La salvación es el regalo más precioso que un ser humano puede recibir, y comprenderla despierta una gratitud profunda hacia Dios. En Tito 3, el apóstol Pablo revela siete elementos que Dios coordina para rescatar al pecador: su bondad, su amor, su misericordia, la regeneración, la renovación por el Espíritu Santo, la obra de Jesucristo y su gracia. Todo comienza con la bondad divina, que endulza los demás atributos de Dios y nos guía al arrepentimiento. Esa bondad se manifiesta en amor, un amor que siempre moviliza a Dios hacia la acción, y ese amor produce misericordia: Dios se conmueve al ver nuestra condición de pecado.
La regeneración es un milagro que solo Dios puede realizar. Nicodemo, el maestro de maestros entre los fariseos, no podía comprender cómo alguien podía nacer de nuevo. Jesús le mostró que entrar al reino de Dios requiere un nuevo nacimiento, algo imposible para la mente natural. Dios usa su Palabra y su Espíritu para dar esa vida nueva, y luego coloca su Espíritu en nosotros para sostener una renovación continua. Pero todo esto tiene un solo fundamento: Jesucristo, quien pagó el precio que la justicia divina demandaba.
La historia de Mefiboset ilustra esta gracia. Un hombre lisiado, incapaz de valerse por sí mismo, fue llevado ante el rey David y elevado a comer en su mesa como hijo del rey, no por mérito propio, sino por amor a Jonatán. Así también nosotros, lisiados por el pecado, somos elevados a ser herederos con Cristo, no por obras, sino por amor a Jesús. Esta salvación no es terapia ni mejora personal; es vida donde había muerte, luz donde reinaba oscuridad.
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Muy bien, si son tan amables, entonces vamos a Tito capítulo 3. El qué y el cómo de la salvación. Hemos estado estudiando este texto en dos ocasiones pasadas y habremos de completar el tema hoy. Tito capítulo 3, si son tan amables, voy a leerles del verso uno.
Dice: "Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades, que sean obedientes, que estén preparados para toda buena obra, que no injurien a nadie, que no sean contenciosos, sino amables, mostrando toda consideración para con todos los hombres. Porque nosotros también en otro tiempo éramos insensatos, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros."
Eso éramos. Y ahora viene uno de los peros más gloriosos de la Biblia entera. Dice el verso 4: "Pero..." Eso éramos, pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor hacia la humanidad, él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna.
Y el apóstol Pablo quiere sellar esta exhortación con una motivación para proclamarla, y él dice: "Palabra fiel es esta, y en cuanto a estas cosas yo quiero que hables con firmeza. Yo quiero que insistas, yo quiero que proclames estas cosas, para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles para los hombres."
Esta es la tercera vez que nos reunimos para hablar acerca de uno de los más preciosos regalos que podamos recibir en esta vida, y hablamos de la salvación de Dios. Uno de los desafíos más grandes, y el pastor Miguel nos exhortaba en su oración a eso, es que tenemos que ser más agradecidos a Dios. Nuestras vidas deben reflejar más gratitud a Dios. El problema muchas veces es que ignoramos lo que Dios ha hecho por nosotros. No conocemos lo que Dios es, lo que Dios ha hecho, hace y ha prometido hacer.
Por tanto, una de las cosas más maravillosas que podemos hacer como parte de nuestra relación con ese Dios glorioso es conocer más lo que él ha hecho por nosotros. Debemos aprender más de él en su Palabra. Y en esta ocasión hemos llamado la atención a lo que yo denomino el más precioso regalo que un ser humano puede recibir: la salvación de Dios. En Jesús, Dios inicia ese proceso, Dios completa ese proceso, y en la medida en que podamos nosotros aprender acerca de su bondad en nuestras vidas, pues eso hará que estemos más inclinados a la gratitud. Eso hará que haya una mayor capacidad para glorificarle.
De manera que el propósito de nuestro estudio, el anhelo nuestro, la oración nuestra al estudiar esto, es que podamos entender más la obra de Dios en nuestras vidas. El propósito es que podamos experimentar más dependencia de su gracia, de su poder. El propósito es que podamos despertar y descubrir una mayor pasión por su gloria, que podamos servirle con más gratitud, que podamos servirle con más fidelidad. El qué y el cómo de la salvación.
Lo primero que hemos hablado es acerca del qué, o qué es la salvación, la naturaleza de todo esto. Y hay una frase en el centro de nuestro texto, son dos palabras en español. Dice: "Nos salvó." Dios nos salvó, esa es la idea. Esa palabra se usa en la vida de diferentes maneras. Muchas veces tiene un uso para asuntos temporales: Dios nos salvó o somos salvos, rescatados de algún peligro, somos preservados de un mal, somos liberados de un desastre, Dios salva a algunos de la muerte. Y muchos de esos usos tienen que ver con cosas temporales, de esta vida, cosas físicas.
Pero el mayor uso de esa palabra, y ese es el énfasis de nuestro estudio, es con relación a lo espiritual. Cuando decimos "Dios salva," nos referimos a ser salvados, rescatados del pecado. Nosotros le dedicamos un sermón solo a eso, y la idea es el aspecto tridimensional del pecado. Dios nos salva del pecado con relación al pasado: esa es la culpa. Dios nos salva del pecado con relación al presente: el dominio del pecado. Dios nos salva del pecado en su efecto futuro: la condenación de nuestros pecados.
Y decíamos: solo una persona que experimenta esa salvación podrá tener sentido en esta vida. Solo una persona que es salva entenderá lo que es vivir en la paz que solo Dios puede dar. Es una vida diferente. Ya no es Dios como un Dios que está airado sobre nosotros. La idea ahora es un Padre amoroso que tiene compasión de su hijo. Esto es la naturaleza de la salvación.
La segunda pregunta es cómo Dios hace eso, lo que denominamos el proceso de la salvación. Y hemos dicho que hay siete aspectos que están incluidos. El texto dice: "Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración, por la renovación del Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por medio de Jesucristo, para que, justificados por su gracia" —esa gracia que cantamos, qué sublime— "viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna."
Hay una conexión. Hay siete elementos que Dios compone, coordina para hacer eso. Todo empieza con su bondad: cuando se manifestó la bondad de Dios. Y el primer efecto que tuvo esa bondad es su amor. Y cuando Dios manifestó su amor, uno de los aspectos prácticos en que nosotros lo recibimos es su misericordia. Dios se compadece. ¿Qué sucede entonces? Nos da una vida nueva, una regeneración. Algo más: Dios pone su Espíritu en nuestro lugar para que haya una renovación, ahora que hemos nacido otra vez. Y no solamente eso, eso tiene un nombre en el proceso: se llama Jesucristo. Y la idea es que, al final, todo viene encapsulado en algo que se llama la gracia de Dios. ¿Cómo Dios nos salva? Por su bondad, por su amor, por su misericordia, por la regeneración, por su Espíritu, por su Hijo, por su gracia.
¿Qué hemos visto hasta ahora? Los tres primeros. Dijimos: Dios nos salva por su bondad. Ahí comienza todo. Todo comienza con esto: Dios es bueno. Dios es bueno. Los teólogos dicen que ese atributo de la bondad de Dios endulza los demás atributos de Dios. La razón por la cual hallamos consuelo y esperanza cuando pensamos que Dios es todopoderoso es porque sabemos que Dios es también bueno. Porque si es un enemigo que es todopoderoso, no hubiera consuelo para nosotros. La idea es: Dios es bueno, es poderoso, nosotros lo sabemos, hay esperanza en todo esto.
Nosotros vimos también que hay un propósito por el cual Dios es así. Dice el apóstol Pablo en Romanos 2:4: "¿O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?" La razón por la cual Dios es bueno es porque nos quiere salvar. El problema nuestro es que abusamos de la bondad de Dios. Pero la razón por la cual Dios derrama su bondad, Dios manifiesta su bondad, es porque Dios quiere guiarnos al arrepentimiento. Esa es la idea.
¿Qué pasó por causa de esa bondad? En segundo lugar vimos su amor. Eso es un concepto muy difícil que podamos entender nosotros, porque la manera como amamos nosotros es diferente. El amor de Dios es eterno, no cambia. Dios no nos amó ayer más de lo que nos ama hoy ni de lo que nos amará mañana. Dios es diferente a nosotros. "Yo te quiero mucho hasta que yo me entero lo que tú me dijiste de mí," y ya se afecta el amor mío. Dios no es así. Dios no cambia. Él ama. Dios tiene una compasión. Y lo más importante del amor de Dios es que el amor moviliza a Dios. Cada vez que se habla del amor de Dios, hay un acto, hay un sacrificio. Dios no se queda en el concepto, Dios no se queda en la teoría.
El texto más famoso de la Biblia, Juan 3:16: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito." Cada vez que se habla del amor de Dios, hay una acción de Dios.
Y en tercer lugar vimos su misericordia. Entonces la bondad llegó, el primer efecto de esa bondad es su amor, el primer efecto de ese amor es su misericordia. Y la idea es: ¿qué pasó con Dios cuando él vio nuestra condición? Él tuvo compasión. Dios se dolió al ver nuestra condición de pecado. El apóstol Pablo entendía muy bien la misericordia. No es mérito, es Dios que se conmovió. Es una motivación que empieza en Dios.
La historia del apóstol Pablo es exactamente el retrato de esa misericordia. Cuando él dio su testimonio, estas son sus palabras. Dice 1 Timoteo 1:12: "Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, que me ha fortalecido, porque él me tuvo por fiel." ¿En qué sentido Jesús te tuvo por fiel? "Él me puso en el ministerio, él me llamó al ministerio, aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor, agresor."
O sea, esa nueva oración que el pastor Miguel hizo esta mañana cuando los niños vinieron para la escuela dominical... El apóstol Pablo no fue a la dominical, no fue al GAP ni a nada que termine con GAP aquí en la iglesia. Este individuo lo sacan de la boca del infierno. Lo que él hacía de deleite era sacar a los cristianos de sus casas para meterlos presos.
Y él dijo: "Jesús me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, aun habiendo yo sido blasfemo, perseguidor, agresor." Y él dijo: "Sin embargo, se me mostró misericordia." Esta es la palabra. ¿Por qué Dios hizo eso? ¿Se lo merecía? Dios tuvo compasión, Dios tuvo misericordia.
Entonces hemos visto: se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador; efecto de esa bondad, Dios mostró su amor a la humanidad; el efecto de ese amor, Dios tuvo misericordia. ¿Qué sigue?
Entonces, en cuarto lugar, Dios nos salvó por la regeneración. Esto es extremadamente importante. Dice: "Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración."
Esa palabra en el original significa nacer otra vez. Es una vida nueva, y yo quiero hacer un énfasis: solo Dios puede hacer una cosa así. Estamos hablando de un milagro, un milagro que a los religiosos de aquel entonces les tomó mucha dificultad poder entender.
Quiero un ejemplo: Nicodemo, en Juan capítulo tres, por favor. Esta es una de las narrativas que puede ayudarnos a entender la dimensión de este milagro, la regeneración, una vida nueva. Aquí está Nicodemo; la introducción de Nicodemo en el texto son estas palabras. Dice Juan 3:1: "Había un hombre de los fariseos". Ya eso dice mucho de él, llamado Nicodemo. O sea, cuando dice fariseo, yo quiero que ustedes entiendan, esto es una categoría especial. Estamos hablando de que eran gente extremadamente religiosa. Es verdad que había mucha hipocresía y el Señor Jesucristo tuvo mucho problema con los fariseos, pero a nivel de conocimiento muy difícil que fueran superados. Esta gente conocía la ley, esta gente devoraba la ley.
Pero el personaje que tenemos aquí no era un simple fariseo. Dice el versículo que era un prominente entre los judíos. O sea, yo quiero que ustedes recojan aquí: este no era un judío cualquiera, era un fariseo. No un fariseo común, este era el maestro de maestros. O sea, en conocimiento bíblico estamos hablando de alguien notable. Dice que él vino a Jesús de noche. Eso llama mucho la atención, porque él no quería hacerlo público. O sea, ustedes tienen que entender, este era la papa, lo máximo de los fariseos. "Hay que ver si me ven ahí con Jesús". Este individuo tenía un problema: él escuchó lo que Jesús hablaba, él vio lo que Jesús hacía, él conocía la ley y él dijo: "¿Y qué es esto? ¿Cómo?" Él no sabía ni cómo explicar. ¿Saben lo que él hizo? Él fue a Jesús de noche.
Eso para que ustedes vean que aun el mejor de la iniciativa está llena de incredulidad. Yo recuerdo un caso de un señor que era muy prominente en la ciudad y él dijo: "A mí me gusta el Evangelio, pero aquí yo tengo que ver". Lo invitamos a una campaña. "Yo voy si hacen esto: primero, que apaguen la luz cuando yo voy a entrar, y yo me voy a sentar atrás, y cuando ya se vaya a terminar, que apaguen la luz y yo salgo". Bueno, esto era Nicodemo chiquito. Nicodemo fue a Jesús de noche, él no quería que lo vieran.
Pero escuchen lo que Nicodemo le dijo a Jesús. Le dijo: "Rabí". Ya de por sí esa palabra, usted no la usaba para un cualquiera. Le está diciendo: "Yo te reconozco como maestro". Señores, el maestro de maestros de los fariseos le está diciendo a Jesús: "¡Rabí!" Y él dijo: "Sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él". O sea, Nicodemo, y yo estoy seguro que en tu mente no tenías dudas, yo no tengo dudas de eso.
Pero eso no impresionó mucho a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: "En verdad, en verdad te digo, el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios". Les digo, esta conversación como que no fluyó bien, porque Nicodemo vino con sus miedos, sus temores, de noche. Y el Señor, que conoce los corazones, le dijo: "Nadie puede hacer lo que tú haces si Dios no está con él". Y Jesús le dijo: "Y nadie puede entrar al reino de Dios si no nace otra vez".
El juego en los originales de palabras, así, esto fue muy complicado para alguien como Nicodemo. Porque Jesús le dijo básicamente: "Nicodemo, para tú entrar al reino de Dios hay que nacer otra vez, hay que regenerarte, hay que levantarte otra vez". Y eso fue una declaración muy inesperada, sobre todo para un hombre que era maestro de la ley.
Y miren cómo fluyó la conversación. Verso 4: "Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre?" O sea, Nicodemo le dijo: "Yo noto el proceso un poco complicado, porque ¿cómo que me van a meter otra vez?" Señores, yo estoy hablando del maestro de maestros de esta gente. Y entonces Jesús le dijo: "En verdad, en verdad te digo, el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino". Y respondió Nicodemo: "¿Cómo puede ser esto?" Nicodemo no entendía lo que le estaban hablando. Era demasiado complicado para un individuo que sabía griego y hebreo. Si lo ponemos en el lente actual, era un teólogo, era un seminario.
Y Jesús le dijo: "¿Tú eres maestro de Israel y no entiendes estas cosas?" O sea, tú no entiendes la Biblia y tú estás enseñando. Esto es un milagro. Esto es una manera para nosotros de hacernos ver lo que estamos hablando en la naturaleza. Solo Dios puede hacer una cosa así.
Podemos relacionarnos con Nicodemo. Eso no entraba en una mente natural. ¿Cómo es que un pecador que está muerto en delitos y pecados? ¿Cómo es posible que un pecador que está desesperado en un sitio donde él mismo no puede salir, no puede escaparse? ¿Qué poder se necesita para que alguien de afuera pueda llegar y darle una vida nueva? Esto es un milagro. Esto es tomar a una persona en su suciedad, en sus pecados, y lavarlo de tal manera que nazcas otra vez. El lavamiento de la regeneración.
Y yo les insisto, esto es algo maravilloso lo que estamos hablando. Esto es un milagro. Yo no estoy hablando de terapia, yo no estoy hablando de masajes. Es un muerto que lo llevan a la vida, es una persona que está en oscuridad y lo llevan a la luz. Este es el más precioso regalo que una persona pueda recibir en este mundo. Debemos estar muy agradecidos a Dios por eso.
El Nuevo Testamento habla mucho de eso. Dice Gálatas 2:20, el apóstol Pablo: "Con Cristo yo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí".
¿Cómo Dios lleva a cabo esa regeneración? Dios utiliza la Palabra para eso y su Espíritu. Dice Santiago 1:18: "Él, Dios, por su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad". La palabra de verdad. Primera de Pedro 1:23: "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre".
Es la palabra que da vida, es la palabra que lava del pecado, es la palabra que limpia. El Espíritu Santo la usa para hacernos nacer otra vez. Nosotros necesitamos esa palabra. De hecho, déjame decirte algo: si tú estás aquí, amigo, hoy no conoces a Jesús, esta es una excelente decisión la que tú has tomado de venir. Lo mejor que te puede pasar es que tú estés expuesto a la Palabra, porque comúnmente es la Palabra y el Espíritu lo que Dios usa para dar vida. Estamos felices de que estés aquí y lo que queremos es que Dios haga un milagro en ti.
Dios derramó su bondad. Dios, por causa de su bondad, manifestó su amor. Como un primer efecto de ese amor, Dios tuvo misericordia. Dios se compadeció al ver nuestra condición. Dios sabía que eso no se resolvía con pastillas y lo que hizo fue el milagro de la vida: la regeneración.
En quinto lugar, Dios nos salvó por su Espíritu. De una manera más precisa todavía, dice: "por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo". Ves el paso lógico: Dios te da una nueva vida, usa su Palabra y su Espíritu, y ahora Dios pone su Espíritu en ti para que esa nueva vida que comienza pueda ser sostenible. Da su Espíritu para iniciar un proceso que se llama renovación. Todo en ti va a cambiar, absolutamente todo.
Nosotros decimos: Dios te recibe tal como tú eres. En otras palabras, tú no tienes que arreglar nada para venir a Dios. Dios no necesita tu ayuda; de hecho, no te va a servir de nada. Ven como estás. Pero Dios te ama demasiado para dejarte así. A todo el que Dios recibe, Dios lo cambia. Renovación por el Espíritu Santo: una vida nueva, un nuevo nacimiento, la Palabra empieza a obrar en el corazón, los ojos se abren a una realidad que nunca antes era concebible. Dios da su Espíritu.
Quiero decirte: el Espíritu de Dios gratuitamente es uno de los más preciosos regalos que Dios puede dar a un hombre en este mundo. Eso no se compra, eso no se vende. ¿Quién era un ejemplo de eso? Hay un caso en el libro de los Hechos de Simón el Mago. Miren conmigo en Hechos capítulo ocho, muy rápidamente. Hechos capítulo ocho, esto es todavía en la historia de la primera iglesia; hemos estudiado todo esto aquí en el libro de los Hechos.
Dice el verso trece: "Y aun Simón mismo creyó, y después de bautizarse continuaba con Felipe, y estaba atónito al ver las señales y los grandes milagros que se hacían". Estamos hablando de una persona entusiasmada, una nueva vida, un nuevo amor por Cristo. Él se unió a los líderes, él fue testigo de primera fila de lo que Dios hacía y él estaba muy animado.
Verso catorce: "Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, quienes descendieron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; solo habían sido bautizados en el nombre de Jesús". ¿Qué pasaba? Que les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo, y eso era impresionante lo que estaba pasando. Estamos hablando de la vida de una nueva iglesia; de ahí salimos todos nosotros. Es el registro de cómo empezó todo esto.
El problema con Simón es que a él se le abrieron los ojos cuando vio esto y se le puso un signo de peso en la cabeza. Dice el verso dieciocho: "Cuando Simón vio que el Espíritu se daba por la imposición de las manos de los apóstoles..." Miren lo que hizo: les ofreció dinero a los apóstoles. Entiéndase, como si le propusiera: "Pastor Miguel, yo necesito que me preste la franquicia". Es la idea: "Yo le hago un dinerito y deme la magia". Para ponerlo en ese sentido: "Dame también a mí esta autoridad, de manera que todo aquel sobre quien ponga mis manos reciba el Espíritu Santo". En otras palabras: "Dame el dinero y me estaba haciendo el negocio del siglo. Yo voy a vender esto por Amazon, voy a poner un negocio".
Entonces Pedro le dijo: "Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero". Esto no se gana ni con dinero ni sudando. Aunque usted vaya al santuario a pie el día de Semana Santa, eso no mueve a nadie. No hay nada que podamos hacer para obtener el Espíritu Santo, absolutamente nada. Solo Dios podía hacerlo. Este es uno de los más preciosos regalos que un hombre pueda recibir en este mundo.
Y a Él, que es poderoso —dice el apóstol Pablo en Efesios 3:20— para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros. Ahí está implicado el poder del Espíritu. Así que Dios nos da una nueva vida, Dios nos hace nacer, y ahora viene en abundancia por el poder del Espíritu Santo. En el poder del Espíritu Santo, Dios nos da una vida que Él mismo sostiene, que Él mismo fortalece y que finalmente garantiza nuestra gloria eterna. Somos regenerados por el trabajo del Espíritu Santo.
Y lo más impresionante dentro de toda esa renovación es la manera como el Espíritu nos cambia, sobre todo en nuestra mente. Yo lo contaba al primer grupo: el viernes pasado nosotros acostumbramos, tanto martes como viernes, a tener un devocional con el personal de toda la iglesia. Y el pastor Miguel y yo, el viernes pasado, hablamos un poco del tema de tener una mente bíblica, que es un tema del libro "Siervos para Su gloria", específicamente en capítulo tres.
Este es el problema: el Espíritu Santo nos ha sido dado y su función es una sola: renovarnos. De hecho, así dice el texto, pero necesita la Palabra. El primer efecto que el Espíritu Santo va a hacer en una persona es enseñarlo a pensar, porque todo lo que somos responde a una secuencia que comienza en lo que pensamos. El problema es que si aún teniendo el Espíritu Santo nuestra mente está en lo que anhelábamos antes de Cristo, no va a funcionar. No va a funcionar. Parte del problema por el cual no crecemos más no es porque el Espíritu Santo no tenga poder; de hecho, el texto dice que lo dio abundantemente. El problema es que no hay Palabra dentro. El Espíritu Santo necesita esa Palabra para poder hacer los cambios, para poder llevarlo al próximo nivel. No puede ser que la única diferencia entre un creyente y un no creyente sea venir a la iglesia los domingos. Eso no va a funcionar. La única manera de poder acercarnos más a Dios es pensando como Dios piensa. Nosotros debemos ser gente de la Palabra, debemos ser gente que si nos pinchan, en vez de sangre salga Biblia. Necesitamos ser un pueblo saturado de la Palabra.
Entonces Dios derramó, manifestó su bondad, y parte del efecto de esa bondad es que nos amó. Y como una manera práctica de ese amor, Dios tuvo misericordia. Dios vio nuestra condición y dijo: "Tenemos que hacer algo grande". Regeneración, una nueva vida, y en esa nueva vida da el Espíritu Santo para hacerla sostenible, para llevarlo al próximo nivel.
No solo eso. En sexto lugar, Él nos salvó por su Hijo, por su Cristo. Dice, derramado, hablando del Espíritu Santo, dice el verso seis: "sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Señor". Toda la lista anterior quedaría incompleta si no se menciona el fundamento de este asunto: Jesucristo. Jesucristo. Jesús vino a hacer posible esa obra de salvación.
Como cantábamos, Jesús pagó el precio que se necesitaba. Jesús conquistó la muerte; eso era parte del plan, eso es lo que hizo. La justicia de Dios el Padre tuvo que ser satisfecha. La paga del pecado era muerte; alguien tuvo que morir. Por eso todos los pecados del mundo se colocaron sobre Jesús y Él pagó el precio. Él murió a nuestro favor. Todo eso tiene un solo nombre: Jesucristo. Es el fundamento de nuestra fe, y una de las cosas que debemos aprender es a apreciar más la persona de Jesús.
Nosotros debemos quedar enamorados de Jesús. Si pensáramos más en lo que Jesús es, en lo que Jesús ha hecho, debiéramos estar más impresionados por Jesús. Yo le decía a una clase pasada: Jesús es único en su clase. Hay una diferencia inmensa entre lo que somos nosotros y lo que Jesús es. Cada vez que Jesús habla y dice algo acerca de Él, es algo que no puede ser aplicado a nadie más. Solo Jesús puede hacerlo.
Déjame darte un ejemplo de eso. Si yo le hablo de mí, nada de lo que yo pueda decir de mí me coloca en una categoría única en el universo. Yo lo puedo decir: "Yo soy dominicano". Hay muchísima gente dominicana. Bueno, yo soy pastor; hay muchísimos pastores dominicanos. Yo soy dilucho ganador; bueno, hay muchísimos pastores diduchos también. Y por más que yo le agregue a eso, nada me va a hacer único.
Pero escuchen a Jesús hablando. Jesús dijo: "Yo soy la luz del mundo". Quiero que me escuches: "Yo soy la resurrección y la vida". Imagínense que hoy, después del servicio, uno de ustedes se me acerque y diga: "Yo quiero saludarlo y conocerlo. Yo me llamo Juan Pérez". Y yo le digo: "Mucho gusto, yo soy la resurrección y la vida". ¿Qué crees que va a pasar?
Cada vez que Jesús habla, Él declara algo que lo hace único en su categoría. Y una de las cosas únicas que Jesús hizo es ir a la cruz para hacer posible nuestra salvación. Solo Jesús podía hacer eso. Y dice el apóstol: "por medio de Jesucristo".
Y finalmente dice: somos salvos por su gracia. "Para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna". Gracia significa favor de Dios. Todo lo que movió a Dios fue basado en su bondad, en lo que Él es, no en lo que nosotros somos.
Alguien decía: la gracia es el favor gratuito, inmerecido de Dios, otorgado a pecadores culpables que solo merecen la condenación. Es decir, gracia es esto: yo merezco un castigo y por la gracia me perdonan ese castigo. Pero no lo dejan ahí: me dan el premio que yo no merecía. Me libran de lo que merecía, que era el castigo, y me dan lo que no merecía, que es el premio: el amor de Dios en Cristo Jesús.
Eso es gracia. "Justificados por su gracia". La motivación está en Dios, no en nosotros. Él nos dio vida juntamente con Cristo. Es un regalo, no un pago. No es por obras, es por gracia.
Una de las maneras de entender mejor esta verdad son las ilustraciones. Yo tengo una ilustración bíblica para ustedes. Yo quisiera por favor que me acompañen a Segunda de Samuel, capítulo 9, por un momento. Segunda de Samuel, capítulo 9. Les voy a hablar de un caso, un joven llamado Mefiboset. Segunda de Samuel, capítulo 9.
Escuchen la historia, les me introduzco. El rey David, ahora en su trono gobernando, hace un poco de historia en su vida. Antes de David, ustedes saben la historia bíblica, estaba reinando Saúl. Un hombre con mucha dificultad que ilustra mucho lo que es estar lleno de sí mismo. Dios tuvo que humillarlo. Uno de los hijos del rey Saúl era Jonatán. Jonatán llegó a ser el mejor amigo de David. Cuando Dios elige a David para suceder en el trono, Saúl no lo vio con buenos ojos. De hecho, lo persiguió para matarlo. Imagínense para Jonatán lo difícil que debió ser: su padre tratando de matar a su mejor amigo.
Jonatán mostró fidelidad a David. Jonatán amó a David. Jonatán sabía que David iba a ser el rey. Le dio Dios su aprobación, le dio Dios su apoyo. Y ellos ilustran la belleza de lo que es una real amistad. Si usted quiere aprender lo que es ser amigo, entonces hay que estudiar la amistad de Jonatán y David. Ellos se prometieron pacto mutuo de que si uno de ellos faltaba, el otro iba a tener cuidado de su familia.
Aquí está David como rey, y pregunta acerca de Jonatán. La idea es que ha pasado mucho tiempo y él le dice a alguno de sus sirvientes, alguno de sus siervos: "¿Sabe usted decirme si hay alguien vivo de la familia de Jonatán?" Y le dijeron: "Sí, hay un hijo." Ese hijo se llama Mefiboset. Mefiboset era lisiado de los dos pies. Los teólogos creen que eso sucedió a los cinco años de edad. Estamos hablando de una persona sin valor socialmente, por así decirlo, no aceptada. La idea es que no podía valerse por sí mismo. Era un lisiado, un miserable. Y cuando le dijeron a David, él dijo: "Tráiganlo. Yo quiero honrar mi palabra con Jonatán. Tráiganlo a mi presencia."
Lo que les voy a leer es cuando Mefiboset fue traído a la presencia de David, siendo David un rey. Lo tuvieron que traer porque no podía caminar, y lo produjeron de la ante era. Verso 6, Segundo de Samuel 9: "Y Mefiboset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, vino a David. Y cayendo sobre su rostro se postró. Y David dijo: Mefiboset. Y este respondió: He aquí tu siervo. Y David le dijo: No temas, porque ciertamente te mostraré bondad por amor a tu padre Jonatán. Y te devolveré toda la tierra de tu abuelo Saúl, y tú comerás siempre a mi mesa." Y se postró él de nuevo, Mefiboset, y le dijo: "¿Quién es tu siervo para que tomes en cuenta a un perro muerto como yo?"
Pues no me cuesta entender cómo Mefiboset se sentía: lisiado, incapacitado, imposible de valerse por sí mismo, está delante de la más alta autoridad humana que podía ver en ese momento. Verso 9: "Entonces el rey llamó a Siba, que era un siervo de Saúl, y le dijo: Todo lo que pertenecía a Saúl y a su casa lo he dado al nieto de tu señor, es decir, a Mefiboset. Y tú, tus hijos y tus siervos cultivaréis esta tierra para él, y le llevaréis los frutos para que el nieto de tu señor tenga alimento. Sin embargo, Mefiboset, nieto de tu señor, comerá siempre a mi mesa." Lo quiero aquí en el comedor.
Siba tenía quince hijos y veinte siervos. Y respondió Siba al rey: "Conforme a todo lo que mi señor el rey mande a su siervo, así hará tu siervo." Y Mefiboset comió a la mesa de David como uno de los hijos del rey. Mefiboset tenía un hijo pequeño que se llamaba Micaía. Todos los que moraban en casa de Siba eran siervos de Mefiboset. Pero Mefiboset moraba en Jerusalén, porque siempre comía a la mesa del rey. Y la narrativa no termina ahí. El autor quiere recordarnos algo de esto: estaba lisiado de ambos pies.
Es interesante. En la narrativa, más de cuatro veces se dice que él comía en la mesa del rey. Pero toda la narrativa comienza y termina diciendo: era lisiado de ambos pies. Imagínense la escena. El rey David, y aquí está Mefiboset, incapaz de valerse a sí mismo, viviendo en una casa ajena, sin posibilidades. Él fue traído al rey David, donde comería a su mesa todos los días hasta el resto de su vida. Y él iba a ser tratado como uno de los hijos del rey.
Mefiboset, en su condición de invalidez, de desamparo, incapaz de mejorar su suerte, totalmente dependiente de la benevolencia de los demás, él ilustra nuestra condición delante de Dios. Eso es exactamente lo que pasa con nosotros y Dios. Nosotros estamos lisiados con el pecado, desahuciados en nosotros mismos, incapaces de salir de nuestra condición. Y así como David mostró misericordia, así Dios muestra misericordia. David lo hizo por amor a Jonatán. Dios lo hace por amor a Jesucristo. Somos tratados por gracia gracias al Señor Jesucristo. Él gana un favor delante de nosotros. Es por Jesús.
Así como Mefiboset fue elevado a un lugar a la mesa del rey por amor a Jonatán, también nosotros somos elevados a ser hijos del Rey de reyes por amor a Jesucristo. Y así como para Mefiboset era tan significativo estar a la mesa del rey, hoy por gracia Dios nos toma como hijos, herederos con Jesús. La salvación es por amor de Jesucristo. Por amor a Jesucristo lo da todo.
Cuando se manifestó la bondad de Dios y su amor para la humanidad, Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración, por la renovación del Espíritu Santo, que Él derramó abundantemente sobre nosotros por Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos de la vida eterna.
¿Qué aprendemos nosotros de todo esto? Amigo que estás aquí en esta mañana, tú necesitas esa salvación. Tú necesitas una vida nueva. Estamos hablando de un nuevo nacimiento. De nuevo, yo no estoy hablando de un programa de crecimiento personal. No es a eso que nos referimos. Es una obra exclusiva de Dios a través de su Palabra, a través de su Espíritu. Antes de poder hablar de cambios y mejoras en tu vida, tenemos que ver la vida de Dios. Hay que nacer primero, de tal manera que por la influencia del Espíritu tú puedas entender mejor lo que Dios es, tú puedas entender mejor lo que tú eres, puedas entender mejor tus circunstancias que están a tu alrededor.
Eso no es negativo. Hay gente que dice: "A mí no me gusta, porque la iglesia siempre está condenando a la gente." Eso no es negativo. Si tú vas al médico y te dicen que tú tienes cáncer, pero que hay un remedio y estás a tiempo, eso no es ser negativo. Esa puede ser la mejor noticia de tu vida. Aunque es dolorosa, te lleva a la salvación. Nosotros queremos decirte, amado amigo: tú tienes cáncer. Tu cáncer se llama iniquidad. Pero gracias a Dios hay un remedio que se llama fe y arrepentimiento en Jesucristo. Está disponible para ti. Estás a tiempo.
La misión de la iglesia no es entretenerte. La misión de la iglesia es mostrarte a un Dios que es Salvador, que desea darle sentido a tu vida. Tú necesitas a Jesús. Tú necesitas venir a Él en los términos que Dios declara en su Palabra. Hoy puede ser un día de salvación para ti.
Y a ti, hermano, que estás aquí o que escuchas: cuando escuchamos estas cosas, ¿cómo eso impacta nuestras vidas? Nosotros debemos ser más agradecidos a Dios. Debemos ser más agradecidos. Dios nos ha dado tanto. Dios nos ha dado demasiado. Nosotros debemos vivir más en dependencia de su gracia, en dependencia de su poder. Debemos vivir más apasionados por hacer su voluntad.
Por eso necesitamos tanto su Palabra. La calidad de nuestra vida espiritual está directamente proporcional a qué tan llenos estamos de su Palabra. Necesitamos una mente bíblica. Necesitamos tomar los recursos de gracia que Dios nos da para que podamos ser renovados en nuestra vida espiritual. El Pastor Miguel exhortaba: vamos a reflexionar para que el 2019 podamos ir al próximo nivel de nuestra vida espiritual.
Si queremos avanzar, nosotros necesitamos tener más calidad de pensamientos. Si queremos avanzar, nosotros necesitamos pensar más como Dios. Debemos estar más marcados por Jesús. Yo no estoy hablando de una vida legalista. Yo no estoy hablando de una vida religiosa. Yo estoy hablando de una vida transformada por la bondad, por el amor, por la misericordia. Una vida donde prevalezca más la gracia que la ley. Una vida donde sea evidente el poder del Espíritu Santo. Necesitamos más la ayuda de Dios.
Una de las cosas más maravillosas que podemos hacer como parte de nuestra relación con Dios es conocer más lo que Él ha hecho por nosotros. Dios nos da la salvación, y en la medida que crezcamos en conocer más de su bondad, eso nos ayudará a ser más agradecidos.
Que Dios nos ayude entonces. Que al refrescar estas verdades podamos entender más la obra de Dios en nuestras vidas. Que Dios nos ayude. Que al refrescar estas verdades podamos experimentar más dependencia de Él y de su gracia. Que Dios nos ayude, que al refrescar estas verdades podamos descubrir y despertar a una mayor pasión por su gloria. Y que todo eso, al final, pueda traducirse en una vida de mayor gratitud, en una vida de mayor fidelidad.
Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D