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Sermones

El poder del evangelio

Miguel Núñez 31 marzo, 2024

Romanos 1:16-17 es considerado el texto más importante de toda la Biblia y el motor principal de la Reforma protestante. Sin entender que el justo por la fe vivirá, no se puede comprender el resto del mensaje de salvación. Martín Lutero vivió atormentado por su pecado durante catorce años, sometiendo su cuerpo a confesiones diarias de dos y tres horas, ayunos y mortificaciones extremas, convencido de que si algún monje pudiera llegar al cielo por sus ejercicios religiosos, ese sería él. Pero no encontró paz hasta que comprendió este texto: la justicia de Dios no es algo que el hombre debe alcanzar, sino algo que recibe por fe.

Pablo escribe a los romanos que no se avergüenza del evangelio porque es poder de Dios para salvación. Y lo dice sabiendo que va a una ciudad que prefería hablar del imperio romano que de un mesías crucificado, una ciudad que el filósofo Séneca llamó "cloaca de iniquidad". Para los judíos, un mesías que muere maldito en un madero era un escándalo; para los gentiles, una locura. Pero Pablo había experimentado rechazo en Filipos, burlas en Atenas, pedradas en Listra, y nada lo detuvo. Si Cristo fue expuesto a la vergüenza de la cruz, él estaba dispuesto a ser expuesto también.

El evangelio es el único mensaje que trae luz a la mente oscurecida, que ablanda el corazón de piedra y libera la voluntad esclavizada al pecado. Cristo absorbió la furia de la ira de Dios contra la humanidad para que quienes confían en él sean declarados justos, no inocentes, sino no culpables porque otro se hizo responsable. Quien ha creído este mensaje no puede avergonzarse de él; la manera de honrarlo es vivirlo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, el texto que estoy a punto de exponer... Voy a decir algunas cosas que te podrían parecer extremas, pero es el texto más famoso de la historia de la Iglesia. De hecho, es el texto considerado como el motor principal de la Reforma Protestante, y me voy otra vez a atrever a decir, aunque no creo que yo sea el primero en decirlo, que este es el texto más importante de toda la Biblia. Si tú no entiendes este texto, no puedes entender el resto del mensaje de salvación. De hecho, estos dos versículos forman el eje sobre el cual gira toda la carta a los Romanos y probablemente toda la Biblia.

Y la mejor manera de yo poderte ilustrar desde el inicio la verdad de lo que acabo de decir es brevemente recordarte, aunque algunas veces ya he hecho cosas parecidas, pero algunas eran nuevas para algunos por lo menos, recordar de la historia muy brevemente de Martín Lutero. Él vivía acorralado en su conciencia por el pecado que él entendía que continuamente lo asediaba y del cual él no podía librarse de ninguna manera, hasta el punto que Martín solía orar y confesar a un superior sus pecados todos los días por dos y tres horas. Hasta que finalmente uno de sus supervisores le dijo: "Mire, Lutero, no vuelva al confesionario hasta que tú tengas un pecado que valga la pena confesar." Lutero oraba, ayunaba, hacía estas confesiones diarias largas, leía la Biblia, pero seguía sin paz.

En una ocasión, Lutero, meditando acerca de estos ejercicios espirituales extremos a los que él solía someter su cuerpo, escribió que él entendía que él era un monje piadoso de acuerdo a como los monjes de su día seguían las reglas de su orden religiosa, más estrictamente de lo que él pudiera expresar. Lutero dice: "Si alguna vez un monje pudiera llegar al cielo por su monjería, por los ejercicios que los monjes hacen, ciertamente yo me lo hubiera merecido. Pero si yo hubiera continuado mucho más tiempo, creo que mis mortificaciones del cuerpo me hubiesen llevado a la muerte." Y la única razón es que Lutero no entendía el texto que vamos a exponer.

En julio de 1505, Lutero viene regresando a su casa montado a caballo. Hay una tormenta que ocurre, un rayo le cayó cerca, Lutero estuvo a punto de caer al piso y él se asustó tanto que gritó: "¡Santa Ana, sálvame! Me convertiré en monje si sobrevivo la tormenta."

1510, Lutero es nombrado como representante de su orden, es decir, escogido para ir a Roma. Y él pensaba, ¿verdad?, que Roma era como la ciudad santa, como la Jerusalén santa de esa época. Y él estaba tan emocionado de llegar a esa ciudad por la experiencia espiritual que él entendía que ahí iba a tener, que al acercarse a la ciudad y verla, se arrodilló, levantó los brazos y dijo: "Salve a ti, santa Roma, tres veces santa por la sangre de los mártires derramada aquí." Lutero quería tener una experiencia espiritual. Visitó varios cementerios de mártires de la Iglesia, cementerios donde se decía que había ochenta mil huesos de mártires.

1513, cosas pasaron en el ínterin, pero en 1513 Lutero comenzó a impartir sus clases acerca de los Salmos. 1515 inicia sus clases sobre la carta a los Romanos. Próximo año, 1516, inicia sus clases sobre la carta a los Gálatas. 1517, el 31 de octubre, Lutero clava sus 95 tesis en la catedral de Wittenberg, con la idea de comenzar a discutir esto de las indulgencias papales. Y a través del estudio de estas cartas que yo acabo de mencionar y del texto que ya voy a leer, Lutero de alguna manera comenzó a entender algo crucial que cambió su vida y cambió el mundo.

Y este fue el texto que Lutero entendió y enseñó posteriormente. Romanos 1, versículos 16 y 17: "Porque no me avergüenzo del satisfizo, pues es poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego. Porque en el satisfizo la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá."

Lutero entró en 1505 al monasterio, pero no fue hasta catorce años después, 1519, cuando finalmente Lutero llegó a entender ese texto que yo acabo de mencionar. En 1517, Lutero clavó sus tesis, pero él quería que se discutiera esta venta de las indulgencias para el perdón de pecado. Pero todavía no tenía clara la idea, el entendimiento de lo que este texto significa, de manera que le tomó unos dos años todavía para él llegar a entender.

Y el texto que yo leí comienza con esta frase: "Porque no me avergüenzo del satisfizo." Si yo estoy hablando y en un momento dado tú llegas de repente, no has escuchado lo anterior, y lo primero que tú escuchas es "porque tal y tal cosa ocurrió," el "porque" inmediatamente te dice: "Miguel está hablando de algo, está claro que estaba hablando." Porque el "porque" conecta, es una explicación a lo que yo vengo diciendo.

Pues déjame decirte qué dice el versículo antes, el versículo anterior al texto que yo leí: "Así que, por mi parte, ansioso estoy de anunciar el Evangelio también a ustedes que están en Roma." Eso es lo que él dice: "Soy ansioso de ir a Roma a anunciar el Evangelio, porque no me avergüenzo del Evangelio." Lutero nos da en los versículos 16 y 17 varias razones por las cuales él no se avergüenza del Evangelio, y por esa razón él quiere ir a Roma.

Bueno, ¿y cuál es la conexión, pastor? Bueno, es que Roma era una ciudad difícil. Primero, era una ciudad desconocida para él, nunca había estado ahí, no fundó la iglesia, la iglesia misma era desconocida para él. Era una ciudad, perdón, que prefería hablar del poder del imperio romano, que había pacificado todos sus enemigos, en vez de hablar de un Mesías judío que murió clavado precisamente por soldados romanos. ¿Y tú quieres que yo te oiga esa historia? Es como decir en inglés: "Como que dice Pablo, pero si tú me estabas hablando..."

Era una ciudad altamente corrupta e inmoral. Tan corrupta era la ciudad que el filósofo Séneca, contemporáneo de Pablo, decía que Roma era una cloaca de iniquidad. Y el poeta Juvenal, también contemporáneo de Pablo, la describió como una cloaca inmunda a donde llegaban las escorias del imperio. Pablo está ansioso de ir a esa ciudad. "Pablo, ¿tú no crees que no te van a oír en esa ciudad?" "No me van a oír, pero yo no me avergüenzo del Evangelio."

Yo creo que el deseo de Pablo de que los romanos pudieran escuchar el Evangelio era superior al temor que él pudiera tener de llegar a esa ciudad. Pero como no se avergonzaba del Evangelio, él quería ir. Pero por otro lado, recuerda que Pablo se convirtió veinticinco años atrás, más o menos, de manera que ya Pablo ha estado en múltiples lugares y ciudades, ha pasado las mil y una como decimos nosotros. Él ha experimentado rechazo, burlas, pero Pablo parece estar diciendo: "A pesar de que ya yo estuve en estos diferentes lugares donde me rechazaron, se burlaron de mí, como yo no me avergüenzo del Evangelio, yo quiero seguir para Roma."

Pablo había estado en Filipos y ahí lo apresaron. Había sido perseguido en Tesalónica hasta que lograron expulsarlo. Había escapado escondido de Berea. Había ido a Atenas, la famosa Atenas, y en Atenas se burlaron de él. Ven en otra ocasión cuando nosotros tengamos tiempo de oír de Pablo. Se habían burlado de él y hasta se habían reído de él en Corinto. En Corinto, en donde Pablo está escribiendo esta carta, en esa ciudad se habían reído de Pablo. En Listra lo habían apedreado y hasta lo dieron por muerto, lo apedrearon tanto y tan mal que pensaron que se murió. Y en Jerusalén y Cesarea lo habían considerado un blasfemo y un transgresor de la ley.

Después de todo eso, ni las prisiones, ni las persecuciones, ni las apedreadas, ni las burlas, ni las falsas acusaciones, ni los latigazos detuvieron a Pablo para que él continuara predicando el mismo mensaje. Ahora, que el barco va a una ciudad realmente más difícil que todo eso, está diciendo: "No, es que yo quiero ir a Roma porque yo no me avergüenzo del Evangelio." No sé cómo van a reaccionar, pero Pablo pensaba: "Si Cristo fue expuesto a la vergüenza de los hombres en una cruz en Jerusalén, yo estoy dispuesto a ser expuesto también a la vergüenza de los mismos hombres en Roma, porque mi Cristo lo hizo peor."

Pablo sabía que el mensaje que él tenía que predicar estaba relacionado, tenía que ver con la crucifixión de un hombre. Pero él sabía al mismo tiempo que la crucifixión era algo odiado en la antigüedad, porque era reservada para los peores malhechores. De manera que Pablo va a ir a un lugar donde no se conoce a este hombre, y cuando él comience a hablar de que lo clavaron en una cruz, la gente va a decir: "¿Y para qué me vas a decir que ese malhechor, por lo menos potencial malhechor, es el Salvador del mundo? Estás loco." Pero yo no me avergüenzo del Evangelio.

Los romanos estaban acostumbrados a oír del poder de ese imperio, y ahora tú quieres que yo oiga un mensaje de un hombre burlado. Hazme reír. Debilitado en una cruz que ni siquiera tuvo el poder para defenderse de meros mortales. Se decía que Roma conquistó a Grecia militarmente, y lo hizo, pero que Grecia conquistó a Roma culturalmente. De manera que la fama o la importancia que se le dio en Grecia a la sabiduría es algo que Roma también tenía. Por eso estaba este filósofo Séneca ahí.

Los ojos romanos ven que tú vas a ir a Roma a hablarle a esa ciudad corrupta, a hablarle de la necesidad que sus ciudadanos tienen de ser salvos del pecado que yo disfruto. ¿En serio, Pablo? Es una locura. ¿Por qué ser salvo de lo que a mí me gusta, de lo que yo disfruto? Y mucho menos me vas a decir a mí que yo debo ser salvo de aquello que a mí me atrae, me gusta, disfruto, y que voy a ser salvo por medio de la cruz de un hombre.

Pablo entendía, sin embargo, que solamente el mensaje del Evangelio te va a ayudar a entender por qué tú necesitas ser salvo del pecado que tú disfrutas, del pecado que tú pagas por obtenerlo, del pecado que tú buscas encontrar. No te encuentra a ti, tú buscas encontrarlo. Pablo dice: "Si algo te lo va a ayudar a entender, es el mensaje del Evangelio."

Los judíos habían rechazado el mensaje de Pablo, porque el mensaje de Pablo no les ofrecía lo que ellos querían. Ellos querían un Mesías libertador, ahora en este tiempo, en esta tierra, una realidad externa y no una realidad interna. Y cuando ellos oyeron el mensaje, lo que quisieron fue poner a prueba al mensajero. Y la manera como pusieron a prueba al mensajero fue pidiéndole al mensajero Jesús, al mensajero Pablo, que les hiciera señales. Pero ni Pablo ni Jesús estuvieron dispuestos a complacer la curiosidad pecaminosa de esta gente.

Ya Pablo les había escrito a los corintios. Recuerda que donde él está es en Corinto, su segundo viaje misionero, su tercer viaje misionero. Y él había escrito a esos habitantes, y en Primera de Corintios, capítulo 1, versículo 23, esto es lo que Pablo dice: "Porque en verdad los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría". Pablo está diciendo: yo sé lo que esta audiencia quiere, desea; yo sé lo que esta otra audiencia quisiera ver. Pero nosotros no tenemos nada de ese mensaje. Nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos y necedad para los gentiles.

Pablo está diciendo: yo sé que cuando yo hablo de este Mesías judío que vino a rescatar a los judíos, a los gentiles también, para los judíos es una piedra de tropiezo, y para los gentiles una necedad, es una locura. La palabra traducida, o la frase que ahí aparece "piedra de tropiezo para los judíos", esa frase "piedra de tropiezo", adivina cuál es la palabra en el original: es "skandalon". ¿Adivinas ahora qué palabra viene en el español de esa palabra? Escándalo. Pablo está diciendo que este Jesús con su mensaje es un escándalo para los judíos.

Claro, para ellos era inconcebible que un Mesías, el Mesías, muriera maldito en un madero. Recuerda que la ley decía: maldito es todo aquel que muere en un madero. Ese Mesías de Pablo murió en un madero y murió maldito, ¿y tú me estás diciendo que ese es el Mesías libertador? ¡Eso es un escándalo, Pablo! Ni sigas, esto no tiene sentido, eso es una tontería.

Piénsalo bien. A dos mil años después, ¿seguirías adorando a un Dios que muere, a un Dios que muera, la parte humana de Jesús, sin poder defenderse en una cruz clavado, ensangrentado, golpeado, flagelado, burlado? ¿Qué Dios es ese? Y luego tú me dices a mí que ese Dios es un Dios de poder y que yo debo someter mi vida, mi corazón, mi mente, mi voluntad a ese Dios. ¡Estás loco! Como le dijeron a Pablo en Atenas: has perdido la cabeza. Ese sería un mensaje de tontos. Pero Dios así lo diseñó.

Escucha lo que Pablo les escribió a los mismos corintios donde él estaba, en Corinto, su primera carta, todavía capítulo 1, versículos 18 al 21. Son los versículos que preceden al texto que te leía anteriormente: "Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios. Porque está escrito: destruiré la sabiduría de los sabios, y el entendimiento de los inteligentes desecharé. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el que sabe discutir en este siglo? ¿Dónde está el que debate, el que le encanta y dice saber debatir? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad? Pues ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios mediante la necedad de la predicación, o la locura de la predicación, salvar a los que creen".

¿Tú escuchaste lo que Pablo acabó de escribir? Acaba de decir: a Dios le plugo salvar a los que creen por medio de la predicación, por medio de lo que yo estoy haciendo ahora, la predicación del mensaje del Evangelio, del mensaje. Que yo no me avergüenzo, eso dice Pablo. Por eso es que no me avergüenzo, eso porque es diseño de Dios y sabiduría de Dios, por medio de este mensaje, necio para el mundo, salvar a los que creen.

Y Pablo estaba tan preocupado por su discípulo más joven Timoteo, y hubiese estado por nosotros, de que nos fuéramos a avergonzar, que él le escribió a Timoteo en su segunda carta, lo último que Pablo escribió. Este es el testamento de Pablo para Timoteo. Le quedaban días, horas, semanas cuando él escribió Segunda de Timoteo, no creo que le quedaran años. Pero en este testamento final, su segunda carta, capítulo 1, versículo 8, Pablo dice: "Por tanto no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo, sino participa conmigo en las aflicciones por el Evangelio, según el poder de Dios". No te avergüences, Timoteo, más bien, estate disponible, o sea voluntario para los sufrimientos que conlleva predicar y vivir el Evangelio.

Versículo 12, todavía capítulo 1, Segunda de Timoteo: "Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo", le dice Pablo a Timoteo, "porque yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que Él es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día". Pablo quería que su discípulo amado Timoteo tuviera el mismo fuego, la misma pasión, por el mensaje del Evangelio, mensaje de salvación, el mensaje que es poder de Dios. No, Timoteo, no te amedrentes, no importa las experiencias que sufras.

Y de esa misma manera, yo creo que si Pablo estuviera aquí esta mañana pudiera decirnos: hermanos, nosotros que hemos sido salvos no podemos avergonzarnos del mensaje que nos salvó. Eso sería irracional, sería ilógico. Es más, sería ingrato que el mensaje que te salva sea el mensaje del que tú te avergüenzas.

Pero cada vez que ese mensaje es diluido, disfrazado, aminorado, debilitado en su expresión o en su explicación, nos estamos avergonzando del Evangelio. Cada vez que el predicador, por temor a ofender su audiencia o temor a perder su salario, diluye el mensaje, o por querer estar bien con la congregación diluye el mensaje y la proclamación del Evangelio, él se está avergonzando del Evangelio. El problema es que cuando me avergüenzo de Cristo aquí abajo, Él se avergonzará de mí delante de su Padre, prometió Él.

Cada vez que nosotros no nos atrevemos a hablar en público acerca de que hemos creído este mensaje, me da vergüenza, me da vergüenza en mi oficina, con mi jefe, me da vergüenza decirle porque tú sabes lo que ellos van a pensar. No, ya sabemos desde la antigüedad lo que se iba a pensar. Eso es una manera de avergonzarme del Evangelio. Cada vez que el predicador rebaja las demandas radicales, esa es la palabra, demandas radicales que Cristo te dice: te va a costar todo, yo te la doy gratis la salvación, pero cuando entras esto te va a costar todo. Ese predicador cuando no hace eso se está avergonzando del Evangelio.

Hermanos, nosotros no nos podemos, mucho menos el predicador, darnos el lujo de avergonzarnos del mensaje que a Cristo le costó su propia sangre. Sería contraproducente. Hermanos, que un Santo como Cristo se avergüence de alguien como tú y como yo es entendible. Él no lo hizo, pero sería entendible. Ahora, que personas pecaminosas, caídas, con corrupción moral en nuestro interior, como tú y como yo, nos avergoncemos de un Santo como Cristo, eso es una vergüenza para el pecador. Que el Santo no se avergüence, que el Santo se avergüence por el pecador, entendible perfectamente, pero Cristo no lo hizo. Ahora, que el pecador se avergüence por el Santo, ¡inconcebible! Entonces Pablo dice: no me avergüenzo.

Estamos tratando ahora de entenderlo. Era porque es que quiere ir a Roma, una ciudad donde lo iban a rechazar, pero yo no me avergüenzo. ¿Y de qué es que tú no te avergüenzas? No me avergüenzo del Evangelio. Entonces, ¿qué es el Evangelio?

Bueno, pudiéramos definirlo de diferentes maneras, pero al final tenemos que terminar en el mismo lugar. El apóstol Pablo les ayudó a los corintios a entender en qué consiste el Evangelio, se los definió. Y esto es lo que dice el capítulo 15, versículo 1, Primera carta a los Corintios: "Ahora les hago saber, hermanos, el Evangelio que les prediqué". Les hago saber, en otras palabras, les voy a definir el Evangelio, les voy a explicar el Evangelio. Versículo 3, en el versículo 2 Pablo dice que en ese Evangelio están firmes, estarían firmes si permanecen en su posición. En el 3 les dice: "Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí". Esta es la explicación de Pablo del Evangelio: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras. Eso es buena noticia, el Evangelio. Que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras. Eso es buena noticia. Esos dos eventos, cuando son entendidos y explicados, definen el mensaje del Evangelio.

Lo que hace dos mil años Cristo murió maldito en un madero por tu pecado. En otras palabras, el mensaje, no estoy ni hiperboleando ni siendo vulgar cuando hablo de que Cristo murió de esa manera en un madero, porque la ley dice: maldito es todo aquel que muere en un madero. De manera que cuando Cristo murió ese viernes hace dos mil años ahí colgado, Él murió bajo la maldición de la ley.

Teológicamente hablando, déjame ayudarte a entender aún más porque este es el mensaje más importante de toda la Biblia. Murió bajo la furia, esa es la palabra, de la ira de Dios. La ira de Dios en toda su furia, en todo su poder, contra una humanidad perdida y corrupta. Esa culpabilidad fue absorbida por Cristo, sin ser Él culpable, para que el día de tu salvación tú pudieras ser investido por la santidad de Aquel que absorbió tu culpa, y que tú pudieras recibir entonces la justicia de Dios, la justicia de Dios, el carácter moral justo perfecto de Cristo. Y como Él absorbió tu culpa, que tú pudieras ser declarado justo sin serlo, que tú pudieras ser declarado justo a costa del precio que Cristo pagó.

Déjame desempacarlo un poco más. Tú fuiste declarado no culpable porque otro se hizo responsable o culpable por ti. Es como que tú y yo tengamos un choque, nos paramos, yo hablo contigo y tú me dices: mira, yo ni tengo dinero ni tengo seguro. Pero entiendo por lo que tú me has dicho que tú tienes seguro full. Yo sé que tú no eres culpable, yo soy el culpable, pero si tú te declaras culpable, tu seguro te va a pagar a ti todos los daños que yo te causé.

Yo creo que a ti te conviene declararte culpable. Bueno, a Cristo no le convenía para nada, pero es más o menos como eso. El hombre es el culpable, él es calculado todos los daños, pero como está en bancarrota moral, él no tiene cómo pagar. Cristo dijo: "Si yo me voy a declarar culpable, pues yo tengo que pagar. Yo tengo que pagar a toda la humanidad si yo quisiera." Y la humanidad no tiene con qué pagar. Tú no eras ni eres inocente del delito. No, tú eres culpable. Se te declaró no culpable, pero no inocente. Tú eres culpable. Y el Hijo fue a la cruz y le dijo: "Padre, yo me declaro culpable para que lo dejen en libertad." Ese otro eres tú y soy yo.

Ahora dime si después que tú entiendas eso no vas a hacer lo imposible para querer honrar esa cruz. Yo creo que, como dirían, seco de la mata. Cristo fue... este es el mensaje de Él. No me avergüenzo del mensaje del Evangelio. ¿De cuál Evangelio? Bueno, del mensaje que me dice, que me explica, que Cristo vino, se encarnó, se hizo hombre, cumplió la ley a cabalidad, no pecó. De esa manera llenó el requisito. Fue a la cruz, murió en la cruz, fue en mi pecado, y tres días después resucitó. Cuando murió en la cruz, triunfó sobre el pecado. Cuando resucitó, dejó la tumba vacía, triunfó sobre la muerte. De ese mensaje yo no me avergüenzo.

Y tú puedes recibir entonces salvación el día que tú, creyendo todo eso, confiesas tu pecado, te arrepientes de tu pecado, depositas tu confianza en Él.

Hermanos, yo no creo que tú y yo entendemos la ruina a la que Adán y Eva sometieron la creación. Aunque pudieras explicármela y yo estudiarla, todavía no creo que la entendemos completamente. Pablo no se avergüenza del Evangelio porque sabe que esto fue escrito con la sangre del unigénito, que cuando fue a la cruz Él sufrió un infierno, sufriendo incluso el abandono del Padre, para que si verdaderamente yo depositaba mi confianza en Él, yo no tuviera que terminar en ese infierno por el resto de la eternidad.

Pablo dice por qué lo dice, si lo leímos, que no se avergüenza del Evangelio. Y ahí mismo nos da una explicación de mucha cosa que yo he explicado: porque ese Evangelio es el poder de Dios. Por eso es que yo no me avergüenzo. El Evangelio es poder, y no cualquier clase de poder, es poder de Dios. Es el poder que salva al hombre de la corrupción de su propio pecado, es el poder que salva al hombre de las influencias nocivas del mundo que le rodea, es el poder que salva al hombre de la opresión de las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales.

El día que Adán y Eva mordieron la fruta, no fue simplemente que mordieron la fruta, fue que ellos le dieron la espalda a Dios. Y al darle la espalda a Dios, sumergieron la raza humana en una oscuridad del pensamiento, como Pablo explica en 2 Corintios 4:4. Ahora el Evangelio le devuelve al hombre la luz que había perdido, la luz de la cual él carecía. Y ahora eso le permite al hombre comenzar a ver el mundo de otra manera y comenzar a entender las verdades espirituales que anteriormente no solamente no entendía, sino que no le importaban, no le interesaban, e incluso rechazaba. Es la mente de ese hombre que está entenebrecida que ahora, por medio del Evangelio, comienza a tener luz para entender las sabidurías de Dios que antes él consideraba una necedad o una locura.

Pero cuando Adán y Eva cayeron, no solamente sumieron en la oscuridad la raza humana, una penumbra o una oscuridad del entendimiento, sino que el corazón se volvió un corazón de piedra. Un corazón que Dios define en la Palabra como engañoso, un corazón con malos deseos. Por eso a nosotros nos parecen muy buenas cosas que no lo son, como me decía alguien en una ocasión acerca de un pecado en particular, y me dio su explicación de que a él le parecía bueno. Ese pecado es así. Es el corazón así: un corazón con malas intenciones, con pocas sensibilidades o ninguna sensibilidad de las cosas de Dios. Mientras ese corazón late, palpita, tiene taquicardia por los placeres de este mundo, y oculta sus acciones pecaminosas como si Dios no las viera.

Pero el Evangelio tiene la capacidad de tomar ese corazón y, como es poder de Dios, de ablandarlo y convertirlo en un corazón de carne que ahora late por Dios y las cosas de Dios, en un corazón que es sensible a la voz de Dios, en un corazón que ahora obedece a los propósitos de Dios.

La voluntad del hombre en la caída también quedó afectada, quedó esclavizada al pecado. Y es por medio del Evangelio —lo estuvimos cantando cuando hablamos de aquella libertad en Cristo— que ese hombre recobra su libertad. Ya no tiene que seguir obedeciendo los deseos y los impulsos de la carne. Frecuentemente lo hacemos, pero no tienes que. Lo hacemos porque voluntariamente hemos decidido hacerlo, pero no tienes que. Tú tienes el poder en tu interior para no seguir obedeciendo los deseos caídos de la carne. No tienes que seguir las influencias del mundo. No tienes que someterte a las presiones u opresiones del mundo de las tinieblas. No, no, no. Tú tienes poder de resurrección en tu interior, y el mensaje del Evangelio es el único que te da libertad.

Ahora ese hombre puede seguir a Dios. Antes ni le interesaba. Él puede ser formado a su imagen. ¿Tú te imaginas? Puede ser formado a la imagen de Dios. Dios puede comenzar a darle forma a tu carácter para que te parezcas a su Hijo. Puede disfrutar de los beneficios de una relación con Dios.

Parte del problema frecuentemente es que el hombre quiere los beneficios de Dios sin una relación con Dios. Queremos la paz, pero sin el Príncipe. Queremos la libertad, pero sin el Libertador. El Evangelio garantiza mi libertad de manera que me trae libertad en el presente, pero me promete libertad futura, de manera que me da garantía para el mañana. En el Evangelio del cual Pablo no se avergüenza, tú encuentras perdón de tu pecado del pasado, tú encuentras poder para vivir el presente, y eventualmente encontrarás libertad de la presencia de pecado, de manera que el Evangelio te da esperanza para vivir en el día de mañana.

Tal vez es imposible que yo me pueda separar del mensaje de la cruz, del mensaje de gracia, de amor, de sacrificio y de entrega de Dios, porque ese Dios entregó a su Hijo y ese Hijo entregó su vida.

Ahora, cuando tú lo ves así, ahora tú puedes entender mejor por qué ese Evangelio se llama el Evangelio de Dios en Marcos 1:14, porque Dios entregó a su Hijo, y esa entrega pasada significó tu libertad y tu salvación. Marcos 1:14, el Evangelio de Dios. Marcos 1:1, el Evangelio de su Cristo. Claro, Él fue a la cruz y murió, y derramó su sangre y escribió con su vida. Su vida fue la pluma y la sangre la tinta, como hablamos recientemente, con la que Él escribió ese Evangelio.

Este Evangelio es llamado también el Evangelio de la gracia de Dios en Hechos 20:24, claro, porque la salvación que el Evangelio te trae es por gracia. Por eso se llama el Evangelio de la gracia de Dios. En 2 Corintios 4:4 es llamado el Evangelio de la gloria de Cristo. Claro que es la gloria de Cristo, porque todas las bendiciones que tú puedes recibir y todas las maldiciones que fueron removidas fueron a expensas de Cristo, de manera que cuando tú vayas a vivir esa vida que Él compró, que Él te entregó, la puedas vivir para su gloria y hacer brillar su gloria.

Este es el Evangelio llamado el Evangelio de la paz en Efesios 6:15, porque estábamos en enemistad con Dios y Dios se reconcilió con nosotros por medio de su Hijo. Dios dio el primer paso. Claro que es el Evangelio de la paz. Pero no solamente eso, en Apocalipsis 14:6 es llamado el Evangelio eterno, porque esto no fue un plan B que Dios planificó. No fue que Adán y Eva cayeron y entonces: "¿Ahora qué hacemos, Hijo y Espíritu? Bueno, yo tengo sabiduría como ustedes, vamos..." No, no, no. "Vamos a crear a Adán y Eva sabiendo que iban a caer, porque así es la criatura, que no tolera vivir de manera dependiente, quiere ser autónoma. Y cuando ellos caigan, yo me ofrezco, yo los liberto."

La gracia eterna, lo dice Pablo, es eterna, que nos fue ofrecida en Cristo Jesús en los tiempos pasados. Pues Pablo no se avergüenza del mensaje de la satisfacción, no se avergüenza del Evangelio porque es el poder de Dios que rompe las cadenas del pecado, trae luz a la mente, es el mensaje que resensibiliza el corazón, es el mensaje que liberta la voluntad. No me puedo avergonzar de ese mensaje, y Pablo no se avergonzaba porque entendió que nada podía cambiar el curso de la vida de un hombre, o de la sociedad, o del mundo, que no fuera este mensaje. La educación no lo ha hecho, la psicología no lo ha hecho, la sociología tampoco.

Pablo no se avergüenza del Evangelio porque él también llegó a entender que el Evangelio era para todo aquel que cree: para el judío primeramente, cronológicamente claro, ellos recibieron las promesas, recibieron los pactos anteriormente, pero también para el gentil. No hay acepción de personas. No me puedo avergonzar de un mensaje que anda buscando salvar gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Es el poder de Dios para salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego, como el versículo 16 todavía. Tenemos de tal a una y treinta, me dicen para hasta el Luis, judíos primero, gentiles después, pero no hay acepción de personas.

Escucha cómo Pablo lo explica a los Gálatas 3:28: "No hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús." Misma dignidad humana en cada uno de nosotros. Pablo estaba consciente de esta realidad. Pablo estaba consciente de que lo único que puede cambiar, lo único que cambió la historia de Europa, la historia de Estados Unidos en un momento, fue el mensaje del Evangelio. Cuando llegó, penetró, cambió mentes, cambió vidas y cambió la sociedad. Y lo único que está deteriorando ambas regiones, o las ha deteriorado, es justamente el rechazo de este mismo Evangelio, penosamente.

Pablo estaba consciente. En 1 Corintios 2:1-4 por eso le dice a los corintios: "Cuando fui a ustedes, hermanos, proclamándoles el testimonio de Dios, no fui con superioridad de palabra o de sabiduría." No me interesa lucir como un hombre sabio, no me interesa lucir como un gran filósofo. Alguien definió al filósofo como alguien que habla de modo que nadie lo entiende y te hace sentir que es tu culpa. Pablo dice: "A mí no me interesa eso, porque nada me propuse saber entre ustedes excepto a Jesucristo, y a este crucificado." Esa es la esencia del mensaje del Evangelio.

"Estuve entre ustedes con debilidad y temor y con mucho temblor." Intimidar a Pablo no era cosa fácil. Esto lo dice: "Yo fui allá intimidado a Corinto." Imagínate, a Roma ahora sí, pero no me avergüenzo, yo quiero ir. "Mi mensaje, mi predicación no fueron con palabras persuasivas de sabiduría." No, no, no. ¿Cómo fueron? Pues con demostración del Espíritu, con mayúscula, y de poder, para que la fe de ustedes no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Que tu confianza no descanse en la educación de un hombre, en la sabiduría de un hombre, sino en el poder de Dios.

Pasó ahora. Y cuando va a llegar al versículo 17, ya llegamos, no te preocupes, yo voy a prevenir. Pero yo te había dicho que este texto, 16-17, era el texto más importante, más famoso de toda la historia y más importante de toda la Biblia. Ahora yo te voy a decir que este versículo 17 es el versículo más crucial de toda la revelación divina. Escucha: "Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá."

El Evangelio revela la justicia de Dios en más de una manera, porque la palabra justicia aparece en la carta a los Romanos treinta y cuatro o treinta y cinco veces en el original y tiene varias formas de ser usada. Por un lado, la justicia de Dios es entendida y traducida incluso como el carácter moral de Dios. En inglés, ya te lo mencioné hace un momento, sería la frase "righteousness of God": el carácter moral justo, perfectamente santo de Dios. Ese carácter es revelado en el Evangelio. La justicia de Dios también es lo que nosotros conocemos como justicia: que Dios es justo y hace justicia. Eso está claramente revelado en el mensaje del Evangelio.

De hecho, en Romanos 3, capítulo 3 versículos 20 al 25, Pablo claramente dice que Dios demandó la cruz de Su Hijo, que Dios exhibió a Su Hijo públicamente como evidencia. Lo voy a parafrasear: como evidencia de Su santidad, para dejar en claro que Su santidad necesitaba ser reivindicada y que alguien tenía que pagar por el hombre. Y la manera como Pablo lo explica, diciendo de tal manera que Dios sea justo al demandar un pago, y al mismo tiempo que Dios sea el que justifica, al permitir que por medio de la cruz, pagado el pago —la redundancia—, de hecho el pago, el hombre pueda ser justificado.

El Evangelio revela el carácter justo y santo de Dios, pero revela la justicia de Dios. En el Evangelio la justicia de Dios es revelada. Si nosotros no entendemos eso, no vamos a entender la cruz. Si no entendemos la cruz, no entendemos la salvación. Y eso se revela por fe: yo primero creo y luego yo entiendo. Eso es cómo ocurre en la fe cristiana. En la ciencia, tú primero entiendes y luego tú crees. Y si no piensas que es así, tú lee Hebreos 11 y te dice que por la fe entendemos que el mundo fue creado por la palabra de Dios. ¿Cómo entendemos? No por la astronomía, sino por la fe, que el mundo fue creado por medio de la palabra de Dios.

En medio de tu yo, no tenemos un carácter perfectamente santo para ser aceptados en gloria. No tenemos cómo pagar, no tenemos con qué pagar, ni tenemos cómo ganarlo. Y entonces ese carácter que tú necesitas para entrar en gloria es explicado y es ofrecido al mismo tiempo en el Evangelio. Porque por eso Pablo no se avergüenza de ir a Roma, porque él necesita explicar esto: porque en el Evangelio la justicia de Dios, ya te expliqué lo que implicaba, se revela por fe, pero también para fe. Como está escrito: "Mas el justo por la fe vivirá."

¡Wow! Martín Lutero llegó a Roma en 1510. Yo te hablé de su viaje. Buscó la Escalera Santa, que se suponía era la escalera por donde Cristo supuestamente subió a ver a Pilato. Y había como unas gotas, hay unas manchas en algunos peldaños; supuestamente fue sangre que Cristo derramó. Y entonces Roma había establecido que si tú subías por esa escalera de rodillas y decías un padrenuestro en cada peldaño y luego besabas el peldaño, tú podías garantizar que algunas personas pudieran salir del purgatorio, o economizarte años tú mismo en el purgatorio. Lutero decía: "¡Wow! Yo lo único que lamento es que mis padres están vivos todavía, porque yo hubiese podido garantizar con este viaje a Roma que ellos salieran del purgatorio."

Pero cuando le estaba subiendo con todo su ahínco, el doctor Paul Luther, que Lutero, en un momento dado sintió como si una voz le dijera en su interior: "Mas el justo por la fe vivirá. Mas el justo por la fe vivirá." Lutero llegó hasta arriba, miró hacia abajo y dice: "¿Quién sabe si esto es verdad?" No lo que cruzó en su mente, sino lo que acababa de hacer. Y bajó la escalera y se fue a su monasterio otra vez.

"Mas el justo por la fe vivirá" es el mensaje de toda la Biblia. De hecho, eso no aparece en Romanos por primera vez; aparece en Habacuc 2:4, que el justo por la fe vivirá, con las mismas palabras. Y de hecho es el mensaje que aparece con otras palabras, pero de manera evidente en la vida de Abraham. Abraham creyó y le fue contado por justicia. Abraham tuvo fe y le fue contado por justicia. ¿Le fue contado por qué? Por carácter moral que lo autorizaba, le permitía entrar al reino de los cielos. "Mas el justo por la fe vivirá." Abraham creyó, y ¿qué es lo que le pasa al que cree? Por la fe vivirá. Y Abraham vivió. Génesis capítulo 12: la selección de Abraham.

De manera que en el Evangelio la justicia de Dios es revelada, porque el Evangelio explica lo que un Dios santo demanda de su justicia y lo explica. Dios demanda un pago que fue hecho en la cruz por el Hijo de Dios, por Su propio Hijo. Eso es parte del Evangelio. Número dos: el mensaje del Evangelio explica que el carácter perfectamente santo, perfectamente moral de Cristo es necesario para entrar en gloria, y que ese carácter me es otorgado por fe.

De manera que esto es revelado por fe, pero al mismo tiempo es revelado para fe. En otras palabras, una vez yo creo, no fue revelado por fe, ahora que creo yo puedo seguir creciendo en fe, entendiendo mejor el mensaje y el mensajero que me dieron libertad. Hermanos, "mas el justo por la fe vivirá." Si esa verdad... Sin esa verdad no hay Evangelio, y sin el Evangelio no hay Nuevo Testamento, y sin Nuevo Testamento el Antiguo Testamento se queda sin cumplir, y si el Antiguo Testamento se queda sin cumplir, se acabó la Biblia. Este es el mensaje central de toda la historia redentora: que el justo por la fe vivirá. Y Dios lo revelaba en Habacuc 2:4, lo revelaba a través de la vida de Abraham. Es revelado por fe y para fe.

Ese mensaje, esa frase, es la que le trajo tranquilidad a Lutero catorce años después de entrar al monasterio. Lutero escribió en un momento acerca de su experiencia de vida, antes de cómo llegó a entender esta verdad. Escucha, y ahí vamos cerrando. Escucha cómo Lutero, con esa mente brillante que él tenía, con toda esta experiencia que él pasó, cuando él miró hacia atrás él dice: "Y esta verdad que yo llegué a entender por fe y para fe acerca del Evangelio..." Escucha lo que Lutero escribió:

"Aunque era un monje santo e irreprochable, mi conciencia estaba llena de problemas y angustias. No podía soportar las palabras 'la justicia de Dios'. No amaba al Dios justo y santo que castigaba a los pecadores. Me llené de una ira secreta contra Él y lo odié, porque no satisfecho con aterrorizar a sus miserables criaturas ya perdidas por el pecado original debido a la ley y a las miserias de la vida, Dios aumentaba aún más nuestro tormento por medio del Evangelio. Pero cuando por el Espíritu..."

de Dios, por fe. Cuando por el Espíritu de Dios comprendí estas palabras, cuando supe cómo la justificación del pecador procede de la pura misericordia del Señor por medio de la fe, entonces me sentí revivido como un hombre nuevo y entré por puertas abiertas en el mismo paraíso de Dios.

Finalmente Lutero descansó. Entendió: tengo paz con Dios. Yo no me la puedo ganar, me la han otorgado por gracia a través de la persona de Cristo en una cruz derramada, su sangre derramada a favor mío. Y puesta mi fe en él, puedo tener confianza hoy, mañana y hasta que entre en gloria, de que ciertamente mi posición estaba segura, garantizada. Él vive, él resucitó. Porque este es el Evangelio, dijo Pablo a los corintios: que Cristo murió según las Escrituras —es un hecho histórico— y que Cristo resucitó según las Escrituras. Basada en dos hechos históricos, yo hoy les digo que eso es el mensaje de salvación del cual yo no me puedo avergonzar.

Lutero siguió reflexionando. Años después, escucha lo que Lutero piensa de este versículo. Yo te dije que ese versículo es el más importante de toda la Biblia. La doctrina de la justificación por la fe, esa doctrina, según Lutero, era el artículo principal a partir del cual fluyen todas las demás doctrinas. Llamó a esa doctrina el maestro, el príncipe, el señor, el gobernante y el juez sobre todas las demás doctrinas. Él dijo: si el principio de la justificación se pierde, toda la doctrina cristiana está perdida al mismo tiempo. Él argumentó que ella, ella sola, engendra, nutre, edifica, preserva y defiende la iglesia de Dios, y sin ella la iglesia de Dios no puede existir ni siquiera por una hora. Es el principio de Lutero sobre el cual la iglesia se levanta o se derrumba. ¿Y cuál es esa doctrina de Lutero? Que el justo vivirá por la fe.

Pero antes de cerrar, "el justo vivirá por la fe" también nos recuerda: el justo vive justamente. No es simplemente una doctrina y un concepto teológico, es una realidad. Tiene que ser vivida también, y la manera de mostrar que verdaderamente has creído es viviendo nuestra vida justamente. La manera de no avergonzarnos del Evangelio es que el hombre que ha creído el Evangelio honra el Evangelio día y noche. Si vives así, hermano, si has creído así, no era uno y luego vives así, tú tienes el poder de la resurrección disponible todos los días para vencer en contra de las puertas del infierno si fuera necesario. De manera que tú y yo también podamos decir como Pablo a Timoteo: yo sé en quién he creído y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día.

Hermano, vive en el poder de la resurrección honrando la santidad de Cristo todo el tiempo, para la gloria de ese Dios, para el fortalecimiento de esa iglesia y como ejemplo para tu próxima generación. Hermano, es cuando oíamos verdad que el pastor hablaba de esa iglesia. Es la iglesia, la IBI, los próximos 5, 10, 15, 20, 30 años. Yo estaba pensando: ojalá Cristo venga antes. Pero si no, ojalá Cristo, la generación, viva, modele, proclame el mensaje del Evangelio de manera que la generación que viene pueda vivir la vida cristiana mejor de lo que nosotros la hemos vivido.

Hermano, no olvides: él volverá. Toda lengua le confesará, todo ojo le verá, toda rodilla se doblará para la gloria de aquel que murió y resucitó. Todo ojo le verá. Él vuelve, él vive, él es. No te avergüences de Cristo ni de su mensaje.

Padre, ¡gracias! Por el poder del Evangelio. Hijo, gracias por la sangre con la cual escribiste el mensaje. Espíritu Santo, Dios, gracias por sostener al Hijo en la cruz. Él no necesitaba clavos, tu amor lo sostenía. Por amor al Padre, por amor a los elegidos del Padre. Oh Señor, ayúdanos ahora a vivir en el poder de la resurrección para honrar al Cristo de la cruz. Y ayúdanos a proclamar el mensaje del Evangelio, y que otros puedan ver nuestras vidas y decir: ahí va un hombre, ahí va una mujer en quien tú puedes ver el mensaje tallado en su vida. En Cristo Jesús hemos orado y predicado. Amén y amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.