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Sermones

El propósito de Dios para Sus hijos

Miguel Núñez 8 diciembre, 2024

Desde la eternidad pasada, antes de que existiera el tiempo o el espacio, Dios concibió un plan para sus hijos. En apenas tres versículos de Romanos 8, el apóstol Pablo despliega toda la historia de la redención con cinco verbos: conoció, predestinó, llamó, justificó, glorificó. Esta doctrina ha sido amada por muchos, rechazada por otros e incluso odiada, pero no es difícil de entender —lo difícil es tragarla, hasta que nos humillamos y reconocemos nuestra incapacidad de elegir a Dios por nosotros mismos.

El texto afirma que todas las cosas cooperan para bien, pero solo para quienes aman a Dios y han sido llamados conforme a su propósito. Esto no significa que todo saldrá bien, ni que el sufrimiento sea bueno en sí mismo. Cristo fue crucificado y Pablo decapitado. Lo que significa es que Dios entreteje cada circunstancia —pérdidas, enfermedades, desiertos— como hilos de un tapiz para redimir su imagen en nosotros. El pastor Núñez ilustra esto con la historia de Andrew Fraser, un hombre postrado por tuberculosis que, desde su cama, enseñó verdades profundas al joven Harry Ironside. Las mejores lecciones, dice, no siempre vienen de púlpitos sino de corazones humildes que han pasado por el seminario de la aflicción.

El propósito final de todo este plan es hacernos conformes a la imagen de Cristo. Dios estaba tan complacido con su Hijo que decidió multiplicar esa imagen. Por eso nos conoció con amor íntimo, nos apartó, nos llamó eficazmente —capacitándonos para responder como Lázaro fue levantado antes de poder oír— y nos justificó en la cruz. La glorificación, aunque futura, ya está asegurada. Si comprendemos que nuestra alma ha estado guardada desde la eternidad, la única respuesta digna es vivir cada día para la gloria de quien nos sacó del fango.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, nosotros continuamos en el texto de Romanos 8. Este es el cuarto sermón en este capítulo. La verdad es que nosotros pudiéramos pasar varios mensajes más si quisiéramos desempacar todo lo que está aquí. Pero el texto de hoy es breve, aunque decía más temprano que su brevedad no le quita ni profundidad ni importancia.

En la pluma de Pablo hay empaquetado —otras veces me han oído decir "vamos a desempacar"—, otra vez empacar todo lo que está en este texto. Pero ahora yo quiero usar otra palabra para aplicársela a Pablo: Pablo empaca, nosotros desempacamos. En el texto de Pablo hay empaquetada toda la doctrina de la salvación, desde la eternidad pasada a la eternidad futura, todo el tiempo restante, y lo ha hecho en tres versículos. Es más, Pablo resume esa historia en cinco palabras que están en esos tres versículos, cinco verbos. Y así hacía la anotación en el primer mensaje de que los verbos tienen la voz cantante. Y estaba pensando más en el lenguaje original, pero sabes que en español e inglés es la misma cosa: quítale el verbo a una oración y no tienes nada, no sabes qué pasó. Y Pablo entonces selecciona cinco palabras: conoció, predestinó, llamó, justificó, glorificó. Y ahí está contenida toda la historia de la redención.

Cuando Pablo hace eso, él le habla justamente a un grupo de personas a quienes les pasó eso. Eso que yo acabo de mencionar les pasó y les va a terminar pasando a un grupo de personas. De manera que a ese grupo de personas Pablo les explica de forma muy breve cuál es el propósito de Dios para con ellos: un propósito concebido en la mente de Dios desde antes de la creación del universo para llevarlo a cabo en el tiempo y en el espacio. Recuerda, Dios existe fuera del tiempo y del espacio. Él piensa fuera del tiempo y del espacio, pero cuando Él quiere hacer algo, como no es así, tiene que hacerlo en tiempo y espacio. Y entonces Dios preparó una creación, preparó un planeta. Y ahora Pablo nos está tratando de ayudar a entender cuál fue ese propósito en la mente de Dios para con sus hijos.

Lo que Pablo hace es explicar, desplegar la doctrina de la predestinación entre estos versículos. Esta es una doctrina que ha sido amada por muchos, ha sido rechazada por quizás muchos más, pienso yo, e incluso ha sido odiada por muchos también. Y recordaba en el primer servicio, creo que fue esta semana, que yo he estado tratando, a veces con mis propias palabras, a veces con palabras de otros, de hablar mucho del plan de salvación de Dios. Porque justamente yo creo que Dios nos llamó como embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros: reconciliaos con Dios.

Y mencionaba otra vez una frase de J.C. Ryle, uno de los pastores reformados del pasado, muy conocido. Ryle decía: "A menos que un hombre nazca de nuevo, llegará el día cuando él deseará nunca haber nacido." Alguien leyó eso y me respondió, me dijo que son palabras difíciles de parte de un hombre de Dios. Y la verdad es que cuando tú lees la Palabra te percatas de que la doctrina de la predestinación no es difícil de entender. Yo no estoy hablando de por qué Dios escogió a unos y no a otros; no estoy hablando de eso. Lo que Él revela no es difícil de entender; lo que es difícil es de tragar, hasta que nos humillamos y confesamos que nosotros somos incapaces de poder elegir a Dios.

Pero está en casi todos los libros de la Biblia. Tú abres el libro de Génesis y te encuentras que Dios escogió a Abraham. Y Josué 24:2 nos dice que Abraham estaba del otro lado del Jordán —Israel está aquí, del otro lado del Jordán—, en Ur de los Caldeos, con sus antepasados, con sus parientes, adorando dioses paganos, y Dios fue ahí y lo eligió. ¿Por qué no eligió a Taré, su padre? ¿Por qué no eligió a su hermano? ¿Por qué? ¿Por qué sí? Como dicen en inglés: ¿por qué? Fue la elección de Dios.

Dios fue al desierto y encontró un hombre que estaba cuidando ovejas por cuarenta años y le dijo: "Vamos, tú vas a ser el instrumento, vamos a ir a Egipto." ¿Por qué Moisés y no otro? ¿Por qué? "Tú eres mi elección." Estamos apenas en el segundo libro de la Biblia. Llegas a Deuteronomio, el quinto libro de la Biblia, y en el capítulo 7, versículos 6 al 8, Dios le dice a la nación de Israel: "Yo te escogí, no porque tú eres mayor que ninguna de las naciones de la tierra; de hecho, tú eres la menor de todas las naciones de la tierra. Pero yo te escogí, ¿sabes por qué? Escucha: porque te amé." Nada en ti, nada extraordinario en ti; yo simplemente te amé. Si revisas la historia de los profetas del Antiguo Testamento, todos ellos fueron elegidos para la posición sin nunca haber llenado una aplicación.

Si te vas al Nuevo Testamento, el apóstol Pablo dice en el capítulo 1 de Gálatas, versículos 15 y 16: "Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar a su Hijo en mí para que yo lo anunciara entre los gentiles..." ¿Cómo es eso? ¿Que Dios me apartó desde...? Ve hacia atrás, eliminas simplemente, no se va al tiempo pasado, la eternidad. No, que me eligió mientras yo era un feto, o antes que fuera un embrión, o antes que fuera un cigoto, cuando yo tenía días ahí. Me apartó dentro de mi madre, Él me llamó, y no solamente me llamó, me apartó para que anunciara el evangelio a los gentiles.

Si te vas a la persona de Cristo, en Juan 15:16, Cristo les dice a sus discípulos: "Ustedes no me escogieron a mí." No es... o sea, la relación de ustedes conmigo no es como la relación de todos los demás rabinos con sus discípulos. Los discípulos escogían a sus rabinos, y ese no es el caso. "Yo los escogí a ustedes y los designé para que vayan y den fruto."

De manera que la doctrina de la predestinación no es difícil de entender en términos de qué es lo que Dios ha hecho, porque al final no es lo que tú o yo pensemos, es lo que Dios ha hecho y lo que Dios ha revelado. Y de hecho, decía que nosotros somos incapaces de elegir a Dios. Déjame darte dos versículos. En Juan 6:44 es un versículo que en múltiples traducciones dice que nadie puede venir a Dios a menos que Dios lo atraiga, pero llama la atención que la palabra "atrae" o "atraiga" no es la que está en el lenguaje original. Y finalmente decidí buscar en la Biblia Textual al español, y esto es como lo dice: "Ninguno puede venir a mí si el Padre que me envió no lo arrastra." Y la palabra ahí es "helkúo". Esa palabra aparece tres veces: es una, y dos veces más aparece traducida como "arrastrar", cuando arrastraron a los discípulos hacia afuera porque estaban predicando la Palabra. De manera que claramente se requiere, y de hecho el diccionario de Kittel del lenguaje original, diez volúmenes, el diccionario más específico acerca del griego, dice que "helkúo" implica exactamente eso: ser arrastrado con una fuerza irresistible.

Romanos 8:7 dice que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, que no se somete a Dios y ni siquiera puede. De manera que Dios tiene que hacer algo, o todos llegaremos a desear haber nacido.

Entonces, ahora con esa introducción, en la pluma del apóstol Pablo escribió del versículo 28 al 30 lo que vamos a leer ahora: "Y sabemos que para los que aman a Dios todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a esos también llamó; y a los que llamó, a esos también justificó; y a los que justificó, a esos también glorificó."

El título de mi mensaje en esta mañana está basado justamente en lo que acabamos de leer, y es: "El propósito de Dios para con sus hijos." En ese texto que yo leí, Pablo le está hablando a un grupo de personas. No le está hablando a todo el mundo; le está hablando a aquellos que o son creyentes ya, o van a terminar creyendo. Si yo no lo veo así, voy a concluir erróneamente más de una vez al estudiar ese pasaje.

Entonces Pablo comienza identificando al grupo a quien él se está dirigiendo, y ese grupo, ¿cuál es? "Sabemos que para los que aman a Dios..." Que es otra forma de decir: "Sabemos que para los que han nacido de nuevo o van a nacer de nuevo, para esos." Entonces, ¿qué dice Pablo de ese grupo? ¿Por qué es ese el mismo grupo? Escúchame: los que aman a Dios y los que son llamados conforme a su propósito forman un grupo. Los que aman a Dios también han sido llamados. Y de ese grupo él dice que para ellos, para ellos, todas las cosas cooperan para bien. Pero solo para ellos. No le digas a un inconverso que esto va a cooperar para bien, a menos que ya haya creído, porque no lo sabes. Esta es una verdad... perdón, como ven mi voz no se acaba de recuperar, pero estamos ahí. Las cosas van a cooperar para bien para ese grupo.

Ahora, escucha alguna de las cosas que el texto no dice. No dice que todo va a contribuir a que tú prosperes financieramente, o que tu salud se mejore, o que todas las cosas van a cooperar para que tú no tengas dolor o no tengas sufrimiento. Ni siquiera dice que todas las cosas que le ocurren a los que aman a Dios van a salir bien. No, no dice eso. De hecho, frecuentemente no es así. Recuerda que Cristo fue crucificado y Pablo fue decapitado.

Ahora recuerda que estamos todavía... no queremos adelantar, vamos casi palabra por palabra o idea tras idea. "Todas las cosas." Todas. ¿Qué significa "todas"? Ahora déjame ilustrarte, no de manera exhaustiva pero de manera ilustrativa, cuáles son todas esas cosas: todas las circunstancias, todas las pérdidas financieras, humanas, todas las pérdidas, ganancias, decepciones, tribulaciones, accidentes, heridas, desiertos, calamidades, enfermedades, carencias y abundancias, nacimientos y muertes. Todas cooperan para bien para aquellos que aman a Dios.

Ahora, hermanos, de nosotros y con nosotros, cuando vemos eso nos preocupa, sobre todo en el contexto de un sufrimiento, un cáncer, un accidente que termina con la vida de varias personas.

Hermanos, ¿sabes por qué nosotros pensamos de esa manera? Porque nosotros no acabamos de entender que el mayor problema del ser humano no es su sufrimiento físico ni su muerte física, es la iniquidad de su alma y es la muerte espiritual de manera eterna. Tu sufrimiento físico te separa de tu salud o quizá te separa de tu quehacer diario por un tiempo; tu iniquidad te separa de Dios, de manera temporal o de manera permanente. Por eso es que Dios no está tan preocupado por lo que son las cosas físicas que nos causan dolor y sufrimiento y pérdidas. Ninguno de nosotros... todas las cosas cooperan para bien para los que son llamados conforme a su propósito.

Recuerda que vimos eso dos veces. Rápidamente: la venta de José a manos de sus hermanos, alguien que pasó catorce años en la cárcel después de haber hecho lo correcto con relación a la esposa de Potifar. ¿Sabes qué? Cooperó para bien, no solamente para salvar a un número de personas. Pero si tú revisas la historia con cuidado, José era el niño lindo de papi y mami, José el que tiene estos sueños donde él ve a sus hermanos que se postran delante, y luego va y se los cuenta. Pero si José va a llegar a ser la mano derecha de Faraón, a él hay que prepararle su carácter, porque si no el poder lo va a envanecer. Y cooperó para formar el José que nosotros vemos en la Biblia.

Los cuarenta años en el desierto formaron el carácter de un hombre que tenía que liderar una nación por cuarenta años en el desierto en medio de la carencia, así de sus quejas. La aflicción de Job... Pero para qué, Job tuvo la misericordia. Job tuvo la bendición de que después de haber conocido a Dios de una manera, porque lo obedecía —recuerda que Job era un hombre intachable, apartado del mal—, después de haber conocido a Dios de cierta manera, Dios le dio la bendición de poderlo conocer mucho más profundamente. Y cuando él entendió eso, tú conoces la historia, se tapó la boca, se arrepintió en polvo y ceniza, dijo: "Mis oídos de oídas te conocían, pero ahora mis ojos te han visto." Y lo que lo llevó ahí fue el dolor y el sufrimiento.

Los sufrimientos de Pablo cooperaron, y sus cárceles y sus cadenas y sus naufragios, para expandir el satisfactorio hasta lo largo de toda la región, incluyendo parte de Europa. Y ahora resulta que hace quinientos años se dio en parte de ese territorio la Reforma protestante.

Recuerda que vamos a ir leyendo palabra por palabra. "Todas las cosas" —vimos "todas", vimos "cosas"— "cooperan". Una palabra vital, la palabra en el original es synergéo, que implica sinergia. Escucha lo que el diccionario de la Real Academia dice que es sinergia. Significa la acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los dos efectos individuales.

Entonces esta mañana yo lo ilustraba con un antibiótico, un fármaco que tiene dos antibióticos en uno. Recuerda estos nombres porque es importante: uno se llama trimetoprim y el otro, un poco más fácil, sulfametoxazol. Al final te voy a hacer la pregunta. Cada uno de esos compuestos por sí solo no mata las bacterias, solamente inhibe el crecimiento pero se quedan vivas. Pero si tú tomas los dos compuestos y los pones en una sola medicación, resulta que ahora ya tienen el poder de matar las bacterias, ahora son bactericidas. Eso es sinergia. Nosotros decimos en infectología que esa es la acción sinergística de dos antibióticos.

Pablo dice que todas las cosas Dios las une, las entreteje, para que ellas de manera sinérgica produzcan un bien superior a lo que cada una de ellas podría hacer si las dejas por separado. Todo esto es un tapiz. Has oído de ellos, has leído de ellos, has visto fotos. Un tapiz de esos que tejen en el Oriente, ¿verdad? Tú sabes que son preciosos, algunos pueden costar millones de dólares. Si tú lo volteas, tiene una maraña de hilos. Bueno, esos hilos fueron entretejidos para que produjeran lo que se ve delante. La vida luce como una maraña de hilos, pero Dios está entretejiendo por la vida las personas, cosas, circunstancias, eventos, pérdidas, ganancias, para que al final nosotros podamos ver el tapiz de la redención que es hermoso.

Todos los eventos de la vida, cada evento, cada persona es como un hilo de ese tapiz, y Dios es quien está entretejiendo cada cosa. Déjame volver a enfatizar antes de seguir el hecho de que "para bien" no significa que todas las cosas son buenas. No dice que el sufrimiento y el dolor en sí son buenos. O sea, ahora no vamos a decir: "Qué bueno que a fulano le dieron un cáncer." No estamos diciendo que las cosas en sí son buenas; es que esas cosas Dios las hará cooperar para bien. Si tú me das un golpe ahora, eso es vil de tu parte, pero cooperará para bien.

No dice que todo va a salir bien si tengo fe, como mencioné. Pero te voy a dar otro ejemplo: Pablo y Pedro caen en la cárcel, y va un ángel y lo saca. Y luego Jacobo cae en la cárcel y no va ningún ángel y no lo sacan y lo decapitan. Esas dos historias de dos apóstoles están narradas en el mismo texto de Hechos, una detrás de la otra. Tampoco dice que si yo pierdo un trabajo... "Pastor, yo perdí mi trabajo, qué bueno, Dios me va a dar uno mejor." No, quizá tienes dos años sin trabajo por delante, porque el texto no está hablando de eso. Ahora, tus dos años sin trabajo se supone que produzcan en ti un mejor efecto que si estuvieras trabajando.

Si amas a Dios, si has nacido de nuevo, de manera que la doctrina de que estamos hablando en este momento, la verdad que estamos desempacando en este momento, no es que todo cooperará para bien para todo el mundo. No. Solo para los que aman a Dios y han sido llamados conforme a su propósito. El texto se limita a ese grupo.

Ahora, lo que implica es que en el último sentido, en el último sentido, para el que ama a Dios nada es malo, en el último sentido, porque Dios lo hará cooperar para bien. "Bueno, implica entonces que mi pecado no es malo." No, tu pecado es vil, ofende a Dios, el tuyo y el mío también igualmente. Es digno de disciplina y todo lo demás, pero a través de las disciplinas Dios entonces llevará a cabo su propósito.

En manos de Dios todas las circunstancias que atravesamos, que nos duelen, constituyen el instrumento de Dios para llevar a cabo su propósito, que todavía no hemos definido. Solamente hemos hablado de un propósito, pero ya lo dijimos: lo que queremos es ir en orden, explicando el pasaje, exponiendo el pasaje.

De manera que esta es la razón: si es verdad que todas las circunstancias por las que yo atravieso forman el cincel de Dios para llevar a cabo su propósito, entonces ahora entiendo por qué la Palabra insiste en que todas mis quejas son contra Dios, porque es Dios quien ha orquestado las circunstancias en medio de las cuales yo me encuentro. Es la razón por la que Moisés le dice al pueblo judío: "Yo no sé por qué se quejan contra nosotros. Sus quejas no son contra nosotros, son contra Dios. Yo no los saqué al desierto, yo no los llamé, yo no inventé este plan, no formé este plan en mi mente, las circunstancias fueron providencialmente arregladas por Dios."

Entonces, ¿cuál es el propósito de Dios? Bueno, versículo 29: para ser hechos conformes a la imagen de su Hijo. Pero antes de seguir avanzando vamos por partes. Estamos diciendo que todas las circunstancias cooperan para bien. Mira lo que Richard Baxter dice, un pastor reformado: "El sufrimiento abre las cerraduras de las puertas del corazón de tal manera que la palabra penetra más fácilmente." El sufrimiento es la llave de Dios para abrir puertas que estaban cerradas con siete candados porque no querían recibir la Palabra de Dios, pero en medio del dolor la barrera se baja.

Recuerdo todavía hablar con esta señora que había resistido mucho en entregar su vida al Señor. Y ya en sus últimas, no sé si veinticuatro horas o cuarenta y ocho, no recuerdo, pero pocas horas, hablamos acerca de la vida eterna, de lo que le atemorizaba. No voy a entrar en los detalles, pero al final le dio el Señor. Entregó su vida al Señor. ¿Por qué? Hay algo que el dolor hace. A veces nos resistimos. A veces Dios está tratando de hacer algo a través del dolor y aun con el dolor me sigo resistiendo, entonces tiene que continuar el dolor.

Pero decía alguien de forma anónima: "Los mejores sermones que yo he oído no han sido predicados desde púlpitos, sino desde camas. Las verdades más profundas de la Palabra de Dios han sido enseñadas por corazones humildes que han pasado por el seminario de la aflicción." Yo he tenido gente que me escribe o me llama: "Pastor, estoy tratando de entrar al seminario tal, ¿usted me puede ayudar? ¿Usted me puede dar una llamada, puede ser una carta de recomendación? Pastor, ayúdeme a conseguir una beca, quiero entrar a tal lugar." Pero nadie me ha llamado nunca para que lo ayude a entrar al seminario de la aflicción, o para que le consiga una beca en el seminario de la aflicción. "No, gracias, yo tengo amigos que la pueden necesitar la beca, yo le aviso."

Déjame leerte esta historia para que puedas ver cómo las camas pueden constituirse en púlpitos. Hay un pastor, o hubo un pastor norteamericano, Harry Ironside, murió en 1951, no tan lejos en la historia. Fue muy conocido, fue muy influyente, un gran predicador. Cuando estaba joven, él fue a visitar a un hombre de Dios llamado Andrew Fraser. Se encontraba en su etapa final de tuberculosis y no había tratamiento, y lo que había era sufrimiento. Aunque a él se le dificultaba respirar, él fue y lo visitó. Y Fraser hizo un esfuerzo para conversar con Ironside y le dice: "Joven, estás tratando de predicar a Cristo, ¿verdad?" Entonces, en tanto de un momento hablamos acerca de la Palabra de Dios, Andrew Fraser abrió su Biblia y con las fuerzas que le quedaban comenzó a leer la historia, un pasaje tras pasaje, enseñándole a Ironside verdades que nunca había visto, por lo menos desde ese ángulo. Y pronto las lágrimas de Ironside comenzaron a correr por sus mejillas, y conmovido le dice al señor Fraser: "¿Podría decirme dónde encontrar un libro que explique estas verdades?"

Aprendió esto en algún seminario o universidad. Fraser le respondió: "Mi querido joven, aprendí estas cosas de rodillas, en el suelo de mi casa, en el norte de Irlanda. Allí, con mi Biblia abierta frente a mí, pasaba horas arrodillado, pidiendo al Espíritu de Dios que revelara a Cristo a mi alma y abriera su Palabra. Él me enseñó más en esos momentos, en ese suelo de tierra, que todo lo que podría haber aprendido en los seminarios o universidades del mundo."

James Montgomery Boice, en su comentario, habla de esta historia y dice lo siguiente: "Ese es el secreto. No es inteligencia, ni instrucción extraordinaria, ni grados académicos. Es tiempo pasado con Dios." Dios le abre el corazón o los ojos del entendimiento, dice Boice, solamente a personas que se sientan a los pies de Jesús. Hermano, ¿tú lees tu Biblia o te sientas a los pies de Jesús al leer tu Biblia? ¿Tú lees tu Biblia o dejas que la Biblia te lea a ti y te convenza del pecado, de lo que está mal, lo torcido, lo que está ofendiendo a Dios? Créeme, Él lo hace. Lo ha hecho conmigo, lo puede hacer contigo.

La tuberculosis y la cama de Andrew Fraser sirvieron para moldear la mente y el corazón de un gran predicador de la Palabra. Pero, ¿sabes qué? Estoy aquí para entender que todas las cosas, incluyendo enfermedades y camas, cooperan para el bien para el cual yo fui creado desde toda la eternidad, pensado por Dios, para los que aman a Dios y fueron llamados conforme a su propósito.

Y como ansioso, yo ahí pregunté: ¿para cuál bien es que cooperan? Si no es para mis finanzas, ni mi salud, ni para que todo me vaya bien, el texto responde. El versículo 28 comienza diciendo: "Todas las cosas cooperan para bien, para aquellos que son llamados conforme a su propósito." Bueno, la pregunta es: ¿cuál es ese propósito? Versículo 29: "Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos." Ese es el propósito. El bien para el que cooperan las cosas es para redimir la imagen de Dios en ti, que Adán trastornó, dañó, torció. ¿Es eso a lo que Cristo vino? Cristo no vino a redimir a Miguel Núñez o a José Sánchez, por así decirlo. Vino a redimir la imagen de Dios en él, porque Dios valora la suya.

La Palabra entonces dice que todo comienza con conocer. "A los que de antemano conoció." La palabra ahí es proginōskō: pro, ante; ginōskō, conocer. La pregunta sería: ¿qué implica esa palabra? Bueno, implica conocer algo desde toda la eternidad, pero implica más que eso, porque los estudiosos del lenguaje original nos dicen que proginōskō, cuando se usa en relación a alguien, frecuentemente significa conocer y relacionarme con alguien, e incluso puede significar cuidar y amar.

La Septuaginta, que es la versión griega del Antiguo Testamento, en Génesis 4:1 dice que conoció Adán a su mujer. La palabra ahí es proginōskō. Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín. De manera que ahí implicó una intimidad, una relación íntima, la palabra proginōskō. En Oseas 13:5, el texto dice: "Yo te cuidé en el desierto," pero el original en hebreo dice: "Yo te conocí en el desierto." Entonces proginōskō, pero los traductores la tradujeron como "cuidé" porque proginōskō puede significar conocer a alguien también tan íntimamente como Adán conoció a Eva, como puede significar cuidar.

Y esa palabra aparece seis veces en el Nuevo Testamento. En dos de esas veces implica conocer de antemano: Hechos 26:5 y 2 Pedro 3:17, conocer de antemano. Las otras cuatro veces que aparece, la palabra implica conocer de antemano, pero en una relación con alguien. Daniel Doriani, comentando acerca de estas cosas, dice que la palabra proginōskō más probablemente significa que Dios amó y cuidó a los suyos antes de predestinarlos. De ahí que el texto dice: "A los que conoció, predestinó." Antes de predestinarlos, Dios conoció a los suyos. ¿Cómo los conoció? Recuerda que implica amar, cuidar. ¿Cómo los conoció? Como los amó. Entonces los predestinó.

El texto de Jeremías 1:5 puede ilustrar algo de esto: "Antes de que yo te formara en el seno materno te conocí, y antes que nacieras te consagré, te aparté y te puse por profeta a las naciones." Tú no eras, como yo decía, ni siquiera un feto, y ya yo te conocía. ¿Y eso por qué, Jeremías? Porque yo te entretejí en el vientre de tu madre, y mientras hacía eso, te aparté, te consagré y te puse por profeta a las naciones. De manera que en el contexto de Jeremías 1:5, proginōskō, conocer, implicó consagrarte, apartarte, separarte.

Lo que Romanos 8:29 me está diciendo es que Dios me conoció, me consagró, me apartó, puso su amor especial sobre mí. De manera, hermano, que si tú eres un nacido de nuevo, si eres un nacido de nuevo, Dios te conoció desde toda la eternidad, y en Él es segura, en Él es guardada tu alma, como cantamos.

Ahora tú puedes entender por qué Dios le puede decir a Israel en Jeremías 31: "Otra vez con amor eterno te he amado." ¿Con qué? Con un amor eterno te he amado. No solamente que te ha llamado. "Por eso te he sacado con misericordia." Por eso, como te amé desde la eternidad, ahora en el tiempo y el espacio te estoy sacando al desierto y liberando de tus problemas.

¿Y cuál fue tu intención, Dios, cuando me amaste desde la eternidad pasada, me concebiste, me pensaste? "Porque yo sabía lo que iba a ocurrir. Yo sabía lo que Caín iba a hacer. Yo sabía cómo iba a distorsionar mi imagen. Por eso hoy me iba a dejar mi imagen distorsionada, trastocada en ti." ¿Por qué no, Dios? "Porque yo te amé."

Escucha otra vez, versículo 29: "Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos." A los que conoció, predestinó. La palabra predestinar implica marcar un límite. Yo estaba aquí en el grupo de la humanidad entera, y Dios marcó un límite y me pasó por este lado, me apartó. Primero me conoce allá, y luego me aparta. ¿Y para qué me apartó? Para ser hecho conforme a la imagen de su Hijo.

Por eso es que todas las cosas cooperan para bien, porque como nada estorba los propósitos de Dios, no importa si es enfermedad, o muerte, o accidente, o separación, o pérdida. Todo forma parte del cincel de Dios para ir quitando de ti todo lo que no se parece a Cristo. Ahora, permíteme hacerte una pregunta. No tienes que contestar; la respuesta es obvia. ¿Tú crees que en ti y en mí queda todavía mucho que no se parece a Cristo? ¡Uf! Verdad que sí. Pues ya tú sabes que queda un sinnúmero de cosas por las cuales les tendrá que atravesar. ¿Por qué? Hay que quitar todos los "uf" de ti y de mí.

La imagen del Hijo formada en ti es el propósito de Dios desde toda la eternidad. Dios está cincelando eso. Escucha esta idea hermosa de parte de Spurgeon: "Dios estaba tan complacido con su Hijo y vio tal belleza en Él que decidió multiplicar su imagen."

Nosotros no entendemos la Trinidad, pero no sé si puedes seguir conmigo ahora. Yo no tan tontamente he pensado que el Hijo, el Hijo unigénito de Dios, es esto: cuando Dios piensa en sí mismo y proyecta a sí mismo hacia afuera, eso que es proyectado es su Hijo, la imagen perfecta de Dios. Si eso es verdad, lo que Dios está tratando es de proyectar en nosotros una imagen como la de Él, con la limitación de que somos criaturas y Él es Creador, de que no somos Dios y Él sí lo es.

Y esa multiplicación era el plan de Dios en el Edén. Por eso le dijo: "Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra." Llena la tierra de mi imagen. Pero como Adán falló, yo dije: "Sí, pero mis propósitos son eternos y no son estorbables, de manera que mandaré, enviaremos la Trinidad, un segundo Adán para que la tierra sea poblada de su gloria." ¿Cómo tú crees que la tierra va a ser poblada de su gloria? Cuando la tierra sea llena de la imagen de Dios en los cuatro puntos cardinales. El Espíritu Santo mora en ti y cincela en ti desde adentro.

Entonces Dios me conoció, me predestinó. ¿Qué hizo Dios con aquellos que predestinó? Bueno, la respuesta está en el versículo 30: "A los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó." Entonces me predestinó y luego me llamó. Tenemos que hablar de esa palabra. Recuerda que eran cinco verbos; el tercero de los cinco.

Entonces, llamó. Esa palabra ahí en el original... vamos a tratar de explicar lo que encontramos en la Palabra acerca de cuando Dios llama. Hay un llamado general para todo el mundo. Cuando Cristo vino, Él predicó el evangelio y lo predicó indistintamente, y el llamado fue a todo el mundo. Pero lamentablemente la gente no responde al llamado general. Y me vino a mi mente una ilustración en el momento: tú sabes que usualmente en tiempo de elección, las autoridades llaman a que la gente vaya a votar, pero la mayoría de la gente no va a votar, porque el llamado general no funciona.

Bueno, escucha lo que dice Hechos 17:30: "Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres en todas partes que se arrepientan." Dios dice, de diferente forma: "Yo llamo a los hombres a que se arrepientan en todos los lugares, a través de todas las épocas." Es un llamado general, pero la gente no responde.

Entonces, como la gente no responde, y la razón por la que no responde es por la que mencionamos en el tiempo de Jesús: a Jesús no lo recibieron porque amaron más las tinieblas que la luz. Entonces Dios tiene que hacer un llamado eficaz, que es otro llamado, un llamado personal y específico. Podríamos decir un llamado efectivo, pero en teología lo llamamos llamado eficaz.

¿Y qué implica eso, pastor? Que Dios no simplemente te extiende una invitación y te dice: "Bueno, si tú quieres venir, tú vienes, y si no, no vengas." No, porque nadie va a venir, porque nadie puede venir. La mente no busca a Dios, no se somete a Dios, ni siquiera puede.

Entonces, ¿qué implica el llamado eficaz? Que Dios no solamente te llama, sino que te capacita para que oigas, entiendas el llamado y respondas al llamado. Bueno, imagínate que Cristo se para frente a la tumba de Lázaro. Lo único que Él va a hacer es llamar. Ahí está el cadáver. "Lázaro, sal fuera." Lázaro adentro. "Lázaro, sal fuera." Dos mil años después tuviera Cristo llamando a Lázaro. ¿Qué tiene que pasar para que Lázaro pueda responder? Él tiene que volver a la vida, porque los muertos no oyen. Cristo tuvo que levantarlo de entre los muertos y ahora vivo le hace su llamado: "Lázaro, sal fuera." Ahora Lázaro dice: "¿Alguien me está llamando allá afuera? Déjame ir."

Bueno, así mismo estabas tú, muerto en tu delito y pecado, y tú oías el llamado, la predicación del satisfacción, y tú no respondías. Y no respondías. Pero hubo un día en el que Dios te hizo nacer de nuevo, y después que naciste de nuevo, tú oyes el llamado y ahora no solamente lo oyes, lo entiendes; no solamente lo entiendes, ahora quieres responder, porque en el nuevo nacimiento está el Espíritu Santo que ahora ha puesto en ti el querer y el hacer.

¿Tú te imaginas la gracia de Dios? ¿Tú te imaginas la misericordia de Dios, el amor de Dios? No solamente que te pensó en el pasado, guardó tu alma hasta este momento, te capacitó para que respondieras a su llamado por medio del nuevo nacimiento. Nosotros debiéramos estar extremadamente gozosos y agradecidos.

Ahora recuerda que la Palabra interpreta la Palabra, o la Palabra ilumina la Palabra cuando necesito más luz. Si me voy a Efesios 1, donde Pablo en catorce versículos nos habla con lujo de detalles de esta predestinación, hallé si te algunas cosas más que informan a Romanos 8:28 al 30. Pablo nos dice —no te voy a leer el texto, simplemente del versículo 4 al 14— Pablo nos dice que fuimos escogidos en Cristo, versículo 4; estamos en Efesios 1. En el versículo 4 nos dice que nos predestinó en amor, o por amor; esa es la causa. Versículo 5: nos predestinó para adoptarnos como hijos; no solamente que nos predestinó, sino que parte del propósito era que yo llegara a ser un hijo. Versículo 6: nos predestinó para la alabanza de su gloria en el Amado; me predestinó en el Amado, y una de las razones es que, cuando todo se ha dicho y hecho, la gloria de Dios, la gloria de la gracia de Dios, sea desplegada a través de los salvos. Fui predestinado según el propósito de Aquel que obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad, versículo 11; esta fue la voluntad de Dios y Él fue a buscarla, fue a realizarla, se propuso realizarla.

Versículo 13: para obtener salvación yo tengo que oír el mensaje de salvación, el Evangelio. La gente viene a Cristo cuando escucha el Evangelio. Por eso es que Pablo nos dice en Segunda Corintios 5 que somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros: "Reconciliaos con Dios." ¿Cómo es que Dios ruega por medio de nosotros? Cuando nosotros predicamos el Evangelio. Y fuimos sellados con el Espíritu Santo, que es la garantía de la promesa, versículo 13.

Ok, ahora entendí el llamado: conoció, predestinó, llamó. Pero el texto también dice que a los que llamó, justificó. Entonces esto es como se da: a los que Cristo conoció, a esos predestinó; a los que Cristo predestinó, a esos llamó; a los que Cristo llamó —ya vimos eso— a esos justificó; y a los que justificó, glorificó.

Entonces, ¿qué es la justificación? La justificación es un término legal, como si estuviéramos en una corte. Es un acto, el acto por medio del cual Dios Padre declara justo a una persona sin ser justa, por medio de la sangre de Cristo, después que la persona se ha arrepentido, ya ha pedido perdón por sus pecados, ya ha nacido de nuevo. Dios dice: "Tú no eres justo en ti mismo, pero mi Hijo te va a dar su santidad y ahora yo te voy a declarar justo." No inocente —eres todo lo culpable— pero te voy a declarar justo sin serlo.

El momento cuando Cristo fue a la cruz es donde Cristo nos justifica. Ahora, cuando Cristo fue a la cruz, Él no justificó a todo el mundo y luego la gente se pierde o se salva en el camino. No. Cristo justificó a todos aquellos, y solamente a todos aquellos, que el Padre conoció, que el Padre predestinó y que el Padre llamó; a esos Él justificó. Cristo no nos hizo justificables en la cruz; Cristo nos justificó. Ese es el tiempo verbal: hecho, completo. Ahora, más adelante habría que esperar el tiempo y el espacio para que yo llegara a conocerlo, pero yo estaba justificado. Es la razón por la que cuando Cristo está terminando la odisea de la cruz dice: "Consumado es." ¿Qué quiere decir? Yo no tengo más nada que hacer. En el tiempo que está, usted tendrá que poner la fe en mí, pero en cuanto a mí, yo terminé mi obra. Consumado es. Nada más.

¡Ah! Y ahora entonces llegó el tiempo y yo creí. Creí en ese Cristo, creí en su cruz, creí en su resurrección, creí que Él murió en mi lugar. Y ahora el texto dice que me glorificó. Pastor, pero la glorificación no ocurre cuando los cuerpos que han muerto se levantan al día final y se unen con nuestra alma. Exactamente. Tu glorificación no es cuando tu alma entra en gloria; no, no, no, esa es la introducción del proceso. La glorificación es cuando vemos terminado, cuando tu cuerpo se levanta y se une con tu alma.

Entonces déjame explicarte cómo es que se da de principio a fin. No hay nada creado. En la eternidad pasada la Trinidad concibe un plan, un plan para llevarse a cabo. Para llevar a cabo el plan hay que tener lugar. Se crea el universo. Es como el director de la obra: "Necesito un lugar donde llevar a cabo su obra." Eso es como Calvino, Juan Calvino, lo concebía: se crea el teatro. Y entonces los primeros dos actores son Adán y Eva, pero los actores fallaron, pecaron, se apartaron de Dios, arruinaron su imagen lamentablemente.

Pero no puedes estorbar los planes de Dios, de manera que desde Génesis 3:15 se anuncia: "No lo vamos a dejar así." De manera que esto fue lo que el primer Adán hizo, pero esto es lo que el segundo Adán va a hacer. De manera que la simiente de la mujer va a venir en el tiempo y espacio y va a redimir la imagen en aquellos que yo conocí, aquellos que yo predestine, aquellos que yo llamé.

De manera que cuando Cristo viene, nacido de mujer, bajo la ley —Gálatas 4:4— Él viene, nace, crece, cumple con toda la ley, y ahora que cumple con toda la ley va a la cruz, ofrece su sacrificio por la plenitud de mi pecado, resucita, y un día yo nazco de nuevo, como ya explicamos.

Después que tú naces de nuevo, ¿sabes qué pasa? El proceso de redención de la imagen de Dios apenas ha comenzado. Hasta que no naces de nuevo tienes la imagen adánica, que es una imagen de Dios trastocada, distorsionada, corrompida. A partir de tu nuevo nacimiento comienza la renovación de la imagen de Dios, la redención de la imagen de Dios.

Pero para que eso se dé —rápidamente, no me entro en detalles porque eso puede tomar un par de clases todavía o de sermones— pero para que la redención de la imagen de Dios se dé, yo necesito en primer lugar una renovación de mi mente. Yo tengo que pensar diferente. Para vivir bien yo tengo que pensar bien. Cuando yo no vivo bien, estoy pensando mal. Yo tengo que renovar mi mente —Romanos 12:2, quedamos ahí varios meses—. Yo tengo que dejar de vivir conforme a la carne. Yo tengo ahora que someter toda mi vida, deseos, emociones y sentimientos al señorío de Cristo.

Yo necesito eso para la redención de la imagen, pero yo necesito también vivir en el poder del Espíritu, porque de otra manera yo no lo puedo hacer. Es el poder del Espíritu que me ayuda a someter toda mi vida al señorío de Cristo. Y no lo puedo hacer porque yo tengo pecados remanentes que son poderosos y que dominan mi voluntad, a menos que yo haya sometido mi voluntad a la acción del Espíritu.

Llegará el momento entonces, al final de mi vida, cuando yo muera, y cuando ya Cristo haya declarado el fin de las cosas, que mi cuerpo se levantará. Y esto es como Pablo lo describió en Primera Corintios 15:50-53: "Así que les digo un misterio..." La palabra misterio es algo que en el Antiguo Testamento no se conocía pero es revelado en el Nuevo. Entonces aquí está la revelación: "No todos dormiremos" —o sea, no todos vamos a morir, porque Cristo va a llegar un momento en que hay gente viva— "pero todos seremos transformados, todos los que aman a Dios, todos los que han sido llamados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final, pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad." Porque el cuerpo que se siembra en debilidad va a resucitar en poder, y lo que se siembra en vergüenza va a resucitar en gloria.

Ese es el momento de la glorificación. Hermanos, Dios te conoció, Dios te predestinó, Dios te llamó, Dios te justificó, Dios te glorificó. Yo decía más tempranamente: ¿por qué se produjo exactamente ese silencio sepulcral? Después de que tú entiendes esos tres versículos y lo que Dios ha hecho, y cómo lo pensó, y cómo lo realizó, y cómo lo sigue realizando, ¿qué más queda?

Hermanos, tú necesitas pedirle a Dios que abra tu entendimiento a la sabiduría de este libro para que tú puedas ver la mente de Dios. Dios ha revelado su mente para ti, para que puedas saborear su sabiduría, para que las cosas del mundo no te llamen la atención.

En el primer servicio yo la vi, este himno. Yo estaba ahí cantando y cuando empezaba a cantar "en Él está guardada mi alma", yo comencé a llorar porque yo sabía lo que iba a predicar. Y pensar que en Él está segura mi alma, está guardada mi alma desde la eternidad pasada. No cuando yo nací, no, no, no, mucho antes. No cuando Dios creó la tierra, no, no. Cuando no había nada más que la eternidad, Dios me pensó y me guardó hasta el día de hoy. Y si no me hubiera guardado, me hubiera perdido todos los días de mi vida. Y si no me guarda de aquí al final, me pierdo también. Y si eso no es suficiente para tú vivir dándole gracias a Dios, diciendo gloria a Dios, aleluya, gloria a Dios, aleluya...

"No pastor, que yo no soy así." Bueno, yo tampoco, pero lo vivo, lo siento, lo gozo, lo disfruto, hermano, lo pienso. Pero no puedo pedir una vida tan "bla" con una revelación tan "wow". Sin digno, no es digno. Tú sabes lo que eso ha significado: la revelación es "wow" y mi respuesta es "bla".

"Eh, bueno pastor, y si ya Dios lo va a hacer todo y lo planificó todo, entonces ¿para qué vamos a predicar?" Oye, tiene la idea de que te abra los ojos del entendimiento. Dios dice por qué tengo que predicar. Dios sabe nuestras preguntas. Como sabe nuestras preguntas, nos manda la respuesta adelantada. Después, cuando ustedes preguntan, ya tienen si ustedes me van a buscar la respuesta, hermano. Romanos 10:13-15: "Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo." ¿Se recuerdan que yo te dije que Efesios 2:8 es uno? El versículo 3 dice que para ser salvo hay que oír el mensaje del evangelio. Aquí está: "Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien."

Nosotros predicamos porque Dios no solamente nos llamó, nos llamó con un propósito y nos llamó para ser embajadores de Cristo, como si Él rogara a los hombres por medio de nosotros: reconciliaos con Dios. Porque tú eres un micrófono. Porque Dios no solamente predestinó quién iba a ser salvo, predestinó quién iba a ser el instrumento de salvación de esa persona. Dios no te necesita, pero quería que tú participaras en la gloria de su plan de redención y lo disfrutaras, y pudieras conocer más de Él, y pudieras conocer su poder que levanta muertos.

Entonces, ¿mi vecino no puede elegir a Dios? No, ni tú tampoco, hasta que Dios te elige. Romanos: "No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios." En verdad, ¿no sabes que tú eres la mejor evidencia de la incapacidad del ser humano? ¿Sabes por qué? Porque después de nacer de nuevo son múltiples las veces y múltiples días en que tú ni te has acordado de Dios. ¿O no? Sean sinceros. "Sí." Gracias, hermano. Eso más es otro pecado, me entiendes, pero gracias. Porque no lo buscamos estando dentro. Imagínate ahora el que no ha nacido de nuevo. Nuestros ojos son fácilmente desviados por una sola razón: porque mientras mis ojos estén en este mundo, yo no puedo ver las maravillas de aquel mundo, ni me interesa.

Hermanos, el apóstol Pedro, ya tengo que cerrar, en 2 Pedro 1:4 nos dice que Dios, por su gracia, escucha, nos ha concedido, es una concesión, sus preciosas y maravillosas promesas. Ahí me encanta ver la Palabra, porque esa gente habla con un vocabulario que nosotros no hablamos. Nosotros decimos: "Tienes que creer la promesa de Dios." Pero dice: crea, crea, crea, que tampoco hace. "Sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina." ¿Tú estás oyendo, no? Que nosotros estamos siendo llevados a ser partícipes de la naturaleza divina. No a ser Dios, pero partícipes de la naturaleza divina, "habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de los malos deseos." ¡Guau! Y nosotros no escapamos; a nosotros nos sacaron de ese mundo donde queríamos quedarnos. Y Pedro te dice: se te ha hecho una concesión y te ha hecho partícipe de la naturaleza pecadora.

Hermanos, si tú entendieras eso, si tú saborearas eso verdaderamente todos los días, tú te levantarías con el único deseo, no con un deseo, el único deseo: de que ese día tú lo puedas vivir completamente para la gloria de quien te sacó del fango cenagoso. ¿O tú no te acuerdas dónde estabas? ¿O tú no te acuerdas lo que hacías? ¿Tú no te acuerdas cómo pensabas? De ahí te sacó Dios.

Y tú fuiste creado, tú fuiste pensado y creado, al igual que el universo entero, para dar gloria a Dios. De manera que si el universo material, sin vida, puede glorificar a Dios, puede ser un espejo para reflejar de regreso a Dios su gloria, imagínate lo que nosotros con su imagen pudiéramos hacer. Y esa es la razón por la que, si la creación hace eso, tú también. Y yo también. No en la iglesia, no en un día, no en un sermón como este: todos los días, en todo lo que hago, en todos los lugares y de todas las formas. De manera que yo pueda glorificar con la creación a mi Salvador. A Él le pertenece el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Su pueblo dice: amén.

Amén. Padre, gracias. A este pueblo revélale. Perdona nuestra iniquidad al no responder a la altura de nuestro llamado. Como hemos visto hoy, que la creación nos sirva de ejemplo y nos humille al verla todos los días reflejando tu gloria. Porque si ella lo hace, yo también. Y permite que la vida de uno, o de muchos, o ojalá fuera de todos, oh Dios, permite que este mensaje sea un antes y un después. Para la gloria tuya, pero para bendición nuestra, en ese orden. En Cristo Jesús, su pueblo dice: amén.

Amén. Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.