Statamic
Sermones

La predicación del evangelio y la salvación de los hombres

Miguel Núñez 23 febrero, 2025

La ley de Dios estuvo cerca de Israel —la recibieron, la memorizaron, la recitaban— y sin embargo no la cumplieron. Cristo también estuvo cerca: caminó entre ellos, enseñó en sus calles, y aun así lo rechazaron. El problema nunca fue la distancia, sino el corazón. Nadie ha podido cumplir la ley desde Adán y Eva, por eso la salvación no puede venir por obras propias, sino únicamente por las obras de Cristo: su obediencia al cumplir la ley y su muerte en la cruz donde nuestros pecados fueron cargados a su cuenta.

Confesar a Jesús como Señor suena sencillo, pero implica mucho más que palabras. Pedro lo confesó como el Cristo y luego lo negó tres veces. La marca del discípulo verdadero es la obediencia, o al menos el esfuerzo genuino por vivir bajo el señorío de Cristo en todas las áreas de la vida. Como advirtió el mismo Jesús: "¿Por qué me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que les digo?" Una confesión sin frutos es una burla a su autoridad.

Pero nadie puede invocar a quien no conoce, ni creer en quien no ha oído, ni oír sin alguien que predique. El pastor Núñez subraya que esta cadena nos involucra a todos: o vamos, o sostenemos a los que van. El campo misionero puede estar a tres pies de distancia, en la oficina del lado o en la casa del vecino. No somos diplomáticos negociando términos; somos heraldos entregando un ultimátum: o Cristo, o la muerte.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El título de mi mensaje en esta mañana, como fue anunciado, es "La predicación del Evangelio y la salvación de los hombres". De una manera breve, déjame conectarte o dejarte saber dónde nos quedamos.

El apóstol Pablo había estado hablando a lo largo de la segunda parte del capítulo 9 acerca de cómo la mayoría del pueblo de Israel en el pasado, a pesar de haber recibido la ley, de haber recibido todas las bendiciones y privilegios que ellos pudieron haber recibido, la mayoría quedó sin salvación. Pablo trata de explicarles, con dolor en su alma, que eso se debió a que ellos trataron de perseguir su propia justicia; es decir, trataron de cultivar un carácter moral propio que ellos entendieran que les serviría para que Dios aprobara su entrada al reino de los cielos, y trataron de hacer eso por medio del cumplimiento de la ley. Eso los dejó fuera, porque es imposible cumplir la ley de Dios para validarse ante Él.

Al mismo tiempo, Pablo les explicó cómo los gentiles, que no conocían al Dios de Israel ni la ley que ellos recibieron, sin embargo, en un momento dado, muchos de ellos terminaron recibiendo salvación. Porque en vez de confiar en que podían cumplir la ley de Dios para validarse, confiaron en Cristo, quien vino a cumplir esa ley y que, por consiguiente, se representó y representa para nosotros la única entrada, la única puerta al reino de los cielos.

Porque en esencia, lo que ocurrió en esa cruz de la cual acabamos de cantar es que mis pecados le fueron imputados —esa es una palabra teológica—, le fueron cargados a la cuenta de Cristo, de manera que Él fue tratado como si Él hubiese vivido mi vida. Y al mismo tiempo, al día que yo pongo mi fe en Cristo Jesús, es genuinamente reconocida, la rectitud moral de Cristo, su santidad, es cargada a mi cuenta. Si pudiéramos usar la ilustración: si fueran a mi cuenta de banco moral, ahí encontrarían una cuenta llena, repleta de la rectitud de Cristo a mi favor. Imagínate, eso es lo que literalmente ocurrió en ese glorioso intercambio.

Ahora Pablo está tratando de ampliar su explicación acerca de la problemática del pueblo judío en el Antiguo Testamento, qué pasó, y contrastarla con la oferta del Evangelio, para que nosotros también podamos entender lo que les está tratando de comunicar y no volvamos a caer en un error similar. Con eso, vamos a estar leyendo del versículo 5 de Romanos 10 al 15, y te advierto que los primeros dos o tres versículos son los más complejos, pero ya veremos cómo Dios nos ayuda a traer eso a un entendimiento.

Versículo 5, Romanos 10. Pues Moisés escribe que el hombre que practica la justicia que es de la ley vivirá por ella. Pero la justicia que es de la fe dice así: "No digas en tu corazón: '¿Quién subirá al cielo?'", esto es para hacer bajar a Cristo, "o '¿Quién descenderá al abismo?'", esto es para subir a Cristo de entre los muertos. Pero ¿qué dice? "Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón", es decir, la palabra de fe que predicamos. Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: "Todo el que crea en Él no será avergonzado", porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan. Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo. ¿Cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!"

La primera parte de entrada en este texto presenta cierta complejidad, de manera que permítame dividir el mensaje de hoy en porciones. En primer lugar, yo quiero que veamos la posibilidad —entre comillas— y la imposibilidad de una salvación por obras: la posibilidad de una salvación por obras y, al mismo tiempo, la imposibilidad de esa misma salvación por obras. Y antes de que me catalogues de hereje por hablar de una salvación por obras, escucha mi explicación.

El versículo 5, el apóstol Pablo dice: "Pues Moisés escribe…" Eso te dice a ti que hay algo que Moisés dejó en el Antiguo Testamento a lo que Pablo está refiriendo. Pues Moisés escribe que el hombre que practica la justicia que es de la ley vivirá por ella. Suena como que Moisés estaba hablando de que era posible cumplir la ley y vivir por la ley. Lo que yo acabo de leer representa una cita del libro de Levítico, escrito por Moisés, capítulo 18, versículo 5.

Yo quiero decirte de antemano que en ese libro hay algo que Moisés está tratando de explicar: que si una persona —recuerda que hay una palabra cortica que yo acabo de pronunciar—, que si una persona —eso es un condicional— cumple la ley, desde el nacimiento hasta su muerte, puede vivir. Escucha lo que dice Levítico 18:5: "Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis leyes, por los cuales el hombre vivirá si los cumple. Yo soy el Señor." Si tú cumples la ley de Dios desde que naces hasta que mueres, puedes tener salvación. El problema es que nadie ha podido cumplir ni podrá cumplir, porque ni siquiera Adán ni Eva pudieron cumplir. Pero si Adán y Eva hubiesen cumplido la ley de Dios todo el tiempo, estuvieran vivos con nosotros en el día de hoy.

Como eso no ocurrió, ni es posible, por eso se habla de la posibilidad y de la imposibilidad. Y tampoco es posible, entonces Cristo vino a cumplir la ley por nosotros, de manera que la forma de ser salvo obligatoriamente tendría que ser a través de la persona que cumplió la ley que tú no cumples ni yo tampoco, y esa es la persona de Jesús. En un sentido —y espero que al final quede claro—, en un sentido, ciertamente la salvación es por obras, pero no las tuyas ni las mías, sino por las obras de Cristo, por los méritos de Cristo, por la obediencia activa de Cristo cuando Él cumplió la ley, y la obediencia pasiva de Cristo cuando fue a la cruz y murió por ti. Por esas obras tú y yo podemos ser salvos. Y Pablo comienza ahí, hablando precisamente en ese versículo 5: "Moisés escribe, o escribió, que el hombre que practica la justicia que es de la ley vivirá por ella." Sí, pero no lo ha hecho nadie.

En segundo lugar, veamos cómo Pablo usa un par de pasajes del Antiguo Testamento. Recuerda que Romanos 9, 10 y 11 trata todo acerca de Israel, de manera que él tiene mucho a Israel en la mente y, por consiguiente, está citando del Antiguo Testamento varios pasajes. Ahora entonces él cita un par de pasajes más donde nos dice que Cristo no está lejos de nadie hoy en día, de la misma manera que en el Antiguo Testamento la ley tampoco estuvo lejos de nadie, porque ellos recibieron la ley, la ley era aprendida de memoria, ellos recitaban la ley. De la misma forma que la ley estuvo entre ellos y no la cumplieron, de esa misma manera Cristo estuvo entre ellos en el tiempo de Pablo, y sigue estando entre nosotros, de manera que Él no está muy lejos de nosotros tampoco, para decir como que es difícil llegarle a Cristo.

Escucha lo que dice el texto en los versículos 6 y 7: "Pero la justicia que es de la fe dice así…" Él personifica la justicia que es de la fe. Esa justicia que es de la fe dice así: "No digas en tu corazón: '¿Quién subirá al cielo?'", esto es para hacer bajar a Cristo, "o '¿Quién descenderá al abismo?'", esto es para subir a Cristo de entre los muertos. Para entender eso, yo tengo que hacer lo mismo que hicimos anteriormente, que es irme al Antiguo Testamento y ver dónde hay un pasaje similar que traiga luz a lo que acabo de leer.

Y una vez más voy a acudir a Moisés, el autor del Pentateuco, el autor de Levítico —que ya citamos— y ahora el autor de Deuteronomio, en el capítulo 30, versículos 11 al 13. Escucha; se está hablando de la ley: "Este mandato que te entrego no es demasiado difícil para ti, ni está fuera de tu alcance. No está guardado en los cielos, tan distante, para que tengas que preguntar: '¿Quién subirá al cielo y lo bajará para que podamos oírlo y obedecer?' Tampoco está guardado más allá del mar, tan lejos, para que tengas que preguntar: '¿Quién cruzará el mar y lo traerá para que podamos oírlo y obedecer?'"

En otras palabras, Moisés le estaba diciendo al pueblo: "Escucha, no me digas que la ley ha estado lejos de nosotros, que la ley está difícil de alcanzar, de llegarle, que prácticamente hay que subir al cielo para encontrarse con la ley. Ese no ha sido tu problema. No me digas tampoco que hay que cruzar el mar para encontrarse con la ley. No. La ley ustedes la recibieron; fueron testigos el día que Dios hizo descender la ley hasta ustedes. Ha estado entre ustedes. El problema no es la ley, el problema es tu corazón." Eso es lo que Moisés estaba tratando de comunicarle: ha sido su rebelión.

Entonces Pablo usa eso a manera de analogía para nosotros —para los judíos en su tiempo, pero para nosotros el día de hoy— y cita a Deuteronomio, aunque no literalmente. Y en justicia, una cosa es cierta acerca de todos nosotros, y Pablo se lo dice a los judíos: "No me digan que Cristo está muy difícil de alcanzar." De la misma manera que Moisés les dijo: "No me digan que la ley es el problema." Mira cómo la versión de la Nueva Traducción Viviente te explica o traduce Romanos 10:6 y 7: "Pero el modo de la fe para hacernos justos ante Dios dice: 'No digas en tu corazón: "¿Quién subirá al cielo para hacer bajar a Cristo a la tierra?"' Ni tampoco: '¿Quién descenderá al lugar de los muertos para volver a traer a Cristo de nuevo a la vida?'"

Lo mismo que Moisés les dijo con relación a la ley, le está diciendo Pablo ahora: Cristo vino, Cristo estuvo entre ustedes, caminó entre ustedes; de hecho, todavía sigue entre ustedes. Y de la manera que no le hicieron caso a la ley que tenían entre ustedes, tampoco le han hecho caso a Cristo. Y por eso no tienen salvación, como tampoco la tuvieron antes, porque no pudieron cumplir la ley ni la tienen ahora a través de la persona que sí cumplió la ley.

Versículo 8: "Pero ¿qué dice? 'Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón.'" Es decir, la palabra de fe que predicamos. Pablo está diciendo ahora: "Recuerda, cerca de ti está la palabra." ¿Cuál palabra? Él dice cuál: la palabra de fe que predicamos. La palabra que él les llevó en un momento dado, que él sigue llevando a los hombres. Y él dice: "Esa palabra que yo prediqué, que no es otra cosa que el evangelio, sabes que si tú la creyeras y la confesaras, tendrías que estar de acuerdo en que esa palabra no estaba tan lejos de ti. Está de hecho cerca de tu corazón, si quisieras creerlo." Y de ahí la expresión: "Cerca de ti está la palabra, en tu corazón y en tu boca." Pero no lo haces.

Y esa era como la parte más escabrosa de este texto para poderlo entender. Pero a donde Pablo quería llegar es donde ya llegamos prácticamente. Esa ayuda les hace entender: hoy Dios sabe que no podían cumplir la ley, la tenían entre ustedes, no la cumplieron, todos fallaron. Él entonces les envió a Cristo, quien cumplió la ley. Ha estado cerca de ustedes, sigue estando cerca de ustedes, cerca de todo aquel que le invoque. Pero nadie le cree ni nadie abraza la palabra que predicamos, que es el Evangelio de Cristo.

Entonces, ¿cuál es la palabra que predicamos? En tercer lugar, escucha. Ahora esta es la pregunta: ¿Qué quiso decir Pablo con que el evangelio que predicamos está cerca, al alcance de tu boca o de tu corazón? Porque eso lo da la cabal explicación en el versículo 9, que dice que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación.

Pablo está haciendo una combinación de palabras que yo no sé si todos pudieron verla. Pablo habla de confesar a Cristo como Señor. Es muy fácil confesar a Cristo como Salvador y luego vivir fuera de su señorío, con lo cual yo dejo ver que Él no es mi Salvador. Yo les hablé hace semanas atrás acerca de cómo hubo una controversia en la década de los novecientos ochenta acerca de la salvación y el señorío de Cristo, el Lordship Salvation, donde estos dos teólogos, Hodges y Charles Ryrie, defendían que tú puedes ser salvo simplemente confesando y creyendo a Cristo como Salvador, y que no tenías que proclamarlo ni creerlo como Señor, que eso no formaba parte de la necesidad.

Pablo déjame decirte: si tú confiesas a Jesús por Señor, y aun así es suficiente, porque confesar a Cristo como Señor ciertamente es necesario, la confesión verbal no es suficiente. Lo que afirmas con tu boca debe corresponder a lo que verdaderamente crees en tu corazón.

Con la boca tú necesitas tener una convicción a nivel del corazón. Me voy a leerte por si acaso lo nuevo otra vez. "Si confiesas con tu boca a Jesús por Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo." Una vez más, confesar verbalmente algo o a Cristo es muy fácil. Es tan fácil que Pedro, en un momento dado, lo confesó como el Cristo, el Hijo del Dios viviente, y tiempo después lo volvió a negar.

Así que confesar a Cristo como Señor no es tan difícil. Vivir el señorío de Cristo, eso es otra cosa. Y yo no creo que la mayoría de los hijos de Dios están tan preocupados con vivir el señorío de Cristo, a pesar de que Cristo, como lo hemos dicho recientemente aquí, hasta la sociedad dice: "¿Por qué me llama Señor, Señor, y no hace lo que te digo?" Porque si Cristo verdaderamente es mi Señor, eso implica una de dos cosas, o las dos: que todas las áreas de mi vida están sometidas a su obediencia, o que yo estoy haciendo un esfuerzo por someter todas las áreas de mi vida a su obediencia sin dejar ninguna de ellas fuera. Porque si es Señor de todo, es Señor de nada si lo dejamos fuera de algo.

Confesar a Cristo como Señor, hermano y hermana, y no vivir su señorío, o esforzarme para vivir su señorío, permíteme decírtelo tan pastoralmente como yo pueda, pero tan directamente que salga de mi corazón hacia el tuyo: confesar a Cristo como Señor y no vivir su señorío ni estar haciendo el esfuerzo para hacerlo representa una burla a su autoridad. Es una declaración de rechazo a su gobierno, al gobierno de tu vida.

Si hay algo que queda claro en la Palabra de Dios en el Nuevo Testamento, es que la marca número uno del discípulo es la obediencia. De hecho, déjame dártelo de un texto que yo estoy seguro que todo el mundo conoce y, sin embargo, creo que poco se ha prestado atención a que este texto establece la marca número uno del discípulo: su obediencia. Me refiero al texto de la Gran Comisión, Mateo 28:19-20. "Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones." ¿Qué vamos a hacer? Discípulos. Okay, ¿cómo lo vamos a hacer? "Bueno, mira, los vas a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo." Hasta ahí ya lo sabemos. Escucha ahora: "enseñándoles a obedecer" —la Nueva Versión Internacional dice "guardar", pero la Nueva Traducción Viviente dice "obedecer", porque ese es el significado— "enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo."

Hacen discípulos, ¿y qué van a hacer? Bueno, los bautizan de entrada y les enseñan a obedecer todo lo que Yo les he enseñado. ¿Por qué? Porque es la marca número uno del discípulo. Yo creo que la mayoría de nosotros recordamos el texto de la Gran Comisión para la misión, pero se nos olvida que hay una forma de hacer misión. Una persona verdaderamente salva es un discípulo de Cristo, no hay duda. Verdaderamente salva, y un discípulo de Cristo se conoce por su obediencia, o su esfuerzo por obedecer, o mejor dicho, ambas cosas a la vez.

Esto es lo que Cristo dijo en el Sermón del Monte, capítulo siete, versículos 16 al 20. La primera frase del texto tú la has oído recientemente, pero déjame leer el pasaje completo. Mateo 7:16-20: "Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán."

¿Te das cuenta de los dos portales de ese texto? El versículo 16 comienza: "Por sus frutos los conocerán." El versículo 20 termina: "Por sus frutos los conocerán." Y Cristo dice: no es tan difícil. El día que una persona cree, nace de nuevo, su espíritu es regenerado. De inmediato no es una persona obediente por completo, pero de inmediato comienza a producir buenos frutos porque su naturaleza cambió. Y de ahí Él enfatiza: "Por sus frutos", o por su obediencia, que sería una forma distinta de decirlo, "los conocerán." Con el tiempo, entonces, nosotros comenzamos a ver cambios importantes en los frutos de esa persona que nace de nuevo.

Lo que ocurre con frecuencia, y dolorosamente, yo creo que tú lo sabes también, es que muchas veces la persona que nace de nuevo, o dicen haber nacido de nuevo, tiene mucho entusiasmo, produce uno o dos años de buenos frutos, y con el tiempo comienzan los malos frutos. Y uno tendría que preguntarse: ¿pero qué fue? ¿Fue que el que nació de nuevo se murió de nuevo? Porque como que debiera hacerlo, o algo así. Por eso es que los reformadores decían: "No santificación, no justificación." En otras palabras, si la santificación no es progresiva y visible, pues la conclusión más obvia sería que nunca hubo justificación.

Y hay que Cristo, en el mismo Sermón del Monte, en la versión de Lucas 6:46, dice: "¿Por qué me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que les digo?" En otras palabras: no me gusta ese juego. No me gusta esa incongruencia. No me gusta que me llames Señor y violes mi señorío. Empañas mi nombre, porque otros piensan que verdaderamente eras de los míos, pero luego muestras a la hora de vivir que no eras de los míos. Eso es lo que Cristo está diciendo.

Ahora, recuerda, estamos aún en el versículo 9, y en ese versículo 9 Pablo dice que si se cree que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos, la pregunta sería: ¿por qué Pablo en este momento está echando mano de la resurrección como algo que tienes que creer, y como que ha dejado fuera lo otro? Bueno, es que si resucitó, ya sabes que murió. Y si crees que resucitó, sabes por qué murió y por qué resucitó. Porque como Dios cumplió la ley y murió en sustitución tuya, y resucitó porque como Dios no se iba a quedar muerto físicamente, y volvió a la vida.

Pero yo creo que hay razones importantes, históricas y aún hasta el día de hoy, para seguir enfatizando el hecho de que Cristo resucitó de entre los muertos como una doctrina cardinal que tienes que creer. En primer lugar, al hablar de la historia de la iglesia, ha habido personas que han enseñado que en realidad Cristo no resucitó, que lo que ocurrió fue que Cristo, o mejor dicho, sus seguidores que le amaban tanto, ellos resucitaron en sus mentes los ideales de su maestro y los siguieron propagando. Bueno, si eso es lo que tú crees, tú no eres un discípulo de Cristo. Pero eso es lo que Pablo está insistiendo, y eso ocurrió incluso en la iglesia primitiva, ese tipo de enseñanza. De manera que Pablo está diciendo que no hay duda, hay que creer que Cristo resucitó en cuerpo y que está vivo.

Por otro lado, si tú recuerdas la enseñanza de Pablo a los corintios, y ahora con lo que voy a citar, que probablemente muchos recuerdan, para que veas la importancia que tiene que a la hora de confesar a Cristo como Señor tú puedas entender que Cristo resucitó de entre los muertos, es que esta resurrección se estaba negando en el momento en que Pablo estaba predicando. Mira el texto de 1 Corintios 15:17-20: "Y si Cristo no ha resucitado" —y ahí está lo que se estaba negando— "la fe de ustedes es falsa, todavía están en sus pecados." En otras palabras, si Cristo no ha resucitado, pues tú no has nacido de nuevo, no tienes salvación. "Pero si es así, entonces también los que han dormido en Cristo están perdidos. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos de todos los hombres los más dignos de lástima."

En otras palabras, si Cristo no resucitó, los que están alrededor —no esto de buenas noticias— hay los pobres, mira, creyendo en un hombre que sigue muerto. Hay los pobres sí, tomándose de que Cristo resucitó y que Él se fue, que está preparando un lugar y que va a volver por nosotros. Somos dignos de lástima y nuestra fe es falsa y seguimos en pecado. De manera que Pablo está diciendo que a la hora de confesar a Cristo como Señor, es vital que tú entiendas que resucitó de entre los muertos.

Afirmar, predicar y enfatizar la resurrección de Cristo para la iglesia primitiva fue monumental. De hecho, si revisas el libro de los Hechos, y luego revisas la historia de la iglesia en el primer siglo y aún en el segundo siglo, la iglesia creció, se fortaleció y se expandió bajo la predicación de dos temas predominantemente: la cruz de Cristo y la resurrección de Cristo. Literalmente hablando, eso es vital. Porque cuando tú comienzas a pensar hoy en líderes religiosos de otras religiones y filosofías, sabes que Sócrates está muerto, Aristóteles está muerto, Buda está muerto, Confucio —aparte de confundido— está muerto, Mahoma está muerto, Charles Russell, fundador del movimiento que eventualmente terminó siendo los Testigos de Jehová, está muerto, Elena White del grupo de los adventistas está muerta, Joseph Smith, el profeta y líder de los mormones, está muerto. Solo Cristo está vivo. Él resucitó de entre los muertos y Él pide que nos sometamos a su señorío.

Mira ahora el próximo versículo, versículo 10, de la Nueva Traducción Viviente: "Pues es por creer en tu corazón que eres hecho justo a los ojos de Dios, y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo." De manera que el versículo 10 vuelve a enfatizar lo que ya fue dicho en el versículo 9, y es que tu fe interior tiene que caracterizarse por una expresión exterior. Es posible que yo esté leyendo la Biblia en mi casa y que Dios ilumine el texto, que yo siendo incrédulo, Dios ilumine el texto, abra mi entendimiento, nazca de nuevo, ahora entienda, ahora vea, confiese mi condición de pecador y que yo ahí en mi casa solo confiese a Cristo como Señor y Salvador. Sí, eso es posible.

Pero posteriormente a eso, yo tengo que hablar de Cristo. De ahí la confesión con tu boca. Pablo no está diciendo que tú no puedes nacer de nuevo, como te lo acabo de explicar, en silencio, solo en tu casa leyendo la Biblia. No. Lo que le está diciendo es que un discípulo verdadero, que una persona que ha nacido de nuevo, se conoce porque, posterior a su nuevo nacimiento, él habla de Cristo con algunas personas o con muchas personas, dependiendo de cada caso. Eso fue exactamente lo que Pedro y Juan...

Dijeron, cuando les prohibieron que siguieran predicando: "Es que no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto." En el caso de nosotros, hoy en día tendríamos que decir: "Es que no puedo dejar de hablar de lo que he conocido en Su palabra, de cómo Él me ha iluminado el entendimiento, de lo que he recibido —el perdón y la justicia de Dios—, de la conexión con Él, la reconciliación, y de lo que estoy disfrutando en Su presencia." Y mi expresión externa de mi fe interna debe tener dos manifestaciones: en palabras y en mi forma piadosa de vivir. Ambas cosas hablan de la fe que yo tengo.

Eso de que esta frase se le ha atribuido a Francisco de Asís, pero en realidad nadie sabe si él la dijo, cuándo la dijo y dónde la escribió. Pero la expresión de que Francisco de Asís, o algún otro, dijo: "Predica el evangelio, y cuando sea necesario habla con palabras", eso es un sinsentido. Tú no puedes simplemente vivir el Evangelio. Tú debes vivir el Evangelio, pero el Evangelio es un mensaje para ser predicado, para ser hablado, para hablar de la Palabra que predicamos, del Evangelio que es predicado, porque eso es como Dios lo diseñó para que nosotros fuéramos portavoces de Su mensaje.

Entonces, habiendo explicado ahora esto último, te lo leo de nuevo. El versículo 10 de la Nueva Traducción Viviente: "Pues es por creer en tu corazón —en tu interior, no de boca— que eres hecho justo a los ojos de Dios, y es por declarar abiertamente tu fe que eres salvo." Después de eso, el versículo 11 dice: "Pues la Escritura dice: 'Todo el que crea en Él no será avergonzado.'"

De manera impresionante, aun eso representa no una cita textual de otro texto del Antiguo Testamento, pero sí una alusión. Isaías 28:16 dice lo siguiente: "Por tanto, así dice el Señor Dios: Yo pongo por fundamento en Sion una piedra." Eso es como el Mesías que habría de venir, como roca, como piedra, siendo anunciado cientos de años antes de que llegara. "Yo pongo por fundamento en Sion una piedra, una piedra probada, angular, preciosa, fundamental, bien colocada; el que crea en ella no será perturbado." Otras traducciones dicen: "El que crea en ella —en esa piedra— no será sacudido", o "no será zarandeado", dependiendo de la traducción que tú tengas.

Entonces, ahí tú tienes de nuevo a Pablo haciendo alusión a una cita del Antiguo Testamento, Isaías 28:16. "La Escritura dice" —esa frase tiene que ver con algo que está en el Antiguo Testamento—: "Todo el que crea en Él no será avergonzado." E Isaías dice: "Todo el que crea en esa roca no será perturbado, sacudido, no será molestado, zarandeado." La misma idea.

Ahora, cuando tú llegas al Nuevo Testamento, te encuentras alusiones a la misma piedra y a la misma roca. Porque en Lucas 6:48, Cristo, hablando en el Sermón del Monte, se refiere a Él mismo como la roca sobre la cual nosotros construimos nuestras vidas. Y si tu vida está construida sobre la roca, sobre Cristo, cuando venga la tormenta tú no serás zarandeado. Pero si construyes sobre la arena, cuando la tormenta venga, lo que hace a la construcción se desvanecerá. Lo que les está diciendo es que la fe de los discípulos verdaderos y los no verdaderos es probada, y la diferencia entre una fe verdadera y una no verdadera es que con las pruebas la fe verdadera permanece; no puede ser sacudida, pero permanece firme sobre la roca. La fe no verdadera, como está construida sobre arena, se deshace.

Eso es Cristo en Lucas. Es Pedro ahora en Hechos 4:11, donde se dice que Cristo es la piedra desechada por los constructores, por aquellos que enseñaban el Antiguo Testamento. El mismo Pedro, en su primera carta, en 1 Pedro 2:4, dice que es la piedra escogida y preciosa. Y en la misma carta, 1 Pedro 2:6, la llama la piedra angular, y el que crea en Él no será avergonzado.

Entonces tú puedes ver de dónde arrancó Pablo, hablando de verdad de que ustedes tuvieron la ley, trataron de cumplirla, no la cumplieron, y no cumpliéndola creyeron que la habían cumplido y que tenían salvación. Impresionante eso. Y él les está diciendo: "Pero la salvación a ustedes les llegó, la tuvieron entre ustedes, y no la cumplieron. No me digas que estaba tan lejos de llegar a conocerla, como que habría que subir al cielo o bajar al mar. No, no es verdad." El problema no fue la ley. Y así como arrancó ahí, termina ahora en lo que es el texto sobre el Evangelio: la confesión de Cristo como Señor, la vivencia del señorío de Cristo, y la necesidad de creer internamente y al mismo tiempo profesar en palabras y en tu forma de vivir externamente lo que crees en tu corazón.

En cuarto lugar, yo creo que veamos cómo Pablo aplica las enseñanzas de la salvación a todo tipo de persona, no importa quién sea. Recuerda que él está, desde el capítulo 9, tratando con los judíos. Pero él quiere ahora que sus compatriotas y conciudadanos entiendan que el plan de salvación, número uno, no es solamente para ellos, que siempre vivían orgullosos de que eran los merecedores de la salvación; y número dos, que la forma de obtener dicha salvación para ellos es exactamente la misma que para el resto de la humanidad.

Escucha el versículo 12 y 13: "Porque no hay distinción entre judío y griego." ¡Ay, yo no me imagino cómo eso les cayó a ellos! Porque para ellos, los gentiles o los griegos —que era la misma cosa; recuerda que te comenté en una ocasión que había un rabino que enseñaba que Dios creó a los gentiles para atizar el fuego del infierno— y Pablo tiene la osadía de decir: "No hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invoquen; porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo." No importa si es judío o gentil.

Esa frase, "no hay distinción", es muy paulina. Aparece en Romanos dos veces: en Romanos 3:22, la vimos meses atrás, y ahora en Romanos 10:12. Pero aparece también en Gálatas 3:13. De manera que en tres ocasiones en cartas de Pablo aparece la frase "no hay distinción entre unos y otros." Él es Señor de todos. En la época de Pablo era importante establecer que no había ninguna distinción entre ellos —judíos— y el resto. Pablo quería que sus conciudadanos entendieran, y no solo eso: que todos debemos entender que al pie de la cruz todos somos nivelados.

Escucha cómo Pablo se lo explica a los gálatas, Gálatas 3:26-29: "Pues todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús; esa es la única forma. Porque todos los que fueron bautizados en Cristo de Cristo se han revestido. No hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer." Yo pudiera agregar: ni ricos ni pobres, ni blancos ni negros, ni amarillos ni azules, "porque todos son uno en Cristo Jesús. Y si ustedes son de Cristo, entonces son descendencia de Abraham, herederos según la promesa." ¡Wow! Pablo está diciendo ahora que si yo he puesto mi fe en Cristo y estoy en Cristo, ahora yo soy descendiente espiritual de Abraham; que no es la circuncisión en la carne la que me salva, como ellos creyeron, sino la del corazón, y creer en Cristo me hace descendiente espiritual de Abraham.

En quinto lugar, Pablo establece en este texto nuestra responsabilidad con la Gran Comisión, versículos 14 y 15. Yo creo, y quiero que le presten atención, que frecuentemente la mayoría de los hijos de Dios no hemos adquirido un sentido responsable de que yo tengo que participar en la Gran Comisión de alguna manera. No dije con eso que tú tienes que ir y ser misionero porque está la silla vacía. Lo que estamos hablando es que tienes que participar de la Gran Comisión de alguna manera.

Escucha cómo Pablo dice lo siguiente. Les está hablando de la Palabra que predicamos. Entonces él dice, versículo 14: "¿Cómo invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: '¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el Evangelio del bien!'"

Hay que establecer aquí varias premisas en estas palabras. Número uno: para recibir salvación, Cristo necesita ser invocado. Como explicamos más arriba: confiesas con tu boca y crees en tu corazón que Jesús es Señor y que Dios lo resucitó de entre los muertos. Si confiesas con tu boca. Pero ahora yo acabo de leerte: "¿Cómo invocarán a Aquel en quien no han creído?" Premisa número dos: para creer en Cristo, la gente tiene que oír de Cristo. Como que eso se cae de la mata, pero Pablo está haciendo preguntas retóricas. "¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído?" Explícame: si tú me dices que solamente a través de Cristo se puede llegar a ser salvo, y me dices que para ser salvo hay que invocarlo a Él, pero nunca he oído de Él... "No entiendo, Pablo." Bueno, él sigue haciendo la pregunta para que tú y yo asumamos responsabilidad.

Premisa número tres: para oír de Cristo, la gente necesita escuchar la predicación del Evangelio. Escucha: "¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?" Todo esto está en el versículo 14. Las tres premisas que he dado están en el versículo 14. Y si tú bajas al versículo 17, va a salir que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. El mensaje del Evangelio fue diseñado predominantemente —no exclusivamente, pero predominantemente— para ser predicado, oído y después creído.

Y Pablo dice: "¿Pero cómo van a invocar ese nombre de Cristo si no hay quien les predique?" Ya sea el pastor en el púlpito, ya sea alguien compartiendo en un grupo pequeño: es un vocero de Dios, es el instrumento que Dios usa para que Su voz sea oída. Es como ahora mismo: yo estoy hablando y tú me estás escuchando, pero yo tengo un instrumento a través del cual tú me oyes. ¿Cuál es? El micrófono que tengo y las bocinas que están transmitiendo el sonido. Eso es exactamente lo que es el mensaje de Cristo, el Evangelio de Cristo. Y nosotros somos los micrófonos y las bocinas a través de los cuales Dios hace Su voz oída, la hace oír.

Vaso que Dios prepara para hacer fluir su poder, de manera que tu encuentro con la Palabra sea vivo, sea real, sea humano y sea como en vivo, por así decirlo. De la misma manera que Dios habló y el universo fue creado, de la misma manera que Dios dijo "sea la luz" y hubo luz, de esa misma manera cuando el Evangelio es predicado, el Dios que dijo "de las tinieblas resplandecerá la luz" es el que ha resplandecido en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo. 2 Corintios 4:6.

El mismo Dios que habló y dijo "sea la luz" es el Dios que ahora habla a través del heraldo, del predicador, y dice en el interior oscuro del incrédulo: "sea la luz", y el que nació de nuevo ve lo que antes no veía, y ahora de repente él puede llegar a los pies de Cristo.

Pero además, para hablarles de acuerdo a los corintios, porque yo te acabo de citar 2 Corintios 4:6, en ese mismo capítulo cuatro de 2 Corintios, avanza un poco, llega al capítulo cinco, y les recuerda la misma responsabilidad. Capítulo cinco, versículos 18 y 19: "Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió con Él mismo por medio de Cristo y nos dio el ministerio de la reconciliación". Versículo 19: "es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones". Esa es la soberanía de Dios, el no tomar en cuenta a los hombres sus transgresiones; eso es soberanía.

Escucha ahora mi responsabilidad: "y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación". ¡Vingo! Lo digo: hay una soberanía de Dios y hay una responsabilidad de los hombres. La soberanía de Dios en la salvación, en la elección, en el no tomar en cuenta a los hombres sus transgresiones. Pero hay una responsabilidad de los hombres: una de aquellos que predicamos, enseñamos o hablamos, y otra de aquellos que escuchan lo hablado. Y nos han encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. En otras palabras, Dios no le dio esa responsabilidad a los ángeles, ni a los arcángeles, ni a los serafines, ni a los querubines. Dios nos dejó eso a nosotros.

Yo te leí 2 Corintios 5:18-19. Escucha los versículos 20 y 21, por si no me quedó clara mi responsabilidad: "Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; como si Dios hablara por medio de nosotros, sus micrófonos. En nombre de Cristo les rogamos: reconcíliense con Dios. Al que no conoció pecado lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él". Eso es cómo ocurre el intercambio, ¿verdad? Mis pecados por su santidad. De esa imputación de la que hablamos. Pero ¿cómo la gente va a saber eso si no hay quien les predique? ¿Y cómo van a ir a predicar si no hay quien los envíe?

De manera que tú, o vas, o sostienes a los que van. "¿Y cómo lo voy a sostener, pastor? Tú sabes, me tengo que implicar." Tú ahora oras por ellos, qué bueno, pero no solamente eso: tú los apoyas financieramente también. "¿Y de dónde, pastor?" De tu bolsillo, con tu corazón involucrado. En eso nosotros somos embajadores, de la misma manera que los presidentes tienen embajadores y los envían a naciones extranjeras con un mensaje y les dicen: "Asegúrate, te lo voy a dar por escrito en una carta, para que tú se lo digas". Pero realmente ahí está el anuncio verbal. Pero también, como ya lo dije, somos nosotros: somos enviados del mundo de la luz al mundo de las tinieblas, de parte del Presidente del universo, que tiene un mensaje y me dice: "Mira, te lo voy a dar por escrito, y tú lo comunicas verbalmente, oralmente. Pero como tú te vas, entonces quiero que se lo dejes también por escrito, en mi Palabra".

Ahora recuerda que el embajador, sobre todo si tú eres un embajador de Donald Trump, tú no va a negociar los términos; tú va a declarar los términos. Y nosotros no somos enviados a negociar los términos con el hombre. No, no, no, no. Nosotros vamos a declarar los términos. Cuando tú predicas la Palabra, el Espíritu de Dios toma la Palabra y la aplica al corazón, y de repente ahora los ojos son abiertos.

¿Y qué ocurre cuando los ojos son abiertos? Lo que está ocurriendo en este momento, en este mismo momento, yo no lo sé. La persona ve su pecado, pero no solamente ve su pecado: ve la necesidad de ser limpiado de su iniquidad, porque se siente culpable, se siente sucio. Pero al mismo tiempo, como los ojos están abiertos de parte de Dios, él también ve la oferta de perdón de parte de Cristo, la oferta del perdón que Cristo ha ofrecido al hombre. Y cuando él recibe esa combinación de cosas, termina invocando su nombre para proclamarlo como Salvador, para que lo saque de su perdición, y como Señor, para que lo saque de su rebelión. A mí hay que sacarme de dos condiciones: de mi perdición, y para eso Él es mi Salvador; y de mi rebelión, y para eso Él es mi Señor.

Te había dado tres premisas hasta ahora. Hay una cuarta, que es nuestra responsabilidad de ir. "¿Y cómo predicarán si no son enviados?" Las primeras tres están en el versículo 14; esta está en el versículo 15: "¿Y cómo predicarán si no son enviados?" Y Pablo cierra con estas palabras: "tal como está escrito". "Tal como está escrito" implica Antiguo Testamento. Tenemos que salir corriendo para allá para ver dónde está escrito: "tal como está escrito, cuán hermosos son los pies de los que anuncian el Evangelio del bien".

Como ya lo dice "tal como está escrito", nos vamos al Antiguo Testamento para ver dónde aparece una cita similar o igual, porque a veces Pablo, o cualquiera de los otros, está literalmente citando, o a veces está aludiendo. Entonces escuchen: Isaías 52, el profeta mesiánico, versículo 7. Nos encontramos esta cita: "¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas!" Nótese: del que trae, singular; del que anuncia la paz, singular; del que trae las buenas nuevas de gozo, singular; del que anuncia la salvación, singular; y dice a Sion: "Tu Dios reina". Aquello está aludiendo a que, en el contexto de Isaías, los pies que son hermosos son los pies del Mesías que vendría con buenas nuevas, a anunciar la paz, a anunciar buenas nuevas de gozo, a traer salvación, a decir "tu Dios reina". Esos son los pies que eran hermosos.

Pero ahora, como me han encomendado la palabra de la reconciliación, Dios me dice: "No, pero espérate. Ahora tus pies también deben ser hermosos, porque ya yo vine y hice bien hace dos mil años, y trabajé el mensaje de salvación. Ahora tú ya lo aprendiste, a ti te di vida. Ahora pon a lucir la hermosura de tus pies". Y esta es la cadena. Por favor, este es la cadena: es una cadena de causa y efecto. Escuchen: unos son enviados; de esos enviados, unos predican el Evangelio; otros escuchan la oferta del Evangelio, la oferta de perdón; de esos que escuchan, algunos creen el mensaje; de esos que dicen creer el mensaje, unos terminan sometiéndose al señorío de Cristo y muestran que han nacido de nuevo por sus frutos y su carácter piadoso; otros simplemente profesan la fe pero no poseen la fe: son profesores de la fe pero no poseedores de la fe.

Pero tenemos que ir. "Para mí no, yo no soy pastor. Muy bien. Yo no soy misionero. Muy bien. Para dormir a mí no me gusta viajar. Perfecto. Y por tanto, yo no creo que esos pies tan hermosos yo los puedo exhibir." ¿Tú trabajas en algún sitio? Sí. No, déjame comenzar con el que no trabaja. "No trabajo en ningún sitio." ¿Tú vives en algún lugar, en alguna casa? Sí. ¿Tú tienes vecinos? Sí. ¿Tú crees que tus pies pueden ir de tu casa a la casa del vecino y compartir el Evangelio y ser parte de esta gran comisión?

Pero ¿qué hay de tu trabajo? Así, en tu trabajo, ¿hay una oficina o hay varias oficinas? "No, hay varias, pero muy lejas una de otras." "Tú creo que tú podría ir..." "Oiga, si usted supiera, pastor, que donde yo trabajo hay como cinco cubículos en una misma oficina." O sea, ¡tú tienes a tres pies un campo misionero! Pero no puedes decir: "Bueno, es que yo nunca he sido bueno hablando." ¿De qué tú hablas? "Bueno, si le digo la verdad, es que fue un módulo disparate de las redes sociales lo que salió." ¡Nos has puesto a hablar! ¿Y de qué tú hablas? "Yo hablo de lo que me interesa." Ya yo entiendo. O sea, lo otro tú no lo hablas porque no te interesa. "Para esto es que yo no sé mucho de la Biblia." ¡Vingo! Ese es el problema: sabes mucho de los chismes de las redes sociales pero no sabes nada de la Biblia. Pero sabes mucho de las redes sociales porque tú vives en las redes sociales. ¿Sabes cómo tú sabrías mucho de la Biblia? Si vivieras en la Biblia. No es tan complejo. No hay que subir al cielo para encontrarla, ni bajar al mar para buscarla. Está tan simple como eso, está a tu alcance.

Dáme un micrófono para soltarlo, por favor. Mira cómo John Piper ve la importancia de la evangelización del mundo. En su libro *Alégrate en las naciones* —*Let the Nations Be Glad*, la gran comisión—, escuchen: según Piper, la evangelización es la manera de traer las naciones al señorío de Cristo. Es la manera de destruir los ídolos y dioses paganos que esclavizan a las naciones. Es la forma de traer a estas naciones a adorar a nuestro Dios. Escuchen: es la forma de bajar todos los índices que el pecado causa. Es la forma de bajar los índices de feminicidios, de homicidios, de abortos, de drogas, de alcoholismo, de abusos.

¿Yo estoy viendo? Es la forma de bajar todos los índices de crímenes del mundo. Las leyes son todos los días más, y los crímenes son también todos los días más; no funcionan. La única manera de que eso funcione es que la mente y el corazón de los habitantes de las naciones cambien. La única forma en que puede cambiar es si ellos nacen de nuevo. Y la única forma en que pueden nacer de nuevo es si ellos invocan el nombre de Cristo. Pero no pueden invocar el nombre de Cristo sin haber oído el nombre de Cristo. Pero no pueden oír el nombre de Cristo si no hay alguien que les predique. Pero no hay nadie que les predique si no son enviados.

Y entonces, ¿qué hacemos? Les enviamos, las sostenemos, y nosotros también vamos, aunque sea a la oficina de la gente al lado. ¿Entendiste? En este mismo libro, Piper dice que la razón para que las misiones existen es porque los adoradores no existen, porque la adoración no existe. De manera que si queremos menos rebeldes en el mundo, menos gente de Hamas y menos gente de ISIS, ellos tienen que conocer el Evangelio.

Ahora, a la hora de ir, asegurémonos de que vamos a predicar el mensaje correcto. Asegurémonos que no predicamos un Evangelio moralista, como que el hombre se comporte mejor. Asegurémonos que no predicamos un Evangelio terapéutico, que todos los problemas míos son causados por heridas del pasado que otros me causaron, que ellos son la víctima y yo soy la víctima. Asegurémonos que no es eso. Asegurémonos que el mensaje no simplemente te dice: "Dios te ama y tiene un maravilloso plan para tu vida", sobre todo a esta generación egocéntrica y narcisista como la tenemos.

Recuerda lo que Cristo dijo: que seguirlo requiere una muerte. Escucha, y a todos les decía: "Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame, porque el que quiera salvar su vida la perderá". Requiere una muerte. "Pero el que pierda su vida por causa de mí, ese la salvará." Seguir a Cristo requiere una muerte. Para eso tengo que nacer de nuevo. ¿No habías oído que hay que nacer de nuevo?

Ahora escucha, hablando de la vieja cruz, como se predicó antes, y la nueva cruz, como se predica ahora. Voy a escuchar a A. W. Tozer en su libro *La vieja cruz y la nueva*. "La nueva cruz alienta a llevar a cabo un abordaje evangelístico completamente diferente. La forma moderna de evangelizar: el evangelista no exige una renuncia a la vieja vida para poder recibir la nueva. No predica acerca de los contrastes o las diferencias con el mundo, sino acerca de las similitudes. Busca captar el interés del público mostrándole que el cristianismo no hace demandas desagradables; más bien proclama que la vida cristiana ofrece lo mismo que el mundo, pero en una versión superior."

"Lo que hace este nuevo sistema es mostrar de manera inteligente que cualquier cosa que el mundo pecaminoso proclame es igual a lo que ofrece el Evangelio, pero con la diferencia de que el producto religioso es mejor. La nueva cruz no extermina al pecador, sino que lo reorienta; lo conduce a una manera de vivir más pura, más moral y alegre, y cuida el respeto por sí mismo. A aquel que tiene confianza en sí mismo le dice esa nueva cruz: 'Ven y confía en ti mismo para Cristo.' Al egoísta le dice: 'Ven y sé engreído para el Señor.' Al aventurero que busca emociones fuertes le dice: 'Ven y disfruta la adrenalina del compañerismo cristiano.' Este movimiento acomoda el mensaje cristiano hacia la dirección que esté de moda para lograr que sea aceptable."

"La filosofía que está detrás de este tipo de enfoque puede ser sincera, pero su sinceridad no la hace menos falsa. Su falsedad radica en que, seguida, pierde de vista por completo el significado íntegro de la cruz." Más adelante, Tozer dice: "Nosotros, los predicadores del Evangelio, no debemos considerarnos agentes de relaciones públicas enviados a establecer una buena relación entre Cristo y el mundo. No debemos creer que fuimos comisionados para lograr que Cristo sea aceptado en las grandes empresas, en la prensa, en el mundo de los deportes o en la educación moderna. No somos diplomáticos, somos profetas, y nuestro mensaje no es un acuerdo, es un ultimátum." Eso es como es: o crees en Él, o mueres sin Él.

Padre, gracias porque Tú enviaste a Cristo desde los cielos aquí abajo para que esté cerca de nosotros, y nos envías a nosotros hacia afuera para que otros puedan estar cerca de Cristo a través de nosotros y cerca de Su mensaje. Gracias por enseñarnos en Tu Palabra lo que tenemos que creer verdaderamente en nuestro corazón y lo que tenemos que confesar con nuestra boca. Señor, gracias porque incluso a través de la historia de la iglesia Tú nos has dejado diferentes credos que resumen para nosotros lo que necesitamos creer, porque forman parte de doctrinas que forman parte de la columna vertebral de la fe cristiana. Gracias por la fidelidad de aquellos que han ido delante de nosotros. Ayúdanos ahora a ser fieles a la proclamación del Evangelio, y a recordar que no somos diplomáticos, somos predicadores, somos atalayas; que nosotros no entregamos un acuerdo que es para ser negociado, sino un ultimátum: o Cristo, o la muerte. Ayúdanos, Dios, en el nombre de Tu Hijo Jesús, amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te pido que te suscribas a este canal, de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.