IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Las riquezas terrenales poseen un poder engañador que primero seduce y luego embriaga el corazón humano. En 1923, nueve hombres controlaban más riqueza que el gobierno estadounidense; todos terminaron en quiebra, locura, prisión o suicidio. Este patrón no es accidental: el dinero hace algo en el corazón, no simplemente puede hacerlo. El rey Salomón ilustra perfectamente esta realidad. Cuando Dios le ofreció cualquier cosa, pidió solo sabiduría para gobernar al pueblo, y Dios, complacido, añadió riquezas incomparables. Sin embargo, ese mismo hombre centrado en Dios terminó adorando dioses paganos e introduciendo en Israel el sacrificio de niños a Moloc. Si Salomón con toda su sabiduría perdió el rumbo, ningún corazón está a salvo.
Santiago advierte tanto al hermano pobre como al rico: el primero debe gloriarse en su posición exaltada en Cristo, no quejarse de su carencia; el segundo debe considerarse en humillación, reconociendo que al pie de la cruz el terreno está nivelado. El problema surge cuando el rico acumula sin bendecir a otros, cuando las ropas se las comen las polillas y el oro se llena de óxido por guardarlo en vez de compartirlo. Peor aún cuando las riquezas provienen de retener el salario del jornalero, un clamor que llega a los oídos del Señor de los ejércitos.
Cristo fue claro: no se puede servir a Dios y a las riquezas. La búsqueda del éxito y el dinero como prioridad desplaza a Dios del primer lugar. Como enseña Proverbios 30, tanto la carencia como la abundancia prueban el corazón. La única manera de romper el poder del dinero es profanándolo, regalándolo, usándolo como canal de bendición. Cuando Dios es nuestra única visión y Cristo nuestro único tesoro, la vida se realinea inmediatamente.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Yo quisiera, a manera de introducción a mi mensaje, leerte un reporte de nueve hombres considerados en el año 1923, hace cien años, como los nueve hombres más ricos del mundo. La totalidad de su riqueza era mayor que la riqueza del gobierno norteamericano en ese momento. ¿Te imaginas cuánto dinero poseían estas personas? Yo quiero leerte realmente cómo terminaron, porque está intrínsecamente relacionado al mensaje de esta mañana.
Número uno: el presidente de la entonces mayor empresa siderúrgica, Charles Schwab, vivió de capital prestado durante cinco años antes de morir en la quiebra. Número dos: el presidente de la entonces mayor compañía de gas, Howard Hopson, perdió la razón. Número tres: uno de los mayores comerciantes de materia prima, considerado un especulador del trigo, Arthur Cutten, murió insolvente. Número cuatro: el entonces presidente de la Bolsa de Nueva York, Richard Whitney, fue enviado a prisión. Número cinco: el miembro del gabinete del presidente de Estados Unidos, Albert Fall, fue indultado de la cárcel para poder regresar a su casa y morir en paz. Número seis: el mayor oso de Wall Street, Jesse Livermore, se suicidó. Número siete: el presidente del entonces mayor monopolio del mundo, Ivar Kreuger, se suicidó. Número ocho: el presidente del Banco de Pagos Internacionales, Leon Fraser, se suicidó. Y número nueve: el presidente de la mayor empresa de servicios públicos, Samuel Insull, murió sin un centavo.
Aquellos que trabajan cerca de mí, algunos de ellos, me han oído decir en varias ocasiones que no me gusta el dinero. No me gusta hablar de él, no me gusta tener que manejarlo. Y algunos me han preguntado por qué, y la razón es sencilla y la acabamos de ver en las vidas de estos hombres: por lo que el dinero hace en el corazón humano. No lo que puede hacer, lo que hace. La pregunta es: ¿a qué grado? ¿Tú puedes creerme eso? No, pero eso es una realidad.
En esta mañana, el título de mi mensaje es justamente algo muy relacionado a lo que acabamos de leer, y es: el poder engañador de las riquezas terrenales. Mi título original era "el poder embriagador de las riquezas terrenales", pero luego pensé que el dinero primero nos engaña, o la riqueza nos engaña, y luego nos embriaga. Y por eso me quedé con el título del poder engañador del dinero. Somos engañados a tal punto que creemos que cosas que le han pasado a otros, a nosotros de seguro no nos van a pasar.
Mi mensaje de hoy está basado en dos textos de la carta de Santiago: uno en el capítulo primero, que habíamos dejado atrás a propósito a través de los versículos, que lo vamos a recoger ahora, y lo vamos a conectar con seis versículos de la carta de Santiago capítulo cinco, donde sí ya continuamos hasta el final de la carta. Santiago nos deja ver que el problema con las riquezas terrenales no es simplemente la tenencia de las mismas, es lo que ellas hacen en nosotros, es la manera como frecuentemente adquirimos dichas tenencias, esa adquisición y aún la administración de esos bienes.
Y yo creo que la Biblia nos ha dejado el testimonio que todos ustedes conocen de un hombre, un hombre que en un momento dado estaba centrado en Dios, un hombre que en ese momento estaba pensando piadosamente, a quien Dios se le apareció en una ocasión, habló con él de manera personal. Tuvo el privilegio de ver y de conversar con Dios, y a quien Dios le dijo: "Me he agradado, he descendido hasta ti y te voy a dar la oportunidad de pedirme lo que tú quieras." Y este hombre que estaba pensando tan correctamente, piadosamente, a Dios solamente le dice: "Entonces, Señor, yo te quiero pedir una sola cosa."
Escucha el texto de 2 Crónicas capítulo 1, versículos 11 al 13: "Y dijo Dios a Salomón: Por cuanto esto estaba en tu corazón y no has pedido riquezas, ni bienes, ni gloria, ni la vida de los que te odian, ni aún has pedido larga vida, sino que has pedido para ti sabiduría y conocimiento —ni siquiera para ti, para ti sabiduría y conocimiento— para poder gobernar a mi pueblo sobre el cual te he hecho rey, sabiduría y conocimiento te han sido concedidos." Como que Dios estaba diciendo: "Vas a tener sabiduría, vas a tener conocimiento, y ahora que estás pensando piadosamente, tú vas a poder manejar esto que te voy a dar. También te doy riquezas y bienes y gloria, tales como no las tuvieron ninguno de los reyes que fueron antes de ti, ni los que vendrán después de ti." Salomón salió del lugar alto que estaba en la tienda de reunión en Gabaón a Jerusalén, y reinó sobre Israel.
Este es un hombre que en este momento estaba centrado en Dios. Este es un hombre que entendía en ese momento que si tienes a Dios lo tienes todo; si no tienes a Dios, no tienes nada. Y lo único que deseaba era algo que incluso ni siquiera era para él. Lo iba a recibir él, pero para entregarlo a los suyos: la sabiduría para poder manejar al pueblo de Dios. Dios estaba tan complacido con tal petición que le dijo: "Mira, te voy a dar eso, pero también te voy a agregar todo lo demás: la gloria, sabiduría, dinero, riquezas."
Y este hombre se lanza por la vida y acumula entonces oro y plata, una armada naval que para ese entonces era impresionante. Y sigue acumulando, y desarrolla la agricultura y las artes. Y como si todavía no tuviera suficiente, acumula como unas mil mujeres que llevaron al rey Salomón, centrado en Dios, a adorar dioses paganos. Y Salomón introduce a Israel la adoración del dios pagano Moloc. Y luego Israel termina sacrificando a sus hijos a este dios. Algo que, anterior a que Salomón subiera al poder, aquellos que hubiesen sacrificado sus hijos a un dios hubiesen sido muertos, apedreados, o de alguna otra forma, pero merecían la muerte. Y ahora, sin embargo, era una práctica más o menos común y aceptada en Israel, porque Salomón, el hombre que le pidió a Dios solo sabiduría, cuando recibió riquezas perdió la cabeza también.
Y pensamos: "Sí, pero yo no soy como Salomón." No, yo sé, no tienes su sabiduría de seguro. Pero leemos las historias y no pensamos que tu corazón y el mío son como el de él. Salomón desarrolló su reino de manera extraordinaria y desde el punto de vista humano fue un hombre de éxito. Si tú lees Eclesiastés, todo lo que él dice que hizo, que acumuló, es impresionante. Pero al mismo tiempo hay una porción entre el capítulo uno y el capítulo dos de Eclesiastés donde, si tú te fijas en los pronombres, veintiuna veces Salomón dice: "Yo hice", "mío esto", "mío aquello", "lo hice para mí." Se volvió completamente egocéntrico, pero estaba viviendo el síndrome del éxito.
La revista Omni de Estados Unidos, en el año 1991, publicó un artículo que se llamaba "El síndrome del éxito." Y esta gente secular pudo resumir el síndrome del éxito como en tres síntomas, o en tres consecuencias, o en tres palabras que en inglés todas comienzan con la letra A. Yo traté de que fuera algo parecido en español, de manera que estas son las tres palabras del síndrome del éxito: aislamiento, lo que implica que la persona pudiera estar sola o sentirse sola a pesar de tener gente a su alrededor; aventuras, en inglés sería "adventure seeking"; y adulterio. El éxito, de alguna manera, a esta gente en el mundo secular nos deja ver que involucra la emoción, los sentimientos, desenfoca al hombre, al ser humano, de tal forma que él termina por un camino por donde no había transitado anteriormente.
No es un accidente, ni es una expresión poética ni hiperbólica cuando Cristo dice: "No puedes servir a dos señores. No puedes servir a las riquezas y a Dios al mismo tiempo, porque vas a terminar amando a uno y odiando al otro, odiando a uno y amando al otro." Y básicamente lo que Cristo estaba diciendo es: si amas las riquezas, no es que me vas a odiar a mí necesariamente, pero cuando las prefieres, o cuando le das el primer lugar y yo ocupo el segundo lugar, es como que me estás odiando, porque has manifestado dónde está tu primer amor.
Yo creo que todo lo que hemos dicho hasta el momento nos va a ayudar a entender mejor por qué Santiago está diciendo lo que está diciendo en aquello que les voy a estar leyendo. Yo quiero entonces, de los dos pasajes, verlos por separado. Ellos están relacionados, pero enfocan el problema desde dos ángulos diferentes. De manera que comencemos con Santiago capítulo 1, versículos 9 al 11: "Pero que el hermano de condición humilde se gloríe en su alta posición, y el rico en su humillación, pues él pasará como la flor de la hierba. Porque el sol sale con calor abrasador y seca la hierba, y su flor se cae, y la hermosura de su apariencia perece. Así también se marchitará el rico en medio de sus empresas."
Aquí es donde Santiago está aludiendo. Bueno, él compara dos hermanos. Aparentemente estas personas son creyentes a las que él se está dirigiendo, porque él dice "el hermano de condición humilde" y el otro "al rico". Entonces así lo estamos tomando; yo creo que así lo toman la mayoría de los estudiosos de este pasaje. Le está hablando a un hermano de condición humilde, y la palabra traducida como "humilde" en el original pudiera referirse a alguien de un estrato social inferior. No es realmente porque sea muy pobre; pudiera referirse a una persona cuya actitud hacia la vida es una de humildad, o pudiera referirse a personas materialmente pobres. El hecho de que la comparación es con el rico creo que deja evidentemente claro que este hermano es alguien pobre materialmente.
Él hace una salvedad a ambos hermanos, y es que al hermano de condición humilde le aconseja que, por un lado, no se piense pobre materialmente aunque lo sea, que no se vaya a quejar de su carencia, sino que más bien él pueda pensarse en su condición exaltada porque él está en Cristo. Y si él es de lado de su vida Cristo, él está sentado en lugares celestiales con Cristo. Y más que enfocarse en lo que él carece, que piense mejor en sus privilegios. Alguien que cuando se sentó con Cristo en los cielos puede considerarse como hijo de Dios, perdonado por siempre, protegido por la mano de Dios porque estamos en sus manos y nadie nos puede arrebatar de ella, incapaz de ser separado del amor de Dios que es en Cristo Jesús, que tiene seguridad eterna, que va camino a la conformación de la imagen de Cristo en él y que va a terminar coheredando el reino de los cielos. Y por tanto Santiago le dice: aunque tú eres pobre acá abajo, tú eres una persona humilde, yo quiero que tú te enfoques en tu posición exaltada.
Por otro lado, Santiago le dice al hermano rico que no se sienta orgulloso por lo que tiene, que en vez de considerar su posición exaltada en la sociedad, la posición y la condición, la actitud más bien que a él le toca es una de humillación. De tal forma que cuando el pobre se considera en Cristo y el rico considera que él también está en Cristo, pues el pobre no se va a sentir inferior y el rico no se va a sentir superior, porque ellos están los dos en Cristo. Uno ha considerado su posición exaltada, el otro ha considerado su posición de humillación. Y el amigo de Santiago quiere hacernos entender que al pie de la cruz el terreno es nivelado para todo el mundo. No hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús, le dice Pablo a los Gálatas en el capítulo 3, versículo 28.
Pero Santiago sabe que aquellos que tienen están más inclinados a enorgullecerse de lo que tienen, porque tienen algo que mostrar. Y al mismo tiempo, el que no tiene no es que esté libre de orgullo, pero su lucha es menor porque él no tiene gran cosa que mostrarle a otros. Y por tanto la advertencia, no solamente en Santiago, a lo largo de toda la Biblia. Y no sé si ustedes se han percatado: este es un tema que permea toda la Biblia. En los primeros cinco libros de la Biblia, en el Pentateuco, Dios habla de manera repetitiva a aquellos que poseen y les habla de no abusar de los que no tienen, de cuidar del pobre, del huérfano, de la viuda, del extranjero. Luego cuando llegamos a los profetas encontramos la misma preocupación, la misma denuncia. Un profeta como Amós es considerado como el profeta de la justicia social, más bien de la justicia de Dios, y denuncia todos estos abusos. Se llega a Cristo y encuentro las mismas palabras, como lo vamos a ver en un momento.
Pero luego llega Pablo, al final de sus días, cuando él está escribiendo a Timoteo. No al final, pero ya bastante avanzado en su ministerio, cuando le escribe la primera carta a Timoteo, en el capítulo 6, versículos 17 al 19, le dice a Timoteo: "A los ricos en este mundo enséñales que no sean altaneros, orgullosos, arrogantes, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos." Dios da las cosas para que las disfrutemos, pero hay una manera de recibirlas, hay una manera de administrarlas, hay una manera de bendecir a otros con lo que nos bendice a nosotros.
Pero a pesar de todas esas advertencias, el cristiano vuelve y cae en la misma trampa por una razón. Hermanos, tenemos que admitir tú y yo: tenemos una carne, y a nuestra carne le gustan las cosas materiales. Aún más, aún los meros placeres de este mundo le gustan a nuestra carne. Si personificó la carne, diría: la carne sabe que no va para ningún otro mundo. O se goza aquí o no va a tener más gozo, no va a tener más diversión. De manera que ella quiere todo lo que este mundo tenga que ofrecerle. Y la carne disfruta también el ser distinguida por encima de otros: el doctor fulano de tal, el PhD de tal institución, o el profesor de equis institución. Y nos gusta pensar que estamos estudiando en las mejores instituciones. Todo eso le llena los ojos a la carne.
Santiago dice: nada de eso tiene ningún valor si tú entiendes a Dios y la vida. Y nos dice: tienes que morir a todo esto. Tú tienes que hacer como el apóstol Pablo, que se olvidó de lo que quedó atrás y murió a todo eso. En vista de la santidad de la persona que te redimió, en vista del juicio venidero, en vista de la temporalidad de toda la tierra, no solamente la riqueza de la tierra, por completo este es un planeta desechable. No sé si no lo han leído en la Biblia o dónde lo han leído. En vista de todo eso, la Palabra nos llama a tener otra perspectiva con relación a lo que tengo, lo que quiero, y con relación a los demás, como lo vamos a ver en un momento.
Santiago le dice, o le recuerda, que el rico se va a marchitar en medio de todas sus empresas, o de sus logros, o de sus ocupaciones. Es como: vas a trabajar, el trabajo te va a producir beneficios y vas a querer seguir haciéndolo hasta el final, porque el que tiene no se sacia, como bien dijo Salomón. Y quieres más y quieres más, pero te vas a marchitar en medio de todas tus ocupaciones. Te vas a marchitar de la misma manera que la flor se va a marchitar.
Y aunque nosotros pensemos que no tendríamos la oportunidad de ser corrompidos por la riqueza de este mundo, el testimonio de la Biblia es otro completamente diferente, porque tenemos a Salomón como ejemplo. El hombre sabio, cómo se ha ido, cómo terminó. Proverbios 30, del 7 al 9, nos da una enseñanza y una advertencia, pero nos deja ver... No sabemos si Salomón escribió Proverbios 30. Se supone que Salomón escribió la gran mayoría de los Proverbios, o quizás todos los Proverbios, con excepción del último que se atribuye a otra persona que está ahí mismo descrito. Pero ese no es el tema ahora. Pero si Salomón escribió Proverbios 30, entonces él en este momento estaba pensando muy bien.
Del 7 al 9: "Dos cosas te he pedido, no me las niegues antes que muera: aleja de mí la mentira y las palabras engañosas; no me des pobreza ni riqueza, dame a comer mi porción de pan." Pero ¿por qué no te puede dar algo más que eso? "No sea que me sacie y te niegue, y te ignore, o me olvide de ti, o descanse en otras cosas, y diga: '¿Quién es el Señor?' O que sea menesteroso y robe, y profane el nombre de mi Dios."
El autor de Proverbios conocía que tanto la carencia como la abundancia son experiencias que prueban el corazón humano. Ambas cosas de manera distinta, pero ambas cosas son experiencias que ponen a prueba el corazón humano. La carencia te puede llevar a robar, y de repente tú piensas que aunque es ilegítimo lo que vas a hacer, tú tienes una necesidad que tú entiendes, y que puede ser que sea legítima. Pero tú entiendes ahora que Dios no va a aplaudir ni aprobar el que tú llenes esta necesidad legítima de una forma ilegítima, porque Él nos conoce y Él sabe que tenemos necesidades. Y dice: no, no, que tengas carencia, no, no robarás. Si te vas a quejar de algo, no es de lo que no tienes, porque yo soy el Soberano que he determinado que de alguna manera pases por esa experiencia. Pero en este caso, mejor reconoce la pobreza de tu corazón y arrepiéntete.
Por otro lado, la riqueza también te puede llevar a la codicia de tu corazón, y el que tiende a hacerlo más, de hecho, porque habiendo adquirido mucho, ahora quiere más para disfrutar más. Y cuando consumes una parte de lo que has adquirido, quieres volver a reemplazar lo consumido porque tienes temor de que eso siga descendiendo. Y es por eso que yo creo que las riquezas terrenales primero nos engañan, y luego, cuando comenzamos a consumirlas, nos controlan. Y ahora nosotros ni siquiera pensamos correctamente, y de repente ninguna cantidad es suficiente.
Ahora, las riquezas en sí mismas no son pecaminosas. De lo contrario, Dios no se las hubiese dado a Salomón. Dios le dio enormes riquezas y gran sabiduría, pero aun así perdió el rumbo, perdió la cabeza, se olvidó de Dios. De hecho, adoró dioses ajenos. Hermanos, con el corazón más pastoral que yo pueda decirte: el éxito por un lado y las riquezas en sí no son pecaminosas, pero buscarlas es completamente pecaminoso a la luz de la Palabra. Cristo nos dijo: "Busca primero el éxito y todo lo demás te será dado por añadidura." ¡No! "Busca primero el reino de los cielos y todo lo demás," donde está localizado el éxito y las riquezas, "te será dado por añadidura." Si Dios te da el éxito y si Dios te da las riquezas, bueno, pues a Dios le damos las gracias. Pero la búsqueda de eso hace que Dios no sea mi primera búsqueda, y me convierte entonces en un hombre que camina, un hombre pecador redimido pero pecador, que está caminando por caminos tortuosos.
Y sin darnos cuenta, de repente, ya sea tácitamente o audiblemente, comenzamos a ufanarnos de lo que tenemos. Y cuando nosotros hacemos eso, ponemos de manifiesto que Dios no es nuestro mayor valor. Porque cuando Dios sea nuestro mayor valor, Él será eso en quien nosotros vamos a ufanarnos. De hecho, eso viene, es tan viejo como el Antiguo Testamento. Jeremías dice: que no te gloríes en el poder, no te gloríes de nada, de lo que eres, de lo que tienes, de lo que alcanzaste. Si te vas a gloriar, gloríate en una sola cosa: de que conoces a Dios y le entiendes.
Cuando confiamos en los acumulados para asegurar nuestro futuro —con lo cual no estoy diciendo que el ahorro o la inversión es incorrecto o pecaminoso— pero cuando yo me siento seguro, cuando he garantizado mi futuro con el ahorro y la inversión, yo demostré quién es mi dios, quién es mi búsqueda primaria, dónde está mi confianza, aunque mis labios pronuncien otra cosa. Porque si para garantizar mi futuro yo necesito lo que otros tienen, entonces los pobres no tienen por qué confiar su futuro a Dios, porque ellos no tienen. Y tanto el hermano pobre como el rico debieran sentirse tranquilos, asegurados por el Dios que entregó a su Hijo por él.
Luego de Santiago hablarle al hermano humilde y al hermano rico, Santiago explica por qué la condición de un cristiano no debe hacerlo sentir superior al otro. Ya lo leímos, pues él, ese cristiano, pasará como la flor de la hierba. Porque el sol sale con calor abrasador y se cae la hierba, y su flor se cae, y la hermosura de su apariencia perece. Eso comienza a pasar, las cosas comienzan a caerse, no solamente en sentido general, pero en sentido literal. Tú sabes, se cae el pelo, se caen las mejillas, todo se cae. Tú lo sabes, no tengo que describírtelo. Y la hermosura se pierde, la vez de mundo, la vez de cuerpo pasajero. Así también se marchitará el rico en medio de sus empresas, o de sus logros, o de sus afanes.
El salmista pensaba exactamente igual cuando escribió el Salmo 103:15-16: "El hombre, como la hierba son sus días; como la flor del campo, así florece. Cuando el viento pasa sobre ella, deja de ser, y su lugar ya no la reconoce." Tanto el salmista como Santiago están reconociendo el peligro de tú poner tu confianza en las cosas de este mundo, las cosas terrenales, en los logros de este mundo, en la vida misma. Hermano, no tienes garantía de que vas a vivir ni siquiera tal día de mañana.
En esta mañana nosotros recibimos la noticia de que nuestro hermano George Abu lamentablemente pasó a la presencia —afortunadamente pasó a la presencia del Señor. Dije "lamentablemente" porque no sabíamos cuándo era para poder haberle dado una despedida jubilosa, verdad, cosa de júbilo. Pero allá yo lo vi, estaba viéndolo como paciente, le dijimos que el lunes le damos de alta, o sea mañana, y no llegó ni siquiera al día de hoy. Está en mejor lugar, está disfrutando, está en gozo.
Pero ya me dirás que en otra ocasión yo estaba hablando con una persona, ex muy conocida de la sociedad, estaba en un centro médico de aquí de la ciudad. Y él me dice en la mañana temprano, nos llevábamos más o menos bien, me dice: "Miguel, sácame de aquí, te voy a intensivo." Y me dice: "Don Fulano, la única razón para que usted esté en intensivo es porque usted es don Fulano. De lo contrario hubiera sido fuera. De manera que vamos a ver, si después que lo hacen eso, pues lo pueden sacar a una habitación." En eso la enfermera viene: "Mi doctor, ¿te podríamos ver un poquito? Porque yo necesito voltear a don Fulano junto con la otra enfermera para hacer no sé qué cambio." Cuando lo voltearon, paro cardíaco, y ahí se quedó. No conocía al Señor.
En vista de la temporalidad de la vida, de lo poco seguro que tienes en esta vida temporal, ¿qué clase de vida debiéramos vivir? Eso es exactamente lo que Pedro dice en su segunda carta, capítulo 3, versículos del 10 al 18 más o menos. Nos dice: en vista de que todo lo que tú ves va a desaparecer —y Pedro se refería a todo el universo físico, en vista de que eso se va a ser consumido por fuego— Pedro nos exhorta entonces a vivir una vida excepcionalmente santa. ¿Vivirías distinto hoy si tuvieras que creer que Cristo viene mañana a las siete de la mañana? ¿O si vendría esta noche? ¿O si vendría el próximo domingo? ¿Vivirías la próxima semana diferente? Porque de la forma que tú vivirías la próxima semana si Cristo viniera el domingo, es como debieras vivirla. Porque aunque no llegue, él está con nosotros, y su reino ha sido inaugurado en tu corazón y el mío, y él te ha reclamado como suyo desde el momento que pusiste tu confianza en él.
Teniendo eso como introducción, entonces Santiago nos habla en el capítulo 5 de un tema muy parecido. Y estas palabras de Santiago en el capítulo 5 son mucho más severas. No está claro si Santiago en el capítulo 5 le está hablando a ricos cristianos o a ricos incrédulos. Las opiniones están divididas más o menos en 50 y 50. A mí se me hace difícil pensar que estas palabras son para ricos creyentes, porque en el versículo 4 Santiago habla de que han vivido en medio del placer desenfrenado, y no creo que una vida de placer sin control sea una vida compatible con un creyente. Pero de todos modos, esto es lo que la Palabra dice, y quisiera invitarte a que lo veamos juntos.
En Santiago 5:1-6: "Oigan ahora, ricos, lloren y aúllen por las miserias que vienen sobre ustedes. Sus riquezas se han podrido y sus ropas están comidas de polilla. Su oro y su plata se han oxidado; su herrumbre será un testigo contra ustedes y consumirá su carne como fuego. En los últimos días han acumulado tesoros. Miren, el jornal de los obreros que han segado sus campos y que ha sido retenido por ustedes, clama contra ustedes; el clamor de los segadores ha llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Han vivido lujosamente sobre la tierra y han llevado una vida de placer desenfrenado; han engordado sus corazones en el día de la matanza. Han condenado y dado muerte al justo; él no les hace resistencia."
¡Wow! Santiago le está diciendo a esta gente —que como dije, eran quizás ricos cristianos, es difícil pensarlo por las cosas que dice, o quizás eran ricos incrédulos— pero de todas maneras Santiago está consciente que aun si no eran miembros de las congregaciones a las que él se estaba dirigiendo, la realidad es que los miembros de estas congregaciones, como nosotros, tenemos un corazón caído, capaz de ser seducido por las cosas de este mundo. Y no tenemos un corazón superior al de Salomón, y si Salomón en toda su sabiduría se desvió, tú y yo tenemos la misma capacidad de desviarnos y descargarnos. Y de todas formas entonces, lo que él tenga que decir a este grupo de personas es válido para todos nosotros.
Sobre todo que nosotros, cuando pensamos en alguien rico, siempre pensamos en alguien que tiene más que nosotros. Si te vas entonces a ciertos lugares del planeta, hay múltiples iglesias que nominarían a nosotros como ricos, a cada uno de nosotros, y nos considerarían extremadamente ricos. De manera que a todos nos sirve el sombrero.
Santiago comienza diciendo, anuncia el juicio que viene: "Oigan ahora, ricos, lloren y aúllen por las miserias que vienen sobre ustedes." En otras palabras, hay un guacho, hay un guacho que viene, hay un día de juicio donde las cartas se van a poner sobre la mesa y ahí vamos a tener que rendir cuentas.
Ahora, Santiago no lo deja en el anuncio del juicio, sino que al mismo tiempo revela la razón del juicio. Y es lo que nosotros comenzamos a leer entonces en el versículo 2 y 3: "Sus riquezas se han podrido y sus ropas están comidas de polilla." Ese es un problema. "Su oro y su plata se han oxidado; su herrumbre será un testigo contra ustedes y consumirá su carne como fuego." Ese es un problema. "Es en los últimos días que han acumulado tesoros."
Aparentemente este grupo de personas, en vez de ser generosos con la abundancia de lo que habían recibido, lo habían retenido hasta el punto que las ropas, en vez de regalarla a gente que estaba en necesidad, se las estaban comiendo las polillas, y el oro y la plata se estaban llenando de herrumbre. Y entonces Santiago como que personifica las riquezas y dice que esa plata y ese oro lleno de óxido, y la ropa, perdón, comida de polillas, que esas cosas serán su testigo en contra, versículo 3. Porque ellas van a testificar contra ustedes, dice Santiago. Es el primer testigo que lo lleva a juicio, es como si en el día del juicio estas cosas materiales fueran personificadas y dijeran: "Estamos en esa condición porque nos guardaron por mucho tiempo y no nos dieron uso."
Hermanos, guardar en vez de bendecir a otros no complace a Dios. A gente en necesidad de todo tipo, no complace a nuestro Dios el que nosotros tengamos esta actitud de corazón: "No, algún día yo lo puedo necesitar." No, hoy hay gente que la necesita. Santiago dice: "Bueno, mira, este es tu primer testigo acusador: la herrumbre del oro y de su plata, eso va a hablar contra ustedes." Que es como una ilustración, verdad, de lo que pudiera, cómo lo pudiera lucir el día del juicio.
Pero Cristo —yo les dije que este tema que estamos tratando permea toda la Biblia, desde el Pentateuco hasta el final— Cristo habló en contra de la acumulación. Dice: "No acumuléis para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre" —el mismo lenguaje de Santiago— "donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde los ladrones minan y roban; sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde los ladrones no penetran ni roban."
Santiago muestra la maldad de este grupo de personas ahora. El versículo 4, el problema es ahora no solamente cómo acumulan sin bendecir, es cómo acumularon. Versículo 4: "Miren, el jornal de los obreros que han segado sus campos y que ha sido retenido por ustedes, clama contra ustedes." Ahora otra vez aquí el jornal fue personificado. Ese jornal es el segundo testigo contra ustedes. Ese jornal retenido clama contra ustedes. Ustedes han hecho dinero a base de la injusticia cometida contra otros.
Al final del primer culto vino una persona muy cercana a nosotros y me dijo: "Pastor, lo que va a predicar, esa misma cosa me está pasando a mí, estoy en esta condición." Y esta persona ha rehusado pagarme mi jornal, por así decirlo, pagarme lo que me debe. Y me dijo esto, me dijo aquello. No es un obrero, pero es el mismo corazón. Es el mismo corazón de hace dos mil años.
Y no sabemos con exactitud en qué consistió esa retención del salario, pero pudiera ser que ellos pagaron el jornal después de retenerlo: "Te pago en 30 días, en 60 días, en 90 días." Sí, pero quizás lo tiene guardado, y quizás lo tiene ahí haciendo interés, pero yo lo necesito hoy para comer. Y de hecho, esa retención de esa manera, la ley habla en contra de ella.
Levítico 19:13, Deuteronomio 24:14-15 condenan ese tipo de retención. Quizás fue que acordamos un precio por tu mano de obra y te pagamos otro, eso es injusto. O quizás simplemente que rehusaron pagar lo que ya el trabajo que ya se había hecho. Y Proverbios 17:24, Jeremías 22:13 van a hablar en contra de eso. Este tema permanece en toda la Biblia: el jornal retenido clama contra ustedes.
Entonces, ¿cuál es el problema? A la luz de la Palabra, no es solamente que el jornal por así decirlo clama contra ustedes, es que Dios lo vio y lo escucha. El salmista nos dice en el Salmo 69:33 que el Señor oye a los necesitados. Yo les dije a esta hermana: recuerda lo que dijimos, el Señor oye al necesitado. Clama a Dios, Él lo va a oír. ¿Cómo Él va a responder? Yo no sé, pero clama a Dios. Y el Salmo 109:31 nos dice que Dios está a la diestra del pobre para salvarlo de los que juzgan su alma. La razón para que Dios tenga que estar a la diestra del pobre es porque el Señor sabe que el pobre no tiene quien lo defienda. El que tiene cierta posición en la sociedad tiene amigos, tiene familiares, tiene conexiones, y cuando no las tiene, las compra. Pero el pobre no tiene quien abogue por él. Yo puedo contratar un abogado de cierta calidad, pero al pobre le asignan uno que el Estado paga y que no va a ganar ningún dinero por su trabajo. De manera que alguien más tiene que defenderlo. Dios dice: "Yo oigo a los necesitados", "Yo estoy a la diestra del pobre para defenderlo".
Y en el versículo 4b Santiago escribe: "El clamor de los segadores ha llegado a los oídos del Señor de los ejércitos." Él habla por un lado de los jornales de los obreros, y luego más adelante ahí mismo habla de los segadores. Quizás es una forma diferente de decir lo mismo, pero eso también dice el texto: que ha llegado a los oídos del Señor. Y si llegó a los oídos del Señor, Él va a prestar atención. Recuerda que cuando el pueblo hebreo estaba en Egipto, la mayoría de esa gente no era creyente. De hecho, en el desierto se iba a probar que la gente no era creyente, la mayoría de ellos. Sin embargo, cuando ese pueblo clamó, Dios lo oyó y Dios hizo algo, y Dios intervino.
Porque eso es exactamente lo que Dios le dice a Moisés cuando se encuentra con él en la zarza ardiente, y le dice en Éxodo 3, por ahí el versículo 7 y 8: "Y el Señor dijo: Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor" —aquí viene— "a causa de sus capataces, sus jefes." La opresión: quería más ladrillos pero no les estaba dando más comida ni más dinero. "Pues estoy consciente de sus sufrimientos, así que he descendido para librarlos de la mano de los egipcios y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, una tierra que mana leche y miel." Y Dios intervino, y Dios obró, y Dios los sacó. De manera que Dios probó ahí, por así decirlo, que lo que el salmista dice es cierto.
Primero el testigo: todos los que han acumulado se está pudriendo, la ropa se la están comiendo las polillas, el óxido está afectando, se le está oxidando el oro y la plata. Hermanos, esa es una de las quejas. Tú conoces la queja que todo el mundo ha oído por años en contra de Sodoma y Gomorra. Sin embargo, la gente no sabe que ese no es el pecado. La homosexualidad no fue el único problema que Dios tenía con la ciudad de Sodoma y Gomorra. Ezequiel 16:49 nos revela varios otros pecados, y uno de ellos es que no ayudaron al pobre ni al necesitado. No es simplemente su vida sexual con la que Dios tiene problema. No, no, no, no. Yo tengo problema con ellos también porque no ayudaron ni al pobre ni al necesitado. Hermano, tanto el placer como el dinero nos embriagan y nos vuelven insensibles contra el otro, insensibilizan nuestro corazón.
Cuando vivíamos en Estados Unidos yo les decía: "A veces yo tengo que ir a República Dominicana por lo menos una vez al año." Porque vivíamos en una zona más o menos de muy buena posición económica para la zona, y tú no veías gente como en necesidad. Tú podías manejar día tras otro y nunca había nadie como en necesidad. "Yo tengo que ir a Santo Domingo por lo menos una vez al año a resensibilizar mi corazón hacia el necesitado."
Y aquí está: segundo testigo, el salario con el que se han quedado. Tercer testigo, los segadores: el clamor de los segadores ha llegado hasta Él.
Pero ahora Santiago trae a colación otro problema. Aparte de eso, con el dinero que ustedes se han quedado, ustedes han comprado un estilo de vida injusto. Aparte de que es pecaminoso, también es injusto. Versículo 5: "Han vivido lujosamente sobre la tierra." ¿Con qué dinero? "Y han llevado una vida de placer desenfrenado. Han engordado sus corazones en el día de la matanza." ¿Con cuál dinero? Con el dinero que hemos retenido. Por lo menos una parte provino de ahí.
Y dice: "No, yo lo he visto." Y ese es el problema con el dinero: el dinero compra. El dinero compra oportunidades, el dinero compra placer —placer cuesta—, el dinero compra personas. El dinero es un gran engañador. Y Dios les está diciendo aquí: "No aprobé tu lujo, la vida lujosa, pero tampoco aprobé el placer desenfrenado."
Y ahí vuelvo a una de las leyes que otra vez he del pecado, que les he mencionado en ocasiones: el pecado engendra pecado. Una vez tú pecas, ese pecado va a dar a luz otro pecado. De aquí tú lo ves: primero ellos retuvieron el salario, pecado; luego vivieron una vida lujosa; luego vivieron una vida de placer desenfrenado. ¿Con qué? Con el dinero, parte del cual lo habían ganado reteniendo y tratando injustamente al jornalero.
Y entonces Santiago dice que han vivido lujosamente sobre la tierra. Daniel Doriani es un muy buen comentarista de varios libros de la Biblia. Él dice en su comentario sobre este texto que esa frase ahí, "sobre la tierra" —"han vivido lujosamente sobre la tierra"— quizás, no lo sabemos, pero nos hace pensar, quizás es una forma de Santiago de decir: "Esta gente no mira para el cielo, esta gente no mira para arriba, esta gente vive en la tierra solamente." Tiene sus ojos en la tierra, su corazón está en la tierra, todo lo que desean está en la tierra, todo lo que admiran está en la tierra, todo lo de ellos es sobre la tierra. El Dios del cielo y la tierra lo tienen sin cuidado.
En el versículo 5 Santiago cierra diciendo: "Se han dejado engordar para el día de la matanza." Esa es la traducción de la versión viviente: "Se han dejado engordar." No se han dejado engordar por aquí, sino los engordó las cosas materiales. ¿Y qué fue lo que se engordó? Bueno, a veces va acompañado de la gordura física, por decir, pero de lo que se estaba hablando es de su estilo de vida, de la forma pomposa como vivían. Pero eso ocurrió para el día de la matanza. ¿Cuál es el día de la matanza? El día del juicio final.
Y eso es como una ilustración. Tú sabes que la gente a veces en el campo pone un cerdito dos meses antes de diciembre y lo pone a engordar. O aquellos que tienen negocio, que crían animales para llevarlos a los mataderos, los engordan para luego llevarlos. El animal come y no sabe para qué lo están engordando, pero disfruta lo que come. En el caso de esta gente, estaban comiendo, se estaban engordando en el sentido metafórico quizás, pero su estilo de vida: comían, bebían, disfrutaban. Y Dios dice: "Sí, pero van camino al matadero, van camino al juicio final." Que habían revelado contra Dios, su mismo estilo de vida lo dice.
Nosotros como que no nos percatamos que Dios está pendiente de cómo tú y yo administramos lo material. En una de las enseñanzas de Cristo le está hablando de un hombre: recibió un talento, otro dos, otro cinco. Y en ese contexto Él les habla de que si tú me eres infiel en lo poco, tú serás infiel en lo mucho. Y como que lo dejamos ahí, pero ahí no hay que terminar. Lo que se dice, lo que se hace: "Por tanto, si no han sido fieles en el uso de las riquezas injustas..." La Palabra llama "riquezas injustas" a las riquezas porque de alguna manera, en algún sitio, la cadena de la justicia se rompió. No importa quién lo ha logrado y cómo lo ha logrado, en este mundo no hay nada de justicia que empañe el reino de los cielos.
Entonces, si no han sido fieles en el uso de las riquezas injustas, que son las riquezas de este mundo, ¿quién les confiará las riquezas verdaderas, las riquezas del mundo venidero? En otras palabras: cuando te he confiado cosas de este mundo y tú no las administras con benevolencia, con honestidad, con deseo de ayudar al necesitado, yo veo que has sido infiel en lo poco. Porque en este caso lo poco serían las cosas de este mundo, son pocas riquezas, no importa cuánto tengas, al lado de las riquezas verdaderas. No te puedo dar mayores riquezas verdaderas, no te puedo dar mayor talento, mayores dones. No puedo darte ni siquiera, si tienes el don de esto, te lo doy en poca dimensión porque no sabes administrar la mucha dimensión de ese don. De manera que la administración de las cosas materiales es el campo de entrenamiento, de probar cómo las vas a usar.
Y finalmente Santiago dice en el versículo 6, mira hasta dónde llega la insensibilidad, o puede llegar: "Han condenado y dado muerte al justo; él no les hace resistencia." Recuerden: el necesitado no tiene cómo hacer resistencia, se somete o es sometido. Y algunos piensan que quizás esto es un poco hiperbólico o metafórico, para Santiago decir que cuando retienes el salario pues haces a esos pobres más pobres, y que entonces su pobreza se empeora y terminan en la inanición y se mueren. Pero yo creo que puede ser simplemente la realidad. Es posible condenar al justo, al necesitado, que no te ofrece resistencia y que no tiene recursos para hacerlo de otra manera.
Y de hecho, el mejor ejemplo de eso es Cristo Jesús. Él murió pobre, no tenía ni siquiera dónde poner su cabeza, literalmente solo leemos la Escritura, pues murió pobre. Número dos: fue el único hombre verdaderamente justo. Y no les ofreció resistencia. La pregunta es: ¿quién se lo clavó? Bueno, fue enjuiciado por el Sanedrín. ¿Quiénes formaban el Sanedrín? El sumo sacerdote, que era una posición más política que otra cosa, algunos fariseos y saduceos. ¿Quiénes eran los saduceos? Lo vimos el miércoles pasado: terratenientes.
Hombres de dinero, de poder, de influencia. Hombres que no eran cristianos, no creían en la resurrección, no creían en los ángeles; solamente creían en el Pentateuco. Ellos dieron la aprobación para crucificar al pobre y justo Cristo, en combinación con la autoridad de los romanos, que también tenían poder y dinero. Y para empeorar las cosas, el justo y pobre fue vendido por dinero: treinta monedas de plata.
No me gusta lo que el dinero le hace al corazón humano. Por eso disfruto de una manera —no me lo vas a creer, pero Dios es mi testigo— disfruto enormemente pagar mis impuestos. Cuando lo disfruto no es porque yo crea que el gobierno de turno, el que sea, vaya a hacer el mejor uso de eso. Pero como lo disfruto, digo: "Ese dinero no me tenía". Por eso lo disfruto, es deshacerme de él. En la estructura de los romanos dieron la aprobación final. Hermanos, el dinero tiene un efecto sobre todos nosotros.
Si quieren leer algo más sobre esto, pueden leer el libro de Richard Foster, "Dinero, sexo y poder", y el de John Piper que se llama exactamente igual. Foster nos dice que la única manera de deshacer el poder del dinero sobre tu corazón es profanándolo, y que la mejor manera de profanar el dinero es regalándolo. Para que tú puedas decir: "Eso no me tenía". Disfruto más ayudar a otro que pagar mis impuestos, pero lo disfruto porque estoy ayudando a otro. Y de esa misma manera, como lo disfruto, puedo decir: "Y ese otro dinero tampoco me tenía".
Tenemos que luchar contra eso, hermanos, porque de lo contrario, después de ser engañados, nos embriaga. Y en esa embriaguez luchamos y peleamos y pataleamos. Ese mal, yo no estoy ahí. De manera que tú y yo tenemos una lucha, pero la lucha no tiene que ser ni tan continua ni tan poderosa como frecuentemente es, porque tú tienes poder infinito en tu interior para hacer todo lo que a Dios le place. De manera que cuando decimos "es que no puedo", no, no, no es que no puedo, es que no quiero. No importa si eres tú o si soy yo, porque Dios está ahí para decirte: "Presente, para que puedas". Y en este caso, Santiago no está hablando de algo que compite con el señorío de Cristo.
Que Dios nos ayude a rendirnos a Él, y que verdaderamente, hermanos, por todo lo que hemos oído hoy, como hemos orado, como hemos cantado, que Dios sea tu visión, que finalmente Dios sea tu único tesoro. Lo único que amas, que aprecias, lo único que valoras, el único delante de quien te postras. Y que cuando tú veas que Dios te bendice, porque tú quieres, decir: "Señor, gracias por bendecirme a mí y hacerme canal de bendición para otros". Gracias, gracias, porque cuando Tú eres nuestra visión y cuando Cristo es nuestro mayor tesoro —no, no, no nuestro mayor tesoro— nuestro único tesoro, nuestra vida se realinea inmediatamente.
Señor, ayúdanos verdaderamente a valorar lo que Tú valoras, que nuestro corazón lata por las cosas por las que late el tuyo. Señor, que nosotros queramos verdaderamente ser imitadores de Dios, como Tú nos llamas a hacer en Efesios 5, versículo 1. Dios, que nosotros y otros puedan ver a Dios en nosotros por la manera como te reflejamos. Sé Tú mi visión, oh Dios. Amén.
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