IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
El Espíritu Santo no es una sustancia que acumulamos en mayor o menor cantidad, sino una persona que desea gobernar cada aspecto de nuestra vida. Esa es la diferencia crucial que muchos creyentes pasan por alto cuando piensan en ser "llenos del Espíritu". En Efesios 5:18, Pablo no describe una experiencia mística puntual, sino un estado continuo de rendición: el mandato está en presente continuo y en voz pasiva, lo que significa que debemos permitir diariamente que el Espíritu tome control de nosotros.
La analogía con el alcohol que Pablo usa no es accidental. Cuando alguien está bajo la influencia del vino, actúa de formas que normalmente no haría; está gobernado por algo externo a su voluntad. De manera similar, quien se deja controlar por el Espíritu comienza a pensar, reaccionar y vivir de maneras que no le son naturales según su vieja naturaleza. La diferencia es que el Espíritu no produce descontrol, sino todo lo contrario: sabiduría, templanza, orden. Los versículos que siguen al mandato lo confirman: gratitud, humildad, sometimiento mutuo en las relaciones familiares y laborales.
¿Cómo rendimos el control al Espíritu? No entristecerlo con nuestras decisiones pecaminosas, vivir conscientes de que Él habita en nosotros como huésped de honor, y prestar atención a los impulsos santos que pone en nuestro corazón. Esos impulsos se fortalecen mientras más nos sumergimos en la Palabra de Dios. Ser llenos del Espíritu no se trata de cuánto tenemos de Él, sino de cuánto Él tiene de nosotros.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, buenos días de nuevo. Hoy tengo que estudiar, o ver hoy el tema de ser llenos del Espíritu, o sea, llenos del Espíritu. Es literalmente un verso o una porción de un verso que aparece en Efesios 5, versículo 18. A lo largo de la presentación yo estaré usando la traducción Nueva Biblia de las Américas, aunque hay un verso que lo cito de la Nueva Traducción Viviente.
Ya lo que hemos estado aquí por estos dos días, hemos escuchado mucho acerca del Espíritu Santo y de lo que implica el Espíritu Santo en nuestras vidas. De una u otra manera, yo quisiera hacer una revisión más bien de algunos aspectos que quizás han escuchado, pero no de manera ordenada. Y quisiera ponerlo en orden de tal forma que partamos de una base común, de que estamos todos en la misma página al comprender lo que la Biblia revela acerca del Espíritu y nosotros como creyentes.
Lo primero que quiero mencionar es cada una de las formas en las que el Espíritu se relaciona con nosotros, a manera de resumen, como les decía, para partir de la misma base. Lo primero que la Biblia nos dice que el Espíritu hace en nosotros es que nos regenera. En Tito 3:5 aparece un pasaje que nos dice lo siguiente: que él nos salvó, hablando del Señor, de Dios, él nos salvó no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo.
La primera forma en la que podemos, digamos decir, que el Espíritu Santo se relaciona con nosotros como creyentes es en esta. Este es el encuentro con Dios, el encuentro con el Espíritu Santo. Ningún ser humano, como veíamos anoche en la sesión de cierre del pastor Sugel, ningún ser humano tiene la habilidad de poder entender las cosas espirituales, a menos que nuestros ojos sean abiertos, iluminados, que nuestro entendimiento sea habilitado para poder entender las verdades bíblicas.
¿Y cómo lo hace entonces Dios? Dios lo hace por medio de su Espíritu a través de un proceso que se denomina bíblicamente la regeneración. Nos regenera, es como que nos recrea. Eso es equivalente al nuevo nacimiento de Juan 3. Algunos recordarán cuando Jesús está compartiendo con Nicodemo en Juan 3 y ellos están conversando. Y Nicodemo le pregunta: bueno, ¿qué tengo que hacer para ser salvo, qué tengo que hacer? Y más bien es una pregunta que está implícita, porque él se le acerca al Señor Jesús y le dice: yo sé que tú vienes de Dios, porque las cosas que tú haces, las cosas que tú dices, son de Dios. Y el Señor Jesús lo intercepta, le dice: mira, yo te voy a decir, nadie puede ver el reino de Dios a menos que nazca de arriba, que nazca de nuevo.
Es una obra de Dios en nosotros esto de nacer de nuevo, de entender las cosas espirituales. Y a eso la Biblia le llama regeneración. La persona que no ha sido regenerada no ha nacido de nuevo, y el que no ha nacido de nuevo no es hijo de Dios. La regeneración es el primer trabajo que Dios hace en nuestros corazones cuando se acerca a nosotros. Y eso lo vemos en Tito 3:5; hay otros pasajes también que hablan de esto.
Lo segundo que ocurre inmediatamente después de la regeneración, cuando Dios abre mi entendimiento, me da comprensión, me regala la fe y yo creo y abrazo el evangelio —eso lo hace Dios—, lo que ocurre es que ahora yo soy habitado por el Espíritu Santo. Esto es lo que se conoce en teología como la morada del Espíritu. Romanos 8:9 dice lo siguiente: "Sin embargo, ustedes no están en la carne, sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes. Pero si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él."
Esto es un solo pasaje de múltiples pasajes que pudiéramos mencionar de cómo es claro que cuando yo soy regenerado por el Espíritu Santo, cuando yo recibo entendimiento espiritual, cuando yo abrazo el evangelio, que es lo que ocurre en la regeneración, lo que ocurre inmediatamente es que el Espíritu viene y hace habitación en mi corazón, en mi interior. Ahora, como dice Primera de Corintios 6, yo soy templo del Espíritu Santo. Es otra expresión, ¿verdad? Se trata de lo mismo. Ahora yo soy templo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo, increíble y extraordinariamente, habita en nosotros, en aquellos que hemos puesto nuestra fe y confianza en Cristo. Y lo hemos hecho no por nuestra inteligencia y nuestra agudeza espiritual, lo hemos hecho porque Dios nos ha regenerado.
Ese es el segundo aspecto de la relación del Espíritu Santo con nosotros. Primero, nos regenera, nos hace nacer de nuevo; luego entonces él hace su morada con nosotros. Si este pasaje es bastante claro en que si alguien no tiene el Espíritu de Cristo el tal no es de él, los que somos de él tenemos el Espíritu de Cristo en nosotros. Por eso, orar para que el Espíritu Santo venga a mí no es una oración bíblicamente correcta, porque ya él está en nosotros si hemos puesto nuestra fe y confianza en Cristo, si hemos sido regenerados. Ya el Espíritu Santo habita en nosotros, somos morada, por así decirlo, del Espíritu.
Lo tercero que ocurre, y que no necesariamente es algo diferente a la morada, pero es un nombre distinto que se le da a la presencia del Espíritu en nosotros porque cumple otra función este aspecto, es que somos sellados por el Espíritu Santo. Efesios 1:13-14 nos dice: "En él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria."
Ese versículo da para varios mensajes, tiene varias expresiones de mucha profundidad teológica, sobre todo al final. Pero fíjense en lo que hace el Espíritu también en nosotros: es un sello de parte de Dios en nuestras vidas. Y la palabra que se usa en el original es la que reciben el nombre de esos emblemas que se les tatúan a las reses, a las vacas y a las ovejas y demás, al ganado, cuando pertenecen a un ganadero. Se le marca, se le sella en su piel con una especie de hierro caliente al rojo vivo. Y eso queda ahí marcado de manera indeleble, no se borra hasta que ese animal muere. O sea, está ahí presente y es claramente un identificador de que esa res pertenece a su dueño.
Esa es la idea que se transmite con esta idea del sello del Espíritu Santo. Nosotros hemos sido marcados, sellados por Dios como propiedad suya, y es una marca indeleble que espiritualmente se nos ha colocado. Y eso es una garantía. Bueno, si yo tengo ese sello de Dios en mí, esa es la garantía de nuestra herencia. Fíjense que luego dice: "con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios." Esto es mío, dice Dios, esto es mío. Y es hermosa esa figura. Y ese es el otro aspecto de lo que ocurre con nuestra relación con el Espíritu Santo.
Lo primero es que somos regenerados. Al ser regenerados, el Espíritu Santo viene y habita en nosotros en toda su plenitud y habita en nuestros corazones, y somos llamados templos del Espíritu Santo. Eso implica que hemos sido sellados como posesión adquirida de Dios.
Y en cuarto lugar también hay un término que seguramente ustedes han escuchado, y es que el Espíritu también nos bautiza: somos bautizados en el Espíritu Santo. Primera de Corintios 12:13: "Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya sean judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu."
Pablo, hablando con los corintios de diversos temas doctrinales, y este es uno de los que les establece en su carta, de que todos hemos sido bautizados. La palabra bautizo significa identificación con algo. Ellos, los judíos, según el mismo Pablo, fueron bautizados en Moisés, es como que se identificaron con él. Y en este caso, uno de los aspectos del trabajo del Espíritu Santo en nosotros es que él nos bautiza, nos identifica. Fíjense que dice: "en un solo cuerpo." ¿Qué creen ustedes que se refiere eso? A la iglesia.
O sea, cuando nosotros somos regenerados, el Espíritu Santo nos mora, somos sellados por Dios, ahora somos parte del pueblo de Dios. Por todo eso que el Espíritu Santo ha hecho en nosotros, ahora somos parte de la iglesia, hemos sido identificados como parte de la iglesia, como parte del cuerpo de Cristo. El bautismo del Espíritu Santo es eso: es el momento, o más bien es la acción del Espíritu Santo cuando él nos toma del mundo y nos hace parte del cuerpo de Cristo. Eso es el bautismo del Espíritu Santo: nos hace parte del cuerpo de Cristo. Y lo que dice este pasaje es exactamente eso: pues por un mismo Espíritu todos hemos recibido el Espíritu Santo, porque si hemos sido regenerados, hemos sido sacados del mundo y puestos en un mismo cuerpo, ya seamos judíos o griegos, esclavos o libres; a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu.
Entonces, fíjense que yo no he mencionado el tema de hoy. El Espíritu Santo nos regenera, abre nuestros ojos, nos da entendimiento del Evangelio, nos hace nacer de nuevo. Es la regeneración. Cuando eso ocurre, increíblemente, de manera inexplicable para mí, la persona de Dios por medio de su Espíritu viene y habita en nuestros corazones y mora en nosotros, en todos los creyentes. Y eso se constituye en una especie de sello indeleble, imborrable, que no se pierde, no se va. Una marca de que somos propiedad de Dios. Y esa acción que el Espíritu Santo hecho en nosotros implica que ahora somos parte de su cuerpo, hemos sido bautizados, identificados con el cuerpo de Cristo, en un solo cuerpo todos.
Entonces, el quinto aspecto de este tema de la relación de nosotros con el Espíritu Santo es que somos también llenados. Se nos habla de una llenura del Espíritu. Efesios 5, perdón, versículos 15 al 18 nos dice, quería leerlo todo en su contexto: "Por tanto, tengan cuidado cómo andan, no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo porque los días son malos. Así pues, no sean necios, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor. Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu."
De eso se trata el tema de hoy. Yo quería diferenciarlo de todo lo demás que hace el Espíritu en nosotros. La llenura es diferente a la regeneración, a la morada, al sello y al bautismo del Espíritu Santo. Es un aspecto distinto, es una acción diferente que ocurre en nosotros en nuestra relación con el Espíritu Santo. Y en este pasaje pues se nos habla de él, y ese es el pasaje en que vamos a estar concentrados en el día de hoy viendo sus implicaciones, viendo su significado y demás.
A manera de resumen entonces, estos son los cinco aspectos de la relación del Espíritu Santo con el creyente: regeneración, morada, sello, bautismo y llenura. Los primeros cuatro ocurren sin intervención del creyente. No hay exhortación bíblica a procurarlos. Yo puedo orar porque alguien sea regenerado, yo puedo orar porque alguien sus ojos sean abiertos y Dios le dé salvación, pero la persona no ora diciendo "Señor, regnérame", porque él no está consciente de que necesita ser regenerado. ¿Me explico? Estos son cosas que ocurren de manera independiente del creyente. Dios las hace completamente en él. Dios abre los ojos, da entendimiento, otorga la fe. El creyente ahora cree, pero es por la fe que Dios le ha otorgado. El Espíritu Santo viene y habita. Eso no hay que pedirlo, eso no hay que orar por eso, porque si yo he puesto mi fe y mi confianza en Cristo, de manera automática, por así decirlo, el Espíritu viene y habita en mí, me sella de manera indeleble como propiedad de Dios. Ya yo entonces soy parte del cuerpo de Cristo, he sido bautizado en el Espíritu Santo o por el Espíritu Santo.
La llenura es el único aspecto que presenta cierta confusión, por así decirlo, de estos que hemos mencionado. Porque a diferencia de los otros cuatro, Pablo dice, como ya vimos: "Sino sean llenos del Espíritu." ¡Ah! Se nos dice a nosotros: "Sean llenos del Espíritu." No dice "sean regenerados", "que more en ustedes el Espíritu de Cristo", "que sean sellados". Somos sellados, somos regenerados. Ahora, lo único que se nos dice con relación al Espíritu es que seamos llenos del Espíritu.
Y por eso entonces tenemos que aclarar ciertas cosas, porque en el Nuevo Testamento, no solamente en el Nuevo Testamento sino en toda la Biblia, hay términos, y la palabra "lleno del Espíritu" o "llenura del Espíritu" se presta para varias interpretaciones distintas. La misma Biblia la usa de manera diferente en diferentes pasajes y tenemos que tener mucho cuidado en cómo lo leemos.
Es lo mismo que pasa que si ustedes leen por ejemplo la palabra "salvación" en el libro de los Salmos. Hay múltiples veces que el salmista dice "Tú eres el Dios de mi salvación". A veces pensamos que cuando dice "Tú eres el Dios de mi salvación" está pensando en la salvación eterna. En ocasiones sí, pero en la mayoría de las veces en la que David habla de "Tú eres el Dios de mi salvación", se está refiriendo a "Tú eres el Dios que me protege y me cuida de mis enemigos". Pero él usa la misma palabra de salvación que se usa en el Nuevo Testamento para hablar de salvación. Ahora, David tiene un concepto también de salvación eterna, pero no necesariamente cada vez que la palabra salvación aparece en los Salmos se refiere a la salvación eterna.
No necesariamente. De la misma manera, cuando la palabra "llenura del Espíritu" aparece en la Biblia, no necesariamente se refiere al mismo término. Y yo quiero poner algunos ejemplos. No tengo todo el tiempo para ver todos los pasajes que tienen que ver con esto, pero quiero ver algunos pasajes. Hay básicamente dos usos y ahí quiero aclarar la confusión que hay.
El primer uso de este concepto de llenura es cuando se habla de llenura en el Espíritu Santo o del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento como una experiencia. Ocurre para habilitar a una persona para una labor específica. Esa es el primer uso que se le da. Hay ocasiones en la que vemos en la Biblia que alguien fue lleno del Espíritu para una labor específica que iba a hacer, que iba a cometer. Y también el otro uso que se le da, y es el que le da Pablo, y es el que vamos a estudiar, es que la llenura es un estado de vida, es un estilo de vida que debe ser buscado y procurado. Por eso Pablo dice: "Sean llenos del Espíritu, sean llenos del Espíritu."
Entonces aquí yo puse "en el Nuevo Testamento", pero ahí debo hacer una corrección. Voy a hacer uso de un pasaje del Antiguo Testamento para hablar del primer concepto. Entonces estamos ahora tratando de aclarar: ¿a qué se refiere la Biblia cuando habla de llenura del Espíritu? Y un primer uso es la llenura del Espíritu como una experiencia.
Fíjense lo que ocurre en Éxodo 31:3. Muchos conocen este pasaje: "Y lo he llenado" —hablando de Bezalel— "lo he llenado del Espíritu de Dios en sabiduría, en inteligencia, en conocimiento y en toda clase de arte, para elaborar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en el labrado de piedras para engaste y en el tallado de madera, a fin de que trabaje en toda clase de labor."
La mayoría, o algunos de ustedes, saben a qué se refiere este pasaje. Está hablando de la construcción del templo. Y Dios, dice la Biblia, que llenó de su Espíritu a artesanos, y él era uno. Bezalel era uno de los artesanos de los que iba a confeccionar el templo. Dios lo llenó de su Espíritu en sabiduría, en inteligencia, en conocimiento y en toda clase de arte para elaborar diseños. O sea, él recibió una llenura, una habilitación especial del Espíritu para llevar a cabo esa labor específica. O sea, que fue una experiencia, fue un momento que él recibió, por así decirlo, o una temporada en su vida, que él recibió esta habilitación especial para hacer esa obra en específico.
Esa misma idea la vemos también en Hechos 4:8, cuando se nos habla de Pedro. Se nos dice que Pedro se puso de pie lleno del Espíritu Santo y les dijo: "Gobernantes y ancianos del pueblo." Este fue uno de los primeros sermones, mensajes de Pedro. Se nos dice que Pedro, lleno del Espíritu Santo, se puso de pie y comenzó a predicar. Y nosotros sabemos que ese sermón, junto con otro sermón que Pedro hizo en el libro de los Hechos al principio, fue increíblemente efectivo. En una ocasión se convirtieron tres mil personas, en otra ocasión se convirtieron cinco mil personas. Como decimos aquí, "mal contados", porque fue como redondeado. Eran tres mil y pico, pero pongan ustedes que fueron 3.300. Cinco mil, o sea, fueron cinco mil, tres mil mal contados. Pero miren lo que Pedro recibió para esos sermones. Pedro lleno del Espíritu Santo. Dios hizo descender de manera especial una especie de poder particular para llevar a cabo esa labor que Pedro estaba haciendo.
Hechos 4:31, se nos habla de un grupo de discípulos: "Y después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor." El resultado en este caso de la llenura del Espíritu fue que hablaban la palabra de Dios con valor. Pero fíjense cómo se describe como una especie de experiencia en un momento dado, que Dios hace descender su Espíritu para llevar a cabo una labor, en este caso para hablar la palabra de Dios con valor.
De la misma manera, en este mismo concepto de llenura, vemos en Hechos 13:9-10: "Entonces Saulo, llamado también Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando la mirada en él, dijo: 'Tú, hijo del diablo, que estás lleno de todo engaño y fraude, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de torcer los caminos rectos del Señor?'" En ese momento, de alguna manera, Dios le dio a Pablo un discernimiento especial. Él estaba interactuando con una persona, en una comunidad a la que llegó, y se le acerca este mago, este líder espiritual, este gurú del pueblo. Y Pablo se da cuenta que es un farsante, que lo que está haciendo es torciendo los caminos del Señor, y se está tratando de camuflajear y de disfrazar de ángel de luz. Y Pablo, lleno del Espíritu Santo, recibe este conocimiento, esta idea, y dice, fijando su mirada en él: "Tú, hijo del diablo." O sea, esa capacidad de Pablo de discernir quién era ese individuo fue producto de esa habilidad especial otorgada por Dios a través de la llenura de su Espíritu.
Se fijan cómo todos estos casos parecería que son momentos especiales en los que Dios hace descender de manera particular un poder especial de su Espíritu para llevar a cabo una obra en específico, una función, una tarea en particular. A eso es que nos referimos con que en ocasiones estamos leyendo el libro de los Hechos, por ejemplo, y vemos múltiples momentos en los que fueron llenos del Espíritu, fueron llenos del Espíritu, fueron llenos del Espíritu. Pero eso no es lo mismo, esa experiencia no es lo mismo de lo que estamos hablando hoy de Efesios 5:18.
Al final el versículo 18 dice: "Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu". Pero ¿a quién Pablo le dice eso? Porque no le dice que llene. Sí, es Dios quien llena, pero esto no es una llenura del tipo experiencia, esto es una llenura del tipo estilo de vida al que Pablo está exhortando, mandando a los efesios a que vivan en este caminar de esta forma. Y vamos a ver qué implica eso.
Pero de por sí ya, de plano, cuando uno lee el contexto de estos versos desde el versículo 15, miren el contexto en el que está este versículo: "Por tanto, tengan cuidado cómo andan, no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo porque los días son malos. Así pues, no sean necios, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor. Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu".
¿Por qué es importante el contexto? Porque hay una vida llena del Espíritu, ya no una experiencia como la que ocurrió en el atrio del templo, en Pedro que se paró a predicar y se llenó del Espíritu, en Pablo cuando recibió discernimiento para saber que esto era un farsante. No, no, no. ¿Qué caracteriza una vida llena del Espíritu como la que Pablo está describiendo aquí? Fíjense: que tengan cuidado cómo andan, no como insensatos, sino como sabios. La sabiduría que yo necesito para andar en la vida es producto de la llenura del Espíritu. Aprovechando bien el tiempo porque los días son malos. Mi capacidad para vivir de manera sabia en días malos, en días difíciles, va a venir también como producto de mi llenura del Espíritu. Así que no sean necios, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor. El que está lleno del Espíritu es una persona que conoce, sabe discernir la voluntad del Señor.
Entonces esta persona llena del Espíritu es una persona que anda sabiamente por la vida pudiendo discernir la voluntad de Dios. Esto es un caminar ordenado. La llenura del Espíritu —y aquí subrayo— la llenura del Espíritu no se trata de venir a la iglesia y caerme y tener una experiencia extática que me lleve a llorar. Eso puede ocurrir, yo puedo llorar en la presencia del Señor, el Señor puede conmover mi corazón de maneras muy profundas, eso puede ocurrir. Pero la llenura del Espíritu se ve en una vida que se vive de manera sabia según la voluntad del Señor. Ese es el contexto, fíjense claramente, ese es el contexto del pasaje.
Entonces sigamos profundizando en qué implica esto y siendo muy rigurosos con el texto bíblico. Esta expresión de que sean llenos del Espíritu, vamos a ver qué implica.
Primero, es un mandato. Cuando ustedes lo ven en el lenguaje original, está en imperativo. De hecho, la traducción que yo usé es una traducción moderna y se traduce "sean llenos", pero la Biblia de las Américas o la Reina Valera dice: "Sed llenos del Espíritu". Ese fue el título de la charla, no los estamos engañando, ustedes vinieron a la charla correcta. Pero como dato interesante para poder interpretar la Biblia, sepan: todos los verbos que ustedes lean en la Biblia, todo verbo que sea "sed", "amad", "perdonad", todo lo que termine en D es imperativo, es un mandato. Cuando ustedes leen "sed llenos del Espíritu", es un mandato imperativo, es una orden del apóstol a los discípulos de Éfeso.
Pero no se queda ahí obviamente. Está en plural, se le dice a los efesios, pero eso tiene una aplicación a la vida de todo creyente. Y no solamente el plural es importante porque aplica a todo creyente, sino porque la llenura del Espíritu no está reservada para un grupo especial de súper cristianos, de ungidos. No, la llenura del Espíritu se supone que es un estado ordenado para todo creyente, para todo creyente. Y de ahí lo importante entonces es que lo veamos así.
Pero no solamente eso, de que es un mandato y de que esté en plural y debe ser aplicado a todo creyente: yo debo sentirme exhortado por este mandato. Porque literalmente yo he hablado con personas que cuando hablan de la llenura del Espíritu, yo les hablo de que hay que caminar en llenura del Espíritu, etcétera, dicen: "Bueno, porque, o sea, tú sabes, yo tengo una vida más sencilla, mi compromiso cristiano no llega ahí". Como que parecería que eso es una condición para algunos y no para todos. Y es para todos según el pasaje.
Pero no solamente eso. El verbo está en presente continuo, ¿y qué implica eso? Implica que es un estado o condición en la que se vive. No es un momento especial, no es una experiencia particular, aunque pueden haber diferentes momentos de llenura espiritual como vamos a ver en mi vida dependiendo de mi caminar. Pero se supone que ese es el estado en el que yo viva de manera regular, de manera habitual, cotidiana en mi vida. Yo debo vivir lleno del Espíritu.
Otra cosa importante: el verbo está en voz pasiva. En voz pasiva. Lo que implica que es algo que el Espíritu hace en mí, no yo. Ahora bien, el Espíritu lo hace en mí, pero no como la regeneración, que yo no tuve nada que ver. En la regeneración, en tu salvación, yo no tuve nada que ver. Es cierto que humanamente hablando nosotros vemos que pusimos nuestra fe y confianza en Cristo, porque eso es lo que predicamos: que todo aquel que cree le es concedido el derecho de ser llamado hijo de Dios, y el que cree es quien cree al que Dios le abre los ojos, al que Dios le da entendimiento y comprensión. En este caso entonces, en voz pasiva, es algo que el Espíritu hace, pero yo tengo que estar en cierta disposición para que eso ocurra. Por eso se me dice: sean llenos del Espíritu, sed llenos del Espíritu.
Y por último, ser llenos no implica cantidad, sino control. Lo dejé para último como un cherry arriba, aunque no me gustan los cherries. Pero es una forma de decir esto como lo más hermoso de las implicaciones del pasaje en su original. La palabra "lleno" aquí más que lleno de cantidad es control de una vida, eso es lo que implica. Y aparte de que la palabra original que Pablo usó significa en parte eso, literalmente: que te dejes controlar por el Espíritu.
La analogía que Pablo usa del alcohol tiene en parte ese propósito, y ahora la voy a explicar. Esa es la razón de la analogía del alcohol, o con el alcohol. Porque parece extraño que Pablo, hablando del Espíritu, introduce una frase rara que dice: "Bueno, no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino, o antes bien, sean llenos del Espíritu". ¿Por qué Pablo usa esa analogía en ese versículo?
Bueno, lo primero es que era muy común en la época en la que Pablo está escribiendo que la forma de lidiar con la vida, los días malos de los cuales Pablo habla —los días son malos, aprovechen bien el tiempo, no vivan como necios sino como sabios— la forma normal, habitual de lidiar con la vida en esa época era bebiendo. Era bebiendo. En la actualidad es así, sí, estamos de acuerdo. Y yo diría, extendiendo un poquito el concepto, cómo nosotros lidiamos con las presiones y las dificultades de la vida de este mundo caído no solamente con el alcohol, sino con todo aquello que me hace evadir, evitar, olvidar, ignorar, esconderme, escapar de los problemas de la vida. Pablo dice: los días malos en los cuales estamos viviendo, las dificultades de este mundo caído, no las manejen con estos mecanismos de evasión, de huir, de adormecer tu conciencia, de ignorar lo que está pasando. Eso es una necedad. No vivan como necios, vivan como sabios, sean llenos del Espíritu.
Pero, ¿en qué sentido la analogía del alcohol es poderosa en este contexto? Ya les expliqué la primera razón: es porque la gente habitualmente hacía uso del alcohol para lidiar con los días difíciles de la vida. Sino que la analogía también es buena porque cuando alguien está... ¡ah pí! Cuando alguien está afectado por el alcohol, se pasó de copas, decimos, ¿verdad?, y ya comienza a perder el control de lo que dice, de lo que hace, decimos: está bajo la influencia del alcohol, ¿verdad? Está, vamos a decirlo así, gobernado por el alcohol.
Y el alcohol es un —médicamente hablando— es un desinhibidor. El alcohol te lleva a levantar límites, barreras, y la persona comienza ahora a actuar, a comportarse de maneras que él habitualmente no lo haría. Pero como está bajo la influencia del alcohol, él comienza a actuar de esa manera. O sea, bajo la influencia del alcohol él actúa distinto, diferente a como él es.
Y por eso entonces Pablo usa esta analogía, porque a lo que él quiere apuntar es que ustedes deben dejarse influenciar, controlar por el Espíritu Santo para que hagan y vivan de maneras que no son habituales en ustedes. Cuando yo me dejo gobernar por el Espíritu Santo, yo me dejo controlar por el Espíritu Santo en mi vida, yo voy a comenzar a actuar, a pensar, a reaccionar de formas que no me son habituales.
Y no quiero usar la palabra "borrachos en el Espíritu" porque creo que es una contradicción de términos. La palabra "borracho" por definición es un estado de descontrol de la persona, pero la persona gobernada por el Espíritu no puede estar en descontrol porque el Espíritu no actúa de esa manera. Es todo lo contrario: está bajo el absoluto control de nuestro Dios. Y lo que produce una vida gobernada por el Espíritu es una vida de orden, de rectitud, de sabiduría, de templanza. Entonces ahora uno entiende por qué Pablo usó esta analogía del alcohol en este pasaje.
Si nosotros ponemos todas esas ideas en orden, si ponemos estas ideas que vimos de lo que implica, de cómo se traduce, su mandato, el verbo está en presente continuo, implica que es un estado de vida, está en voz pasiva, algo que el Espíritu hace, que "lleno" no implica completar algo que falta sino que es control. Si ponemos todo eso y lo parafraseamos, vamos a traducir el versículo de esta manera: lo que Pablo está diciendo es que le ordena a todo hijo de Dios que de manera cotidiana rinda al Espíritu Santo el control de todos y cada uno de los aspectos de su vida, como la única forma de vivir conforme a la sabia voluntad de Dios. Esa es la traducción de ese versículo de manera extendida: le ordeno a todo hijo de Dios que de manera cotidiana rinda al Espíritu Santo el control de todos y cada uno de los aspectos de su vida, como la única forma de vivir conforme a la sabia voluntad de Dios.
Esa es la idea. El Espíritu Santo que nos habita, que nos ha regenerado, que nos habita, que nos hace ya como propiedad de Dios, que nos ha hecho parte de la iglesia en su bautismo, ahora quiere gobernar nuestras vidas. Él nos salvó y ahora nos quiere como suyos completamente. A eso es que Pablo se está refiriendo.
¿Conocen a este, permítame decirlo, hermoso hombre? No físicamente solamente, sino que es un hombre que admiro mucho, murió fiel a su Señor. Ser llenos del Espíritu no tiene que ver con cuánto yo tengo del Espíritu, como si se tratase de una sustancia divisible, sino de cuánto el Espíritu tiene de mí. No es cuánto yo tengo de Él, es cuánto Él tiene de mí, cuánto yo le he rendido, cuánto yo le he entregado, cuántos aspectos de mi vida Él gobierna. De eso se trata la llenura del Espíritu.
¿Y cuál es el resultado de la llenura entonces? Para luego hablar de cómo podemos ser llenos del Espíritu, pero ¿cuál es el resultado de la llenura? Pablo lo menciona aquí. Yo no lo voy a exponer porque no era parte de la entrega que quería dar, pero yo sí quisiera por lo menos mencionarlo. Ya mencioné que una vida gobernada por el Espíritu es una vida sabia, es una vida que sabe vivir en las dificultades de este mundo caído de una forma que complazca a Dios, eso ya lo dijimos.
Ahora, ¿cómo lo notamos eso? Después del versículo 18, miren los versículos que siguen. Que él dice: sean llenos del Espíritu, hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor; den siempre gracias por todo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo a Dios el Padre; sométanse unos a otros en el temor de Cristo. Esos son los tres versículos siguientes al "sean llenos del Espíritu".
El versículo que le sigue, para lo que conocen la Biblia, ese Efesios 5:22, después del 21 que dice "sométanse unos a otros en el temor de Cristo", ¿saben cuál es el próximo versículo? Mujeres, sométanse a sus esposos como al Señor. Y luego les dice a los esposos en el versículo 25: Hombres, maridos, amen a sus mujeres como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella. Y luego en el 6:1, poquito más abajo, les dice a los hijos: Hijos, sométanse a sus padres porque esto es justo, obedézcanlos. Y luego les dice a los padres en 6:4: Padres, no provoquen a ira a sus hijos, sino críenlos en la disciplina y la amonestación del Señor. Y luego un poquito más abajo en 6:9, les dice a los siervos: Siervos, sométanse a sus amos como al Señor, como a Cristo. Y un poquito más abajo les dice a los amos: Amos, de la misma manera que ustedes, trátenlos a ellos, dejen las amenazas.
Todo el mundo sometido a todo el mundo cuando la vida es gobernada por el Espíritu. Cuando la vida es gobernada por el Espíritu, es una vida de gozo, es una vida de gratitud, es una vida de humildad. En todas mis relaciones, en las relaciones que yo tengo con los que están abajo de mí, en las relaciones que yo tengo con los que están al lado de mí, en las relaciones que yo tengo con los que están arriba de mí, yo estoy sometido en el orden de mi Dios. Dios ha establecido un orden.
Esto es hermoso. De hecho, parece increíble que Pablo ponga, antes de hablar de las relaciones familiares y de las relaciones entre jefes y ambos, ponga por así decirlo como condición nada más y nada menos que la llenura del Espíritu. Una casa, un hogar gobernado por el Espíritu luce totalmente diferente. Pero cuando yo digo un hogar gobernado por el Espíritu, controlado por el Espíritu, yo estoy hablando de individuos, papás y mamás e hijos que se someten de manera voluntaria, se rinden al control del Espíritu, y ocurre ahora que el Espíritu los gobierna de maneras que ocurren cosas en la casa que no ocurrirían de manera habitual en nosotros, que están controlados por el Espíritu, gobernados por el Espíritu.
Entonces, ¿cómo nosotros nos rendimos al control del Espíritu? ¿Cómo hacemos eso? Pablo no lo dice ahí. Pablo no se expande. Nosotros tenemos algunas ideas de haber entendido bien la frase "sean llenos del Espíritu", porque se nos dice que es algo que el Espíritu hace en nosotros, que es algo que yo tengo que hacer porque está en voz pasiva, que es un mandato, es algo que me corresponde a mí, a todo cristiano. Pero ¿cómo yo hago eso? Y voy a hacer uso entonces de otros pasajes para ayudar a responder esta pregunta.
¿Cómo nos rendimos al Espíritu? ¿Cómo dejamos que Él nos gobierne? Lo primero es, lo primero es, y es un pasaje que el mismo Pablo habla: no lo entristezcamos. No lo entristezcamos. Yo puse un pasaje relativamente largo ahí de Efesios 4:17 al 32. Yo quería leer algunas porciones de ese pasaje, y la verdad que traté de reducirlo pero no pude hacerlo porque el pasaje no tiene desperdicio. Permítame buscarlo.
¿A qué se refiere Pablo cuando habla de no entristecer al Espíritu Santo? Y parecería que eso es un aspecto muy místico, de bueno, eso tiene que ver con que yo ore de cierta manera, que haga ciertas devociones espirituales de cierta forma, que yo vaya a la iglesia. Puede ser que eso incluye algunas cosas de eso, pero en realidad el contexto de este pasaje tiene que ver todo con una vida rendida al Señor en cuanto a la santidad.
Yo voy a leer algunos versículos comenzando en el versículo 17. Esto está específicamente en el versículo 30. En el versículo 30 de Efesios 4, Pablo dice: "Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, por el cual fuisteis sellados para el día de la redención." Ya hablamos de eso, del sello.
Entonces desde el versículo 17 dice: "Esto pues digo y afirmo juntamente con el Señor: ya no andéis así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente, entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón. Y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas. Pero vosotros no habéis aprendido a Cristo de esta manera, si en verdad lo oísteis y habéis sido enseñados por Él conforme a la verdad que hay en Jesús, que en cuanto a vuestra manera anterior de vivir, despojaos del viejo hombre que se corrompe según los deseos engañosos, y sed renovados en el espíritu de vuestra mente."
Y comenzando en el versículo 25: "Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablad verdad cada cual a su prójimo. Versículo 26: Airaos pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo ni deis oportunidad al diablo. Versículo 28: El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje haciendo con su mano lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad. No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino solo aquella que sea para la edificación según la necesidad del momento, que imparta gracia a los que escuchan. No entristezcáis al Espíritu Santo, por el cual fuisteis sellados. Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia. Sed amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo."
¿Cómo se entristece al Espíritu Santo? Viviendo según los deseos que yo tenía en mi antigua naturaleza, hablando mentira, robando, viviendo de manera desenfrenada, enfocando mi vida en cosas triviales, dejando que la ira, la maledicencia, el enojo tome control de mi corazón, guardando el resentimiento los unos contra los otros. Todo lo que infecta mi vida espiritual entristece al Espíritu Santo.
Esto es algo muy práctico, muy práctico. O sea, yo tengo, ustedes tienen al Espíritu Santo entre ustedes, y se supone que nosotros sabemos lo que es del agrado de Dios y lo que no es del agrado de Dios. Hay decisiones a veces que no sabemos qué tomar, qué trabajo tomar y demás, pero yo sé cuándo una manera de hablar ofende al Señor o no ofende al Señor. Yo sé, yo lo sé. La mayoría de las veces en que nosotros pecamos no lo hacemos porque ignoramos, lo hacemos porque nos revelamos, porque queremos actuar de otra manera. Y si yo quiero que el Espíritu Santo me controle, yo tengo que comenzar a dejarlo controlar mis impulsos pecaminosos.
Tengamos muy presente que Él vive de manera personal en nuestro interior. Esto se parece a lo que acabamos de decir, pero tiene un matiz distinto. Mi conciencia de que el Espíritu Santo es una persona que me habita debe producir en mí una manera diferente de vivir. No sé si a usted le pasa, a mí me pasa, cuando yo tengo visitas en mi casa. Bueno, no es que yo soy un hipócrita, pero yo trato de recoger más, trato de que mis hijos no dejen las cosas en el medio. Hay cosas que no ocurren, hay cosas que no ocurren cuando hay visita, verdad. Uno se pone ropa apropiada, aquí se decir, perdóneme. Hay cosas que no ocurren y cosas que ocurren cuando hay visita en la casa. Y yo diría incluso que quién esté de visita incluso determina qué ocurre y qué no ocurre. Si mi hermano que está atrás, Gregorio...
Gregorio, yo soy muy igual, somos hermanos, vivimos juntos prácticamente, entonces no importa. Pero cuando llega una persona con la que yo tengo, a la que le tengo una especial deferencia, que incluso siento que tiene una categoría por encima de la mía, una persona por encima de mi nivel, vamos a ponerlo así. En el buen sentido, que yo respeto, que yo admiro, que yo honro, que quiero hacer sentir bien, ¿qué hago, qué no hago en la casa? Condiciona mi comportamiento totalmente.
Si nuestra conciencia de que el Espíritu Santo habita en nosotros creciera, si adquiriéramos una nueva noción, una noción fresca aumentada de esa realidad, porque es una realidad, nuestra vida cambiaría. Hay cosas que el que es morada del Espíritu Santo no se puede permitir. De hecho Pablo, en 1 Corintios 6, perdón, ustedes conocen el pasaje, huir de la fornicación, huir de la fornicación, todo lo demás pecado se comete contra el cuerpo, pero este se comete contra el cuerpo y ustedes son templos del Espíritu Santo. Pablo entiende que la realidad de ser templo debe motivarme, estimularme a mí a ser más riguroso con mi estándar de vida. Entonces, esta realidad de que Él nos habita, que es una persona, debería conducirme a un mayor compromiso con la santidad.
Y número tres, y esto parece muy psicológico, pero no lo es: hagámosle caso a sus impulsos. ¿A qué impulsos me estoy refiriendo? Entonces, ¿se trata de algo, una doctrina rara? No. Y este es el único pasaje que voy a usar de la Nueva Traducción Viviente. ¿A qué me refiero con este tema de hagámosle caso a sus impulsos? Miren lo que dice Gálatas 5:16-18: "Por eso les digo, dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida." Deténganse ahí. La expresión que usa Pablo para "dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida", en la Biblia de las Américas, es "anden en el Espíritu". Y cada vez que ustedes lean en la Biblia, en el Nuevo Testamento, que andemos en el Espíritu, eso es equivalente a que seamos llenos del Espíritu. Andar en el Espíritu es caminar según el Espíritu, controlado por el Espíritu. Por eso la Nueva Traducción Viviente la traduce así: "Por eso les digo, dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida."
"Entonces no se dejarán llevar por sus impulsos de la naturaleza pecaminosa. La naturaleza pecaminosa desea hacer el mal, que es precisamente lo contrario a lo que quiere el Espíritu. Y el Espíritu nos da deseos que se oponen a lo que desea la naturaleza pecaminosa. Estas dos fuerzas luchan constantemente entre sí. Entonces ustedes no son libres para llevar a cabo sus buenas intenciones, pero cuando el Espíritu los guía, ya no están obligados a cumplir la ley de Moisés."
¡Qué bueno que Pablo dijo esto! ¡Qué bueno que Pablo me advirtió, nos advirtió, de que hay una lucha, de que dejarnos guiar por el Espíritu no va a ser un camino descendente! Va a ser un camino ascendente, trabajoso, complicado, porque hay una naturaleza pecadora en nosotros que sigue queriendo hacer su voluntad. Pero Pablo, además de que me advierte eso, me dice: pero sucede que ahora yo tengo un Espíritu, y el Espíritu nos da deseos que se oponen a lo que desea la naturaleza pecaminosa. Ahora yo tengo deseos nuevos que yo no tenía antes.
Por eso Filipenses 2 dice que nosotros ocupemos nuestra salvación con temor y temblor, ¿verdad? Porque Él es el que pone en nosotros así el querer como el hacer. Él pone en nosotros el querer hacer cosas, vivir de maneras, pensar en aspectos de la vida que yo no pensaba antes en mi antigua manera de vivir. Yo tengo impulsos espirituales. En otras palabras, en la medida que tú camines en la vida, hermana, que tú interactúes con la gente, que tú tomes decisiones de diferentes tipos, pon atención a lo que el Espíritu está poniendo en tu mente y corazón. Evidentemente, la voz de la carne está ahí presente, pero mientras más yo cerca esté de la Palabra de Dios, como vamos a ver en un momentito, la voz del Espíritu va a ser cada vez más fuerte. Para ti va a ser cada vez más claro lo que Dios quiere mientras tú te sumerjas en la Palabra de Dios. Los impulsos del Espíritu van a ser todavía más claros para ti. Y a eso me refiero con que le hagamos caso al Espíritu.
Lamentablemente, hermanos, nosotros le hacemos demasiado caso a nuestra carne, a lo que queremos, a lo que tenemos, a lo que tememos. Hay demasiado control de mi carne todavía en mí. Y el Espíritu, como persona que me habita, se entristece cuando mi decisión es... Él me está dando impulsos, Él me está dando deseos, pero mi decisión es optar por el deseo que es contrario al de Él. ¿Cómo se sentiría una persona cuando tú decides algo que es contrario a él? Él no tiene problema de autoestima, dicho sea de paso. El Espíritu Santo no se ofende como que le hirieron la autoestima. Se entristece y se retrae como persona al fin que es, pero se entristece por la miseria que mi vida obtiene cuando yo he decidido por cosas de la carne.
Entonces vuelvo y digo, necesitamos poner más atención en la medida que caminamos y vivimos. Necesitamos, como dice Efesios 5:15 en adelante, no vivan como necios sino como sabios, conozcan cuál es la voluntad del Señor. Y si nosotros nos detenemos y vivimos de manera concienzuda y ponemos atención a los impulsos espirituales, y aunque no sea lo que yo en principio quiero, pero sé que es lo que me conviene desde el punto de vista espiritual, y yo he decidido eso, y yo le digo al Espíritu: "Yo voy a seguir tu consejo, yo voy a seguir lo que tú pusiste en mi corazón, yo entiendo que esto es lo correcto, no lo que yo quiero, la carne me está hablando en otra dirección, no lo que yo quiero, pero esto es lo que yo voy a hacer, porque yo sé que esto es lo que te honra, te honra a ti como huésped de mi corazón", ¿ustedes saben lo que pasa entonces? Viene el gozo, viene el aplauso de Dios en tu vida, viene la libertad, porque Él ha tomado control de nuestras vidas.
Entonces, con esto concluyo: ¿cómo nosotros podemos hacer fuertes los impulsos espirituales a los que tenemos que hacer caso, eso a lo que tenemos que hacer caso, cómo lo podemos hacer fuerte? Bueno, aquí no hay nuevas recetas ni se inventa el agua tibia: la llenura del Espíritu y la Palabra.
Miren esto, miren este pasaje, miren cómo se parece este pasaje a unos versos que leímos hace un momentito. Colosenses 3:16: "Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones." Si ustedes toman ese versículo, sobre todo la segunda parte, es casi idéntico a lo que dice Pablo en Efesios 5:19 en adelante, que produce la llenura del Espíritu: cantos espirituales, gozo, gratitud. Lo que produce la llenura del Espíritu es prácticamente igual a lo que produce la llenura de la Palabra de Dios. ¿Cuándo conectas las dos cosas entonces? Mientras más yo me sumerja en la Palabra, yo la medite, mientras más yo la estudie...
Y aquí vuelvo y digo, tenemos que pedirle al Señor que nos dé hambre por su Palabra. Yo les estimulo a todos ustedes, si no pueden leer el Salmo 119 completo, léanse los primeros 30 versos, léanse los primeros 30 versos del Salmo 119 por lo menos. Ojalá se lo lean completo, pero si Dios no despierta algo en ti, un nuevo amor, un amor renovado por su Palabra, leyendo de manera concienzuda y tranquila, apaguen el celular, enciérrense, díganle a los hijos que no van a hablar con nadie, lean el Salmo 119 de manera concienzuda y detenida, y lloren y pídanle al Señor que este salmo sea una realidad en mi vida. Únanse a la oración del salmista que le dice: "Señor, abre mis ojos a las maravillas de tu ley, dame amor por tu Palabra, inclina mi corazón en dirección de tus estatutos, pon en mí lo que yo no tengo para obedecer tu ley." Lean eso, órenlo y pídanle al Señor que renueve su amor por su Palabra, porque mientras más nos sumergimos en su Palabra, más impulsos espirituales de parte del Espíritu tendremos, más claro será para nosotros cómo caminar, y rendirnos al Espíritu será más fácil.
Así que, hermanos, concluyo con una cita del pastor John MacArthur: "Aunque todo cristiano es habitado, bautizado y sellado por el Espíritu Santo, a no ser que también sea lleno del Espíritu, vivirá en debilidad, torpeza, frustración y derrota espiritual."
Que el Señor sea con nosotros. Dejémonos gobernar por el Espíritu para su gloria.
Vamos a orar. Señor, bendito seas, alabado seas, Dios, por la sabiduría de tu Palabra. Gracias, Señor, que tú no nos has dejado solos. Tenemos al Espíritu en nosotros, no solamente con nosotros, sino en nosotros, produciendo desde adentro aquellos impulsos que necesitamos para hacer tu voluntad. ¡Qué increíble Dios de misericordia y de gracia tú eres! Oh Señor, ayúdanos a callar las voces de nuestra carne, ayúdanos a silenciar, a subirle el vidrio a nuestra carne, y entonces darle la bienvenida, poner atención, abrir nuestros oídos y ojos a la dirección que el Espíritu quiere para nuestras vidas. Señor, quebranta nuestros orgullos, quebranta nuestros ídolos y permite que podamos rendir todo lo que somos a la obra amorosa y sabia del Espíritu Santo que nos habita. En tu nombre, Señor Jesús, amén. Amén, Señor. Levántense.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.