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Sermones

El triunfo de la gracia de Cristo sobre el pecado de Adán

Miguel Núñez 11 agosto, 2024

En la historia de la humanidad hay dos hechos gigantescos: la transgresión de Adán y la crucifixión de Cristo. El primero trajo condenación y muerte; el segundo, justificación y vida. Romanos 5 pone a estos dos representantes de la raza humana frente a frente para mostrarnos algo asombroso: en Cristo ganamos mucho más de lo que perdimos en Adán.

Adán fue constituido cabeza federal de la humanidad. Cuando él pecó, pecó la raza entera, así como cuando un presidente declara la guerra, toda su nación queda en guerra aunque la mitad no esté de acuerdo. Adán recibió la justicia que merecía: había sido advertido, actuó en rebeldía e incredulidad, y la muerte comenzó a reinar. Basta leer Génesis 5 para comprobarlo: vivió tantos años "y murió", y su hijo "murió", y su nieto "murió". La muerte reinaba sin excepción.

Pero Dios, que no tuvo ninguna participación en la caída, decidió invertirse por completo en la redención. No simplemente equilibró la balanza; la inclinó de manera que lo ganado en Cristo ya no puede perderse. Adán tenía vida y podía perderla; en Cristo recibimos vida que no podemos perder. Cristo cumplió la ley, fue a la cruz, pasó el examen por todos nosotros. Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. El resultado final es superior al producto inicial: seremos como él es, con voluntad libre pero sin siquiera desear pecar. Esa es la magnitud de la gracia que hemos recibido y a cuya altura estamos llamados a vivir.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, continuamos hoy en un texto de Romanos que voy a estar leyendo en unos minutos. Ya necesito introducir el texto y lo que voy a hacer, algo que no es usual, pero lo introduzco con una porción del texto de Romanos 5 que no cubrimos la semana pasada. Nosotros cubrimos hasta el versículo 5 de Romanos 5, vimos, expusimos del 1 al 5 y del 6 al 11. Por un lado el tiempo no nos iba a dar, pero por otro lado la realidad es que las verdades expresadas en ese texto habían sido cubiertas en parte en el mismo texto expuesto y en parte en los otros mensajes que hemos estado compartiendo con ustedes. De manera que yo voy a resumir esas verdades que están ahí, del versículo 6 al 11, y eso mismo nos va a servir de introducción para el texto que sí yo quiero cubrir.

Entonces, comenzando del versículo 6, ahí Pablo nos recuerda que nosotros, o que Cristo nos salvó en nuestra debilidad, en la debilidad de la carne. Y cuando Pablo habla de que nos salvó cuando éramos débiles, en esencia se está refiriendo a una debilidad en todo el sentido de la palabra. Nosotros éramos débiles para creer, lo seguimos siendo; débiles para amar a Dios y amar su Palabra; débiles para rechazar las tentaciones que nos llegan una y otra vez; débiles para cumplir la ley; débiles incluso para cumplir los compromisos que nosotros mismos hacemos con nuestra propia palabra; débiles para perseverar en el camino. Y en ese estado de debilidad Cristo nos salvó.

La razón para que Pablo está haciendo eso es para que podamos entender mejor lo sublime, lo enorme de su gracia. Debido a esa debilidad, o mejor dicho, debido a nuestra naturaleza pecadora heredada por Adán, o desde Adán a nosotros, pues esa debilidad es manifiesta de todas esas maneras como acabo de mencionar.

En el versículo siguiente entonces Pablo trae a colación algo que hemos estado mencionando en diferentes momentos con diferentes palabras: porque difícilmente habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno. Pablo está diciendo: yo quiero ayudarte a entender ahora cómo fue que Cristo murió, por quién es que murió. Es difícil encontrar a alguien que muera por alguien que realmente es bueno, a lo mejor aparezca alguno, pero eso no fue como Cristo murió. Dios demuestra su amor, versículo 8, por nosotros o para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Siendo malvados, viles, ¿se recuerdan lo que cantamos en la canción? Yo un vil pecador. Estando en esa condición, Cristo murió por nosotros. Eso es la mejor evidencia, la mayor demostración, la mayor exposición del amor de Dios: que cuando nadie está dispuesto, casi nadie está dispuesto a morir por un justo, resulta que Cristo murió por pecadores que no merecían la salvación.

Es interesante porque esa palabra que aparece en el versículo 8, Romanos 5, amor, es la palabra ágape, que nosotros la usamos como con mucha regularidad. Pero ¿sabes que la palabra ágape no existía en el vocabulario cuando los traductores del Antiguo Testamento en hebreo quisieron vaciar eso en griego y cuando los autores del Nuevo Testamento quisieron escribir? No había una palabra en griego para el amor que Dios describe acerca de cómo Él nos ha amado. Es un amor incondicional, eterno, que no falla, es un amor que está ahí todo el tiempo. No, no lo había, y eso que en el griego hay tres palabras diferentes para hablar del amor filial, el amor entre amigos, el fileo, el amor íntimo entre una pareja, eros. Pero no había una palabra para amor incondicional como el de Dios, y se creó una palabra para poder describir lo que el Nuevo Testamento describe, valga la redundancia, acerca del amor de Dios. Entonces Dios demuestra su ágape para con nosotros en que Él murió, Cristo murió por nosotros, aun siendo pecadores.

El versículo 9 dice algo más: no solamente éramos pecadores, murió cuando éramos sus enemigos. Entonces el punto de Pablo es que si Él hizo eso cuando tú eras un pecador, si Él hizo eso cuando tú eras su enemigo, ¡cuánto más no hará Él ahora que tú has sido justificado! Y que esa justificación es la que te lleva a ser librado de la ira de Dios, versículo 9.

Entonces ahora recuerden, hermanos, que cuando Pablo habla de que somos salvos de la ira de Dios, hay varias cosas que tenemos que recordar. Tú eres salvo de Dios, tú eres salvo de su ira. Tú eres salvo por Dios, porque si Él no interviene, tú y yo estuviéramos camino a la condenación. Pero luego tú eres salvo para Dios. Esa es la parte que a nosotros más nos duele: que Dios no me salvó para que yo viva mi propia vida, para que yo siga mi propio derrotero, para que yo siga mis propios planes, mis propios anhelos. No, no, no. Yo fui salvo de Dios, por Dios, para Dios, para ser posesión de Dios. Entonces eso es lo que hace que mi salvación esté garantizada.

El versículo 10: y cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más habiendo sido reconciliados seremos salvos por su vida. Y finalmente en el versículo 11, Pablo nos dice lo siguiente: en Dios nosotros tenemos razones por todo eso para gloriarnos. Nos gloriamos, nos celebramos, estamos anhelando el poder encontrarnos con Dios. Nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque ahora hemos recibido reconciliación.

Entonces ahora, con todas esas verdades que las hemos cubierto en mensajes anteriores, pero que ahora estaban ahí como formando ese puente entre el texto del mensaje del domingo pasado y el de hoy, quise básicamente resumirlo y usarlo de introducción para entonces predicar este mensaje que yo he titulado: El triunfo de la gracia de Cristo sobre el pecado de Adán. El triunfo de la gracia de Cristo sobre el pecado de Adán.

James Montgomery Boice, en su comentario acerca del libro de Romanos, creo que bien dice que en la historia de la humanidad han habido dos grandes hechos, dos hechos gigantescos: uno, la transgresión de Adán; y dos, la crucifixión de Cristo. Los dos fueron horribles, ambos fueron trascendentales. Entonces con el primero, la transgresión de Adán, ese hecho trajo condenación y muerte. Y el segundo, la crucifixión de Cristo, trajo nuestra justificación, y con nuestra justificación trajo la vida.

Lo que Pablo va a hacer en el texto que vamos a leer ahora es que él va a tomar a esos dos personajes, al primer Adán y al segundo Adán. Va a comparar la muerte y la vida, va a comparar la gracia con la transgresión. Y es un texto que cuando lo leamos va a sonar un tanto difícil de entender. De hecho, varios académicos consultados opinan que este texto es el más difícil de comprender de toda la carta de Romanos y quizás de todo el Nuevo Testamento. De manera que se lo digo de antemano: porque al inicio suena difícil de comprender, que no diga "yo no entiendo eso" y apagues tus oídos, sino que más bien diga "yo necesito prestar atención para ver exactamente qué es lo que Dios tiene que decirnos."

Y con eso entonces yo comienzo leyendo del versículo 12 hasta el 21, un texto más largo de lo que usualmente exponemos, pero es toda una sola idea. El versículo 12, capítulo 5: "Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres porque todos pecaron. Pues antes de la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura de aquel que había de venir. Pero no sucede con la dádiva como con la transgresión, porque si por la transgresión de uno murieron los muchos, mucho más la gracia de Dios y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo, abundaron para los muchos. Tampoco sucede con el don como con lo que vino por medio de aquel que pecó, porque ciertamente el juicio surgió a causa de una transgresión resultando en condenación, pero la dádiva surgió a causa de muchas transgresiones resultando en justificación. Porque si por la transgresión de un hombre, por este reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por medio de un hombre, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia. Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos. La ley se introdujo para que abundara la transgresión, pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia, para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor."

Yo les dije que no era un pasaje fácil de comprender, de manera que pidámosle a nuestro Dios que nos dé su ayuda, tanto a mí para explicar como a ustedes para escuchar, y que al final nosotros podamos aquilatar mucho mejor lo que hemos recibido en nuestro Señor Jesucristo.

En el versículo 12, Pablo introduce el tema, y parte de la dificultad está en que Pablo, después de introducir el tema del versículo 12, abre un paréntesis, y dentro de ese paréntesis abre otro paréntesis, para luego conectarnos en el versículo 18 con lo que dijo en el versículo 12. Eso sería más fácil si él fuera del 12 al 18 y luego trajera lo otro, pero ese no es Pablo. Pablo siempre vive abriendo paréntesis, todo el tiempo, en todas sus cartas.

De manera que con este texto que leímos, escucha otra vez el versículo 12. Solamente vamos a tratar de desempacar un solo versículo ahora: "Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre" —fácil de entender— "y por medio del pecado la muerte" —fácil de entender— "así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron" —no tan fácil de entender—. Lo que John Stott menciona en su comentario es que el pecado de Adán fue la puerta por donde entró la muerte. O mejor dicho, Adán fue la puerta por donde entró el pecado, y luego el pecado fue la puerta por donde entró la muerte.

Ahora nota que el pecado pasó de Adán —y ahí es donde comienza la dificultad para muchos— a todo el mundo. Si el pecado entró a Adán, todos son pecadores. Él no ha tenido descendientes todavía; todos sus descendientes son pecadores. Y no solamente eso: la muerte entró a Adán y todos sus descendientes van a morir. La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué nosotros somos culpables de lo que Adán hizo?

Bueno, varias razones. Número uno: Adán fue constituido la cabeza federal, el representante de la raza humana. Él fue nuestro mejor representante. Tanto fue Adán la cabeza federal de toda la raza que, aunque Eva mordió la fruta primero, ella ni siquiera es mencionada como la culpable. A Adán es a quien se le estaba cargando el pecado, la transgresión, aunque Eva transgredió con él.

Recuerda, por ejemplo, para que puedas entender cómo es que él fue la cabeza federal: cuando un presidente le declara la guerra a otra nación, puede que la mitad de la nación no esté de acuerdo con la declaración de guerra, pero resulta que esa nación está en guerra con esta nación. ¿Pero por qué? Porque el representante federal nos declaró en guerra y todos estamos en guerra. Esa sería una manera de verlo. En el momento actual, lamentablemente, nuestros hermanos venezolanos están sufriendo las consecuencias de su cabeza federal, el presidente Maduro. Eso es como es, no solamente en esta explicación del género; eso es como es en múltiples otras explicaciones, y voy a tratar de seguirlo ilustrando.

Adán, como cabeza federal, al pecar adquirió una naturaleza pecadora que yo heredé. "Bueno, pero ¿por qué yo tengo que heredar la naturaleza pecadora de Adán? Él fue el que pecó". Bueno, déjame ilustrarte. Imagínate un niño que nace con el virus del VIH, y que su mamá —hay formas no pecaminosas de adquirir el virus, yo lo entiendo, pero es simplemente para que entiendas— imagínate que su mamá adquirió el virus del VIH de una manera pecaminosa: uso de drogas y otras formas. ¿Qué culpa tiene el niño de nacer con el virus del VIH cuando él no hizo nada para adquirirlo? No, pero mi progenitora o progenitores fueron los responsables de algo que ahora yo heredo. Y ahí tú puedes seguir viendo la similitud.

Ahora, si nosotros fuéramos a ser usados por nuestros pecados, nosotros pecaríamos igual que Adán, porque después de Adán, en su condición original, no ha habido ni lo va a haber —excepto Cristo— un representante mejor. Porque Adán fue puesto, recuerda: a Adán se le dio una mujer perfecta y fue puesto en un ambiente perfecto, sin sociedad corrompida, sin tentación de la sociedad, y mucho menos de los medios como nosotros tenemos hoy en día. Y cuando él estaba solito, con animales que eran sus amigos, con una esposa que era tan perfecta como él, y sin naturaleza pecadora, Adán decidió no creerle a Dios. Imagínate el chance que tú y yo tenemos ahora con la naturaleza pecadora que tenemos, con todo lo que tenemos a nuestro alrededor. Si nosotros vamos a ser un mejor representante de la raza, es imposible.

Cuando él pecó, como resultado vino la muerte. Primero la muerte espiritual, eventualmente la muerte física, y si Dios no hubiese hecho nada o no hubiera ofrecido la vida de alguien, la muerte eterna: espiritual, física y eterna. La primera muerte fue espiritual. Tan pronto Adán pecó, hubo una separación entre Dios y Adán. Ya no eran las mismas personas, ya no había la misma cercanía, ya no había acceso a Dios. Eso es fruto de su muerte espiritual. Comenzó el proceso de envejecimiento que no estaba supuesto a pasar; comenzó el proceso de envejecimiento que hoy nosotros no queremos aceptar. Y de ahí la abundancia de cirugía plástica y de implantación de pelo y todo lo demás, porque vamos a pelear hasta el final para no lucir viejos. Pero me estoy poniendo viejo, y eventualmente, si Dios no arregla mi condición con Él, tengo una muerte eterna.

Entonces, se ve claramente: nos murió Adán, una muerte espiritual, una muerte física y una muerte eterna, a menos que Cristo haga algo. A partir del pecado de Adán, Dios no nos ve como individuos vivos separados. La muerte es la separación del ser humano con Él. No nos ve como individuos vivos; de hecho, eso es lo que la Palabra dice: nos ve como individuos que estamos muertos y que tenemos que venir a la vida. Es la razón por la que Nicodemo, miembro del Sanedrín, vino donde Cristo, y le creyó a Cristo, y Cristo le dice: "Sabes qué, si tú no naces de nuevo..." "Pero, ¿por qué tú me dices que tengo que nacer de nuevo?" "Porque tú estás muerto". "¿Cómo que estoy muerto? Yo estoy aquí hablando contigo". "Sí, pero estás muerto". Efesios 2:1: estamos muertos en delitos y pecados. Efesios 2:5: estamos muertos en delitos y pecados. Y ahí ahora entonces Cristo le habló a Nicodemo de la manera como le habló.

Hermanos, cuando un familiar muere, ya sé que hay tristeza, hay dolor, hay lágrimas, hay días, momentos en que echamos de menos a la persona. Pero muchas veces pensamos —asumiendo que fuera un creyente— que él pasó del mundo de los vivos al mundo de los muertos. No, no, no, no. Este es el mundo de los muertos, y él pasó al mundo de los vivos. Esa es la gran realidad. Dios nos ve como muertos en delitos y pecados. Cuando tú vas al cine, tú sabes, la mayoría de la gente que está sentada alrededor de ti, ¿cómo Dios los ve? Están muertos. De manera que tú tienes un grupo, un gentío de muertos, viendo una película. "Pero, ¿se te dice por qué yo no puedo discernir muchas veces si la película es pecaminosa o no, la escena, el vocabulario, si es apropiada para mí o no?" Porque los muertos no disciernen la verdad de Dios.

Entonces, de la misma manera que el pecado afectó a todos los hombres, la muerte también afectó a todos los hombres. Esa muerte deja al hombre sin esperanza fuera de Cristo. O sea, si tú vas a tener algo de bendición, del tipo que sea, por pequeña que sea, siempre la Palabra la define que es en Cristo. Fuera de Cristo no hay nada. Ese hombre queda sin propósito, sin significado para su vida, y sin ninguna seguridad a la hora de vivir o a la hora de morir. La gente compra pólizas de seguro, pero el seguro te da seguridad para pagar una deuda, pero no te da seguridad de vida. El seguro de vida no es seguro de vida; es un seguro de que tú te vas a morir, y por eso debes tener algo para pagarle a alguien.

El apóstol Pablo entonces introduce el tema de que por la transgresión de un hombre entró el pecado, por el pecado entró la muerte, y ahora abre un paréntesis. Y eso en parte dificulta un poco el seguimiento, pero lidiemos con el texto tal como está inspirado.

Versículos 13 y 14: "Pues antes de la ley había pecado en el mundo" —antes de la ley; hemos dejado claro porque estamos en Génesis, y la ley viene en Éxodo 19 y 20— "antes de la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley". Si no hay ley, entonces no había pecado, pero el texto dice que había pecado en el mundo. "Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura de aquel que había de venir".

Lo que Pablo está tratando de explicar es que a Adán se le dio una ley que no estaba escrita, pero Dios se la habló directamente, verbalmente, oralmente; la entendió mejor que todos nosotros. De Adán en adelante, hasta que Moisés vino, no había una ley escrita, de manera que la gente no pecó contra una ley escrita. Por eso es que dice que no pecaron a la manera de Adán, porque esas disposiciones claras no estaban: lo que debo, lo que no debo.

Sin embargo, Pablo dice, a pesar de eso reinó la muerte. Lo que Pablo está tratando de decir es que el hecho de que no hubiera ley, y la gente no estuviera pecando contra esa ley escrita, y que la muerte estuviera reinando, te dice a ti que ya había pecado. Y ese pecado, ¿cómo lo obtuvieron? Porque lo heredaron de Adán y Eva. Eso es lo que Pablo está tratando de decirles, y eso es lo que David luego dice: que en pecado me concibió mi madre.

Entonces, el hombre no pecaba contra una ley escrita, pero el hombre pecaba contra la ley de su conciencia, que no es tan fácil de discernir. Y por consiguiente, cuando Dios miraba el pecado del hombre, que era contra su conciencia, no lo veía de la misma manera que cuando Dios ve a aquellos que pecan como nosotros, que tenemos toda la revelación escrita. Pero la muerte reinaba.

Déjame ver si te lo puedo ilustrar. Un niño nace y al día veinticuatro muere; eso ocurre múltiples veces, lamentablemente. El niño, en sus primeras veinticuatro horas, no ha pecado contra ninguna ley escrita; no sabe, no entiende. Ni siquiera ha pecado contra la ley de su conciencia, porque él no ha hecho nada. Lo único que ha hecho en sus primeras veinticuatro horas es respirar y comer algo, amamantarse. Y sin embargo, sufre la muerte, que es una consecuencia del pecado, porque aunque él no pecó de una manera similar a como Adán pecó, él sí heredó una naturaleza pecadora con la que él nace.

Hermano, es una vez más: nosotros no somos pecadores después de pecar, nosotros pecamos porque somos pecadores. Cuando ese niño va creciendo y comienza a pecar, ahí no se está haciendo pecador; él está demostrando que él era pecador al nacer en su naturaleza. Y eso también nos da a nosotros una idea de lo que Pablo está tratando de transmitir.

Pero déjame darte una idea más. Ahora que la Olimpíada está terminando, creo que en el día de hoy, según me dijo mi esposa camino a la iglesia, nosotros tenemos una corredora, Marileidy Paulino, que ganó medalla de oro en 400 metros. Pero yo leí en ocasiones que un púgil mexicano se llevaba una medalla de oro. Se publicaba: "Uno puede ser púgil, no Marileidy Paulino; se lleva una medalla de oro, no." Pero los textos de los periodistas dicen: "Púgil mexicano, una medalla de oro." El día de ayer, Estados Unidos 166 medallas, China 89 medallas. ¿Por qué China? Porque esos son sus representantes, eso eran como las cabezas federales de las naciones. Y por eso, cuando Marileidy Paulino, una púgil mexicana... Cuando Adán pecó, pecó la raza humana. Cuando el segundo Adán vino a rescatar, precisamente no a un hombre, sino a una raza humana también. Adán fue esa cabeza federal. Nota que Eva ni siquiera es mencionada, como ya te dije un momento atrás.

Entonces ahora Pablo pasa a comparar al primer Adán con el segundo Adán. Pablo le habla a los corintios y le habla de ese segundo Adán, creo que en el capítulo 15 de su primera carta. Pero déjame decirte algo, hermano; solo voy a volver a decir más adelante, porque lo voy a decir desde ahora: en Cristo nosotros ganamos más de lo que perdimos en Adán. Quédate con eso ahí. Si eso es lo único que tú puedes recordar del sermón de hoy, lo único que tú vas a entender, ya vas en buen camino: en Cristo ganamos más de lo que perdimos en Adán. Y Pablo quiere entonces demostrar eso y comienza a comparar a Adán y a Cristo en el versículo 15 al 17.

Vamos a ir versículo por versículo. Versículo 15: "Pero no sucede con la dádiva como con la transgresión." La transgresión de Adán, la dádiva de Cristo. "Porque si por la transgresión de uno," de Adán, "murieron los muchos," todos nosotros, "mucho más la gracia de Dios y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo, abundaron para los muchos."

Ok, primer contraste que Pablo establece es de qué manera la dádiva de Dios es mejor que la transgresión. Y lo que Pablo dice es que ciertamente la transgresión de Adán trajo la muerte a muchos. Pero escucha: cuando Adán pecó, Adán pecó en el ejercicio de su voluntad. Adán pecó habiendo sido advertido, no solamente de lo que no podía hacer, sino de lo que le ocurriría si lo hacía. Adán pecó, lo hizo en incredulidad, no creyó lo que Dios le prometió, le advirtió. Lo hizo en rebeldía y lo hizo codiciando lo que Dios le había ofrecido, o mejor dicho, codiciando lo que la serpiente le había ofrecido.

Ok, entonces cuando Adán sufrió la muerte espiritual, eventualmente física, y nosotros heredamos la justicia de Dios, heredamos una justicia merecida. Porque Adán se merecía justamente la justicia de Dios cuando actuó como actuó: en rebelión, en incredulidad, de su propia voluntad. Había escuchado la advertencia, había desafiado lo que Dios hizo. Bueno, ahora le digo que tú mereces justicia, y por consiguiente sufrió esta justicia y tus descendientes también.

Cuando Adán cayó, Dios no tuvo nada que ver con la caída de Adán, absolutamente nada. Dios no lo tentó, Dios no envió a la serpiente para que lo tentara, Dios no le puso tentaciones en el jardín para que él cayera. No, no, lo hizo sin la participación de Dios. Luego de haber sido condenado, Dios hubiese sido perfectamente justo y entendible si hubiese dicho: "Lamentablemente, ellos han recibido lo que merecen: mi justicia." Pero Dios, que es rico en misericordia, aunque Él no intervino y no tuvo nada que ver con la caída, ahora Dios interviene para levantarlos de la caída.

De manera que ahora Pablo habla en el versículo 15 de la gracia de Dios, de Dios y el don por la gracia, y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo, que a través de eso abundó esa gracia para muchos. Ok, de nuevo, en la caída de Adán Dios no tuvo ninguna participación. En la redención de Adán, Dios tiene que invertirse. No es simplemente "vamos a hacer algo." Dios tuvo que invertirse por completo: tuvo que enviar a su Hijo, el Hijo tuvo que venir, ser avergonzado, ser desnudado, ser traspasado, ser colgado. Dios tuvo que invertirse para redimir a un hombre y a una raza con una caída en la cual no tuvo ninguna participación.

Adán recibió la justicia que merecía, pero ahora Dios, en vez de decir "le voy a dar una justicia y terminamos, hagamos otro hombre," Dios dijo: "No, yo tengo otra oferta." La Trinidad se reúne, por así decirles, y ¿qué podemos hacer? Bueno, en vez de darle justicia, porque la justicia lo que va a hacer lo va a hundir, bueno, ya se hundieron, lo va a dejar hundidos, le vamos a dar gracia. Entonces la caída de Adán resultó en la muerte que él merecía; la gracia de Dios sobre Adán y su descendencia resultó en la vida que ellos no merecían. ¿Me van siguiendo? ¿Sí? No, ok.

Entonces ciertamente la dádiva es superior a la transgresión, por mucho. Porque es que la muerte usted se la merecía, la vida usted no la merecía. La muerte, resultado de la justicia, eso es uno de mis atributos. Pero la vida que yo ahora le voy a tener que dar, voy a tener que darla rindiéndome por completo, esa vida, para que esa gracia pueda resultar. Yo voy a tener que invertirme de manera particular: mi Hijo, bueno, el Espíritu también, que es quien regenera.

Entonces Pablo luego habla de la singularidad de la transgresión: una sola transgresión. Pero cuando Dios se dispuso redimir lo que se había dañado, perdido, cualquier palabra que quieras usar, Dios tuvo que aplicar la gracia no para la singular transgresión de Adán, sino que tuvo que aplicar la gracia a personas que habían pecado una vez, otra vez, otra vez, múltiples veces, por todos los años de su vida hasta que murieron. Y haber hecho eso para millones de veces, para millones de personas. La transgresión la cometió un solo hombre y fue una sola, pero la gracia se le aplica ahora a múltiples personas que han pecado millones de veces y son millones de ellos. ¿Me va siguiendo? Va la gracia tomando color y tamaño en tu mente, porque es a la altura de esa gracia que tú y yo tenemos que vivir, si queremos vivir una vida digna de su llamado.

Versículo 16: "Tampoco sucede con el don como con lo que vino por medio de aquel que pecó." ¿Qué fue lo que vino por medio de aquel que pecó? De Adán: el pecado, la muerte. No sucede así como el don. "Porque ciertamente el juicio surgió a causa de una transgresión, resultando en condenación, pero la dádiva surgió a causa de muchas transgresiones," acabo de explicar, "resultando en justificación."

Hermano, yo no sé si tú entiendes esto teológicamente, pero cuando Dios hizo un pacto con Adán y Eva, Él hizo un pacto de obras: tú pecas una vez, estás muerto. Entonces, un pacto de obras: tú quieres seguir viviendo, obra bien. De ahí en adelante, todos los pactos que Dios ha hecho, no importa si fue con Noé, con Abraham, con David, y eventualmente con Cristo, han sido pactos de gracia todos. Porque es la única manera de explicar cómo es que pecas y no te cae muerto inmediatamente. Es un pacto de gracia, pero ellos tuvieron un pacto de obras.

De manera que la dádiva de Dios por gracia es muy superior al pacto de obras en el que Adán y Eva estuvieron. Y la aplicación de la gracia resultó a muchas más personas, en múltiples ocasiones, y no simplemente a causa de una sola transgresión que Adán cometiera. Entonces, la aplicación de la gracia a personas pecadoras de manera reincidente terminó siendo la acción mediante la cual Dios justifica al pecador sin ser justo. Nos declara justos. O sea, ahora mismo, si tú verdaderamente naciste de nuevo, tú estás en un estado de justificación, tú has sido declarado justo, pero tú sabes que no lo eres. Y si no lo sabes, ven al final para explicártelo. Pero tú sabes que no lo eres. Yo sé que no lo soy. Nosotros no somos justos en nosotros mismos. Entonces ciertamente la dádiva de Dios es muy superior a la transgresión de Adán.

Recuerda la canción: "He pecado mucho, me falta mucho, pero tu gracia es mayor." Ese es el punto. Mis pecados son miles o millones, pero tu gracia es mayor.

Entonces ahora, en el versículo 17, lo vamos a leer. Pablo contrasta dos reinos: el reino de la muerte y el reino de la vida. En uno reinó la muerte, por eso es el reino de la muerte, por eso lo estamos llamando el reino de la muerte. Y en el otro reinó la vida, y por eso lo estamos llamando el reino de la vida.

Aquí va el versículo 17: "Porque si por la transgresión de un hombre..." Por eso el reino de la muerte, es el reino de la muerte, reino número uno, muy llamado... "Mucho más reinarán en vida," reino número dos, "por medio de un hombre, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia."

De nuevo, cuando Adán pecó, comenzó a reinar la muerte. Tú quieres saber cómo, cuánto, con cuánta claridad reinó la muerte: tú tomas la descendencia de Adán en el capítulo 5. Se habla de Set, el hijo de Adán. Caín, Abel, Set, en el capítulo 5. Tú comienzas a leer los hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y no sé qué más sigue de Adán. Yo te voy a leer qué les pasó a las cabezas de cada una de esas generaciones por los próximos seis.

En el capítulo 5, versículo 5: "Adán vivió 930 años, y después murió." Versículo 8: "Set vivió 912 años, y después murió." Ese fue su hijo. Enós, un nieto, vivió 905 años, y después murió. Versículo 14: "Cainán vivió 910 años, y después murió." Versículo 17: "Mahalaleel vivió 895 años, y después murió." Versículo 20: "Jared vivió 962 años, y después murió." Muerte, muerto, muerto, muerto, muerto. Reinó la muerte, reinó la muerte.

Adán fue inicialmente colocado en el reino de la vida para que no muriera, pero él decidió otra cosa. Él estuvo en el reino de la vida hasta que pecó, y ahí comenzó a reinar la muerte, lo que te acabo de leer. Hermano, Adán tenía vida y podía perderla, y la perdió. ¿Sabes qué? En Cristo nosotros reganamos la vida y no podemos perderla. Una y otra vez, en Cristo ganamos más de lo que perdimos en Adán. Adán tenía vida, podía perderla y la perdió. En Cristo, yo gano la vida, la tengo y no la puedo perder. De ahí la importancia de que podamos entender esta cosa, para saber de qué manera vamos a responder y vamos a vivir con mayor gratitud para nuestro Dios.

Pablo aterriza en los próximos versículos, 18 y 19, a donde él quería llegar. Él debía haber ido del versículo 12, oye, me ha edificado la Palabra lo que había hecho. Oye, eso hubiese sido más fácil. Oye, escrito el versículo 12, deja esa parte afuera y va directamente al 18, porque ahí es donde continúa su introducción del versículo 12: "Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres."

Entonces, una sola transgresión resultó en una condenación colectiva. La transgresión de Adán nos hizo a todos pecadores, eso ya lo he estado diciendo. De esa misma manera, un solo acto, una sola acción de parte de Cristo, resultó en la justificación de todos aquellos que reciben el don de la gracia o reciben a Cristo como Salvador. Uno y uno, una transgresión, una justificación. Un solo acto te condena, pero un solo acto me trae a la vida.

Y entonces ahora, en el versículo 19, Pablo pone de un lado, toma como una balanza. Esto es una ilustración, pero de nuevo, como es, las verdades están aquí y no son tan fáciles de descifrar. Quizás esto nos ayuda a ver el versículo 19. Pablo pone en un lado de la balanza la desobediencia de Adán. Imagínate esto, esta es la balanza. Entonces ahora ponemos aquí la desobediencia de Adán en mi mano izquierda y la balanza hace esto. Y luego viene el segundo Adán, cumple la ley, va a la cruz, se sacrifica, y cuando él viene y hace lo que hace, la balanza no simplemente hizo esto y se equilibró otra vez.

No, porque si eso era lo único que iba a pasar, lo que iba a tener que ocurrir es que iba a tener que comenzar otra vez a probarnos a nosotros de la manera de Adán, a ver si nosotros vamos a pasar la prueba, para ver si se podía construir otra generación. La balanza no quedó equilibrada. Lo que Dios hizo fue que pone el sacrificio de Cristo. Aquí estábamos desbalanceados con Adán, pone el sacrificio de Cristo aquí en la cruz y le hace hacia la balanza de manera que, una vez tú ganas vida en Cristo, no puedes perder lo que ganaste y tampoco tienes que ser probado como Adán.

En otras palabras, Cristo fue a las pruebas nacionales, pasó el examen, y después que pasó el examen, dijo: "Yo pasé el examen por todos ustedes, no tienen que tomarlo. Yo cumplí la ley. Lo único que tienen que hacer es creer lo que yo he hecho, creer que yo soy tu Redentor, tu Salvador, confiar en mí, entregarme tu vida, que ya yo entregué la mía, y por gracia eres perdonado y declarado justo." ¡Wow!

¿Entendiste lo de la balanza? Ciertamente la gracia de Cristo triunfó sobre el pecado de Adán. Déjame ver el versículo diecinueve otra vez, porque: "Así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos." Por siempre, para siempre, sin la posibilidad de volver atrás.

Esos dos versículos, 18 y 19, son el centro de gravedad de todo el pasaje. Por eso es que el 12 y el 18 y 19 son los que mejor encajan, porque lo otro era una explicación en paréntesis de qué pasó antes de que la ley llegara. Por eso es el centro de gravedad de todo el pasaje.

Versículo 20 y 21 ahora: "La ley se introdujo para que abundara la transgresión, pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia, para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor."

Antes de que la ley de Moisés llegara, claro, la gente pecó. Ahí está el diluvio para explicarlo y está Sodoma y Gomorra para explicarlo. Pero pecaron, sus pecados fueron contados cuando violaron la ley de su conciencia. En otras palabras, aquellas personas de Sodoma y Gomorra entendían en su conciencia que eso era contra el diseño natural de Dios. Violaron esa ley, pero la ley de Dios tiene múltiples otras estipulaciones, resumidas en los Diez Mandamientos, que esta gente no conocía. De manera que el pecado que se les tomó en cuenta fue el pecado que ellos cometieron contra su propia conciencia. Eso es lo que Pablo está tratando de explicar.

Pero cuando llegó la ley escrita, ahora el ser humano era más culpable y más pecador, porque había más cosas que no se podían hacer claramente estipuladas, y las hicimos. Pecados de comisión, los cometimos. Había múltiples cosas que debíamos hacer y que no hicimos, y que todavía sigo cometiendo. Son pecados de omisión. Pero eso lo trajo la ley. Entonces, cuando la ley llegó, abundó el pecado.

Entonces, si ahora abundó el pecado, para Dios perdonar la abundancia de pecado que ahora la ley puso de relieve claramente, la gracia tuvo que sobreabundar para perdonar más pecado, a más gente, por más años. ¿Me entendieron? ¿No me entendieron? ¿OK? Donde abundó el pecado, abundó la gracia.

Quizás una ilustración puede ayudar en parte. Imagínate que ahora alguien prende una velita aquí en este salón. Probablemente, a menos que yo esté viendo a esa persona directamente, no la voy a ver. Pero si tú apagas el salón completo, en medio de esa oscuridad tú pones una velita e inmediatamente tú vas a ver dónde está, porque donde abundó la oscuridad, abundó la luz. ¿Se pueden entender? Yo podría caminar incluso con esa velita por los pasillos, porque ahora la velita en medio de la oscuridad se ve mucho más abundante.

Bueno, cuando la ley vino, lo único que la ley puso de manifiesto fue cuán oscura era la humanidad en su pecaminosidad. Y ahora entonces la misma gracia de Dios, pero aplicada contra más pecados que la ley puso de manifiesto, pues resultó que donde ese pecado estaba abundando, así mismo abundó la gracia de Dios. Y con eso, Cristo ha perdonado un número mayor de transgresiones cometidas por nosotros.

Versículo 21: "Para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor." Entonces esta es la idea: el pecado trajo la muerte, de manera que podemos decir que el pecado reinó en la muerte. De igual manera, la gracia reinó por medio de la justicia o de la santidad de Cristo, que él mismo trajo a nosotros.

Entonces, se me ha dicho, recuerden: Dios creó a Adán a su imagen y semejanza, sin pecado, con una voluntad libre que le permitía pecar o no pecar, pero Adán pecó. Ese fue el momento de la creación, bueno, cinco mil años, momento de la creación. Nosotros ahora en Cristo no somos el fruto de la creación, ya eso pasó. Nosotros somos una recreación. Pablo lo dice en 2 Corintios 5:17, que el que está en Cristo, nueva criatura es. Él era una criatura, pero ahora es una nueva criatura. Yo soy el resultado de una recreación.

De manera que ahora en Cristo, lo que Adán en mí corrompió, torció, ensució con el pecado, ahora en Cristo yo soy redimido por su sangre. Y resulta que la imagen de Dios que él manchó, ahora en Cristo Él está redimiendo y limpiando a través de mi proceso de santificación. Y cuando eso termine, eventualmente yo voy a ser glorificado, y cuando yo sea glorificado yo tendré la imagen de Cristo completamente limpia, sin arrugas, sin manchas. Tendré una voluntad libre como la que tuvo Adán, estaré en la presencia de Dios como lo estuvo Adán, estaré sin pecado como estuvieron Adán y Eva. Pero ahora, a pesar de que mi voluntad es libre, no solamente que no voy a pecar, ni siquiera voy a querer pecar.

De manera que otra vez lo que ganamos en Cristo es mucho mejor, muy superior a lo que perdimos en Adán. El resultado final es superior al producto inicial: un hombre a la imagen de Dios con voluntad libre, en la presencia de Dios, con una voluntad que a pesar de la libertad que tiene ni siquiera desea pecar y por consiguiente ni siquiera lo va a hacer. Ahí que Juan menciona en su primera carta, en 3:2, que nosotros lo veremos como Él es porque seremos como Él es. Adán era a imagen y semejanza de Dios; nosotros seremos como Él es. No Dios, pero seremos como Él es. Date cuenta cómo la gracia de Cristo triunfó sobre el pecado de Adán, sobre la transgresión de Adán.

¿Quién diría? No creo que Satanás en su... no sé qué tiempo tendrá de existencia, pero en toda su existencia pudo haber concebido un plan de redención de tal magnitud. Y es por eso que el apóstol Pablo en Romanos 11 dice: "¡Oh profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!" Mereciendo la justicia, recibimos la gracia. Habiendo sido muertos por la justicia que merecíamos, recibimos la vida por la gracia que no merecíamos.

Y después de todo eso, más o menos, y después que tú lo entiendes, todavía no vivimos a la altura de nuestro llamado. Si todavía no correspondemos en nuestro diario vivir a querer vivir en santidad, querer honrar lo que Cristo compró, querer honrar la sangre de Cristo, querer honrar la sangre que me limpió de mis pecados para volver a caerme en lo mismo una vez y otra vez, y luchar y desear y buscar exactamente lo pecaminoso de lo cual Cristo me salvó, entonces yo no he acabado de entender. O si lo he entendido, tengo un sentido de ingratitud demasiado grande que no me permite elevarme por encima de todo eso, decirle: "Señor, yo necesito tu Espíritu, tu llenura, para poder vivir a la altura que Tú me llamaste, a la altura que Tú mereces." Menos de ahí no hace honor a tu sacrificio, a tu gracia, a tu sangre y a la manera como se invirtió la Trinidad en mi salvación.

¡Padre, gracias! ¡Uff! Señor, gracias por tu gracia. No hay otra palabra para decirlo. De manera que pudiéramos decirlo por la Trinidad: gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias. Y no vamos a llegar, porque es incomprensible la manera como Tú te has invertido en restaurar a personas que eran tus enemigas, personas que estaban separadas de ti, personas que no querían saber de ti, personas que se habían rebelado en contra tuya. Y que a pesar de todo eso, en tu gran amor y en tu enorme gracia, en tu amor incondicional, en esa ágape pura que Tú tienes, Tú nos miraste con ojos de piedad y enviaste a tu Hijo. Y tu Hijo se fue a la cruz y allí colgado extendió una invitación para que todo aquel que se reconozca como pecador, en necesidad de perdón, que esté arrepentido de su pecado, pueda pedirte perdón y Tú perdonarlos. De manera que ellos también puedan ser declarados justos sin serlo, y que ellos puedan, habiendo entendido eso, también reconocer que Tú eres el Señor de su vida y no solamente el Salvador de su vida, que de ese momento en adelante ya puedan vivir toda su vida para tu gloria.

Hermano, si este es tu deseo, tú puedes hacer eso donde tú estás. Entre tú y Dios, tú puedes hacer eso antes de salir de este lugar, tú puedes hacer eso en la noche cuando vayas a orar o al llegar a tu casa, pero ya sabes lo que se requiere. En Cristo eso hemos orado y predicado, y para tu gloria, Dios. Amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.