Integridad y Sabiduria
Covid-19: Una muestra del favor de Dios
Covid-19: Una muestra del favor de Dios

Foto de Patricia Bozan en Pexels

Emociones y alma

Covid-19: Una muestra del favor de Dios

A Grullón 17 abril, 2020

Cuando era niña, una de las cosas que más temía era la disciplina de su madre. El tiempo transcurría lento mientras esperaba el momento de llegar a casa, y llegó a guardar resentimiento por aquellas medidas correctivas. Con los años, sin embargo, comprendió que todo obedecía a un amor genuino y a un propósito real. Algo similar ocurre cuando miramos las grandes crisis de nuestro tiempo: lo que a primera vista parece caos puede ser, en realidad, la voz de un Padre que llama con urgencia y amor.

Nuestro Padre celestial es amoroso y presente, pero también es un Padre que disciplina. A diferencia de los padres humanos, sus correcciones nunca son injustas y siempre son acordes a la situación, pero jamás nos deja sin ellas. Así como una madre anuncia la disciplina antes de aplicarla, Dios también nos ha advertido con anticipación. Las Escrituras nos dicen que vendrían tiempos peligrosos, tiempos en los que «los hombres amarán a sí mismos, serán avaros, fanfarrones, arrogantes» y «amadores de los placeres en vez de amadores de Dios» (2 Tim. 3:1-5). Quien observe con honestidad la sociedad de hoy difícilmente podrá negar que esas palabras describen nuestro presente con asombrosa precisión.

Lo que Dios anunció y lo que estamos viviendo

La Biblia no solo nos advirtió sobre el carácter de estos tiempos, sino también sobre los juicios que Dios enviaría sobre la tierra como advertencia y corrección. Jesús mismo anunció que vendrían «guerras y disturbios», hambres, terremotos y «plagas» en diversos lugares (Lc. 21:10-12). Estas tragedias se han repetido a lo largo de toda la historia de la humanidad, y en cada una de ellas la mano amorosa, misericordiosa y justa de nuestro Padre las ha enviado, permitido, controlado o usado conforme a sus propósitos buenos y perfectos.

El Señor está llamando la atención al mundo. No es coincidencia que en tiempos recientes hayamos presenciado incendios forestales devastadores, terremotos, erupciones volcánicas y una pandemia global que ha infectado a millones y cobrado cientos de miles de vidas. El pánico se refleja en las redes sociales; el dolor, el miedo y la preocupación saturan el ambiente. Muchos se preguntan qué sucederá con la economía, con sus familias, con el futuro. Y es comprensible. Pero también es posible ver en todo esto algo esperanzador: la fidelidad de Dios, la seguridad de su Palabra y la gracia obrando para llamar al mundo al arrepentimiento, antes de que lleguen juicios aún mayores.

Es importante aclarar que este juicio alcanza a todos por igual: a quienes andan en integridad delante de Dios y a quienes lo desprecian. Mueren «buenos y malos» por igual, y todos sufrimos. No siempre sabremos con exactitud por qué Dios permite ciertas situaciones ni qué está haciendo en detalle. Sus pensamientos no son nuestros pensamientos, ni sus caminos son nuestros caminos (Is. 55:8). Pero a través de la revelación de su Palabra sí sabemos algo fundamental: Él se duele con nuestro dolor. Llora con nosotros. Se duele al disciplinar, al enviar juicio, al permitir situaciones de dolor. Y nos prometió que en el mundo tendríamos aflicción, pero que podíamos estar confiados porque Él venció al mundo (Jn. 16:33).

La gracia que obra en medio del dolor

Aun en medio de la confusión y el sufrimiento, Dios permite que veamos destellos de su luz. En su infinita gracia, nos concede ver cosas maravillosas incluso en los momentos más oscuros, no solo dentro de su iglesia, sino también en el mundo entero. Él está añadiendo a su familia a muchos que responden a su llamado. Está purificando corazones, afirmando la fe de quienes ya creen, revelando su gracia y poder, respondiendo oraciones, fortaleciendo rodillas débiles, consolando corazones rotos, trayendo paz a mentes agitadas, animando rostros tristes y revelando su presencia a quienes se sienten solos.

Dios trabaja de forma especial cuando interviene de forma especial en nuestro mundo.

Dios trabaja así, con esa clase de detalle y de ternura, incluso cuando el mundo arde. Y precisamente porque lo hace, los creyentes no tenemos por qué ser observadores pasivos de lo que ocurre a nuestro alrededor.

Una invitación a unirse a la obra de Dios

Podemos unirnos a lo que el Padre está haciendo, y la oración es el primer lugar donde eso ocurre. Podemos orar para que Dios se revele a quienes aún no le conocen; para que consuele corazones y responda oraciones; para que traiga provisión a quienes están en necesidad; para que fortalezca a los débiles y se manifieste a los solitarios; para que nos use como instrumentos en sus manos. También podemos pedir la humildad de reconocer cuando somos nosotros quienes necesitamos ayuda, y la gracia de alabarle y adorarle en medio de las pruebas.

No hay razón para quedarse al margen. Hay una obra preciosa y llena de amor que nuestro Padre está realizando en el mundo hoy, y cada creyente puede ser parte de ella. Como proclaman las Escrituras: «Grandes y maravillosas son Tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son Tus caminos, Rey de las naciones» (Ap. 15:3). Alabémosle juntos y unámonos a lo que Él ya está haciendo.

A Grullón

A Grullón

A Grullón es cristiana que ama compartir el evangelio. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría, de la concentración de Consejería Bíblica. Vive en Santo Domingo, República Dominicana.

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