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¿Qué nos dice la Biblia sobre el discernimiento?
¿Qué nos dice la Biblia sobre el discernimiento?

Foto de Tima Miroshnichenko en Pexels

Vida cristiana

¿Qué nos dice la Biblia sobre el discernimiento?

Yicell de Ortiz 22 diciembre, 2022

Pablo escribió desde la prisión, pero su corazón estaba puesto en los creyentes de Filipos. Su oración no pedía comodidad ni prosperidad material para ellos; pedía algo más profundo y urgente: «que el amor de ustedes abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, a fin de que escojan lo mejor, para que sean puros e irreprensibles para el día de Cristo; llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios» (Fil. 1:9–11). Esa oración revela cuánto importa el discernimiento a los ojos de Dios y a los de quienes nos aman en la fe.

En toda la Biblia —ya sea que se mencione la palabra explícitamente o no— encontramos el llamado constante a discernir. Desde los Salmos hasta las epístolas, las Escrituras nos muestran que el discernimiento no es un don reservado para unos pocos, sino una necesidad para todo creyente que desee caminar de manera digna del evangelio. Es lo que nos lleva a madurar en la fe, a ejercer buen juicio, y es obra del Espíritu Santo en nosotros (1 Co. 12:10).

Lo que el discernimiento nos capacita a hacer

Discernir no es simplemente una habilidad intelectual; es una gracia espiritual con consecuencias muy concretas en la vida diaria. Las Escrituras describen con claridad lo que este don nos permite hacer como creyentes.

En primer lugar, el discernimiento nos capacita para reconocer todo aquello que se opone a las correctas enseñanzas bíblicas. El apóstol Juan advierte: «Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo» (1 Jn. 4:1). En una época saturada de voces que afirman hablar de parte de Dios, esta capacidad no es opcional, sino vital.

En segundo lugar, el discernimiento nos permite distinguir entre lo santo y lo profano, entre lo limpio y lo inmundo (Lv. 10:10). Esta distinción no es una carga legalista, sino una expresión del amor a Dios y del deseo de honrarlo en cada área de la vida. En tercer lugar, nos ayuda a valorar y comprender la Palabra de Dios: «Enséñame buen juicio y conocimiento, pues creo en Tus mandamientos» (Sal. 119:66). Y, finalmente, nos permite pensar de manera bíblica frente a cada situación: «De Tus preceptos recibo entendimiento; por eso aborrezco todo camino de mentira» (Sal. 119:104). El discernimiento, en definitiva, alinea nuestra mente con la mente de Cristo.

Cómo crecer en discernimiento

El discernimiento no aparece de forma automática ni se desarrolla sin esfuerzo. Es también responsabilidad del creyente cultivarlo con diligencia. Las Escrituras y la experiencia pastoral apuntan a actitudes y prácticas concretas que lo nutren.

Crecer en discernimiento requiere, ante todo, una vida consagrada en devoción al Señor. No es posible distinguir la voz de Dios si no se cultiva una relación íntima con Él en oración y en la lectura de su Palabra. A esto se suma la necesidad de acercarse constantemente a las Escrituras —no de manera superficial, sino con hambre genuina—, pues es en ellas donde el Espíritu Santo afina nuestra capacidad de juzgar rectamente.

También es necesario orar con sabiduría en toda circunstancia, cuidar de no juzgar con precipitación y, quizás con más dificultad para muchos, tener la humildad de escuchar un consejo sabio. El orgullo es uno de los mayores enemigos del discernimiento; quien cree saberlo todo cierra la puerta a la corrección que Dios envía a través de otros. Estas actitudes no son sugerencias optativas: son el camino que las Escrituras trazan para quien desea crecer en madurez espiritual.

No pierdas de vista el sentido común ni el discernimiento. Aférrate a ellos, porque refrescarán tu alma; son como las joyas de un collar. Te mantienen seguro en tu camino, y tus pies no tropezarán (Prov. 3:21–23).

El discernimiento como compromiso de toda la vida

El discernimiento es una de esas gracias que Dios desea conceder generosamente a quienes se lo piden con fe y lo buscan con perseverancia. No es un logro que se alcanza de una vez, sino un camino que se recorre día a día, en la comunión con Dios, en la obediencia a su Palabra y en la humildad de quien reconoce que necesita ser guiado. Pedirlo en oración, desearlo ardientemente y cultivarlo con disciplina no es una carga, sino el privilegio de quienes quieren agradar a Dios y ser hallados «puros e irreprensibles para el día de Cristo» (Fil. 1:10).

Yicell de Ortiz

Yicell de Ortiz

Yicell de Ortíz es autora del blog yicelldeortizblog.com, dedicado a guiar a mujeres hacia Cristo mediante recursos bíblicos. Esposa y madre. Miembro de la IBI, donde, junto a su esposo, sirve en el ministerio de Jóvenes Adultos M-AQUI.

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