Integridad y Sabiduria
¿Cómo discernir la voluntad de Dios?
¿Cómo discernir la voluntad de Dios?

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Vida cristiana

¿Cómo discernir la voluntad de Dios?

Jeanine Martínez 15 noviembre, 2019

En la Biblia, la palabra discernir tiene un significado que va mucho más allá de lo que se percibe a simple vista. El discernimiento implica un conjunto de acciones: pensar, examinar y buscar consejo. Involucra procesos tanto internos como externos, y requiere el tiempo necesario para llegar a una decisión fundamentada. Como bien se suele decir, no tomar una decisión es, en efecto, tomar una. Algo parecido ocurre en los procesos electorales: muchas elecciones no las determinan los votos emitidos, sino la abstención de quienes no acudieron a las urnas. Esa omisión también cuenta. Del mismo modo, cuando somos negligentes en someternos a la Palabra de Dios —es decir, a su voluntad ya claramente revelada—, en realidad nos estamos rebelando contra Él.

John MacArthur afirma: «Todos los eventos en los cuales te encuentras y te has encontrado son parte de la voluntad de Dios». La voluntad de Dios puede definirse como aquel atributo divino por medio del cual Él orquesta, aprueba y determina cada evento que ha de acontecer. Y es importante subrayar que esta voluntad nunca contradirá otros aspectos de su carácter. Esa es, precisamente, una de las razones de la cruz: Dios iba a rescatar al ser humano, pero no a costa de su propia justicia. Por eso Cristo tuvo que pagar por nuestros pecados.

La voluntad de Dios: revelada, no oculta

Uno de los principios fundamentales que emerge del estudio de este tema es que Dios tiene una sola voluntad, aunque desde la perspectiva humana la comprendamos en distintas dimensiones. A veces se habla de la «voluntad permisiva de Dios», que describe aquellas situaciones en las que Él no se interpone. Por ejemplo, aunque no es el deseo de Dios que ocurra la maldad, la permite porque, en su voluntad directa, ha determinado juzgar al ser humano dejándole experimentar las consecuencias de sus propias decisiones. Sin ser autor del pecado, Dios permite que el hombre peque y coseche lo que sembró. Como lo expresa el profeta Isaías: «Porque no es pueblo de discernimiento, por tanto, su Hacedor no le tendrá compasión, y su Creador no tendrá piedad de él» (Is. 27:11). La negligencia en discernir se convierte, entonces, en una forma de juicio —no porque Dios niegue el discernimiento, sino porque el ser humano se niega a considerar a Dios en su camino.

Frente a eso, la buena noticia es que Dios quiere darnos discernimiento. Muchos creyentes piensan que Dios oculta su voluntad o que comprenderla es un privilegio reservado para cristianos maduros o especialmente dotados. Pero la Escritura lo desmiente: «Dios dio a Salomón sabiduría, gran discernimiento y amplitud de corazón como la arena que está a la orilla del mar» (1 R. 4:29). La voluntad de Dios está claramente revelada en su Palabra. La diferencia, en la mayoría de los casos, no es la falta de conocimiento sobre esa voluntad, sino la disposición a aplicarla en la vida diaria.

Discernimiento, oración y obediencia

La meditación constante en la Palabra de Dios es el medio principal por el que el creyente adquiere discernimiento. Los Salmos lo afirman con claridad: «Tengo más discernimiento que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación» (Sal. 119:99). Discernir la voluntad de Dios en todas las áreas de la vida no es opcional; es un mandato bíblico que alcanza a reyes, jueces y a cualquier persona que se llame hijo de Dios (Sal. 2:10; Pr. 12:8).

La oración también cumple un papel central en este proceso, pero con una orientación que con frecuencia se malentiende. La oración no es, en esencia, un mecanismo para obtener beneficios. Su propósito primordial es la comunión con Dios: alinear nuestro corazón al propósito divino y entrar en él. Cristo mismo lo modeló no solo en el Padrenuestro, sino en el huerto de Getsemaní, horas antes de la cruz, al orar: «no se haga Mi voluntad, sino la Tuya» (Lc. 22:42). Pablo lo confirma al escribir que el amor del creyente debe «abundar aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento» (Fil. 1:9), y que Dios ha hecho abundar para nosotros «toda sabiduría y discernimiento» (Ef. 1:8).

Nuestro problema generalmente no es el entendimiento de su voluntad, sino nuestra disposición a la obediencia.

El verdadero obstáculo: la disposición del corazón

La autora comparte el testimonio de una estudiante que llevaba más de treinta años como creyente. Durante un estudio bíblico, Dios fue señalando con insistencia una área específica en la que ella necesitaba obedecer: la reconciliación con su esposo, de quien había estado separada —aunque sin formalizar la ruptura— por más de siete años. Al finalizar una de las clases, la mujer confesó que había estado luchando con Dios todo ese tiempo: sabía lo que debía hacer, pero no quería hacerlo, y reconocía que se estaba rebelando contra su voluntad. Después del estudio, fue testigo del esfuerzo de esa hermana por perdonar, reconciliarse y restaurar su matrimonio. No ha sido fácil, pero ha caminado en obediencia. Su historia ilustra algo que aplica a todos los creyentes: los hijos de Dios no debemos temer, trivializar ni rebelarnos contra la voluntad de Dios. Nuestras rebeliones, ingratitud e insatisfacción no cambiarán la voluntad buena, agradable y perfecta que Él tiene para cada uno de nosotros. Dios da la gracia necesaria para obedecer y someternos a su Palabra. La pregunta que queda abierta es sencilla y directa: ¿estás dispuesto a obedecerle hoy?

Adaptado del Podcast del Pastor Miguel Núñez en Integridad & Sabiduría.

Jeanine Martínez

Jeanine Martínez

Jeanine Martínez es misionera apasionada por hacer discípulos de Cristo entre todas las naciones a través de la enseñanza bíblica. Posee una Maestría en Artes en Estudios Teológicos y Liderazgo Intercultural por el Southern Baptist Theological Seminary (SBTS) y es especialista en Ingeniería Sanitaria y Ambiental. Sirvió como misionera transcultural en el Sur y el Este de Asia por casi nueve años, enfocada en la enseñanza bíblica, el entrenamiento misionero y el discipulado. Es enviada por la Iglesia Bautista Internacional (IBI) en la República Dominicana. Le gusta cocinar, disfrutar la música y conocer personas de distintas culturas, apreciando la multiforme gracia de Dios. También procura, de vez en cuando, detenerse a oler las flores.

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