IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Nuestra generación posee más conocimiento que cualquier otra en la historia humana, y sin embargo exhibe la mayor descomposición moral de manera global. Personas brillantes pueden manejar computadoras complejas pero son incapaces de manejar sus propias vidas. Esta paradoja revela una verdad fundamental: el conocimiento permite construir empresas, pero solo la sabiduría permite construir una vida, una familia, una civilización. El conocimiento sin sabiduría destruye.
Santiago plantea una pregunta directa: ¿Quién es sabio entre ustedes? Y la respuesta no viene en forma de definición, sino de demostración. La sabiduría verdadera se muestra en el estilo de vida, en una mansedumbre que no es pasividad ni timidez, sino impulsos y emociones bajo el control del Espíritu. El ejemplo de Salomón resulta sobrecogedor: oró pidiendo sabiduría para gobernar, pero cuando perdió su conexión con Dios terminó con un harén de mil mujeres y encontrando la vida insípida. La sabiduría no se deposita en la memoria como el conocimiento; requiere una conexión viva con Dios.
Santiago contrasta dos sabidurías radicalmente opuestas. La terrenal produce celos amargos, ambición personal, arrogancia y mentira; es maquinadora, calculadora, encubridora, como la serpiente en el Edén o como Judas preguntando "¿Seré yo, Maestro?" mientras ya había pactado la traición. La celestial es pura, pacífica, amable, llena de misericordia y buenos frutos, sin hipocresía. Una divide, la otra reconcilia. Una destruye, la otra construye. El conflicto del Medio Oriente, los conflictos matrimoniales, todo comenzó cuando Adán intercambió la verdad por la mentira. Y así sigue ocurriendo en cada vida que abraza la sabiduría del mundo.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
El título pudiera ser más específico, pero sería mucho más claro. Es algo que reflejaría todo el contenido. Es algo como la diferencia entre la sabiduría divina y la sabiduría humana. Es la diferencia entre el cielo y el infierno. Esto está ahí, dicho de otra forma. Lo único es que el título sería muy largo, pero sería el título que mejor reflejaría el contenido del mensaje.
El título "Sabiduría de lo alto para la vida debajo del sol" está muy cercano a mi corazón. La palabra sabiduría, por eso es que nuestro ministerio, verdad, hacia afuera, tiene ese nombre: Integridad y Sabiduría. Es algo que yo expuse en mi corazón varios años antes de venir a Santo Domingo de regreso. Y al mismo tiempo es esa palabra que es tan necesaria para nuestros días. Y ciertamente pudiéramos argumentar que la sabiduría ya era algo que ha sido necesario a lo largo de toda la vida, y eso es verdad. Pero nuestra generación ha sido caracterizada por diferentes analistas, incluyendo pensadores cristianos, como una generación de altos riesgos, desafíos y problemas, intervenciones y alternativas como nunca antes, lo cual hace mucho más necesario el hecho de que nosotros necesitemos sabiduría para vivir en tiempos turbulentos.
Yo no creo que nadie pudiera argumentar en contra del hecho de que nosotros vivimos en la generación más tecnológicamente avanzada de todos los tiempos, sobre todo si tú piensas en los últimos cincuenta años. Y sin embargo, al mismo tiempo, yo creo que sería difícil encontrar a alguien que argumentara de otra forma en cuanto a lo que voy a decir. Y es que esa misma generación es la que está mostrando la mayor descomposición social y moral de manera global.
Yo quiero enfatizar eso de manera global, porque ciertamente de nuevo siempre ha habido algún área del planeta, alguna región, alguna ciudad como Sodoma y Gomorra, que ha exhibido descomposición social y moral. Pero de manera global, esa es otra historia. Al presente, el mundo parece colapsar, sobre todo lo que ha sido conocido como la civilización de Occidente. Leí algunas cosas, no nuevas, pero de algunos autores nuevos esta semana, acerca de cómo ese colapso no simplemente va a ocurrir, sino que estaba ocurriendo, porque el mundo perdió su pie de apoyo, su columna de soporte, y como consecuencia hoy ha comenzado a derrumbarse paulatinamente frente a nuestros propios ojos, y no lo vemos.
Yo creo que es chocante —esta es la palabra— casi contradictorio, que la generación con más conocimiento en la existencia humana, miles de años de existencia humana, sea la generación que exhiba los mayores índices de descomposición. Leí esta semana —los cité la semana pasada— acerca de Peter Singer, ese filósofo secular, ateo, tratando de defender y promover las relaciones sexuales con animales. Al presente la gente, y hombres de inteligencia, no parecen saber la diferencia entre un ser humano y un animal. No pude contenerme y tuve que responderle, y le decía que si él no sabe la diferencia entre la dignidad humana y lo que es el ser animal, no puedo tener respeto por su opinión humana.
La gente no parece saber la diferencia entre lo bueno y lo malo, entre la verdad y el error, lo que es moral o inmoral. Nuestra generación no parece saber cómo definir lo que es un hombre o una mujer, lo que es una persona, lo que es una familia, lo que es un matrimonio, o lo que es educación sexual versus pornografía. Nuestros maestros en los colegios y en las escuelas no saben la diferencia entre educación sexual y pornografía. No quiero generalizar, pero una gran cantidad de ellos no lo conocen. Nuestra generación perdió la razón. No solamente fue que perdió la fe, perdió la razón. Nuestra generación ha conservado la inteligencia, pero perdió su sapiencia.
Eso es posible y lo estamos viendo. Mucha gente sabe el qué, pero no saben el porqué. Ellos pueden saber cómo —el qué es hacer—, pero ellos no saben por qué deben hacer lo que van a hacer. Muchos saben lo que es una boda, el qué es una boda, pero desconocen por qué debemos casarnos, porque Dios considera el matrimonio algo especial. Eso es saber el qué, pero no el porqué. El qué de las cosas tiene que ver con conocimiento, pero el porqué de las cosas tiene que ver con sabiduría. Y con conocimiento tú puedes organizar, tú puedes levantar una compañía, una empresa. Pero si eso es lo único que tú sabes o tienes, con conocimiento tú no puedes organizar tu vida, tú no puedes levantar tu vida. Eso es parte del problema: tenemos mucho avance tecnológico, conocimiento tecnológico, pero luego no sabemos cómo manejar nuestra propia vida.
Warren Wiersbe, a quien yo he citado varias veces a lo largo de este libro porque es un autor que ya murió hace unos pocos años atrás pero tiene un comentario sobre este libro muy práctico, él dice algo como esto: todos nosotros conocemos personas muy inteligentes, casi genios, y sin embargo parecen incapaces de llevar a cabo las simples tareas de la vida. Escucha: ellos pueden manejar computadoras, pero no pueden manejar sus propias vidas. ¡Wow! Computadoras complejas, y no pueden manejar su vida. Y ese autor termina citando Proverbios 4:7, que dice: "Lo principal es la sabiduría; adquiere sabiduría." Eso lo dice Dios, pero ve bien, Proverbios 4:7.
Tú puedes levantar una empresa multimillonaria, multinacional, con conocimiento, pero tú requieres sabiduría para levantar una familia y, sobre todo, para levantar toda una civilización. La sabiduría construye; el conocimiento sin sabiduría solo te lleva a destruir. Destruye tu vida, destruye tu matrimonio, destruye la vida de otros. La sabiduría construye; el conocimiento sin sabiduría destruye. El conocimiento, que es lo que frecuentemente enfatizamos, lo que ponemos en el enfoque hoy, te permite encontrar un trabajo, incluso con buena paga. Pero es la sabiduría de Dios la que te permite encontrar la vida eterna. El trabajo va a pasar, y si no pasa el trabajo, pasa la compañía, y si no pasa la compañía, pasas tú. Pero la sabiduría de Dios es la que te permite encontrar la vida eterna, que será para siempre.
Hemos hablado de eso en otras ocasiones, en otros contextos, pero con una sola mala decisión, en una sola conversación, en esa decisión, Adán perdió toda la sabiduría que Dios puso en él. Porque la sabiduría no es algo que tú depositas en la mente, en la memoria de alguien, y permanece como el conocimiento —como ocurre con el conocimiento—. La sabiduría requiere una conexión con Dios para continuar viendo la vida como la vida es. De manera que a Adán se le ofreció la verdad de parte de Dios, la fuente de verdad, y vino la serpiente y le ofreció la mentira —el padre de mentira, como le llamó el mismo Jesús—, y Adán hizo el intercambio. Nadie lo forzó; fue una oferta. Aquí está la verdad, aquí está la mentira, y Adán decidió intercambiarla. Y ese es el origen de la idolatría, según Pablo en Romanos 1:25.
Adán —nosotros— perdimos toda la sabiduría que Dios le había dado al ser humano, y nosotros la reganamos poco a poco en Cristo, y por completo al entrar en los cielos. Diferentes definiciones han circulado, han abundado, acerca de lo que la sabiduría es y lo que no es. Una definición podría ser esta: la habilidad de ver la vida como Dios la ve. Pero requiere algo más. Comienza ahí, pero luego yo tengo que vivir consecuentemente con esa sabiduría. Porque aquí está la vida como Dios la ve, y sin embargo no vivimos necesariamente conforme a lo que vemos. De manera que yo necesito una conexión con Dios, en este caso vía el Espíritu que mora en nosotros, para que, luego de ver la vida como Dios la ve, yo pueda vivir la vida como Dios la quiere: una vida consecuente con lo que se ve.
Otra manera de definir la sabiduría sería: aplicar las verdades bíblicas a las diferentes circunstancias de la vida. Tenemos la misma Biblia, leemos la misma Biblia, tenemos al mismo Dios, la misma morada del Espíritu, pero no todo el mundo ve en esa Biblia lo que otros ven. Yo recuerdo en una de las conferencias internacionales, en un tiempo de preguntas y respuestas, que alguien preguntó por qué seguíamos escribiendo libros acerca de las mismas cosas que están aquí, y mi respuesta fue: porque todavía no hemos agotado la sabiduría que Dios depositó aquí, y por eso tenemos que seguir escribiendo. Es como la introducción a mi mensaje, una introducción larga. Recuerda algo antes del texto de hoy.
La preocupación de Santiago son varias, pero todas coinciden en un punto. El punto número uno: Santiago está preocupado con el hecho de cómo se supone que luzca la vida cristiana. Número dos, todo es muy similar, dicho de forma diferente: cómo se supone que un cristiano luzca. Y por otro lado, a Santiago le preocupa que gente que dice que es cristiana, y se cree que es cristiana, no sea cristiana, porque por un lado corre un gran peligro de llegar al final y no entrar, y por otro lado le podría dar una mala reputación a la fe cristiana.
Fue eso lo que en Santiago, en el capítulo dos, que vimos hace un par de mensajes atrás, él hablaba de que si tú dices que tienes fe pero no tienes nada que mostrar para enseñar dónde y cómo es que tu fe luce, entonces tú no tienes fe. Tú crees que tienes fe, pero tu fe está muerta; y si está muerta, no tienes salvación; y si no tienes salvación, no tienes entrada. Entonces, de esa misma manera, Santiago nos ayuda a ver: si tú dices que confías en Dios, pues, ¿por qué no muestras la confianza que tienes en la ley de Dios para vivir conforme a la ley de Dios?
Y luego entonces en el capítulo tres, la semana pasada, al inicio, vimos que a Santiago le preocupaba cómo nosotros hablamos. Cómo se supone que un cristiano hable, cómo es que luce una vida que verdaderamente tiene una fe viva —que es el capítulo dos—, y él dice: no puede ser que de la misma boca, con la misma lengua, salga maldición y bendición.
Santiago entiende que la forma de hablar de una persona puede dejarnos ver mucho acerca de ella; de hecho, puede dejarnos ver incluso si es cristiano o no es cristiano. La maldición y bendición no deben salir de la misma boca. Entonces, ahora Santiago va a usar el texto que vamos a leer para ayudarnos a ver, en la práctica, la diferencia entre la sabiduría divina y la sabiduría terrenal. Él no ofrece una definición; él dice: "Mira, en la práctica una luce así y otra luce asado." Ahora tú saca la definición de ahí, de esas ilustraciones.
Vamos a leer ahora del libro de Santiago, o de la carta, como se llama, de Santiago, del capítulo 3, versículos 13 al 18. Son textos bien cortos realmente. "¿Quién es sabio y entendido entre ustedes?" Es una pregunta. "Que muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tienen celos amargos y ambición personal en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica. ¿Ves la diferencia? Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala. Pero la sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía. Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz."
Como les dije, es un texto breve que no nos da una definición conceptual, más bien nos describe. Observa a la persona y tú te puedes dar cuenta si vive con una sabiduría terrenal o celestial. Y Santiago, en esencia, hace lo mismo que ya ha hecho en otros textos anteriores: él hace una pregunta, y comienza con una pregunta otra vez. "¿Quién es sabio y entendido entre ustedes?" Quizás Santiago está apercibido de que muchos dicen ser sabios, no genios, sabios, que tienen sabiduría.
Recuerda que en el texto anterior, él comenzó con una advertencia. El texto anterior, la semana pasada, él comenzó diciendo que no nos apresuremos a ser maestros, porque el maestro va a ser juzgado con una mayor severidad. Quizás todavía con ese pensamiento, porque esto sigue; tú sabes, nosotros tenemos el texto dividido en versículos, pero acá llegaron las cartas sin versículos ni capítulos. Quizás está pensando en esos maestros y dice: "Bueno, si alguien dice ser sabio para enseñar, o dice tener sabiduría para ocupar alguna posición de liderazgo, sobre todo en los asuntos que tienen que ver con las cosas del Señor, entonces demuestra esa sabiduría. Demuestra por la manera como tú vives que esa sabiduría está en ti, que tu estilo de vida y tu carácter piadoso demuestren que realmente tú has recibido sabiduría de lo alto y que tú vivas conforme a dicha sabiduría."
Escucha cómo la Nueva Traducción Viviente lo dice, en el versículo 13: "Si ustedes son sabios y entienden los caminos de Dios, demuéstrenlo viviendo una vida honesta y haciendo buenas acciones con la humildad que proviene de la sabiduría." La Nueva Biblia de las Américas simplemente dice que muestre su sabiduría por su buena conducta y sabia mansedumbre. Pero esta otra traducción nos ayuda a entender un poco más: se demuestra viviendo una vida honesta, haciendo buenas acciones con la humildad que proviene de la sabiduría. En otras palabras, la sabiduría divina crea, desarrolla y cultiva una humildad en la persona que sale en sus obras y sus demostraciones. Sabes vivir de una manera que agrada a Dios.
En el griego, la palabra mansedumbre —y hemos hablado de esta en otra ocasión, pero les recuerdo— tenía que ver con un animal que había sido domesticado, de manera que ese animal todavía tenía toda su energía, todos sus bríos, pero ahora era un animal manso que respondía incluso a los comandos que había aprendido. En el caso de nosotros, responderíamos a los comandos que Dios nos ha dejado en su Palabra. De la misma manera, un cristiano manso tiene todos sus impulsos y emociones bajo control por el control del Espíritu. Por eso es que lo que Santiago tiene que decir aquí es muy compatible con las virtudes que Pablo ha enumerado en Gálatas 5:23, del fruto del Espíritu.
Cuando nuestros impulsos y deseos están fuera de control, nosotros no estamos viviendo conforme a una sabiduría divina, o quizás nunca la hemos poseído. Es posible tenerla y perderla. Salomón es el mejor ejemplo de eso. Habló con sabiduría; el pastor Luis leyó al principio la manera como él oró pidiendo sabiduría para manejar a su pueblo, y luego perdió su conexión con Dios y, en buen dominicano, se volvió un 8. Y eso es lo que nadie quizás llegó a ser en muchos tiempos. Esa vida de Salomón nos deja ver que si tú pierdes tu conexión con Dios, tú eres capaz de tener hasta un harén de mil mujeres. Eres capaz de encontrarte la vida insípida.
¿Te encuentras la vida insípida? Sin no muy atractiva, no muy gozosa, no te llena. Salomón sabe lo que es eso, o supo lo que es eso, sin la sabiduría de Dios. Hermano, tú puedes adquirir conocimiento de una persona. Tú puedes ir a una clase y el profesor te puede enseñar, para poner algo sencillo, que dos más dos son siempre cuatro, dos por dos también son cuatro, cinco menos uno también es cuatro. Pero la sabiduría no se adquiere de la misma manera. Tú no vas a un curso, a un retiro de tres días, un retiro titulado "Aprende, conoce o adquiere sabiduría", y a los tres días sales diciendo: "¡Wow, qué hombre, qué mujer más sabia!" No, eso no ocurre.
Porque Eclesiastés 2:26, escrito por Salomón cuando todavía no se había perdido, o antes de perderse, dice: "A la persona que le agrada a Dios, Él le da sabiduría, conocimiento —mira cómo lo separa— y gozo." Dios no solamente te da la sabiduría; Dios te da la sabiduría para gozar lo que entiendes, para disfrutar lo que entiendes y lo que estás ahora viviendo. Te da conocimiento, y luego, a través de la sabiduría, te enseña cómo aplicar el conocimiento a las diferentes circunstancias de la vida; pero junto con eso te dice que eso para ti es gozoso. Pero eso depende de una relación con Dios, por eso es que no se aprende sabiduría en una conferencia de tres días.
Entonces, vemos algo: el versículo trae ese primer reclamo, el primero. El texto nos llama a mostrar esa sabiduría viviendo con una mansedumbre sabia. Ahora, uno pudiera decir: "Una mansedumbre sabia, ¿qué es eso?" Bueno, yo creo que sé lo que Santiago tiene en mente. Estoy pensando que cuando habla de una mansedumbre sabia está tratando de decir: sí, una mansedumbre genuinamente cultivada. Pero a veces personas muy pasivas, que no hacen gran cosa, lucen como mansas, pero eso es más como menso que manso. Tampoco es la timidez del que vive amarrado por sus temores; esa no es la mansedumbre sabia. El que es sabio sabe el qué y sabe el por qué de las cosas; es algo que viene de lo alto.
Dios provee la mansedumbre, o la sabiduría que me hace manso de manera sabia —válgame la redundancia—, me hace manso. Dios provee la sabiduría que me hace manso. Lo que nos deja ver que Dios es quien provee la mansedumbre sabia. Bueno, eso es lo que Cristo dijo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y entonces encontraréis paz para vuestras almas." La mansedumbre es el fruto de ser sabio, pero la mansedumbre también viene de Dios; ya Cristo me dijo que es de Él que tengo que aprender.
Estas dos virtudes son parecidas, son como dos caras de una misma moneda, pero reflejan aspectos distintos. La humildad, yo pudiera decir que una persona es humilde y tú no saberlo, porque la humildad es una condición, una disposición interna; incluso es como una disposición mental: no te crees superior, no te crees mejor, no tienes que darte el primer lugar, no tienen que aprobar todo lo que tú piensas. Pero quizá nadie sabe eso. La mansedumbre, en cambio, es la reflexión externa de la humildad interna. Entonces, Cristo dice: "Aprende ambas cosas de mí."
Y como dice para recalcar, resulta bien saber que la mansedumbre de la que Santiago habla es una de las virtudes del fruto del Espíritu en Gálatas 5:22-23. Ah, por eso viene de arriba: es que esto lo produce el Espíritu, el Espíritu que mora en ti. Cuando tú estás leyendo y estás obedeciendo, el Espíritu te va guiando a entender y luego a aplicar; esto va creando en ti una mansedumbre que es una de las virtudes del fruto del Espíritu. Ahora entiendo por qué está en unos y no en otros, incluyendo entre cristianos. Pero para sentirlo de otra manera: una vida que no exhibe las cualidades de un cristiano no está siendo dirigida por el Espíritu. Y si no estás siendo dirigido por el Espíritu, una de dos: o hay una deficiencia del fruto del Espíritu —lo cual es posible, porque quizás no tengo la madurez suficiente; no una insuficiencia del Espíritu, sino una insuficiencia del fruto del Espíritu—, o no hay Espíritu morando en mí. Y es lo que a Santiago le preocupa.
Entonces, Santiago menciona cuatro características más en el versículo 14, la porción del versículo correspondiente a la sabiduría que no viene de arriba, de la sabiduría terrenal: "Pero si tienes celos amargos y ambición personal en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdad." Uno: celos amargos. Dos: ambición personal. Tres: arrogancia u orgullo. Y cuatro: el engaño o la mentira. Vamos a ver rápidamente cada una de ellas.
Celos amargos. Hay otras traducciones que hablan de envidia amarga, y de hecho, buscando en fuentes del lenguaje original, ambas traducciones son válidas. La envidia nos ayuda un poco más a entender, porque la persona envidiosa desea lo que otros tienen. O cuando alguien recibe algo que yo no recibo, me siento mal, me molesta, me irrita. Puede ser un don que Dios haya dado, puede ser una posición de liderazgo —de pastor, de diácono, de lo que tú quieras, de maestro—, pero a mí no me lo dieron.
No puede ser una diferencia de ingreso, lo que tú quieras, pero cuando otro tiene algo que yo no tengo, aunque yo había estado bien hasta ahora, si me entero hoy, ya hoy estoy molesto. Esa es la envidia. La persona envidiosa vive preguntando por qué el otro tiene lo que yo no tengo, por qué el otro recibe lo que yo no recibo. Y cuando eso no se resuelve, entonces me lleva a la amargura. Eso es la envidia amarga de que habla Santiago en el texto de hoy, ese es el resultado.
Pero esa persona que tiene esa envidia amarga tiene la segunda cualidad o vicio que Santiago menciona: ambición personal. Claro, porque es egoísta. Para tener envidia, tienes que ser egoísta; no lo puede ser de otra manera. Entonces, Santiago nos dice que el mundo puede instruirte a vivir así, pero tienes que saber que cuando vives de esa manera no solamente estás transgrediendo la ley de Dios, sino que la manera como estás viviendo allá arriba no está complaciendo a nadie.
Y esa persona egoísta entonces es arrogante y orgullosa, que es la tercera característica que Santiago menciona. Claro, porque la persona egoísta, por definición, va a ser orgullosa. Sus opiniones son mejores, sus decisiones son mejores. De hecho, todo el mundo debiera pensar conforme como él o ella piensa y debiera seguir las decisiones que él o ella toma. La persona egoísta se cree mejor que otros, porque como está centrada en sí misma no ve las cualidades, el progreso o la madurez de otros. Y de ahí que se considera superior.
Santiago dice que eso es típico de la sabiduría terrenal. Y la cuarta característica que Santiago menciona en el versículo 14 es la habilidad de mentir. La mentira es típica de la sabiduría del mundo y comenzó en el jardín del Edén, hace mucho tiempo atrás. Y Santiago califica de manera clara esta sabiduría en el versículo 15: "Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica." Esa sabiduría es diabólica, dice Santiago, cuando tenemos ambición personal y envidia amarga, cuando mentimos.
Por eso decía alguien recientemente que nunca nos parecemos más a Satanás que cuando mentimos. ¿Alguien que no haya mentido que levante la mano? ¿Alguien que no haya mentido cientos de veces? Santiago dice que cada vez que lo has hecho, te pareces a Satanás. Claro, él es el padre de la mentira; no es Cristo, que es la personificación de la verdad.
Escucha cómo Jesús nos ayuda en Juan 8:44: "Y ustedes son de su padre el diablo." ¿Cómo te gustaría que le dijera eso a un grupo de personas que dicen ser seguidores del Mesías? A ese grupo entero les dice: "¿Saben que ustedes son de su padre el diablo?" Sonaba como una bofetada bastante dura eso. "Y quieren hacer los deseos de su padre. Él fue un asesino desde el principio," claro, lo único que puede hacer es destruir y matar. "Y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él." Satanás no dice la verdad porque no la tiene y no te puede dar lo que no tiene; no hay verdad en él. Si alguna vez te dice algo de verdad, tiene un propósito mentiroso detrás.
Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y padre de la mentira. Cuando Dios habla verdad, habla de su propia naturaleza. Cuando Satanás habla mentira, habla de su propia naturaleza. Cuando nosotros hablamos mentira, hablamos de nuestra naturaleza caída, carnal, todavía en necesidad de regeneración. Cuando la hablamos, cuando la vivimos, cuando la abrazamos.
Santiago dice que esa sabiduría es terrenal, es natural y es diabólica. La palabra "terrenal" nos hace pensar en este mundo. Este mundo nos enseña de múltiples maneras cómo vivir diabólicamente, cómo vivir de una forma que agrada al príncipe de la potestad del aire y desagrada al Dios creador. Cuando algo surge, tu reacción más inmediata para defender algo, para encubrir algo, para quedar bien delante de alguien, es la mentira. Y cuando eso ocurre, habla de tu propia naturaleza.
Este mundo nos bombardea continuamente a través de todo lo que vemos y oímos. Una filosofía materialista que pone importancia en las cosas materiales de este mundo. Pragmática: si funciona, está bien. Clasista, donde ciertas clases son consideradas como mejores o superiores; a veces es por raza, a veces por nivel económico. El mundo transmite una sabiduría egoísta, prejuiciada, competitiva, y vivimos compitiendo. Queremos los primeros lugares, queremos que se nos aplauda, que se considere mi opinión como válida todo el tiempo. Es una sabiduría porfiada que vive peleando y sobre todo, en nuestros días, terca. Esa es la sabiduría.
No importa quién seas y no importa dónde vivas, estamos rodeados y bombardeados por eso, y nuestra mente es impactada por esos valores, incluyendo la mente de quien habla. La Palabra de Dios es lo único que nos puede deconstruir mucho de lo que esa otra sabiduría ha construido en nosotros, de lunes a sábado.
Santiago dice que esa sabiduría que llama terrenal es también natural. El hombre natural no entiende las cosas de Dios, nos dice Pablo en 1 Corintios capítulo 2. El hombre natural: esta sabiduría es natural, es la sabiduría del hombre que no conoce o que no posee a Dios. Pero también pudiéramos pensar con la palabra "natural" —no estoy diciendo que Santiago quiso decir esto, pero podemos pensar— que también es como natural, la sabiduría que tenemos, porque es natural a las naturalezas que hay. Las pasiones de la carne son naturales a las naturalezas caídas; son estas pasiones que cuando se incendian nos llevan, nos arrastran, nos seducen.
La sabiduría terrenal es muy sensorial: es muy típica de lo que mis sentidos me dicen, veo cosas y me siento atraído, toco cosas y me siento motivado, estimulado. Es muy típico, ¿verdad?, de la sexualidad humana, entre otras cosas. Entonces, es terrenal, es natural, pero Santiago dice que es diabólica. Lo que nosotros copiamos del mundo es aquello que Satanás ha infiltrado en el mundo, aquello que Satanás ha sembrado en el mundo.
Hay dos cosas que debemos entender en ese mundo, y nosotros tenemos que librar una batalla contra tres enemigos, como hemos mencionado en otras ocasiones: contra el mundo, contra Satanás y, la peor de las tres, contra mi naturaleza carnal, con la que me acuesto y me levanto. El peor enemigo no es el otro; es esa naturaleza diabólica. Esa sabiduría diabólica tú la ves reflejada, cómo trabaja, en el Génesis.
Mientras más años pasan, más me encuentro volviendo al Génesis. Esa sabiduría del mundo es maquinadora; en inglés dirían "schemer": es alguien que maquina y manipula para que lo que él o ella está haciendo no se sepa, es algo encubierto, encubre mis intenciones. Es una sabiduría astuta. Mucha gente dice: "Fulano es muy sabio," pero no se están dando cuenta de que a lo que él está llamando sabiduría es astucia del mundo. Es una astucia, y tú la ves en la serpiente: tiene una astucia para acercarse a la primera persona.
Y tú sabes cómo se acercó, de la manera más inocente. Y tú sabes cómo ocurre contigo y conmigo: viene alguien de la manera más inocente y te hace una pregunta aparentemente inocente. La serpiente viene con: "¿Con que Dios ha dicho que no deben comer de ningún árbol del huerto?", como si él no supiera la respuesta. Esa es la sabiduría del mundo: es encubridora. Y así también lo es Judas: "¿Seré yo, Maestro?" En serio, Judas, tú has hecho un acuerdo con los principales sacerdotes y lo vas a vender en una hora por treinta monedas de plata, ¿y tienes las agallas de decirle al Maestro: "¿Seré yo, Maestro?"? Esa es la sabiduría del mundo: maquinadora, calcula cada paso que va a dar, incluso calcula: si doy este paso y me responde de esta manera, ¿cómo voy a dar el otro paso? Eso es cómo Satanás lo tiene en su mente. Y la sabiduría del mundo sabe esperar, como el depredador que espera con calma para asestar su golpe. Y así pasó en el huerto del Edén; esa fue la sabiduría de Judas.
El resultado de eso en el jardín del Edén y en el resto del mundo es confusión y destrucción. Y eso es lo que Santiago concluye en el versículo 16, cuando está concluyendo acerca de la sabiduría del mundo: "Porque donde hay celos y ambición personal, ahí hay confusión y toda cosa mala, toda malicia, toda iniquidad." El conflicto del Medio Oriente comenzó en el Edén. Los conflictos matrimoniales de hoy comenzaron en el Edén. Los conflictos con los hijos hoy comenzaron todos en el Edén. Sabes que cuando aquella primera pareja, que es como el árbol de todos nosotros, abrazó la mentira y abrazó la sabiduría humana, terrenal, natural, diabólica, y la abrazó del mismo Satanás, el resultado es exactamente lo que Santiago está describiendo: confusión y toda cosa mala, toda iniquidad, toda guerra, toda muerte, todo homicidio.
Todo tuvo su origen en el intercambio de la verdad por la mentira, y así ocurre en tu vida y así ocurre en la mía. La palabra traducida como "confusión" aquí en el texto de Santiago significa desorden, como en el Génesis, como la Torre de Babel. Inestabilidad, como lo que Pablo describe acerca de la iglesia de Corinto cuando le escribe su segunda carta. Escucha lo que Pablo dice en 2 Corintios: "Pues temo que cuando vaya no me gustará lo que encuentre, y que a ustedes no les gustarán mis reacciones. Temo que encontraremos peleas, celos, enojo, egoísmo, calumnias, chismes, arrogancia y conducta desordenada."
Todos esos adjetivos no han cambiado. Arrogancia, celos, egoísmo, conducta desordenada; el resultado de todo eso, Santiago dijo que era confusión. Ahí estaba una iglesia viviendo en una completa confusión; no parecían ni siquiera una iglesia. El temor de Pablo era encontrar exactamente lo que había ocurrido: peleas, celos, enojo, egoísmo, calumnias, chismes, arrogancia y conducta desordenada.
Así luce el mundo hoy. Pero sabes que la única razón por la que el mundo de hoy luce así de manera global es porque las familias que lo componen están así de manera global, y porque los individuos que componen las familias están así de manera global en su interior. Como dice el puritano Thomas Watson: no hay nada que se vea en la vida de alguien, incluyendo la miel, que no haya estado primero en el corazón de esa misma persona. El mundo está así porque el mundo interior del hombre está así mismo. Nada que se vea en la vida de alguien, o en la tuya, no ha estado primero en tu corazón. Todo comienza con una persona, y esa persona eres tú y yo.
De manera que la sabiduría de la que Santiago estaba hablando, como terrenal, crea división, es pretenciosa, genera contienda y finalmente destrucción. A eso vino Satanás. Y Pablo reprendió a la iglesia de Corinto por eso mismo, precisamente. El mundo interior vive confundido, pero la confusión la trae simplemente el intercambio de las verdades que ya Dios había arreglado acerca de lo que es un hombre, una mujer, un matrimonio, una familia, lo bueno, lo malo, el error, la verdad, lo moral o inmoral. Hemos hecho el cambio.
Santiago dice: "Pero hay otra sabiduría." Santiago dice que la sabiduría de lo alto es primeramente, como todo lo opuesto: escucha, pura, pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación ni hipocresía. En otras palabras, la sabiduría de Dios produce una vida de excelencia moral. La persona es caracterizada por otros que la ven vivir. Recuerda que Santiago me está diciendo cómo luce ante los demás, que otros la ven. Eso hace a un hombre, a una mujer de excelencia moral; eso es una vida de santidad. La otra sabiduría, mejor dicho, produce una vida de inmoralidad.
Santiago dice en 4:4, nos vamos para allá, pero lo voy a mencionar para cuando lleguemos: "¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios." Y si hay algo que la iglesia contemporánea ha querido hacer, tratando de mantenerse relevante, es hacerse amiga del mundo. Y Dios dice: tú eres una iglesia adúltera, porque eso implica enemistad conmigo. Nosotros somos como el agua y el aceite, dice Dios; el mundo y yo no nos mezclamos. Si el mundo lo perdió Satanás, yo lo he estado tratando de rescatar.
Pablo nos habla en 1 Corintios 1:19 de que la sabiduría de este mundo es necedad ante los ojos de Dios. Es una necedad. Y tú sabes que el necio es aquel que dice: no hay Dios. En otras palabras, la sabiduría del mundo la tiene aquel que vive como si no hubiera Dios, como si no hubiera juicio. La sabiduría del mundo es fruto de la razón; la sabiduría de Dios es fruto de la revelación. Son dos senderos, pero no se parecen. La sabiduría del mundo tiene que ver con la razón del ser humano; la sabiduría de Dios tiene que ver con la revelación del ser divino de Dios.
Mientras que la sabiduría del mundo se reviste de engaño, de codicia, de mentira, de divisiones, la del cielo es pura. No vive para el momento, no es egoísta, porque es pura. No es sensorial, porque no opera simplemente conforme a los deseos de los sentidos o a los deseos que los sentidos disparan. Es pura porque carece de segundas intenciones, como las de la serpiente o las de Judas. Considera de qué fondo los demás son afectados. Es pura porque no simplemente actúa, sino que se pregunta: si yo doy este paso, ¿cómo va a afectar eso la vida de este otro, o la vida de la iglesia, o la reputación de la iglesia? Es pura porque no negocia la verdad. Vive la verdad; no negocia la verdad en ninguna de sus expresiones, ni pequeña ni grande.
Además, dice Santiago que es pacífica, porque procura la unidad. La sabiduría de Dios nos quiere unir; la sabiduría del mundo, y la misma de Satanás, nos quiere dividir. Tú sabes bien que la sabiduría del mundo, la sabiduría de Satanás, lo que hizo fue que no reconcilió con Dios. Adán y Eva estaban bien y los dividió de Dios. Y tuvo que venir el segundo Adán, Cristo, a reconciliarnos con Dios. La sabiduría de Dios nos une, nos reconcilia; la del mundo nos separa y nos divide. Por eso Santiago dice que es pacífica. El padre de la mentira nos divide del Creador; la fuente de verdad, la personificación de la verdad, Cristo, nos une al Creador. ¿Ves la diferencia?
Santiago dice que esa sabiduría también es amable. Pero esa amabilidad no es debilidad ni es comprometedora; es una amabilidad firme. Tú sabes que nadie puede ser más manso y más humilde que Cristo, pero era firme. Alguien caracterizó a Abraham Lincoln diciendo que tenía un carácter de acero de terciopelo. Como que sean dos cosas que no van juntas, pero eso implica que era amable, gentil y firme al mismo tiempo.
Santiago dice también que es condescendiente: toma en cuenta a la otra persona, toma en cuenta si la vas a dañar o herir, si la vas a aplastar o destruir. Te imaginas lo fácil que sería vivir con una persona que sea condescendiente hacia ti. ¿No te agradaría fácil vivir con esa persona? Imagínate entonces si tú fueras condescendiente hacia esa otra persona; sería una convivencia extraordinaria. Santiago dice que así es como Dios quiere que sea la nuestra. Y eso es lo que Él anda buscando: que el mundo viva como el cielo vive. Por eso es condescendiente. No es una persona testaruda, no es intransigente, no es cerrada, no es inflexible, porque está llena de la sabiduría de Dios.
Está llena de misericordia, dice Santiago también. La misericordia que Cristo exhibió no lo eximió de reprender y confrontar a los escribas y fariseos. Exhibió una cosa, pero no lo eximió de la otra. Y eso es importante que lo conozcamos: no es una misericordia sin límites, porque la justicia balancea y equilibra. Dice que está llena de buenos frutos, eso dice Santiago. Mira cómo te voy a leer de la Nueva Traducción Viviente cómo Cristo habló de estos frutos. Yo creo que esta traducción lo tiene bastante claro.
Mateo 7, el Sermón del Monte, versículos 15 al 20: "Ten cuidado de los falsos profetas que vienen disfrazados de ovejas inofensivas, pero en realidad son lobos feroces." Mira cómo viene la mentira diabólica: los falsos profetas vienen disfrazados de manera inofensiva, pero en realidad son voraces. "Puedes identificarlos por su fruto, es decir, por la manera en que se comportan." Ves, es el estilo de vida. "¿Acaso puedes recoger uvas de los espinos o higos de los cardos? Un buen árbol produce frutos buenos; un árbol malo produce frutos malos. Un buen árbol no puede producir frutos malos, y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Por lo tanto, todo árbol que no produce frutos buenos se corta y se arroja al fuego." Así es el infierno. "De la misma manera que puedes identificar un árbol por su fruto, puedes identificar a la gente por sus acciones."
Eso es Santiago 1, capítulo 2, versículo 1: no me digas que tienes fe y no tienes obras. Enséñame tus obras, porque cuando yo vea tus obras, ahora sí voy a poder identificar a la gente por sus acciones. Finalmente, Santiago dice que esa sabiduría es sin vacilación, sin hipocresía; en otras palabras, sin engaño. La palabra hipocresía en el griego antiguo se usaba para referirse a alguien que se ponía una máscara, una careta, e iba luego a actuar delante de personas como un actor. Eso es lo que es un hipócrita: él es un actor. Él es una cosa en público, pero en privado se quita la careta y luce de otra forma. No podrías saber; le tomas una foto en privado y una foto en público y no sabes que son dos personas de la misma persona. Sin hipocresía, dice Santiago. Es veraz.
Y eso es lo que Pablo dice cuando quiso defender su testimonio delante de los corintios. Escucha cómo Pablo lo dice en su segunda carta, capítulo 1, versículo 12: "Nuestra satisfacción existe en el testimonio de nuestra conciencia, que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal, sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, especialmente hacia ustedes." Cuando Pablo quiere hablar de con qué tipo de sabiduría él se condujo, hace alusión a su estilo de vida y dice claramente: el testimonio de mi conciencia, que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal, sino en la sabiduría divina, celestial, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia ustedes.
Y Santiago concluye: "Y la semilla cuyo fruto es la justicia." O sea, lo que siembras, las acciones, las obras, el estilo de vida, es la justicia, que es la excelencia moral. Se siembra en paz, por aquellos que hacen la paz. Ellos, los que hacen la paz, los que están viviendo conforme a la sabiduría celestial, cuando tratan de sembrar sus obras, cuando tratan de sembrar su estilo de vida para que fructifique, lo hacen en paz, no creando división, trifulcas, pleitos, celos, envidia ni división. Nada de eso.
Y termino con esto: que Dios nos ayude y que Dios nos dé esa sabiduría. Primero, que Dios nos dé su Espíritu, porque quizás no lo tenemos, y para eso necesito salvación. Segundo, que si ya tengo el Espíritu, entonces que Dios me permita rendirme, vaciarme, para que el Espíritu me llene, para que entonces yo pueda ver la sabiduría celestial y vivir en el mundo terrenal debajo del sol conforme a la sabiduría que se me dio de allá arriba para que viva aquí abajo. No es que voy a vivir con pajaritos en el aire, tratando de imaginar que vivo en el cielo; no, todavía no vivo allá. Es el "ya, pero todavía no": el reino de los cielos está aquí ahora, pero todavía no en su plenitud, al mismo tiempo. Pero es para vivir la vida debajo del sol.
Y ahora tú tienes que anclar tu vida en Cristo. Él es tu sabiduría, pero es quien al mismo tiempo puede permitir que tú no seas desarraigado, porque créeme que hombres con mejores obras que cualquiera de nosotros terminaron dejando la fe y afirmando en su lecho casi de muerte que Cristo era su mejor amigo, lo mejor que les había ocurrido, y al mismo tiempo siendo incapaces de confesarlo como Señor y Salvador.
Este es el testimonio de Temple Townley, compañero y evangelista de Billy Graham. Al final de los años 40 y principios de los años 50, testificaba de que Cristo era la mejor persona que había venido al mundo, lo mejor que le había pasado, pero cuando tenía que ver con su salvación, él decía: "Ya he dicho lo suficiente." Ahí se quedó, y así murió, sin reconciliarse. ¿Que no sea esa tu suerte? Ni la mía.
Padre, leí esta semana con detalle acerca de la vida de Temple Townley, y lágrimas venían a mis ojos al pensar cómo una persona puede confesar llevar a otros a tus pies y terminar condenada. Ayúdanos a vivir tu vida y a entregarte la nuestra por completo.
Señor, hay alguien aquí que tiene dudas de su salvación, o está seguro de que no tiene salvación. Señor, en este momento yo te pido que tú le des convicción de pecado, deseo de arrepentirse, de pedir perdón, de entregar su vida, de confesar la obra de Cristo a su favor, de saber que no hay nada ni nadie que lo pueda salvar. El rango del cielo es que solamente la sangre de Cristo, derramada para el perdón de pecadores, por gracia, y con su confianza puesta en ti, es lo único que puede levantarlo de la condenación a la salvación.
Ya no estoy yo, Dios, para que tú puedas ser glorificado, y nosotros seremos bendecidos en tu nombre. Amén.
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