La transfiguración de Jesús es uno de los eventos más conocidos del Evangelio, pero también uno de los menos comprendidos. Si no entendemos lo que ocurrió y por qué, no seremos asombrados por lo que revela. Marcos señala que seis días después de la promesa de Jesús sobre ver el reino de Dios con poder, Pedro, Jacobo y Juan fueron llevados a un monte alto donde presenciaron algo extraordinario: el velo de la humanidad de Cristo fue levantado y su gloria intrínseca quedó expuesta. Sus vestiduras resplandecieron con una blancura imposible de lograr en la tierra, y aparecieron Moisés y Elías hablando con él sobre su partida que cumpliría en Jerusalén.
Pedro, sin saber qué decir, propuso construir tres enramadas, una para cada uno, como queriendo prolongar la experiencia y poniendo a Jesús al mismo nivel que los profetas. Pero Dios el Padre interrumpió con una declaración contundente: "Este es mi hijo amado, a él oíd". No hay mención de Moisés ni de Elías. Solo Jesús queda, porque solo él debe sufrir y morir.
La transfiguración fue breve porque Jesús debía descender de ese monte alto hacia otro monte bajo: el Calvario. El que fue envuelto en gloria y afirmado por el Padre sería abandonado y cargaría con la ira que nosotros merecíamos. En la montaña alta hubo luz deslumbrante; en el monte bajo, solo oscuridad. La transfiguración nos asegura cuánto nos amó: tanto que se quedó para completar su camino a Jerusalén y morir por pecadores como nosotros.
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Marcos 9:1-13
Y les decía: "En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí, que no probarán la muerte hasta que vean el reino de Dios después de que haya venido con poder." Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte, solos, a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos, y sus vestiduras se volvieron resplandecientes, muy blancas, tal como ningún lavandero sobre la tierra las puede blanquear. Y se les apareció Elías junto con Moisés, y estaban hablando con Jesús. Entonces Pedro, interviniendo, dijo: "Jesús, Rabí, bueno es estarnos aquí. Hagamos tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Porque él no sabía qué decir, pues estaban aterrados. Entonces se formó una nube cubriéndolos, y una voz salió de la nube: "Este es mi Hijo amado; a Él oíd." Y en seguida miraron en derredor, pero ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo.
Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Y se guardaron para sí lo dicho, discutiendo entre sí qué significaría resucitar de entre los muertos. Y le preguntaron diciendo: "¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?" Y Él les dijo: "Es cierto que Elías, al venir primero, restaurará todas las cosas. Y sin embargo, ¿cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea despreciado? Pero yo os digo que Elías ya ha venido, y le hicieron cuanto quisieron, tal como está escrito de él."
El muy conocido y muy amado pastor John Piper escribió una sola oración que describe por qué vamos a la Biblia. Vamos a la Biblia para ser sorprendidos, para asombrarnos ante Dios, y ante Cristo, y ante la cruz, y ante la gracia, y ante el Evangelio. Así que les quiero preguntar: ¿cuándo fue la última vez que fuiste verdaderamente asombrado? ¿Cuándo fue la última vez que lo que leíste en la Biblia realmente te sorprendió, o lo que escuchaste que se predicó de la Biblia?
Justamente esa es la experiencia que Marcos desea para los que leemos el relato de la transfiguración. Pero sería poco sabio de mi parte asumir que ustedes fueron asombrados por la sola lectura de este pasaje. Porque aunque la transfiguración es una historia muy conocida sobre Jesús, es una de las que pocas personas realmente entienden. Y si no entiendes lo que ocurrió y por qué, no vas a quedar ni sorprendido ni asombrado.
Así que tratemos de descubrir por qué esto ocurrió, para tratar de comprender un poco mejor la intención de Marcos. Porque este evento, y lo que es revelado en este evento, es simplemente asombroso y profundo e increíble. Lo que este evento revela es verdaderamente sorprendente. Y aunque Pedro, Jacobo y Juan no anticiparon este evento, sus corazones fueron llenados de expectación al escuchar que Jesús les decía: "En verdad os digo, hay algunos que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean el reino de Dios después de que haya venido con poder."
Algunos verían el reino de Dios antes de probar la muerte. Y cuando piensas en los milagros de Jesús que ellos ya habían observado, tenían que estarse preguntando qué sería esta demostración tan inusual del poder de Dios. Y tenían que estarse preguntando si ellos iban a estar dentro de ese grupo.
Así que veamos este evento con más detalle, y de hecho pongamos atención a los detalles, porque Marcos nos lleva a poner atención a los detalles. El verso 2 comienza justamente con un detalle que quizás no es muy evidente al inicio. Fíjense que dice: "Seis días después." Esa mención del tiempo es un poco inusual. De hecho, es la primera vez que Marcos hace algo así en su Evangelio. Hasta ese punto, Marcos no había intentado dar detalles específicos sobre tiempo o fechas. Así que es la primera vez que hace referencia al tiempo previo a la historia de la pasión.
Y se parece mucho a la historia de cómo Moisés fue preparado durante seis días antes de que Dios mostrara su gloria en el monte Sinaí. Es una similitud bastante marcada con la más grande revelación de Dios en el Antiguo Testamento. Marcos aparentemente insinúa que ha llegado un nuevo Moisés, más grande que Moisés, y que va a liderar su propio éxodo de aquellos que están cautivos al pecado.
Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan. ¿Y por qué ellos tres? ¿Por qué no había tomado a todos los discípulos? Una razón pudiera ser que Pedro, Jacobo y Juan iban a tener un rol predominante en el futuro de la iglesia por su liderazgo y sus escrituras. Ellos iban a tener un rol predominante en avanzar el Evangelio, como se describe en el libro de Hechos. Y esta sería la segunda ocasión en que Jesús invita a Pedro, a Jacobo y a Juan a que lo acompañen solos.
Sus corazones seguramente estaban moviéndose con anticipación cuando caminaban hacia el monte. Y notamos detalles importantes: dice que es un monte alto. Porque en las Escrituras, las montañas altas eran lugares de revelación. Así que esto nos recuerda un poco al monte Sinaí.
Ahora bien, a pesar de su experiencia previa, y cualquier anticipación que hubiera en su corazón, ellos no estaban preparados para lo que iba a ocurrir cuando llegaron a la cima de la montaña. "Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestiduras se volvieron resplandecientes, muy blancas, tal como ningún lavandero sobre la tierra las pudiera blanquear." En un momento, sin preparación alguna, el velo de la humanidad del Salvador es levantado y se revela su gloria a los discípulos. La gloria que anteriormente estaba cubierta por la carne humana se hizo visible. Fue una revelación de esa majestad y esplendor que estaba escondido, una revelación de su gloria en su pleno esplendor.
Jesús no está reflejando la gloria de Dios como algo externo. Esta es su verdadera naturaleza, su gloria intrínseca que es revelada, y el efecto alcanzó hasta la ropa. Marcos usó una analogía para tratar de describir algo que es indescriptible. Y a Pedro, a Jacobo y a Juan nunca se les olvidaría esta visión. Pedro escribiría que ellos fueron testigos oculares de su majestad. Juan dijo que habían visto su gloria, gloria que solo tiene el Hijo del Padre.
Y se les apareció Elías junto con Moisés, y estaban hablando con Jesús. Entonces, ¿por qué Elías y Moisés? Aparentemente, ellos están presentes para representar toda la tradición profética del Antiguo Testamento, confirmando que todo el Antiguo Testamento era un testimonio hacia Jesús.
Y es imposible no ver la reacción de Pedro a lo que ocurría. "Rabí, es bueno que nosotros estamos aquí. Hagamos tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, otra para Elías." Porque, como dice el texto, él no sabía qué decir. Evidentemente, a Pedro no se le ocurrió quedarse callado.
Si alguien te invita a su casa esta tarde o esta noche, no sería muy apropiado que tú anunciaras en algún momento: "Es bueno que me haya invitado estar aquí." Ese comentario se lo dejas a ellos. La propuesta de Pedro confirma que él no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. Si no sabes qué decir, es mejor quedarse callado. Pero Pedro decide hacer una propuesta: "Hagamos tres enramadas."
¿Y por qué tres? Esta propuesta era inapropiada, porque la transfiguración revela la unicidad de Jesús. Da la impresión de que la intención de Pedro era prolongar un poco la experiencia, hacer que se volviera algo permanente. Su ignorancia sobre la cruz hace que él sea vulnerable al deseo de quedarse ahí y tratar de preservar esa experiencia. Pero Dios deseaba esto como algo momentáneo, no permanente, porque Jesús debía sufrir y ser asesinado.
Él no sabía qué decir, pues estaban aterrados. Como el Evangelio de Marcos se considera un relato de primera persona, primordialmente alimentado e informado por Pedro, esta es una inclusión bastante humilde. Un erudito dice que esta frase es como una petición de disculpas de parte de Pedro. Es evidente que él no sabía qué decir, y hubiese sido más sabio quedarse callado.
Pero es obvio que Dios el Padre ha escuchado lo suficiente. En el versículo 7, Él interviene. Se formó una nube cubriéndolos, y de la nube vino una voz: "Este es mi Hijo amado. A Él oíd." Dios el Padre deja muy claro que la propuesta de Pedro estaba mal planteada. El Padre le dice a Pedro: "Escucha, no hables."
En el versículo 8, de repente miraron alrededor, pero ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo. Se acabó. Su gloria nuevamente ha sido velada. Jesús les ordena que desciendan del monte y que no le cuenten a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Él se los pide y se los ordena, porque la transfiguración no era el mensaje que ellos estaban llamados a transmitir.
Esta experiencia hubiera sido bastante consistente con las expectativas que tenían los israelitas sobre el Mesías. Por eso Jesús les prohíbe compartir esa experiencia. Como nos describe William Lane en su comentario: "La realidad de su exaltación como el Hijo transfigurado puede ser apreciada solo cuando se entiende el significado de su sufrimiento." Para ver a Jesús en toda su gloria debemos verlo como el siervo que sufre. Esta prohibición apunta a su crucifixión, porque solamente en ese momento ellos van a entender su verdadera identidad y su misión. Su gloria solo puede ser conocida después de su sufrimiento y su muerte.
Ellos estaban perplejos por su referencia a que el Hijo del Hombre resucitaría de entre los muertos, y ese comentario los confundió. La referencia a la resurrección era incomprensible para ellos. Hablar de la resurrección era algo que no entendían. Ellos anticipaban un Mesías triunfante y conquistador, no uno que sufre y muere. Ellos estaban pensando en el Salmo 2, pero no en el Salmo 22.
Ahora, luego de haber visto a Elías, les viene una pregunta a su mente: "¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?" Basados en Malaquías 4, los escribas enseñaban que antes de que viniera el Mesías, Elías vendría primero a preparar el camino, restaurando todas las cosas. Lo que ellos están preguntando es: "¿Cómo es que tú eres el Mesías si Elías no ha venido primero? Y si él viene primero y restaura todas las cosas, ¿por qué el Mesías debe sufrir y morir?" Para ellos es muy confuso.
Jesús les responde: "Es cierto que Elías viene primero, pero él ya ha venido." Él ha venido en la forma de Juan el Bautista. El rol profético prometido en Malaquías fue cumplido por Juan el Bautista. Aunque Jesús no lo menciona explícitamente en el texto, es una referencia obvia a él, y nos dice que ellos entendieron que era una referencia a Juan el Bautista. Jesús describe la muerte de Juan el Bautista diciendo que le hicieron cuanto quisieron.
Esto es un reto a lo que habían asumido los escribas, y a lo que habían asumido los discípulos sobre el Mesías. La labor preparatoria de Elías, y de Juan el Bautista, no elimina la necesidad de que el Mesías sufra. Con esta pregunta, Jesús hace referencia a Isaías 53. Ellos aparentemente han leído las Escrituras de forma selectiva, y Él les llama la atención a lo que está escrito sobre el Hijo del Hombre y la necesidad de que Él sufra. Ese es el secreto de su misión mesiánica.
Él debe sufrir. Su exaltación no se puede separar de su humillación. El transfigurado debe sufrir y debe morir. Para eso ha venido: no para ser servido, sino para servir y para dar su vida como rescate por muchos.
Entonces, ¿qué es lo que nos enseña la transfiguración? ¿Por qué ocurrió esto? Primero, el propósito de la transfiguración era cuidar a los discípulos. Esto es para ellos. Él ha tomado a Pedro, a Santiago y a Juan, se transfiguró delante de ellos y se les apareció una nube. Es por ellos que está ocurriendo. Es una expresión de su cuidado por ellos, especialmente ante la perspectiva de su muerte.
Cuando Jesús habla de su sufrimiento y su muerte, eso les quita la calma. Ellos se preocupan, sienten temor por estas palabras sobre su sufrimiento. Imagínense que a eso se añade el requerimiento de que ellos tomen su cruz, y las implicaciones de eso sobre su propia vida. Así que Él les revela esa gloria que había sido oculta para darles una pequeña muestra de su resurrección y su segunda venida. Les da una prueba de la resurrección, una prueba de la segunda venida, y no solo eso, sino también una confirmación celestial: "Este es mi Hijo amado." El Padre confirma cuán único es el Hijo.
Ahí no hay referencias a Elías ni a Moisés. No. La voz dice: "Escuchadlo a Él." Este mandato no es algo general, sino una referencia muy específica a la predicción de Jesús sobre su sufrimiento y su muerte. El mandato llama la atención de ellos a lo que Él ha dicho: que debe sufrir. "Escuchadlo a Él" es una confirmación celestial de su misión, y una confirmación de su futura exaltación.
Así que la transfiguración fue una expresión de su cuidado hacia ellos, en medio de la angustia de sus corazones y por los días difíciles que venían por delante. La transfiguración es una evidencia del cuidado de Él por nosotros. Es para darnos confianza a nosotros también, para darnos seguridad. Uno tiene la tendencia a pensar que tenías que haber estado ahí para haber sido afectado por lo que ocurrió, pero eso no es así. Marcos no estaba ahí. Los otros nueve discípulos tampoco. El público al que Marcos le estaba escribiendo tampoco estaba ahí.
Sin embargo, Pedro, que sí estuvo ahí, escribe en 2 Pedro que fueron testigos oculares de su majestad. Pues cuando Él recibió honor y gloria de Dios Padre, la majestuosa gloria le hizo esta declaración, nosotros escuchamos esta voz, pues estábamos con Él en el monte. Y escuchen con cuidado: "Nosotros tenemos algo más seguro." Más seguro que la experiencia de Pedro. Algo más concreto: la palabra profética, a la cual ustedes deben poner atención.
Son grandes noticias para nosotros. Tú no tenías que estar ahí para sentir la manifestación de su cuidado por ti. Tú no tenías que estar ahí para percibir su amor por ti. Su amor por pecadores como nosotros es evidente en la conversación que Elías y Moisés estaban teniendo con Jesús. Marcos nos informa quiénes son las personas que están hablando con Jesús, y Lucas nos habla del contenido de esa conversación. Y aquí está lo que dice Lucas: ellos, Moisés y Elías…
Ellos, Moisés y Elías, hablaron de su partida, o éxodo, que Él iba a lograr en Jerusalén. La primera inquietud de Moisés y Elías fue la cruz. Porque su labor era preparatoria y iba a culminar en la obra redentora.
Un estudioso escribe lo siguiente: la actitud de los visitantes celestiales difería completamente de la de los discípulos. La cruz era todo lo que se hablaba en el cielo. Hasta los ángeles estaban fascinados.
Fíjense que la transfiguración fue corta, y se acabó repentinamente. Elías y Moisés desaparecen. Queda Jesús. Solo Jesús.
¿Por qué solo queda Él? Él queda, porque va a sufrir y morir. Él es la razón por la cual la transfiguración es breve. Es breve, porque Él tenía que iniciar su camino hacia Jerusalén a morir.
James Edwards señala en su comentario: en vez de escapar con sus visitantes celestiales a la gloria, Jesús se queda para completar su viaje a Jerusalén. Recuerden que todo esto inicia en una montaña alta, y lo que ocurre en esa montaña alta es breve, porque el Hijo del Hombre tenía que continuar su camino.
En la montaña alta fue transfigurado. En la montaña alta fue envuelto por Dios el Padre. En la montaña alta, el Padre afirmó su amor único por el Hijo. Pero Jesús va a bajar de esa montaña alta para hacer su camino a un monte bajo, y en ese monte bajo Él va a ser abandonado. En ese monte bajo, Él va a cargar la ira completa de Dios. Y Él va a hacer esto por pecadores como tú y yo, en nuestro lugar.
En la montaña alta escuchó la voz de Dios afirmando su amor, pero en el monte bajo Jesús va a ser abandonado. Él gritaría en agonía: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Y su respuesta sería solo silencio. En la montaña había una gloria deslumbrante, pero en ese monte bajo solamente había oscuridad.
Él fue desde el monte alto a ese monte bajo para sufrir y morir en la cruz por pecadores como nosotros. El Hijo de Dios, el trascendente, previamente transfigurado, anticipado por la ley y los profetas, sería humillado. Sería suspendido entre el cielo y la tierra. Él va a ser el blanco de la carga y la descarga de la ira de Dios.
La transfiguración nos asegura de su amor. Él te amó a ti tanto. Tenía la opción de escapar con sus visitantes celestiales a la gloria, pero se quedó para completar su camino a Jerusalén. Se quedó para bajar de ese monte alto y llegar a ese monte bajo, donde llevaría en su cuerpo la ira que nosotros merecemos, y asegurarnos así de su amor por nosotros. Es asombroso. Es sorprendente. ¿No lo cree?
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