Integridad y Sabiduria
Sermones

Yo soy la luz del mundo

Luis Méndez 20 enero, 2019

Vivimos en una generación de contrastes inexplicables: más información pero más confusión, más posesiones pero más vacío interior, más tecnología pero más distracción. Los avances no están produciendo mejor calidad de vida. Hemos retrocedido en lo político, lo social, lo moral y lo espiritual. La causa principal es el poder del pecado, que ha traído oscuridad a la mente y al corazón. La única esperanza real es encontrar una fuente de luz que pueda guiarnos en la confusión y fortalecernos en la debilidad.

En medio de la fiesta de los tabernáculos, cuando el pueblo judío recordaba cómo Dios los guió por el desierto con una nube que de noche se convertía en fuego, Jesús pronunció palabras extraordinarias. Era el último día de la celebración, de noche, con cuatro candelabros gigantes iluminando el atrio del templo. En ese momento dramático, Jesús se puso de pie y declaró: "Yo soy la luz del mundo". No dijo "una luz" ni "la luz de Jerusalén", sino la luz del mundo entero. Los fariseos, conocedores de las profecías de Isaías que anunciaban al Mesías como luz para las naciones, entendieron perfectamente lo que Jesús reclamaba: ser Dios mismo, el cumplimiento de todas las promesas.

Pero Jesús no se quedó en la generalidad. Extendió una invitación personal: "El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Seguirlo implica rendición, reconocer que nuestra manera de vivir no funciona, y entregarnos voluntariamente a su señorío. Solo Jesús puede iluminar el corazón, transformarlo desde adentro, y reconciliarnos con Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El Evangelio según San Juan, capítulo 8. Hemos titulado el sermón de esta mañana: "Yo soy la luz del mundo". Voy a leer en Juan capítulo 8, desde el versículo número 12 al versículo número 20.

"Jesús les habló otra vez diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque yo sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Pero si yo juzgo, mi juicio es verdadero, porque no soy yo solo, sino yo y el Padre que me envió. Aun en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí." Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Y Jesús respondió: No me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conocierais también a mi Padre. Y estas palabras las pronunció en el lugar del tesoro cuando enseñaba en el templo, y nadie le prendió porque todavía no había llegado su hora.

Como una introducción a nuestro estudio esta mañana, alguien decía que esta generación en la que vivimos es una generación de inextricables contrastes. Inextricables contrastes: hoy estamos más informados, pero al mismo tiempo más confundidos. Estamos más llenos de muchas cosas materiales, pero al mismo tiempo estamos muy vacíos en nuestro ser emocional y espiritual. Hay más tecnología que nunca antes y al mismo tiempo hay más distracción. Hay más posesiones, pero hay más insatisfacción, y los avances tecnológicos no parecen estar produciendo una mejor calidad de vida.

Si nosotros hacemos un análisis en la mayoría de las áreas de la vida, hay un descenso. Hemos retrocedido en lo político, hemos retrocedido en lo social, hemos retrocedido en lo moral; es más, aun hemos retrocedido en lo espiritual. Y aunque podamos citar muchas razones para explicar esta gran realidad, la causa principal es el poder del pecado. El pecado está haciendo estragos, ha traído mucha oscuridad en la mente y en el corazón de todos, y la única real esperanza para escapar y combatir este mal es encontrar una real fuente de luz: una luz que pueda guiarnos en la confusión, una luz que pueda fortalecernos en la debilidad, una luz que realmente pueda motivarnos a cambiar a una vida de más comunión con Dios.

Y ese es justamente el enfoque de las palabras de Jesús aquí en nuestro texto. En medio de una de las ocasiones más importantes en la historia de la revelación bíblica, Jesús maravillosamente se revela como la más importante fuente de luz, a un pueblo judío que estaba embriagado de sus tradiciones. En medio de una de las ocasiones más especiales de la historia, fue que Él pronunció estas palabras: "Yo soy la luz del mundo."

De manera que en el diálogo de Juan donde estamos —esto es algo que hemos repetido antes, pero lo traemos simplemente para refrescar— al menos hay siete declaraciones notables que Jesús habló de Él mismo. En Juan capítulo 6, versículo 48, Jesús dijo: "Yo soy el pan de la vida." Aquí en nuestro texto, en Juan 8:12, dice: "Yo soy la luz del mundo." Juan capítulo 10, versículo 9, dice: "Yo soy la puerta." Juan capítulo 10, versículo 11: "Yo soy el buen pastor." Juan capítulo 11:25 dice: "Yo soy la resurrección y la vida." Juan 14:6 dice: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Y Juan 15:5 dice: "Yo soy la vid."

Cada vez que Jesús hace una declaración como esta, Él revela mucho, primero, acerca del mundo en el cual vivimos. Cada vez que Jesús hace una declaración como esta, Él revela mucho del tipo de vida en que estamos envueltos, pero al mismo tiempo, cuando Jesús hace estas declaraciones, Él revela mucho acerca de Él mismo, en el sentido de cuál es la oferta de vida especial que Él ofrece para aquellos que le creen.

Y eso es exactamente lo que encontramos aquí. Mira la respuesta de muchos de aquellos que estuvieron allí al escuchar la palabra de Jesús. Dice Juan capítulo 8, versículo 30: "Y al hablar estas cosas, muchos creyeron en Él." Muchos creyeron en Él, y eso fue una excelente noticia. Porque Jesús mismo había declarado en el versículo 24: "Si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados."

De manera que mientras Jesús está declarando acerca de Él mismo y de la condición de vida en que nos encontramos, hay una escena de personas que están pasando de muerte a vida. Hay algunos allí quienes no morirán en sus pecados. Muchos creyeron, lo que significa que en ese instante sus pecados fueron perdonados, que ya no habrá juicio de condenación para ellos, que al final, cuando mueran, por causa de Jesús volverán a su Padre celestial. Es una preciosa realidad. Esa es la razón por la cual Jesús vino a este mundo, esa es la razón por la cual Jesús declaró esas palabras que hoy encontramos en nuestro texto, y de hecho esa es la razón por la cual nosotros estamos predicando esta palabra aquí esta mañana.

Es mi oración que lo mismo que ocurrió a muchos en aquella ocasión pueda ocurrir aquí esta mañana, que muchos puedan creer. Es interesante observar que fueron las palabras que Jesús habló lo que Dios usó para producir fe en ellos. Jesús no estaba haciendo ningún milagro especial en este momento; Jesús simplemente estaba hablando. De hecho, Jesús estaba discutiendo con los fariseos y con la multitud, y para aquellos que eran naturalmente ciegos para entender lo que Jesús era y lo que Jesús ofrecía, dice el texto que muchos que estaban allí, al oír lo que Jesús habló, creyeron. La Biblia dice que la fe es por el oír, oír la palabra de Cristo, y eso mismo puede suceder aquí esta mañana.

Estamos ante lo que es una preciosa realidad del poder de la palabra de Cristo. Usted puede comenzar a escuchar este mensaje ahora como un incrédulo y al final del sermón terminar siendo un creyente. Eso es un milagro; solo Dios puede hacerlo. Ocurrió allá, y eso mismo puede ocurrir aquí. Así que lo que voy a tratar es de examinar las palabras de Jesús aquí, y mientras recorremos el texto con Jesús, nuestra oración es que estas palabras puedan producir vida en aquellos que escuchan.

Esta es la manera como lo vamos a hacer. Hay cuatro cosas que deseamos destacar en el texto. Primero, la ocasión: cuándo y dónde Jesús habló esto, el contexto, lo cual es muy importante. En segundo lugar, la declaración: qué significa exactamente cuando Jesús dijo "Yo soy la luz del mundo." En tercer lugar, la invitación que Jesús hace, porque Él dice: "El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida." Y finalmente, la aplicación que voy a hacer con estas verdades de Jesús. La ocasión, la declaración, la invitación y la aplicación. Estoy siguiendo muy de cerca un material del pastor John Piper en cuanto a esto.

Primero, la ocasión. Dice el texto aquí en Juan 8:12: "Otra vez Jesús les habló." Nos vamos a detener ahí. Esa palabra "otra vez" tiene una importancia especial en esta narrativa, porque conecta nuestro texto con el texto anterior. Para muchos teólogos, lo que encontramos aquí en Juan capítulo 8, versículo 12 en adelante, es una conexión natural con lo que Jesús ha estado hablando en Juan capítulo 7. De hecho, déjenme decirles algo: para muchos teólogos la porción de Juan 8:1-11 no aparece en los manuscritos originales, sino que fue añadida después, y de hecho rompe un poco la secuencia. En los manuscritos más antiguos, desde Juan capítulo 7, versículo 51, aparece directamente Juan 8:12 en la narrativa, por así decirlo. De manera que hay una continuidad natural; es una continuación de la conversación que el Señor ha tenido con la audiencia anterior.

La pregunta es esta: ¿cuál fue la ocasión? Bueno, ellos estaban como pueblo celebrando la fiesta de los Tabernáculos. Voy a leerles en el capítulo 7, versículos 1 y 2, para conectar desde allá. Dice: "Después de esto —esto es Juan 7:1-2— Jesús andaba por Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos procuraban matarle. Y la fiesta de los judíos, la de los Tabernáculos, estaba cerca." Así introduce Juan capítulo 7 todo esto. El pueblo estaba celebrando en esta ocasión la fiesta de los Tabernáculos. Hay una gran descripción de esa fiesta en Levítico capítulo 23.

Aquí simplemente les voy a dar la descripción general. Los judíos celebraban una reunión especial en Jerusalén cada año, siete días. La razón era no solamente recordar la provisión de Dios en el desierto anteriormente, sino también refrescar que ellos estaban esperando a un Mesías prometido. ¿Qué hacían ellos en esos siete días? Ellos trataban de replantearse lo que sus padres pasaron en el desierto miles de años anteriormente. Ellos acampaban, por así decirlo, en tiendas, en tabernáculos, y así los padres les enseñaban a las próximas generaciones, a sus hijos, lo que sucedió en el desierto. Por cuarenta años Dios los guió, por cuarenta años Dios los sostuvo, por cuarenta años Dios fue su porción cuando los sacó de la esclavitud de Egipto hasta llevarlos a la tierra prometida.

Entonces era una fiesta especial, era un recordatorio muy simbólico. De hecho, era la oportunidad para que los padres conectaran a los hijos con las generaciones anteriores. La ocasión, entonces, era la fiesta de los Tabernáculos. Pero no solamente la fiesta de los Tabernáculos: ellos estaban en el último día de esta gran fiesta. Esto es importante; estamos en la clausura de la fiesta de los Tabernáculos. Ya el pueblo estaba en Jerusalén por siete días acampando, recordando, alabando. Ahora es el último día, y hay varios ritos importantes. Todo esto es muy necesario para entender el impacto de lo que Jesús habló.

Uno de los ritos en la fiesta de los tabernáculos era la purificación de las aguas, recordando de nuevo la fidelidad de Dios. Juan capítulo siete habla mucho de esto; en el versículo 37, también, Jesús aprovechó ese rito de las aguas para declarar: "Yo soy el agua que quita la sed para siempre. Si alguno tiene sed, venga a mí." Y fue algo muy controversial en la fiesta.

Ahora había otro rito que era dejado para el final de la fiesta de los tabernáculos, y era la iluminación del templo. Ellos lo hacían de una manera particular para recordar la nube en el desierto que durante la noche se convertía en fuego. Esto es muy importante. ¿Cómo guió Dios al pueblo de Israel desde Egipto hasta la tierra prometida? Porque no había señales, no decía "le faltan 30.000 metros, doblen a la izquierda"; no había nada de eso. La nube durante el día le daba sombra al pueblo para que no murieran en ese calor abrasador, y cuando la nube se movía, el pueblo se movía. Ellos seguían la sombra; Dios directamente estaba guiando sus pasos en la manera como esa nube se movía.

Ellos se cobijaban, por así decirlo, en la sombra que producía, y Dios los conducía. Cuando el día terminaba y llegaba la noche, sucedía algo extraordinario: esa nube descendía un poco más y se convertía en luz. Y eso indicaba al pueblo que debían acampar, pero no estaban en la oscuridad del desierto, sino que la nube iluminaba durante la noche. Entonces, este era el momento dentro de la fiesta de los tabernáculos donde ellos recordaban esa nube que descendía de manera especial. Le llamaban la iluminación del templo.

Juan 8 declara un poco mejor esto. Dice que estas palabras las pronunció Jesús en el lugar del tesoro, cuando enseñaba en el templo, y ya era de noche. Recuerden que Jesús estaba confrontando a los escribas, los fariseos, los hipócritas religiosos; pero eran siete días y el pueblo se movilizaba dentro del templo. Entonces, estamos todavía en el templo, pero ahora estamos en otro lugar que Juan llama el lugar del tesoro.

¿Qué es eso? ¿Qué es el lugar del tesoro en el templo? ¿Un lugar donde había un tesoro? No hay que ir a Harvard ni a un seminario para entender eso, pero es más que eso. Él estaba, dice, en el atrio de las mujeres, en el lugar del tesoro, es decir, el sitio donde se manejaba el dinero. Era un sistema bastante organizado. Usted puede imaginarse cualquier sitio así, donde hay muchas casillas; había casillas para cada uso. Había trece casillas, que en el Antiguo Testamento a veces se llaman trompetas. Cada casilla tenía un uso específico: cuando se pagaban las ofrendas, se compraban animales útiles para los sacrificios.

Recuerden que eran siete días. Las familias debían ofrendar animales; ellos tenían que comprar eso, comprar los utensilios. Ustedes pueden imaginar que había algo como una ferretería, carbón y todo lo que fuera necesario, y había que pagar, hay que comprar. La parte del negocio del templo, por así decirlo, era bastante organizada. Desde la casilla ocho a la trece eran para usos diversos. Más específicamente, el Antiguo Testamento habla de esas casillas donde se hacían ofrendas voluntarias. La gente daba la ofrenda y ellos dejaban a merced de los sacerdotes el uso que se le iba a dar a esas ofrendas.

Era el lugar más concurrido del templo, era un lugar abierto, era un lugar público. Allí estaban las personas más devotas del pueblo, la gente que ofrendaba dinero. Y allí es donde Jesús está ahora. Hay una referencia a este lugar que aparece en Marcos; déjenme leer simplemente para que ustedes vean. En Marcos 12:41, dice: "Jesús se sentó frente al arca del tesoro y observaba cómo la multitud echaba dinero en el arca del tesoro, y muchos ricos echaban grandes cantidades." Allí está Jesús.

La pregunta es: ¿qué tiene que ver el lugar del tesoro con la declaración que Jesús hace? Porque Jesús ahí dice: "Yo soy la luz del mundo." Pero en sentido general, eso como que no pega mucho con el lugar donde estaba. Al mundo uno pudiera decir que quizás tendría más sentido que Jesús dijera: "Yo soy la verdadera riqueza de la vida", porque era dinero lo que se estaba contando. ¿Cómo conectar lo que Jesús dijo con esta parte del tesoro?

Bueno, la clave es entender lo que se celebraba en ese momento: el rito de la iluminación del templo. Déjenme describir exactamente dónde estamos en el tiempo de esta fiesta de los tabernáculos. Era de noche; eso es lo primero que debemos entender. En este rito se encendían cuatro candelabros gigantes en la parte abierta del templo, el atrio de las mujeres. Cuatro inmensos candelabros, y esos candelabros iluminaban perfectamente todo el patio. Allí había celebraciones, danzaban, cantaban alabanzas al Señor. De manera que cuando Jesús dice lo que dijo, la mayor atracción en el momento no era el dinero, porque esa parte estaba cerrada; la mayor atracción eran esos candelabros inmensos que estaban ahí. Era imposible no ver esas luces.

Y recuerden, la idea es que mientras duraba, ellos decían: "Gracias por esa nube en el desierto que descendió para iluminarnos." Por tanto, el foco de atención en el momento era la luz, no el dinero. Aunque era la parte del tesoro, la razón por la que se celebraba allí era por la amplitud del lugar; era de noche y se iluminaba. En medio de tan solemne ocasión, Jesús entonces se puso de pie y dijo estas palabras: "Yo soy la luz del mundo."

No pudo haber nada más dramático que esto en una ocasión como esa. Yo creo que no había nada que Jesús pudiera decir ahí que causara más impacto que lo que esto causó. Es como si Jesús dijera: "Esas luces están muy bonitas, el recordatorio es interesante; pero esa luz está muerta, esa luz no puede hacer nada más que entretenernos, esa luz no se mueve, no tiene poder, no puede levantar un alma. A diferencia de eso, yo soy la luz del mundo."

¿Cómo creen ustedes que los líderes religiosos reaccionaron cuando Jesús dijo algo así? ¿Creen que aplaudieron como hicieron ustedes? Recuerden que los que estaban allí en ese momento eran los religiosos más devotos, era la gente de la ofrenda, era la gente fiel a la tradición, era la gente que conocía la ley perfectamente. Ellos sabían lo que Jesús estaba tratando de comunicar con esa declaración.

Déjenme leerles dos pasajes del Antiguo Testamento que informan y conectan lo que Jesús está hablando. Escuchen esto; eran dos pasajes que los niños pequeños sabían de memoria en las tradiciones de los israelitas. Isaías 42:5-6 dice así: "Así dice Dios el Señor, el que creó y desplegó los cielos, el que expandió la tierra y todo lo que ella produce, el que da aliento al pueblo que la habita y vida a los que en ella se mueven. Yo soy el Señor; en justicia te he llamado —hablando de su Hijo, de su Mesías—, te sostendré por la mano y por ti velaré, y te pondré como pacto para el pueblo, como luz para las naciones."

E Isaías 49:6 dice: "Ahora dice el Señor, el que me formó desde el seno materno para ser su siervo, para hacer que Jacob vuelva a él y que Israel se reúna con él, porque honrado soy a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza: poca cosa es que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los que quedaron de Israel; también te haré luz de las naciones, para que mi salvación alcance los confines de la tierra."

En el Evangelio de Juan, que estamos estudiando, como una interpretación del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento, declarando la grandeza de Dios, el libro comienza así: "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres."

¿Qué creen ustedes que Jesús quería decir cuando se puso de pie en medio de esa ocasión tan especial para el pueblo y dijo: "Yo soy la luz del mundo"? Quería decir: yo soy el Mesías prometido, yo soy Dios, yo puedo darte vida, yo puedo levantarte de ahí.

En segundo lugar, ¿qué hizo de la declaración de Jesús algo tan poderoso? El contraste es este: Jesús no dijo "yo soy una luz", porque solo podían entenderlo los auditorios religiosos de aquel entonces. Jesús tampoco dijo "yo soy una luz en Jerusalén", porque eso también podía entenderse de manera limitada. Jesús no dijo "yo soy una luz en Judá"; eso era fácil. Jesús dijo: "Yo soy la luz del mundo." Y era una expresión exclusiva, era una expresión de alcance total.

Les he dicho esto en repetidas ocasiones, es algo que he mencionado anteriormente, pero yo creo que encaja muy bien aquí. Una de las cosas más maravillosas de Jesús es que cada vez que Él habla acerca de sí mismo, habla de algo exclusivo, único en su categoría. Solo Jesús es capaz de decir algo así, y eso lo hace diferente a nosotros. No hay nada que yo pueda decir de mí que me ubique en una categoría única en el universo, de verdad. Yo puedo decir "yo soy pastor"; hay sesenta mil pastores. Bueno, "yo soy pastor dominicano"; hay muchísimos pastores dominicanos. "Yo soy pastor dominicano de esta iglesia"; vaya, hay varios pastores dominicanos. No hay nada que usted y yo podamos decir que nos haga únicos y exclusivos.

Pero todo lo que Jesús dijo de sí mismo lo ubica en una categoría exclusiva. Jesús dijo: "Yo soy el pan de vida. Yo soy la luz del mundo. Yo soy la resurrección y la vida." Ninguno de nosotros puede decir algo así. Usted se imagina hoy, al poder el servicio, que usted viene y me introduce a una visita que hay aquí: "Mucho gusto, ¿cuál es su nombre?" "Juan Pérez." "¿Y el suyo?" "Yo soy la resurrección y la vida." ¿Qué usted va a decir? Que ese tipo está loco. Pero es algo que Jesús decía, y esto es impresionante.

En el último y gran día de la fiesta, cuando todo el mundo estaba estático viendo estos cuatro candelabros gigantes que opacaban la vista de cualquiera, Jesús se atrevió a decir algo así. Él dijo: "Yo soy la luz del mundo." No pudo haber nada más dramático en una ocasión como esa. Es como si Jesús dijera: "Esas luces están muy bonitas, el recordatorio es interesante; pero esa luz está muerta, no puede hacer nada más que entretenernos, no se mueve, no tiene poder, no puede levantar un alma. A diferencia de eso, yo soy la luz del mundo."

En medio de una ocasión tan solemne, en el último y grande día de la fiesta, Jesús hizo una de las declaraciones más hermosas acerca de él: "Yo soy la luz del mundo." Y los fariseos que estaban allí no podían contenerse. Esto era algo trágico para ellos; ellos no lo podían entender. Dijeron: "Tú das testimonio de ti mismo, y tu testimonio no es verdadero." Ellos respondieron en incredulidad. Era una declaración demasiado profunda para ser recibida con tanta simpleza. Era una declaración muy desafiante para ser recibida y procesada con tan pobre disposición. Ellos se echaron contra Jesús.

Jesús es la luz del mundo, y eso significa que Jesús puede iluminar en un mundo como el que estamos. Es un mundo que está siendo sacudido por las tinieblas del pecado. Familias destruidas por el pecado. Matrimonios inestables por causa del pecado. Hijos rebeldes en contra de los padres, padres en contra de los hijos, por causa de la oscuridad del pecado. Una inmoralidad rampante. Los hombres y las mujeres han perdido la vergüenza. Es una rebeldía contra Dios. Guerra, presión, una insatisfacción indescriptible, a pesar de tener tanto.

Y es como si Jesús dijera: "Yo soy la única luz de esperanza para un mundo que está tan deteriorado. Yo soy, puedo traer salvación. Yo puedo traer salvación para un mundo que está tan perdido." Jesús dijo: "Yo soy la luz del mundo."

Ahora, en tercer lugar, Jesús hace una invitación. Una de las cosas más gloriosas de Jesús es que no se queda en la generalidad. Jesús desciende hasta hablar a nuestros corazones, hasta hablarnos de manera particular. ¿Cuál es la invitación, en tercer lugar, que Jesús ofrece? Dice aquí, Juan capítulo 8, versículo 12: "Otra vez Jesús les habló diciendo: 'Yo soy la luz del mundo.' Y esta es mi invitación: el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida."

En primer lugar, ¿qué significa seguir a Jesús, en los términos que él expresa? Porque es una real invitación; de hecho, es una real invitación para ti, amigo, que estás aquí en esta mañana. Esa palabra "seguir", en el original, en el griego, históricamente se aplicaba a cinco circunstancias diferentes. Era la palabra que se usaba cuando un soldado debía recibir la orden de un superior, un capitán, pero específicamente en un combate. Es decir, no es en una oficina, sino cuando una decisión puede representar la vida. Se usaba esa palabra "seguir": un oficial superior hablando a un soldado. Esa misma palabra se usaba cuando un esclavo seguía las órdenes de su amo para servir en una voluntad específica que su amo había requerido. Es la palabra que se usaba cuando un aconsejado debía seguir el consejo sabio de un consejero, cuando un ciudadano sigue las órdenes de las autoridades gubernamentales que se han establecido, o cuando un alumno sigue las instrucciones de su maestro.

Que Jesús diga "el que me sigue", la invitación es para alguien especial. Nosotros decimos: para un discípulo de Cristo, para un alumno de Cristo, para alguien que hace unas renuncias a sus derechos naturales para someter su voluntad voluntariamente, alguien que lo reconoce como Señor y como autoridad. Uno de los problemas en la generación en que vivimos, incluyendo las iglesias, es que a la gente le encanta que le hablen de Cristo como Salvador, pero no le gusta mucho cuando le hablan de Cristo como Señor. El problema es que a todo el que Cristo salva también lo gobierna. Es parte de la conexión.

Jesús dice: "El que me sigue", el que entrega su vida a mí, y eso no se puede hacer a medias. Es una invitación que requiere una renuncia. Es una invitación que requiere un sacrificio. Es un reconocimiento consciente de que en la manera como estoy viviendo no puede ser, no me está yendo bien, no tengo paz, estoy desorientado, no tengo propósito en la vida. Y Jesús dice: "Déjame guiarte." El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Es que Jesús es esa luz que necesitamos. Jesús es quien puede iluminarnos. Jesús dice: "Si me sigues, me tendrás a mí. Yo podré iluminarte en la oscuridad. Yo podré guiarte y orientarte. Tendrás la luz de la vida." Hay una conexión bíblica interesante entre lo que es la luz y lo que es la vida. En el texto que les leía anteriormente, Juan 1:4, dice que en él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La vida da luz. La vida que Jesús imparte es una vida diferente. Es una vida que, aunque no promete librarnos de sufrimientos, simplemente nos guía a un gozo que no puede ser expresado con palabras.

Mientras la oscuridad simboliza la muerte, la luz espiritual simboliza la vida. Cuando venimos a Jesús, nuestros ojos espirituales son abiertos para contemplar una dimensión de la vida que nunca antes habíamos entendido. Y esa luz fluye por dentro a través de su Palabra. Es una vida espiritual, ojos espirituales. Jesús dice: "Tendrás la luz, tendrás la vida, propósito, visión para ti." Y dice Juan 12:36: "Mientras tenéis la luz, creed en la luz para que seáis hijos de luz."

Dice Jesús: "No andarás en tinieblas." La luz es un poder activo que disipa las tinieblas. Y eso es Jesús. Jesús es esa verdad que disipa las tinieblas de la falsedad y el engaño. Jesús es esa luz de sabiduría que despeja la oscuridad de la ignorancia y el simplismo. Jesús es esa luz de santidad que disipa la oscuridad del pecado y la maldad en el corazón. Jesús es esa luz de gozo que disipa la oscuridad de la tristeza, la depresión, la amargura. Jesús es esa luz de la vida que disipa la oscuridad de la muerte.

Cuando tú crees en Jesús, cuando tú sigues esa luz, cuando tú lo pones como tu guía de sabiduría y de verdad en este mundo, tú descubres la realidad. Descubres la vida. Eres engendrado a una nueva familia espiritual que es guiada poderosamente a esa luz. Jesús dice: "El que me sigue ya no andará así, ya no vivirá así, sino que tendrá la luz de la vida."

¿Qué aprendemos nosotros entonces? Estas palabras las pronunció Jesús hace miles de años, y todavía siguen teniendo una relevancia importante en otras vidas. ¿Qué aprendemos de aquí? Déjame hablar a ti, amigo, que estás aquí en esta mañana o que escuchas. Jesús dice: "Si me sigues, ya tú no andarás en tinieblas." Jesús te promete: "Te voy a dar una luz que guía a la vida."

Si tú buscas a Jesús, si tú vienes a él en los términos que él declara en su Palabra, por fe y arrepentimiento, reconociendo que no estás bien, reconociendo que no lo has hecho bien, rindiéndote voluntariamente a él; cuando tú te acercas a Jesús en los términos que él señala en su Palabra, cuando tú lo aceptas como una legítima autoridad para guiar tu vida, cuando tú conoces a Jesús en la manera que Jesús declara en su Palabra, Jesús dice: "Yo seré la luz para ti." Lo vas a conocer como un Salvador que perdona. Lo vas a conocer como un amigo que te acompaña. Lo vas a conocer como un hermano que amó dando su vida por ti.

Solo Jesús puede ayudarte a una transformación así, una transformación por dentro, no por fuera. Solo Jesús puede trabajar en tu corazón para remover esos aspectos de tu vida que son tan odiosos, que te han conducido a tantos inconvenientes, y sobre todo que te han alejado de Dios y te mantienen distante de él. Solo Jesús fue capaz de ir a la cruz para hacer posible que hoy tú puedas estar reconciliado con tu Dios. Solo Jesús es el puente que puede hacer esa necesaria conexión.

En Jesús eres librado de tus pecados. En Jesús eres acepto para pertenecer a una familia espiritual. Jesús es el camino. Jesús es la verdad. Jesús es la vida. Jesús es el único que puede auxiliarte en tu condición. En medio de una confusión tan grande como la que vivimos aquí, solo Jesús puede guiarte. Solo Jesús puede ser esa luz. Dice la Palabra: "Hoy es el día aceptable. Hoy es el día de salvación." No le cierres tu corazón a Dios si Dios te está hablando a ti, hermano que estás aquí.

¿Cómo podemos nosotros recibir esa declaración de Jesús para refrescar nuestras vidas espiritualmente? Parte del gozo de nuestra salvación está directamente relacionado a la luz que Cristo puede darnos. Nosotros, cada segundo de nuestras vidas, necesitamos ser iluminados por Jesús, continuamente iluminados, para estar en comunión con él. Es esa luz de Jesús la que nos va a ayudar a visualizar los peligros a los que estamos expuestos. Sobre todo nuestros propios corazones; a veces no nos damos cuenta de que la principal amenaza somos nosotros mismos. Nuestros deseos nos engañan.

Necesitamos ser iluminados por Jesús para ver nuestros pecados. Necesitamos ser iluminados por Jesús para ejercer la gracia del perdón y del arrepentimiento. No para avergonzarnos, no para paralizarnos, sino para movilizarnos más cerca de él, para seguir caminando. Nosotros necesitamos esa luz para ser recordados de la oferta de amor de Dios en Cristo. A veces no vemos lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. A veces nos sentimos solos y abandonados. A veces perdemos el gozo de nuestra salvación. Y necesitamos ser iluminados por Jesús para recordar esas preciosas promesas de Dios: "Nunca te dejaré, nunca te desampararé." "Si Dios está por nosotros, ¿quién podrá estar en contra de nosotros?"

Es Jesús quien puede iluminarnos para recordar, como dice Isaías 41: "No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, te sostendré con la diestra de mi justicia." Necesitamos esa luz de Jesús para ser iluminados y vencer nuestros temores. Estamos llenos de miedo. A veces estamos paralizados, a pesar de lo que Dios ha prometido. Dice el Salmo 27: "El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿de quién me atemorizaré?"

Entonces, alguien decía que esta generación es una generación llena de inexplicables contrastes. Hoy estamos más informados, pero más confundidos; más llenos por fuera, más vacíos por dentro; más tecnología, pero más distracción; muchas posesiones, pero más insatisfacción.

Y es como si toda esa modernidad realmente no está produciendo la calidad de vida que se espera. Hemos retrocedido en muchas áreas de la vida, y la causa principal es el pecado. El pecado está haciendo estragos, ha traído mucha oscuridad en la mente y el corazón de todos, y la única esperanza para escapar a este mal es una fuente de luz. Una fuente de luz que pueda guiarnos en la confusión, una fuente de luz que pueda fortalecernos en la debilidad, una fuente de luz que realmente pueda motivarnos a cambiar.

Jesús es esa luz. Es la luz que todos necesitamos para combatir las tinieblas, para que podamos vivir iluminados a una vida de esperanza. Hoy, al igual que en aquel momento, en aquella gran ocasión en que pronunció estas palabras para nosotros, Jesús dijo: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida."

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Luis Méndez

Luis Méndez

Luis Méndez nació en Santiago, República Dominicana, y conoció al Señor mientras cursaba estudios universitarios en 1985. Sirvió como diácono en la Iglesia Bautista de la Gracia desde 1987 y fue llamado al ministerio pastoral en 1997, función que ejerció allí hasta 2006. Ese mismo año se trasladó con su familia a Minneapolis, MN, para recibir formación teológica en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Tras completar sus estudios, sirvió como pastor y anciano hasta 2016. Actualmente forma parte del liderazgo de la IBI enfocado en consejería. Es miembro de ACBC y Life Coach certificado por la AACC, labor que ejerce parcialmente con organizaciones y personas, incluyendo jugadores hispanos de béisbol profesional. Está casado con Vilma desde 1988 y es padre de Raquel, Eva y Luis Jr. Su residencia se divide entre Arizona, EE. UU., y Santo Domingo, R. D