Integridad y Sabiduria
Encontrando gozo en las pruebas
Encontrando gozo en las pruebas

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Emociones y alma

Encontrando gozo en las pruebas

A Grullón 15 septiembre, 2020

Pocas exhortaciones bíblicas resultan tan desconcertantes a primera vista como la de Santiago: «Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas» (Stg. 1:2). Gozo. No resignación estoica ni optimismo superficial, sino gozo. Para quienes atraviesan una enfermedad, una pérdida o una crisis que no cede, este mandato puede sonar, en el mejor de los casos, a paradoja; en el peor, a crueldad. Y sin embargo, Santiago no escribe desde la ingenuidad. Escribe desde una comprensión profunda de cómo Dios obra en la vida del creyente. Entender ese «por qué» cambia todo.

Las pruebas: inevitables, pero no sin propósito

El punto de partida es reconocer que las pruebas no son una anomalía en la vida cristiana. Dios mismo las orquesta o las permite, y Su propósito al hacerlo es moldearnos a la imagen de Cristo. Eso, por definición, requiere que nuestra fe sea probada. No hay atajo.

Pero Santiago va más lejos: las pruebas no solo son inevitables, sino que producen algo. «La prueba de su fe produce paciencia» (Stg. 1:3). La perseverancia que se forja en la dificultad es la que nos conduce a ser «perfectos y completos, sin que nos falte nada» (Stg. 1:4) —es decir, maduros e íntegros en todas las áreas de la vida—. El resultado es una mayor glorificación de Dios y una mayor capacidad de servir a otros que atraviesen pruebas similares. En la aflicción, Dios corrige, instruye y capacita. Lo que parece una pérdida es, en realidad, una formación.

Es importante señalar, sin embargo, que este gozo no es inmediato ni automático. Nadie se alegra de una tragedia. Lo primero que experimentamos es dolor y tristeza, y eso es completamente válido. Lo que Santiago describe es un proceso: a medida que confiamos en Dios, Él va revelando progresivamente las razones para el gozo. No se trata de suprimir el dolor, sino de no quedarse atrapado en él.

Sabiduría: el camino hacia el gozo en la aflicción

Entonces, ¿cómo se logra en la práctica tener por gozo las pruebas? La respuesta de Santiago es directa: a través de la sabiduría. «Y si alguno de ustedes tiene falta de sabiduría, que se la pida a Dios» (Stg. 1:5). No se trata de conocimiento teórico, sino de la aplicación de las verdades eternas de Dios a la situación concreta que se está viviendo: ver la prueba como una bendición para el espíritu, aunque duela en la carne; gozarse en Dios —no en el dolor—, sino en quién Él es y en lo que está haciendo.

Esta sabiduría tiene implicaciones muy prácticas. Primero, nos lleva a recurrir a Dios en oración ferviente, resistiendo la tentación de resolver la situación con nuestras propias fuerzas. La prueba es, entre otras cosas, una invitación a crecer en intimidad con Él y a depender más de Él. Segundo, nos permite discernir si la prueba es consecuencia de un pecado que requiere arrepentimiento, o si es un instrumento de formación que exige buscar su propósito.

Y ese propósito vale la pena buscarlo con preguntas concretas: ¿Qué pecados está revelando esta prueba en mí? ¿Qué virtudes está formando? ¿Qué atributos de Dios estoy experimentando de manera nueva? ¿Qué está haciendo Dios en quienes me rodean? A veces la dificultad es personal, pero el beneficio alcanza a otros. El apóstol Pablo lo ilustra con su propio encarcelamiento: «Mis circunstancias han resultado en un mayor avance del evangelio» (Fil. 1:12).

La sabiduría también nos protege de las mentiras del enemigo, que en los momentos de debilidad susurra dudas sobre el carácter de Dios. Cuando se duda de Dios, uno se aleja de Él; y alejado de Él, la prueba aplasta. El único antídoto es la verdad de la Palabra. Buscar conocer más a Dios, sus atributos, los salmos que hablan a la situación concreta, recordarse el evangelio y sus promesas: todo esto es resistencia espiritual activa.

Igualmente, la sabiduría nos recuerda quiénes somos. La identidad del creyente no está definida por su sufrimiento. Somos hijos e hijas amados por un Padre celestial que camina con nosotros en medio del dolor. Eso nos guarda de la autocompasión paralizante y del temor que crece cuando intentamos entenderlo todo. El temor solo es vencido por el amor de Dios y por el reconocimiento de que Él está de nuestro lado, no en contra. Finalmente, la sabiduría nos impulsa a correr hacia el cuerpo de Cristo: nadie está diseñado para caminar este camino en soledad. Necesitamos hermanos que nos recuerden nuestra identidad, la hermosura del carácter de Dios y Sus promesas, y que encarnen Su amor de manera tangible.

Vernos como Dios nos ve: tu identidad no está definida por tu sufrimiento o prueba. Eres un hijo amado por tu Padre Celestial, que camina contigo en medio del dolor.

Una fe fortalecida al otro lado del dolor

Por más dura y larga que sea la prueba, es temporal. La vida eterna y gozosa que Dios ha prometido es la perspectiva que evita que el sufrimiento distorsione lo que verdaderamente importa. Recordar las bendiciones y las intervenciones de Dios en el pasado consuela en el presente. Hablar más de las misericordias recibidas que de los problemas en curso no es negación: es fe en acción.

El gozo que Santiago describe no es el gozo de quien no sufre. Es el gozo de quien sufre y, aun así, está completamente convencido de quién es Dios y de cuánto lo ama. Esa convicción es la que transforma la prueba en terreno fértil para la fe.

A Grullón

A Grullón

A Grullón es cristiana que ama compartir el evangelio. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría, de la concentración de Consejería Bíblica. Vive en Santo Domingo, República Dominicana.

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