Integridad y Sabiduria
Sermones

El reposo de Dios

Predicador Invitado 22 junio, 2008

El libro de Hebreos presenta a Jesucristo como superior a todo: superior a los profetas, a los ángeles, a Moisés, a los sacrificios del antiguo pacto. Fue escrito a judíos que, agotados por la persecución, estaban siendo tentados a abandonar su fe y volver al judaísmo. En medio de esa tensión, el autor les pone delante una palabra cargada de esperanza: reposo.

La Escritura habla de varios reposos. Está el reposo de Dios en la creación, que establece un patrón de trabajo y descanso. Está el séptimo día que el pueblo judío guardaba. Está la tierra prometida, a la que una generación no pudo entrar por incredulidad. Pero ninguno de estos es el reposo definitivo; todos son sombras de una realidad mayor. Si Josué les hubiera dado el verdadero reposo, no se hablaría después de otro día. Hay un reposo espiritual que el alma encuentra al venir a Cristo —"venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar"—, pero incluso ese descanso presente es solo una anticipación del reposo final: la eternidad con Dios, donde no habrá más lucha con el pecado, ni persecución, ni lágrimas.

Si el cielo es el reposo, entonces esta vida es el tiempo de trabajar. Como corredores en una carrera, debemos avanzar animándonos unos a otros, mirando a quienes corrieron antes por fe. Pero hay una advertencia seria: el corazón puede endurecerse poco a poco por la incredulidad, como le ocurrió a Israel en el desierto. Por eso el texto repite: "Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones." Este es nuestro "hoy". Somos extranjeros aquí, con un pasaporte celestial, buscando una ciudad permanente. Hasta que entremos en ese reposo eterno, no descansemos de vivir para la gloria de Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Del versículo 7, quisiera llamar la atención de ustedes a las referencias de la palabra "reposo" en esta sección, cada vez que el autor menciona la palabra "reposo".

Dice así: "Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me probaron y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación y dije: Siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo."

"Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo. Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio. Por tanto, que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la provocación."

"¿Quiénes fueron los que habiendo oído le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad."

"Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos, pero no les aprovechó el oír la palabra por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo."

"Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones."

"Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia."

"Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia, antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta."

El libro de Hebreos es uno de mis favoritos, y es uno de mis favoritos porque es un libro que exalta a Jesucristo como ningún otro en el Nuevo Testamento. Es un libro que nos plantea su grandeza por encima de cualquier otra cosa, precisamente a personas que estaban siendo tentadas a dar marcha atrás a la profesión de fe que habían hecho en Jesús. Los judíos estaban siendo perseguidos, estaban siendo tentados a decir: "No más, está bueno ya", y volver a las raíces y los fundamentos del judaísmo. Estas personas, leemos en el capítulo 10, ellos en una ocasión habían incluso perdido sus bienes, lo cual hicieron con gozo, pero estaban siendo tentados a volver a sentir la intensidad de la persecución y a decir: "Ya está bueno."

Y por eso el autor dice: ¿Cómo van ustedes a dejar a Jesucristo, que es superior a profetas, superior a los ángeles, superior a Moisés, superior a los sacrificios del antiguo pacto, superior en su nuevo pacto al pacto del Antiguo Testamento? ¿Cómo vamos a dar marcha atrás a nuestra profesión de fe en el Salvador de nuestras almas? El autor hace eso.

Otra cosa que hace este libro es contener advertencias para aquellos que estaban siendo tentados a abandonar esa fe. Advertencias de los peligros, los riesgos de la apostasía. Y esto no está enseñando que un verdadero cristiano puede perder su salvación. Esto está diciendo que nosotros tenemos que estar leyendo las señales de advertencia que hay en el camino para no tener un accidente, porque no todo el que dice ser cristiano lo es en realidad, y ese es el peligro de la apostasía.

Pero también este es un libro que eleva de manera singular la gran esperanza a la que nosotros hemos sido llamados. Es un libro que habla del cielo. Es un libro que habla del mundo venidero. De hecho, si nosotros observamos en el versículo 5 del capítulo 2, hay una expresión interesante. Dice: "Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando." Y uno lee los versículos anteriores y uno dice: ¿De dónde está hablando del mundo venidero aquí? Y uno no lo encuentra tan fácilmente. Pero dice: "Yo estoy hablando del mundo venidero."

Y lo que hace el capítulo 1 es hablar de que Cristo es superior a los ángeles y que los ángeles ministran a los que son herederos de la salvación. La salvación en la Biblia se presenta como algo pasado, presente y futuro. Nosotros fuimos salvos, estamos siendo salvados y seremos salvos. Y cuando dice aquí el texto que nosotros somos herederos de la salvación, está planteando que no la tenemos todavía. Es algo que recibiremos. Hay un aspecto futuro de la salvación que nosotros tenemos, y por eso es que yo creo que en el versículo 5 del capítulo 2 dice que es de ese mundo venidero del que él estaba hablando.

Bueno, yo quisiera hablarles un poco de ese mundo venidero y de la esperanza de ese mundo venidero, en el contexto de esa palabra "reposo" que vimos en el capítulo 3 y en el capítulo 4. La palabra reposo, créanme, llegar a la meta para mí ayer era un cielo. Cansado en el camino, loco por llegar a mi descanso, loco por llegar a mi reposo. Y hermanos, así debemos nosotros ver la vida cristiana. Debemos estar ansiosos por llegar al cielo, ansiosos por llegar a nuestro reposo. Y el autor está poniendo delante de los hermanos esa esperanza bienaventurada para que corramos la carrera cristiana como debemos hacerlo.

Yo les planteo que el autor aquí habla, en este contexto, de varios reposos. Varios reposos, no uno solo, porque para el pueblo de Israel tenía significado esta palabra, tenía un significado profundo. Y si lo vemos en un sentido cronológico, como el autor lo va planteando aquí en esta sección, en este libro, el autor les plantea la obra de Dios en la creación. Dios hace el mundo, una obra maravillosa, en seis días y dice que el séptimo él reposó.

Ahora, Dios hace esto como una manera de dejarnos una instrucción a nosotros. Por ejemplo, de tener un patrón de trabajo y reposo, trabajo y reposo. Y él no reposa porque necesita descansar; nuestro Dios no se cansa. Pero hay una enseñanza allí para nosotros, una enseñanza de que hay un ciclo laboral y de descanso para la vida del hombre que le conviene. ¿Y no es eso lo que enseñó el Señor Jesucristo, que el día de reposo —el hombre no fue hecho por causa del día de reposo, sino al revés— el día de reposo fue hecho por causa del hombre? El hombre ve allí una guía, un patrón de vida de trabajo y descanso, trabajo y descanso. La Biblia no exalta la pereza. La Biblia exalta el trabajo, y luego el reposo bien merecido para renovar energías para seguir trabajando. Y el punto es que nosotros estamos aquí en este mundo para trabajar para el Señor, para trabajar para el Señor. Y esta es parte de la enseñanza con este sentido del reposo y del labor que hay en la Palabra de Dios.

Entonces Dios reposó. El segundo reposo al que hay referencia en el pasaje es el reposo del séptimo día. El pueblo judío guardaba el séptimo día como día de reposo, y para ellos era un día significativo, un día singular. En el versículo 4 del capítulo 4 dice que Dios reposó de todas sus obras en el séptimo día. Y en base a esto, el cuarto mandamiento le decía al pueblo de Israel que el séptimo día era un día para ellos tener comunión de manera especial e íntima con Dios, un día de reposo espiritual.

Luego nosotros tenemos el reposo que Dios les prometió a ellos en la tierra prometida, la tierra de reposo. Que salen de Egipto, están trabajados y cargados con esa carga onerosa de esa esclavitud en Egipto. Luego salen al desierto y allí ellos reciben aún más señales de esta promesa de que hay una tierra que fluye leche y miel, pero ellos pecan en incredulidad. Y pecan en incredulidad, y Dios hace un juramento: "No entrarán en mi reposo." Y hay toda una generación que divaga por cuarenta años en el desierto, y por cuarenta años Dios les tolera. Dios no los fulmina instantáneamente. Dios permitió que ellos fueran muriendo paulatinamente, y ellos vieron todas estas muertes como un recordatorio de que ellos debían ejercer fe en las palabras de Dios y no recibirlas en incredulidad.

Pero ese reposo fue al que entró la siguiente generación. La siguiente generación, guiados por Josué y Caleb, entran a la tierra prometida. ¿Era acaso ya eso el cumplimiento del reposo que el pueblo de Dios debe esperar? No. El libro dice claramente en el versículo 8 del capítulo 4 que si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. No es ese el reposo.

Y es así que el libro de Hebreos nos enseña lo que son sombras de realidades. Nosotros, cuando vemos la sombra de algo, no la abrazamos. Si tienes la sombra de tu esposa, tú no le das un abrazo a la sombra. Tú le das un abrazo a tu esposa. Pero hay sombras y realidades. El día de reposo, tanto el día judío del séptimo día como la entrada a la tierra prometida, todo es una sombra de una realidad venidera.

Y la realidad venidera es el descanso en Cristo y la vida eterna en el reino de los cielos. Pero eso era una sombra. Ellos no podían poner toda su esperanza en esa entrada a esa tierra, como si eso fuera todo. Y si no, si ese fuera el reposo, no hablaría después de otro día. Habla de otro día. Habla de un reposo que tú y yo debemos anhelar.

Un cuarto reposo que entiendo que el libro también habla es el reposo espiritual. El reposo espiritual. Dice el versículo uno: "Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado." Dice que hay una promesa de entrar en un reposo que alguno parece no haber alcanzado. Otros sí. Otros ya entraron. Otros lo alcanzaron, pero hay otros que no. ¿Cuál reposo es ese? El reposo del alma. El reposo de encontrar salvación en Jesucristo.

Hay un descanso que el alma necesita y que solo Dios puede brindar. Y es el que Cristo habla en Mateo capítulo 11 cuando dice: "Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar." El alma sin Cristo, el alma sin Dios, es un alma trabajada y cargada. Es el alma que ha estado afanándose, trabajando por lograr salvación por medio de sus obras. Y trabaja y trabaja, y podemos hacer la vida entera buenas obras. La vida entera haciendo buenas obras, pero si no tenemos a Cristo en el corazón, eso se nos cuenta, dice la Escritura, como deuda. No como un salario, sino como una deuda. Y el hombre trabaja que trabaja y la deuda aumentando. "Pero yo lo que quiero es entrar al cielo por mis obras, yo lo que quiero es ganarme el cielo." Y él trabaja que trabaja y la deuda más grande. Trabajado y cargado, dice Cristo, no es así. Ustedes necesitan reposo para el alma. Venid a mí, y yo os haré descansar.

Es confiando única y exclusivamente en la obra perfecta y completa de nuestro Señor Jesucristo. Es uno de los temas que el libro de Hebreos trata, sobre todo capítulos 8, 9 y 10, planteando el sacrificio completo de Jesús, hecho una vez y para siempre; no se necesita otro. No se necesitan sacrificios incruentos por medio de la misa que se repiten continuamente. No es así que el hombre se salva. Un solo sacrificio, eficaz, completo, en el que tenemos que confiar para la salvación de nuestras almas.

Qué bueno que la Biblia lo describe como un reposo. El alma no tiene que estar agitada. No tenemos que estar en desasosiego. Venir a Jesucristo y entrar y estar en salvación es estar en paz con Dios. Es yo poder estar tranquilo. Una persona que está descansando, ¿está tensa? No está descansando. Es para precisamente salir de la tensión. Yo no tengo que estar todavía tenso como si estuviera en medio de la carrera. Se acabó la carrera. Si ustedes me ven a mí dando vueltas como un loco por aquí todavía, te digo, es que ya se acabó la carrera. Pero yo no me lo creo, pienso que tengo que todavía seguir corriendo. No, ya, ya, ya, descansa ahora. Bueno, venir a Cristo es ya descansa ahora. No te tienes que ganar el cielo. Ya Cristo lo ganó por ti. Ya, descansa.

Pero, hermanos, ese no es el descanso final. Eso es una anticipación del último reposo, el reposo final. Dice en el versículo 10: "Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas." Hay un sentido en el que hemos entrado en el reposo. Pero todavía dice el versículo 9: "Queda un reposo para el pueblo de Dios." Hay un reposo que no se ha cumplido todavía, y dice el versículo 11: "Procuremos, pues, entrar en aquel reposo."

Pastor, ¿hemos entrado, no hemos entrado? Sí y no. Ya entramos en el reposo en Cristo espiritual, pero todavía no hemos llegado. Todavía la meta está por delante. Hay algo que tiene que cumplirse. Hay algo que está futuro todavía y dice: "Procuremos entrar en él." No hemos entrado en ese. Hay otros siervos de Dios que ya han entrado, los que han partido a la presencia del Señor. Cuando alguien en Cristo muere, va a la presencia de Dios. Ese llegó ya. Nosotros que todavía estamos aquí, dice, todavía hay un trecho que recorrer. No hemos entrado en ese reposo. El lugar de descanso, en ese sentido, todavía no ha llegado. Estamos todavía corriendo en la carrera, y es ahí que el libro de Hebreos nos exhorta a correr poniendo nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.

Todavía estamos en ese sentido en la carrera y debemos correr mirando a todos los testigos que corrieron antes de nosotros, animados por el testimonio de los hombres y mujeres que vivieron por la fe antes que nosotros. Y animémonos nosotros a vivir por la fe hoy. Algunos leen el libro de Hebreos, van al capítulo 11, que es el que más la gente conoce y le gusta. Pero yo les propongo que el libro entero es bueno. Pero algunos van al capítulo 11 y ven a pasear por sus versículos como si fuera un museo. Si fuera un museo, tú entras al museo y te miras: "Qué bien. Ah, esto es interesante." Se detiene allí a ver aquello. Pero ya, bueno, Hebreos no se nos fue dado como un museo. Hebreos se nos fue dado para nosotros ver cómo nosotros tenemos que vivir por la fe. Lo que la fe tiene que hacer en nuestras vidas. Por eso dice: "Teniendo esa nube de testigos, ahora corre. Ahora corre."

Me viene el caso de un ejemplo que daba el pastor John MacArthur en una ocasión. A él le gustaba correr campo y pista. Y una vez había una carrera de relevo en la que él estaba participando, pero él era uno de los primeros. Y resulta que él hace su parte, los demás haciendo su parte, y llega el último participante. Y el último participante, de repente, se paró en medio de la carrera. Y ellos se quedan... Los otros que sudaron, se esforzaron para hacer su parte bien. Que el individuo viene y se frena. Y van y se acercan: "¿Te pasó algo? ¿Qué fue?" "No." "¿Cómo que no?" "Se me fue el ánimo." "¿Cómo que se te fue el ánimo?"

Entonces, Noé pasó todo ese trabajo construyendo un arca. Años y años allí clavando, teje que teje, está que está, que la gente va burlándose de él, contenido construyendo un arca. Entonces Abel arrancándole la cabeza él por ser fiel a la palabra del Señor, llevando el sacrificio adecuado. Entonces nosotros vemos a Abraham que está dispuesto a sacrificar a su hijo, ha salido a una tierra a la que ni siquiera conocía, muy fiel, dejando la comodidad de Egipto. ¿Y nosotros? "No, ya no tengo ánimo."

Véanme en un punto, hermanos. Si estos siervos de Dios corrieron así por medio de la fe, tú y yo también tenemos que seguir corriendo y correr por la fe, confiando en nuestro Señor, para hacer su voluntad. ¿Por qué Noé hizo lo que hizo? ¿Y lo que hizo Moisés? ¿Y lo que hizo Josué? ¿Por qué ellos hicieron lo que hicieron? ¿Por qué fueron obedientes a la palabra del Señor? Noé, ¿por qué no había dicho: "Señor, pero yo no veo agua aquí, nosotros quisiéramos una explicación"? Pues no, él construyó el arca donde no había agua. Un trabajo bien arduo con muy poca colaboración y la gente burlándose de él. Bueno, nosotros tenemos que hacer lo que tenemos que hacer porque Dios nos manda a hacerlo. Y confiando en Él, eso es fe, confiando en Él correr la carrera que tenemos por delante. Porque es la fe la certeza de lo que se espera.

¿Por qué vivir así? Porque para nosotros ese reposo es ciertísimo. Vale la pena correr y gastarnos y cansarnos, porque ese reposo es ciertísimo. El cielo está ahí, hermanos. Y debemos vivir ante las realidades de que ese cielo está ahí, que Dios lo ha prometido, que tendremos una eternidad para siempre con Él, para deleitarnos en todas las victorias que nos da. Las celebraciones serán allá, pero la hora de luchar esas victorias es de aquí.

Venga entonces, usted ve la relación de este ciclo: trabajo, reposo; trabajo, reposo; trabajo, reposo. Si el cielo es el reposo, ¿qué es esta vida aquí? Trabajo. Trabajo. Si tú tienes una idea de la vida cristiana que es mero descanso, una especie de turismo espiritual, estamos equivocados. Porque nosotros entendemos que la Biblia lo presenta como una carrera. Es nosotros luchar y trabajar para que el cielo sea un verdadero descanso.

Que es lo que nosotros encontramos en Apocalipsis capítulo 14. Se vuelvan conmigo, lean ese pasaje conmigo, por favor, en Apocalipsis capítulo 14. Lean conmigo y vean esto en el versículo 9 hasta el 13. Nosotros vemos por un lado habla de los incrédulos que no tendrán reposo en su condenación, y luego habla de los creyentes que sí tendrán reposo de su trabajo.

Dice en Apocalipsis 14, versículo 9: "Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira, y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero. Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre."

Uno ve ese tipo de prisiones que hay donde ponen a las personas a hacer trabajos forzados, y normalmente es la imagen de alguien que está rompiendo rocas. Imagínense una eternidad trabajando, trabajando, rompiendo rocas. Trabaja, trabaja, trabaja, trabaja, trabaja, trabaja. Se consume. Pasó en los campos de concentración. Bueno, el infierno es descrito en la Biblia como un lugar donde no hay reposo. No hay descanso, no hay alivio. Eso es el infierno en la Biblia.

Es decir, tú quieres paz y tranquilidad sin Dios, a tu manera, que es este mundo. Disfrútalo lo más que tú puedas, pero entiende eso: que en el día del juicio comenzará un tiempo de no alivio, no reposo, que durará por toda la eternidad. Por otro lado, la Biblia nos enseña que debemos trabajar para Dios, vivir para el Señor, y luego cosechar una eternidad de reposo y descanso en Él.

Que lo que enseña aquí, luego dice, después de decir que estos no tienen reposo de día ni de noche, dice el versículo 12: "Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen." Descansarán. ¿Para quién no hay descanso? No hay reposo. Pero los que están en Cristo, sí descansarán. Y ese reposo es un reposo eterno, un reposo eterno.

En 2 Tesalonicenses, capítulo 1, dice que es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder. Sí, Dios nos va a dar reposo, hermanos, pero no ahora. Ahora es espiritual, ahora descansamos en Cristo, ahora tenemos alivio, estamos seguros en Jesucristo, pero eso no es todo. Lo mejor está por venir y es en el reino de los cielos. Dice que cuando Cristo se manifieste, habrá reposo. Ya no habrá angustiarse, no habrá cristiano perseguido, no habrá ya más lucha con el pecado. ¡Se acabó!

Ustedes no han terminado a veces esos días, que usted solamente luchando con el pecado, usted termina agotado el día. Es una lucha mental, un esfuerzo espiritual, orando: "Señor, líbrame de esto, yo no sé qué es lo que me pasa." Se nos acabó la lucha, va a llegar el momento donde se acabó la lucha, hermano. Descanso de verdad, descanso de verdad.

Había que ver el escenario de guerra que había después de la carrera de ayer. Ciertamente algunos lo llevaron en ambulancia, espero que no haya sido nada crítico, pero habían muchos corredores cansados recuperándose. Pero uno tiene el sentido de victoria, esos corredores con sus medallas, exhortándose el uno al otro, animándose: "Valió la pena, qué bueno, qué experiencia." Hermano, usted se imagina lo que será llegar al cielo. Uno va a llegar con un muerto aquí, el otro va a llegar cojeando, el otro va a llegar, pero hermano, vamos a estar en el cielo. Y vamos a estar en el cielo allí, teniendo a Dios enjugando cada una de nuestras lágrimas, con marcas de lo que pasó aquí, pero vamos a estar con el Vencedor, con el Rey de reyes y Señor de señores. El punto es: vale la pena, vale la pena luchar para llegar a Él.

Eso es lo que está diciendo el autor en Hebreos, hermano. Precisamente para eso les está escribiendo de ese tema, hermanos que estaban padeciendo por esa persecución y que estaban siendo tentados a marchar atrás. Vale la pena seguir adelante. Este mundo no vale la pena, no vale la pena el cambio. De yo, por las cosas de este mundo, las bagatelas de este mundo, los disfrutes temporales de este mundo, cambiarlo. Por eso precisamente Moisés tomó una decisión trascendental. Dice que él no se aferró a los deleites temporales del pecado y la riqueza que en Egipto él podía encontrar.

Y hay un Egipto espiritual que nos promete y nos brinda un montón de cosas, espejismos del alma, que prometen satisfacción y nunca la podrán dar. Sin embargo, qué nos promete el Señor: delicias en su presencia eternamente y para siempre. Y el diablo es un buen vendedor, y a veces hemos comprado sus cosas. Vamos al departamento de devolución y devolvamos todas esas cosas que no valen la pena. No valen la pena, hermanos.

Antes bien, nosotros anhelamos ese descanso bien merecido, si podemos llamarlo así: "Señor", le dijo, "bien, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor." Y les decía a los hermanos en la hora anterior que reunirnos en el día del Señor, adorar a Dios, es poder nosotros tener una mirada al cielo, y nos juntamos para exhortarnos los unos a los otros a seguir hacia adelante.

Por eso cuando Pablo escribe a los tesalonicenses, son cartas que se van a hacer leer en las iglesias, y en el capítulo 4 les habla de la resurrección, dice que seremos transformados, y al final les dice: "Alentaos los unos a los otros con estas palabras." Hermanos, saben para qué nosotros venimos a la iglesia. Dice Hebreos capítulo 10 que nosotros venimos a la iglesia, aparte de adorar al Señor que es lo principal, dice que venimos a exhortarnos los unos a los otros. Venimos a exhortarnos los unos a los otros. Alentémonos los unos a los otros, alentémonos los unos a los otros.

A veces yo veo que nosotros lo que hacemos más es desalentarnos entre nosotros mismos que alentarnos. Nos fijamos más en las cosas negativas, lo que está mal, y no nos alentamos. Cuando lo que tenemos es que animarnos como corredores. Imagina yo corriendo ayer y la gente pasando por el lado para decirme: "Deja eso, hombre." Ahí sí ve la que fácilmente freno, yo me paro. Pero no, qué bueno era ver a los corredores, algunos que van delante, porque a veces uno se cruza por diferentes vías, a veces uno delante o todos detrás, y diciendo: "¡Vamos, ánimo, que podemos, vamos arriba, aquella llano, vamos arriba!"

Hermanos, para eso estamos nosotros, para animarnos unos a los otros. Alentémonos con esa esperanza a la que Dios nos ha llamado. Pero tenemos que cuidarnos del orgullo, cuidarnos del orgullo que nos hace descansar en nosotros mismos, y de pensar que nos merecemos el cielo, y entramos a la salvación por la gracia y seguimos por nuestro propio esfuerzo nada más. No, hermanos, no debemos estar tan descansando en nosotros mismos, sino descansar en el Señor y depender completamente de su gracia. Pero eso significa que debemos esforzarnos. No es que no vamos a trabajar. Recuerden que tenemos que trabajar para descansar. Por eso es que el autor dice: "Procuremos, pues, entrar."

Eso significa que hay una labor, que hay que ir haciendo. Eso significa que nosotros vamos a estar dedicados a la causa del Señor, que no son solamente los pastores los que están dedicados a la causa del Señor, que no son solo los líderes los que están dedicados a la causa del Señor. Es todo cristiano, tiene que estar dedicado a la causa del Señor. Y cuando tú sales a la calle, tú eres un representante de Cristo, dondequiera que tú te encuentres, un representante de Cristo.

Y la hora de trabajar es esta, mis amados hermanos. Trabaja aquí todo lo que tú tengas que hacer. Dice: lo que venga a tu mano para hacer, hazlo con toda tu fuerza. Dice que lo hagas, porque después ya se acabó la hora de trabajar. No es en el cielo la hora de trabajar, la hora de trabajar es aquí. Después tendremos el reposo, el descanso, que tú debes procurar con todo tu corazón, pero con una actitud de temor. Temamos, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. ¿Y cómo pasó eso? La incredulidad se fue metiendo poco a poco en el corazón, y el corazón se fue endureciendo. Tenemos que ser sensibles a la voz del Señor.

Y cuando el autor dice esto, a mi mente lo que viene en el escenario es como si el autor... Porque fíjense lo que pasa aquí: esto fue algo que ocurrió con el pueblo en el desierto. La primera vez ocurrió con el pueblo en el desierto, y ellos endurecieron su corazón. Luego encontramos una cita del Salmo 95, que es la que se cita aquí en este capítulo, donde David le habla al pueblo cientos de años después, diciendo: este ejemplo pasó en el pueblo, tengan ustedes cuidado. En la época de David dice: si alguno oyere hoy su voz, ese es el hoy de la oportunidad, si alguno oyere hoy su voz, que no endurezca su corazón. Luego está el tiempo cuando el autor de Hebreos escribe esto, ese es otro hoy diferente, y a ellos les dice: si alguno oye hoy su voz, no endurezca su corazón. Pero hay otro hoy, ese es el que estamos tú y yo ahora. Y este es un hoy en el que nosotros tenemos que escuchar la voz de Dios, citamos una vez más palabras del Salmo 95, y no endurecer nuestro corazón.

Dice: ¡hay un peligro, hermanos! No debemos caminar por este mundo y trabajar como si no hubiera peligros. Hay peligros, peligros de que se introduzca en nosotros el pecado de tal manera que incremente la incredulidad, y eso provoca dureza de corazón. El corazón se va endureciendo, y los doctores saben muy bien lo que pasa cuando esos músculos empiezan a endurecerse, ¿no? Cardioesclerosis, ¿cómo le llaman? Entonces esa es la palabra que se utiliza: se endurece el corazón. El corazón espiritual empieza a endurecerse y tus venas empiezan a taparse. Y resulta que ustedes tienen diez años aquí, ¿no? Once años, que a lo mejor vendrán a la mente algunos nombres de personas que ya no están aquí. Hubo un día que les dio un infarto espiritual, el corazón se endureció, la incredulidad tomó lugar y las consecuencias no se hicieron esperar.

¿Por qué estas advertencias aquí? ¿Por qué estas advertencias en la Palabra de Dios? Son advertencias de amor, para que nos vaya bien y para que todos terminemos la carrera. Yo no sé cuántos habemos aquí sentados, pero aquí hay un hoy de advertencia que nos dice: corramos todos bien, para que todos lleguemos allá, que todos lleguemos allá. Una de las cosas que ocurren en las listas de carreras: primer lugar, segundo lugar, y después pone DNF, no terminó. El número tal no terminó, el número tal no terminó. Que no se diga de ninguno de nosotros aquí, que crucemos la eternidad y se diga: ese no terminó y pasó a una condenación. Sino que todos crucemos. Yo no quiero llegar de primero, yo no quiero llegar... Algunos de esos corredores corren por dinero y ganan algo, un premio. ¡Ah! Yo nunca corro por eso, porque yo sé que yo nunca voy a ganar. Yo quiero llegar al cielo.

Y nosotros tenemos que anhelar con todo nuestro corazón cuidar nuestras almas de tal manera que no corramos el riesgo y el peligro que les pasó a estas personas. Y por eso se incluyó esta advertencia de amor, para que nadie, ninguno de nosotros, ninguno de ustedes, ninguno de ustedes aquí... Recuerde las palabras de este pasaje. Tenga que recordar mis palabras en el infierno. Que de ninguno aquí tenga que decirse: tú desperdiciaste el hoy que Dios te dio de oportunidad para tú entrar en mi reposo, y dejaste que la incredulidad abrazara tu corazón, se endurecieron las paredes de tus venas espirituales y sufriste un infarto espiritual. Que de ninguno aquí se tenga que decir eso. No, que todos nosotros avancemos, uno entrando primero y otro después, pero todos entremos a la Canaán celestial.

Porque nosotros no somos de los que esperamos aquí otra recompensa, sino que nosotros esperamos una ciudad permanente por venir. Dice Hebreos 11:13: "Conforme a la fe murieron todos estos, sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos y creyéndolo y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra." Eso es lo que somos: extranjeros. No somos de aquí, tenemos un pasaporte celestial. "Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria. Pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial. Por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad."

Debería decirse que nosotros no nos avergonzamos de Dios, pero dice que es Dios el que no se avergüenza de nosotros si abrazamos una esperanza con todo nuestro corazón. Aquí hay un grupo de hombres y mujeres que son peregrinos, que tienen un pasaporte que dice: del cielo. Vivamos, vivamos como ciudadanos del cielo. Hablemos el lenguaje del cielo. Comportémonos como ciudadanos del cielo. Se conoce cuando hay una persona extranjera en medio de nosotros, siempre habla con acento. Bueno, hablemos con el acento celestial, hermanos. Hablemos con el acento celestial. Que se vea por cómo nosotros vivimos que somos del cielo y que no somos de aquí.

Que Dios nos ayude, que Dios nos conserve, nos conserve. Que Dios nos dé esperanza, nos anime. Esto no es, mi amado hermano, no te dejes engañar, que no es esto. Hasta que no entremos en el reposo, no descanses, no descanses, y vive para la gloria de Dios.

Predicador Invitado

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