Integridad y Sabiduria
Sermones

El qué y el cómo de la salvación (parte 1)

Luis Méndez 30 septiembre, 2018

El problema más grande que enfrenta un ser humano no son sus finanzas, su salud ni sus relaciones: es que la ira de Dios está pendiente sobre él y rechaza la única oferta posible de salvación en Cristo Jesús. Esta verdad, que muchos prefieren ignorar, es el corazón del mensaje de Tito 3, donde el apóstol Pablo declara con claridad: "Él nos salvó". Esas dos palabras contienen todo el centro de la vida cristiana.

La salvación que Dios ofrece abarca tres dimensiones. Nos salva de la culpa del pecado en el pasado, porque solo Dios puede callar la voz de una conciencia acusadora y declarar: "Estás perdonado". Nos salva del poder esclavizante del pecado en el presente, ese dominio que destruye vidas, matrimonios y familias sin que la persona sepa cómo escapar. Y nos salva de la condenación futura, de aquel día donde Dios juzgará no solo las obras sino los pensamientos y motivaciones del corazón. Nadie puede resistir ese escrutinio por sí mismo.

El pastor Luis Méndez ilustra esta realidad con una experiencia personal: citado ante un juez por una supuesta infracción de tránsito, sintió el peso de estar bajo el escrutinio de un hombre imperfecto durante apenas cinco minutos. Si eso fue tan difícil, ¿cómo será comparecer ante la mirada del Dios santo? Sin embargo, cuando la salvación llega, Dios deja de ser un juez amenazante para convertirse en un Padre celestial que ama, abraza y bendice. Ese es el regalo más grande que cualquier ser humano puede recibir.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos, hermanos, para mi vida en su satisfacción!

Si son tan amables, vamos al libro de Tito, el Nuevo Testamento, capítulo 3. Hemos titulado el sermón de esta mañana "El qué y el cómo de la salvación". Tanto este domingo, Dios mediante, también el próximo domingo, vamos a estar examinando algunas verdades importantes que el apóstol Pablo, inspirado por Dios, nos revela aquí. Tito, capítulo número 3: El qué y el cómo de la salvación.

Dice, voy a leerles del verso 1 al verso 8: "Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades, que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra, que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres. Porque nosotros también, en otro tiempo, éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros."

Y aquí está el texto que queremos compartir a partir del verso 4. Pero, uno de los peros más hermosos que hay en la Biblia. Eso éramos, pero: "Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor hacia la humanidad, él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo, que él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna."

Y dice el apóstol Pablo en el verso 8: "Palabra fiel es esta. Y en cuanto a estas cosas, yo quiero que hables con firmeza, para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles para los hombres." Ves al apóstol, insiste en estas cosas, habla con firmeza. Pero, ¿qué llama esa verdad? Dios nos salvó, es la idea. Y eso queremos hablar en esta mañana.

Déjenme introducir brevemente esto. Una vez yo estuve en un grupo de personas y ellos estaban hablando acerca de quién era la persona que más amaban. Y dentro del grupo se mencionaron muchas cosas. Algunos decían: "Mi mamá." Otro decía: "La persona que yo más amo es mi papá." Otro decía un tío, un abuelo; hasta un pastor se mencionó en el grupo. Aunque ellos diferían en cuanto a la persona que mencionaron, ellos sí coincidían en la razón por la cual elegían a la persona. Amaban a esa persona porque ellos sentían que habían recibido mucho de él o de ella. Sentían que esa persona era de su mayor afecto, lo amaban más porque era la persona de quien habían recibido más. En cierta manera, todos nosotros, naturalmente hablando, tenemos algo de eso. Nuestra tendencia, naturalmente hablando, es amar más a aquellos que son buenos con nosotros, a aquellos que nos bendicen. Amamos más a aquellos de quienes recibimos más.

La pregunta es esta: ¿Por qué entonces algunos somos tan lentos para amar a Dios, aun cuando Dios nos ha dado tanto? ¿Por qué somos tan lentos en amar a Dios cuando nadie nos ama ni nos amará más que Dios? Todo lo que tenemos, todo lo que disfrutamos en este mundo viene de Dios. Lo mejor de esta vida, incluyendo tus padres, tus abuelos, tus tíos, tus pastores, quien sea, viene de Dios. Entonces, otra vez la pregunta: ¿Por qué somos tan lentos e indiferentes cuando Dios es tan bueno? ¿Por qué somos tan lentos e indiferentes cuando Dios es tan bondadoso?

Y cualquiera que sea la respuesta a esa pregunta, yo sé que estaremos de acuerdo en que al menos hay dos elementos que hacen las cosas así. Uno es nuestra ignorancia; segundo, nuestra dureza de corazón. Somos lentos para amar a Dios porque ignoramos lo que hemos recibido de él, ignoramos lo que Dios ha hecho, ignoramos lo que Dios hace, ignoramos lo que Dios ha prometido. O por otro lado, a veces somos duros de corazón. A pesar de conocer lo que Dios hace, a pesar de ver lo que Dios está haciendo, somos muy endurecidos y vivimos indiferentes a esa realidad.

Y si somos insensibles a la bondad de Dios, eso va a traer serios efectos en nuestras vidas. Quizás esa es la razón por la que algunos ven con tanta indiferencia las verdades espirituales, no les importa. Quizás esa es la razón por la que algunos sienten que se les pide demasiado por convocarlos a venir a adorar a ese Dios. Quizás esa es la razón por la que algunos perciben sinceramente que es una exigencia cuando Dios dice que debemos vivir para su gloria.

Y mientras seamos insensibles a la bondad de Dios, difícilmente podemos disfrutarlo. Mientras seamos insensibles a la bondad de Dios, difícilmente podremos hallar un real gozo en su presencia. Difícilmente nos vamos a complacer en servirle y cada vez será más difícil ver su bondad. Cuando somos insensibles a estas cosas, estamos como muertos espiritualmente. La Palabra de Dios aparecerá como una letra muerta. Los juicios de Dios, que debieran producir temor, van a aparecer como poco amenazantes. Las promesas de Dios, que deben inspirar el corazón, van a aparecer como muy poco alentadoras. Mientras no apreciemos la bondad de Dios, mientras no experimentemos su bondad en nuestras vidas, las cosas espirituales aparecerán sin sentido, insípidas, sin poder.

En realidad, Dios es mucho más real de lo que nuestros sentidos pueden percibir. Hay muchas razones para admirar a ese Dios. Hay muchas razones para estar agradecidos de él. La realidad de ese Dios glorioso está continuamente afectando todo a nuestro alrededor, independientemente lo veamos o no lo veamos, independientemente lo apreciemos o no lo apreciemos. Dios creó todas las cosas. Dios gobierna todas las cosas con su poder. La Biblia dice que es el Rey soberano sobre todo lo creado, incluyéndote a ti, incluyéndome a mí. La Biblia dice que es un Dios poderoso en majestad y gloria. Y Dios no necesita de nada ni de nadie para reinar. Y ese Dios grande que gobierna con una justicia que es perfecta, también se manifiesta en su Palabra como un Dios grande en misericordia.

Entonces, una de las cosas más maravillosas que podemos conocer acerca de ese Dios es lo que él ha hecho por nosotros: entender las cosas que Dios ha dispuesto para nuestro bien. Y casualmente entonces, en esta ocasión, nosotros quisiéramos llamar la atención al regalo más importante que un hombre puede recibir de Dios en esta vida. Nosotros queremos llamar la atención a la obra de Dios en nuestra salvación. Dios nos salva. Dios inicia ese proceso. Dios sostiene ese proceso. Dios completa ese proceso. En él comienza todo, en él termina todo.

Y la intención de nuestro estudio, tanto en este domingo como el que viene, es esta: que al entender mejor, al refrescar mejor todo lo que implica esa obra de salvación, entonces nosotros podamos servirle con mayor gratitud, que podamos servirle con mayor fidelidad, y que aquellos que están aquí o que escuchan que no le conocen, puedan ser inspirados a buscarle, puedan ser motivados a acercarse a él, que al ver la bondad de ese Dios tan glorioso, puedan quedar enamorados para entregarle sus vidas para siempre.

Los ejes de nuestro estudio entonces serán estos. Primero, hablando de la naturaleza de la salvación, lo que la salvación es: el qué de la salvación. En segundo lugar, hablando del proceso de la salvación, cómo Dios hace eso, todos los elementos que están en juego para algo tan glorioso. Y finalmente veremos un punto de aplicación. Esta mañana nos vamos a enfocar en la primera parte de nuestro bosquejo: el qué de la salvación, la naturaleza de la salvación. Y para esto yo me he auxiliado muy profundamente de un material del pastor John MacArthur y el pastor John Piper; estoy siguiendo muy de cerca muchas de sus notas.

El qué de la salvación, la naturaleza de la salvación. En primer lugar, miren aquí, Tito capítulo 3, dice al verso 5: "Él nos salvó." Esa frase es el corazón de todo este texto. Hay dos palabras en español allí: "nos salvó", y ese es el centro de la vida cristiana. Todo es acerca de la salvación, acerca de la salvación de Dios a los pecadores.

Déjenme en primer lugar explicar algunos términos que son importantes. La palabra que aquí se traduce como "salvó", usualmente en nuestros tiempos se le da un sentido primariamente espiritual. Sin embargo, en el idioma original, en el griego, esa palabra "salvó" también significaba salvación o liberación física de algo temporal. Es una palabra que se usaba para describir rescatar a alguien del peligro, preservar a alguien a salvo de algún daño, liberar a alguien de un potencial desastre o ruina, salvar a alguien en medio de la muerte.

De hecho, en Mateo, muchas veces, numerosas veces, el término aparece ligado a una salvación temporal. Por ejemplo, en Mateo capítulo 8, verso 25, en un momento que los discípulos estaban tan asustados, había una tempestad inmensa en el mar de Galilea, ellos clamaron: "¡Señor, sálvanos, que perecemos!" Ahí está la palabra "sálvanos", pero es obvio que los discípulos no estaban hablando de salvación espiritual. Ellos anhelaban un rescate de la tormenta que estaba amenazando con quitarles la vida. ¿Ven ustedes? El término aparece con muchos significados, incluyendo cosas temporales.

Sin embargo, en nuestro caso, vamos a usar el término en el sentido primario como aparece en el Nuevo Testamento. Cuando aparece "salvación", está relacionado a la realidad de nuestros pecados, y ese será nuestro enfoque en este estudio. Cuando hablamos de salvación, nos estamos refiriendo a ser salvados y rescatados del pecado: de la culpa del pecado en el pasado, del dominio y el poder del pecado en el presente, de la condenación del pecado en el futuro.

También necesito tomarme un tiempo para poder explicar todo esto. Esto es extremadamente importante lo que vamos a estudiar. Cuando Dios nos salva, nos salva de la culpa del pecado, y eso tiene que ver con el aspecto pasado de nuestras vidas. El pecado en esencia es la violación de una ley de Dios. Dios ha escrito su ley en nuestros corazones.

Y cada vez que hacemos algo incorrecto, hay algo en nosotros que se despierta porque hay una violación. Usualmente es una culpa. Eso no se resuelve por uno mismo. Dios tiene que hacerlo. Uno de los problemas de la presente generación es que nosotros estamos tan enfocados en nosotros mismos que hasta en eso nosotros nos damos autoridad. Hay gente en la calle que dice: "No, no sufras tanto, perdónate a ti mismo." O sea, resuélvelo tú mismo, pero es imposible. Eso no funciona así.

En nuestra constitución hay diferentes niveles de autoridad. Está un nivel nuestro y es la voz operativa nuestra. Todos los días usted decide muchísimas cosas, usted no consulta a nadie. Usted se levanta, usted elige la ropa que se va a poner. Usted elige por qué ruta va a conducir, usted hace uso de su tiempo. Hay muchísimas cosas que nosotros decidimos, buenas y malas. Y es un nivel nuestro, nadie se mete ahí.

Pero hay una voz que está por encima de nosotros, que es la voz de nuestra conciencia. Y nosotros no podemos controlar esa voz. Hay personas que pecan contra Dios y están bajo el acoso de esa conciencia. Y hay gente que ni puede dormir con una conciencia acusada. Cuando la conciencia acusa, si es en términos bíblicamente hablando, usted tiene un problema que hay que llevarlo a Dios. Y encima de la voz de la conciencia está la voz de Dios. Cuando hay un problema de culpa real, solo Dios puede resolver eso. Solo Dios puede decirle a la conciencia: "Cállate, porque él está perdonado."

Uno de los regalos más grandes que existen en la vida es cuando Dios te dice: "Estás perdonado." Se acabó la voz de la conciencia, porque Dios puede callarla. Hay problemas de culpa que no se resuelven en un spa. Hay problemas de culpa que no se resuelven con masaje. Eso no te resuelve un psicólogo. Eso ni siquiera te resuelve un pastor. Lo mejor, lo más que podemos hacer es acercarte a tu Creador. Es quizás lo más hermoso que tú puedes recibir en esta vida cuando Dios te dice: "Estás perdonado."

Ahora, eso no es todo. Hay un presente del poder del pecado, no solamente de la culpa. Cuando somos salvos, somos salvos de la esclavitud del pecado. Una de las cosas más desgarradoras que existe es el poder del pecado para destruir. Esto es impresionante. El pecado esclaviza. Esclaviza a la gente para que ellos mismos se destruyan.

Algunos de ustedes saben que yo he estado ligado en consejería a temas de adicciones en los Estados Unidos. Y a veces yo he tenido que trabajar con muchachos jóvenes, solamente adolescentes. Lo tienen todo, humanamente hablando, todo. Tienen inteligencia, tienen las fuerzas necesarias, tienen las oportunidades, tienen los recursos. Lo tienen todo y caen esclavos de una adicción y literalmente sus vidas se arruinan. Yo he podido ver muchachos de esos que llegan desechados totalmente. Y una de las cosas que Dios me ha enseñado trabajando con ellos es que ellos están así, no necesariamente porque quieren. No saben cómo salir. No tienen el poder para salir. Por lo tanto, hay una realidad de que el pecado esclaviza. Yo he visto relaciones, matrimonios, familias destruidas por el poder del pecado.

Solo Dios puede dar el poder para liberar de esa esclavitud. El punto inicial de una sanación de esa naturaleza comienza con la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Teológicamente hablando, con una persona salva en estos términos, es lo que se conoce como una santificación inicial. Simplemente Dios te declara santo y se entrepone su Espíritu. Ahí empieza la batalla: santificación progresiva. Ningún verdadero creyente es esclavo del pecado. Puede comer tierra, pero no es esclavo del pecado, porque Dios lo salva. Dios nos salva del poder, de la esclavitud del pecado presente.

Pero no solamente eso. Hay otro aspecto de la salvación. Dios nos salva de la condena del pecado, del aspecto futuro del pecado. Una de las verdades más relevantes en la vida es que un día Dios juzgará a toda la humanidad con una justicia que es imparcial. Y naturalmente hablando, todos nosotros quedamos cortos ante la demanda de la justicia de Dios. Necesitamos desesperadamente ser redimidos para no ser condenados en aquel día. Habrá un juicio final. La Biblia habla de eso. Solo Jesús, por su sangre preciosa como parte de esa salvación, puede declararte inocente. No porque tú eres inocente, sino porque Él paga por ti para aquel día. Pero todos compareceremos ante el juicio final.

Eso será un día muy difícil. Yo le contaba al grupo de oración esta mañana más temprano: una vez había un hombre que era muy inmoral, y dentro de su inmoralidad ya estaba cicatrizado. Ya él mentía, dibujaba las cosas, él era infiel a su esposa y siempre mentía. Y la esposa, cansada, un día pues lo que hizo fue: "Bueno, yo voy a tratar de buscar una prueba." Y ese hombre era tan increíblemente perverso que él era infiel a su esposa en su propia casa. Y la esposa puso un sistema de cámara de video cerrado y no lo anunció. Y efectivamente, en un punto de tiempo, la prueba cayó. Ella le dijo: "Tú me fuiste infiel." Y él negaba como siempre. Dijo: "Esta mujer siempre está exagerando, tú no me fuiste infiel."

Bueno, hicieron lo siguiente: convocaron las familias, convocaron los mejores amigos, e hicieron un grupo de gente de importancia de ellos. Y básicamente ella lo desafió. Él le dijo: "Bueno, pues, di por qué tú dices que yo soy infiel." Y ella llevó un proyector, llevó un asunto de video, y el hombre llegó ahí, estaba viendo todo. Él no entendía lo que estaba pasando. Cuando esa mujer puso ese video, que él se vio entrando a esa habitación, él dijo: "¡Detenlo! Yo soy culpable, yo soy culpable." Él no pudo soportar la vergüenza de que vieran toda la gente la exhibición de sus obras delante de la gente que lo amaba. El peso de la vergüenza fue tan grande que no pudo contener.

Hay un día donde Dios va a presentar todas las obras que hemos hecho. No solamente las obras, los pensamientos, las motivaciones del corazón, serán presentadas. Nadie puede resistir una cosa así. Solo Jesucristo puede salvarnos de ese momento.

Hoy, aquí y ahora, Dios es quien salva. Dios salva de la culpa del pecado. Dios salva del dominio de la servidumbre del pecado. Dios salva de la condenación. Es un triple perfecto de la salvación.

Ahora, para entender eso necesitamos profundizar un poco más. Yo quisiera explicar el concepto de la salvación en varias preguntas, cinco preguntas, preguntas retóricas. Realmente la idea yo la tomé de mi amado pastor Miguel cuando estaba preparando todo esto, que puedan ayudar.

Lo primero: ¿De qué y de quién somos salvados? ¿En qué consiste eso? ¿De quién y de qué? Bueno, ante todo, somos salvados de la ira de Dios contra el pecado. La ira de Dios contra el pecado. Dice Juan 3:36: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él."

Es un texto extremadamente importante. El texto señala que la salvación está en Jesús, en creer en Jesús. Si crees, tienes vida eterna. Si no crees a Jesús, si rechazas su oferta de amor, entonces el problema es este: no que la ira de Dios vendrá sobre ti. Lo que el texto dice es que la ira de Dios permanece sobre ti. La ira ya está, está pendiente. Es la gracia soberana de Dios y su paciencia que todavía te sostienen en sus manos. Pero está pendiente sobre tu cabeza. Ese es el real problema. Ese es nuestro real problema.

Escucha esto: el problema del pecado no es que hace daño a tu salud. El problema del pecado no es que te trae inconvenientes en tu credibilidad. El problema del pecado es que te hace merecedor de la ira eterna de Dios. No es un problema temporal. Es un problema de dimensión eterna. El pecado es pecado porque ofende a un Dios glorioso. El pecado es pecado porque ofende a un Dios santo, un Dios que es eterno. Ese es el problema.

Segunda pregunta: ¿Quién realiza esa salvación? ¿Quién la hace? Bueno, nosotros no podemos salvarnos nosotros mismos. Ningún ser humano tiene el deseo, ningún ser humano tiene el plan, ningún ser humano tiene el poder. Esa es la belleza cuando el apóstol Pablo, inspirado por Dios, aquí dice: "Él nos salvó." Dios nos salvó. El verso 4 dice: "Dios nuestro Salvador." El verso 6 dice: "Jesucristo nuestro Salvador." Es un Dios que salva, como cantábamos. Es un Señor que salva. Solo Dios que nos creó, solo Dios puede salvarnos. Somos salvos exclusivamente por la fe en Jesús, en el poder de Dios. En el resto de esto, Dios nos salva de Dios. Dios nos salva de sí mismo. La gracia de Dios nos salva de la ira de Dios.

Tercera pregunta: ¿Qué tanto necesitamos la salvación? Ustedes saben que nadie luce malo, nadie se quiere malo. Y alguna persona dice: "Pero, ¿yo estoy tan mal realmente que necesito todo ese asunto?" Nosotros vivimos en una generación que ya es un problema ofender al otro si le dicen la verdad. Y todo el mundo se cree bueno. De hecho, si usted quiere saber qué tan bueno usted es, muérase, porque en el funeral solamente hablan cosas buenas de usted. Yo nunca he oído un funeral que hablen mal del muerto. Pero la realidad es, naturalmente hablando, delante de un Dios santo, nuestra condición natural no es nada halagadora. En absoluto.

Escuchen cómo dice la Biblia aquí mismo, Tito capítulo 3, verso 3: "Porque nosotros, nosotros —está hablando de gente que ya pasó por esto— también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, esclavos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros."

Primera de Corintios 6:9 dice: "¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores." Yo no sé si usted se vio en esa lista.

Romanos 1:18 dice: "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad y toda injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad." Nuestra condición natural delante de Dios solo puede concebir una sola cosa: condenación. Condenación. Nadie en su condición natural está listo para comparecer en aquel día, nadie. Por eso todos nosotros necesitamos desesperadamente alcanzar la salvación que Dios ofrece.

El problema más grande que un ser humano tiene es este. Escucha esto, amigo: tu problema más grande no son tus finanzas, tu problema más grande no es tu salud, tu problema más grande no es tu matrimonio, tu familia, tu educación, tu jefe. El problema más grande que tú tienes es que la ira de Dios está pendiente sobre ti y tú estás rechazando la única oferta posible de salvación que es Cristo Jesús. Todos necesitamos eso naturalmente.

Cuarto lugar: ¿para qué somos salvos? ¿Cuál es la meta? ¿Cuál es la razón? Dice aquel verso 7, Tito 3:7: "Para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna." Esa salvación no solo tiene una connotación negativa, librarnos del infierno, de la ira. Esa salvación tiene una connotación positiva. No es levantarnos fuera del peligro, sino llevarnos a un estado de bendición. No es solamente librarnos de un castigo, es llevarnos a un estado de gloria. No es solamente librarnos de las amenazas del infierno, es también hacernos partícipes de las esperanzas del cielo. No es solamente librarnos de la ira divina, sino colocarnos bajo la bendición divina como hijos. Hijos amados, necesitamos ser rescatados de todo lo que el pecado hace y ser colocados en un punto de bendición.

En vez de vivir llenos de miedo en esta vida, en vez de vivir llenos de terrores, esclavizados por lo malo, llenos de esperanza ahora, que podamos disfrutar a Dios desde aquí eternamente. Dios cambia nuestro destino cuando Él nos salva. Dice Romanos 8:17: "Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados." Dice Primera de Pedro 1: "Para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros." Solo una persona que ha recibido la salvación en Cristo Jesús podrá experimentar la paz que solo Jesús puede dar.

Es una vida muy diferente. Ya Dios no es un juez, ahora Dios será un Padre amante. Es muy diferente la situación. Esta mañana, en el primer grupo, yo le hacía uno de mis famosos cuentos que se adapta mucho a esta realidad. Viviendo en Minnesota nuestra familia, en un diciembre ya entrada en el invierno con mucha nieve, ya las regulaciones de tránsito son mucho más severas en el invierno porque hay tanta nieve. Lo que le llaman la nieve negra, que es la nieve que se adapta al pavimento, usted no la ve, pero usted está sobre nieve. Allá la gente dice que cuando uno maneja sobre la nieve, el carro se pone malcriado porque no responde. Usted frena y él sigue, y el dólar para donde sea. Y por tanto las regulaciones son severas.

Un día yo estaba llevando a mi hijo a un juego muy importante de básquetbol, e iba cinco millas más de lo requerido, de lo que se permitía. Y usted sabe cómo es, cuando usted más rápido anda, más problemas usted va a tener. Efectivamente, un policía se nos puso atrás. Usted sabe, esa gente prende la luz, ellos van en un drama por una tontería. Usted ve toda esa luz y usted dice: "¿Qué me pasó? ¿Iba a cincuenta?" No, hay dos o tres millas de más, pero cuando ellos se ponen detrás para saludarlo, usted puede estar seguro de que es para eso.

Entonces aquí está el policía. Yo llegué, bueno, y dice: "¿Usted vio eso? ¿El límite de velocidad? ¿Y por qué usted lleva tan aprisa?" "Bueno, porque mi hijo tiene un juego." Y dice: "Mire, señor, ya mi hijo va a llegar tarde, usted tendrá un accidente." Usted sabe, él me dio un sermón. Yo me lo sé, ese es el sermón, eso es lo que yo hago, dar sermones a la gente, así que yo me lo sabía. El punto es que el policía dijo: "Mire, vamos a hacer una cosa, lo voy a considerar, le voy a poner una multa pequeña, será como una advertencia, no va a afectar su licencia." Yo creí que resolví todo bien.

A las dos semanas llegó una cosa que decía que yo andaba sin seguro. No solamente había una multa, sino que decía que a mí me... el policía, cuando verificó, yo no tenía seguro legal para manejar. Y ahí sí estamos hablando de una cosa seria allá. Tú tienes que ir a un tribunal, y yo ya me asusté y dije: "No, tiene que venir." Yo dije: "Pero yo necesito ir con un abogado." "No, no, usted puede venir." Yo me arrepentí de no ir con un abogado. Además, hay un anciano en la iglesia allá, Alberto, que es al que se lo voy a hacer, que tiene una firma de abogados inmensa, es uno de mis mejores amigos. Pero fui solo.

El punto es que llegué y me dijeron, bueno, aquí se sabe que un palacio de justicia, yo le digo a la gente que yo no sé por qué lo hacen tan alto, porque usted va a entrar y uno se siente chiquito. Usted entra a un palacio de justicia y tiembla, mejor, porque todos están en su contra ahí, todo. Bueno, llegamos, me dijeron: "¿Usted qué?" "Hay un departamento allá arriba, puede pasar." Dije: "Tiene que ser un juez el que tiene que ver esto." Y yo dije: "Bueno, yo ya me..." "Sí, no sé por qué. Vaya ahí, lo va a pasar donde un juez." No era un estrado, pero no era una oficinita.

Entonces estaba el juez, había como un asistente, no sé lo que era. Me dijo: "¿Cuál es su problema?" "Mire, es todo, aquí está esto. Yo quiero decirles que yo tenía mi seguro." Yo luego entendí, y me explicaron, que es que hay muchos ilegales. Cuando los atrapan sin seguro, entonces ellos van y sacan un seguro, y cuando van a la citación llevan un seguro, pero el punto es que el día del accidente ese seguro estaba vigente.

Entonces el juez me dijo... yo quiero decirles, me hizo una pregunta así muy... me dijo: "Ven así, párese aquí de frente." Pues yo me paré. "¿Usted tenía seguro legal de conducir el día del accidente?" "Yo sí, señor, lo tenía seguro." "Le voy a repetir la pregunta." Así mismo yo dije: "Bueno." Viéndole a los ojos: "Usted, el día que el policía lo detuvo, ¿usted tenía seguro legal de conducir?" "Sí, señor, yo tenía lo que era el..." Y el tipo puso su lápiz y me dijo: "Ya yo estoy pensando, ¿por qué yo no llamé a mi amigo? ¿Qué hago yo aquí solo?" Pero dice el pastor Miguel que si tú te estimonas, yo no te puedo defender, ¿no?

El punto es que se puso de pie y me dijo algo. ¿Qué me dijo? "Mira, es un juez el que te está hablando. Si tú me mientes, tú puedes ir preso." Yo no sabía lo que estaba pasando, yo no sabía lo que venía en la vida, yo andaba solo. Minnesota en invierno en la cárcel no debe ser nada alentador. Pero yo estaba muy seguro. Yo le dije: "Mira, ¿qué va a hacer?" "Usted, el día que el policía lo detuvo, ¿usted andaba con seguro legal de conducir?" Yo lo dije más bajito: "Está bien, sí señor." Yo iba a decir: "Yo, ¿qué creo?"

Pero ya yo estaba al punto de licencia. "Hay un departamento que va a llamar." No es servicio al cliente, la compañía de seguro, es una conexión de justicia que ellos tienen. De esa vez yo les dije como que tuve que esperarlo en esa sala, y parecieron como cinco años, porque ese juez me miraba y yo no sé ni pestañar, porque yo sí hacia la sala alrededor. Es el taxi, como unos minutos llegó: "Sí, se confirmó, él tenía seguro legal, fue un error."

Entonces el juez, en español ahora, en español, cuando él oyó, mucha felicidad, y se me habló en español y dice: "¿Qué usted hace?" Y yo: "Soy pastor." "¿Qué? ¿Y a qué iglesia usted va?" Yo mencioné una iglesia y que el pastor se llama John Piper. "¿Qué? Es mi héroe, es mi pastor favorito." Dice: "Ven acá." Y me pasa para dentro, y en su computadora tiene un devocional, le paso yo, me voy a ir con el Sigo. "Yo, un Piper que venga aquí si usted quiere." Bueno, el punto es que el señor me tomó un cariño y fue a la iglesia. De hecho, él está enfermo, se quedó con nosotros, y en el grupo hispano que yo manejaba se quedó entre los líderes, y era uno de los jueces de más influencia en la ciudad.

Y luego entonces yo tenía mucha camaradería con él, obviamente era mi paño de lágrimas de ahí para adelante. Pero yo recordaba estos cinco minutos que le estaba de aquel lado siendo un juez. ¡Qué diferencia tan grande a este señor ahora que era como mi papá que estaba en la mano! Y eso es justamente lo que puede pasar con nosotros. Justamente. Son dos condiciones muy diferentes.

Si yo pensaba... si yo... esos cinco minutos que yo duré allí bajo el escrutinio de un hombre pecador, imperfecto, ¿qué será bajo el escrutinio de la mirada de Dios? ¿Cómo será ese día donde uno tendrá que pararse cara a cara aquel día? Dios ha visto lo que hay por dentro. El regalo más grande que nosotros podamos recibir en esta vida es que ya no nos relacionamos con Dios como un juez, sino como un Padre celestial que nos ama, que nos besa, que nos abraza.

Y en quinto lugar: ¿qué tan importante es la salvación? Si todo eso es así, no hemos hablado del cómo por la vida, sino de lo que es. Eso es todo para nosotros, todo para nosotros, como que hay antes. Nosotros amamos esa palabra, amamos el concepto, amamos lo que implica. El apóstol dice: "Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores." La salvación es el tema esencial de la vida cristiana. Es una palabra que ha llegado a ser muy amada. Están los himnos que cantamos en la cristiandad a través de la historia.

Eso es lo que hemos leído en la mañana. Eso es lo que hemos cantado en esta mañana. Eso es lo que la mayoría de las iglesias evangélicas en el mundo cuando se reúnen, cantamos alabanzas al Salvador de nuestra alma. Expresamos nuestra gratitud al precioso regalo de amor que Cristo hizo para salvarnos. Cantamos acerca de la salvación, predicamos acerca de la salvación, oramos acerca de la salvación. Es todo para nosotros. Es lo más importante para nosotros. El cristianismo es esto.

Es un mensaje que proclama que Dios ha abierto una puerta de acceso a través de Su Hijo, Jesús. Y Dios ofrece perdón en Él, vida eterna para aquellos que se arrepienten, para aquellos que creen. Es una relación que rescata, es una relación que salva. No hay nada más importante para nosotros que eso. ¡Cuán hermosas son esas palabras cuando Él dice allí! Él nos salvó. Dios nos salvó. Entonces, eso es lo que la salvación significa.

La pregunta es cómo Dios hacía eso. Si vamos a crecer en el aprecio de su bondad, la manera es entendiendo todo lo que Dios hizo para hacer posible esa salvación. Y ese será nuestro tema de predicación el próximo domingo. Si Dios lo permite, déjeme simplemente leer el texto, señalar siete aspectos de eso que veremos más en detalle, y vamos a un punto de aplicación.

Dice Tito, capítulo 3, versículos 4 al 7: "Pero cuando se manifestó la bondad de Dios" —ahí va lo primero— "nuestro Señor, su amor para con los hombres, Él nos salvó. No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración, por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna."

Él nos salvó por su bondad que Él manifestó. Él salvó, en segundo lugar, por su amor que manifestó. Él nos salvó por su misericordia. En cuarto lugar, por su regeneración. Dios nos salvó, en quinto lugar, por su Espíritu. En sexto lugar, nos salvó por su Hijo. Y finalmente, por su gracia. Si Dios nos permite, nosotros vamos a tomar todo un sermón, otro próximo domingo, para ver cada una de esas cosas, la importancia, en la manera de crecer en bondad, en aprecio a la bondad de nuestro Dios.

¿Qué aprendemos? ¿Qué podemos aprender de esta verdad? Quiero primero hablar a ti, amigo, que estás aquí en esta mañana, que no conoces a Jesús, o a ti que escuchas dondequiera que estés. Escucha esto, amigo: tú necesitas esta salvación. Tú necesitas esta salvación, la necesitas desesperadamente. No habrá liberación real de tus culpas hasta que no recibas el perdón que solo Dios puede dar. No habrá liberación real de tus hábitos pecaminosos hasta que no recibas el poder que solo el Espíritu de Dios puede dar. No habrá real descanso de tus temores hasta que tú no recibas la bendición de descansar en las promesas de Dios en Cristo. Tú necesitas ser salvo de todo esto.

Entonces te decimos: si tu vida está llena hoy de confusión, si tu vida está llena de desaliento, ven y ríndete, ven, entrega tu vida. Solo Jesús te va a iluminar, solo Jesús te va a guiar de tal manera que tu vida alcance propósito, de que tú tengas una clara razón por la cual vivir, de que tú puedas entender dónde estás y a dónde debes llegar, lo que Dios ofrece para ti en eso.

Si tu vida está llena de insatisfacción, porque nosotros tenemos un vacío natural tan grande dentro que solo Dios puede llenarlo, no importa lo que compres, no importa materialmente lo que consigas, será vacío por dentro. Y si experimentas ese vacío, te decimos hoy: ven a Jesús. Ven a Él, Él podrá llenar ese vacío natural que todos tenemos y te dará un gozo que no dependa de la circunstancia, te dará un gozo que no depende de lo que tienes, es un gozo que no se consumirá.

Si tu vida está llena de ansiedad por tantos miedos en esta vida, tantos temores, te decimos: ven a Jesús. Él podrá mostrarte continuamente su cuidado especial sobre ti. Solo Dios puede sostenerte en paz en medio de las más grandes adversidades y preocupaciones que puedas tener. El mejor regalo que tú puedas recibir en esta vida es este. Y hoy está disponible para ti. Hoy Dios te ofrece la salvación en Cristo Jesús. Hoy es el día aceptable, hoy es el día de la salvación, dice la Palabra. Hoy si oís su voz, no endurezcáis vuestro corazón. Ríndete a Él, entrégate a Él, ven a Él.

Y hermano que estás aquí, ¿qué aprendemos nosotros? Entender todo esto de la salvación debe hacernos personas más agradecidas a Dios. ¡Qué tan agradecidos estamos por el regalo que Dios nos ha dado de su salvación! Por causa de la bondad de Dios hemos sido salvados. Y debemos ser como Él, debemos mostrar más esa bondad. Nosotros debemos ser gente más reconocida por ser bondadosos y compasivos que por ser legalistas. Dios nos salvó por su puro amor, por su gran misericordia, y debemos mostrar eso. Necesitamos vidas que dediquemos a su nombre.

Nadie nos ha dado ni nos da ni nos dará más que Dios. Todo lo que tenemos, todo lo que disfrutamos viene de Él. ¿Por qué ser tan indiferentes a una bondad que es tan gloriosa? ¿Por qué ser tan lentos en la gratitud hacia Él? Una de las cosas más importantes que podemos conocer es ese Dios y lo que Dios ha hecho por nosotros. El regalo más importante que un hombre puede haber recibido de Dios es la obra de Él como Salvador, de tal manera que al refrescar, al mejorar nuestro entendimiento de todo lo que implica su obra de salvación, entonces podamos ser fieles a Dios.

Luis Méndez

Luis Méndez

Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D