IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Desde Génesis hasta Apocalipsis, la Biblia presenta un veredicto constante sobre la condición humana: no hay justo, ni aun uno. Esta afirmación de Romanos 3 contradice frontalmente la idea popular de que el ser humano es fundamentalmente bueno —una postura que incluso líderes religiosos contemporáneos han sostenido, pero que niega tanto la Escritura como la historia misma. Las guerras mundiales con sus decenas de millones de muertos, los padres que abusan de sus propios hijos, Caín matando a Abel por celos apenas un capítulo después de la caída: la evidencia de la ruina moral es abrumadora.
El pecado afectó todas las facultades humanas: la mente quedó cegada, el corazón endurecido, la voluntad esclavizada. Incluso los hombres más virtuosos del Antiguo Testamento —Noé, Job, Daniel— reconocieron su incapacidad de presentarse justos ante Dios. Job mismo preguntó: "¿Cómo puede un hombre ser justo delante de Dios?" y confesó que si quisiera discutir con él, no podría responder ni una vez entre mil. La realidad es que nadie busca genuinamente a Dios; buscan sus bendiciones, la solución a sus problemas, paz para su matrimonio. Cuando esas cosas se resuelven, dejan de buscar.
Pablo describe al ser humano caído con imágenes crudas: sepulcro abierto es su garganta, veneno de serpientes bajo sus labios, pies veloces para derramar sangre. La raíz de todo esto es que no hay temor de Dios delante de sus ojos. La ley no puede salvar; solo funciona como espejo que revela el pecado. Pero precisamente porque las malas noticias son tan malas, las buenas noticias —la justificación en Cristo— pueden saberse verdaderamente dulces.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Recientemente estuvo en las noticias algo que llevó a muchos comentarios. Sonora O'Donnell es una periodista norteamericana de la cadena de noticias CBS. Ella entrevistó al papa Francisco en abril de este año, pero la entrevista no salió a la luz y su contenido tampoco hasta el 20 de mayo. En esencia, el papa afirmaba en esa entrevista que el ser humano es básicamente bueno. Esa ha sido la posición de los teólogos liberales, tanto en el mundo de la iglesia de Roma como en la iglesia protestante, de manera que en cierta medida no fue algo nuevo.
Pero simplemente quería enfatizar eso a la luz del pasado: tenemos que ver y volver a decir una vez más que lo que el papa actual ha afirmado niega completamente lo que la Palabra de Dios afirma de principio. Y de hecho, no solamente niega lo que la Palabra de Dios dice, sino que niega lo que aquellos que ellos consideran sus mejores teólogos han dicho. Agustín de Hipona, en los siglos IV y V, habló de la depravación del hombre, la limitación que él tiene para buscar a Dios, y de cómo, a menos que sea por la gracia de Dios, está destituido de todo bien. Luego, en el siglo XIII, Tomás de Aquino volvió a enfatizar exactamente lo mismo con otras palabras.
A través de la historia lo que hemos visto es que la teología ortodoxa, que se pone de acuerdo obviamente con lo que Dios ha revelado, afirma que desde la caída de Adán y Eva la condición moral del ser humano cayó y entró en una completa corrupción moral, hasta el punto en que todas sus facultades fueron afectadas: su mente fue afectada, su corazón, su voluntad, sus emociones, sus sentimientos, su sensibilidad hacia los demás, su sexualidad —la manera como la ve y la practica— y aun la percepción de la realidad a través de sus sentidos. Nosotros percibimos una realidad distorsionada, de la misma forma que cuando tú miras un lápiz dentro de un vaso de cristal con agua, el lápiz se ve torcido. De esa misma forma, el hombre y la mujer caídos —y muchas veces aun después de la regeneración— continúan percibiendo una realidad que no es.
Esa es la base de la doctrina de la depravación total del ser humano, que está apoyada en múltiples pasajes de la Biblia, pero de manera muy especial en el pasaje que vamos a cubrir hoy. Con esa introducción yo quiero decirte que el título de mi mensaje hoy es: "La ruina moral de la raza humana." Y eso es una ruina, y es moral, y es de toda la raza. Es una doctrina que ha sido verificada en cada siglo de la historia humana; yo diría que en cada año, en cada momento, probablemente en cada hora de la humanidad.
Tú puedes abrir este libro y comenzar a encontrar las evidencias de esa corrupción muy tempranamente. Llegas al capítulo 4 del Génesis: el capítulo 3 es la caída, y en el capítulo 4, Caín mata a su hermano Abel, simplemente porque Dios aceptó la ofrenda de Abel y no la suya, y él se llenó de ira y de celos y lo mató. Tú puedes avanzar un capítulo más, al capítulo 6, y te vas a encontrar que el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal. Tú puedes ver la misma corrupción moral de la humanidad en los habitantes de las ciudades de Sodoma y Gomorra, que fueron destruidas por Dios.
Y tú puedes continuar viendo libro tras libro hasta llegar al libro de Apocalipsis, y vas a encontrar la misma evidencia de la misma corrupción moral. Y si eso no fuera suficiente, tú puedes cerrar este libro, ponerlo a un lado, abrir el libro de la historia secular, y la historia secular se levantaría como acusador en contra de la condición moral de ese hombre.
Nosotros hemos visto las peores atrocidades cometidas aún por padres contra sus propios hijos. En algunos casos han sido quemados vivos en ofrecimiento a dioses paganos. Padres que han abusado físicamente de niños y niñas hasta llevarlos a la muerte, como se reportó hace pocas semanas atrás en nuestro propio país, hecho por una madre. Otros han sido abusados sexualmente por sus propios padres, hasta llevarlos a la prostitución por dinero.
Y si eso no fuera suficiente, podemos ir a la historia de las guerras y simplemente usar dos de ellas, no más, cuando ha habido cientos de ellas. La Primera Guerra Mundial dejó más de 16 millones de muertos. La Segunda Guerra Mundial dejó más de 50 millones de muertos. Y yo no sé cómo alguien puede leer este libro, o leer la historia secular, y llegar a la conclusión de que el hombre es fundamentalmente bueno.
Eso habla de la ceguedad, de lo que habla este texto. Pero independientemente de lo que el hombre opina, de lo que los filósofos opinan, de lo que los teólogos opinan, Dios dejó su veredicto en este libro. Y cuando Dios habla, el hombre calla, y eso es lo que vamos a ver. Vamos a leer el veredicto de nuestro Dios acerca de la raza humana, y vamos a estar leyendo del capítulo 3 de Romanos, del versículo 9 al versículo 20. Esta es su Palabra.
"¿Entonces qué? ¿Somos nosotros mejores que ellos? De ninguna manera, porque ya hemos denunciado que tanto judíos como griegos están todos bajo pecado. Como está escrito: no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se han desviado, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan; veneno de serpientes hay bajo sus labios; llena está su boca de maldición y amargura. Sus pies son veloces para derramar sangre; destrucción y miseria hay en sus caminos, y la senda de paz no han conocido. ¿Cuál es la razón?" Versículo 18: "No hay temor de Dios delante de sus ojos."
Versículos 19 y 20: "Ahora bien, sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se calle y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él, pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado."
Pablo está cerrando un argumento que inició en Romanos 1:18, que anunciamos en el primero y segundo mensaje de esta serie. Él iba a iniciar ese argumento en 1:18 y lo iba a cerrar en 3:20, para continuar luego en otra dirección. De manera que está llegando a su conclusión, y él comienza con una primera pregunta: "¿Entonces qué?" Él ha hecho una descripción extraordinaria de la condición moral del hombre desde 1:18 hasta 3:20, y ahora les está diciendo: "¿Y entonces qué?"
Recuerda que en Romanos 1:18 al 32, Pablo expone la inmoralidad del mundo gentil en la antigüedad. En Romanos 2:1 al 16, Pablo expone la hipocresía de los moralistas. En Romanos 2:17 hasta 3:8, que terminamos el domingo pasado, él expone la errónea confianza del judío, que pensaba que por ser judío, o tener la circuncisión, o ser poseedor de la ley, o ser descendiente de Abraham, con eso le bastaba para entrar al reino de los cielos. Y entonces, después de ese análisis, Pablo dice: "¿Entonces qué? ¿Qué es lo que queda por decir?"
Y él continúa esa pregunta con otra pregunta: "¿Somos nosotros mejores que ellos?" Bueno, si ya Pablo cubrió al judío, y cubrió al moralista, y cubrió al gentil de la antigüedad, ¿quiénes quedan? Yo creo que Pablo en ese "nosotros" está incluyéndose a él mismo y probablemente a los cristianos a quienes él se estaba dirigiendo, y a quienes esta carta les estaba siendo enviada. "¿Somos nosotros mejores que esos otros que ya yo he mencionado, que están bajo condenación bajo la ley?" Y él responde: "De ninguna manera, porque ya hemos anunciado que tanto judíos como griegos están todos bajo pecado." La realidad es que cuando Dios condenó a Adán y a Eva, condenó a su descendencia con ellos, y nosotros hemos quedado en muy mala condición moral.
La pregunta es: ¿qué tan mala es esa condición? Pablo comienza a explicar la condición moral y toma los versículos 10 al 12, los primeros tres versículos, para darnos una idea. Y cuando él va a hablarnos acerca de esto, comienza con una frase muy conocida en el Nuevo Testamento: "Como está escrito." En otras palabras: lo que yo voy a decir ya se dijo, está dicho anteriormente. Yo voy a recopilar una serie de información ya revelada por Dios a través de sus profetas y de los autores anteriores, la voy a unir para decir cómo luce ese cuadro de la humanidad.
Entonces, los versículos 10 al 12: esta es la moralidad del ser humano caído. Pablo comienza diciendo: "No hay justo, ni aun uno." Pero, pastor, yo recuerdo pasajes donde Dios dice, por ejemplo, que Noé era un hombre justo, y de otros se ha dicho algo similar. Pero tenemos que recordar que cuando Dios habló de esas personas en términos de que eran justos, estaba revelando eso en términos relativos, con relación al resto de la humanidad a su alrededor.
La mejor manera de poder ilustrar eso es ir a la Biblia misma. Cuando Dios quiso elegir, o pensó en tres personajes del Antiguo Testamento que pudieran ser usados como modelos de virtud, habló de Noé, de Job y de Daniel. Ellos son mencionados en Ezequiel 14:14 y 14:20. Noé, Job y Daniel. Vamos a ver qué tan justos fueron ellos.
En Génesis 6:9, Dios dice que Noé era un hombre justo. Tres capítulos más adelante, en Génesis 9:20-21, se nos dice que Noé plantó una viña, cosechó del fruto de su viña, bebió del vino, se embriagó, y luego fue a su tienda y se desnudó en su interior. Y el lenguaje en que su estado está expresado no creo que Dios lo tomó como algo accidental.
En Job 1, nosotros leemos que era un hombre intachable, recto, apartado del mal, temeroso de Dios. Pero luego, a medida que se avanza en el libro que lleva su nombre, te encuentras con el veredicto de Job acerca de su propia persona. Escuchen lo que Job dice en el capítulo 9, versículos 2 y 3 de su libro: "¿Pero cómo puede un hombre ser justo delante de Dios?" Es una pregunta que él mismo se hace. Él sabe, él quiere, él desea tener una entrevista con Dios; quiere ir allí y presentar su caso, de que él no ha cometido un pecado por el cual debiera estar sufriendo todas estas enfermedades. Y él dice: "Mi problema es que si yo me presento delante de Dios, yo sé que no me va a declarar justo, porque ¿cómo puede ser un hombre declarado justo delante de Dios?" Escucha lo que él agrega en el versículo 3: "Si alguien quisiera discutir con Él, no podría contestar ni una vez entre mil." Eso es exactamente lo que pasó cuando Dios se apareció y le hizo preguntas a Job: no contestó.
El mismo Job, en el mismo capítulo 9, versículo 20, dice con relación a la causa de su quebranto: "Aunque soy justo, mi boca me condenará." Aunque yo creo que no he hecho nada para merecer todos estos quebrantos, a la hora en que yo comience a hablar, mi boca misma me va a condenar, como terminó haciendo. Y Dios terminó reprendiéndolo al final. Y él agrega: "Y aunque soy inocente..." De nuevo, él estaba pensando en términos de inocente para no recibir esto como causa y efecto. "Él me declarará culpable." Job sabe, Job entiende lo que mucha gente hoy no entiende.
Tanto es así que en el mismo capítulo 9, versículo 33, Job dice: "¡Ojalá hubiese un árbitro entre nosotros, entre Dios y yo, que pudiera poner su mano sobre ambos!" A lo cual nosotros pudiéramos decir: "Job, sí hay un árbitro, aunque tú no tenías mucha idea acerca de Él, pero su nombre es Cristo. Él vino y puso su mano en Dios y su mano en el hombre, y construyó el puente a través del cual tú puedes entrar al reino de los cielos." Este es Job.
Hablamos de Noé, y ahora Daniel: un hombre con un espíritu extraordinario, un nombre que cuando sus detractores lo investigaron no pudieron encontrar ninguna falta en él. Concluyeron que para encontrar alguna falta en Daniel había que encontrarla en la práctica de su religión. Cuando Daniel decide confesarse, va donde Dios, y lo hemos leído en Daniel 9:5: "Hemos pecado." Ahí está él incluido. "Hemos cometido iniquidad, hemos hecho lo malo, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas."
Los tres hombres mencionados por Dios como posibles ejemplos de virtud, de quienes Dios dijo: "Si esos tres, Noé, Daniel y Job, hubiesen estado en medio del pueblo de Israel antes del exilio, ni ellos tres hubiesen podido evitar el juicio que yo traería, y terminé trayendo sobre ellos." Esos tres no tenían, y ellos lo sabían, el capital moral para pagar su deuda. Y una vez más, el problema es que tú y yo no sabemos cuán profundamente nos afectó el pecado. Sabemos cosas que la vida declara, pero realmente, debido a nuestra limitación del conocimiento, todavía no sabemos todo. Pero la vida declara que tu mente fue afectada, que tu corazón también, tu voluntad también, tus emociones, decisiones, tus deseos, tu sensibilidad, tu sexualidad, y la percepción de todo lo que te rodea.
Ahora bien, en cuanto a la mente que quedó afectada, esto es lo que Pablo dice en el versículo 11 al inicio: "No hay quien entienda." Claro que no hay quien entienda. ¿Cómo puede entender, si Pablo nos dijo en 2 Corintios 4:4 que esta mente fue cegada por el dios de este mundo? Y ese dios no es otro que Satanás. Con una mente cegada, yo no puedo entender. De hecho, Pablo les escribió a los corintios, y en su primera carta les dice que el hombre, debido a ese entendimiento cegado que tiene, no puede entender las cosas del Espíritu, refiriéndose al Evangelio y a la oferta de Dios, porque tienen que ser entendidas por medio del Espíritu, y él no lo tiene. Y Pablo dice: "No hay quien entienda, no lo hay."
Pero si todavía no estoy convencido de lo que Pablo dice a los corintios en su segunda carta acerca de la ceguera de la mente, y del hecho de que estamos incapacitados para entender las cosas de Dios, quizás Romanos 8:7, adonde llegaremos eventualmente, nos pueda convencer.
Porque no solo, en el versículo, el apóstol Pablo nos dice tres cosas con relación a la mente del hombre. Hay que oír: la mente puesta en la carne es la mente del hombre que no conoce a Dios. Esa es su mente, y la mía antes de venir a los pies de Cristo es enemiga de Dios. Eso es lo primero. Número 1: porque no se sujeta a la ley de Dios. Número 2: ni siquiera puede hacerlo. Número 3: las personas incrédulas como tú y como yo, antes de venir a Cristo, no se piensan como enemigos de Dios, claro que no, porque ellos han construido el dios de su imaginación, y a ese dios ellos aman. Pero al Dios de la Biblia, de ese Dios ellos no quieren oír, no quieren saber; te catalogan a ti primero de fanático, de radical, antes de pensar: "No es que yo odio al dios que tú me estás describiendo". Pero el Dios que te describo es el Dios que está revelado en este libro.
Entonces eso es lo que ese hombre hace. ¿Y a cuál dios es que ellos adoran? Bueno, es un dios que no es tan condenador como el tuyo. "Mi dios", te dice la gente a veces, "no lo ha sido". Un dios que no es soberano, un dios que salva por diferentes caminos, que no sabe que Dios dice que nadie viene... Cristo dijo: "Nadie viene al Padre si no es a través de mí". Un dios más tolerante de lo que tú hablas, un dios no tan santo, un dios que no se irrita tanto con el pecado como tú piensas. Ese dios de la imaginación, el hombre lo ama. De hecho, las religiones contrarias o distintas al cristianismo no han podido deshacerse de Cristo, porque como Cristo es una imagen, es un personaje que sobresale por encima de todo el mundo a tal altura que nadie se puede deshacer de él; han hecho de ese Cristo algo semejante: un Cristo no condenador, no soberano, no tan santo.
El problema es que nosotros no tenemos idea de lo que el pecado es a la luz de lo que Dios revela. John Stott, en su comentario sobre esta carta, dice: "El pecado es la rebelión del yo". No es que yo transgredo un límite —lo hago, eso lo hago—, pero ya hago eso después de que me rebelo. Es la rebelión del yo contra Dios; es querer destronar a Dios con la intención de entronarse uno mismo. En último caso, el pecado es la determinación irracional de ocupar el trono que solo le pertenece a Dios. Satanás dijo: "Subiré hasta el trono del Altísimo". Adán y Eva dijeron: "Si con esa fruta yo me la puedo comer y ser como Dios, pues me la voy a comer, no importa si Dios dijo que no podíamos comerla porque me va a quitar la vida; probablemente eso no era verdad", y prefirió creerle a la criatura antes que al Creador.
Porque esa mente, que así compró la mentira, ha seguido en rebelión y ahora no se somete a Dios; es enemiga del Dios de la Biblia. No se sometió en el huerto del jardín, no lo hizo en los cielos con Lucifer. Y Pablo dice que es peor: ¿qué es peor que ser enemigo de Dios? ¿Qué es peor que decir que no se somete? Es que ni siquiera puede; está inhabilitada para someterse a Dios. A esto es a lo que algunos han llamado la doctrina de la depravación total del hombre, que simplemente significa que todas las facultades del hombre fueron afectadas por el pecado. Algunos le han llamado la doctrina de la inhabilidad total: hay una inhabilidad total en el hombre de buscar a Dios y someterse a Dios. Él tiene una mente entenebrida y tiene una voluntad esclavizada.
Lo hemos dicho, lo hemos repetido múltiples veces aquí. En 2 Timoteo 2:25-26, que tratemos con mansedumbre a aquellos que se oponen, por si acaso Dios les concede el arrepentimiento para que escapen del lazo del diablo, que los tiene sometidos, esclavos, para hacer su voluntad. Esclavos. Por eso Cristo vino y dijo: "Si el Hijo del hombre te hace libre, entonces sí serás verdaderamente libre". ¿Y qué era antes de que el Hijo del hombre pudiera hacer eso? Esclavo. ¿Esclavo de qué? Del pecado. Pablo en Romanos 3, en la segunda parte, dice: "No hay quien busque a Dios". No hay quien busque a Dios; él carece de la libertad para buscarlo.
Ya dijimos que la voluntad está esclavizada. Nosotros tenemos una cierta libertad de la voluntad para saber qué comer, qué ropa ponerme, a dónde ir; esas son elecciones que no necesariamente implican algo moral. Pero la voluntad para elegir a Dios, la voluntad para buscar de Dios, nosotros no la tenemos, porque el pecado nos quitó esa libertad. Y después de que Adán cambió la verdad de Dios por la mentira, esto es lo que ha ocurrido: la verdad no es parte de tu naturaleza caída ni de la mía tampoco. Por eso es que Dios dice que todos los hombres son mentirosos, lo vimos la semana pasada. Nota que cuando Dios dice "son", está hablando de su esencia, de su naturaleza. Cuando dice que Satanás es mentiroso y que de su naturaleza habla mentira, de eso es que estaba hablando. Lo mismo ocurre con el hombre.
La verdad no es parte de nosotros. Cristo tiene que venir, cambiarme la mente y reclamar mi corazón; ambas cosas tienen que ser hechas. Cambiarme la mente y reclamar mi corazón, porque mi corazón tiene sus amores con otros dioses; tiene que ser reclamado. Y es que la verdad no es parte de nuestra naturaleza. Mira cómo Montgomery Boice lo ilustra, diría que bastante bien, o perfectamente bien, con algo de la naturaleza. Él habla de los animales que son herbívoros, que comen hierba, y animales que son carnívoros y comen carne. El animal herbívoro puede estar ahí acostado con hambre y tú le pones carne enfrente, y él no se come la carne; no le gusta, el olor de la carne no le es atractivo, no le apetece. A él le encanta la hierba, porque eso está en su naturaleza. Por otro lado, los animales carnívoros: tú les pones hierba enfrente y ellos no se la comen, no tienen apetito por la hierba.
Y decía incluso que es más que eso: que ni siquiera tienen la enzima que les permita digerir y obtener suficiente caloría de esa hierba. Trata de notar cómo tú puedes tener un caballo, o cualquier otro animal similar, súper gordo comiendo hierba; trata de hacer eso en tu vida a ver si va a ocurrir, porque ellos tienen enzimas que les permiten digerir la hierba y obtener calorías de un carbohidrato que tú y yo no podemos hacer; no está en nuestra naturaleza. Y lo mismo ocurre con la verdad: fue cambiada por nuestros progenitores, y entonces tú y yo vivimos comprando mentiras y amamos la mentira porque nos hace sentir bien.
La obra más famosa de Martín Lutero, *De Servo Arbitrio*, "La esclavitud de la voluntad", el mismo dijo claramente que él entendía que, de todas sus obras, era como la mejor o la superior de todas. Está dedicada a demostrar por la Biblia la esclavitud de esa voluntad. El hombre natural no le interesa someterse a Dios, como ya dijimos, porque él desea caminar conforme a los deseos de su carne; esa es su naturaleza, esa es su inclinación natural. En su rebelión no tiene ese deseo de someterse a la ley de Dios; la ley de Dios le parece gravosa, difícil, injusta, irracional. No lo dice, pero cuando la viola, eso es lo que está declarando. Con su caída, su corazón quedó endurecido; por consiguiente, el corazón del hombre caído no late por las cosas de Dios. Es más, el corazón del hombre que nace de nuevo con frecuencia tampoco late por las cosas de Dios porque ha comenzado a caminar en el mundo y late por las cosas que el mundo tiene que ofrecerle.
Y es por eso que Dios dice: "Yo tengo que cambiar su corazón de piedra en un corazón de carne". Lo profetizó desde el Antiguo Testamento, Ezequiel 11:19 y 36:26. Y ya vimos lo que Pablo le escribió a Timoteo en su segunda carta acerca de la esclavitud de la voluntad para hacer incluso la voluntad de Satanás.
Pero "yo tengo amigos, o familiares, o he tenido, o pienso que debería haber alguna gente que es sincera y buena, que está buscando de Dios". Escucha: Dios dice que nadie busca de Dios, nadie. Pero mucha gente dice: "No, no, pero sinceramente le está buscando". Una de dos personas está equivocada. Y la pregunta es: ¿quién es, entonces, el que lo anda buscando? Una vez más, Tomás de Aquino no nos resolvió el problema, pero eso es lo bueno: estudiar la historia de lo que los maestros nos han dejado. Siglo 13 —estamos en el 21 ya—, Tomás de Aquino dijo: si la gente no busca de Dios y la Palabra de Dios dice que nadie busca de Él, ¿entonces qué es lo que buscan? Las bendiciones, los beneficios que Dios puede proveer. Quizás no tienen paz en su desasosiego; piden: "Pastor, hagamos una oración". ¡Cuántas veces yo he oído eso, una y otra vez! Aun como médico me lo piden. Le digo: "Yo puedo orar por ti", pero no es sino una oración al Dios del océano, quizás porque su matrimonio no anda bien y quiere arreglarlo, quizás porque quiere ver a sus hijos viviendo más o menos moralmente y prosperando, quiere que sus negocios prosperen. Pero la mejor evidencia de que el hombre no andaba buscando a Dios es que cuando cualquiera de esas cosas se arreglan, paró de ir a la iglesia, al grupo de estudio, al grupo de parejas, o cualquier otra cosa. ¿Por qué lo buscaba? Su problema se resolvió.
Lo dice en esa condición moral que acabamos de leer, donde no hay nadie justo. ¿Y qué era uno? Eso ha hecho que todos se hayan desviado. El versículo 12 de Romanos 3: "A una se hicieron inútiles". Eso es una cita de Isaías 53:6, aunque aparece también en el Salmo 14:3. En la primera parte, el hombre siempre ha preferido su propio camino, y su propio camino lo lleva lejos de Dios. La razón para que él prefiera su propio camino, aunque lo aleje de Dios, es que en ese camino es donde le encuentra la satisfacción a sus deseos carnales o perennales, porque en Cristo lo que hay es la satisfacción de mis deseos espirituales, de mis necesidades espirituales, pero eso no es lo que yo quiero; mi corazón no late por eso, late por esto otro. Y él prefiere su propio camino.
El problema es que en la senda de ese hombre caído, el camino torcido le parece derecho. Proverbios 14:12: "Hay camino que al hombre le parece derecho, pero al final es camino de muerte". Pero yo no lo veo así. No solamente que el hombre que no conoce a Cristo nunca lo vea así, sino que frecuentemente, aun después de haber nacido de nuevo, si me dejo engañar por la
Mentira, yo termino viéndolo derecho a pesar de ser un camino torcido, porque he ido adaptándome a un Dios que pienso que no es tan santo y es más tolerante. Entonces, ¿qué pasó? ¿Qué pasó cuando ese hombre se desvió? Todo se han desviado. Isaías 53, versículo 6, escucha lo que pasó: "Como ovejas, todos se han desviado." Aun así, se volvieron inútiles. Eso es lo que somos. Dios nos creó para ser vasos, no vasos rotos como cantamos ahora. Nos creó para ser vasos de honra, para ser usados por Él, para su gloria, para sojuzgar la tierra y dominarla, para hacerla productiva y hacer que el ser humano, la raza humana, floreciera reflejando su imagen. Pero cuando el hombre cayó, se volvió inútil, porque Dios no quiere usar y en su santidad no puede usar vasos sucios.
Escucha lo que Pablo le dice a Timoteo en su segunda carta: "Si alguien se limpia de estas cosas" —lo primero que debe ocurrir— "será un vaso para honra, santificado, y útil para el Señor, preparado para toda buena obra." ¿Notaste que la santidad necesita preceder a la utilidad? Será un vaso útil si se limpia. No es simplemente que Dios te limpia —aunque es Dios quien al final termina limpiándonos—, pero hay un rol que a ti y a mí nos toca jugar, que es vital, que es fundamental. Y en este caso, Pablo está enfatizando a Timoteo el rol que él tiene para que eso ocurra: "Si alguien se limpia de estas cosas."
Como el hombre se desvió de Dios y se dejó corromper por el pecado, la raza humana entera se volvió inútil. "Así no los puedo usar, así no los quiero usar." Y en la segunda parte de Romanos 3:12, Pablo vuelve a enfatizar algo que ya hemos dicho: no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Esa cita viene también del Antiguo Testamento, Salmo 14:3, segunda parte —si mi memoria no me falla—: "No hay quien haga lo bueno." Versículo 10: "No hay justo, ni siquiera uno." Es un negativo universal. No hay nadie. Se implica: no importa adónde tú vayas, no lo vas a encontrar. No hay la más remota posibilidad de encontrar un justo, ni siquiera uno. Como quien dice, si alguien me preguntara: "¿Pero hay alguna excepción?" No. Ni uno.
El versículo 12 reafirma lo mismo de otra forma: no hay nadie bueno, nadie que haga lo bueno. "Razón mide", pero a veces con hambre le doy de comer. "¿Eso no es bueno?" Sí, claro, eso es bueno. Y si alguien le falta ropa y le doy ropa, "¿son bueno?" Sí, claro, eso es bueno. Y cuando hay desastre natural y gente, incluso creyente y no creyente, va a prestar esos servicios, "¿no es bueno?" Sí, eso es bueno, decimos nosotros como los jueces. Y luego se aparece Dios. Vamos a revisar esas buenas obras. "Cuando hiciste lo que hiciste, ¿eso fue todo lo que tú le viste y pudiste haber hecho por esa persona?" "Bueno, tú sabes, la vida es complicada." ¿No te va a ver si tus motivaciones fueron correctas? ¿Tú sí tenías buena acción, la que sea, realmente porque tu corazón estaba lleno de bondad, o te estabas acordando de que anoche, la semana pasada, hiciste algo malo delante de mis ojos, y estabas tratando de ver si lo bueno que hacías ahora podía como balancear un poco el balance entre los malos y los buenos?
Nosotros pudiéramos pensar que eso es extraño. No, no está extraño. Lo hemos visto en consejería y lo hemos hablado con diferentes personas. La forma más extrema de eso es cuando el abusador, ya sea de palabra o físico, abusa de la esposa de palabra o físicamente, y en la noche se aparece con un ramo de flores; le está tratando de compensar la maldad de la mañana. "¿De amor? ¿Lo quisiste? ¿Lo hiciste para mi gloria o para la tuya?"
Una vez tú comienzas a entender la corrupción moral tuya y mía, lo único que debiera pasar es tener un mayor agradecimiento a nuestro Dios por la persona de Cristo, que vino y se sacrificó por nosotros. Y lo segundo que debiera pasar es que estuviéramos mucho más dispuestos a entregar toda mi vida, esfuerzo, energía, tiempo, dones, talentos, oportunidades y circunstancias para la gloria de Dios. Porque eso de radical, como algunos de ellos no tiene absolutamente nada. Dios —la segunda persona de la Trinidad—, sin necesidad alguna, feliz en sí mismo, como la Trinidad, gozosa, plena, satisfecha, decidió enviar a la segunda persona de la Trinidad a sacrificarse.
Ahora estamos hablando de radicalismo: a sacrificarse, a meterse en un vientre por nueve meses —como hemos dicho otra vez—, a pasar por el canal de parto, a vivir como un hombre, a someterse a los hombres, a lavar los pies sucios de sus discípulos, que terminaron traicionándolo y abandonándolo, yendo a la cruz y crucificándose ahí, y luego desde una cruz así: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." Cuando tú y ella, y tú y yo, lleguemos a ese nivel de entrega y pasemos de ahí, entonces estamos hablando de radicalismo. Hasta entonces, debiera hacer lo que Pablo dice en Romanos 12: tu culto, tu adoración, tu respuesta racional es solamente lógica. Si tú respondes de esa manera, lo único que tiene lógica es que tú y yo vivamos una vida de esa forma. Lo otro es ilógico, irracional e ingrato.
Ahora nos está ayudando a ver no solamente la condición moral de la naturaleza humana, sino cómo comienza a comportarse cuando se aleja de Dios. Es inútil. Pero Pablo sabe que algo que Cristo dijo es verdad: de la abundancia del corazón habla la boca. Podemos analizar —si queremos saber hasta dónde y cómo estoy internamente— necesito revisar cómo hablamos. Y esto es lo que Pablo dice, inspirado por su Espíritu: "Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan de continuo; veneno de serpientes hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y amargura."
Sepulcro abierto. Imagínate un sepulcro: enterramos a alguien hace una semana, diecisiete días, lo abrimos y el olor es repugnante. Les decía: si no es repugnante, no es pecado —porque la palabra que Él usa en el Antiguo Testamento es "abominación" para referirse a la reacción ante el pecado—. El versículo 13, que acabo de citar, "sepulcro abierto es su garganta", es una cita parcial del Salmo 5:9. Ese salmo, aparte de hablar de sepulcros abiertos, comienza diciendo que no hay sinceridad en lo que dicen —hablando de los hombres— y termina diciendo: "Con su lengua hablan lisonja."
El engaño del que habla el salmista es multiforme, porque nosotros no lo vemos —porque actuamos en lo que nos guiamos—. Pero tú y yo sabemos, si somos honestos, que a veces decimos lo opuesto de lo que la realidad es, tratando de ocultar la realidad. A veces decimos solamente una parte y, cuando alguien nos pregunta, decimos: "Bueno, ¿que no me preguntaste de la otra parte?" "Puede ser, pero yo sé por qué solamente dijiste una parte." A otras veces hacemos creer que estamos a favor de Juan, pero en el día estamos trabajando con Pedro. "Pero yo necesito que tú no sepas que estoy trabajando con Pedro; tengo que hacerte creer que es contigo que estoy trabajando." Y ese es no la teoría, sino la práctica de los espías. Pero Dios conoce, porque los espías saben cómo desviar la atención de lo que ellos están tratando de hacer o han hecho.
A veces magnificamos o minimizamos la realidad. Otras veces las palabras no son más que lisonjas, dice el Salmo 5:9. Creo que sabemos lo que es "lisonja", pero a nivel de interés busqué sinónimos: dice "alabanza, halago, elogio, adulación, aplauso", y escucha esto: "coba". Pero de la "coba" dice: "Palabra usada en República Dominicana solamente para la lisonja." Estaba dando coba, pero la intención, ¿cuál es? Obtener algún beneficio de la otra persona.
Nuestro hablar nos delata, hermanos, más de lo que pensamos. De hecho, tú has sido testigo de cómo el hablar de otro delata a ese otro, porque a veces tú has oído —de hecho, y sobre todo cuando tú has tenido hijos, pero aún sin hijos decimos lo mismo— tú oyes a alguien y le dices: "Está igualito, se ve de dónde salió." En otras palabras, se ve la raíz. O a veces decimos: "Tanta inmovilidad me confunde." La razón por la que decimos eso es porque la persona habla conforme a su condición, y como somos así, no lo llevamos al vuelo.
"Veneno de serpientes hay bajo sus labios." El versículo 13, segunda parte, es una cita del Salmo 140:3. Así es como Pablo tomó siete pasajes distintos del Antiguo Testamento y los unió como perlas que son. Tú sabes cómo ponen un cordel, una cadena, una tras la otra. Veneno de serpientes hay bajo sus labios.
Leyendo acerca de esto esta semana, entendí que las víboras, cuando van a morder, mueven su veneno hacia unas ampollas —vamos a llamarles vesículas— debajo de sus labios, de manera que cuando muerden, el veneno es inyectado a través de la mordida. La serpiente es usada a lo largo de la Biblia hasta llegar al libro de Apocalipsis, cuando habla de Satanás como la serpiente antigua, para referirse a algo maligno. Cuando Adán y Eva estuvieron en el huerto, se apareció una serpiente ahí y comenzaron sus simbolismos. Tú sabes lo que ella habló, y tú sabes que lo que habló fue puro veneno, y fue un veneno letal: le quitó la vida espiritual a esa primera pareja.
Las palabras tienen un poder. Las palabras no tienen poder de crear realidades, como muchos viven declarando y confesando y demás, como hemos dicho. Pero las palabras tienen un poder de influencia extraordinario, tanto las palabras como las imágenes. Lo que en Estados Unidos se llama el Surgeon General —que sería en español como el cirujano general, aunque no se traduce del todo el significado— hace unos días declaró, y dijo que ya lo había dicho el año anterior, que es su recomendación —esa es la función de ese funcionario; él no es el secretario o ministro de salud pública, es otra persona, pero la función de esta persona es representar a la población y recomendarle aquellas cosas que serían buenas para su salud— él ha recomendado desde el año pasado que las redes sociales tengan una etiqueta que diga que son peligrosas para la salud mental. Porque él reconoce el poder de las palabras y de las imágenes, y la capacidad que tienen no simplemente para afectarte, sino para enfermarte mentalmente.
De ese hablar, Pablo dice que veneno de serpientes hay bajo sus labios. Pudiéramos decir lo mismo de la ideología de género. Pudiéramos decir lo mismo de aquellos que opinan que el aborto está permitido. Podemos decir lo mismo de las filosofías ateas y de las filosofías no ateas, pero contrarias a la Palabra de Dios. Cuando Cristo vino, cuando Juan el Bautista vino, ambos se refirieron a los fariseos con relación a sus enseñanzas y les llamaron, o les llamaron, "raza de víboras" o "camadas de víboras", porque reconocieron lo letal de sus enseñanzas.
El libro de Proverbios tiene amplias recomendaciones en cuanto a cuidar lo que nosotros oímos, por la manera como somos cautivados por lo que escuchamos. Porque lamentablemente, al haber quedado con una mente caída, una mente limitada, nuestro discernimiento del bien y del mal, junto con mis deseos carnales, me crea un grave problema en cuanto a discernir lo que es verdad, lo que no es verdad, lo que es conforme a la Palabra y lo que no es.
En el versículo 14, todavía hablando de la forma de hablar del hombre caído: "Su boca está llena de maldición y amargura." Es una alusión al Salmo 10:7. Y lo hace Pablo para describir la manera como ese ser humano se ha comportado a lo largo de los siglos. Y dice el versículo 15: sus pies. Ya no es el hablar; ahora es el camino, cómo él vive, lo que ha hecho. "Sus pies son veloces para derramar sangre."
Te puede tentar decirte: "Bueno, yo sé que hay gente criminal, hay gente terrorista, hay pandillas, como les llaman, que son dadas a estas cosas." No. La Biblia muestra que gente de Dios ha hecho cosas así. ¿No te das cuenta de la rapidez con la que Caín mató a su hermano? "Yo tengo un hermano, tengo los dos los mismos padres, no me gustó, no me gustó lo que Dios me dijo, no me gustó que Dios prefirió a mi hermano sobre mí. Lo mato. Ahora vamos a ver a quién le queda, quién queda para Dios."
¿Viste la facilidad con que David mandó a matar al esposo de Betsabé, Urías? Lo emborrachó una vez, lo emborrachó una segunda vez. No pudo con él. "Pero yo tengo la intención de quedarme con ella y de ocultar mi pecado." Pues sabes que lo mandó a matar, como se mata un animal cualquiera. Aquí está el plan: ahí la carta; tómala, Urías, él mismo la lleva —la carta donde está descrito cómo es que él va a morir— y le trae la noticia a David. Y él le dice al que le trae: "No te preocupes, que en la guerra como mueren unos, mueren otros." En otras palabras: se murió uno más. Sí, veloces son sus pies para derramar sangre.
La tranquilidad con que mataron a Jesús. ¿A quién prefieren? ¿A Barrabás o a Cristo? "¡No, no! ¡Suéltanos a Barrabás! ¡Al criminal suéltalo! A este que queremos matar, al justo, al santo, al Hijo de Dios." El hombre ha dejado, a lo largo de su historia, este saldo.
El versículo 16: "Destrucción y miseria hay en sus caminos." Claro, esa es la historia de la humanidad. Personas destruidas: Caín, Urías, Cristo. Matrimonios destruidos. Familias destruidas. Iglesias destruidas. Ciudades destruidas. Naciones destruidas, hasta estar cosechando ya un colapso de la civilización occidental.
¿Y por qué todo eso? Bueno, el versículo 17: "La senda de paz no han conocido." El día que Adán y Eva compraron la mentira, cambiaron la obra de Dios por la mentira. Dios entró en guerra con ellos, entró en guerra con el pecado, y ellos entraron en guerra con Dios. Ellos comenzaron a honrar la criatura en vez del Creador. Desde entonces el hombre no ha tenido paz: no ha tenido paz con Dios, que fue la primera paz que se rompió; no ha tenido paz consigo mismo; no ha tenido paz con sus semejantes.
Hermano, ¿no han notado cómo, aún después de la regeneración, aún después de haber recibido un corazón de carne, aún después de haber recibido el Espíritu de Dios en nuestro interior, aún después de haber sido perdonados, con frecuencia la naturaleza carnal que todavía permanece con nosotros se llena de ira, de celos, de envidia, de deseo de aprobación, deseo de dominar, de controlar, de ganar el argumento —aunque pierdo la relación, qué importa—, de poseer lo que Dios no me ha provisto, o de ser ingrato y llenarme de amargura porque no estoy contento con lo que Dios me ha dado?
Después de haber creído y después de haber tenido una naturaleza regenerada, imagínate ahora al hombre que no conoce a Dios. Y pensar que hay gente hoy que te sigue diciendo, que se supone conoce la Biblia, que el hombre es prominentemente bueno. Ciertamente la mente está ciega. Y ese hombre peca entonces de manera recurrente.
Y cuando es incrédulo, pues su falta de paz —el espíritu lo inquieta— y él termina ahí, en donde está Dios, que es donde tiene que ir, para ver si puede reponer su paz interior. Pero no tiene paz con los demás: no tiene paz con sus hijos, no tiene paz con sus cónyuges, no tiene paz con sus compañeros de trabajo, no tiene paz con los hermanos de la iglesia, no tiene paz con el pastor, no tiene paz con el vecino. No tiene paz, porque el hombre no puede tener paz con los seres humanos si su relación con Dios no está en su lugar.
El problema es que tú y yo no acabamos de entender —yo lo estoy predicando, lo estoy enseñando, yo me estoy incluyendo ahí— tú y yo no acabamos de entender lo horrible que es el pecado: no solamente para Dios, porque no somos Dios, pero lo horrible que es el pecado para los unos y los otros.
Escucha esta descripción que viene del año 1857. No estoy seguro de quién es el autor, porque está en una enciclopedia de esa época, y esto es lo que dice: "El pecado es una deuda, una carga, un ladrón, una enfermedad, una lepra, una plaga, un veneno, una serpiente, un aguijón. Es una carga de maldiciones y calamidades, bajo cuya aplastante e intolerable presión gimió la creación."
¿Quién es el sepulturero —la verdad— que acaba tumbas para el hombre? ¿Quién es la tentadora pintada que le roba la virtud? ¿Quién es la asesina que destruye su vida? ¿Quién es esa hechicera que primero engaña y luego condena su alma? Respuesta: el pecado. ¿Quién con aliento helado arruina las hermosas flores de su juventud? ¿Quién rompe el corazón de los padres? ¿Quién lleva con tristeza a la escena a los ancianos hacia la tumba? Respuesta: el pecado. ¿Quién convierte a los niños mansos en víboras, a las madres tiernas en monstruos, y a sus padres en personas peores que Herodes, y los convierte en asesinos de sus propios hijos inocentes? Respuesta: el pecado.
En resumen, la razón por la que el hombre ha vivido la destrucción descrita es por lo que aparece ahora en el versículo 18, hacia la conclusión de este texto: "No hay temor de Dios delante de sus ojos." Es otra cita del Antiguo Testamento, Salmo 36:1. Ahora tú entiendes por qué Pablo dijo "como está escrito": ya esto se dijo, yo lo estoy repitiendo.
Cuando nosotros hablamos de temor, la primera idea que viene a nuestra mente es esa experiencia que tú y yo hemos tenido de temblor cuando tenemos una amenaza, cuando estamos frente al peligro.
Pero citando de nuevo a Montgomery Boice, él dice: en la Biblia, la palabra "temor", cuando se usa para referirse a Dios, denota una actitud mental correcta y reverencial ante él. Una actitud mental y reverencial correcta ante él tiene que ver con adorarlo, obedecerlo y apartarse del mal. Por eso leemos, dice Boice, en Proverbios 9:10: "El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor; conocer al Santo es tener entendimiento." El temor del Señor tiene que ver con un marco de referencia, vamos a decirlo así, donde tú le adoras, donde tú le obedeces, donde tú eres reverente delante de él.
Pablo dice que el problema de todo lo anterior, como puedes ver en el versículo 18, es que "no hay temor de Dios delante de sus ojos." Si el hombre no obedece, no cree, no sigue, no se somete, no adora a ese Dios. Ahora, él quiere cerrar su argumento, y entonces lo va a cerrar en el versículo 20. Vamos a leer el 19 y el 20 y vamos a exponerlo como cierre, porque de ahí en adelante él va a ir en otra dirección.
Romanos 3:19: "Ahora bien, sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se calle y todo el mundo se haga responsable ante Dios." Pablo habló a los judíos y les habló de la ley que Dios les dio a través de Moisés, lo que algunos llamaban la ley de Moisés. Pablo dice que los que tienen la ley de Moisés saben que la ley misma los acusa; se tienen que callar. Pero Pablo nos habló también de otra ley: la ley moral que está escrita en el corazón y en la mente de cada uno de nosotros, en nuestra conciencia, que a veces nos acusa y a veces nos defiende. Y lo que Pablo dice es que cuando tú te pares delante de Dios, esa ley moral te va a acusar, en caso de que tú nunca hubieses recibido la ley anterior. Por eso Pablo dice: "Para que toda boca se calle y todo el mundo se haga responsable delante de Dios."
El día que tú y yo nos paremos delante de Dios, no habrá nada que decir en términos de defensa. Recuerda el libro de Job: todo lo que Job defendió su causa, defendió su integridad, y cuando Dios se le apareció, le hizo múltiples preguntas. Dios no respondió ninguna de las suyas, y Job hacía así —se pone la mano sobre su boca—, como si estuviese diciendo: "Cállate, no te atrevas." Se arrepintió en polvo y en ceniza. Cuando Dios se le apareció al profeta Isaías, cayó como muerto, no habló, al piso se consideró un hombre de labios impuros: "¿Con qué es que yo le voy a salir a Dios si tengo labios impuros?" Cuando se le apareció a Habacuc —esa es como la mayor descripción—, Habacuc dice que sus entrañas, sus intestinos se movieron, se estremecieron, tuvo cólicos; esas son sus entrañas. "Mis labios temblaron, mis piernas también, y sentí como si mi interior hubiese estado podrido." Cuando Juan se encontró con Cristo en la isla de Patmos, cayó como muerto también, y en silencio. Para que toda boca se calle.
Y lo que Pablo está diciendo es que la ley —en la que muchos han confiado en sus obras, en la que muchos han confiado violando la ley de Dios— que quede claro en el versículo final: "Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él, pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado." Lo único que la ley puede hacer —la ley no te puede salvar, a pesar de ser buena, santa y justa, como Pablo lo dice en este mismo libro— es ser un espejo que revela tu pecado, el mío, lo mal que estamos tú y yo, y nada más.
La única forma en que tú y yo podemos ser salvos es a través de la persona de Cristo. La única forma es que tú y yo hayamos puesto nuestra confianza genuina y verdadera en Cristo como nuestro sacrificio, como nuestro perdonador, como nuestro Redentor, y que hayamos puesto la confianza en Él como Dios y Señor de mi vida, y que luego entonces mi vida dé testimonio de que verdaderamente yo hice eso. Porque como sabemos, y hemos dicho, y hemos predicado, y otros lo han enseñado también, es fácil hacer una profesión de fe y luego no vivir la profesión. Por eso pudiéramos ser profesores de la fe y no poseedores de dicha fe; otra cosa completamente diferente es hacer la profesión de la fe, ser poseedores de la fe y vivir una vida de testimonio de que esa fe realmente está en mí.
Pablo dice que de aquí en adelante, de Romanos 3:21 en adelante, vamos a hablar de cómo ese hombre puede ser justificado por Dios en Cristo. Pero antes de entender cuán buenas son las buenas nuevas, tú tienes que entender cuán malas son las malas nuevas. Y es ahí entonces que él empleó todo este tiempo, y hemos empleado trece mensajes distintos para explicar esta corrupción moral, para que ahora la gracia de Dios pueda realmente saber dulce, y nosotros podamos en agradecimiento responder con una vida más entregada, más santificada, más digna del llamado que nos ha hecho.
Para eso vamos a dedicar toda una conferencia de tres días a una vida digna de su llamado, para que podamos entender mejor aquí afuera a qué nos llamó, para que podamos honrar las palabras de Pedro cuando dice: vivir una vida santa, vivir santamente en toda vuestra manera de vivir; toda vuestra manera de vivir: cómo piensas, cómo hablas, cómo caminas, cómo son tus relaciones, lo que ves, cómo vendes, cómo compras, cómo te vistes, y todo lo demás.
Padre, gracias por tu Hijo Jesús, que a pesar de nuestra corrupción moral —yo no puedo hablar por nadie más, puedo hablar de la mía— gracias, porque a pesar de mi corrupción moral, Tú me miraste con ojos de piedad, de misericordia, de gracia y amor infinito, y decidiste venir de lo alto, lleno de gracia y de vida, para perdonar mis pecados. Perdóname si en algún momento trato de reclamar algo de esa vida para yo vivirla a mi manera, en algún momento, de cualquier día, de cualquier época, de cualquier año. Ayúdame a decir, ayúdanos a decir como Pablo: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia." Padre, estaba vagando en el mundo en medio del error, seguía sin poder ver la verdad, pero Tú saliste a buscarme, me encontraste, y aunque antes era un rebelde, ahora soy tu hijo y Tú me has dado el derecho de sentarme a la mesa contigo. Gracias, Cristo, por ese privilegio, por ese llamado tuyo. Y es en tu nombre que hemos predicado y orado. Amén.
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