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Sermones

Salvo por gracia, juzgado por tus obras

Miguel Núñez 12 mayo, 2024

La salvación es por gracia, pero el juicio será conforme a las obras. Esta distinción, que muchos cristianos pasan por alto, es central en Romanos 2:6-11: "Él pagará a cada uno conforme a sus obras". No se trata de ganar la salvación mediante buenas acciones, sino de entender que las obras revelan si la fe que profesamos es genuina o vacía. Hay al menos veinte pasajes bíblicos que confirman esta verdad, desde Jeremías hasta las palabras de Cristo: "Por sus frutos los conocerán".

Pablo distingue dos grupos. El primero persevera en hacer el bien, busca la gloria de Dios y el honor de servirle, y su destino es la vida eterna. El segundo es ambicioso en el mal sentido, desobedece la verdad y obedece la injusticia; su destino es ira e indignación. La diferencia no está en las palabras que pronuncian, sino en lo que hacen. Como escribió Santiago, la fe sin obras está muerta. Judas perteneció al grupo de los apóstoles, pero no perseveró. Demas acompañó a Pablo, pero terminó amando este mundo presente.

El fruto del Espíritu —amor, dominio propio, paciencia— caracteriza al creyente genuino y lo distingue del cristiano cultural, nominal o dominical. Las obras de la carne, en cambio, revelan incredulidad. La pregunta que el pastor Núñez deja resonando es directa: ¿Eres una persona que cree la vida o que vive la vida? Porque si realmente creyéramos lo que decimos creer, lo viviríamos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Continuamos hoy, como se esperaba, en la carta de Pablo a los Romanos, capítulo 2, y vamos a continuar exactamente en el próximo versículo donde nos habíamos quedado. Pero un par de minutos que nos sirvan de conexión: la semana pasada nosotros estuvimos hablando de cómo el moralista —que puede ser muchas veces no cristiano, pero aún el cristiano moralista que está quizás confiando en su legalismo— condena a otros, pero luego él termina haciendo la misma cosa que condena. Pablo entonces quiere ayudarles a ese grupo de personas a que puedan entender que toda la condenación de la que habló, y toda la vida de pecado de la que habló en el capítulo 1, no los separa mucho de ellos en realidad, porque ellos están haciendo cosas iguales o similares a las que él describe en ese capítulo primero con relación al incrédulo o impío. Entonces les dice: "No pienses que tú vas a escapar del juicio de Dios cuando tú mismo te condenas al hacer las cosas que condenas en otros."

Nosotros cerramos el texto de la semana pasada exponiendo el versículo 5, que nos dice que aquellos que ignoran la paciencia, aquellos que ignoran la bondad y la paciencia de Dios, pues en esencia lo que hacen es acumular ira sobre ira para el día de la ira, para el día del juicio final. Lo que Pablo hace ahora en el texto que vamos a estar abordando, del 6 al 11, es continuar esa narrativa, pero ahora nos va a hablar de cómo es que ese juicio final se va a dar.

Yo quisiera, antes de leer el texto, que podamos hacer una importante observación: en este capítulo 2 de Romanos, Pablo no está hablando de cómo se da la salvación. Él va a hablar de eso extensamente en capítulos más adelante, pero por ahora él no está hablando de eso. Recuerda que básicamente en el capítulo 1 habló de cómo ese hombre queda condenado por su propia soberbia, por alejarse de Dios, por cambiar la verdad de Dios por la mentira. Y ahora él nos está hablando de cómo ocurre el juicio final en términos de los criterios a usarse para juzgar a todo el mundo a la hora de rendir cuentas.

Yo quisiera disipar de entrada algunos malos entendidos que cristianos y no cristianos tienen. Yo he escuchado de parte de mucha gente moralista —que realmente es religiosa, culturalmente religiosa— decir: "Yo creo que en el día final voy a entrar, doctor, porque en realidad yo no me he emborrachado, yo no he matado a nadie, no he sido infiel." Y realmente ellos tienen como unos criterios de la moral que se requiere para entrar al reino de los cielos, pero que dista mucho de lo que Dios ha dicho, porque para entrar al reino de los cielos yo requiero una rectitud moral perfecta. La pregunta es: ¿cómo la obtengo? Eso es tema de otra exposición, aunque en el momento del mensaje estaré tocándolo. Ese grupo no entiende que las obras buenas que ellos creen que superan sus obras malas en este mundo no son verdaderamente buenas, porque las obras solo son buenas cuando son hechas en Cristo y para la gloria del Dios trino.

Por otro lado, muchos cristianos entienden que, como la salvación es por gracia —y lo es, y se subraya una y otra vez que la salvación es por gracia—, en el día del juicio lo único que se va a tomar en cuenta es la gracia de Dios, lo cual dejaría afuera la justicia de Dios y la santidad de Dios. Recuerda que la semana pasada nosotros vimos que, de acuerdo a las palabras de Cristo —tuvimos el Sermón del Monte por un rato, tratando de traer luz al texto de Romanos—, pero también de acuerdo al resto de las enseñanzas del Nuevo Testamento, nosotros vimos cómo en el día de rendición de cuentas yo tengo que dar cuenta por mis obras, por mis palabras, por mis pensamientos, por las intenciones de mi corazón, y por cosas que debía haber hecho pero que nunca hice.

Ahora, en el texto de hoy, Pablo quiere todavía expandir y aclarar algo que la mayoría de los hijos de Dios han entendido erróneamente. Yo creo que el texto —y bueno, cada palabra de Dios es importante— el título de este mensaje es: "Salvo por gracia y juzgado por tus obras." Si el título aparece en pantalla, y asumo que sí, nota que la primera parte está como subrayada o enfatizada a propósito. Nosotros vamos a tratar con la segunda parte, pero antes de hablar de la segunda parte, quiero dejar claro que la salvación es por gracia, pero el juicio es por obras.

Vamos a leer de Romanos 2, versículos 6 al 11:

"Él pagará a cada uno conforme a sus obras: a los que por la perseverancia en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad, vida eterna; pero los que son ambiciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia, ira e indignación. Habrá vida eterna para los que buscan gloria, honor e inmortalidad, y lamentablemente habrá ira e indignación para aquellos que obedecen la injusticia. Habrá tribulación y angustia para toda alma humana que hace lo malo, del judío primeramente y también del griego; pero gloria y honor y paz para todo aquel que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego. El versículo 11 dice: porque en Dios no hay acepción de personas."

Yo creo que está más o menos claro lo que yo mencioné en mi introducción, pero yo quisiera hacer la pregunta clásica: ¿de qué habla el texto? Porque después que determinemos de qué habla el texto, el resto es desempacar esa idea. El texto claramente establece desde el inicio de qué Pablo quiere hablar en ese momento: el versículo 6 dice "Él pagará a cada uno conforme a sus obras." Ese es el eje central del texto, y lo que viene adelante es desempacar esa idea.

Yo estoy seguro de que a muchos de nosotros nos sorprende esta afirmación, aunque hayamos leído la carta de Romanos por completo, porque frecuentemente leemos y seguimos. La razón por la que nos sorprende es porque nosotros aprendimos que la salvación no es por obras, y no lo es; pero entonces terminamos concluyendo erróneamente que el juicio tampoco será conforme a las obras. No sé si te sorprende aún más que hay por lo menos veinte pasajes, mínimo, en la Biblia —que incluyen tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento— que establecen con toda claridad que el juicio es conforme a las obras. Ahí no hay debate.

Si quieres ver la verdad de Dios, déjame mencionar un par de esas afirmaciones. Jeremías 17:10: esto es lo que Dios dice: "Yo, Jehová, escudriño la mente" —¿ves que necesito dar cuenta por mis pensamientos?— "escudriño la mente, que prueba el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras." Yo examino el corazón, yo examino la mente, y al final voy a terminar dando a cada uno según sus obras.

Y también el Salmo 62:12: "Y a ti, oh Señor, la misericordia, porque tú pagas a cada uno conforme a su obra." Nota que el salmista no tiene ningún problema en poner en el mismo versículo la misericordia de Dios y el hecho de que Él va a pagar a cada uno según sus obras. Él no tiene ningún problema, porque sabe que Dios es justo y que Dios no hace acepción de personas.

Pero yo casi puedo anticipar la pregunta de alguien que está pensando: "Pastor, eso es el Antiguo Testamento." Bien, el Nuevo Testamento tiene más pasajes que sustentan lo que acabo de mencionar. Déjame leerte un par de ellos. Déjame comenzar con Cristo, el maestro por excelencia, de quien las Escrituras hablaban y quien luego habló de las Escrituras. Escucha Mateo 16:27, Cristo hablando: "Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras." La razón por la que escogí esa traducción es porque las otras no dicen algo distinto; simplemente dicen "conforme a sus caminos," y para que quedara claro que ambas traducciones son válidas, por eso lo hice de esa forma.

Pero en el Sermón del Monte, Cristo enseñó —lo mencionamos la semana pasada— que "por sus frutos los conocerán." Escucha: Cristo dice eso en Mateo 7:16 y lo repite cuatro versículos más adelante, en 7:20. Como que esto fue importante para Cristo. Yo quiero que ustedes entiendan: ustedes no van a conocer a la gente porque hicieron una profesión de fe, ni porque se bautizaron, ni porque tuvieron 30 años en una iglesia ortodoxa, ni porque les nacieron los dientes en el Evangelio, como dicen algunos. No, no, no. No es una profesión de fe lo que te salva; es la posesión de la fe. Y si poseo la fe que me salvó, poseo el Espíritu de Dios que viene y mora en mí, de tal manera que ese Espíritu que ahora ha venido a morar en mí comienza a ayudarme para despojarme del hombre viejo, de las obras de la carne, para que puedan florecer ahora en mí el fruto del Espíritu.

Entonces, ¿cuáles son las obras de la carne para las cuales el Espíritu tiene que ayudarme? Ahí está la gracia, porque en la santificación la gracia no se quedó a un lado. No, no. Es que por gracia Dios me ha dado su Espíritu, y por gracia su Espíritu sigue obrando en mi transformación. Y si tú quieres una lista detallada, pero no exhaustiva, de las obras de la carne, déjame dártela en Gálatas 5, inmediatamente antes del fruto del Espíritu que es descrito después, de manera que Pablo está tratando de contrastar cómo luce el incrédulo y cómo luce un creyente.

Entonces esto es lo que él dice: "Ahora bien, las obras de la carne son evidentes." Fíjate que él no habla de las palabras, de la forma como predica un individuo o un pastor; no. Las obras de la carne son evidentes —obras, las cosas que hace—: "inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo había dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios."

Pablo habla de inmoralidad, impureza y sensualidad. En una generación tan sexualizada como la nuestra hay que enfatizar eso. Es una generación tan centrada en nosotros mismos. Hay que enfatizar que los pleitos, celos, enojos y rivalidades no deben formar parte del fruto del Espíritu. Eso es parte de las obras de la carne que tienen que irse. No se irán en un día, pero tienen que irse si el Espíritu de Dios mora en ti, porque es el fruto del Espíritu, no el fruto de Miguel Núñez.

En una sociedad como la nuestra, que quiere incluso aprobar y empujar —y uso la palabra "empujar"— la ideología de género, yo creo que nosotros tenemos que prestar atención. La inmoralidad, la impureza y la sensualidad, como Dios las juzga: los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios, ni los que creen y empujan la ideología de género.

¿Qué más enseñó Pablo con relación al juicio por las obras? En 2 Corintios 5, dice: "Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo." Tenemos que explicar eso, pero ese es el énfasis que está ahí en cada pasaje que les soy leyendo. Leímos a Cristo, leímos a Pablo dos veces.

¿Y qué enseñó Pedro? En 1 Pedro 1:17: "Y si invocan como Padre a aquel que imparcialmente juzga según la obra de cada uno, juzga según la obra de cada uno, condúzcanse con temor durante el tiempo de su peregrinación." Condúzcanse con temor en esta vida. Ya han escuchado la palabra. No está enseñando obras para salvación, pero una vez más, ante ese error, hacia adelante quiero volver a enfatizar en Efesios 2:8-9, donde el mismo Pablo, que es quien escribe Romanos, nos enfatiza que la salvación es por gracia, no por obras, para que nadie se gloríe. Ahí está claro.

La salvación —de eso estamos hablando— es otra cosa que el juicio. Aunque las obras no me ganan la salvación, las obras se supone que sean reveladoras de tu salvación. Por eso Cristo dijo: "Examínenlos por sus frutos." Cristo no está diciendo "examínenlos por cómo hablan" ni "examínenlos por cómo predican", porque yo puedo engañar a una audiencia. Pero si mi predicación es congruente con la Palabra, ahí Cristo, Pablo y Pedro vendrán y me dirán: "Bien, habrá que ver si ese pastor vive como predica."

Las obras revelan quiénes son cristianos genuinos, versus cristianos culturales, cristianos nominales, cristianos temporales, cristianos dominicales o cristianos orales, que dicen pero no hacen. Las obras separan a los cristianos genuinos de los cristianos culturales, nominales, temporales, dominicales u orales. De esos cristianos orales fue que Cristo habló cuando se refiere a los que son orales: "Hagan como ellos dicen, pero no como ellos hacen, porque ellos dicen pero no hacen." Entonces son orales: hablan bien. Eso es exactamente, eso fue exactamente la preocupación de Santiago, el medio hermano de Jesús.

Nosotros estudiamos esa carta hace poco, estudiamos la carta de Santiago relativamente poco. Y la preocupación de Santiago —su carta entera está cargada de eso— es que yo veo en obras lo que la gente me está hablando que cree, en palabras, en conceptos. Por eso en Santiago 2:14-17 esto es lo que Santiago dice: "¿De qué sirve, hermanos míos, si alguien dice que tiene fe pero no tiene obras?" —ahí vienen las obras, no como salvación— "¿Acaso puede esa fe salvarlo? Si un hermano o una hermana no tiene ropa y carece del sustento diario, y uno de ustedes le dice: 'Vayan en paz, caliéntense y sáciense', pero no les da lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve?" Ahí quedó claro.

Entonces Pablo dice: "Así también la fe, por sí misma, si no tiene obras, está muerta." No es que existía y murió; es que no existe. Por eso decía que, como nosotros hemos enfatizado continuamente la gracia, lamentablemente la gracia ha sido malentendida y ha sido tomada por libertinaje. Se pasa —quizás hasta voluntariamente— por alto el hecho de la importancia que tienen las obras: son reveladoras de la existencia o no de la fe. John Murray, ese líder cristiano del pasado, teólogo, dice que aspirar a la salvación sin evidencia de buenas obras es presunción. Esperar la salvación sin ninguna evidencia de buenas obras es presunción; está presumiendo una cosa que no se supone que sea.

En muchas de sus cartas el apóstol Pablo apunta a su testimonio. Cuando le escribe a los tesalonicenses y a los filipenses, habla de su manera de vivir entre ellos. Dice Pablo, como él mismo vivió entre ellos, que le era un verdadero discípulo. Es por eso que en las cartas de Pablo te encuentras con frecuencia frases como: "Como ustedes saben", "ustedes me vieron", "como ustedes mismos saben", "como viví entre ustedes." Lo que Pablo está diciendo es: "Oye, yo te estoy diciendo esto, pero al mismo tiempo te estoy diciendo que esto no son palabras bonitas; tú sabes que fue así."

El texto que a mí más me gusta para hablar de este tema es cuando le escribe a los tesalonicenses. En su primera carta les dice: "Nos hemos complacido en impartirles no solo el Evangelio de Dios —eso son palabras— sino también nuestras propias vidas, pues llegaron a ser muy amados para nosotros." Yo no vine y les di un mensaje solamente; yo vine y viví un mensaje. Y no solamente viví una parte del mensaje; viví todo el mensaje, porque les compartimos nuestra vida por completo. Y les dice inmediatamente: "Quiero que sepan, ¿por qué? Porque llegaron a ser muy amados para nosotros."

Y eso es lo que la Palabra de Dios enfatiza, sobre todo en el Nuevo Testamento, y sobre todo Cristo en el Sermón del Monte: hablar bonito sin vivir bonito no es el testimonio de un verdadero creyente. No lo es. Todavía tengo que crecer en todo eso, yo lo sé. Pero recuerda lo que Cristo le enseñó a los fariseos, porque parte del problema es que los fariseos estaban como en la mira o en la mente de Pablo cuando les estaba hablando. En el cristianismo no hablamos de fariseos porque ese grupo no existe hoy; en el cristianismo hablamos de legalismo. Pero déjame decir todo lo que el legalismo no es.

Legalismo no es creer que la vida cristiana debe ser vivida de manera radical. No. Esa es la única forma como la vida cristiana debería ser vivida: de manera radical. Pues tengo que entregarle toda mi vida a Cristo; yo no sé qué puede ser más radical que eso. Ahora, que la gente defina de forma diferente lo que es radical es otra cosa, pero Dios sabe. Pero Cristo les dice a los fariseos: "Porque les digo a ustedes que si su justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos." Y cuando Cristo habló de su justicia, estaba refiriéndose a la vida moral, al carácter moral, a la manera como vivían. "Si no es superior", les dice a sus discípulos, "que la manera como los fariseos lo están llevando —quienes se conocían el Antiguo Testamento de tapa a tapa—, ustedes no van a entrar", porque tiene que haber una expresión externa de lo que yo soy internamente.

Bueno, yo creo que dije suficiente. El versículo 6, de manera que para terminar hoy avancemos del versículo 7 al 10. Lo que Pablo hace es exactamente lo que ya te anuncié: Pablo desempaca las realidades de ese juicio final. No cada una de las realidades, sino algunas de ellas. Entonces Pablo hace dos grupos: hay un grupo que busca esto y hay un grupo que busca aquello; hay un grupo que hace esto y un grupo que hace aquello; un grupo que persigue o desea esto o aquello.

Entonces él comienza en el versículo 7. Él describe primero al grupo de los verdaderos creyentes, para luego hablarnos del otro grupo que pudieran parecer, pero que realmente no son. Ese otro grupo... Pablo comienza en el versículo 7: ellos exhiben una perseverancia en hacer el bien. Yo quiero enfatizar la palabra "perseverancia", porque yo creo que cuando leemos esa palabra sabemos lo que es el bien: buenas obras, buenas cosas, ayudar a otros y demás. No es solo que él vive una vida; es que persevera en hacer el bien. Eso, ¿cómo era posible? Por gracia, porque quien te empodera para perseverar es el Espíritu, que te mantiene en el camino de la verdad para que no abandones la verdad y para que obedezcas la verdad. El énfasis de Pablo aquí es perseverancia.

Judas perteneció pero no perseveró. Para los otros once apóstoles, él era uno de ellos, igual que cualquiera de ellos, hasta el punto que cuando Cristo dijo: "Uno me va a entregar", todos preguntaron: "¿Seré yo, Maestro? ¿Seré yo, Maestro?" En otras palabras, Judas todo el tiempo estuvo tan comprometido. Y habló también, y oró también, como cualquiera de nosotros. Eso es intimidante, ¿verdad?

Luego Pablo le escribió a Timoteo en su segunda carta, capítulo 4, donde le está hablando de cómo él ha sido dejado solo. Quizás otros lo dejaron solo por otras razones, pero él se enfoca en Demas: "Demas me ha abandonado." En serio, Pablo. Pero en textos anteriores a este, Pablo habla de "nuestro querido hermano Demas" o algo así. El querido doctor era Lucas, perdón, borre eso. "Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente." O sea, Demas andaba conmigo, pero amó el mundo presente y abrazó el mundo presente y me dejó.

¿Qué significa eso? Yo creo que "amar este mundo presente" es como un eufemismo, una forma poética de decirlo, pero simplemente es la forma de Pablo de decir que a Demas le gustaron las obras de la carne. Las obras de la carne son la expresión de haber amado este mundo presente. Así es como es. Las obras de la carne se dan cuando yo amo la aprobación de este mundo, cuando yo amo lo que este mundo tiene que ofrecerme, cuando yo busco lo que este mundo tiene que ofrecerme. Y las ofertas de este mundo son mucho más atractivas que las promesas de Dios para el que ama este mundo. Por eso la gente se va tras ellas, porque se han centrado en el aquí y en el ahora. Lo otro hay que esperar, y sabrá Dios. Así fue Demas, y así muchos más en la vida.

Cristiana. Yo tengo otra vida. Yo no. Todo es la Palabra de Dios. Entonces nota el énfasis de Pablo: aquello que está en el grupo de cristianos, en "huinos", esos perseveran en hacer el bien. Ahora me llama la atención que Pablo no simplemente dice "perseveran", porque esa palabra aparece en otros textos y hablamos de la perseverancia de los santos, pero Pablo estaba enfatizando que perseveran y sus obras son visibles: perseveran en hacer el bien.

No todos perseveran, hermanos. No todos los cristianos perseveran. No, no todos los que se llaman cristianos perseveran. Juan nos ha hablado de eso. Juan escribió ya al final de los primeros cien años de la historia de la iglesia, y él probablemente tenía alrededor de 90 años, un par de años menos, un par de años más. Y él escribió en 1 Juan 2:19: "Salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros." Es como que salieron de aquí, pero no eran de aquí, porque si hubiesen sido de nosotros —en este contexto cristiano se les está hablando— habrían permanecido con nosotros. No está hablando de una iglesia local, está hablando del cuerpo de Cristo genuino y verdadero.

Pero salieron. Y aquí está la importancia de las obras que se pueden ver, que se pueden ver. Pero salieron, ¿a fin de qué? Ahí está el propósito: se manifestara que no todos son de nosotros. En otras palabras, cuando Cristo dice "por su fruto los conoceréis" y Pablo dice que perseveran en hacer el bien, lo que está diciendo sigue el trayecto. Sigue viendo. Recuerda que la semana pasada leí un texto donde Pablo dice: "Yo no me juzgo a mí mismo, porque es el Señor quien juzga." Pero salieron. Una cosa: esperen hasta que Dios ponga las intenciones del corazón a la vista. Él va a sacar a la luz lo que está oculto, incluyendo las intenciones del corazón. Entonces Juan dice: "Salieron de nosotros para que se manifestara que no todos son de nosotros." Dejaron de exhibir aparentes frutos.

Por otro lado, la presencia del fruto del Espíritu, del que Pablo habla en Gálatas 5:22-23, caracteriza al cristiano. No puede haber un cristiano que no tenga el fruto del Espíritu. No. El fruto del Espíritu puede tener grados distintos en alguien que tiene un año versus alguien que tiene 40 años en la fe, pero lo que caracteriza al cristiano es que el fruto del Espíritu, que mora en él —la tercera persona de la Trinidad— comienza a cambiar a este hombre o esta mujer.

Entonces Pablo agrupó a todos en grupos por separado conforme a lo que él hace: ¿qué hace? Que persevera en hacer el bien. Conforme a lo que él busca: ¿qué busca? Gloria y honor. Tenemos que explicar eso. ¿Y cuál es el destino final? La vida eterna. Ahí están buscando gloria y honor, si le entendemos correctamente, porque han creído en la vida eterna que todavía es futura.

Ahora, cuando Pablo dice que ese creyente busca gloria, no es su propia gloria. No es la suya. No. Él procura la gloria de Dios. "Tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre." Ese cristiano vive para glorificar a Cristo. "Ya sea que él coma o beba", 1 Corintios 10:31, solo que Pablo lo dice así: "Ya sea que tú comas o bebas." En otras palabras, no debía haber nada en tu vida, absolutamente nada, que no lo hagas para la gloria de Dios. Eso incluye, amados, en manos casados, tu vida de intimidad. Incluye tan sencillo como comer y beber.

Entonces una de las formas de glorificar a Dios es que yo comience a dejar las obras de la carne atrás para comenzar a exhibir el fruto del Espíritu. ¿Cuál es la importancia de eso? Cuando tú comienzas a exhibir el fruto del Espíritu, estás mostrando el poder del evangelio para cambiar a una persona. El evangelio no solamente debe ser predicado, debe ser exhibido. Cuando tú comienzas a exhibir el fruto del Espíritu, lo que estás haciendo es comenzar a exhibir rasgos de la imagen de Cristo.

Ese es el propósito de Dios con sus hijos desde la eternidad pasada: la transformación de los hijos de la ira en hijos de Dios, que es justamente la formación de la imagen de Cristo. ¿Y cómo luce la imagen de Cristo? ¿Quieres ver cómo es la imagen de Cristo? Ve a Mateo 5, a Mateo 6, a Mateo 7. Durante el Sermón del Monte, así luce la imagen de Cristo. ¿Quieres saber de una manera más resumida cómo luce la imagen de Cristo? Ve a Gálatas 5:22-23, el fruto del Espíritu. Tú combinas esos textos y tienes una imagen completa de cómo luce la imagen de Cristo perfectamente desplegada.

Entonces Pablo dice que ese cristiano no busca gloria propia. Ya expliqué qué tipo de gloria: la gloria de Dios. Él vive para eso. Pero Pablo dice también que él busca honor, según el versículo 7 donde estamos. Pero el honor que él busca no es el suyo tampoco. Él busca el honor de servir a Cristo. Más que servir en una iglesia, servir a Cristo. Lo estoy haciendo en la iglesia, sí, pero lo hago fuera de la iglesia también. Él busca el honor de sufrir por Cristo.

Bueno, pastor, yo prefiero servir a Cristo que sufrir por Cristo. Pero no, no, no. Esos no existen por separado. Con educación, yo tengo que decirle a personas en concreto: "Sabes que lo que tú quieres no existe", porque nosotros creamos estas imágenes ficticias en la mente de lo que yo quisiera. Para Pablo era un honor sufrir por Cristo. Filipenses 1:29 dice que a nosotros nos fue concedido como un privilegio no solo creer en Cristo, sino también sufrir por Él. Y luego en Filipenses 3:10, de la misma carta, él le dice a los filipenses que tiene un deseo, un anhelo, de completar los sufrimientos de Cristo.

No hay nada que completar en la vida de Cristo en cuanto a la salvación que Él vino a comprar. Lo que le está diciendo es: de aquí a que entremos en gloria, la iglesia de Cristo tiene mucho que sufrir, porque pasaremos a través de la tribulación. "Yo estoy ansioso de contribuir a la causa de Cristo vía mis sufrimientos, dolor y tribulación." Él busca el honor de ser llamado hijo de Dios. Él disfruta incluso el honor de pensar que Dios me hizo linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, y que somos parte de un pueblo adquirido para posesión de Dios. Él lo disfruta. Él busca y disfruta el honor de anunciar las virtudes, la excelencia, los atributos de Aquel —con mayúscula— que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable, del mismo pasaje.

Ese es el honor del que Pablo está hablando. ¿Tú no sabes que servir a Cristo, sacrificarte por Cristo, darle tu vida a Cristo, darle tus hijos a Cristo, tus finanzas a Cristo, darle todo lo que tú tienes a Cristo, es el mayor honor que tú pudieras hacerle a Cristo? Y luego Él te honra a ti. De eso es que está hablando Pablo.

Otra vez entonces, el destino final. Él dice que ese cristiano busca inmortalidad. Bueno, en un sentido somos inmortales. No eternos. Inmortal implica que no vas a morir. Entonces en el sentido de dejar de existir, no. Todos, pecadores e impecadores, o creyentes e incrédulos, somos inmortales, porque el que se va a la condenación sigue con existencia. Pero después de la palabra "inmortalidad" hay dos puntos en el texto y luego dice "vida eterna". Eso es lo que él anda buscando. El que está en condenación es muerte eterna, aunque tiene existencia.

Ahora, la razón por la que esto es importante es porque cuando Cristo vino, y antes de salir de este mundo en su conversación con el Padre —que era una oración—, Él dice al Padre en Juan 17:3: "Y esta es la vida eterna." Yo creo que los discípulos estaban escuchando con atención; debieron haber parado las orejas, prestado atención, y decir: "No hable, que Él va a definir la vida eterna." "Que te conozcan a ti, Padre, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado." En otras palabras, no hay vida eterna sin que te conozcan a ti y a mí, a quien tú enviaste.

Por tanto, el cristiano genuino vive para dar a conocer a Cristo, porque eso es la vida eterna, y la gente está perdida y necesita que ellos alcancen vida eterna si queremos que salgan de su condenación. Vive para dar a conocer el evangelio de Cristo porque es el instrumento de llevar a los condenados a los salvados, porque es el evangelio de Cristo que habla de los beneficios de Cristo en la salvación que les ofrece. Es como una vez más: las obras siguen relacionándose a mi salvación de alguna u otra manera.

Esta es la razón por la que yo mencioné en un mensaje ya hace meses atrás, y te hablé de una cita del pastor Richard Wurmbrand. Pastor rumano que cayó preso durante el comunismo, eventualmente se le dejó salir por las presiones internacionales y terminó en Estados Unidos. Cuando fue a Estados Unidos, se entrevistó con el pastor Ken Hughes, y el pastor Ken Hughes con todo esto en uno de sus libros. Y él le dijo: "Ken, la iglesia, ustedes como iglesia, ¿son una iglesia que crea la vida o una iglesia que vive la vida?" Ahí están las obras. Otra vez.

Lo que el pastor está preguntando es: ¿son una iglesia verdadera o falsa? Yo recuerda a Santiago: "Los demonios creen y tiemblan." Entonces, ¿una iglesia que cree la vida o una iglesia que vive la vida? Esa es la pregunta para ti y para mí: ¿yo creo la vida o yo vivo la vida? Porque muchas veces la diferencia entre un cristiano y un no cristiano es que hay uno que cree la vida igualito que el otro, pero el otro la cree y la vive, porque el primero no la vive. El carácter la cree, pero no la vive, porque si realmente la creyera, la viviera.

El versículo 7, los cristianos descritos: eso fue lo que hicimos. El versículo 8, los no cristianos, los incrédulos, los paganos, los impíos, cualquier nombre que decidamos ponerles. Pablo dice: "Ellos son ambiciosos." Y la segunda es vital: "No obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia." ¿Lo ven? Ellos, como son ambiciosos, tienen otra búsqueda que no es la gloria de Dios. Y como ellos no obedecen a la verdad, sus hechos son diferentes a aquellos que sí obedecen a la verdad. Ahí están sus obras.

Entonces, ¿cuál es el resultado de ese grupo? ¿Cuál es el destino final? Bueno, no es la vida eterna. Entonces, ¿qué es? Está ahí, hay dos puntos también, después de la palabra "obedecen a la injusticia". Después de ese punto dice: ira e indignación. Ese es su destino final: la ira de Dios.

Entonces, el ambicioso es alguien que busca beneficiarse a sí mismo. En otras palabras, es ambicioso de manera egoísta, nunca está satisfecho con lo que tiene, siempre quiere más de lo que sea: si es dinero, más dinero; si es poder, si es posición, más posición. Con frecuencia desea tener lo que otros tienen, o lo que otros están a punto de recibir, y eso se llama envidia, y eso lo caracteriza.

Ahora, la pregunta sería entonces: si esa ambición es incorrecta, pecaminosa, carnal, ¿hay algún punto de comparación específicamente con relación a la ambición en la Palabra? Definitivamente. Recuerda que es Dios el que está hablando en su Palabra, no yo. El apóstol Pablo otra vez —escucha a Pablo—: "Ya sea presentes o ausentes..." ¿No te encanta esta expresión? "Ambicionamos agradar al Señor." ¡Oh, wow! Presentes o ausentes, me muera o viva, Dios, tengo una ambición.

Dependiendo de la traducción que tengas, hay otro texto que habla de que Pablo ya había predicado por todos los alrededores, desde Jerusalén hasta el Ilírico —el área de Albania hoy—, y en ese contexto dice que él ambicionaba —dependiendo de tu traducción— predicar a Cristo en el lugar donde no se había predicado. Preguntas. Honestamente, levanta la mano: ¿tu ambición es agradar al Señor? La misma pregunta: ¿tu ambición es agradar al Señor porque le tienes miedo a las consecuencias, o porque tú quieres complacer a quien te compró y te sacó de la condenación? ¿Tú quieres darle gozo a tu Señor? ¿Tú quieres complacer a Dios por el puro gozo de agradarlo, dependiendo de la consecuencia? O, la próxima pregunta: ¿qué no haces, que si lo hicieras le agradaría, que no estás haciendo?

Entonces, la segunda característica de ese no creyente —uno es que es ambicioso en el mal sentido de la palabra— lo segundo, el versículo 8 todavía, es que él no obedece a la verdad. Bueno, y si no obedece a la verdad, ¿qué es? ¿Un desobediente? Pero nosotros hablamos en un mensaje o dos atrás de esto, en otro contexto, de los labios de Cristo que salió —todo esto es inspirado por el mismo Dios, pero a veces podemos enfatizar aquellas cosas que salieron de sus propios labios—. Y Cristo dice: "No entiendo, ¿por qué ustedes me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que yo les digo?" Si usted me dice "Señor, Señor" —sí, creemos, entre paréntesis—, pero tú no haces lo que yo te digo, ¿por qué niegas mi señorío?

León Morris, en su comentario sobre Romanos, dice: "La enseñanza invariable —subraya esa palabra— de la Biblia, y no simplemente el punto de vista de algunos autores de la Biblia, es que el juicio será sobre la base de las obras, aunque la salvación es completamente por gracia." Las obras, dice Morris, son importantes; ellas son la expresión externa de lo que la persona es en su interior. En el creyente, las obras son la expresión de la fe. En el incrédulo, la expresión de la incredulidad. Hay obras en el creyente y en el no creyente. En el creyente son buenas obras, y ellas son la expresión de su fe. En el no creyente hay obras también, que se pueden ver, pero son la expresión de su incredulidad.

Entonces, creer es hacer lo que dices. La serie que predicamos sobre Santiago, ¿cómo la titulamos? "Vive lo que dices." De manera que la desobediencia caracteriza al incrédulo y la obediencia caracteriza al creyente. Es lo que dice el versículo 8: que no obedece a la verdad, sino que obedece a la injusticia.

De nuevo, Cristo hablando —ya hemos tratado sobre este texto—, Mateo 7:21: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos." Entonces, ¿quién es el que entra en el reino de los cielos? No es aquel que te reconoce como Señor, no; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Es fácil de entender, porque cuando hagas lo que te digo, demuestras que realmente te has sometido a mi señorío y no solamente lo has proclamado. No olvides Santiago 2:20: "La fe sin obras es estéril." La vida de obediencia es típica del creyente, y la vida de obediencia es posible únicamente en el poder del Espíritu.

Entonces, ahora: ¿cuál fue el destino final de los creyentes? Vida eterna. ¿Cuál es el destino final de los incrédulos? Ira. ¿Y qué más? Indignación. Es una palabra fuerte, es algo que te indigna, es algo que te molesta y te irrita. Y yo creo que parte de eso es: "Te estuve enseñando tanto, te mostré tanto, y aun así mira dónde terminas."

Y ahora, en el versículo 9, escucha cómo Pablo comienza a combinar a estos dos grupos. "Habrá tribulación y angustia para toda alma humana que hace lo malo, del judío primeramente y también del griego." Esto es un grupo. El otro grupo está en el versículo 10. Lo hizo al revés ahora: el versículo 7 habló de creyentes, el versículo 8 de no creyentes; ahora está hablando de no creyentes primero. "Habrá tribulación y angustia para toda alma que hace lo malo, del judío primeramente y también del griego." Esas dos palabras, tribulación y angustia, son fuertes; en el lenguaje original expresan, la primera, como una cierta presión hasta el punto de quebrarte, y angustia implica algo así como ser comprimido y como que te deja sin espacio para moverte.

Una vez más, ¿cuál es el énfasis? Escucha: para toda alma humana que hace lo malo. Y Pablo agrega, dice: así va a ser para el judío primeramente, y así va a ser para el griego, o el gentil —eso somos nosotros—. Y eso es algo que como que tiene sentido, porque Dios vino al pueblo judío primero, les dio la ley, caminó con ellos cuarenta años en el Antiguo Testamento; fueron receptores de forma impresionante. Ellos vieron su gloria incluso cuando Dios bajó y les dio el maná la primera vez: dice que se dispersaron y en el horizonte vieron su gloria. Y la gloria estaba también en el templo y estaba en el tabernáculo, morando sobre el arca del pacto. Recibieron la ley de parte de Moisés; les enviaron casi todos los profetas —un par de ellos fueron enviados a naciones fuera, como Jonás, que fue enviado a Nínive.

¿Por qué Pablo mencionó a los judíos primero? Bueno, dos razones. Número uno, ellos recibieron todo eso primero que nosotros. Además, en Romanos 3:1-2, Pablo mismo dice, hace la pregunta: "¿Cuál es entonces la ventaja del judío, o cuál es el beneficio de la circuncisión?" —o sea, de los que se habían circuncidado—. Y la respuesta: "Grande en todo sentido. En primer lugar, porque a ellos les han sido confiados los oráculos de Dios." Y él había ido desarrollando el argumento, pero cuando llega al capítulo 9, él sigue hablando de cuál fue la ventaja de ser judíos: "Porque son israelitas, a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas" —Romanos 9:4-5—, "de quienes son los patriarcas y de quienes, según la carne, procede Cristo." ¿Cuál es la ventaja del judío? ¿Cuáles son las bendiciones?

Entonces, el versículo 9 nos habla de aquellos que permanecieron incrédulos, que desobedecieron la verdad. El versículo 10 ahora nos habla de qué es lo que va a recibir el creyente que tuvo buenas obras. El versículo 10: "Gloria, honor y paz para todo el que hace lo bueno, en ese orden, al judío primeramente y también al griego."

Entonces, cuando el creyente entra en gloria, va a participar de toda la gloria de Dios, sin nada que obstaculice la expresión de esa gloria. En el cielo, la gloria de Dios será nuestra luz y será nuestra palabra, y Cristo será nuestro templo. No habrá templo en los cielos, pero el texto dice por qué: porque nuestro templo será el Cordero mismo. ¡Wow! Entonces, el creyente, al entrar en gloria, al entrar en la presencia de Dios, participará de esa gloria, pero al mismo tiempo recibirá honor. ¿Cuál es el honor? Bueno, por un lado, el honor de ser recibido por Cristo, de recibir las recompensas que Él había prometido para los que viviéramos conforme a su Palabra, y el increíble honor de oír a Cristo decir: "Siervo bueno y fiel, fuiste fiel en lo poco, sobre lo mucho te pondré." ¿Te imaginas? Yo me lo imagino y no duermo. ¿Qué Cristo pueda decir eso?

Y cuando entres en esa gloria, recibirás gloria, participarás de toda la gloria de Dios, recibirás honor, pero también recibirás paz. ¿Por qué? Bueno, Apocalipsis 21:4 dice: "Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado." Se fueron. Y de nuevo, para el judío primeramente y también al griego, porque el versículo 11 es el cierre del pasaje: porque en Dios no hay acepción de personas.

Lo que uno recibe recibe al otro. Lo está poniendo en orden por lo que ya expliqué, pero esa es la razón: no hay prejuicios en Dios, no hay favoritismo en Dios. Pero déjame volver a enfatizar: allá en Efesios 2:8-9 dice que la salvación es por gracia, ni siquiera por fe sola; por gracia a través de la fe. Así como lo dice, así es como es correctamente. Es Dios. Entonces escucha: por gracia a través de la fe, y esto —la fe— el "esto" es la fe, es un don de Dios. O sea que la fe que yo deposito en Cristo es Dios que me la ha regalado. Es que es por gracia, porque antes de hablar de fe, aquí se habla de la gracia que me dio la fe, y esa fe es en el Cristo que vivió la ley a cabalidad, murió en la cruz, me sustituyó y pagó por mí.

Una vez yo, entonces, nací de nuevo, el Espíritu vino a morar en mí, y él debe exhibir, como hemos dicho, el fruto del Espíritu. Ya quisiera enfatizar algunas cosas que de alguna manera como que ya lo oían ellos, pero la desobediencia es falta de amor por Cristo. La desobediencia del incrédulo es falta de amor por Cristo, pero cuando tiene que ver con nosotros, aun los creyentes, es que no amo a Cristo lo suficiente. "Si me amáis, guardad mis mandamientos", dijo Cristo. Pero sabes qué: el amor con el que yo tengo que amar a Cristo para obedecer es un fruto del Espíritu.

La vida de obediencia requiere dominio propio, pero eso es un fruto del Espíritu. Se supone que el Espíritu que está dentro de mí debe irlo cultivando. La pregunta es: ¿qué estoy haciendo para oponerme a lo que Él quiere cultivar? Para obedecer, porque eso es lo que caracteriza al creyente: tú tienes que negarte a ti mismo, tú tienes que tomar tu cruz y tú tienes que seguirlo. Cristo dice eso y lo podemos leer: Mateo 16:24, Marcos 8:34, Lucas 9:23. La desobediencia no es más que falta de negación a mí mismo y una afirmación de mis pasiones, y eso habla de que no tengo suficiente dominio propio, y eso es parte del fruto del Espíritu.

El creyente recibirá gloria, honor y vida, pero por ahora tenemos que esperar. ¿Por cuánto tiempo? Bueno, tú sabes que eso requiere dominio propio. La paciencia requiere dominio propio, y eso es parte del fruto del Espíritu. Las obras de la carne de las cuales Pablo habló en Gálatas 5, que mencionamos muy tempranamente, son el fruto de alguien que no tiene dominio propio, y la falta de ese dominio propio cuestiona si realmente el Espíritu mora en ti.

Cuando revisas la enseñanza del Señor: ni Cristo, ni Pablo, ni Santiago, que fue medio hermano de Cristo, Pablo que fue enseñado por Cristo, y Cristo mismo, estaban dispuestos a aceptar una simple profesión de fe. No. "Muéstrame tus obras y ahí hablamos." Para ellos, la conversión interna era reflejada en obediencia extrema. Y quizás después de haber recorrido el mensaje, quizás alguien se está preguntando —más de uno— si es cristiano. Y yo creo que esa es una excelente pregunta, porque Pablo le escribe a los corintios y les dice: "Examinaos para ver si estáis en la fe." No digan simplemente... y Pablo solo lo dijo con corazón pastoral también: examínate, hermano, examínate de verdad.

Y si no estás en la fe —si quieres leer el texto entero, 2 Corintios 13:5—, "examinaos para ver si estáis en la fe." Y si no estás en la fe, pues haz de nuevo un real, genuino, verdadero, radical compromiso con Cristo hoy. Ahora bien, entendí lo que era, pastor, y yo creo que soy cristiano, pero entonces, ¿cómo hago todo eso que usted mencionó que me trajo a la mente?

Bueno, rápidamente. Número uno: renuncia todos los días a tus deseos de la carne que se oponen al trabajo del Espíritu. Estoy hablando ahora si tú eres creyente, si tienes el Espíritu; pues todos los días renuncia a lo que son los deseos de la carne que se oponen al trabajo del Espíritu. Número dos: ora de manera primaria para entrar en la voluntad de Dios y no para que se haga la tuya, como Cristo lo demostró. Cuando oré, es primariamente para encontrar la voluntad de Dios.

Número tres: lee la Palabra regularmente, que fue inspirada por el Espíritu. Pero tú la vas a leer no para enseñar a otros —no, tú puedes enseñar, pero no tan rápido—, sino para que la Palabra te cambie. Y luego que te cambie a ti, tú vas a ir enseñando a otro lo que la Palabra dice y cómo es verdad, primero porque Dios ya lo dijo, y para el que quizá todavía no cree: mira cómo tú, que todavía no creías la Palabra, ya eres transformado y el fruto de una persona cambiada. Número cuatro: compara las decisiones que estás a punto de tomar —todas las decisiones, todas las decisiones tienen una dimensión espiritual— con la enseñanza de la Palabra, y rechaza aquellas cosas que realmente no tienen el sentir de la Palabra en ellas.

Número cinco —habrá otras cosas, pero tenemos que ponerle un fin—: saca de tu vida toda impureza, quítala de tu camino. Yo no creo que tengo que definir en este grupo lo que es impureza. Yo creo que todos nosotros tenemos una muy buena idea de lo que es impuro —quizá Dios tiene una mejor idea—, pero sácala de tu vida. El mandato es: caminar en el Espíritu es tan natural como tu respirar. Mira lo que ocurre: tú respiras aire limpio, pero lo que sale es un aire contaminado de CO₂. Entonces, respira esta Palabra verdaderamente, la cual te va a cambiar, y yo sé lo que va a pasar: que la Palabra va a comenzar, y en la exhalación del Espíritu, tus impurezas van a comenzar a salir. ¿Se entendió la ilustración? Pero tienes que consumir esta Palabra.

Padre, santifícalos en tu verdad; tu Palabra es verdad. Padre, gracias por tu Palabra, por tu Espíritu, por tu bondad, por tu misericordia, y por acertarnos tú confirmar más continuamente en nuestra propia vida que tu poder se perfecciona en la debilidad. Pero yo te pido aquí delante de mis hermanos una vez más: si así es y lo es, entonces continúa haciéndome débil para que el poder de Cristo more en mí para tu gloria. Señor, guíame por el Espíritu; no hay otra forma. De hecho, tú inspiraste a Romanos 8:14 que dice que todos los que son de Dios son guiados por el Espíritu. Guíame por el Espíritu, Dios; me lo has dicho: tú me guías y soy tu hijo. Todos los días, permíteme no oponerme a la guía del Espíritu. Y ahora te lo vamos a cantar, ya decírtelo de otra manera. En Cristo Jesús, amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.