Integridad y Sabiduria
Sermones

Sola gratia (solo por gracia)

Héctor Salcedo 12 octubre, 2008

La creencia popular sostiene que la gente buena va al cielo, pero nadie puede responder cuán bueno hay que ser para lograrlo. Jesús mismo desafió esta idea en la parábola del fariseo y el publicano: el hombre religioso que enumeraba sus virtudes no fue justificado, mientras que el recaudador de impuestos que solo pudo clamar "Dios, ten piedad de mí, pecador" descendió a su casa perdonado. La salvación no depende de nuestra bondad, sino de la gracia de Dios.

Tito 3 describe nuestra condición antes de Cristo con palabras que no dejan espacio para el orgullo: necios, desobedientes, extraviados, esclavos de placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros. El hombre moderno, como señala J.I. Packer, se evalúa con ligereza, convencido de que sus "pecadillos" no pesan tanto y que, en general, es un buen tipo. Pero el veredicto divino es otro. En esa condición, ningún esfuerzo humano puede alcanzar el favor de Dios.

Sin embargo, el texto continúa con un "pero" decisivo: "Pero cuando se manifestó la bondad de Dios y su amor hacia la humanidad, él nos salvó". No por obras de justicia que hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia. Como ilustraba Jeremy Taylor al ver a un borracho en las calles de Londres: "De no haber sido por la gracia de Dios, he ahí Jeremy Taylor vilmente postrado". La gracia no es barata —costó la vida del Hijo de Dios—, pero es gratuita para quien la recibe. Y su resultado es asombroso: no solo escapamos de la condenación, sino que somos hechos herederos junto con Cristo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

En el día de hoy yo quisiera entonces presentar, discutir y estudiar con ustedes lo que fue la sola gracia, lo que es solo la gracia. Es la verdad de que solamente por la gracia, por el favor inmerecido de Dios, nosotros recibimos salvación a través del sacrificio de Jesucristo. Y ese es un debate que tiene muchos años. El debate de cómo me salvo, cómo llego al cielo, es un debate que tiene muchos años, y el común denominador entre mucha gente es que la gente entiende hoy en día que la gente buena va al cielo. Eso como que es un vox populi, es algo común. Yo creo que si hacemos una encuesta en la calle y hacemos esa pregunta: "¿Tú crees que la gente buena va al cielo?", la mayoría de la gente diría: "Sí, claro". Eso como que es algo que mucha gente cree.

Y lo increíble de esto es que gente inteligente, educada, pensante, cree en esta verdad que no tiene ninguna prueba. Porque ¿quién nos garantiza a nosotros que la gente buena va al cielo? ¿Usted ha conocido algún bueno que haya ido y venido del cielo y le haya dicho: "Sí, yo fui y allá estoy"? No, es una fe, es una fe y una idea de que si nos portamos bien, si soy un buen hijo, un buen padre, un buen esposo, un buen ciudadano, un buen empleado, un buen jefe, en general yo voy al cielo, o Dios tiene el deber de darme entrada en Su presencia por esa vida que yo lleve.

Y la lógica que la gente sigue es la siguiente, oigan la lógica: bueno, existe un Dios bueno en algún lugar bueno reservado para gente buena. Ese es como la lógica: existe un Dios bueno en un lugar bueno reservado para gente buena. Ese Dios adopta muchos nombres, y de hecho todas las religiones conducen a ese Dios bueno que está en ese lugar bueno. Y no importa lo que yo crea, siempre y cuando yo sea sincero, siempre y cuando yo sea honesto conmigo mismo y con mis creencias, ese Dios, independientemente de cómo le llame e independientemente del movimiento en el cual yo me encuentre, yo voy a llegar al cielo de alguna manera.

El problema bajo esa lógica es que nadie realmente, nadie puede estar completamente seguro de que haciendo eso llega al cielo. Porque yo le hago la siguiente pregunta. La primera era: "¿Tú crees que la gente buena va al cielo?" "Sí, claro". Ahora la segunda pregunta: "¿Qué tan bueno hay que ser?" "Bueno, eso depende". O sea que nadie tiene la forma de llegar al cielo humanamente hablando, llegar a la presencia de Dios humanamente hablando. Nadie me puede decir qué tan bueno debo ser, qué tan recto debo ser para llegar a la presencia de Dios.

Y ese es el debate, digamos, en términos populares. Pero ese debate viene desde Jesús y los fariseos. En Lucas 18 aparece el siguiente pasaje, la siguiente parábola, donde Jesús dice lo siguiente: "Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo y el otro era recaudador de impuestos. El fariseo, puesto de pie, oraba para sí de esta manera: 'Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun soy como este recaudador de impuestos que estaba al lado de él. Yo ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todo lo que gano'". Hombre bueno. "Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: 'Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador'".

Ahora, el veredicto de Jesús de quién fue al cielo: "Os digo que este recaudador descendió a su casa justificado, pero aquel no. Porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado". El bueno no fue, a los ojos de Jesús. Pero eso choca con la creencia popular de que el bueno va, porque no es mi bondad la que me lleva. Y ahorita vamos a ver qué es lo que me lleva a la presencia de Dios.

Este debate no se quedó ahí. Pablo, en la carta a los Gálatas, tiene debate con los gálatas precisamente por eso, porque los gálatas comenzaron a creer, luego de que habían creído en la obra redentora de Jesucristo, comenzaron a creer que ellos tenían que hacer ciertos ritos judíos para poder llegar a la presencia de Dios. Y Pablo los confronta y les dice: "Gálatas, qué rápido ustedes se han desviado del evangelio que yo les prediqué y han creído otro evangelio". Y él agrega, eso en el capítulo 1: "No es que haya otro evangelio, pero hay algunos que os perturban y quieren distorsionar el evangelio de Jesucristo". Los gálatas habían comenzado a pensar que la salvación era por lo que yo hacía, habían comenzado a pensar que la gente buena llegaba al cielo. Y Pablo los confronta y les dice que ustedes están muy perdidos, gálatas. Les dice insensatos incluso por la creencia que tenían.

Eso no se quedó ahí. Siguió hasta el siglo V, hubo un debate en torno a eso, y el debate fue coronado con la discusión de dos grandes figuras del cristianismo en ese momento. Por un lado, como dicen, en esta esquina Pelagio, en esta esquina Agustín. En el siglo V aproximadamente, Pelagio decía: el hombre, aunque es malo y pecador, es cierto, la Biblia dice eso, el hombre tiene la capacidad para escoger lo bueno y escoger a Dios. El hombre puede decidir vivir de una manera ejemplar siguiendo el ejemplo de Jesucristo. Pero si el hombre sigue el ejemplo de Adán, que pecó, se va a condenar. Pelagio planteaba que el hombre nace moralmente neutro, ni malo ni bueno. Todo va a depender de lo que yo haga a partir de ahí, y eso va a determinar a dónde yo voy. En un sentido, la gente buena va al cielo; esa es otra forma de decirlo, un poquito más estructurada.

Agustín le contestó y le dijo: "No. Cuando yo me voy a las Escrituras, yo me doy cuenta que yo nazco en pecado. Yo no nazco moralmente neutro. El hombre nace afectado por el pecado e inclinado a hacer lo malo. Por lo tanto, a menos que Dios intervenga en esa condición, el hombre terminará haciendo pecado y terminará condenándose". De hecho, Agustín planteaba que el hombre nace condenado, como la Biblia plantea. Cristo dice que el hombre nace condenado por el pecado que hay en nosotros. Y ¿de dónde viene ese pecado? ¿Cuándo fue puesto ahí? Bueno, está en nuestra simiente, está en nuestra naturaleza, hemos heredado el pecado.

Y esa discusión de Pelagio y Agustín pasó el tiempo. Y en la medida que pasaba el tiempo, la gente, la iglesia, aunque estaba más inclinada al lado de Agustín de que el hombre nace pecador, en la práctica la iglesia comenzó a exigir que la gente hiciera ciertas cosas para ser salvo, que la gente hiciera ciertas tareas, ciertas actividades, ciertos sacramentos, ciertas cosas para poder ganarse el cielo.

Y entonces llegó la época de la Reforma, donde ahora en esta esquina Erasmo de Rotterdam y en esta otra esquina Martín Lutero comenzaron a discutir sobre el mismo punto. Erasmo planteaba lo mismo de Pelagio: el hombre nace neutro moralmente, el hombre nace con una condición que le permite ser bueno si él lo desea. Martín Lutero decía no, y escribió un libro que se llamó "The Bondage of the Will", que es "La esclavitud de la voluntad". Ese libro fue una respuesta a Erasmo, diciéndole: la voluntad, bíblicamente, la voluntad tuya y mía, del hombre, está esclavizada al pecado. A menos que Dios intervenga y salve al hombre, el hombre se condena. Esa era la discusión entre Martín Lutero y Erasmo.

Y con ese contexto histórico, porque ese es el contexto que teníamos en la Reforma, y eso fue lo que Martín Lutero rechazó. Aunque la iglesia universal o católica en ese momento, su doctrina oficial era que la salvación era por gracia, para lograr esa gracia se necesitaban ciertas cosas. Entonces no era por total gracia, porque si yo tengo que hacer algo para ganarme la gracia, no es gracia. Es pago. La gracia es un regalo, no es algo que yo merezco o tengo por lo que hago. Y esa era la discusión.

Y entonces yo quiero preguntarme ahora: ¿qué es lo que la Biblia dice acerca de esta discusión? ¿Qué es lo que la Biblia establece? Y para eso vamos a leer Tito 3. Porque aparte del contexto histórico y aparte de las discusiones históricas, queremos ver qué es lo que la Biblia establece acerca de este punto.

Tito 3, versículo 3, dice así: "Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y Su amor hacia la humanidad, Él nos salvó. No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo, que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que, justificados por Su gracia, fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna".

Ese pasaje tiene por lo menos siete aspectos de la gracia que yo quiero revisar. Ahorita vamos a ir detallando dónde se encuentra cada uno de estos aspectos. En primer lugar, la necesidad de la gracia. En segundo lugar, el motivo de la gracia. En tercer lugar, el resultado de la gracia. En cuarto lugar, la suficiencia de la gracia. En quinto lugar, el proceso de aplicación de la gracia. En sexto lugar, el costo de la gracia. Y en número siete y último, el beneficio de la gracia. Todo eso está en esos cuatro versículos.

Y antes de continuar hablando de gracia, gracia la voy a definir como la Biblia la define: es el favor inmerecido de Dios por los pecadores. ¡Ah! Eso es por los pecadores, por los que están afuera, por nosotros, nosotros los pecadores. Es el favor inmerecido de Dios por nosotros los pecadores. Esto es gracia. Dios nos da algo que no merecemos.

Y definiendo eso entonces, vayamos al primer punto, a la primera verdad que encontramos aquí: la necesidad de la gracia. ¿Por qué es necesario que el hombre sea salvo por gracia? ¿Por qué yo no me puedo ganar el cielo? ¿Quién ha dicho que yo no me lo puedo ganar? En el versículo 3 Pablo dice lo siguiente.

Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de leyes y pasiones diversas, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros. Fíjense que Pablo comienza diciendo "nosotros éramos así". Mi condición antes de venir a Jesucristo era esa.

A diferencia de muchas otras listas de pecados que Pablo da en algunas de sus cartas, hay diversas listas donde Pablo describe al hombre no regenerado, al no cristiano, y lo define como hombres impetuosos, desobedientes a los padres, salvajes, describiendo al hombre sin Jesucristo. En este caso, Pablo se incluye en la lista y dice: "Nosotros en otro tiempo éramos así", como él está describiendo. Y ahí pasa a describir entonces cómo él era.

Y la gran verdad detrás de estos versículos es lo que nos dice Romanos 3:23: todos hemos pecado y todos estamos destituidos de la gloria de Dios. No alcanzamos ninguno, por más bueno que yo sea, la condición que se requiere para yo ganarme el cielo. Solo un acto de gracia de parte de Dios puede hacer eso posible.

Pero fíjense lo que sucede. Como dice J. I. Packer en su libro "El conocimiento del Dios Santo", y me impactó este párrafo, oigan lo que él dice: "El hombre moderno, en la esfera de lo moral, se trata a sí mismo de una manera decididamente amable, estimando que sus pequeñas virtudes compensan sus grandes vicios. Él está convencido, el hombre moderno está convencido de que, a pesar de todos sus pecadillos —entre comillas—, la bebida, los juegos de azar, el conducir de manera irresponsable, la holgazanería, las mentiras piadosas y las otras mentiras, la deshonestidad en el trabajo y en el comercio, las lecturas pornográficas y todo lo demás, independientemente de eso, él es un buen tipo". Eso es lo que piensa el hombre moderno. El hombre moderno es sumamente ligero al autoevaluarse moralmente.

Y todas estas cosas las consideramos pecadillos y pensamos que Dios tiene que hacerse de la vista gorda de todas estas cosas en mi vida. Y que si yo no le hago mal a nadie y yo cumplo mi tarea en general, no importan estas cositas, Dios es un Dios de gracia y de perdón. Así abusamos la doctrina, así abusamos la revelación de Dios de que Dios es un Dios de gracia y de perdón, y que por lo tanto podemos obtener acceso a la presencia de Dios.

Pero eso no es lo que Pablo dice. Pablo nos describe de una manera muy, muy aguda. El primer término que usa es que en otro tiempo éramos necios. En otra traducción, la Reina-Valera dice "insensatos". Y el significado de esa palabra es que éramos ignorantes, no conocíamos las verdades principales del Evangelio, no sabíamos que era Dios el que nos salvaba. Éramos ignorantes. Por más educación que una persona tenga, hermanos, es posible que él ignore que la salvación es por gracia a través de Jesucristo. Esto no se logra con capacidad intelectual, es una gracia de Dios el yo poder entender esa verdad.

Y la primera descripción que Pablo dice era que éramos necios. Pero no se queda ahí. Siendo ignorantes, siendo necios, dice éramos desobedientes. Así me ve Dios antes de yo venir a sus pies, antes de yo hacer a Cristo mi Señor y mi Salvador. Así me ve Dios: como un desobediente. Pero yo no, yo no hago las cosas por desobedecer a Dios. Sí, lo que pasa es que el pecado está tan adentro de tu naturaleza que tú pecas sin saberlo, tú desobedeces a Dios sin saberlo. Es como el pez en el agua: él nada y él no sabe que está en el agua, ese es su ambiente. El pecado es nuestro ambiente, nuestra condición natural. No nos extraña que pequemos. Por lo tanto, no nos vemos tan malos y no nos vemos tan desobedientes, pero el veredicto de Dios es que somos necios, desobedientes.

Número tres: extraviados. Estamos perdidos, perdidos en nuestra desobediencia, en nuestra necedad. Romanos 3:11 lo dice de la manera siguiente: "Todos nos hemos desviado". E Isaías 53 dice lo mismo, porque Romanos 3:11 cita ahí Isaías 53: "Todos nos hemos desviado, a una nos hemos hecho inútiles para Dios". Inútiles por nuestra condición.

Pero ahí no se queda la descripción de Pablo: necios, desobedientes, perdidos, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos. O sea, estando en mi condición de no redimido, de no salvo, de no cristiano, de no creyente, en esta condición yo soy descrito como esclavo. ¿Y de qué? De deleites y placeres diversos que me arrastran a hacer cosas pecaminosas, y que a veces quisiera tener la fuerza de voluntad para no hacerlas, pero soy esclavo de placeres y de deleites diversos.

No se queda ahí, sigue describiendo. Dice que vivimos en malicia, literalmente viviendo en malicia. Y el significado de esa expresión es que lo que piensa, la manera cotidiana de vivir del no creyente, es que él maquina lo que para Dios es malo. Para nosotros no lo es, pero para Dios es malo el pensamiento del ser humano. En Génesis 6 hay un versículo que dice, bien al principio de la creación, un poquito antes del diluvio, que Dios vio a la tierra y se dio cuenta de que la condición del ser humano era hacer siempre, constantemente, solamente el mal. Así mismo, valga la redundancia, así ve Dios la vida: siempre, constantemente y solamente el mal. Y a veces nosotros pensamos que es la condición de la gente antes del diluvio. Es la condición mía, es la condición del hombre en pecado. El hombre en pecado maquina, piensa, planifica hacer lo que para Dios es malo. Vive en malicia.

Y hay dos términos últimos que describen nuestra condición: vivimos en envidia y somos aborrecibles, odiándonos unos a otros. Envidia es la condición que me hace desear lo que el otro tiene, o más bien, no me siento contento o feliz o satisfecho con lo que el otro tiene, yo lo quiero para mí. La envidia se liga con la codicia. Y esa insatisfacción, esa falta de contentamiento con lo que yo tengo, me hace ser una persona odiosa. Y así concluye el pasaje, por lo menos ese primer versículo: somos aborrecibles, odiándonos unos a otros.

La característica fundamental del ser humano hoy en día en su trato con el otro es el odio. Fíjense en los conflictos, fíjense en las guerras, fíjense en los hogares, la violencia familiar. No solamente la que se declara en la fiscalía, la que no se declara. Hombres y mujeres ofendiéndose constantemente, hacer algo porque el otro me hizo algo. Y aunque no lo agredimos físicamente, hay una agresión, una acción con que le agredo. Padres agrediendo a los hijos, hijos que no soportan a sus padres, adolescentes que no quieren que sus padres entren a sus habitaciones, y niños que no quieren que sus padres les digan qué hacer. Niños de un año. Tengo un niño de un año y medio, no quiere que yo le diga lo que tiene que hacer. ¡Un año y medio! La característica fundamental, hermanos, del trato entre el uno y el otro es el odio.

Y no hablemos del tránsito, no hablemos de la delincuencia, no hablemos de nada de eso que es evidente, pero la de las cosas que no son tan evidentes pero que son normales entre nosotros. En esa condición, hermanos, en esa condición: necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia, envidia, aborrecibles, odiosos y odiándonos unos a otros. A pesar de todo eso, está muy bien, no. Esa es la condición. Por eso es que la gracia es necesaria. Por eso es que en esa condición yo no puedo llegar al cielo, yo no puedo hacer nada que me gane el favor de Dios. Yo puedo pensar que sí, pero la Biblia, la Palabra de Dios, me dice: "No. De forma que tú intentes, no lo puedes hacer". Esa era mi condición antes de ser encontrado por Dios.

Entender eso me coloca en una posición sumamente importante. Entender mi condición hace que no solamente yo entienda la necesidad de la gracia, sino que yo desee la gracia de Dios. Cuando yo entiendo claramente cuál es mi condición, yo digo: "¡Ay, Señor, sálvame! ¡Sálvame, Señor, porque yo no puedo!". Y por eso es extremadamente importante que nosotros captemos lo que la Biblia dice acerca de nosotros mismos.

Una historia de Jeremy Taylor: un misionero estaba caminando con un compañero en las calles de Londres y se encuentran un borracho. Y al verlo, el compañero dice algo despectivo del borracho, le dice algo al borracho así como despreciablemente. Y Jeremy Taylor se queda viéndolo, se queda viéndolo fijamente y dice lo siguiente: "De no haber sido por la gracia de Dios, he ahí a Jeremy Taylor vilmente postrado". De no haber sido porque Dios intervino en mi vida, he ahí a Jeremy Taylor, dijo él. Y a veces nosotros pensamos: "Bueno, eso es un poco extremista". Bueno, quizás no estaríamos postrados borrachos, pero estaríamos desorientados, persiguiendo lo material, persiguiendo lo temporal, esclavos de la sensualidad de nuestra época, esclavos de los placeres ligeros de nuestra época. Estaríamos así, porque así el hombre vive y no se da cuenta que él está totalmente perdido.

La necesidad de la gracia, hermanos. La gracia es necesaria por mi condición, por tu condición. A menos que sea Dios que nos la regale, nosotros no la podemos ganar o tener. Mi condición mala lo impide, mi inclinación natural lo impide.

El segundo aspecto que está aquí, en el versículo 4, es el motivo de la gracia. Ok, yo entendí perfecto cuál es mi condición, pero ¿por qué Dios da su gracia a seres que están en esa condición? ¿Cuál es la razón que lo mueve? ¿Qué es lo que lo motiva? Dice el versículo 4: "Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor hacia la humanidad". En otras palabras, no es mi condición, ni mi belleza, ni lo bueno que yo soy, ni lo bonito que me veo, que me gana el favor de Dios. La gracia de la salvación es simplemente una manifestación de la bondad y el amor de Dios por la humanidad. Solamente eso.

Para mí me gusta mucho que fíjense que ese versículo comienza con un "pero". "Pero Dios", o más bien, "pero cuando se manifestó la bondad de Dios". Se parece al "pero" que está en Romanos 8 versículo 1.

Cuando nosotros vamos a Romanos 8 versículo 1, nosotros sabemos que Romanos del capítulo 1 al 7 es una descripción de la condición humana, de lo depravado que yo estoy en mi pecado. Pero el capítulo 8 comienza diciendo: "Pero los que están en Cristo Jesús no tienen condenación." Es decir, ese "pero" implica, ese "pero" aquí en este pasaje implica "a pesar de eso." A pesar de tu condición y de mi condición de ser aborrecible, de ser envidioso, de ser esclavo de placeres diversos, a pesar de eso Dios manifestó su bondad y su amor por nosotros.

Eso es un "pero" sumamente importante, porque Dios no tomó en cuenta mi condición para darme su gracia. Ese es el "pero," lo que significa el "pero" ahí. Si hubiese sido mi condición lo que inspira a Dios, ustedes saben qué palabra hubiese estado ahí: "por lo tanto." Porque yo soy bueno y recto y virtuoso y demás, por lo tanto Dios manifestó... No, "pero." Pero Dios manifestó su amor y su bondad para con los hombres. Eso fue lo que motivó a Dios para darnos su gracia. No fue lo que yo hice, no es lo que yo soy.

Esa es la razón por la cual la gracia de Dios, una vez otorgada, no es quitada. Es la razón por la que nosotros, los que hemos recibido su gracia, estamos seguros en su mano hasta que Él nos lleve a su presencia. Yo no tengo dudas, hermanos. Si a mí me preguntan cómo se llega al cielo, yo respondo las dos preguntas aquí. Es el principio: ¿cómo se llega al cielo? Creyendo, confiando en el sacrificio redentor de Jesucristo. ¿Y qué tanto hay que creer? Completamente. Y tú llegas al cielo, absolutamente estás en la presencia de Dios, ya a los ojos de Dios. La Biblia sí me da seguridad de cómo llegar a la presencia de Dios.

Eso fue lo que motivó a Dios. La palabra "amor" aquí en este pasaje, en el original, es filantropía. Filantropía, de donde es una combinación de fileo y antropos, que significa afecto por los hombres. Y un afecto que muchas veces está relacionado con querer aliviar el dolor del otro, y ahí es que viene la palabra filantropía nuestra en el castellano. El filántropo pasa a ser aquella persona que dona sus recursos, dona su tiempo para que el otro no pase trabajo.

Dios en este sentido ha sido filántropo. Pero ¿cuál es el beneficio del filántropo? Bueno, humanamente hablando, lo tiene: imagen, la gente lo admira, y eso es parte de un valor. Pero ¿qué obtiene Dios de ayudarme a mí? ¿Qué yo le doy a Dios? ¿Qué recibe Él de otorgarme su gracia? Nada. Él está completo en sí mismo. Su filantropía es la de la buena, la genuina, la que no busca el interés personal. Dios ha sido en ese sentido un filántropo.

Fíjense cómo lo dice Efesios 2, exactamente el mismo principio. Efesios 2 versículo 4: "Pero Dios," otra vez el "pero," "que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia habéis sido salvados."

Pero Dios, aun estando yo muerto en mis delitos y pecados, Él me dio vida con Cristo por su gracia. Por su gracia, que no tiene ningún objetivo último que no sea el beneficio de la criatura, mío, por su amor por mí.

Ese es el segundo aspecto que está en ese pasaje. El primero es la necesidad de la gracia: la gracia es necesaria, hermanos; de lo contrario todos estaríamos condenados. Número dos: la motivación de la gracia fue el puro afecto y amor y bondad de Dios por los hombres. Número tres: ¿cuál es el resultado de esa gracia? ¿Qué ha resultado cuando Dios aplica su gracia a mi vida? Es en el versículo 5, bien cortito, tres palabras voy a leer: Él nos salvó.

Al aplicar su amor, al aplicar su bondad hacia los hombres, lo que dice el versículo 5 es: Él nos salvó. Increíble. La salvación ha sido completa. No es casualidad, hermanos, que está en pasado. Ya Dios nos salvó. Es un evento pasado para aquellos que hemos puesto nuestra fe en Jesucristo. Es un evento pasado, es una realidad completada. No es "Dios me está salvando," no es "Dios me salvará por su amor y su misericordia." No. Aquellos que hemos puesto nuestra fe en Jesucristo y en su sacrificio, Él nos salvó. Pasado. Está hecho, completado.

En ese sentido, la salvación no solamente nos evita el pago por el pecado, o sea, no solamente nos evita el infierno. Esa es parte de lo que la salvación hace. No, la salvación y la gracia van más allá. No solamente me saca del infierno, sino que me coloca en la gloria misma de Dios.

Aparte de ese resultado de la gracia, ¿cuál es entonces? La gracia es suficiente. Y ese es el otro aspecto que vamos a ver en este pasaje: la suficiencia de la gracia. Tito 3:5, ahí mismo continúa en la segunda parte de ese versículo: "Él nos salvó." Ahora mire la aclaración de Pablo: "No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia."

No por obras de justicia. Ya él ha dicho lo suficientemente claro que la salvación es por la gracia de Dios, pero por si a alguien se le pasó: no es por nada que tú hagas. Y fíjense que pone, y hace la salvedad: no es por obras de justicia que tú hagas. Es decir, aunque tus obras sean buenas, aunque tus obras sean justas, no es por eso que Dios te salva. Nosotros sabemos de Efesios 2:10 que la Palabra nos dice que hemos sido salvos para hacer buenas obras. Es decir, Dios no nos salva por causa de las obras que hacemos, pero Él nos salva para que hagamos buenas obras. Si ese es el objetivo último: que le glorifiquemos, que le adoremos, que hagamos las buenas obras que Él ha preparado para nosotros. Pero en este caso Pablo aclara: no es por nada que tú hayas hecho.

Romanos 3:24 lo dice de la manera siguiente: "Siendo justificados gratuitamente por su gracia." No hay nada que hacer, hermanos. La obra está completada, terminada. La palabra de Jesús en la cruz fue: "Consumado es." Consumado es. La salvación se obtiene por la fe en Jesucristo y se recibe por causa de la gracia de Dios hacia nosotros. Punto. No me la gano, no la merezco, no es un pago que Dios me da, no es un premio que Dios me da. Es un regalo que Él me da, es una gracia, es un regalo que Él me da gratuitamente.

Si es gratuito, como dice Romanos 3:24, si es gratis, hermanos, ¿cómo tú obtienes algo gratis? Si es gratis, usted se presenta en el mostrador y dice: "Dénmelo, es mío." Es gratis. La Palabra no puede ser más explícita en este punto. Hebreos 10 habla de lo completo del sacrificio y dice en el versículo 14: "Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados." Está completa la obra, está completa. Entonces la gracia es suficiente, hermanos.

Yo no voy a hablar porque quizás algunos pudieran pensar: "Entonces yo voy, me presento, pido lo que es mío, y entonces hago lo que yo quiera." No. El que ha recibido la gracia de Dios no actúa así, no hace eso. Porque una vez recibida la gracia y entendida la gracia, yo ahora quiero vivir postrado ante el dador de esa gracia. De lo contrario no la he entendido. La gracia transforma mi corazón en un corazón agradecido al que me dio esa gracia. Y el que piensa que puede venir y decirle a Dios: "Dame lo mío, tengo la gracia, y vivo como quiera," no ha entendido la gracia de Dios.

El segundo aspecto que está en este pasaje es cómo aplica Dios esa gracia. ¿Cuál es el proceso de aplicación de la gracia? Es en la segunda parte del versículo 5: "Por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo." Esos dos términos, el término regeneración y lavamiento, están íntimamente relacionados con el trabajo del Espíritu Santo en nuestras vidas.

La regeneración, hermanos, que Pablo la describe en otro pasaje, pero la regeneración es la acción de Dios aun antes de que nosotros creamos. Dios abre mis ojos para que yo pueda entender su Evangelio. La vida nueva, el nuevo nacimiento, como Cristo le describió a Nicodemo en Juan 3. Nicodemo le dijo: "Señor, ¿qué es necesario para ser salvo?" Y Cristo le dijo: "Bueno, es necesario que nazcas del agua y del Espíritu para ser salvo." Y: "¿Cómo puede un hombre..." Perdón: "Que nazcas de nuevo." "¿Y cómo puede un hombre nacer de nuevo siendo viejo? ¿Cómo puedo yo entrar en el vientre de mi madre?"

Cristo no estaba hablando en términos físicos sino en términos espirituales. "¿Cómo puedo yo entrar en el vientre?" Cristo dice: "No, no, no, no. Tú eres maestro," le dice él, "¿y tú no entiendes esto? Tú eres un profesor de la ley, ¿tú no entiendes que aun en el Antiguo Testamento la salvación era por gracia?" El salmista decía: "Bienaventurado el hombre cuyos pecados Dios ha quitado." Dios ha quitado. Dios perdona por gracia. Él es un Dios lento para la ira, amplio en misericordia.

Entonces, ¿qué pasa? Cristo le responde a Nicodemo y dice: "Mira, el que nace de nuevo es como el viento." Como el viento. Sí, el viento tú lo sientes, pero tú no sabes de dónde viene y para dónde va. Así mismo es el que es nacido de nuevo. De hecho, ese término "nacer de nuevo" en el original significa nacer de lo alto, nacer de arriba. Al que Dios le da el nuevo nacimiento, al que Dios regenera, ese es algo... Esa es la regeneración: nacer de lo alto. Esto hace lo que decía Ezequiel: cambia el corazón de piedra que yo tengo y pone, coloca un corazón de carne. Un corazón que siente, que percibe las cosas de Dios, cosa que yo no podía hacer antes cuando no tenía al Espíritu en mi corazón.

Pero además de eso, además de la regeneración, se produce una renovación por el Espíritu Santo. Claro, una vez que Dios me regenera, me abre los ojos, y al abrirme los ojos yo entiendo mi condición, entiendo su Evangelio, y ahora yo quiero ser parte de eso y acepto su regalo. Ahora Él comienza a renovar mi vida, a santificar mi vida a través del Espíritu Santo. Yo soy cada vez más santo. De gloria en gloria, decía Pablo, de gloria en gloria voy, cada vez más santo.

Ambos aspectos, hermanos. Así que Él aplica su gracia como en el corazón, como el viento, que tú no sabes de dónde viene ni para dónde va, pero Él lo aplica. Ahí entonces, ¿cómo yo lo quiero, cómo lo tengo? Si tú lo quieres es porque ya Dios te ha abierto los ojos, porque nadie puede querer la gracia de Dios en estos términos, a menos que Dios le haya ayudado a desearla.

Ahora bien, el sexto aspecto fundamental es el costo de esa gracia, porque puede parecer que yo estoy predicando una gracia barata. Esto es algo sencillo, hermano, esto es algo que no costó. No, el costo de la gracia está en el versículo 6, que Él derramó sobre nosotros abundantemente, hablando del Espíritu. Pero, ¿qué dice? Por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Dios debe aplicar una diferencia entre indulto y lo que Dios ha hecho con nosotros. Dios pudo haber ignorado el pecado del ser humano, ignorado, lo pasa por alto, se hace de la vista gorda y dice: "Mi amor y mi misericordia lo ignoran." Pero eso hubiese contradicho la justicia de Dios, porque Dios dijo que el pecado debe ser pagado. La paga del pecado es muerte, dice la Palabra de Dios. Eso es un principio moral de la deidad. Por lo tanto, el pecado no puede ser ignorado, el pecado tiene que ser pagado.

Cuando Dios nos da su gracia, Él no pasa por alto mis pecados. No, Él los carga en la cruz. Ya Él los pagó. Por eso el sufrimiento de Jesucristo tuvo que ser tan significativo, tan abrumador, porque Cristo murió por el peor de los pecadores. Cuando un pecador, un violador, un asesino, quizás como aquellos que podemos imaginar con el peor de los pecados, le pide perdón a Dios, Dios le dice: "Te perdono." Pero esa transacción es posible gracias a que su Hijo pagó por ese individuo. Entonces, tú ves, no es una gracia barata, es una gracia costosa, pero es gratis para nosotros, pero costosa para Dios. Le costó al Hijo Santo y eterno de Dios su vida, nada más y nada menos, su vida.

Oigan cómo lo describe Charles Spurgeon en un mensaje que él da acerca de la gracia de Dios. Esto es como una especie de descripción que hace de sí mismo, y él dice: "Aquí estoy yo, el pecador." Y él comienza a decir ahí cómo se aplica esta gracia. "Aquí estoy yo, el pecador. Yo me refiero a mí mismo como representándolos a todos ustedes." O sea, pónganse en ese lugar de ese pecador, ahí están ustedes, el pecador. "Estoy condenado a muerte. Y Dios dice: 'Voy a condenar a este hombre, debo, quiero y lo voy a castigar por mi justicia.' Cristo interviene y me hace a un lado y se pone en mi lugar. Cuando se pide que el reo diga cómo se declara, Cristo dice: 'Culpable soy', y hace que mi culpa sea suya. Cuando se va a aplicar el castigo, cuando se va a castigar al pecador, al culpable, Cristo se presenta y le dice al Padre: 'Castígame a mí. He puesto mi justicia en ese hombre, y yo he tomado sobre mí los pecados de ese hombre. Padre, castígame a mí, y considera a ese hombre como si fuera yo. Deja que él reine en el cielo, y que yo sufra sus miserias. Deja que yo soporte su maldición y que él reciba mi bendición.'"

Eso es lo que Cristo hace. Él ha soportado mis miserias, mi culpa, mi pecado. La forma en que Dios salva a un pecador no es como muchos dicen, decía Spurgeon, ignorando el castigo. No, el castigo ha sido cumplido y completo. La forma como Dios perdona al pecador es colocando a un inocente en su lugar. En el momento que una persona cree en Jesucristo, firmemente, confiadamente, y cree en lo que Cristo hizo en la cruz, en ese momento deja de ser considerado un culpable desde la perspectiva de Dios. Y es más, no solamente deja de ser considerado culpable, se vuelve meritorio, se vuelve merecedor del cielo. No solamente deja de ser culpable, sino que se vuelve merecedor de algo bueno.

Y por último entonces, ¿qué es lo que produce todo esto? Número siete, Tito 3:7, el beneficio de la gracia. Miren el beneficio de la gracia: "Para que, justificados por su gracia, fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna." ¡Wow! ¿De qué? De haber sido completado todo ese proceso, de haber sido aplicada su gracia a través de regenerarme y renovarme. Dios ahora me da una herencia junto con Cristo. Si eso no es gracia, yo no sé lo que es eso. Si eso no es bondad, filantropía, yo no sé qué es eso. El puro afecto de su amor, sin necesitarnos a nosotros, sin nosotros estarlo buscando, todo lo contrario, habiéndolo ofendido, habiéndole herido, habiendo matado a su Hijo, Dios perdona al pecador que se acerca arrepentido.

Pero además, la gracia era necesaria no solamente por mi condición, sino que era necesaria por otras razones, y es para que nadie se jacte delante de Dios. La otra razón por la cual la gracia era necesaria es para que nadie se jacte. Oigan lo que dice Romanos 3, versículo 27. Pablo preguntando: "¿Dónde está, pues, la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿La de las obras? No, sino por la ley de la fe. Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe, aparte de las obras de la ley." Nadie puede jactarse, queda excluida esa posibilidad. Nadie puede decir: "Estoy aquí en tu presencia, Dios, por mi agudeza espiritual y por haber yo aceptado."

Nadie puede decir eso. Efesios 2:8, que ya lo leímos, lo dice de la manera siguiente: "Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe."

La otra razón por la cual la gracia era necesaria es porque nadie puede decirle a Dios más adelante, o puede decirle a otro hermano: "Yo estoy aquí porque soy mejor que tú, yo estoy aquí porque creí primero que tú, yo estoy aquí porque respondí al llamado." No, estamos aquí todos, cada uno de nosotros, por la pura gracia y bondad de nuestro Dios. Solo por gracia, hermanos. Solo por gracia somos algo. Solo por gracia somos algo. Es una doctrina fundamental de nuestras vidas, que sostiene nuestros corazones, que sostiene nuestra eternidad. Es la gracia de Dios que nos colocará en su presencia.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.