Integridad y Sabiduria
Sermones

Respondiendo correctamente a lo que Él ha hecho

Joan Veloz 17 julio, 2022

La sangre de Cristo abrió un camino que antes estaba cerrado. En el antiguo pacto, solo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año al lugar santísimo, donde moraba la presencia de Dios. Nadie más podía acercarse. Pero cuando Jesús murió en la cruz, el velo del templo se rasgó de arriba abajo, y ese camino quedó inaugurado para siempre. No fue un pago parcial, como los sacrificios que solo cubrían los intereses de una deuda; fue el pago total. Ya no hay deuda contra nosotros. Y ese sacrificio es nuevo cada vez que alguien lo recibe, y es vivo porque trae vida a quien lo abraza.

Ante esta realidad, la respuesta correcta no es quedarse a la distancia. Dios invita a acercarse con corazón sincero, con plena certidumbre de fe, con una conciencia limpia y en un proceso constante de santificación. Él quiere el corazón completo, no dividido. Y promete que quien lo busca de todo corazón, lo encontrará. La fe que se requiere no es distinta de la que ejercemos cada día cuando tomamos un vaso de agua confiando en que está limpia, o cuando seguimos una indicación médica sin cuestionar. La diferencia está en el objeto de esa fe.

Pero la vida cristiana no se vive en soledad. El llamado incluye estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, sin dejar de congregarnos. La iglesia no es un club de gente perfecta, sino un cuerpo de pecadores perdonados que se necesitan mutuamente. Como en un maratón, se corre mejor acompañado. Y mientras el día se acerca, la urgencia de vivir esto juntos solo aumenta.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Una de las preguntas más comunes —quiero utilizar esto a nivel de introducción— que suelen hacer los jóvenes cristianos cuando están en su proceso de enamoramiento, de cortejo el uno al otro para conocerse, es: ¿cuál es tu libro favorito de la Biblia? Y si tú tienes novia y estás en esta etapa ahora y no te sabes el libro favorito de tu novia, yo quiero motivarte a que le preguntes, porque en la despedida de soltero te lo van a preguntar. O por lo menos así era en mi tiempo, aunque hace tantos años que yo no voy a una despedida de soltero.

Si soy honesto, últimamente voy más a funerales que a bodas. Pero eso lo haré en otro corte; no, no hago nada de eso. La verdad es que uno se va pasando los años y hay cosas que van cambiando.

Pero volviendo a hablar del libro favorito de la Biblia, en el día de hoy yo quiero compartir con ustedes un texto que se encuentra en mi libro favorito de la Biblia, que es la carta a los Hebreos. Una carta que para muchos es el mejor resumen de toda la Escritura, y donde podemos ver a Cristo presentado en sus diferentes roles y siendo exaltado con la gloria y majestad que solamente Él merece. Así que yo quiero invitarte a que me acompañes a Hebreos capítulo 10. Estaremos revisando o estudiando del versículo 19 al versículo 25, y esta es la Palabra de Dios.

«Por tanto, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne, y puesto que tenemos un sumo sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestros cuerpos lavados con agua pura. Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es Aquel que prometió. Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.»

Esta es la Palabra de Dios. Y permítame orar una vez más antes de comenzar a exponerla. Señor Dios, gracias, gracias por Tu Palabra. Gracias, Señor, por darnos la oportunidad de conocer Tu voluntad para nosotros. Y ahora, por la sangre de Cristo y por los méritos de Cristo, queremos rogarte: habla a Tu pueblo, ministra a Tu pueblo, enseña a Tu pueblo y anima a Tu pueblo a caminar conforme a Tu voluntad.

Séanos con nosotros en el nombre de Jesús, amén.

Muy bien, hermanos. Si pudieron ver de una manera resumida, el autor de Hebreos aquí nos recuerda brevemente lo que el Señor ha hecho y nos anima, o nos exhorta, a responder en base a lo que Él ha hecho. Es por eso que yo he titulado mi mensaje de hoy: "Respondiendo correctamente a lo que Él ya ha hecho." Y tú te preguntarás: ¿por qué el término "correcto"? ¿Por qué no simplemente "la palabra"? Porque hay una forma incorrecta de responder a eso, y si tú no me crees, sigue leyendo el capítulo de Hebreos y te vas a dar cuenta de cómo algunos respondieron a lo que Dios había hecho. Y nosotros, ¿qué queremos hacer? Queremos responder como Dios quiere que lo hagamos. Amén.

El versículo 19 comienza de esta manera: "Entonces, hermanos..." El autor, lo primero que quiere dejar claro, es que él está hablando aquí a hermanos —hermanos judíos que habían dejado el judaísmo y que habían abrazado la fe, que habían dejado ciertos rituales y habían abrazado la fe cristiana. Es por eso que cuando tú estudias el libro de Hebreos te encuentras con muchas alusiones al antiguo pacto, a los sacrificios, al sumo sacerdote, porque esta carta va dirigida a hermanos judíos que se habían apartado del judaísmo.

Él comienza con la palabra "entonces", y esta palabra nos sirve, desde el punto de vista del autor, para conectar dos ideas. Hay algo que él dijo ya anteriormente en el capítulo 10 que es lo que nos permite a nosotros ahora tener confianza para entrar al lugar santísimo. ¿Y qué es? ¿Qué es lo que él ha dicho? Quiero leerlo con ustedes. Vayamos al versículo 11 del capítulo 10 al 18. Dice: "Ciertamente todo sacerdote está de pie día tras día, ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios que nunca pueden quitar los pecados" —haciendo alusión a lo que el sacerdote hacía en el antiguo pacto—. "Pero Cristo, habiendo ofrecido un sacrificio por los pecados para siempre, ¿qué hizo? Se sentó a la diestra de Dios, esperando que sus enemigos fueran puestos por estrado de sus pies, porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados."

"También el Espíritu nos da este testimonio, porque después de haber dicho: 'Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días', dice el Señor: 'Pondré mis leyes en su corazón y en su mente las escribiré.'" Y nunca más —oye esta palabra, hermano; yo quiero que tú la puedas leer con detenimiento, busca tu Biblia, márcala, porque es vital que tú puedas entender este texto— versículo 17: Dios dice: "Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades." "Ahora bien, donde hay perdón de estas cosas, ya no hay ofrenda por el pecado." El autor nos dice: como tus pecados fueron perdonados por Cristo, como ya no hay deuda contra ti, ahora tú puedes venir confiado, con confianza, y entrar al lugar santísimo.

Cuando yo leo esto, me llega la pregunta a mi mente: ¿yo puedo tener confianza realmente de que mis pecados han sido perdonados? ¿Yo puedo tener certeza de que yo soy un perdonado de Dios? O, como suelen decir algunos: "Bueno, Dios es el que conoce los corazones; solamente Dios sabe; el día final sabremos si realmente soy salvo o no." Pero cuando vamos a la Escritura, la Palabra de Dios, nos damos cuenta de que hay versículos claros que nos recuerdan que yo estoy llamado a tener certeza de mi salvación, que estoy llamado a tener seguridad de mi salvación.

Cuando el apóstol Pablo escribía a los filipenses, en Filipenses 1:6, ¿qué les decía? "Porque yo estoy convencido —convencido, yo no tengo dudas— precisamente de esto, de que el que comenzó la buena obra en ustedes la va a perfeccionar hasta el día de Cristo Jesús." Y cuando él escribe también más adelante a los romanos, en Romanos 8:16, él dice: "El Espíritu de Dios da testimonio a mi espíritu." ¿De qué? ¿De qué da testimonio? De que yo soy hijo de Dios. Una de las funciones del Espíritu Santo es confirmarnos a ti y a mí de que somos suyos, de que somos hijos de Dios. Es por eso que nosotros, confiados, podemos venir ahora, según el versículo 19, a entrar al lugar santísimo, a entrar al lugar donde moraba la presencia de Dios.

Para aquellos que no conocen a profundidad o en detalle el Antiguo Testamento: se había establecido que Dios iba a morar en medio de su pueblo en el tabernáculo, o en el templo cuando el templo fuera preparado. El templo tenía lugares que conformaban como un gran patio —los llamados lugares santos—. Mientras ibas acercándote, tenía el lugar santo, y detrás del velo estaba lo que era el lugar santísimo, y ahí moraba la presencia de Dios. Solamente el sumo sacerdote podía entrar una vez al año a ofrecer sacrificios por los pecados de la nación de Israel; nadie más podía entrar ahí, nadie podía acercarse. Incluso hoy, si tú vas a Jerusalén, en el monte donde se entiende que estaba construido el templo, hay un área donde a las personas no se les permite caminar, porque se entiende que ahí estaba el lugar santísimo.

Y ahora la carta a los Hebreos nos está diciendo: ustedes pueden tener confianza para entrar ahí. Y yo imagino cuando esta gente —que eran judíos que entendían esto, la santidad de este lugar— leyeron esto: "¡Ahora podemos entrar donde está la presencia de Dios! ¿Podemos entrar allí?" Sí, podemos entrar allí. ¿Y por medio de qué dice el autor que podemos entrar allí? Vamos a leer una vez más el versículo 19: por medio de la sangre de Jesús. La sangre de Jesús fue lo que nos permitió a nosotros hoy poder entrar al lugar santísimo. Fue su sangre, y no otra cosa. No nuestras buenas obras, no un santo o algún otro intercesor; fue la sangre de Jesús la que nos permitió y nos reconcilió con Dios, abriendo el camino que se había cerrado por la caída, por el pecado, por Adán.

Nos dice el texto que la sangre de Jesús nos permite entrar al lugar santísimo. ¿Y por dónde vamos a entrar? Versículo 20: "Por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne." Jesús inauguró un camino nuevo, un camino vivo. Como yo decía anteriormente, eran sacrificios que se hacían para poder pasar por alto los pecados; el pueblo, para estar bien con Dios, tenía que sacrificar un animal año a año. Pero eso era como cuando hoy tenemos una deuda: yo le devuelvo al banco un millón de pesos, el banco me cobra interés, año a año. Eso es lo que ellos hacían: pagaban los intereses, pero la deuda se quedaba igual.

Lo que el autor nos está diciendo ahora es que Jesús ha pagado la totalidad de la deuda, no solamente los intereses. Él ha saldado mi deuda; no hay deuda contra mí, Él canceló la deuda que había contra nosotros. Y el texto dice que Él ha hecho un camino vivo y nuevo. Lo inauguró ¿para quiénes? ¿Para otros? ¿Para la nación de Israel solamente? No, para nosotros. ¿Tú has podido decir eso alguna vez? Lo que Jesús hizo, lo hizo por mí y para mí. Yo quiero invitarte a que lo hagas personal. No lo leas simplemente como un texto motivador; hazlo personal. Jesús inauguró un camino para Joan, para Carlos, para Luis, para Chiki, para nosotros. Un camino que es nuevo y un camino que es vivo.

Y quizá te preguntarás: ¿cómo un camino puede ser nuevo y vivo? Voy a citar al pastor John MacArthur, quien hace una explicación que me parece muy acertada de este texto. Él dice: el sacrificio de Jesús es efectivo en todo tiempo; por lo tanto, se habla de que es nuevo. Es siempre nuevo porque Él es realmente el Cordero inmolado desde la fundación del mundo; su sacrificio siempre es nuevo. Y para el hombre que viene a Él, el sacrificio de Jesús es nuevo: aunque Cristo murió y fue clavado en una cruz hace dos mil años, cuando yo escucho esta Palabra y yo me arrepiento, su sacrificio es nuevo para mí, porque la Biblia dice, a través del apóstol Pablo, que en el momento en que eres salvo mueres con Cristo, estás crucificado con Cristo. Pero vives —por eso es vivo—. Cuando yo acepto a Cristo, el sacrificio es nuevo; pero cuando he empezado a vivir por Él, eso me trae vida a mí, por eso es vivo.

Así, en un sentido muy real, dice el pastor MacArthur, la crucifixión de Cristo es tan nueva como el momento en que tú la experimentas, en una forma nueva, pero también en una forma viva. Cuando Cristo murió en la cruz y derramó su sangre por nosotros, no solamente lo hizo por nuestros pecados pasados; Él murió por nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Por lo cual, cuando yo acepto su sacrificio, ese sacrificio es nuevo ese día. Cuando yo peco, yo puedo venir delante de Él y arrepentirme, y su sacrificio es nuevo para mí ese día. Cuando yo digo: "Señor, yo voy a vivir por ti", su sacrificio es vivo para mí ese día. Por lo cual el camino que Él inauguró para nosotros es un camino nuevo y es un camino vivo.

Ahora, es interesante que el texto también dice que este camino lo inauguró por medio del velo, y también dice que ese velo es su carne. El autor dice que el velo es la carne de Jesús. ¿Y qué es lo que el autor nos está diciendo aquí? Él nos está diciendo que cuando la carne de Jesús fue desgarrada en la cruz, cuando Jesús pagó y murió en la cruz, de una manera muy real el velo que nos separaba de Dios fue roto, y hoy el camino al Padre es visible y está ahí para nosotros. Y eso fue algo tan literal que miren lo que pasó cuando Jesús murió. Mateo 27:50-51 dice: "Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu. En ese momento el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las rocas se partieron." Las rocas se partieron, el velo se rasgó, el camino al Padre quedó inaugurado, y hoy tú y yo podemos acercarnos con confianza a Él.

Ahora bien, lo que hizo Jesús no fue solamente abrir el velo al morir, porque Él no se quedó en la tumba; la tumba no lo pudo retener. Él resucitó, y al resucitar, ¿en qué se convirtió? Versículo 21: "Puesto que tenemos un gran sumo sacerdote sobre la casa de Dios." Jesús no solamente abrió el velo, sino...

Que resucitó, subió al Padre y está ahí como intercesor intercediendo por ti, por mí. Cada vez que pecamos y que el Padre pudiera decir "pecador condenado", Cristo dice: "ese es mío, yo pagué por él". Abogado tenemos delante del Padre. Cuando Juan le escribe a sus lectores en su primera carta, en el capítulo 2, versículo 1, le dice: "Hijos míos, les escribo estas cosas para que no pequen, y si alguien peca, recuerden esto: tenemos abogado con el Padre, a Jesucristo el justo. Él mismo es la propiciación por nuestros pecados."

Jesús inauguró un camino nuevo y vivo para nosotros, para que podamos venir con confianza, con certeza delante de nuestro Padre. Pero no solamente eso, sino que decidió ascender y denominarse a sí mismo como nuestro intercesor, como nuestro abogado, como nuestro gran sumo sacerdote que intercede delante de Dios por nosotros. Recuerden que en el Antiguo Testamento, en el antiguo pacto, esa es la función del sumo sacerdote: él representaba al pueblo e intercedía por el pueblo delante de Dios. Y ahora nosotros tenemos a Dios mismo intercediendo delante de Dios por nosotros, a Cristo Jesús mismo.

Esto es lo que Él ha hecho por nosotros, y la pregunta ahora es cómo vamos a responder a esto, qué vamos a hacer nosotros con esto. Y el autor nos exhorta, ¿a qué nos exhorta? Versículo 22: "Acerquémonos, acerquémonos, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado por agua pura." Mi respuesta natural ante conocer lo que Dios ha hecho por mí debe ser querer estar ahí cerca, untico de Él, pegado cerca de su presencia. Pero muchos de nosotros conocemos estas cosas y preferimos manejarnos en la periferia, estar a la distancia, pudiendo estar cerca de nuestro Dios adorándole, y nos mantenemos lejos. El deseo de Dios es que estemos cerca de Él, que vengamos con confianza delante de Él, sabiendo que Él no es un Dios extraño, Él es nuestro Padre.

Cuando mi hijo se hace daño, lo primero que hace es correr donde mí y abrazarme, porque entiende que en mí encontrará seguridad. Es de la misma forma que nosotros debemos acercarnos a Dios, como hacia nuestro Padre, sabiendo que Él, en la persona de Jesús, fue tentado en todo, no pecó, es empático con nosotros, nos entiende y nos ha dicho: "Acércate, ven a mí, acércate a mí." Él quiere que hagamos eso, pero quiere que lo hagamos bajo sus términos, no bajo los nuestros.

Es por eso que Él dice: "Acerquémonos", pero ¿cómo? Y da algunas condiciones bajo las cuales tenemos que acercarnos. La primera que Él dice es: acerquémonos con corazón sincero. Un corazón sincero es un corazón genuino, un corazón que se acerca a Dios sin hipocresía, sin dobles intenciones, sin superficialidad. Es un corazón completo, y como hemos dicho anteriormente, Dios quiere nuestros corazones completos, porque un corazón dividido no es un corazón para Dios. Dios siempre ha estado interesado en nuestros corazones. Miren cómo lo dice el autor de Proverbios, en el capítulo 23, versículo 26: "Dame, hijo mío, tu corazón." Escuche a un padre hablando a su hijo: "Dame, hijo mío, tu corazón, y que tus ojos se deleiten en mis caminos."

Dios quiere nuestro corazón. Y quizás algunos preguntan alguna vez: "¿Por qué es que yo siento a Dios distante? ¿Por qué se me hace tan difícil acercarme a Él? ¿Por qué yo siento esta pared que me separa?" Hermano, el problema no es Dios. Dios siempre está interesado, está interesado en que los suyos vengan a Él. El tema es cómo le estamos buscando, cómo nos estamos acercando a Él. Jeremías 29:13 dice, Dios hablando de su pueblo: "Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón." No bajo nuestros términos, no en nuestro tiempo, no con nuestros ídolos en las manos. Y cuando me refiero a ídolos, me refiero a todo aquello que pudiera competir con Dios: hijos, trabajo, esposo, educación, ministerio inclusive. Si nos vamos a acercar a Él, es bajo sus términos, y Él quiere nuestro corazón completo. Y era la promesa: "Si me buscas con todo tu corazón, me hallarás." ¿Lo vamos a buscar? Nos acercaremos con corazón sincero.

En segundo lugar, Él dice: tienes que acercarte en plena certidumbre de fe. Dios quiere que le busquemos con plena seguridad, no dudando, no con un "bueno, quizá le encontraré", no. Yo tengo certeza de que le encontraré. Y cuando hablamos de plena seguridad, hablamos de entera confianza, de plena convicción, de confianza absoluta, de una fe total. Él espera eso de nosotros. El autor de Hebreos, cuando escribe más adelante en el capítulo 11, lo que hemos llamado el salón de la fama de la fe, dice: "Sin fe es imposible agradar a Dios." Y sigue diciendo: "El que viene a Dios debe creer que Él existe y que es galardonador de los que le buscan diligentemente." Esa palabra "diligentemente" no está de más ahí, porque esa es la manera en que Dios quiere que le busquemos: diligentemente.

"Pastor, pero es que es tan difícil. Yo lucho con eso, es complicado, es pesado." ¿Cuántas veces hemos dicho nosotros eso? ¿Cuántas veces lo hemos escuchado? Y la verdad, hermano, es que nosotros, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, tenemos fe en algo. La pregunta es: ¿en qué es que yo tengo fe? Yo decía en el primer servicio: cuando yo me levanto, voy y abro la llave del agua, me cepillo los dientes con mi pasta dental, y me la aplico porque creo que esa pasta de dientes va a producir el resultado por el cual la compré, pero yo ni siquiera le he leído el manual, no le he leído nada. Yo tengo fe en eso. Cuando yo tomo un vaso de agua, tengo fe de que se filtró correctamente y me la bebo sin preguntar. Voy a un restaurante, pido un plato, nunca he entrado a la cocina, no sé cómo cocinan ahí, y me como mi plato gozoso. Cuando me he enfermado y le digo al pastor Miguel: "Yo necesito algo para esto", y él me indica algo, me tomo lo que él me indica sin preguntar. ¿Por qué? Porque el pastor Miguel lo dijo. Porque yo tengo fe en él.

Nosotros tenemos fe todos los días. La pregunta es en qué estamos confiando. Hay una historia de un equilibrista al que le encantaba cruzar las cataratas del Niágara con gente que le pagaba; eso es lo que le gustaba hacer. Y siempre que llegaba, había una multitud que se aglomeraba para verlo, lo animaban: "Tú eres el mejor equilibrista del mundo, ¡wow, lo que tú haces!" Todos tenían fe en él, confiaban en él, sabían que iba a llegar al otro lado. El problema estaba cuando él decía: "¿Quién es el voluntario que se va a subir a mi espalda?" Ahí todo el mundo se negaba. Porque mientras podemos palpar lo que entendemos o queremos, ahí tenemos fe; pero para creerle a Dios, yo tengo que tener una fe ciega, sin estar viendo. Y esa es la definición de fe. Jesús nos ha dicho, nos ha pedido: "Súbete a mi espalda, ven, y yo te haré caminar por el camino que yo he preparado para ti." Muchos decimos: "Para todo, es muy bonito eso", pero a la hora de la hora, no confiamos en esa verdad. Y el llamado de Dios a nosotros es: "Créeme, créeme", con plena confianza. Acércate con corazón sincero, con plena confianza.

¿Y qué más? Teniendo un corazón purificado de mala conciencia. Dios quiere que cuando nos acerquemos a Él, lo hagamos con una conciencia limpia, con convicción genuina de lo que somos. Pastor, ¿qué es lo que somos? Pecadores perdonados, que estamos aquí no por nuestros méritos, sino por los méritos de Cristo. La conciencia tiene un efecto, y tenemos que saber cómo manejarla. Es por eso que el autor de Efesios, Pablo, cuando quiere que los efesios entiendan la armadura del Espíritu, les dice: "Pongan el casco de la salvación, protejan su conciencia, y recuerden la salvación que han recibido." Porque la conciencia suele acusarnos, suele culparnos: "Tú no eres digno, tú no te mereces eso, tú no mereces estar ahí." Y Dios quiere que nos acerquemos a Él sabiendo, conociendo la salvación que Él ha obrado, lo que ha hecho por nosotros, con limpia conciencia, recordando lo que se nos ha perdonado, pero también con la disposición de perdonar a otros de la manera como fuimos perdonados. No voy a entrar mucho ahí por el tema del perdón, porque el pastor Miguel estuvo hablando sobre eso cuando habló de la oración.

Así Dios quiere que nos acerquemos a Él: sabiendo que podemos hacerlo por los méritos de Cristo, con una conciencia limpia, una conciencia purificada. Pero también nos pide algo más: deben lavar sus cuerpos con agua pura. Y esto de lavar sus cuerpos no se refiere al bautismo; no quiere decir que yo tengo que venir y bautizarme, eso no es a lo que se refiere. Cuando el sumo sacerdote ofrecía los sacrificios, él constantemente se estaba ensuciando, pero estaba delante del lugar santísimo, por lo cual tenía que tomar agua pura, agua clara, y mantenerse todo el tiempo lavándose, limpiándose. Y lo que el autor está queriendo decir aquí es que si nos vamos a acercar a Dios, yo tengo que mantenerme limpiándome constantemente de mi pecado. Y eso lo hago a través del poder del Espíritu Santo en mí, que me lava, que se mantiene constantemente quitando esas manchas, puliendo esas imperfecciones, de forma tal que podamos acercarnos a Él como Él quiere. Cuando el pastor Pablo escribía a los corintios en 2 Corintios 7, les dice: "Por tanto, amados, teniendo estas promesas, limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios."

El Señor quiere que nos acerquemos a nuestro buen Padre, que lo hagamos con corazones sinceros, en plena certidumbre de fe, con una conciencia libre de malos pensamientos, pero también en un proceso constante de santificación, en un proceso constante donde yo voy quitando esa suciedad de mi vida. Yo no soy salvo simplemente para estar ahí. Me salvaron y quedarme igual como estaba no es suficiente. Yo tengo que santificarme diariamente.

Así quiere que nos acercamos a Él, y nos dice además, versículo 23, y nos hace un llamado: mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió.

Él está diciendo a esta gente, cuando escribe esta carta, no está diciendo "nosotros", sino: agárrate, afírrate, presiona fuerte ahí con todas tus fuerzas. ¿De qué me voy a sostener? De la esperanza que yo he recibido, de la verdad que yo he conocido. Recordemos que esta carta fue escrita a judíos que se habían apartado del judaísmo, que estaban siendo perseguidos, que estaban recibiendo presiones. Ellos no estaban en un resort, no estaban en una playa; ellos estaban sufriendo ataques, ataques y más ataques en base a la verdad que habían creído.

Y los tiempos, los tiempos en los que estamos viviendo... Yo entiendo que esta verdad, esta exhortación, es algo que tú y yo necesitamos. En estos tiempos convulsos, donde hay tantos ataques y tantas presiones, tú y yo necesitamos mantenernos firmes en la profesión de nuestra esperanza.

Ahí es difícil vacilar, porque estamos en un mundo que está torcido, que va de mal en peor, y nosotros tenemos que estar dispuestos hoy. Así yo tenga que perder un empleo, dejar una relación, ser el que nadie entiende por sus convicciones, ¡gloria a Dios por eso! Porque estamos en un tiempo donde a lo bueno se le llama malo y a lo malo se le llama bueno, y nos presionan. Nos dicen: "Tú eres un homofóbico" por decir: "Oye, yo no quiero que a mi hijo de cuatro años o a mi hija de once años le digan que ella puede ser un niño o una niña porque así lo siente." No. O que yo tenga que decir: "Bueno, es tu cuerpo, tú puedes matar al niño en tu vientre, es tu derecho." No, no lo voy a decir ni lo voy a hacer, aunque tenga que sufrir todas las presiones, aunque me dejen solo, aunque nos abandonen.

Porque yo me voy a mantener firme en la esperanza sin vacilar, en las promesas de Dios, porque Él ha dicho lo que es bueno, Él ha determinado lo que es bueno, no nosotros. Esto es un tiempo para vivir aferrados. ¿Y por qué podemos hacerlo? Porque fiel es Aquel que prometió. Yo estoy ahí aferrado porque yo sé en quién he creído, yo sé en quién he creído, y por eso yo puedo estar ahí sostenido, sabiendo que el Dios que me ha pedido sostenerme nunca falló en sus promesas y nunca fallará, Aquel que se mantiene fiel aunque yo sea infiel.

Vamos al libro de Números. Lo voy a buscar aquí: libro de Números, capítulo 23, versículo 19. Escuchamos estas palabras. Dice el autor —recuerden, el pueblo le dice a él, recuerda—: "Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. ¿Lo ha dicho Él y no lo hará? ¿Ha hablado y no lo cumplirá?" Dios va a cumplir todas sus promesas.

Josué, al final de su vida, les recordaba al pueblo de Israel en Josué capítulo 23, versículo 14: "Hoy voy por el camino de toda la tierra, y ustedes saben..." Y si nos dijeran esto a nosotros, nosotros podemos decir: "Sí, Josué, usted sabe, con todo su corazón y con toda su alma, que ninguna de las buenas palabras que el Señor su Dios habló acerca de ustedes ha faltado; todas les han sido cumplidas y ninguna de ellas ha fallado." Por esa razón, por Él, yo puedo mantenerme firme, sostenido, porque Él nunca ha fallado en sus promesas y nunca fallará. ¡Sostengámonos sin vacilar en la esperanza que tenemos en nuestro Dios!

Y Él nos sigue exhortando. Versículo 24: "Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras." Hermanos, el Señor nos ha salvado, nos ha santificado y nos ha equipado, no para que vivamos en soledad, independientes el uno del otro. Él ha inaugurado un camino nuevo y vivo que quiere que recorramos juntos con otros hermanos, de la mano, batallando juntos y celebrando nuestras victorias juntos. Mi respuesta natural al conocer lo que Dios ha hecho por mí debe llevarme a querer amar a mi hermano, porque mi hermano ha recibido lo mismo que yo: perdón, salvación y esperanza.

Es por eso que el autor de Hebreos nos dice: "Considera, busca, mantente alerta con los ojos mirando cómo voy a estimular a mi hermano al amor y a las buenas obras." La vida cristiana se vive mirando hacia arriba —cómo yo glorifico a mi Dios—, mirando hacia adentro —cómo yo puedo santificarme— y mirando hacia los lados —cómo yo puedo estimular a mi hermano. No se vive en soledad.

Y esta palabra que usa el autor de Hebreos, "estimular", en el original quiere decir literalmente "afilar", es como punzar, pellizcar. Lo que él nos está diciendo aquí es que yo tengo que andar: "Déjame pellizcar, afilando para que camine bien, déjame punzar aquí para que mi hermano pueda hacer buenas obras y caminar en amor." Ese es el llamado a la iglesia.

Y déjame enfatizar algo que yo sé que tú lo leíste, pero vale la pena enfatizarlo: el autor dice que consideremos cómo estimularnos unos a otros. No dice: "Pastores, estimulen a sus ovejas." No dice: "Hermanos, lleven a la oveja delante de los pastores para que los pastores los estimulen." No dice eso. Él dice que yo estoy llamado a estimular a mi hermano. Por lo cual, el rol de todo creyente es animar, exhortar, amonestar e incluso reprender a mi hermano cuando peca.

Cuando vamos a Mateo 18, yo quiero que notemos lo que Mateo 18 nos enseña: "Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si se arrepiente, has ganado a un hermano." Es nuestro rol, es nuestra responsabilidad estimularnos unos a otros. Y si tú quieres vivir la vida cristiana de manera aislada, tú necesitas a tu hermano y tu hermano te necesita a ti.

Alguien me decía: "No hay nada menos cristiano que un cristiano solitario." Esta semana, el pastor Pepi me recordaba: "Recuerda que la única oveja que estaba sola, ¿cuál era? Era la oveja perdida." Todas las demás ovejas estaban acompañadas. De la misma manera, yo tengo que estar con mis hermanos, juntos, caminando juntos, considerando cómo punzarnos mutuamente.

¿Y cómo lo vamos a hacer? Versículo 25: "No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre." Es probable que muchos hermanos se habían estado apartando de las congregaciones; habían decidido, probablemente por la persecución, por temor o quizá por comodidad, vivir su cristianismo, su fe, de manera individual. Y el autor nos dice aquí: "Hermanos, no dejes de congregarte." El congregarte no es una opción para el creyente; el congregarte es un mandato, un mandato que tiene como propósito glorificar a Dios mientras nos cuidamos unos a otros.

El pastor Alistair Begg, predicando de este texto, decía que la exhortación que aquí se nos da implica decir no al aislamiento e implica decir sí a la implicación. Esto es un imperativo: es un imperativo que el pueblo de Dios se reúna regularmente para adorar a Dios, instruirse y animarse mutuamente.

Pastor, pero yo sé lo que me van a decir: "No dejemos de congregarnos, pero usted no sabe lo que yo he sufrido en iglesias. Yo tengo años que he pasado por diferentes iglesias y la gente es complicada, pastor. Pastor, yo soy una persona muy discreta y en la iglesia son muy entrometidos. Pastor, en la playa me tiraron una foto. Pastor, yo tengo cuatro años en la iglesia y ni siquiera me saludan. No, pastor, incluso yo tengo un dolor tan grande, porque hay momentos que he necesitado a los pastores y no han estado ahí. Hasta pastores me han herido."

Hermano, si ese es tu caso, si tú eres una de esas ovejas que se ha sentido herida y prefiere aislarse, permíteme decirte algo. En el amor del Señor, yo quiero pedirte perdón por esos hermanos que te han herido, perdón por esos pastores que te han herido, incluso si alguno de nosotros, o el que habla, te ha herido en algún momento. En el amor del Señor, yo te pido perdón. Perdónanos, perdónanos.

Pero recuerda algo: la iglesia, este lugar en el que estamos, está constituida por personas pecadoras. Pecadores que, ¿qué es lo que hacen? Pecan. Es liderada por pastores que son pecadores, que también pecan. Y mi hermano o mi hermana, permíteme recordarte también algo: tú también eres un pecador y tú también pecas. Y mientras estemos de este lado de la gloria, vamos a estar lidiando con pecadores, y tristemente vamos a herirnos unos a otros. Es por eso que tenemos que estimularnos al amor, a perdonarnos mutuamente.

Alguien decía: "Estar en el cielo con los santos será la gloria; estar con los santos en la tierra es otra historia." Tiene razón. El pastor Tchividjian —no recuerdo si es pastor o no— decía, hablando de la importancia de la iglesia: "La iglesia no es un club para gente perfecta. La iglesia es para los necesitados; es un cuerpo orgánico formado por personas extrañas y rotas, pecadores sucios que necesitan ser limpiados, soldados sudorosos que necesitan ser equipados para la guerra espiritual." Eso es la iglesia.

Estamos en una batalla, y tuvimos toda una conferencia donde nos recordamos que estamos en una batalla. Pero también estamos en una carrera. La vida cristiana es una carrera, y no es una carrera de velocidad; es una carrera de maratón. Y aquellos que corren maratón —y sé que aquí hay algunos que corren maratón— saben que el maratón no se corre solo. Se corre con gente al lado que te va animando: "¡Eh, vamos! Falta una milla más, vamos, tú te entrenaste para esto, vamos, vamos, no sientas el dolor, seguimos adelante." Te pasan el aguita: "Bebe, bebe, hidrátate." Te van animando. De la misma manera, la iglesia es una carrera; nos animamos juntos y nos estimulamos juntos.

Es por eso que nos necesitamos, hermano, unos a otros. Necesitamos estar en una iglesia local donde se predique la Palabra, donde se adore a nuestro Dios, pero también donde podamos disfrutar juntos la comunidad, los unos con los otros.

Y permíteme hacer un paréntesis para este grupo que está aquí, y especialmente para alguien que nos está viendo por internet. Yo quiero hablarte a ti hoy. Te mando en el amor del Señor: si tú eres uno de esos hermanos que se congrega con nosotros semana a semana, o en otra iglesia a través de la virtualidad, yo quiero rogarte en el amor del Señor que le pidas a Dios que te muestre una iglesia local donde tú puedas ir y aprender y estudiar su Palabra, donde tú puedas adorar a nuestro Dios en comunidad, donde tú puedas tener hermanos que te estimulen y a quienes tú puedas estimular. Pídeselo al Señor. Pero la virtualidad no es una iglesia. No existen iglesias virtuales. Existe una iglesia universal donde Cristo es la cabeza, y Él ha establecido que esa iglesia universal se reúna en iglesias locales.

Así que, hermano, en el amor del Señor, pídele a tu Dios que te muestre una iglesia en tu comunidad, en tu país, en tu región, donde tú puedas aprender su Palabra, adorar su nombre y disfrutar de la comunión de los hermanos que te estimulen y a quienes tú puedas estimular. Recuerda: Dios ha dado dones y talentos a cada uno de los suyos con un propósito, edificar a su iglesia. Si tú no estás

Ahí, tú no estás edificando a la iglesia, ni estás permitiendo que tus hermanos te bendigan y dirijan. Así que busca en la iglesia, ora por una iglesia, cierra esas separaciones. Entonces, volviendo aquí ahora, hermanos, para nosotros en IBI este texto que hemos leído, de exhortarnos, de estimularnos, es algo serio, es algo real.

Es por eso que si tú eres miembro de IBI, o estás en proceso, o has tomado el curso de membresía, debes saber cuál es la definición de lo que es un miembro de IBI. Está establecido en estas cosas y la voy a leer: un miembro de IBI es una persona que ha nacido de nuevo y, por tanto, ha sido redimida por la obra de Cristo. Es un creyente, y ¿qué hace él? Hace vida de iglesia en la IBI de manera activa, responsable y comprometida. Es decir, es una persona que participa regularmente y goza de la comunión con sus hermanos, buscando crecer en santidad a través de la llenura del Espíritu para la gloria de nuestro Dios, en y con la comunidad de la iglesia.

Eso es un miembro de IBI. Es lo que nosotros anhelamos que sea un miembro de IBI: alguien que sea intencional en caminar y vivir su vida de iglesia, que lo haga de manera activa, responsable y comprometida, que vea a su hermano no como una tarea, sino como su hermano, alguien a quien debo ministrar y estimular.

Hermanos, un miembro de IBI no se supone que venga los domingos, se siente aquí simplemente, o venga los miércoles al curso esperando que el pastor diga "amén" y salga por esa puerta. Eso no es un miembro de IBI. Y en el amor del Señor, si te molesto con esto, voy a tomar la frase del pastor Miguel, que dice: "Si por caso se detienen a considerar mi comentario, habré logrado mi cometido." Porque un miembro de IBI es una persona que está comprometida con la iglesia y, de la misma manera, está comprometida con su hermano.

"Pastor, pero es que la iglesia es muy grande. Aquí hay dos mil miembros, aquí vienen dos mil personas por domingo, hay mil y tantos miembros. ¿Cómo podemos tener esta relación que nos permita estimularnos los unos a los otros?" Yo te voy a responder esa pregunta de la manera siguiente. Hermano, tú tienes razón, somos muchos. Y es por eso que cuando Dios le dio la visión al pastor Miguel de plantar esta iglesia, Dios le dio sabiduría para entender que esta iglesia, con este número, para manejar esto y lograr esto, debe hacerse a través de grupos pequeños.

Es por eso que, si tú eres adolescente, bachiller, de high school o universitario, tienes los ministerios de jóvenes: PA, Panas, GAP y YA. Ahí está tu grupo pequeño. Si tú eres un adulto profesional soltero, tienes el EN MI aquí. Si eres una mujer y quieres seguir creciendo y tener un grupo de mujeres, tenemos el ministerio de HACER. Si estás casado, tenemos los GPS. Si eres mayor de cuarenta años, divorciado o viudo, tenemos grupos pequeños para ti, también los GPS. Y si eres una persona mayor de sesenta y cinco años, tenemos grupos para ti también.

Pastor, ¿pero por qué tanto ministerio? Porque para nosotros es importante que nos estimulemos juntos los unos a los otros. Por eso esta cantidad de ministerios. Porque queremos que cada uno de ustedes pueda tener un lugar donde pueda ser amado y donde pueda amar a otros, donde pueda estimularse mutuamente, pero también pueda estimular a otros.

El autor termina este texto exhortándonos: "unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca." Hace dos mil años el día se acercaba. ¡Cuánto más ahora! ¡Cuánto más ahora deberíamos estar haciendo nosotros esto! ¡Cuánto más ahora deberíamos estar viviendo esto! ¡Cuánto más ahora deberíamos ver lo que disfrutamos aquí como un privilegio! Alguien decía: "Yo no quiero faltar a la iglesia porque no quiero que ese sea mi último domingo, en el caso de que el Señor venga. No quiero haberme perdido mi último domingo en la iglesia. Yo quiero estar ahí con mis hermanos, que no me lo cuenten." ¿Tú te acuerdas cómo fue el último domingo en la iglesia? "Sí, yo estaba ahí. Era un privilegio estar ahí adorando el nombre de nuestro Dios, compartiendo con mis hermanos." Ese es el mandato de Dios para nosotros.

Y yo no sé si te diste cuenta, pero el autor utiliza lo que es, para muchos, el trío de las virtudes de la vida cristiana. Él nos exhorta en el versículo 22 a vivir con fe, en el versículo 23 a tener esperanza, y en el versículo 24 a mostrarnos amor y estimularnos al amor. Y con estas virtudes tú y yo podemos responder al llamado del plan de Dios para nuestras vidas.

Por lo cual yo quiero animarles: sigamos creciendo en fe, en esperanza y en amor. Acerquémonos a nuestro Dios, mantengámonos firmes en estos tiempos turbulentos, firmes en nuestra esperanza sin vacilar, estimulándonos unos a otros, recordando siempre lo que el Señor ha hecho por nosotros, lo que nos ha prometido y la esperanza que tenemos en Él. Que el Señor nos ayude como iglesia, no solamente a predicar mensajes como estos, sino a vivir mensajes como estos. Y cuando se hable de la historia de la IBI, que se pueda decir que esa iglesia se diferenciaba por el amor que se tenían los unos con los otros.

Vamos a orar. Padre, gracias. Gracias por tu Palabra. Gracias por Cristo Jesús. Gracias, Cristo, por haber ofrecido un sacrificio que valió para siempre, un sacrificio lo suficientemente poderoso para libertar a pecadores como nosotros. Gracias, Cristo, por libertarnos de la pena del pecado, de la culpa por el pecado, pero también gracias por haber abierto un camino nuevo y vivo para nosotros, que nos permite entrar a la presencia del Dios vivo, del Dios grande, del Dios que creó esas galaxias que veíamos al inicio, que presentaba el pastor Luis. Gracias, Jesús.

Ahora te rogamos, Señor, permítenos acercarnos a ti con corazones sinceros, con plena certidumbre de fe, sin vacilar, sabiendo que tú eres fiel, sabiendo que el que ha prometido es fiel. Y que el hacer esto nos lleve a estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, que nos lleve a entregarnos los unos por los otros, sabiendo que nos necesitamos, sabiendo que solos llegaremos a la meta bien heridos y bien cansados.

Oh Dios, gracias por esta iglesia, gracias por nuestra iglesia, gracias por darnos el privilegio de tener un lugar donde se predica tu Palabra y donde tenemos hermanos con quienes vivir estas cosas. Permítenos cantarte ahora, permítenos juntos darte gracias por haber lavado nuestros pecados y por habernos edificado sobre la roca que es Cristo. Gracias, Cristo, y en tu nombre oramos. Amén y amén. Que el Señor les bendiga, hermanos.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Joan Veloz

Joan Veloz

Joan Veloz conoció la gracia de Dios en 2005 en la IBI, es pastor de la Iglesia Bautista Internacional y Vicepresidente de Integridad & Sabiduria. Es abogado con maestrías en Gerencia y Productividad, Estudios Teológicos (MATS) y Divinidad (MDiv) y un Doctorado en Ministerio, todos completados en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Michelle Suzaña y tienen tres hijos: Daniella, Camila y Miguel Andrés.