, y eso entristeció a Epafrodito. Pablo no lo sanó tampoco, a pesar de que sanaba a muchos e incluso resucitó muertos.

De manera que el texto de Santiago, ahora a la luz de otros pasajes más claros, nos dice que este versículo que leí en Santiago no es una promesa incondicional de sanación si oramos con fe. No lo es, como acabamos de ilustrar. De hecho, Santiago es el mejor maestro para decirnos eso, porque si Santiago mismo nos puede decir algo en la misma carta en la que instruyó que se hiciera eso, y lo instruyó antes de entonces, eso nos quedaría más claro. Santiago dice en 4:15, el capítulo anterior: "Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello." Si el Señor quiere. Todo depende de Él, de Su voluntad. Cristo Jesús, el mismo Señor del que hablamos, dijo también: "No mi voluntad, sino la tuya."

Ahora, el mismo Santiago nos deja ver que la fe tiene un rol que jugar debajo de la providencia y la soberanía de Dios, porque la oración escuchada ha sido diseñada como instrumento poderoso en la vida del cristiano debajo de la providencia y la soberanía de Dios, en conjunción con Su soberanía. Pero si no tienes fe, Santiago nos dice en el capítulo uno que el hombre que vaya a pedir, que pida con fe, porque si él no tiene fe, él es un hombre inestable en todos sus caminos, y que ese hombre no debe esperar recibir nada de parte de Dios. De manera que la fe juega un rol. Cómo funciona esa fe y mi oración, que se supone que no existen por separado debajo de Su soberanía, quizá lo entendamos un poco más en lo adelante. Pero que tiene un rol, recuerda que Mateo 13:58 nos dice que Jesús estaba en Nazaret y en un momento dado el texto comenta que Jesús no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos; su incredulidad afectó el número de milagros que Cristo hubiese podido hacer. Y Hebreos 11:6 nos dice que sin fe es imposible agradar a Dios.

Ahora, en el texto que leí en Santiago 5:15-16, donde Santiago conecta la oración con la enfermedad, Santiago nos deja ver básicamente que él entiende que hay enfermedades que resultan como algo secundario a pecados en la vida de una persona. Escucha lo que Santiago dice otra vez, el versículo 15 al 16: "La oración de fe restaurará al enfermo y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados, les serán perdonados. Por tanto, confesad vuestros pecados unos a otros y orad unos por otros para que seáis sanados." Cuando tú dices en Occidente que hay enfermedades que pueden ser causadas por pecados, dada la cosmovisión de Occidente, racionalista y modernista, la gente se espanta; de hecho, algunos se ofenden. Pero esto es lo que Santiago está diciendo. Si la enfermedad ha resultado como consecuencia de un pecado, esto es lo que ocurre: confesión más oración igual a sanación.

Si nosotros queremos la palabra, no debe extrañarnos que Santiago piense que hay pecados que resultan en enfermedad. No sabemos exactamente cuál es cada caso, pero claramente tenemos textos e historias que así lo verifican. Cuando Juan escribió su evangelio, en el capítulo 5 de Juan se nos habla de que Jesús encontró un hombre que estaba paralítico por 38 años. Jesús lo sana, el hombre se va, Jesús sigue caminando, el hombre también, y luego se encuentran. En Juan 5:14, escucha lo que Cristo le dice: "Después de esto, Jesús lo encontró en el templo," al paralítico que ya no es paralítico, "y le dijo: 'Mira, ya has quedado sano. No vuelvas a pecar, no sea que te ocurra algo peor.'" Claramente, Jesús asoció su condición de parálisis con algún tipo de pecado, y Cristo le dice: "Ya que fuiste sanado, fruto de ese pecado, no vuelvas a pecar, porque si no, te ocurrirá algo peor."

Nosotros no sabemos exactamente cuál pudo haber sido ese pecado. Yo te puedo poner uno fácil, lógicamente comprensible: suponte que este hombre se emborrachó un día y estando borracho se cayó, se accidentó y quedó paralizado. Bueno, la parálisis sería el fruto de un pecado. Ahora, ¿cuál fue exactamente? Yo no lo sé. Lo que sí sé es que el Señor le advierte que, sea lo que sea que haya producido su parálisis, el pecado que sea, no vuelvas a hacerlo, no vuelvas a pecar.

Pero en el Salmo 32, que David escribió después de su pecado con Betsabé, David testifica de cómo se enfermó cuando cayó en ese pecado, cómo se enfermó físicamente. Quizás este es uno de los mejores textos para decir que lo que Santiago dice es verdad: hay enfermedades que resultan de pecados que no han sido confesados. Escucha lo que el texto dice, los versículos 3 al 6, Salmo 32. Dice David, escucha cómo él comienza: "Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió," eso es físico, "con mi gemir durante todo el día, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí." Escucha ahora: "Mi vitalidad se desvanecía," eso es físico, "con el calor del verano." ¿Qué hiciste, David? "Manifesté mi pecado y no encubrí mi iniquidad. Dije: 'Confesaré mis transgresiones al Señor.'" ¿Qué pasó, David? "Y tú perdonaste la culpa de mi pecado." Y entonces, ¿qué tienes que decir? En el versículo 6: "Por esto, que todo santo ore a ti en el tiempo en que pueda ser hallado."

Hay un tiempo que Dios te ha dado para que puedas confesar. No dejes que pase el tiempo, confiésalo ahora. David conectó la oración a su confesión y a su enfermedad; comenzó con "mientras callé, mi pecado me enfermó," entonces confesó, entonces oró. Y ahora le pido a todo el mundo que ore antes de que sea tarde. ¿Y qué es lo que Santiago dice? Que se confiesen los pecados unos a otros y se oren unos por otros, para que sean sanados.

Hay numerosas ocasiones donde el pecado nos enferma. De hecho, Pablo describe a los corintios, y dice que en la iglesia de Corinto había personas que tomaban la Cena del Señor indignamente, y que eso —dice 1 Corintios 11:30— causó que muchos enfermaran y otros murieran. ¿Cómo? Sí. Ya te he citado varios pasajes y he dado varias ilustraciones de la Palabra que muestran la relación entre enfermedad, pecado y hasta muerte, en el caso de la iglesia de Corinto. Pero en el libro de los Hechos se nos dice que Ananías y Safira mintieron al Señor y se cayeron muertos.

Nabucodonosor se rebeló contra el Señor, se ensoberbeció, se volvió arrogante, salió a su balcón y dijo: "¿No es esta la Babilonia que yo he construido con mi poder y para mi gloria?" ¿Y sabes qué pasó? Él se enfermó de la cabeza, perdió la mente por siete años. Incluso se le dijo: "Así será hasta que admitas y reconozcas que el Altísimo reina sobre el gobierno de los hombres." Y sabes que cuando él confesó eso, siete años después, con confesión levantó los ojos e hizo una especie de oración al Señor, ¿y sabes qué pasó? La razón volvió.

Nosotros en Occidente hemos despiritualizado la parte espiritual de la vida del ser humano, y otros la han súper espiritualizado, ya dicen que toda enfermedad es un demonio, y andan reprendiendo a cada enfermedad: "¡Demonio de hepatitis! ¡Demonio de fiebre!" No, hermano, tiene que haber un balance. Este es el balance. ¿Has visto a la gente que camina sobre una cuerda floja y usa un balance para no caerse? Este es mi balance. Y yo te estoy diciendo lo que Santiago dice, y te estoy ilustrando con la Palabra cómo pasó eso mismo en otros contextos.

Pero mira lo que dice la ciencia ahora. El Instituto Nacional de Salud en Estados Unidos —el National Institutes of Health—, la institución de mayor crédito probablemente en la nación, escribió recientemente, después de hacer una investigación, que la investigación ha demostrado que la exposición al estrés —y el pecado nos estresa— puede aumentar la probabilidad de desarrollar enfermedades, además de exacerbar condiciones preexistentes. No solamente puede crear enfermedades, puede exacerbarlas si ya estaban presentes. Investigaciones recientes han demostrado además que el estrés causado por el pecado es capaz de producir mal funcionamiento del sistema inmunológico.

Nosotros sabemos que, en último caso, toda enfermedad y toda disfunción es fruto del pecado de Adán y Eva; de eso es que se habla. Por otro lado, también sabemos que no toda enfermedad es fruto de pecado personal; probablemente la mayoría de los casos no lo es. De hecho, Job estaba lleno de llagas, estaba enfermo, y sin embargo Dios había dicho que Job era un hombre justo, intachable y apartado del mal.

Ahora, Santiago, después de decirnos todo eso, nos dice que la oración hecha con fe puede ser poderosa, pero puede ser poderosa cuando sale del corazón de un hombre justo. ¿Y cómo lo dice? La Nueva Versión Internacional dice: "La oración del justo es poderosa y eficaz." Antes de que nosotros digamos rápidamente: "Mira, lo que estamos haciendo es que cuando el justo ora, esa oración se va a dar," escuchemos lo que el texto no dice primero. El texto no dice que toda oración que una persona justa haga se va a cumplir; el texto no dice eso. El texto tampoco dice que la oración del hombre justo cambia la voluntad de Dios; tampoco dice eso.

Muchas veces nos ayuda saber qué es lo que el texto no dice, para no sobreinterpretar el texto. Pero a la luz de otros pasajes que traen luz a este pasaje no tan claro, yo creo que el texto parece estar diciendo que Dios está más inclinado a responder las oraciones de personas piadosas. La pregunta es: ¿por qué? Porque si yo no puedo responder, no creo que haya hecho mucho bien.

Entonces, de nuevo, yo creo que el texto está diciendo que la oración de personas piadosas puede ser poderosa porque Dios está más inclinado a oírlas a ellas que a personas que quizás viven una vida cristiana a medias. Entonces la pregunta es: ¿por qué? A ver si te puedo dar varias posibilidades.

Por un lado, nosotros sabemos que la obediencia es recompensada; eso está claro a lo largo de toda la Palabra. Si la obediencia es recompensada, tiene sentido que las oraciones de una persona que lleva una vida de obediencia sean más frecuentemente recompensadas que las oraciones de personas que viven una vida cristiana a medias. Eso tiene sentido bíblico. Por otro lado, sabemos que un hombre o una mujer que caminen en santidad están más llenos del Espíritu que una persona que tiene una vida cristiana tibia. Y resulta que el Espíritu es quien debe dirigir mis oraciones.

Porque cuando la Palabra de Dios nos dice en Efesios 5:18 "sed llenos del Espíritu," lo que me está diciendo es, literalmente, ser controlados por el Espíritu. Pues si estoy siendo controlado por el Espíritu, el Espíritu es el que controla mi vida de oración, y ese es el mismo Espíritu que escudriña la mente de Dios, de acuerdo a lo que Pablo escribió a los corintios. Pues tiene más sentido que la persona piadosa tenga más oraciones contestadas que la otra.

Por otro lado, hermanos, muchas veces Dios no nos da lo que estamos pidiendo porque Él sabe que yo no tengo lo que se requiere para administrar las bendiciones que Él quisiera darme, pero que yo no puedo recibir. Déjame ver si lo explico con algo que Cristo mismo enseñó. Cristo estaba hablando del siervo fiel y el siervo infiel, de cómo no podemos servir a dos señores, entre Dios y el dinero. En ese contexto, Cristo dice: "Pues si tú eres infiel con las cosas de este mundo, ¿cómo se te confiarán las bendiciones venideras, o las riquezas en gloria?" —dependiendo de la traducción que tengas.

En otras palabras, el Señor te dice: "Yo he visto tu vida; he visto cómo administras tu tiempo, cómo administras tus prioridades, cómo administras las cosas materiales que han llegado a ti, cómo administras tus privilegios, tus derechos, la posición que te he dado, y sabes que no has sido confiable. ¿Cómo piensas que cuando ores, yo te voy a bajar riquezas del cielo y ponerlas en tu mano, cuando ni siquiera puedes manejar las que están aquí en la tierra?" Tiene más sentido que cuando el hombre piadoso o la mujer piadosa ora, Dios diga: "Este hombre o esta mujer está mejor equipada para administrar mis riquezas en gloria" —eso incluye dones, talentos, oportunidades y mil otras cosas— que este otro, por la vida que lleva y porque ya demostró que es fiel en la administración de las cosas de este mundo. Él está más inclinado a responder esa oración.

Todavía más: el hombre o la mujer piadosa, con mayor probabilidad, está caminando en la voluntad de Dios, y cuando tú caminas en la voluntad de Dios, tú oras la voluntad de Dios. Así es como es. Y si eso no fuera suficiente, recuerda que la semana pasada, a partir de un texto de Santiago, hablamos de que la condición de nuestro corazón afecta la eficacia de nuestra oración. Pues la condición del corazón piadoso del hombre o de la mujer obviamente tiene menos estorbo a la hora de orar que este otro que tiene una vida cristiana tibia.

Y habiendo enseñado todo eso, Santiago ahora se propone cerrar su texto diciendo: "Te dije que la oración de un hombre justo puede mucho; déjame darte un ejemplo de la misma Biblia," lo que yo he tratado de hacer con otros pasajes. Entonces Santiago dice: "¿Recuerdas al profeta Elías? ¿Recuerdas cómo Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras?" En otras palabras, él no sobrepuso a Elías allá arriba como si fuera un superhéroe; no: Elías era uno como nosotros, de pasiones semejantes a las nuestras. Y Elías oró fervientemente para que no lloviera por tres años y medio, y no llovió; y luego Elías oró otra vez para que lloviera, y llovió. Esa es la ilustración de Santiago.

Ahora, si tú me preguntas cómo se dio eso, bueno, recuerda que Elías caminó con Dios. Y el Espíritu de Dios —que la Palabra dice en Filipenses que nos es dado para poner en nosotros el querer como el hacer— lo que hace todos los días es preguntarnos si respondemos a lo que el Espíritu está haciendo. Pero el Espíritu que Dios puso en mí para que yo tenga el querer y el hacer, lo puso en Elías, y Elías respondió al querer y al hacer de ese Espíritu, y oró conforme a la voluntad de Dios, porque ya Elías había sido movido a tal oración.

Esto es consistente, hermanos, con lo que el Salmista escribe en el Salmo 37:4. Escucha, dice: "Pon tu delicia en el Señor" —otros textos dicen "deléitate en el Señor." Déjame parar ahí. "Pon tu delicia en el Señor." La pregunta es: ¿qué va a pasar después? "Y Él te dará las peticiones de tu corazón." Cuando el Señor sea tu deleite, cuando no haya nada por encima del amor y la pasión que tú tienes por el Señor, cuando no haya nada en tu vida, en tu mente, en tu corazón que compita con lo que es Dios, entonces los deseos del corazón de Dios bajarán y pasarán a ser tus deseos, y entonces Dios concederá las peticiones de tu corazón, porque ahora tu corazón palpita por las cosas que palpita el corazón de Dios. De manera que las cosas que están en la mente de Dios son las que están en tu mente, lo que hace mover al corazón de Dios es lo que hace mover al tuyo, y ahora, entonces, cuando tú oras, tus oraciones son poderosas y son eficaces, y Dios te está dando los deseos de tu corazón.

¿Entendieron? Y ahora, hacia el final, para cerrar como broche de oro: si queremos entender bien cómo funcionan las oraciones, primero está 1 Juan 5:14, que dice que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Deja que haga el micrófono. No porque yo lo dije, sino porque Juan lo escribió. Es que Juan como que dice: "Ya no hablemos más." Que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye.

Hermanos, tú sabes qué ocurre. Cuando nosotros vamos a orar, frecuentemente —yo quiero decirte esto lo más pastoralmente posible, pero tengo que decirlo—, pastor, ¿y cómo es que lo sabe? Pero recuerda que yo fui de una manera y hoy no soy de esa manera. Yo viví experiencias que luego te cuento desde aquí. Yo no nací en lo celestial, yo nací en el mundo caído, con pensamientos caídos y deseos caídos. Frecuentemente nosotros vamos a orar y es la carne la que ora. Cuando en realidad es mi espíritu el que tiene que entrar en comunión con Dios.

Y esta es la razón, hermanos: cuando nosotros vamos a orar con Dios, no entren rápido. O sea, pausa unos segundos y trata de posicionar tu mente, tu corazón, a ver si tu espíritu tiene comunión con Dios. No puedo dejar que la carne ore, porque mi carne dice —Pablo lo dijo— no hay nada bueno. Mi carne nunca ha deseado una sola cosa de las ofertas de Dios, una sola no la ha deseado y no la va a pedir. Mi carne nunca ha creído una sola de sus promesas, ni siquiera la quiere. Mi carne nunca ha disfrutado una sola de las dádivas de Dios. La carne no cree en promesas, porque ella sabe que no va para aquel lado. "Yo me quedo de este lado; lo que tú me vas a dar, dame lo aquí abajo."

Pero mi espíritu es el que tiene vida en la presencia de Dios, y Dios nos ha dado todo lo que nosotros necesitamos para llevar a cabo su propósito. Pero nosotros nos pasamos la vida cavando cisternas que no retienen agua, y seguimos sedientos e insatisfechos. El hermano sabe por qué es eso. Escúchame, trata de figurarte —creo que quizás producción puede ayudar ahora—: trata de imaginarte tu vida como un triángulo, ¿ok? Y en ese triángulo imagínate que tú puedes poner todo el mundo entero. Que es imposible, pero imagínatelo: el mundo entero que tú lo metes dentro del triángulo de tu vida. Tú sabes qué pasa: que todavía hay ángulos que están clamando atención, porque el mundo entero no puede satisfacer lo que tu vida es y para lo que tu vida fue creada.

Y esos tres ángulos que están ahí clamando atención son tu alma clamando atención para que la alimentes, no con la chatarra del mundo, sino con cada palabra que sale de la boca de Dios, y la alimentes en oración y en comunión con Él, y de rodillas. Hermano, yo fui creado para vivir en comunión continua con Dios. Yo fui creado para la vida espiritual, y cuando me perdí en la vida terrenal, me rescataron para esa misma vida espiritual. Por eso Dios les revela a los israelitas que estaban pidiendo lo que el mundo les da —los ajos, el ajo, las cebollas y todo lo demás—, y les estaba diciendo: "Yo te saqué de aquí, te dejé tener hambre, te dejé tener sed, para que tú aprendas que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."

Y esa es la razón, hermanos, por la que nosotros tenemos que orar oraciones extraordinarias, como las llamó Jonathan Edwards. ¿Qué son esas oraciones? Son esas oraciones que emanan del alma, de tu espíritu, porque tienen necesidades espirituales que el espíritu quiere ver llenadas, para que luego de ser llenados yo pueda vivir la vida cristiana de este lado de otra manera. Me ha traído esto a una conclusión que nos va a servir no solamente para cerrar esta idea final, sino como ilustración de lo que es la oración extraordinaria.

El apóstol Pablo escribe a los efesios, y en el capítulo 3, escucha cómo él comienza en el versículo 14: "Por esta causa" —esa es la frase que dio título a nuestra conferencia, "por esta causa"—: "Por esta causa, pues, doblo mis rodillas en oración ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra. Le ruego que Él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior." Que el Espíritu hace un trabajo en ustedes y los fortalezca, no en la carne, sino en su hombre interior. De manera que, Pablo, ¿para qué quieres que yo sea fortalecido y llenado del Espíritu de esa manera? "De manera que Cristo habite por la fe en sus corazones."

También ruego —escucha ahora—: "Que, arraigados y cimentados en amor, ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios." Pregunta: ¿para qué es que Pablo quiere que yo entienda mejor el amor de Cristo? ¿Cuándo es el afán de Pablo de que yo pueda entender la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo? ¿Qué es lo que va a hacer? ¿Saben lo que va a hacer? Lo que jamás ha podido hacer: va a poder vivir la vida cristiana que Pablo vivió.

¿Y cómo llego yo a eso? Porque Pablo lo declaró de una manera exuberante y muy breve en 2 Corintios 5:14. ¿Sabes qué es lo que Pablo dijo? "Si tú quieres saber el secreto de mi vida, ¿por qué vivo como vivo? ¿Por qué doy lo que doy? Este es el secreto: el amor de Cristo me constriñe." ¿Qué quiere decir eso, pastor? En el original implica: el amor de Cristo me controla, el amor de Cristo me gobierna, el amor de Cristo me mueve. El amor de Cristo me pegó contra la pared y no me dejó ninguna otra opción que servirle como le estoy sirviendo.

Cuando llegué a comprender que Dios Padre dio a su Hijo, que Dios Hijo dio su vida y luego enviaron al Espíritu a morar conmigo —a un hombre pecador, perseguidor de la iglesia, que estaba perdido en delitos y pecados, que estaba en la oscuridad de la mente entenebrecida— que Dios haya dado a su Hijo por tal persona... La grandeza de ese amor me ha obligado, me ha motivado, me ha empujado a vivir como vivo. Por tanto, yo oro —dice Pablo—: "Yo doblo mis rodillas y le oro para que puedan entender cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Cristo, para que puedan vivir la vida cristiana que Dios quiso que viviéramos nosotros."

Esa es la razón. La carne no va a pedir eso, y eso no se pide con tres minutos al día de oración, ni corriendo. Es el espíritu el que entiende, el que entra en comunión, y al entrar en comunión con Dios entiende qué es lo que necesita. Las añadiduras —que son lo que la carne necesita para subsistir en este lado mientras ya vamos de paso— Dios dice: "No te preocupes por ellas, por lo que vas a comer, lo que vas a beber, lo que vas a vestir. Déjame eso, que Yo me encargo."

Padre, gracias. Gracias por tu Palabra. Gracias porque tu Palabra nos enseña, nos abre los ojos, nos estimula, nos convence. Señor, en la congregación probablemente hay personas que están en dolor, en sufrimiento. Mi consejo, hermano, hermana, es que ore. Le pida a Dios que te dé la sabiduría que tú necesitas para ver cómo orar, y que te dé la gracia que tú necesitas para sostenerte fiel en la tribulación. Pero quizás tú estás en un buen tiempo; quizás otro no está en un buen tiempo. Pues canta alabanzas a Dios, que no se te vaya el tiempo en simplemente viajar y pensar. No, no: canta, Dios, dale gracias a Dios con canciones alegres, diciéndole cómo le das gracias y cómo seguirás confiando en Él.

Pero quizás en esta mañana Dios te reveló que hay alguna enfermedad física o del alma en la que tú estás padeciendo como fruto de pecado. Hermano, encuentra la forma de hablar con Dios, de confesarle a Él, y quizás un pastor, quizás un líder de la iglesia, habla, confiesa tu pecado, que ore por ti, que otros oren por ti, para que seas restaurado, para que seas sanado, hermano. Dejemos de pedir por estas nimiedades del día a día.

Señor, quizás hay alguien aquí, Padre, que necesita fe porque no la tiene. Yo te pido que tú le abras los ojos y le permitas ver cómo había uno más entre las llamas, como aquellos tres amigos de Daniel; que le permitas ver cómo había uno más sobre las aguas, cuando Cristo se apareció caminando sobre ellas, para que podamos entender, oh Dios, que no importa el tamaño de las olas cuando Cristo está en la barca o al lado de ella, que no importa el calor de las llamas cuando Cristo está en medio de ellos. Señor, danos hombres y mujeres que oren a la altura de nuestros tiempos.

Estos no son tiempos comunes y corrientes. Estos no son tiempos para jugar al cristianismo. Son tiempos para hombres entregados que hayan entendido el amor de Cristo hasta el punto que los obligue, y que luego no quieran hacer ninguna otra cosa que no sea vivir para tu causa. Señor, ayúdanos. Que entendamos que la fe, la confianza y la oración son lo que nos permite pasar por las tormentas difíciles de la vida. Señor, inyecta en tu pueblo, en su mente, la convicción de que Tú eres lo único que necesitamos para llegar triunfantemente al final, y que si pudiéramos tener todo pero no te tenemos a Ti, todavía no tenemos nada. Haznos recordar que nuestras batallas se pelean de rodillas, y que nosotros ganamos o perdemos la batalla en nuestras rodillas. Oh Dios, danos de esa convicción.

Y ahora aquí, al cantar, que esa canción sea una oración cantada. Que podamos aplaudir si queremos, pero para Dios, porque todo el crédito y todo el honor y toda la gloria son para Ti, mi Señor, en Cristo Jesús. Amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.