Integridad y Sabiduria
Sermones

El qué y el cómo de la salvación (parte 2)

Luis Méndez 8 octubre, 2018

La salvación que Dios ofrece no surge de nada que el ser humano pueda hacer para merecerla. Tito 3 lo declara con claridad: "Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia". Este pasaje revela los elementos que Dios puso en juego para rescatar a pecadores que vivían "necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, aborrecibles y odiándonos unos a otros". Todo comenzó con la bondad divina, una bondad de corazón que se extiende incluso hacia los ingratos y perversos, como Jesús mismo enseñó en Lucas 6.

Esa bondad no debe confundirse con la ausencia de problemas. El Salmo 73 muestra cómo el salmista Asaf comenzó creyendo que Dios era bueno porque no había dificultades, pero terminó entendiendo algo más profundo: el verdadero bien es estar cerca de Dios. Todo lo que nos acerca a él es bueno, incluso el sufrimiento que nos lleva a depender más de su presencia.

De la bondad de Dios brota su amor, esa compasión profunda que mueve a la acción. La parábola del hijo pródigo lo ilustra: el padre no espera con desconfianza, sino que corre hacia el hijo perdido, lo abraza y celebra su regreso. Y junto al amor está la misericordia, que mira la miseria del pecador y busca su recuperación. No hay nada que podamos aportar; el único pase de entrada a la presencia de Dios es que él tenga misericordia de nosotros. Comprender esto debe despertar gratitud, humildad y un deseo genuino de imitarlo en un mundo más caracterizado por el odio que por el amor.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Venimos, hermanos, para vivir en su Palabra! Si son tan amables, vamos una vez más a Tito capítulo 3. El libro de Tito capítulo 3. Hemos titulado esta exposición "El qué y el cómo de la salvación".

Tito capítulo 3, voy a leer del verso 1 al 8: "Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades, que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra, que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres. Porque nosotros también, en otro tiempo, éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros." Y como decía el pastor Luis Núñez en el tiempo de adoración, el párrafo más hermoso que saquea la Biblia. Eso éramos.

"Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor hacia la humanidad, él nos salvó. Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna." Y fíjense, el apóstol Pablo, inspirado, dice: "Palabra fiel es esta." Y en cuanto a estas cosas, quiero que hables con firmeza, quiero que insistas continuamente para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles para los hombres.

Esta es la segunda vez que nos reunimos para hablar acerca del más precioso regalo que podamos recibir en esta vida. Hablamos de la salvación de Dios en Cristo. Dios es glorioso, como hemos cantado. Dios es poderoso. Dice la Biblia que su misericordia permea toda la tierra. Y una de las cosas más maravillosas que podemos conocer acerca de ese Dios glorioso es lo que él ya ha hecho por nosotros. Y en esta ocasión estamos enfocados más particularmente en el regalo de Dios en nuestra salvación.

Dios es quien inicia el proceso de nuestra salvación, Dios es quien completa el proceso. Todo comienza y todo termina en él. Y en la medida en que nosotros podamos crecer, aprendamos a ver más la bondad de Dios en nuestras vidas, el efecto será que estaremos más inclinados a ser agradecidos. Estaremos en mejor capacidad para glorificarle.

Nuestro anhelo, entonces, en este estudio es que podamos entender más la obra de Dios en nuestras vidas, que podamos experimentar más nuestra dependencia de él y su Palabra, que podamos descubrir y despertar más pasión por su gloria, que podamos servirle con mayor gratitud y mayor fidelidad.

¿Qué hemos hecho hasta ahora? Bueno, nos enfocamos primero en el qué de la salvación. Y como un resumen en cuanto a eso, muy brevemente, la idea es aquí en el verso 5 que el apóstol inspirado dice: "Él nos salvó." Y ese es el centro de la vida cristiana. Es el todo de la salvación de Dios a los pecadores. Aunque el término, decíamos, se puede usar para liberación temporal, rescate de cosas temporales, el mayor uso de esa palabra en el Nuevo Testamento es relacionado a nuestros pecados. Dios nos salva de la culpa del pecado en el pasado. Dios nos salva del dominio, la esclavitud del pecado en el presente. Dios nos salva de la condenación del pecado en el futuro. Es lo más glorioso. Es el regalo más grande que un ser humano puede recibir.

Cinco preguntas hicimos para ayudarnos a entender más la naturaleza de esa salvación. Primero, ¿de qué y de quién somos salvos? Y decíamos que ante todo somos salvos de la ira de Dios contra el pecado. Juan 3:36 dice: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él." De eso es que somos salvos.

En segundo lugar, ¿quién realiza esa salvación? Nosotros no podemos salvarnos a nosotros mismos. Es algo que solo Dios podía hacer, por eso el apóstol inspirado dice: "Él nos salvó." Dios nos salva de Dios. La gracia de Dios nos salva de la ira de Dios.

En tercer lugar, ¿qué tanto necesitamos esa salvación? Bueno, nuestra condición natural delante de un Dios Santo no es nada alentadora. Ahí mismo en el texto aquí en Tito 3, dice el verso 3: "Porque nosotros éramos en otro tiempo necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, odiándonos unos a otros." Nuestra condición natural delante de Dios solo puede concebir una sola cosa: condenación. Todos nosotros necesitamos esa salvación. Ninguno de nosotros podrá permanecer en aquel día cuando Dios juzgue a los hombres según su condición.

En cuarto lugar, ¿para qué somos salvos? Y aquí en Tito, decíamos, capítulo 3, verso 7: "Para que justificados por su gracia viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna." Hay una connotación positiva de esa salvación. La salvación no es solamente sacarnos del peligro. Esa es la mitad. La salvación es colocarnos en un lugar de bendición. No es solamente librarnos del castigo, sino es también llevarnos a la gloria. No es solamente protegernos de la amenaza de un infierno eterno, sino es llenarnos de una esperanza celestial. No es solamente que nos libra de la ira divina, sino que nos coloca bajo la bendición divina.

Nosotros decíamos que solo una persona que ha recibido la salvación en Cristo Jesús podrá experimentar la paz que solo él puede dar. La salvación comienza aquí y ahora; es una vida diferente. Ya Dios no será un juez, como la historia famosa de aquel juez. Ahora será un Padre amante, al cual nos acercamos con confianza, al cual nos acercamos para acudir a su protección.

Y finalmente, ¿qué tan importante es la salvación? Es el todo para nosotros. Esa es la vida que proclamamos. Entendemos lo que es la salvación. Hablamos acerca de esa salvación. Cantamos a Dios dando gracias por esa salvación. Oramos por aquellos que aún no la tienen. La vida del creyente descansa sobre esta realidad: Dios en Cristo Jesús se ha dignado en salvar a los hombres de sus pecados. Todo eso es el qué de la salvación.

Lo que deseamos ahora es entrar al cómo se alcanza. Y la idea es qué elementos Dios toma en cuenta. ¿Qué cosas están envueltas para Dios lograr esa salvación? Y decíamos, hay siete cosas que el texto enseña. Primero, Dios nos salva por su bondad, porque dice: "Cuando se manifestó la bondad de Dios." Dios nos salva por su amor, porque dice el texto: "Y su amor para con los hombres." Dios nos salva por su misericordia. Dice: "Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia." En cuarto lugar, Dios nos salva por su regeneración. El texto dice: "Por el lavamiento de la regeneración." Dios nos salva poniendo su Espíritu en nosotros. Dice el texto: "La renovación del Espíritu Santo, el cual derramó abundantemente." Dios nos salva por Jesús, su Hijo. Dice: "Por Jesucristo nuestro Salvador." Y Dios nos salva por su gracia. Dice el texto al final, el verso 7: "Para que justificados por su gracia viniésemos a ser herederos conforme a su voluntad."

Siete elementos que están envueltos en eso, y nosotros queremos verlo en detalle. La vez pasada yo les había dicho que íbamos a cubrir todo eso solamente en un sermón, pero no nos ha sido posible. Así que hoy vamos a ver una primera parte de ahí, y Dios mediante luego cubriremos la otra parte.

En primer lugar, Dios nos salvó por su bondad. Y yo quisiera que ustedes se detengan tranquilos porque esto sí es importante entenderlo. Escuchen cómo dice aquel verso 4. Nosotros vivíamos odiándonos, aborrecibles, teníamos muchas cosas. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios. Lo primero que entró en juego para hacer posible nuestra salvación es la bondad de Dios. Es una palabra en el original que si la tradujera más literalmente sería "bondad de corazón." Dios tiene una bondad especial, un interés especial en su corazón hacia aquellos pecadores que están en miseria. Dios es esencialmente bueno, es parte de lo que es su ser. No es que Dios tiene bondad; Dios es la bondad. Dios es bueno.

Hay muchos pasajes en la Biblia que nos describen, como decíamos, quizás hasta en colores lo que es esta bondad. Por ejemplo, en Lucas, yo voy a ilustrarlo. En Lucas capítulo 6. Si pueden, por favor, me gustaría que lo busquen conmigo. Lucas capítulo 6. Una de las mejores ilustraciones de lo que es la bondad de Dios. Nosotros vamos a ver algunos textos para ir tratando de iluminar la explicación de qué es lo que significa que Dios es bueno. ¿En qué consiste esa bondad de Dios?

El Señor Jesucristo, hablando a sus discípulos como una manera de elevar la vida cristiana por encima de nuestras posibilidades, nos habla de esa bondad. Escuchen cómo dice. Dice Lucas 6, versos 34 y 35: "Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos la misma cantidad. Antes bien, amad a vuestros enemigos y haced bien y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo." ¿Por qué? ¿Por qué esa conexión entre esa bondad desinteresada y la conexión con nuestra identidad como hijos de Dios? Y cuando el Señor Jesucristo quiere explicar eso, él dice esto: "Porque él es bondadoso." Ahí está la palabra. "Porque él es bondadoso para con los ingratos y perversos."

Es el atributo esencial de Dios, su bondad. Él es bueno con gente que no lo merece. Él es bueno con la gente que son desagradecidos, que son malos. Aun cuando los hombres se olvidan de él, aun cuando lo niegan, aun cuando viven a sus espaldas, aun cuando no reconocen todo lo que Dios continuamente les hace, Dios es bueno. Esa es como la naturaleza innata de Dios con pecadores.

Decirle como un contraste: nosotros no somos así, naturalmente hablando. Ninguno de nosotros es así. Uno es cordial y uno trata, pero usualmente nosotros hacemos bien y mínimo esperamos que nos recompensen por eso.

O que no traten igual. Hay gente que le hace favor a otro y literalmente lo amaja. Y a veces nosotros, cuando hacemos el bien, el otro no nos da lo mismo, nos ofendemos. Porque no sabemos ser buenos. Ser bueno en la manera como Dios demanda no es complicado ni es difícil, es imposible. Solo Dios puede hacernos así.

Por ejemplo, la Biblia dice que Dios hace llover sobre justos e injustos. El sol sale sobre buenos y malos. Dios extiende su oferta de salvación hacia gente como tú y yo que no lo merecemos. No podemos separar lo bueno de Dios. Es imposible. Porque eso está junto.

El Salmo 16, versículo 1 y 2 dice: "Protégeme, oh Dios, porque en ti me refugio. Y yo dije al Señor: Tú eres mi Señor. Ningún bien tengo fuera de ti." Oigan eso, para el salmista inspirado no había posibilidad de concebir bien fuera de Dios. Porque Él es todo el bien. Santiago 1:17 dice: "Toda buena dádiva, todo don perfecto, viene de dónde. De lo alto, desciende del Padre de las luces, en el cual no hay cambio ni sombra de variación."

Me permito decirles, los teólogos dicen que este atributo de Dios endulza los demás atributos de Dios. Oigan qué expresión tan interesante. La bondad de Dios es un atributo que endulza los demás atributos de Dios. Por ejemplo, piensen en el poder de Dios. Hay gente, y lo vemos en una sociedad con tanta injusticia, que tiene mucho poder, pero no lo usa para bien. Se nota en los dictadores. Se nota en gente que se supone que lo que deben hacer es usar el poder para proteger y lo usan para promulgar el mal. En ese caso, el poder no genera ningún consuelo. Ningún consuelo.

Ahora piensen en el poder de Dios. Bueno, nosotros leíamos, como decía el pastor Miguel, desde el inicio de la revelación divina, es un Dios santo, es un Dios poderoso. Dios habló y se hizo. Dios dijo: "Sea la luz" y se hizo. Los rayos de aquí afuera en el parqueo, haga "sea la luz", saben qué va a pasar. Porque la voz de Dios es operativa. Dios habla y se hace. Ahora, ustedes saben por qué nosotros hablamos del poder de Dios como algo consolador, porque Él es bueno. Lo único que hace que el poder de Dios sea de consuelo para mí es que yo sé que es bueno. Dios nunca usará su poder para la maldad. Nunca.

Dice el Salmo 34, verso 8: "Prueba y ve que el Señor es bueno. Cuán dichoso, cuán bienaventurado el hombre que en Él se refugia." Dice el Salmo 25, verso 8: "Bueno y recto es el Señor, por tanto, Él muestra a los pecadores el camino."

El apóstol Pablo, en otra parte de la Biblia, nos sugiere que la bondad de Dios tiene propósito, tiene un propósito. Por ejemplo, escuchen esto, dice Romanos capítulo 2, verso 4: "¿O tienes en poco las riquezas de su bondad?" Ahí está la palabra. O sea, ¿tú desprecias la riqueza de su bondad, de su tolerancia, de su paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? Hay una razón por la cual Dios es bueno, hay una intención detrás de cada acto de Dios en programar su bondad. Dios es bueno y Dios guía al arrepentimiento. Dios usa su bondad para traer a los hombres a Él.

Hay una diferencia inmensa entre esa bondad de Dios, esa paciencia de Dios, y creer que Dios aprueba lo que haces. Hay gente que se confunde en eso. Hay gente que hace todo lo que hace, peca abiertamente, y dice: "No me ha pasado nada. Yo estoy haciendo eso y no veo, no ha caído ningún rayo del cielo todavía, no se me ha muerto nadie, estoy en salud de hecho." Una cosa es que Dios es paciente contigo y otra cosa es que Dios está consintiendo lo que tú estás haciendo. El problema nuestro es que abusamos de la bondad de Dios.

El problema nuestro, lo que Pablo dice, es ignorar que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento. El mismo apóstol inspirado nos invita a los creyentes en Romanos 11:22: "Mira pues la bondad y la severidad de Dios." No separes nunca eso. "Mira pues la bondad y la severidad de Dios. La severidad ciertamente para los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad, pues de otra manera tú también serás cortado." Dios es amable, Dios es bueno, pero Dios no es indiferente al pecado. El mismo Dios que es bueno es santo, como es el tema de la conferencia de este año. Esas cosas no se solapan una con la otra.

Dios es bueno y su primer acto de bondad es reconciliar. Dios quiere, inicia, un proceso de reconciliación. Dios quiere que los hombres sean salvos. Dice Juan Calvino: "Dios nunca encontrará en nosotros nada que Él deba amar." Naturalmente hablando, no hay nada en nosotros que Dios deba amar, pero Él es bueno. Su bondad nos alcanza.

Ahora una pregunta, para bien traer el tema de la bondad. Yo tengo una pregunta. ¿Cómo puedo yo conciliar que Dios es bueno, a pesar de todas las aflicciones que me pasan? ¿Cómo puedo yo poner en una misma página todo eso que usted está hablando, que Dios es bueno, pero yo tengo muchísimos problemas y aflicciones? ¿Cómo conciliar eso? Bueno, parte del asunto es que hay una mala comprensión del término bueno.

Yo quisiera muy rápidamente que vayamos juntos al Salmo 73, por favor si son tan amables. Déjenme aclararle rápidamente. Salmo 73. Asaf era un levita que era como el pastor Luis Núñez de aquel tiempo. Era el jefe de los músicos en el tiempo de David, era el hombre que dirigía las alabanzas. Algunos teólogos creen que el tema principal de este salmo es la bondad de Dios. De hecho, la bondad de Dios está en el primer versículo y en el último versículo. El punto es que mientras el salmo se desarrolla, que no es otra cosa que decir la historia de él, de Asaf, él llega a un entendimiento diferente de lo que significa que Dios es bueno. Él comienza el salmo con una idea de bondad y termina el salmo con una idea muy diferente de bondad. Yo creo que nos ayuda mucho a nosotros.

Escuchen cómo empieza el Salmo 73. Dice el verso uno: "Ciertamente..." Ese ciertamente no es un laboratorio de prueba y ensayo a ver qué vamos a hacer. Ciertamente, dice, "Dios es bueno para con Israel. Dios es bueno con los puros de corazón." En este versículo uno, para Asaf, bueno significa que no había problemas, no había dificultades, no había enfermedades, no había conflictos. Dios había sido tan bueno con su pueblo preservándolo de muchas cosas. Y eso es lo que significaba para él la bondad.

Luego Dios tomó a este hombre y lo metió en aguas profundas. Hubo problemas en su vida, crisis, cargada de aflicción y amargura, dificultades. Él veía que él era fiel a Dios y no salía de un problema. Sin embargo, a los impíos abiertamente encontraba cómo que a todos les salía bien. Estos son más chiquitos de esa gente. Son buchuchitos. Y azul de ojo, y rubios. Y no de aquí. Y acá él decía: "¿Qué es esto?" Entonces no tiene sentido.

Dice el verso dos y tres: "En cuanto a mí, mis pies estuvieron a punto de tropezar. Casi resbalaron mis pasos, porque tuve envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de los impíos." Se llenó de envidia. Se llenó de amargura, de autocompasión. Él perdió la perspectiva de Dios en su vida. Él se le olvidó que Dios es soberano en cada evento que llega a su vida. Y cuando las cosas no le salieron como él quería, cuando no se le dieron sus planes, él se olvidó del versículo uno. En ese momento, él era incapaz de ver la bondad de Dios.

De hecho, él dijo: "¿Y vale la pena ser cristiano?" Dice el verso trece y catorce: "Ciertamente en vano yo he guardado, me he guardado puro mi corazón, y lavado mis manos en inocencia. Yo perdí mi tiempo en esto. Pues he sido azotado todo el día y castigado cada mañana."

No estaba bien, entonces Dios en su bondad dijo: "¿Cómo trabajo contigo? Déjame entrarte en el cuartito aquel. Y vamos a tratar ahí." Entonces Dios lo hizo volver en sí. Dios le hizo ver que muchos llaman bueno a cosas temporales, a cosas pasajeras. Dios le hizo ver que la bondad que viene de Él es algo mucho más profundo. Él pudo asimilar que muchos habían sido prosperados materialmente, pero endurecidos espiritualmente. Dios le hizo ver la diferencia y él empezó a entender cómo terminan. Esto es muy interesante. Vean cómo terminan el salmo.

Verso 25 al 28, él delante de Dios diciendo: "¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón, mi porción para siempre. Porque he aquí, los que están lejos de ti perecerán. Tú has destruido a todos los que te son infieles. Mas para mí..." verso 28, último versículo de este salmo, él dice: "Para mí..." Una convicción personal, mía, después de todo este proceso. "Estar cerca de Dios es mi bien. En Dios el Señor he puesto mi refugio para contar todas tus obras."

Es la única vez que aparece la palabra bien, verso 1 y verso 28. Pero él usa bien en el verso 28 en un sentido muy diferente al versículo 1. Bueno, bien en el verso 28 es mucho más que una prosperidad física. Ahora él ve la bondad como algo totalmente diferente. Él tiene una nueva definición de lo que significa bueno. Él dice: "Mas para mí, estar cerca de Dios es el bien." La cercanía con Dios, tener una relación íntima con Dios, ese es nuestro mayor bien.

El real bien es aquello que nos acerca a Dios. Real bondad es estar cerca de Dios. Entonces podemos decir que cualquier cosa que sea un obstáculo, que interfiera a nuestra proximidad con Dios, a nuestra comunión con Él, esencialmente eso no ayuda. Sin embargo, todo aquello que nos conduzca a tener una comunión más profunda con Dios, eso es bueno. Eso es bueno.

Cuando Dios nos da sufrimientos, cuando Dios nos da adversidad, nuestra confianza en su bondad no debe debilitarse. Es lo contrario, esas circunstancias debieron asegurarnos que Dios es bueno con nosotros. Al final, vemos los ejemplos en la Biblia. El sufrimiento de Job le llevó más cerca de Dios, por tanto sus sufrimientos fueron buenos. En el apóstol Pablo, Dios lo afligió, y esas aflicciones terminaron acercándolo más a Dios. Es bueno. No porque me da lo que yo quiero, sino porque me da lo que me acerca más a Él.

Dios es bueno. Dios es la fuente de toda bondad. Escuchen esto. Dios es mejor que sus bendiciones.

A veces queremos lo que Dios da, pero menospreciamos la fuente de eso, que es Dios mismo. Dios es mejor que sus bendiciones. Dios nos salvó por su bondad. Todo se inicia aquí: la bondad soberana de Dios. El Salmo 31, verso 19, dice: "¡Cuán grande es tu bondad que has guardado para aquellos que te temen, que has obrado para los que en ti se refugian, hijos de los hombres!" Dice el Salmo 27: "Hubiera yo desmayado si no hubiera creído que había de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivientes." Dice el texto aquí en Tito 3:4: éramos todo eso, pero cuando se manifestó la bondad de Dios...

No solamente la bondad; en segundo lugar, el amor de Dios. El amor de Dios. Fueron dos cosas muy diferentes, y yo quiero que las veamos. Vamos de nuevo a nuestro texto, Tito capítulo 3, verso 4: "Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor para con los hombres, nos salvó." Dios ama. Una de las cosas más gloriosas que podemos leer: Dios ama. El amor de Dios es una de las maneras como se manifiesta su bondad. Dios es bueno en esencia. ¿Cómo yo puedo percibir esa bondad? En su amor. Su amor es una de las expresiones.

La palabra en el original que se traduce aquí como amor llama mucho la atención, porque no es una palabra común para usarse en términos de amar. En el original, la palabra que se traduciría sería filantropía. Es la misma raíz de donde derivamos la palabra filantropía. Significa una pena profunda, una compasión profunda. Es la compasión, el ansia para librar de dolor a alguien a quien sentimos un gran afecto. Ese es el amor que vemos aquí. Encierra un gran afecto. No hay ningún componente egoísta en eso. Es dar sin esperar nada a cambio. No es una compasión interesada. Es una compasión que conlleva un gran afecto por causa de una gran bondad.

Dios ama. Dios nos ama. Dios está envuelto en lo que somos. Y es interesante el contraste: Dios es un Dios de gloria, Dios es un Dios santo, y ama un hombre que es caído. Ama alguien que no merece. Dios tiene una compasión especial hacia el pecador. De esa bondad se deriva este afecto, esa filantropía, ese cariño, esa compasión. Dios quiere ver al pecador en una mejor posición; esa es la idea. Hay un interés, una atención especial de Dios en querer ver el bien allí.

La misma palabra que se traduce aquí aparece en el libro de los Hechos, capítulo 28. Yo quiero, por favor, que busquemos esa palabra. Hechos capítulo 28. Ustedes recuerdan la historia: el apóstol Pablo, por poco, naufraga en la nave en que ellos andaban. Se vieron al borde de la muerte y llegaron a una isla que se llamaba Malta. Eso fue después de mucho tiempo, con mucha adversidad, pasando hambre, en unas condiciones realmente desesperantes. Algunos pensaban que no iban a sobrevivir. Y lo que aquí Lucas, el autor del libro de los Hechos, describe es lo que sucedió.

Escuchen esto, dice Hechos 28, verso 1 y 2: "Y una vez que ellos estaban a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta." Ni sabían a dónde habían llegado. "Y los habitantes de la isla nos mostraron toda clase de atención, porque a causa de la lluvia que caía y del frío, encendieron una hoguera y nos acogieron a todos." La traducción dice: "nos mostraron toda clase de atención." Es la misma palabra. Una atención, un cariño especial, algo que no tenía sentido porque no los conocían, en la manera como los sirvieron, como los acogieron.

La condición de Pablo y sus acompañantes era de verse: ellos estaban mojados, cansados, habían sobrevivido una tormenta, no tenían alimentos, no tenían recursos, había pasado una gran tempestad, y esta gente los recibió y les mostró una bondad extraordinaria. ¿Qué hicieron ellos, la gente del lugar, de la isla? Ellos los recibieron, ellos los alimentaron, les hicieron una fogata porque estaban mojados por muchos días, ellos los vistieron. Y la palabra en el griego, en el idioma original, que se traduce aquí es: "los naturales nos mostraron un amor no ordinario." Un amor no ordinario, eso es filantropía. Es un afecto que mueve a la acción.

Y cuando usted siente así, cuando un sentimiento como ese lo envuelve, usted no puede quedar ahí sentado. Hay gente que le dice a uno: "Yo te amo, yo te amo," eso lo repite como 45 veces, pero cuando uno lo necesita, ¿dónde está? ¿A usted no le pasa eso? "No, te quiero mucho, tú eres especial para mí," y cuando uno llama, no sé, no contesta la llamada. De eso no es que estamos hablando aquí. Estamos hablando de pasión por hacer el bien. Dios es amable en su naturaleza.

El ejemplo más glorioso que aparece en la Biblia está en la famosa parábola del hijo pródigo, en Lucas 15. Ese es el ejemplo, la ilustración quizás donde se puede ilustrar con mayor claridad qué es lo que nos referimos con esa compasión. En realidad, muchos dicen que la parábola del hijo pródigo no debería llamarse "hijo pródigo," sino la parábola del padre amante, porque es más acerca del papá que del hijo.

Ustedes conocen la historia. El hijo se aleja del padre con una actitud rebelde, soberbia. Él creía que se estaba comiendo el mundo, y ya ustedes saben lo que le pasó. Ese individuo pasó tanta hambre que quería comida de puercos y no se la dieron. Imagínense la bajeza, y era hijo de un dueño de hacienda. Entonces, luego de atravesar por esas dificultades, cansado de sus problemas, él se acordó de su papá y dijo: "¿Qué hago yo aquí cuando yo tengo un papá de esa magnitud?" El pecador indigno regresa hacia el padre amoroso, y todo lo que encontramos es acerca del amor de Dios.

En el verso 20, lo voy a leer por causa del tiempo, dice que cuando el hijo regresó, el padre estaba sentado esperándolo. Literalmente, cuando dobló por la esquina, el papá lo vio. Y levantándose, el hijo fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó a su cuello, lo besaba, lo recibió. Esa palabra que se traduce "tuvo compasión," esa es la idea: el amor de Dios. Eso es el corazón de Dios.

Dios no está reacio a recibir al pecador. Dios no está desconfiado: "Bueno, pero si me engaña otra vez, y si vuelve hacia atrás..." Dios no está alejado, Dios no es estoico sin sentimientos. Dios corre hacia el pecador, Dios abre sus brazos, Dios lo pone en su pecho, lo besa, lo abraza, porque Dios ama a los pecadores. Dios quiere su salvación.

¿Se acuerdan ustedes lo que pasó con el hijo? El hijo estaba convencido de que él no merecía eso. Dice en el verso 21: "Y el hijo le dijo: Padre, yo he pecado contra el cielo y contra ti. Yo no soy digno de que me llames hijo tuyo." ¿Qué hizo el papá? Llamó a los siervos y le dijo: "Pronto, traigan ropa, vístanlo, pongan un anillo en su mano, sandalias en sus pies. Traigan un becerro engordado, mátenlo, comamos, regocijémonos, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron a regocijarse. Eso es Dios. Así ama Dios.

Dice el apóstol Pablo en Tito: cuando se manifestó la bondad de Dios su Salvador y su amor hacia la humanidad, él nos salvó. Él nos salvó. No solamente la bondad de Dios, no solamente su amor, también su misericordia. Dice el texto: "Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia." Eso es algo diferente. Su bondad provocó ese amor, un afecto fuerte, y ese afecto fuerte provocó que él fuera misericordioso. Todo está conectado.

Es una palabra muy interesante. Es diferente a la gracia de Dios, que veremos próximamente. La gracia se relaciona con la culpa. La misericordia se relaciona con lo miserable del pecador. La gracia relaciona el estado del pecador con Dios como un juez, pero la misericordia se relaciona con Dios como compasivo, Dios queriendo que se recupere. La gracia es un concepto judicial que perdona el crimen. La misericordia es un concepto compasivo que ayuda al criminal a recuperarse. La misericordia mira la miseria del hombre; la gracia mira la culpa. Son dos cosas diferentes.

Aquí habla de misericordia. "Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia." Lo que estás aquí es escuchar esto: tú no hiciste nada que merezca esa salvación. No hay nada que puedas hacer. No es por obras de justicia. No hay nada que tú puedas hacer hoy para ayudar a Dios. No hay nada que tú puedas hacer para mejorar tu récord delante de Dios. Eso es imposible. El único pase de entrada para estar en la presencia de Dios es que él tenga misericordia de ti. Misericordia de ti. Tu rescate, tu transformación, tu liberación del pecado y del infierno, solo Dios puede llevarlo a cabo, porque Dios es bueno, porque Dios ama, porque Dios es misericordioso.

Es la historia del apóstol Pablo. Si usted lee en Filipenses 3, el apóstol Pablo, este hombre era muy preparado. Él habla de un asunto de confiar en la carne. Él tenía motivos para confiar: era circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos, en cuanto a la ley fariseo, en cuanto al celo perseguidor de la iglesia. Este individuo tenía un currículo impresionante. Eso no le sirvió de nada con Dios. De nada con Dios. Dice: "Todo lo que para mí era ganancia, yo lo he estimado como pérdida por el amor de Cristo."

Hasta que una persona no llega a ese punto, le será muy difícil ver la bondad de Dios. Le será muy difícil apreciar su amor. Le será muy difícil poder ver algo bueno en su misericordia. El apóstol Pablo, después de conocer, dice: "Yo estimo todas las cosas como pérdida por conocer más de Cristo." Lo que antes era su tesoro, por lo cual vivía, se levantaba temprano, se acostaba tarde, cuidaba la familia, cuidaba la salud, cuidaba todo, ahora él dice: "Todo eso es como pérdida para mí si yo lo comparo con la posibilidad de conocer más de Cristo." Merecemos la ira, y Dios se compadece, y Dios ejercita su misericordia para con nosotros.

Los salmos exaltan continuamente esa misericordia. El Salmo 145:9 dice: "Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras."

El Salmo 136 tiene 26 versículos y cada versículo termina así: "porque para siempre son sus misericordias". De hecho, si tú no te sabes el Salmo 136 y te aprendes "porque para siempre son sus misericordias", te sabes la mitad del salmo ya, porque lo repite en cada versículo: su misericordia.

Dios nos salvó cuando se manifestó su bondad. Por causa de esa bondad, Dios desarrolla un afecto, un aprecio impresionante hacia el pecador. Y Dios viene no como un juez, sino viene como un ser lleno de misericordia.

¿Qué aprendemos de todo esto? Otra vez, amigo, tú que estás aquí, nosotros queremos insistir en esto. Si tú estás aquí y no conoces al Señor, si tú escuchas este mensaje, tú necesitas esa salvación. Dios ha combinado su bondad, su amor, su misericordia para darte esa oportunidad de que tú seas salvo. Amigo, eso es una gran oportunidad. Ese es un precioso regalo. Es una maravillosa ocasión. Hay un disfrute especial cuando tú puedes experimentar la dulzura de la salvación que Dios da.

No te conformes con venir a una iglesia, no te conformes con oír un simple mensaje. Si tú encuentras un poquito de deleite oyendo la Palabra, qué será viviendo cerca de ese Dios. Hay un disfrute especial en tu vida cuando tú experimentas el gozo de su salvación.

Cuídate de una incorrecta interpretación de la paciencia de Dios y la bondad de Dios. Cuando haces lo malo y Dios calla, no significa que Dios está aprobando lo que tú haces. Simplemente Dios está siendo muy paciente contigo. No abuses de la paciencia de Dios. La paciencia de Dios tiene un límite.

Si vas a experimentar la real vida que Dios ofrece, necesitas ver tu necesidad de Cristo, necesitas venir a Él, necesitas vivir espiritualmente, necesitas ese poder que Dios venga a ti, para que su Palabra no sea aburrida a tus oídos. Quizás por ese desconocimiento de ese poder de su salvación es que las cosas temporales de este mundo te resultan más atractivas que las cosas eternas. Es una locura. Todo esto pasa aquí. Todo esto es temporal.

Quizás por esa distancia es que tú puedes encontrar más placer en el pecado, que no debe ser. La satisfacción que el pecado da no tiene ni sentido comparada con el gozo que Dios da a tu alma. Hay gozo en servir a Cristo. Dios no quiere que tú vivas una vida distante de Él. Dios quiere que tú le conozcas. Dios quiere que tú le disfrutes. Hay mucho más de su amor, de su bondad que solo podrás disfrutar si estás cerca de Él.

Si tus pecados no han sido perdonados, hoy es el día aceptable, hoy es el día de salvación. Entonces, clama a Jesús. Amigo, ahí donde estás, clama a Jesús que perdone tus pecados, que te conceda la fe para creer, el arrepentimiento, el dolor de tus pecados, que te dé un nuevo corazón, que te dé una visión más clara de la vida, porque es una vida que tiene implicaciones eternas. Hoy es el día de salvación.

Y hermanos que estamos aquí, entender todo esto debe hacernos gente más agradecida, con más gozo, con más gratitud y humildad. Y de nuevo la pregunta es, al oír esto, ¿qué tanta gratitud despierta esto en nuestro corazón? ¿Qué tanta fidelidad en servir por su causa?

Por causa del amor de Dios hemos sido salvados, debemos imitar su compasión. Por causa de su bondad hemos sido alcanzados, debemos imitar eso de Dios. Por causa de su misericordia hoy podemos estar en su presencia, debemos imitar su misericordia. En medio de una generación que está más caracterizada por la maldad que por la bondad, en medio de una generación que está más caracterizada por el odio que por el amor, que está más caracterizada por el desprecio que por la misericordia, debemos exaltar más la grandeza de ese Dios glorioso, que se manifiesta en bondad, en amor, en misericordia contigo y conmigo, que tiene poder para dar vida a pecadores que no lo merecen.

Es nuestra oración que, al refrescar y mejorar nuestro entendimiento de lo que implica la obra de salvación de Dios, podamos servirle con mayor gratitud, que podamos servirle con mayor fidelidad.

Luis Méndez

Luis Méndez

Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D