IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
¿Por qué Cristo no ha regresado todavía? Para muchos creyentes, la espera se siente larga —más de dos mil años desde su ascensión— y el tiempo nos afecta de maneras profundas. El pastor Joel Peña lo ilustra con humor: las fotos de su boda muestran que su esposa sigue igual de hermosa, pero él tiene menos cabello, más barriga, menos energía y más achaques. Estamos atados al tiempo, y cuando pasa sin que veamos cambios —en nuestra soltería, en la llegada de hijos, en la provisión, en el regreso de Cristo— nos preocupamos.
Segunda de Pedro 3 responde a esta inquietud revelando que el reloj de Dios está atado a su carácter. Primero, él es eterno y atemporal: un día es como mil años y mil años como un día. Esto no es una fórmula matemática sino una invitación a reconocer que Dios no mide el tiempo como nosotros. Abraham esperó veinticinco años por el hijo prometido, José pasó años en prisión por un crimen que no cometió, Israel fue esclavo cuatrocientos años, y el Mesías llegó después de cuatro siglos de silencio profético. En cada caso, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios actuó perfectamente.
Segundo, su reloj está atado a su paciencia y misericordia. La aparente demora existe porque él no quiere que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Moisés, al vislumbrar apenas las espaldas de Dios, lo describió como lento para la ira y abundante en misericordia. Esa paciencia divina es la razón por la que muchos de nosotros tuvimos oportunidad de creer. Pero el día del Señor vendrá como ladrón, y todo será consumido. Mientras esperamos, el llamado es a confiar en quien gobierna el cronómetro del universo y a anhelar su venida con pasión renovada.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Pero antes de entrar, ustedes tienen la Biblia abierta allí, yo quiero dar como dice un overview, ¿verdad? Un resumito de lo que hemos estado viendo en estas últimas semanas, que nuestro pastor no ha estado ministrándonos, sino que estuve un servidor y nuestro pastor Enrique. Si usted recordará, hemos estado hablando acerca de ese encuentro con Cristo, de que él un día regresará. Y el pastor Enrique, hace un par de domingos atrás, habló de que debemos estar firmes para su regreso, preparados, velando, y allí exponía claramente el capítulo 24, o parte de ese capítulo de Mateo. Después pasamos a versos siguientes en el capítulo 25 e ilustramos, como Cristo lo hace, usando una parábola muy conocida, lo que significaba realmente o claramente estar preparado, estar velando. Y esas diez vírgenes, cinco insensatas y cinco prudentes, nos dejaron un mensaje muy directo al corazón y la pregunta de si estamos listos o no para ese encuentro.
La realidad, hermanos, es que en esa parábola se presenta un problema que es el que vamos a tratar de abordar hoy. El problema de esa parábola o de esa historia, el inconveniente que se presentó allí, era que el novio venía pero se retrasó. Y es claro que ese ejemplo de Jesús está hablando de nosotros de forma directa, de que para nuestros ojos, según nuestra percepción, Cristo se retrasa, o sea, ha durado mucho tiempo para venir. Además de dos mil años de que él ascendió a los cielos, Jesús ascendió y todavía los creyentes siguen pregonando y creyendo que él regresa, pero no regresa. Y aunque la parábola nos daba claramente la misión que tenemos, que es seguir velando porque el día ni la hora nadie la sabe, la realidad es que nosotros no podemos negar que estamos atados al tiempo.
El tiempo nos afecta, estamos de una forma u otra dentro de este espectro temporal que de una u otra forma siempre estamos como movidos por él. Y si usted quiere entender claramente cómo el tiempo nos afecta, le invitaría a casa y veríamos las fotos de mi boda. Allí mi esposa sigue igualita, ahora hermosa al día de hoy; sin embargo, el novio ha tenido cientos de cambios por el tiempo. Ahora tiene menos cabello pero más barriga, tiene menos visión, por eso los lentes, antes no los usaba en ese tiempo, pero más canas, tiene menos energía, flexibilidad y atletismo, pero más colesterol, hernia y gastritis.
El tiempo realmente nos afecta seriamente de muchas formas. Y nosotros, con esa relación de hombre y tiempo, vivimos de alguna forma preocupados porque al pasar el tiempo hay cambios en nosotros, como acabo de ilustrar con mi vida. Pero también nos preocupamos cuando ese tiempo pasa y no hay cambios. ¿Se ha dado cuenta de eso? Que el tiempo pasa y muchos de nosotros pudiéramos decir: "Sigo soltero o soltera". El tiempo pasa y aunque ya estoy casado, no llegan los hijos. El tiempo pasa y no consigo trabajo, o la situación de la provisión actual no mejora y sigue pasando el tiempo. En fin, el tiempo pasa y objetivos, sueños, metas que en un momento pensé que vendrían, no llegan. Y eso nos afecta realmente.
Y lo que vamos a estar viendo hoy es justamente que el tiempo pasa, pero Cristo no regresa. ¿Y alguna vez te has preguntado tú, verdad, no que otro te haga la pregunta, sino a ti mismo: por qué Cristo no regresa ya y nos lleva con él, y por fin se acaba el mundo y el pecado ya se elimina, y podamos estar celebrando en su presencia, y que se cumpla la promesa? Verdad, que aquellos que le vieron ascender, y ahí estaban dos hombres vestidos de blanco, y dijeron: "Este mismo Jesús, que ha sido tomado de ustedes al cielo, vendrá de la misma manera tal y como lo han visto ir al cielo". Esa es la promesa, estamos esperándola. Cristo la mencionó muchísimas veces y el Nuevo Testamento está lleno de esa promesa. ¿Por qué el reloj de Dios parece estar como tan desincronizado con el nuestro? Nosotros queremos que las cosas ocurran y parece como que Dios se olvida.
Y en el día de hoy, en el pasaje de Segunda de Pedro capítulo 3, nosotros estaremos meditando que ese reloj de Dios está atado a su carácter, a quién él es. Y estaremos leyendo desde el verso 1, respondiendo un poco ante esa pregunta de por qué él tardará. Así que lean conmigo capítulo 3, Segunda de Pedro, verso 1:
"Amados, esta es ya la segunda carta que les escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en ustedes su sincero entendimiento, para que recuerden las palabras dichas de antemano por los santos profetas y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por los apóstoles de ustedes. Ante todo, sepan esto: que en los últimos días vendrán burladores con sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones, y diciendo: '¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación'. Pero cuando dicen esto, no se dan cuenta de que los cielos existían desde hace mucho tiempo, y también la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios, por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado por el agua. Pero los cielos y la tierra actuales están reservados por su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y la perdición de los impíos".
Entramos a los versos que estaremos viendo hoy:
"Pero, amados, no ignoren esto: que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas".
Aquí el apóstol Pedro, uno de los que escuchó de primera fila a Jesús, vio sus obras. Oye, hermano, es tu testigo ocular quien está escribiendo, no alguien a quien le contaron. No, no, él vio, él escuchó varias veces a Jesús prometiendo: "Volveré". Y él escribe, ¿verdad?, como él mismo menciona: "Esta es mi segunda carta". Yo había escrito una primera de Pedro y esta es mi segunda carta, y tiene la intención de recordar muchas cosas, y dentro de esas: el Señor viene, el Señor viene.
Esta es una carta de esas que se llaman universales. ¿Ustedes saben por qué? Porque no está dirigida específicamente a una persona como a Filemón. No, no está dirigida tampoco a una iglesia específica de algún lugar como Corinto. No está dirigida así, está dirigida universalmente a unas iglesias de muchas regiones: Panfilia, Asia. En fin, la primera carta muestra una región amplia que nos da a entender que cualquiera que reciba esta carta en esa zona la puede seguir regando. Esta carta es para usted.
Y este apóstol entonces nos recuerda que esta verdad de que él regresaría es cierta. Sin embargo, lo que ocurre en los días de hoy, lo vemos en este contexto de los primeros versículos del uno al siete, es que aparecieron, se mostraron, o iban a aparecer burladores. Aquí Pedro les llama con varias características: burladores que utilizarían sarcasmo, o sea, la ironía, una broma ofensiva, verdad, que utiliza como algo que tú crees que es cierto pero es para decir todo lo contrario, y eso era hiriente. Y detrás de esa burla con sarcasmo había algo, y era que ellos estaban siguiendo sus pasiones, sus deseos. Ellos querían cosas, ellos deseaban cosas en este mundo, y comenzaban a burlarse: "¿Qué Cristo viene? ¿Qué Cristo viene? ¿Qué promesa? Eso no se va a cumplir. ¿Siguen creyendo en eso?" Detrás de eso había un deseo de seguir viviendo como vivían. No pensaban en la opción de que Dios vendría a juzgarles y a pasarles cuentas. Por eso entonces concluían que él no viene: "Eso que usted cree no es verdad". Incluso el argumento que utilizan es que el mundo continúa su rumbo desde que comenzó, nada ha pasado, no viene ningún juicio. Olvídense de eso, gocen.
Y en estos versos previos al ocho, Pedro, con sabiduría divina, aborda estos argumentos que ellos tienen. De forma breve él utiliza tres respuestas para responder ante esa burla. Primero, en el verso 5 dice: "La tierra fue establecida entre las aguas por la palabra de Dios". El primer argumento es que el mundo no se creó a sí mismo, sino que fue creado por la palabra de Dios. Dios es cierto, lo creó y lo puso allí. Su palabra hizo que estuviera allí.
Segundo, y aquí viene cómo estaban equivocados ellos: en la historia del mundo sí han ocurrido varios momentos en los que Dios ha intervenido para juzgar al hombre. No como ustedes dicen que desde que comenzó el mundo ya no ha pasado nada. Dios ha intervenido varias veces y ha juzgado al hombre. En el verso 6 él recuerda que a través de la misma palabra Dios destruyó al mundo inundándolo con agua, el diluvio. No crean que Dios está con los brazos cruzados. Dios está actuando y él está juzgando, y él lo ha hecho a través de la historia en el pasado.
El pastor Miguel, hace tres años, abordó este texto y dio un detalle importante, un detalle como científico histórico que me gustaría traerles. Él dijo de esta forma: hay no menos de doscientas culturas alrededor del mundo que tienen relatos de un diluvio universal, con una coherencia con el relato bíblico de aproximadamente un ochenta por ciento. De manera que alguien se encargó de ir pasando ese relato de persona en persona y de región en región, para que haya registro casi en todo el planeta de que hubo un evento cataclísmico en algún momento del pasado. Y ese es el elemento que los burladores olvidan, ignoran. Eso da evidencia de que Dios juzgó en el pasado.
Y él termina ofreciendo respuestas a sus argumentos con el verso 7, de que por la misma palabra, así como fue creado todo y Dios inundó al mundo, por la misma palabra los cielos y la tierra actuales están reservados para el juicio y la destrucción final. O sea, que ese Dios que juzgó en el pasado, no tengan duda, él volverá a hacerlo, aunque ustedes quieran vivir para ustedes.
Y esto nos hace entender que verdaderamente las motivaciones de estas personas realmente eran vanas y eran para sí mismos.
Ahora, Pedro se da vuelta y ya deja de hablar de aquellos burladores y de esa gente. Tal vez yo digamos: "Yo no sé así, yo no me burlo de eso, se burlan de mí y yo creyendo eso." Bueno, él es de doble asumida y ahora habla a los creyentes, a ti y a mí, por si acaso en medio de nosotros hay alguno que pudiera estar pensando: "Es verdad que yo creo que Él viene. Es verdad que yo creo que Él ha juzgado en el pasado y es verdad que creo que Él vendrá en algún momento y juzgará en el futuro, pero se está tardando tanto que yo siento eso." Y él entonces se torna a ellos y con una forma muy pastoral trata de responder la pregunta: ¿Por qué Cristo aún no ha venido?
La respuesta es simple, pero se divide en algunas partes. La respuesta es que el reloj de Dios está atado a su carácter. Y su carácter, entonces, ese reloj, ese tiempo atado a su carácter, y su carácter es eterno y atemporal. Importante para entender el funcionamiento del reloj de Dios. Y segundo, ese reloj que está atado a su carácter, también es este: su carácter paciente y misericordioso.
Vamos a ir por esta primera razón de por qué Cristo se tarda para nosotros. El reloj de Dios está atado a su carácter eterno y atemporal. Versículo 8: "Pero amados, no ignoren esto: que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día." Amados, tres veces en esta carta él les menciona o les llama de esa forma: amados. "Yo quiero hacerles recordar algo, no lo ignoren. Ellos pueden ignorarlo, pero ustedes que conocen a su Dios, recuerden cómo Él es."
¿Cómo Él es, Pedro? Bueno, en relación al tiempo, que es su pregunta, su inquietud, en relación al tiempo no olviden, no ignoren que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. No caigan en esa trampa. Su Dios tiene atributos que sustentan el que Él no esté regido por el tiempo como tú y yo lo estamos. Yo estoy atado al tiempo, lo dije en los votos de mi boda, tú y yo lo estamos. Pero Dios no, Dios se sale de esa estructura y formato temporal y gobierna a pesar del tiempo: pasado, presente o futuro. Él no está ahí encasillado.
Pedro hace referencia con esa expresión a un pasaje del Antiguo Testamento que está en Salmo 90:4, que dice así: "Porque mil años ante tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche." Poéticamente el salmista, en este caso el salmista es nada más y nada menos que Moisés, quien escribió ese salmo, habla de que para Dios mil años son como el día de ayer o como una vigilia de la noche, algo corto para nuestro tiempo. Para Él son mil años.
Esto es una analogía, hermano, así es, esta es una comparación. Esto es bueno aclararlo porque en la historia de la iglesia se ha entendido muchas veces de que vamos a calcular entonces: como para Dios un día es igual a mil años, eso quiere decir que seis días, seis mil años, se tomó seis mil años. No, no, no, no, no. Salgámonos de esa simpleza directa que queremos encontrar en la Palabra para encontrar respuestas místicas. Pero no, no es así.
Entonces, una comparación: un día es como mil años y mil años como si fuera un día. O sea, un tiempo corto para Dios es como muchísimos años para nosotros y así sucesivamente. Entonces Dios, con esto, a través de Pedro nos está diciendo que Él no mide el tiempo de la misma manera que nosotros. Esta gran verdad, hermanos, debería tener un impacto serio en nuestra vida del día a día, en nuestras preocupaciones del día a día. De que hay un Dios que no está calculando tanto como nosotros. Para nosotros pasó un segundo, un minuto, una hora, un día, una semana, años. Señor, para Dios esto es parte de mi plan y mi plan tomará el tiempo necesario. No sé cómo tú lo estás calculando, pero yo calculo el tiempo preciso.
Todo el tiempo es igualmente presente para Dios. Lo que ocurrió en el pasado, o lo que ocurre ahora, y lo que ocurrirá después, todo es un momento para nuestro Señor. Yo sé que nuestra cabeza se apaga ante poder calcular eso o lograr entender eso, pero para Dios es así. Nuestros relojes no están en sincronía con Dios porque su forma de ver el tiempo es mucho más amplia a nuestro entendimiento.
Y a usted le ha ocurrido eso. Usted tiene niños, ya sea en su casa como hijos o en su familia, y te lo ha visto diariamente. Ahora: "Papi, ¿cuándo es que yo cumplo años?" "Ya viene, ya está ahí a la vuelta de la esquina, en tres meses te vamos a celebrar tu cumpleaños." "¿Tres meses? Pero, ¿cómo va a ser?" "Sí, sí, pero eso es lo mismo." Lo duro fuera que fueran treinta años, no sé, está bien. Pasan dos días: "Papi, ¿cuándo llega mi cumpleaños?" "Pero son tres meses." "Pero ya hemos pasado muchísimo tiempo." Dos días. Y así, ya la misma pregunta.
Y de esa misma forma, aunque así vemos a los niños, Dios nos ve a nosotros, viéndonos de una forma en que Él está viendo el tiempo de una forma sin límite, sin parámetros. Y nosotros, uno a uno pasando y nos preocupamos. Y llegamos como a sentir o hasta pensar de que como que Dios debería ser más eficiente, como que Él debería utilizar mejor el tiempo que está pasando, y aprovechar y mover alguna pieza de forma que todo se resuelva más rápido.
Hay un autor que mientras estudiaba encontré un artículo y el título me llamó tanto la atención que tuve que pararme a leerlo. El artículo se titulaba "La ineficiencia de Dios." Pastor o expastor, porque ya se retiró, ese señor bien mayor, Steve Cole, lo escribió. Y él argumentaba esto mismo que estamos hablando, era como que Dios debiera aprovechar mejor el tiempo, y utilizaba muchos ejemplos bíblicos de cómo Dios se está malgastando el tiempo.
Y esta gran verdad de que para Dios un día es como mil años y viceversa se muestra en tantos personajes de la Biblia, que es bueno, hermano, que nos detengamos por lo menos en algunos para entender más este concepto.
Vete conmigo a Abraham y Sara. No vamos a ir a los versículos, pero Abraham y Sara se casaron. Abraham por fin esposa: "Bueno, de una vez a tener hijos. Dios me ha prosperado, tengo muchos bienes, eso quiere decir que puedo tener muchos hijos. ¡Vamos arriba!" Setenta y cinco años y no llegan los hijos. A los setenta y cinco, Dios interviene su vida y le dice: "Vas a tener descendencia." A Abraham: "Tú vas a tener un hijo con Sara." Ya saben que se ríen y se burlan, pero nada. "Por fin Sara, Dios habló, vamos a tener hijo." Veinticinco años después y no llega el hijo. Y ahí entonces, a los cien años es que Sara sale embarazada. "Pero Dios, ¿cuál es el problema de enviárnoslo de muchacho como todo el mundo? Yo joven, Sara joven, yo joven, cuidándolo, todo." Pero Dios tiene su reloj.
José en la cárcel. Y usted sabe por qué José está ahí, ¿verdad? Está muy claro. Este José, su hermano lo venden, se lo llevan a Egipto, aquí tenía una buena posición allí ayudando a un jefe, y una bendita mujer influida por el enemigo le acusa de que le iba a violar, algo que no era verdad, y lo sentencian. Él es llevado a la prisión entonces, y uno pudiera pensar: "Bueno, van a investigar esto, todo se va a demostrar y yo voy a salir de aquí en un par de días, ¿no?" Y esperanza.
En algún momento, cuando él conoce a un panadero y un copero del faraón, y allí entonces conociéndoles les interpreta un sueño y estos hombres se quedan asombrados. El copero sale de la cárcel y ahí en ese momento José le dice: "Acuérdate de mí, que estoy aquí, ya que tú vas a trabajar de nuevo para allá." "Ah, sí, sé, claro." El pasaje en Génesis dice, habla de que el copero se olvidó. Y tú puedes decir: "Bueno, se olvidó, pasó una semana y ya se acordó y ya lo llamaron y ya salió." En Génesis 41:1 dice: "Y aconteció que después de dos años, faraón tuvo otro sueño." Y ahí el copero se acordó: "¡Ay, José! ¡Ay, se me había olvidado el muchacho!" Dos años más preso. Y tú te pudieras pensar: "Pero Señor, hombre inocente, buena gente, serio, íntegro, todo ese tiempo ahí. ¿Qué pasa?"
El pueblo de Israel es enviado a Egipto, era después de unos años de esto de José, y todo se transforma y ellos son esclavos. Cuatrocientos años esclavos del pueblo de Egipto, algo que según este pasaje que leímos hoy, eso es menos de la mitad de un día para Dios. Ahora, cuatrocientos años son de nada, pero cuatrocientos años esclavos en ese tiempo debió sentirse. Y tú te preguntarás: "¿Por qué tanto tiempo, Dios?" Generación y generaciones pasaron y murieron siendo esclavos.
Moisés, uno de los que nace en ese tiempo, tenía cuarenta años cuando mata a un egipcio y sale huyendo. "Este es el salvador, eso es, Dios lo va a preparar, viene y libera el pueblo después de este tiempo." Bueno, tenía cuarenta años cuando salió de Egipto al desierto huyendo, y pasaron cuarenta años más en el desierto cuidando ovejas. Un hombre preparado, listo para la liberación del pueblo según nuestros ojos, pero para Dios faltan todavía cuarenta años más. "Oye, Señor, gloría, ha sido suficiente. Tú mándalo para el seminario un par de años y que él venga y hiciera su labor." No, Dios tiene su reloj y tiene sus formas.
Seguimos con un par de ejemplos más. David, el joven especial, único. Hermano, usted lee la historia y usted sabe cómo que esto es algo de películas: el más pequeño, los otros más grandes son rechazados, los más grandes hermanos de él. El pequeñito que está ya olvidado, este es el ungido. "Vamos arriba, este es de base el rey." Todavía no. Pasa tiempo, David entra a la corte del rey ayudando a Saúl, y tú dices: "Ah, ya se pegó, ahora es." Pasa tiempo y él pasa todos sus veintes huyendo de cueva en cueva, montaña en montaña, evitando que lo mate el rey de ese tiempo, antes de que Israel por fin tenga un rey conforme al corazón de Dios.
Y tú te pudieras preguntar, y yo: "Señor, si tú lo ungiste ahí siendo un muchachito, tú sabes los necios de tus benditos reyes. Saúl, agarras ese muchacho, un muchacho conforme a tu corazón, que toca el arpa y te canta salmos ahí, y viene a los ojos. Sí, él es con él, rey ya." Pero Dios tiene su relojito, su tiempo.
Uno de los ejemplos más poderosos y grandiosos es la venida del gran Salvador nuestro, el Mesías prometido desde la antigüedad. Y ya cuando se acaban los profetas, la Palabra de Dios dice que hubo en ese tiempo cuatrocientos años de silencio. No profecía, no Palabra de Dios, cuatrocientos años más, hasta que por fin nace el Mesías prometido. Cuatrocientos años más. "Señor, ¿le puede todo este tiempo al Salvador? Todas esas gentes pecando, necesitando al Cordero que paga ahora, pues se espera y los... ¿y por qué tanto tiempo?" No, no, que todavía no ha acabado. Todavía ha su niñez, ha su juventud, va a hacer nada. Treinta años más, hasta que su ministerio sea público. "Qué desperdicio de tiempo", pudieron expresar.
No obstante, Pablo dice en Gálatas 4:4: "Sin embargo, cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo." ¿Te das cuenta de esa expresión? Cuando se cumplió el reloj de Dios, que sí está ajustado a su voluntad, allí fue que llegó el Mesías. Dios nunca, en todos estos ejemplos ni en nuestra vida, él está apresurado ni nunca llega tarde. Él llega en su justo momento.
Y yo me pregunto en qué circunstancias, momentos, problemas en nuestra vida nosotros estamos pensando tal vez de una forma en que consideremos que Dios está tardando o está usando de una forma ineficiente el tiempo.
En este momento, Pedro, perdón, está llamándole la atención: "Ante un Dios, entra a la recámara de Dios. ¿Tú quieres verlo? Sí, míralo. En cuanto a tu tiempo humano, para él un día es como mil años y mil años es como un día." Detente un momento a pensar en esa maravillosa mente que es así: eterna y atemporal. Para nosotros es difícil porque todo, como dije, todos estamos ligados al tiempo, pero inténtalo. Él conoce todas las cosas que han ocurrido en toda la existencia y las conoce en el mismo momento.
No podemos confinar a ese Dios a nuestra agenda. Entonces, hermanos, no es posible, no es posible que tu calendario, tus metas y días especiales, allí él se encaje y quieras ponerle agenda a él. Su carácter es ilimitadamente eterno.
¿Cómo eso impactaría en nuestro día a día? Piensa un poco. Yo me quedé pensando y había muchas, pero una de las que más como que me estalló a la cabeza casi es que este Dios es así, ¿sí? Ok, vamos a tratar de entenderlo, pero ¿cómo cambiaría mis oraciones conociendo un Dios así? El Dios con conocimiento completo del pasado, presente y futuro esté dispuesto. Ah, escucha la oración. O sea, él conoce todo lo que va a pasar, él conoce el presente y futuro, o sea, ya lo dije tantas veces, pero él dice: "Ahora clama, ahora sin cesar." Y que él, en ese carácter, decida entonces usar nuestras oraciones que están en un punto X del tiempo para manifestarse y obrar. Yo no sé cómo es eso, pero eso es todo asombrosamente inalcanzable.
Cuando estés ligado a esa roca que nos choca, verdad, todo el tiempo, de que el tiempo no está siendo lo eficiente que nosotros quisiéramos, entra a la recámara de Dios y míralo, míralo, muéstrate. O mejor dicho, admíralo y reconoce que lo único que te queda es: "Confío en ti, Señor. Descanso en ti, Señor. Aunque yo no conozca qué vendrá en el futuro, yo confío que ya tú estabas ahí en el futuro."
Una mujer muy conocida de los tiempos de la guerra nazi, verdad, que estuvo en un campo de concentración por muchos años, tenía esta meditación en su mente. Y era conocer a Dios relacionado al futuro, y ella decía: "Corrie ten Boom, nunca tengas miedo de confiar un futuro desconocido a un Dios conocido." Si hay un conocimiento mayor de este Dios eterno y atemporal, mi futuro ya no me trae tanta preocupación, porque él está allí.
El pastor y teólogo del siglo XIX, con las siglas F. B. Meyer, o Frederick Brotherton Meyer, lo dijo de una forma como que a mí personalmente me ilustró e impactó más. Dice así: "El mañana llena de pavor a los hombres, sin embargo, Dios ya está en el mañana. Todos los mañanas de nuestra vida tienen que pasar por él antes de que puedan llegar a nosotros." Sería la cita. Él estuvo allí en tu mañana y él obra todo para bien para sus hijos. Por tanto, que tu preocupación no sea qué pasará mañana, sino si confío y conozco al Dios del mañana, del hoy y del día de ayer. Amén, así sea.
En esta como comparación de que un día para Dios es como mil años, Spurgeon se quedaba pensando y decía: "Oye, lo que yo logro en un día no es mucho, pero si para Dios un día mío es como mil años, entonces en un día él puede lograr muchísimas cosas que yo no puedo." Y él decía en una cita, dice: "Dios puede hacer que un solo día sea tan productivo para sus propósitos, que si quisiéramos hacerlo nosotros nos llevaría mil años."
Y uno de los más maravillosos ejemplos de esa realidad es que en un solo día el Cordero sin mancha limpió los pecados de miles de años, y no solo de miles, sino de toda una eternidad. En un solo día, pasados, presentes y futuros. Dios puede hacer algo en un día que nadie más puede hacer, y lo hizo contigo y conmigo que hemos creído. Qué bendito Dios tenemos, hermanos.
Cuando piensas que tarda, Pedro dice entonces: "Míralo y chequea cómo él maneja el tiempo." Cuando tú chequees eso, tú entenderás que él tiene todo en su orden perfecto. Confía, obedece y goza tu camino mientras él maneja. ¡Aleluya! Qué bueno tener un chofer así, hermanos. Él sabe lo que hace.
Esta fue la primera respuesta que Pedro da ante la tardanza del Señor: el reloj de Dios está atado a su carácter eterno y atemporal.
La segunda respuesta: el reloj de Dios está atado a su carácter paciente y misericordioso. Leemos eso en el verso 9: "El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento."
Seguimos en la habitación con Dios, y ahora vemos un atributo que nos impacta de una forma tremenda día a día, y es su paciencia y misericordia para con los perdidos, para con nosotros los humanos. El corazón de la aparente retraso de Cristo está en la paciencia divina. Allí está la razón de su aparente retraso.
¿Sabes por qué el regreso se retrasó o se retrasa? No es porque él sea lento para cumplir su promesa o que él no la cumpla. No es porque él sea infiel a su palabra, no lo es y lo ha mostrado. No es porque él no dice la verdad; él es un Dios veraz, todo lo que dice es cierto. No es porque él sea impotente o incapaz de lograr lo que quiere, ni indiferente o indolente con sus hijos. No, tampoco es porque él esté ocupado haciendo otras cosas, y se olvidó de lo que te pasa a ti y a mí. No.
La razón por la que la demora, a nuestra vista, se siente así, es porque su paciencia se está manifestando para que aquellos que aún no creen vengan y crean y se arrepientan. Es muy abocación, ¿verdad? Yo sé que tal vez a ti te ha pasado. Yo he pensado: "Señor, pero ya está bueno. Ven ya y se acabó esto, resuelto."
Sin embargo, yo me he quedado pensando, y tú dices: "Bueno, si alguien hubiera dicho eso hace treinta años y Dios hubiera escuchado su oración, Joel Peña no hubiera sido salvo." Y quién sabe ese muchacho que está aquí tampoco. Por tanto, Dios, en su paciencia, omnisciencia y su eternidad, sabe los tiempos justos, y él está siendo paciente para que aquellos que son sus hijos vengan y crean y se alegren en las buenas del Cordero. "Oh, Señor, extiende el tiempo cuando tú quieras, pero que vengan más, que vengan más." Puede ser que muchos de la familia que yo estoy orando vengan en ese tiempo. Así que, Señor, tómate tu tiempo. Yo seguiré clamando, yo seguiré confiando de que tu reloj es mejor que el mío, mucho mejor.
La palabra aquí más importante en este verso es "paciente." Y aquí es la palabra griega makrothyméo. No es aquella que también se usa mucho, que es como resistir o perseverar, hypomonḗ, sino makrothyméo, y tiene un significado diferente a persistir o perseverar. Y en este caso, es aquella paciencia relacionada con el aplazamiento del juicio por el pecado cometido. Hay un pecado que se cometió, es el nuestro. Sin embargo, la paciencia de Dios hace que el castigo que merece ese pecado se aplace, se alargue. Todavía no. Hay algunos que pueden ser librados de ese castigo y yo quiero intervenir.
También en la definición que encontramos es ser paciente en soportar las ofensas e injurias de otros. Ay, hermanos, si hay algo que ha hecho Dios, es estar eso. Gente preguntando, juzgándolo a él. Cuando Cristo vino, también lo juzgaron, y hoy en día persiste. Él es paciente en soportar esas ofensas e injurias.
Y una que es conocida por nosotros y está en toda la Biblia: paciente, makrothyméo, es ser lento en la venganza, en la ira, en el castigo. Eso toma su tiempo, y tú puedes decir: "Pero, Señor, más rápido." Él no es lento para la ira, pero grande en misericordia.
Uno que tuvo una oportunidad que ninguno de nosotros ha tenido aquí fue Moisés. Moisés tuvo el chance de ver por lo menos las espaldas de Dios. Y tal vez no lo vio en ocho K, con ultra alta definición y súper mega ultra, sino que lo vio medio pixelado, así de lejos.
Si tienes algo de lo que he pisado, pregúntale a un joven veinte años menor que usted y lo entenderá. Medio borroso lo verá. Y cuando él vio eso medio borroso de Dios, ocultándose en una cueva entre las rocas, lo primero que sale de su boca en Éxodo 34:6 es: "El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad." Cuando alguien se atreve a ver a Dios, aunque sea de lejos y borroso, lo que resalta es su gran paciencia, su lentitud para airarse, su bondad inexplicable, un amor que nosotros no podemos calcular.
Eso es lo que Pedro está diciendo aquí. Tú sabes por qué Él se está tardando: porque no es como tú tampoco. No eres igual que Él en el tiempo, tampoco eres igual que Él en paciencia y en misericordia, por eso no lo entiendes. Y Pedro está aclarando eso una vez más.
Ahora, nosotros vemos este elemento de la paciencia no solamente que se muestra en el momento antes de que Jesucristo vuelva, como Pedro está diciendo aquí, sino en otros momentos de la historia bíblica. El mismo Pedro en la primera carta, capítulo 3, verso 20, nos habla de la paciencia que tuvo Dios en los tiempos de Noé. Dice así ese pasaje: "Fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé durante la construcción del arca." Dios había visto la maldad del hombre, había decidido juzgarle, pero decidió tener paciencia mientras Noé construía el arca. Y sabemos por lo que vemos, verdad, más adelante el mismo Pedro en esta segunda carta, que no solamente estaba construyendo el arca, sino que estaba predicando y pregonando. Es un predicador de justicia. O sea que Dios en su paciencia en ese tiempo también informaba a aquellos que iban a perderse de que venía un juicio, similar a nuestro tiempo, verdad. Dios sigue llamando a sus hijos al arrepentimiento.
Y si vamos a otros ejemplos de esa paciencia en la historia bíblica, podemos ver un momento también como espectacular en Sodoma y Gomorra, cuando Dios juzga enviando fuego desde el cielo. Pero antes de ese juicio Dios dice: "Vayan, saquen a Lot y a su familia de ahí porque esto viene." Ok, vamos a hacerlo. Sin embargo, Dios, dice un hombrecito llamado Abraham, sin embargo Dios, ¿tú has considerado que ese juicio tuyo, como que estás haciendo bien, Dios, pero es extremo? ¿Tú no pudieras pensar como que en Sodoma y Gomorra, una ciudad tan conocida y grande, puede ser que haya como cincuenta justos más? ¿Habrá? No hay. Ok Dios, pero puede ser... Y sigue Abraham reduciendo la cantidad hasta que llega a diez y no le queda nada al final. Y lo que me llama la atención es este Dios deteniéndose para hablar con este hombre antes de enviar su juicio. ¿Se está dando cuenta de esa paciencia? ¿Se está dando cuenta cómo Dios también lidia contigo y con otros también? Tú internamente o externamente argumentando con tu Dios: "Oh Señor, pero debe ser así, no." Y Dios en su paciencia: "Hijo mío, hija mía, aquí estoy." Él es un Dios paciente.
Alguien me recordaba en el break entre los dos servicios de otro momento de la paciencia de Dios con otro hombre, así como Abraham. Y es que Dios, después de liberar a Nínive, una ciudad que merecía castigo, a través de la predicación, si se puede llamar así, de Jonás, se liberaron, se arrepintieron, todos creyeron en Dios. Y Jonás, este cabezón, se pone allí debajo de una mata y comienza a quejarse: "Yo sabía que eras un Dios bendito y misericordioso." Claramente que Dios entonces le brinda explicación a este necio y resalta una vez más su misericordia y bondad de por qué lo hizo así.
Ese estudio de hermanos, en medio de la espera de Cristo o de cualquier espera, recuerda su carácter detrás, quién Él es. Él no está ahí parado como siendo nada. No, si Él está esperando, para nosotros Él está haciendo algo porque Él es alguien: eterno, atemporal, paciente, lleno de amor y misericordia. Confía en Él, descansa en ese corazón fiel. Si hay algo que tu enemigo quiere hacer contigo es hacer que tu visión de Dios sea borrosa, sea confundida, como lo hizo con Adán y Eva en la creación, en el Edén: "Que Dios es así allá, por eso es que hace esto." En esos momentos, cuando la preocupación y desesperanza llega a tu corazón, recuerda quién Él es, recuerda lo bueno que es, lo paciente que es, lo piadoso. Que Él sabe más que tú y que yo, y que Él actúa perfectamente.
Pedro continúa con dos expresiones. "No queriendo que nadie perezca," primero. Ahora dice: "Sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento." Aquí vemos que Pedro está hablando de estos amados y dice que es paciente con ustedes. ¿Quiénes? Bueno, los que están recibiendo esta carta. ¿Quiénes son esos? Bueno, las iglesias y los creyentes que van a recibir la carta. Y a esos creyentes él está diciendo: Él no quiere que nadie perezca. Si tú eres uno de los suyos, responde y arrepiéntete, porque lo que quiere es que vengas al arrepentimiento.
Y esto está en la Biblia, hermanos, muchas veces. Dios, quien ve el castigo en su tiempo y lo enviará, su juicio, la Palabra lo describe como aquel que no quiere que la gente pase por eso. O sea, un Dios tan bueno, pero que también es justo. Llegará un momento que aplicará su justicia, pero la Biblia dice que Él no quiere que el hombre ese día muera ni pase por ese castigo. ¿Cómo es eso? Él no lo quiere, pero Él es santo y lo va a hacer porque Él no se contradice a sí mismo. Uno de esos versos es Ezequiel 18:32: "Pues yo, dice el Señor, no me complazco en la muerte de nadie." Ahí no está como malicioso: "Yo no quiero que la gente sufra," no, declara el Señor. "Arrepiéntanse y vivan, ese es mi deseo, eso es lo que está en mi corazón."
Yo recordaba pensando en Dios de esa forma, de que cuando yo quiero aplicar mi castigo o disciplina a los que puedo aplicar la verdad, a mis hijos, yo a veces no soy así. Que Dios no se complace en el castigo de sus hijos. Es muy ocasión: "Está que aprenda ya," y hasta lo saboreo. Perdónenme, hermanos, pero yo soy así, he pecado así. Mi esposa me ha corregido, verdad, con respeto y en gracia. Pero comparándolo con Dios, Él no es así. El momento que te enjuicia, en el momento en que llega la consecuencia, no pienses que hay un Dios de: "Te dije, pero mereces, es necio, ¿gozaste ahora?" Ese no es Dios. Y el Dios de la Biblia está diciendo: "No quiero llegar a eso. Ven, arrepiéntete, hijo mío, abre los ojos." Pero soy santo y ese momento llegará.
Es evidente que aquí hay un pasaje medio controversial y yo no voy a entrar en todo el argumento teológico que pueda haber aquí, de que Dios, quien ha elegido a sus hijos, Él quiere que todos se arrepientan, como si que nadie perezca, como si Él eligió algunos. Bueno, hay una parte que tú y yo no tenemos como la responsabilidad ni el resultado final, y es elegir y salvar. Yo no puedo entrar en mi allí. Yo sí puedo ir a la Biblia, que es verdad, Dios me ha mostrado qué es verdad, y decir Dios es así, así lo hace. Pero una forma en que logré como encapsular tal vez esas decisiones y atributos de Dios fue en esta cita de Calvino, que me pareció excelente. Dice así: "Tan maravilloso es su amor por la humanidad que quiere que todos se salven. Dios anhela eso: vengan todos. Y está preparado por sí mismo para otorgar salvación a los perdidos. Yo estoy listo, aquí está la salvación." Dios con compasión extiende su mano a todos, hay una mano que se extiende, "pero debido a su propósito oculto eterno, sabio, su voluntad perfecta, solo toma aquellos que ha escogido antes de la fundación del mundo."
El Dios de amor extiende una invitación a todo el mundo, como decimos, que está aquí o que escuche en algún momento el mensaje de salvación. El hombre que predica o enseña no tiene la menor idea de quién escuchará ni será salvo, pero él sí sabe que Dios quiere que todos lo escuchen y vengan, y Dios se encargará de atraer a los suyos. Nosotros tenemos una labor, y el reloj de Dios entonces, en su paciencia, en su misericordia, estará esperando que todos sus hijos vengan al arrepentimiento.
Vamos a ir terminando con, primero, una pregunta, verdad, para hacernos pensar, y después el último verso. Y es: como hemos visto, hay algunos momentos de nuestra vida que nosotros también hemos pensado que Dios está atardado o es lento y que debería ser más rápido. El recordatorio de Pedro entonces es: recuerda quién Él es, recuérdalo. Ese eterno, atemporal, paciente y misericordioso. No te dejes engañar por el reloj humano. Confía en el reloj de aquel que prometió que volvería y que lleva el cronómetro del universo entero.
Por último, verso 10, y aquí Pedro reitera la promesa de su advenimiento: "Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas." Una vez más Pedro vuelve a las palabras de su maestro, Jesucristo, y utiliza las mismas palabras casi. El Señor vendrá, ¿cómo? Como ladrón. Y no le puso "en la noche," pero Jesucristo lo usaba: como ladrón en la noche, que nadie está esperándolo. Repentinamente ese día vendrá.
Un día la paciencia grandiosa, increíble de Dios llegará a su fin. Aquellos que tuvieron la oportunidad de haber escuchado ya no la tendrán, porque vendrá de repente. Vendrá ya sea cuando muramos, si nos encontremos con Él y seremos juzgados, o cuando Él venga y nos tome y le veremos. Y la forma en que Pedro describe aquí, lo ha hecho en varias ocasiones en la carta, es cataclísmica también. Y es que todo pasará como un gran estruendo. Serán destruidas todas las cosas y los elementos con fuego intenso. Serán quemadas.
Las obras más grandiosas que el ser humano haya podido hacer, que nosotros decimos ahora "¡wow!," todo se irá. No habrá un ser humano que pueda enorgullecerse en la presencia de Dios ese día y diga: "Señor, mira para atrás todo lo que yo he hecho." Pero no hay nada. Porque ninguna grandeza humana ha de activar el corazón de Dios en ese momento. Ni logros, ni títulos, nada.
Lo único que podrás presentar en ese momento es: "Señor, mira mi fe en Cristo Jesús. Él me ha traído hasta aquí." Y allí, entonces sí podrás celebrar.
Yo no conozco, hermano, ningún predicador serio que pueda gozarse exponiendo estos versos de juicio y de infierno. No es posible que un predicador de verdad diga esto con gozo, de que muchos se perderán y sufrirán. Eso es imposible. Eso es algo que a nosotros nos incomoda, y es cierto, en algunos casos no logramos comprender completamente, pero creemos en lo que Dios dice y lo pregonamos de esa forma porque es verdad.
Y la realidad es que, así como en el tiempo de esas vírgenes que hablamos la semana pasada, ese día llegará en que será cerrada la puerta y Dios diga: "No les conozco." Llegará ese día donde todo será destruido. Es una verdad seria y solemne que no debemos tomarla de forma ligera. Ese día llegará. ¿Dónde estaré yo cuando llegue el final de los tiempos? ¿Estaré yo haciendo su voluntad con obras que le glorifiquen a Él, o mis obras, como todo lo demás, serán destruidas?
Hermanos, estamos llamados a esperar conociendo a ese Dios, conociendo al Dios que gobierna ese reloj eterno. Un Dios paciente, un Dios atemporal. Espera en confianza en ese Dios, pero mientras esperas no desconectes lo que Dios nos ha enseñado las semanas pasadas. Mientras esperas, no es que Él se tardará; Él tiene su hora y su tiempo. Imagínate, en medio de ese concepto de esperar, muchos se van apagando: "Pero falta mucho, pero quién sabe." Y muchos de nosotros en nuestra vida cristiana nos vamos haciendo indiferentes ante una realidad de que ese día llegará cuando no lo esperemos. Y nuestra labor es anhelar esa venida con toda la pasión, porque un día estaremos con Aquel que amamos y que nos ama.
Por tanto, nuestra espera debe ser activa: en buscarle, en vivir para su gloria, en crecer más a su imagen, perdonar si tenemos que perdonar, en buscar más de su aliento y fortaleza.
Te voy a cerrar con dos pasajes, si me dan la oportunidad. Uno está en Hebreos capítulo 9, versículo 28, y el otro está en el final de los tiempos, en Apocalipsis. Hebreos 9:28: "Así también Cristo fue ofrecido una sola vez y para siempre" —sí, eso ocurrió ya, ¡gloria a Dios por eso!— "a fin de quitar los pecados de muchas personas." Allí estamos tú y yo, los que hemos creído; quitó nuestros pecados. Y sigue diciendo el autor: "Cristo vendrá otra vez, no para ocuparse ya de nuestros pecados" —no hay nada que hacer con los pecados, no es juicio— "sino para traer salvación a todos los que esperan con anhelo su venida." Nueva Traducción Viviente.
Recuerden entonces que Él no se tarda. Su reloj siempre está a tiempo, y su carácter es fiel, eterno, paciente y lleno de gracia mientras le esperas.
Pero voy a Apocalipsis, por último, 22:17, y esto es lo que tú y yo debiéramos decir al conocer que Él viene y todo lo que nos espera: "El Espíritu y la esposa dicen: ¡Ven! Y el que oye, diga: ¡Ven! Y el que tiene sed, venga; y el que desee, que tome gratuitamente del agua de la vida."
Creyente que estás aquí, anhela con pasión encontrarte con Él. Pasen los años, pasen los días, vengan las canas, las arrugas y todo lo que sea, pero espéralo con anhelo. Que tu cuerpo exterior se desgaste, pero que el interior vaya renovándose. Bendiga Dios el día de encontrarte con el Señor. Aquí está tu hijo, Papá. Soy tuyo, te esperaba, quiero gozarme y celebrar contigo. ¡Ven, Señor Jesús! Oremos.
Padre eterno, gracias. Gracias una vez más por recordarnos quién eres. Esto es lo más importante que todo ser humano pueda conocer: quién es Dios y cómo Él entonces nos define a nosotros. Tú eres grandiosamente inexplicable, eterno y fuera del tiempo. Nuestras aflicciones temporales no son comparables con aquella gloria que ha de manifestarse en el lugar eterno. Por tanto, Señor, ayúdanos a salir un poco de la esfera temporal y a tener nuestra vista en Aquel que es eterno, en las cosas eternas. Señor, ayúdanos a conocer tu corazón paciente, lleno de amor bondadoso, clemente, que espera, que tiene gracia para con tus hijos y para aquellos que un día responderán también con nosotros. Señor, que confiemos y descansemos en ese Dios paciente, y que como tu iglesia, al final de los tiempos, podamos decir: ¡Ven, Señor Jesús! En el nombre de Él, amén.
Joel Peña es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad. Sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Es pastor de los ministerios de jóvenes de la Iglesia Bautista Internacional y completó una Maestría en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.