IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Si eres nacido de nuevo, tu unión con Cristo ya te libertó de la tiranía del pecado. No es algo futuro ni presente simplemente: viene desde la eternidad. Cuando Cristo murió en la cruz, murió como sustituto pero también como representante. Así como en Adán heredamos todas las maldiciones por su violación de la ley, en Cristo heredamos todas las bendiciones que él ganó al cumplirla. El cristiano verdadero todavía peca, pero ya no es esclavo del pecado; hay una diferencia enorme entre caer ocasionalmente y vivir bajo su dominio.
El pastor Núñez ilustra esta realidad con la imagen de dos partidos: el partido de la carne y el partido del espíritu. Cuando Cristo llegó, el creyente pasó del primero al segundo. Pero cada vez que votamos por la carne, ella sube al poder y se convierte en tiranía sobre nuestra vida. La tragedia es que, habiendo sido declarados del partido del espíritu, voluntariamente nos sometemos otra vez a esa esclavitud. Otra ilustración lo hace más vívido: imagina que arruinaste tus pulmones fumando y alguien te dona un pulmón nuevo, sacrificando su propia comodidad. ¿Qué pensaría ese donante si te viera con un cigarrillo en la boca meses después? Cristo donó su vida por tus pecados; volver a contaminarte con aquello por lo cual él murió es incomprensible.
La expresión "con Cristo he sido crucificado" significa que el viejo yo murió. Como Agustín de Hipona cuando aquella mujer del pasado lo llamaba y él respondió: "Yo no soy Agustín", porque el que estuvo con ella ya no existía. Nueva criatura, nuevo corazón, nueva mente, nueva voluntad. Ya no hay cadenas sobre la voluntad; la esclavitud fue quebrada. Ahora existe libertad real para decirle no al pecado. Cuando elegimos pecar, no es porque no tengamos otra opción, sino porque queremos volver al reino de las tinieblas. Pero quien entiende su unión con Cristo reconoce que ya no tiene vida propia: la vida que ahora vive, la vive por fe en el Hijo de Dios.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
El mensaje de esta mañana, al cual ya comencé a aludir en oración y con razón, está basado en un texto de la carta del apóstol Pablo a los Romanos, en el capítulo 6, versículos 1 al 11. Como ya mencioné, es un texto que presenta cierto grado de dificultad y que tiene incluso un concepto que a mentes más académicas les genera más preguntas que respuestas. No sé si alguien lo tiene bien entendido. En el día de ayer, mientras yo regresaba al área donde mi esposa estaba estudiando y me vio con esta pila de libros, me dice: "¿Tú sabes? Todo eso es libro para la preparación". Y yo le dije: "Sí, pero no estoy seguro de que nadie sepa lo que este concepto significa".
Sin embargo, el concepto es vital. Es vital para la fe cristiana, y no de los últimos años ha sido vital, por cientos de años ha sido vital. Siempre, pero más debatido quizás recientemente. Y esa idea tiene que ver con tu unión con Cristo, que no es algo futurista, no es algo ni siquiera del presente, simplemente es algo que viene desde la eternidad. Y yo he titulado a propósito mi mensaje: "Tu unión con Cristo te liberta de la tiranía del pecado".
Nota que yo ni siquiera digo "tu unión con Cristo en el futuro te libertará". No hay nada futuro. Tu unión con Cristo, es más, lo pudiera decir de esta manera: tu unión con Cristo, si eres nacido de nuevo, te libertó —tiempo pasado— de la tiranía del pecado.
Y debido a la complejidad del tema, yo voy a comenzar con una ilustración que puede tener un tono como político, pero es más algo que yo quiero ilustrar porque, como estamos en medio de política siempre, lo podemos ver. Imagínate, recuerda que el domingo pasado hablamos de que había un reino de la vida y un reino de la muerte. Reino de la vida cuando ya naces de nuevo, reino de la muerte donde estabas viviendo muerto en delitos y pecado. Entonces, esta vez, imagínate que tenemos dos partidos, ¿ok? Y que tú eres gobernado; vamos a asumir que tú eres la nación a gobernar por uno de esos dos partidos.
Entonces, tú eres gobernado por el partido de la carne, que es un partido liberal: apoya la ideología de género, el aborto, las drogas; le gustan las fronteras abiertas porque así no hay límites, de manera que tú puedas hacer lo que tú quieras. Y el otro partido le vamos a llamar el partido del Espíritu, que es un partido conservador: está a favor de la vida, está en contra del aborto, está en contra de las drogas, está en contra de la inmoralidad, y le gustan las fronteras, los límites, de manera que podamos tener claramente por dónde vamos a transitar.
De repente, Cristo llega al mundo, se postula, gana las elecciones y queda en el poder el partido del Espíritu, ¿ok? Y ahora tú pertenecías al partido de la carne, pero como Cristo llegó y lo viejo pasó y lo nuevo llegó, resulta que ahora tú has pasado del partido de la carne al partido del Espíritu. Pero resulta que hay elecciones y a veces gana el partido del Espíritu y a veces gana el partido de la carne, de manera que tú como nación a veces has sido gobernado por la carne y a veces eres gobernado por el partido del Espíritu. Las elecciones son libres.
El problema está en que cuando el cristiano va a votar, con cierta frecuencia él vota a favor del partido de la carne, y entonces la carne gana. El problema con el partido de la carne es que cada vez que sube se vuelve una tiranía, y a pesar de que es un gobierno tirano sobre tu vida, con cierta frecuencia tú vuelves a votar a favor del partido de la carne. Y habiendo sido ya declarado del partido del Espíritu por Cristo, tú vuelves y te sometes a la tiranía de la carne por la manera como votaste en esa ocasión.
Yo creo que eso nos da una idea. Entonces, de vez en cuando yo vuelvo a votar por el partido del Espíritu y como que vuelvo a entender que hay una libertad que se vive cuando Cristo reina, que no se vive cuando la carne reina. Y eso nos da una idea de por qué yo he titulado este mensaje: "Tu unión con Cristo te liberta de la tiranía del pecado". Yo no he dicho, no estoy insinuando —lo digo desde ahora— que el cristiano no vuelve a pecar. Una cosa es la tiranía del pecado y otra cosa es pecado que todavía mi carne comete aquí y allá.
Y con eso entonces yo quiero que me entiendan, como con esa idea en mente, porque la semana pasada nosotros cerramos el capítulo 5 de la carta de Pablo a los Romanos, y en el penúltimo versículo, el 5:20, Pablo escribe y nos dice que donde abundó el pecado, abundó la gracia. Y aparentemente muchos estaban acusando a Pablo de que Pablo estaba apoyando el libertinaje, que Pablo estaba realmente en favor de que no haya restricciones, que Pablo estaba pensando que bajo la gracia —que era lo que él estaba empujando, lo que él creía, lo que él había entendido de la revelación de Cristo para con él— que como él estaba empujando eso, que en realidad entonces la conclusión sería: "Bueno, si donde abunda el pecado abunda la gracia, pues pequemos más".
Y ahí mismo, sin volver al capítulo 6 —porque en el original no hay capítulo, sino que él continúa su argumento— dice lo siguiente en 6:1 para nosotros. Que diremos entonces, estaremos leyendo hasta el 11: "¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no saben ustedes que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con él" —tiempo pasado— "por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos" —demos, en tiempo presente— "en novedad de vida".
"Porque si hemos sido unidos a Cristo" —unidos, tiempo pasado— "en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección. Sabemos esto: que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo" —tiempo pasado— "para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado" —tiempo presente, que ya no seamos esclavos del pecado; esta es la tiranía— "porque el que ha muerto ha sido libertado del pecado". No dice que ha quedado libre de la influencia del pecado, pero el que ha muerto ha quedado libre de la esclavitud del pecado, de la tiranía del pecado.
"Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque en cuanto a que él murió, al pecado murió de una vez para siempre; pero en cuanto él vive, para Dios vive. Así también ustedes, considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús".
Yo no sé cuál texto fue más difícil, si el del domingo pasado o este texto. Pero en el texto que acabamos de leer, una lectura a primera vista, a simple vista, yo creo que es claro lo que está diciendo: "Me estaban acusando de que yo estoy promoviendo vivir en pecado para que abunde la gracia", y Pablo dice: "¡De ningún modo!". ¿Cómo se te ocurre pensar algo así? Él está como horrorizado. ¿Cómo vamos a decir —continuaremos en el versículo 1— "continuaremos en pecado para que la gracia abunde"? O sea, ¿en qué mente cabe eso? ¿Tú no sabes que yo proclamo la cruz donde Cristo murió por los pecados? ¿Cómo se te ocurre que yo pueda estar promoviendo el libertinaje pecaminoso?
Y Pablo toma el capítulo 6 entero —aunque hoy solamente le dimos un vistazo— para responder a esa pregunta: "¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?". Yo te voy a decir de antemano el día de hoy cuáles son las cuatro respuestas que Pablo da en el capítulo 6, aunque solamente vamos a abordar la primera respuesta, ¿ok?
Entonces, respuesta número 1 a esa pregunta "¿continuaremos en pecado para que abunde la gracia?": No puedes seguir en pecado porque ahora tú estás unido a Cristo. Mi unión con Cristo es la clave; versículos 1 al 11. Segunda respuesta de Pablo: No necesitas seguir pecando porque el dominio del pecado ha sido quebrado por medio de la gracia; versículos 12 al 14, próximo mensaje. Tercera respuesta: No puedes hacer eso porque eso establecería al pecado nuevamente como amo de tu vida, como amo de tu vida otra vez; versículos 15 al 19. Y cuarta respuesta: Ni siquiera te atrevas a hacer algo como eso porque eso terminaría en desastre; versículos 20 al 23.
Ahora, tú tienes a un experto en debate teológico que te hace una pregunta y te da cuatro respuestas diferentes para que puedas entender hasta dónde él está horrorizado con la pregunta. Y de ahí que él comienza diciendo: "¡De ningún modo! Nosotros que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?".
Y la idea que Pablo está introduciendo es esta: cuando Cristo murió en la cruz, él murió como nuestro sustituto, es verdad, pero él murió también como nuestro representante. La razón por la que tú y yo estamos sufriendo todas las penalidades que le correspondían a Adán es porque Adán fue mi representante. Si Adán no hubiese sido mi representante, yo no hubiese estado sufriendo todas las calamidades que Adán debió cosechar y cosechó como fruto de violar la ley de Dios.
Pero ahora vino el segundo Adán, y el segundo Adán murió por el pecado de Adán. Y por consiguiente, ahora yo debo estar en mi nueva vida cosechando todas las bendiciones que Cristo compró cuando cumplió la ley. Yo heredé todas las maldiciones que Adán acumuló cuando violó la ley, pues ahora yo debo vivir conforme a todas las bendiciones y heredar todas las bendiciones que Cristo ganó cuando cumplió la ley. Espero que me vayan entendiendo.
Entonces, por eso nosotros podemos decir que hasta el momento de su muerte, Cristo luchó con el pecado. No porque él tenía una naturaleza pecadora, pero el autor de Hebreos dice que él fue tentado en todo. Y obviamente, si fue tentado en todo, es porque Satanás tenía la esperanza de que podía hacerlo caer, pero sin pecado.
Él luchó contra esa tentación o tentaciones, pero cuando llegó a la cruz y murió, murió sin haber cedido a ninguna de las tentaciones, a ninguno de los pecados, y él conquistó el pecado. De manera que la maldición del pecado que Adán heredó por haber transgredido la ley de Dios y la bendición que Cristo ganó cuando cumplió la ley, entonces ahora yo heredé en primer lugar la maldición de Adán, y en segundo lugar ahora yo heredé la bendición de Cristo. Nosotros que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?
Con eso Pablo no está insinuando en lo más mínimo que el día de hoy el cristiano no lucha en contra de la influencia del pecado, pero sí está diciendo, entre otras cosas, hay varias cosas que Pablo está tratando de comunicar. Entre otras cosas está diciendo: el pecado no me puede condenar porque ya Cristo triunfó, y cuando él triunfó yo triunfé. Ya a mí no me pueden aplicar la penalidad del pecado porque él la pagó, y él la pagó por aquellos que habían sido elegidos desde la eternidad pasada donde comenzó mi unión con Cristo. De manera que eso es parte de lo que Pablo está tratando de decir.
Entonces el verdadero creyente aún peca, pero lucha con esfuerzo por no pecar, reconociendo la realidad de lo que ocurrió en la cruz. Si alguien realmente dice ser creyente y su profesión de fe se bautizó, pero él no tiene una lucha con el pecado, yo no creo que creyó. Porque ya lo pasaron de muerte a vida por un lado, y por otro lado, si quiere usar la ilustración inicial, él no pertenece al partido de la carne, él pertenece al partido del Espíritu. De manera que él puede tener una lucha con el pecado, pero él no puede vivir en el pecado y disfrutarlo sin ninguna lucha, porque eso es contrario a lo que ha ocurrido.
Entonces cuando Cristo murió, murió al pecado y lo dejó derrotado, y como yo estoy en Cristo yo debo ver mi pecado como derrotado en mi vida. A pesar de que todavía tengo que luchar contra él, pero lo debo ver, debo considerarlo como algo que fue derrotado, no porque yo lo derroté, sino porque Cristo lo derrotó. De la misma manera que antes de venir a Cristo yo tengo que considerar el pecado como mi amo porque me domina todo el tiempo, no porque yo pequé en primer lugar, sino porque ahora lo hizo. Yo estaba en Adán y heredé su maldición, por eso es que Pablo dice que no podemos seguir viviendo en el pecado.
Ahora, si insistimos en seguir viviendo en el pecado, como yo mencioné, bueno, hay un par de consideraciones. Uno, realmente mi conversión nunca se dio. O por otro lado, vamos a asumir que sí se dio, yo creo que yo no he entendido mi unión con Cristo, yo no he entendido la derrota del pecado en la persona o por la persona de Cristo en la cruz. O yo tampoco la tengo entendida, pero no tengo ninguna gratitud por lo que ahí ocurrió, de manera que me tiene hasta cierto punto como sin cuidado que Cristo haya derrotado el pecado, y yo prefiero todavía seguir votando intermitentemente por el partido de la carne y poder disfrutar algo de la carne. El problema es que la carne, cuando yo la llevo al poder, se convierte en tiranía y me esclaviza otra vez.
Yo sé que mi ilustración no fue muy buena porque es difícil que esas dos cosas sean exactamente iguales, pero déjame darte otra ilustración porque este es un nuevo concepto, mi unión con Cristo es uno de los conceptos más difíciles. Imagínate que tú eres un fumador y como fruto de fumar te has contaminado con la nicotina y has arruinado tus pulmones. Vas a morir, te han dado tres meses de vida, seis meses de vida. Pero resulta que hay una posibilidad de que pudieras vivir, pero la única manera que eso pueda ocurrir es si apareciera alguien que te pueda dar un pulmón que sea compatible, y que esa persona que te va a dar el pulmón entienda que él va a tener grandes limitaciones a la hora de darte el pulmón. Y no aparece nadie, pero finalmente aparece alguien que está dispuesto a hacerlo.
Llega el día y los dos entran a cirugía. El tórax o el pecho, como le dice la gente, se ha abierto de cada uno. El donante te da su pulmón, a ti te quitan tus dos pulmones, tú recibes un pulmón nuevo. Y para fines de la ilustración, resulta que ustedes eran gemelos y por eso eran tan compatibles. Y como eran gemelos van a vivir juntos, tienen que pasar por rehabilitación juntos. Y de repente a unos meses después tu gemelo te mira y ve que tú tienes un cigarrillo en la boca otra vez. ¿Qué tú piensas que él pensaría? Que después que él se sometió a la limitación de la carne por algo que él no hizo, después que tú arruinaste tu vida por algo que tú sí hiciste, y que yo te doné mi pulmón, y que ahora tú decides volver a contaminarlo de la misma manera.
Bueno, la ilustración no es perfecta, pero Cristo te donó su vida. Y cuando él te donó su vida, por lo menos durante un tiempo representó grandes limitaciones para él, enormes limitaciones. Incluso vivir en un útero por nueve meses y vivir entre hombres pecaminosos y maltratos y burlas. Y luego yo voy y fuera la cruz, y ahí donó la vida por mis pecados, y que ahora yo quiero volver a contaminarme con el pecado por el cual él donó la vida. Es lo que Pablo dice en el versículo dos de otra manera: nosotros que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?
No fue simplemente que Cristo me perdonó mi pecado. Por eso yo decía, este es un concepto difícil de entender. No es que en Cristo, cuando yo vine a él, yo morí al pecado. No dice simplemente después que Cristo te perdonó tu pecado, no, es que yo morí al pecado, ¿cómo voy a vivir otra vez en él?
Escucha cómo Pablo trata de expandir esto en el versículo 3 y 4: "¿O no saben ustedes que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en su muerte? Por tanto, hemos sido sepultados con él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida."
Teológicamente nosotros decimos que en la cruz Cristo nos justificó, nos declaró justos. Y saben que cuando Cristo murió en la cruz dos mil años atrás, ahí él me justificó. Pero en el momento que él me justificó, teológicamente hablando y Pablo tratando de explicar, en ese momento yo fui bautizado en él. Yo no había nacido, yo fui bautizado en él de la misma manera que estaba en Cristo en la eternidad pasada. De manera que cuando Cristo fue sepultado, nosotros fuimos sepultados con él, dice el versículo 4. Y cuando Cristo resucitó, nosotros resucitamos con él.
Escucha el versículo 5: "Porque si hemos sido unidos a Cristo en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección."
Si fuimos unidos a Cristo en el pasado en la semejanza de su muerte, de esa misma manera, cuando él resucite, nosotros también hemos sido unidos con él en tal resurrección. De manera que las aguas del bautismo que son mencionadas en este texto, lo que Pablo está tratando de ayudarnos a entender es que nosotros tipificamos en las aguas del bautismo una realidad espiritual que no entendemos bien, que no la podemos ver, pero que él está tratando de poner en palabras. Y es que cuando Cristo me justificó hace dos mil años, yo fui bautizado en su muerte, y luego, cuando él resucitó, yo resucité con él.
Cuando yo bajo a las aguas del bautismo, lo que estoy tipificando es que ahora, como ya sí abracé esa realidad que todavía era futura en ese momento para mí, lo que estoy tipificando es que yo bajé a las aguas y ahí fui sepultado con Cristo. Es lo que tipifico, no es que está ocurriendo en ese momento, simplemente lo tipifico. Y que ahora yo salgo como si fuera una resurrección a una novedad de vida. De manera que se supone que yo, Miguel Núñez, debo estar viviendo una nueva vida. Eso es lo que estoy tipificando, y eso es una realidad. Escucha, es como que tú asististe a tu propio funeral, de manera que tu viejo yo murió, y ahora hay un yo, pero no es el yo que tú eras antes.
Recuerda la historia, creo que la hemos contado aquí recientemente, pero te la repito porque encaja perfectamente bien aquí. Recuerda la historia de Agustín, Agustín de Hipona, el más grande teólogo de la Iglesia de los primeros mil años, y quizás de toda la historia para algunos. Agustín era un monje viejo antes de venir a Cristo y vivió incluso con prostitutas y tuvo un hijo ilegítimo. Y su madre es Mónica, vivía orando en oración por él, y se convirtió finalmente a través de un texto de la carta de Pablo a los Romanos, creo que era Romanos 13. Y entonces un día Agustín va caminando y hay una de esas mujeres del pasado con la cual había estado, que le está llamando: "¡Agustín! ¡Agustín! ¡Agustín! Soy yo". Y Agustín se voltea y le dice: "Pero yo no soy Agustín". Sí, ella todavía era la vieja ella, pero Agustín claramente entendió: "Sí, yo sé, el otro Agustín estuvo contigo. Este Agustín no puede estar contigo porque no es Agustín. Él no sabe quién eres, él no tiene esos deseos para contigo, porque este es otro Agustín en novedad de vida".
Mira cómo Pablo lo dice en Gálatas 2:20: "Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive". ¿Cómo que no, Pablo? Eres tú, hombre. "No soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí, y la vida que ahora vivo en la carne, el cuerpo, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí". Lo que Pablo está diciendo es como: mira, si fuéramos a escribir una biografía del apóstol Pablo, tendríamos que escribirla en dos volúmenes. Volumen uno: de la tribu de Benjamín, circuncidado al octavo día, fariseo, miembro del Sanedrín, en cuanto a la ley irreprochable. Volumen dos: contiene el relato del nuevo Pablo. Que cuando él va al volumen uno y lo lee, dice: "¡Hoy, cuánta basura hay aquí! De la tribu de Benjamín, basura. Circuncidado al octavo día, basura. Fariseo de fariseos, basura. Irreprochable en cuanto a la ley, yo estaba loco en ese momento, basura". Volumen dos: otra persona.
Y la razón es que Pablo entendió, por eso escribió en 2 Corintios 5:17: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es". Eso no es imaginativo, eso no es como que "imagínate que tú eres otra persona". Nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas. Hermanos, eres nuevo. Tú no tienes un corazón de piedra ya, te dieron un corazón nuevo de carne. Tú no tienes una mente oscura, tú tienes una mente iluminada. Tú no tienes una voluntad esclavizada, tú tienes una voluntad libre. ¿Para qué vas a volver a la tiranía del pecado? Tú eres otra persona, con otra mente, con otro corazón y con otra voluntad. Nueva criatura es. Eso es lo que hace mi unión con Cristo.
Déjame leer este texto personificado a mí: "De modo que como Miguel está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas". ¿Tú entiendes la realidad teológica de lo que estamos hablando? Esa es tu unión con Cristo: otra mente, otro corazón, otra voluntad. Se supone que eso tiene que generar nuevos deseos, nuevos anhelos, nuevos sueños, nuevas búsquedas, nuevas ilusiones.
Romanos 6:6: "Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado, porque el que ha muerto ha sido libertado del pecado". Ok, ese es el texto que tomaron todos los libros a los que yo me refería hace un momento atrás, porque como que no está claro. Cuando Pablo dice que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo, ¿qué es eso, viejo hombre? Cuando Pablo dice que el cuerpo de pecado fuera destruido cuando fue crucificado con Cristo, ¿qué es eso? Como que no está claro.
Yo creo que la mejor ayuda la ofrece John Stott, porque él dice que vamos a ver para qué fue que eso ocurrió. Y esta es la razón: a fin de que ya no seamos esclavos del pecado. Entonces vamos a ver si entendemos el versículo al revés, de atrás para adelante. Algo pasó, algo le pasó a Miguel Núñez cuando Cristo fue crucificado y él estaba en Cristo. Y luego, cuando él vino a los pies de Cristo, ¿qué? Cuando pasó eso, ya no era esclavo del pecado. A fin de que ya no seamos en el presente esclavos del pecado, ¿ok? Porque el que ha muerto ha sido libertado del pecado. Entonces, cuando a mí me pasó eso, estamos tratando de pensar qué es eso: yo quedé libre del pecado y ya no soy esclavo del pecado. Ese fue el resultado.
Entonces, ese hombre viejo y ese cuerpo de pecado que fueron destruidos, ¿qué son? Bueno, de nuevo, no está claro, pero parece que el viejo hombre y el cuerpo de pecado son como la misma cosa, son como sinónimos. Y como lo que ocurrió fue que cuando eso fue destruido yo quedé libre, parece ser que lo que ha ocurrido en mi interior es que la esclavitud que tenía mi voluntad al pecado, que no le permitía ninguna libertad, esa atadura fue quebrada, fue destruida. Es como que la cadena fue rota. Porque antes de mi venida a Cristo, como bien explica Agustín de Hipona, básicamente el pecador solamente puede elegir entre cuál pecado él va a cometer, si este o aquel, pero él no tiene la voluntad de elegir, la libertad de elegir no pecar. Pero cuando el viejo hombre fue destruido y el cuerpo de pecado fue destruido, resulta que yo quedo libre, y ahora como creyente yo sí tengo la posibilidad de no pecar. Es cierto que todavía peco, pero yo tengo la capacidad de no pecar. Tengo una libertad que antes no tenía. Si esto representa mi voluntad, esto quedó libre para yo moverlo en una dirección o en otra.
Ahora, cuando nosotros elegimos el pecado, lo elegimos no porque yo no tenía otra opción, sino porque la otra opción que teníamos yo no la quería. Y la otra opción que sí tenía, que es el pecado, que por lo menos pertenece al reino de la muerte, que pertenece al partido de la carne, esa era la que yo quería, porque me quedan recuerdos de cómo eran las cosas en esa época en cuanto a esa forma de ser o disfrute. Y yo ejercí mi voluntad en esa dirección. Pero cada vez que yo hago eso, yo estoy votando a favor, usando mi ilustración, del partido de la carne, que es el que sube y establece una tiranía sobre mi vida. Y eso es lamentablemente lo que hace que creyentes a veces, después de ser libres, se metan en un callejón sin salida donde duran días y semanas y meses acumulando consecuencias y no logran salir, porque están bajo la tiranía de la carne hacia la que él o ella le dio su voto. ¿Te van entendiendo?
El apóstol Pablo está ayudándoles a los efesios a entender eso. Les está tratando de decir: "Hermanos, ustedes salieron de ahí". Él les dice tempranamente en Efesios: "Ustedes no pertenecían, eran extraños a esos pactos, no eran linajes escogidos". Y salieron de ahí. Ahora, en el capítulo 4, del 17 al 23, escucha lo que Pablo les dice a los efesios: "Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Señor, que ustedes ya no anden", o sea, ustedes creyentes, "ya no anden así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente". Había un vuelo a través de la tiranía del pecado que comienza con la vanidad de su mente. Una mente vacía. No es que no tiene ideas, pero es una mente que no tiene propósito, no tiene significado, vive para el placer del día a día.
"Ellos tienen entenebrecido su entendimiento". Los gentiles tienen su entendimiento entenebrecido. "Están excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia". No les está diciendo que ustedes son así. No, ya ustedes salieron de ahí. Entonces, no sean como esos otros. "Excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón. Habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impureza. Pero ustedes..." ¿Te das cuenta lo que les está diciendo? Les está hablando a creyentes que están tratando de volver a esa vida. "Pero ustedes no han aprendido a Cristo de esta manera, si en verdad lo oyeron y han sido enseñados en él conforme a la verdad que hay en Jesús. Que en cuanto a la anterior manera de vivir, ustedes se despojen del viejo hombre que se corrompe según los deseos engañosos, y que sean renovados en el espíritu de su mente".
Todo comienza por la mente. ¿Escuchaste el primero? El versículo 17: que no anden en la vanidad de la mente. ¿Escuchaste ahora el último versículo, el 23? Y que sean renovados en el espíritu de su mente. ¡Wow! Ahora, dice Pablo, sean renovados en el espíritu de su mente. Vamos a ver, Romanos 6:6: "Sabemos esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido". Ok, eso pasó. "A fin de que ya no seamos esclavos del pecado, libres, porque el que ha muerto ha sido libertado del pecado". La razón por la cual...
Hubo que destruir el cuerpo de pecado, o las amarras que el pecado tenía sobre tu voluntad, para libertarte. Esa fue la razón, y eso es lo que el apóstol Pablo se dispone a tratar de explicar: que en Cristo ahora yo tengo una libertad que no tenía antes. Yo tengo una libertad para decirle que no al pecado. Cuando yo le digo que sí al pecado es porque yo he querido volver al mundo de las tinieblas, pero tenemos la capacidad.
En la última porción, entonces, lo que Pablo ha señalado es la solución: que como hemos muerto con Cristo, tenemos certidumbre de que viviremos con Él. Si Él resucitó de entre los muertos, tú tienes la certidumbre de que vas a resucitar de entre los muertos. De hecho, si Cristo está sentado a la diestra del Padre, el texto de Efesios nos dice, capítulo 1 creo, que estamos sentados a la diestra del Padre. Es porque después que yo vengo a Cristo, de hecho desde que Dios me eligió en la eternidad pasada, yo he sido visto por Dios en Cristo. En Cristo todo el tiempo, en Cristo. Y hoy en día Dios me ve sentado a la diestra del Padre en Cristo, o con Cristo. Eso está dicho así mismo en la Palabra.
Como Él resucitó de entre los muertos, por eso la muerte no tiene dominio sobre Él. Y si no tiene dominio sobre Cristo, ya no tiene dominio sobre mí tampoco. Yo muero físicamente, pero cuando yo muero, entonces es que yo comienzo a vivir de verdad. Y Pablo dice: considérense muertos al pecado.
Versículos 8 al 11: "Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él, sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir. La muerte ya no tiene dominio sobre Él." Bueno, lo que no tiene dominio sobre Cristo no tiene dominio sobre mí. "Porque en cuanto a que Él murió, murió al pecado de una vez y para siempre, pero en cuanto a que Él vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús."
¡Wow! Tú puedes considerarte así. Es como el niño que nace al día de hoy y tú puedes considerarlo dominicano. No ha hecho nada todavía, no ha ido a la Junta Central Electoral, pero es dominicano. Él puede considerarse con los derechos que un ciudadano dominicano tiene porque él es hijo de padres dominicanos. Cuando yo nazco en Cristo de nuevo, los derechos de Cristo son mis derechos, y por tanto yo tengo que considerarme muerto al pecado.
Lo que Pablo está haciendo en Romanos 6 del 1 al 11 es describiendo teológicamente, de una manera un tanto confusa, lo que implica mi unión con Cristo. Pero yo voy a tratar en los minutos que nos quedan de expandir ahora el concepto de mi unión con Cristo. Creo que Pablo lo explica. Ahora es como tratar de ver en la realidad cómo yo debo irlo pensando.
Escucha esta cita: en las epístolas de Pablo, las frases "en Cristo", "en el Señor", "en Cristo Jesús" y "en Él" aparecen más de 200 veces. Para Pablo no es un concepto pequeño. Esa es la designación favorita de Pablo para la identidad espiritual de los creyentes. Esa es mi identidad espiritual: ¿cuál es? Que estoy en Cristo, que estoy en Jesús, que estoy en Él.
Escucha de todas maneras cómo Pablo trató de decir eso. Efesios 1:4: "Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo." ¿Escuchaste eso? Yo no estaba creando esa idea, ese concepto. Dios nos escogió. No simplemente dice nos escogió. No, nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo. Efesios 1:5-6: "Nos predestinó para alabanza de la gloria de su gracia, que gratuitamente nos ha impartido sobre nosotros en el Amado." La gracia me fue dada en el Amado. Efesios 1:7: "En Él tenemos redención mediante su sangre." Efesios 1:13: "En Él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el Evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa."
¿Tú notaste lo que dice? No fue simplemente que me sellaron con el Espíritu Santo. En Él fuiste sellado con el Espíritu Santo de la promesa. Filipenses.
Filipenses 3:9: "Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe." Romanos 8:1: "Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús." Nota que el texto no dice "no hay condenación para los que fueron perdonados por Cristo Jesús", aunque eso es verdad. No, el punto es que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Si estás en Cristo no puedes andar conforme a la carne, porque estás en él y en él no hay nada de carne.
Primera de Corintios 1:30: "Pero por obra suya están ustedes en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, santificación y redención." Cristo es la cabeza de todos nosotros, el cuerpo, porque todos estamos en un solo cuerpo.
Escucha lo que dice esta cita: "El resultado de esta unión entre Cristo y su iglesia" —y esto es vital para cómo tú y yo nos vamos a relacionar, o se supone— "el resultado de esta unión entre Cristo y su iglesia es que los miembros individuales de su cuerpo están unidos entre sí y tienen comunión y compañerismo mutuos con el Dios trino y con todos los demás creyentes." Yo no sé si tú entendiste eso bien, pero el hecho de que tú estés en Cristo y unido a Cristo, y yo también, implica que tú y yo no podemos en Cristo estar divididos. Es como que tú eres un dedo, yo soy otro, y hay otro hermano que es otro dedo, y otro hermano es otro dedo. Y ahora vemos diez hermanos, pero los diez estamos pegados a un brazo, y cada brazo está pegado al tronco. Y hay otros que están en el tronco, que están en los pies. Y ahora, en este cuerpo, de aquí para abajo estamos todos, y Cristo es la cabeza. Y no podemos cortar la cabeza y separarla del cuerpo, o decirle a Cristo: "Déjame cortar a este dedo meñique que no me gusta mucho, que yo funciono con nosotros cuatro." No, nuestra unión en Cristo es vital.
Y ahora, de nuevo, escucha lo que Pablo dice: "Con Cristo he sido crucificado." No es que, como que, no sé cómo decirlo, místicamente fui crucificado. No, no, no. Yo con Cristo fui crucificado; lo que a él le pasó, a mí me pasó. "Y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí. Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." En este solo versículo Pablo explica lo que la unión con Cristo implicó para él: con Cristo he sido crucificado, número uno; ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí.
La expresión "con Cristo he sido crucificado" implica, ya lo mencioné desde el principio, que todos, todos los beneficios que le pertenecen a Cristo, todos me pertenecen a mí porque estoy en él. "Pastor, ¿pero todos?" Bueno, recuerda que nosotros hemos sido hechos coherederos con Cristo. Estoy tanto en Cristo que cuando Cristo hereda el reino, yo heredo el reino. Él hereda el reino, pero yo heredo el reino junto con él. En la cruz Cristo pagó la deuda moral; yo no soy deudor ya. ¿Por qué? Porque yo estaba en Cristo cuando él la pagó. Cristo triunfó sobre el pecado; yo triunfo sobre el pecado. "¿Que estoy luchando todavía en esta carne, este cuerpo de muerte?", como lo llamó Pablo. Sí, es verdad, pero mi victoria está garantizada si verdaderamente yo estoy en Cristo hoy.
Pero de esa misma manera, el pecado ya no es mi amo, hermano. Es lo que Pablo está diciendo. O sea, no puede ser que volvamos a la esclavitud del pecado. No puede ser. Tu unión con Cristo terminó la tiranía del pecado sobre ti. Cuando Cristo abrió el camino a Dios, yo tengo acceso a Dios completamente libre y puedo ir con confianza. Tengo comunión con él, pero tengo comunión con todos los hijos de Dios al mismo tiempo, aunque todavía no los conozca a todos. Y eso se debe a mi unión con Cristo.
La segunda verdad que Pablo establece en Gálatas 2:20 es que, al ser crucificado con Cristo, él perdió su vida. Perdió su vida. No se trata de lo que yo quería, por donde yo venía, lo que yo anhelaba. No, no, no, no. Ya no soy yo el que vive. Entonces, ¿quién vive? Bueno, es Cristo. Y entonces, ¿qué significa eso? Bueno, que yo voy a vivir lo que Cristo quiere que yo viva. Yo voy a caminar por donde Cristo quiere que yo camine. Si Cristo quiere que yo sea pastor, yo voy a ser pastor. Si Cristo quiere que yo barra la iglesia, yo barro la iglesia, porque ya no vivo yo. Si Cristo quiere que yo me dedique, no sé, a ser barbero, bueno, voy a cortar pelo. Voy a ser el mejor estilista del mundo, pero es lo que voy a hacer, porque no es mi vida, es la vida de Cristo que él va a vivir a través de mí. De manera que el mundo sepa cómo luce Cristo como barbero, cómo luce Cristo cuando se viste de carpintero, de barrendero, de médico, de abogado; cómo Cristo va a la corte y defiende los casos. ¿Sí ves, hermano?
¿Por qué insistimos en hacer nuestra voluntad? Porque no he entendido que yo morí. Yo insisto en hacer mi voluntad porque yo no he acabado de entender que no tengo una voluntad propia de Miguel Núñez. Yo tengo la voluntad de Cristo para ser vivida en y a través de Miguel Núñez. ¿Por qué insistimos en tomar decisiones para disfrutar de beneficios terrenales en vez de tomar decisiones que me permiten cultivar bendiciones celestiales? Porque yo no he entendido que esta vida terrenal murió.
¿Qué es lo que tú ganas cuando vienes a Cristo? Tú, tú, tú, recuerda cómo se llama: se llama vida eterna. Tú sabes que la vida eterna no se gana ni se vive aquí abajo. Tú estás viviendo en otra dimensión. Que no lo reconozcas es otra cosa; que no lo entiendas es otra cosa; que no te guste es otra cosa. Pero si realmente entiendes que moriste en Cristo, ya no tienes una vida terrenal. Y por eso no se llama vida terrenal ni vida temporal. Yo tengo una vida eterna, porque aunque mueras vivirás. Y esa es la vida eterna.
¿Por qué insistimos entonces en darle a la carne la satisfacción que pide en vez de darle satisfacción al alma? Porque, de nuevo, yo no acabo de entender que yo no vivo para mí. Yo vivo para Cristo. Yo no vivo la vida de Miguel Núñez, que disfrutaba esos placeres carnales. Yo vivo ahora la vida de Cristo. ¿Por qué sobrealimentamos el cuerpo y ayunamos el alma? Yo creo que eso lo escribí. Cuando lo escribí dije: "Wow, eso sí es pesado." Sobrealimentamos el cuerpo: desayuno, merienda, almuerzo, merienda otra vez, cena, otra merienda para acostarnos; media noche me levanto con hambre, vuelvo a comer. Pero el alma en ayuno.
Escucha lo que Pablo dice en Gálatas 2:20: ya te lo leí, que fuimos crucificados con Cristo. Romanos 6:4: ya te lo leí, fuimos sepultados con Cristo. Colosenses 3:1: hemos resucitado con Cristo. Efesios 2:6: estamos sentados allá arriba, a la diestra del Padre, con Cristo en lugares celestiales. Romanos 8:17: somos coherederos con Cristo. Romanos 8:38-39: nada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo. Por supuesto que no, ¡estás en él! No estás al lado de él, no estás sentado como a diez tragos. No, estás en él. Si fuiste crucificado con Cristo...
Hemos usado esta analogía anteriormente, pero es buena verla otra vez. Recuerda: no puedes estar crucificado y volver atrás. No puedes ponerle la mano al arado y querer mirar hacia atrás otra vez. Si estás crucificado, solamente puedes ver hacia adelante, hacia donde Cristo está esperando que tú llegues y cruces la línea.
La persona que está clavada... pregúntale a una persona que está clavada ahí en una cruz: ¿él tiene deseos carnales? No sé, que si ve agua... No, eso no es un deseo carnal. Ya se murieron. Él tiene cosas más perentorias, más importantes que suplir. No puede volver su vista atrás, no quiere volver a caminar por donde caminó, no puede disfrutar su vida otra vez de la misma manera, no puede ni siquiera desearla, no quiere ni recordarla. Si está crucificado, nació de nuevo. Ahí en la cruz, el ladrón que por morir de este lado... Hemos sido crucificados con Cristo.
Todas las bendiciones de Cristo, hermano, son tuyas. Son tuyas ya. De manera que vivir la vida que Cristo compró para nosotros es vivir la vida que él te compró, no la que tú llevabas, no la que tú querías, no la que tú quieres, no la que tú puedes, no con la que te puedes ilusionar. No, no, no, no, no. Vivir la vida que Cristo compró para ti: ese es tu llamado, ese es tu deber, esa es tu obligación, es tu privilegio, es tu responsabilidad, es tu gratitud.
Escucha, si todavía no tienes claro de qué es lo que el pastor está hablando, porque eso es como confuso, como teológico, déjame leerte un versito. Colosenses 3:3: "Porque ustedes han muerto." ¿Cómo tú entiendes lo que está muerto? Ahora se acabó. "Y su vida está escondida..." La vida que tienen ahora está escondida con Cristo en Dios. Te moriste, y la vida está escondida con Cristo en Dios. ¿No han leído que en él vivimos, nos movemos y existimos? ¿En quién? En Cristo. O estamos en Cristo o ni siquiera existimos.
La razón por la que Pablo dice "para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia" es porque él sabe que fue unido a Cristo. En su unión con Cristo, lo único que él puede hacer es eso: para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.
Y si todo lo anterior no fuera suficiente, recuerda que Cristo nos dejó dicho: "Hey, yo soy la vid y ustedes son los pámpanos." Tengo unas ramitas y soy el tronco; ustedes dependen de mí, ustedes están atados a mí. Cristo dijo: "Ustedes son el cuerpo porque soy la cabeza, y no pueden decapitarme porque quedan sin cabeza." Cristo nos dijo: "Ustedes son la novia, pero yo soy el novio. Y ustedes, de hecho, soy tan novio que me volví el esposo y me casé con ustedes." Y además, si se te olvida, yo soy la piedra angular. Y la piedra angular era la primera piedra que se ponía en una edificación para alinear todas las demás piedras. De manera que alinea tu vida con mi vida, porque yo soy la piedra angular que alinea todas las demás.
Y si eso es así, hermano, tú y yo no podemos seguir, no podemos continuar construyendo, escribiendo nuestra propia historia. Tú no tienes una historia propia. La historia tuya... tú eres el lápiz de la historia que Cristo quiere escribir contigo. ¿Y cómo se llama esa historia? La historia de Cristo a través de Miguel Núñez. No puedo seguir trazando mi propio camino, no puedo embarcarme en proyectos...
Que Dios no apruebe vendrán previamente, pues no tengo proyectos propios porque estoy en Cristo. Y entonces esta lucha que tengo todavía con la carne, pastor, bueno, recuerda, y con esto cierro, va a estar ahí porque la carne no puede ser cambiada. La carne puede ser disciplinada, pero no puede ser cambiada. A la carne lo único que podemos hacer es crucificarla y recordarle que ya es carne. La carne no puede ser regenerada como el espíritu, para nada. A la carne no se le puede entrenar para complacer a Dios, porque la carne responde a hormonas, a receptores, a receptores sensuales, de dolor, de todo tipo. La carne no hay quien la mejore moralmente. Ella no entiende, no tiene ni pies ni cabeza. Lo que ya le gusta, le gusta en cualquier momento, delante de cualquiera y a cualquier hora.
Pero si es la carne, no puede votar por ella, hermano. No puede votar por ella porque ella vuelve y te somete a su tiranía. Tiene que votar en contra todo el tiempo, a favor del espíritu y en contra de la carne, porque si no, se volverá de nuevo una tirana sobre tu vida.
Padre, gracias porque ciertamente estábamos perdidos en delitos y pecados, estábamos caídos en medio de lodo cenagoso, y tú nos levantaste. Pero no solamente nos levantaste el día que nos diste salvación, sino que tú dejaste poder dentro de nosotros para que en Cristo yo pueda levantarme todos los días y que en Cristo yo pueda vencer las batallas contra la carne todos los días. Señor, ayúdame, alimenta mi mente todos los días para recordarme quién soy en ti. Que yo soy un linaje escogido, que yo soy real sacerdocio, que yo soy parte de una nación santa. No es que lo voy a llegar a hacer, es que yo soy.
Recuérdame que yo morí al pecado. Recuérdame que el pecado no es amo sobre mí, que el pecado no me conduce, que la tiranía del pecado, soy yo quien me someto a esa tiranía, pero él no tiene poder sobre mí. He sido crucificado con Cristo. Recuérdame que yo soy nueva criatura, que lo viejo pasó, que lo nuevo llegó. Todos los días ayúdame a agarrarme de tu mano y levantarme en Cristo por encima de las pasiones de esta tierra, de este mundo. Recuérdame quién yo soy en ti para no volver a hacer lo que yo era en mí. Pero te lo pedimos en Cristo Jesús, en quien estoy, en quien estamos y siempre estaremos por la eternidad. Su cuerpo dice amén.
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