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¿Qué aprendemos de Josué y Caleb?
¿Qué aprendemos de Josué y Caleb?

Foto de Bournes senruoB en Unsplash

Vida cristiana

¿Qué aprendemos de Josué y Caleb?

Odette Armaza Vda. de Carranza 8 agosto, 2023

La gloria de un atleta que se corona en segundos representa, en realidad, toda una vida de trabajo, renuncia y perseverancia. Ningún trofeo llega sin costo. Aunque ese esfuerzo apunta a algo pasajero —pronto reemplazado por un deportista más joven—, debería ser ejemplo para todo creyente de vivir la vida cristiana con la misma entrega y pasión, sabiendo que la meta y la recompensa no son pasajeras, sino eternas.

Hebreos 12:1-2 emplea precisamente la imagen de la competencia atlética como analogía de la vida cristiana: «…corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». Quizás no todos se identifican como atletas o soldados. Hay quienes solo se ven a sí mismos como padres tratando de sobrevivir un día a la vez, cónyuges procurando cumplir su rol lo mejor posible, o jóvenes que luchan por abrirse paso en el trabajo. Sin embargo, si eres creyente, estás en medio de una batalla y en medio de una carrera que no termina hasta estar con el Señor en su gloria. En ella hay muchos obstáculos que vencer, y la perseverancia no es opcional.

La fe: convicción en lo que Dios dice, no en lo que se ve

La vida del creyente transcurre en una lucha constante entre la realidad del mundo espiritual y la del mundo natural. Con demasiada frecuencia, la fe se mueve según las circunstancias visibles y no según lo que se cree. La historia, no obstante, está llena de hombres y mujeres que creyeron a Dios y sus promesas aunque eso implicara recorrer un camino solitario, más difícil o más largo. Ellos eligieron creer, y esa decisión debe animarnos a mirar las circunstancias actuales con la certeza de que el mismo Dios poderoso que obró en ellos sigue obrando hoy.

Tal vez no veamos un mar abrirse ante nuestros ojos, pero ¿cuántas veces el Señor ha abierto caminos imposibles de alcanzar con fuerzas humanas? ¿Cuántas veces su provisión llegó de forma milagrosa y oportuna, o la respuesta vino a través de una llamada inesperada? Todo eso es recordatorio de que la mano de Dios permanece sobre sus hijos y su presencia no los abandona.

Josué y Caleb: un espíritu diferente en medio de la mayoría

Josué y Caleb fueron parte de los doce líderes enviados por Moisés para explorar la tierra que Dios había prometido dar en heredad a Israel. Cuarenta días después, lo que debió ser un reporte de esperanza y gozo se convirtió, en boca de diez de ellos, en un relato de miedo e inseguridad. La pregunta inevitable es: ¿cómo es posible que, habiendo hecho el mismo recorrido y visto las mismas cosas, llegaran a conclusiones tan distintas? ¿Por qué solo dos afirmaron con fe que Dios daría la victoria, mientras los otros diez solo ofrecieron palabras de desánimo?

Su ejemplo ilumina al menos tres principios para la perseverancia:

Primero, la fe se basa en lo que Dios dice, no en lo que se ve. «Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Heb. 11:1). Josué y Caleb creyeron las palabras de Dios; los demás se dejaron convencer por sus ojos naturales. Si en este momento se duda del poder de Dios, es posible clamar como el padre del muchacho endemoniado: «Creo, ayúdame en mi incredulidad» (Mr. 9:24). El Señor no solo desea un conocimiento intelectual de su Palabra, sino que esta transforme cada acción, decisión y pensamiento.

Segundo, la fe no es asunto de mayoría, sino de quien hace las promesas. «Ninguna de mis palabras se demorará más. Toda palabra que diga se cumplirá» (Ez. 12:28). La falta de paciencia impide vivir a la espera de que el Señor obre. Lo que se anhela puede tomar más tiempo del deseado, pero el Señor es perfecto: dará las fuerzas, los recursos y la salida para soportar y crecer en medio de la espera.

Tercero, se necesita una actitud diferente. Las palabras divinas sobre Caleb son reveladoras: «Sin embargo, mi servidor Caleb tiene una actitud diferente a los demás. Se ha mantenido fiel a mí, por lo tanto, yo lo llevaré a la tierra que él exploró» (Nm. 14:24, NTV). Ese espíritu distinto les permitió perseverar cuarenta años sin apartarse, sin enfriarse, sin olvidar las promesas. Y si esto parece inalcanzable, recuérdese que los creyentes cuentan con el Espíritu Santo que guía a toda verdad (Jn. 16:13), la Palabra que alumbra el camino (Sal. 119:105) y la comunión de hermanos que alienta.

La fe nos da esa convicción de que lo que Dios dice es verdad y que sus promesas se cumplirán.

Correr cada día con los ojos puestos en Jesús

El Señor conoce las circunstancias y la etapa de vida en que cada uno se encuentra, y solo Él puede dar la perspectiva y la actitud correctas para cada día. Él es quien ayuda a vencer los obstáculos. Vale la pena detenerse y reflexionar: ¿se está corriendo con esfuerzo y valentía, con la mirada fija en el Señor? ¿O se ha caído en el descuido y la negligencia? Si es así, la invitación es clara: clama a Dios para que conceda ese espíritu diferente que mantuvo a Caleb y a Josué fieles, y que puede mantenernos también a nosotros con los ojos puestos en Jesús todos los días de esta vida.

Odette Armaza Vda. de Carranza

Odette Armaza Vda. de Carranza

Odette Armaza Vda. de Carranza ha estado en los caminos del Señor desde su juventud. Miembro de la IBI, donde sirve en el cuerpo de consejeros y en el Ministerio de Mujeres Ezer. Madre de Nahir, Michelle y David, y abuela de una nieta.

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