IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
El verdadero avivamiento no nace de estrategias humanas ni de métodos bien diseñados: nace de Dios. El libro de Esdras abre con una declaración poderosa: "para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor movió el espíritu de Ciro, rey de Persia". Un rey pagano, arrogante, gobernante del imperio más vasto de su tiempo —que abarcaba desde Irán hasta Egipto— es llamado por Dios "mi pastor" y usado para liberar al pueblo judío después de setenta años de cautiverio. Dios no solo mueve el corazón de los suyos; mueve también el de los incrédulos a favor de sus propósitos.
De los quizás dos millones de judíos en Babilonia, apenas unos cincuenta mil regresaron. ¿Quiénes fueron? No los acomodados ni los prósperos, sino aquellos que lloraban junto a los ríos de Babilonia preguntándose: "¿Cómo cantaremos la canción del Señor en tierra extraña?". Eran los que no podían ser saciados por nada que no fuera la presencia de Dios.
El templo fue lo último en caer cuando Jerusalén fue destruida, y lo primero que debía reconstruirse al regresar. Dentro del templo, el altar era la prioridad. Nada se logra intentando reconstruir vidas, familias o iglesias si primero no hay un regreso a lo que el altar representa: la presencia de Dios, su santidad y su palabra. Conociendo la fidelidad, el poder y la soberanía de Dios, su pueblo puede descansar —aun en tiempos de crisis— en el Dios que orquesta la historia conforme a sus propósitos eternos.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Esdras capítulo uno: "En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor movió el espíritu de Ciro, rey de Persia, y este hizo proclamar por todo su reino, y también por escrito, diciendo: Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha designado para que le edifique una casa en Jerusalén que está en Judá. Quien de entre todos vosotros pertenezca a su pueblo, sea su Dios con él, que suba a Jerusalén que está en Judá y edifique la casa del Señor, Dios de Israel; Él es el Dios que está en Jerusalén. Y a todo sobreviviente, en cualquier lugar que habite, que los hombres de aquel lugar lo ayuden con plata y oro, con bienes y ganado, junto con una ofrenda voluntaria para la casa de Dios que está en Jerusalén."
"Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y los levitas, todos aquellos cuyo espíritu Dios había movido para subir a edificar la casa del Señor que está en Jerusalén. Y todos los que habitaban alrededor de ellos les ayudaron con objetos de plata, con oro, con bienes, con ganado y con objetos preciosos, además de todo lo que fue dado como ofrenda voluntaria."
"El rey Ciro sacó los objetos de la casa del Señor que Nabucodonosor se había llevado de Jerusalén y había puesto en la casa de sus dioses. Ciro, rey de Persia, los hizo sacar por mano del tesorero Mitrídates, que los dio contados a Sesbasar, príncipe de Judá. Y este fue su número: treinta platos de oro, mil platos de plata, veintinueve duplicados, treinta tazas de oro, cuatrocientas diez tazas de plata de otra clase, y otros objetos, mil. Todos los objetos de oro y de plata fueron cinco mil cuatrocientos. Sesbasar los trajo todos con los del destierro que subieron de Babilonia a Jerusalén."
Padre, gracias una vez más por tu satisfacemos pedimos que tú puedas ser con nosotros. Y de manera especial yo te pido por el predicador de Dios, que tú seas con él, que tú le des claridad de ideas, que tú puedas poner su mente y su corazón en tu mente, Dios, que tú puedas guiarlo a través de esta nueva serie que hoy comenzamos. Y en especial en este día, a través de este primer mensaje, que nosotros podamos entender qué tú tienes que decirnos hoy, al comienzo de un nuevo año, al inicio de una nueva etapa, a nosotros como pueblo tuyo que estamos en medio de tu obra, en medio de tu trabajo. Tú no has terminado con nosotros, Dios, y qué bueno saber eso, que tú no has terminado aún. Ayúdanos a contemplar en tu palabra lo que hasta ahora quizás no habíamos visto. En Cristo, nuestro Señor, te lo pedimos. Amén.
Bueno, decía que comenzamos una nueva serie, y es una serie que tiene que ver tanto con el libro de Esdras como con el libro de Nehemías. Y la razón es que estos dos libros cubren un período de tiempo muy similar. De hecho, en el canon judío estos dos libros constituyen un solo libro, porque los hechos de Nehemías sucedieron a los hechos escritos en el libro de Esdras y tienen ambos que ver con el retorno del pueblo de Dios a la ciudad de Jerusalén. Nosotros vamos a ver entonces cómo Dios usa a Esdras de una manera, a Nehemías de otra, a Zorobabel de otra. Y ciertamente este es un libro que tiene grandes lecciones para el pueblo de Dios cuando tiene que ver con lo que es el avivamiento de Dios.
De hecho, yo he querido titular esta serie "El regreso a Dios" o "El regreso a Jehová: la clave del avivamiento". Precisamente porque lo que estos dos libros van a describir, el retorno a Jerusalén, no es más que un retorno a Jehová y un comienzo de un avivamiento. Es algo que Dios se ha propuesto hacer en medio de su pueblo. La temática del libro es precisamente esta: la restauración física y espiritual del pueblo de Dios. La restauración física: el restaurar el templo, la ciudad y las murallas. Y la restauración espiritual del pueblo de Dios. El autor de ambos libros es Esdras, aunque hay algunos debates sobre esto.
El libro de Esdras tiene que ver con cierta introducción, o es para que usted pueda situarse dónde estamos. El libro de Esdras podemos dividirlo en dos secciones. Los primeros seis capítulos tienen que ver con el primer retorno del pueblo judío a Jerusalén bajo la dirección de Zorobabel. La segunda mitad, del capítulo siete hasta el final, tiene que ver con el segundo retorno bajo la dirección del mismo Esdras. Sin embargo, entre esas dos mitades, entre la primera mitad capítulo uno al seis y la segunda del siete al diez, hay un intervalo de cincuenta y ocho años. Y durante esos cincuenta y ocho años ocurrieron los hechos escritos en el libro de Ester, que no estamos cubriendo en esta serie.
Tan pronto el pueblo regresó a Jerusalén, lo primero que el pueblo se propone hacer, por dirección de Dios, es la reconstrucción del templo. Y sin embargo, tan pronto comenzó la reconstrucción del templo, hubo oposición hasta el punto de parar la reconstrucción del templo por dieciséis años. Al final de los dieciséis años, Dios levanta a Hageo y a Zacarías como profetas del pueblo. Él no elimina la oposición, no aminora la oposición, simplemente levanta hombres capaces de, por medio de su palabra, inyectar valor de nuevo en el pueblo de Dios para continuar el trabajo en medio de la oposición.
Y yo creo que hay una primera lección para nosotros, y es que nadie ha hecho el trabajo de Dios, a la manera de Dios, en el tiempo de Dios, sin experimentar oposición. Cristo no ministró sin oposición, Pablo tampoco, Lutero tampoco, Calvino tampoco, Edwards tampoco. No ha habido todavía en la historia del pueblo de Dios nadie que haya ministrado efectivamente, poderosamente, sin experimentar oposición significativa. De hecho, a mayor la eficacia del hombre trabajando bajo la unción de Dios para deshacer los planes del maligno, mayor la oposición que experimenta por parte del reino de las tinieblas. Decía alguien que Satanás tiembla cuando ve a un hombre de Dios sobre sus rodillas.
No hago énfasis en esto porque nosotros tenemos que, como iglesia, si creemos que Dios nos está preparando para un trabajo mayor, reconocer desde ya que habrá oposición. Entre más Dios pueda usar a la IBI, mayor será la oposición.
Después de esto, primer a seis, capítulo del libro de Esdras, yo decía, hay un intervalo y tenemos entonces un período de tiempo ocurrido en Babilonia que el libro de Ester cubre, y luego tenemos la segunda mitad del libro de Esdras que vamos a estar cubriendo más adelante. Ambos libros, Esdras y Nehemías, tienen que ver con el retorno del pueblo judío después de setenta años de cautiverio en Babilonia.
Y de nuevo, los acontecimientos son muy diferentes a los nuestros, pero yo creo que habiendo regresado aquí hoy, después de seis meses de haber estado fuera cuando este templo se consumió, nosotros estamos experimentando un regreso al primer lugar, al primer templo, aquella casa que Dios nos dio. Y al regresar, yo creo que necesitamos ver en los regresos qué lecciones Dios tiene que enseñarle a su pueblo. Como hemos dicho antes, Dios no es predecible, pero Él es consistente.
Y esta serie yo la he titulado precisamente "El regreso a Dios: la clave del avivamiento", pero nadie ha experimentado avivamiento en su vida, en una iglesia, en su familia, en una denominación o en una nación sin primero haber regresado al corazón de Dios. Lo último que cae con las invasiones de Nabucodonosor, allá en Israel, es el templo de Dios, y lo primero que tiene que ser reconstruido cuando el pueblo regresa es el mismo templo de Dios. Si vamos a querer regresar a Dios, vamos a tener que comenzar por la adoración a ese Dios, y el templo tipifica su adoración. Y esa es la razón por la que Dios comienza este regreso de esta manera.
Rápidamente, para que usted recuerde algunas cosas de la historia: el pueblo de Dios se había dividido en dos, el reino del norte y el reino del sur. El reino del sur tenía dos tribus, Benjamín y Judá, y el reino del norte las otras diez tribus. Dios le advirtió a ambos reinos que si no se arrepentían serían llevados al exilio. Por cuatrocientos años Dios estuvo advirtiéndole a ambos reinos lo que finalmente tendría lugar, y sin embargo los reinos no se arrepintieron. El reino del norte se fue primero con las diez tribus, tomados por Asiria, y ahí se les ha llamado las diez tribus perdidas de Israel, aunque se entiende que con toda probabilidad representantes de cada tribu regresaron, aunque no están registrados aquí como un regreso oficial.
Y luego, por los próximos ciento veinte años, Dios se encarga de advertirle al reino del sur, Judá y Benjamín, que miraran y observaran lo que le había ocurrido a su hermana del norte, porque de lo contrario Él haría lo mismo para con ellos. El primer exilio ocurre en el año 722 antes de Cristo a mano de los asirios, el reino del norte. Y el segundo entonces comienza en el año 605 con la primera invasión del rey de Babilonia para con Israel, y luego una segunda invasión, y luego una tercera invasión. En estas invasiones se fueron Daniel y Ezequiel a Babilonia a habitar con el pueblo por setenta años.
Dios nunca ha abandonado a su pueblo. Aun en el exilio, los profetas permanecieron con ellos. Pero recuerda algo: los profetas no eran la causa de este deterioro moral del pueblo, y sin embargo tuvieron que sufrir las mismas injusticias que el pueblo sufrió.
Jerusalén cae en la tercera invasión, el año 587 antes de Cristo, y el templo es lo último en caer, como habíamos mencionado. Y al regreso, el templo es lo primero en ser construido, y dentro del templo el altar era lo primero que debía ser construido por el pueblo, como vamos a estar viendo más adelante. Y la enseñanza aquí es que nosotros nada hacemos con tratar de reconstruir nuestra vida, nuestra iglesia, nuestra denominación, nuestra nación, si primero no hay un regreso a lo que el altar representa: la presencia de Dios, la santidad de Dios y la satisfacemos de Dios.
Quizás no sea accidente que durante el fuego, después del fuego, el púlpito que representa este altar —si usted quiere— permaneció de pie como una de las cosas, uno con sus palabras, que el fuego no pudo consumir. El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará.
Ahora escucha algo. La historia del pueblo, la historia que nosotros leímos hoy, no es acerca de los grandes hechos de Esdras y Nehemías. Yo creo que uno de los grandes errores en la enseñanza de la Palabra es la concentración, el énfasis prioritario, en los grandes hechos de Nehemías, de Esdras, de un Moisés, de un Daniel, más que en el Dios detrás de los hechos. El intento de Dios al escribir esta historia no es revelar cuán grandes estos hombres eran, es cuán grande es el Dios detrás de estos hombres a quien ellos sirvieron.
Y yo creo que si usted presta atención usted se va a dar cuenta que el texto que yo leí es una revelación de los atributos de Dios. No es simplemente una historia, no es simplemente un regreso, no es simplemente una reconstrucción, es una revelación de los atributos de Dios. Y el primero de esos atributos es la fidelidad de Dios.
Escucha cómo comienza el texto: "En el primer año de Ciro, rey de Persia, aquí viene, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías." El Señor está a punto de hacer algo, pero la razón por la que lo va a hacer es para probar su fidelidad a su propia palabra, para que se cumpliera lo que ya había sido profetizado por boca de Jeremías. Y aquí está una de sus profecías, Jeremías 29:10: "Pues así dice el Señor: Cuando se le hayan cumplido a Babilonia setenta años, yo os visitaré y cumpliré mi buena palabra de haceros volver a este lugar."
¡Wow! Cuarenta y nueve años han pasado y cuando se va a cumplir el año cincuenta, lo que pudiera ser el año del jubileo, Dios decide visitar a su pueblo como había sido previamente anunciado. Lo que Dios está tratando de resaltar en este momento es su fidelidad a su propia palabra, a su pueblo, pero es él en su fidelidad.
Y este imperio de Babilonia, encabezado por Nabucodonosor, había sido usado por Dios para castigar a Israel en su desobediencia. Y sin embargo, este mismo imperio babilónico pecó tanto contra Dios que luego Dios usa el imperio persa para castigar a Babilonia. ¡Wow! ¿Te das cuenta cómo Dios no simplemente está interesado y relacionado íntimamente a lo que pasa en el microcosmos? Dios está íntimamente relacionado a los eventos nacionales e internacionales que ocurren en toda la tierra.
Cuando leemos acerca del Medio Oriente, cuando leemos acerca de los ataques de aquel once de septiembre del año 2001 en Estados Unidos, cuando leemos acerca del quebrantamiento del poder económico de nuestros días, Dios está directamente relacionado a cada uno de esos eventos. Como lo estuvo en el Antiguo Testamento y como lo estará siempre.
Déjame leerte una vez más del libro de Jeremías para que entiendas cómo Dios fue entretejiendo toda esta profecía y luego la llevó a su realización. Mira Jeremías 25:8-11: "Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos: Por cuanto no habéis obedecido mis palabras, he aquí mandaré a buscar a todas las familias del norte, declara el Señor, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra, contra sus habitantes y contra todas estas naciones de alrededor. Los destruiré por completo y los haré objeto de horror, de burla y de eterna desolación. Y quitaré de ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, el sonido de las piedras de molino y la luz de la lámpara. Toda esta tierra será desolación y horror, y estas naciones servirán al rey de Babilonia setenta años."
Yo no sé qué te llama la atención. Si fuera... si hay varias cosas que llaman la atención, pero si fuera a escoger una sola cosa, cuando tú lees este texto como que salta a la vista la manera como Dios califica a Nabucodonosor. ¿Te percataste? "Mi siervo." Un rey pagano, arrogante, atrevido, Dios le llama "mi siervo." No porque Nabucodonosor le rindiera culto, sino porque todos los hombres de la tierra y todos los continentes de la tierra están al servicio de los propósitos de Dios.
Desde aquí abajo parece que la historia se escribe de acuerdo a tratados internacionales que los países firman, guerras, períodos de paz, poder, riquezas, relaciones, influencias. Desde la perspectiva del cielo, la historia la escribe Dios. Dios la orquesta y luego nos la da para que la vivamos. Y esto es una de las cosas que queda claramente visto en estos dos libros, el libro de Esdras y el libro de Nehemías.
La vida es gobernada por Dios. Él pone y quita reyes, dice su Palabra. Él es que quita la vida y él es que da la vida. Él es que destruye y él es que reconstruye. Él es que hiere y él es que sana. Él se reserva todos los derechos.
Y la Biblia por completo es acerca del Dios de los cielos. El término "Dios de los cielos" es usado en el libro de Esdras más que en cualquier otro libro de toda la Biblia, nueve veces, para demostrar el poder, el control, el gobierno que este Dios tiene sobre los países del mundo y sobre todo el globo terráqueo.
Babilonia conquista el reino del norte, pecó, y como decía, el rey de Persia conquista a Babilonia y le castiga como Dios lo había ordenado. El libro de Daniel tiene ese relato. Usted lo puede leer: en una sola noche, mientras bailaban, danzaban y usaban los vasos de oro del templo —que habían sido mandados a sacar para beber en ellos—, el reino de Persia vino y los invadió a oscuras. No tengo tiempo para entrar en los detalles históricos de cómo lo hicieron, cómo desviaron el agua que rodeaba la ciudad como protección, y los invadieron. Y esa noche cayó el reino de Babilonia, tal cual Daniel le había profetizado que ocurriría.
Ahora, aquí va a ocurrir después de los setenta años. Escucha Jeremías 25 a partir del versículo 12: "Después que se hayan cumplido los setenta años, castigaré al rey de Babilonia" —¿escuchaste?— Babilonia es usada para castigar a Israel, y él dice: "Después que se hayan cumplido los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a esa nación por su iniquidad, declara el Señor, y a la tierra de los caldeos la haré una desolación eterna. Y traeré sobre esta tierra todas las palabras que he hablado contra ella, todo lo que está escrito en este libro que Jeremías ha profetizado contra todas las naciones."
Ese es el rey, ese imperio que fue usado contra Babilonia es el imperio persa, del cual ahora Ciro es el rey. Es el rey del cual se nos habla en el versículo primero de este capítulo uno.
Y en todo esto tú puedes ver un segundo atributo de Dios. El primero fue su fidelidad, para que se cumpliera la palabra por medio del profeta Jeremías. El segundo es la justicia de Dios, que tarde o temprano se hará cumplir. Él esperó cuatrocientos años advirtiéndole al reino del norte, al reino del sur, pero eventualmente su justicia llegó. Él esperó setenta años en Babilonia para terminar de hacer justicia. Y hoy día está esperando para volver a hacer justicia. Pero lo que está claro es que la justicia de Dios no puede ser ignorada, no puede ser pasada por alto, no puede ser violentada. Dios hará lo que hará por medio de su justicia para reivindicar su nombre.
Pero queda literalmente expuesto, dicho claro, vívido, incluso en eventos e historias en toda la Biblia, que Dios ha de reivindicar su nombre. Primero vimos su fidelidad, segundo vimos su justicia. En tercer lugar yo quiero que veamos la soberanía de Dios sobre el corazón de los hombres.
"Y el Señor movió el espíritu de Ciro, rey de Persia, y este hizo proclamar por todo su reino, y también por escrito, diciendo: Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha designado para que le edifique una casa en Jerusalén que está en Judá."
Dios toma la iniciativa. El Señor movió el corazón de Ciro. En toda ocasión Dios es quien toma la iniciativa. Si Dios no hubiese tomado la iniciativa de abrir el corazón nuestro, abrirnos el entendimiento, moverse en él, nosotros estuviéramos hoy en el mismo lugar donde estábamos el día en que él nos encontró. Y no solamente Dios mueve el corazón de sus hijos o de aquellos a quienes está llamando para que sean sus hijos; Dios mueve incluso el corazón de personas incrédulas a favor de su pueblo y a favor de sus propósitos. Dios movió el corazón de Ciro.
Y ahora había un pueblo que estaba novecientos kilómetros de distancia, y resulta que Dios quiere moverlo a pie, a caballo, a camello, novecientos kilómetros de distancia. ¿Y quién va a hacer este recorrido? No hay seguridad en medio de ese trayecto. No hay hoteles donde quedarse. No hay un teléfono donde tú llamarías a hacer reservación. No hay un rental donde tú puedas parar a rentar un carro, donde tú puedas llamar y hacer reservaciones. Son novecientos kilómetros de distancia por un camino donde yo nunca he transitado, y si quedaban algunos viejitos quizás que lo transitaron hace setenta años, habrá lo que habrá pasado en el trayecto.
Pero la única manera como ese pueblo puede pensar en regresar es si Dios los mueve. Y eso es exactamente lo que Dios hizo: Dios los movió. Y de una totalidad quizás de dos millones de judíos que se estima pudieron haber estado en Babilonia en ese tiempo, solamente unos cincuenta mil regresaron. Dios se ha preservado siempre un remanente, pero su remanente siempre es una minoría. Y es este pueblo el que regresa.
Ahora escucha: en Jerusalén no había ciudades modernas esperándoles. No había calles iluminadas esperándoles. No había, como decíamos, hoteles esperándoles. Tú vas a llegar y esa noche tú no sabías dónde ibas a dormir. Tú no ibas a llegar donde tu primo que te alojara. Tú vienes a ver una ciudad de donde la gente había salido hace setenta años. Y es ese el trayecto, o la trayectoria, que un grupo significativo emprendió.
La pregunta es: ¿quiénes se fueron y quiénes se quedaron? La evidencia histórica es que la gran mayoría se había acomodado en Babilonia. Habían llegado a ser prósperos.
Agricultores prósperos, otros negociantes prósperos, y de hecho algunos piensan que la tradición judía de comerciante nació en Babilonia y que desde entonces han mantenido esa vena, como le llamamos, esas inclinaciones que ellos tienen. Pero ¿quiénes regresan y quiénes se quedan? Déjame leerte del Salmo quiénes regresan.
Salmo 137, a partir del versículo 1: "Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos y llorábamos al acordarnos de Sion. Sobre los sauces en medio de ella colgábamos nuestras arpas. Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones. Los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sion."
Escucha quiénes regresan: "¿Cómo cantaremos la canción del Señor en tierra extraña?" Hay un grupo de judíos que está acomodado, está ya en sus laureles. Ellos no quieren perder su comodidad, no quieren sacrificarse, no quieren pagar el precio. Esos se quedan. Pero sí hay un grupo de judíos para quienes Babilonia no los llenó, no los sació, y esos decían: "No podemos cantar la canción del Señor fuera, en tierra extraña. Tenemos que regresar a Sion." Esas personas continuaban hambrientas por aquello que verdaderamente vale y que solamente Dios puede dar.
Tu Babilonia es el lugar que tienes de comodidad, de tranquilidad, de seguridad, aquello de lo que tú dices: "Bueno, aquí yo estoy seguro, aquí yo puedo construir mi futuro." Babilonia representa aquellas cosas que te llenan y te sacian, y Sion representa el hambre continua por la presencia de Dios. Y estos que escriben el salmo dicen: "¿Cómo cantaremos la canción? ¿Nos piden que le cantemos canciones de Sion? Pero no podemos, porque no estaremos satisfechos hasta que nuestro Dios haya sido adorado en su lugar como le corresponde." Eso es lo que mueve el corazón. Eso es lo que mueve el corazón de los que van a regresar.
Hay estrategias, hay métodos que el hombre puede implementar para producir un supuesto avivamiento. Pero si el avivamiento ha de ser genuino, duradero, profundo, transformador, tendrá que venir de Dios. No ha habido en la historia del pueblo de Dios, ni en la Biblia ni después que se terminó de escribir la Biblia, ningún avivamiento que no haya comenzado por Dios. Y este pueblo, Dios quiere avivarlo. Pero el pueblo tiene que hacer algo antes de que su avivamiento le visite.
Pasó bien, entonces, si eso tiene que venir de Dios y comenzar de Dios, ¿nada que podemos hacer? ¿Tú has leído el libro del profeta Daniel? Daniel es el profeta que ahora está sirviendo en la corte de Ciro. ¿Te das cuenta cómo Dios va orquestando los eventos? Ciro conquista Babilonia, pero Daniel se queda sirviendo en la corte de Ciro. ¿Tú has oído la oración de Daniel en el capítulo 9? ¿Cómo él confiesa los pecados de su pueblo? ¿Cómo él llora y dice: "Yo y mi casa hemos pecado contra ti"? ¿Y cómo él interviene y se convierte en un intercesor delante de Dios a favor del pueblo de Dios?
El avivamiento comienza por Dios, pero el pueblo de Dios necesita estar en sus rodillas. Necesita estar arrepentido, necesita llorar su pecado. Daniel, que no ha regresado, por eso está a favor del pueblo intercediendo por el pueblo, por los pecados del pueblo. El pueblo había profanado absolutamente todas las leyes de Dios, había profanado incluso lo que eran los días de reposo, y Dios les dice: "Por cada día de reposo que habéis profanado, estaréis un año en Babilonia." Así de esa manera, por cada año que violaste el día de reposo.
La tradición judía dice —que obviamente esto no está escrito en la Biblia, pero la tradición judía dice— que Daniel fue donde el rey Ciro y le presentó la profecía que Dios había hecho con relación a él 150 años atrás por medio de Isaías, de cuando Dios movería el corazón de Ciro. Ciento cincuenta años antes Dios está diciendo: "Voy a levantar a Ciro."
Isaías lo dice en 44:28. Hablando de Dios dice: "El que dice de Ciro..." Dios, Él es el que dice de Ciro: "Él es mi pastor." Dios le llama a Ciro "mi pastor". Claro, porque le va a cuidar de mis ovejas. "Él es mi pastor y él cumplirá todos mis deseos." Y dice de Jerusalén: "Será reedificada, y al templo serán echados tus cimientos." Esta no es la primera vez que Dios usa a un inconverso para bendecir a su pueblo, ni será la última.
Isaías, una cosa: en lo que es la construcción del pueblo, del templo definitivo, así decimos de la IBI, Dios ha movido el corazón de mucha gente incrédula para hacer posible que eso ocurra. Desde el primer día que yo entré a la oficina —no puedo mencionar nombre de esa persona— hasta el día de hoy, Dios ha movido el corazón de mucha gente y no lo va a dejar de hacer. Es la manera como Dios demuestra que todo el mundo responde a sus propósitos.
Yo te lo voy a leer más adelante de una lectura bíblica, pero es Dios quien planifica, quien orquesta finalmente los pasos del hombre. Proverbios 16:9: "La mente del hombre planea su camino, pero el Señor dirige sus pasos." Tú puedes planificar lo que quieres hacer. Estábamos planificando una ampliación y Dios dice: "¿Ampliar qué?" En la primera media hora te voy a parar el trabajo. Y habíamos pensado que el templo definitivo lo tendríamos entre tres a cinco años, y Dios se rio. Te paro el trabajo, te saco por un tiempo, te pongo a reflexionar, te traigo de regreso y te doy algo mejor, pero después de haber trabajado en cada uno de nosotros.
¿Por qué Dios usa al inconverso? Isaías lo dice en 45:6, refiriéndose a Ciro, del por qué Dios le está usando siendo él inconverso. Escucha, toma atención: "Para que se sepa" —suena dominicano esto— "para que se sepa, para que desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, no hay ninguno fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro." Estoy usando a Ciro para que se sepa que desde que sale el sol hasta que se pone el sol no hay nadie que esté fuera de mi control, que yo soy el Dios soberano del cielo y la tierra.
Dios endureció el corazón de Faraón. Hablando de Ciro, ¿es eso soberanía o es soberanía? Pero Él se lo anunció a Moisés: "Se tendrá misericordia del que tenga misericordia y endureceré a quien endurezca." Y tú lo ves en Faraón y tú lo ves en Ciro. No hay nadie que esté fuera de mí y fuera de mi control.
La historia del pueblo de Dios, de hecho, es la historia de un Dios haciendo uso de hombres incrédulos a favor de su pueblo, haciendo uso de hombres incrédulos a favor de su propósito. Y Él lo proclama de diferentes maneras. Ya te lo leí de Isaías 45:6. ¿Por qué lo hace? Déjame leértelo de Proverbios 21:1: "Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor. Él lo dirige donde le place." ¿Ciro? Jerusalén. Y Dios demuestra su soberanía sobre el corazón de los hombres.
Yo decía que Dios no está interesado solamente en lo que ocurre en mi corazón; Él está interesado en los eventos nacionales e internacionales. Por eso es que Pablo dice en Romanos 13 que los gobiernos que están, están porque Dios los ha puesto. Lo entendamos o no lo entendamos, Dios es quien ha dirigido la política internacional de los pueblos. La nación puede nombrar sus ministros de relaciones exteriores. Dios se ríe y dice: "Yo soy el ministro de relaciones exteriores, y yo orquesto la historia de los pueblos conforme a mis eventos."
Mientras Esdras está escribiendo todos estos eventos, déjame decirte qué está pasando alrededor del resto del mundo y que Dios tampoco estaba ajeno a esos acontecimientos. Buda estaba fundando el budismo en la India. Confucio estaba confundiendo a la gente en la China. Y Sócrates sembrando la mentira en Grecia. Todo a la vez: Esdras en el Medio Oriente, Confucio en China, Buda en la India y Sócrates en Grecia. Y nada de eso escapó al control de Dios. Cristo no había venido y ya Satanás estaba haciendo estragos en esos países, toda la mentira sembrando el error en la mente y el corazón del hombre.
Pero en el Medio Oriente, alrededor del cual —ese pedacito de tierra— gira ahora y siempre la historia del mundo y se continúa orquestando, en el Medio Oriente hay un escriba llamado Esdras que está reportando, recogiendo los acontecimientos que verdaderamente tendrán importancia del punto de vista de la eternidad. Y es en ese libro que Dios es llamado nueve veces "el Dios de los cielos." Aparece diez veces, pero en tres libros: Segunda de Crónicas, Nehemías y Daniel, y cuatro veces en el resto de los libros de la Biblia. Pero en Esdras, nueve veces.
Ahora, nota la soberanía de Dios, no solo en la manera como Dios mueve el corazón de Ciro, sino en las palabras de Ciro. Escucha: "Así dice Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha designado para que le edifique una casa en Jerusalén que está en Judá." Ciro reconoce —esto es extraordinario, esta iluminación que él tiene— cuando no es creyente en Jehová. De hecho, Ciro tenía por costumbre quedar bien con todas las divinidades posibles de aquellos pueblos conquistados. Pero cuando él se refiere al Dios de los cielos, el Dios que está en Jerusalén como dice más adelante, él dice: "Él es el que me ha dado todos los reinos de la tierra." No otros dioses paganos, sino el Dios que representa el pueblo judío.
Déjame decirte hasta dónde se extendía el imperio de Persia en ese momento, que para ese tiempo era una enorme extensión. Incluía a Irán —lo que es Irán hoy, que era Persia en aquella ocasión— lo que es hoy Israel, Jordania, Siria, Turquía, Irak, Pakistán, Afganistán y Rusia. Y cuando su hijo murió, su hijo le agregó a Egipto. Todo eso correspondía al reino de Persia, y él dice: "Todos esos reinos, el Dios de los cielos me los ha dado por este tiempo para que los administre." Y ahí nosotros vemos la soberanía de Dios también.
Ahora escucha cómo Ciro le da el permiso al pueblo. No le ordena que regrese, le da el permiso. Le dice: "El que de entre todos vosotros pertenezca a su pueblo, sea su Dios con él, que suba a Jerusalén que está en Judá y edifique la casa del Señor Dios de Israel. Él es el Dios que está en Jerusalén."
Quizás esto fue una manera como Dios pasó un cedazo para que regresara el remanente que verdaderamente quería estar al servicio de Dios. Quería adorar a Dios, porque si Ciro lo hubiese forzado, hubiese ido mucha gente no deseada. Pero Ciro simplemente da el permiso y dice: el que sea parte de este Dios, que habite donde resida, tiene el permiso de regresar.
Y hasta ahora nosotros hemos visto a Dios mover Su mano, y en el mover de Su mano hemos visto la fidelidad de Dios que hizo cumplir las promesas hechas por boca de Isaías y de Jeremías. Hemos visto la justicia de Dios anunciada y cumplida en Asiria y ahora en Babilonia por setenta años. El poder de Dios que mueve los corazones de creyentes e incrédulos, y la soberanía de Dios que reparte los reinos de la tierra como a Él se le antoje. De hecho, cuando Nabucodonosor se enorgulleció contra Dios, Dios lo convierte prácticamente en bestia y lo pone a comer hierba por siete años. Una de las cosas que Dios le dice es: comerás hierba hasta que reconozcas que el Altísimo es el Dios sobre todos los reinos de la tierra y se los da a quien a Él le plazca. Es exactamente lo que Ciro reconoció: que el imperio que él tenía, aun siendo él inconverso, fue un imperio que Dios le había dado.
Pero nota algo más, a ver si encuentras una relación, si esto te trae memoria. Cuando Ciro da permiso —memoria con relación a otra serie que habíamos hecho— si da permiso para que se regrese a Jerusalén, Ciro le ordena al pueblo que se queda que todo el mundo le dé objetos de oro, de plata, a sus familiares, al éxodo del pueblo de Dios. Cuando el pueblo se va al desierto, Dios dice: Yo tengo propósito aquí, no voy a mandar al pueblo mío sin provisión. Y entonces hay de parte del pueblo egipcio, de manera voluntaria, algo que ellos hacen: le entregan objetos de oro, de plata, etcétera. En esta ocasión Ciro ordena que se le entreguen objetos de oro, de plata, ganado, y luego dice además de una ofrenda voluntaria que ellos recibieron. Y ordena que se traigan todas las vasijas del templo que habían sido sacadas, que Nabucodonosor había traído de Jerusalén hasta Babilonia, y que se las regresen. Cinco mil y tantos objetos eran el total de ellos.
Hay un principio, y es que Dios provee para suplir las promesas que Él hace. Algunos de ustedes me han oído decir en más de una ocasión, cuando estamos quizás en medio de una dificultad, determinando algo si se debe o no se debe, se puede o no se puede, que en ocasiones me han oído decir: aquí hay una sola pregunta que responder, y es si es o no la voluntad de Dios. Una vez eso puede ser determinado, en Su tiempo, en Su forma, Dios proveerá para suplir lo que corresponde a Su propósito, para suplir las promesas que Él hace.
Y en este caso, Dios no solamente proveyó las cosas materiales necesarias para regresar, proveyó a Zorobabel como un líder inicial, proveyó a Nehemías como gobernador, a Esdras como escriba y a Josué como sumo sacerdote. Dios provee cada hombre para cada necesidad. Y debemos recordar eso, porque en ocasiones cuando la iglesia está creciendo y nos falta alguien aquí o nos falta alguien allí y tú comienzas a desesperar, te recuerdo que si caminamos al paso de Dios, Dios proveerá cada persona para cada necesidad. Como lo ha hecho con este pueblo, como lo ha hecho a lo largo de la historia bíblica. Uno de los nombres más conocidos de Dios: Jehová Jireh, Dios proveerá. Que es exactamente la historia de Abraham en Génesis 22, cuando su hijo le preguntó dónde está el cordero, él dice: Jehová Jireh, Dios proveerá.
En la medida en que nosotros nos abocamos en un futuro cercano a la construcción de un templo futuro, recuerda que si estamos en medio de la voluntad de Dios, Jehová Jireh, Dios proveerá. Y la provisión... Dios frecuentemente no nos llena las necesidades de antemano, Él nos llena las necesidades cuando la necesidad necesita ser llenada. Hudson Taylor decía, el gran misionero que se fue a China, decía que el trabajo de Dios hecho a la manera de Dios no carecerá del apoyo de Dios. El trabajo de Dios hecho a la manera de Dios no carecerá del apoyo de Dios.
Ahora, en el texto voy a leer, nota algo más. Y es que dice que hay un grupo de personas que regresan, pero son aquellos que han sido movidos por el poder de Dios. "Y a todo sobreviviente en cualquier lugar que habite, que los hombres de aquel lugar los ayuden con plata y oro, con bienes y ganados, junto con una ofrenda voluntaria para la casa de Dios que está en Jerusalén. Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y los levitas" —mira quién es más celebrado— "y todos aquellos cuyo espíritu Dios había movido a subir para edificar la casa del Señor que está en Jerusalén."
Nota que todo comienza por Dios. Los primeros en pararse fueron las cabezas de los levitas y de la tribu de Benjamín, de la tribu de Judá, y los levitas como los que respondían por los sacerdotes. Y creo que hay un principio de aplicación también aquí para nuestra iglesia y nuestras familias. Para ser avivadas, los primeros llamados a pararse son sus cabezas. Y esos son sus maridos, sus esposos. No es posible que la familia sea avivada mientras su cabeza está apagada. Nota que a cada cabeza, sobre todo, corresponde ser un hijo de Dios. Nosotros tenemos un enorme reto, es un reto que tienen todas las iglesias y que no terminará, y es que las cabezas que representan su familia necesitan ser el líder espiritual de su hogar.
Y de la misma manera que las cabezas de la tribu de Benjamín y la tribu de Judá se levantan, de esa igual manera las cabezas de sus familias, los hombres que les representan, deben ser los primeros en levantarse, de tal manera que el resto de la familia pueda disfrutar de los beneficios de Dios. Todo comienza por Dios, pero hay un trabajo que a nosotros nos toca hacer. Daniel hizo el suyo, Esdras, Zorobabel, Nehemías, Josué hicieron el suyo. Queda por verse si cada uno de nosotros va a dar el suyo.
Pero yo creo que este es un buen momento. Un buen momento para nosotros tomar las lecciones que el pueblo de Israel aprendió en su retorno y aplicarlas a nuestras vidas. Y caminar por el mismo trayecto que ellos caminaron, excepto cuando volvieron a desviarse lamentablemente del camino de Dios. Que después de venir desde Babilonia novecientos kilómetros, todavía apareció un grupo que quiso volver a deshonrar a Dios.
Lo que estos setenta años hicieron fue que, de una vez y para siempre, el pueblo de Dios jamás volvió a caminar por ahí. La idolatría se terminó. La idolatría que tanto acosó al pueblo judío, la idolatría de las tribus aledañas de las que ellos estaban supuestos a deshacerse, a expulsarlas, y que nunca terminaron de hacer, y que caló hasta el tuétano de los huesos espirituales del pueblo... Cuando el pueblo regresa de Babilonia, esa idolatría desapareció hasta el día de hoy. Eso no dice que el pueblo de Dios sea creyente en Cristo, pero el pueblo judío la práctica de los dioses ajenos, de los dioses paganos, jamás volvió a verse. El pueblo había sido purgado de su idolatría.
Y yo decía, si hay cierre con esto, a manera de observación y aplicación, predicaba el domingo pasado en una iglesia en Miami. Le decía: los vaticinios de que la economía norteamericana comenzará a tomar cierta vitalidad, ciertos indicios de que va a arrancar, quizá ya para el año 2010 comiencen a verse. Este es un año difícil, pero el 2010 será mejor. Y yo decía: la crisis financiera es una crisis de integridad, es una crisis moral, es una crisis de pecado que tiene años caminando, y eso no va a ser purgado en un año. El pecado de los pueblos toma años; el pecado acumulado por años toma años en purgarlo. El pueblo de Israel está ahí para mostrar la realidad de lo que anuncio.
Y de esa misma manera, nosotros que somos Su pueblo, conociendo Su fidelidad, Su poder, Su soberanía, nada hacemos desesperándonos cuando leemos los periódicos o vemos las noticias. Simplemente tenemos que descansar en la fidelidad, en el poder, la gracia, la soberanía del Dios que hemos visto en esta serie.