IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Miguel Núñez • 18 diciembre, 2022
La primera venida de Cristo apuntaba a la segunda. El bebé del pesebre regresará como Rey de reyes, y aunque la mayoría de los cristianos afirma creer esto, pocos viven como si fuera cierto. Estudios recientes muestran que el 92% de los evangélicos en Estados Unidos cree en el retorno de Cristo, pero las iglesias siguen cerrando. Hay una contradicción profunda: creer que él viene como juez y vivir como si nunca llegará.
Las condiciones de hoy se parecen a las del siglo primero. Después de 400 años sin voz profética, Israel había caído en una religiosidad vacía. Había grupos liberales como el rabino Gamaliel, grupos religiosos pero sin espiritualidad como fariseos y saduceos, y unos pocos piadosos como Ana y Simeón que anhelaban ver al Mesías. Hoy existe la misma mezcla: liberales que abrazan lo que la Escritura rechaza, religiosos con forma de piedad pero sin poder, y un remanente que verdaderamente espera su venida.
La nube que recibió a Jesús en su ascensión es la misma que simbolizó la presencia de Dios en el Sinaí, en el tabernáculo, en el templo de Salomón. Los ángeles fueron claros: este mismo Jesús volverá de la misma manera. Pero no viene a hacer lo mismo. La primera vez vino como cordero llevado al matadero; la próxima rugirá como león. La primera vez se sometió a la ley; la próxima toda rodilla se doblará ante la suya.
Si supieras que Cristo viene el 26 de diciembre, ¿habrías vivido este año diferente? Pedro lo dice sin rodeos: puesto que todas estas cosas serán destruidas, ¿qué clase de personas debemos ser en santa conducta y piedad? La esperanza del cielo nuevo y la tierra nueva no es para contemplarla pasivamente, sino para vivir transformados por ella hoy.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, cada año el mundo occidental que conoce a su Dios, que conoce al Mesías, celebra la venida de ese Mesías hace dos mil años atrás. Y lo hace durante este tiempo, en este mes que ha sido denominado diciembre, el último mes del año, que lamentablemente algunos han rebautizado como "bebiembre" por lo mucho que se bebe en este mes. Último y contradictorio que en el mes que se celebra, que se recuerda la entrada de Cristo al mundo, sea el mes que haya sido elegido para beber grandes cantidades de alcohol, en vez de usarlo para meditar en la primera venida de Cristo y reflexionar acerca de las implicaciones de la segunda venida del mismo Cristo.
Y lo digo de esa manera porque está ligado a las dudas que la primera venida de Cristo apuntó a la segunda venida de Cristo. La primera venida de Cristo era como el comienzo de la realización de aquella profecía de que vendría un Mesías salvador y que eventualmente el Mesías mismo decía que regresaría como Juez y Señor. Y por tanto, tratando de traer quizás una reflexión un tanto fresca acerca de un tema ya conocido, me propuse traer un mensaje que nos ayude a ver y a comparar similitudes y diferencias entre la primera y la segunda venida de Cristo.
Hay varios pasajes en las Escrituras que nos permiten hacer eso, por lo menos para iniciar, pero yo creo que hay un pasaje que es particularmente revelador o afirmativo de que hubo una primera venida y habrá una segunda venida. Ese pasaje se encuentra precisamente en el libro de los Hechos, que fue narrado después de la resurrección de Cristo, y que probablemente nosotros conozcamos este pasaje. Pero en el contexto de la Navidad, que es lo que estamos a punto de celebrar, estamos celebrando, la mayoría no creo que tenga este pasaje en mente. De manera que yo voy a leer del capítulo 1 del libro de los Hechos, los versículos 9 al 11. Esta es la Palabra de Dios:
"Después de haber dicho estas cosas, fue elevado mientras ellos miraban, y una nube lo recibió y lo ocultó de sus ojos. Mientras Jesús ascendía, estando ellos mirando fijamente al cielo, se les presentaron dos hombres en vestiduras blancas que les dijeron: Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado de ustedes al cielo vendrá de la misma manera, tal como lo han visto ir al cielo."
Yo trato de imaginarme a un Jesús que había muerto, que había resucitado, que tenía cuarenta días apareciendo y desapareciendo en medio de ellos, hablando de un solo tema: el reino de los cielos, el Reino de Dios. Y que de repente Él los ha citado a que se encuentren en un lugar, y estando en ese lugar ellos le hacen una pregunta que vamos a ver en un momento. Jesús ignora la pregunta, responde otra cosa, para luego tener esta visión que ellos tuvieron, para luego tener el encuentro con este Jesús no solamente resucitado, pero ahora en ascenso a los cielos. Me imagino el sentido de asombro, el sentido de "¡ah, se va!", terminaron los cuarenta días. Quizás un sentido de confusión, de sobrecogimiento, o quizás hasta de adoración.
No sé si prestaste atención a cómo está narrado el texto, pero el texto no dice que Jesús se eleva a los cielos, sino que fue elevado a los cielos. El texto no dice que Él entró en una nube, sino que fue recibido por una nube. El texto tampoco dice que Jesús se levantó, sino que fue levantado. De manera que, de alguna manera, probablemente el Padre quiso hacerlo de esta forma para honrar todo lo que el Hijo había hecho. Y toda esta narración está hecha de una manera pasiva: que Él fue levantado, Él fue ascendido, por así decirlo, a los cielos.
Y cuando tú lees ahí acerca de esta nube que lo recibió, no creas por un instante que tiene que ver con la nube que nosotros vemos como muy corriente todos los días, porque esa nube a lo largo de toda la historia de la Biblia es simbólica de la presencia y de la gloria de Dios. De manera que es como que de repente la gloria de Dios se unió a Él en su ascenso, y eso es como más congruente con lo que ellos estarían viendo.
No podemos olvidar que cuando Dios descendió al monte de Sinaí para encontrarse con Moisés, descendió una nube. Tampoco podemos olvidar que cuando los israelitas caminaban por el desierto, iba una nube sobre ellos todo el día cubriéndolos, protegiéndolos del sol, pero también simbolizando su presencia que caminaba con ellos. La nube que descendía al tabernáculo cada vez que Moisés llegaba al tabernáculo y se disponía a hablar con Dios, simbolizando que la presencia de Dios se había hecho manifiesta. Es esta nube de la que está hablando. La misma nube que penetró el templo de Salomón y se hizo tan densa que los sacerdotes, los levitas, tuvieron que salir y abandonar la localidad. La misma nube que descendió y cubrió a Cristo en el monte de la transfiguración, simbolizando su gloria y simbolizando la presencia de ese Dios. Es como que esa nube lo recibió, esa gloria se unió a Él en su ascenso.
Por cuarenta días Cristo estuvo con ellos, pero no más. Y antes de ellos ver esto que yo acabo de describir y de lo cual leí en un momento dado, en ese encuentro que ellos tuvieron, ellos le hacen esta pregunta: "Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?" Los judíos no habían acabado de comprender que el reino que Cristo vino a establecer no era de este mundo; era un reino eterno, un reino celestial, espiritual. Pero ellos seguían pensando en un reino terrenal, político, con Israel a la cabeza. Pero Cristo en ningún momento les habló de tal cosa.
Y lo que Cristo hace entonces, cuando escucha la pregunta, en vez de responder algo al respecto, le dice, como que ignorando la pregunta, o si la escuchó: "No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad." Eso no es de su responsabilidad, digamos, y hay algo de eso que es conveniente. Pero Cristo continúa hablando, y lo que continúa tiene un "pero". De manera que lo que Cristo les acababa de decir es que esto no es responsabilidad de vosotros conocer o escudriñar los tiempos futuros, pero esto sí: "Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra."
En otras palabras: no necesitan descifrar los tiempos, pero sí necesitan hacer esto. ¿Qué es lo que van a hacer? Necesitan ser testigos de mi vida, de mi muerte, de mi resurrección, de mi causa, de mi Evangelio. Y para eso recibirán poder. Y estos ángeles que están ahí, que vieron a Jesús elevarse, ser elevado, les aseguran a ellos: el que ustedes ven ascender es el mismo que verán descender. La misma persona, la misma persona con quien hablaron por cuarenta días en las últimas semanas.
Yo creo que hemos leído acerca de estas cosas y muchas veces creemos en estas cosas, en la próxima venida de Cristo. Pero yo creo que si verdaderamente creyéramos estos eventos de la manera como la Palabra lo relata, la mayoría de los hijos de Dios viviría de una forma diferente, viviría de una forma más comprometida. Yo creo que viviría de una forma más piadosa de lo que nosotros normalmente vemos. Creo que la mayoría de la gente, la mayoría de los hijos de Dios, o la mayoría de aquellos que se denominan cristianos, creen en una segunda venida de Cristo, pero no lo suficiente como para impactar su estilo de vida. Y eso nos deja ver que pueden creer, pero creen a su manera, no a la manera de lo revelado.
Hace un par de días atrás me encontré con un estudio publicado el 8 de diciembre del mes en curso por un centro de investigación de Estados Unidos llamado Pew Research Center, o el Centro de Investigación Pew. Pew es el nombre de una familia. Para mi sorpresa, déjame decirte qué reveló este estudio y qué estaba averiguando. Resulta que un 40% de todos los norteamericanos encuestados, independientemente de que fueran religiosos o no, creen de acuerdo a este estudio que estamos viviendo en los últimos tiempos. Cuando la investigación se hizo entre cristianos, sin diferenciar un grupo de otro, el porciento subió a un 47% que creen que estamos viviendo en los últimos tiempos. Cuando la encuesta se hizo entre evangélicos, el porciento siguió subiendo a un 63%; dos de cada tres personas creen que estamos viviendo en los últimos tiempos. Pero me pareció todavía más interesante que un 9% de los ateos creen que estamos viviendo en los últimos tiempos. Ya no sé cuál es el tiempo, qué es lo que está terminando para ellos.
Y aunque el estudio no reveló, no indagó acerca de por qué ese grupo de personas creen lo que creen, a la luz de lo que nosotros estamos viendo es fácil ver, a mí me parece, dado el grado de descomposición moral, social, falta de ley, falta de orden, la descomposición, incluso el desorden económico, político a nivel de las naciones, a nivel personal, a nivel institucional. Yo creo que es eso lo que le da a esta época en la que estamos viviendo un sentido de que aquí algo parece que está a punto de desintegrarse, algo está a punto de colapsar, esto no puede seguir así. Y si tú juntas esas ideas junto con este sentido de vacío y de aburrimiento y de falta de sentido con el que mucha gente vive, yo creo que eso es lo que le da al individuo de hoy, creyente o no, el sentido de que algo final debe estar acercándose: o el final de la humanidad, o el final del mundo como lo conocemos hasta hoy.
Me pareció interesante también que de los encuestados, un 55% de los adultos, independientemente de si eran religiosos o no, piensan que Cristo retornará a la tierra. Cuando esa investigación se hizo entre cristianos, independientemente de grupo, denominación, si eran ortodoxos o liberales cristianos, el porciento subió a un 75%; tres cuartas partes de los entrevistados cree que Cristo va a volver a la tierra. Yo me pregunto, en tres cuartas partes, porque fue sin discriminar a nadie, cualquiera que se denominara cristiano, qué es lo que ellos piensan que Cristo viene a hacer a la tierra.
Y cuando los entrevistados fueron evangélicos, el 92% creen en la segunda venida del Señor Jesús a la tierra. En aquella nación, mientras tanto, el cristianismo, las iglesias siguen cerrando. Varios miles de iglesias cierran en la nación. Como que esas dos cosas están en contradicción. Yo pensaría que si más del 90% de la población piensa que Jesús regresa a la tierra, debería haber un aumento de la actividad cristiana y de las iglesias, y sin embargo es todo lo opuesto. Uno pensaría que con esos números, aquellos que creen que Cristo retornará a la tierra, uno pensaría que estarían haciendo algo para prepararse, para encontrarse con él. Pienso yo, sobre todo entre los evangélicos.
El hecho de creer que vivimos en los tiempos finales y el hecho de creer en la segunda venida de Cristo no parece tener ningún impacto en el estilo de vida de aquellos que se identifican como cristianos. Es como que si viene o no viene, si este es el tiempo final o no lo es, viviremos igual. Parece ser. De hecho, la humanidad parece vivir con cierta apatía cerca de las condiciones actuales y con relación a esos dos eventos que te acabo de mencionar. Es más bien como una contradicción que yo crea que Cristo regresará a la tierra, pero no estoy tratando de encarrilar mi vida de manera que le agrade a aquel que viene a la tierra a traer juicio sobre la humanidad. Y eso me hace pensar que creo que hay mucha gente que piensa, o que cree en un juicio final, pero que no piensa que estarán dentro de los enjuiciados.
Ahora, el título de mi mensaje hoy, si no lo he mencionado ya, es "Similitudes y diferencias entre la primera y segunda venida de Cristo". Lo menciono otra vez porque la apatía que nosotros vemos hoy en ese sentido es muy similar a la apatía que tenía el pueblo de Israel cuando Cristo hizo su entrada la primera vez.
Eso tiene su origen 400 años atrás, antes de que Cristo viniera. El profeta Ezequiel estaba en Babilonia con el pueblo judío que estaba en el exilio, y estando allí él tuvo una visión. Tú puedes leer acerca de esa visión de Ezequiel en los capítulos 9, 10 y 11. Y él vio entonces cómo la nube —ahí vamos a la nube otra vez— la nube que representaba la presencia de Dios que estaba sobre el Arca del Pacto, de repente se levantó y se detuvo en el umbral del templo, como en uno de los dinteles. Y él se quedó viendo, y de repente la nube volvió a levantarse y se colocó sobre la cima de un monte que estaba al oriente. Y él se quedó observando, y la nube volvió a levantarse y desapareció para siempre. Y cuando desapareció, Dios estaba simbolizando de esa forma, dada la historia pasada del pueblo sobre el cual se invocaba su nombre, que él había decidido hacer desaparecer su presencia manifiesta.
Y una gran oscuridad cayó sobre la nación. Durante cuatro siglos no hubo un solo profeta de Dios por la nación de Israel. Y nadie más estaba recibiendo profecías, de manera que la ausencia de esa voz de Dios vía el profeta hizo que la gente cayera cada vez más en apatía y ritualismo religioso. Al mismo tiempo que ya estaban conscientes como de ese silencio de parte de Dios, ellos también vivían con la idea de que Dios había prometido un Mesías que vendría. Lo que ellos nunca entendieron fue que ese Mesías no vendría exclusivamente para salvar a la nación de Israel, sino como Salvador del mundo, y que no vendría para librarnos de la opresión política de los gobernantes o de las naciones, sino de la esclavitud del pecado.
400 años habían pasado sin una voz profética. Y es la razón por la que Juan el Bautista, cuando aparece como introductor del Mesías, dice que él era una voz que clamaba en el desierto. En el desierto de Judea, pero igual, no solamente en el desierto físico, sino en el desierto espiritual de la nación. Una voz que clama en el desierto. Cristo vino y encontró una religión, un judaísmo que tenía mucha religiosidad pero poca espiritualidad. Y la apatía espiritual en la vida de muchos en aquel entonces es similar a la apatía espiritual de muchos más en el día de hoy frente a la próxima venida de Cristo.
Hay dentro del movimiento cristiano un grupo grande que se denomina como tal, que tiene una religiosidad como práctica, pero sin espiritualidad. Es un grupo que puede rechazar valores importantes del reino de los cielos, como el rechazo del aborto; pueden rechazar lo que es la ideología de género, pero como Pablo le dijo a Timoteo, tienen forma de piedad —2 Timoteo 3:5— pero carecen de poder. Hay una ausencia del Espíritu de Dios en ese grupo. Quizás es parte del grupo, ellos son parte del grupo que cree que Cristo regresará, pero que vive como si nunca regresara. Es un grupo que no es liberal, que afirma muchas de las cosas que nosotros afirmamos, pero sin ser liberal tampoco es espiritual. Es más bien religioso, como lo fueron los saduceos, los fariseos.
Este es un grupo. No es liberal. Pero hay otro grupo plenamente liberal. Se llaman a sí mismos liberales, que abrazan el aborto y abrazan la ideología de género y cuántas cosas más. Y ese grupo, dentro de ese grupo, algunos ni siquiera creen en la próxima venida de Cristo, pero algunos solo la afirman. Y esa religiosidad liberal también existió en el tiempo de Cristo. El rabino Hillel es una buena reflexión, un buen reflejo de la liberalidad de ese grupo. En esa ocasión, Hillel afirmaba que un esposo podía divorciar a su esposa por cualquier razón, incluyendo si le quemaba el pan cuando estuviera preparando. Totalmente liberal, como existe hoy.
Pero había otro grupo más pequeño, como lo hay hoy, ortodoxos en sus prácticas, más piadosos. Dentro de ese grupo estaba Ana, estaba Simeón. Este hombre, esta mujer, entrados en edad, que continuamente visitaban el templo con la esperanza, con el anhelo de que quizás antes de morir ellos pudieran contemplar al Mesías prometido. Y yo no sé cuánta gente hay hoy dentro de la fila cristiana que vive con un anhelo —no con una creencia, sino un anhelo— de que verdaderamente llegue el día en que ellos puedan ver la llegada de su Señor. Porque yo creo que esa creencia, si vives con un anhelo por su retorno, cambiaría radicalmente la manera de vivir.
De manera que en el judaísmo del tiempo de Cristo y en el cristianismo de nuestros días ha habido grupos religiosos pero no espirituales, había grupos liberales como los hay hoy, y grupos piadosos como Ana y Simeón, como los hay hoy, que anhelaban ver el retorno de Cristo.
Una de las fuentes consultadas acerca de ese tiempo en el que Cristo vino dice lo siguiente: "Tanto judíos como paganos de otras naciones estaban cada vez más insatisfechos con la religión. Por otro lado, el mundo pagano de la sociedad al momento que Cristo nace estaba algo cansado del politeísmo vacío después de tantos años." Hoy en día, quizá no del politeísmo vacío, pero sí de los ídolos que han sido adorados en su corazón, o cansados de los placeres en los cuales se han divertido. La cita termina diciendo: "La esperanza se estaba agotando cuando Cristo entró, la fe era aún mucho menor. Estaban convencidos de que ahora lo único que podía salvarlos a ellos y a su fe era la aparición del Mesías."
¿Son de familiares? Algunos de nosotros leemos los periódicos, leemos las noticias y decimos: "¡Wow! Esto es irreparable. Es imposible que volvamos. Estamos tan lejos que es imposible que volvamos al camino. Lo único que va a arreglar esto es el Mesías." Aquellos que piensan cada cuatro años, cuando hay una reelección o una elección, que piensan que quizás el próximo gobernante arreglará las cosas: no, no han leído la Biblia. Las cosas no se van a arreglar hasta que el Gobernante del cielo y la tierra haga su aparición en medio de nosotros.
Creo que las condiciones de hoy en día son un tanto parecidas a las del siglo I. El mundo incrédulo se ha volcado hacia la inmoralidad en un caso, hacia el liberalismo en otro caso, hacia los placeres con otro grupo. Mientras tanto, nosotros los cristianos tenemos un Mesías que ha prometido volver, pero tenemos poca esperanza de que los tiempos vayan a mejorar antes de que él vuelva si examinamos los tiempos. Y lo único que puede salvarnos es la aparición del Salvador.
Yo quise mencionar esas estadísticas iniciales y quise comenzar encontrando esas similitudes entre los tiempos de Cristo y los tiempos nuestros, porque el próximo domingo 25 nosotros estaremos celebrando el nacimiento de Cristo. Aunque sabemos, sabemos ya por mucho tiempo, que Cristo no nació el 25 de diciembre. Ni siquiera nació en este mes. Probablemente nació entre mayo y junio. Hay suficientes razones para pensar de esa manera. No creo que sea ni siquiera una fecha cuestionable hoy en día. Pero hace siglos atrás, algunos comenzaron a celebrar su nacimiento en esta fecha con la intención de desplazar la celebración al dios Sol que ocurría el 25 de diciembre, y comenzaron a celebrar entonces el nacimiento de Cristo el mismo día, y a lo largo del tiempo pues lo lograron.
Y Cristo vino. Mayo, junio, no importa. Diciembre, no importa la fecha. Él vino. Y cuando vino, se encarnó, vivió como hombre, y vino y cumplió la ley. Cuando cumplió la ley, se ofreció como sacrificio para el perdón de los pecados, y luego —bueno, fue muerto— el tercer día resucitó, y 40 días después ascendió a los cielos.
Y cuando ascendió —me he maltraído otra vez— esto fue lo que ocurrió: Mientras Jesús ascendía, estando ellos mirando fijamente al cielo, se les presentaron dos hombres en vestiduras blancas que les dijeron: "Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado de ustedes al cielo..." Fíjate en la voz pasiva: no fue que él ascendió, "que ha sido tomado." Algo lo tomó de ustedes al cielo. "...vendrá de la misma manera, tal como lo han visto ir al cielo." Es el mismo que ascendió, ese mismo es el que descenderá. Pero la razón por la que vino la primera vez no es la razón por la que viene la segunda vez. La función que ejerció la primera vez no es la misma que ejercerá la segunda vez.
En este verso que yo acabo de leer otra vez del libro de los Hechos, tú puedes ver que hay una alusión a una profecía cumplida y hay otra alusión a una profecía futura: Él vino, pero vendrá. Los que le vieron ascender, vieron a un Jesús después de la crucifixión, pero los que le veamos descender veremos a un Jesús después de la coronación. La cruz, después la corona.
En su primera venida, Jesús se sometió a los gobernantes de su época, Él hizo eso, pero en su segunda venida Él someterá a todos los gobernantes de las naciones y someterá aun a los gobernantes de las tinieblas, de manera que toda lengua le confesará como Señor de señores, como Señor, y toda rodilla se doblará. La primera vez Él vino como Salvador de los pecados o de los pecadores; la segunda vez Él viene como Juez de los pecadores.
En su primera venida, Cristo vino como un bebé en un pesebre. Él no es un bebé, dejemos de celebrarle el cumpleaños de Jesús todos los años, que Él no se está poniendo viejo. Él es Señor de señores y Rey de reyes. Él vino solamente como un bebé en un pesebre, nadie se enteró, pero la próxima vez todo ojo le verá. No habrá un solo ser humano que no contemple su venida y Él vendrá otra vez. Escucha cómo lo dice el libro de Apocalipsis: Él mismo, Él mismo. Y Él mismo, en Lucas 21:27, el Hijo del Hombre viene en una nube con poder y gran gloria. No es esa nube física que tú y yo vemos, es el símbolo otra vez de su gloria. Es decir, Él entró a Jerusalén la primera vez en un burro, pero su regreso es descrito como alguien montado en un caballo blanco, típico de la realeza.
Él vino de una forma la primera vez, Él no viene de la misma forma la segunda vez, porque no viene a hacer la misma cosa. El tiempo de gracia es este, este es el tiempo que Él inauguró para el perdón de los pecados. Ese tiempo se va a terminar y luego se abrirá otro tiempo cuando será para el juicio de los pecados. El Evangelio de Juan, en su primer capítulo, nos dice que la luz resplandeció en las tinieblas, pero que las tinieblas no le recibieron. Pero cuando Él venga, la luz volverá a resplandecer en las tinieblas, pero en ese entonces las tinieblas desaparecerán para siempre. No es que no le van a recibir, no, es que ya van a desaparecer.
Y ahora nosotros estamos viviendo, en este momento estamos viviendo en lo que ha sido llamado "el ahora, pero no todavía", para referirse al hecho de que el reino de los cielos fue inaugurado, pero aún no ha sido consumado, aún no ha sido establecido. En el "ahora, pero no todavía", Cristo reina en el corazón de los creyentes. Pero cuando ese período, ese tiempo termine, Cristo reinará de manera soberana. Y escucha lo que dice Daniel 7:14: "Su dominio será un dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido."
Ahora mismo nosotros no vemos este reino; parecería que las cosas escapan a su control por el caos a nuestro alrededor. Ahora mismo nosotros vemos en nuestro alrededor y juzgamos a veces incluso el carácter de Dios por las cosas que nos ocurren o que ocurren a nuestro alrededor, como ya dijimos. Y eso nos hace pensar por Él estar en control o no estar en control, Él es benevolente o no es benevolente. Pero el profeta Isaías nos había revelado ya que la soberanía reposará sobre sus hombros.
Alguien podría decir: "Bueno, eso es futuro, que reposará sobre sus hombros, pero Él no es soberano ahora." No, Él es soberano ahora. Lo que Isaías está tratando de ayudarnos a entender es que en el momento actual Dios ha permitido en su soberanía que gobernantes de la tierra pues ocupen su lugar, ocupen su trono, y algunos de ellos se convierten en dictadores, y todo eso bajo la supervisión y dirección de nuestro Dios. Pero cuando Él venga, nosotros veremos su soberanía ejercida de una manera absoluta, de tal forma que ya no habrá más gobernantes, habrá un Gobernante y será Cristo Jesús, el Rey de reyes, el Señor de señores, nadie más. Reinará con vara de hierro, dice la Palabra.
Y si quieres tener una idea de lo que implica esa soberanía, déjame leerte esta cita de una de las fuentes consultadas: "La soberanía de Dios es la enseñanza bíblica de que todas las cosas están bajo el dominio y el control de Dios, están, no simplemente que estarán, y que nada ocurre sin su dirección o permiso. Dios trabaja no solo algunas cosas, sino todas las cosas según el designio de su voluntad. Todas las cosas obedecen al designio de su voluntad, incluyendo lo que hoy se está predicando y quién lo está predicando. Sus propósitos son un todo incluido y nunca frustrado. Nada lo toma por sorpresa. La soberanía de Dios no es simplemente que Dios tiene el poder y el derecho de gobernar todas las cosas, sino que lo hace siempre y sin excepción. En otras palabras, Dios no es meramente soberano de derecho. Dicho de otra manera, en principio, no es simplemente que es soberano en principio como el rey de Inglaterra o la reina de Inglaterra. No, Él lo es también de facto, en la práctica. Esa es su soberanía."
Y en el ínterin, nosotros necesitábamos de alguna manera cómo pensar hacia adelante recordando lo que quedó atrás. Tenemos que volver atrás y ver de qué manera el Antiguo Testamento profetizó la primera venida de Cristo y profetizó la segunda venida de Cristo, de qué forma cuidadosa se dio a la primera venida, se cumplió, se cumplieron las profecías de la primera venida, para tener fe en el cumplimiento de la segunda venida.
Ahora, una de esas similitudes, recuerda que estamos hablando de similitudes y diferencias de las dos venidas, pues hay una similitud entre el tiempo de Cristo encarnado y nuestro tiempo. Y es una similitud que ha estado entre los seres humanos prácticamente desde el principio. Es algo que estuvo anterior a Cristo, que estuvo en el momento de Cristo y que está en nuestro tiempo también. Y Cristo describe esa condición de esta manera, Él mismo, y lo describe y aparece en Mateo 24, cuando le está hablando precisamente de los tiempos finales de su retorno, versículo 37 al 39: "Porque como los días de Noé," se remontó allá atrás, "así será la venida del Hijo del Hombre. Pues así como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo," ahí está bebiendo, comiendo y bebiendo, "casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será la venida del Hijo del Hombre."
Desde que Adán y Eva pecaron, el hombre comenzó a beber y a comer. Recuerda que las hijas de Lot, después de un juicio que Dios había traído, emborracharon a su padre y tuvieron relaciones con él. Bebiendo y comiendo así se ha vivido la humanidad, así va a continuar la humanidad hasta el mismo momento en que mi Hijo haga entrada por segunda vez a la tierra. El incrédulo seguirá siendo infiel hasta el día de su aparición, y nosotros ni siquiera nos detenemos en el mes que es usado para recordar la entrada de Cristo al mundo, nos detenemos para revisar nuestras vidas, es más, para revisar en el último año.
Déjame hacerte dos o tres preguntas, quizás dos, no sé si llegue a tres. Si tú supieras con certidumbre que Cristo vendría al final de este mes, ¿cómo tú habrías vivido los últimos doce meses? ¿Tú crees que hubiese hecho alguna diferencia cómo hubieses vivido el año 2022? Si hubiese hecho alguna diferencia, entonces debiste haber hecho la diferencia, porque Él puede venir. No lo sabemos.
Imagínate que Cristo viniera y tú lo supieras el 26 de diciembre, este 26 de diciembre. ¿Tú piensas qué pasaría? ¿Prepararías, pasarías el 24 o el 25 de una manera diferente como quizás lo estás preparando? Quizás debes prepararlo de manera diferente porque Él podría venir el 26. ¿Crees que si Cristo viniera el 26 de diciembre la iglesia tendría más gente hoy y el próximo domingo? ¿Últimos dos domingos anterior a la...? ¿Tú piensas que hay gente que está viendo el último juego de fútbol hoy que debía estar en su iglesia y no lo está, y que estaría en la iglesia si supiera que Cristo vendría el 26 de diciembre? No dejar de congregarse es un mandato; ver el último juego de fútbol de la serie mundial no es un mandato.
Si supieras que Cristo vendría en unos días, ¿piensas que hubieses trabajado menos en el año? No en el sentido de ser vagos, sino de haber dado más tiempo a Dios, más tiempo a tus hijos. ¿Piensas que hubieses acumulado menos, regalado más? Nosotros evitamos hacernos esa pregunta porque la respuesta cambiaría radicalmente el estilo de vida que no queremos cambiar. Esa es la realidad.
Pero cuando tú revisas la Palabra de Dios, hay más de un pasaje que nos dice que en vista del juicio que viene de la segunda venida de Cristo, nuestro estilo de vida debiera ser diferente. Pablo habla de eso, Pedro habla de eso en su segunda carta, capítulo tres, versículos diez al catorce. De hecho, cuando tú revisas toda la revelación bíblica, los profetas del Antiguo Testamento hablaron de la segunda venida de Cristo. Jesús vino después, habló de su segunda venida. Los apóstoles vinieron después de Cristo y hablaron de su segunda venida. De hecho, alguien hizo un conteo y llegó a unas 335 profecías acerca de la primera y la segunda venida de Cristo, y de esas, 100 se cumplieron al dedillo en la primera venida de Cristo, de manera que nos quedan más de 200 profecías por cumplirse con relación a su segunda venida y al juicio final.
Y Pedro, de una manera muy perceptiva, hace la conecta de los dos eventos de la venida y el juicio con la manera como tú y yo debiéramos vivir. Escucha cómo Pedro lo hace. Entonces, segunda carta, capítulo tres, versículo once: "Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera," o sea, el juicio final, "¿qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad?" Lo que Pedro está diciendo es: en vista de la realidad, del hecho de que hay un juicio final con una destrucción que traerá un nuevo cielo, una nueva tierra, en vista de esa realidad.
¿Tú no crees que si crees eso, tú debieras tener una vida excepcionalmente santa, en santa conducta y en piedad? Ese es el día, ese Pedro, de rendición de cuentas. ¿No piensas que el día de rendición de cuentas debería cambiar cómo vives? Uno pensaría: bueno, pero ¿qué forma son esas de estimularnos a vivir en santa conducta y piedad? Recordarnos el juicio final y la venida de Cristo.
Bueno, si tú quieres una respuesta a esta pregunta, yo te voy a dar la respuesta de Calvino a este texto justamente de Pedro, tratando de entender o de ayudarnos a entender por qué aquí hay un uso del juicio y de la venida de Cristo para ayudarnos a vivir de otra manera. Esto ha sido añadido para que los fieles estén siempre velando, siempre estemos como atentos de que pudiera ser hoy. Él, Cristo, ahora los sacude de su somnolencia para poder esperar con atención a Cristo en todo momento, en cada momento. De lo contrario, nos volveríamos inactivos y negligentes, como es generalmente el caso. Escucha la pregunta de Calvino ahora, porque es una pregunta retórica; la pregunta te lleva la respuesta. ¿Por qué? ¿Cuándo es que la carne se entrega a sí misma, sino cuando no hay pensamiento de la venida de Cristo que está cerca? Calvino dice: ¿cuándo es que la carne se relaja y se da a los placeres y se disfruta de sí misma? ¿No es cuando la gente no está pensando que Cristo viene por ahora? Tú siempre hablando de que Cristo viene, no acaba de venir, y se relaja con eso.
Pedro habla de que en el último tiempo vendrían burladores que siempre estaban hablando del final de los tiempos y que no había venido. Y Pedro dice: ellos han olvidado que el mundo fue inundado una vez, fue juzgado por agua, fue inundado con agua. Y es la realidad que, como nosotros no pensamos que Cristo puede venir hoy o mañana o al final de este mes o al próximo mes, nosotros vivimos como que yo tengo suficiente tiempo para arreglar mis cuentas. Y la Palabra de Dios usa diferentes motivaciones para ayudar al creyente a vivir de otra manera, porque nosotros nos damos todas las motivaciones necesarias. Somos una generación caída, una raza caída, que hay que estimularla de todas las formas posibles para que puedan vivir mejor, o podamos vivir mejor.
En Levítico 19 el estímulo para vivir de una manera piadosa es el carácter de Dios: sed santos porque yo soy santo. Cuando Pablo escribe a los filipenses en el capítulo 1, versículo 27, el evangelio es la motivación: vivan de una manera digna del evangelio. Es otra motivación. No vivan de una forma que sea indigna en cuanto al evangelio que te salvó. Cuando Cristo pasó por este mundo, en Juan 14 y Juan 15, nosotros leemos cuál es la motivación que Cristo le da en ese momento de su conversación en el aposento alto. Y Cristo le dice: si me amáis, obedeceréis mis mandamientos. En otras palabras, lo único que tienes que hacer para vivir en obediencia, en santidad, en piedad, es amarme; el resto se da por añadidura. Cuando tú llegas a Hebreos 12:25-29, la motivación para la piedad otra vez es el juicio final, la venida de Cristo.
Otra vez, Dios nos ofrece una gama de motivaciones para vivir de una manera. Y entre ellas, Él entendió que la segunda venida, así como el juicio venidero, deberían ser motivaciones para nosotros. Y nosotros pudiéramos recordar eso de forma diferente, y de las cosas que nosotros sabemos que me ayudan a ver las similitudes y las diferencias entre una venida y la otra.
Recuerda que la primera vez Él vino desnudo, pero esta vez viene vestido de gloria. La primera vez Él nació en la soledad, en un pesebre, pero la próxima vez Él viene acompañado de los ejércitos celestiales, nada de soledad. La primera vez le llamaron rabí, raboni, maestro, Jesús; la próxima vez todo el mundo le llamará Señor. Lo que está en el cielo: Señor. Lo que está en la tierra: Señor. Lo que está debajo de la tierra: Señor. Todo el mundo le confesará.
La primera vez, sabes lo que dice Isaías capítulo 53, que Él fue llevado al matadero como una oveja, que no abrió su boca. No a la segunda vez. La segunda vez Él rugirá como león y todo el mundo escuchará su voz. El cordero se volvió león. La primera vez el mundo ni se enteró de su nacimiento. Belén, campito perdido por ahí. Pero la próxima vez todo ojo le verá en cada rincón de la tierra.
La primera vez Él se sometió a la ley de los hombres, se sometió a la ley, a la ley judía. Él sabe que nadie podía cumplir, se hizo objetivo a la ley. Pero cuando Él vuelva, todo el mundo se someterá a su ley: los incrédulos para glorificar su justicia y los creyentes para glorificar su gracia. Todo el mundo va a una sola ley.
La primera vez Él vino a una Jerusalén corrupta en todas sus dimensiones. La próxima vez Él volverá a un mundo corrupto en todas sus dimensiones. La primera vez Él vino a una Jerusalén en tinieblas, la luz vino a las tinieblas. Pero la próxima vez tú y yo veremos otra Jerusalén que la Palabra de Dios describe como la Nueva Jerusalén.
La próxima vez que Él venga, esto es lo que veremos: un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y veremos a la ciudad santa, la Nueva Jerusalén, que descenderá del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Y entonces oiremos. La novia en el callado... no va a cerrar su boca como la primera vez. Entonces oiremos una gran voz que dirá desde el trono: el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. El que está sentado en el trono dijo: yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas. También me dijo: hecho está. En otras palabras, no lo han visto, pero hecho está. Si yo lo he jurado, ya está hecho; si yo lo he jurado, lo verás. Yo soy el satisfacer el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.
Esta es la realidad que te espera: un cielo nuevo, una tierra nueva, una nueva visita de nuestro Dios, una esperanza eterna, una vida que no terminará en la presencia del Dios que te salvó. Esa esperanza, esa realidad, debiera motivarnos a todos nosotros a vivir de otra manera hoy, a la espera de su venida. Porque tú puedes tener por seguro que Él vendrá. Todo ojo le verá, toda lengua le confesará, toda rodilla se doblará, todos los ángeles le acompañarán y todas las naciones le reconocerán, porque a Él se le ha dado un nombre sobre todo nombre, que a ese nombre confiese cada lengua, se doble cada rodilla, de lo que está en el cielo, la tierra y debajo de la tierra.
Amén. Él vendrá. Él vino la primera vez. Él prometió venir y vino. Él prometió venir otra vez y volverá. Él volverá. Ten por seguro que volverá. No dudes que volverá. Proclama que Él volverá. Vive porque Él volverá. Y espera porque Él volverá.
Padre, gracias. Gracias por tu Hijo que vino, el Hijo que vendrá. Gracias porque nosotros le hemos conocido, y le hemos conocido porque en tu gracia te plugo darnos entendimiento y conocimiento de Él, y luego pusiste fe en nosotros para confesarle como Señor y Salvador. Ayúdanos a vivir de una manera diferente, en vista de lo que Pedro nos informa en su segunda carta: de que todas estas cosas serán consumidas y cambiarán, y que eso debiera motivarnos a una vida de santidad y piedad. Gracias te damos porque por tu Espíritu nos has revelado estas cosas a nosotros los pequeños, mientras que a muchos grandes y poderosos se las mantuviste ocultas. Gracias por tu misericordia, oh Dios. Y Señor, nosotros creemos y proclamamos que tú vendrás, y a ti esperamos. En Cristo Jesús, amén.
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