IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Dado todo lo que Dios ha hecho por nosotros —su amor, su gracia, su paciencia, su benevolencia—, lo único que corresponde es la entrega completa de nuestra vida a cambio de la entrega completa de la suya. Esa es la exhortación que Pablo hace en Romanos 12:1-2 después de once capítulos desplegando la inmensidad de la misericordia divina. No se trata de dar a Dios una parte de lo que somos, sino de presentar nuestro cuerpo entero como sacrificio vivo, santo y aceptable. Pensar que podemos ofrecer menos es irracional, ingrato e inconcebible: Dios dejó su trono, se sometió a la vergüenza y murió en una cruz, y ahora pretendemos darle solo fragmentos de nuestro tiempo, nuestras fuerzas, nuestra atención.
El pastor Miguel Núñez subraya que los miembros de nuestro cuerpo son los intermediarios de nuestras pasiones. Eva vio la fruta con sus ojos y Satanás capturó su atención; David miró a Betsabé y su mente abrió un mundo de posibilidades pecaminosas. Por eso Job hizo pacto con sus ojos. Lo que vemos, oímos, tocamos y decimos debe ser consagrado como ofrenda, no manchado de pecado.
Pero la consagración del cuerpo no basta sin la renovación de la mente. Pablo llama a una metamorfosis —como la del gusano que se convierte en mariposa— que resiste las corrientes del mundo y cultiva una mente bíblica. Sin una mente transformada por la Palabra, es imposible discernir la voluntad de Dios ni vivir en piedad. El llamado final es claro: dedicar la vida entera, cada día, al Dios que primero dio la suya.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Continuamos hoy en nuestra serie sobre la carta de Pablo a los romanos. Cerramos la última vez el capítulo 11, donde Pablo nos habló de la infinita sabiduría de Dios en el plan de redención, un plan que comenzó en la eternidad pasada y que va a terminar al final de los tiempos con la redención de nuestros cuerpos, de todo lo que nosotros somos, y la redención de la creación misma. Que es el mismo apóstol Pablo el que dice que gime hasta hoy con dolores de parto de la misma forma que nosotros gemimos.
Pablo elaboró en esos primeros once capítulos un argumento en contra de la raza humana, de la corrupción moral de la raza humana, y de esa misma forma elaboró otro argumento acerca de la inmensa misericordia de Dios, quien tuvo compasión con nosotros, pecadores que no merecíamos su gracia. Nada, la muerte espiritual en la que Adán nos dejó, y por otro lado el caminar pecaminoso que ha caracterizado a cada ser humano desde entonces. El argumento de Pablo describiendo la corrupción moral de la humanidad es persuasivo, es masivo, pero de esa misma manera es igualmente monumental el argumento que Pablo hace acerca de esta increíble gracia y misericordia de Dios.
Los primeros once capítulos de la carta son la parte teológica, la parte doctrinal que hace referencia a lo que Dios ha hecho a nuestro favor. Y luego ahora, del capítulo 12:1 al 15:13, Pablo va a estar hablando de la parte práctica, o de aquello que a nosotros nos corresponde hacer, algo que él hace con frecuencia en sus cartas. Exactamente lo mismo cuando escribe la carta a los efesios, hace con los corintios, y así sucesivamente.
Pero hoy nosotros vamos a estar viendo solamente dos versículos que corresponden al capítulo 12, y esos son el 1 y el 2. Yo quisiera invitarte a que lo puedas leer junto conmigo para que podamos ver lo que Dios tiene para nosotros hoy. El texto comienza diciendo: "Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto."
Basado en esos dos versículos que acabo de leer, yo titulé mi mensaje: "Tu vida como sacrificio al Dios que dio su vida por ti." Tu vida como un sacrificio, una ofrenda que tú presentas a Dios, al Dios que primero dio su vida por ti.
Hay dos grandes ideas. La primera es la necesidad que tenemos de presentar nuestro cuerpo físico de una manera que Dios pueda considerarlo aceptable. Y en ese sentido yo tengo que verme como un real sacerdocio, como lo menciona Pedro en su primera carta, en 2:9, cuando nos dice que nosotros somos sacerdotes, un real sacerdocio. Como sacerdotes, tenemos un sacrificio que ofrecer. Los sacerdotes del Antiguo Testamento tenían sacrificios que ofrecer. Cristo como sacerdote en la cruz tenía un sacrificio que ofrecer, y la cruz fue como el altar, y Cristo fue la ofrenda, y Él como sacerdote se ofreció a sí mismo.
La segunda idea tiene que ver con la transformación de nuestra mente. Y sin esas dos condiciones, es imposible vivir una vida de piedad. No es difícil, es imposible. Pablo está preocupado sin lugar a dudas por la santidad de los creyentes. Él sabe lo que pasó con los corintios, él conoce lo que ha ocurrido y se ha encontrado en otras congregaciones a quienes él estuvo y les tuvo que escribir. Y ahora cuando le escribe a los romanos, él está tratando de ayudarles a entender la necesidad que tú y yo tenemos de vivir una vida de piedad.
Uno de los diccionarios consultados, un diccionario teológico, dice que la piedad es respeto por Dios —escucha ahora— que afecta la manera de vivir de una persona. Respeto por Dios que afecta la manera como tú vives aquí abajo. Eusebio, el padre de la iglesia, considerado el padre de la historia de la iglesia, dice que para vivir en piedad se requiere conocer a Dios y luego vivir una vida que sea congruente con el Dios que has conocido. Ambos están diciendo cosas muy similares. Eusebio habla de que tienes que conocer a Dios, y habiendo conocido a ese Dios, tu vida es congruente con lo que conoces de ese Dios.
John Murray, uno de los fundadores del Seminario Westminster, decía que lo que adoramos, o a quién adoramos, determina nuestra conducta. Otra vez estableciendo la relación entre Dios, a quien se supone que yo conozco, y la manera como yo vivo. Puesto en otras palabras, la dignidad del Dios, el aprecio, lo que he podido conocer, cuánto yo valoro la dignidad del Dios que yo digo adorar, debe reflejarse en mi vida diaria. Y esta vida que nosotros llamamos acá abajo refleja o cuánto conozco o desconozco a Dios, o refleja cuánto o cuán poco valoro o aprecio o atesoro la dignidad de ese Dios. De manera que yo necesito llenar mi mente de Dios para que mi vida pueda reflejar a ese Dios.
Y ahora Pablo, ayudándonos a entender mejor cómo eso luce en la vida diaria, comienza a conectar lo que él ha dicho con lo que va a decir. Y él inicia el versículo 1 con un "por tanto". Y de nuevo les recuerdo que los "por tanto", no importa si es de la Biblia o en nuestras conversaciones, reflejan como una conclusión al final de algo que has dicho. Pero en este caso, la inmensa mayoría de los académicos está de acuerdo que el "por tanto" de Romanos 12:1 no hace alusión simplemente al contenido inmediato y anterior, sino a los once capítulos anteriores, donde Pablo ha puesto en despliegue la inmensidad del amor de Dios, lo inmerecido de la gracia que tú y yo hemos recibido, la abundancia de la benevolencia de Dios, la inexplicable paciencia y tolerancia de ese Dios para con aquellos que anteriormente no eran sus hijos, y que ahora siendo sus hijos todavía no están viviendo una vida de devoción digna de quién Él es.
Entonces en Romanos 12:1, Pablo hace la conexión con esas verdades acerca del carácter de Dios desplegadas en los capítulos 1 al 11. Pero él resume todos esos atributos de Dios, de los cuales yo acabo de hablar, en una sola palabra: misericordia. Y la pone en plural: "por las misericordias de Dios". En otras palabras, dado el amor, la gracia, la paciencia, la tolerancia, la benevolencia, la abundancia que Dios ha tenido con nosotros; dado todo eso y dado a nosotros, personas corrompidas en nuestra naturaleza y torcidas en nuestro andar, Pablo entonces procede y dice: "Les ruego". La Biblia Textual dice: "Les exhorto", y la Biblia Textual lo pone de esa manera porque Pablo no simplemente está diciendo "bueno, yo les ruego que traten". No, es una exhortación, es prácticamente un mandato lo que Pablo está tratando de establecer aquí. Les ruego, les imploro, les pido encarecidamente por las misericordias de Dios, que presenten vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y aceptable, que es el culto racional de ustedes.
En otras palabras, lo que vamos a ofrecer a Dios debe estar a la misma altura de lo que Cristo ofreció primero. Lo que tú y yo le vamos a ofrecer a Dios, y que podemos ofrecer a Dios, no puede ser indigno del sacrificio que Cristo ya ofreció. Debe apuntar a que esté a la misma altura, y eso es exactamente a lo que Pablo está apuntando.
Y él comienza ayudándonos a entender la necesidad que tenemos de consagrar nuestros cuerpos físicos. Es algo como que no pensamos mucho en eso: la necesidad que tú y yo tenemos, después de haber sido regenerados, entendiendo que la carne continúa con sus deseos pecaminosos, con sus demandas, con sus debilidades. Para los que entienden entonces, yo necesito consagrar ese cuerpo al Dios que te dio la vida. Pablo conoce la fuerza de succión de los deseos de la carne. Pablo conoce que nosotros usamos los miembros de nuestros cuerpos en un tiempo de una forma deshonrosa para Dios. Y él está tratando de ayudarnos a entender ahora que, sabiendo eso, tú y yo necesitamos prepararnos para no volver a ofrecer los mismos miembros de nuestros cuerpos de forma deshonrosa a Dios. Y ahí es que él habla de ofrecer un sacrificio vivo, santo y aceptable a Dios.
En este texto, Pablo no da detalles de cómo es que yo debo presentar los miembros de mi cuerpo a Dios, pero lo hizo ya en Romanos 6, del versículo 12 al 14. Yo te lo voy a leer de la Nueva Traducción Viviente para que lo puedas ver de una manera más clara. Escucha: "No permitan que el pecado controle la manera en que viven; no caigan ante los deseos pecaminosos." Pero esos deseos pecaminosos están en los miembros de tu cuerpo. "No dejen que ninguna parte de su cuerpo se convierta en un instrumento del mal para servir al pecado."
En cambio, entréguense completamente a Dios, porque antes estaban muertos, pero ahora tienen una vida nueva. Por eso es un sacrificio vivo. Así que usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios. Mi cuerpo yo dedico a mi cuerpo, los miembros de mi cuerpo, para la gloria de Dios. El pecado ya no es más su amo. El pecado fue tu amo, el pecado todavía permanece con nosotros, pero el pecado no se supone que reina en la vida de un creyente. Cuando yo peco no es porque no pude hacer algo en contra de mi pecado, no, porque ya no me domina, sino que yo me he rendido ante el impulso pecaminoso.
Y esto es lo que Pablo está diciendo: el pecado ya no es más su amo, porque ustedes ya no viven bajo las exigencias de la ley. En cambio, viven en la libertad de la gracia de Dios. Libertad de la gracia de Dios, no libertad para pecar, sino libertad empoderado por la gracia. Tienes ahora la libertad para no pecar, porque ya el pecado no es tu amo. Y Pablo insiste en la necesidad de dedicar a Dios la parte física de nuestra constitución humana si queremos vivir una vida de piedad.
Pablo entiende que la carne no puede ser regenerada o santificada. Lo único que la carne puede ser es crucificada, como leemos en Gálatas 5:24. La carne no puede ser hecha de nuevo. O sea, el espíritu... el corazón es engañoso, nadie lo puede curar. Romanos 7:18: "En mi carne nada bueno habita", dice Pablo. La carne no puede ser entrenada para complacer a Dios, no puede ser mejorada moralmente porque no es un ente moral. Entonces, ¿qué hago con la carne?
Bueno, Pablo nos dice. Le escribió a los corintios y él dice en 1 Corintios 9:27 de su primera carta a los Corintios: "Sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo". Eso es lo único que puede hacer. Cuando el deseo aflora, yo lo niego, le niego la oportunidad del deseo, lo golpeo. Lo que implica es: lo disciplino, le digo que no. Porque Pablo dice que no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado. Pablo está consciente de que es posible ser el gran apóstol Pablo, y antes de llegar al final, por no disciplinar su cuerpo, sus deseos, sus placeres, por no disciplinarlos, él mismo sea descalificado. Como en un momento dado le pasó a Moisés, que no perdió su salvación, pero fue descalificado para continuar hacia adelante, y ya Josué tuvo que venir a entrar al pueblo a la Tierra Prometida.
Satanás a veces sabe exactamente, y mejor de lo que yo acabo de explicarlo, y lo que él quiere es capturar tu atención, capturar la atención de tu mente. Y frecuentemente lo logra, pero cuando lo logra, frecuentemente lo hace a través de los miembros de nuestros cuerpos. Los miembros de nuestros cuerpos son los intermediarios de nuestras pasiones. Como fue con Eva: vio con sus ojos y vio que la fruta era buena. Satanás logró distraer a Eva mientras ella veía la fruta y él conversaba con ella. Deja ese pensamiento ahí por un momento.
Acán vio con sus ojos el lingote de oro, le atrajo, el manto babilónico le atrajo, y ya Satanás tenía su atención capturada. Es hora de un momento. David sale a un balcón en medio de la noche y de repente se encuentra con Betsabé que se estaba bañando sin ropa y capturó su atención. Ahora él está distraído. Amnón vio a su media hermana y la violó. Los ojos de cada uno de ellos sirvieron de ventana para capturar la atención.
Entonces, ¿cuál es la importancia de esto que Satanás conoce? Una vez él captura tu atención, tu mente y la mía abren posibilidades imaginarias de lo que pudiera hacer, lo que sea que pudiera estar detrás de la tentación. Nuestra imaginación eleva los niveles de las hormonas del placer en el cerebro: dopamina y serotonina, oxitocina y demás, los neurotransmisores. Y de repente esa elevación que aparentemente parece simplemente orgánica nos lleva a olvidar que aunque nadie nos está viendo, Dios me está viendo. Pero también me lleva a olvidar, entretenido, verdad, la tentación abre un mundo de posibilidades. Entretenido, por eso nos hace olvidar los dolores. ¡Ay! Largas, prolongadas que pueden ser las consecuencias del pecado.
Es la razón por la que Job dijo: "Yo hice un pacto con mis ojos para no mirar con codicia a una virgen". Job conocía, quizá no conocía tanto como Pablo de esto, pero su experiencia en la vida lo llevó a pensar en algo más.
Crisóstomo, uno de los patriarcas de la iglesia oriental —se separa de la iglesia católica en un momento dado, hace más de 1500 años atrás, la iglesia oriental tiene sus patriarcas— fue uno de esos patriarcas. Escribió sobre esto y dice: "Evita que tu ojo mire algo pecaminoso, porque tu ojo ha sido convertido en un sacrificio. No permitas que la lengua diga algo vergonzoso, porque la lengua ha llegado a ser una ofrenda. No permitas que la mano haga alguna acción ilícita, porque es tu holocausto. Pero estas cosas no son suficientes, también debemos hacer buenas obras. Permite que tus manos den dádivas, que tu boca bendiga a aquellos que te abusan, que tu oído sea dedicado a escuchar continuamente un hablar divino. Para ofrecer algo en sacrificio no puede tener nada impuro. Tu sacrificio es el primer fruto de todas tus acciones. Por tanto, ofrezcamos a Dios un sacrificio de nuestro primer fruto: de nuestras manos, nuestros pies, nuestra boca y todos los demás miembros de nuestros cuerpos".
Con los ojos nosotros podemos ver lo que no debiéramos ver. Con los oídos podemos prestar atención a conversaciones que nos dañan, y luego al yo repetirlas dañamos a otros. Con la lengua nosotros pecamos al chismear, al difamar, al hablar de cosas que Pablo diría que jamás se nombren entre ustedes. O podemos aumentar o exagerar la verdad, o podemos disminuir la verdad, o podemos exagerar lo que oímos con nuestras emociones y sentimientos. Y todo eso, Pablo dice, no es que los ojos, el oído, la lengua, las manos que pueden tocar cosas lícitas de maneras ilícitas, como son las teclas de una computadora, o con los pies podemos ir a lugares donde no debiéramos. Y todo eso, Pablo dice, tú tienes que disciplinar todo eso, porque a Dios no le es indiferente cómo usamos nuestros cuerpos.
Recuerda que en el Antiguo Testamento el sacerdote ofrecía un sacrificio. El sacrificio era un acto espiritual, pero lo que servía de ofrenda era un animal, y Dios prohibió que le ofrendaran un animal cojo, tuerto, ciego o de alguna manera defectuoso. Como una forma de decir, no. Posteriormente, en el Nuevo Testamento, tú eres esa ofrenda, pero ya tú no eres ese animal muerto, sino que tu sacrificio es vivo. Y ese sacrificio vivo yo no lo quiero manchado de pecado, como tampoco quería la ofrenda del Antiguo Testamento impura, defectuosa, porque no sería santa, no sería aceptable para mí.
Yo me acuerdo, pensando acerca de esto, lo que dice: nuestros cuerpos son más que caparazones físicos. Nuestro cuerpo no solamente abarca a nuestro ser físico, sino también los anhelos perversos de nuestra mente, emociones y voluntad. Y Pablo, pensando eso con toda la prolijidad, cuando él habla de ofrecer vuestro cuerpo como sacrificio vivo, él está pensando en el sacrificio del Antiguo Testamento. Y luego nos dice que sea santo y que sea aceptable. En otras palabras, la manera como yo vivo, la manera como uso mi cuerpo, es algo que Dios pudiera ver y decir: "Ok, esto es una ofrenda aceptable para mí. Tiene la santidad, tiene la dedicación, tiene la condición digna del sacrificio que mi Hijo ofreció".
Y Pablo te está ayudando, nos está instruyendo, pero al mismo tiempo nos está ayudando a meditar las implicaciones, la amplitud que tiene nuestra salvación. Porque nuestra salvación no es un seguro de vida para evitar el infierno, que es como frecuentemente muchos la han abrazado. No, la salvación obviamente nos va a evitar el infierno, pero entre esta vida y la que viene hay una responsabilidad que tú y yo tenemos, que la tuvo el mismo Hijo de Dios, y es ser testigos del Dios que está en medio de un proceso y plan de redención.
Y Pablo nos recuerda en 2 Corintios 6:16 y dice que nosotros somos el templo de Dios, del Dios vivo. Tú recuerdas el tabernáculo del Antiguo Testamento, ya no está. Tú recuerdas el templo del Antiguo Testamento, ya no está. Tú recuerdas que Dios habitaba en el tabernáculo y en el templo, sí. Bueno, tú eres el templo, y ya Dios habita en ti y no en esos lugares muertos. ¡Wow!
Déjame leerte la carta, o el texto más amplio, de 2 Corintios 6:14-17: "No estén unidos en yugo desigual con los incrédulos". Ahí es donde Pablo comienza. El contexto es gente creyente que quería unirse con incrédulos, ya sea en negocio o ya sea en matrimonio. Pues escucha: ¿Qué asociación tiene la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? En otras palabras, ¿qué armonía tiene Cristo con Satanás? Belial es otro nombre para Satanás. Escucha ahora: ¿O qué tienen en común un creyente con un incrédulo? Explícame. ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? El templo de Dios soy yo, porque nosotros —ahí viene— somos el templo del Dios vivo.
Escucha qué más: "Como Dios dijo: Habitaré en ellos y andaré entre ellos, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo". Es como un intercambio: yo soy tu Dios, pero recuerda, tú eres mi pueblo. "Por tanto" —otro "por tanto" aquí— "salgan de en medio de ellos y apártense, dice el Señor, y no toquen lo inmundo, y yo los recibiré". No toquen lo inmundo y yo los habré de recibir.
Ahora, como yo decía en el servicio más temprano: ¿Cuál parte del "no unirse en yugo desigual" no entiendes? ¿Cuál parte del "no" no entiendes? ¿Cuál parte de "salgan de en medio de ellos" es que no está clara? Porque Pablo no da en cada texto todas las explicaciones, pero Dios dejó la Palabra, y un texto interpreta el otro texto, y esto es lo que estamos tratando de hacer.
Entonces, he traído todo esto. He dado todo lo que Dios ha hecho: su amor, su gracia, su misericordia, su benevolencia, su paciencia, su tolerancia. He dado todo eso que Pablo resume en una palabra: las misericordias de Dios. Él dice: cuando ustedes ofrecen su cuerpo de la...
De manera que estamos hablando de algo que simplemente es racional, es lógico. El original básicamente eso es lo que en la raíz de la palabra más se acerca: es lo lógico, lo congruente, lo inteligente, que nosotros respondamos dando toda nuestra vida al Dios que dio toda la suya. Eso es congruente. No hacer eso es irracional, es ilógico, es más, es ingrato, es irreverente, es inconcebible que Dios deje su trono, venga y te sirva, y esto meta a los hombres de ramas, sangre, va a ser vergüenza, lo claven en una cruz, y que ahora yo esté tratando de darle a Dios parte de mi vida, parte de lo que soy, parte de lo que tengo, parte de mi tiempo. Es como que el arcángel Miguel pudiera bajar y decir: "Tú me estás faltando el respeto". De aquí arriba hemos visto: lo único que corresponde es la entrega de toda tu vida a cambio de la entrega de toda su vida. Y eso es lo que llamamos una vida de devoción a Dios, de entrega, de consagración.
No tienes que levantar la mano, pero ¿cuándo fue que tú oíste la palabra "devoción" en la boca de un cristiano? Poco frecuente. ¿Cuál fue la última vez que lo oíste desde un púlpito? Poco frecuente. Quizás eso es parte del problema: los púlpitos de hoy no enfatizan la santidad de Dios. Si no enfatizan la santidad de Dios, tampoco van a enfatizar la pecaminosidad del hombre. Si no enfatizan la santidad de Dios, tampoco van a enfatizar la necesidad de la santidad de los creyentes. De manera que, si no enfatizamos la santidad, no conocemos a Dios. Si no conocemos a Dios, no amamos a Dios lo suficiente. Si no amamos a Dios, tampoco vamos a orar. Para mí eso es lo que yo quiero que tú comiences a entender.
Eso no es todo lo que tengo que decir, solamente estamos comenzando en el versículo 1 con la parte física de nuestra humanidad. Pero luego él pasa a una parte todavía quizás más trascendental. En los versículos siguientes, el versículo 2: "No se adapten a este mundo, sino transfórmense". Realmente el original yo creo que es mejor: "sean transformados", porque no es algo que yo solo puedo hacer, "mediante la renovación de su mente". O sea, mi transformación tiene que ver con la renovación de mi mente, "para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, aceptable y perfecto".
Tú sabes que todos los que estamos aquí en algún momento hemos estado buscando la voluntad de Dios, y con frecuencia decimos que no es tan fácil buscarla, encontrar la voluntad de Dios. Y eso no estoy diciendo que es simple, no, nunca es simple, nada que tenga que ver con Dios. Pero déjame decir algo: tampoco puede ser tan complicado, porque Dios quiere que yo le obedezca y no hay manera que yo pueda obedecerlo sin que Él de alguna forma me revele su voluntad. De manera que cuando yo no encuentro la voluntad de Dios, no es porque Él la está escondiendo, es que a mí me faltan ingredientes para verla.
Porque Pablo dice que para comprobar o verificar cuál es la voluntad de Dios, Pablo me dice: "Lo que pasa es que tú tienes, en primer lugar, que saber que los miembros de tu cuerpo tienen que haber sido dedicados a Dios, y tú necesitas experimentar una transformación que requiere una renovación de la mente". Si no hay una mente bíblica, no puede existir una vida bíblica.
Y como el que no quiere la cosa me dice, y sabes que para aquellos que piensan que la voluntad de Dios no es fácil, que es difícil ser cristiano, déjame recordarte: Pablo está diciendo, no soy yo, que la voluntad de Dios es buena, que es agradable y perfecta. "Sí, pastor, pero mira, hasta su Hijo, por hacer su voluntad, terminó en la cruz". La cruz fue buena, agradable y perfecta. "Sí, pero José terminó en la cárcel". Buena, agradable y perfecta. "Sí, pero los israelitas tuvieron cuarenta años en el desierto". Buena, agradable y perfecta. "Sí, pero los amigos de Daniel fueron echados en el horno". Sí, pero la voluntad era buena, agradable y perfecta.
"No es pero, pero, pero, pero, pero, pero, pero". ¿Verdad que Dios los salvó? Pero ellos dijeron: "Y si no, como quiera nosotros no vamos a movernos de obedecer tus órdenes, nosotros no vamos a dejar de adorar al Dios de los cielos". Tú sabes, bueno, nosotros aquí sentados, con aire acondicionado y luz eléctrica en las manos, decimos que la voluntad es buena, agradable y perfecta. Pero sabes qué me ha entristecido: los hijos de Dios no se atreven a orar diciendo: "Dios, haz lo que tú quieras conmigo, al precio que quieras", porque nosotros ni siquiera confiamos en la bondad de Dios. Pensamos que si le decimos una cosa así a Dios, Él va a decir: "¡Por fin me diste permiso! ¡Wow, pero qué buena gente! Yo tenía cinco años esperando por ese permiso. Ahora te mandaré a África".
¿Oyeron un estudio acerca del Buen Pastor el domingo pasado? Así como respondió ese grupo para el Señor, así me dijeron al darme la semana, que Dios les habló. Bueno, ese Buen Pastor es el que tiene este tipo de buena voluntad.
La mente es crucial para la vida de piedad. La mente es para tu vida lo que la torre de control es para los aviones de un aeropuerto: ella dirige tu vida. Literalmente hablando, tu mente participa en tus pensamientos. Tu cerebro no es lo único que piensa, porque tu espíritu tiene una mente. Cuando tu cuerpo lo entierran y baja al interior, tu espíritu no queda sin mente, él piensa. Cuando va a la presencia de Dios, él sigue pensando. Pero la mente de que habla la Palabra incluye todas esas cosas. Tu cerebro orgánico piensa, tiene memoria, tiene imaginación, y la mente dirige tus pensamientos, tus emociones, tus decisiones, tus elecciones, tus acciones. Y Pablo está diciendo: esa mente hay que entrenarla.
"Pero ¿cómo la entreno?". Bueno, es que no solamente hay que entrenarla, hay que transformarla, hay que cambiarla. "Pero ¿cómo la cambio?". Bueno, yo tengo que cambiarla por medio de la Palabra, y la Palabra tiene que ser iluminada por el Espíritu para que mi mente la pueda entender, y la Palabra entonces tiene que ser aplicada a mi vida. Entonces, cuando eso ocurre, con esa nueva mente que ahora yo tengo, yo puedo discernir la diferencia entre el bien y el mal, lo sagrado y lo inmundo, el pecado y lo santo, la verdad y la mentira.
Pablo ha estado desempacando todo esto en dos versículos para que nosotros podamos entender lo que verdaderamente es una vida de piedad. Puesto en términos sencillos, como lo dijo John Stott en su comentario sobre Romanos: para vivir bien, tienes que pensar bien. La razón por la que tenemos tantos problemas en la iglesia de hoy es, como lo explican múltiples estudios hechos en Estados Unidos en los últimos veinte años, que dentro del pueblo de Dios no hay una mente cristiana. De hecho, un autor norteamericano, no es pastor, es un académico, y por eso no es tan conocido en nuestro círculo, escribió un libro titulado "El escándalo de la mente evangélica", y el escándalo de la mente evangélica es que no hay una mente evangélica, dice él.
Pablo nos está llamando ahora no solamente a que mi mente tiene que ser transformada; me está diciendo que antes de eso, algo que yo necesito hacer es resistir las corrientes de este mundo. Él me dice que no nos adaptemos a las corrientes de este mundo. La palabra "mundo" ahí es la palabra "aión" y lo que implica es "a esta era". De manera que tú podías leer este texto en el siglo tercero y estaba diciendo lo mismo: no te adaptes, no al siglo veintiuno, sino a esta era que te rodea, a la del siglo tercero, a la del siglo quince, a la del dieciocho, a la del siglo veintiuno. "No se adapten a este mundo", y esa palabra "adapten" ahí tiene que ver con tomar la forma. No tomen la forma del mundo, no permitan que el mundo los moldee. Esta era presente, que no los moldee con sus antivalores. No permitan que este mundo los presione para llevarlos al punto de que ahora ustedes tienen la misma forma que el mundo. No permitan que las corrientes de pensamiento de sus días le den forma a su mente. ¡Resistan esa presión!
"Bueno, ¿cuáles serían esas presiones en nuestros días?". Bueno, por un lado, tienes que resistir mucho de lo que el sistema educativo te enseña, el sistema secular de la mayoría de las escuelas, colegios y universidades. Tienes que evitar comprar filosofías y las ideas de este mundo presente que contradicen la sabiduría de Dios. Tienes que evitar la sensualidad, inmoralidad y promiscuidad que todo el marketing o el mercadeo de este mundo te brinda.
Pablo nos llama a nadar en contra de la corriente de este mundo. Imagínate corrientes de agua: Pablo nos manda a nadar en contra de las corrientes de este mundo, porque de lo contrario serás arrastrado a través del alcantarillado inmoral de las aguas cloacales de la ciudad moderna. Óiganme otra vez: si tú y yo no nadamos contra la corriente de este mundo, seremos arrastrados a través del alcantarillado inmoral de las aguas cloacales de la ciudad moderna. Si queremos vivir una vida de piedad, no puedes vivir en aguas de desechos.
J.B. Phillips, en su paráfrasis de años atrás, lo dijo de esta manera en Romanos 12:2: "No permitan que el mundo que les rodea les comprima y les dé su propia forma, sino permitan que Dios remodele su mente desde adentro, para que puedan comprobar en la práctica que el plan de Dios para vosotros es bueno, satisface todas sus exigencias y avanza hacia la meta de la verdadera madurez".
Crisóstomo, de nuevo, que ya les decía: "No te amoldes al estilo de vida presente, el cual nada tiene de permanente ni seguro. No te amoldes al estilo de vida del siglo presente, que nada tiene ni de permanente ni de seguro. Por eso se llama estilo, puesto que no tiene duración ni permanencia".
Y eso ha estado ahí de diferentes formas. En la época de Pablo, Pablo había sido presionado por los judíos. Los judíos, los israelitas, presionaron a Jesús para que hiciera un milagro más. Los judíos siempre querían una señal, lo mismo que en el desierto.
Pablo fue a Atenas y le presionaron para que hablara en sus términos de sabiduría humana, y Pablo dice: "No, yo llegué a Corinto y me propuse no hablar ni de sabiduría humana, ni le iba a hablar de señales. Yo decidí predicar a Cristo y este crucificado, nada más, nada menos." Me resistí a su presión.
Y hoy en día, entonces, esas corrientes incluyen cosas como, para ponerlo tan práctico, como puede ser la ideología de género. La ideología que salió apenas hace unos años atrás de que ahora no solo tenemos tres, cuatro, cinco, seis, ocho, diez y más sexos diferentes. No, tenemos dos sexos por el Creador: hombre o mujer, varón y hembra los creó. Todo lo demás tiene que ser resistido. No hay nada más en lo que Dios se ha revelado. Tenemos que resistir que se dé, y no va a hacernos parte del movimiento pro-choice y su pro-elección. No, no, no, no. Somos provida. La vida tiene un valor independientemente de cómo venga la vida. Esa vida la creó Dios. De manera que no nos vendan el camelo con una nueva frase de pro-elección, porque pro-elección es pro-muerte cuando tú la quieras, en el caso del bebé en un vientre.
La Palabra de Dios nos deja ver claramente que el sistema del mundo está corrompido en su raíz y es completo. Como lo dice la Palabra, bueno, Juan dice en su primera carta, 5:19: "El mundo entero está bajo el poder del maligno." ¿Tú entendiste? O sea, ¿cuál parte de "entero" no entendemos? El mundo entero, por completo. No hay área del mundo que no esté infiltrada por esta ideología del maligno. Aunque no lo podamos entender, Dios revela eso en su Palabra. Dios llama a Satanás el príncipe de este mundo, el príncipe de la potestad del aire. Satanás fue al desierto y le dijo a Cristo: "Te ofrezco todos los reinos de este mundo si te postras a mis pies." Le presentó una tentación para ver si la mente de Cristo le abría imaginación a un mundo de posibilidades y lo hacía caer.
Entonces, todo esto, el mundo entero ya está bajo el poder del maligno, incluye nuestros sistemas educativos, nuestros sistemas de gobiernos, nuestras fuentes de información, los medios formadores de opinión, las redes sociales. Pero por eso es que las redes sociales están llenas de una cantidad de basura que la gente, si no le permitieran, lo publicaron en internet. Ese es el problema: ¿Quién lo dijo? ¿Por qué lo dijo? ¿Cuál es la autoridad que él o ella tiene para afirmar cosas como estas? Entra lo que entra a nuestros hogares vía las redes sociales, y luego entonces la gente asume que aquellos que controlan los medios formadores de opinión, que esa es la mente amplia, la mente abierta, la mente inteligente, la mente progresista, la mente de equidad. ¡Basura! No es verdad. La sabiduría está aquí, en lo que es la mente de Dios.
Cuando el cristianismo impactó la sociedad en la época de Lutero, yo te he hablado de esto en otras ocasiones, se habló de que se usó una frase: "Post tenebras lux," o "después de la oscuridad, luz." Claro, había mucha oscuridad, la Palabra de Dios salió a la luz y de repente había luz. Pero ahora es "Post lucem tenebrae," después de la luz, oscuridad. Ahí estamos otra vez. Lo que estamos viviendo es un neopaganismo. Es paganismo porque es lo mismo que ya fue, pero es nuevo, "neo," es nuevo porque nos está tocando verlo ahora, pero es la misma cosa.
Tú y yo, hermanos, tú y yo necesitamos resistir hasta el final. Resistir hasta dar tu vida. No tomes la forma del mundo, no te dejes arrastrar por sus corrientes. Escucha lo que dice el texto de Apocalipsis 12:11 hablando de personas en un futuro que resistirán este sistema anticristo: "Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas llegando hasta sufrir la muerte."
Sí, llegan momentos, y han habido momentos, y hay lugares en este tiempo actual donde la gente, para resistir que el mundo le dé su forma, el mundo alrededor, han tenido que dar sus vidas. Hoy, anoche, el último mes, el último año. Pero la única forma como tú puedes dar tu vida de esa forma es si tú no amas tanto tu vida como para querer retenerla, sino que tú amas más la verdad que tu vida. Pero no puedes amar la verdad lo suficiente si no amas a Cristo. Si amas a Cristo, indefectiblemente vas a amar la verdad, porque Cristo es la verdad. Él lo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." De hecho, cuando fue interrogado por Pilato, Él le dijo a Pilato: "Para esto yo he nacido y para esto yo he venido, para dar testimonio de la verdad."
Pero si no tengo convicciones acerca de la verdad, yo no voy a resistir el mundo. No es lo mismo tener opiniones. Hay mucha gente opinionada en este mundo. No es lo mismo tener opiniones que tener convicciones. Las opiniones tú las sostienes; las convicciones te sostienen a ti.
Pablo estaba consciente de todo eso. Tenía un discípulo muy amado, más joven, Timoteo, y preocupado por él, en un momento le dice: "No permitas que nadie menosprecie tu juventud, antes bien, sé ejemplo," y luego le dice: "En cualidad, en palabra, en fe, en amor, en pureza." Pero luego, en su segunda carta, capítulo dos, el versículo tres al cuatro, le dice: "Sufre penalidades conmigo como buen soldado de Cristo. El soldado en servicio activo no se enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado."
Pablo no está diciendo que un cristiano no puede ser hombre de negocio. No, no. Él está hablando de los negocios de la vida diaria. El quehacer humano, no todos tenemos un quehacer humano que llevar a cabo, pero no vivas enredado en eso. No vivas sería como con los pies amarrados en las amarras del mundo, sino que esté libre para agradar al que lo reclutó, lo reclutó como soldado.
Hermano, si tú eres hombre de negocios, ¿tú te has pensado como un soldado que pertenece a un ejército? Y como ejército que tiene que llevar a cabo una pelea en este mundo en el que tú y yo estamos en medio de una guerra espiritual. Leía esta mañana más temprano, decía con relación a la predicación, a la iglesia: "La iglesia no es una audiencia para ser entretenida, es un ejército para ser empoderado por la verdad." Eso es la iglesia y eso es como tú y yo necesitamos vernos.
En el siglo IV estaba en cuestionamiento la divinidad de Cristo. Atanasio estaba defendiéndola. En un momento se ha dicho como que la mayoría de los obispos estaban en contra de él, que estaban en un momento dado, porque eso cambió, pero como que estaban moviéndose en esta dirección de negar la divinidad de Cristo. Y Atanasio respondió: "Si el mundo va contra la verdad, entonces será Atanasio contra el mundo."
Hermanos, ustedes saben que lo que está bien está bien aunque nadie lo haga, y lo que está mal está mal aunque todo el mundo lo haga. Solo necesitamos tener la vida bien definida. Pero para eso tienes que conocer la verdad. Pero para conocer la verdad tienes que conocer a Cristo. Y si amas a Cristo, vas a amar la verdad. Y eso es algo que tú y yo necesitamos recordar.
Pablo nos deja dos exhortaciones en este texto. Número uno, exhortación número uno: el cuerpo, la parte física de lo que tú eres, tiene importancia para Dios, tanto que Él piensa redimirla, Él piensa glorificarla, tanto que Él piensa levantar los que abrieron los sepulcros y levantar esos huesos, volverles a dar vida para que tengas un cuerpo glorificado.
Entonces, si eso es verdad, tú y yo necesitamos, si Dios quiere cuidarlo y preservarlo hasta el final, tú y yo tenemos que cuidar lo que hacemos con él.
Número dos: Pablo me llama a tener una transformación de mi mente. Pero la manera como Pablo me dice eso, la palabra ahí en los originales, "anakainosis", implica tener algo nuevo que es diferente y de calidad superior. Pablo me llama a tener otra mente que es nueva, de calidad diferente y superior. Eso es la mente bíblica, es la mente que tú y yo tenemos que cultivar. Y nos llama entonces a una transformación, una renovación y una transformación. La palabra ahí para transformación es —perdón— metamorfosis. Tú sabes lo que es. Aquellos que están en el pechirato, o sea, lo que es metamorfosis, porque lo vimos en quién: los renacuajos que pasan a ser ranas. Eran renacuajos, pero luego, cuando tú lo ves como rana, tú no comienzas pensando que eso era un renacuajo. O la metamorfosis que sufre el gusano, que luego tú lo ves volando, es una mariposa que tú nunca hubieses imaginado. Ese mariposa hermosa era este gusano que nunca pasó del suelo. Entonces, Pablo nos llama a la transformación y a la renovación de nuestra mente.
Pablo sabe la importancia que tiene la mente. Como bien decía Francis Schaeffer, la mente es el campo de batalla. Tú ganas la batalla o pierdes la batalla no cuando vas al campo de batalla, sino cuando tú peleas, triunfas o pierdes en tu mente. Adán y Eva perdieron la batalla antes de morder la fruta, porque en su mente decidieron morderla. Ya ellos eran presa muerta, y luego la mordieron y lo mostraron. Pero ellos pensaron primero. Y lo mismo con Acán, y lo mismo con David, y lo mismo con cada uno de nosotros cuando ocurre.
Cuando el Señor reprendió a Pedro, el Señor sabía que Pedro estaba siendo usado por Satanás, y por eso no se dirigió a Pedro. Pero Pedro fue distraído por Satanás, y como fue distraído, pudo ser usado momentáneamente en contra de los planes que Cristo tenía. Tú y yo necesitamos, por medio de esa renovación de la mente, evitar el ser distraídos, porque la distracción es lo que invita a la mente a un mundo de posibilidades, como ya hablamos. Por eso tu mente tiene que estar transformada, alerta y conformada a la imagen de Cristo.
Ahora, en el texto original, la forma verbal de "transfórmense" —o mejor, "sean transformados"— es un imperativo, pero es un imperativo presente. En otras palabras, yo no puedo decir: "Yo estuve en la iglesia esta mañana y ya mi mente fue renovada; estoy listo para el resto de la vida." No, eso no ocurre así. Yo no puedo ir ni siquiera a un seminario por tres años, por cuatro, por ocho, y volver y decir: "Ya mi mente fue renovada durante todos esos años y ahí estoy listo para el resto de la vida." No, no, no. Mi mente tiene que estar renovándose todos los días, porque todos los días yo soy bombardeado con las ideas del mundo, de la mercadología de hoy, de las noticias de hoy, de la televisión, de lo que dicen y de lo que no dicen, de las imágenes de hoy. Pero mi mente es incluso bombardeada con los deseos de mi propia naturaleza carnal todos los días. Y tú y yo tenemos que pelear y renovar esa mente, y volver a dedicar nuestras vidas, y volver a dedicar nuestra mente a Dios.
Y la mejor manera de hacer eso —no estoy diciendo que sea la forma más fácil, quizá la más fácil, sin que yo esté diciendo que es necesariamente fácil—, pero si algo va a funcionar, bueno, déjame volver a hacer un paréntesis. Cuando tú compras un instrumento, una computadora, un piano, lo que tú quieras, lo más crucial que tú deberás hacer es abrir las instrucciones y leerlas antes de dañarlo. De esa misma manera, la vida viene con un manual de instrucción, y antes de usar tu vida, lee las instrucciones, porque si no, la vas a dañar. Y eso es exactamente lo que Pablo está ayudándonos a entender.
Y entonces me dice: hoy el manual de instrucción te habla de cómo entrenar la mente y mantenerla entrenada. ¿Cómo, Pablo? Bueno, mira: si ya sabes lo que es verdad, en todo lo verdadero tú vas a pensar en eso. Si sabes lo que es justo, tú vas a pensar en todo lo justo. Y si alguien es justo, no piensa en eso. En todo lo justo, en todo lo digno. Tu vida no rendida a Cristo por completo es indigna del Cristo que se ofreció. Entonces, ni siquiera pienses en eso. Si algo es digno, si algo posee virtud, si algo es digno de elogio, en eso pensar. Filipenses 4:8. Es cierto, lo conoces. Si te mantienes pensando en lo que es verdadero, lo que es justo, lo que es digno, Satanás no podrá distraerte. Si no te distrae, tu mente no tendrá esos abanicos de posibilidades de imaginación que nos llevan a la perdición. Y eso es lo que Pablo está tratando de ayudarnos a entender.
Lamentablemente, el cristiano ha convertido... los púlpitos de hoy han convertido la vida cristiana y se vende como se venden las pólizas de seguro: "Esto es una póliza para no entrar al infierno." Bueno, el que compró una póliza para no entrar al infierno todavía va directo al infierno, porque eso no es la redención de Cristo. No es una póliza de seguro. Es la sangre de Cristo a favor y por la corrupción moral de seres humanos como tú y como yo, para el perdón de nuestros pecados, de manera que, una vez yo tengo nueva vida en Él, yo pueda vivir y moverme porque estoy en Él. Y ahora yo pueda dedicar mi vida por completo como sacrificio santo y agradable, o aceptable, al Dios que me dio Su vida primero.
Es como que Dios me dijo: "Oye, lo que te voy a pedir, yo te lo voy a ejemplificar para que luego no me digas que yo no sabía cómo es que la vida se entrega por completo. Yo fui a la cruz, yo morí por ti. Bueno, si eso es lo que te toca, tú vives muriendo a ti mismo todos los días. Y te toca morir al final, en el medio de tu día, por mí, tú lo haces, porque yo lo hice. Y me fui adelante y te tengo lugar preparado. Y nos encontraremos en el cielo, y luego me verás como yo soy, y yo te veré como tú eres, y serás como yo, hermano."
Voy a citar algunas cosas de una cita de John Piper, porque yo no sé si aquí en algún momento lo hemos mencionado, pero tú y yo somos exiliados en este mundo, somos peregrinos extranjeros. Y la única forma de sobrevivir en este mundo es cultivando esa mentalidad. Y nosotros necesitamos cultivar y consultar la sabiduría de nuestra nación, dice Piper. Nosotros orientamos nuestro rumbo por la Palabra de Dios. Cuando uno se visualiza como misionero y exiliado, con su ciudadanía en los cielos, y cuando uno ve a Dios como su único Soberano, uno no se va a la deriva junto con las corrientes de nuestros días.
Escuchen: usted medita sobre lo que es bueno para el alma, para el cuerpo, y lo que honra a Dios en todo. Ya sea lo que honra a Dios en todo, para todo. Pero, ¿qué significa "en todo"? En todo. "No, pero no entendí bien." Ok, te lo voy a leer de acuerdo a Pablo. "En todo," dos puntos: "Ya sea que coman o que beban." ¿Te acuerdas? Saludos a Colosenses. Ahí está: comida, carros, videos, trajes de baño, sin palabras, control de natalidad, límite de velocidad, hora de acostarse, los financieros, la educación de los hijos, las personas que han sido tocadas por el evangelio, las hambrunas, los campamentos de refugiados, los deportes —escuchamos "deportes" también— y todo lo demás. ¿Qué es "todo"? Todo lo demás. Los extranjeros, tú y yo, toman su dirección de Dios y no del mundo.
El mundo no tiene nada que decirnos acerca de cómo vivir. Digo, tiene mucho que decir, no, pero no para un adorador de Dios, sino para un adorador del anticristo. No el personaje anticristo futuro, no. Todo lo que es contra Cristo se está llamando anticristo. Entonces, el mundo no tiene nada que decirte, hermano, ni nada que ofrecerte para vivir la vida que Dios compró para ti. Solo Dios te ama de veras.
Gracias, Señor. Algunos de esta iglesia incluso estuvieron orando anoche para que Tú produjeras un mover extraordinario del Espíritu de Dios hoy. Y cuando pensé en eso, no estaba realmente pensando en milagros y demás, pero sí una acción sobrenatural de parte Tuya en cada una de las vidas que estuviesen aquí, o aun por internet escuchando el mensaje. Que este sea un momento de definición en la vida de cada uno de nosotros, Señor.
En la vida cristiana hay momentos de volver a dedicar la vida a Cristo. De hecho, debiéramos dedicar nuestra vida todos los días al Señor. Por algo Tú dijiste: "Toma tu cruz cada día." Vuelve, dedícate a mí cada día. Y luego sígueme. De esa forma yo te pido, Señor, que Tú obres poderosamente en la mente y en el corazón de cada uno de nosotros, y comienza conmigo. De manera que este sea un punto de inflexión en la vida de muchos. Que podamos dejar cosas atrás, a un lado, que las enterremos. Que podamos decir y pensar: "Yo antes pensé que eso tenía valor; eso es basura," igual como Pablo lo dijo. Y que ahora nos esforcemos mirando hacia adelante, esforzándonos hacia lo que está delante, olvidando lo que quedó atrás, hasta que lleguemos a la meta. Y que mientras corramos, podamos honrarte y glorificarte a Ti. Y que al final podamos decir, al igual que el apóstol Pablo: "He corrido la carrera, he terminado la carrera, he peleado la buena batalla." Y ahora, lo que básicamente me queda es poder entrar al reino de los cielos y escuchar de los únicos labios que importan: "Bien hecho, siervo fiel y bueno. Entra al reposo de tu Señor."
Oh Dios, danos esa pasión. Danos un espíritu de arrepentimiento hoy. Abre los ojos, los míos y los de mis hermanos, a áreas que conocemos y a otras que ni siquiera conocemos, que necesitan iluminación de Tu Espíritu. Convéncenos de pecado, tráenos a nuestras rodillas, danos dolor por nuestro pecado. Ayúdanos a devolverte en nuestra vida. Cambia mi mente, oh Dios, con mi arrepentimiento, y permite entonces que Tu Espíritu nos dirija a lo largo de todo el camino.
Señor, usa esta canción ahora, nueva para nosotros, para hablarnos otra vez. Y que nosotros, durante la canción, mientras la oímos, mientras la cantamos, podamos volver a dedicar la vida a Ti. Y que entonces, posteriormente, podamos cantar también que el Espíritu de Dios nos pueda guiar. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén.
Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal.
De forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.