La vida se vuelve más difícil cuando nos falta sabiduría, y la buena noticia es que Dios promete darla abundantemente a quien la pida. Santiago presenta siete marcas que identifican la sabiduría que viene de lo alto, y todas ellas se manifiestan no en habilidades intelectuales sino en un carácter transformado. La sabiduría no termina en conocimiento; termina en transformación.
La primera marca es la pureza: un corazón con deseos santos que odia el pecado desde lo más íntimo. De esa pureza nace la segunda marca, la paz. Una persona sabia no es generadora de conflictos ni agitadora, sino promotora de reconciliación. La historia de Sansón ilustra trágicamente lo contrario: un hombre que nunca conoció la pureza ni la paz, gobernado por sus deseos, atrapado en un ciclo de venganza que terminó destruyéndolo. Lo que mató a Sansón no fue la fuerza de sus enemigos sino su falta de temor de Dios.
La sabiduría divina también es amable, respondiendo con paciencia aun bajo presión; es benigna, fácil de tratar y dispuesta a ceder en los conflictos; está llena de misericordia que mueve a la acción hacia quienes sufren; es imparcial, sin favoritismos ni inconsistencias; y es sincera, sin máscaras ni doble cara. El resultado de sembrar estas semillas es una cosecha de justicia. Si sembramos discordia, cosecharemos odio; si sembramos paz, cosecharemos reconciliación. La invitación es clara: si crees que te falta sabiduría, pídela.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, días a todos. A los que no había tenido la oportunidad, ¡feliz año! Una de las cosas que a mí me encanta de nuestra cultura es que todavía en marzo uno se está felicitando, y ya en noviembre empezamos a felicitar porque no puede el año que llegue. Muy contentos de que podamos estar juntos aquí.
Si son tan amables, por favor vamos al libro de Santiago, capítulo número 3. Santiago, capítulo número 3. Hemos titulado el sermón de esta mañana: "Procura la verdadera sabiduría." Procura la verdadera sabiduría. Santiago, capítulo número 3.
Para introducir, simplemente voy a leer los versículos 17 al 18, aunque luego vamos a explicar el contexto. Dice el versículo 17: "Pero la sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía. Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz."
Alguien decía que la vida es realmente difícil, pero siempre será más fácil cuando tenemos la sabiduría de Dios. En la mayoría de las dificultades, un elemento que es común cuando se acrecientan esas dificultades es nuestra simpleza. Simplemente no somos lo suficientemente sabios para muchos de los desafíos que Dios trae a nuestra vida. En general, nos hemos conformado con vidas muy ordinarias, y eso no podrá ser superado a menos que aprendamos a tener más en cuenta a Dios. Si muchas veces nosotros ni siquiera sabemos cómo encontrar esa sabiduría que tanto necesitamos, es ahí donde este pequeño libro llamado Santiago viene a ser de una ayuda tan especial para nosotros.
El autor inspirado, Santiago, al inicio de su carta trae una de las promesas más maravillosas que encontramos en las Escrituras. En Santiago 1, versículo 5, dice: "Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada." A mí me encanta cómo la traducción aquí introduce esto: "a todos dará abundantemente." Esa es una excelente noticia. Esa es una maravillosa promesa para nosotros. Tú necesitas sabiduría, entonces Santiago dice: pídela, pídela a Dios. Ese es el punto, eso es lo que tienes que hacer.
La parte más difícil del proceso es admitir que realmente necesitamos esa ayuda de Dios. Por eso es que si tú estás listo para admitir, para reconocer, para confesar que necesitas a Dios; si tú estás listo para humillarte delante de Él y decir: "Señor, ayúdame, te necesito, mi vida es un desastre, mis relaciones se están acabando", entonces Santiago dice: Dios está listo. Dios está dispuesto a ayudarte. Pídela, la sabiduría. Dios promete que la dará abundantemente.
Una aclaración todavía en la introducción: hay una diferencia muy grande entre lo que es conocimiento, inteligencia, y lo que es sabiduría, en la manera como la estamos estudiando aquí. Cuando hablamos de conocimiento, eso se refiere generalmente a acumulación de hechos, inteligencia, capacidades. Cuando hablamos de sabiduría, en cambio, es el entendimiento para comprender qué significan esos hechos. Y más que eso, tener el discernimiento, tener el entendimiento para aplicar lo que sabes a una mejor vida, sobre todo una vida más cercana a Dios. Tú pudieras ser la persona más inteligente del mundo y aun así tener una vida triste, tener una vida ordinaria, tener una vida miserable. Cualquiera puede darte conocimiento, pero solo Dios puede darte sabiduría. Solo Dios puede darte sabiduría. De hecho, Santiago dice literalmente: "la sabiduría que viene de lo alto", viene de arriba, refiriéndose a que es divina, es de Dios.
La pregunta es esta: ¿cómo es la sabiduría de Dios? ¿Cómo poder entender en la práctica esa sabiduría? Y eso es justamente lo que Santiago quiere hacer en este capítulo 3. Él comienza con una pregunta retórica, que es Santiago 3, versículo 13: "¿Quién es sabio y entendido entre vosotros?" Es una pregunta que él mismo va a responder en términos de una propuesta. Si eres sabio, si eres entendido, entonces deberás mostrarlo. ¿Cómo? ¿Demostrando tu inteligencia porque sabes muchas cosas? No, dice Santiago: "que muestre por su buena conducta sus obras en mansedumbre de sabiduría."
Esto es extremadamente importante. Para Dios, la sabiduría se mostrará no en habilidades intelectuales, sino en un carácter transformado por Su gracia. La sabiduría no termina en conocimiento; la sabiduría termina en transformación. Si eres sabio, deberás evidenciarlo con el carácter de tu vida. Lo que Santiago está diciendo es que esto es un laboratorio. Estamos en el terreno de la aplicación. Aquí no hay teorías. ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que lo muestre por su buena conducta, sus obras en mansedumbre de sabiduría.
Y lo primero que el autor de la carta hace para diferenciar es establecer un contraste, y empieza negativamente: ¿qué no es la sabiduría de lo que estamos hablando? Dice el versículo 14 al 16: "Pero si tenéis celos amargos y tenéis ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad. Esa sabiduría no es la que viene de lo alto. Esa sabiduría es terrenal, esa sabiduría es natural, esa sabiduría es diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala."
Lo que Santiago está tratando aquí de descifrar, de ayudarnos a entender, es cómo luce esa sabiduría en la práctica. Negativamente, tú no puedes decir consistentemente que tienes sabiduría de Dios cuando lo que en tu vida se muestra es pleitos, amargura, engaño e hipocresía. Santiago dice que eso es justamente una contradicción. Esa sabiduría, si se puede llamar sabiduría, es natural, es terrenal. Y en los términos que estamos tratando de enfatizar, algo extraordinario, de hecho para ser más preciso en la fuente de donde procede: eso es diabólico, es contrario.
La pregunta entonces es: ¿cómo luce la sabiduría de lo alto? Y Santiago pasa entonces a darnos siete marcas, características que identifican invariablemente lo que es la sabiduría de lo alto. Es el versículo 17: "Pero la sabiduría de lo alto, la que viene de Dios, es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía." Y lo que yo quisiera esta mañana es examinar nuestro texto para ser edificados, y más que edificados, desafiados y animados a entender cómo Dios describe lo que es la sabiduría que viene de lo alto.
Siete marcas de la verdadera sabiduría. En primer lugar, dice él, la sabiduría de lo alto es pura. El texto dice: "primeramente pura." Porque Dios es santo, porque Dios es puro, todo lo que viene de Dios es así, es como Él. Santiago, en la lista, introduce esto y dice "primeramente": es un énfasis profundo en el idioma original. La idea es esta: antes de que empecemos a hablar, para que no nos confundamos, antes de hablar de los detalles, déjame explicarte lo primero que tiene que tener. Es el requisito indispensable, por eso, por eso. La palabra implica un carácter íntegro moral y espiritual. En el idioma original, la palabra que se usa aquí tiene que ver con integridad espiritual, integridad moral: una conducta libre de celos amargos, libre de ambiciones, libre de arrogancia.
Esa palabra que se usa aquí aparece relacionada al Señor Jesucristo. Escuchen esto. En primer lugar, 1 Juan, un texto muy conocido, capítulo 3, versículo 3, dice: "Y todo aquel que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro." Ahí está la palabra: como Jesús, se purifica. Alguien decía: muéstrame un creyente y yo te mostraré una persona cuyo corazón tiene deseos puros, deseos santos. La parte más profunda de su ser, cada creyente debe anhelar hacer la voluntad de Dios, servir a Dios, amar a Dios.
Cuando el salmista describe esta realidad en una de las más grandes confesiones que registra la Palabra, dice el Salmo 51, versículos 6 y 7: "Tú deseas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho conocer sabiduría. Purifícame con hisopo y seré limpio, lávame y seré más blanco que la nieve." Un verdadero creyente odia el pecado desde lo más íntimo de su ser. El Espíritu Santo, al venir a morar en él, genera un anhelo ferviente de perseguir lo que es puro, de perseguir lo que es limpio, santo, bueno y honesto.
Es interesante que en esta descripción que vamos a estudiar de la sabiduría de lo alto, cada una de estas siete características guarda una relación muy estrecha con la descripción de las bienaventuranzas en Mateo, capítulos 5 al 7. Cuando el Señor Jesucristo, en Mateo capítulos 5, 6 y 7, está contenido lo que se llama el Sermón del Monte. Para alguno de aquellos que no están muy familiarizados con la idea, el Sermón del Monte fue un sermón que se dio en un monte, pero por el mejor predicador del mundo: el Señor Jesucristo. Una de las porciones del Sermón del Monte describe el carácter del cristiano, las bienaventuranzas. Y es interesante que Santiago, de manera consonante, asocia cada descripción de esa sabiduría de lo alto con las bienaventuranzas.
Por ejemplo, Mateo 5:8: "Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios." La palabra "verán" ahí en Mateo 5:8 puede ser traducida también como "entenderán." Los puros de corazón realmente entienden a Dios, verán a Dios, comprenderán lo que Dios es. Hebreos 12:14 lo pone en estas palabras: "Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor, nadie entenderá." Por tanto, si queremos ser sabios, si queremos esa sabiduría especial de lo alto, en primer lugar tenemos que cultivar la santidad, la santidad.
En segundo lugar, dice: "Pero la sabiduría que viene de lo alto es primeramente pura, y después pacífica." Muy interesante la conexión. En segundo lugar, pacífica. En el idioma original, la palabra significa "amante de la paz, promotor de la paz."
Otra vez, se sincroniza con una de las bienaventuranzas. Mateo 5:9 dice: "Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios." Ahí está la conexión otra vez.
Déjeme ilustrar el contraste. ¿Qué es lo contrario a ese espíritu de paz que se genera aquí? Hay gente que lo que su vida muestra es que son generadores de conflictos, agitadores, convulsionan donde quiera que están, prefieren pelear antes que hablar, gritan cuando debieran escuchar, nunca dan un paso de reconsideración porque siempre creen que tienen la razón. No les preocupa encontrar un término medio porque son un puente roto. Se sabe lo que son puentes rotos en los campos aquí: cuando llueve mucho en esos pueblitos pequeños, hay un puentecito. Cuando el río pasa por el puente y está roto, no se puede pasar ni de aquí para allá, ni de allá para acá. Hay gente así: está en un asunto, se trancó el juego, son agitadores que rompen la paz.
Y este término encuentra una especial aplicación cuando estamos en medio de los conflictos. Ya leíamos los versículos anteriores; se habla de una paz, una sabiduría que es terrenal, que no es espiritual, que es diabólica, que causa caos donde quiera que va. Pero la sabiduría de Dios es diferente. Cuando una persona exhibe esa sabiduría de lo alto, es una persona llena de paz, es una persona que genera sanación, es una persona que promueve la reconciliación. Es una persona sabia, amante de la paz; cuando llega a un lugar, impacta ese lugar reconciliando gente y trayendo paz a sus corazones.
Hay gente que reconcilia. La sabiduría es pacífica. Esta persona, porque ya está en paz con Dios, está en paz consigo misma, y por tanto puede promover una atmósfera de paz. Salomón, en uno de sus proverbios, lo describió así. Dice Proverbios 14:30: "El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corrompe los huesos." De vida viene un corazón en paz. Cuando hay engaño, eso corrompe.
Si deseamos cultivar la sabiduría divina, debemos renunciar a todo espíritu de violencia, debemos renunciar a todo espíritu de amargura, a todo espíritu de provocación, a todo espíritu de odio. La base de esta paz está conectada con la primera marca de la sabiduría, que es la pureza. Hay paz porque primero hay pureza de corazón. Decía alguien —escuchen esto—: "Yo nunca he visto una disensión entre dos amigos, un conflicto entre dos amigos, una ruptura en una iglesia, una rebelión en ningún estado, una guerra entre dos países, una controversia destructiva de ningún tipo, que no tuviera su origen en una impureza de alma." Todo comienza con un problema del corazón. No hay pureza, y por tanto hay problemas de paz.
Déjenme decirles: yo estoy convencido de que la mejor manera de entender estas cosas es graficándolas. Y yo les voy a traer una ilustración de uno de los personajes más populares de la Biblia, que se llama Sansón. Yo voy a usar la historia de Sansón para describirles una persona que no conoció la pureza, una persona que no conoció la paz, y cómo su vida terminó. Yo quisiera que vean gráficamente lo que estamos hablando. Los primeros dos elementos de la sabiduría de lo alto: pureza y paz. Ninguna de las dos tuvo Sansón.
Quiero, por favor, que vayan conmigo a Jueces, capítulo 14. Esto va a ser un desafío para mí, porque yo voy a tratar de resumirles tres capítulos de Jueces. Lo que voy a tratar es inspirarlos a que en su casa lean Jueces. Yo aquí lo que les voy a dar es un dulcito para inspirarlos. Pero la historia se da en Jueces 14; yo voy a destacar algunas cosas y enmarcarles la historia. Una historia de un hombre que no supo cultivar la paz, y cómo terminó, y cómo él pagó mal por mal, y lo que sucedió.
Todo comienza con una historia en una pequeña ciudad en la tierra de Israel llamada Sora. Una ciudad muy pequeña. Sora geográficamente está unos 20 kilómetros al oeste de Jerusalén. Y en esa pequeña ciudad había un hombre llamado Manoa. Manoa estaba casado con su esposa, y ella era estéril. Y Dios, en un milagro extraordinario, le da un hijo cuando no se esperaba, llamado Sansón. Sansón, según la descripción del ángel que se le apareció, tenía que ser nazareno, es decir, apartado para Dios. La vida de un nazareno apartado para Dios era muy complicada, muy restringida, porque era alguien a quien Dios iba a usar con un propósito. No se podía cortar el pelo, no podía tocar un cadáver, no podía beber vino. Había un paquetón de restricciones desde el comienzo.
Pero la gente estaba muy contenta, porque los filisteos estaban abusando. De hecho, los filisteos estaban avanzando, estaban ganando territorio, había una gran amenaza al pueblo de Israel. Aunque en ese momento se respiraba un poquito de paz, todo el mundo sabía que había problema, había tensión. Y Sansón viene a ser el enviado de Dios para liberar al pueblo de Israel y hacerle frente a los filisteos. Eso es en general.
Ahora, a unos 30 kilómetros de distancia de Sora, había una ciudad llamada Timnat, y ya estaba conquistada por los filisteos; ya estaban allí. Tomen la idea: muy pocos kilómetros separan a esta ciudad de Jerusalén, y un poquito más para allá está el territorio enemigo. Con eso en mente, escuchen la historia de Sansón.
Jueces 14:1: "Y Sansón descendió a Timnat." Primero es Sora. ¿Qué hace este tipo buscando ese problema con los enemigos? ¿Por qué él tiene que ir para allá? Él sabe la amenaza que hay. Y no solamente eso: se revela un problema en su vida. Tenía problema de pureza, tenía problema con las faldas, tenía problema con las mujeres. Dice el verso 1: "Y vio allí a una mujer de las hijas de los filisteos." Le robó el corazón. Y dice el verso: cuando regresó, se lo contó a su padre y a su madre diciendo: "Vi en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos. Ahora, pues, tomádmela por mujer."
Este muchacho tiene problema en la cabeza. Fue allí, vio una mujer, y dijo: esa era la mujer mía, yo quiero casarme con ella. Ahora, si ustedes son los padres, ven a un hijo como Sansón, y van a tratar de que ese muchacho no se les vaya. Entonces, ¿qué hicieron los padres? Le dijeron que no. Dice el verso 3: "Su padre y su madre le respondieron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus parientes, o entre todo nuestro pueblo, para que vayas a tomar mujer de los filisteos incircuncisos?"
Si los padres de Sansón hubiesen sido de la iglesia, lo que le habrían dicho es: "Ven acá, ¿no hay una muchacha aquí en el ministerio? ¿Cómo te vas tú para la calle?" Y así acabarían el problema. ¿Cómo vas a hacer la relación con los suegros? La tradición familiar, todo un problema. Pero Sansón estaba poseído por su deseo. Y dice aquí: "Pero Sansón dijo a su padre: Tómamela, porque ella me agrada." O sea, no hay lugar para discernir: me gusta y se acabó la discusión.
"Y su padre y su madre no sabían que esto era del Señor, porque Él buscaba ocasión contra los filisteos, pues en aquel tiempo los filisteos dominaban." Esto es una cosa interesante en la historia. La lujuria en el corazón de Sansón era un problema de su corazón; Dios iba a cumplir Su propósito a pesar del pecado de Sansón. Pero su pecado no se justificaba por el propósito. Sansón pudo haber cumplido en justicia el llamado de Dios, pudo haber alcanzado su bendición, pero por entregar su corazón a la impiedad y a la falta de paz, aun cuando Dios logró Su propósito, Sansón fue destruido. Y eso es interesante aquí.
Entonces se fueron para allá a ver a la muchacha. En el camino —era como una hora de camino, dicen los estudiosos de la Palabra— Sansón iba con sus padres para visitar a la muchacha, y en el camino se le apareció un león a Sansón. Para dar una idea de quién era Sansón: se le aparece un león, él se desvió del camino de los padres un momento, el león le asaltó, y él lo destrozó con las manos como quien no hace nada. Esto fue tan irrelevante para Sansón que cuando volvió a donde estaban los padres, no se los dijo. Y luego llegó donde la muchacha y se armó la boda.
Escuchen esto: en esos tiempos, la boda era de siete días. Siete días celebrando, saltando, haciendo muchísimas cosas. Al séptimo día todo el mundo se iba para su casa y quedaba consumado el matrimonio. Yo no sé si han habido bodas últimamente, pero la boda moderna tiene algo que se llama "la hora loca." Ese es un buen nombre para lo que pasa, porque la gente se pone loca, ¿de verdad? Pero saben lo que hacían en estos tiempos: hacían adivinanzas. Eso era la diversión, porque no había televisión, no había juegos, no había música electrónica. La diversión era la adivinanza.
Cuando se da la boda, los filisteos —los enemigos— mandaron 30 hombres a la boda, como para decir: nosotros queremos estar viendo lo que está pasando aquí. En un momento, Sansón les propone a los 30 hombres una adivinanza. La idea estaba relacionada con el episodio del león que le había saltado. Y como eran siete días, los hombres dijeron: acepto la adivinanza, Sansón. Es un trato. Y entonces, si usted adivina mi adivinanza, le voy a dar esto —lo voy a poner en general—. Y si no adivina, usted va a tener que darme a mí.
¿Por qué es esa era? A los cuatro, los hombres de ella dijeron: "Tenemos siete días." Cuando iban cuatro días y los hombres ni tenían ni idea de descifrar la adivinanza, entonces empezó la violencia. Ellos fueron donde la novia y le dijeron: "Tú te atreviste con este hombre. Aquí tienes que ver con eso. Usa tu inteligencia, Sansón poniéndote en aprietos. Usa tu psicología y saca la respuesta, porque nosotros no vamos a pasar en vano. Además, si tú no nos das la respuesta, te vamos a quemar a ti y a tu papá."
Eso es mucha presión para una novia. No sé si usted está de acuerdo conmigo. La novia entonces empezó con la psicología: "Él es así, no me ama, no me quiere, Sansón. Tú me haces esta adivinanza y entonces no me la dices." Y él dijo: "Pero yo ni a mis padres les he revelado la adivinanza." Ustedes cometieron un error. Si usted está casado, joven, escuche esto: nunca metas a tus suegros en ese asunto, porque se complica más.
¿Saben lo que pasó con la mujer cuando le dijo eso? Versículo 17: "Mas ella lloró delante de él los siete días que duró el banquete." Usted puede imaginarse en la luna de miel a una mujer llorando todo el tiempo, que le duele la cabeza, que no sé qué cosa. Sansón al fin cedió y les reveló el asunto. Entonces los hombres resolvieron la adivinanza y Sansón se enojó.
Y aquí empieza el ciclo de venganza. ¿Saben lo que hizo Sansón enojado? Fue a una ciudad que quedaba a 60 kilómetros de distancia, mató a 30 hombres y cumplió el compromiso que había acordado. Y su ira fue tan grande que él se fue a la casa de sus padres. Imagínense eso: el séptimo día de la boda, el novio se desapareció y no vuelve más.
Y lo insólito sucedió. El papá de la novia dijo: "¿Y qué vamos a hacer? El costo de esta fiesta yo no lo puedo recuperar así. Yo no puedo dejar a mi hija esperando así." ¿Saben lo que hizo? Miren el último versículo aquí en Jueces 14: "Pero la mujer de Sansón fue dada al compañero que había sido su amigo íntimo." ¿Lo pueden creer? El mejor amigo de Sansón. Es como si el papá dijera: "¿Ese que está ahí? Es el mejor amigo. Llámalo. Oye, ¿cómo estás? Tengo una buena noticia y una mala noticia. La buena noticia es que no se suspende la boda. La mala noticia es que cambió el novio."
Se resolvió el asunto. Una solución salomónica que no le fue bien. Todo esto estaba de maravilla hasta que Sansón apareció otra vez. Capítulo 15, versículo 1: "Después de algún tiempo, en los días de la siega del trigo, sucedió que Sansón visitó a su mujer con un cabrito y dijo: 'Llegaré a mi mujer en su recámara.'" O sea, este no tenía asesor. Oigan cómo él fue a reconciliarse con su esposa: con un cabrito. Llévale a la mujer flores, un helado, algo bonito, pero ¿un cabrito?
Y el papá le dijo: "No, yo no te voy a dejar entrar." El papá dijo: "Realmente pensé que la odiabas intensamente, y se la di a tu compañero." O sea, la prometida ahora es del mejor amigo. Eso lo enfureció. Y se llenó de enojo, Sansón. No hay paz aquí. Sansón se enfurece: "Pues entonces esto es una trampa que me han hecho, pero me las van a pagar, yo me voy a vengar."
Y dice el texto que fue contra el cultivo. En los tiempos antiguos era muy común que la venganza tuviera en cuenta los cultivos, porque si la siembra se aniquilaba, el pueblo iba a estar en un problema. Trescientas zorras agarró Sansón, les puso antorchas en la cola de dos en dos, las soltó y se quemó toda la siembra. Usted se va a imaginar esas zorras como drones con fuego. ¿Y quién provocó eso? Pues Sansón, porque su suegro le dio la esposa al amigo.
Y entonces le quemaron al suegro y a la muchacha. En lo que vamos de camino, ya hay un león muerto, ya hay 30 hombres que Sansón dejó sin cabeza, se fue la siega y el suegro y la novia están fritos. Y entonces los filisteos fueron y mataron mil hombres más, y Sansón se escondió. Los filisteos fueron a Judá y le dijeron dónde estaba Sansón. Y los hombres de Judá dijeron: "No queremos pelear. Vamos a conseguirlo." Fueron donde estaba Sansón y le dijeron: "¿Qué es lo que tú estás haciendo? ¿Sabes el problema que nos estás causando? Tenemos que entregarte al enemigo." Y Sansón dijo: "Solo no me maten." No te vamos a matar, lo ataron. Imagínense: a Sansón lo ataron.
Cuando llegó donde los filisteos, que querían agarrar a Sansón, él agarró y mató —ahí está en el número— con una quijada de burro a mil hombres. Toda esa violencia en la vida de Sansón, esa falta de pureza, esa falta de paz, y llegó otra mujer: Dalila. Los filisteos dijeron: "Esta es nuestra oportunidad." Fueron donde Dalila y le dijeron: "Mira, sabemos que Sansón está contigo. Necesitamos que tú le descubras el secreto de su fuerza."
Les resumo la historia. Dalila se le puso al lado y le dijo cosas tres veces. Sansón le dijo una cosa falsa cada vez, pero al último ella le aplicó la psicología: "Tú no me amas, tú no me amas, tú no me quieres, Sansón." Igual que la otra. Y Sansón le dijo lo que había. Entonces agarraron a Sansón, le quitaron los ojos, y Sansón pasó a ser la burla de los filisteos.
En medio de una celebración, mandaron a buscar a Sansón para que fuera como el entretenedor de la fiesta. Y Sansón le dijo al joven que lo guiaba, porque estaba ciego: "Haz que toque las columnas del edificio." Era un edificio muy grande. "¿Dónde están las columnas?" Le había crecido el cabello a Sansón otra vez, y Dios le devolvió su fuerza.
¿Quieren saber cómo terminó esto? Jueces 16, versículo 28: "Sansón invocó al Señor y dijo: 'Señor Dios, te ruego que te acuerdes de mí, te suplico que me des fuerzas solo esta vez, oh Dios, para vengarme ahora de los filisteos por mis dos ojos.'" Y Sansón asió las dos columnas del medio sobre las que el edificio descansaba, y se apoyó contra ellas, con su mano derecha sobre una y con su mano izquierda sobre otra. Y dijo Sansón: "Muera yo con los filisteos." Y se inclinó con todas sus fuerzas, y el edificio se derrumbó sobre los príncipes y sobre todo el pueblo que estaba en él, así que los que mató al morir fueron más que los que había matado durante su vida. Y murió también Sansón.
Ahí está la historia. ¡Qué historia tan triste! La historia de Sansón ilustra esto: un hombre que no conoció la paz, un hombre que estaba gobernado por sus deseos y por su ira. Lo que mató a Sansón fue la falta de sabiduría. Lo que mató a Sansón fue la falta del temor de Dios; no conoció la paz.
La pregunta es esta: ¿y nosotros? ¿Cómo nos consideramos a nosotros mismos? ¿Podemos decir que somos promotores de la paz? ¿Podemos decir que somos promotores de la reconciliación? Santiago dice que la sabiduría que viene de lo alto es primeramente pura, después pacífica. La sabiduría es amable. En el idioma original esa es una palabra muy hermosa que de hecho ha dado mucha dificultad para ser traducida a nuestro idioma. Algunos la traducen como "dulce razonabilidad". Significa amable, no agresivo, que no se molesta fácilmente. Es una persona razonable, esa es la idea. Es paciente, aun en medio de las dificultades.
La Bienaventuranza describe un carácter así. Dice Mateo 5, en el contexto de las bienaventuranzas: "Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y digan todo género de mal contra vosotros falsamente por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros." Lo que Santiago está diciendo, yo lo estoy afirmando con Mateo: los ciudadanos del reino son pacíficos, son gentiles, son personas que no conocen la venganza, son personas que aprenden a confiar en Dios aun cuando son ofendidas.
Es una característica que se muestra sobre todo cuando estamos bajo presión. Es una persona amable que sabe hablar la verdad en amor. Es una pregunta: ¿cómo respondes tú cuando estás bajo presión? Alguien decía: "Si tienes que gritar, pierdes. Si tienes que amenazar, pierdes." Alguien decía: "Si pierdes la calma no puedes ganar; si mantienes la calma no puedes perder." Amable internamente es un fruto del Espíritu Santo, es dominio propio, que se manifiesta en el resto del ser en moderación. Él sabe ganar sin avasallar, sabe ceder, sabe aprender.
Nosotros necesitamos ese tipo de sabiduría: cuando manejamos aquí en la calle con el tráfico que hay, cuando alguien nos interrumpe en algo importante, cuando alguien nos ofende, cuando alguien nos grita o nos amenaza, cuando estamos trabajando con personas difíciles, cuando nuestros amigos nos fallan. Los padres necesitamos esa sabiduría para poder encaminar a nuestros hijos. Es pura, es pacífica, es amable.
En cuarto lugar, es condescendiente. Una versión de la Reina Valera la llama "benigna": la sabiduría de lo alto, en cuarto lugar, es benigna. Es una persona que está dispuesta a ceder en el conflicto, que es fácil de tratar, esa es la idea. Es una persona enseñable. Lo contrario es una persona terca, obstinada, desobediente, complicada. Cuando se dice gentil aquí, es una persona que se somete fácilmente a las reglas, que coopera, que avanza.
Y nuevamente, es una de las características que se describen en las bienaventuranzas en Mateo 5:2-5: "Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los humildes, porque ellos heredarán la tierra." De nuevo, cuando decimos gentil, es una persona con la que uno se siente cómodo, una persona con la que es fácil tratar.
No estamos hablando de una persona sin convicción, no estamos hablando de una persona que vuela con el aire. Tiene profundas convicciones, pero no tiene necesidad de estar constantemente discutiendo sobre esas cosas. No es una persona frágil que le dice que todo está bien por el temor, no. Es una persona segura de sí misma que sabe poner la gentileza por encima de la pasión. Es sabio, él es motivado por lo que ama, no por lo que teme. Él responde al desafío con sabiduría.
Es una persona fácil para reconocer sus errores. Es una persona humilde, él cree que cualquiera tiene algo que enseñarle. Entonces, la pregunta es esta: ¿cómo somos nosotros? ¿Cómo somos nosotros? ¿Tú piensas que respondes fácil a la corrección, que es fácil reconocer dónde estás equivocado? Es decir, ¿las personas piensan cuando van a hablar contigo: "no, es fácil, yo solamente tengo que decirle, es una persona muy fácil"? ¿Eres fácil para perder los estribos? ¿Eres una persona calmada? ¿Sabes escuchar amablemente a personas que difieren de ti? Es decir, ¿valoras más el aprender que el ganar? ¿Estás dispuesto y abres tu corazón para eso? ¿Eres una persona que sabe escuchar más de lo que sabe hablar? ¿Eres una persona gentil?
En quinto lugar, la sabiduría que viene de lo alto está llena de misericordia y buenos frutos. Llena de misericordia, buenos frutos. Hay dos cosas conectadas aquí: es una compasión de corazón que mueve a la acción. Dice primero: llena de misericordia. Un corazón compasivo implica una preocupación por las personas que sufren. Esa es una persona que tiene una sabiduría no solo para perdonar a quienes le ofenden, sino para auxiliar a aquellos que están en necesidad, que están sufriendo. Son personas que demuestran la misericordia que de Dios han aprendido.
Eso se describe en Mateo capítulo 5, en las Bienaventuranzas. Dice Mateo 5:7: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia." Eso es sabiduría de Dios. Eso es una evidencia de una fe salvadora. Eso es una evidencia de una vida transformada. Es lo contrario al egoísmo, una persona centrada en sí misma, todo lo que piensa en ella misma. Esto es contrario a eso. Es una sincera preocupación por los demás.
Esa compasión mueve a la acción. Una manera de entender ese "llena de misericordia" es esta: hacer a los demás lo que Dios te ha hecho a ti. Hacer a los otros lo que Dios te ha hecho a ti. ¿Qué te ha hecho a ti? Piense en el último año para poner esto en contexto. ¿Cómo te trató Dios? ¿Cómo te ha tratado Dios? Dios te ha bendecido, entonces bendice a los demás. Dios te ha perdonado, entonces perdona a los demás. Dios te ha levantado cuando has estado bajo en tu ánimo, en tu vida, entonces es un acto de bendición levantar y animar a otros que están así. ¿Cómo te ha tratado Dios? Y eso es exactamente lo que el hombre sabio va a reflejar.
Una actitud de compasión. Es una persona que mantiene fresco en su mente las misericordias que ha recibido de Dios. Él no se olvida de lo que Dios ha hecho con él. Y dice: llena de frutos. Y eso es la acción. El "llena de misericordia" es la compasión en el corazón; el "llena de frutos del Espíritu" quiero decir que eso lo mueve a actuar. No es en teoría. "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia", dice Mateo 5:6, "pues ellos serán saciados." Esta es una persona que encuentra satisfacción sirviendo a otro. Llena de buenos frutos: es una actitud que cultiva hacer el bien.
En sexto lugar, voy a ir rápido por el tiempo. Dice: sin incertidumbre. La sabiduría de lo alto es sin incertidumbre; literalmente, es imparcial, es la idea. Es interesante que esta palabra que aquí se traduce es el único lugar en el Nuevo Testamento donde el término aparece en el idioma original. Significa inquebrantable. Significa que no está dividido en su compromiso. Significa que se mantiene firme en lo que ha hablado, en lo que ha opinado, en todo momento. Es una persona libre de prejuicios, una persona que no se mueve por favoritismo. No hay vacilación, no hay cambio. Consistente. Es imparcialidad.
Mateo 5:16 dice: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos." Aplicado a la vida espiritual, lo que esto significa es que es una persona que dice la verdad todo el tiempo. Él no cambia la historia dependiendo de la audiencia. Él no trata a un grupo con más privilegios que a otro. Es una persona igual en público y en privado. Es imparcial, no se maneja por prejuicios.
Una de las cosas que más problemas causa en nuestras relaciones es la inconsistencia. Ser inconsistente. Somos una cosa el domingo y otra cosa el lunes. A veces decimos que nos aman si nos complacen, pero si les decimos la verdad, entonces viene el problema. Hay gente que le encanta que le digan lo que ellos quieren oír. Cuando nosotros no lo hacemos, entonces se hiere al pastor. Una de las cosas que le digo a los hermanos: mi trabajo, nuestro trabajo, no es decirte lo que tú quieres oír. Nuestro trabajo es decirte lo que tú necesitas oír, porque nuestro compromiso es con Cristo. A nosotros no nos interesa ganar afectos, y para eso habría que engañarte. Eso no es amor, eso se llama conveniencia. Eso no es sabiduría de Dios.
En séptimo lugar, dice: sin hipocresía. Literalmente, en el término del idioma original, es sincero. Totalmente genuino. Implica una actitud donde no hay falsedad. La sabiduría nunca podrá estar divorciada de la integridad. Esa es una de las razones por la que yo amo tanto la visión de esta iglesia: integridad y sabiduría. La sabiduría no puede venir donde hay falsedad. La sabiduría no puede generarse donde hay hipocresía. Se refiere a un hombre sin máscaras.
En los tiempos antiguos, entre los griegos, había muchas obras de teatro. El mismo actor podía representar diferentes personajes usando máscaras. Entraba al camerino, se cambiaba la máscara y salía al escenario representando otra cosa. Eso está muy bien para una obra de teatro, pero para la vida real eso es una desgracia, eso es una tragedia. Aquí se habla de una persona sin engaño, que no tiene dos caras. Cuando hablas con una persona así, tú no tienes que preguntarte: "¿qué fue lo que me quiso decir?" Porque habla claro, no hay metamensajes. Ese es el clima de la verdadera sabiduría.
Y el resultado, dice Santiago aquí en el versículo 18, es este: "La semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz." Los pacificadores que siembran en paz producen una cosecha que se llama justicia. Tanto la ira como la paz producen una cosecha, pero son totalmente diferentes. La ira cosecha violencia y odio; la paz produce justicia abundante. Es una cosecha de misericordia y amor. Es una cosecha de amabilidad y perdón. Es una cosecha de sanidad y reconciliación. Si sembramos discordia, cosecharemos odio. Si sembramos paz, cosecharemos justicia.
¿Qué aprendemos entonces de aquí? Vivir una vida como esta requiere mucho de la gracia de Dios. Necesitamos la gracia de Dios. Me encanta cuando el autor inspirado dice: "¡Siembra!" Es una semilla. Todos nosotros estamos sembrando y necesitamos sabiduría. Los padres sembramos semilla a través del trabajo constante de criar a nuestros hijos. Los misioneros van a lugares donde Cristo no es predicado para hablar del amor de Dios a ellos; están sembrando y también necesitan sabiduría.
Sembramos semillas de paz cuando pasamos un tiempo en oración en lugar de enviar un correo lleno de odio y de enojo. Sembramos semillas saludando a otros con una sonrisa, dispuestos a servir. Sembramos semillas amando a nuestros enemigos, haciéndoles el bien. Sembramos semillas de paz cuando decidimos no difundir un rumor que no tiene fundamento. En un sentido muy profundo, sembramos semillas de paz cuando somos fieles a Dios. Fieles a Dios.
La buena noticia es esta: Santiago dice, ¿crees que te hace falta sabiduría? Pídela. Pídela. Y esa debe ser nuestra oración. Señor, dame esa sabiduría. Señor, dame ese corazón puro. Dame un corazón de pacificador en vez de un divisor. Dame la gracia para responder amablemente cuando yo tenga ganas por dentro de defenderme. Señor, líbrame de sentir que yo siempre necesito protegerme. Ayúdame a confiar más, a sentir más. Abre mis ojos para que yo pueda ver las personas lastimadas y necesitadas a mi alrededor, y que yo encuentre complacencia no enfocado en mí mismo, sino en servir a los demás. Líbrame del favoritismo. Líbrame de la parcialidad. Señor, dame una vida con un corazón que sea un libro abierto, transparente. Úsame para plantar semillas que provoquen una gran cosecha para ti. Señor, dame de tu gracia para vivir una vida extraordinaria, llena de tu gracia y de tu paz.
En la mayoría de los casos, nuestro problema se acentúa por nuestra torpeza, por nuestra falta de sabiduría. En general, nos hemos conformado con una vida muy ordinaria. Y eso no será superado a menos que aprendamos a tener más en cuenta a Dios. Que el Señor nos ayude, que el Señor nos conceda esa sabiduría celestial para que podamos vivir por encima de lo ordinario, para que podamos vivir diferentes para la gloria de su nombre.
Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D