IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
La providencia de Dios —su orquestación soberana de los eventos de este mundo para cumplir sus propósitos— tiene, en ocasiones, cierto sentido del humor. Escribir sobre la espera en medio de circunstancias difíciles e inciertas es, precisamente, una de esas ocasiones. Con frecuencia, los creyentes sobreestimamos cuánto hemos aprendido una lección espiritual. Pensamos que ciertas experiencias pasadas nos han hecho expertos en materias como la paciencia o el contentamiento. Y entonces llega una nueva situación que lo pone todo en evidencia: si realmente aprendimos, si verdaderamente nos hemos rendido y si reconocemos el valor de la espera.
En esos momentos se hace patente una verdad que conocemos de memoria, pero que nuestras reacciones —internas y externas— constantemente desmienten: Dios está en control. Cuando las cosas no salen como esperábamos, cuando somos tratados injustamente, cuando enfrentamos pérdida tras pérdida y negativa tras negativa, nuestras reacciones nos delatan. Y mientras más oramos, muchas veces recibimos la misma respuesta: espera. Continúa orando y espera. Moisés esperó a Dios para recibir las segundas tablas (Éx. 24:12); Noemí instruyó a Rut que esperara hasta ver cómo se resolvería su situación (Rt. 3:18); Job expresó su desesperación ante la incertidumbre (Job 7:2–3); y el salmista exhortó a su propia alma: «Espera en el Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera en el Señor» (Sal. 27:14). La vida transcurre, inevitablemente, entre una espera y otra.
La espera en el Señor no es inacción. Quien espera un trabajo y no entrega su currículo, no aplica a posiciones, no consulta referencias ni persevera en el proceso, no está esperando en el Señor: simplemente está paralizado. Esperar en Dios implica acción intencional y constante, y la acción más importante de todas es la oración.
El cristiano no aguarda que cambien los vientos ni que la suerte le favorezca. El cristiano se entrega a la oración para que Dios transforme su corazón en medio de las mismas circunstancias. En ese tiempo de espera, le dice humildemente al Señor: «Enséñame tus caminos. Enséñame a caminar como tú. Enséñame a ser humilde. Enséñame que tengo todo lo que necesito». La Biblia no llama a la estática; llama a la acción, y esa acción comienza de rodillas.
El Salmo 37 abre una ventana a la oración de quien espera en el Señor. El versículo 7 dice: «Confía callado en el Señor y espera en Él con paciencia; no te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas». Y el versículo 34 añade: «Espera en el Señor y guarda Su camino, y Él te exaltará para que poseas la tierra; cuando los impíos sean exterminados, tú lo verás». La promesa «pon tu delicia en el Señor y Él te dará las peticiones de tu corazón» (Sal. 37:4) debe leerse en tensión honesta con Santiago 4:2–3: «No tienen, porque no piden. Piden y no reciben, porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres». Deleitarse en el Señor significa deleitarse en sus mandamientos y en sus propósitos, no en la propia voluntad. Un corazón así centrado en Dios orará «hágase tu voluntad y no la mía», y sus peticiones estarán alineadas con esa misma voluntad.
El Salmo 37 ofrece principios concretos para quien desea esperar en el Señor con integridad. Esperar orando sin compararse, aceptando la porción que Dios asigna y reconociendo que viene de su mano (vv. 1–2). Esperar orando con agradecimiento, sin sentido de derecho ni de reclamo, recordando que todo lo recibido de Dios es inmerecido —y que el mayor regalo, la vida eterna en Cristo, ya nos ha sido dado (vv. 16–18). Esperar con perspectiva eterna, sin medir el favor de Dios por la prosperidad visible en este lado de la eternidad (vv. 13, 34–38).
Esperar también implica paciencia. La impaciencia y el egocentrismo distorsionan la realidad: el mundo no gira a nuestro ritmo, y Dios tampoco. Esperar desesperado conduce a la frustración, la irritabilidad y, con el tiempo, a la amargura contra Dios y los demás (v. 7, 10). Implica además humildad: Dios ama al contrito de espíritu, pero al altivo lo mira de lejos (Sal. 51:17; 138:6). Y exige examen personal: la espera no es tiempo perdido, sino tiempo enfocado en ser antes que en hacer. Es oportunidad para que Dios corrija el corazón, para confesar pecados y faltas, y para dejar de verse únicamente como víctima de las circunstancias (vv. 23–24, 27).
Si quieres esperar bien, ora. Si quieres orar bien, ora y espera que se cumpla la voluntad de Dios y no la tuya.
Finalmente, el Salmo 37 llama a esperar orando con declaraciones de confianza: reconociendo la bondad de Dios, dando gracias por lo ya recibido y afirmando su fidelidad constante (vv. 19, 25–26, 28).
La espera no está diseñada para dejarnos igual. Cada tiempo de espera es una obra del Espíritu Santo: examinadora y consoladora a la vez. La meta no es sobrevivir la espera, sino salir de ella más parecidos al Señor Jesús. Que en medio de la incertidumbre, de los «no» y de las puertas cerradas, podamos buscar el rostro de Dios, someternos a su tiempo y confiar en que su providencia —incluso cuando no la entendemos— trabaja para bien de quienes lo aman (Ro. 8:28). Oremos. Esperemos. Y que la imagen del Hijo amado sea cada vez más visible en nuestra vida.
Jeanine Martínez es misionera apasionada por hacer discípulos de Cristo entre todas las naciones a través de la enseñanza bíblica. Posee una Maestría en Artes en Estudios Teológicos y Liderazgo Intercultural por el Southern Baptist Theological Seminary (SBTS) y es especialista en Ingeniería Sanitaria y Ambiental. Sirvió como misionera transcultural en el Sur y el Este de Asia por casi nueve años, enfocada en la enseñanza bíblica, el entrenamiento misionero y el discipulado. Es enviada por la Iglesia Bautista Internacional (IBI) en la República Dominicana. Le gusta cocinar, disfrutar la música y conocer personas de distintas culturas, apreciando la multiforme gracia de Dios. También procura, de vez en cuando, detenerse a oler las flores.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit