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Sermones

Tu vida cristocéntrica como testigo fiel de Su vida

Miguel Núñez 31 diciembre, 2023

La búsqueda de la felicidad es tan antigua como la humanidad misma, pero permanece insatisfecha porque falta una muerte. André Agassi confesó que odiaba el tenis a pesar de ganar ocho Grand Slams, y que la victoria nunca se sentía tan bien como mal se sentía la derrota. Tom Brady, con tres anillos del Super Bowl, admitió ante las cámaras: "Dios tiene que ser más que esto... esto no puede ser todo lo que se dice que es". Cuando le preguntaron cuál era la respuesta, solo pudo decir: "Ojalá lo supiera". Estos hombres llegaron a la cima y la encontraron vacía. La razón es simple: la felicidad es comunión con Dios, y el camino a esa comunión es el camino de la cruz.

Cristo enseñó que el grano de trigo debe caer y morir para dar fruto. Sin la cruz de Cristo no hay redención, pero sin nuestra propia cruz no hay discipulado. Esto implica una muerte a nuestras voluntades, derechos, metas, sueños y búsqueda de reconocimiento. El apóstol Pablo lo entendió cuando escribió: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia". Esa declaración revela una vida completamente cristocéntrica, donde cada decisión, cada circunstancia, cada momento se evalúa en función de cómo afecta la causa de Cristo. Estar en Cristo significa que fuimos crucificados con él, sepultados con él y resucitados con él. Ya no escribimos nuestra propia historia; somos parte de su historia de redención. El pastor Núñez cierra con un poema de un pastor africano anónimo: "No voy a mirar atrás... mi pasado ha sido redimido, mi presente tiene sentido y mi futuro está seguro".

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Hemos llegado al fin de este año 2023 y, prontamente, estaremos dándonos los abrazos acostumbrados de la noche de fin de año. Mi mensaje en esta mañana está fuera de la carta de Santiago, a propósito. Es nuestra costumbre usualmente hacer algo alrededor del 24 de diciembre fuera de la serie que estamos cruzando, y lo mismo para cerrar y abrir el año.

Y si Dios me dijera que me queda un solo mensaje más antes de morir, yo diría que este sería el mensaje. Y no porque yo lo crea el más elocuente ni necesariamente el más profundo, pero yo creo que este mensaje, sea que lo predique yo u otra persona, es como el mensaje que yo quisiera que quedara con el pueblo de Dios. Yo he titulado mi mensaje: "Tu vida cristocéntrica como fiel testimonio de Su vida". En otras palabras, la única manera de tener un testimonio fiel de la vida, de la causa, de la obra de Cristo es si tu vida y la mía es completamente cristocéntrica.

Mi mensaje está basado en dos versículos de la carta de Pablo a los Filipenses, capítulo 1, versículos 20 y 21, pero cuando leamos la porción de la carta, notarás que hay varios versículos más, porque eso me ayuda a aportar un poco de contexto. Pero yo necesito introducir un tema, sobre todo después de haberlo introducido de esta manera, como que este es el mensaje que yo quisiera predicar antes de mi muerte si solo tuviera la oportunidad de predicar uno más.

El 2023 se está terminando, pero para la mayoría el 23 terminará de una manera parecida a como se fue el 22. El 24 iniciará de una manera muy similar a como inició el 23. Y cuando digo eso me refiero al hecho de que muchos terminan y comienzan cada año con anhelos insatisfechos, frustraciones no resueltas, incertidumbres en cuanto al futuro, con gozo insuficiente y con un propósito de vida no muy claro. Pero al mismo tiempo, por lo menos en los dos o tres primeros días del año, hay como un cierto sentido de que este año sí va a ser el año en que yo voy a lograr —llena el espacio en blanco.

La pregunta es: ¿por qué cada año terminamos de la manera como lo hacemos y comenzamos de esa misma forma, con frustraciones y anhelos y con un propósito no muy claro? ¿Y por qué repetimos eso año tras año? Yo voy a usar dos breves historias de un libro conocido, publicado con el título de "The Cross Before Me" o "La Cruz delante de Mí". Los autores son Rankin Wilbourne y Brian Gregor.

Escucha la historia, la voy a leer. Andre Agassi odiaba el tenis. Y sin embargo, fue uno de los tenistas estadounidenses más condecorados, ocho veces ganador del Grand Slam. Pasó de ser el rebelde de pelo largo que la gente odiaba al campeón de cabeza rapada o afeitada al que todos apoyaban. Sin embargo, Agassi ha confesado ahora que, a pesar de todo, odiaba el tenis, incluso en sus momentos de mayor triunfo personal. Escribió en su autobiografía —esto es un libro llamado "Open" o "Abierto"— confesó lo siguiente: "Ahora que he ganado un Slam, sé algo que muy pocas personas de la tierra pueden saber. La victoria no se siente tan bien como una derrota se siente de mal. Y la buena sensación no dura tanto como la mala, ni siquiera se acerca." En otras palabras, la sensación de excitación que la victoria produce ni es tan enormemente grande ni tan duradera como la profunda sensación de tristeza, o de frustración, o de dolor más bien, que se siente cuando pierdes. Y la primera no dura tanto como la segunda.

Un par de páginas adelante, los autores agregaron la siguiente historia; esta es la segunda. Millones de personas vieron la entrevista de Tom Brady en "60 Minutes" —"60 Minutes" es un programa de Estados Unidos— después de su tercera victoria en el Super Bowl, el gran partido de fútbol americano de Estados Unidos cada año. Ahora tiene seis anillos y contando, y es ampliamente considerado el mejor de todos los tiempos en el fútbol profesional. Así, al final de la entrevista dijo: "¿Por qué tengo tres anillos de Super Bowl y sigo pensando que hay algo más grande para mí? Quiero decir, tal vez mucha gente diría: '¡Hombre, esto es lo que es! Llegué a mi meta, a mi sueño, a mi vida.' Yo pienso: Dios tiene que ser más que esto. Quiero decir, esto no es... esto no puede ser todo lo que se dice que es."

Este hombre estaba diciendo que llegar a la cima no es la gran cosa como se dice por ahí que es. El entrevistador interrumpió el silencio subsiguiente con una pregunta: "Tom Brady, ¿cuál es la respuesta?" "Ojalá lo supiera", y luego repitió, "ojalá lo supiera."

Para estos atletas, y muchos otros, cada año comenzó y terminó de la misma forma: con la esperanza de ganar otra vez, con la esperanza de lograr un hito que nadie más había ganado. Sin embargo, después de obtener las victorias que obtuvieron, estaban todavía vacíos y no sabían la razón. Y el problema es que la búsqueda de la felicidad es algo tan viejo como la humanidad misma. Y los incrédulos no saben cómo buscarla, y los creyentes lamentablemente no acaban de encontrarla. Es aparentemente una búsqueda insaciable. Esa, desafortunadamente, esa sensación de que me falta algo por alcanzar —si solo tuviera esto— existe en el corazón de muchos creyentes.

Permíteme esta ilustración para seguir introduciendo mi mensaje. No me gusta hacer una introducción tan larga al mensaje, pero yo creo que esta lo vale. Si tú abres un reloj —sobre todo los relojes cuando funcionaban básicamente con una pila y tenían manecillas— había algo que hacía que las manecillas se movieran. Si tú no sabías lo que hacía que las manecillas se movieran, tú lo abrías y podías encontrar lo que hacía que el reloj hiciera "tic". En inglés hay una expresión, la voy a mencionar y luego tratar de traducirla, y dice lo siguiente, es una pregunta: "What makes you tick?" ¿Qué te hace que te muevas? ¿Qué es lo que te mueve? ¿Qué te levanta en la mañana, cada mañana? ¿Qué es eso dentro de ti que te mueve y que es el motor de tu vida?

Déjame adelantar el punto alto de mi mensaje. Si después de Cristo entregarte la vida eterna, lo que te hace mover cada día es algo terrenal, estás viviendo la vida equivocada. Si después que Cristo te entregó la vida eterna —ya no es una vida terrenal la que tienes, tú la vives en la tierra, pero debes vivir una vida eterna— si lo que te hace mover cada día es algo terrenal, estás viviendo la vida equivocada.

Hermanos, la felicidad es una búsqueda, como ya mencioné, tan antigua como la humanidad. Yo comencé citando a estos autores de este libro porque yo creo que ellos han puesto la aldaba, la llave. Esto es lo que ellos dicen después de estas dos historias: "La felicidad es comunión con Dios, y el camino a esta comunión es el camino de la cruz." Hay como dos cosas a desempacar. La felicidad es comunión con Dios; fuera de ahí no la hay, no importa cuántos campeonatos tú ganes. Pero el camino a esta comunión es el camino de la cruz.

Escucha cómo Cristo lo dijo en Marcos 8:34-35: "Llamando Jesús a la multitud y a sus discípulos, les dijo: 'Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por causa de Mí y del Evangelio, la salvará.'"

Hermanos, sin cruz no hay cristianismo. Sin la cruz de Cristo no hay redención, y con la cruz de Cristo pero sin la tuya, no eres uno de sus discípulos. Óyeme otra vez: sin cruz no hay cristianismo. Sin la cruz de Cristo no hay redención, pero si dejamos la cruz de Cristo en la historia y yo no tomo mi cruz como Cristo acababa de enseñar —recuerda las palabras que leí— entonces yo no soy uno de sus discípulos.

Déjame seguirte leyendo lo que Jesús dijo en Juan 12:23-26: "Jesús les respondió: 'Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.'" La pregunta es: ¿cómo es que va a ser glorificado? "En verdad les digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la pierde; el que aborrece su vida en este mundo la conservará para la vida eterna. Si alguien me sirve, que me siga, y donde Yo estoy, allí también estará mi servidor. Si alguien me sirve, el Padre lo honrará."

Jesús reveló esas palabras a días de su crucifixión. Una semana antes, seis días antes de su crucifixión, Cristo está entrando a Jerusalén, la multitud lo aclama: "¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor!" En medio de esa algarabía y de esa excitación, Jesús pudo haber tomado el momento para decir las cosas más grandes, más excitantes, más provocadoras de ánimo. Y sin embargo, Jesús estaba hablando en sus últimos días de que la manera de ganar la vida era perdiéndola, que si tú querías vivir la vida eterna tenías que morir. Era como contrario a lo que las multitudes esperaban.

La búsqueda de la felicidad, de la libertad, de la satisfacción del ser humano parece inalcanzable, y es por una sola razón, ya mencionada en las palabras de Cristo de otra manera: es que falta una muerte. Es que falta una muerte, hermanos, a nuestras voluntades, deseos, derechos, a nuestras metas, a nuestros planes, a nuestros sueños, a nuestros anhelos, a nuestra búsqueda de reconocimiento y de aplauso de parte de los hombres, y a nuestro entendimiento de lo que es el triunfo en la carrera de la vida.

Hermanos, ¿no han notado que Cristo murió como un perdedor, como un Mesías derrotado, colgado, clavado en una cruz? De hecho, para muchos incluso murió como un impostor, haciéndose pasar por Dios. En otras palabras, a la luz de los ojos humanos, de la evaluación humana que nosotros hacemos continuamente, su vida fue un perfecto fracaso. Y no fue hasta que Él fue crucificado, sepultado, que tres días después salió de la tumba y, dejándola vacía, comenzó a ascender. Pero tenía toda una vida descendiendo, descendiendo. Dejó su gloria, vino, se encarnó, se hizo hombre. Vivió su vida, murió y lo enterraron, lo sepultaron, y es tres días después de la muerte que Él comienza a ascender.

Y entonces Dios lo exaltó hasta lo sumo y le confirió un nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla, lo que está en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesús es el Señor. Después que descendió hasta la muerte, no hay ascenso sin descenso. Bien dicen los autores que la felicidad es comunión con Dios y el camino a esta comunión es el camino de la cruz.

El camino de la cruz a Cristo le costó todo. Lo único que le quedaba al final, porque dejó su gloria, dejó su trono, lo único que le quedaba era su vida y hasta eso la entregó. Tu salvación te es ofrecida gratuitamente, la oferta es gratuita, pero para tenerla te cuesta todo. Para tú ser un discípulo de Jesús se entra en bancarrota, te cuesta todo, tienes que entregarlo todo, no te queda nada. Si eso no se da, esta búsqueda de felicidad y satisfacción y realización nunca terminará hasta entrar en gloria, si es que entramos.

Escucha cómo Cristo lo dijo: "Si alguien viene a mí y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo." Y al final de este año 2023, yo quiero que este mensaje te sirva de varias maneras. Te sirva de confrontación, algunos pudieran serlo, pero al mismo tiempo que te sirva de ánimo y de estímulo, como de una manera en que ahora tú puedes ver más claramente cómo es que se llega a obtener esta cosa de la que el apóstol Pablo habló: este sentido de satisfacción en todas las circunstancias, en la enfermedad, en la abundancia.

Y la pregunta es esta, para seguir con las palabras de Cristo: ¿Si te ves como un grano de trigo, caíste y moriste, o todavía estás en la mata? Bueno, pastor, yo hice una profesión de fe y fue en una... Esa no es la pregunta. La pregunta es si eres el grano de trigo que cayó y murió.

Hermanos, yo me temo que la mayoría de los hijos de Dios, incluyendo los nacidos de nuevo, no estoy ni siquiera aquí para cuestionar, yo estoy tratando de desempacar cosas que están en la Palabra, que yo pueda aplicar a mi propia vida y que luego yo pueda pasarla a otros para ver de qué forma se supone que esta vida se vive. Yo temo que la mayoría de los hijos de Dios hicieron una profesión de fe y la hicieron básicamente para evitar la condenación. Si eres así, hermanos, esa es una forma utilitarista de querer usar a Cristo. En otras palabras, hago una profesión de fe, me evité la condenación, de ahí en adelante yo vivo más o menos bien, claro, moralmente, trato de que mi matrimonio esté estable, de que mis hijos sean más o menos obedientes, de que mis negocios vayan más o menos bien o mi trabajo, y listo, entro al Reino de los Cielos.

Entonces Cristo dice: no, no, no, no, no es así. Se requiere una muerte para hacerme discípulo, y para entrar al Reino de los Cielos hay que hacerme discípulo. Hermanos, tú fuiste salvo de Dios, tú fuiste salvo por Dios y tú fuiste salvo para Dios. Tú fuiste salvo de Dios porque es de la ira de Dios que tú eres salvo. Tú eres salvo por Dios porque es por la obra de Cristo que tú eres salvo. Y tú eres salvo para Dios para que tú vivieras su propósito y no el tuyo. La búsqueda de tu propósito en la vida terminará diez veces de diez en frustración. Por eso te decía, si lo que te hace mover, lo que hace que tu vida suene, es algo terrenal, estás viviendo la vida equivocada.

Antes de hacer una decisión, Cristo enseñó que calcularas muy bien el costo. Tú te acuerdas de ese pasaje en Lucas 14. Él habló que quién va a la guerra sin antes calcular el costo, quién comienza a construir algo sin antes calcular el costo. Pero luego no dijo cuál era el costo, y este es el costo: es todo, te va a costar todo. De hecho, te recomiendo que leas un libro de Steve Lawson, está en español de hecho, que se llama justamente así: Te costará todo.

El apóstol Pablo entendió el meollo del asunto, el quid del asunto. El apóstol Pablo entendió, quizá le tomó los catorce años que no sabemos dónde estaba para entenderlo, pero lo entendió. Lo que nosotros estamos tratando de transmitir hoy. Y cuando él se propuso entonces escribir, dejó de manera clara su filosofía de vida y su misión.

Yo te voy a leer varios versículos de la carta a los Filipenses capítulo 1, del 19 al 25, si lo quieres ir buscando, pero en esencia yo voy a exponer dos versículos, el 20 y el 21. Lo otro es contexto. Escucha lo que el apóstol Pablo le dice a los filipenses en el capítulo 1, versículo 19 al 25: "Porque sé que esto resultará en mi liberación," estaba preso, "mediante la oración de ustedes y la provisión del Espíritu de Jesucristo. Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada sería avergonzado, sino que con toda confianza, aun ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte."

El versículo 20, eso es parte de mi mensaje. El versículo 21: "Pues para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Pero si el vivir en la carne, esto significa para mí una labor fructífera, entonces no sé cuál escoger. Porque de ambos lados me siento apremiado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor. Sin embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de ustedes. Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos ustedes para su propio progreso y gozo en la fe."

Yo te acabo de leer la filosofía y la misión de vida del apóstol Pablo. Por lo menos la deja bien clara. Desde el principio de esta carta a los filipenses, él está preso en una prisión en Roma, y él dice: "Mira, yo estoy más que contento porque resulta que por estar aquí preso, mis cadenas han hecho que toda la guardia pretoriana se haya enterado de la razón de por qué estoy preso." En otras palabras, que a veces me encadenaban a un guardia, como se solía hacer en el pasado, esa era una audiencia cautiva que yo tenía, y comenzaba a explicarle por qué estoy preso. Pero para explicarle por qué estoy preso, tengo que explicarle el Evangelio, porque por eso estaba preso. Y Pablo dice: "Yo me regocijo de que eso está pasando."

En otras palabras, fuera de la prisión o dentro de la prisión, tú no le podías robar el gozo a este hombre. Él tenía bien clara su misión. Mi misión no está fuera de la prisión, mi misión es Cristo, predicar a Cristo. Mi misión es exaltar a Cristo. Tú recuerda lo que yo leí: ya sea por vida o por muerte, no importa cómo, Cristo sea exaltado. Al final no me importa dónde muero, no me importa cómo muero, cuándo muero, en qué circunstancia, dentro de la cárcel, fuera de la cárcel, no, eso realmente me tiene sin cuidado. Yo lo que sí quiero es que si el Señor me deja con vida, que en mi vida yo lo exalte. Y si el Señor decide terminar con mi vida, que en mi muerte yo lo pueda magnificar.

Esto es lo que Pablo quería: que Cristo fuera exaltado, proclamado, magnificado, dado a conocer en toda su grandeza y esplendor. Pablo quería agigantarla imagen de Cristo en la mente de aquellos que le vieran morir o vivir, o agigantar la imagen de Cristo, como hace en sus cartas, en la mente de aquellos que lo leyeran. En cualquiera de los dos casos, Pablo tenía una sola misión de vida. Y eso, él dice, puede ser hecho por mi vida o por mi muerte.

Si la muerte de cruz, yo quiero hacer lo mismo que Cristo hizo, porque Cristo magnificó a Dios en la cruz. Cristo magnificó al Dios trino en la cruz. ¿Cómo lo hizo? Bueno, Cristo dice que la hora de su glorificación había llegado, y resulta que era la hora de su crucifixión. En la cruz, Cristo puso de manifiesto y magnificó la justicia de Dios que entregó a su Hijo por pecadores. Magnificó el amor de Dios hacia pecadores ingratos. Magnificó la gracia de Dios hacia personas destituidas. Magnificó la misericordia de Dios hacia personas que lo que merecían era el infierno. Y magnificó la fidelidad de Dios que había prometido en Génesis 3 que vendría un Mesías en el futuro.

Pablo está diciendo: eso que Cristo hizo en la cruz, lo que yo quiero hacer con mi vida o con mi muerte, que el carácter de Dios, la imagen de Dios, en este caso Dios encarnado, sea proclamada, sea magnificada. Es como si Pablo quisiera darte un telescopio para que vieras la imagen de Cristo que tenemos tan lejos, y que entonces esa imagen cobrara tamaño, y que esa fuera la razón por la que tú te levantas todos los días para vivir ese día para Cristo.

Vivir es Cristo, el morir es ganancia. Con esto Pablo está diciendo: Cristo es mi aliento de vida, no hay nada más que me haga sentir mejor ventilado, por así decirlo, en mi vida. Cristo es mi motivación para hacer ministerio. Cuando me ha tocado batallar, Cristo es mi refugio y es mi fortaleza. Cuando me ha tocado pararme y construir mi vida, Cristo es la base, el fundamento de todo lo que hago. Cristo es el eje sobre el cual gira toda mi vida. Él es mi propósito, mi meta, mi dirección y mi visión. Esto es lo que Pablo estaba diciendo.

¿Tú sabes que nosotros leemos en las páginas del libro de los Hechos que Pablo iba caminando a Damasco? Si iba montado en un caballo no lo dice, pero especulamos que sí, y que Cristo lo tumbó al suelo, y Pablo fue interceptado. Nosotros leemos de eso y hemos leído eso no sé cuántas veces, hemos oído sermones acerca de eso no sé cuántas veces, que Cristo interceptó a Pablo. Lo que no entendemos es que cuando Cristo interceptó a Pablo, Cristo interceptó todas las ideas, proyectos, agendas, propósitos y planes de Pablo. Cristo paró en buen dominicano en seco a Pablo, y con eso paró todos sus planes. Sus propósitos y motivación de vida quedaron interceptados.

De ahí en adelante, Pablo pasó a vivir una vida transformada por Cristo, empoderada por Cristo, dirigida por Cristo y consagrada a Cristo. Yo quisiera creer que todos nosotros quisiéramos esa clase de vida, pero te cuesta todo.

Cristo no habló de pajaritos en el aire; te habló de una cruz que hay que cargarla a todo, lo que es decir, te habló de una muerte. Te habló de que hay que incluso como odiar a todo el mundo en términos relativos, incluyendo tu propia vida, si tú realmente vas a seguirlo.

Hermanos, cuando tú entiendes lo que el apóstol Pablo entendió, tú vives de esa forma de ahí en adelante. Entonces cada momento de tu existencia, cada momento, cada experiencia de tu vida, cada circunstancia de tu vida, escucha bien, cada momento, cada circunstancia, cada experiencia de tu vida es evaluada en razón de cómo ese evento, circunstancia o decisión afecta o no la causa de Cristo.

Entonces la idea es esta: cada decisión que tú vas a tomar, antes de tomarla, tú tienes una pregunta que responder, y es: ¿qué relación guarda esto con Cristo? Si eso no guarda ninguna relación con Cristo, Cristo no está ni en la ecuación ni en la decisión. Esa forma de pensar lo que hace es que coloca nuestra vida en otro nivel, en otra dimensión, en otra dirección.

Cuando yo menciono que tú tienes que preguntar cuál es la relación que esa decisión que vas a tomar guarda con Cristo, lo que estoy tratando de decir es que esa es la forma de vivir de una manera cristocéntrica. Hermanos, mira, el universo es cristocéntrico porque Él lo creó. Acuérdate que Juan uno, lo leí el domingo pasado, Juan uno nos recuerda que todo lo que fue hecho fue hecho por medio de Él, y nada de lo que fue hecho fue hecho sin Él. Suena casi como un trabalenguas. De manera que Él es el centro del universo.

La Biblia es cristocéntrica. Lo que implica no es que Cristo está en cada página o cada pasaje de la Biblia, sino que cada pasaje de la Biblia guarda relación con Cristo porque es la historia de la redención de Cristo contada a través de hombres que están siendo redimidos.

De esa misma manera, cuando tú llegas al final de la Biblia, te encuentras en el libro de Apocalipsis que hay una adoración de todo el mundo. Millares y millares de seres angelicales, y nosotros nos unimos a la adoración, y resulta que en el centro de la adoración está el Cordero inmolado. La adoración del cielo es cristocéntrica. No puede ser que tu vida y la mía, compradas por Cristo, no sean cristocéntricas. No puede ser.

Mira cómo debe ser tu vida y la mía. Imagínate, voy a representar a Cristo con este dedo índice, voy a representar tu vida y la mía como un cordón. Esto es como se supone que tu vida luzca: es alrededor del eje. Tú vas envolviendo tu vida alrededor del eje Cristo, porque en Él nosotros vivimos, nos movemos y existimos. Y si ese cordón no está amarrado, por así decirlo, envuelto alrededor de Cristo, Cristo no está en esos propósitos que yo he emprendido, he soñado o quiero vivir.

Así es como piensa y luce una vida cristocéntrica. Así luce la trayectoria de una vida cruciforme. Así piensa una persona que analiza toda su vida bajo el lente de la cruz.

La palabra cruciforme de hecho es una palabra obtenida de la arquitectura del pasado, las grandes catedrales. Creo que la de aquí de Santo Domingo tiene algo así; estaban hechas en forma de cruz. Tiene un pasillo largo en una dirección y un pasillo largo horizontal en otra dirección, y eran cruciformes. De ahí salió la palabra y fue importada.

Yo no sé si te has fijado, a la luz de la Palabra, que la cruz de Cristo redefine toda la vida e invierte todos los valores. Déjame darte una ilustración. A la luz de la cruz, fracasar es tener éxito en las cosas que no tienen importancia. O sea, si tienes éxito en la vida en cosas que no tienen importancia, has fracasado. El éxito es vivir el propósito para el cual fuiste creado, no para el que tú diseñaste, o yo.

La belleza interna que no se ve es más valorada que la externa. A la luz de la cruz ya no quieres fama para tu nombre; tú quieres hacer famoso Su nombre. Y la riqueza no se mide en términos de dólares o euros u oro; se mide en términos de riquezas espirituales.

Yo dije que la cruz invirtió todos los valores y redefine toda la vida. Hermanos, no puede ser que luego de que Cristo dejara su gloria, luego de que Cristo naciera en un pesebre, luego de que Cristo muriera crucificado en una cruz, luego de que Cristo dejara de ser Señor y pasara a ser un siervo, no puede ser que nosotros tengamos valorando nuestra vida en términos de prestigio, comodidad, privilegios y derechos. Ni humanamente cabe eso.

Para el mundo antiguo, incluyendo los judíos, era inconcebible pensar en un Dios encarnado, y mucho menos nacido en un pesebre. Pensar en un Mesías que viene a libertarnos que muere crucificado, totalmente contradictorio. Pensar en un Señor que lava los pies polvorientos de aquellos que son sus siervos, no, imposible, ese no puede ser Dios.

Sin embargo, la vida de Jesús muestra lo que es la buena vida. Y la vida de Jesús puso de manifiesto cuán pecaminosa y moralmente decadente es la vida que nosotros llamamos buena y apetecible aquí abajo. La vida de Jesús muestra la buena vida y al mismo tiempo pone de manifiesto lo moralmente decadente y lo pecaminosa que es la vida que nosotros llamamos buena y que es apetecible.

Es que la cruz misma es una paradoja. Mira lo que se dio en la cruz: en la cruz Dios despliega su amor incondicional, su amor ágape. Y en el mismo acto, la cruz desplegó la crueldad de la humanidad contra Dios. ¡Wow! Pero ¿cómo es posible que un mismo hecho muestre dos cosas tan contradictorias? Porque la cruz lo invierte todo. El amor de Dios desplegado en un madero y la ira de los hombres desplegada en el mismo madero contra el mismo Dios.

Yo no sé si hemos prestado atención a lo que la Palabra dice, pero ¿ustedes saben quiénes son los bendecidos en las palabras de Jesús? Te voy a decir quiénes son los bendecidos. Mateo 5: los pobres en espíritu, versículo 3; los que lloran, versículo 4; los mansos, los que ganan, no los que tienen la razón, no los brillantes e inteligentes, no, los mansos; los que tienen hambre y sed de justicia, versículo 6; los misericordiosos, versículo 7; los puros de corazón, versículo 8; los pacificadores, versículo 9; y aquellos que están siendo perseguidos por causa de mi nombre, versículo 10. Si puedes encontrar una inversión de valores más grande que esto... Es que a la luz de la cruz todo luce muy distinto.

Pablo lo entendió, porque Pablo trató de comunicárnoslo a nosotros. Nos dice: ¿sabes qué? No es simplemente que tú has llegado a tener una vida como más moral. La manera como muchos consideran la vida cristiana... Hermanos, la vida que Cristo te trajo no es para moralizar tu vida, que luzca más moral. No es acerca de sanar tus heridas del pasado. No es acerca de encontrar quién te hirió y de encontrar entonces cómo explicar y entender mejor el pasado.

Cristo dice no, no. Pablo te dice, porque lo entendió de Cristo: no, no, nada de eso. Escucha cómo es: tú eres una nueva criatura, lo viejo pasó, lo nuevo llegó. Si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Nosotros no nos entregaron un plan terapéutico para poco a poco llegar a ser un mejor yo. No, Pablo dice una cosa hago: yo olvido lo que está atrás y me extiendo hacia lo que está adelante. Lo pasado, pasado; no me interesa. Es lo único con lo que yo puedo estar de acuerdo con José José. Ninguna otra cosa. En marzo, lo pasado, pasado.

Una cosa es tu vida sin Cristo y otra cosa muy distinta es tu vida en Cristo. Estamos hablando de dos mundos completamente diferentes. Tú has sido crucificado con Cristo y a ti se te ha llamado a vivir Su vida, no la tuya. Y yo te lo voy a leer, yo no me estoy inventando nada.

Por eso te decía que todas las decisiones que vayas a tomar y los pasos que vayas a dar necesitan ser relacionados a la persona de Cristo. Ya te hablé de cómo la vives cristocéntrica: hasta que no encuentres la relación que esta decisión va a guardar con Cristo, si todavía no lo encuentras y la tomas, estás tomando una decisión a título personal, inconsulta con tu Dios y Señor.

Si Dios dirige tus planes, Él estará inclinado a bendecirlos. Pero si Dios no está en tus planes, no tienes ninguna garantía. Porque usualmente, y ayer conversaba con alguien que nos visitó en la célula, decía que usualmente el cristiano opera de esta manera: es un papel en blanco. Voy a ver cómo voy a programar el 2024, escribo todos mis planes, propósitos, deseos, metas; al final del año comienzo a comparar si llené las metas. Y Cristo te dice: entonces, ¿qué ha sido? ¿Dónde está Cristo? Después dice: Señor, yo te pido que todo esto sea para tu gloria. Y dice Cristo: no, mira, lo que tienes que hacer es: al final del 23, con un papel en blanco, decir: mi Señor, escríbeme ahí lo que Tú quieres para mí en el 2024. Y luego yo voy a vivir eso.

"Pastor, ¡qué difícil escuchar la voz de Dios! ¿La voluntad de Dios?" Sí, claro, porque es que la voz de Dios se escucha, se discierne, o sea, se escucha. Bueno, no estoy pensando en algo audible. Se discierne en el camino de la obediencia. Y si estoy caminando por aquí y este es el camino de la obediencia, aquí no me cae mucho ruido de otras voces. ¿Quiénes incluyen? Las mías, las del mundo, las de las tinieblas.

Pero no puedo entregarle a Cristo una serie de decisiones que yo tomé para que las bendiga, porque eso es una forma utilitarista de relacionarme con Él. Además, en vano es. Si Dios no está en tu decisión, si Dios no decidió que eso exista, alguien lo decidió. Y ese que lo decidió eres tú, Dios funcional. Si yo te muestro, en mis decisiones o las tomo yo o las toma Cristo. Y eso entonces viola el señorío de Cristo. Si Él no ha tomado la decisión, viola el señorío de Cristo, me convierte en idólatra.

Y yo quiero creer que si tú eres hijo de Dios, tú no quieres hacer ni una cosa ni la otra. Y decimos muchas veces: "Pastor, mire, pero es que yo no estoy ahí". Quizás tú mismo lo has dicho. Y descargamos nuestra conciencia con eso.

Pero la única razón para que mi conciencia se descargue con eso es porque yo no entiendo lo serio que es que yo siga dirigiendo mi vida. Me he hecho de que yo tome decisiones sin haber orado, o tome decisiones después de haber orado, pero sin haber esperado la respuesta. Y Cristo podría decirme: "No, lo que pasa es que no oraste, o no consultaste, o no esperaste para encontrar verdaderamente mi voluntad, sino que te lanzaste y luego testificaste de que se haga la voluntad de Dios contigo. Y buscaste que vendiese era algo que yo todavía había decidido."

El apóstol Pablo dice: "No, que no es así, que para mí el vivir es Cristo." No, no, si para mí el vivir es Cristo, eso implica acá, hasta mi próxima respiración es en Cristo que yo la tomo. Yo no sé si tú has entendido el concepto de lo que implica estar en Cristo. Es una doctrina que tiene cientos de años: el concepto de la unión con Cristo. Déjame ver si yo puedo decirte en el tiempo que nos queda de dónde sale esa doctrina, mi unión con Cristo, que no es mística, es real. Tiene un cierto misterio, pero es real.

Gálatas 2:20: "Con Cristo he sido crucificado y ya no soy yo el que vive, sino Cristo vive en mí." Si ya fui crucificado y yo no soy el que vive, entonces no se supone que yo viva mi vida. Si es Cristo que vive en mí, se supone que yo viva su vida. Escucha ahora: "Y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." En esencia, la versiculación lo explica: mi unión con Cristo. Déjame ver si puedo empacarla rápidamente.

"Con Cristo he sido crucificado." ¿Qué significa eso? Bueno, por un lado implica que todos los beneficios que la cruz de Cristo trajo, a mí me pertenecen. En la cruz Cristo pagó la deuda, ya no soy un deudor. En la cruz Cristo triunfó sobre el pecado, lo que implica número uno que ya el pecado no me va a mandar al infierno, no me manda a la condenación eterna. Aunque pueda luchar con el pecado, el pecado no es mi amo. No, no lo es, Pablo luego habló de eso específicamente. No soy un esclavo del pecado, a pesar de mis luchas con el pecado, pero yo puedo no pecar, porque en la cruz Cristo triunfó sobre el pecado. En la cruz Cristo abrió el camino hacia Dios, lo que implica que yo puedo tener acceso libre en cualquier momento a Dios Padre. Todo lo anterior es debido a mi unión con Cristo.

Así que con Cristo yo fui crucificado, pero Pablo dice también en el mismo versículo: "Ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí." Si ya no soy yo el que vive, sino Cristo en mí, pregunto, pregunta un amigo televidente: ¿Por qué insisto en hacer mi voluntad? ¿Por qué insistimos en tomar decisiones para beneficios terrenales en vez de buscar el Reino de Dios primero? ¿Cómo dirían en inglés? ¿"Why"? Eso no es una enseñanza ni siquiera derivada, eso es una enseñanza directamente extraída de los labios de Cristo: buscar el Reino de Dios primero y todo lo demás.

Bueno, y tú preguntarías: ¿por qué tengo que buscar el Reino de Dios primero? Bueno, es que tu vida fue crucificada con Cristo, y ahí cuando te crucificaron moriste, y ahora tienes una mejor vida, pero no es la tuya, es la de Cristo. Por tanto, es Cristo que vive en ti y por consiguiente tienes que buscar los propósitos de Cristo.

Gálatas 2:20 nos dice que con Cristo fui crucificado. En Romanos 6:4, Pablo nos dice que hemos sido sepultados con Él. En Colosenses 3:1 nos dice que fuimos resucitados con Cristo. En Efesios 2:6 nos dice que estamos sentados con Cristo o en Cristo en los lugares celestiales. En Romanos 8:17 nos dice que somos coherederos con Cristo. Ahora estás entendiendo, o sea, lo que Cristo hereda yo heredo por una sola razón: es que estoy en Cristo. Lo que es de Él es mío, literalmente hablando. Cristo no se ve despegado de mí.

Es la razón por la que Pablo puede culminar Romanos 8 en versículos 38 y 39 con una doxología diciendo: "Ya nada nos puede separar del amor de Dios en Cristo Jesús Señor nuestro, ni la muerte ni la vida ni lo alto ni lo bajo ni lo profundo, absolutamente nada, ni ninguna otra cosa creada." ¿Por qué? Porque estoy en Cristo. He sido crucificado con Él.

Ahora nota, ¿qué ocurre cuando un hombre es crucificado? Estás crucificado, no puedo volver para atrás. No puedo estar deseando lo que quedó atrás. Nota qué más, que entonces como no puedo volver para atrás, el único lugar para donde yo puedo ver es hacia adelante, porque estoy crucificado. Y entonces ahora eso facilita el hecho de que yo pueda enfocarme y al mismo tiempo ver los propósitos eternos de Dios en sus promesas que están delante de mí.

El hombre crucificado sufre una angustia, pero el hombre que ha sido crucificado con Cristo hace lo que Cristo hizo, es decir lo que Cristo hizo: que tomó lo insoportable y lo convirtió en gloria. Eso es un hombre crucificado con Cristo. El no volver a mirar hacia atrás es vital. O sea, esta posición, voy a hacer una ilustración, pero esta posición es vital porque Cristo me dijo que aquel que ponga su mano en el arado, o sea, vamos a ser discípulo de Cristo, sea el arado, y mira hacia atrás, no es digno de ser su discípulo o de seguirle.

El no volver hacia atrás es, no, no, mira, no, no, no volver a disfrutar la vida de pecado del pasado. No volver a desearla. Es poder entender que esta vida de abajo no produce la satisfacción, los atletas te pueden decir. No se siente atraído hacia el pecado de la misma manera. Eso no quiere decir que no estés tentado por el pecado, eso no quiere decir que no haya deseos de pecar, incluso con deseo de disfrutar ciertas cosas, pero no te puedes sentir atraído hasta el punto que el pecado te esclavice.

Fui crucificado con Cristo, todos los beneficios de Cristo me son dados, me son otorgados. El ahora vivir la vida que Cristo compró para mí es mi llamado, es mi responsabilidad, es mi deber, es mi obligación. Pero más que eso, es mi privilegio, es mi privilegio, es mi privilegio. Para que pueda decir: "Ya yo no soy el que vive, sino que Cristo vive en mí."

¿Todavía necesitas más evidencia? Colosenses 3:3: "Porque ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios." Tu unión con Cristo es la razón por la que Pablo puede decir: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia." La frase "unión con Cristo" no está en la Biblia, pero la idea está en todas las cartas del apóstol Pablo con diferentes palabras. La frase "en Cristo" en el Nuevo Testamento aparece 90 veces, sin contar la frase "en Él" o "con Él."

Nosotros estamos tan unidos a Cristo, tanto hemos muerto, que Pablo nos dice: "Ustedes han muerto y su vida está escondida en Cristo." Por eso es que Cristo dice: "Yo soy la vid y ustedes son los pámpanos." En otras palabras, las ramas no están en el aire, están pegadas, atadas, salen de, porque es que estoy en Cristo. El apóstol nos dice: "Yo soy la cabeza y ustedes forman parte del cuerpo, estamos juntos. Yo soy el novio y ustedes forman la iglesia que es mi novia. Yo soy la piedra angular," en 1 Pedro 2:4-7, "y ustedes son las piedras que están edificadas sobre la piedra angular."

Si estás en Cristo, hermano, esto implica que ya tú no puedes continuar tratando de escribir tu propia historia, no tienes una historia propia. Tu historia es una parte pequeña de la historia de redención que Cristo está contando al resto del mundo. Tú eres un actor en la historia, en su historia de redención, a través de quien Cristo quiere contar parte de lo que Él está haciendo.

Si estás en Cristo no puedes trazar tu propio camino, no puedes embarcarte en tus propios proyectos sin que Dios lo haya aprobado previamente. Sus bendiciones se encuentran en el camino de la obediencia y en sus diseños, pero requiere una renuncia incondicional y un abrazar igualmente incondicional de la causa de Cristo. Él decide, Él es Señor. Una vida cristocéntrica es una vida cruciforme. Esta es la vida que Pablo describe.

Por eso al principio necesitaba citar estos autores del libro "La Cruz Delante de Mí," "The Cross Before Me," donde ellos dicen que el camino de la felicidad o la felicidad es comunión con Dios. Claro, ahí fue que se rompió todo. Adán y Eva fueron expulsados del jardín, se perdió la comunión, se perdió todo hasta el día de hoy. La felicidad es comunión con Dios, pero el camino a esta comunión es el camino de la cruz.

Y eso es exactamente lo que a Cristo le requirió darnos comunión con Dios: una cruz. Fue en la cruz que Él restableció la comunión con Dios. Pero al mismo tiempo, antes de Él llegar a la cruz me dice: "Y tu cruz, tú la tomas todos los días y me sigues." ¿Y cuál es tu cruz? "Mi cruz es esta enfermedad que yo tengo." No tiene nada que ver con eso. "Mi cruz es este esposo que me ha tocado, con el que me ha tocado." No tiene nada que ver con eso.

Tu cruz es básicamente el propósito de vida entregado por Dios para que, independientemente de las circunstancias en las que tú vivas, tú proclames la gloria de Dios y magnifiques a Cristo. De manera que cuando alguien pregunte qué es lo que te hace mover todos los días, por qué tú toleras, por qué tú eres paciente, por qué tú perdonas, por qué tú amas de esa forma a la persona que te rechaza, a la persona que se fue, incluso a tus enemigos, Cristo es la respuesta.

¿Por qué agrandaste tu negocio? Bueno, lo agrandé porque después de hacer el análisis, esto es lo que entiendo: Cristo me dio permiso y me dirigió para que yo pudiera hacerlo. Y eso entonces va a hacer que el 2024 no termine como el 2023. Y eso va a hacer que el 2025 no comience necesariamente como el 2024, porque entendí, abracé, dejé atrás, renuncié, olvidé el pasado. Ahora me estoy extendiendo adelante tratando de alcanzar lo que Dios ha puesto delante de mí, que eso está en sus promesas. En Cristo tenemos su poder y en sus promesas tenemos sus bendiciones prometidas en Cristo.

Voy a cerrar con un poema anónimo atribuido a un pastor africano. Yo sé que lo he leído por lo menos una vez aquí, pero es un poema que yo lo he leído no sé cuántas veces, simplemente para levantarme el ánimo y, por otro lado, para recordarme de qué se trata esta vida cruciforme. ¿Cómo yo debo sonar, vivir, pensar en vida y a la hora de mi muerte? Esto es como yo debo sonar, y déjame leértelo. Comienza de esta forma:

"Soy parte de la comunidad de los que no se avergüenzan. Tengo poder del Espíritu Santo, mi suerte ha sido determinada. Yo he cruzado la línea, la decisión ha sido tomada, soy uno de sus discípulos. No voy a mirar atrás, ni pausar, ni detenerme, ni volverme, ni quedarme quieto. Mi pasado ha sido redimido, mi presente tiene sentido y mi futuro está seguro. Ya no necesito prominencia, prosperidad, posición, promoción, aprobación o popularidad. No necesito tener la razón, ser el primero, ser lo máximo, ser reconocido, ser honrado, ser estimado o recompensado. Ahora vivo en su presencia, confío en la fe, amo con paciencia, soy levantado por la oración y vivo con poder.

Mi rostro ha sido fijado en una dirección: es un andar crucificado. Mi andar es rápido, mi meta es el cielo, mi camino es angosto, el camino es áspero, mis compañeros son pocos, mi guía es confiable y mi misión es clara. No puedo ser comprado, desacreditado, desviado, seducido, devuelto, diluido o retrasado. No pestañearé frente al sacrificio, no dudaré en la presencia de la adversidad, no negociaré en la mesa de mis enemigos, ni consideraré la popularidad, ni daré vueltas en medio de la mediocridad. No me rendiré, ni callaré, ni pausaré, ni me cansaré hasta que haya predicado, orado, pagado, acumulado para la causa de Cristo.

Soy un discípulo de Jesús. Tengo que seguir hasta que Él venga, dar hasta que me caiga, predicar hasta que todos conozcan y trabajar hasta que Él me pare. Y cuando Él venga a recoger a los suyos, Él no tendrá problemas en reconocerme, mis colores serán claramente visibles. Cuando Él venga a recogerme, Él no tendrá problemas en saber quién soy; mis colores desplegados a lo largo de mi vida serán claramente visibles."

Mi ánimo es que tú abraces en este último día del año la filosofía de vida que Cristo le dio a Pablo, no porque era apóstol, sino porque Él era el Maestro que iba a continuar enseñándonos lo que a nosotros nos da trabajo aprender. Y que luego el Señor te conceda la gracia y el poder en el 2024 para vivir lo que hoy tú estás abrazando del Señor.

Y que nosotros podamos ahora cerrar con un espíritu de gozo, de saber la clase de vida que Cristo nos entregó de su mano: vida eterna, con propósitos eternos, garantías eternas, que se vive por fe, con paciencia, con los ojos puestos en las promesas y con confianza en el poder del Espíritu que mora en nosotros.

Padre, te damos gracias. Antes de que tu Hijo viniera, toda esa teología enseñada era buena, necesaria, vital, pesada, pero era en conceptos teológicos a veces difíciles de rumiar. Pero luego Tú te hiciste hombre, te hiciste Maestro y enseñaste con claridad, y mostraste que Tú lo ibas a dar todo, que de esa misma forma yo tenía que entregarlo todo. Y que luego entonces, porque estoy unido a ti en Cristo, yo podría vivir la vida que Tú viviste, que le entregaste a Pablo, que él disfrutó y que pudo decir en todo momento: "He aprendido el secreto de estar contento, en saciedad o escasez, así como en la plenitud."

Señor, ayúdanos ahora a hacer un compromiso. Tómate ahí unos segundos, es un compromiso con Dios. Que tú no quieres esa carrera de los atletas que terminan diciendo: "Esto no es para lo que yo viví, para esto yo entrené y gané, y descubrí al ganar que esto no es, no lo es." ¿Por qué? Porque eres Tú. Perdónanos, empodéranos, glorifícate en Cristo Jesús. Amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.