IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Romanos 8:28-29 es uno de los textos más citados y menos entendidos de la Biblia. No promete que todas las cosas terminarán bien para todos, ni que después de cada pérdida vendrá una ganancia mayor. La promesa tiene destinatarios específicos: aquellos que aman a Dios y han sido llamados conforme a su propósito. Para ellos, Dios garantiza que tanto las cosas buenas como las malas cooperarán para un fin concreto: formar la imagen de Cristo en sus vidas. Cristo no fue a la cruz para que no tengamos que sufrir, sino para que cuando suframos, podamos hacerlo como él lo hizo.
Las pruebas cumplen funciones precisas: revelan el carácter, nos acercan a Dios, nos enseñan a consolar, nos liberan de la autosuficiencia y nos llevan a dar gracias en toda circunstancia. Job terminó más cerca de Dios después de su tragedia, pero Juan el Bautista fue decapitado y Pablo murió ejecutado. No hay garantía de prosperidad terrenal, solo de transformación espiritual. El pastor Núñez ilustra esto con la historia de un soldado torturado en Vietnam que, a punto de abandonar su fe, encontró estos mismos versículos en una página sucia de Biblia usada como papel higiénico por un general enemigo.
Dios quebranta el espíritu rebelde como se doma un potro salvaje: no para debilitarlo, sino para poder acercarse a lo que compró con su sangre. Mientras el corazón permanezca duro, solo podremos admirar a Dios desde lejos. El quebrantamiento precede siempre a la promoción espiritual, porque un corazón no quebrantado que experimenta las bendiciones de Dios cree que se las merece.
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Romanos 8:28-30
Y sabemos que para los que aman a Dios todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a esos también llamó; y a los que llamó, a esos también justificó; y a los que justificó, a esos también glorificó.
Yo creo que este es uno de los textos más citados de toda la Palabra de Dios, probablemente de los menos entendidos y, por tanto, de los menos aplicados o más frecuentemente mal aplicados. El capítulo 8 del libro de Romanos, en gran manera, tiene que ver precisamente con las tribulaciones del cristiano. Este es el texto que más se conoce, pero mucho de lo que Romanos 8 tiene que decir tiene que ver precisamente con esto.
De hecho, en el versículo 18, el apóstol Pablo, que estuvo altamente familiarizado con el dolor, con el sufrimiento, él decía que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. Pablo nos está diciendo que la tribulación por la que pasamos en este tiempo presente, si nosotros comenzamos a compararlas o a quejarnos, realmente estamos haciendo algo que es indigno, porque esto no es digno de ser comparado con lo que Dios ha preparado en la eternidad para aquellos que le siguen.
Esto es como el preámbulo. Esto es como la persona que comienza a marinar algo en la noche antes, a ponerlo en una especie de salsa si tú quieres, y luego se pasa el otro día varias horas cocinando para luego disfrutar de ese plato. Pero antes del disfrute tuvo que pasar por una serie de pasos hasta que el placer del paladar pudiera ser sentido. Eso es más o menos lo que Pablo nos está diciendo. Este es el preámbulo, esta es la preparación. De la manera que Cristo nos conoció, no podemos entrar a su presencia, y este es el tiempo de esa preparación.
Yo creo que muchos leen u oyen, incluso personas que no van a la iglesia, porque con frecuencia lo vimos y han oído de Romanos 8:28, y entienden que lo que el texto dice es que todas las cosas cooperan para bien para todo el mundo. No siempre las cosas pasan para algo. Eso no es lo que el texto está diciendo; se parece, pero no es. Yo creo que otros dicen o piensan que todas las cosas al final se organizan y al final todo sale bien. Eso tampoco es lo que el texto está diciendo. Yo creo que otros piensan: "Bueno, lo que tienes que hacer es esperarte suficiente, y en la espera te darás cuenta que al final todo va a salirte bien." Todavía peor. Solicité un trabajo, no me lo concedieron, y eso es que Dios tiene un trabajo con mayor salario para mí. Eso no es lo que el texto está diciendo. Me botó la novia; eso implica que Dios tiene una novia más bonita para mí. El texto no está diciendo nada de eso.
Yo creo que nosotros necesitamos entender la intención del texto para ver qué es lo que está diciendo. En primer lugar, el texto tiene un contexto y un grupo de personas para quienes esto va a ocurrir: para aquellos que aman a Dios, esto es, los que han sido llamados conforme a su propósito. Es para ese grupo que las cosas van a ser como vamos a descifrar en unos momentos, específicamente para ese grupo.
Notas también cómo el texto dice que todas las cosas van a cooperar para bien. Si la palabra que aparece ahí es "todas," eso implica que para este grupo de personas llamado conforme a su propósito habrá cosas buenas y cosas malas, porque no dice "todas las cosas buenas cooperarán," sino "todas las cosas, punto, cooperarán para bien."
La pregunta es: ¿a qué cosas se está refiriendo Pablo cuando dice que todas las cosas cooperarán? Si tú sigues leyendo y entiendes todo el contexto, Pablo nos está diciendo que ese que ha sido llamado conforme a su propósito ha sido también llamado a pasar por todas las cosas que los incrédulos pasan. Y más adelante, por eso se hace la pregunta: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Y nada de eso por lo que vamos a pasar nos va a separar del amor de Dios en Cristo Jesús.
Y eso es bueno saber, que no nos va a separar. Y yo no sé si el "amén" se debe al hecho de que no nos va a separar o de que vamos a pasar por tribulación, o por angustia, por persecución, hambre, desnudez, peligro o espada. Pero Pablo deja claramente dicho que cuando pasemos por ahí, entonces no nos va eso a separar del amor de Cristo.
Cristo no fue a la cruz para que tú y yo no tengamos que sufrir. Cristo fue a la cruz para que cuando tú y yo tengamos que sufrir, podamos hacerlo como él lo hizo. Es otra cosa, y eso nos ayuda a entender un poco acerca de lo que Dios tiene que decirnos.
Las pruebas de este tipo, verán, tienen el propósito de formar la imagen de Dios en nosotros. El propósito número uno de Dios con nosotros, en las buenas, en las malas, en la abundancia, en la escasez, es que su imagen, la imagen de su Hijo, se forme en nosotros. Eso está claramente dicho aquí. De manera que lo que Dios está garantizando para este grupo de personas que él ha llamado es que él va a permitir que una serie de cosas ocurra alrededor de su vida hasta que él vea la imagen de Cristo formada en ellos.
Las pruebas no tienen el propósito de hacerme más feliz de este lado de la gloria. Las pruebas no tienen el propósito de hacerme más próspero. "No, usted va a ver la bendición que vendrá después." Puede ser, pero no hay garantía de eso. Job terminó mucho más próspero, con más hijos, pero Dios no ha prometido que cada vez que yo entre en una prueba él me va a devolver dos veces, tres veces lo que me ha quitado. Si yo tengo esa expectativa, en muchas ocasiones voy a terminar desilusionado.
Y esta mañana, con el grupo que estábamos, revisábamos cómo, mientras Job termina bendecido, duplicado, prosperado, Juan el Bautista, el primo hermano del Mesías, el introductor del Mesías, de repente se encuentra en una cárcel. Yo me imagino quizás algunos hasta haciendo mofa: "¿Era esto de que primo hermano del Mesías? Él ahí afuera, dizque sanando ciegos e incurando cojos, y el primo que va dentro de la cárcel." Feo todavía el día que Juan el Bautista se entera que tiene que salir de la cárcel porque lo van a decapitar. Él no terminó como Job, ni Pablo tampoco. Pablo terminó decapitado.
Jacobo, uno de los doce discípulos, cae preso. Pedro cae preso. El Señor saca a Pedro de la cárcel por medio de un ángel. Y yo no sé si Jacobo, si Jacobo hubiese sabido que en un momento dado los dos iban a estar en la cárcel y que Pedro iba a ser sacado y él iba a ser decapitado, yo no sé qué hubiese pensado. Yo sé lo que probablemente yo hubiese pensado: "Pero ven acá, yo no fui el que lo negué tres veces. Y si Dios envió ángel para Pedro, ¿dónde está mi ángel?"
De manera que este Romanos 8:28-29 no es una promesa de que las cosas van a salir prosperadas, felizmente, contento de este lado de la gloria. Lo que él está prometiendo es que la imagen de su Hijo se va a formar en mí y que la circunstancia por la que yo pase va a contribuir no solamente a eso, sino también al avance de su causa. Y eso es una garantía que Dios da.
Si hay algo que las pruebas hacen siempre: la prueba o forma el carácter, ese sería parte del propósito, o deforma el carácter cuando me rebelo, o revelan mi carácter. Lo que las pruebas sí siempre hacen, no siempre forman el carácter, pero lo que sí siempre hacen es que lo revelan.
Cuando estuvimos viendo en la historia de Job, la prueba por la que Job pasó reveló el carácter paciente, de adorador y de sumisión a los propósitos de Dios en la vida de Job. Eso quedó claramente revelado. La prueba también reveló el carácter probablemente de incrédula de la esposa, porque no me imagino a un verdadero creyente insinuándole a su esposo que maldiga a Dios y que se muera. De manera que la prueba revela el carácter de Job, revela el carácter de la esposa, reveló el carácter de sus tres amigos: el carácter acusador, de autojusticia, con falta de compasión.
La prueba no solamente es usada por Dios para revelar el carácter o formar el carácter, pero la prueba también es permitida por Dios para atraernos hacia sí. Satanás la usa para alejarnos de Dios; Dios la usa para acercarnos a Dios. Al final, Job termina mucho más cerca de Dios que lo que él había estado. En el proceso, antes que la prueba termine, Satanás se las ingenia y hace que los amigos de Job y Job terminen separados, porque Job responde a sus amigos, sus amigos le responden a Job, Job habla con Dios, pero hay una lluvia de palabras y una guerra de palabras entre los amigos. Eso no era de Dios; eso era de Satanás.
Dios, en sí mismo, en las pruebas hace demostración de su gracia y de su esplendor. Porque si hay algo que nosotros sabemos con lo que terminamos al final de la historia de Job es con esta descripción, simplemente a manera de preguntas que Dios hace, de la inmensidad, de la grandeza, de la majestad, de su soberanía, a través de sesenta y cinco preguntas que Dios le hace a Job. Dios siempre usa las pruebas para hacer demostración, despliegue de su poder, de quién él es, de su soberanía.
Lo que el texto de hoy dice, y esto es importante: mis peores momentos, si soy llamado conforme a su propósito, Dios los hace funcionar, los hace traer o producir buenos resultados. Mis peores momentos. Y mis mejores están todavía por verse, porque el texto de hoy le ha hablado de que a esos que él llamó y justificó, a esos glorificó. Los mejores están por verse, los buenos no los puedo perder, los malos él los hace producir buenos resultados.
Una de las cosas con la que nos frustramos en el camino es porque no lo entendemos, como Job se frustró.
Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni son vuestros caminos mis caminos, declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más altos que vuestros pensamientos. Nosotros no siempre vamos a saber el porqué. Nosotros siempre vamos a saber, yo creo que siempre, el para qué cuando nos abrimos a Dios, caminamos con él y esperamos en el tiempo. Los para qué, con frecuencia, si no siempre, él nos los deja ver.
Cuando nosotros leemos al apóstol Pablo, alguien que está altamente familiarizado con lo que es el dolor y el sufrimiento, en su segunda carta a los Corintios, él nos da tres razones por las que nosotros pasamos por la tribulación. Una, para que aprendamos a consolar como nosotros hemos sido consolados por Dios. Dos, para que nosotros aprendamos a no confiar en nosotros mismos. Y tres, para que nosotros aprendamos a dar gracias en toda circunstancia.
La primera es para que aprendamos a consolar. Y he visto que quizás algunos de nosotros hemos sido muy duros, quizás algunos de nosotros no hemos podido ser quebrantados todavía. Quizás algunos de nosotros ni siquiera han llorado o no han tenido pérdidas significativas. Si hay algo que uno aprende con Dios, si no lo ve en la vida de Job, es que él comienza haciéndonos perder cosas materiales, que nos duele, pero no es mi salud ni son mis hijos. Pero Dios poco a poco va aumentando el calor de mi prueba cuando Dios ve que permanezco duro ante la necesidad del otro. Duro ante el llamado a la obediencia, duro ante el llamado a estar en su Palabra, duro ante una y otra vez la misma enseñanza que no llego a obedecer. Y a veces Dios entonces tiene que quebrantarnos para eventualmente él mismo consolarnos y luego enseñarnos entonces a consolar a otros a quienes nunca habíamos consolado anteriormente.
Esa es la razón que la segunda carta a los Corintios da por la cual nosotros somos atribulados: es para que aprendamos a no confiar en nosotros mismos. Y quizás ya hay algo de lo cual IBI pudiera sufrir por su nivel, precisamente a veces, que Dios le ha dado. Cuando digo IBI me refiero a las personas, porque no a las paredes. Como somos profesionales, tenemos buenos ingresos, tenemos buenas cosas y buenas casas y buenos planes de retiro y buenos lugares donde retirarnos, quizás llegamos a confiar demasiado en nuestra autosuficiencia. Y una razón de la atribulación es para que no confiemos en nosotros mismos.
Y número tres, para que aprendamos a dar gracias en todo. Yo puedo quejarme de que ahora no tengo el local para tener a mis hijos en la escuela dominical en el mismo lugar del sitio de adoración, o yo puedo darle gracias a Dios que hay un lugar donde yo puedo dejarlos que sean instruidos y yo también ir a adorar a Dios. Yo puedo quejarme de que no puedo adorar en el día domingo en la mañana, yo que soy una persona tan programada, que siempre tengo que hacer las cosas como yo las hago, y que tengo que adorar en Chaves. Yo puedo quejarme de eso o yo puedo darle gracias a Dios que en sábado yo puedo hacerlo en un lugar como este. Yo puedo quejarme de que ahora no va a haber Awana por un tiempo, o yo puedo darle gracias a Dios que tuve Awana por un tiempo, que sea ahora como se haga. Mi hijo tiene la costumbre, tiene la disciplina, y ahora yo voy a poder hacerlo con otros amiguitos porque simplemente él quiere hacerlo. Las pruebas nos llevan a ser agradecidos por lo ingrato que muchas veces he sido.
A través de la dificultad Dios prueba mi carácter, mi fe, mi paciencia, mi confianza y mi perseverancia. Mi fe, mi paciencia, mi confianza, mi carácter y mi perseverancia. Cuando yo reacciono ante las dificultades, revelan quién yo soy verdaderamente. Me detendré una vez más. La manera como yo reacciono ante las dificultades revela cómo soy verdaderamente. Y ahora es muy temprano, apenas acabamos de comenzar, tenemos que poner eso en el tiempo y ver cómo sigo reaccionando. Pero Dios nos pone a esperar, nos pone ese cuarto de espera, y nuestra estadía en la espera va a revelar muchas veces lo que verdaderamente somos.
Cuando nosotros revisamos para entender Romanos 8:28, de qué es que se trata, cuando revisamos el Nuevo Testamento, hay tres palabras principalmente que son traducidas a nuestro idioma como pruebas, tres principales.
La primera es dokimion. Es la palabra que aparece en 1 Pedro 1:7, que dice: "Para que la prueba de vuestra fe" —ahí está la palabra prueba— "la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo." La Biblia al Día lo traduce de esta manera, es una paráfrasis: "Las tribulaciones presentes ponen a prueba la firmeza y pureza de su fe. Así como el oro se prueba y purifica en el fuego, su fe, que es más valiosa, es sometida al fuego purificador de las tribulaciones. Si permanecen firmes, recibirán alabanza, gloria y honra el día que él regrese."
Esa es la promesa. No antes. De este lado de la gloria, lo único que tengo seguro es que él está formando su imagen en nosotros. Y Dios espera, entonces, que en medio de esa dificultad yo pueda honrarle, yo pueda alabarle, yo pueda darle gracias, y que no vea Dios en nosotros un espíritu de queja, de ira, de resentimiento en medio de la prueba. El espíritu de queja, de ira, de resentimiento en medio de la prueba es evidencia de la superficialidad de mi fe, de que mi fe no tiene todavía la profundidad que Dios quiere darle, que yo no estoy donde Dios quiere llevarme, y por tanto él va a permitir esto para profundizar y ahondar mi fe, o quizás para formarla por primera vez. Porque una de las cosas que a veces descubrimos en la prueba era que yo realmente no era creyente.
La fe que no es sometida a prueba no se sabe si es fe. Puede ser creencia. La fe que es sometida a prueba y que da la talla es la fe que va a probar si es una fe por convicción o por asociación. Bueno, ¿cuál es la diferencia? Bueno, es que a veces mi fe es simplemente por asociación: crecí en un hogar evangélico, me bauticé en una iglesia evangélica, pero me voy a bautizar en otra, iba a los grupos de jóvenes y de niños evangélicos, continué yendo a una iglesia evangélica, mi novia era de una iglesia evangélica y por tanto yo soy evangélico. Pero a veces tu fe es simplemente de pura asociación. Terminaron los amores, desaparecieron los muchachos.
O como ocurre en Estados Unidos, acabo de oír las estadísticas: 88% de los jóvenes criados en las iglesias evangélicas al entrar a la universidad se pierden. Eso mismo dije yo: ¡wow! 88%, más nunca los vuelves a ver. Su fe era por asociación; la fe de sus padres no era su fe. Por eso es que la fe tiene que ser puesta a prueba. Dokimion, una evidencia de hasta dónde mi fe es genuina, por convicción o por asociación. Y esa superficialidad no va a ser revelada a menos que Dios permita la prueba en mi vida. A veces esa superficialidad está en que yo ni siquiera me percato de qué está pasando en mi mundo interior, mucho menos qué está pasando a mi alrededor. Y entonces ahora somos sorprendidos por el fuego de la prueba del que habla el apóstol Pedro.
Yo leo lo que Pedro dice en su primera carta, capítulo cuatro, dos versos llamados: "No os sorprendáis del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo." Lo que el apóstol Pedro nos está diciendo es que cuando pasemos por esa prueba, que no nos sorprendamos como que algo extraño estuviera ocurriendo, porque eso es parte del diseño de Dios para hacer lo que Dios entiende nosotros necesitamos en nuestras vidas. Y esa prueba a la que está haciendo referencia el apóstol ahora es una prueba que en su idioma original implica cierto dolor o sufrimiento. A través entonces del dolor y del sufrimiento Dios prueba mi perseverancia.
La vida cristiana trae pruebas que rompen el corazón. Esta todavía no es una de ellas. Hay pruebas que rompen el corazón. Y en ese momento Dios quiere ver cómo yo voy a responder, qué yo voy a hacer para calmar el dolor del corazón que estoy experimentando. Mientras en el mundo algunos acuden a la bebida, en el mundo cristiano muchos lo que hacen es que se separan de la fe. "Dios me desilusionó. Yo no sé para qué uno es hijo de Dios, yo no entiendo a Dios, yo no lo comprendo." Se separan de la iglesia. Dios quiere saber si en medio del dolor que quebrantó mi corazón yo voy a negociar mis valores o voy a permanecer fiel a mis valores.
La segunda palabra en el Nuevo Testamento que nos habla de esa prueba que produce dolor es purosis. Es eso, es una prueba como que me purifica a través del dolor y la dificultad. Dios quiere saber entonces, experimentado el dolor, cuál es mi reacción ante el dolor. La prueba por la que Job pasó es una prueba que lo llevó a sus rodillas y lo llevó a adorar a Dios en medio del dolor.
Esta prueba todavía no es suficientemente grande para compararla como la de Job, pero yo quiero hacerte una pregunta: si después que esto ha ocurrido, ¿dónde tú has estado? ¿En tus rodillas intercediendo, o frente a la misma televisión, frente a la misma computadora, frente a la misma recreación? Total, los líderes se están ocupando de eso. Nosotros nos podemos ocupar de los locales, de los micrófonos, del sonido, pero no nos podemos ocupar de la condición espiritual de cada uno de nosotros. Es algo muy personal con Dios. Y honestamente, si esto, que no es una prueba como la de Job, pero es una prueba, si acaso te ha llevado a intensificar tu vida de oración, de ayuno quizás. Esta es la cosa: yo no sé qué Dios va a tener que hacer para acercarte a su presencia. Estas cosas debieran llevarnos más a su Palabra, a nuestras rodillas, al ayuno, a su presencia, a la meditación, a la reflexión, entre tú y Dios.
Si realmente ha estado en los mismos lugares, frente a las mismas cosas, yo no sé entonces cuál es el sacudón que Dios va a necesitar para llamar la atención.
Primera de Pedro 5 dice: "Y después de que hayáis sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia que os llamó a su gloria eterna en Cristo, él mismo os perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá." Observe el orden: después que hayáis sufrido un poco de tiempo. No antes, no a mitad, después de. Y el que lo va a hacer es el Dios de toda gracia. El Dios que los llamó a su gloria eterna, el Dios mismo entonces se va a encargar. Si yo sé enfrentar eso, si yo sé ir a su presencia y en su búsqueda, él mismo se va a encargar de perfeccionarme, de afirmarme, de fortalecerme y de establecerme.
La fe o la gracia, que Pablo —perdón, Pedro— le llama "el Dios de toda gracia", el Dios que con su gracia me quebranta, es el Dios que con su gracia me fortalece y me sana. Y si yo sé entonces caminar con él y yo sé entonces someterme a su trabajo, yo podré disfrutar de una mejor relación con él.
Yo no sé cuánto usted me ha oído usar esta ilustración anteriormente, pero cuando nosotros venimos a los pies de Cristo, somos como potros salvajes. ¿Sí o no? ¿Ha visto un potro salvaje y su amo? ¿Usted ha visto la relación que ellos tienen? Cero, porque al potro salvaje no hay quien se le acerca. Entonces el potro salvaje necesita ser domado, su espíritu necesita ser quebrado para que el amo pueda acercarse a lo que él ha comprado. Mientras tanto, el potro puede ser hermoso, el potro puede ser muy fino, lo único que él puede hacer es verlo de lejos.
Cuando él comienza a someter a su potro a que sea domesticado, ese potro patea, relincha, grita. Y quizás usted está pensando: "Bueno pastor, pero nosotros no pateamos." ¡Casi! Por eso Pablo dice: "¿Qué hacemos dando coces contra el aguijón?" Y en esa ocasión era literalmente eso. El dar coces contra el aguijón era algo que ellos observaban en los toros, los bueyes de trabajo que pateaban, y había un aguijón en la parte de atrás que entonces lo pinchaba para que ellos no volvieran a patear. Bueno, nosotros más o menos nos comportamos de esa forma; de hecho, el apóstol Pablo habla de eso.
El potro no domesticado no tiene mucho uso. Tú no puedes montarte arriba de él, no pueden ni siquiera exhibirlo, no le puedes poner carga. No está hecho para eso, para ni siquiera ponerle carga. Él no te lo permite, él te tumba la carga encima. Él es de poco uso. Así mismo nosotros, cuando tenemos ese espíritu rebelde de potros salvajes, Dios tampoco nos puede usar y no nos puede pedir que hagamos nada. Nosotros en la iglesia no podemos pedirte que hagas nada, porque tan pronto eso ocurre comienza el refunfuñar: "Yo no sé para qué me pidieron eso, no sé para qué, otro pudiera hacerlo. ¿Por qué aquí no se le ocurre un sábado, un domingo? No, pero eso tampoco." Y entonces comenzamos en eso.
Pero una vez el espíritu... La idea de amaestrar el potro no es debilitar al potro, es quebrar su espíritu rebelde. No es quebrantar su fuerza física, es quebrar su espíritu rebelde. Una vez él es quebrantado en su espíritu rebelde, ese potro es no solamente usable, pero él se va a cansar menos, porque él no va a gastar energía rebelándose, pateando, corriendo, brincando. Mueven la cabeza, mueven la cola, mueven los pies. Nosotros a veces movemos la cabeza como los potros. ¿Sabe usted? Vaya a ver. Y por eso es que Dios tiene que quebrantarnos.
El amo, lo único que él puede hacer con ese potro es admirarlo de lejos, no más. Dios, cuando nos ve así, lo único que él puede hacer es relacionarse con nosotros de lejos. Una vez el espíritu es quebrantado, el amo y el potro pueden acercarse, y ahora resulta que el amo puede pasarle la mano, puede disfrutar del animal que él compró. Cuando Dios termina de quebrantar nuestro espíritu y a través de ese quebrantamiento yo me acerco a Dios, ahora Dios puede pasarme la mano. Ahora yo puedo tener una relación estrecha con Dios.
Y si pudiera invertir la relación: antes decíamos que el amo solamente podía admirar al potro. De esa misma manera, antes de tú ser quebrantado, lo único que tú puedes hacer es admirar a Dios desde lejos. Nada más. "Sí, es verdad, Dios es soberano", y luego me doy media vuelta. "Yo no sé cómo es que esa gente habla de la soberanía de Dios, yo eso no lo he experimentado." De la intimidad con Dios, que Dios te ha vuelto el corazón, que tienes deseo de leer la Biblia. "Sí, sí, la Biblia, no, no, es la Palabra de Dios." Una admiración de lejos. "¿Es la Biblia infalible? Sí, claro que es infalible. ¿Es tu marco de referencia? Sí, claro." Pero como de lejos la admiración. Hasta que finalmente Dios haya quebrantado mi espíritu de rebeldía y ahora yo puedo entrar en una relación con mi amo donde yo pueda admirarlo a él de cerca, y no tenga que decir como Job: "De oídas te conocía, ahora mis ojos te han visto."
Y eso es algo de lo que Dios anda buscando. Una de las cosas que Dios anda buscando es quebrar ese espíritu de rebeldía en nosotros. Dios, cuando comienza a trabajar en nosotros, él no anda buscando debilitar mi fuerza física, como hablamos del potro. Él anda buscando debilitar aquello que impide que yo me acerque a él. A.W. Tozer decía: "Yo dudo que Dios use a un hombre grandemente hasta que no lo haya quebrantado profundamente." Ese es el caso de Moisés, ese es el caso de Pablo, y ese es el caso de una serie interminable de nombres en la historia de la Iglesia.
La garantía es que, sabiendo nosotros que nuestras mejores cosas están por verse y que las peores Dios las va a hacer trabajar, las va a coordinar, las va a hacer caer en un rompecabezas que eventualmente van a producir un fruto bueno, sabiendo eso, que yo pueda afirmar eso no cuando estoy bien, sino cuando estoy mal.
Bernard Gilpin fue un ministro de la Palabra de Dios en los años de la Reforma, y lo andaba persiguiendo la Bloody Mary de Inglaterra, la Sangrienta María de Inglaterra. De ahí que Bloody Mary es rojo, porque ella era así de sangrienta. Y lo andaba persiguiendo, lo habían mandado a buscar, lo capturaron, lo traen de regreso. Él se cae del caballo, se fractura las dos piernas. Y antes de fracturarse él venía diciendo: "No, yo sé que esto va a resultar para bien." Los captores de él se reían. Cuando se cae y se rompe las dos piernas: "Ahora yo voy a ver qué es lo que va a decir, si esto va a resultar para bien." "Esto va a resultar para bien." Como ahora vienen a caballo —no estamos hablando ahora de trenes ni mucho menos—, vienen viajando a caballo, él viene con las dos piernas rotas. Eso retardó el regreso a Inglaterra varios días porque casi no lo podían llevar. Y finalmente llegaron retrasados comparado con el día que se le estaba supuesto llegar. Cuando él llega, él se entera que Bloody Mary se ha muerto, y que su hermana Elizabeth había dicho: "No más quemaduras ni matanzas de estos hombres." En su seguimiento él podía decir: "Te lo dije, que esto va a resultar para bien." Pero él no sabía que iba a resultar así, excepto que él tenía un versículo, un pasaje de la Palabra de Dios que le garantizaba que todas las cosas cooperan para bien.
Yo les conté hace mucho tiempo atrás, pero yo creo que es tiempo de recordarlo. Este soldado norteamericano que cae preso en Vietnam, y él comienza a tener un lavado de cerebro para que niegue su fe, y todos los días lo torturaban más, y él no había negado su fe. Finalmente lo pusieron a limpiar las letrinas, las peores letrinas, sin guante. Y él está ya harto de que eso esté ocurriendo, ya no puede soportarlo, ya está a punto de negar la fe, está cuestionando a Dios prácticamente todos los días. Y un día, al lado de una letrina, él se encuentra con un pedazo de papel. De lejos le parece que ese inglés está escrito y lo coge. No quería ni verlo, estaba sucio de lo que usted sabe. Y se lo llevó así, que estaba tan desesperado por leer algo en inglés, y lo mete en su bolsillo. Y en la noche, con una pequeña linterna que había conseguido, debajo de la sábana —él había limpiado ya el papel— alumbra el papel, hace brillar la luz sobre lo que estaba leyendo, y esto fue lo que él leyó: "Y sabemos que para los que aman a Dios todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó." Y él dio gracias a Dios que en el momento que estaba a punto de ya renunciar a su fe, Dios le recordó que aquellos que han sido llamados conforme al propósito de Dios, todas las cosas cooperan para bien.
Lo que estaba ocurriendo es que uno de los generales había recibido una Biblia de parte de un misionero, y le había dicho al misionero: "Yo no sé para qué tú me das eso porque yo me voy a limpiar cuando vaya al baño con la Biblia." "Si tú estás dispuesto a dejarme, la dejo," dijo el misionero, y se la dejó. Lo que el misionero no sabía es que no era para el general, sino para el hijo de Dios que estaba siendo torturado en prisión, y que Dios le iba a levantar su fe con una página sucia de la Biblia. Porque a los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien.
Por eso lo que dice Spurgeon: "Oras en contra de la promoción cuando tú oras en contra de la aflicción." Al revés: cuando oras en contra de la aflicción, estás orando en contra de la promoción. En otras palabras, cuando usted está en sexto grado o séptimo grado para pasarlo de grado, usted tiene que tomar un examen. La aflicción es su examen. Y cuando lo pasas, eres promovido; cuando te quemas, tienes que repetir el curso otra vez.
El problema termina diciendo que cuando Dios dobla, Dios dobla pero no quiebra, y que con cada uno de sus actos induce al hombre a experimentar su esplendor de una forma que solo Dios conoce. Moisés fue inducido a experimentar el poder de Dios durante cuarenta años de dificultad.
Eso es lo que me asombra de Moisés. Moisés es un líder en la historia de Dios que no deja de asombrar. Es que cuando Dios le dice: "Ese no va para la tierra prometida", por los próximos veinticinco años Moisés lidera fielmente como si él fuera a entrar a la tierra prometida. Que Dios le anuncia: "Moisés, de aquí en adelante entiende que tienes que continuar, pero no se trata de ti, Moisés; es de mis propósitos, es de mi pueblo". Y Moisés no pestañea y continúa por los próximos veinticinco años con un pueblo rebelde, liderando el pueblo de Dios, sabiendo que no se trataba de él ni de las ovejas, sino del propósito que Dios había encomendado a él como líder del pueblo.
Moisés es un individuo donde yo regreso una y otra vez. Una y otra vez me humilla su presente, su historia. Una y otra vez me hace sentir tan indigno. Una y otra vez pienso: ¿cómo un hombre puede tener una relación con Dios tan increíblemente estrecha y fiel? Wow.
Queremos ver grandes cosas de Dios sin ser quebrantados, y esas dos cosas son antónimos. Yo quiero creer —el tiempo lo afirmará o lo negará— que Dios no está pasando por esta prueba antes de llevarnos a nuestro próximo peldaño, pero no sin quebrantarnos primero, no sin humillarnos primero, no sin limpiarnos primero, no sin enseñarnos lo materialistas que hemos sido, no sin enseñarnos lo autosuficientes que hemos vivido, no sin enseñarnos lo orgullosos que en ocasiones pudimos haber sido. No antes, no. Primero todo eso, antes de llevarnos al próximo nivel, antes de ser promovidos. Yo quiero creer que Dios va a hacer grandes cosas, pero no sin que esto ocurra.
Cuando un corazón no quebrantado experimenta las bendiciones de Dios, él cree que se las merece. Por eso es que no pueden ocurrir, porque son antónimas, contrarias. Cuando un corazón que no ha sido quebrantado experimenta la gloria de Dios, él cree que la ha producido. Cuando ese corazón no quebrantado experimenta el poder de Dios, él hace alarde de ese poder; primero lo usa y después lo abusa. ¿Te das cuenta de lo necesario que es el quebrantamiento del corazón, de la persona, antes de que Dios nos permita probar, disfrutar, ver su esplendor? Con cada uno de sus actos, Dios nos induce a probar, a experimentar y a vivir su esplendor, pero Él tiene que quebrantarnos primero.
Cuando un corazón no quebrantado experimenta los privilegios que Dios nos da, él llega a creer que son derechos. Cuando ese mismo corazón no ha sido quebrantado y recibe un don de Dios, él llega a pensar que eso es una destreza que la ha querido y la ha desarrollado producto de su esfuerzo. Y no, es por gracia. Charis, ciento cincuenta y cinco veces aparece esa palabra en el Nuevo Testamento: algo que Dios hace, concede inmerecidamente, y es por gracia que lo hace.
Hablé de tres palabras en el Antiguo Testamento que nos hablan de la prueba, que son traducidas como "probar", hablando de Dios. La primera tenía que ver con la dificultad que implica pasar como por el fuego; la segunda era algo que producía dolor; y la tercera es peirasmos, que es la que aparece en Lucas 22:28, donde Cristo dice: "Vosotros sois los que estuvisteis conmigo en todas mis pruebas". Y esta palabra peirasmos es un tipo de tribulación, aflicción, dificultad que es usada para probar mi compromiso con Dios, con su causa, con su pueblo, con su iglesia, con su Palabra.
Y esta prueba es especial, porque lo que esta prueba va a hacer —déjamelo decir con un versículo muy conocido de la Palabra de Dios— esta prueba va a hacer una de dos cosas. Cuando esta prueba es producida, es traída al pueblo de Dios, va a causar una de dos cosas: o acerca a los discípulos, o Juan 6:66: "Como resultado de esto, muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él". O te acerca o te separa para siempre. Esta prueba tiene el propósito de probar el compromiso. La prueba de la cruz, la prueba de la persecución, acercó a los once; separó a Judas para siempre. Es una prueba que tiene una función muy específica: o nos mantiene o nos empuja hacia afuera.
Esta prueba, que no tiene el tamaño de la persecución quizás, y Dios en su providencia, parte de lo que está haciendo es: o nos comprometemos más con la causa, con lo que Dios quería hacer a través de la iglesia, o Él va a sacar a algunos de la iglesia. Yo no lo sé, no soy Dios, no voy a pretender saber.
Cuando Dios sacó al pueblo de Israel al desierto, se lo dijo: por tres razones: para humillarte, para probarte y ver lo que había en tu corazón. Dios sabe lo que hay en mi corazón; lo que Él quiere saber es si yo lo sé. De manera que Él va a pasarme por la prueba, no para Él aprender nada, para que yo aprenda.
Algunos de ustedes me han estado escribiendo; gracias por escribirme. Me han estado confesando cosas; gracias por confesarlas. Dios ha permitido esta reflexión para que nosotros podamos encontrar lo que Él decía que yo no veía. Y muchas veces que yo no veía, pero me estaba haciendo el chivo loco. Como la filosofía del dominicano es el chivoloquismo, nos hacemos los chivos locos con Dios también. Y como que "eso yo no lo veo", pero Dios sabe que tú lo sabes. Y a veces no nos percatamos.
Recuerda la historia, ya la he mencionado otra vez, pero nosotros estamos más necesitados de ser recordados que de ser instruidos. La historia de Hudson Taylor con el misionero joven que va a visitarle, y cuando él se va a despedir, le dice: "Recuerda una cosa". Le llena un vaso como este de agua, lo pone en la mesa y le da un golpe a la mesa. El agua sale y se desparrama, y le dice: "Cuando la vida te golpee, recuerda que lo que va a salir de ti es solamente lo que está dentro de ti".
¿Qué va a salir de nosotros ahora? Es un pequeño golpe en la mesa, y lo que está dentro va a salir. Eso que va a salir es lo que Dios sabía todo el tiempo que estaba ahí y que quería ponerlo en evidencia. Eso puede ser agradecimiento, ira, orgullo, rebelión, ingratitud, lo que tú quieras. Dependiendo de cómo reaccionemos en la medida en que los días van pasando.
Lo que sí yo estoy seguro —lo veo en su Palabra, lo puedo ver en mi vida, lo puedo ver relacionándome con el pueblo de Dios— es esto: cuando Dios mira hacia una vida, o un pueblo, un matrimonio o una familia, no importa, no hace diferencia, y comienza a darse cuenta de que hay un gasto excesivo de tiempo y dinero que consiste en mantener la apariencia externa cuando la belleza interior no está siendo atendida, es tiempo de quebrantamiento. Eso yo lo sé.
La insistencia de Dios no es en lo que luce por fuera; es en lo que soy por dentro. Y cuando Dios nos ve que tenemos tiempo para el salón, para el gimnasio, para la clase de ballet, para la clase de inglés, para la clase de francés, para el tenis, para el kárate, para el judo, para todo lo que tú quieras, pero para la oración, para Dios, para dar una escuela dominical: "Yo no tengo tiempo", Dios dice: tiempo de quebrantamiento.
Cuando yo he oído sermones, he oído enseñanzas, ya son repetitivas, y en vez de producirme más convicción lo que me producen es rechazo porque "ahí vienen a decirme lo mismo otra vez", es tiempo de quebrantamiento. La única razón por la que se te está diciendo otra vez es porque no lo has hecho la primera vez. Me quejo de la regla de la mamá: "Ya no me hay que decirme lo más". La tercera vez alguien dice: "¿Tú otra vez?" Claro, hubiera resuelto el problema si lo haces la primera vez.
Cuando mi interés continuo es por la recreación del cuerpo, cada vez que estoy cansado quiero otro resort, Dios dice: "¡Wow! Y no me acuerdo la última vez que estuviste cansado y tocaste la puerta de mi trono para hablar conmigo. Tú piensas que el cansancio que la vida te produce te lo va a quitar algo que ha sido diseñado por el mundo para el disfrute de la carne. ¿Es eso lo que recuerdas en mi Palabra, o es que aquellos que esperan en Dios renovarán sus fuerzas?" Dios sabe qué es lo que yo espero que me anime, que me levante, que renueve mis fuerzas, que me dé esperanza, que me ayude a seguir la próxima semana. Dios sabe si lo que yo estoy pensando que va a hacer eso es el mundo y sus diseños, o Dios y su Palabra. Y cuando ve la diferencia, Dios dice: "Bueno, es tiempo de quebrantamiento".
Cuando nos creemos mejores, superiores, más espirituales que los demás, es tiempo de quebrantamiento. No, no somos mejores. Yo no soy mejor que usted. Quizás lo he sentido en ocasiones; eso es pecaminoso entonces. No, yo soy hombre de labios impuros y yo habito en medio de un pueblo de labios impuros. Y donde Dios te ve, Dios me ve: mismo plano. Él es el que está en un lugar alto y sublime, y sus orlas llenan el templo. Yo no tengo orlas y tú tampoco. No tenemos nada de qué gloriarnos, de qué jactarnos. Somos lo que somos por la gracia de Dios, más nada. Seremos lo que seremos por la gracia de Dios.
Que estos sean tiempos buenos, de reflexión, de introspección, de sacar lo que Dios no quiere ver, de sacar lo que Dios ha tratado de sacar en otras ocasiones y no, entre comillas, "ha podido". No es que no ha podido, porque Dios no tiene limitaciones, pero las circunstancias a través de las cuales Él permitió que pasaran no lo han hecho. Pues tendrá que hacerlo de otra manera.
Yo creo que Dios quiere prepararnos, y yo creo que esta es la antesala de eso que Él va a hacer. Cuando digo que yo quiero creer eso, no es porque estoy pensando positivamente; eso no produce nada, el pensamiento positivo. Cuando digo que eso es lo que creo que Dios va a hacer, es porque eso es lo que entiendo, donde Dios nos viene dirigiendo hace un tiempo. Pero igualmente eso no va a ocurrir si Dios no nos santifica primero y nos prepara por el fuego.
Este es el tiempo de volver a priorizar y descubrir qué es lo que tiene importancia en mi vida. "Bueno, pastor, pero si estamos ahí en enero de nuevo, ¿cuál es la gran cosa?" Bueno, ese es el problema: que pensemos de esa manera. Esto es lo que Dios está tratando de hacerme entender, sea una cosa: tú puedes protegerte de las circunstancias, pero no puedes protegerte del que controla las circunstancias. Y tú puedes guardar para tu vejez, para tu retiro, pero nada de eso, a la hora que yo decido intervenir, te sirve de nada.
Era el hombre más rico del Oriente, señores, y en un abrir y cerrar de ojos él lo pierde todo, incluyendo sus diez hijos. ¿Dónde estaba lo que había acumulado ahora? ¿Dónde estaban sus hijos que pudieran garantizar, como es parte de nuestra cultura, "mis hijos que me cuiden"? No tenía ahora. Tampoco tenía una garantía de que Dios le iba a dar más.
Podemos tratar de asegurar las circunstancias, pero cuando Dios sopla, cuando Dios se mueve, no hay nada que me pueda proteger de la mano de Dios, que no sea su gracia si yo le conozco.