IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La carta a los Romanos ha estado en el centro de cada gran avivamiento en la historia cristiana. Agustín de Hipona, atormentado por la lujuria, escuchó a unos niños cantar "levanta y lee", abrió un rollo y leyó Romanos 13:13-14 sobre abandonar la inmoralidad y vestirse de Cristo; en ese instante sintió que la luz llenó su corazón y la oscuridad de la duda desapareció. Mil años después, Martín Lutero, obsesionado con la santidad de Dios y su propio corazón pecaminoso, pasó noventa horas enseñando esta carta hasta comprender que la salvación no viene por obras sino por gracia mediante la fe. Doscientos años más tarde, John Wesley, sin seguridad de salvación, entró a una reunión donde alguien leía apenas el prefacio del comentario de Lutero sobre Romanos y sintió una extraña calidez en su corazón: la certeza de que Cristo había llevado sus pecados. Tres hombres, tres siglos, una misma carta.
El pastor Miguel Núñez introduce esta serie sobre Romanos explicando que Pablo escribió esta epístola veinticinco años después de su conversión, cuando ya era un teólogo consumado y un misionero experimentado. Pablo se presenta como esclavo de Cristo, usando la palabra griega "doulos", que evoca al esclavo hebreo que, pudiendo ser libre en el año del jubileo, elige quedarse con su amo por amor. Esa imagen define la vida cristiana: hemos sido comprados por precio de sangre y ahora pertenecemos a un Amo benevolente que fue a la cruz para que el esclavo del pecado pudiera ser libre.
El Evangelio que salvó a Pablo se convirtió en "mi Evangelio", no porque se apropiara de él, sino porque lo abrazó completamente: lo predicó, sufrió por él, lo vivió y finalmente murió por él. Ese mismo Evangelio es buena noticia porque libra del peso de la culpa, garantiza la eternidad con Dios y revela un amor que no busca recibir placer sino darlo. Como ilustra una antigua leyenda que el pastor Núñez comparte, donde una madre asesinada por su hijo solo pregunta "¿te golpeaste?", así ama Dios: desde la cruz, viendo a sus verdugos, el corazón de Cristo habló y dijo "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Como habíamos más o menos anunciado, y ya se dijo en el día de hoy, estamos iniciando una serie sobre la carta de Pablo a los Romanos. Nosotros hemos titulado esta nueva serie "La condenación del hombre y la salvación de Dios", y creemos que esa frase resume perfectamente bien todo el contenido de esta carta, porque en los primeros capítulos lo que nosotros comenzamos a ver es de qué manera el hombre estaba bajo la condenación de Dios debido a su pecaminosidad, y cómo todos nos hemos quedado cortos de esa gloria, para luego ver la oferta de Dios por gracia y por misericordia que Él extiende a ese hombre para que pueda llegar a conocerle y vivir en la eternidad.
"La condenación del hombre y la salvación de Dios" es el título de esta serie. Es una carta que ha sido central a la vida cristiana por dos milenios. Es una carta que, por alguna razón que no acabo de entender, yo tenía el genuino deseo, por un lado, de poder predicar, pero como que había en mí un cierto freno en mi voluntad de poder hacerlo. Y no estoy seguro si el freno venía de parte de Dios o era simplemente una cierta duda, conociendo el hecho de que Pablo escribió esta carta veinticinco años después de su conversión, después que Pablo había llegado a ser todo un teólogo consumado.
Veinticinco años después de que Cristo le visitara de manera particular, Pablo se sienta y escribe el mejor tratado teológico que jamás se haya producido: la mejor descripción de lo que el Evangelio es. Todas las verdades del Evangelio son desempacadas en esta carta a los Romanos. Y como decía alguien, Romanos tiene un lugar especial en la historia cristiana como ningún otro de los sesenta y seis libros que la Biblia tiene. Romanos ocupa un lugar verdaderamente singular.
Como decía el gran académico del Nuevo Testamento Richard Longenecker: cada vez que la iglesia ha sido amenazada por alguna enseñanza nueva que difiere de la norma, o ha sido aparentemente renovada por algún nuevo abordaje o algún nuevo entendimiento de la fe cristiana, o ha estado confundida al creer a la luz de ideologías y metodologías competitivas, o una combinación de todas esas cosas, cada vez que la iglesia estuvo ahí, la carta de Romanos ha sido consultada para filtrar lo que es verdad y lo que no es.
Fui recordado de eso en el día de ayer, porque yo estaba hablando en una conferencia titulada "Contracultural" y le comentaba a mi esposa que estaba amilado, que pensaba abrir citando Romanos 12:2, porque esa conferencia tenía que ver precisamente con los cambios que este mundo digital está produciendo en nosotros a todos los niveles, incluyendo a nivel cerebral. Mi tema era "Mentes transformadas por el mundo digital" y yo quería citar Romanos 12:2, que nos llama a no adaptarnos a este mundo sino a ser transformados por la renovación de nuestra mente. Pero antes de que yo la citara, la persona que estaba introduciendo la conferencia citó Romanos 12:2, de manera que yo simplemente tuve que referirme a ese versículo y decir: cuando fue elegido, yo lo leía de esta manera: "No se molden, no se dejen moldear por el mundo digital de este siglo." Y la persona que vino a hablar después de mí también citó Romanos 12:2 como parte de su conferencia. De manera que, cada vez que la iglesia ha estado confundida a lo largo de dos mil años, Romanos ha sido usado como filtro.
Martín Lutero escribió en el prefacio de su estudio acerca de esta carta que "esta epístola es realmente la pieza principal del Nuevo Testamento y es verdaderamente el Evangelio más puro. Vale la pena que cada cristiano la aprenda de memoria, palabra por palabra, y que se ocupe de ella cada día como el pan diario de su alma. Nunca podemos leerla o reflexionar sobre ella demasiado, pues mientras más lidiamos con ella, más preciosa se vuelve y mucho mejor sabe al paladar." Impresionante. Martín Lutero pensó que valía la pena que cada cristiano —y eso te incluye a ti y a mí— pudiéramos aprendernos esta carta de memoria, palabra por palabra.
Y si tú piensas que eso es una imposibilidad, yo recuerdo que hace varios años atrás, aquí en CLAD, nosotros invitamos para la conferencia "Por su causa" a Monty Reber. Este año vino al país invitado por misioneros de la International Mission Board y se reunieron en uno de los hoteles del este, y lo invitaron a predicar. Cuando él se paró —se me dijo posteriormente, porque yo no estaba— él recitó los primeros ocho capítulos del libro de Romanos, palabra por palabra de memoria, y luego se sentó y no hizo nada más. Eso nos da una idea del peso de las verdades que esta carta tiene.
Martín Lutero, por otro lado, era un hombre que vivía preocupado con esta idea de la santidad de Dios, de la justicia perfecta de Dios y de este corazón pecaminoso que nos caracteriza. Él no podía dormir, no podía vivir tranquilo, porque siempre, día y noche, se sentía acusado por este Juez completamente santo. En un momento dado, su supervisor John Staupitz le recomienda a Lutero que avance y termine su doctorado en teología, a ver si eso le podía ayudar algo. Él lo terminó el 18 de octubre del año 1512, cuando se recibió como doctor en teología. Eventualmente Lutero reemplaza a su mentor Staupitz, toma la cátedra de Romanos y predica noventa horas acerca de esta carta, de marzo o abril de 1515 a septiembre de 1516, entre distintos trimestres. Después de terminar con Romanos, enseñó la carta a los Gálatas y luego la carta a los Hebreos.
Y es a través del estudio de esta carta, pero de manera muy particular de la carta a los Romanos, donde Lutero comienza a entender que la salvación no se obtiene por buenas obras, que todas ellas son insuficientes para satisfacer la justicia perfecta de Dios, y que más bien la salvación es el resultado de la gracia de Dios que mira al hombre con misericordia cuando este —y subrayo la palabra "verdaderamente"— verdaderamente se arrepiente de sus pecados. En ese momento, la justicia de Dios, o la santidad perfecta de Cristo, es transferida al pecador, y los pecados del hombre son transferidos a la cuenta de Cristo. Es en ese momento cuando el hombre puede recibir salvación como resultado de la gracia y la misericordia de nuestro Dios.
Finalmente, Lutero pudo comprender esa realidad, y es ahí donde él comienza a entender aquella frase que él mismo luego usó tantas veces: una frase que fue pronunciada o escrita por el profeta Habacuc en 2:4, cuatrocientos años antes de Cristo, cuando escribió que "el justo por la fe vivirá." Una frase que el apóstol Pablo llegó a escribir otra vez en Romanos 1:17. Al comprender cómo es que el hombre puede ser salvo —salvo por gracia a través de la fe—, dice Lutero, en sus propias palabras: "Finalmente, meditando día y noche, por la misericordia de Dios yo comencé a entender que la justicia de Dios es aquella a través de la cual el justo vive, como un regalo de Dios, por fe. Y con esto yo me sentí como si hubiese nacido de nuevo por completo y que hubiese entrado al paraíso mismo a través de las puertas que habían sido abiertas ampliamente."
Lutero fue cambiado, y el mundo fue cambiado con Lutero. Pero las cosas no terminan ahí. Doscientos años más tarde, John Wesley está atribulado por razones distintas pero similares a la vez. No tiene seguridad de su salvación. Va a Estados Unidos en un viaje que resultó decepcionante, no teniendo seguridad de su salvación, y regresa. Al regreso, el barco en el que venía entró en una tormenta, y Wesley se llena de pánico y de terror. Pero él ve que hay un grupo de moravitas que están orando y que están en paz, que están tranquilos, y él no podía tener esa tranquilidad. Él pensaba: "¿Acaso alguna vez yo podría tener esa paz que tipifica la salvación?"
Él llega a Inglaterra con esa pregunta, y el 24 de mayo del año 1738 va a una iglesia en Aldersgate, entra a aquel lugar, y ahí alguien que está en el púlpito está leyendo el prefacio del comentario de Lutero sobre el libro de Romanos. El propio Wesley comentaba la experiencia de esa noche y escribió: "Mientras él describía el cambio que Dios obra en el corazón a través de la fe en Cristo, pude sentir una extraña calidez en mi propio corazón. Sentía que confiaba en Cristo, y en Cristo solamente, para mi salvación, y una seguridad me fue otorgada de que Él se había llevado mis pecados, los míos, y que me había salvado de la ley del pecado y de la muerte."
¡Oh! 200 años después, hay alguien que está leyendo no el comentario de Martín Lutero sobre Romanos, está leyendo el prefacio, la introducción, y en la medida en que la salvación fue explicada, John Wesley pudo obtener salvación entendiendo las mismas verdades que 200 años antes Martín Lutero había logrado entender. Pero ese no es el comienzo de la historia, ni Lutero tampoco fue el comienzo de la historia.
Porque en septiembre del año 386 de nuestra era, un hombre nativo del norte de África, que había sido profesor por varios años en Milán, Italia, que tenía una madre que oraba por él porque en ese momento él estaba viviendo una vida de pecado, una vida dominada por la lujuria y cierto grado de fornicación, se sienta en el jardín de su amigo Alipio y estaba meditando y reflexionando acerca de su pecaminosidad. De alguna manera él oyó unos niños que estaban jugando y que estaban cantando algo que decía: "tolle lege, tolle lege", que en verdad el significado traducido sería "levanta y lee, levanta y lee."
Llega a su casa y vio un rollo del libro de Romanos que estaba abierto, y lo levantó, y en el primer pasaje que capturó su atención él comenzó a leerlo. Este es el texto que él comenzó a leer: "Andemos decentemente como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias, antes bien vístanse del Señor Jesucristo y no piensen en proveer para las lujuras de la carne." ¿Qué texto tú piensas que él estaba leyendo? Romanos 13:13-14. El nombre de este hombre fue Agustín de Hipona.
Yo te simplemento digo que tan pronto terminó de leer ese versículo 14 de Romanos 13, no siguió leyendo, porque de repente sintió como si una luz llenara su corazón, como si toda la oscuridad de la duda fue despejada de su corazón. Él hace esa confesión en su libro titulado Confesiones, libro 8, capítulo 12. Agustín de Hipona eventualmente entendió. Bueno, había comenzado a luchar con la idea de que la lujuria y la fornicación no eran compatibles con la conversión, y tenía una madre que estaba orando por él continuamente por su salvación hasta que finalmente la encontró. Y cuando encontró su salvación, encontró la paz de su alma, y una vez convertido, Agustín de Hipona comenzó a cultivar la santidad de una vida cristiana.
Dios usó la carta a los Romanos para traer salvación a Agustín de Hipona en el siglo IV, el más grande teólogo de los primeros mil años, y probablemente para algunos el más grande teólogo de toda la historia de la iglesia. Dios usó la carta a los Romanos para traer conversión al gran teólogo de la Reforma, Martín Lutero, y para traer conversión al gran evangelista y teólogo John Wesley, quien fue el iniciador del más grande avivamiento en Inglaterra.
Agustín no pudo encontrar paz en medio de sus lujurias y fornicaciones hasta que no entendió el mensaje del Evangelio. Martín Lutero no pudo encontrar paz en medio de su obsesión por llevar una vida cristiana santa y, sin embargo, a pesar de su esfuerzo, se sentía acusado por la santidad de ese juez. John Wesley no pudo encontrar paz en medio de sus temores hasta que entendió finalmente que "el justo por la fe vivirá." Todos ellos habían sido expuestos al mensaje, todos ellos habían escuchado de alguna manera lo que posteriormente pudieron entender, y finalmente ahí estuvo el secreto de su paz. Porque la información sin transformación solo empeora mi condición; la información sin transformación solo empeora mi condición. Dios les había dado múltiples oportunidades anteriormente, pero fue años después cuando pudieron entender el mensaje.
Esta carta a los Romanos explica con lujo de detalles la plaga más expandida de toda la humanidad, y me refiero a la plaga del pecado, que ha afectado a todo el mundo con una mortalidad del 100%. Pero aun así, a lo largo de los siglos, muchos han preferido tener los síntomas de la enfermedad conociendo la cura, pero sin la cura. Tener los síntomas de la enfermedad conociendo la cura, pero sin la cura. Y si tú piensas que no entiendes bien, o quizás se te ocurre que si se conoce la cura no hay razón para no experimentarla o tomarla para tener los síntomas eliminados, nosotros los médicos vivimos eso todos los días con el paciente que no toma sus medicamentos. Pero a nivel espiritual yo te lo voy a ilustrar a través del mismo Agustín de Hipona.
Agustín confiesa en su libro Confesiones que él disfrutaba tanto su lujuria que llegó a pedirle a Dios: "Señor, quítame esta lujuria, pero no todavía." Él estaba enfermo de la enfermedad, tenía los síntomas de la enfermedad, conocía la cura, pero no quería que Dios eliminara su síntoma. Y es la razón por la que Pablo escribe en Romanos 2:4 que si acaso no reconoce que es la bondad y benevolencia de Dios la que te lleva al arrepentimiento, y que cuando esa bondad y benevolencia de Dios no lo hace, entonces Pablo sigue en el versículo 5 de Romanos 2 y dice: "Pero por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y la revelación del justo juicio de Dios; Él pagará a cada uno conforme a sus obras." Eso es lo que Pablo se estaba refiriendo cuando escribió Romanos 2, lo que Agustín experimentó en su propia vida.
Yo creo que tenemos una idea histórica del impacto de esta carta en la vida de grandes hombres de Dios. Y como otros han dicho, en todos los avivamientos de la historia cristiana la carta a los Romanos ha estado en el medio o en el principio de esos avivamientos. Es mi oración, por meses y quizás por años, que en este caso en particular esta carta pudiera resultar en un avivamiento de tu vida, de nuestra iglesia, de múltiples iglesias, y quién sabe si en todo el continente latinoamericano.
Ahora hablemos un poco de la carta misma, más que de su historia y de su impacto. ¿Cuándo se escribió esta carta? Bueno, hay un consenso bastante aceptado de que esta carta probablemente se escribió alrededor del año 58. Algunos han hablado del año 56, otros del año 57, pero hay un margen bastante estrecho de cuándo esta carta se escribió.
Si el apóstol Pablo se convirtió alrededor del año 33, asumiendo que Cristo haya nacido en el año 4 antes de lo que normalmente conocemos, esta carta entonces, si Pablo se convirtió alrededor del año 33, fue escrita 25 años después de Pablo haber llegado a los pies de Cristo. Para ese momento Pablo era un teólogo consumado, era un misionero experimentado, era un hombre experto en cómo sufrir y cómo sufrir bien. Y si alguien que había visitado el tercer cielo, que había sido enseñado por Cristo mismo de manera personal, se tomó 25 años de reflexión para producir este tratado sobre el Evangelio, yo tenía como un cierto temor santo de que no llegara a predicarlo sin que estuviera en mi mejor condición para poder hacerlo. Y llegó el día, llegó la hora, y no sé si estoy en mi mejor condición; de hecho, yo sé que no estoy en mi mejor condición, pero como el poder de Dios se perfecciona en la debilidad, quizás esta es mi mejor condición.
¿Dónde escribió Pablo esta carta? Pablo escribió esto desde Corinto. Las razones son múltiples; yo te voy a dar algunas ideas, pero no voy a entrar en los detalles. La carta fue enviada —nosotros lo sabemos por la misma carta— Romanos fue enviada a través de Febe, y Febe aparece en Romanos 16:1. Febe fue una diaconisa de la iglesia de Cencrea, y Cencrea estaba mencionada ahí en Romanos 16:1. Cencrea era una ciudad de Grecia, y Corinto era también una ciudad de Grecia. Pues si la carta fue llevada por Febe, quien estaba en Cencrea, ciudad de Grecia, pues por lo menos comienza a apuntar a que quizás Pablo estaba en Corinto, ciudad de Grecia, cuando escribió esta carta.
Pero obviamente eso no sería suficiente. Luego nosotros sabemos por Romanos 16:23 que cuando Pablo escribió esta carta él estaba siendo hospedado en la casa de una persona de nombre Gayo. Y resulta que, como decimos aquí, viene a ser que cuando tú lees la primera carta a los Corintios —perdón, en 1 Corintios 1:14— Pablo nos dice que él bautizó a Gayo, y Gayo estaba en Corinto. Pablo estaba operando en la casa de Gayo, y resulta que la carta es enviada a través de Febe, que estaba en una ciudad portuaria que también estaba en el área de Corinto, de manera que todo sigue apuntando a que probablemente el lugar donde Pablo estaba era Corinto.
Pablo estaba tratando de terminar la recolección de una ofrenda para llevar a la iglesia de Jerusalén. Cuando la ofrenda se completó, Pablo viajó a Jerusalén de regreso y emprendió luego su tercer viaje misionero. Es en ese tercer viaje misionero cuando Pablo se detiene en Corinto y está ahí un buen tiempo. Además, estando Pablo en Corinto, él conoció a Priscila y Aquila. Nosotros sabemos eso porque Lucas nos dice en Hechos 18:1-3 que Priscila y Aquila llegaron a Corinto cuando Claudio César deportó de Roma a todos los judíos; ahí llegaron Priscila y Aquila.
¿Qué más sabemos nosotros acerca de la ocasión en que esta carta se escribió? Aparentemente, contra su costumbre, Pablo usó un amanuense, que es como un secretario a quien le dictó esta carta. ¿Por qué pensamos eso? Bueno, porque Pablo abre la carta diciendo que él es el autor, pero luego al cierre escucha lo que dice en Romanos 16:22: "Yo, Tercio, que escribo esta carta, los saludo en el Señor." Eso era bastante común en la antigüedad, que alguien usara un secretario para dictarle. De hecho, lo mismo se dice de Marcos con el Evangelio de Marcos: el Evangelio de Marcos son las memorias de Pedro acerca de la vida del Señor Jesucristo, dictadas a Marcos.
En cuanto al propósito de esta carta —nos vamos familiarizando con una carta en la que vamos a estar meses y meses expandiéndonos— algunos han tratado de encontrar varios propósitos diferentes porque hay temas distintos en esta carta. Sin embargo, probablemente hay un tema central, una columna vertebral en la carta, que tiene que ver con la explicación de lo que es el Evangelio, la necesidad del Evangelio, el poder del Evangelio. Y eso es exactamente lo que Pablo dice en Romanos 1, al principio: "No me avergüenzo del Evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego, del gentil", dependiendo de la traducción que usted tenga. Quizás ese sea el tema unificador de Romanos: el Evangelio y todo lo que el Evangelio implica, como el desempaque, si pudiéramos decirlo, de todas las verdades de ese Evangelio que Pablo dice que es el poder de Dios para salvación, tanto para el judío como para el gentil.
Ahora, ¿a quiénes se la envía? Para lo de destacar, obviamente a los romanos. ¿Y quién plantó la iglesia de Roma? Bueno, si le pregunta a la tradición católica, le va a decir que Pedro. No hay ninguna evidencia de que Pedro plantara esta iglesia; tampoco hay ninguna evidencia de que Pablo haya plantado esta iglesia. De hecho, toda la evidencia en la carta de Romanos apunta a que Pablo ni siquiera había visitado esta iglesia. En el siglo IV, uno de los padres de la iglesia dice que la tradición establecía que hebreos, o judíos cristianos que estuvieron en Pentecostés —en Hechos 2 nosotros conocemos la historia de Pentecostés— y se nos dice que ese día, el día en que el Espíritu descendió sobre la iglesia, había gente de toda parte del mundo, incluyendo de Roma. Que esos judíos que se convirtieron en Pentecostés regresaron a Roma y fundaron esa iglesia.
Ahora, ¿quiénes formaban parte de esta iglesia? Bueno, por un lado Pablo menciona a los judíos en esta carta 14 veces, y menciona a los gentiles 23 veces. Si tú sigues leyendo en Romanos 2:17, escuchas a Pablo diciendo: "Pero si tú que llevas el nombre de judío y te apoyas en la ley, que te glorías en Dios…" y sigue escribiendo, de manera que se está dirigiendo a judíos. Romanos 4:1 habla de Abraham, nuestro padre, e incluye ese grupo. Romanos 7:1 habla de aquellos que conocen la ley, y esos son los judíos; los gentiles no conocían la ley. Pablo cita el Antiguo Testamento 57 veces en la carta a los Romanos, de manera que obviamente judíos tenían que ser parte de la iglesia, porque usa demasiados elementos que solamente los judíos podían comprender.
Pero Pablo se refiere a los gentiles en Romanos capítulos 1, 2, 3, 9, 11 y 15, y en Romanos 3:29 hace la pregunta: "¿O es Dios el Dios de los judíos solamente? ¿No es también el Dios de los gentiles? Sí, también de los gentiles." De manera que el consenso hoy en día es que esta iglesia en Roma estaba compuesta de judíos y de gentiles, y probablemente un buen grupo de ellos. ¿Quién la fundó? Ya te mencioné: probablemente judíos convertidos del día de Pentecostés que estaban en Jerusalén y que se regresaron a Roma.
Cuando Pablo escribe esta carta, le dice a los romanos que hacía mucho tiempo que él tenía el deseo de visitarlos, pero que se le había impedido —no explica por qué—, que ya él había predicado el Evangelio desde Jerusalén hasta el Ilírico, y el Ilírico son algunas zonas de Europa que probablemente tienen que ver con el área de Albania hoy en día. Y que ahora, no teniendo más área donde predicar el Evangelio donde Cristo no haya sido predicado, él quería llegar hasta España, pero que su plan o su idea era que camino a España pasaría por Roma y pasaría un tiempo con ellos. Déjame leerte las propias palabras de Pablo, Romanos 15:22-24:
"Por esta razón muchas veces me he visto impedido de ir a ustedes, a los romanos. Pero ahora, no quedando ya más lugares para mí en estas regiones, y puesto que por muchos años he tenido un gran deseo de ir a ustedes, cuando vaya a España los visitaré, porque espero verlos al pasar, y que me ayuden a continuar hacia allá después de que haya disfrutado un poco de su compañía."
La meta es extender el Evangelio, llegar a la parte más al oeste de Europa, a España, pero mientras tanto, en el camino, me detengo, paso un tiempo con ustedes, y que ustedes me ayuden a continuar. Nosotros no tenemos evidencia de que Pablo llegó hasta España. Lo que sí tenemos evidencia es que llegó hasta Roma. Cuando Pablo estaba siendo juzgado en el Ilírico y no creía que podía ser juzgado de manera justa, él apeló al César, y pudo apelar al César porque a pesar de ser judío, Pablo también tenía ciudadanía romana; tenía doble nacionalidad. Pablo menciona este deseo de llegar a España y pasar por Roma al inicio de la carta en Romanos 1:13, vuelve a hacerlo en Romanos 15:22-24, como acabamos de leer, y en Romanos 15:28.
Yo creo que eso nos da una buena introducción y una vista muy general de la carta. Lo que yo quisiera hacer ahora es leer un solo versículo de esta carta, Romanos 1:1. Yo he titulado el mensaje —y te dije cómo se llama la serie— pero este mensaje yo lo he titulado: "Romanos: Magnum Opus del apóstol Pablo." Creo que muchos probablemente conocen lo que es el magnum opus, pero en esencia esa es la obra cumbre de una persona, que puede ser una obra literaria, puede ser arte, puede ser un dibujo o algo parecido; la mejor obra de alguien en su historia personal frecuentemente es conocida como el magnum opus. Yo he titulado este mensaje "Romanos: Magnum Opus del apóstol Pablo."
Y esto es lo que dice el versículo uno, el único versículo que vamos a cubrir hoy: "Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el Evangelio de Dios." Me imagino lo que ustedes están pensando: "Bueno, a esa velocidad, pastor, usted estará predicando Romanos hasta que Cristo vuelva." Yo les garantizo que no, pero Boice, a quien voy a citar más adelante, pasó 11 años en esta carta. Ese no es mi plan, ¿ok? Así que se pueden relajar.
Ahora, en el texto que acabo de leer hay cinco palabras que vamos a desempacar: Pablo, número uno; siervo; llamado; apóstol; apartado. Esas son las cinco palabras; ese es el resto del mensaje. No hay que comenzar sino con Pablo. Pablo es el autor de la carta; es la manera de describir cartas en la antigüedad. Hoy en día tú vas a una carta y firmas al final; en el pasado tú decías al principio quién escribía. Eso es lo que hace Pablo. En Hechos 23:6 nosotros sabemos que era fariseo e hijo de fariseo, lo que para Pablo está diciendo cuando dice que él era fariseo.
Está claro que era judío de pura cepa. Luego lo dice de otra manera en otro texto, pero ahí vamos a llegar. En Hechos 9, nosotros sabemos que Pablo era un perseguidor de la iglesia, que iba camino de Damasco con cartas obtenidas de parte de las autoridades en Jerusalén, con la intención de encontrar a cristianos en Damasco y arrastrarlos a Jerusalén para ser juzgados. Pero en el camino fue interceptado por el Señor Jesús, y cuando el Señor le habla, le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Eso fue una manera de decirle: cuando persigues mi iglesia, me persigues a mí.
Ese es un mensaje que tenemos que transmitir a lo largo y lo ancho de todo el globo: cuando le hace daño a la iglesia de Cristo, le hace daño al nombre de Cristo mismo. Trata la iglesia de Cristo con guantes. "¿Por qué me persigues?" Nosotros sabemos que Pablo tenía otro nombre: Saulo, el cual también era, como en la antigüedad, un nombre judío. Y muchos han pensado que ese nombre, Saulo, como que después de Hechos 9, cuando Pablo es convertido, desaparece. Pero nada está más lejos de la verdad. El nombre Saulo continúa desde Hechos 9, donde ocurre su conversión, hasta el final, hasta el mismo capítulo 26 del libro de los Hechos.
En Filipenses 3:5 nosotros sabemos algo más acerca de este autor. Él fue circuncidado a los ocho días de nacer, fue del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, en cuanto a la ley, fariseo. Pablo entendía que él había cumplido con todos los requisitos de la ley. En un momento dado escribió y dice: "En cuanto a la ley, irreprensible." En otras palabras: en cuanto a la ley, yo la llevé a cabo a cabalidad, comenzando con mis primeros días de vida. A ocho días de nacido yo fui circuncidado. Yo soy judío, yo sé exactamente de qué tribu vengo, de la tribu de Benjamín. Yo soy hebreo de hebreos, es una forma de decir: en mi familia no hay sangre mixta. En cuanto a la ley, fariseo.
En Hechos 16:37 nosotros aprendemos que Pablo era descendiente de Abraham y a la vez ciudadano romano, lo cual le permitió viajar con mucha libertad en el imperio y le permitió apelar al César cuando entendió que su libertad estaba en juego. ¿Dónde nació Pablo? Bueno, sabemos también que Pablo era de Tarso de Cilicia. ¿Dónde está eso? En Hechos 22:3. Tarso era una ciudad que tenía una universidad muy reconocida, conocida por su academia, y allí Pablo se educó bajo Gamaliel, uno de los rabinos de más importancia en aquel momento.
Yo sé que el autor de la carta dice: ese es el autor de esta carta, Pablo, Saulo. Todo esto que se dice en el resto de mis cartas y en el libro de los Hechos es quien yo soy. Pero luego él dice: "Pero además, yo soy siervo de Cristo, llamado apóstol." Examinemos estas palabras. La palabra traducida como "siervo" es una mala traducción. La palabra es "doulos." Un doulos era un tipo de esclavo. Probablemente los traductores a lo largo de los años han evitado la palabra "esclavo" por el mal trasfondo que ha tenido la esclavitud en los años anteriores y en el presente, y para evitar malas interpretaciones. Probablemente por eso usaron la palabra "siervo," pero no es "siervo" lo que dice. Es doulos.
El doulos era un tipo de esclavo particular del cual voy a hablar ahora, y que tiene importancia para ti y para mí. En Israel había tres tipos de sirvientes. Estaba el jornalero, que era alguien que trabajaba por un precio por día. Yo todavía recuerdo cuando era muchacho, como decimos nosotros, en la adolescencia, ver a trabajadores de la construcción al final del día parados alrededor de una camioneta donde había como un capataz que iba y les pagaba por ese día. Eso es ser un jornalero. Estaba el siervo, que trabajaba por un salario mínimo y que podía vivir o no en la casa del amo, pero tenía un salario. Y luego estaba el esclavo.
El esclavo trabajaba y vivía en la casa del amo, literalmente hablando. Pero cada siete años se celebraba el año del jubileo, y en el año del jubileo a todos los esclavos había que darles su libertad, de acuerdo con la ley de Moisés. Cuando los siete años se cumplían, algunos esclavos habían estado bajo amos benevolentes y les había ido bien a ellos y a su familia, y se habían sentido cómodos con sus amos. Ese esclavo entonces podía, de acuerdo con la ley de Moisés, ir donde su amo y decirle: "Amo, yo quisiera quedarme contigo. Quisiera vivir aquí. No tienes ni siquiera que pagarme mi salario. Sería el hecho de tener techo, vivienda por así decirlo, poder tener comida y vestimenta, y ese sería mi salario."
Ese esclavo entonces, de acuerdo con lo que lees en Éxodo 21:5-6, el amo iba al tabernáculo o al templo y le perforaba un lóbulo de la oreja y le ponía un tipo de arete. Y esa persona pasaba a ser el doulos: un tipo de esclavo que había decidido voluntariamente quedarse con su amo benevolente, por amor a su amo, a pesar de tener libertad. Yo creo que ahora puedes entender cuando cantamos esa canción que tiene esa línea que dice: "Ahora soy libre, esclavo por amor." Esclavo por amor. Cuando Pablo escribe a los efesios en 6:6, nos llama a vivir como esclavos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios.
Hermanos, déjame ser un paréntesis. Cuando la Palabra de Dios, cuando Pablo el autor, nos llama a vivir como esclavos de Cristo haciendo la voluntad de Dios de corazón, nos está diciendo que esta idea de que la voluntad de Dios es difícil, de que es pesada, de que bueno, tú sabes, hay que luchar con ella porque no es fácil, eso no es compatible con la cruz. Es completamente contrario al corazón de la cruz. Eso es contrario al Cristo que voluntariamente abandonó sus privilegios y prerrogativas por amor, y vino y se dio para comprarte a ti por precio de sangre. Y ahora tú eres su posesión. Pablo lo escribe a los corintios y les dice: "Vosotros no sois vuestros." Su vida no les pertenece. Los compró, y los compró Cristo a precio de sangre.
Y esa palabra doulos aparece en el Antiguo Testamento 124 veces. ¿Tú crees que Dios quería que ya entendiéramos lo que nosotros somos? Si jugamos con la traducción y esta no es correcta, eso va a alterar cómo yo leo la Biblia, cómo yo interpreto la Biblia, cómo yo aplico la Biblia. De manera que nosotros no somos simplemente siervos de Cristo; nosotros somos esclavos de Cristo, a la luz del concepto de esclavo por amor, voluntariamente. A la luz del primer siglo, los esclavos estaban llamados a permanecer con su amo aún si su amo los trataba de una manera cruel. En nuestro caso, nuestro Amo es benevolente, todo benevolente, todo amor, todo misericordioso, lleno de gracia infinita, y hasta el punto de que nuestro Amo fue y se entregó en una cruz para que el esclavo del pecado pudiera llegar a ser libre del pecado y pasar a ser esclavo del mejor Amo que el universo pudiera conocer.
Pablo lo entendió también, que cuando él fue interceptado camino de Damasco, renunció a sueños, anhelos, deseos, deleites y placeres de manera incondicional. Pablo entendió que la sangre fue el precio que se pagó por él y que ahora él tenía un Amo soberano. La única motivación de Pablo, una vez que fue tumbado al piso e interceptado por Cristo, fue una sola. Escucha cómo él lo dice en 2 Corintios 5:9: "Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables." No importa si estoy presente o si estoy ausente, no importa si estoy en esta vida o en aquella vida, yo tengo una sola motivación, yo tengo un solo propósito, yo tengo un solo combustible, yo tengo un solo motor para mi vida, y es serle agradable a mi Amo. Pablo renunció a su vida; ya no deseaba agradarse a sí mismo ni agradar sus deseos ni sus apetitos.
Probablemente ya les conté esta historia en una ocasión, pero te la voy a contar en este contexto. En la época de la esclavitud en Estados Unidos, cuando Abraham Lincoln fue el presidente que logró eventualmente abolir la esclavitud, mientras la esclavitud estaba presente, él fue a un mercado de esclavos, compró una esclava y se la llevó a su casa. En el camino, la esclava venía caminando detrás, porque ese era el lugar donde le tocaba caminar. Lincoln se voltea y le dice: "La esclava ha sido liberada, tú eres libre." Y ella le pregunta: "¿Qué quieres decir con eso?" "Bueno, tú eres libre." Ella le pregunta: "¿Qué quieres decir con eso? ¿Que yo puedo decir lo que yo quiero?" "Tú puedes decir lo que tú quieras, tú eres libre." "¿Quieres decir que yo puedo hacer lo que yo quiero?" "Tú eres libre, quiere decir eso." "¿Que yo puedo ir donde yo quiero?" "Tú puedes ir donde tú quieras, tú eres libre." Y ella le dijo: "Wow, pues entonces, yo quiero ir contigo."
Eso es Cristo. Tú eres libre, tú eres esclavo por amor, tú quieres ir con Él, porque tú no vas a encontrar en ningún lugar del mundo, ningún amante, ningún dios, ningún ídolo, ninguna condición, ninguna persona que te pueda dar más y tratarte mejor de lo que Cristo ya te ha tratado. Pablo es esclavo, llamado. ¿Cómo fue Pablo llamado? Escucha. Gálatas 1:15-17: "Pero cuando Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, me llamó por su gracia —no simplemente me llamó, me llamó por su gracia— tuvo a bien revelar a su Hijo en mí, para que yo le anunciara entre los gentiles, no consulté enseguida con carne ni sangre, no fui a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui a Arabia y regresé otra vez a Damasco."
Arabia, el desierto de Arabia, tres años allí. No sabemos exactamente qué pasó en esos años, pero por lo menos sabemos de una cosa: durante algún tiempo, Pablo fue sacado y llevado en el espíritu al tercer cielo. Y Pablo está diciendo: yo fui elegido y fui llamado desde la eternidad pasada para ser salvo. Cristo lo intercepta, y el día que fue interceptado, el llamado se hizo realidad, pero ya había sido llamado.
No solamente desde el vientre de su madre —eso fue una forma de decirlo—, sino desde la eternidad pasada. Y ese día Pablo descubrió que él, al igual que tú y que yo, había sido llamado: número uno, conforme al propósito de Dios, Romanos 8:28; que fue llamado para ser salvo de la ira de Dios, Romanos 5:9; que fue llamado, escucha, a ser santo delante de Él, Romanos 1:17; que fue llamado por Su misericordia, Romanos 9:16; y que fue llamado por gracia, Romanos 1:6.
Pero además, Pablo explica en ese versículo uno de Romanos 1 que su llamado tuvo una connotación especial, porque él fue llamado y fue enviado. ¿Por quién? ¿A quién? ¿Para quién? Bueno, cuando Pablo fue tumbado al piso en el camino a Damasco, él quedó ciego; la luz resplandeciente lo dejó ciego. Y entonces alguien lo llevó hasta Damasco, adonde él iba.
El Señor se le apareció a Ananías, un discípulo de Jesús conocido entre la iglesia. Le dice a Ananías que vaya, que en la calle Derecha, en Damasco, hay un hombre llamado Pablo que está ciego. Ananías dice: "Señor, por ahora es un perseguidor de la iglesia. Yo no quiero ir; yo no confío en ese hombre", por así decirlo. Y el Señor le dice: "Ve, porque es un instrumento escogido para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los israelitas, porque yo le mostraré cuánto debe padecer por mi nombre."
Pablo padeció más que tú y que yo. Pero déjame hacer otro paréntesis ahí. El llamado nuestro incluye, de manera personal y universal, un llamado al sufrimiento. No me lo creas a mí; lee Filipenses 1:29: a nosotros se nos ha concedido, no solamente creer en Cristo, sino también sufrir por Él. Es una concesión, el que tú y yo podamos sufrir por Cristo. La aflicción te bendice.
Recuerda la palabra del Salmo 119: "Antes de que yo fuera afligido, yo me descarrié, para que aprendiera tus estatutos. Tú me afligiste, Señor; en tu fidelidad tú me afligiste. Fue bueno para mí ser afligido." Todo esto en el Salmo 119. Pero Pablo fue escogido de manera especial por el Señor Jesús para llevar Su nombre a los gentiles, a los reyes y a los israelitas.
Pablo dice —recuérdalo—: "Pablo, siervo, llamado, apóstol." Pablo dice: "Yo fui seleccionado como apóstol." La palabra apóstol, en sentido general, simplemente implica un enviado. De hecho, se dice que Jesús fue el primer apóstol, enviado por el Padre; que el Espíritu Santo fue un segundo enviado, un segundo apóstol, en el sentido general. Pero la palabra apóstol adquirió también un sentido particular, habiendo doce de ellos.
No podían existir apóstoles falsos, pero después de que Judas murió había que sustituirlo, y se eligió a Matías. Antes de elegir a Matías, Pedro estableció, por dirección del Espíritu, en Hechos 1, el requisito para ser apóstol. Escucha lo que dice en Hechos 1:21-22: "Por tanto, es necesario que de los hombres que nos acompañaron todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, uno se haya constituido testigo con nosotros de Su resurrección." Uno que haya estado todo el tiempo con ellos, de manera que haya sido enseñado por Jesús, y que haya sido testigo de Su resurrección.
Hoy en día no hay una sola persona que llene ese requisito, a pesar de todos los apóstoles que se han ido nombrando en los últimos años. Pablo cumplió con esos requisitos: él fue enseñado por el Señor Jesucristo resucitado, y fue testigo de Su resurrección, porque Cristo le hizo una aparición especial a Pablo. De manera que ahí está Pablo identificándose como apóstol.
Y finalmente, en este versículo 1, Pablo dice que él fue apartado para el Evangelio de Dios. Fue apartado para el Evangelio de Dios. Pablo desde el principio entendió: "Yo no simplemente fui apartado para salvación; yo fui apartado de una manera que tiene algo que ver con el Evangelio de Dios." Por eso les escribe a los corintios en su primera carta, en 1 Corintios 9:16, y les dice: "Porque si predico el Evangelio, no tengo nada de qué gloriarme, pues estoy bajo el deber de hacerlo. Escucha ahora: ¡ay de mí si no predico el Evangelio!"
Primero, claro que no tenía nada de qué gloriarse: fue apartado por gracia, fue apartado para predicar el Evangelio. De manera que era su deber, como él lo dice. Y fue apartado para predicar el Evangelio de Dios; no predicarlo era desobediencia y enfrentarse a consecuencias. Por eso Pablo dice: "¡Ay de mí si no predico el Evangelio!"
¿Cuál Evangelio? El Evangelio de Dios. Ahora escucha. Este mensaje del Evangelio, Pablo se identificó tanto con él, lo abrazó de tal manera, que llegó a llamarlo "mi Evangelio." Y cuando Pablo le llamó "mi Evangelio", no estaba tratando de robarle la gloria a Dios ni al mensaje del Evangelio de Dios, porque eso es un imposible. Simplemente nos estaba ayudando a entender: si Cristo escribió el Evangelio con sangre, nos dio el Evangelio, y me salvó por el Evangelio, ese Evangelio que me salvó ya no es simplemente el Evangelio de Dios; ahora es también mi Evangelio.
Él lo dice en Romanos 2:16 y en Romanos 16:25. Y luego le dice a Timoteo —una tercera y última vez— "mi Evangelio", para que Timoteo pueda entender también de qué manera él abrazó el Evangelio. Y luego dice en Efesios 3:7: "De ese Evangelio yo fui hecho ministro." Ese es el Evangelio que trajo salvación a Pablo.
Pero después que Pablo fue salvo por el Evangelio, Pablo predicó el Evangelio. Y tú me dirás: "Bueno, yo no soy evangelista, yo no soy pastor." Aun así, predica este Evangelio, comparte el Evangelio. El Evangelio que te salvó es el Evangelio que tú tienes que compartir para que otros puedan también alcanzar salvación. Pablo no solamente predicó el Evangelio; sufrió por causa del Evangelio, y tú y yo tenemos el llamado a sufrir por causa de Cristo, Filipenses 1:29.
Pablo no solamente sufrió por causa del Evangelio; vivió el Evangelio, vivió por el Evangelio y testificó del Evangelio. Y eso tú y yo lo podemos hacer en cualquier parte, en cualquier lugar, en cualquier rincón del planeta tierra, en cualquier escritorio de una oficina. La vida de Pablo mostró cómo luce una vida tallada por el Evangelio. Es posible predicar el Evangelio, es posible definir el Evangelio, y no ser un ministro ni un testigo del Evangelio. He dicho en múltiples lugares y naciones que hacen falta más el Evangelio vivido que el Evangelio definido. Pablo mostró cómo luce un hombre tallado por el Evangelio, y finalmente murió por el Evangelio.
"Evangelio" es algo que significa en griego buenas noticias, buenas nuevas. Buenas nuevas: saber que estabas condenado bajo la ira de Dios y que un día Dios te salvó por gracia y pura misericordia, por medio del poder del Evangelio. Eso es buenas noticias. Yo no sé si tú estás de acuerdo conmigo, pero es buenas noticias saber que Dios te libró del peso de la culpa que te condenaba.
Yo no sé si tú lo piensas igual, pero es buenas noticias saber que una vez verdaderamente salvo —subraya la palabra "verdaderamente salvo"— pasarás el resto de la eternidad en presencia de Dios. Es buenas noticias saber que llegará el día en que tú y yo seremos como Él es, y lo veremos como Él es. Y es buenas noticias saber que hay alguien que no te ama porque tú puedes darle placer a Él, sino porque Él, Dios, puede ser tu deleite para el resto de la eternidad. Este amor, el ser humano no conoce absolutamente nada de él.
Déjame cerrar con esta historia, porque yo creo que ilustra lo que acabo de decir. Este amor, el amor que no te ama porque tú puedes darle placer, sino simplemente porque Él puede ser tu deleite para el resto de la eternidad, el hombre no lo conoce. Esta es una historia no real; es una leyenda, pero las leyendas que contienen verdades poderosas vale la pena tenerlas.
Un predicador muy conocido de la primera mitad del siglo XX, Donald Grey Barnhouse, de la Décima Iglesia Presbiteriana de Filadelfia, iglesia muy conocida todavía hasta el día de hoy, cuenta la historia de un joven francés, muy amado por su madre, pero que en sus años de juventud entró en inmoralidad. Él se enamoró ciegamente de una mujer igualmente inmoral, que logró acaparar su devoción completa.
Cuando la madre trató de alejar a su hijo de dicha mujer, debido a su condición de inmoralidad, esta otra mujer se enfureció y acusó a este hombre de que no la amaba. Él insistía en demostrarle su compromiso y su amor, hasta que ella le exigió que le demostrara su amor eliminando a su madre. El joven resistió la demanda de esta mujer, hasta que una noche, estando embriagado, fue persuadido a llevar a cabo ese crimen horrendo.
De acuerdo con la leyenda, el hombre salió corriendo de su habitación y llegó a la casa de su madre, que estaba cerca; la mató brutalmente, hasta el punto de sacarle el corazón para llevarlo como prueba a su novia de que había llevado a cabo el crimen. Pero a medida que él se apresuraba, después de haber cometido tal maldad, se tropezó y cayó encima del corazón de su madre, que ya había sacado y que todavía latía.
La leyenda dice que el corazón habló, y que de repente preguntó: "¿Te hiciste daño, hijo?" Barnhouse comenta que esa es la manera como Dios ama. Si no lo crees, mira la Cruz. En la Cruz, viendo a sus crucificadores, el corazón de Cristo se abrió y dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."
Lamentablemente, nosotros buscamos del amor que esta joven decía tener por este joven, y que este joven decía tener por esa joven, porque mientras Dios nos ama incondicionalmente, nosotros, como dice Pablo al último a Timoteo, somos amadores de nosotros mismos y amantes de los placeres en vez de amadores de Dios. Yo no me inventé esas frases: 2 Timoteo 3:2-4. Nosotros no buscamos el amor incondicional de Dios; Él nos da ese amor y casi por la fuerza nos introduce al reino para que comencemos a conocer de ese amor, porque nosotros preferimos del otro amor, ya que estaban embriagados tanto él como ella.
Es una leyenda, pero una madre llena del conocimiento de Dios y del Espíritu de Dios realmente se atreve a hablar de esa manera: "Hijo, te golpeaste." "Gracias." Porque es de eso que trata esta carta: del amor de Dios desplegado en Cristo Jesús, en la cruz, por gracia, cuando tu corazón sintió misericordia por el corazón malvado de nosotros, y por gracia hemos sido salvos.
Ayúdanos, Dios, ayúdanos a apreciar tu oferta, ayúdanos a entender tus verdades para cantar tus verdades. Señor, todos los amigos, cada vez que cantamos, cantamos verdades profundas del Evangelio, relacionadas al Evangelio, que a veces incluso definen el Evangelio. Cantamos acerca de que Tú eres nuestro Juez y al mismo tiempo eres nuestro Abogado Defensor a la vez, que Tú eres nuestro Mediador, que fuiste a la cruz por judíos y por gentiles.
Ayúdanos ahora a sellar esta mañana este mensaje cantando verdades que están todas desplegadas en esta carta, y permite, como ya hora dedicarlos al principio, que tu vida y mi vida, y la vida de esta iglesia, y aquellos que escuchan, sea una hora y otra después de haber concluido la exposición de esta carta meses más tarde, porque te lo pedimos en Cristo Jesús.
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