IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La vida cristiana no está exenta de tormentas, pero quien la vive arraigado en Cristo no tiene por qué moverse como veleta al compás de los vientos. El apóstol Pablo escribió su carta a los Filipenses —conocida como la carta del gozo— desde el ojo de un huracán personal: encarcelado en Roma, encadenado las veinticuatro horas a un soldado, confinado en un espacio claustrofóbico y a la espera de una audiencia con Nerón que podía costarle la vida. Sin embargo, en medio de esa incertidumbre, Pablo no se queja ni se desmorona; agradece una ofrenda recibida y confiesa haber aprendido a estar contento cualquiera que sea su situación.
Ese contentamiento no es resignación pasiva ni alegría superficial. La palabra griega que Pablo usa —autarquía— significa autosuficiencia, independencia de las circunstancias externas. Pero a diferencia de los filósofos estoicos que buscaban esa fortaleza en su propia voluntad, Pablo la encuentra en Cristo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece". Es una cristoarquía, un abastecerse de poder, gracia y esperanza desde la fuente inagotable que es el Señor.
Este secreto no se aprende en un salón de clases sino en el taller de la vida. Pablo lo descubrió atravesando pobreza y abundancia, hambre y saciedad, persecución y deshonra. Cada prueba lo llevó a dejar de confiar en sí mismo para confiar solo en Dios. Como un árbol cuya parte más importante son las raíces que no se ven, la fortaleza del cristiano viene de recursos ocultos: la comunión con Cristo, su Palabra, su presencia constante. Quien hunde ahí sus raíces puede enfrentar cualquier temporal sin ser derribado.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
La mayoría de nosotros hemos escuchado la palabra veleta. La veleta es un instrumento que se usa para medir la dirección y la velocidad de los vientos. Se coloca en ocasiones arriba de los edificios o de una estructura, de una antena, por ejemplo; también se coloca en los aeropuertos, y consiste en una especie de flecha o de una figura similar que precisamente se mueve en función de cómo los vientos vienen, para indicar esa dirección de los vientos. Está claro que la veleta, por definición, no es firme, no es inamovible; es algo que va a depender de lo que los vientos hagan con ella.
He querido precisamente traer a colación esta figura, esta ilustración, porque el mensaje que quiero compartir hoy lo he titulado "Una vida inconmovible", y creo que la figura de la veleta puede ilustrar lo que yo quiero decir. La vida, hermanos, tiene todo tipo de vientos. En ocasiones excepcionales, muy escasas, esos vientos de la vida pueden ser una brisa apacible, pero en la mayoría de los casos, en este mundo caído, nosotros nos encontramos más bien en una vaguada permanente, en una amenaza de tornado o en una temporada ciclónica. Esa es la realidad.
¿Qué pasa con nosotros cuando estamos en esos temporales de la vida? En esas ocasiones donde los vientos son fuertes, tienden a derribar lo que esté a su paso, y si nosotros estamos en su paso, lo que con frecuencia ocurre es que, al igual que la veleta, no nos mantenemos firmes, sino que nos rendimos ante la fuerza del viento, y nuestra vida manifiesta inestabilidad, se manifiesta dependiente de esos vientos, sujeta a lo que ellos decidan. Con frecuencia nosotros somos veletas de nuestras circunstancias, de los vientos que vienen a nuestra vida, y eso dista mucho de lo que Dios quiere y espera de nosotros.
Es muy diferente a lo que testificó el apóstol Pablo cuando le escribe una carta a los filipenses. Esta carta, el apóstol Pablo —que es protagonista de muchos de los mensajes que últimamente hemos estado trayendo a la iglesia, porque escribió la carta a los Romanos, sobre la cual el pastor Miguel ha estado predicando— también la escribió a los filipenses. Y Pablo escribe esta carta desde lo que yo pudiera llamar la ilustración perfecta: el ojo de un huracán en su vida.
Pablo se encontraba en este momento, cuando escribe la carta a los filipenses, encarcelado en Roma. No encarcelado solamente, sino que se encontraba encadenado, según nos dice la historia, 24 horas a un soldado romano. Los soldados romanos venían por turno y por ciertas horas: un soldado se encadenaba a él, luego venía otro soldado y se encadenaba a él, y luego venía otro soldado y se encadenaba a él, varios turnos. Y él permanecía encarcelado, encadenado, confinado a un pequeño y claustrofóbico espacio, húmedo, posiblemente subterráneo, limitado socialmente, limitado materialmente a lo mínimo. Prácticamente no recibía visitas, prácticamente no comía —digo "prácticamente" porque era lo mínimo que comía—.
Y como si todo eso fuera poco, en ese momento él estaba a la espera de una audiencia con el César, con el emperador romano del momento, que era Nerón, lo cual era probable que terminara con su ejecución. Si eso no era el ojo de un huracán en la vida de un ser humano, yo no sé qué lo sería. Humanamente hablando, era una situación angustiante, frustrante, dolorosa, incierta —claramente incierta para él—. No sabía lo que le deparaba el futuro.
Pero, de manera sorprendente y chocante, no vemos en Pablo que se mueva según van los vientos, según vaya el huracán que estaba ocurriendo en su vida. ¿Qué es lo que vemos en Pablo? Lo que vemos en él es un hombre que no se mueve como una veleta, que está inconmovible, que permanece en control de sí mismo, tranquilo, esperanzado, agradecido y hasta gozoso. Al punto que esta carta a la cual estamos haciendo referencia en el día de hoy —la carta a los filipenses— ha sido denominada, aunque él no la tituló así, ha sido denominada por los intérpretes de la Biblia y los teólogos como la carta del gozo. Cuatro capítulos, 16 menciones de gozo, regocijo y gratitud en apenas cuatro capítulos. El apóstol hace referencia a esto desde el medio, precisamente, de este huracán de circunstancias en su vida que hubiesen tumbado a cualquiera, que hubiesen derribado y llevado de encuentro a cualquiera.
Fue en ese contexto que Pablo escribió esta increíble, estimulante y esperanzadora carta del gozo a los filipenses. Y dentro de esa carta encontramos el pasaje que vamos a leer en el día de hoy, un pasaje yo diría bastante conocido por los que estamos en la iglesia e incluso por los que no están en la iglesia. Filipenses 4:10-14. El apóstol, ya hacia el final de la carta, les escribe lo siguiente a los filipenses:
"Me alegré grandemente en el Señor de que al fin han reavivado su cuidado para conmigo; en verdad, antes se preocupaban, pero les faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Sin embargo, han hecho bien en compartir conmigo en mi aflicción."
Este es un pasaje que a mí me deja, yo diría, asombrado hasta cierto punto. Me humilla ver a un ser humano en tales circunstancias, mostrar y experimentar este grado de firmeza en medio de una situación tan crítica como la que describimos, tan precaria, tan incierta y tan desafiante para la estabilidad emocional de cualquiera. Y lo que yo quisiera es que podamos exprimir lo que este pasaje implica, que podamos entender lo que Pablo está diciendo aquí y por qué está experimentando esta estabilidad que le está testificando, que les está diciendo a los filipenses: "Así que yo me siento bien, no importa cuál sea la condición."
Incluso les deja ver, de alguna manera, que aunque el regalo recibido es bienvenido, no es que lo están necesitando. Eso, dicho en palabras de Pablo, es: "No lo digo porque tenga escasez, pues yo he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación." De alguna manera, al final, incluso les dice: "Sin embargo, han hecho bien en compartir conmigo en mi aflicción." O sea: "Les doy las gracias por lo que están enviando, pero quiero decirles que yo no lo necesito." Es casi como pedir excusas por su fortaleza. Obviamente, saber que el apóstol Pablo —que fue el fundador de la iglesia de los filipenses— se encontraba en una condición como esta era de aflicción para los filipenses, pero al mismo tiempo, al escuchar a un Pablo fuerte, firme e inamovible, era de gozo y de regocijo para ellos.
¿Cómo puede, entonces, un ser humano permanecer así en circunstancias tan precarias? ¿Cómo permanecemos contentos, como él dijo? ¿Cómo podemos contentarnos cualquiera que sea la situación que nos toca enfrentar en la vida? Y lo primero que yo quiero hacer, antes de entrar —por así decirlo— en algunos puntos que quiero compartir, es explicar bien a qué se refiere Pablo con "contentarme". "He aprendido a contentarme cualquiera que sea la situación." Porque no es lo que nosotros habitualmente pensamos que significa la palabra "contentarse".
Algunos piensan que esta palabra —y el uso habitual que nosotros le damos— tiene que ver con resignarse. Tú sabes, "contentarse" para algunos es como una especie de aceptación desganada de la situación que nos toca: "Acéptalo, eso es lo que hay, ¿qué vamos a hacer? Conténtate." Hay otros que interpretan esta palabra "contentarme" —o "contentamiento", podríamos decir— como estar alegres. De hecho, en el español, "estar contento" es sinónimo de "estar alegre". Pero desafortunadamente, ambos conceptos —resignación pálida o simplemente estar alegres— no comunican de manera precisa lo que la palabra original que Pablo usó quería comunicar.
Esa palabra en el original —de la que, de hecho, tenemos una palabra equivalente en español, aunque no se usó en la traducción— es *autarkés* en griego, de donde nosotros tenemos la palabra en español "autarquía". Y *autarkés*, o autarquía, significa: autosuficiente, independiente, satisfecho, tener lo que se necesita. En la redacción de Pablo, si acomodamos una de estas palabras, Pablo le está diciendo: "Yo he aprendido a ser autosuficiente en cualquier situación en la que se me coloque. Yo he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en la que se me coloque." Eso es lo que Pablo está comunicando. Fíjense que cambia un poco el matiz: a diferencia de usar la palabra "contentarme", es "yo soy independiente de lo que me está pasando, yo estoy bien, lo que pasa no me afecta."
Esta condición que llamamos "autárquica" describe al hombre que no necesita nada externo para estar satisfecho en la vida, pues todo lo que necesita está dentro de sí mismo. Imaginémonos una granja rural en la que se cultivan los alimentos que la gente necesita. La gente que trabaja en la granja y que vive ahí cultiva sus propios alimentos, tiene su flujo de agua que los nutre y los suple, y también tienen paneles solares para generar su propia energía. Esta granja puede incluso tener una verja perimetral donde no entra ni sale nadie porque todo lo que necesita está dentro. Esa es una granja autárquica: se autoabastece, está bien suplida, tiene todas sus necesidades cubiertas, no necesita nada del exterior que supla sus necesidades, y por lo tanto lo que pasa afuera no afecta lo que pasa dentro. A eso nos referimos con la expresión "autarquía", que fue la palabra que Pablo utilizó: "Yo he aprendido a ser independiente, a autoabastecerme, no importa lo que esté pasando afuera. Yo he aprendido a ser independiente de mis circunstancias."
Ahora, yo quiero hacer una puntualización con respecto a este término, porque este término "autarquía" era usado también en el lenguaje común, sobre todo dentro de la filosofía estoica. Los estoicos fueron unos filósofos del siglo III antes de Cristo que entendían y veneraban la vida autodisciplinada, la vida comedida y prudente. Para el estoico, que un individuo pudiera soportar las situaciones de la vida de una manera serena era una gran virtud, y ellos aplaudían al individuo que era autárquico, que era independiente. Pero para ellos, la fuente de su abastecimiento era su dominio propio, su fuerza de voluntad, su determinación, su valentía, su arrojo.
Entonces, la autarquía de la que Pablo está hablando no es esa. No es que "yo tengo en mí los recursos que necesito para autoabastecerme", sino que la autarquía de la que Pablo está hablando —no sé si se pudieron percatar— es una *cristárquía*: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Por lo tanto, no soy yo quien tiene los recursos que necesito para autoabastecerme, sino que he aprendido un secreto de la vida cristiana —que vamos a ver más adelante en el mensaje, pero se lo estoy adelantando—: el secreto de que yo puedo abastecerme de poder, de gracia, de esperanza, de fortaleza, de gozo, de Cristo, para hacer frente a lo que la vida ponga delante de mí.
Entonces, a diferencia de los estoicos, Pablo no está enseñando que seamos autárquicos por nosotros mismos, sino cristárquicos, si podemos usar esa palabra. A lo largo de mi mensaje me estaré refiriendo a la palabra "autarquía" y "autárquico" en ese sentido que Pablo la usa: somos dependientes de Cristo para abastecernos de todo lo necesario para hacer frente a la vida.
En términos dominicanos, el hombre autárquico en Cristo —vamos a decirlo así— es el cristiano que tiene "menudo" para devolverle a la vida. Yo tengo con qué devolverle a la vida sus ofensas, sus agresiones, sus embates, los ventarrones de la vida. Yo sé cómo responder a sus intentos de hacerme caer, los intentos que la vida tiene —valga la redundancia— de que yo deje el caminar cristiano, de que yo deje la fe. Yo tengo con qué devolverle. La persona autárquica en Cristo, entonces, no es una veleta de sus circunstancias, sino que se cobija bajo la torre fuerte que es Cristo, se pone de pie sobre la roca eterna que es Cristo, ve su vida y su futuro con claridad, los ve con esperanza, su destino está seguro, y las promesas de Dios le dan paz. ¿Quién no?
Quisiera una vida así, una vida inconmovible, resistente, no como una veleta sino como una torre de control. Vamos a decirlo así para seguir la analogía. Yo la quisiera así, yo quisiera tener una vida así. La pregunta es: ¿cómo yo llego ahí? ¿Cómo se logra eso? Y eso es justamente lo que nosotros quisiéramos ahora extraer de este pasaje de Filipenses 4, que ya lo leímos, pero como una manera de refrescarlo vamos a volver a leer y vamos a hacer algunos señalamientos y puntualizaciones con respecto a este pasaje.
Leamos de nuevo Filipenses 4:10 al 14. Pablo escribe: "Me alegré grandemente en el Señor de que ya al fin han reavivado su cuidado para conmigo; en verdad, antes se preocupaban, pero les faltaba la oportunidad. No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Sin embargo, han hecho bien en compartir conmigo en mi aflicción."
Bueno, ¿cómo se logra eso? ¿Cómo se logra una vida inconmovible como la que Pablo reporta en este breve texto? Lo primero que nosotros notamos aquí es que una vida inconmovible requerirá entender y confiar en que nuestro Dios tiene un control minucioso y sabio de todo cuanto acontece. Él les dice en el versículo 10: "Me alegré grandemente en el Señor de que ya al fin han reavivado su cuidado para conmigo; en verdad, antes se preocupaban, pero les faltaba la oportunidad."
Los filipenses, como les di a entender hace un momento, fueron la primera iglesia del Nuevo Testamento fundada por Pablo en Europa. Tenían, digamos, esa distinción, como nosotros que tenemos la catedral de América, ¿verdad? Como que es un gran orgullo, ¿será buena cosa? Tener, ser los primeros, bueno. Los filipenses eran los primeros, y como los primeros plantados en Europa, ellos se habían mantenido al tanto del ministerio de Pablo y lo habían apoyado económicamente en otras ocasiones.
Pero habían pasado casi diez años y, por múltiples razones que no nos dice el pasaje, ellos no habían podido apoyar a Pablo en sus viajes misioneros, en su ministerio. Quizás no tenían contacto con él, quizás no tenían cómo mandarle algún apoyo. Por cualquiera de las razones, el punto era que ellos no habían podido apoyar económicamente de nuevo; lo habían hecho, pero hacía unos diez años. Aquí entonces él comienza este pasaje, ya al final de su carta, y dice: "Yo me alegré grandemente de que han reavivado su cuidado para conmigo." Se está refiriendo a que recibió una ofrenda que vino de manos de Epafrodito, que era un siervo militante, un cristiano que le trajo la ofrenda de los filipenses.
Y él dice: "Me alegré grandemente en el Señor." De alguna manera él dice: "Este gozo mío por su ofrenda, yo lo tengo en el Señor." De hecho, la Nueva Traducción Viviente, cuando traduce eso —"me alegré grandemente en el Señor"—, dice lo siguiente: "¡Cuánto alabo al Señor de que han reavivado su interés para conmigo!" ¿Por qué Pablo alaba al Señor por la ofrenda que le mandaron los filipenses, si fueron los filipenses quienes se la mandaron? Porque Pablo ve que Dios es quien pone el querer como el hacer en los filipenses para que esa ofrenda le llegue. Dios está involucrado en esta ofrenda que está recibiendo.
Pablo no ve a Dios divorciado de esta realidad: que él está recibiendo esta ofrenda de los filipenses y que la está recibiendo en la ocasión en que la está recibiendo. De hecho, la segunda oración dice: "En verdad, antes se preocupaban, pero les faltaba oportunidad." No había un momento apropiado; Dios no lo había permitido; esto no había sido posible. De alguna manera, Pablo está bien con eso. Pablo no les está reclamando nada, no se está quejando con ellos. No está diciendo: "Oye, me tienen prácticamente olvidado." No, no, no. Pablo dice: "Yo glorifico a Dios; Dios está en esto. La oportunidad no se les había presentado; en esta ocasión, si el Señor lo permitió así, Dios lo quiso." Pablo es un hombre que está consciente de que todo cuanto acontece en su vida está diseñado por su Dios.
Esa es la razón por la que en esta misma carta —y ustedes se van a dar cuenta de que es un versículo también muy conocido— Pablo les escribe lo siguiente a los filipenses, en Filipenses 4:6, un poquito más arriba del pasaje que leímos: "Por nada estén preocupados o afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios, y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y mentes en Cristo Jesús." El hombre preso, confinado, en medio de una incertidumbre de si su vida va a seguir o no, dice: "No se preocupen por nada." ¿Y qué hacemos, Pablo? "Acudan a Dios, busquen en Él su refugio, expresen sus peticiones delante de Él, suplíquenle, ruéguenle, denle gracias. Cuando ustedes hagan eso de corazón, la paz de Dios, que sobrepasa el entendimiento, va a ser inexplicable; la paz que ustedes van a experimentar cuando reposen y descansen en la soberanía de Dios."
No se preocupen; Dios tiene control. Y eso lo agrego yo, pero está implícito en lo que le está diciendo a los mismos filipenses. Un poco más adelante, cuando Pablo finalmente sale de su confinamiento —porque, gracias a Dios, fue liberado; no murió ahí, murió más adelante— tuvo la oportunidad de escribir la carta a los romanos. ¡Qué bueno que lo dejaron vivo unos años más, que Dios lo dejó algunos años más! Y es entonces Pablo quien viene y nos deja este famoso y glorioso pasaje en Romanos 8:28, ¿verdad?, que la gente se lo sabe de memoria: "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperarán para bien."
¡Wow! Pablo está consciente de que Dios hace cooperar sinérgicamente todo en nuestra vida. Dios no tiene una prueba por aquí que no esté conectada con esta de por allá. Todo sinérgicamente —esa es la palabra en el original— coopera para bien, para aquellos que aman a Dios. Dios forja la vida del creyente usando toda circunstancia que nos acontece con tal de bendecirnos. ¿Y en qué sentido bendecirnos? Cooperarán para bien en el sentido de formarnos a la imagen de Cristo. Este es el apóstol que está escribiéndoles a los filipenses: "Yo estoy bien, estoy abastecido; yo no necesito nada externo. En Cristo yo tengo lo que necesito para mi fortaleza." Un apóstol consciente, un hombre consciente de que Dios tiene absoluto control de todo cuanto acontece.
Ese pasaje de Romanos 8:28 es como una versión comprimida de lo que se conoce como la doctrina de la providencia de Dios. La palabra "providencia" viene de "pro", que es prever, anticipar, y "videncia", que es ver. Dios ve antes. Pero la providencia no solamente implica que Dios ve antes, sino que Dios ve antes y ordena y orquesta. Dios hace que todo funcione según sus propósitos. Esa es la doctrina de la providencia, y está a lo largo de toda la Biblia. Todo acontece según los propósitos de Dios. Si hay algún aspecto de la creación, algún elemento de la creación que estuviera fuera del control de Dios, Dios no sería Dios. Si hay algo que está fuera de su dominio, Dios no sería Dios; por lo menos no sería el Dios que nosotros leemos en la Biblia.
Y Pablo tenía claro que su vida, las circunstancias en las que él se encontraba, no eran accidentales ni producto del azar, ni de su mala suerte, ni de que le cayó todo. Absolutamente todo dependía de la voluntad bondadosa y sabia de su Señor. En un momento dado, los discípulos de Jesús estaban angustiados y preocupados por su vida; había una serie de preocupantes señales en las zonas donde ellos se estaban moviendo. Y Jesús viene y les dice esto en Mateo 10, ante su angustia y su preocupación. Les dice Mateo 10:28 al 31: "No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien, teman a aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno." Es decir: témanle a Dios por encima de los hombres. "¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo el Padre. Y hasta los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados. Así que no teman; ustedes valen más que muchos pajarillos."
¿Cómo desarraiga Jesús el temor y la angustia en el corazón de estos discípulos? Explicándoles las cosas, explicándoles la providencia de Dios, como si fueran niños en una escuelita. "Mi calma, nada por acá. Miren, estamos en la escuelita: Dios tiene el control. Y también todos los pajaritos —todos los días se mueren millones de pajaritos de esos, ¿verdad?— esos pajaritos caen a tierra, y según Jesús..." Yo no creo que Él está siendo hiperbólico; o sea, no es una exageración para ilustrar un punto. No, Jesús está enseñando una doctrina central que nos enseñan todas las Escrituras: ni algo tan insignificante como la muerte de un pajarito, que ocurre por millones diariamente, pasa sin que Dios Padre dé permiso de que eso ocurra. ¿Qué nos está diciendo eso? Dios Padre tiene control; Dios tiene control de absolutamente todo cuanto acontece. ¿Y cómo no va a tener control de lo que acontece en tu vida?
Pero hay un segundo punto en esta enseñanza. Él sigue con la escuelita. La primera lección fue: Dios tiene control absoluto y minucioso de todo. La segunda lección es: Dios te conoce. Dios sabe quién tú eres, y lo sabe tan al detalle que conoce la cantidad de cabellos que tú tienes. Como he dicho en otras ocasiones, eso en algunos casos no es tan complicado; uno va perdiendo unidades en la medida que el tiempo pasa. Entonces, ese es el Dios que todo lo controla y que me conoce de manera personal.
De manera categórica y contundente. Así que no teman. Ustedes valen más que muchos pajarillos. Tranquilo. Si yo quiero estabilidad en mi vida, si yo quiero una vida inconmovible, yo tengo que entender que mi vida está en Sus manos, que lo que me acontece no es circunstancial, no es al azar. Y este es uno de los atributos de Dios que a mí personalmente más asombro me produce y más paz me transmite. Meditar en esto a mí me llena de esperanza: que Dios está por mí, que yo no soy un número para Dios, y este es un Dios maravilloso y glorioso.
Pero una vida inconmovible, además de entender eso de Dios, de lo que es capaz de hacer y de cómo me conoce, requerirá de un aprendizaje. No sé si notaron: Pablo dice en el versículo 11 y el versículo 12 también, "no que hable porque tenga qué hacer, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación." Luego en el versículo 12 dice: "También sé vivir en pobreza y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre, de sufrir abundancia como de sufrir necesidad." Dos veces en ese versículo: "he aprendido, he aprendido." He aprendido a ser independiente de mis circunstancias.
Es significativo que Pablo lo diga. Estamos hablando del gran apóstol Pablo, el hombre que escribió 13 de los 27 libros del Nuevo Testamento, conocido como el más grande misionero que ha dado la fe cristiana, quizás como el más grande teólogo que ha dado la fe cristiana, y él tuvo que aprender esta asignatura del contentamiento cristiano. Porque la tendencia natural, aun en Pablo, es la inconformidad, el descontento, la queja, la frustración, la insatisfacción. Esa es la tendencia natural del ser humano. Y el contentamiento, la independencia y la autarquía en Cristo es algo que se aprende, que se adquiere, que no es algo que yo recibo cuando me convierto. Yo recibo la salvación, pero ahí entonces yo comienzo a caminar con Dios, y comienza Dios a mostrarme una serie de realidades en la vida espiritual, donde yo comienzo a decir: "Ah, pero es que Cristo llena. Ah, pero es que yo no necesito todo lo que yo creo que necesito para sentirme bien."
De hecho, Pablo en otras de sus cartas nos dejó incluso ejemplos de cómo él aprendió estas cosas, de cómo él aprendió a encontrar su refugio, su plenitud y su satisfacción en Dios, y no en lo que le pasaba. Miren cómo él lo dice en 2 Corintios 1:8-9: "Amados hermanos, pensamos que tienen que estar al tanto de las dificultades que hemos atravesado en la provincia de Asia. Fuimos oprimidos y agobiados más allá de nuestra capacidad de aguantar, y hasta pensamos que no saldríamos con vida. De hecho, esperábamos morir. Pero como resultado, dejamos de confiar en nosotros mismos y aprendimos a confiar solo en Dios, quien resucita los muertos."
¡Qué lección! Dios llevó al apóstol Pablo a un momento y ocasión donde Pablo se vio sin recursos para hacerle frente a su situación, donde él dijo: "Yo entendía que no tenía capacidad de aguante, yo entendía que no saldríamos con vida, para mí nosotros íbamos a morir." Ahí Pablo perdió la esperanza de que podía salir con vida, y él mismo reporta que no tenía capacidad de aguantar esa situación: persecución, crítica, aflicción, dolor, apedreamiento. No sabemos exactamente de qué está hablando Pablo aquí, pero sí está hablando de una situación que lo puso al borde de la desesperanza, al borde de abandonar, de claudicar. Si hubiese sido por las fuerzas humanas, Pablo hubiese dejado su fe cristiana ahí.
El asunto es que Dios estaba involucrado. Entonces él dice en el versículo 9: "Esperábamos morir." Pero, sorpresa para él, como resultado de esta situación, "ahora yo dejé de confiar en mí y aprendí a confiar solo en Dios." O sea, que a través de esta experiencia extenuante que comprimió al apóstol Pablo, Dios lo condujo de un estado de autoconfianza a un estado de confianza en Dios. Lo aprendió. Así es que se aprende. Dios comienza a remover, a quitar, a desafiar, a confrontar cosas en mi vida, y yo voy aprendiendo que en Él yo tengo los recursos para seguir adelante.
Hay otra situación que Pablo también reporta en la misma carta a los corintios, un poco más adelante, en el capítulo 12, versículos 8 al 10. Él dice: "En tres ocasiones distintas le supliqué al Señor que me la quitara." Está hablando de una prueba que él tenía, un aguijón en su carne. "Cada vez Él me dijo: 'Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad.' Así que ahora me alegra jactarme en mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, en persecuciones y dificultades que sufro por Cristo, pues cuando soy débil, entonces soy fuerte."
"Yo quiero que tú me quites esto, Señor. Yo quiero que tú remuevas este dolor, esta aflicción, este aguijón en mi carne." Se lo había pedido tres veces. El gran apóstol, pidiendo tres veces a Dios, de manera devota e intensa, suplicándole: "Quítame esto, Señor, quítame esto." Y Dios le responde: "No. ¿Tú no te das cuenta, Pablo? Tus debilidades, tus aflicciones, tus problemas, tus dolores son las ocasiones para que Yo me muestre; son las ocasiones donde Yo me glorifico; son los momentos donde tú puedes ver Mi poder desplegado." Si tú estás abastecido, todo resuelto, todo bien, ¿cuándo Dios se va a manifestar en mi vida, en nuestras vidas? ¿Cómo va a crecer nuestra fe? ¿Cómo vamos a entender que es en Dios que nuestra confianza ha de estar, y no en las cosas de este mundo?
"Bueno, ya estoy entendiendo, estoy aprendiendo", dice Pablo. Era un buen alumno de la escuela del contentamiento. Fíjense lo atento que estaba a lo que Dios estaba obrando en su vida. Yo no estoy seguro de que yo sea tan buen alumno de esa escuela del contentamiento, porque lo que habitualmente pasa en mí es que cuando Dios me somete a una situación aflictiva, difícil, indeseable para mí, lo que yo quiero es salir de eso. Yo no estoy reflexionando en que estoy aprendiendo. Yo no estoy abriendo mis ojos espirituales para ver qué me está mostrando el Señor. De hecho, a veces Dios no es lo primero a lo que yo acudo. No, a veces Dios es el último recurso al que yo acudo. Ahí no he llorado por eso, pero ya hemos hecho cuatro llamadas, siete contactos, etcétera, etcétera.
Y si yo abriera los ojos espirituales para ver qué está haciendo Dios conmigo, qué está forjando Dios en mí, entonces, cuando son situaciones aflictivas, yo quiero salir de ellas, no aprender de ellas. Cuando son situaciones de bonanza, lo que yo quiero es que se perpetúen, pero no tengo cuidado de que mi corazón puede desviarse hacia la autosuficiencia, hacia la arrogancia, hacia la ingratitud. ¡Ay, señores! De ahí que cuando venimos a Cristo, si Él se propone forjar en nosotros seres humanos, hombres y mujeres dependientes de Él, autosuficientes en Cristo, perdónanos, Señor, porque eso no siempre es así.
Entonces, hermanos, un tercer aspecto que vemos en una vida inconmovible: lo primero que requerimos es entender y confiar en que Dios tiene control minucioso y sabio de todo lo que nos acontece; lo segundo es que vamos a requerir aprendizaje; pero lo tercero —y ya más o menos mencioné algo de esto, pero se solapa en este punto— es que una vida inconmovible requerirá que estemos dispuestos a ser desafiados en todo tipo de circunstancia para aprender a contentarnos.
Por lo visto, el contentamiento no es algo que se aprende en un salón de clase. El contentamiento es algo que se aprende en un taller de la vida. Pablo lo aprendió así; nos lo reporta de esta manera en este pasaje. Él dice: "Sé vivir en pobreza." ¿Usted cree que es porque le explicaron lo que la pobreza era y lo que implicaba? No, porque él vivió en pobreza. "Sé vivir en prosperidad." No fue que le explicaron lo que implicaba tener abundancia; no, él vivió en prosperidad, en abundancia. "En todo y por todo he aprendido." O sea, todo lo que me ha ocurrido, por todo lo que yo he pasado, estas son cosas que yo he aprendido: "He aprendido a estar saciado, a tener hambre, a tener abundancia y a sufrir necesidad."
Hay un amplio espectro de cosas que Pablo vivió, de un punto a otro. Fíjense que él dice tres frases que son sinónimas: la pobreza y la prosperidad, saciado y tener hambre, abundancia y sufrir necesidad. Es un énfasis literal que Pablo hace para hacerles ver a los filipenses que él ha estado en todas. "Yo lo he vivido todo." Y de manera particular, fíjense que todas las situaciones que él reporta aquí son económicas: pobreza, prosperidad, saciado, tener hambre, abundancia, sufrir necesidad. Claro, porque el contexto es que le está agradeciendo a los filipenses por su buena ofrenda. Entonces les dice: "Mira, yo he vivido todo tipo de situación económica, pero he aprendido a estar bien no importa cuál sea mi situación. Gracias por lo que me mandaron, pero yo estoy bien."
Pero yo no quisiera que cometiéramos el error de confinar el tema del contentamiento a lo económico, porque el contentamiento y el ser independiente de las circunstancias externas tiene aplicación a todas las esferas de nuestra vida. Y hay muchos de nosotros en los que nos sentimos, en muchas esferas, desdichados, frustrados, insatisfechos, al punto de que no estamos gozosos, no experimentamos el gozo de nuestra salvación. Tenemos una gran riqueza en Cristo, pero parecería que somos paupérrimos espiritualmente. Y hasta nuestra confianza en Dios ha sido socavada por nuestra actitud, y a veces cuestionamos a Dios y lo desafiamos, y le preguntamos —ya sea verbal o internamente—: "¿Hasta cuándo, Señor? ¿Cuándo me vas a quitar esto? ¿Cuándo es que tú vas a levantar esta prueba, esta situación difícil de mi vida?"
Como le dije, en el caso de Pablo en este contexto, se habla de las finanzas. Y en las finanzas sí hay mucho descontento con nuestra condición financiera; eso no es nuevo, eso viene de muy atrás. Pero sucede que, fíjense, Pablo dice: "He aprendido a estar contento, a ser independiente, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, sé vivir en prosperidad." ¿Y por qué Pablo dice que sabe vivir en prosperidad, como si vivir en prosperidad fuera difícil?
Hay desafíos al contentamiento en la prosperidad. ¿O ustedes creen que el que mucho tiene está contento? No. El que mucho tiene también está descontento, porque lo material no llena el corazón humano. El que tiene mucho quiere más, el que tiene poco quiere algo, pero cuando tenga mucho querrá más. Por eso fue que Cristo escribió y enseñó en Lucas 12:15: "Estén atentos y guárdense de toda forma de avaricia", la avaricia, el querer más, "porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes."
Mientras nosotros sigamos pensando que la vida, la esencia de la vida, la profundidad de la vida, la satisfacción de la vida, se encuentra en lo que yo acumulo, en lo que yo tengo, en lo que yo disfruto materialmente hablando, mientras yo siga pensando así, yo no estaré contento nunca, yo no estaré satisfecho nunca. Pero ¿por qué Cristo dice "estén atentos y cuídense de toda forma de avaricia"? Porque la avaricia piensa así. Cuídense de no pensar así, porque el que piensa así entonces se aboca a una vida de acumulación y de trabajo para tener más, porque piensa que la vida está en los bienes, y termina desperdiciando su vida. No es ahí donde está la vida.
¿Y cuánta gente se siente refunfuñando por el carro que tiene, la casa en la que vive, la ropa que tiene, las vacaciones que no puede tener, como si ahí estuviera la vida, como si de eso dependiera nuestro gozo? Es una excusa que nosotros buscamos para no ser gozosos en Cristo. Pero como les decía, no quiero que confinemos el tema del contentamiento al aspecto financiero, que es lo que Pablo habla, ese es el contexto, sino que el contentamiento tiene aplicación en el matrimonio, tiene aplicación en los hijos que tengo, en el trabajo que tengo y que no disfruto.
Todo el mundo quiere un trabajo de ensueño. "No trabajes donde no te apasiones." Sí, sigue ahí. Llévate ese consejo al margen, porque en este mundo tendremos aflicción, pero confiemos: Cristo venció al mundo. Y no estamos contentos ni satisfechos ni con el país, ni con la iglesia, ni con la familia, ni con la salud que hemos recibido, ni con el cabello que tenemos, ni con el color que tenemos, ni con el tamaño que tenemos, ni con el tamaño de los pies que tenemos. Somos una fuente de descontento, de insatisfacción y de demanda, porque hemos tratado de llenar nuestro corazón de todo lo demás que no es Dios. Solo en Dios. Ese es el secreto. "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."
Entonces, como yo les decía, tendremos que estar dispuestos a ser probados, a ser desafiados en cualquier aspecto de la vida, a ser colocados en diferentes circunstancias, que los vientos nos soplen, a ver si nosotros somos o no veletas de las circunstancias que nos toca vivir. Así como un corredor entrena corriendo, estirando su resistencia, hasta que sus pulmones se expanden y sus músculos se acomodan a la manera que la competencia necesita, de la misma manera Dios nos coloca de manera intencional y supervisada en situaciones que desafían nuestros músculos espirituales, y que nos lleva entonces a hidratarnos en Cristo.
Y cuando no nos hidratamos en Cristo, nos sentimos sedientos y buscamos otras cosas, y sentimos que no podemos, y nos agotamos, porque no estamos buscando en Cristo. El problema no son las circunstancias; el problema es dónde yo me estoy hidratando, dónde yo estoy derivando mi energía para seguir adelante. Y esta es la tercera lección que vemos en Pablo: él sabía adónde ir. Él estaba dispuesto a ser expuesto —vale la redundancia— a cualquier situación, y se enfrentaba a ella con determinación porque su fuente… Y aquí viene el cuarto punto.
Una vida inconmovible requiere una dependencia absoluta de Cristo. Eso fue lo que Pablo aprendió. "He aprendido a estar contento, a contentarme, cualquiera que sea mi situación. He aprendido el secreto." ¿Cuál, Pablo? ¿Qué fue lo que tú aprendiste? "Que todo lo puedo en Cristo que me fortalece." La expresión "que me fortalece", en el original, lo que dice es lo siguiente: Cristo me concede el poder para enfrentar cualquier situación en la que Él me ponga. Estoy listo para todo mediante la fuerza de Aquel que vive dentro de mí. Puedo hacer todo lo que Dios me pide con la ayuda de Cristo, que me da la fuerza y el poder, lo que Él quiere, donde Él me coloca, donde Él me tiene.
Pero no pensemos que esta expresión es un cheque en blanco de que "todo lo puedo en Cristo" y ahora me voy a tirar un buen bungee jumping, o a poner un negocio, y "todo lo puedo en Cristo" y me va a salir bien. Eso no es así. Si la voluntad de Dios es que tú pongas un negocio, pues sí, tú puedes hacer uso de un componente de esa frase: tú puedes en Cristo. El negocio va a tener desafíos, problemas, situaciones, cuestionamientos, y todo eso pues tú lo puedes en Cristo, tú puedes echarlo adelante con tu corazón confiando en el Señor. Pero esto no es un cheque en blanco para que yo vaya a hacer todo lo que yo quiera, y no todo lo que Dios quiere que yo haga. Yo tendré las energías que necesito para estar gozoso y ser independiente de mis circunstancias. Ese es el secreto de la vida autárquica en Cristo: independiente de las circunstancias, satisfecha y contenta.
Entonces, fíjense que es interesante que Pablo le llama un secreto: "Yo he aprendido a estar contento, yo he aprendido el secreto de estar satisfecho." ¿Y por qué Pablo lo llama un secreto? Bueno, porque eso no fue algo que descubrió un día simplemente, sino que fue algo de lo que fue percatándose en la medida en que interactuaba con la vida y acudía al Señor; en la medida en que enfrentaba la dificultad de su vida, sus privaciones, la escasez, el dolor, la persecución, el cansancio, la deshonra, las injusticias, y aún la abundancia, que lo podría desviar si no estaba enfocado en el Señor. Él acudía a Cristo en todas esas ocasiones: momentos de confusión, "necesito sabiduría"; momentos de angustia, "necesito consuelo"; momentos de tentación, "necesito tu fortaleza, tu santidad." Acudía a Cristo como la fuente de su nutrición espiritual.
Entonces él se comenzó a dar cuenta, se comenzó a percatar: "Pero, ¡que sí! Hay todo lo que yo necesito, y más." Él descubrió entonces que cuando acudía al Señor Jesús, él era fortalecido, animado, refrescado; experimentaba la paz. Cuando él acoplaba su vida a la Palabra de Dios, a la voluntad de Dios, él se daba cuenta de que las cosas fluían en él, por lo menos, y se sentía abastecido, fuerte, inconmovible. Ese es el secreto. Ese es el secreto.
Warren Wiersbe, ya con esto estoy concluyendo, en su comentario acerca de este pasaje dice: "Toda la naturaleza depende de recursos ocultos. Los árboles hunden sus raíces en la tierra para extraer agua y minerales. La parte más importante de un árbol es la que no puedes ver. Los ríos nacen en las montañas nevadas. En el caso de los árboles, su nutrición viene de su sistema de raíces. De la misma manera, la parte más importante de la vida de un cristiano es la parte que solo Dios ve. A menos que recurramos a los recursos profundos de Dios por fe, fracasaremos ante las presiones de la vida y seremos veletas."
A menos que nosotros sepamos adónde vamos a acudir en los momentos de ventarrones, de huracán, de temporales, de tormentas en nuestra vida; a menos que nosotros acudamos a Aquel que nos fortalece en todo, nosotros sucumbiremos, seremos movidos de una dirección u otra. Y es mi estímulo, mi exhortación para cada uno de nosotros, porque es un mensaje que me predico a mí mismo: hermanos, atesoremos la compañía de Cristo, apreciemos su Palabra, procuremos en nuestra vida, en nuestro día a día, agradarlo más a Él que agradarnos más a nosotros mismos. Apreciemos cada día, de manera creciente, lo que tenemos en Cristo, lo que ya hemos recibido de parte de Él: su perdón, su gracia, su compañía, su sabiduría con nosotros. Y hagamos uso de eso.
Un cristiano autárquico en Cristo es uno que entiende que su vida está en las manos de un Dios que lo controla todo de manera intencional y sabia. Es un cristiano que está dispuesto a aprender el proceso de volverse independiente de las circunstancias, y estará dispuesto a ser expuesto a diferentes situaciones, y cuando ellas vengan acudirá a Cristo a recibir de Él la nutrición que necesita para hacer frente a lo que venga. Que el Señor sea con nosotros, queridos hermanos, y nos conduzca a esta vida inconmovible.
Vamos a orar. Señor Dios, gracias, gracias por la enseñanza de la vida de Pablo, una enseñanza que no fue solamente escrita con tinta, sino que fue escrita con dolor, con aflicción, con pruebas, con vicisitudes, con sangre. Esa es la lección que el apóstol Pablo nos deja, siguiendo tus pasos, los de Aquel que fuiste a la propia cruz, y dice el libro de Hebreos que fuiste con gozo, un gozo que pusiste delante de ti, porque tú sabías que la cruz era el instrumento de salvación para muchos. Oh Señor, levanta nuestra mirada a las cosas eternas. Ayúdanos a entender nuestra vida no de manera horizontal y terrenal, sino a entenderla desde tu perspectiva, por encima del sol.
Señor, nosotros te pedimos perdón porque muchas veces, con frecuencia, acudimos a lo que este mundo tiene que ofrecer para ser llenados y sentirnos satisfechos, y nos quedamos vacíos. No hemos acudido a ti. Nos parecemos a tu pueblo Israel, que en un momento dado tú acusaste de hacer cisternas agrietadas que no retienen agua, en lugar de ir a ti, que eres la fuente de agua viva. Tú dijiste en Juan 4 que tú eres la fuente de agua viva, y que si tenemos a ti y acudimos a ti, de nuestro interior brotarán ríos, manantiales de agua fresca.
Señor, pero muchos de nosotros nos sentimos secos, y yo te quiero pedir, Dios, que de una manera sobrenatural tú nos sumerjas en tus aguas, que tú refresques nuestra fe, que tú levantes nuestra mirada, que tú, Señor, fortalezcas nuestros brazos y nuestras piernas espiritualmente hablando, y podamos ser inamovibles ante las circunstancias que nos toca vivir, sean cuales sean. Acompáñanos, Dios. Ayúdanos, Señor, a ser un pueblo victorioso. Como tú venciste, ayúdanos a vencer. En el nombre de Jesús, amén.
Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para ti.
Vida, te sugiero que te suscribas a este canal, de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas, financieras y el ministerio de jóvenes adultos (M-Aquí), además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.