IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La salvación nunca ha dependido del esfuerzo humano. Abraham, el padre de la fe, recibió la promesa de Dios cuatrocientos treinta años antes de que existiera la ley de Moisés. No fue su obediencia lo que lo hizo justo ante Dios —de hecho, mintió dos veces entregando a Sara como su hermana para salvar su propia vida—, sino su fe inquebrantable en un Dios que cumple lo que promete. Cuando Dios selló el pacto pasando entre las mitades de los animales sacrificados mientras Abraham dormía, estaba declarando algo extraordinario: este pacto se sostiene unilateralmente sobre mi fidelidad, no sobre la tuya.
Abraham creyó en esperanza contra esperanza. A los cien años, con un cuerpo "como muerto" y una esposa estéril de noventa, contempló su situación imposible y calculó las probabilidades. Pero del otro lado de la ecuación estaba algo más poderoso: la imposibilidad de que Dios faltara a su palabra. Las matemáticas decían que no había esperanza; la fe decía que Dios da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fueran. Abraham no tenía Biblia, ni registro histórico de los milagros de Dios, ni comunidad de fe que lo respaldara. Solo tenía una promesa, y eso le bastó.
El cristianismo se distingue de toda otra religión precisamente en esto: no es el hombre buscando a Dios mediante sus obras, sino Dios buscando al hombre mediante su gracia. La salvación es un regalo que se recibe por fe, no un salario que se gana por esfuerzo. Y esa fe que salva no mira hacia adentro, hacia los propios méritos, sino hacia afuera, hacia el carácter inmutable de Dios.
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Bueno, si tienes ahí tu Biblia la puedes abrir en la carta de Pablo a los Romanos, capítulo cuatro. La puedes encender y déjame conectarte nuevamente con el texto y la enseñanza que hemos venido trayendo a lo largo de esta carta. Hablamos de la carta de Pablo a los Romanos. El domingo pasado estuvo el pastor Pepe Mentosa con nosotros, pero dijimos en ese domingo, ¿verdad?, estuvimos hablando de la doctrina de la justificación por la fe, cómo Pablo la afirmó y la ilustró en ese texto de Romanos 3:20 al 4:12. Pablo concluyó en esa ocasión algo que había comenzado a elaborar y luego él como que afirma esa enseñanza sobre la justificación por la fe y usa para ilustrar la doctrina dos personajes del Antiguo Testamento: usó al mayor de los patriarcas, Abraham, usó al más famoso o conocido de los reyes, el rey David.
Y luego entonces estuvimos viendo de qué manera Pablo se proponía continuar la enseñanza en el próximo texto, que es el de hoy, y él va a seguir con la historia de Abraham de una manera que nos va a permitir ampliar, o le va a permitir a Pablo ampliar todavía más. Pablo está tratando de despejar toda duda en término de cómo es que el hombre alcanza salvación y cómo es que las obras no tienen ninguna participación en la salvación del hombre. Yo creo que Pablo se vio forzado a hacer esto porque el judío de su época creía y venía creyendo por cientos de años que realmente Abraham había sido salvo por Dios, había sido declarado justo por su obediencia a la ley de Dios. Pero resulta que cuando Abraham vivió sus años, la ley de Dios todavía no había sido dada. Él tenía una ley moral escrita en su corazón, pero él no vivía bajo la ley de Moisés. Y sin embargo, Dios le hizo una promesa a ese hombre, a ese patriarca, y se la hizo a él y a su descendencia, como vamos a estar viendo.
Pablo fue la milla extra para explicar cómo la promesa que Abraham recibió fue mucho antes, cuatrocientos treinta años antes de que la ley de Moisés hubiese llegado a nosotros, por así decirlo. Yo creo que esto es importante porque cuando tú miras todas las religiones del mundo, en todas ellas la fe, o mejor dicho, la salvación que les es prometida, la entrada que les es prometida a un cielo de gloria es por obras, literalmente hablando. El cristianismo es la única religión del mundo donde te habla de una salvación que es por gracia simplemente. No puedes obrar para ganártela porque no tienes mérito en tus obras. De esa misma manera, podemos decir que en el cristianismo tú crees, confías en Dios para entrar a su presencia. En el resto de las religiones tú tienes que cumplir, tú tienes que ganarte dicha salvación, tienes que obrar, tienes como que meritar el poder entrar al reino de los cielos. Pero la salvación, la fe cristiana es un don de Dios, es un regalo, no es algo para lo cual tú puedes trabajar.
Lamentablemente nosotros estamos tan acostumbrados a que ganamos las cosas, trabajamos, obramos para ganarnos las cosas, como que se nos dificulta acabar de entender que cuando tiene que ver con Dios el Dios trino, el Dios de la Biblia, tú no puedes ganarte ningún mérito y mucho menos para entrar a su presencia. Todas las religiones del mundo representan el esfuerzo de un hombre que está tratando de buscar a Dios, encontrar a Dios. El cristianismo es el esfuerzo de Dios de buscar al hombre porque él no lo busca, no le interesa buscar. Romanos 3:10-12: nadie busca de Dios, no hay justo ni siquiera uno. De manera que hasta ahí nosotros nos diferenciamos en lo que tiene que ver con la búsqueda de Dios de parte de ese hombre.
Romanos 8:6-7 nos dice que el hombre, la mente de ese hombre no se somete a Dios, no se somete a la ley de Dios y ni siquiera puede. Por tanto, Dios tiene que salir a buscar a ese hombre que estaba alejado de Él y que está tan ciego que ni siquiera puede ver la necesidad que tiene de encontrarse con ese Dios. Y tiene una mente tan ennegrecida que piensa que por las obras que él haga Dios debiera, no simplemente que pudiera, Dios debiera dejarlo entrar a su presencia por el resto de la eternidad.
Si tú recuerdas el título de la serie, la titulamos "La condenación del hombre y la salvación de Dios". Pero yo decía que yo pudiera retitular esta serie y llamarla "La condenación del hombre por sus obras y la salvación de Dios por la fe puesta en Él". No, déjame decirles otra vez: la condenación del hombre por sus obras y la salvación de Dios por la fe puesta en Él. Pablo emplea los tres primeros capítulos, del 1 al 3, para ilustrar, explicar con lujo de detalle la condenación de ese hombre y la razón de esa condenación. Y ahora toma los capítulos 4 y 5 en un esfuerzo por explicarnos de qué manera el hombre puede salvarse, de qué forma el hombre es justificado por la fe y no por las obras.
Teniendo eso en cuenta y sabiendo lo que quiero abordar y enfatizar en el día de hoy, yo he titulado mi mensaje, he empleado una frase que viene del libro de Hebreos, la tomé prestada, y la frase es: "Que sin fe es imposible agradar a Dios". Yo creo que lo que vamos a ver hoy acerca de la vida de Abraham claramente ilustra que sin fe no es simplemente que es difícil agradar a Dios. No, no, no, es imposible agradar a Dios. Cómo esta es una vida de fe de principio a fin, que Abraham depositó fe en Dios y no se ganó una promesa por la obediencia a la ley.
Pensemos en el Antiguo Testamento, porque recuerda que la Palabra entierra la Palabra. Entonces vamos a lidiar con Abraham un poco, con el Antiguo Testamento en el día de hoy. ¿Dónde estaba Abraham cuando Dios lo eligió? No lo estaba buscando. Habitaba del otro lado del Jordán, Josué 24:3, con su padre Taré, con Nacor. Y ellos vivían adorando dioses paganos, ese era su estilo de vida, eso era su costumbre, su forma de vivir. Y en esa condición Dios fue, Dios se le apareció, le habló a Abraham y lo eligió para llevarlo a una tierra "que yo te mostraré", le dijo Dios a él.
Y luego de la elección, tú sigues la vida de Abraham y tú no puedes ver necesariamente un hombre que es obediente cabalmente a la ley moral de Dios, porque lo primero que tú te enteras es que cuando llegó a Egipto en medio de una hambruna, tratando de salvar su vida, tomó su esposa Sara, se la entregó al rey, al Faraón, y le dijo: "Ya no es mi mujer, es mi hermana". Pero esa no es la ley moral de su corazón. Dios le habló al rey en un sueño, hemos hablado de eso anteriormente. Y Abraham no solamente hizo eso una vez, luego lo hizo una segunda vez cuando se la entregó más adelante al rey Abimelec con la misma historia, con la misma mentira: "Ella no es mi esposa, no es mi mujer, es mi hermana". Esa no es la obediencia que va a salvar a un hombre. Eso es exactamente de lo que Pablo quiere hablar, eso es exactamente lo que tú y yo tenemos que entender.
Y el texto de hoy, hablando de este patriarca, el más famoso, el más conocido de los patriarcas de Israel, Pablo nos va a tratar de ampliar el entendimiento acerca de esta salvación. El texto va de Romanos 4:13 al 25. Es un texto un tanto más largo de lo usual, pero es una sola historia, es un solo argumento, es una sola conclusión al final de una serie de cosas que Pablo viene enseñando. De manera que tienes que prestar atención, porque no es el texto más fácil de comprender cuando tú lo lees, pero yo haré mi mejor esfuerzo para desempacar las enseñanzas que están en estos versículos y que al final tú puedas terminar dándole gloria y gracias a nuestro Dios.
Ahora te invito a que todos me sigan en Romanos 4, comenzando en el versículo 13, y puedas seguirlo conmigo: "Porque", esto implica que esto es una continuación de lo que él viene diciendo, "porque la promesa a Abraham o a su descendencia" —eso es Cristo, en singular— "o a su descendencia, de que él sería heredero del mundo, no fue hecha por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son herederos, vana resulta la fe y anulada la promesa. Porque la ley produce ira, pero donde no hay ley tampoco hay transgresión. Por eso es por fe, para que esté de acuerdo con la gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda la posteridad, no solo a los que son de la ley, sino también a los que son de la fe de Abraham, quien es padre de todos nosotros. Como está escrito: Te he hecho padre de muchas naciones, delante de Aquel en quien creyó, es decir, Dios, que da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fueran. Abraham creyó en esperanza contra esperanza, a fin de llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y sin debilitarse en la fe, contempló su propio cuerpo, que ya estaba como muerto puesto que tenía como cien años, y también la esterilidad de la matriz de Sara. Sin embargo, respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo. Por lo cual también su fe le fue contada por justicia".
Yo sé, no es un texto fácil de entender a primera vista, pero yo creo que quizás juntos podemos razonarlo desde aquí y tú puedas entenderlo. Y lo que voy a hacer es ir extrayendo cada una de las enseñanzas que podemos ir viendo en estos versículos, y yo creo que es la mejor forma de hacerlo cuando tienes textos de esta naturaleza.
Enseñanza número uno, sale del versículo 13: Dios hizo una promesa a Abraham o a su descendencia, en singular. Tenemos que ir al libro de Génesis un momento para entenderlo, porque la descendencia de quien el texto está hablando es Cristo Jesús. Entonces, Dios le hace esa promesa a Abraham y le hace una promesa de que él poseería una tierra, que es llamada la tierra prometida, precisamente porque le fue prometida.
Eso es en términos físicos, pero en términos espirituales, Dios le hace una promesa a la simiente de Abraham, su descendencia, y esa promesa espiritual tiene que ver con la redención de toda una raza a través de la sangre de Cristo Jesús. Escucha la promesa original: "En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra." En tu simiente, en tu descendiente, en aquel que vendría de ti. Cuando Cristo viene, que es una de las cosas que tú lees en su genealogía, que él era hijo de Abraham, era descendiente de Abraham. En esta simiente serían benditas todas las naciones de la tierra.
El versículo 3 de hoy nos dice entonces que él sería heredero del mundo. Abraham o su descendencia, Cristo, sería heredero del mundo. Escucha el versículo 3 entero otra vez: "Porque la promesa a Abraham o a su descendencia de que él sería heredero del mundo, no fue hecha por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la fe."
Escucha cómo Warren Wiersbe explica esto que estamos viendo ahora: "Aquí la palabra clave es promesa. Abraham fue justificado por creer la promesa de Dios y no por obedecer la ley de Dios, porque la ley a través de Moisés ni siquiera había sido dada." La cita continúa: "Y la promesa había enfatizado puramente a través de la gracia. No fue algo que Abraham se ganó o mereció. De la misma manera, hoy Dios justifica al incrédulo cuando él cree su promesa de gracia de salvación en Cristo, y no por obedecer la ley. La ley no fue dada para salvar a los hombres, sino para mostrar a los hombres que ellos necesitaban ser salvos."
Los judíos de la época de Pablo, y todavía hoy, no estaban a entender que la ley de Moisés no fue dada para que obedeciéndola pudiéramos llegar a ser salvos. No. Nos fue dada para que pudiéramos entender la necesidad de nuestra salvación por otro camino que no sea el cumplimiento de la ley, por la imposibilidad de cumplir la ley.
Entonces la promesa llegó a Abraham 430 años antes. Nos vamos a Génesis, si es como dijimos, y en 12:3 esto es lo que tú lees: "En ti, Abraham, serán benditas todas las naciones de la tierra." Eso es 12:3. En 12:7 nosotros leemos que Dios le prometió a Abraham una tierra, una tierra que él estaba pisando. "Yo te prometo que donde tú estás ahora parado, pisando esa tierra que corresponde al área de Canaán en el Medio Oriente, será tuya." Entonces le promete una tierra y le promete bendecir todas las naciones de la tierra a través de su simiente, que no era otro que Cristo mismo.
Abraham está escuchando la promesa. Abraham tuvo que crecer en fe. Él fue el padre de la fe, por así decirlo, pero él tuvo que crecer en fe. Cuando Dios le hace la promesa de que esa tierra será suya y de sus descendientes, escucha lo que Génesis 15 dice, escucha la pregunta de Abraham, escucha la respuesta de Dios. Entonces Abram, no Abraham, todavía Dios no le había cambiado el nombre, entonces Abram le preguntó: "Oh Señor Dios, ¿cómo puedo saber que la poseeré?" ¡Qué pregunta! El Señor le respondió: "Trae una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón." A cómo extraño es. Abraham le trajo todos estos, los partió por la mitad, puso cada mitad enfrente de la otra, pero no partió las aves.
Un poco más adelante, cuando tú sigues leyendo en Génesis 15, esto es lo que ocurre: Dios hace que Abraham caiga en un sueño profundo, y estando las mitades de los animales, están los animales cortados en dos, entonces Dios hizo un pacto con Abraham. Escucha el versículo 18: "En aquel día el Señor hizo un pacto con Abraham diciendo: A tu descendencia he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates." Desde el Nilo hasta Mesopotamia, lo que es Irak hoy en día. Fíjate que recuerda, en Génesis 12 hay una promesa de una tierra que Abraham quiere saber: "¿Cómo yo voy a saber que va a ser mía y de mis descendientes?" Dios ratifica la promesa, hace un pacto y le dice: "Esta tierra yo te garantizo que será tuya."
Ahora la pregunta que tenemos que responder es: ¿y esto de los animales cortados en dos, qué pasó, que Dios pasa entre las mitades como una antorcha humeante mientras Abraham dormía? Bueno, en la antigüedad no se escribían pactos. No había computadora, no había máquina de escribir, no había lapiceros. Entonces, ¿qué se hacía? Se cortaban los pactos, y esto es uno de esos pactos. Se cortaban animales. Entonces, como un pacto implica el involucramiento por lo menos de dos personas o dos grupos de personas, la idea era que, en representación del uno y del otro, cada uno tenía que pasar entre las mitades de los animales, simbolizando que si uno o el otro faltaba al pacto, ellos merecían ser cortados en dos.
Dios está firmando un pacto, está haciendo un pacto. ¿Por qué está haciendo un pacto y solamente está pasando una persona entre las dos mitades de los animales? Abraham está durmiendo. Él va a ser parte del pacto, pero él no tiene obligación en el pacto de obediencia porque él no está pasando entre las mitades. Entonces, ¿quién va a pasar por Abraham? Dios. De manera unilateral, Dios hace un pacto con Abraham y se compromete unilateralmente a mantener la promesa del pacto, aun si Abraham fallaba en su obediencia. ¡Wow!
Entonces, ¿qué pasaría si Abraham y sus descendientes fallaban en la obediencia, como en efecto ocurrió? Dios sería responsable y Dios moriría por Abraham. Y el Hijo de Dios, Dios hecho hombre, vino años después y murió por Abraham y sus descendientes para garantizar su salvación. Pero el pacto se mantendría unilateralmente, garantizado por Dios. ¿Está conmigo? ¿Usted se perdió en el camino?
Dios hizo, le dio dos promesas: una física y una espiritual. La física: desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates, esa tierra será tuya. ¿Cuál es el chance de que eso no ocurra en el tiempo escatológico futuro que nos queda? Porque para que eso no ocurra, la Palabra de Dios tiene que fallar, la promesa de Dios tiene que fallar. Dios hizo su promesa basado en su fidelidad, aun si nosotros somos infieles. Dios hizo su promesa basado en su inmutabilidad; Dios no puede cambiar de opinión. Dios hizo su promesa basado en su omnipotencia; Él tiene el poder para hacer que las cosas ocurran.
Y entonces ahora, hablando de ese tiempo, el mismo Pablo escribiéndole a los gálatas, una carta mucho más temprana que esta de Romanos, le dice en Gálatas 3:17: "Lo que digo es esto: la ley que vino cuatrocientos treinta años más tarde no invalida un pacto ratificado anteriormente por Dios como para anular la promesa." El propósito de la promesa fue la redención, el plan de redención. El propósito de la ley no fue redimir al hombre porque el hombre no podía cumplirla, de manera que el propósito de la promesa y el propósito de la ley son completamente diferentes.
En Gálatas 3:19, el mismo Pablo explica: la ley fue dada a causa de la transgresión de los hombres. En otras palabras, como un intento de frenar las acciones pecaminosas de los hombres. Pero la promesa fue dada porque Dios es fiel. Es fiel a lo que ha jurado, es fiel a su nombre, es fiel a lo pactado, es fiel a su carácter y es fiel a su esencia. De manera que Dios prometió a Abraham y a su descendiente una tierra en este mundo temporal, pero a su simiente, Cristo, le prometió una humanidad redimida por su propia sangre.
Enseñanza número uno. Enseñanza número dos, voy en cortito: si la promesa hubiese sido recibida por medio del cumplimiento de la ley, la fe no era necesaria y la promesa deja de ser promesa. Sería un pago por las obras que yo trabajé. Pero en este caso la promesa de Dios ya no hubiese sido un regalo de Dios, hubiese sido un pago de Dios a la obediencia de Abraham.
Nota cómo la Nueva Traducción Viviente lo explica en el versículo 14: "Si la promesa de Dios es solo para los que obedecen la ley, entonces la fe no hace falta y la promesa no tiene sentido." Me han velado otra vez. Si la promesa de Dios es solo para los que obedecen la ley, entonces la fe no hace falta. Lo que hace falta es el esfuerzo para cumplir la ley, y la promesa no tiene sentido porque ya no sería una promesa, ya no sería un regalo. Sería un pago por algo que tú has trabajado. Enseñanza número dos, bien corto, bien simple.
Enseñanza número tres, tercer lugar. Pablo nos deja ver que los que confían en la ley para recibir la promesa de Dios terminarán bajo condenación. Los que confían que van a cumplir la ley, para que en el cumplimiento de la ley Dios les entregue algo que ha sido prometido para ganárselo, van a terminar bajo condenación, porque van a violar la ley como en efecto todos hemos hecho.
Y de hecho Santiago nos dice en Santiago 2:10: "Porque cualquiera que guarda toda la ley pero falla en un punto, se ha hecho culpable de todos." Si tú cumplieras toda la ley, toda la ley, todos sus mandatos, todas sus estipulaciones, y fallas en uno solo, has violado toda la ley. Porque Dios no habla de las leyes sino de la ley como un todo. De la misma manera que nosotros decimos que una ley no puede ser pasada en la nación porque viola la constitución. Bueno, porque la constitución es simplemente un artículo, sí, pero si viola un artículo de la constitución dominicana, viola toda la constitución. Eso es exactamente cómo funcionaba la ley de Dios.
Entonces la violación de la ley condenaría al hombre, y por esa razón la Nueva Biblia de las Américas traduce el versículo 15 de esta manera: "Porque la ley produce ira." Pero en realidad el sentido es este, de la Nueva Traducción Viviente: "Pues la ley siempre trae castigo para los que tratan de obedecerla." En otras palabras, si tú tratas de obedecer la ley para ganarte la salvación o dádivas de Dios, tú vas a terminar violándola. Cuando tú termines de violar la ley, lo único que tú vas a encontrar de frente es la ira de Dios, que implica su disciplina o su castigo, que es como la NTV lo traduce: "Pues la ley siempre trae castigo." Claro, porque si violo la ley en un solo punto, soy transgresor de toda la ley. Eso me trae consecuencias. Pablo está tratando de explicar eso también.
Enseñanza número cuatro. Dios hizo la promesa por su gracia para ser obtenida por medio de la fe, en vez de haberla hecho en base al cumplimiento de la ley. Esto es como te lo puedo figurar: como si yo tuviera dos opciones. Una, le puedo dar salvación a través del cumplimiento de la ley; por ahí nadie se salva. O yo podría hacer una oferta de gracia por medio de la fe y que ellos pudieran obtener salvación gratuitamente.
Escucha cómo la Nueva Traducción Viviente lo explica en el versículo 16: "Así que la promesa se recibe por medio de la fe. Es un regalo inmerecido, y vivamos o no de acuerdo con la ley de Moisés, todos estamos seguros de recibir esta promesa." Para, no, espera, hasta el momento todos lo hemos recibido en la promesa. Bueno, el texto no ha terminado: "Todos estamos seguros de recibir esta promesa, independientemente de que obedezcamos la ley de Moisés o no, si tenemos ahí tal condicionante: una fe como la de Abraham, quien es el padre de todos los que creen."
La palabra creer, incredulidad, fe, es capital en el libro de Romanos. Aparece no menos de sesenta veces. El poder salvador de Dios es permitido por aquellos que creen en Cristo. Romanos 1:16: "El Evangelio es poder de Dios para todo aquel que cree, del judío primeramente y también del gentil." Su justicia o rectitud moral es dada a aquellos que creen. ¿Ves el énfasis en creer, en fe, en creencia? Romanos 3:22. Nosotros somos justificados por la fe, Romanos 5:1. ¿Y qué entonces? Abraham fue justificado por haberle creído a Dios, nada más. Al Dios que le hizo la promesa.
Escucha ahora cómo Philip Ryken, presidente de Wheaton College, trata de ayudarnos a entender esto con relación a nosotros: "Salvación en Cristo no depende del cumplimiento de una ley que nosotros invariablemente quebrantamos. Descansa sobre una promesa que Dios no puede quebrantar." La salvación en Cristo no depende de una ley que tú y yo invariablemente quebrantamos. Depende de una promesa que Dios no puede quebrantar.
Hermanos, cada bendición que tú recibes la recibes en Cristo. Él es el cumplidor de la ley. Él es el que tiene mérito. Si nuestra salvación o cualquier bendición dependiera del cumplimiento de la ley, no cuentes con ninguna dádiva porque no la vas a recibir. Si la dádiva va a ser dada de parte de Dios en base a tu cumplimiento de la ley, cuando tú eres un transgresor continuo de la ley, nunca recibirías nada. Por eso es que las dádivas son dadas en Cristo, por gracia, por medio de la fe. Nosotros no somos personas confiables. Adán y Eva no fueron personas confiables, que no tenían ni siquiera naturaleza pecadora. ¿Cuán confiable puede ser tú y yo? ¿Está conmigo? ¿No está conmigo?
Dios recompensó la fe de Abraham y no la obediencia de Abraham. Dios recompensó la fe de Abraham y no la obediencia de Abraham. Ahora, la fe de Abraham fue extraordinaria, y es importante que lo entendamos porque la salvación será nuestra si tenemos la fe de Abraham. La fe de Abraham fue extraordinaria.
Escucha a Warren Wiersbe de nuevo tratando de explicar esta fe de Abraham. Cito: "Abraham no tuvo una Biblia que pudiera leer. Hoy es muy fácil. Él tuvo una simple promesa de parte de Dios. ¡Wow! Él vivió prácticamente solo como creyente, rodeado de incrédulos paganos. Él no pudo mirar hacia atrás y encontrarse con un largo registro de hombres de fe. De hecho, él estaba ayudando a escribir la historia de los hombres de fe. Sin embargo, Abraham le creyó a Dios. A pesar de que no tenía nada de lo que hoy tenemos. Una Biblia completa para leer y estudiar, tenemos una iglesia, y podemos mirar hacia atrás a siglos de fe registrados en la historia de la Iglesia y en la Biblia. Y sin embargo, aun así, rehusamos creer."
Imagina la fe de este hombre. Abraham no tenía este registro histórico de Dios. Abraham nunca leyó que Dios abrió su boca y el mundo fue creado, el universo entero fue creado. Abraham no tuvo la oportunidad de leer que Dios sacó un hombre al desierto y le hizo mover los brazos y el mar se abrió en dos. Abraham no tenía todavía en ese momento la historia de una mujer de noventa años que concebiría un hijo.
años que sale embarazada, de una virgen que no tiene ningún compañero, y la virgen concibe y da a luz un hijo. Nosotros tenemos esas y todas las demás historias de fe que la Biblia nos narra, y sin embargo Abraham nos puede dar cátedra de cómo es que se cree en Dios, hermanos.
Ahora, nosotros no creemos así porque la fe se afecta por nuestra condición, decimos nosotros. Nosotros no sabemos cómo amar, y por tanto en ocasiones el creyente duda del amor de Dios: "Pero yo creo que ya Dios no me hace caso, ya Dios no me ama". Claro, porque así tú eres. Nosotros con frecuencia incumplimos nuestras promesas, y por tanto cuando Dios se tarda en cumplir alguna promesa comenzamos a dudar y a preguntarnos si eso será de Dios. Estamos tan acostumbrados a ganarnos lo que recibimos: ganarnos un salario, ganarnos cualquier otra cosa, ganarnos un premio. Estamos tan acostumbrados a eso, y nosotros quisiéramos ganarnos el cielo de la misma manera. Estamos tan acostumbrados a ganarnos todo que incluso se nos dificulta dar una limosna porque "tú estás ahí como un vago y no estás haciendo nada".
Recuerda que en Romanos 4:4, hablamos dos domingos atrás, cómo Pablo explicaba que al que trabaja su salario le es contado como deuda. Dios no te debe nada porque tú no has trabajado para ganártelo. El salario se le debe como deuda y no como favor. El trabajar llama la atención sobre el obrero que trabaja, y él espera un pago, y ese pago no es gracia, es justicia. La justicia demanda que se le pague su salario.
La fe de la cual Pablo está hablando es completamente diferente, porque la fe no llama la atención sobre el obrero, en este caso Abraham, sino sobre la persona en quien se ha confiado. El objeto de la fe no es el obrero, es la persona en quien yo he confiado. Y lo que vamos a ver ahora es de qué manera Abraham vio a Dios, el objeto de su fe, la persona en quien él había confiado, porque la fe enfatiza el carácter de la persona en quien tú has confiado.
Escucha de nuevo, versículo 17: "Como está escrito: Te he puesto por padre de muchas naciones, delante de aquel en quien creyó", es decir Dios, "que da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fueran". Dios da una promesa. Abraham tenía hasta 75 años y la promesa llega. Cuando él tenía cien años, Dios le vuelve a hablar de ese hijo, y ahora Sara tenía 90. Desde el punto de vista de la procreación, Abraham estaba como muerto. Pero eso es lo que el texto dice: "Delante de aquel en quien creyó, es decir, Dios que da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fueran". Desde el punto de vista de la capacidad de reproducción, ellos estaban muertos, pero Dios que da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fueran. En ese Dios Abraham creyó.
Versículo 18: "Abraham creyó en esperanza contra esperanza". Claro, a los 100 años y a los 90, ¿quién sale en estado? "A fin de llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia". Tengo 100 años, Sara tiene 90, no me imagino una mujer embarazada de 90 años, no veo el hijo de la promesa. No, pero justamente el autor de Hebreos, si es que define la fe, es la certeza de lo que no se ve. Abraham no había tenido ni un solo hijo, y Dios le había dicho un día: "Mira, Abraham, sal afuera, mira ese cielo estrellado, comienza a contar las estrellas. Así de numerosa será tu descendencia". "Sí, pero es que yo no tengo el primer hijo". No importa, Dios habló, él creyó. Porque esa es la esencia de la fe.
Por eso el texto dice que Abraham creyó en esperanza contra esperanza. Es como que él tenía esperanza en algo en lo que tú no deberías tener ninguna esperanza. ¿Tú y yo esperaríamos que una mujer de 90 años salga embarazada de un hombre de 100 años? No. Pero Abraham razonó, no de otra manera. Probablemente razonó de esta forma: "Mira, que yo tenga un hijo a los 100 años y Sara a los 90 es muy improbable". Pero Abraham estaba convencido de que él había recibido una promesa, y la posibilidad de que Dios faltara a su promesa no era improbable, era imposible. ¿Tú me entiendes? Ok, de este lado, probabilidad matemática: Abraham de 100, Sara de 90, dudoso. Pero de este lado está la posibilidad de que Dios falte a una de sus promesas. Abraham dice: "No, yo sigo creyendo, porque esto es imposible. Aunque esto sea improbable, esto es imposible". Y ahí estaba la fe de Abraham.
Enseñanza número cinco: tu fe y la mía tienen que estar basadas en el carácter de Dios, no en manos de una probabilidad matemática. Las probabilidades son calculadas dentro del tiempo y del espacio. Esos son los fenómenos que la ciencia puede estudiar: lo que está dentro del tiempo y el espacio. Pero resulta que Dios existe fuera del tiempo y del espacio. No le apliques probabilidades matemáticas a Dios. Él no encaja en el tiempo y mucho menos en el espacio. Él no está sujeto al análisis estadístico de los hombres. Y Abraham no conocía estadística y mucho menos probabilidades matemáticas, pero él conocía un Dios cuya palabra es inquebrantable. Él conocía un Dios que cuando da su palabra, la promesa de esa palabra dada está tan real como la realidad misma hecha presente. Y como él creía en ese Dios, el versículo 19 de Romanos 4 que estamos viendo dice: "Y sin debilitarse en la fe, contempló su propio cuerpo".
Imagínate, yo hice el ejercicio: tengo 100 años, contemplé mi cuerpo, ya los pellejos se me están cayendo, he perdido masa muscular, mira cómo me muevo ahora más lento, ya no veo tan bien. Escucha: "Contempló su propio cuerpo, que ya estaba como muerto puesto que tenía como 100 años". Y luego miró a Sara y vio la esterilidad de la matriz de Sara. "Mi vida y mi mujer de 90 años, ¿caminando con una barriga?". Sin embargo —me encanta los "sin embargo" de la Palabra— "sin embargo, respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios".
¿En serio? Tú tienes 100 años, tú te ves como muerto, ¿y cuando tú piensas en Dios te fortaleces en fe? No titubeó, sino que comenzó a darle gloria a Dios, como quien dice: "Yo sé que tu promesa vendrá, Tú lo harás, yo lo sé. No importa cuántos años yo tenga, no importa cómo yo esté, la promesa llegará". Y ahí está Abraham: no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe dando gloria a Dios. Nosotros esperamos tres días, tres meses, y ya decimos: "Ya, olvídate de eso, que Dios no te va a dar eso, ya Dios no viene con eso, olvídalo". No tenía un hijo, pero él tenía un Dios. Él no tenía la evidencia de la fe, pero tenía la certidumbre de la promesa que Dios le había dado.
¿Qué tanto creyó Abraham? Bueno, vamos a ver. Enseñanza número seis: Dios frecuentemente promete en condiciones de imposibilidad para que tú y yo lleguemos a creer en su omnipotencia, en su fidelidad y en su inmutabilidad. Versículo 21: "Abraham creyó estando plenamente convencido". Eso es impresionante. Sin Biblia, sin registro histórico de lo que Dios había hecho, estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo.
Abraham, yo me imagino que quizás con Sara tuvieron conversaciones: "Bueno, Dios dijo eso hace 25 años, pero mira, quizás se olvidó". Y en medio de eso: "Mira lo que hicimos, tuvimos a Ismael, ya fallamos, no le creímos a Dios, tuvimos a Ismael como si fuera el hijo de la promesa". Y Abraham pensando: "Sí, pero el problema es que cuando yo corté los animales y Dios pasó por ahí entre la mitad, yo no pasé por ahí. Y es verdad que yo fallé, pero Dios no falló, y Él no va a fallar a su promesa. De manera que yo sigo creyendo en lo que Él me prometió".
Escucha cómo la Nueva Traducción Viviente lo explica, versículo 22 en adelante: "Y debido a su fe" —versículo 22 al 25— "Dios lo consideró justo. Y el hecho de que Dios lo considerara justo no fue solo para beneficio de Abraham, sino que quedó escrito". ¿Notaste? Debido a su fe, no la obediencia a la ley de Dios, no la obediencia de Moisés, debido a su fe Dios lo consideró justo. Y Dios lo dejó registrado para que nos ayudara a nosotros a creer de la misma manera. No solamente para él, sino que quedó escrito para nuestro beneficio, porque nos asegura que Dios nos considerará justos a nosotros si creemos en Él, quien levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor. Él fue entregado a la muerte por causa de nuestros pecados y resucitado para hacernos justos a los ojos de Dios.
En otras palabras, Abraham estaba convencido de la omnipotencia de Dios y de la fidelidad de Dios. Y por consiguiente, a pesar de que no había como ninguna esperanza para tener esperanza, él creyó en esperanza contra esperanza porque le creyó a Dios, a su poder, a su fidelidad. Hasta el punto que entonces Dios, al ver su fe, lo declaró justo y dejó el registro en este libro, de forma tal que tú y yo lo podamos leer hoy y podamos llegar a creer en el Dios que levantó a Cristo de entre los muertos. Creyendo de la misma forma que ese Dios omnipotente puede salvarte a ti, puede salvarme a mí, debido a que Él hizo una elección en la eternidad pasada. Y Dios será fiel a su elección, y le será fiel a su Hijo, y su Hijo le será fiel al Padre, de tal manera que nosotros, en el plan y propósito de Dios, estamos seguros de entrar a su presencia.
Pero, ¿cómo yo me mantengo como Abraham? Tienes que conocer al Dios de Abraham. Ok, pero entonces, ¿cómo yo llego a tener la fe de Abraham? Si tú llegas a conocer al Dios de Abraham como Abraham le conoció, no hay manera de que tú no tengas la fe de Abraham, porque una cosa es el resultado de la otra. El problema de nuestra fe comienza con el problema de nuestro desconocimiento de Dios. Poco conocimiento de Dios, poca fe. Tú conoces a una persona en el día de hoy, tienes tres meses de conocerlo, y alguien te dice: "¿Tú confías en él plenamente?". "Bueno, no realmente". "¿Y por qué no?". "Es que, imagínate, yo tengo tres meses conociéndolo". Pero luego tienes cinco años conociéndolo, ahora tu fe ha comenzado, o tu confianza ha comenzado a aumentar en él. Diez años, quince años, veinte. De esa misma manera, tu incredulidad tiene que ver con el poco conocimiento de Dios.
Y yo quisiera, en la medida que voy trayendo el mensaje, como hacer una conclusión. Yo quisiera no salir del mensaje sin enfatizar tu necesidad de conocer más a Dios.
Hermano, no es poca cosa la incredulidad del hombre en Dios, no lo es. De la misma manera, es altamente valiosa la fe que el hombre deposita en Dios. Es la razón por la que Santiago habla como habla. Cuando Santiago habla en su carta y nos dice que el que vaya a pedir, que pida con fe sin dudar, porque el hombre que duda que no piense que va a recibir cosa alguna. En otras palabras, cuando tú tienes que, cuando de Dios se trata, estás lidiando con Dios, ¿cómo voy a expresar incredulidad en Dios y al mismo tiempo esperar que en mi incredulidad Dios me dé lo que estoy pidiendo, cuando yo no creo en él?
Y esta es la razón por la que Santiago dice: el hombre de doble ánimo es como la ola del mar, que no espere que va a recibir nada. Escucha otra vez: el que pida, que pida con fe sin dudar, agrega Santiago, porque tal hombre que no espere que va a recibir cosa alguna de Dios. La incredulidad en Dios no es poca cosa, hermano. De la misma manera, creerle a Dios es altamente valorado por Dios, hasta el punto que Dios recompensó la fe de Abraham.
Enseñanza número siete, que se desprende, y última, se desprende de todo lo que hemos visto. Es una enseñanza que sale directamente de la Biblia. No le he quitado nada, no le he puesto nada. Es simplemente usar la Biblia para interpretar la Biblia. De manera que yo me voy a ir a otra carta escrita por el mismo autor, el apóstol Pablo, la carta a los Efesios, para interpretar todo lo que yo he leído con relación a la salvación, a la fe, a las obras, la dádiva de Dios y todo lo demás que tú me has oído decir.
Y esa es la enseñanza número siete. Literalmente, aquí viene: "Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, la salvación no tiene que ver con ustedes, sino que es don de Dios, es un regalo, es una dádiva, no por obras, para que nadie se gloríe."
La enseñanza número siete, que es una conclusión, es un resumen de todo lo que vimos anteriormente, que el apóstol Pablo lo ha ilustrado a través de la vida de Abraham, para ahora ponernos eso en una carta como la carta a los Efesios, que es altamente explicativa y doctrinal. La salvación es por gracia, por medio de la fe, y esto, esto es la fe misma, y esto no es de vosotros. Dios te dio incluso la fe para que creas, y no es por obras para que nadie se gloríe. La salvación es del Señor de principio a fin.
Hermano, nuestro Dios es un Dios de promesas. Nuestro Dios es un Dios fiel. Nuestro Dios es un Dios omnipotente. Él es inmutable. Él no puede cambiar, no puede cambiar su palabra, no puede cambiar de opinión, él no se puede negar a sí mismo. Él tiene todo el poder para hacer cumplir todo lo que él ha prometido, y él tiene también la disposición de bendecir a aquellos que han depositado su fe en él. Y mientras más confianza y fe depositas en él, más en disposición está Dios de bendecirte. Y mientras más le conoces, más quieres creer en ese Dios, más convencido estás en que tienes un Dios de promesas, que sus promesas se cumplirán. Si no se cumplen en tu vida, se cumplirán después.
Recuerda el registro de los hombres y las mujeres en el libro de Hebreos capítulo 11. Ninguno de ellos recibió ni una sola de las promesas. Sin embargo, debido a su fe inquebrantable en el Dios de promesas inquebrantables, el texto dice que ellos vieron las promesas de lejos para recibirlas después, y las saludaron como si las hubieran recibido. ¡Wow! Esta gente estaba viviendo de este lado de la gloria. Dijeron: "Ok, estamos a punto de morir, no hemos recibido la promesa, pero yo estoy viendo para allá arriba y las promesas están allá esperando que yo llegue para cumplirse." De manera que desde aquí las vamos a saludar, porque tenemos seguridad de que el Dios que prometió es el Dios que entregará. Y ese es el Dios que tú tienes.
Y esa es la vida cristiana, hermanos. Esa es la vida que tú y yo necesitamos vivir. Esa es la vida que complace a Dios. Sin fe es imposible complacer a Dios. Una vida digna de su llamado, que es el tema de IBI Casa este año, es una vida que está completamente confiada en la fidelidad de Dios, en la benevolencia de Dios, en la gracia de Dios, en el amor de Dios, en el poder de Dios. Y como vive confiado en ese Dios, como ha valorado tanto a ese Dios, él entonces ahora toma su salvación y la cuida con temor y temblor, de manera que él quiere vivir a la misma altura del llamado que recibió. Dios me dio un llamado de este alto, yo quiero ir a esta altura. Es un llamado a vivir en santidad en toda nuestra manera de vivir, dice Pedro.
Y esa persona está agradecida a ese Dios. Él obra, pero no para ganar su salvación. Él obra para honrar la salvación que recibió. Él obra para poder honrar el nombre de Dios, para exaltar el nombre de Dios, para proclamar la salvación de Dios, para que otros lleguen a creer. Él obra porque él está tan agradecido del Dios que le salvó, que lo menos que él puede hacer es vivir para él que murió por él. Esa es la vida que tú y yo tenemos que vivir. Ese es el llamado que Dios nos ha hecho. Nada por debajo de eso le va a honrar, en nada. Nada por debajo de eso le va a honrar. Cualquier otra cosa por debajo de ahí le va a deshonrar, y Dios no se complace en su deshonra. Otros tienen que ver el poder del satisfacer que transforma a un hombre y una mujer, que no luce ni cerca de lo que ese hombre o esa mujer era en su estado de inconversión.
Padre, gracias. Gracias por tu satisfacer. Tu satisfacer es poder, y es poder porque tu satisfacer representa tu poder. Señor, gracias porque, como dijimos al principio, al hojear la Biblia es la historia de un Dios fiel a hombres y mujeres infieles. La Biblia es la historia de un Dios que ha hecho promesas, que ha entregado dichas promesas y que está esperando para seguir entregando todas y cada una de las promesas que tú has hecho.
Señor, si esta mañana alguien fue ilustrado, fue instruido y fue convencido acerca de la necesidad de su salvación en el nombre de Cristo, yo te pido, por tu misericordia, Dios, que tu Espíritu pueda convencer a esa persona para que pueda ir adelante de ti en este momento, y en sus propias palabras pueda decir: "Señor, perdóname como hombre o mujer pecador, pecadora que soy. He transgredido tu ley, pero yo reconozco que hay un Salvador. Yo reconozco que soy un gran pecador, pero Cristo es un mayor Salvador. Yo te pido que me perdones. No tengo ningún mérito, ninguna razón, ninguna justificación para mis pecados. Yo solamente tengo una fe de que tú puedes perdonarme, que tú puedes limpiarme, Dios. Y yo creo que la sangre que Cristo derramó puede limpiarme. Y yo creo, Dios, que una vez soy limpio, seré limpio para siempre, y que tú envías tu Espíritu a morar en mí para empoderarme a vivir una vida digna de tu llamado."
"Señor, yo te confieso hoy como lo que tú eres: tú eres Dios, Señor de cielo y tierra, tú eres Señor y juez de todo lo que se mueve, pero tú eres Redentor, tú eres Redentor del pecador que viene con corazón contrito y humillado. Gracias por lavar mi culpa. Señor, yo creo en tus promesas. Tú eres un Dios de pacto, tú has hecho un pacto, tú permaneces fiel a tu pacto. Ayúdame ahora a contarle a otros la historia que yo he conocido en tu Palabra y en mi propia vida, en Cristo Jesús. Amén, amén."
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