Integridad y Sabiduria
Sermones

Un pueblo arrepentido.

Miguel Núñez 28 junio, 2009

El avivamiento genuino nunca ha ocurrido en medio del orgullo. El orgullo es la actitud que empuja a Dios fuera de mi vida, que me lleva a pecar más y luego a ocultar y justificar ese pecado. En contraste, la humildad se rinde, es abierta, busca el rostro de Dios y se deja corregir. Por eso, cuando el pueblo de Israel quiso volver a Dios en Nehemías 9, vino vestido de cilicio, cubierto de polvo, en ayuno, señales externas de un corazón quebrantado.

Ese día el pueblo pasó tres horas leyendo la palabra de Dios sin interrupciones, y otras tres horas confesando sus pecados y adorando. La exposición a la Escritura produjo lo que siempre produce cuando Dios visita: una sensibilidad aguda al pecado que antes pasaba desapercibido. Cuando vivo cerca de la luz de Dios, no hay manera de no ver continuamente mi pecaminosidad. Es como poner mi mano bajo un microscopio: siempre encontraré impurezas. La ausencia de un estilo de vida de arrepentimiento continuo es evidencia de insensibilidad espiritual.

El pueblo confesó los atributos magníficos de Dios —creador, perdonador, proveedor, fiel a sus pactos— y junto a esa lista extraordinaria colocó otra igualmente larga: su propia rebelión, blasfemia y terquedad. Reconocieron que las consecuencias sufridas desde Asiria hasta Babilonia eran justas: "Tú has obrado fielmente, pero nosotros perversamente." Esa es la marca del verdadero avivamiento: sensibilidad extrema a la santidad de Dios y al propio pecado, resultando en confesión genuina y cambio de vida.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Nehemías capítulo 9

¡Vamos a leer todo el capítulo 9 de Nehemías! Capítulo 9, versículo 1: "El día 24 de este mes se congregaron los hijos de Israel en ayuno, vestidos de cilicio y con polvo sobre sí. Y los descendientes de Israel se separaron de todos los extranjeros y se pusieron en pie confesando sus pecados y las iniquidades de sus padres. Puestos de pie, cada uno en su lugar, leyeron el libro de la ley del Señor su Dios por una cuarta parte del día, y por otra cuarta parte confesaron y adoraron al Señor su Dios."

"Y sobre el estrado de los levitas se levantaron Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenani, y clamaron en alta voz al Señor su Dios. Entonces los levitas Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías dijeron: 'Levantaos, bendecid al Señor vuestro Dios por siempre y para siempre. Sea bendito tu glorioso nombre, exaltado sobre toda bendición y alabanza.'"

"Solo tú eres el Señor. Tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos con todo su ejército, la tierra y todo lo que en ella hay, los mares y todo lo que en ellos hay. Tú das vida a todos ellos y el ejército de los cielos se postra ante ti. Tú eres el Señor Dios que escogiste a Abraham, lo sacaste de Ur de los caldeos y le diste por nombre Abraham. Hallaste fiel su corazón delante de ti e hiciste con él un pacto para darle la tierra del cananeo, del hitita, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia. Y has cumplido tu palabra porque eres justo."

"Tú viste la aflicción de nuestros padres en Egipto y escuchaste su clamor junto al Mar Rojo. Entonces hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos sus siervos y contra todo el pueblo de su tierra, pues supiste que ellos los trataban con soberbia, y te hiciste un nombre como el de hoy. Dividiste el mar delante de ellos y pasaron por medio del mar sobre tierra firme, y echaste en los abismos a sus perseguidores como una piedra en aguas turbulentas."

"Con columna de nube los guiaste de día y con columna de fuego de noche para alumbrarles el camino en que debían andar. Luego bajaste sobre el monte Sinaí y desde el cielo hablaste con ellos. Les diste ordenanzas justas y leyes verdaderas, estatutos y mandamientos buenos. Les hiciste conocer tu santo día de reposo y les prescribiste mandamientos, estatutos y la ley por medio de tu siervo Moisés. Les proveíste pan del cielo para su hambre, les sacaste agua de la peña para su sed, y les dijiste que entraran a poseer la tierra que tú habías jurado darles."

"Pero ellos, nuestros padres, obraron con soberbia, endurecieron su cerviz y no escucharon tus mandamientos. Rehusaron escuchar y no se acordaron de las maravillas que hiciste entre ellos. Endurecieron su cerviz y eligieron un jefe para volver a su esclavitud en Egipto. Pero tú eres un Dios de perdón, clemente y compasivo, lento para la ira y abundante en misericordia, y no los abandonaste. Ni siquiera cuando se hicieron un becerro de metal fundido y dijeron: 'Este es tu dios que te sacó de Egipto', y cometieron grandes blasfemias."

"Tú, en tu gran compasión, no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no los dejó de día para guiarlos en el camino, ni la columna de fuego de noche para alumbrarles el camino por donde debían andar. Y diste tu buen Espíritu para instruirles. No retiraste tu maná de su boca y les diste agua para su sed. Por cuarenta años proveíste para ellos en el desierto y nada les faltó; sus vestidos no se gastaron y no se hincharon sus pies."

"También les diste reinos y pueblos y se los repartiste con sus límites. Y tomaron posesión de la tierra de Sehón, rey de Hesbón, y la tierra de Og, rey de Basán. Y multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo y los llevaste a la tierra que habías dicho a sus padres que entrarían a poseerla. Y entraron los hijos y poseyeron la tierra. Y tú sometiste delante de ellos a los habitantes de la tierra, a los cananeos, y los entregaste en su mano con sus reyes y los pueblos de la tierra, para hacer con ellos como quisieran."

"Y capturaron ciudades fortificadas y una tierra fértil. Tomaron posesión de casas llenas de toda cosa buena, cisternas excavadas, viñas y olivares, y árboles frutales en abundancia. Y comieron, se saciaron, engordaron y se deleitaron en tu gran bondad. Pero fueron desobedientes y se rebelaron contra ti. Echaron tu ley a sus espaldas, mataron a tus profetas que los amonestaban para que se volvieran a ti, y cometieron grandes blasfemias."

"Entonces los entregaste en mano de sus enemigos que los oprimieron. Pero en el tiempo de su angustia clamaron a ti, y tú escuchaste desde el cielo, y conforme a tu gran compasión les diste libertadores que los libraron de mano de sus opresores. Pero cuando tenían descanso, volvían a hacer lo malo delante de ti. Por eso tú los abandonabas en mano de sus enemigos para que los dominaran. Y cuando clamaban de nuevo a ti, tú oías desde el cielo, y muchas veces los rescataste conforme a tu compasión."

"Los amonestaste para que volvieran a tu ley, pero ellos obraron con soberbia y no escucharon tus mandamientos, sino que pecaron contra tus ordenanzas, las cuales, si el hombre las cumple, por ellas vivirá. Y dieron la espalda en rebeldía, endurecieron su cerviz y no escucharon. Sin embargo, tú los soportaste por muchos años y los amonestaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no prestaron oído. Entonces los entregaste en mano de los pueblos de estas tierras. Pero en tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste, porque tú eres un Dios clemente y compasivo."

"Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, poderoso y temible, que guardas el pacto y la misericordia, no parezca insignificante ante ti toda la aflicción que nos ha sobrevenido a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta el día de hoy. Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros, porque tú has obrado fielmente, pero nosotros perversamente."

"Nuestros reyes, nuestros jefes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no han observado tu ley, ni han hecho caso a tus mandamientos ni a tus amonestaciones con que los amonestabas. Pero ellos, en su propio reino, con los muchos bienes que tú les diste, con la espaciosa y rica tierra que pusiste delante de ellos, no te sirvieron ni se convirtieron de sus malas obras."

"He aquí, hoy somos esclavos. Y en cuanto a la tierra que diste a nuestros padres para comer de sus frutos y de sus bienes, he aquí somos esclavos en ella. Y su abundante fruto es para los reyes que tú pusiste sobre nosotros a causa de nuestros pecados, los cuales dominan nuestros cuerpos y nuestros ganados como les place, y en gran angustia estamos. A causa de todo esto, nosotros hacemos un pacto fiel por escrito, y en el documento sellado están los nombres de nuestros jefes, nuestros levitas y nuestros sacerdotes."

Padre, gracias te damos por la certeza de tu satisfaga, la claridad de tu convicción, lo completo de tu revelación, Dios. Te pedimos perdón por nuestra soberbia, nuestro orgullo, nuestra suficiencia, por nuestra irreverencia, Dios, ante tu satisfaga. Te pedimos que, de acuerdo a tu gran compasión, porque eres un Dios clemente, lento para la ira, que le permitas a tu siervo predicar tu palabra de una manera que a ti te honre, que a ti te plazca, que a ti te exalte, Señor. Permite que tu palabra pueda calar en el corazón, en la mente, en las vidas de aquellos que escuchan, y que no regrese vacía como es tu promesa, sino que pueda tener el efecto para el cual tú la inspiraste, y en especial este pasaje que hoy está delante de nosotros. En tu nombre, Jesús. Amén, amén.

El texto que yo acabo de leer es mejor entendido cuando tú lees el capítulo 8 y el 10, todo en conjunto. Cuando tú haces eso, te das cuenta de que Dios había decidido en ese momento, en esa ocasión, traer un nuevo avivamiento a su pueblo. Y este avivamiento comenzó de la misma manera que han comenzado todos los demás avivamientos en la historia del pueblo de Dios.

Hay siempre una humillación delante del Señor, hay exposición a su Palabra. Esa exposición produce una sensibilidad al pecado. Esa sensibilidad hacia el pecado produce, como consecuencia, confesión y arrepentimiento, lo cual le devuelve la sensibilidad al pecador acerca de la santidad de Dios. Y en esa combinación de sensibilidad al pecado y sensibilidad a la santidad, hay un nuevo compromiso de caminar con su Dios de una manera diferente.

Eso es exactamente lo que el autor de este texto, que es el mismo autor del texto del segundo libro de Crónicas 7:14 —su nombre es Esdras—, dijo en una ocasión: "Si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, si oran, si buscan mi rostro, si se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos y sanaré la tierra." Todo avivamiento comienza por un proceso de humillación de parte del pueblo de Dios, y eso es exactamente lo que ha ocurrido en esta ocasión.

Recuerden que en el capítulo 8, cuando estuvimos exponiendo ese texto hace dos semanas atrás, dijimos que el pueblo había comenzado el mes de Tishri, el séptimo mes del calendario hebreo, con la fiesta de las trompetas en el primer día. Que el día diez se representaba o se celebraba el Día de la Expiación, el gran día de ayuno nacional, la única convocatoria nacional de ayuno en el año, para ofrecer sacrificio por los pecados de todo el pueblo. Del día 15 al día 22, la celebración de la fiesta de los Tabernáculos. Este era el mes más religioso de todo el calendario.

Terminada la fiesta de los Tabernáculos en el día 22, terminadas las celebraciones religiosas, y sin embargo, 48 horas después, en el día 24, como leímos en este texto, Dios decidió soplar su Espíritu una vez más sobre el pueblo. Y el pueblo vino y se convocó en ayuno, vestidos de cilicio, cubiertos de polvo, en representación de dolor, de arrepentimiento, en representación de humillación delante de Dios.

Dos días después, cuando se esperaba que el mes había cerrado en términos de sus celebraciones de una manera que el texto no nos explica, el pueblo estaba otra vez de pie, puesto ahora en ayuno, ayunando de nuevo 48 horas después de las fiestas de los tabernáculos, vestido de cilicio, cubierto de polvo, en representación de que estaban humillados delante de Dios. Y ese avivamiento comenzó como comienzan todos los demás avivamientos: con una humillación de parte del creyente.

Nosotros no podemos decir que todos los avivamientos comienzan de la misma manera y terminan de la misma manera; eso lo sabemos por la historia de la iglesia. Por eso no podemos decir que tenemos la fórmula de los avivamientos, porque cada avivamiento representa un moverse soberano, inesperado, sorpresivo, de la mano de Dios sobre su pueblo en un momento dado. Pero Dios es quien lo comienza, y como Él los comienza, lo comienza siempre de la misma manera y lo termina siempre de la misma manera. El pueblo necesita estar humillado delante de Él. La humillación no nos garantiza el avivamiento, porque en ocasiones Dios nos envía a Babilonia y nos deja allá por un tiempo, pero lo que sí sabemos es que sin humillación no hay avivamiento.

Una y otra vez lo que nosotros vemos es precisamente que es la humillación del creyente lo que lo coloca en una posición propicia para que Dios le visite. No lo garantiza, no obliga a Dios a avivarlo, pero lo coloca en una posición propicia para que Dios pueda visitarlo, y es Dios quien comienza ese mover. Y el pueblo ha venido en esta ocasión, como ya dijimos, en ayuno, vestido de cilicio, cubierto de polvo, a enseñar dolor, arrepentimiento, de que quieren realmente tratar con Dios de una manera distinta a como habían tratado en el pasado y como sus antepasados habían tratado con Dios.

Nunca ha habido un avivamiento, no importa si es nacional, local o personal, nunca ha habido un avivamiento de una vida en medio de orgullo. El orgullo es el impedimento número uno para el avivamiento de Dios. El orgullo es la actitud que hace que los querubines se alejen de mí. Es la actitud que empuja a Dios hacia afuera de mi vida y nos lleva, entonces, incluso a que Dios se oponga a nosotros. Este orgullo no solamente es pecado, sino que me lleva a pecar más, y una vez yo he pecado, me lleva a ocultar el pecado, justificar el pecado, a racionalizar el pecado, y eso empeora mi situación delante de Dios.

Es ese orgullo que se suple a sí mismo, como dijimos en el mensaje anterior, que se cree superior, que se cree autosuficiente, que se cree independiente, que no necesita ayuda de nadie, que se cree eficiente en sí mismo. El orgullo se ofende con facilidad y sin embargo vive ofendiendo a otros con mucha facilidad, pero no lo ve, no lo cree. Y cuando lo ve y lo llega a creer, muchas veces se siente tranquilo, se siente en paz, porque entiende que ese es problema del otro, el otro se lo merece, y él se siente orgulloso de ser orgulloso, valga la redundancia. El orgullo se rebela, se resiste, se autodefiende y vive corrigiendo al otro aunque es difícil de corregir. Es esa actitud que hace que Dios se oponga a esa persona en su orgullo, y ese orgullo entonces, luego de haber pecado, me lleva a no ver mi pecado como decíamos, esconderlo y a racionalizarlo. En esa condición Dios se retira, y por tanto nunca ha habido un avivamiento en medio de mi condición de orgullo.

El pueblo de Dios entendía que cuando ellos querían venir delante de Dios en otra actitud, una manera externa de expresarlo era el ayuno, el cilicio y cubrirse de polvo, y venir ya de otra forma delante de Dios como vinieron en esta ocasión. Mientras el orgullo hace todo eso, mientras el orgullo se resiste, la humildad se rinde. Mientras el orgullo es cerrado, la humildad es abierta. Mientras el orgullo es sospechoso del otro, la humildad es confiada. El orgullo aleja a Dios; la humildad busca de Dios, se siente dependiente y quiere continuamente encontrar la cara, el rostro de Dios. La humildad raramente se ofende; cuando se ofende, fácilmente perdona. Y cuando tiene que pedir perdón, pues pide perdón. Es abordable, se deja corregir, escucha, admite y hace correcciones.

El orgullo, todo lo opuesto. Y es esa, de nuevo, la razón por la que Dios nunca ha visitado de manera especial a ningún pueblo, a ninguna iglesia, a ninguna denominación, a ninguna familia o a ninguna vida caracterizada por esa actitud de orgullo. Pero este pueblo ahora ha venido de una manera distinta: en ayuno, cubierto de polvo, vestido de cilicio. Y estando en esas condiciones, en el versículo 2 la simiente de Israel se separó de todos los extranjeros, y se pusieron en pie confesando sus pecados y la iniquidad de sus padres. Aproximación, separación. ¿Te recuerda las palabras de Segunda de Crónicas 7:14? "Si se vuelven de sus malos caminos..."

Este texto no nos dice exactamente cómo ellos se separaron, pero si tú recuerdas lo que ocurrió bajo el liderazgo de Esdras en el segundo retorno, donde los esposos se separaron de las mujeres extranjeras, posiblemente en esta ocasión ocurrió algo similar y quizás más amplio. Porque simplemente se nos habla de una manera abierta que la comunidad hebrea se separó de todos los extranjeros. Posiblemente en esta ocasión no solamente se separaron matrimonios, sino toda relación con el extranjero, con el gentil, relaciones ilícitas que ellos no estaban supuestos a tener. Posiblemente en esta ocasión esa reacción fue todavía mucho más amplia, esa reacción de separación, y ahora entonces el pueblo ciertamente ha comenzado a devolverse de sus malos caminos. Y junto con eso, ha habido previamente una actitud de arrepentimiento expresada por el ayuno y el cilicio con el que vinieron vestidos.

El pueblo se humilla delante de Dios, el pueblo comienza a apartarse de sus malos caminos. Y puestos de pie, dice el versículo 3, cada uno en su lugar leyeron en el libro de la ley del Señor su Dios una cuarta parte del día. Una exposición a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es el instrumento por medio del cual Dios ha producido sus avivamientos. En la medida en que esa palabra hace su efecto, en la medida en que esa palabra va iluminando la conciencia del individuo, ese individuo va ganando sensibilidad hacia su propio pecado, que lo lleva entonces a la confesión y al arrepentimiento.

Durante una cuarta parte del día ellos estuvieron leyendo la Palabra de Dios. El día lo dividían en doce horas, de seis de la mañana a seis de la tarde. Una cuarta parte: tres horas ininterrumpidas leyendo la Palabra de Dios, sin exposición, sin explicación, pura lectura de la Palabra. Algo que hoy en día a nosotros no nos parece concebible, a alguno le pudiera parecer aburrido. Sin embargo, esta congregación, visitada por el Espíritu de Dios que ha decidido soplar sobre ellos, comenzó a ver cosas insólitas como ocurren en otros avivamientos, donde hay un deseo por la Palabra, una sensibilidad a la exposición de la Palabra, que comienza a traer entonces conciencia de pecado y el individuo comienza a confesar como esta gente comenzó a hacer.

Y de repente tú te encuentras que pecados que estos individuos no cometen, estos que están siendo visitados por Dios, son creyentes, son ocurrencia diaria en otros creyentes. Palabras que a ellos no se les ocurre usar, ni formas de expresiones que a ellos no se les ocurre usar, son parte del vocabulario cotidiano de otros creyentes. De repente te encuentras que su forma de ser, su forma de hablar es mansa, es humilde, contrario a la forma de hablar de otros creyentes que no ven nada de malo, porque no están siendo visitados por Dios de manera especial, y por tanto su pecado no les llama la atención. De repente tú encuentras que estos individuos se horrorizan por cosas que otros piensan que son, como dicen en inglés, pequeñas cositas.

Estas vidas están siendo transformadas. Ya no ven su pecado como antes lo veían. Ellos dimensionan su pecado de otra manera y se van allí para decir: "¡Oh, estoy arruinado! ¡Estoy muerto! ¡Ay de mí!" Eso es un individuo visitado por el Espíritu de Dios. Y luego, después, su revelación es esa Palabra que no solamente comienza a dejarme ver la santidad de Dios, pero comienza a dejarme ver mi pecaminosidad.

Y es por eso que el texto de Hebreos 4:12, cuando lo dice, que la Palabra de Dios es viva, es poderosa y eficaz, pero luego dice que discierne las intenciones de nuestros corazones. Yo creo que eso está ahí de manera especial porque Dios quiere que entendamos que mi problema no son solamente mis palabras, que mis problemas no son mis acciones, que muchas veces mis problemas son las intenciones detrás de mis mejores acciones. Que es posible predicar la Palabra de Dios de una manera pecaminosa, que es posible perdonar y pedir perdón de una manera pecaminosa. Y eso la Palabra de Dios comienza a iluminar: las intenciones del porqué tú haces lo que haces cuando haces lo mejor que haces.

Y Dios comienza a dejarme ver por su Palabra que hasta que yo no llore mi pecado, no por lo que perdí, no por el daño que hice, sino por lo odioso de mi pecado, porque en último caso, en primer caso me han dicho, el pecado no es contra el otro, es contra Dios, es contra su ley, es contra su santidad. Hasta que yo no llore mi pecado por lo odioso de mi pecado, y que yo pueda hablar como un Daniel, como un Nehemías, como un Esdras y decir: "Hemos obrado perversamente contra ti", hasta que yo no esté ahí, yo todavía no he completado mi arrepentimiento.

Y eso es lo que ocurre en las visitaciones especiales de Dios, en los avivamientos de Dios, cuando la Palabra comienza a taladrar tu corazón y comienza a ayudarte a ver por qué actuaste de esta manera, y que cuando actuaste de esta manera lo hiciste por tu propio beneficio, no pensaste en nada ni pensaste en nadie. Cuando la Palabra comienza a hacer eso, tú comienzas a experimentar un dolor agudo, profundo, cortante, una intranquilidad interna.

Y interna, como cuando Pedro predicaba su sermón y ellos se sintieron compungidos de corazón, o cuando Esteban predicaba su sermón y ellos se sintieron cortados en el corazón. El texto en el original implica el tener o experimentar un dolor profundo, agudo, una intranquilidad interna. Eso es lo que la palabra de Dios hace cuando Dios nos visita de esa manera.

En esta ocasión, Dios está usando a Nehemías, está usando a Esdras para traer este avivamiento. Pero antes de Dios usar a Nehemías para este avivamiento, tuvo que avivar a Nehemías. Y tú encuentras la evidencia de eso en el capítulo uno del libro de Nehemías, cuando él comienza a orarle a Dios, y tú encuentras esas palabras que yo acabé de pronunciar donde él dice: "¡Oh Dios, hemos obrado perversamente contra ti!" Ahora tú no tienes a un hombre que dice: "¡Oh Señor, perdóname mis pecados!" No, es un hombre que se confiesa perverso delante de Dios.

Y tú encuentras una acción similar en Esdras, tú encuentras una acción similar en Daniel. Grandes hombres de Dios con un gran caminar delante de Dios, y sin embargo, llegado su avivamiento, llegada la visitación del Espíritu de Dios, ellos se ven como perversos delante de Dios. Recuerda las palabras: "Si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre." Es sobre... Dios le está llamando la atención al pueblo sobre el cual se invocaba el nombre de Jehová, el pueblo sobre el cual se invoca el nombre de Jesús hoy en día, el Dios trino: Padre, Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo. El Dios... el pueblo que cree en un Dios trino, soberano, alto, sublime, santo. El pueblo que cree eso, si ese pueblo se humilla.

Y Dios dice: "Si ora y busca mi rostro", como si esas dos cosas fueran diferentes. Y lo son y no lo son, porque yo puedo orar sin buscar su rostro. De hecho, yo creo que eso es lo más frecuente. Bueno, entonces ¿qué busco? Su mano dadora, que me bendiga, dadivosa, que me busque un trabajo, un novio, un esposo, una esposa. Dios dice: "No, cuando tú ores, verdaderamente ores, y busques mi rostro." En otras palabras, cuando te interesen poco mis bendiciones, te interese más el que bendice, y lo hagas con una actitud de humillación, que es lo que produce la verdadera oración.

Y cuando eso tú lo combinas con esta separación que el pueblo comenzó a hacer, en este caso de los extranjeros, pero es algo que simboliza la separación del pecado, de aquello que es ilícito delante de Dios, cuando tú comienzas a hacer todas esas cosas, yo entonces oiré desde los cielos y visitaré, sanaré la tierra.

El pueblo ha venido en humillación, vestido de cilicio, en ayuno, cubierto de polvo. El pueblo ha comenzado... se puso de pie a oír la palabra de Dios tres horas corridas. Próximo versículo, versículo tres: "Puestos de pie, cada uno en su lugar, leyeron en el libro de la ley del Señor su Dios por una cuarta parte del día." Hasta ahí había llegado. "Y por otra cuarta parte confesaron y adoraron al Señor su Dios." Tres horas de lectura, tres horas de confesión pública.

Esta gente entendió algo que nosotros hoy en el siglo XXI y en el mundo de Occidente no entendemos. Dios no nos ha creado como una isla separada, como un llanero solitario. Nosotros somos parte de una comunidad. Y este pueblo entendía que el pecado de uno es un pecado comunitario, es el pecado de todos. Usted recuerda cuando hablamos de Acán, cómo Dios vino y dice: "Israel ha pecado." No Acán, Israel ha pecado. Acán necesita ser confrontado públicamente, apedreado públicamente, él y toda su familia, y quemados públicamente.

Cuando un hijo era rebelde, la ley prescribía que los padres podían tomarlo delante de los ancianos públicamente, amonestarlo públicamente y apedrearlo públicamente, porque el pueblo entendía que nosotros hemos sido llamados en comunidad, tenemos una vida comunitaria, y en gran manera tu pecado es mi pecado, tus consecuencias son mis consecuencias. Y tú puedes decir: "Mi problema es mi problema, mi pecado es mi pecado." Pero a la hora de tú cosechar consecuencias, tus consecuencias son mis consecuencias.

Este pueblo entendía eso, y esa es la razón por la que este pueblo se apropia no solamente de su pecado —"hemos pecado grandemente contra ti"— sino que se apropia de las consecuencias del pecado de sus antepasados. Es un solo pueblo, en una sola relación con un solo Dios, y ellos se ven de manera comunitaria y piden perdón públicamente. Y eso típicamente es lo que está ocurriendo en esta ocasión.

Hoy en día tenemos una comunidad, una iglesia individualista. Y esta iglesia individualista dice: "No es tu problema, no te metas en mi vida." Eso es el día de hoy. Entonces vemos los tiempos, o vemos la sociedad, o podemos calificarla... quizás lo que estoy tratando de decir es la generación de la exoneración. Nunca es mi culpa y siempre es la tuya. "Bueno, yo puedo ser así, pero mis padres me hicieron así." Nunca es mi culpa.

Esta gente no lo vio de esa manera. Daniel no lo vio de esa manera. Esdras no lo vio de esa manera. Nehemías no lo vio de esa manera. Las tres grandes oraciones nacionales coincidencialmente aparecen en Esdras nueve, Nehemías nueve, Daniel nueve. Y en cada uno de los casos, ellos tienen un mismo vocabulario: "Perdónanos, oh Dios. Hemos nosotros pecado contra ti y te pedimos perdón por el pecado de nuestros antepasados y hemos obrado perversamente contra ti."

Eso es un corazón sensible a la santidad de Dios, que entiende lo gravoso, lo odioso que el pecado es, los pequeños pecados, son para Dios. Y pues lo escucha en la palabra, siente la convicción, confiesa sus pecados. Y es la historia de todo hombre o mujer que ha caminado cerca de Dios. Él no tiene un testimonio de arrepentimiento un día. Él no tiene una historia de arrepentimiento una vez al mes. Su estilo de vida es un estilo de vida de continuo arrepentimiento.

Cuando vives cerca de la luz de Dios, cuando vives cerca de la santidad de Dios, no hay manera de que yo no pueda ver continuamente la pecaminosidad de mis acciones, de mis pensamientos, de mis palabras, a la luz de una santidad que es tres veces pura: santo, santo, santo. Ahora, yo no tengo que vivir latigándome, pero yo tengo que vivir viéndolo porque no hay otra manera que pueda hacer. Es como que cojas un microscopio y lo pongas en mi mano, un microscopio electrónico, y la pongas debajo de un microscopio. Siempre y cuando yo mire por el microscopio, yo miro microbios en mis manos. No hay manera que pueda hacer de otra forma.

Cada vez que veo mi vida a través de la palabra, a través de Dios, a través de su santidad, me encuentro en pecado. Y su palabra es lo que nos mantiene sensibles a esa realidad. La ausencia de un estilo de vida de arrepentimiento continuo es evidencia de mi insensibilidad al pecado. Así es un buen ejercicio, es una buena prueba: ¿Qué tan frecuentemente yo veo mi pecado? De pensamiento, de obra, de palabra, de acción, de omisión, de comisión. Porque en la medida en que mi corazón permanezca sensible a la santidad de Dios y a su palabra, en esa misma medida continuamente me voy a encontrar en esa situación. Y su gracia entonces hace posible que yo no tenga que vivir latigándome continuamente, y la realidad de la cruz. Pero tengo que verlo.

Cuando no lo veo, tengo que pedirle a Dios: "Oh Dios, sensibilízame a mi pecado, a tu santidad. Regresame, hazme andar al pie de tu santidad, oh Dios, porque me he curtido en el mundo. He adoptado patrones del mundo, formas de hablar del mundo, formas de servir del mundo, formas de pensar del mundo, y no veo nada pecaminoso en ellas."

Esta gente, expuesta a la palabra, comienza entonces a adorar a Dios. Se siguió confesión y adoración. Se fue el versículo que yo leí, pero un cuarto del día, tres horas, confesando y adorando. Pero mira cómo comienza su adoración: "Sea bendito tu glorioso nombre y exaltado sobre toda bendición y alabanza." Su adoración comienza exactamente de la misma manera que Cristo le enseñó a sus discípulos a orar. "Señor, enséñanos a orar porque no sabemos." "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre." Eso es exactamente como ellos comienzan: "Sea bendito tu glorioso nombre y exaltado sobre toda bendición y alabanza." "Santificado sea tu nombre", Nuevo Testamento.

Te regresas al Antiguo Testamento, y cuando Dios toma diez leyes, las primeras diez leyes para fundar una nación, escoge una de esas diez leyes para reverenciar su nombre: "No tomarás mi nombre en vano, santificarás mi nombre." Dios entiende que su nombre le representa, es su esencia. Y el Salmo 138, Dios dice en ese salmo: "He engrandecido mi nombre y mi palabra por encima de todo." Dios entiende que su nombre necesita ser exaltado, glorificado, santificado. Debe ser parte cotidiana de nuestra adoración, de nuestra oración y de nuestra vida. ¿Cuándo fue la última vez que comenzamos por ahí?

Nosotros entendemos algo acerca de los nombres. Tú tienes personas, muchos de ustedes, yo les he oído con mis propios oídos. Tienen un hijo, tienen un amigo, tu hijo se refiere a su amigo como José, y el padre o la madre le dice: "Don José para ti." Tratando de ayudarle a entender que hay una línea de respeto que ellos necesitan mantener. Muchas veces lo he oído, a veces hacia uno de los pastores de la iglesia: "Miguel no, pastor Miguel para ti." Simplemente para que entendamos la línea de respeto que nosotros los humanos necesitamos.

Y si nosotros sabemos y entendemos la necesidad a veces entre mortales y nombres de mortales, ¡cuánto más sensibilidad debiéramos tener hacia el nombre glorioso, excelso, alto, soberano de nuestro Dios! "Santificado sea tu nombre." Por ahí comienza Jesús a enseñarle a orar. Y eso es lo que esta gente hace: "Bendito tu glorioso nombre y exaltado sobre toda bendición." Producto del mover del Espíritu de Dios, ellos comienzan a ver a Dios excelso, exaltado, y a confesar sus atributos.

Y lo ven como Creador en el versículo 6: "Tú hiciste los cielos, los cielos de los cielos con todo su ejército, la tierra y todo lo que en ella hay, los mares y todo lo que en ellos hay. Tú das vida a todos ellos y el ejército de los cielos se postra ante ti."

Esta gente confiesa que lo que existe, existe porque Dios lo ha hecho, y confiesa incluso que existe porque Dios los sostiene. Y Tú le das vida, no Tú le diste, Tú le sigues dando vida a todo lo que tiene vida. Bien, día a día, si Tú no lo sostuvieras por el poder de tu palabra, ellos dejarían de existir. Esta gente comenzó a ver a su Dios como verdaderamente es y lo comenzó a confesar como tal.

Su fidelidad y su justicia son traídas a colación en el versículo 8: "Y has cumplido tu palabra porque eres justo." Esta gente conoce de las promesas a Abraham, Isaac y Jacob, y Dios ha cumplido su promesa. Los ha llevado a la tierra prometida, los entró, les dio ciudades fortificadas como la misma palabra dice: entraron y tomaron posesión de casas que tenían cisternas excavadas, tenían viñas, tenían frutales, tenían de todo tipo de bendición. Tú has sido fiel. Pero el texto dice también: Tú has sido fiel porque Tú eres justo. Ellos saben, ellos saben que junto con las bendiciones, las promesas de bendiciones, hubo advertencias de que si violas mi ley, si pecas contra mí, tendrás consecuencias. Y lo que el pueblo está tratando de decir es: Tú has sido, Tú has sido bondadoso al cumplir tu palabra, Tú has sido fiel por un lado, pero cuando nos impusiste consecuencias, Tú eres justo en las consecuencias que nos impones.

Versículo 9: "En tu misericordia tuviste la aflicción de nuestros padres en Egipto y escuchaste su clamor junto al mar." Es algo de lo que el pueblo de Dios no puede nunca jamás, imposible, acusar a Dios: de no ser perdonador, de no ser misericordioso. La historia de Dios con su pueblo es una historia de un pueblo rebelde, es un pueblo pecaminoso que Dios perdona, que Dios se reconcilia con él. Dios busca al hombre cuando el hombre no está interesado en Dios, y después de reconciliarse con el hombre, el hombre vuelve y peca contra Dios. Dios vuelve y le visita, Dios vuelve y le aviva, el hombre vuelve y peca. Es la historia de Dios, y ellos están exaltando la misericordia de ese Dios que el pueblo judío ha conocido a lo largo de tantos años.

Versículo 11: exaltan su poder. "Dividiste el mar delante de ellos y pasaron por medio del mar sobre tierra firme, y echaste en los abismos a sus perseguidores como a una piedra en aguas turbulentas." El pueblo con eso estaba confesando no solamente que Dios tomó su poder y lo puso a disposición de los suyos, sino que tomó el mismo poder y lo puso en oposición a sus adversarios. Abriste el mar, los cruzaste sobre tierra firme, y luego cuando los adversarios venían hiciste que el mar los enterrara debajo. Quedaron sepultados. El mismo poder. Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Esa es la idea.

Su bondad es recordada en el versículo 13: "Luego bajaste sobre el monte Sinaí y desde el cielo hablaste con ellos, les diste ordenanzas justas, leyes verdaderas, estatutos y mandamientos buenos." El fin de la queja de que la vida cristiana es difícil, es dura, es pesada, no es fácil de llevar. No, el pueblo de Dios dice: no, no, no, no, nosotros hemos estado ahí y aún en el desierto, aún bajo sus consecuencias, hoy nosotros testificamos que sus leyes, sus mandamientos, son justos, son verdaderos y son buenos. Son dulces, se nos dieron para protegernos, para preservarnos, para guardarnos, para que no sufriéramos consecuencias. Son mandamientos justos, buenos, verdaderos.

Recordaron al Dios proveedor, versículo 15: "Les proveíste pan del cielo para su hambre, les sacaste agua de la peña para su sed, y les dijiste que entraran a poseer la tierra que Tú habías jurado darles." No los abandonó en el camino a pesar de su pecado, les proveyó pan, les proveyó agua, les sustentó durante todos esos años.

Versículo 17: recordaron al Dios compasivo y perdonador. "Pero Tú eres un Dios de perdón, clemente, compasivo, lento para la ira y abundante en misericordia, y no los abandonaste." Tú eres un Dios de pactos, Tú eres un Dios que cumples tu promesa, Tú guardas tu palabra, Tú cumples lo que prometes, Tú entregas lo que Tú has prometido en el pasado. Y el pueblo estaba recordando precisamente a ese Dios compasivo, perdonador, clemente y de pactos.

Y junto con toda esa lista extraordinaria, quizá la lista más larga de los atributos de Dios en una expresión de oración y adoración que podamos encontrar en la Palabra, entonces comienza a hacerse otra lista, también larga, del pecado de ellos. Eso es un verdadero avivamiento. Las dos características de los avivamientos, no es tumbando gente, cayéndose gente. Es una sensibilidad extrema a la santidad de Dios y una sensibilidad extrema al pecado nuestro, resultando en confesión y arrepentimiento y cambio de vida.

Y este pueblo que acaba de confesar cómo Dios es, comienza a confesar su rebelión en el versículo 16: "Pero ellos, nuestros padres, obraron con soberbia, endurecieron su cerviz y no escucharon tus mandamientos." Confesaron su blasfemia, versículo 18: "Aun cuando se hicieron un becerro de metal fundido y dijeron: 'Este es tu dios que te sacó de Egipto,' y cometieron grandes blasfemias." Confesaron su desobediencia en el versículo 16, confesaron su maldad en el versículo 28, confesaron en el versículo 29 su terquedad y soberbia: "Y dieron la espalda en rebeldía, endurecieron su cerviz y no escucharon."

Y tú encuentras ahora esa combinación extraordinaria de los atributos magníficos de Dios con la pecaminosidad del hombre del otro lado como contrapartida. Y en medio, el Dios de pactos, que guarda sus promesas, que cumple su palabra, que permanece fiel en medio de la infidelidad de su pueblo.

Y eso es exactamente lo que el versículo 32 y 33 ahora proclaman. Ahora escúchelo: "Dios nuestro, Dios grande, poderoso y temible, que guardas el pacto y la misericordia, no parezca insignificante ante ti toda la aflicción que nos ha sobrevenido a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta el día de hoy. ¡Mas Tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros! Porque Tú has obrado fielmente, pero nosotros perversamente."

¡Wow! El pueblo viene y le dice a su Dios grande, temible, poderoso: que estas consecuencias, Dios, que Tú has impuesto sobre nosotros desde los reyes de Asiria, que se llevaron a las tribus del norte, hasta el rey Nabucodonosor, que se llevó a las tribus del sur 125, 130 años después, que estas consecuencias, oh Dios, sean suficientes, que no te parezcan insignificantes, que esto pueda pararse aquí. Pero sepas Tú, Dios, que Tú sepas que nosotros sabemos que Tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros. Tú has obrado fielmente, nosotros perversamente.

Si hay algo que el pueblo de Dios, que el creyente puede hacer cuando está siendo visitado por las consecuencias o la disciplina de Dios, es reconocer en sus consecuencias, en su disciplina, que Dios es justo, clemente, fiel, y que no importa lo que Él imponga, es bueno, justo, agradable, perfecto, porque esa es su voluntad para con nosotros. Y eso es lo que el pueblo está confesando: no, no, Dios, nosotros fuimos perversos. Tú has sido fiel, y cuando Tú has impuesto estas consecuencias de años setenta en Babilonia, nosotros sabemos que eso fue justo y de hecho fiel a lo que habías dicho. Le dijiste a Moisés en Deuteronomio 28: si me olvidan, si me blasfeman, si cometen idolatría, los dispersaré a los cuatro vientos, seréis extranjeros y seréis oprimidos por naciones extranjeras y seréis esclavizados. Y el pueblo ahora, al cosechar sus consecuencias, dice: Dios, sabemos que Tú eres justo, que Tú eres fiel y que lo que Tú haces está bien hecho.

Y eso es algo que nosotros podemos aprender. Pedirle a Dios que nos sensibilice hacia nuestro propio pecado, que nos permita verlo como Él lo ve, que nos permita odiarlo. Y al mismo tiempo, decirle: Dios, gracias por las consecuencias, las que sean, que Tú has impuesto sobre mi vida, porque yo sé, yo sé que yo sé, que Tú eres un Dios justo.

Yo tengo una enorme dificultad en oración pedirle a Dios que sea justo, que sea misericordioso, que sea amoroso. Él no puede ser de otra manera. Yo estoy pidiendo que Él sea una cosa que Él ya es. "Señor, ten misericordia de mí." Él hace eso todos los días. Si no fuera por su misericordia, ya hubiésemos sido consumidos. Hoy, desde que yo me levanté, lo que yo puedo hacer es reconocer que si no fuera por esa misericordia, ya yo hubiese sido consumido, o yo no tuviera acceso a su trono, o yo no mereciera su bendición. Que no hay nada en mi vida, no hay crédito, no hay nada que yo haya hecho, no hay logros que me puedan ganar el derecho de ser bendecido por Él. Eso yo puedo reconocer.

Pero Dios, desde que Dios ha sido, es misericordioso, bondadoso, santo, justo, sabio, eterno, omnisciente, omnipresente, omnipotente. No había un momento de la eternidad donde Él haya sido otra cosa que lo que ya Él es. Yo lo único que puedo hacer es reconocer lo que yo soy. Es decirle: Dios, por tu gracia, por tu misericordia, hoy yo soy tu hijo, hoy tengo una relación contigo. Gracias por tu perdón, gracias por la satisfies por mis bendiciones, gracias. Por mis malos tiempos, gracias. Y por mis consecuencias, gracias también, porque Tú eres fiel y justo.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.