Jesús es la única puerta hacia una vida verdaderamente plena. En Juan 10, el Señor establece un contraste poderoso entre él mismo y los falsos líderes religiosos que, como ladrones, solo buscan robar, matar y destruir. El contexto inmediato es la sanidad de un ciego de nacimiento en el capítulo anterior, un milagro extraordinario que los fariseos no pudieron celebrar porque estaban más interesados en sus tradiciones que en glorificar a Dios. Frente a esa dureza, Jesús se presenta como el buen pastor que conoce a sus ovejas por nombre, las guía, las protege y da su vida por ellas.
La imagen del redil era familiar para quienes escuchaban: un lugar de protección donde las ovejas pasaban la noche, con una sola puerta por donde entraba únicamente el pastor legítimo. Las ovejas reconocían su voz y lo seguían; a un extraño jamás obedecerían. Jesús declara: "Yo soy la puerta. Si alguno entra por mí, será salvo". Él no solo ofrece salvación, sino una vida abundante, una existencia que desborda en frutos del Espíritu, en satisfacción interior, en propósito eterno.
El pastor Luis Méndez ilustra esta verdad con la historia de Máximo, un hermano con una enfermedad terminal que, ante la opción de ir al mejor restaurante, prefirió seguir estudiando la Palabra. Sus palabras fueron: "¿Qué comida podría ser mejor que esto? Yo quiero más de Jesús". La vida abundante no depende de circunstancias externas sino de permanecer en Cristo, quien transforma nuestro ser interior y nos acompaña hasta la eternidad.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Un gozo poder estar en el día del Señor estudiando su Palabra, el día que es especial durante la semana, el día en que como pueblo rendimos nuestra adoración de manera especial a nuestro Dios.
Esta mañana quisiera invitarles al Evangelio Según San Juan, capítulo número 10, por favor. Evangelio Según San Juan, capítulo 10. Hemos titulado el sermón: "La Puerta hacia una vida abundante." Voy a leer del verso 1 al 10.
"En verdad, en verdad os digo, el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. A este le abre el portero y las ovejas oyen su voz. Cuando saca todas las suyas, va adelante de ellas y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. Pero a un desconocido no seguirán, sino que huirán de él porque no conocen la voz de los extraños." Jesús les habló por medio de esta alegoría, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. Entonces Jesús les dijo de nuevo: "En verdad, en verdad os digo, yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta. Si alguno entra por mí, será salvo y entrará y saldrá y hallará pasto. El ladrón solo viene para robar y matar y destruir, pero yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia."
En la introducción, lo que nosotros encontramos aquí en este texto es lo que en literatura se conoce como una alegoría. Es una comparación, es un ejemplo que Jesús usó para ilustrar a sus discípulos y a aquellos que estaban ahí su rol como un buen pastor. Y esta es una de las imágenes de palabras más hermosas que encontramos en la Biblia, sobre todo en el Nuevo Testamento.
Este capítulo 10 es de Juan. En realidad, los teólogos coinciden en señalar que es una simple continuación del capítulo número 9. No hay ningún cambio. Es el mismo día, es la misma escena, está la misma gente y Jesús está respondiendo a un mismo evento. Es exactamente lo mismo.
¿Qué pasó en el capítulo 9? Bueno, el acontecimiento quizás central que aparece registrado en el capítulo 9 del Evangelio Según San Juan es acerca de un joven que había sido ciego y que había llegado en su vida a ser un mendigo por causa de su limitación, de sus circunstancias. Y el Señor Jesucristo, por un milagro extraordinario, le regaló la vista. Yo quiero acentuar esto: es un milagro extraordinario. No estoy hablando de que le ayudamos al hermanito a conseguir un empleo. Es un milagro que solo Jesús podía hacer.
Piense por un momento en un ciego. Yo les decía a los hermanos del servicio pasado que cuando yo estaba en el bachillerato, en la escuela donde yo estudiaba, había un joven que era ciego, ciego realmente. Él estudiaba en la misma escuela que yo. Él usaba las herramientas, no sé cómo era, pero recibía educación normal, como todo el mundo. Era muy inteligente. Y yo aprendí mucho con él. Me tocó, básicamente dos años, compartir mis días con él. Y a veces me decía: "Luis, hoy es un día hermoso." Y yo, o sea... ¿es un día hermoso? Serio, es un día muy bonito. ¿Cómo es el día hoy? Y yo decía: "Bueno, el cielo está azul." ¿Y cómo es el azul? Entonces esa era mi experiencia día a día.
Yo decía: "Bueno, tú sabes que hay colores y hay diferentes colores." Pero fue para mí una experiencia tan edificante, entender la bendición de poder descifrar los colores, la belleza, la naturaleza. Yo recuerdo que mi mamá a veces decía, cuando salíamos los dos: "No vengan muy tarde, que se haga de noche." Y yo decía: "Pero para él, siempre de noche." Él no distinguía nada, pero era una de las personas más inteligentes, porque él sabía las localizaciones. A veces andábamos en un vehículo y él decía: "Es la próxima esquina, la que queda allá." Y eran distancias largas. El punto es que fue muy impactante para mí ver que yo no tenía ni siquiera manera de poder explicarle los colores.
Pueden imaginarse a este joven aquí. Y el problema es que los líderes no respondieron bien. Tanto a Jesús como a este joven mendigo, fueron duramente confrontados por los religiosos de aquel entonces. Era una inexplicable reacción de esta gente. Fueron indiferentes a este joven y odiaron a Jesús por eso. Ellos estaban tan endurecidos en ellos mismos que no podían concebir ningún bien fuera de sus propios términos.
Hoy un ciego fue sanado por Jesús, y ellos, en vez de celebrar, lo que hicieron fue cuestionar. Había dos cosas de manera particular que eran inaceptables para los líderes de entonces con relación a ese milagro. Primero, quién lo sanó: fue Jesús, quien lo sanó. Para ellos, ese era un hombre pecador. No había manera de conciliar el poder con ese hombre. Segundo, cuando lo sanó, lo sanó en un día de reposo. Y ellos tenían eso como un día religioso, excediéndose a lo que la Biblia señala.
Impresionante. Dios mostró su poder devolviendo la vista a un ciego, y esta gente no pudo celebrar. En vez de orar, de dar gracias, sometieron a ese joven a un cuestionamiento interminable. Pero su necesidad no podía pasarles desapercibida. Era impresionante. Yo le dijeron: "¿Cómo pasó? ¿Qué te hizo? ¿Qué te dijo?" Y de hecho dijeron: "Puede ser que esto sea un engaño. Ese joven no nació así." Y empezaron a cuestionar a los familiares.
Era una dinámica fascinante, pero lo más fascinante para mí es lo siguiente. Llega un momento donde ellos vuelven a interrogar al joven y parece que él está un poco cansado. Escuchen esto. Dice Juan 9:24: "Pero por segunda vez llamaron al hombre que había sido ciego y le dijeron: '¡Dalo a Dios la gloria! Nosotros sabemos que este hombre es un pecador.'" Es decir, Jesús es un hombre normal, pecador, no puede hacer eso. Y dice el joven: "Bueno, si es pecador, yo no sé. Soy un hombre sin escuela." Y estos eran los eruditos de la época. Dice: "Si es pecador, yo no sé. Una cosa yo sé: que yo era ciego y ahora veo." Para esa persona, esto no es complicado. No hay que ir a Harvard. Esta mañana yo no veía y ahora yo veo. Resuelvan ustedes su problema. No podía negar la evidencia de una bendición.
Pero eso no terminó bien. Al mendigo lo expulsaron de la sinagoga y a Jesús hasta lo trataron de matar. Entonces, en el capítulo 9, en cierto sentido, los principales personajes son los líderes religiosos, unos charlatanes, falsos profetas, falsos pastores que devoran a su gente.
Y entonces el capítulo 10, en el que nos encontramos, es un contraste con la escena anterior. ¿Cuál es la escena? Están los mismos discípulos, están los mismos fariseos, está el mismo mendigo sanado y están ahí los judíos que se habían reunido en la ocasión. Lo que Jesús presenta ahora es un contraste impresionante entre lo que es su ministerio y lo que son esos falsos profetas. Jesús está muy interesado en demostrar la falsedad de esta gente, la crueldad de esos líderes religiosos, y la manera como Jesús lo hace es declarando lo que Él es.
Una de las sentencias más hermosas en este capítulo: el Señor Jesús dice: "Yo soy el buen pastor y el buen pastor da su vida por sus ovejas." Es como si Jesús dijera: "Lo que ustedes acaban de hacer con ese joven es una evidencia de que sus intereses son falsos." Lo que Jesús está diciendo es: "Ustedes no tienen buena motivación, ustedes no aman. El verdadero pastor ama, el verdadero pastor edifica; ustedes odian, ustedes destruyen."
Entonces este pasaje aquí en Juan 10 es una de las más preciosas imágenes de lo que Jesús es para cada creyente: Jesús es un pastor amante de su oveja, un pastor que guía, un pastor que cuida, un pastor que suple las necesidades de los suyos. Y Jesús usa la imagen de un pastor real con ovejas reales porque era algo muy común para la gente que estaba escuchando ahí. Tal vez nosotros hoy leemos eso y nos suena poco familiar, pero cuando Jesús usa los términos pastor, ovejas, redil, ellos entendían muy bien de qué estaba hablando. Es como si yo hablara del carro de concho, de los motoristas, del tapón, el 27: todo el mundo aquí va a entender de qué estamos hablando.
Entonces lo que llama nuestra atención es que casi en el clímax de esta exposición de Jesús, como un resumen de ese contraste entre Él y esos falsos profetas, Jesús hace una de las más impactantes declaraciones que jamás hayamos podido escuchar. Jesús dice en el verso 10: "El ladrón solo viene para robar y matar y destruir, pero yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia."
La pregunta es: ¿a qué tipo de vida se estaba refiriendo Jesús aquí? ¿Cómo luce en la práctica esa vida abundante? ¿Cómo puedo yo cultivar la vida que Jesús promete aquí? Por tanto, lo que deseamos al examinar nuestro pasaje es que podamos ser estimulados a entender mejor lo que significa que Jesús es un buen pastor, pero al mismo tiempo deseamos ser desafiados a procurar esa maravillosa promesa de una vida abundante en Él.
La manera como lo vamos a hacer es: primero, vamos a explicar el texto; en segundo lugar, vamos a considerar exactamente qué significa esa promesa de vida abundante; y finalmente, algunas lecciones prácticas a manera de aplicación. Estamos siguiendo muy de cerca un material del pastor John MacArthur en cuanto a esto.
Vamos al versículo 1 y 2 aquí en Juan capítulo 10: "En verdad, en verdad os digo, el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador; pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas." La expresión "en verdad, en verdad os digo" es muy común, sobre todo en el Evangelio de San Juan. Jesús la usaba como una anticipación de algo muy importante que iba a decir. Lo que usualmente sigue a esa declaración, "en verdad, en verdad os digo", es algo solemne, es algo especial, es algo contundente con relación a Él mismo o con relación a su ministerio.
"En verdad, en verdad os digo, el que no entra por la puerta al redil de las ovejas..." Entonces encontramos la primera palabra: "redil". Es importante, para poder entender lo que Jesús está hablando, que entendamos esto. Un redil era un lugar que existía en cada villa, allí donde las ovejas eran llevadas a pasar la noche por un tema de seguridad. El redil tenía una sola puerta.
La idea es esta: en el día el pastor estaba con las ovejas en el campo, cultivando el pasto y todo eso. Cuando terminaban sus jornadas, ya llegando la noche, el pastor llevaba las ovejas a este lugar llamado redil, simplemente para que pasaran la noche allí. Todos los pastores de la villa llevaban sus ovejas a este lugar. Cuando hablamos de redil, lo primero que tenemos que pensar es en un lugar de protección.
Había diferentes ovejas de diferentes pastores que se quedaban en la noche en un mismo redil. Ellos además contrataban a alguien, un portero, para que pudiera vigilar durante la noche. Era el espacio que los pastores tenían para poder descansar. Cuando se pasaban el día entero con las ovejas, en las noches las llevaban allí, un portero cuidaba y ellos descansaban.
Lo especial de todo esto es el proceso de salida y de entrada. Cuando las ovejas entraban al redil, era tan estrecho, era una sola puerta, que una sola oveja pasaba, y el pastor examinaba cada oveja que entraba. El pastor conocía muy bien sus ovejas. Al amanecer, entonces, los pastores regresaban, el portero les permitía acceso al redil, y para salir, simplemente el pastor hacía un llamado. Era impresionante. Había muchas ovejas de muchos pastores; sin embargo, las ovejas sabían muy bien cuándo el llamado correspondía a su pastor. Era un llamado general, y esas ovejas, por así decirlo, empezaban a salir. Entonces el pastor las conducía otra vez a los pastos. Allí pasaban su día y su jornada, y ese ciclo se repetía continuamente.
Y dice Jesús: cuando alguien viene y no entra por la puerta, dice el versículo 1, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. El problema que existía en aquel tiempo es que había ladrones que venían durante la noche y se saltaban la pared del redil. Ellos querían hacer daño y robar las ovejas, y esa es la ilustración que Jesús está usando aquí. Jesús dice: si no entra por la puerta, es ladrón. Pero dice el versículo 2: el que entra por la puerta, ese es el pastor de las ovejas.
Ese tenía la autoridad. Ese tenía el privilegio de acceso, tenía el derecho. El portero jamás iba a permitir a otra persona acceder a esas ovejas. Y eso es exactamente Cristo Jesús para nosotros hoy en día. Jesús es el gran Pastor. Jesús tiene la autoridad. Jesús tiene el privilegio, el derecho de entrar, llamar a sus ovejas y tomarlas consigo. Jesús es el Mesías prometido.
¿Quiénes son esos ladrones y salteadores hoy en día? Cualquier falso profeta. En aquel día eran los fariseos, los líderes religiosos. Ellos promovían el legalismo, promovían la hipocresía, desviaban a las almas sedientas de la verdadera fuente, que era Jesús. A ellos no les interesaba nada de eso. De hecho, se enojaban cuando alguien podía conocer a su Dios. Ellos estaban más interesados en establecer sus tradiciones que en permitir que Dios fuera glorificado por el poder de su Palabra. Los falsos profetas han existido siempre y siempre existirán.
Entonces encontramos aquí a Jesús en contraste con los líderes religiosos, los falsos pastores y profetas. Jesús aparece como el legítimo y verdadero Pastor que entra en el redil para buscar y dirigir a sus ovejas. Miren el versículo 3 en adelante. Hablando de ese pastor: "A este le abre el portero, y las ovejas oyen su voz. Llama a sus ovejas por nombre y las conduce afuera. Cuando saca todas las suyas, él va adelante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. Pero al desconocido no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños."
Es una preciosa descripción de lo que es la vida cristiana. El portero permitía al pastor únicamente entrar a buscar su rebaño, y las ovejas conocían la voz de su pastor. Así como las mascotas que tenemos en las casas a veces reconocen la voz de su amo, aunque en aquel redil había muchas ovejas de diferentes pastores, las ovejas identificaban muy claramente a su pastor cuando él las llamaba.
Una de las cosas que dice el versículo 3 es que el pastor llama a sus ovejas por su nombre. Nosotros observamos entonces que a las ovejas se les ponía nombres. Así como a las mascotas que están en la casa: usted no va a ir a una casa y va a encontrar un perro que no tenga nombre, al que le digan "Fulano, echa para acá, para allá." No, se le pone nombre. Mi hija mayor, que vive en Michigan con su esposo, tiene una perrita que se llama Mindy. Es increíble: yo hablándole a la perrita, le dije "Mindy", y ella me respondió. En esto, ya estábamos con una visita, y ellos estaban hablando de Mindy. Yo les dije un momento: "Yo quiero aclarar, ¿no es de una hija de la que ustedes están hablando? ¡Es de la perra!" No sé cómo la llamaban, tal vez "bebé", "yaca", "flaca", no sé. Pero el pastor conocía muy bien sus ovejas, y así es Cristo con nosotros.
El Señor nos conoce, nos conoce muy bien, nos conoce aún por nuestro nombre porque nuestros nombres han sido escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado. Dice Apocalipsis, capítulo 13, verso 8. Y esto es justamente lo que sucede hoy: él sigue llamando a sus ovejas a través de diferentes medios para salvarlos. Dice el verso 4 que él va adelante de ellas y las ovejas lo siguen porque con el Señor se conoce su voz. Es exactamente la dinámica nuestra con relación a Jesús.
Jesús desea guiarnos, Jesús va adelante de nosotros, Jesús cuida de nuestra alma, él prepara el camino, Jesús hace la provisión, Jesús protege del peligro. Nuestro deber es dejarnos guiar, nuestro deber es responder porque conocemos la voz de nuestro pastor. Jesús dice el Señor en el verso 4: al desconocido no lo seguirán.
Además, si lees, es una de las verdades teológicas más profundas en el Evangelio de Juan. Leyendo algunos comentarios de teólogos, ellos dicen que en este verso se habla de la soberanía divina, se habla de la gracia irresistible, se habla del llamado efectivo. Dios aún hoy continúa llamando a los suyos, aquellos quienes desde la eternidad él eligió, y esos en algún momento van a responder, van a responder. Esas ovejas saben cuándo es un extraño, saben cuándo es un pastor, y hay una conexión eterna allí. Él los conoce, sabe quiénes son, y ellos conocerán su voz.
Esa es una de las verdades más consoladoras para predicar el evangelio. Es una de las verdades más consoladoras aún para ir al campo misionero: ningún elegido se perderá, ningún verdadero elegido se perderá. Y nosotros debemos descansar en esa soberana gracia de Dios para la obra de salvación.
¿Qué pasó en respuesta cuando Jesús dice eso? Dice el verso 6: Jesús les habló por medio de esta alegoría, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. Ellos no entendieron. Aunque el concepto era familiar, aunque el concepto y la idea eran conocidos, ellos no fueron capaces de asimilarlo, no fueron capaces de conectar, no fueron capaces de aplicar esas cosas. Y así, a veces sucede con nosotros: escuchamos los términos pero nos perdemos en aplicar esas verdades al corazón.
Jesús demostró una vez más que es un buen pastor, que es un pastor paciente con las ovejas. Por eso dice el verso 7: entonces Jesús les dijo de nuevo, otra vez: "En verdad, en verdad os digo, yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta, y si alguno entra por mí será salvo, y entrará y saldrá y hallará pasto."
Entonces ahora Jesús hace una preciosa declaración de imágenes de palabra. Dice: "Yo soy la puerta de las ovejas." En el Evangelio según San Juan, los estudiosos de la Biblia hablan de siete declaraciones acerca de Jesús donde él se declara a sí mismo diciendo "Yo soy". En Juan 6:35 él dice: "Yo soy el pan de vida." En Juan 8:12 dice: "Yo soy la luz del mundo." En Juan 10:11 dice: "Yo soy el buen pastor." En Juan 11:25 dice: "Yo soy la resurrección y la vida." En Juan 14:6 dice: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida." En Juan 15:5 dice: "Yo soy la vid." Y aquí en Juan 10:9, entre una de ellas, él dice: "Yo soy la puerta de las ovejas."
Esa es una gran metáfora. Jesús dice: "Yo no solamente soy el pastor que entra a buscar las ovejas en el aspecto espiritual; este es también mi rol: yo soy la puerta, la única manera de entrar y salir." Y dice Jesús: "Si alguno entra será salvo." Salvo de la culpa, del dominio, de la condenación del pecado. Salvo de una vida sin propósito. Jesús dice: "Yo soy la puerta, y si alguno entra en mí será salvo." El mayor rescate que Jesús realiza es salvarnos de nosotros mismos. Nosotros somos nuestra principal amenaza.
En un mundo como este que promueve tantas falsas esperanzas, es muy fácil levantar falsos ídolos. Todo lo que me promete dar felicidad entonces lo compro, y al final el resultado es engaño, al final el resultado es frustración. Jesús nos salva de la idolatría, Jesús nos salva de una vida vacía, Jesús nos salva de una vida sin propósito. Déjenme decirles: Jesús es la única puerta para una real transformación.
Jesús es la puerta por la cual tú puedes salir de un reino de oscuridad, y Jesús es la puerta para que tú entres en un reino de luz. Jesús es la puerta para que tú puedas salir de una vida de desesperación, y Jesús es la puerta también para que tú entres a una vida de esperanza. Jesús es la puerta que te concede salir de esa esclavitud y te concede la manera de entrar a una vida de libertad. Jesús es la puerta para que escapes de una vida de confusión, y Jesús al mismo tiempo te concede entrada a una vida con propósito. Jesús te saca del legalismo, Jesús te introduce a una vida de gracia. Jesús te ofrece una puerta para que salgas de una vida que está demasiado enfocada en lo temporal y pasajero, y al mismo tiempo Jesús te abre una puerta para una vida enfocada en la eternidad.
Jesús lo declaró así: "Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida. Nadie viene al Padre sino es por mí." Y él dice que será salvo, y entrará y saldrá. Dice el verso 9: "y hallará pasto." Pasto, y la idea es protección; hallará dirección para tu vida, hallará provisión. El que entra por esa puerta habitará seguro, habitará sin temor.
Ahora entonces llegamos a una de las descripciones más reales de la vida cristiana. Jesús hace un contraste entre el ladrón usurpador y este buen pastor, y dice el verso 10: "El ladrón solo viene para robar y matar y destruir." Hay una triple descripción del rol de nuestro enemigo: robar, matar, destruir. Los ladrones se entraban a los rediles por las paredes y la idea es robar las ovejas; ellos no estaban autorizados para hacerlo, pero querían destruir. A veces dicen las anécdotas que cuando los ladrones se entraban al redil y hablaban a la oveja, había un problema, porque la oveja no les obedecía, no reconocía su voz; por tanto, había que matarlas allí adentro para poder sacarlas del redil. El propósito era destruir, el propósito era arruinar.
Y eso no ha terminado. Los falsos profetas están ahí con enseñanzas, con engaños, prometiendo cosas que Dios nunca ha prometido, prometiendo cosas que nadie va a poder cumplir. Un cristianismo fácil, sin sacrificios, sin renuncias. Y algunas verdaderas ovejas caen en esclavitud de tentaciones, de acusaciones, de pecado, que pierden el gozo de la salvación, y aunque están vivas parecen estar mutiladas. Ese es el rol del enemigo. Jesús dijo: "El ladrón solo viene a robar, solo viene a matar, solo viene a destruir."
Y ahora llegamos a Jesús. Jesús proclama ahora una de las verdades más gloriosas del Evangelio, y es nuestro segundo punto: considerando la promesa de vida. En contraste con ese ladrón, Jesús dice: "Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia." Es exactamente lo contrario a lo que hace el enemigo. Lo primero: Jesús dice "yo he venido para darte vida." Ese es el énfasis del texto aquí. Mientras el enemigo viene a robar, viene a matar y a destruir, lo de Jesús es diferente: "Yo vengo a guardarte vida." Y luego Jesús agrega: "en abundancia."
Es un adjetivo en el griego, en el idioma original, y la idea es que modifica al nombre. El énfasis es la vida, y Jesús para describirla un poco más dice "en abundancia." ¿Qué quiere decir eso? Bueno, una de las maneras como nosotros podemos entender es dejar que las Escrituras interpreten las Escrituras. Déjenme brevemente señalar el uso de esa palabra en otros sitios en la Biblia para que podamos entender.
En Lucas 15:17, recuerda el relato del hijo pródigo. Se volvió en sí, le pidió a su padre que le dieran su herencia, se fue malgastando el dinero. En un momento él volvió en sí y dice Lucas 15:17: "Entonces volviendo en sí, dijo: '¿Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra? Pero yo aquí perezco de hambre.'" Esa es la misma palabra: cuántos tienen mucho que comer y yo aquí.
En Marcos 14:31, cuando Jesús le está diciendo a Pedro: "Tú me vas a negar, tú me vas a negar prontamente", dice: "Pero aunque tenga que morir contigo", insistió Pedro con vehemencia, "jamás te negaré." La palabra vehemencia es la misma palabra que se traduce "en abundancia." En un sitio: vehementemente, yo no lo voy a hacer.
En Efesios 3:20, en una de las más preciosas doxologías de la Biblia, dice: "Y a aquel que es poderoso" —hablando de Dios— "para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros, sea la gloria..." Esa es la palabra: mucho más abundantemente.
Y en 1 Tesalonicenses 3:10 dice: "Orando intensamente de noche y de día que podamos ver tu rostro." Ahí está la palabra. En un caso significa mucho, mucho pan; en otro, intensidad; en otro, exceder las expectativas; en otro, exceder internamente.
¿Cómo se usa el término "vida" en el Evangelio de Juan? Porque queremos conectar esto para llegar al final. Déjenme muy rápidamente dar algunos ejemplos. En Juan 1:4, hablando de Jesús, una de las más bellas declaraciones al inicio de Juan, dice: "En él estaba la vida." La vida de la que vamos a hablar está en Jesús. Lo primero que escuchamos es que está en Jesús; es una vida que está en dependencia de Jesús.
El verso más popular de toda la Biblia, Juan 3:16: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna." Está el término otra vez. Es una vida que Jesús da, es una vida que no termina aquí, es una vida que trasciende este mundo.
En Juan 4:14, Jesús hablando a la mujer samaritana, dice: "El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en una fuente de agua que brota para la vida eterna." Jesús está hablando de una vida interior, de una riqueza interior.
Jesús está hablando de una abundancia que se cultiva en el espíritu; no es de lo que se toca, no es de lo que se ve. Juan 6:63 dice: "El espíritu es el que da la vida. La carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida." Jesús dice: "Lo que te hablo, mis palabras, esa es la vida que te quiero dar."
Juan 6:68: "Simón Pedro respondió al Señor" —aquí vendremos en un momento, cuando Jesús le dijo: "Si están cansados, váyanse"— "¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Tú tienes algo que decirnos que puede devolvernos la vida." Y Juan 12:25: "El que ama la vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna."
Entonces, si ponemos todo eso en una batidora, ¿qué es lo que Jesús está diciendo? Bueno, el énfasis no es en cosas temporales. El énfasis primario no está en cosas materiales. Es una vida asociada con lo que Jesús está hablando en el contexto. Jesús es la vida. Jesús no quiere simplemente salvarnos —ya él lo dijo en el pasaje anterior: "Yo soy la puerta; el que por mí entra será salvo"—, pero eso no es todo lo que quiere hacer. Quiere darte una vida que exhiba que ha sido impactada por esa salvación. Quiere darte una vida abundante.
Es una vida que él promete, que solo él puede dar. No es una vida libre de aflicciones; no es una vida donde se nos complace en todo lo que deseamos, sino una vida que abunde en los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia. Es una vida de satisfacción. Es una vida que solo se alcanza en Jesús. Es una vida tan abundante que puede permanecer hasta la vida eterna.
Lo que Jesús está hablando es de él mismo. Jesús es esa vida. Es él mismo, es su palabra, es su Espíritu. Es una vida abundante que requiere estar unido a un Salvador, y su nombre es Jesús. Jesús es la vida. Su palabra puede darnos vida en los momentos de más dificultad.
Yo compartía con el grupo anterior que una de las experiencias en mi vida donde yo viví esto en colores y en tres dimensiones fue en marzo del año 2006. Un hermano de nuestra congregación en Santiago, llamado Máximo, fue diagnosticado con una enfermedad muy particular en la médula ósea. Los científicos llamaban esa enfermedad anemia aplástica, y eso ocurre cuando la médula ósea deja de producir la cantidad suficiente de células sanguíneas nuevas. Es una enfermedad que afecta a muy pocas personas en el mundo; una enfermedad muy extraña.
Se hicieron las gestiones del caso y el asunto fue tan interesante que llamó la atención de la comunidad internacional. Los Estados Unidos se interesaron en el caso y proveyeron todo el soporte económico para que Máximo fuera llevado allá. Él fue ingresado en el Instituto Nacional de Salud, que queda en Bethesda, Maryland, cerca de Washington. Para que ustedes tengan alguna idea, ese hospital es el hospital de investigación biomédica más grande del mundo. Yo estuve verificando en el internet para ser preciso: este año su presupuesto fue de 37 billones de dólares, y solo candidatos a doctorado —PhD en alguna rama de la ciencia— calculan que hay 4.000 al mismo tiempo. Es un hospital de investigación.
El punto es que los científicos llegaron a un momento en que dijeron: "No se puede hacer nada." Entonces, providencialmente, yo estaba en Nueva York en asuntos de trabajo y los pastores me llamaron y me dijeron: "Hay que ir a verlo." Y pensamos: "¿Quién irá?" De hecho, yo lo disciplé; de hecho, yo lo casé. Era alguien muy cercano a mí. Entonces hicimos los arreglos desde Nueva York hasta donde está el hospital, en el área de Washington, y el trayecto en tren me tomaba unas tres horas.
Yo salí una tarde en el tren pensando: "¿Qué será lo que voy a hablar? Tengo que comunicarle a él lo que está sucediendo." Ya habían pasado muchos años de tratamiento; los científicos habían intentado todo. Cuando llegué y él me vio, no sabía qué decir: "¿Tú qué haces aquí?" Yo le dije: "Bueno, tengo que hablar contigo." Se puso muy emocionado, lloramos. Llegué en la noche, a las nueve, y las visitas estaban prohibidas a esa hora, pero me dieron un pase especial.
Entonces él me dijo: "Yo quiero que hagamos un devocional, como los que usted hace." Yo le dije: "Bueno, podemos pedir un permiso." Y abrí mi Biblia con la pasión que me caracteriza, y hora y media después seguíamos todavía. Le decía: "¿Cómo es Jesús? ¿Por qué Jesús respondió eso? ¿Por qué Jesús insiste en esa verdad? ¿Por qué ellos rechazaron eso?" El punto es que llegaron casi las once de la noche y el hospital dijo: "Ya no puedes estar aquí." Entonces pregunté: "¿A qué hora abre el hospital mañana?" "A las siete de la mañana." Yo andaba con la maleta, no sabía dónde iba a dormir. Una familia de una congregación había provisto para que yo pudiera quedarme, pero yo no sabía ni cómo encontrarlos ni nada.
Al otro día yo estaba allí a las 7, y cuando iba entrando encontré al médico de cabecera del caso, un científico. Él me dijo: "Usted es el pastor, ¡qué mucho gusto!" Me dijo muchas cosas, y entre estas me dijo: "El caso ha resultado ser uno de los impactos de avance en la investigación más significativos que hemos tenido, y queremos hacer un seguimiento o algo así. Nosotros queremos dar la ayuda económica, queremos encargarnos de todos los gastos, de todo lo que esto pueda incluir. Pero hemos escuchado que él ha pasado por mucho, y queremos ser una atención para usted también. Esto es lo que hemos decidido: nosotros queremos que usted se lleve a su familiar al mejor restaurante que haya en el área, Washington o Maryland, donde sea. Él va a tener un chofer especial, y no hay ningún inconveniente. Su condición física no es contagiosa, no es nada de eso." O sea, él hablaba así como yo estoy hablando. No es alguien que se está muriendo y no puede hablar, pero queremos que lo tengan un buen tiempo y nosotros vamos a suplir de todo.
Bueno, entré en la habitación y le dije: "¡Más y más y más! Tengo la buena noticia, vamos al mejor restaurante que puedas imaginar, vamos a tener chofer." Y él dijo: "Yo no quiero ir." Yo le dije: "Pero tú no me estás entendiendo lo que te digo." Él me tenía mucha confianza. Estamos hablando de que podíamos elegir, y él me dijo: "¿Qué restaurante? ¿Qué comida podría ser mejor que esta Palabra? Yo quiero más de Jesús."
Estuve dos días con él, y créame, yo no me canso de estudiar la Palabra, pero me cansé con eso. Era impresionante su sed por conocer la Palabra. Y estas fueron sus palabras. Él no murió ahí mismo; murió dos semanas después. Cuando yo me despedía, él me dijo: "Yo quiero que usted predique en mi funeral, y quiero que predique que Jesús es la vida. Tal vez la próxima vez que nos veamos, yo voy a estar en un ataúd." Y estas fueron sus palabras: "Yo siento decir algo: que mi vida ha sido como un barco que han estado preparando por muchos años, y hoy yo estoy listo para partir para estar con Jesús."
Esa frase fue tan impresionante que el periódico Washington Post lo publicó en un especial al día siguiente, durante ese fin de semana. Yo prediqué en su funeral en Santiago exactamente dos semanas después, y muchas personas fueron impactadas por su testimonio. Jesús es la vida. Nada puede llenarnos como eso, y eso es exactamente lo que Jesús está haciendo.
En contraste con los líderes religiosos de aquel entonces, que solo querían robar, matar y destruir, Jesús dice: "Yo he venido a darte vida." Una vida que va más allá de una simple salvación, una vida que va más allá de lo temporal, una vida llena de abundancia en la que aprendemos. Déjame decirte a ti, amigo, a ti que estás aquí o que escuchas: tu vida será abundante únicamente si tú conoces a Jesús. Todo comienza ahí. Fuera de Jesús es imposible que puedas entender la dimensión de esta promesa. Podrás tener cosas, pero serán aisladas del impacto que necesitas.
Se cuenta una vez del famoso artista Miguel Ángel que uno de sus estudiantes llevaba muy avanzado el diseño de alguna escultura, y le pidió al maestro que viniera a observarla. Era un ángel. El maestro examinó todo alrededor, cada ángulo, y después de observarla dijo: "Falta una sola cosa", y se fue. El estudiante no se atrevió a preguntarle, pero luego mandó a un amigo al estudio de Miguel Ángel. El amigo preguntó en el aire: "¿Qué es lo que le falta?" Dijo el maestro: "La obra es casi perfecta, solo le falta vida. Solo le falta vida."
Y así hay mucha gente hoy. Tienen casas, carros, familia, carreras, posesiones; tienen todo lo que se necesita, supuestamente, para vivir satisfecho. Solo les falta una cosa: les falta la vida, y eso solamente lo puede dar Jesús. Maravillosamente, cuando venimos a los pies de Jesús, se abre una dimensión totalmente nueva de la vida. Jesús transforma nuestro ser interior y ahora todo es diferente: pensamos diferente, soñamos diferente, sentimos diferente. Cuando Juan intenta describir esta verdad, lo pone en estas palabras: "En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres."
Amigo, tú necesitas a Jesús para que realmente puedas experimentar la vida. Sí, Jesús murió por tus pecados para que puedas alcanzar el perdón de Dios. Es una vida en la cual tu gozo no va a estar determinado por lo que tú puedas alcanzar; tu gozo estará determinado por lo que ya Dios te ha dado. Es una vida donde la real satisfacción la experimentarás no por lo que eres por fuera, sino por lo que eres por dentro. Tu esperanza no va a estar dependiendo de cosas pasajeras, de cosas que cambian, de cosas que perecen, sino de verdades gloriosas que te acompañarán hasta la eternidad. Tu consuelo vendrá por lo que Dios es, no por lo que tú eres.
Tú necesitas a Jesús. De hecho, eso es justamente lo que celebramos en esta época: el significado de la Navidad. "Os ha nacido un niño, y llamaréis su nombre Jesús, porque Él salva de nuestros pecados." "Os ha nacido un niño, y llamará su nombre Emanuel, que significa Dios con nosotros." Jesús es y Jesús siempre será tu mejor regalo de Navidad. Y nosotros soñamos con que hoy sea un día de salvación para ti.
Y a ti, hermano, que ya conoces al Señor, ¿qué podemos aprender de esto? Nuestra vida será abundante solamente si permanecemos en Jesús. Jesús es el buen Pastor. Jesús va adelante para guiarnos, para cuidarnos, para suplir nuestras necesidades. Necesitamos permanecer en Él. Dice Jesús: "Yo soy la vid y vosotros los pámpanos. El que permanece en mí y yo en él, ese lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer."
Una declaración como la que hemos estudiado presenta un desafío y presenta una consolación. Jesús dice: "Yo he venido para que tengan vida en abundancia." Y eso es un desafío para nosotros. Jesús no fue a una cruz para que vivamos vidas mediocres. Sus promesas son demasiado gloriosas para que vivamos con tanta indiferencia las cosas eternas. Su fidelidad es demasiado evidente en nuestras vidas para que vivamos con tan poca gratitud. Su luz es demasiado intensa para producir tan poco impacto en aquellos que están a nuestro alrededor. Necesitamos una vida que esté saturada de la Palabra, necesitamos una vida que esté enfocada más en amar y perdonar, necesitamos vidas que estén más caracterizadas por el sacrificio que por la comodidad.
Jesús es nuestro buen Pastor, Jesús va adelante. El desafío es llenarnos de Él. Pero encontramos aquí también un gran consuelo: Jesús está por nosotros. Yo no sé cuál será tu condición en un momento como este, pero quiero recordarte que Jesús cuida de ti. Él es un gran Pastor, está guiando tus pasos. Jesús conoce perfectamente tus necesidades, Jesús comprende tu dolor, nadie te ama como Jesús. Como cantábamos con el Salmo 23: "El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hace descansar, y junto a aguas de reposo me conduce. Él restaura mi alma, me guía por senderos de justicia por amor de su nombre."
Entonces, en medio de una generación consumida en las cosas temporales, nosotros necesitamos exhibir una vida diferente, que esté más enfocada en lo eterno. La satisfacción no vendrá por lo mucho que podamos comprar, por lo mucho que podamos recibir o alcanzar. La satisfacción va a venir cuando aprendamos a disfrutar lo que ya tenemos en Jesús. Se trata de Él, no de nosotros. Jesús vino a darnos una vida nueva, una vida de plenitud en Él, y nada en esta vida podrá darnos más consuelo que saber que Dios nos ama en Jesús: que su amor es incomprensible, que su amor es inigualable, que su amor es inconfundible.
Y dice el apóstol Pablo: "Porque yo estoy convencido de esto, que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro." Jesús vino para que tengamos vida, para que tengamos vida en abundancia.
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. ¡Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra!
Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D